Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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¡Obedece a la reina, Plebeyo! [Priv. Claude Faustus] A810

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Tema Privado ¡Obedece a la reina, Plebeyo! [Priv. Claude Faustus]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 05, 2015 7:47 am

Mansion:
¡Obedece a la reina, Plebeyo! [Priv. Claude Faustus] P0zD4jb

-Hmm...-

La alarma de su celular empezó a sonar, dando a entender que tenia una hora para prepararse. Los rayos de sol iluminaron levemente las cortinas, causando que la habitación se aclarara algo mas de lo normal y así se pudo notar mejor a una pequeña muchacha que se encontraba acurrucada como un gato en su cama. Desde que llego a Éadrom se sentía estresada. Tenia que hacer tareas y varias cosas que una reina definitivamente no hacia. Aun así, sus padres insistieron en que ella visitara la muy prestigiosa escuela Takemori por su propio bien. "Tener una educación buena es muy importante, mi Hime-chan~" fue lo que su madre le dijo a la chica antes de que ella se mudara.

Su madre, Angelique le' Blanc, siempre había sido una mujer con la cara de un ángel, ella era atenta, adorable y tierna... esa era la opinión de muchas personas, pero no de Lucifer, que sabia mejor que nadie los cambios bipolares de su madre. Eso no significaba que tuviesen antipatía por la otra, al contrario, se querían mucho y eran cercanas, pero cuando se trataba de Dantalion, el padre de la pequeña Lucifer, la cosa se ponía critica. Ambas competían por la atención del demonio hasta mas no poder.

Lucifer termino yéndose de casa cuando su padre le dio una misión muy importante, y fue así que no volvió a encontrarse con su madre desde hace unos cuantos meses. Ella no extrañaba tanto el contacto con la adulta, pero a veces admitía querer abrazar a su madre nuevamente.

-Papa...-

Murmuro la joven cuando apretó entre sus brazos una de las almohadas blancas de su cama. Ella se encontraba algo desarreglada por haberse movido durante la noche. Su largo cabello negro lo llevaba atado con su listón en una coleta baja. Pronto empezaría el infierno nuevamente: La escuela. No había nada peor para ella que tener que respetar reglas. Reglas que ella no había puesto. Su gran habitación se encontraba decorada de una forma algo infantil pero no demasiado. Habían varios peluches encima de un gran armario de madera blanca y unos cuantos mangas en otro estante. El color que predominaba en aquella gran habitación era el purpura. A pesar de la decoración excesiva, parecía un sitio bastante confortable y agradable.

Habitacion:
¡Obedece a la reina, Plebeyo! [Priv. Claude Faustus] 6WB6ZxE

No tuvo que pasar mucho tiempo para que la joven de la camiseta negra y bragas blancas entreabriera su mirada lentamente, pero por culpa del cansancio volvió a cerrar sus ojos luego de pocos segundos. La alarma que había puesto en su celular solo sonaba un par de minutos, por eso el ruido no tardo mucho en desaparecer, dejando a la habitación nuevamente sumergida en un silencio agradable. La híbrida no tardo en dormirse nuevamente. Si seguía descansando llegaría definitivamente tarde a su clase, y eso era algo que ella con su mala fama no podía necesitar.
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Tema Privado Re: ¡Obedece a la reina, Plebeyo! [Priv. Claude Faustus]

Mensaje por Invitado el Jue Mar 05, 2015 1:37 pm

Sin que Lucifer pudiese notarlo, la puerta de su habitación se abrió silenciosamente, dejándose escuchar los leves golpecitos de unos zapatos masculinos ingresando a la oscuridad de la habitación. Aquella presencia caminó tranquila mente, pasando cerca de donde la princesa yacía descaradamente dormida para luego dirigirse hacia las ventanas cubiertas y, con un tirón brusco de sus manos enguantadas, las cortinas se apartaron, dejando pasar los cálidos pero excesivamente luminosos rayos del sol hacia el rostro de la pequeña.

-Es hora de levantarse, señorita-. Dijo una voz profunda y masculina mientras esta se dirigía hacia la charola sobre la mesita con ruedas que había traído consigo al entrar, donde yacía un juego de té de lo más elegante, pues suele ser costumbre de la nobleza el tomar una pequeña taza al levantarse-. En el comedor, para su desayuno hay una porción de tarta de fresa con crema y café con chocolate o te de las indias orientales con leche ¿o quizá prefiera champagne?, usted elije.

Mientras la pequeña ama se desperezaba, el mayordomo de los Le´Blanc se acercó, como era costumbre en la clase alta, para ayudar a la  princesa a vestirse. La mirada fría del demonio denotaba seriedad y dedicación en todo lo que hacía mientras observaba el cuerpo de su ama tras los cristales de sus gafas, recorriendo sus blancos muslos, hasta sus bragas, luego su vientre levemente descubierto por la camiseta desalineada sobre los hombros desnudos. Aquella piel blanca, esa mirada impertinente y egoísta… Ella era todo un ejemplo de la remilgada nobleza: orgullosa, cruel, mimada y hermosa. Sin hacer caso de las quejas que pudiese haber, tomó la camiseta negra y la deslizó suavemente por el cuerpo de la joven hasta dejarla solo con su braga blanca.

-Debe tener cuidado de no llegar tarde a su clase, ya que como princesa debe dar el ejemplo a sus inferiores ¿No es así?- lanzó aquel bocadillo descarado secamente pero con una casi imperceptible y maliciosa sonrisa mientras tomaba la blusa blanca del conjunto del uniforme escolar que había dejado perfectamente planchado y doblado sobre el colchón de la cama, esperando que ella se pusiese de pie para vestirle. Un mayordomo es la mano derecha de su ama, debía conocer los horarios con exactitud, sus gustos, preferencias, lo que odia, lo que ama, sus quehaceres, su forma de vestirse, sus excentricidades. Hace poco tiempo que Claude se encontraba al servicio de la señorita Lucifer y aún no conocía la gran mayoría de sus gustos salvo por lo que hubiese podido averiguar de boca de los otros sirvientes, pero eso era cuestión de tiempo, pues él sabía que no había nada que no pudiese solucionar.
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Tema Privado Re: ¡Obedece a la reina, Plebeyo! [Priv. Claude Faustus]

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 07, 2015 12:40 pm

Los pasos que escucho en su habitación causaron que prestara mas atención de lo normal a pesar de que seguía media dormida. Tal vez un instinto de demonio, o algo por el estilo. Los repentinos rayos del sol que se atrevieron a fastidiarla en el momento que tocaron su rostro, causaron que la híbrida gruñera.

-¡No abras las cortinas sin mi permiso!-

Se alzo de repente, quedándose ahora sentada en la cama mientras que con sus manos se aferraba a las sabanas. No estaba acostumbrada a que la buscaran de una forma tan puntual. Era una persona desagradable cuando dormía poco, por eso sus sirvientes se peleaban entre si para evitar la la tarea mas incomoda de la casa: Despertarla.

-Plebeyo... Buenos días.-

Termino por decir aunque su tono de voz parecía levemente molesto, aun así, entendió que era por su bien, así que decidió evitar hacer una escena a tan temprana hora. Mientras se dejaba tratar por el mayordomo, se fijaba en el rostro de este. Era el tipo de persona seria que rara vez uno se solía encontrar. No pudo evitar bufar bajo, poco le importaba como eran sus sirvientes en la vida privada mientras que trabajaran bien.

Luego de que le quitaran la camiseta, se tomo algunos minutos para probar el te que había traído el demonio, saboreándolo de una forma bastante lenta, ya que estaba comprobando si el tibio liquido era digno de ser tomado.

-Lo apruebo...-

Como si hubiera sido un reflejo, termino cruzándose de brazos para cubrir sus senos, aunque por tener un cuerpo infantil poca lógica tenia tal acción, aun así, la hizo.

Justo cuando se levanto de su asiento para esperar que le pusieran su uniforme de escuela, escucho una palabra bastante... odiada... venir de su nuevo compañero. Su diestra se alzo a una velocidad increíble, no dudando en cachetear la mejilla derecha del adulto.

-"Reina", "Su majestad"... No se a quien le estas diciendo princesa.... ¡Humph!-

Gruño rápido, clavando sus ojos de color carmesí en el. De manera atrevida tomo la blusa blanca por su propia cuenta, poniéndosela ella misma ante el mayor, como si quisiera dejarle en claro que le habían faltado el respeto de una forma bastante grave.

-¡Como castigo haras mi tarea cuando vuelva a casa!-

Luego de las palabras imperativas, bufo.

-Y ahora ponme el resto de mi uniforme. ¡Una reina no tiene tiempo para estar discutiendo con sus inferiores!-
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Tema Privado Re: ¡Obedece a la reina, Plebeyo! [Priv. Claude Faustus]

Mensaje por Invitado el Dom Mar 08, 2015 12:58 am

Los dedos quedaron marcados un momento en la mejilla de Claude luego de aquel sonido similar a un aplauso, sus ojos se abrieron un poco más debido a la sorpresa de ser testigo de la crueldad de su ama. Cuando su mente asimiló el hecho de le habían abofeteado, devolvió la mirada de su ama de forma fría, observándola…casi disfrutando aquella expresión vanidosa y orgullosa encerrada en aquel cuerpo infantil. La luz de la ventana tras Lucifer iluminaba su silueta, llenando su rostro de una sombra vil que hacia juego con el brillo de sus ojos carmesí. Claude no pudo evitar pensar en el día en que sus labios probarían el sabor del alma de aquella belleza agridulce mientras que, con un movimiento lento y calmado acomodó los lentes que habían quedado en una extraña posición sobre su rostro.

-Ah… veo que tengo un ama algo impaciente. - comentó secamente, dando entender que ese título aun no le pertenecía pero de una forma demasiado sutil, sin levantar la voz siquiera, como si lo acontecido hubiese sido lo más normal o un suceso minúsculo-. Como usted diga, Majestad.

Retomó su tarea una vez más, abrochando uno a uno los botones de la blusa desde el vientre hasta el cuello seguido por los botones de sus mangas, luego ayudó en abrocharle su corta falda de forma que no quedase ni suelta ni ajustada, seguido de eso, tomó una de las largas medias negras y, con ayuda de que ella tomase nuevamente el asiento sobre la cama…comenzó a recorrer su pierna, vistiéndola  desde su pequeño pie hasta la zona alta de su muslo, acariciándole su cálida y suave piel, no porque quisiera tocarla, sino porque era imposible vestirle sin hacerlo, lo mismo con la otra media. Era como vestir un pequeño tigre, peligroso y gruñón, solo que la mirada de Claude recorría la sensual vista de los muslos de su ama, aparentemente, sin interés alguno. Cuando todo el conjunto escolar estuvo listo, llegó la hora de arreglarle el cabello y, tiró del lazo que lo contenía para poder peinarla frente al espejo. Su cabello se rendía fácil bajo el cepillo, alisando esa larga cabellera negra, mientras que a través del espejo podía ver la expresión de su ama. ¿Acaso siempre tenía esa mirada de pocos amigos? , la cepilló por un buen tiempo, de todas formas Claude la había despertado lo suficientemente a tiempo como para hacer las cosas con calma. De pronto, para finalizar, Claude tomó el lazo rojo con intenciones de colocárselo a su ama...
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Tema Privado Re: ¡Obedece a la reina, Plebeyo! [Priv. Claude Faustus]

Mensaje por Invitado el Miér Mayo 13, 2015 12:34 pm

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Tema Privado Re: ¡Obedece a la reina, Plebeyo! [Priv. Claude Faustus]

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