Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Mensaje por Invitado el Vie Feb 27, 2015 7:23 pm

Música pensada para el tema:

*Estaba bastante exhausto. ¿Quién me dio la maravillosa idea de apresurarme en llegar al instituto Takemori, tras el anterior encuentro con Bismarck, sin siquiera tomar un pequeño descanso? De todas formas estaba llegando tarde a las clases correspondientes, pero tampoco asistiría a ellas con o sin distracción de todas formas, ya que tenía pensado que nada más pisar el recinto... Pues lo investigaría un poco, conocer mejor sus caminos y demás. Odiaba la actitud que adoptaba la gente en aquel lugar. Algunas personas que me encontraba en el camino de vuelta al instituto , y con las que tenía el "placer" de entablar conversación, llevaron el mismo rumbo que Bismarck respecto a sus ideales. Siempre fardando de que el dichoso instituto al que mis padres me inscribieron alojaba seres muy especiales en sus filas. ¿Qué demonios ocurría en aquella ciudad? ¿De verdad se habrían tomado tantas molestias mis padres para jugarme malas pasadas tan a lo bestia? Tenían el dinero suficiente como para sobornar a cualquier instituto que se propusieran y a las personas las cuales se relacionaran con éste para que adoptara tal pensamiento surrealista y sin siquiera se agotara el 10% de su fortuna familiar. Pero no creía que se irían a tomar tales esfuerzos para hacérmelo pasar mal toda mi estancia en aquel lugar, tampoco eran tan desagradables conmigo. Aunque el desagradable en todo este asunto sería mi padre, el que tomó la decisión realmente de mandarme aquí y el que me hizo casi todas las bromas de mal gusto sobre mi anterior obsesión descontrolada por la fantasía. Mi madre jugaba un papel un poco más pasivo, sin entrar en las bromas pero tampoco dándoles fin. De todas formas, como iba diciendo...*

*Era ya un poco tarde. El sol se estaba ocultando para dejar sitio en el lado opuesto del cielo a la oscuridad que acompañaba a la luna, la cual también la perseguían las diferentes estrellas esparcidas por el pequeño trozo de cielo que se les ofrecía en aquel momento. Al darme cuenta de tal situación, me encontraba en observando las instalaciones deportivas un poco de lejos, ya con un buen recorrido del lugar y tras haber visto los un poco el instituto, lo que me lelvó su tiempo. "Conozco el siguiente lugar que ver perfecto para esta situación". Lo que me llevó a la azotea del instituto Takemori. Mejor dicho, a la azotea del edificio más grande que había. Aún portaba la mochila que llevaba desde que partí de mi país natal, apenas me tomé el esfuerzo de instalarme en mi habitación, por lo que tenía los hombros muy cansados y doloridos. Nada más cruzar la puerta que daba a la azotea, solté la mochila bruscamente hacia un lado, dejando a mis hombros tomar su merecido respiro. Subir las escaleras también aportaron su granito de arena para querer sentarme en el suelo y contemplar desde ahí mismo el cielo, el cual se encontraba dividido entre la luz rezagada del día y la renovada oscuridad de la noche. Estiré mis piernas, y entonces fue en aquel momento en el que llegué a la conclusión de que... ¿Para qué estar sentado cuando tengo espacio suficiente como para tumbarme? Seguramente nadie iría a la azotea ni a esas horas, por lo que me tomé aquel capricho. Mi peinado danzaba alegre surcando la brisa característica de todos los atardeceres del mundo posiblemente. El leve sonido de las hojas de los árboles zarandeándose al son del viento sabía hipnotizar mis oídos, pero mi mente intentaba incansablemente relacionar tal melodía natural con un ritmo lento pero apacible y hermoso. No sabía de dónde había sacado aquel compás, pero no le dí mucha importancia ya que supo encontrar la forma de relajarme aún más. Seguramente pasaría en aquella azotea una media hora, dándome tiempo para reflexionar sobre todo lo que pasó y sobre lo que vendría a continuación...*
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Mensaje por Invitado el Lun Mar 09, 2015 11:32 am

Ya varios días habían pasado desde su forzado ingreso al renombrado Instituto Takemori, las cosas le estaban siendo más duras de lo que creía. Siempre había estado rodeada de su manada, siempre los demás habían hecho todo por ella; ahora de pronto se encontraba en un lugar que le era totalmente ajeno y nuevo, sola Pero el sentirse solo, desamparada y perdida no eran sentimientos permitidos para una princesa lycan; ella debía ser fuerte, a pesar de todo.

La última hora de clases del día, parecía eterna. Se trataba de la asignatura de economía: “Estado versus Mercado: Mercantilismo y fisiocracia”, el profesor a cargo explicaba detalladamente mientras en la gran pizarra iba anotando palabras en una red conceptual, la cual Aki iba transcribiendo en su cuaderno de apuntes, el escribir en japonés no era problema para ella, ya que era la segunda lengua que se hablaba en su tribu, además de la nativa y ella que había sido instruida puntillosamente, sabía hablarla y escribirla a la perfección. Pero una asignatura como esta, para alguien que vive primordialmente de la naturaleza le resultaba bastante tediosa.

Sus ojos circundaban entre la pizarra color verde mate y el gran reloj rojo de manecillas sobre esta, las cuales parecían recorrerlo cada vez más lentamente. Sus párpados caían y volvían a levantarse gradualmente, tenía sueño. –Bueno esto ha sido todo por hoy chicos, tengan un buen día.- Fue lo que logró oír en un tono de voz más elevado por parte del docente a cargo. –Finalmente…- Se incorporó mientras guardaba sus pertenencias en su mochila, parecía estar todo en orden. Un grupo de alumnas se acercó a ella entre empujoncitos tímidos unas a otras una se animó a hablarle -…Disculpa Adagaki, iremos a comer unos creps en la ciudad ahora, y como eres nueva en la ciudad pensamos que quizá te gustaría la idea… ¿Te gustaría venir con nosotras?- Las demás sonrieron de forma amigable. Aki parpadeó varias veces, esta repentina invitación la descolocó de sus pensamientos. Con ayuda de su diestra, llevó su larga cabellera la cual traía suelta hacía su espalda – Están invitándome a comer dulces con ellas…- Dentro de ella esto la alegró, pero tenía algo importante que hacer y no podía irse por quien sabe cuántas horas fuera del instituto. Sonrió tenuemente, - Me gustaría comer creps con ustedes, pero lamentablemente no podré hacerlo. Tengo cosas importantes que hacer ahora. En otro momento las honraré con mi presencia- La sonrisa de las demás se apagó un poco y una, la más bajita respondió – Será una promesa entonces!- La lobezna asintió con la cabeza y salió del salón

Tenía que buscar a su amiga luego de clases, se lo había prometido. Pero…¿Dónde estaría en este momento del día? Le había dicho que tenía prohibida la salida del Instituto y que procurara no alejarse mucho del jardín escolar ¿Cómo se encontrarían? En su tribu, dónde no existía la tecnología se comunicaban con sonidos, llamados, como lo hacen los demás animales. Pero no podía hacer esto en este lugar, entonces tener una buena vista, colocarse en un lugar alto era la mejor opción. Fue así como se encaminó hacía el tejado. Estaba hambrienta, como siempre. –Ohh…quisiera comer algo, pero primero lo importante. Mi manada – Se decía a si misma mientras subía la escalera que la llevaría a la azotea .La puerta era metálica y pesada, bueno, lo sería para una chica normal. Aki puso un pie ahí fuera dando un profundo suspiro, una agradable brisa golpeó su rostro, mientras las hojas de los cerezos primaverales, rosadas y espléndidas revoloteaban por doquier. Hermoso.

Pero el viento trajo consigo un aroma nuevo para ella ¿Qué sería? Bajó su vista y allí en el suelo ya hacía alguien recostado. Dio unos pasos hacía él ¿Acaso dormía tan imprudentemente en un lugar como este? Los animales, no duermen profundamente ni se recuestan panza arriba a menos claro que se sientan totalmente cómodos con su entorno, sin amenaza alguna. Pero en un instituto donde habitan demonios, vampiros, magos, y otros licántropos (entre otros) ¿Quién haría algo tan descuidado como eso? Se acercó un poco más, parecía un macho, de alguna otra especie. Entonces de pie frente a él, ceño fruncido y ambas manos sobre sus propias caderas, interrogó como si nada - ¿Y tú que haces aquí?- Lo recorría con su mirada, inspeccionándolo como el ser salvaje que era. Su cabello era del color del sol, bonito. Nada común entre los suyos. Pero tan relajado que le molestaba. Sí, ella era alguien fácil de molestar. -¿Acaso estás desafiándome? – Se inclinó un poco hacia él, esperando respuesta.
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Mensaje por Invitado el Lun Mar 09, 2015 1:05 pm

*Estaba cediendo poco a poco al abrazo que me ofrecía el sueño, el cual se encontraba empujado por las caricias que hacía la brisa a lo largo de mi rostro. Tenía los ojos cerrados, imaginándome cómo se vería exactamente el cielo en aquel momento, algo estúpido de mi parte cuando podría abrirlos y comprobar su hermosura en la realidad... Pero no lo quería hacer, una parte de mí me decía que sería más bello el paisaje en mi mente. Sentía cosquilleos en la nuca, ¡demasiada comodidad estaba teniendo al parecer! Pero finalmente, un olor que me resultó curioso hizo que abriera los ojos. Olía a mi madre, y no estoy bromeando. ¿Quizás era el mismo perfume que usaba habitualmente? Pero si en verdad era eso, significaba que estaba tan a gusto, echado en el suelo cuando estaba frente a una persona. Una chica, más concretamente. Me miró desde arriba, y me sentí en una situación de bastante inferioridad por el rostro desafiante y burlón que adoptó sin previo aviso. "¿Qué demonios...?"*

*Me incorporé un poco avergonzado, intentando evitar su mirada a toda costa, al fin y al cabo en aquella ciudad no había mujer que no tuviera un rostro agraciado, ¡maldita sea! Los ojos los evitaba, pero tal y como ella me inspeccionaba, yo lo hacía con ella. No muy alta, pelo largo y moreno, ojos los cuales alcanzaba a ver entre rosas y morados por la lejanía y el contraste claroscuro del lugar. Al parecer me hablaba con bastante hostilidad, ¿qué le había hecho para molestarla de tal manera?-Buena... pregunta...-No pude evitar decir entre bostezos, lo que me avergonzó más aún- S-Simplemente vine aquí a pasar el rato hasta... Hasta reunirme con mis amigos-Mentira. La chica me asaltó nada más responder a su extraña pregunta con otra aún más hostil. "¿Desafiarla? ¿De verdad hice eso?". Incluso ni yo sabía a ciencia cierta si obré bien al responder a lo que preguntaba. De todas formas, no me agradaba para nada cómo me estaba hablando a mí nada más "conocernos". Tenía que admitir que un poco de rabia contenida quería sacar en aquel momento, por lo que jugaría un poco con la situación para beneficiarme a mí mismo a partir de la chica... Suena más egoísta de lo que pensé en un principio dicho de esta manera*

-¿Y si lo estuviera haciendo?-Respondí en un tono burlón, incorporándome mientras hablaba-De todas formas no empezaste tú primera con buen pie, ¿sabes?-En ese momento me di cuenta de que no tartamudeaba nada al hablar en tono burlón frente a las chicas... Seguramente ya encontré mi forma de lidiar con ellas aquella misma tarde-¿Te parece educado empezar a hablar con un desconocido con "Y tú que haces aquí"?-

*Me estaba pasando bastante con mi forma de ser natural frente a las mujeres, pero podría darme algún capricho alguna que otra vez, ¿no? Necesitaba sacar un poco de lo que tenía dentro, y fue a la pobre chica a la que le tocó. Pero había algo que no paraba de incomodarme en ella. Olía exactamente igual que a mi madre, por un momento creí que era ella que venía de visita antes de ver quién era en realidad...*
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Mensaje por Invitado el Jue Mar 12, 2015 8:29 pm

El atardecer se encontraba en su momento culminante, de esos tan majestuosos que sola las primaveras saben brindar, especialmente allí en Japón donde el cielo teñido de colores rosados, salmón y anaranjado es coronados por las flores de Sakura. El paisaje era hermoso, pero esto poco importaba en este momento a la impulsiva lycan.  Zapateaba la punta de su mocasín color café derecho impaciente, mientras oía las palabras del completo desconocido. Su ceño se encontraba fruncido ligeramente, con su mano derecha sostenía su maletín sobre su hombro dejándolo caer hacia atrás; de pie frente a él sin amenguar esa mala aptitud que la caracteriza, si bien él no era mucho más alto que ella lo era, pero esto no impedía que aunque tuviese que elevar un poco la vista para alcanzar aquellos ojos claros, que adoptara una actitud sumisa, después de todo, se trataba de una hembra –alfa-.

Cuando el contrario hubo terminado, dejo su maletín en el suelo, entonces dio unos cortos pasos circundándolo, desde su monárquico punto de vista el irrespetuoso estaba siendo él dirigiéndose de ese modo a ella. Estaba molesta. Su larga y brillante cabellera ondeaba junto al viento. Luego de examinarlo unos eternos segundos, habló.

— ¿Educación? Ohh…ahora un cachorro como tú va a enseñarme modales…¡Ja! Eso quisiera verlo. — Se aproximó unos pasos más dejando escasos centímetros separando a ambos. — Conoce tu lugar, niñito. — Giró sobre sí para volver a alejarse, rosando descaradamente el rostro del ajeno con su suave cabellera.

Tomó de nuevo sus pertenencias, y se aproximó al mirador de la azotea. Recordó que estaba buscando a Yuuki, su amiga. Pero es que…este indivíduo olía demasiado familiar, nunca lo había visto, por supuesto, pero de alguna forma su aroma llamaba poderosamente la atención de la princesa. ¿Misma raza? ¡Eso! Debía de tratarse de uno de los suyos. Meditaba al respecto mientras veía hacia el jardín, atentamente, pero aparentemente no encontraba lo que buscaba. Volvió la vista al joven.

— ¿A qué tribu perteneces? — Dio por sentado de que se trataba de un licántropo al igual que ella. — Vamos, quiero saber tu clan, y tu rango, mocoso. — Sus violáceos orbes escrutaban en la figura contraria. Desde que había llegado allí no había visto ninguno de su especie por lo tanto –a su modo- se sintió un poco más cómoda en su compañía.

Dicho esto comenzó a dar unos pasos hacia la salida, ya era tarde y su compañera no parecía estar por ninguna parte. Comenzó a preocuparse. - ¿Dónde estará esta cabeza hueca? Le dije que no se alejara…- Esperó de espaldas, lo que creía sería la última respuesta por parte de él.
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Mensaje por Invitado el Sáb Mar 14, 2015 10:11 am

*¿Y si me estaba pasando? Jamás había tratado a una chica como lo estaba haciendo, ni tenía pensado hacerlo... Pero, ¿a quien no le entraron las ganas de hacer lo que algún día atrás no se atrevía ni a cuestionárselo? La verdad, no se si podría salir "ileso" respecto a mi conciencia de aquella azotea, pero todo lo que pasó en el día tenía que salir en algún momento, y supongo que le tocó a la chica aguantarme. Aunque, como pude observar, su actitud tampoco era muy respetuosa. Tras desafiarla un poco verbalmente, la chica soltó su maletín y empezó a caminar a mi alrededor, seguramente analizando cada centímetro de mí, algo que supo incomodarme sin problemas. No me gustaba ser observado, y menos respecto a una chica, pero que estuviese investigándome tan exhaustivamente me ponía de los nervios. Por suerte no dedicó mucho tiempo al paseo, ya que dejó de dar vueltas para acercarse a mí mientras respondía a mi "desafío". "Conoce tu lugar, niñito". Esto me dejó un poco sin palabras, y en ese momento descubrí que era bastante fácil de incordiar. "¡¿Niñito?! ¿Se atreve a decírmelo a la cara cuando soy incluso más alto que ella?". Podría estar sacando conclusiones a la ligera. Quizás podría sacarme fácilmente un par de años y no ser más alta que yo, pero de todas formas, su forma de tratarme era algo más extraña. Se creía superior al parecer. Es fácil de reconocer a esta clase de personas con tan sólo observar detenidamente cómo te miran y cómo te hablan. Y la chica cayó en la costumbre, aunque descubrí que se sentía más que yo también por el roce furtivo de su pelo contra mi rostro... Me limitaba simplemente a guardar silencio, no tenía nada que decir respecto a lo que hizo anteriormente, y hablar sin pensar no haría más que dejarme en ridículo. Sólo me dispuse a que siguiera ella el ritmo del encuentro, esperando el momento en el que cargue contra su posible error y recupere terreno que me quitó con sus burlas... Estaba tomándome la situación demasiado en serio, ¿verdad?*

*La chica prosiguió con la "conversación" un poco más lejos de lo que llegó a estar de mí, con una pregunta que supo desencajar un poco mi expresión-¿Qué quieres decir con "tribu"?-No aguanté la pregunta. ¿De qué hablaba? ¿De esas tribus que están perdidas en las selvas y bosques? Todo el tema estaba tomando una dirección bastante surrealista y extraña. Me mandaba el decirle el clan al que pertenecía y demás cosas de las cuales no llegaba a entender su significado-No sé de qué estás hablando... De todas formas no eres quién para mandarme, si supiera qué es lo que sueltas por la boca ni te lo diría tal y como estás actuando-¡Y el nivel de hostilidad subió un peldaño más!*

*Me iba acercando aún así inconscientemente a la chica, quizás así pudiera apresurar su respuesta. Aquel día no hacía más que presentarme incógnitas. Una maga que lucha contra el crimen, un posible instituto sobrenatural y una chica desconocida que me pregunta por tribus y me llama cachorro... ¿Qué demonios estaba ocurriendo aquel día? ¿De verdad serían todos así de extraños? Me paré unos 5 pasos de la "maleducada desconocida", aguardando la respuesta al menos a una de mis preguntas. Aunque pude observar que estaba un poco alterada, mirando un poco por lados aleatorios...*
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Mensaje por Invitado el Jue Mar 19, 2015 1:13 pm

Antes de retirarse del lugar oyó la pregunta del rubio muchacho -¿Huh…?- Ahora ella era la confundida, pero aquél desafortunado continuó con su habla. -¡¿Cómo?!- Aki quien ya estaba había girado la perilla de la puerta decidida a marcharse regresó por sobre sus pasos y giró a verle fijamente a los ojos, notablemente molesta. Su ceño fruncido, sus ojos furiosos, parecía increíble que alguien con esa pequeña contextura pudiera mirar así, y comportarse de esa manera tan impetuosa ante la vida.

— ¡¿Ah?! ¿Realmente tú, cachorro, te estas dirigiendo a mí de esa manera? — Lo tomó por la corbata tironeando de esta para que así sus rostros estuvieran mejor más al alcance uno del otro. — Por empezar, tú no te pusiste en guardia ante mi presencia, ¡¿Quién rayos te crees?! ¿Vas a decirme que una vez cruzada la puerta no notaste mi presencia? ¡Ni el peor de los rastreadores podría confundir algo tan simple como eso! — Lo soltó bruscamente, su fuerza, claramente era sobrehumana. Nadie esperaría que una niñita de apariencia tan pequeña y frágil pudiera hacer algo semejante. — Te percataste de mi presencia y no moviste ni un músculo. ¿Tan fuerte te crees? Cualquier animal, por más cachorro que sea, sabe que una posición como esa es sumamente vulnerable, y sin embargo tú…. En presencia mía…— Sus grandes y expresivos ojos se cristalizaron. Guardó silencio y bajó su vista, no podía permitirse flaquear. Aki consideraba una deshonra no ser considerada un “depredador” poderoso ante otro licántropo. Ella, quien toda su vida había sido cuestionada por el simple hecho de ser mujer, se veía ofendida y denigrada, por alguien que siquiera sabía que ocurría.

Volvió la vista nuevamente a él, pocos segundos después, más calmada. —… ¿Te crees muy superior solo por ser macho?  En mis tierras ya te hubiese dado muerte por una ofensa como esa. Eres afortunado. — Su rostro se encontraba ligeramente enrojecido por el llanto reprimido, volvió a tomar sus pertenencias, las cuales ante el impulso de furia había dejado caer al suelo, dando cortos pasos hacia la puerta una vez más, pero sin quitar la vista de encima al desprevenido joven. Lo observó una vez más, seria. — Te lo preguntaré una vez más, ¿A qué tribu perteneces? Y con tribu, claramente me refiero a tu manada.— Apoyó su espalda contra la puerta de salida esperando una respuesta. — Te diré que te encuentras frente a Aki Adagaki, líder única de los Mizu. La más numerosa y antigua manada de Japón. — Estaba midiendo a su “enemigo” normalmente, las mujeres licántropo suelen ser un poco más sumisas ante un hombre de su especie. Pero cuando de la realeza se trata no existen discriminaciones sexuales, ella tiene que estar a la altura de quien sea.

Entonces el sol se ocultó. No se encontraba completamente obscuro aún, además de que, para seres sobrenaturales como ella con sentidos tan desarrollados, no era un problema. A la temprana cercanía un aullido agudo penetró el campo del jardín.


— ¡Yu! — Exclamó sobresaltada y notablemente alegre. Olvidó al joven, su enojo, la discusión y la respuesta que podría esperar acercándose al mirador de la azotea. Entonces allí divisó a su amiga, una loba de pelaje blanco completamente blanco. Sonrió alegre, algo realmente poco visto en Aki normalmente, una sonrisa. Entonces, inesperadamente –para alguien normal- brincó sobre la baranda del mirador, apoyando ambos pies sobre la misma, una vez allí de cuclillas sobre este saltó una vez más pero esta vez hacia el árbol de cerezo cercano, y así, pocos segundos después se encontraba en el suelo junto al animal. Al cual abrazó como si de un muñeco de felpa gigante se tratase. Dejando una vez más, lleno de más dudas y preguntas sin responder a el aún desconocido. 
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Mensaje por Invitado el Jue Mar 19, 2015 1:40 pm

*Al parecer, había dado con la tecla equivocada, si quería evitar una buena bofetada, al decir lo anterior. La chica se enojó, y vaya que si lo hizo. Se acercó apresuradamente a mí y, con una fuerza bastante escondida y una actitud hostil, supo intimidarme bastante. Estaba a punto de cerrar los ojos para prepararme ante los posibles bofetones, pero por suerte, la chica no se dejó llevar tanto por la furia y la reprimió "sólo un poco". Aunque me dí cuenta de que no paraba de compararme con un maldito perro, ¿de verdad se creía tan superior? Como solía hacer en esa situación, guardé silencio mientras la chica me soltaba y seguía sermoneando. Al parecer le molestó la postura tan suelta que tenía frente a ella al principio. Estaba siendo burlón en aquel momento, está bien, pero tenía unas ganas irremediables de disculparme. Una cosa es ser burlón y otra ser un imbécil... ¿O quizás no?*

*La chica se tomó su tiempo para calmarse ante tal ofensa mía, y volvió a dirigirme la mirada, igual de reprochante que anteriormente, y a seguir riñendo. Me estaba sintiendo mal porque la chica me estaba relacionando con un machista, uno de los tipos de personas que más odio en el mundo, y entonces comprendí a qué nivel llegaba el malentendido que ella estaba teniendo respecto a mis intenciones. Volvió a preguntarme a qué maldita tribu pertenecía, y seguía igual de confundido aunque me hubiese explicado a qué se refería. La chica pertenecía a una familia rica y posiblemente famosa, ya que sentirse tan superior no podía provenir de un parentesco cualquiera, pero... ¿Qué quería decir con que era la lider?-¿Manada? ¿Qué somos ahora, lobos...? Y-Y de todas formas, no escuché mucho hablar de los Mizu-No acabó por escucharme, ya que la alegría guardada seguramente muy en lo profundo de su corazón emergió a lo grande al escuchar un aullido... ¿de lobo?*

*La chica daba literalmente saltos de alegría, y mira que si le gustaba dar saltos que llegó a saltar desde la azotea hasta el suelo. Sí, de verdad, lo acabé viendo con mis propios ojos y acabé arrepintiéndome de haberlo visto. La chica se impulsó desde la baranda de la azotea con un brinco y, sin que pudiera alcanzar a ver cómo, llegó hasta el suelo sin ningún rasguño-¡¿Pero qué hiciste?! ¡¿Es que estas loca?!-Grité, mientras observaba como mimaba cariñosamente un animal, a lo que alcanzaba a ver seguramente un perro o un lobo*
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Mensaje por Invitado el Jue Mar 19, 2015 9:56 pm

Cuando fue enviada a el Instituto por tiempo -indeterminado-, la gran matriarca supuso que Aki podría sentirse muy sola allí, en otra ciudad donde no conocía absolutamente a nadie, los licántropos por naturaleza son seres acostumbrados a vivir en grandes manadas, entonces encontrarse lejos de esta puede causarles una absoluta tristeza y desidia, bajo este concepto, se decidió que Aki podía ser acompañada por su fiel y única amiga: Yuki, una loba completamente blanca con quien compartía una fuerte amistad hace ya cinco años. Ambas eran inseparables, entonces para amenguar su soledad ¿Quién mejor que ella? El animal durante las clases escolares de Aki, dormía en su cuarto en la casa azul o paseaba por el jardín –no muy lejos y nunca fuera del campo del Instituto como Aki le había indicado- De modo que ni bien acababan las clases la pequeña malhumorada iba directamente a su encuentro.

Luego de unos segundos de un caluroso saludo pudo oír los gritos desde arriba –Oh cierto…aquél sujeto…- Elevó su vista para divisarlo desde allí arriba, aún tenían una charla pendiente, de alguna forma quería saber sobre él. El estar con Yuki de alguna forma la tranquilizaba y le permitía pensar con tranquilidad, de modo que ahora más calma, había muchas cosas que quería preguntarle al extraño –Aún no sé ni su nombre- Era un hombre, por lo tanto no confiaba en él pero aun así, quería saber un poco más, después de todo era el primer licántropo que veía desde su llegada.

— ¿Qué esperas para bajar? ¡Ven! Nuestra conversación no ha acabado, chico engreído. — Sí, estaba llamando a alguien más -engreído- entonces ¿Qué sería ella?

Al ver la tardanza, esto llamó su atención. Volvió su vista de nuevo a su compañera —Yu, espérame un momento aquí, quiero mostrarte a alguien ¿Si? — El animal, como si hubiese entendido cada palabra, se sentó sobre sus patas traseras a las espera. Mientras tanto Aki de un simple brinco se tomó de una gran rama para subirse nuevamente sobre esta esta vez de pie.

— ¿Qué pasa? ¿Le temes a las alturas o algo así? ¿Qué clase de entrenamiento tuviste? — Volvió a dirigirle la palabra al joven, aún con un tono alto de voz para que el la oyese mejor. Daba por hecho que para un licántropo bajar de una altura como esa sería cosa sencilla.
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Mensaje por Invitado el Mar Mar 24, 2015 3:23 pm

*Al parecer la chica le tenía mucho cariño a aquel lobo blanco el cual estaba abrazando con especial alegría, una faceta la cual ni siquiera llegué a imaginar que vería proveniente de ella. De todas formas, estaba más sorprendido aún por la locura que acababa de realizar, y sin haberse causado ni un rasguño, que el que se muestre simpática hacia otros seres vivos. "¿A qué lugar me han mandado mis padres...?", pensaba confuso. En aquel lugar realmente podrían vivir seres sobrenaturales. Ya llegué a conocer a una posible maga real, Bismarck, y ahora conozco a una chica que salta de los tejados de los edificios hasta el suelo sin siquiera sudar una gota. Unas cuantas teorías surgían en mi mente sobre el verdadero origen de aquella misteriosa chica, pero el destino no quiso darme el suficiente tiempo para desarrollarlas, dado que volvió a dirigirme su atención, gracias a Dios más calmada. Me mandaba bajar, seguramente tal y como lo hizo ella, entonces fue en aquel instante cuando llegué a pensar que quizás ella creía que era uno de los "suyos", un chico capaz de hacer lo que ella acababa de hacer como mínimo. Y me temía que se iba a llevar una decepción bastante grande...*

-¡¿C-Cómo piensas que voy a poder bajar desde... tan alto?!-Grité desde donde estaba, mientras observaba cómo la chica volvía a encontrarse en la rama de un árbol-Jamás pensaron enseñarme a hacer... ¡lo que tu acabas de hacer! ¡N-Ni creo que me lo vayan a enseñar!-Veía cómo su expresión se tornaba a una cada vez más confundida e incomprensiva. Mientras que la mía seguramente estaba tomando una forma más incómoda-¿Cómo pu-pudiste saltar desde tan alto y sin que te quebraras las piernas al... llegar hasta el suelo...?-Realmente no llegaba a conocer demasiado la gravedad de la situación, aunque intentaba juntar las pocas piezas que la chica supo ofrecerme hasta el momento para sacar una conclusión respecto a todo lo que estaba ocurriendo. La chica no paraba de hablar con un tono de superioridad. Presumía de un linaje antiguo pero popular, aunque no paraba de utilizar expresiones como "cachorro" o "manada". Nota importante: Saltaba desde las azoteas de los edificios. En su pueblo o ciudad natal podrían ejecutarme si la hubiera tratado como lo hice anteriormente... Desafortunadamente, seguía siendo un rubio que no daba pie con bola. La reflexión no me ayudó en nada para resolver alguna de mis dudas... Por lo que decidí preguntarle directamente a la chica una de ellas*

-...-Me tomé unos segundos para sacar fuerza de voluntad, ya que la pregunta que formularía a continuación podría ser un arma de doble filo, tanto para mí como para ella. Tomé aire y, tras pensar que soy lo suficientemente resistente como para aguantar "algunas" bofetadas, me dirigí a la extraña-... ¿Qué demonios eres...?-Dije por lo bajo, y como pensé que la chica pudo no llegar a oírme, y menos mal, lo repetí en voz alta-... ¿Q-Qué eres...? ¿De verdad eres humana...? ¿O realmente no lo...?-Tragué saliva, esperando impaciente su respuesta, ya que quizás sería el punto que dividiría el antes y el después de mi forma de actuar frente a ella*
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Mensaje por Invitado el Miér Mar 25, 2015 1:45 pm

La gran loba blanca observaba desde el suelo la situación apacible, tenía su mirada fija en la silueta del muchacho el cual se mostraba algo exaltado e incómodo frente a las exigencias de Aki. La princesa se encontraba desconcertada principalmente, - ¿Qué le ocurre? – Desde un principio supuso que no era un licántropo –normal- al menos desde su punto de vista, pero ¿Alarmarse tanto por saltar desde un árbol al suelo? No lo comprendía. Ladeó la cabeza un poco confusa, parpadeó.

Nadie debe “enseñarte” a brincar desde allí, simplemente hazlo, no eres un cachorro ya, aunque te comportes como uno ¿Sabes? Ni siquiera es tan algo, sólo debes saltas hasta aquella rama – Señaló una de las más gruesas y fuertes de aquel cerezo – Y de allí en más comienzas a bajar, ¿Qué tanto alboroto?

Desde el suelo Yuki hizo un sonido, muy similar a un aullido, pero mucho más corto y agudo como para serlo, Aki la observó y resopló bajando su vista; esto podría haberse interpretado por parte del animal como un intento de tranquilizar a la impaciente jovencita. Nuevamente se dispuso a subir un poco más, para así poder hablar mejor con aquél sujeto.  No sé a qué te refieres con que “¿Qué eres?” Lo imitó burlona  Por supuesto que no soy una humana ¿Tan débil me crees? ¿Regresamos al principio?  Apoyó su espalda sobre el tronco principal, un poco disgustada.

 Quiero que Yu te conozca, ella es muy buena catalogando sujetos. Si ella cree que eres malo, simplemente te mataré o algo. Rio un poco.  Es una broma, no puedo matar a nadie en el instituto es una normativa, ya sabes con tantas especies distintas a veces a uno le dan ganas de hacerlo pero… Se detuvo a pensar. El ajeno parecía desconcertado completamente.

Entonces recordó, que la gran matriarca le había hablado de los “exiliados” cuando pequeña, ya sea voluntaria o involuntariamente algunos licántropos se alejaban de sus manas y eran criados en “cautiverio” junto con los humanos, lejos de todo lo suyo. Volviéndolos seres totalmente dóciles, licántropos urbanos, existían algunos de ellos. ¿Sería este el caso de este jovencito? Quizá lo había robado de su manada al nacer, según sabía muchos humanos actualmente consideran a los mismos licántropos parte de leyendas. Se compadeció de él. Su rostro templó por completo, ya no era ruda ni altanera.

 Huh…eres un idiota  Dijo, demostrando una vez más lo dificultoso que era para ella revelar lo que realmente siente.  Pero…si quisieras…huh… ¡Quiero que hablemos! ¡Baja de ahí de una vez! – La advertencia de la paciente Yuki desde el suelo se hizo oír una vez más, entonces Aki bajó la voz nuevamente, tras el regaño  De acuerdo, de acuerdo…mira, yo te esperaré aquí en el suelo con Yu…tú, baja por las escaleras o por donde quieras, pero ven. Quiero saber qué clase de licántropo eres.

Dicho esto, los observó seria. Esperando una respuesta por parte de aquél.
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Mensaje por Invitado el Sáb Abr 11, 2015 5:00 pm

Off-Rol:
Como dije por MP, siento la tardanza de verdad. Veo cuántos días estuvo el tema en reposo y siento vergüenza por ello, sinceramente. Siento haberte hecho esperar tanto x.x

*La chica respondió negativamente a la pregunta tan decisiva respecto a mi mentalidad. No era humana. La observé desconcertado, sin saber cómo actuar frente a tal respuesta. Por una parte justificaba el hecho de que fuera un ser fantástico el haber saltado desde un tejado a la rama de un árbol sin sufrir ningún rasguño, pero aún así continuaba sin hacerme a la idea. Si no era humana, ¿entonces qué era? ¿Con qué sujeto me encontraba hablando? ¿Y cómo actuará cuando se dé cuenta de que no soy como ella, de que no soy de "los suyos"? Le parecía extraño que no hiciera lo mismo que ella, por lo que daba por sentado que no conocía mi estado de humano. Me habló luego de alguien, Yu si no escuché mal, el o la cual me juzgaría para saber si era buena o mala persona... Todo lo que estaba diciendo aquella chica resultaba cada vez más incómodo, pero al menos su tono burlón y su pequeña risa por su humor "sarcástico" me tranquilizó un poco, al menos se tomaba la situación como mejor podía seguramente. Es como si yo me encontrara a alguien por la calle que no supiera saltar, le tomaría por tonto, y quizás eso mismo estaba pasando en aquel mismo momento*

*Y, bueno, luego me insultó tal cual, aunque quizás estaba ya más acostumbrado a esa actitud que a la que adoptó antes la chica. Quería hablar conmigo, quería quizás resolver su duda de el por qué no salté como ella hizo, de el por qué no me atrevía. Y la respuesta sería bastante escurridiza para mí. "Bueno, al menos me deja bajar por las escaleras...". Pero una parte de mi me estaba llamando débil, cobarde, todo lo antónimo a valentía y coraje-E-Está bien... Ya bajo-¿Por qué no intentarlo? Ella lo hizo sin ningún problemas, lo hizo ver muy fácil y quizás lo era si se calculaba bien. Podría agarrarme a la rama gruesa del cerezo que se situaba debajo de la azotea, y luego dejarme caer... Por echar una ojeada no perdía nada. Me situé al borde del tejado, con la mitad de mis pies asomando al vacío. Miré abajo con precaución; la altura era intimidante, pero las hojas del cerezo parecían un salvavidas a mi caída. Cerré los ojos, dejando que el viento me tranquilizara peinándome bien para la ocasión, ayudándome a crear un poco de inercia, respiré hondo y miré decidido hacia abajo combatiendo contra la poca visibilidad del ocaso. Treinta segundos después me encontraba bajando las escaleras, cerca de la entrada al edificio*

*Me acercaba un poco cabizbajo a la chica, con la sensación de impotencia al tener que mirarle a la cara tras saber que ella podría hacer muchas cosas en las cuales yo sería inservible. El lobo blanco me miraba con curiosidad, olfateando mi alrededor durante unos segundos, dándome una sensación de inquietud cuando desaparecía de mi vista inconscientemente. La chica también participaba en aquella sensación, observando al lobo esta vez, con suspense. Mientras, yo me crucé de brazos un poco asfixiado, estando al aire libre. Quería romper el mal ambiente que había entre nosotros, y quería hacerlo cuanto antes-Y... bueno... ¿Cuál.... Cuál es tu nombre?-Le pregunté, ignorando cuanto podía al animal*
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Mensaje por Invitado el Lun Abr 13, 2015 8:48 pm

En pocos segundos ya estaba de vuelta en el suelo, descendiendo elegantemente sobre el césped prolijamente podado –elegante para alguien que lleva falda- haciendo que un nuevo puñado de pétalos rosados bañara el sitio. Realmente hermoso. Yuki continuaba sentada, tranquilamente mientras observaba los intentos de aquél rubio por acercarse a la baranda de la azotea, se veía bastante inseguro al respecto; al momento en que Aki se percató de esto ahogó una risa a sabiendas de que Yuki desaprobaría ese comportamiento burlista de su parte. Ambas esperaron unos minutos, aquél joven no se veía allí arriba entonces era de suponer que estaría, finalmente, bajando las escaleras. Durante esos minutos Aki mantuvo una corta conversación con la blanca e imponente loba.

— Ese tonto es un licántropo— La loba se giró a mirar a Aki e hizo un sonido — Claro que estoy segura, ¡Huele como nosotros, no puedo confundirme!....supongo. — El animal se puso de pie.

Algo apresurado y confundido hizo su entrada nuevamente el aún desconocido puesto que su nombre no había sido revelado; haciendo una pregunta a la ya algo impaciente licántropo.

— Mi nombre es Aki Adagaki — Se aproximó a él anulando las distancias mientras posaba su dedo índice sobre la frente de este— A-ki, A-K-I no lo olvides ¿Está bien? Además tu aún no me has dicho el tuyo ¿Deberé golpearte para que me lo digas?

Si bien ella podía sonar algo agresiva y de hecho lo era, en este momento sólo era un decir; no pretendía lastimar a el muchacho ni nada parecido. Yuki no quitaba la vista de encima de él hasta que finalmente tomó asiento sobre sus patas traseras una vez más, sus orejas estaban erguidas, no así su cola, demostrando su estado tranquilo de ánimo, eso era bueno, entonces aquél rubio no era malo, ni una amenaza o algo así. La loba efectuó un sonido como que nosotros interpretaríamos como un sollozo, pero sólo estaba comunicándose con Aki, quien la observó atentamente.

— ¿Cómo que no es uno de nosotros? Huele como uno…— Volvió su mirada a él de una forma acusante — Aunque es diferente, es verdad pero…es de otra manada y--

En medio del silencioso jardín el sonido del estómago de Aki crujiendo pudo oírse con claridad, ella rápidamente fijó su mirada en él como un “dices algo y te mato” su rostro se tonó de un color melocotón. Ella era alguien de gran apetito, y acostumbraba a comer a estas horas por lo que este pequeño retraso hizo que su apetito fuera evidente.

—Co…como sea, si tienes tanta hambre tú…continuemos esta conversación en la cafetería. — Sí estaba haciendo de cuenta que fue el estómago de él — Si estas TAN hambriento supongo que puedo acompañarte, no hay remedio. 

Cruzó sus brazos sobre su pecho, el sonrojo se iba desvaneciendo lentamente, mientras esperó una respuesta.

<3:
No te preocupes, a todos puede ocurrirnos, no hay problema. Además también estuve un poquito ausente.
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Mensaje por Invitado el Miér Abr 15, 2015 8:22 am

*La chica respondió de una forma... "sólo un poco" extraña a mi pregunta forzada. Se llamaba Aki, Aki Adagaki. A-ki. A-K-I. Me ordenaba no olvidarlo, por lo que no tenía más elección que reírme de lo que estaba haciendo por dentro mientras asentía. El dedo que posó sobre mi frente era lo que me incomodaba, pero suponía que los seres como ella acostumbraban a tales acercamientos, por lo que no le dediqué mucha importancia. Y, al observar que la chica esperaba mi nombre de vuelta, me apresuré a "recordar" cómo me llamaba para decirlo, con cierto tartamudeo característico y cansino-M-Me llamo Ventus-En aquel instante me di cuenta que dejé penosamente atrás mi actitud burlona, por el simple hecho de descubrir que realmente podría la raza humana no ser la única especie inteligente que habita en el La Tierra, por lo que decidí retomarla con cierta precaución, no quería hacer rabiar a Aki más de... lo que creía recomendado...-... Ven-tus. V-E-N-T-U-S. No lo olvides, ¿está bien?-Proseguí, con cierto tono humorístico para intentar suavizar el ambiente que pudo haber generado tal capricho*

*La chica, en aquel momento, se puso a hablar con aquel lobo blanco, y mientras, yo me mantenía un poco ajeno a la conversación, como si me ignoraran. Discutían sobre si era "uno de ellos" o no... Por lo que mis suposiciones no eran erróneas, realmente creían en un principio que yo podía saltar desde una azotea a un árbol sin problemas. Aunque seguramente no dudaría mucho más tiempo aquella mentalidad... Aki me miraba de forma hostil, o al menos eso me parecía a mí, y me analizaba con la mirada y, si no supuse mal, con su olfato. Pero de repente, y gracias al cielo, se escuchó cómo el estómago de la chica que tenía frente a mí pedía a gritos que lo llenaran de comida. No pude retener una pequeña risa, inocente y aliviada por haberme salvado de aquella situación, aunque Aki supo cortármela con una mirada penetrante, por lo que la risa se trasladó, otra vez, a mis adentros*

*La verdad que de pequeño le tenía miedo a tales cómicos rugidos, y todo por una explicación bastante absurda. Cada rugido que provenía de mi estómago, era cada mesa que se llenaba a lo largo y ancho de ésta de comida grasienta, a veces poco sana, pero que llenaba barrigas que daba gusto. No soportaba ver lo llena que estaba la mesa y cómo de llena se quedaba cuando me satisfacía. Veía muchas veces por la televisión cómo gente pobre perdía sus hogares, pertenencias y su dignidad. Y como cada uno tiene un corazón enorme cuando se es pequeñajo, muchas veces hacía lo imposible para hacer pasar los banquetes sobrantes que reposaban en las mesas a la calle. Pero como mis padres no me dejaban apenas ni salir al extenso jardín que tenemos a jugar, me "aliaba" con los criados mas rebeldes de la plantilla para que ellos mismos sacaran la comida en circulación al tener trabajo en el exterior. Al parecer, la chica acabó brindándome recuerdos de mi infancia, y quisiera o no eran bellos. Mientras veía cómo intentaba ridículamente quedar bien ante mí, respondía a tal intento asintiendo con una leve sonrisa-Te-Tengo MUCHA hambre, ¡a-apresurémonos que "quiero" llegar cuanto antes a la cafetería!-Dije, mientras me adelantaba para intentar reírme un poco más al encontrarme a una distancia segura de Aki*
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Mensaje por Invitado el Jue Jul 02, 2015 12:08 pm

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