Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Soñaba el ciego que veía. (Privado) A810

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Cerrado Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 25, 2014 9:15 am

Lunes. Odiaba los malditos lunes. Tenía que ver a gente desagradable caminar por los pasillos y cruzarse en mi camino.  Gente coqueteando con otra gente en cada uno de los rincones de la academia, como si todo el mundo aguantase su amor. El amor ajeno me daba asco, y el propio jamás lo había vivido, así que no sabía si esas formas de seducir eran normales o no. Demasiada empalagosidad aunque fuese lunes por la mañana. Al menos durante el fin de semana podía quedarme encerrado en mi habitación simplemente tumbado escuchando música. O incluso a veces me escapaba de la universidad y vagaba por la ciudad con aburrimiento en la mirada. Ya nada me entretenía, ni siquiera la dulce sangre humana ni los placeres propios de la gente de mi edad. Todo se volvía asqueroso y gris y la gente cada vez se volvía más insoportable. En esos pocos días en los que había estado en la universidad rodeado de gente realmente llegué a plantearme que la inmortalidad sería muy aburrida si la pasaba rodeado de gente que me incomodaba.

Esa mañana también desperté con ganas de hacer nada. Tenía que ir a clase, pero ¿para qué? ¿Para qué estudiar? ¿Para qué conseguir un trabajo si mi familia podía darme todo el dinero que necesitaba? Era algo que en mi mente enferma por la superioridad parecía absurdo. Aun así me levanté de la cama con parsimonia, me aseé y me puse el uniforme que usaba para clases, como siempre con la corbata desabrochada y la camisa ligeramente abierta. Tomé los enormes cascos negros que reposaban al borde de mi desastrada cama, metí mi móvil en el bolsillo y salí de la habitación. Ignoraba a la gente a la que pasaba, aunque me sonrieran o me saludara, simplemente pasaba de largo, como si pequeñas motas de polvo revolotearan a mi alrededor. Mientras bajaba las escaleras de mi residencia fui desenredando el cable de los cascos, los enchufé al móvil y dejé que la música lentamente invadiera mis oídos. Escuchaba de todo, normalmente rock de todo tipo, pero esa vez sonó en mis oídos una canción de Bach, la suite número uno para violonchelo. Las notas tocadas con maestría me sirvieron para despertarme. A mí ni un café ni mierdas de esas. Con un poco de buena música me bastaba. Recorrí los caminos de la academia con pasos tranquilos, sin un rumbo fijo.
-Veamos… ¿Dónde podría ir hoy? –Murmuré para mí mismo mientras miraba de un lado para otro. Mientras los buenos estudiantes estaban en clases yo solía estar en cualquier otro lugar durmiendo o simplemente descansando sin estar cansado. En eso se basaba mi vida, en ser como un maldito gusano que no aportaba nada y que no disfrutaba. Mis plomizos ojos volaron por la universidad mientras yo simplemente seguía caminando. Tras un par de minutos llegué al patio del instituto. Allí era donde se solían juntar los críos o las parejas empalagosas. A lo mejor podía fastidiarles un poco el ambiente con mi presencia. Aunque parecía bastante vacío…

La estructura de aquel pequeño parque era circular. Había un hermoso cerezo en el centro de aquel círculo y, rodeándolo, varios bancos. Aprovechando la floración de aquel árbol las parejas felices y acarameladas solían juntarse en aquellos bancos para intercambiar palabras, caricias o besos. Una escena hermosa de ver, pero no para mí. Di una vuelta a aquella plazoleta mirando con descaro a aquellas parejas que se contemplaban entre ellas con ternura, estos al verme simplemente se quedaban quietos. En su mente podía deducir que pensaban “¿pero éste qué mira?” o “lárgate de aquí, pesado”. Aquello me placía, aunque esas palabras no salieran de sus bocas lo averiguaba por sus expresiones de disgusto o de odio. Casi todos los bancos estaban ocupados por una de esas parejas molestas. Todos, menos uno a la sombra de aquel gigantesco árbol. Era el lugar perfecto, donde el sol  no me dañaría la piel por unas horas. Avancé con rapidez para coger el banco antes que nadie, y una vez allí me tumbé desvergonzadamente sobre él, ocupándolo entero y sin molestarme ni un pelo por los demás. Aquella canción que seguía resonando en mis oídos me cansaba o, al menos, me producía sueño. En mi rostro se vio una expresión apacible, de completa tranquilidad y sosiego. Por una vez me veía como una persona normal y no como el cabrón que era en realidad. No me gustaba que vieran esa parte vulnerable de mí, la expresión que ponía antes de dormirme. Me hacía sentir inseguro, frágil e indefenso. Por eso mismo alcé un brazo y con él me tapé los ojos, dejando solo ver mis labios y parte de mi nariz, aparte de aquella mata de cabello ceniciento que se manifestaba de forma rebelde e indomable y me daba un aspecto desenfadado. Mis colmillos se notaban mucho más desarrollados entre mis labios, pero no de forma desagradable. Tan solo tenía algo de hambre.

Fue entonces cuando cavilé sobre lo que era y lo que hacía. De vez en cuando lo hacía, simplemente para reírme de mí mismo, para darme un poco más de asco y perderme el poco respeto que me tenía a mí mismo. Ese era mi momento de relajación y de reflexión y lo estaba tomando mientras los demás se trabajaban su futuro en las clases. ¿Por qué era así? ¿Por qué no podía ser cómo los demás? ¿Por qué me comportaba como un idiota que no tiene sentido de la decencia? Esas preguntas asaltaron mi mente de pronto y me golpearon en el pecho. Las aparté sin pensarlo para no alterarme.


Última edición por Ruki Mukami el Jue Jun 19, 2014 5:35 am, editado 1 vez
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Mar Mar 25, 2014 7:30 pm

Despierta. Despierta. Despierta. Remoloneando entre las sabanas, Ayumu no podía terminar de levantarse ¿Y cómo? Si no había pegado ojo en toda la noche. Su mente divagaba a velocidades estelares mientras él se esforzaba en conciliar un sueño que vino escasas horas atrás. Últimamente no era suficiente, no importa cuánto durmiera se sentía cansado, agotado, gastado. Como la parte de una maquinaria que no se rompió del todo como para dejar de funcionar.
No quería abrir los ojos, porque eso significaba que a partir del momento en que la luz se filtrara por sus parpados tenía que lidiar con el resto del día. Y era tan pesado, tan pesado que de haberse empezado a comprimir por la presión, terminaría por hundirlo dentro del colchón. Repasó sus probabilidades ¿No sería eso lo mejor? Quedarse allí tendido, esperando que la piedra que le oprimía el pecho aligerase un poco su peso y lo dejara respirar un par de bocanadas de aire. Un par nada más, las suficientes para descubrir que seguía vivo y no era la cáscara de un cuerpo vacío. – Uhmpf...- se quejó incorporándose, como si le costara la fuerza de siglos - ¿Qué hora es? – le habló a las paredes de su habitación, a su soledad. – Mierda, ya voy tarde-

Su jefe le cedió amablemente ese lunes, bendito lunes, para que fuera a averiguar los trámites necesarios para ingresar a la universidad. Ingresar, como si tuviera chance. No solo se había perdido el periodo de inscripción, si no que ni siquiera sabía en qué carajos anotarse, cuanto salía. Y si bien era agradable tener el resto del día libre, eso significaba que el día siguiente se doblegaría el trabajo por el turno que se saltó. Suspiró. Si por lo menos ese esfuerzo fuera con una causa fructífera, le encontraría el sentido.
Pero no, los minutos de ese lunes iban a pasar gozosos de ser desperdiciados, como gotas cayendo de una canilla a medio cerrar.

-En fin – se dijo a sí mismo mientras se despegaba del lecho. Se puso lo primero que encontró, sin prestarle mucho caso. Universidad. La mera pronunciación de la palabra lo estremecía ¿Cómo se suponía que iba a enfrentarse a la colosal cantidad de gente amontonada en un mismo lugar, en una misma aula, que pretendía entender algo que a él le costaba el doble? No sabía cómo hacerlo, y en el prospecto de sus medicamentos no figuraba ninguna guía de “hacer amigos” que ayudara a contrarrestar los efectos que causaron a lo largo de su vida. Irónico, tomaba pastillas para ser una persona común y lo que lograron fue aislarlo aún más de la esfera de normalidad a la aspiraba pertenecer. – Ptf- bufó molesto echándose el morral al hombro y girando el picaporte.

Una vez afuera, calculó cada centímetro. Cada milímetro contaba con tal de que  la puta traba no crujiera resonando en el pasillo del complejo. Cada milim…CRACK- Ayu-kun- Cielo santo, que vieja insoportablemente auditiva. 80 años y con el oído de un zorro ¿pero que tomaba? ¿Se bañaba en formol? ¿Robó la mágica receta de los Rolling Stones? – Ayu-kun, estaba esperando oír tu puerta ¿Adivina que te hice hoy?- le señaló un obento cuidadosamente envuelto en un pañuelo
-¿Miso?- ¿De nuevo? No por favor, por lo que más quiera señora Hirano
-No no, onigiri – exclamó extendiendo la O como solo los ancianos saben hacerlo. Una vez que la ayudó en las compras y la mujer le había tomado un cariño bestial, hasta tal punto de hacerle el almuerzo casi todos los días. Y agradecido debía estar, porque ahorrando para la cuota de la facultad sus finanzas estaban en rojo. Tomó el paquete con una sonrisa – Gracias señora, apenas vuelva le lavaré y devolveré el Obento. Gracias por esforzarse en hacer esta comida para mí…-
-Ya, ya..- lo despachó entrando pasito a pasito a su departamento. Esa abuelita era un ángel.

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Estaba perdido. No importa cuántas veces se repitiera que no, era inexorable que se encontraba en un punto muerto entre su sentido de la orientación y el Instituto Takemori. Arrugó con rabia el panfleto que le entregaron a la entrada ¿perderse en el patio de una escuela? Solo a él le pasaba, y no porque fuera cosa del destino, sino porque era un idiota. Un idiota perdido desde que puso un pie en la ciudad.
Uf, que hambre tenía. Es que en apuro de llegar temprano ni se molestó en desayunar. Pensó en los onigiris que tenía en el morral y de pronto le parecieron  un suculento plato gourmet. Miró a su alrededor buscando un lugar donde sentarse. Allá iba la inscripción, los trámites, la beca y el lunes de franco. Una vez que terminara iría de nuevo al restaurante a cumplir horario, pero por ahora, a comer.

Un cerezo en flor llamó su atención; sus frondosas ramas rosadas invitaban a descansar en su sombra dulce y refrescante.- Maldición – El lugar estaba lleno de tortolitos ¿Era enserio? ¿Cuál era la necesidad de mostrar al mundo su eterno y azucarado amor? Las miró con desprecio, pero más que bronca, una cierta envidia anidaba en su interior. Una envidia de no poder compartir algo así con nadie. Después de todo, a él le encantaban los dulces. – Púdrete – le espetó al ente invisible que tejía la red de su fortuna llevándolo a situaciones cada vez más incomodas – Púdrete porque no me voy a dar media vuelta solo porque estés encabronado conmigo.-replicó como si le hubiera contestado.
Bajo el árbol, un banco libre reposaba tranquilo. Se sentó y sacó las bolas de arroz, dándole un gran mordisco a una. Que hermosa, que hermosa pintura. Los querubines dorados flotando alrededor del mágico cerezo del amor….y él zampándose el almuerzo como si le resbalara la ironía de la situación. Y claro que sí, pero no por decisión propia. Que humor de perro mojado y apaleado por la lluvia. Empezó el segundo onigiri sin terminar de tragar el primero. Odiaba esas caricias ajenas que las parejas le refregaban por la cara como trapo de piso. No creía esencial tener a alguien para estar completo, mientras tuviera sus pastillitas sonrientes su felicidad estaba asegurada. Pero dolía ¿Por qué ellos podían entenderse tan bien? Jamás sentiría esa sensación. Ni de que te amen, ni de que te entiendan. Jamás bollería a sentir otra cosa que no fuera la soñolencia del clonazepalm, a menos que se internara en un el colorido viaje de su amigo el hongo de centeno.

¿Cómo había terminado así?

Drogadicto.


Amargado.


Y solo.


Suspiró. Debía parar de atacarse a sí mismo, de pulverizar su inexistente autoestima de esa manera. Sacó el celular del bolsillo y marcó un número. Su teléfono era una de las pocas cosas que lo mantenían ligado a su familia, quizá porque se trataba de uno de sus juguetes preferidos y sus padres lo consideraban como el último vínculo entre ellos. Le daba igual mientras lo pagaran. Y sabía que no iban a dejar de hacerlo. “Nunca nos hicimos cargo de nuestros hijos, pero pagarle la línea telefónica no cuesta nada ¿verdad amor? Claro que si querida, como quieras”

Bastardos.

Escuchó el tono dial hasta que la voz raspada de una mujer lo atendió -¿Hola?
-Hola Abuela, soy yo, Ayumu-
-¡¿Ayumu?! Dios mío niño ¿Cómo has estado? Hace meses que no oigo tu voz…- La anciana se oía acelerada. En realidad, no era su abuela , sino la nana que los cuidó desde pequeños, sobre todo cuando sus “defectos” salieron a flote.. .Hilarante, pero tenía una relación más profunda con su niñera que con su madre - ¿Quieres hablar con Yuki, verdad?-

-Sí, si se podría...- En estos momentos, intercambiar con su hermano aunque sean dos míseras palabras lo llenaba de alegría.

-Espera cariño, ya lo pongo al habla- Se escuchó como la nana corrió lo que parecía oírse como un shoji y a continuación una serie de gritos y golpes, como la pataleta de un niño pequeño pero con la voz de un adulto- Yuki es tu hermano…Yuk… ¿Ayu? –
-Sí- respondió afligido
-No quiere hablarte. Hace días que dijo algo por última vez…-. Lo sabía. Nadie más que Abuela se hacía cargo de su Yuki – Desde que te fuiste está así..-De nuevo la indirecta, afilada como una daga – Vuelve Ayumu-

-No puedo- dijo en un hilo de voz

-Vuelve cariño, Yuki te necesita-
-No pued…- la voz se le quebró y apretó el botón de finalizado. No podía. No podía.
Volver sería aceptar que todo lo que le dijeron era cierto, que no tenía futuro y era un bueno para nada. Miró el ultimo onigiri del recipiente con asco; le sabia raro la boca. Un nudo en la garganta apenas le dejaba pasar la saliva. Se levantó y lo tiró en un cesto de basura, ya no iba a comer nada por el resto del día.

-Grk…- ¿Y eso? ¿Acaso un tipo se había tirado arriba de SU banco? ¿Arriba de su momento de desolación como quien no quiere la cosa? Ah, no. –Oye – le habló sin recibir respuesta – Oye- le insistió- No quiero ser descortés – mentira. Su tono de falsedad era tan evidente que hasta un sordo se daría cuenta- pero yo estaba sentado ahí antes. Muévete – Hizo fuerza con el diafragma para que salga – Por favor.-
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Mensaje por Invitado el Miér Mar 26, 2014 11:08 am

De pronto en  mi mente reinó el silencio, tan solo interrumpido por las melódicas notas que resonaban en mis tímpanos y me hacían sentir somnoliento. En mi cabeza no había nada, me sentí como si el interior de mi cabeza fuera como una sala completamente blanca, con cuatro paredes impolutas y en un completo mutismo. El miedo se apoderó de mi mente mientras que fuera de ella mis puños se oprimían con fuerza. Me obligué a mí mismo a pensar en otra cosa. “Veamos… las clases. Las clases” me sugería mí mismo. Sin embargo mi mente parecía no responder, se había quedado anclada en ese recuerdo níveo y desagradable. ¿Por qué mierdas lo recordaba ahora? Había decidido cerrar ese baúl desde hacía ya mucho tiempo. Había cambiado y quería demostrarle al mundo eso. Ya no era el niño risueño y consentido. Me había convertido en un ser mucho más oscuro sin ningún tipo de aprecio a la vida. Al menos esa era la imagen que quería dar de mi persona.
Mis manos se relajaron un poco y la música que resonaba en mi cabeza había tomado un ritmo mucho más tranquilo y sosegado. Aquellas paredes blancas desaparecieron de mi mente de una vez, como si se alejaran arrastradas por un tren. Suspiré y me destensé. Sentí que la incómoda madera del banco me acogía y yo amablemente me hundía en la rigidez de esta. El blanco se volvió negro. Mi mente volvió a librarse de todos sus pensamientos y mis ojos quedaron completamente cerrados. Todo era oscuridad.

Respiraba feliz en mi sueño. No era nada fuera de lo ordinario. Solo me imaginaba a mí mismo en mitad de un prado inundado por diferentes colores. Nadie me molestaba, la brisa era agradable y se respiraba la calma. Un olor agradable inundaba mi nariz, un olor realmente dulce y atrayente. Y, de pronto, un murmuro. Lo ignoré y me concentré en ese tranquilo prado. Sin embargo volví a escucharlo. Abandoné los cálidos y acogedores brazos de Morfeo. Me descubrí la cara y abrí los ojos, deslumbrándome con el sol a pesar de estar en la sombra. Seguía recostado en aquel banco. El violonchelo continuaba con su constante melodía. ¿Cuánto tiempo había estado dormido? Tenían que ser apenas unos minutos, pero unos minutos agradables. De nuevo aquella voz se escuchó detrás de la música. Miré hacia un lado. No estaba solo. Había un chico castaño a mi lado. Me dirigía la mirada y me hablaba a mí. Con calma me quité los cascos para poder escucharle mejor, ya que la música comenzaba a incomodarme.
Me costó unos segundos analizar las palabras de aquel chico, ya que mi mente seguía dormida. Si no me equivocaba me estaba pidiendo que me apartara del banco con la excusa de que se lo había robado. No tuve que pensar mucho en la respuesta.
-Quien se fue a Sevilla perdió su silla. –Era un refrán típico y perfecto para el momento. Me quedé pensativo un momento mirándole de reojo. Aquel dulce aroma de mi sueño seguía presente conmigo. ¿Acaso lo emanaba el chico? Olía a humano, pero de forma diferente. Me removí un poco en el asiento, pero tan solo para ocuparlo más. Miré hacia el cielo y suspiré.

-No quiero moverme. –Dije de forma seca y egoísta. –Oblígame o siéntate encima. –Bromeé. Una sonrisa llena de picardía y superioridad se pintó en mis labios. Nadie sería capaz de hacer eso. Todos eran tan moralmente correctos que apestaban. Simplemente blasfemarían hasta cansarse, me golpearían y después se irían sin más. Nadie era capaz de quitarme del banco. Y mucho menos un humano corriente y moliente.
Volví a ponerme los cascos en las orejas y cerré los ojos. Había comenzado una nueva melodía, "Sleepwalking" de Bring Me The Horizon. Los gritos guturales sirvieron para despertarme a pesar de tener los ojos cerrados a cal y canto. Volví a cubrirme con el brazo, a pesar de saber que no me dormiría de nuevo.
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Mensaje por Invitado el Vie Mar 28, 2014 3:53 am

Arrugó la nariz –No me fui, a tu lado está mi morral- lo señaló en vano, porque el chico no había cambiado de posición ¿Quién se creía que era? Maleducado cabrón que venía cagarle el día un poquito más ¿Qué se sentara encima de él? Ni de broma ¿Qué faltaba? Que cantara bingo
-Hey- repitió al tiempo que sus niveles de tolerancia iban acortándose – Te lo estoy pidiendo bien. Muévete – No había caso, no se iba a mover con solo un por favor. Estaba tan enojado, un mar de frustración lo ahogaba ¿Y este estúpido venía a molestarlo? En su interior sabía que no se trataba más que de un puberto caprichoso con complejo de superioridad, pero no podía entenderlo ahora. O no quería.
Su conversación de hace segundos atrás lo había perturbado de sobremanera. Su hermano nunca se mostró reacio a hablar con él, ese tipo de berrinches aparecían después de una situación incómoda que tuvo que afrontar. Eso lo llevaba al supuesto de que los culpables de su malestar, eran sus padres ¿Estaba seguro? No un cien, pero un noventa por ciento a que lo habían maltratado. O peor, ni lo habían tratado, jamás se molestaron en comprenderlo. A Ayumu le dolía pensar que Yuki estaba completamente solo, alejado de la única persona que alguna vez lo escuchó.

La ira se le mezclaba con la impotencia y la desazón, no importa cuanto lo intentara, no podría sacar a su hermano de esa casa donde los consideraban unos fenómenos. Frunció el entrecejo ¿Tanto le costaba a ese don nadie correrse? Necesitaba sentarse un segundo, ordenar sus ideas y luego marcharse para dejarlo en paz. Nada más ni nada menos – Tsk...- chasqueó la lengua aferrando los auriculares del joven por el puente que los unía. Se los sacó jalándolos hacia arriba, para que pudiera escucharle de una buena vez –Mira, no te estoy pidiendo que te vayas, pero necesito un minuto ¿Entiendes? Así que córrete a un lado, y déjame sentarme un maldito momento así después puedo seguir con mi vida y tú con la tuya ¿Te parece?-

Perfecto. Simplemente perfecto.
De nuevo sus impulsos dominaban sus acciones ¿Y cómo  evitarlo? Imposible. Podía controlarse siempre y cuando sus sentimientos no fueran tan dolorosos …como ahora. De verdad necesitaba un segundo de calma, cerrar los ojos y aclararse, o de lo contrario, explotaría.

Esto no era nada, simplemente estaba siendo amable. Mierda ¿De verdad podía llegar a ser tan detestable? No era la culpa de ese joven que su vida fuera como el vómito de algún animal rastrero, ni tampoco que tuviera los cables cruzados. Pero sí haberse inmiscuido en su día de una forma tan desubicada y abusiva. Ayumu no lo había molestado y el señorito no quería moverse de su banquito.

Bueno, podría aplicarse la misma política para sí mismo, pero eso estaba fuera de discusión. Todo su enojo fluía como una corriente  fija: el tipo del banco, que lo miraba incrédulo. Ni siquiera sabía por qué estaba tan ofendido ¡era un estúpido lugar en un estúpido patio! Podría darse la vuelta y alejarse del problema, pero algo dentro suyo era más fuerte que su raciocinio. Como una energía que tapaba cualquier pensamiento coherente. Estaba rabioso, con él, con su familia, con su teléfono, con su existencia, con el instituto, con el mundo. Pero por sobre todas las cosas, con él- - ¿Me escuchaste?- lo increpó insistente - ¿O estas porquerías te dejaron sordo?-
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Vie Mar 28, 2014 11:17 am

Miré hacia un lado cuando me dijo que su mochila estaba en aquel banco, pero no conseguí verla. A lo mejor estaba debajo de mí o a mis pies. Tampoco me fijé cuando me tumbé. Simplemente había buscado un lugar libre donde poder dormir, relajarme, lo que fuera con tal de dejar la mente en blanco y saltarme las clases.  De nuevo me pidió que me moviera. Yo simplemente cerré los ojos. –No quiero. –Sentencié de nuevo. No iba a rendirme tan fácilmente ante una petición tan simple como esa. Apreté un botón en el móvil haciendo que la música que escuchaba sonara con mayor volumen, sin permitirme escuchar al chico claramente. Con los ojos cerrados traté de concentrarme en los gritos que resonaban en mis tímpanos. “Vete de una vez, niñato” pensaba para mí mismo. Ni siquiera me fijaba en si se marchaba o no. Pero aquel peculiar olor seguía a mi lado, por lo que deduje que no se había movido un pelo.

De pronto todo volvió a la calma en mi cabeza. Con aquel agradable olor, la música tapándolo todo y mi cuerpo tumbado en el banco. Me olvidé de todo. Del chico a mi lado, de mis anteriores pensamientos, de aquel molesto sueño… Pero todo se rompió de manera tan fácil. De un tirón el chico me quitó los cascos, descolocándome completamente. Abrí los ojos con enojo y los clavé en los suyos. – ¡Oye! –Fui a quejarme, pero algo llamó mi atención antes. Aquel suave y dulce olor se había intensificado. Mis ojos se abrieron con sorpresa y cobraron un brillo característico. Alargué un brazo y le agarré de la muñeca que tenía más cercana a mí. Con fuerza y sin dejar que se soltara de mi agarre acerqué su mano a mi rostro. Inhalé un poco de aquel aroma tan solo una vez y le solté sin dudarlo. Mi visión se nubló por un momento, pero en seguida recobré la compostura. –Hueles bien… -Murmuré como en un trance. Como si algo se volviera a encender en mi cabeza, reaccioné, volví a clavar mis ojos en los suyos y le quité los auriculares de las manos con violencia. Dios… tenía hambre.

Gruñí por lo bajo recordando que me había pedido que me apartara por enésima vez. Desvié la mirada chasqueando la lengua y finalmente flexioné mis piernas, que antes habían estado extendidas por completo en el banco, dejándole un hueco bastante grande donde poder sentarse. ¿Por qué hacía eso tan repentinamente? Ni siquiera yo lo sabía. Simplemente mi mente me dijo que debía obedecer por esa vez. Maldije a todo ser viviente por lo bajo.
Con manos ágiles tomé de nuevo el móvil y deslicé un dedo por la pantalla. La toqué solo una vez y la música cesó. Bloqueé el aparato y lo metí en uno de los bolsillos de mis pantalones. Entonces comencé a enredar el cable de los cascos con soltura, enrollándolo a los auriculares negros. Una vez hecho eso los coloqué sobre mi vientre, ya que no tenía otro lugar donde meterlos y llevarlos al cuello sería incómodo. Me pasé una mano por el cabello, tratando de dominarlo por una vez, pero de nuevo mis dedos se quedaron enredados en aquellas finas hebras. Me di un poco por vencido, suspiré y de nuevo me distendí sobre la dura madera.

Miré de reojo al chico que estaba a mi lado. No había nada fuera de lo común en su aspecto, al menos nada que quedara a la vista. Su cabello parecía hecho un revoltijo, justo como el mío, solo que éste tenía cierto color chocolate. Puse los ojos en blanco sin razón y volví a suspirar. Quise girarme hacia un lado, para dejar de mirar el despejado cielo, pero en la posición que estaba me era imposible. El silencio se me estaba haciendo incómodo.
-Oye. –Llamé al chico, sin mirarle a los ojos. -¿Por qué esa insistencia en coger este banco? ¿Por qué no te vas simplemente a otro? –Sabía que era una respuesta estúpida, pero necesitaba romper ese completo mutismo que reinaba en el lugar. Todos los bancos estaban ocupados hasta hacía solo un momento por estúpidas parejas que no paraban de repartirse amor. Entendía que no quisiera sentarse a su lado, pero ¿por qué no se iba sin más? ¿Por qué insistir en que fuera yo el que me marchara? En mi mente nada tenía sentido por mucho que intentara ordenar las cosas.
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 29, 2014 5:11 am

-Tsk…- se soltó con rudeza.-Gracias- seco. Al final mucho ruido y pocas nueces, tanta determinación para correse con la cola entre las patas. Báh, mejor. Involucrar inocentes en sus días de mal humor era muy suyo. Después de todo, era un pendejo falto de modales, tampoco lo había insultado como para bajarle un par de dientes. Asco, se estaba comportando como más odiaba. Él también era un desconocido pidiéndole que deje la comodidad de un asiento, solo porque andaba con una crisis emocional.

Se sentó en la parte del banco libre y sostuvo su cabeza con las palmas, ejerciendo presión en sus globos oculares. Su hermano había rechazado una charla con él ¿por que? Le daba tantas vueltas a eso que prestarle atención al comportamiento exageradamente extraño del joven era un asunto secundario. Hasta terciario ¿Oler bien? Le importaba tres mierdas lo que pensara de su perfume. Un tifón de ideas le licuaba el cerebro ¿Y si le pegaron? ¿Y si se confundieron de medicina? Más de una vez vio a las enfermeras darle cualquier pastilla por no buscar la adecuada ¿Y si se había lastimado? Era capaz de romperse un hueso y nadie lo sabia…¿Y si de verdad le había pasado eso?
-Mhn..- Se quejó apretando con mas fuerza las manos. Empezaba a sentir agudas punzadas de dolor.

Tendría que volver ese mismo día y asegurarse. Al carajo verles la cara a sus padres. La angustia le llenaba el pecho, y caía a gotas pegajosas y oscuras, pegándolo al suelo ¿Que hacer? Ir de lleno a su antigua casa, no podía llamarla hogar, y afrontarse de nuevo a esas miradas asesinas; o quedarse. Quedarse y esforzarse en….

¿En que? Estaba solo, con un trabajo explotador y absorbente , que ni le dejaba dinero. Pretendía llevarse a su Yuki lejos de todo lo malo, pero si apenas tenia lo suficiente como para mantenerse él mismo. Respiró hondo. Todo era oscuro y desolador, el camino era pedregoso y se había perdido tiempo atrás. Posiblemente jamás existió un camino para él.

“Quizás es mejor si dejas de existir. No sirves. No vales la pena. Eres una perdida de tiempo”

No,no lo era. Él era alguien. Maldición.

“Yuki jamás cambiará, será un idiota al igual que tú”

Yuki no era estupido, solo diferente. ¿acaso la normalidad era una sola? Basta, por favor. Contuvo la espiración tratando de no quebrar. Esta desesperado. Que alguien le dijera  su norte.

No podía más, se deshacía en llanto cada día que pasaba, menudo marica, cobarde. Incapaz de afrontar por su cuenta algo tan simple como anotarse en una carrera. Se clavó las uñas en la piel de la frente, lastimándose.

Era lo único que podía hacer, un acto de rebeldía ante ese cuerpo y mente defectuosos que obstaculizaban sus deseos. Incluso el de morir, porque era tan débil que vaciló hasta en el ultimo segundo…

-¿Eh?-escuchó al chico decirle algo -¿Por qué no simplemente te vas al infierno? Lo mismo podría decirse de ti. Aunque yo estaba antes, el encaprichado eres tú –negó con la cabeza, sin mirarlo – Aparte ¿ves otro banco libre? Yo no – le espetó con obviedad ¿Por qué lo trataba así? No tenía la culpa –Perdón – Dijo en un susurro casi inaudible – No me siento bien…- Ni que lo contrario sucediera con frecuencia.

Junto sus manos, sonándose los nudillos ¿Qué hacer? Una lagrima producto de la impotencia cayó sobre el dorso de su mano. Sorprendido, se limpió lo más discretamente posible, intentando no quedar tan ridículo como en realidad era.
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Sáb Mar 29, 2014 10:52 am

De mi garganta salió un sonido gutural en respuesta a ese agradecimiento suyo por dejarle un hueco en el banco. Me surgió un dilema al hacerlo. ¿Qué haría si ese chico no se iba del banco? ¿Tendría que soportarlo o, incluso, charlar con él? No quería. Pero era una falta de respeto ensimismarme en mi música con los cascos puestos. Lo mejor sería esperar. Esperar hasta que él decidiera marcharse. Pero ¿qué podría hacer mientras tanto? Nada. Esa era la respuesta. Me quedé mirando al cielo, observaba como se iban moviendo las nubes por el inmenso azul, seguía su recorrido hasta que se perdían en el rosa de las flores de cerezo. Pero llegó un momento que todo eso se volvió aburrido. No, no era aburrido. El problema era que no desconcentraba mi mente y yo no quería ponerme a pensar. Me puse una mano en la frente, como si eso fuera a desconcentrarme.

Entonces escuché un quejido leve que hizo que mi mirada cambiara de destino desde el celeste hasta el chico que había sentado a mi lado. Ocultaba el rostro entre las manos. ¿Estaba llorando? Sin saber por qué sentí cierta piedad. Pero de nuevo me surgía la duda de qué hacer. ¿Debía consolarle, decirle algo al menos? ¿O simplemente quedarme donde estaba ignorándole? Fui a abrir la boca para hablar, pero en seguida la cerré. Se le veía desesperado por alguna razón. Como si estuviera… roto. Nunca había visto a nadie llorar, tan solo desvanecerse hundidos en el dolor que les infringían mis colmillos. La curiosidad me invadía por dentro sin razón. Sentía la necesidad de averiguar qué le pasaba. Un tipo de necesidad que no había sentido jamás. Pero como hacía siempre me quedé callado.

En esa posición me recordaba demasiado a mi yo del pasado, al yo vulnerable que solo vivía por y para la sangre. A ese “yo” que destrozaron con un par de meses de encierro. Me habían vuelto todavía más vulnerable con ese castigo. Lo ocultaba tras una máscara de indiferencia, pero me hundía con facilidad. Lloraba con facilidad y me desesperaba. Buscaba métodos para lidiar conmigo mismo que no eran buenos. Aquella reclusión había conseguido su propósito, había dejado de estar tan ligado a la sangre, pero con graves consecuencias en mi persona. Eso lo notó mi familia con rapidez. Ya no era el mismo chico feliz, dulce y caprichoso. Había cambiado, pero no necesariamente a mejor.
De nuevo pensaba en todo aquello. Me dolía la cabeza. Había estado demasiados años encerrando todos esos recuerdos en mi mente que, cuando los soltaba me sentía realmente miserable, como alguien que no merecía estar vivo. Liberar todo aquello no me costaba nada, el problema era lidiar con ello.

Tras aquella estúpida pregunta que le hice el chico me respondió sin ni siquiera mirarme. Estaba absorto en sus cosas. Era curioso que se hubiera mostrado tan frágil hacía solo unos momentos y ahora me respondiera de esa manera seca y dura para mis oídos. Fruncí levemente el ceño y me apoyé en un codo para verle mejor. Tuve ganas de contestarle, de devolverle esa puya que me había echado. Pero a mis oídos llegó de su parte un perdón. No lo entendí. ¿Por qué me pinchaba con sus palabras y luego se disculpaba? ¿Por qué no se sentía bien? ¿Por qué se le veía tan dolido? ¿Por qué?

No hizo falta que me dijera nada. Divisé una lágrima que, valiente, cayó sobre una de sus manos desnudas. ¡Bam! Todo cambió. Algo se rompió dentro de mí. Sentí un fuerte dolor en el pecho causado por la empatía. Toda la rabia y la confusión que había sentido hasta ese preciso instante se desvanecieron de un plumazo. Le vi intentando secar sus lágrimas con aquella mano de una forma que me pareció sumamente tierna y que tan solo hizo que me doliera más el pecho. Me recordaba demasiado a mí mismo. Apoyé las manos en el banco para poder sentarme sobre la madera.  Una vez acomodado alargué una de esas manos hasta el chico. Instintivamente la llevé hasta su cabello, hundiendo mis dedos en este. Le acaricié la cabeza con suavidad, tratando de calmarle, aún a sabiendas que me apartaría sin dudarlo. Era un desconocido para él, al fin y al cabo. Mi mano le recorrió con gentileza y se alejó de su cuerpo para no molestarle más.
-Por favor, no llores… -Le pedí en un susurro. No me gustaba verle llorar, aunque no le conociera de nada. A lo mejor se merecía todo lo que estaba pasando, pero al verle de esa forma tan vulnerable no pude hacer otra cosa que enternecerme. Era un poco tonto pedirle algo así. Avecinaba una respuesta como “¿pero tú quién te crees?” o un simple “No me toques.” Pero me bastaría si cambiaba la tristeza de ese chico por furia, porque al menos ya no estaría triste.
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Lun Mar 31, 2014 4:15 am

Levantó la cabeza ¿Lo había tocado? Giró lentamente hasta clavarle la vista , consternado ¿Lo había tocado?-…- Se pasó la mano por el pelo, como si el tacto quemara ¿Como se atrevió? Pero quién se creía que era para andar…consolándolo. Apretó los dientes – No estoy llorando- Se limpió con el dorso se la mano el lagrima izquierdo, enfocando su atención de nuevo al piso –No, no me toques.- dijo en un hilo de voz.

Curioso, estaba al bode del colapso y no reaccionaba ante una invasión a su preciado espacio personal ¿por qué? La verdad es que estaba lidiando con tanto en ese momento que lo ultimo  atascó el flujo de sus pensamientos, como la boca de un embudo ¿Qué carajos tenía en la cabeza para andar tocando a desconocidos? Como si tuviera la confianza, la desfachatez suficiente para consolarlo. Jah, justó a él. Justo a quién aprendió a hacerlo por sí mismo y para su hermano.
Justo a él, alguien jamás contenido, que se encontraba con un desconocido que gentilmente lo arrullaba pidiéndole que “no llore”. No que se tragara esas lagrima, que dejara de hacerse el victima, que pidiera perdón porque era su culpa, que dejara de ser una nena, que no se lo tomara tan enserio. No. Simplemente un “Por favor, no llores…”

Por favor, no llores.

Por favor, no llores.

-No estoy llorando- se repitió más para sí mismo que para el otro. Dios, necesitaba un procesador nuevo para su cerebro. Estaba seguro, si se formateaba funcionaría bien de una vez por todas, sin la necesidad de ninguna pastilla. Claro, como no lo pensó antes. Las benditas pastillas. Hacía una semana que las evitaba, aún cuando le recetaron un tratamiento de por vida, creía fervientente en que podía arreglárselas solo. Cuanto odio les tenía, pequeñas putas que lo adormecían hasta el punto de no hacerlo sentir nada. Por eso estaba tan alterado, siete días de puras sensaciones sin filtro tenían que su efecto. Respiró en un espasmo “¡Deja de llorar ya! No eres un bebé” No era solo eso, sino el todo junto que arrastraba desde hace seis meses, desde hace veinte años, culminados por un ataque de Yuki.
¿Qué le estaría pasando? Los gritos se escucharon muy fuertes. Mierda, en su cuerpo  una energía desagradable y urgente clamaba por salir corriendo a tomar el primer tren que lo llevara hasta su casa. Pero no podía moverse, todos sus músculos estaban tensos, expectantes ¿Iría de nuevo? Claro que no, estaba demasiado asustado. Era un egoísta, ponía por sobre el bienestar de su hermano su propio orgullo.

¿Como no llorar, si la culpa le carcomía hasta los huesos? Carecía de las pelotas para enfrentarse a su familia y demostrarles la patética forma en la que sobrevivía sin el dinero de papi y mami. Por eso no había podido llevarse a Yuki. Su cuidado requería de medicinas, tratamientos, médicos. Y eso era caro, carísimo.

Palpó el bolsillo de su bolso y sintió la cajita de Rivotril ¿Olvidó mencionar que, a pesar de que creía que podía vivir sin ellas, nunca lo había logrado? Caería de nuevo en sus caramelos mágicos estabilizadores de locura. Triste, pero predecible.
Nunca entendería que era un insecto larvando hasta reventar de fármacos. No sangraría plaquetas, escurriría Clonazepalm, Mmdma, cristales, crack…y de ser posible, destilaría ese jugo para inyéctarselo de nuevo. Cualquier cosa que le mantuviera los ojos abiertos y la mente ocupada.

Buscó con frenesí el encendedor. Con el pulso jugándole una mala pasada, se llevó un cigarrillo a la boca y lo prendió. Iba a fundirse. Todo le corría por la mente recalentándole los circuitos. Su hermano, su vida, sus padres, el idiota de a su lado…que le susurró palabras de aliento. El humo se escapó por entre la ranura de sus labios, subiendo por sus mejillas, perdiéndose. Las parejas besándose, diciéndose cariños. El mapa del instituto arrugado en su bolsillo, la cajita rebotando feliz en su morral, el sol derritiendo el suelo. “Por favor, no llores” –No puedo…- Quebró llevándose la mano libre a sus ojos. “Perdón, pero no puedo”. Juntó aire y rompió en sollozos – Quiero morirme-
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Lun Mar 31, 2014 10:15 am

“No estoy llorando”
“Ya, y yo soy un monje budista. Orgulloso, mentiroso” pensé para mí mismo ante sus palabras. A decir verdad yo seguramente también era tan orgulloso como él. No podía dejar que nadie entrase en mi mente, que nadie superase esa molesta barrera que yo mismo había colocado y que consideraba impenetrable. Le entendía. Cualquier hombre que llorara frente a otro podía considerarse deshonrado, ridículo. Los humanos eran todos iguales. Por supuesto escuché la tan famosa frase “No me toques” salir de sus labios. Resoplé y puse los ojos en blanco. Por lo visto mi sistema de premonición todavía seguía intacto.
Era la primera persona en el mundo a la que había tratado de consolar, de animar. Y el mundo de nuevo volvía a despreciarme y a darme una puñalada en la espalda. ¿Para qué intentar hacer un acto de bondad si luego no era recompensado? ¿Para qué ser bueno cuando los demás no lo eran conmigo? No era una persona tan asquerosamente filántropa como para dar algo a alguien sin esperar recibir nada a cambio. Aunque fuese un mísero “gracias”.

“No estoy llorando”
Esas palabras volvieron a resonar. Volví mis ojos de nuevo al chico que seguía a mi lado. ¿Se repetía porque pensaba que no le había escuchado o trataba de convencerse a sí mismo de ello? No lo entendía. No había pasado el tiempo suficiente rodeado de gente como para llegar a entenderlo. ¿Qué le pasaba a él? ¿Qué era lo que le angustiaba? Quería saberlo para intentar solucionarlo. Porque, aunque jamás lo admitiera, me sentía terriblemente culpable y afligido al tener a una persona llorando a mi lado.

De pronto se puso a fumar sin más, con un cigarro en los labios y el encendedor en su mano temblorosa. ¿Por qué de pronto se ponía a fumar? A lo mejor era un adicto al tabaco y por eso lloraba. No lo sabía, pero parecía que había algo mucho más profundo en su mirada de color chocolate. Dio una calada y soltó todo el humo, que se fue volando por el aire y despareció por completo. Volví la vista hacia él, como si esperara algo más.
Justo entonces algo se quebró. Comenzó a llorar sin preocuparse más de mi maldita presencia, diciendo que quería morir, parecía querer contener sus lágrimas, pero ya no lo lograba.

“A la mierda el no tocarte” Me dije a mí mismo interiormente. Bajé los pies del banco y escuché como mis cascos negros caían al suelo en un ruido seco. “A la mierda” Me repetí. Me acerqué a él sin más y le rodeé con mis brazos, haciendo fuerza para que no pudiera apartarse. Una de mis manos se quedó en su nuca, acariciándole de nuevo, tratando de calmarle. Siempre que me había sentido mal lo único que había pedido era un abrazo que nunca conseguía. Dejé que mi hombro fuera el único que presenciara sus lágrimas y protestas por aquel abrazo repentino. Quería que dejara de pensar cosas que le pudieran hacer mal, que alejara todos esos malos pensamientos que le carcomían. Pero era realmente malo con las palabras. ¿Qué mierda podría decirle para hacerle olvidar?
-Dime, ¿cómo te llamas?... ¿Qué haces aquí? ¿Hay algo que necesites? –Le bombardeé a preguntas con voz suave, sin exigirle que me respondiera, pero queriendo que lo hiciera para apartar las cosas malas de su cabeza. ¿Por qué hacía eso? ¿Por qué abrazaba a un chico desconocido que me había tratado con aquella hostilidad? Ni siquiera yo lo sabía. Desesperación quizás. O a lo mejor simple compasión humana.
Tomé aire, haciendo que mis pulmones se llenaran, pero que mi garganta aullara de dolor. Mordí mi labio inferior y afiancé un poco más el abrazo. ¿Por qué mis instintos llamaban ahora? No importara qué momento fuera que la sed me llamaba a gritos. Maldije interiormente todo lo que en ese momento me pasaba por la cabeza y lo aparté, concentrándome tan solo en la calidez del cuerpo contrario que me servía para calmarme.
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Mensaje por Invitado el Lun Mar 31, 2014 2:37 pm

El cigarrillo resbaló de sus dedos, dejando una estela humeante hasta llegar al piso. ]i]-¿Qué?-[/i] ¿Eso era…un abrazo? ¿Lo estaba abrazando? – Ya…- quiso correrlo amablemente, pero lo apretaron con más fuerza ¿Por qué lo hacia? No se conocían, no tenían nada que ver entre ellos. Un rojo fuego le subió al rostro a causa de la vergüenza, no solo estaba llorando frente a un extraño, también estaba siendo confortado por este. En su crisis de nervios no tuvo en cuenta que descontrolarse así frente a las personas inspiraba pena- Grk…- No quería su caridad, no quería nada él. Y sin embargo, lo acogía entre sus brazos como si fueran amigos de toda la vida. No entendía nada , pero nada ]i]. – Aléjate…- [/i]exigió en un susurro.
Sus lágrimas le mojaban levemente la ropa. No podía pararlas. Una vez que rompía, era como una avalancha derrumbando todo a su paso ¿que pretendía sacar este tipo con esto? La desesperación de no atinar a hacer nada extinguió la rabia que le daba el que un cualquiera lo estuviera tocando.

Un lamento helado le salió de adentro. Que lo contuvieran así lo hacia sentir aún más infeliz ¿tan solo estaba que un desconocido lo sostenía en medio de un colapso emocional? Se había acostumbrado a mantenerse en pie solo, no concebía qué papel jugaba ese joven ¿Era para demostrarle que tenía que rendirse? No era justo.- Urght…- apretó los dientes, tratando de contener estremecimiento de sus pulmones. Esto no era jugar limpio ¿Por qué lo acostumbraron a incorporar la soledad y luego lo confrontaban a una cosa así? No tenía ni una pista de cómo responder ¿lo golpeaba o simplemente….aceptaba su hombro? Ni sabía la razón de su piedad fraternal, no era su problema ¿Tanta pena le daba? Estaba bromeando, eso tenía era…no. Seguro que no. Seguro que era bondad genuina, una bondad que Ayumu nunca experimentó . A sus ojos, todos eran unos mentirosos , malos actores tratando de fingir simpatía ¿Había evidencia de que este fuera diferente? ¿Por qué era tan testarudo? Una muralla se levantaba entre su yo interior y el resto.

Por favor, alguien, golpéelo.

Hundió la cara en su cuello. Quizás no estaba tan mal dejarse ir, aunque fuera en los brazos de un ajeno. Todas las personas que entran a su vida son ajenas, una más, una menos…Pero dolía, demonios, escocía el no poder ver mas alla de sus narices, quedar siempre en la misma posición ante el mundo Alejando a patas a quien se atreviera a avanzar unos pasos más cerca. Obvio que no quería la compasión de nadie, pero…

Estaba tan roto. Tan solo. Tan él y sus problemas juntos. Su moral trastabilló y apretó el costado del joven, dejando que todo salga de su interior con la fuerza de mil caballos – Perdón…- Perdón por ser así de ridículo, de idiota, de exagerado. Le pedía perdón a él, y a su deshilachado orgullo por caer de nuevo en un pozo sin fondo.
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Mar Abr 01, 2014 9:18 am

Por supuesto, cuando abracé al chico, él se quejó. Era la respuesta más humana ante el toque de un desconocido. Me pidió que le soltara, que me alejara. ¿Debía hacerlo? ¿Era mejor dejarle o quedarme a su lado? Tan solo le apreté contra mi pecho hasta que sentí que se relajó un poco. Una vez que él se calmó yo también lo hice, dejé de estrecharle con tanta fuerza para dejar paso a un abrazo mucho más suave y cálido, más propio de dos personas normales. Aunque él de pronto me correspondió de alguna forma, apretando mis costados y apoyándose en mi hombro. Sus lágrimas eran cálidas al igual que su cuerpo. Suspiré lentamente y masajeé su espalda con un toque gentil. No pude evitar sonreír tiernamente al escucharle pedirme perdón. ¿Tiernamente? ¿Yo? Imposible.
-No te disculpes. –Susurré cerca de su oído en voz baja y apenas audible para cualquier otro que no fuera él.

Tras decir aquello mordí mi labio inferior con fuerza, como si me presionara a mí mismo a no tomar ese aire que me quemaba en los pulmones y que hacía que mi garganta aullara ante esa tortura. Pero aunque no respirara seguía teniendo su calidez que estrechaba contra mi cuerpo, por lo que llegó un momento en el que no pude más y me separé de forma cuidadosa. Mi expresión entonces fue de tormento mientras mi mirada quedaba baja, fuera del alcance de aquellos ojos color chocolate que tenía el contrario. Respiré hondo una vez de forma temblorosa, tratando de calmar mis propios instintos. Mis manos todavía reposaban en los hombros contrarios, queriendo sostenerle para no romper ese contacto, para que no sintiera que había abandonado aquel abrazo por aburrimiento o por asco.
Una vez hube aplacado todo eso que me mataba por dentro alcé la mirada para encontrarme con la suya, sus ojos rojos de haber llorado y esas lágrimas que aún recorrían sus mejillas. De nuevo me enternecí al verle de esa manera. Llevé una de mis manos a su rostro para limpiarle aquellas lágrimas, para apartarlas de sus mejillas y de debajo de sus ojos con una suave caricia. Sonreí intentando que se le contagiara aquel gesto.
-¿Te encuentras mejor ahora? –Le pregunté con la mirada aun clavada en la suya.
A decir verdad no esperaba ningún tipo de respuesta afirmativa. Seguramente incluso me llevara una bofetada o un golpe de su parte por haberle “invadido” de aquella manera tan poco natural como la mía.

Parecía que no, pero quizás yo estaba más necesitado de un abrazo que él. Sentía que todo mi estrés se había disipado, que mis dudas y todos los problemas se habían juntado en un rincón de mi mente que en ese preciso momento estaba completamente apartado. Sabía que más tarde todo volvería a salir a la luz. Una vez leí en un libro que un abrazo podía solucionar muchos problemas. Ahora lo entendía perfectamente, mientras que en ese entonces me parecía una estupidez.
De nuevo, ¿por qué me portaba de esa forma con él? ¿Acaso era por verle llorar? ¿Por ese rostro desesperado? ¿Me estaba volviendo una buena persona de repente? No, no, no, eso último no podía ser. Imposible. Me lo negaba yo mismo en mi mente. Yo no era una buena persona. Jamás lo sería, aunque aliviara a una persona que se sintiera mal. Pensándolo bien, seguro que sentía todo ese deseo de protegerle porque olía bien, porque su sangre seguro que era deliciosa. Sí, eso debía ser. No había otra explicación posible para mi mente cegada por la superioridad.
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Mensaje por Invitado el Jue Abr 03, 2014 3:02 am

Apretó los ojos con fuerza. Esto no estaba pasando ¿verdad? No estaba humillándose frente a don nadie ¿cierto? No estaba, no estaba llorando como un idiota, paralizado ente los brazos de alguien.
Tomó aire. Basta. Había que parar con esta parodia de consuelo paternal, esta escenita de best friends forever ni escrita en el guión. Separó su frente, pero por alguna razón, su cuerpo no respondía sus demandas ¿Por que irse? “Porqué está mal” Por qué está mal? “Porque no quiero” ¿Por qué no quieres? “Porque…me da miedo”. Abrió la boca para decir algo, pero el joven lo alejó, partiendo en dos el abrazo.
Se quedó contemplándolo, sin poder definir una expresión. Se sintió frío de pronto, rechazado hasta por el que intentaba consolarlo. Y claro, seguro lo hizo de condescendiente y ahora que de verdad quebrara le daba verguenza ajena. Era entendible
¿Por qué seguía teniendo sus manos encima? Que dejara de tocarlo si tanta pena le daba, lo enfurecía. No tendría que haber bajado la guardia. Le cayeron un par de lágrimas más, impulsadas por la impotencia de sentirse un estúpido, un crédulo , y no poder hacer nada para cambiarlo. Desgraciado, lo había tocado y ahora lo alejaba como si estuviera sucio…Maldito.
Abandonado de nuevo. Oprimió los puños, dolido ¿Y la razón? Era ilógico. El tipo solo quiso ser amable y le salió el tiro por la culata ¿quién diría que se encontró con un enfermito mental en pleno ataque de nervios? Después de todo no era mas que un…

“¿Te encuentras mejor ahora?”

“-¿Te encuentras mejor ahora, Ayu-kun?- la mujer le secó las lágrimas tiernamente, con un sonrisa en los labios. Su tacto era caliente, suave – Eso debió doler ¿no?- le señalo la raspadura en su rodilla mientras le pasa una gasa – Pero debiste de ser muy valiente como para venir solo hasta aquí, trayendo a tu hermano contigo- Besó su frente. En la puerta de la casa yacía un triciclo con una rueda doblada y la pintura raspada. A su lado, un niño mayor que él hacía girar una de las ruedas con cierto interés - ¿No te dio miedo?

Envalentonado por sus palabras, infló su pecho de niño pequeño - ¡No mamá! ¡No me dio miedo!”


Volvió a la realidad de los ojos grises que le quemaban la vista. ¿Como iba a decirle que nunca iba a mejorar? Parpadeó varias veces, despertando, buscando aire qué respirar. ¿Cómo…? Balbuceó algo que ni se acercó a ser un no o un sí, pasándose el dorso por las mejillas ya casi secas. Ahí, en la mano del joven, descansaban sus lágrimas. El mínimo detalle lo estremeció. Algo tan intimido, tan suyo como una lágrima, se encontraba sobre el cuerpo de otro. Algo que jamás compartió ni compartiría.
Fue peor que si lo hubiera tocado de una forma más personal. No podía soportar…tanta cercanía.

Se levantó algo brusco. Pensar que el lugar estaba atestado de gente, y solo una persona supo…verlo. Patético. Todos decían sentir pero nadie se daba cuenta de nada. Levantó los auriculares negros del suelo, fijándose si tenían alguna rayadura producto de la caída –Toma- se los dejó sobre el espacio libre del banco. Así es, escapaba. Escapaba de decirle algo más que un monosílabo. – Gracias – Corría de sí mismo aceptando su desbarranque- por …dejarme el banco unos minutos. Lamento haberte molestado – Se disculpó con una leve reverencia- que tengas un buen día- Lo miró a los ojos por última vez, como queriéndole decir que ese “gracias” valía más de lo que sonaba. Se dio media vuelta y comenzó a caminar.

Caminar, caminar, lejos de todo.
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Mensaje por Invitado el Jue Abr 03, 2014 9:55 am

Noté el modo en el que me miró cuando me separé de aquel abrazo, insensible, sin decir ni una sola palabra y llorando tan solo un poco más antes de cesar aquellos llantos. Tras mi pregunta se ensimismó, vi como sus ojos se oscurecían, no sabía si era por miedo o por algo mucho peor. Pero en seguida su mirada volvió a iluminarse. No lo entendía ¿qué era lo que le pasaba? Sentí de nuevo ganas de abrazarle, pero no podía. Necesitaba un momento para calmar mis instintos. Comenzó a balbucear algo, pero no le encontré nada de sentido. Fruncí el ceño levemente, mirándole con confusión. ¿Qué era lo que necesitaba? Iría a conseguirlo si hacía falta.
Se secó las lágrimas sin más y se levantó del banco, haciendo que tuviera que apartar las manos de sus hombros. Sentí el frío del ambiente al no tener ese contacto. Le seguí con la mirada mientras estaba en pie. Recogió mis cascos del suelo y los puso a mi lado en el banco. Los miré por un segundo, sin entender nada de lo que hacía. Le clavé mis ojos plomizos. ¿Me agradecía y luego me pedía perdón? ¿Qué problema había con él y su extraña mente? Sentí ganas de decirle algo, abrí la boca para hacerlo, pero él se giró, dejándome sin más y comenzando a caminar.

Miré al suelo sin saber qué hacer. Un pequeño brillo captó mi atención. Todavía retenía una de sus brillantes lágrimas entre mis dedos. La lamí sin más, notándola salada. Sin embargo ese simple gesto hizo que me encendiera, como si fuera una máquina. Me levanté de un salto del banco y me acerqué al chico, que por fortuna solo estaba a unos cuantos pasos del banco.
-Espera. –Le pedí lo suficientemente alto como para que me oyera. Le tomé de la mano tan solo un momento para llamar su atención y conseguir que se detuviera, luego le solté para no incomodarle ni incomodarme.  -No me has respondido, ¿te encuentras bien? –De nuevo ese tono preocupado y de completo acosador.

Me quedé en silencio, esperaba con ansias a que contestara a mi pregunta, aunque quizás era demasiada invasiva en cuanto a su privacidad se refiriera, pero a mí no me importaba, como un chico rico y consentido siempre conseguía lo que quería, aunque tardase años en conseguirlo, mis caprichos rendían frutos.

De todas maneras, ¿por qué me preocupaba tanto por él? Ni siquiera le conocía, sin embargo sentía esa constante necesidad de cuidarle. ¿Qué me pasaba? Yo era alguien que no toleraba las emociones, no toleraba a las personas. Ese chico me estaba sacando de todo aquello, quitaba esa barrera de protección que yo mismo me había puesto, mi barrera de indiferencia. Por favor, que alguien lo apartara de mí. Quería volver a ser el mismo chico insensible, cínico. Y no un maldito sensiblón.

Las manos me temblaban ligeramente, por lo que las apreté en puños y las oculté en los bolsillos de mis pantalones. Mordí mi labio inferior con nerviosismo. ¿Cuándo me había convertido en una nenaza?
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Mensaje por Invitado el Vie Abr 04, 2014 2:46 am

El roce lo sobresaltó. Se miró la mano, extendiéndola, como desconociendo el contacto humano-Sí- mentiroso, mentiroso. Las mentiras tienen patas cortas ¿sabia eso? Se iba tropezar pronto, muy pronto – Sí, estoy bien- Ni tiempo le dío a la duda. Quería quitárselo de encima e irse. Le perturbaba que su muralla haya sufrido una rajadura porque no pudo contenerse ¿La próxima que pasaría? ¿Acabaría besándose con un extraño? Ptf, apenas si besó a unos cuantos…conocidos. Al menos esperaba que la expresión de su cara concordara con sus palabras.

Uf ¿por qué era tan insistente? ¿que no se habían separado por una razón? No tenía que disculparse preocupándose por él, podía …lograba cuidarse solo. Escondió sus manos en los bolsillos del jean, mirándolo sin nada que decirle . Le había contestado y aún así seguía parado enfrente suyo, esperando ¿Qué? ¿Qué sacara un conejo de la galera y “¡Oh gracias me siento muchísimo mejor ahora, soy tan feliz porque hayas sido condescendiente conmigo! ¿Cómo puedo agradecértelo?” No, ni en mil años no. Las charlas amenas no conformaban parte de su repertorio social ¡Ni tenía un repertorio social!
-Oye, estoy bien- le repitió para que le entrara en la cabeza, no necesitaba ser tan adorable con el primer tipo que se le cruzara llorando Le daba rabia haber flaqueado – Gracias por lo que hiciste. No te preocupes – fue más una orden a una recomendación..

No es que solo no necesitaba, no debía preocuparse tanto con un desconocido, sería hipócrita. Era obvio que lo que lo carcomía era culpa de haber pasado vergüenza frente a tanta gente consolando a un histérico.
Cierto, la gente…miró a su alrededor en busca de algún indicio de que su escenita tuvo publico, peor no lo encontró. Mejor. Era un tipo ocupado.
O eso se hacía creer.
En el banco de atrás del cerezo una parejita estaba a los arrumacos, resguardada por la romántica sombra del árbol. Chasqueó la lengua, fastidiado. Dios, se quería ir ¿por que lo retenía? Ya esta, ya había cumplido con su labor de buen samaritano, ya , que pare.

-Tampoco es tan importante – le espetó enarcado una ceja ¿tan nervioso lo ponía ser una persona normal que intentaba salir lo mejor parado de una situación así? Mordiéndose el labio, con las manos escond…tenía que ser una broma. Sacó las suyas de sus bolsillos impulsado por una descarga eléctrica – Ahora, si me disculpas…- bajó la cabeza . Que lo deje ir a su casa a llorar todo lo que le faltaba.- Tengo que irme- “A compadecerme de mí mismo un rato”

Su respuesta fue una descarada mentira. Seguía al borde del colapso, pero no se permitiría quebrar a plena luz , a la vista de todos…otra vez. Simplemente hizo de toda esa mierda una bolita y se la tragó, tal y como hacía con sus pastillas. Se acomodó el morral y casi las oyó tintinear, deseosas de ser ingeridas – Gracias de nuevo y perdón- ¿Y desde cuando era tan agradecido? Desde que se sentía en deuda con alguien. Apretó los dientes aún mas fuerte. No estaba en deuda con ese anónimo ¿O si? Era lo más probable. Tonto, tonto Ayumu que no entendía nada del mundo ]i]– Ten un buen día- [/i]como un disco rayado.
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Vie Abr 04, 2014 10:19 am

Tras conseguir que se detuviera me miró y me aseguró que estaba bien, es más, lo repitió varias veces. ¿Por qué se repetía tanto? ¿De nuevo trataba de convencerse a sí mismo? ¿Por qué no se dejaba ayudar ya que le prestaba ayuda?
-Dices que estás bien cuando te acabas de derrumbar sobre mi hombro. No tiene mucho sentido. –Le presioné un poco. Era cierto. No podía decir que estaba bien después de aquello. Se estaba yendo de rositas sin explicar nada. Sentía sus lágrimas arder sobre mi hombro y recordaba su calidez y esas palabras que se repetían constantemente intentando convencerse de que estaba bien. No, no estaba bien. Algo había con él, pero no quería contármelo. Sería por orgullo. No entendía mucho de los humanos. Para mí solo eran una bolsa de sangre que morder. No les guardaba ningún especial cariño. Pero esa vez era diferente. Estaba intentando comprender a uno y éste no se dejaba.

Me pidió con tono exigente que no me preocupara. –Y una mierda. –Murmuré más para mí mismo que para él. ¿En serio me pedía que dejara de preocuparme por él después de esa escenita de hacía un momento? Volvió a despedirse después de pedirme perdón y darme las gracias. No entendía nada, de verdad. ¿Qué era lo que pasaba por la mente de los humanos? ¿Por qué todos eran tan raros?
Además de eso no quería perder ese perfume que tanto me tentaba. Podía simplemente matarlo, pero algo me dijo que esa vez estaría mal, que no lo hiciera. Supuse que mis instintos estaban atrofiados. Un simple humano como el chico que tenía delante no podía atraerme y tentarme hasta tal punto. Jamás había consolado a nadie, salvo él. Pero estaba convencido de que lo había hecho por su sangre, por lo bien que olía y por lo deliciosa que sabría. Quería convencerme de ello. No podía estar convirtiéndome en alguien sentimental.

Esa vez no traté de detenerle agarrándole de un brazo o tocándole. Me daba la impresión de que el contacto físico era algo que no le agradaba. Esa vez le pararía con palabras.
-Al menos podrías decirme tu nombre. –Murmuré con las manos todavía metidas en los bolsillos. La imagen que daba era de indiferencia, aunque por dentro estuviera exaltado. -…O por qué estás aquí. No eres de la universidad ¿verdad? ¿Qué has venido a hacer? –Le presioné tan solo un poco más. Era un entrometido, lo sabía, pero también era muy cabezota e insistente.

No quería abandonarle. No cómo me hicieron a mí en el pasado. Al llorar aquel chico me había hecho recordar a mi yo de hacía unos cuantos años. Una persona abandonada, alejada de la sociedad y sin ningún tipo de sentimiento de empatía. Ni un solo sentimiento positivo que ofrecer salvo odio por la humanidad. Aquel chico de pardos cabellos sin hacer prácticamente nada había entrado en mi cabeza, descolocándome, haciéndome ser quien no era. O a lo mejor me estaba haciendo ser como era realmente, pero como no quería llegar a ser: un tipo normal, con emociones y piadoso.
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Lun Abr 07, 2014 11:08 am

Apretó la correa de su morral poniendo los ojos en blanco ¿faltaba más? Encima pretendía interesarle para qué había venido. Se dio vuelta hasta tenerlo nuevamente de frente – Te dije estoy bien, no insistas – Trató de sonreír para parecer más calmado, pero los músculos de su cara al no estar acostumbrados a tal expresión, dieron como resultado una sonrisa torcida y falsa. Las únicas que ofecía .“Ya sé, ya sé que no tiene sentido, no te interesa como estoy, cállate CALLATE” ¿Por qué le hacia esto? ¿Qué quería saber?- No, no lo soy. Vine a…- perder el tiempo- inscribirme en alguna carrera.- ¿Era eso suficiente como para que dejara de perseguirlo? Sabía bien como se derrumbó encima suyo, no había necesidad de hacérselo notar.

Uf, que tipo entrometido de mierda, preguntándole esas cosas, buscando quien sabe qué. No le bastaba con haberlo visto llorar, no, buscaba seguir haciéndose el bueno ¿y para qué? Para saciar su conciencia y dejar su alma en paz “Yo hice lo que tenía que hacer, él es culpable de sus actos”
Sí claro, como esas personas que ven un perro herido y le tiran un hueso para consolarse que , por lo menos, algo hicieron por el animal. ¿Así lo vería? Como un animal apaleado en busca de compasión - No tienes que esforzarte tanto- las palabras se le amontonaron en la boca, incontrolables. Otra vez la había cagado, no quiso decir eso. Se le terminaron de quemar los circuitos. Es que ya no podía contenerse, la frustración del todojunto le pedía agritos que saliera corriendo de esa posición expuesta en la que se encontraba. Tenía todavía las pestañas húmedas de lágrimas que pugnaban por salir de nuevo, y este tarado haciéndole perder el tiempo en nimiedades. A nadie le importa lo que él hiciera, dijera o sintiera ¿Por qué a este extraño sí?– Me siento mejor – En un universo paralelo, en donde su vida no fuera una basura, él ya se sentía mejor. – Y ya te dí las gracias por eso, deja de preocuparte – “Deja de mentirme”. Era uno más del montón de hipócritas con los que se cruzó en la vida, no valía dedicarle más tiempo del que ya le había dado ¿Qué tanto le interesaba su persona? Ni que fueran…amigos. Suspiró pesado. No lo eran pero así tampoco llegarian a serlo. “Me da igual”
¿Le daba igual?
No era el día para andar todo contento y amistoso, tomarle la mano y “¿Por que no vamos a tomar un café a algún lado, siguiendo el camino amarillo de la amistad y la diversión, así puedo contarte la vida de mierda que llevo? YAY!” No, no ,no, que se vaya a la mierda con toda su fanfarria de amabilidad, que Ayumu se sentía desfallecer de solo acordarse de los gritos de su hermano.

-Nakamura – espetó como si su propio apellido le diera asco. Nunca quiso inspirar su altruismo, ni parecer débil, ni llorar en su hombro como un niño pequeño ¡¿Por qué rayos le había abrazado?! Imbecil, idiota que no entendía lo confundido que lo dejó, sin incluir lo mal que se sentía. Negó con la cabeza. No entendía a las personas y ellas no lo entendían a él, y en esa incomunicación no podía ver otra cosa que no fueran malas intenciones. Todos las tenían, todo el tiempo. El joven no tenía porqué preocuparse, en dos o tres días la imagen del desvariado mental que tuvo que consolar a la fuerza desaparecería, tampoco era tan importante.
Los ojos grises lo carcomían por dentro. Aún si esa mirada era genuina, Ayumu nunca lo iba a aceptar porque eso significaría que la única certeza de su existencia, la que clamaba que todos eran una porquería para con él, iba a desvanecerse dejándole sin cuerda por la cual caminar. ¡Qué irónico! Encontrar lo buscado y luego despreciarlo.

Argth, ya no podía pensar cn claridad. Se dio vuelta una vez más, escapando de nuevo de esa expresión interrogante -¿Por qué te intereso? Déjame ya- apretó el paso, ignorando si lo llamaba de nuevo.
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Mensaje por Invitado el Mar Abr 08, 2014 11:40 am

Cada vez me daba más y más cuenta de que aquel chico me mentía o se portaba del modo en el que no era realmente. Decía sin parar que estaba bien, pero luego lloraba sobre mi hombro y esbozaba aquella sonrisa falsa. Supe que era falsa porque era demasiado obvia de adivinar. Torcí el gesto. No me gustaba que me mintieran ni que me engañaran y aquello me estaba haciendo perder realmente la paciencia que no tenía.

Abrí los ojos con sorpresa cuando dijo que había venido a la universidad a matricularse. De nuevo mi mente se llenó de preguntas. ¿A qué carrera? ¿Acaso está perdido? ¿Podría ayudarle con algo? ¿Yo, ayudar? Sentí ganas de reírme ante aquello. Yo nunca ayudaba ni necesitaba la ayuda de los demás para nada. Me las podía arreglar solo y los demás podían morirse si querían. Pero aquel chico castaño me hacía pensar de manera diferente y eso me asustaba. Me había conmovido al verle llorar y ahora parecía que podía servirle en todo lo que él me pidiera. Eso no me gustaba. Yo no era el esclavo de nadie y jamás me dominarían. Me negaba a aquello. Pero... ¿realmente podría?

De nuevo me parecía estúpido que me pidiera que no me preocupara y que no me esforzara por él. ¿Qué demonios le pasaba? -¿Por qué no te dejas cuidar y agasajar sin más? –Le acabé preguntando con el ceño ligeramente fruncido. Puse los brazos en jarras, como si esperara una respuesta sincera de él por una maldita vez. Me estaba preocupando por él, pero él no se dejaba. No lo entendía. En mi mente no paraba de preguntarme por qué esto, por qué lo otro, pero él no respondía a mis preguntas o lo hacía con mentiras que se podían vislumbrar a kilómetros de distancia.

-Gracias, Nakamura. Puedes llamarme Ruki. –Le dije mi nombre a pesar de que él me había dado su apellido. No me gustaban los formalismos, siempre los esquivaba sin más porque me parecían aburridos. Suspiré. Por fin sabía algo más de él aparte de qué hacía en la universidad. Todavía me faltaba el motivo de su tristeza y toda esa inseguridad que reflejaba. Me estaba volviendo un cotilla, pero no podía hacer nada para detener aquello. Quería saberlo todo.

Sin embargo él volvió a darse la vuelta, dispuesto a marcharse de nuevo sin decir nada. Puse los ojos en blanco y metí mis manos en los bolsillos de mi pantalón. Está bien, reconocía que estaba siendo muy entrometido y tenía todo el derecho del mundo a marcharse. Esa vez no le detendría más, dejaría que se fuera si eso era lo que quería. Pero me molestaba. De nuevo quería que se quedase un rato más y que llenara el asqueroso aire de la universidad con su delicioso perfume. Se dio la vuelta, cierto, pero me preguntó algo más de nuevo. ¿Por qué me interesaba tanto aquel chico? Ni siquiera yo lo sabía. Supuse que era por mis instintos, por aquel aroma que emanaba de él y hacía que fuese tan despistado y… humano.

-Me interesas porque quiero saber más acerca de esas lágrimas y ese cálido abrazo. –Me encogí de hombros mirando hacia otro lado y una de mis manos voló hacia mi nuca, dándome un aspecto despreocupado. –Además te dije que olías bien, cuando lo hice me refería a tu sangre. -Le clavé mi mirada hambrienta y bajé esa mano de nuevo al bolsillo de mi pantalón.

-¿Al menos quieres que te enseñe la universidad o te ayude con la matrícula? –El chico parecía no enterarse de que cuanto más me mandaba a tomar por saco más me interesaba y más ganas tenía de ayudarlo y de poseerle de alguna manera.
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Miér Abr 09, 2014 4:22 am

Se paró en seco…cálido ¿Pero de que mierda estaba hablando? Se pasó el dorso de la mano por debajo de la nariz, carajo, que llorar le aflojaba los mocos. Inspiró con fuerza ¿Qué se pretendía este idiota?- ¿Dijiste mi sangre? – Preguntó dándose vuelta, con los ojos como platos - ¿De verdad dijiste mi sangre?

Osea…

¿Qué?

En contra de todos los preceptos de su vida, y los limites del sentido común y la lógica, el tipo había dicho que su sangre olía bien, así como quien no quiere la cosa ¡¿Pero era realmente un idiota?! Parpadeó varias veces, tratando comprender. Su cerebro a esta altura estaba licuado y no lograba la sinapsis ¿En serio? Estaba al borde un colapso, no, de una colisión mental con altas probabilidades de hacer algo estúpido para calmarse, y un completo desconocido venia y ...y ...y ¿Y le decía que su sangre olía bien? Al principio pensó que era de su perfume que hablaba.
Abrió la boca, con las manos en alto, como sosteniendo algo -…- ¿Qué? Pero era todo tan hilarantemente ilógico, tan salido de un manga barato ¿Este tipo un vampiro? En primer lugar, no le importaba. Y en segundo…tampoco le importaba
-Mira, Ruki, no? Yo...- levantó los ojos al cielo, mordiéndose ambos labios, buscando las palabras correctas, o al menos, las más educadas. Se frotó la unión de su frente, exasperado – A mi la verdad me importa una mierda si te gusta el olor de mi ¿sangre? Sí, eso. Gracias por preocuparte pero – Serio. Seco. Cortante . – Puedo arreglarme solo con ese “cálido” abrazo. No necesitas esforzarte, no me hagas repetírtelo –

Una risa ahogada salió de su garganta . No podía arreglárselas solo, y lo sabía, pero no iba a aceptarlo jamás. Nunca. Ni aunque ..Ruki, como decía llamarse, se viera interesado en ¿Ayudarle? El mundo podía irse al infierno. 20 años esperando una ayuda que jamas vino, pero que aparecía en forma de un entrometido cabrón que se burlaba de su quiebre. Muéranse, no la quería ahora, malditos. Cálido abrazo, lágrimas ¿De que iba? Hizo un esfuerzo colosal por enfriar su cabeza y no explotar con quien lo consoló minutos atrás. Dejó salir el aire lentamente. Una, dos, tres pastillas de una debían bastar para bajarle la tormenta de nervios que estaba hecho – Te agradezco lo de recién, pero déjalo ahí ¿Sí? Gracias, pero es todo. No tienes que ser condescendiente, me ayudó y listo. Yo me ocupo del resto ¿Te parece? – le preguntó más aclarándose sus propias ideas que explicándole la situación.

Por favor, sentía latir su frente del dolor. Era la tercera vez que lo paraba ¿Y por qué? Odió con toda su alma que lo viera llorar, y ahora se burlaba, burlaba como todos – Me encargaré yo de la matricula – Otra mentira, hoy no se inscribiría en nada – de todas formas dudo regresar pronto. – Girando sobre sí mismo Te lo digo por última vez, gracias. Y ten un buen día. – Al carajo la inclinación. Todo ese dolor estaba opacado por un velo de desconcierto y confusión ¿Qué pretendía de él diciéndole esas cosas? No lo entendía, no entendía nada que lo rodeaba. Enajenado, así estaba condenado a vivir. Condenado a tragarse las palabras que quería decir y pronunciar las que la vida le enseño a usar. ¿Y si Ruki decía la verdad? No importaba, no importaba , no importaba. Lo hacia de interesado, por quedar bien consigo mismo.
Siempre era así, y siempre lo sería.

Apretó el paso más que antes, haciendo oídos sordos “No importa, no importa , no importa, no importa” ¿Dónde mierda estaba la entrada? “No impar ¿Y Yuki? Que le habrá pasado ¿Estara bien?”¿Era por este camino?”Soy un cobarde, un cobarde asqueroso.”

“Pero ¿No importa, no?” Le dolía el diafragma de hacer fuerza en no sollozar. Lo odiaba, lo odiaba ¿Quién se creía para meterse en su vida? No sabía una pizca de nada. Por fin, el arco donde reposaba la cabina del guardia apareció como una bendición. Lo cruzó sin mirar atrás.
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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Jue Abr 10, 2014 10:44 am

Por un instante se me había olvidado que tenía que ser cuidadoso acerca de la naturaleza de algunos individuos. Yo era un vampiro. Sabía que había diferentes tipos de criaturas que poblaban el mundo, pero no todos parecían saberlo. Yo tenía delante a un humano, un humano que seguramente fuera ingenuo e inocente, sin tener ni la más mínima idea de cuál era el auténtico mundo que le rodeaba. Por eso quizás se vio tan alterado cuando dije que su sangre olía bien. Bueno, todos lo harían. Ese tipo de halago no era muy común. Simplemente asentí ante aquellas preguntas. Por supuesto que hablaba de su sangre. Hacía que perdiera el poco temple que me quedaba y eso me hacía sentir vulnerable.

De nuevo me repitió que podía apañárselas solo, que no me necesitaba y que dejara de preocuparme. Desconocía cuántas veces me había repetido lo mismo en unos escasos minutos. Pero empezaba a convencerme para que le dejara en paz. Si no fuera por ese perfume que me mantenía atado a él. Volví a asentir nuevamente con la cabeza sin quitarle los ojos de encima. Vi cómo se alejaba con paso rápido, como si huyera. Le seguí un par de pasos, pero me obligué a mí mismo a parar. “No eres un maldito acosador” Me recordaba mi mente. No lo era ni quería serlo. Sentí aquel olor disipándose en el asqueroso aire de la universidad, cada vez alejándose más y más. Corté aquella cuerda que me unía a aquel olor que tanto me tentaba. Me di la vuelta para no verle más. Yo con lentitud volví a mi mente oscura y cerrada, aquella que había desaparecido al ver las lágrimas de aquel chico… Nakamura. Me grabé ese apellido a fuego.

Con pasos parsimoniosos y elegantes volví a aquel banco. Mis cascos seguían allí, apoyados en la madera. Los miré un segundo y los tomé con cautela. Estaban enredados, cómo no. Los dejabas un segundo fuera de tu vista y cuando la volvías el duende mágico de los enredos hacía su jugada. Me entretuve unos segundos desenrollándolos y de nuevo volví a conectarlos a mi teléfono móvil. Abrí la aplicación y con solo deslizar el dedo por la pantalla volvió a sonar mi música. Queen esta vez, pero una canción tranquila. Me senté en el banco, subí los pies a este y me tumbé de nuevo, boca arriba. Me concentré un minuto en las nubes, tratando de aclarar mi mente. Al segundo cerré los ojos, intentando volver a dormirme, pero aquello no funcionaba. Tenía metidos en mi cabeza esos ojos de color chocolate que se clavaban como estacas, dándome dolor en la cabeza.

Tras varios minutos de intentos en vano de dormirme me di por vencido. Abrí los ojos, me levanté pesadamente del banco y me puse a caminar, ignorando esa vez a las pocas parejas que quedaban en los alrededores dándose arrumacos. Pasé de largo el patio, perdí de vista aquel árbol y, más tarde, incluso los edificios que conformaban la universidad. Salí a buscar un respiro sin más. Aclarar mi mente, que parecía hecha un completo lío. Pero sabía que aquellas lágrimas me asaltarían por lo que quedaba de día.

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Cerrado Re: Soñaba el ciego que veía. (Privado)

Mensaje por Invitado el Sáb Jun 14, 2014 8:31 pm

TEMA INACTIVO POR MÁS DE DOS MESES, ENVIAR MP PARA RECUPERARLO.
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