Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Perdidos en la tormenta A810

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Tema Privado Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Miér Dic 25, 2013 9:21 pm

Habia fuego en la carretera, un auto estaba volteado a medio quemarse, ni rastros del conductor, solo el tenue resplandor de las llamas. Autos, gente, patrullas, bomberos, todos corrian alrededor del choque buscando a quien conducia, pero nada habia alrededor. Nadie noto el rastro que corria por el borde hacia la colina lindante, desendiendo hacia el precipicio.

Pisadas humanas adornadas con rastros de sangre avanzaban con paso vacilante entre los arboles, notandose alguna herida en las piernas. En punto, luego de pasar unos arboles, las pisadas se volvieron animales. Podia notarse tres huellas solidas y una a penas visible, señal de cojera en una de sus patas. Las sombras ayudan a su marcha, lo escondian, permitian su avance sin que lo volvieran a encontrar. Era incierto que fue exactamente lo que paso pero la explosion llego de la nada junto con ese ataque tan veloz, que solo sintio las heridas cuando rodo del fuego y vio su sangre mojando el suelo.

Alrededor se escuchaban intensos truenos, el viento sacudia su pelaje, llevando sangre a sus ojos, dificultando su vision.

Cuando la pendiente se convirtio en una planicie amplia, terminada en el borde de una cascada que descendia hacia el precipio, tan profundo que el fondo era imposible de ver, unicamente era visible la espuma producto del choque del agua contra las rocas.

Bajo el cobijo de varios arboles y una saliente de piedra, el lobo volvio a ser hombre. El cielo estaba cargado de electricidad, pronto una tormenta estallaria. Con algo de dificultad se vistio con la ropa rota, quemada del choque. Recogio algunas ramas, hojas secas y musgo de las rocas. Encendio un fuego bajo la roca donde la lluvia no podria apagarlo, apoyo su espalda en la fria piedra y cerro los ojos, dormitando un poco.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Jue Dic 26, 2013 4:48 am

Jueves- 14:36 pm.

-No puede ser! grito Mei sorprendida tirando todo a su alrededor, el portátil dado vuelta en la cama destendida y en la mesilla de luz un vaso de jugo de manzana tambaleándose con deseos de caer al suelo. Ella estaba así por haber visto una noticia de un videojuego exótico que salió al mercado hace dos semanas en Japón y ahora estaba en todos los mercados locales. Claramente al darse cuenta de eso sus ojos destellaron de un fuego característico de pasión. Lo deseaba con fervor a ese videojuego, había jugado el beta y se sintió fascinada. Sin ver si tenía algo importante ese día, o las mismas tareas cotidianas tomó su monedero controlando el tener dinero y comenzó a vestirse con una falda larga pasando las rodillas de color crema, una musculosa blanca y un suéter color rojo vivo cambiando su mariposa por una de color rojo. Muy rara vez la cambiaba de color pero estaba tan emocionada que no sabía qué hacer. Una tormenta se avecinaba por lo que tomo un paraguas y salió en busca de un autobús o un remis. No podía usar sus alas con cualquier libertad así que se fue un tanto frustrada.

Jueves- 15:13 pm

Mei salió de la tienda sonriendo de oreja a oreja, con las gotas de lluvia comenzando a golpear  el suelo levantando un poco de polvillo de las calles, los autos casi no aparecían en escena, seguramente por la tormenta que se avecinaba. Se guardó el videojuego en la mochila que trajo para guardarlo sin rayarlo o hacerle el mínimo daño y abrió el paraguas color turquesa, su guardarropas no combinaba para nada pero ella no se inmuto por nada. Espero bajo la parada de autobuses durante 15 minutos, al ver que no venía y que la lluvia comenzaba a hacerse presente  decidió irse caminando, no era buena idea porque tardaría bastante el llegar al instituto pero aun así empezó con su marcha por la vereda. Sobreexcitada por lo que le había pasado en ese día no se perturbo por el cansancio de las piernas, Mei llevaba unos tacos de color negro que le estaban haciendo fatal la caminata. “La próxima me fijo que carajos me voy a poner” musitaba en su mente resignada por eso como si fuera una niña pequeña que había realizado una tontería. A lo lejos divisó un leve fuego lo cual la hizo respingar en el lugar para luego correr como un animal hacia el carro, comenzó a fijarse que estaba así hace más de unos minutos dado vuelta en la banquina con la que choco.

Mei se acercó hacia el automóvil tirando el paraguas en el suelo, no llevaba su móvil por lo que no podía llamar a la ambulancia ni a un bombero, la lluvia a pesar de estar presente no terminaba de apagar  el fuego presente, aunque si lo aminoraba. Trató de taparse el rostro con el brazo derecho para que con el izquierdo revisara el automóvil si había sobrevivientes.  No había nadie. Eso lo supo cuando se agacho para meter la mano y comprobar que no había nada, al hacer esto se quemó toda la palma, era una idiota por haber realizado aquel truco desesperado pero como acto reflejo sus alas salieron desplegadas de su espalda mientras profería un grito desgarrador al ser quemadas y raspadas sus alas con el auto prendido fuego. Huyó de ese lugar metiéndose bajo la lluvia tratando de tranquilizar el dolor de las quemaduras pero esta no era una gran tormenta a decir verdad, tampoco quería usar su don de curación por si había alguien que sobrevivió y necesitara más ayuda que ella misma. Notó unas pisadas de sangre y goteos alrededor provocando que saliera disparada colina abajo  exasperadamente, no podía dejar morir a alguien si llegara a esta persona podría curarla. Al salir violenta como lo hizo comenzó a rayarse las alas y su propio cuerpo con las ramas de los arboles ya que no las había desaparecido, doblándose el pie derecho cayó al césped cubierto de barro. Se levantó inmediatamente y caminó hasta donde se encontraba un cuerpo, el dolor del tobillo la hizo caer nuevamente mientras ella se sacaba los zapatos y los tiraba alrededor.


-Te encontré…- Sonrió Mei que se tiraba al suelo (nuevamente) y posicionaba sus manos en las quemaduras y las heridas del chico para luego sanarlas. No eran graves pero si necesitaban cuidado. Rompió su falda quedándose con una minifalda desgarrada, con los pedazos de tela vendo las heridas más graves. El joven estaba durmiendo por eso, esta hizo todas esas maniobras sin pedir nada. Comenzó a recorrer con la mirada el lugar, una cascada muy cerca de ellos en donde no se podía observar el fondo de esta, era preciosa con todas sus luces naturales. Al lado del muchacho había un fuego hecho casi siendo consumido por la falta de leña, seguramente él lo hizo antes de caer en manos de Morfeo. Se sentó al lado y trató de meterse sus alas heridas, le era doloroso pero no tanto como  observar al chico manchado de negro por el fuego y con sangre por todos lados, seguramente había roto la ventana al intentar salir. Cuando había revisado vio unos cuantos cristales desparramados. Tranquila de que todo iba a estar bien cayó desmallada sin energías al usarlas todas con la curación pasada.

-Sonríe- musito Mei antes de dormirse en posición fetal al lado del chico… No había pensado ni hablado mucho hasta entonces...
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Jue Dic 26, 2013 3:37 pm

No hubo sueño alguno, solo una oscuridad completa. Fue uno de esos momentos donde el descanso termina en lo que parecen segundos, sin ningun tipo de imagen cruzando la mente durante ese tiempo. Claramente el cansancio era tan grande para no ser capaz de sentir nada pero un poderoso relampago encadilo sus ojos, provocando que despertara sobre saltado.

Cuando habia cerrado los ojos apenas era una leve llovizna pero en esos momentos era una tormenta. Debido a la saliente seguia seco pero frente a el se habia formado una pequeña cascada junto a un fino rio que corria hacia el borde, todo a causa de la lluvia. El cielo era herido cada segundo con relampagos que traian un resplandor dorado a toda la planicie, volviendo imposible mantener los ojos abiertos sin recibir daño en el proceso. El fuego estaba casi apagado, a penas unas debiles llamas sobrevivian al azote del inclemente viento, esparciendo brazas alrededor suyo. Una volo hacia su rostro y cuando pudo alejarla con su mano, noto que habia sido curado.

Era imposible que su regeneracion hubiera echo efecto tan rapido. Las heridas leves estaban curadas eh incluso sentia vendajes en el resto de su cuerpo. No entendia que pasaba ademas que sus ojos lastimados por el humo del choque y el reciente relampago le impedian buscar alrededor suyo. Su olfato tampoco le era util, con tanta humedad estaba turbado. Hizo el intento de levantarse pero cuando quiso apoyar las manos en la tierra, sintio el calor de otro cuerpo a su costado.

No podia mentir, le sobresalto un poco esa presencia pero no en extremo. Gateando a tientas, logro salir lo suficiente para remojar la cabeza en la mini cascada y lavar sus ojos. Estuvo cerca de diez minutos remojanod su rostro hasta que su vision se volvio normal. Entonces volvio su vista hacia atras y con la ayuda del pequeño resplandor del fuego la vio.

Era una chica muy hermosa, podia verse a simple vista. Podia notar algunas heridas en su cuerpo con restos de hojas, probablemente causadas por los arboles de la pendiente. Su falda estaba rota y no necesito compararla con sus vendajes para saber que venian de esa tela. Al parecer esa chica habia bajado a buscarlo muy rapido y todo lo que hizo por el, la dejo sin fuerzas. Suspiro acercandose a ella con cuidado, acomodando su cabello rubio de forma que le permitiera ver su rostro.

-Gracias...ahora podre cuidarte -se quito su chaqueta, la extendio como una manta sobre el cuerpo de la joven y su camisa la puso bajo su cabeza en forma de almohada.

Despacio probando sus piernas, se levanto. No estaba al cien por ciento pero la curacion que le hicieron mas su propia regeneracion lo habian recuperado casi por completo. Sacudio su cabello con una mano y salio a la tormenta. Esa saliente era un buen refugio temporal para una sola persona pero con esa chica alli mas esa terrible tormenta, debia encontrar algo mas solido y resguardado.

Recorrio en toda la planicie pero todo eran arboles, no habia una sola cueva que pudiera usar. Suspiro empapado, observando el abismo que cortaba su camino. Si no habia nada solo tenian dos opciones, regresar o seguir bajando. La primera era casi imposible, la tormenta habia provocado deslavez y la subida seria muy peligrosa al menos mientras durara la lluvia y la pared del abismo parecia en extremo solida, por lo menos la parte que era visible entre las tinieblas.

-Donde...donde -empezaba a desesperarse, aun estaba lastimado como para llevarla en su lomo. Giro para regresar a la saliente pero, con el rabillo del ojo, capto algo en la pared.

Un relampago cayo donde suponia era el otro borde del precipicio, destrozando alguna roca lejana pero eso no era lo importante. La luz provocada por la caida, ilumino la pared de la cascada, mostrando una cueva cerca de la mitad del muro. Podia ser una posibilidad pero debia comprobarla antes de mover a la chica de la unica zona resguardada.

Concentrandose en la zona que fue capaz de ver, se teletransporto. Aparecio en medio del aire sin una superficie solida donde sostenerse. Cayo sin remedio pero una de sus manos logro sostenerse de un borde. Segun parecia habia aparecido un par de metros mas arriba de lo que debia pero ya estaba donde debia. Subio escalando un poco, resbalando por la lluvia pero con problemas y todo, entro en la depresion.

Era bastante amplia pero muy fria, seguramente por la cascada que corria muy cerca. El calor era solucionable, lo importante era que estaba protegida. Suspiro sin avanzar mas, recien en ese momento noto que toda el agua que cubria su cuerpo empezaba a inundar la cueva. Sacudio su cabello empapado y volvio a desaparecer en un parpadeo. Esta vez aparecio en la saliente, justo al costado de la muchacha. El fuego habia desaparecido pero su ropa habia logrado evitar que la temperatura de la chica bajara aun mas. Aprovechando que dormia, la levanto en brazos, cruzando uno por sus piernas y el otro en su espalda baja, volviendo a desaparecer.

Esta vez ya sabienod donde iba, llegaron juntos al centro de la cueva. La recosto sobre el piso y de nuevo uso su poder. Realizo ese acto durante varios minutos, apareciendo y desapareciendo, trayendo consigo todo el combustible que era capaz de cargar en cada viaje. Luego de una hora exacta, cuando volvio a la cueva con mas madera seca, se desplomo agitado.

Habia sobrecargado su cuerpo al usar tantas veces esa tecnica, no podria usarla mas durante un buen tiempo. Suspiro limpiando el sudor de su frente y empezo a acomodar toda la madera que fue capaz de recolectar en ese tiempo. Esta vez armo un fuego aun mas fuerte que el primero, suficiente para calentar la cueva sin problemas.

-Descansa...-camino hasta el borde del cueva y se apoyo en la pared, observando la lluvia caer, sintiendola en su rostro y pecho ya que dejo a la chica con su ropa a modo de agradecimiento por lo que hizo por el.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Vie Dic 27, 2013 7:10 am

Mei se sentía agarrotada en todas las extremidades de su cuerpo, el sueño que se había hecho presente en su mente se convertía con el paso del tiempo en una pesadilla. Una habitación negra cubierta de moho, muebles desgastados y rotos contra la pared denotando una antigüedad de unos  100 años y otros de época victoriana. Su madre, una mujer alta esbelta con cabello negro y ojos que eclipsan de un azul oceánico, piel aceitunada brillante ante la vista estaba en el otro extremo de la habitación a oscuras mientras que detrás de ella se ubicaba una estrella de colores diluidos de tonalidades  anaranjadas, azules, violetas y rojas de pronto es captada su atención  por unas garras de demonios por la cintura incrustándoles en la carne de las caderas acido demoniaco y azufre.  Ella aterrada quería correr hacia ella con el dolor presente en su cuerpo que era aumentado por la impotencia, no podía alcanzarla, no se movía. Se tiró contra el piso y comenzó a gritar despedazando  su garganta con sus llantos pero aun así no se escuchaban los alaridos de esta. Estaba llorando mientras observaba morir a su madre nuevamente, nunca lo olvidaría. Nunca descansaría en paz hasta encontrar ese demonio y asesinarlo…

Olía a tormenta, la tierra esparcida y mojada a la vez, el moho acumulado, ruidos de animales salvajes
 “seguramente soñé con un lugar así por estos olores”, todo estaba oscuro ya que Mei no abría los ojos por el miedo de ver al demonio de su pesadilla,  Se escuchaba las gotas contra el duro suelo  con eco como si ella estuviera dentro de algo, el calor de su cuerpo se había ido pero no del todo, las alas las tenía estropeadas curarse iba a costarle fuerte, más si no tenía energías. Sentía el olor a ropa húmeda sobre ella, solo recordaba llevar la musculosa por lo que la sorprendió. Separando los parpados  adaptó la vista a la negrura del lugar  para observar un pequeño fueguillo a su costado de donde estaba tendida  y un muchacho, el joven que encontró antes, contra la pared de lo que pareciese una cueva. Se podía observar que afuera caía a cantaros la lluvia como si de un diluvio se tratara, se acercó al chico a rastras mientras se retorcía del dolor con pequeños gemidos. No podía caminar, esto se puso imposible cuando se dobló más de una vez bajando de la colina. Nunca más usaría tacones si no era en un baile.  Por otra parte, Mei estaba despeinada con hojas en sus cabellos, la mariposa echa un asco y rota, su falda estaba cortada de forma irregular con indicios de que alguien había arrancado de ella la tela, su musculosa manchada de sangre coagulada seca y barro toda mojada. De donde salieron las alas se podía percibir unas cicatrices en forma de V. Siempre quedaban esas marcas luego de sacarlas, se marchaban al cabo del día.

-Tienes un aire de tranquilidad y paz- musitaba mientras le sacaba una venda y la lavaba en los pósitos de agua que se hallaban en la cueva. Haciendo su labor, se relajaba para que el agarrotamiento de sus músculos desapareciera- Mira…ya no tienes heridas…- decía con maravilla mientras  prestaba atención a los lugares donde antes se encontraban las lastimaduras.

Seguramente era  un ser especial, los humanos no se regeneraban así como así ni siquiera ella podía curarle completamente, lo miro con curiosidad hasta que este abrió los ojos. Avergonzada por estar viéndolo se sacó la chaqueta y se la tendió a él. Dándole las gracias le dio la espalda y comenzó a quitarse las hierbas del cabello por pequeños mechones. Posiciono  la mariposa contra el suelo rocoso, se quedó horrorizada de ver como estaba con las alas rotas. Se tocó la espalda y vio como la mano del chico ya había tocado las cicatrices. Se sintió avergonzada y lastimada, le paso lo mismo que a aquella mariposa, se rompió sus alas por un descuido de ella. Fue hasta la orilla de la cueva arrastrándose y saco la otra venda que era nada más que un pedazo de tela de su pollera para luego lavarla y limpiarse las cicatrices mientras invocaba una runa para su propia curación haciendo gesto de dolor, nunca usaba sus dones para su propia satisfacción si no era de suma urgencia… Quería lavarse las alas…pero necesitaba ayuda de otra persona, no estaba segura de que el muchacho que había despertado la ayudara tal vez era un loco maniático que la iba a matar si mostraba sus alas, resignada por la clase de pensamientos que tenia se bajó los tirantes de la musculo y saco sus alas de donde estaban guardadas, dentro de su ser.


-Me podrías ayudar? Solo es limpiarlas- decía mientras le analizaba el rostro y los ojos para encontrar información sobre el estado de salud mental que tenía aquel joven.- Si no quieres está bien, me encargo yo sola.

Se acercó a la orilla para que el agua le diera contra las alas así lavarlas, el flujo del agua de lluvia era tormentosamente doloroso, al caer con mucha presión hacia el vacío provocaba que al rebotar en sus alas dolieran por el desgarro que se había hecho antes. Esto era lo peor que el paso, no quería saber cómo era perder las alas. Recordó a los ángeles caídos que algunos eran desterrados y otros eran arrancados de su más preciado bien…sus alas. Sintió un escalofrió recorrer toda su espina dorsal provocando la tan famosa “piel de gallina”
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Vie Dic 27, 2013 10:55 am

A media que el tiempo transcurria, podia sentir como su cuerpo realizaba el resto de la curacion que necesitaba. Los huesos de su cuerpo, los mas afectados, terminaban de colocarse en su sitio, un proceso doloroso pero soportable despues de todo. Lo cortes habian cerrado y lo mas grave, las quemaduras, habian desaparecido minutos atras. Seria imposible pensar que hace solo unas horas habia sufrido un accidente tan grave como en el que estuvo envuelto. Solto un largo suspiro, cerrando sus ojos para pensar.

Desde esa altura era mas facil escuchar como la lluvia se volvia mas intensa. En medio de la bruma producto de la cascada resonaba el agua golpeando las rocas del risco, podian verse los reflejos de los truenos en la lejania e incluso uno que otro ruido cuando golpeaban la tierra. Tambien sintio el momento en que la joven desperto.

Era demasiado obvio que estaba muy lastimada, incluso para moverse por su propia cuenta. Opto por mantenerse quieto en donde estaba, permitiendole realizar su trabajo. Escucho sus palabras, tenia una voz bastante suave, linda a decir verdad.  Espero en silencio durante un largo rato hasta que finalmente abrio los ojos. cruzandose con los de ella. Por alguna razon le causo verguenza, viendo como reacciono luego de verla. En ese momento fue capaz de apreciar bien el estado en que estaba no solo su ropa pero su cuerpo. Estaba llena de heridas, cortes, ademas le parecia imposible que hubiese bajado toda esa cuesta usando esos zapatos. Cuando le tendio la chaqueta, la tomo llevandola al fuego. La extendio en el suelo, junto a la camiseta y avivo las llamas, iluminando completamente la cueva. Dejo que la ropa se secara al calor del fuego, regresando a su lugar luego de ello.

Observo de reojo a la muchacha cuando sus alas aparecieron. Sabia que existian pero era la primera vez que veia en persona a un angel. No respondio a su pregunta, viendo lo que decidio hacer. Con bastante cuidado se acerco a la chica. Coloco una mano en su hombro y otra sobre su vientre, atrayendola de vuelta a la cueva. Se coloco luego a su espalda y con mucho cuidado, tomo agua de lluvia y empezo a limpiar sus alas, extremando precauciones para evitar lastimarlas mas. Dedico algun tiempo a quitar hojas, tierra y demas, casi recorriendo con caricias cada vez que volvia a mojarlas.

-Creo que ya esta...-uso un tono suave, denotando calma. Con cuidado se acerco al rostro de la joven por detras, posando sus labios en su mejilla. -Muchas gracias por haberme ayudado -susurro suave.

Levanto a la joven en brazos, llevandola de regreso al fondo de la cueva donde al fin, estaba calido. Habia conseguido espantar el frio de esa gruta, ahora si era un refugio acogedor. Bajo a la chica con cuidado cerca de las llamas, para que recibiera el calor en su cuerpo tambien. Se alejo un poco, revisando su propia ropa, la cual estaba seca ya. Levanto al camiseta blanca y rasgo una parte, haciendo varios vendajes de tela. Los llevo hacia el agua, lavandolos hasta que estuvieron listos para ser usados. Regreso donde la chica y, levantando cuidadoso su pierna, vendo su tobillo inflamado.

-Cambiare esos vendajes cada cierto tiempo, la tela fria ayudara a que la inchason baje -se apoyo en la pared, un poco lejos de ella y levanto la chaqueta. -Creo que deberias cambiarte, puedes usar esto. Esta seco y te dara calor hasta que tu ropa este usable de nuevo.

Dejo la prenda en sus piernas. No sabia si necesitaria ayuda para cambiarse, tampoco iba a ofrecerla. Sentia que seria una especie de acoso ofrecer ayuda para desvestirse a una chica asi que mas bien espero con los ojos en el fuego, atento por si eran necesarias de nuevo sus manos.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Vie Dic 27, 2013 5:52 pm

Jueves de “Solo a mí me pasa de perderme y  romperme las alas”

Mei sonrió al notar que el chico se aproximaba a ella para comenzar a lavarle aquellas alas, sus manos eran toscas, grandes y  frías cuando las posiciono en parte libre de la espalda y el vientre, se notaba que estaba impresionado por verla, más exactamente, saber que esta era un ángel todo moreteado. Sus alas estaban sangrando en un extremo derecho mientras ella seguía invocando un iratze, una runa de curación básica, al terminar se quedó relajada por los roces del joven en sus alas, en un momento sintió un dolor inmenso y agito sus alas pero dejo que procediera, al cabo de un tiempo sus alas estaban limpias y comenzaron a resguardarse en ella lentamente hasta que el muchacho la tomo en sus brazos para ubicarla junto al fuego y así calentarse, le ofrece una chaqueta, la misma que había usado anteriormente. Ella extiende las manos hacia al frente y musita un “gracias”. El fuego encanta su atención, llamas naranjas y rojas danzando en un mismo lugar, mientras que unas azules pequeñas las tocaban provocando chispas de un color ámbar, era hermoso lo que estaba viendo y pensar que hace unas horas o minutos había sido quemada por la misma tentación.

–Me desvestiré, puedes darte vuelta unos minutos?- le pregunto amablemente tocando el bordillo de su remera, al ver como este se daba vuelta musitando un si ella se desvistió deprisa, la musculosa paso por encima de sus hombros ya rozando la cicatriz en V que poseía la muchacha en su espalda, desprendió el sostén mojado y lo tiro junto a la remera hacia un costado de ella tendiéndolos para que el fuego los secara. La chaqueta estaba un tanto húmeda pero no tan mojada como sus prendas anteriores.

-Muchas gracias…discúlpame pero cómo te llamas? – le pregunto interesada en la respuesta permitiéndole darse vuelta y mirarla, la chaqueta le quedaba grande y a la vez chica, en la parte de sus senos la apretaba por lo que solo se abrocho esta hasta la mitad del pecho.- Yo me llamo Mei Herondale, soy un ángel como te habrás dado cuenta, volvía de la ciudad cuando vi el coche encendido fuego al lado de la carretera dado vuelta, la tormenta ya lo habrá apagado al incendio.

Le conto todo lo que había sucedido desde su punto de vista, le informo que ella se había quemado las alas al acercársele al carro, como se dobló el tobillo en dos oportunidades, el cuidado del cuerpo del chico. Le había pasado de todo ese día, y ahora recién recordaba la causa por la que salió en un día con probabilidades de tormenta: el nuevo videojuego exótico por el cual pago demasiado dinero, imposibilitándola a comprar comida en los tiempos libres en el instituto.  Reviso que su mochila no se hallaba en la cueva dándose cuenta de que tal objeto estaba perdido en el bosque por donde salió corriendo, sabía que el CD muy probablemente no existiera en este momento por culpa de la tormenta que se encontraba allá afuera.

-Etto… perdí una mochila cuando te rescate, no la viste? – pregunto un tanto curiosa y preocupada por el hecho de que un juego exótico no se encontraba tan normalmente en estos días, especialmente si salía de estreno exclusivo. Esperando la respuesta del joven recordó que al día siguiente tenia clases y no podría ir si no paraba esta lluvia para poder regresar a la casa verde, además no debería andar saliendo o estando afuera hasta muy tarde ya que cerraban las puertas.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Vie Dic 27, 2013 9:26 pm

Hubo un instante en que se desconecto de donde estaban. Mecanicamente escuchaba las palabras de la chica y realizaba las acciones segun se las pedia. Giro su cuerpo de forma que observaba la lluvia intensificarse aun mas, al punto en que algunas rocas cayeron frente a la entrada, perdiendose seguramente en las tinieblas. Espero paciente, pensando en lo que paso arriba. Ahora recien se daba cuenta que tal vez supieran que no se mato en ese accidente y probablemente lo estarian buscando otra vez. Suspiro por lo bajo, de nada le servia preocuparse por algo que no podia solventar en ese momento.

Cuando le fue permitido giro su cuerpo nuevamente, mirando a la chica. Con la chaqueta por alguna razon se la veia mas linda. Se levanto con un pequeño cuenco echo con unas ramas que encontro cuando buscaba combustible y salio, recogiendo agua en el. Volvio junto a la chica y mojo sus dedos, quitando un poco de tierra de su rostro, con bastante cuidado. Dejo el resto junto al fuego y se sento frente a ella.

-Tienes un bello nombre Mei -escondio un gesto de molestia, pasando inconsciente la mano por su costado. -Mi nombre es Kiba, soy un licantropo -se apoyo de nuevo en la pared de roca, centrando su vista en el fuego al punto que las llamas se reflejaban en sus orbes azules.

Escucho atento a sus palabras, agradeciendole en un punto y disculpandose por las heridas que recibio al ayudarlo. Escucho su pregunta, revisando su memoria por si lo habia olvidado cuando la trajo pero no recordaba ninguna maleta en el lugar donde estaba ella. Movio su cabeza en negativa, cruzando sus ojos con los de ella, mirandola de forma profunda en ellos.

-No pero la buscare, es lo menos que puedo hacer -se acerco a la chica y despejo su rostro colocando dos cabello tras su oreja, dejando a penas una caricia en su mejilla luego de la cual, desaparecio de la cueva.

Aparecio en la meseta, siendo empapado en segundos. El agua corria por todo su cuerpo ademas de hojas arrancadas por los fuertes vientos. Camino contra el viento, moviendose lo mas rapido posible hasta la saliente donde estuvieron antes. Al llegar reviso todo, incluso alrededor bajo la tormenta pero no habia ninguna maleta por alli. Cabia la posibilidad que la corriente formada por la tormenta la hubiera arrastrado por el risco pero no existia en los costados de la saliente, solo en la parte frontal.

-Entonces....-llevo sus ojos hacia la pendiente y suspiro.

Se desvanecio de nuevo, apareciendo justo en medio de esa horrible bajada. Encontro rastros de tela por ahi ademas de ramas rotas por alguien. Era posible que hubiese bajado por ahi, asi que empezo a remover rocas y tierra en busca de la maleta. Luego de dos horas moviendo tierra y recibiendo el castigo helado de la noche en su piel, encontro una correa. Sosteniendola en una mano y cavando con la otra, fue haciendo una zanja hasta que encontro el bolso. Estaba mojado y sucio pero intacto. La tierra habia evitado que lo interno se perdiera o al menos parecia estar completo.

Amarro la maleta a su torso, asegurando bien la correa. Cerro los ojos para regresar a la cueva y recibio un flechazo en la espalda. De donde vino o como volo con esos vientos huracanados era un misterio pero la fuerza que tenia basto para tirarlo cuesta abajo, rodando entre los arboles hasta una roca. Sintio el golpe, abrio los ojos inmediatamente y vio cinco sombras cayendo. Concentro su habilidad, apareciendo algunos metros en el mismo bosque, hizo lo mismo varias veces con lapsos de segundos hasta que creo un rastro confuso y luego de haberse empapado con la lluvia, aparecio de nuevo en la cueva.

-Aqui esta la maleta..-la dejo frente al fuego sin un rasguño, procuro protegerla mientras huia. Se levanto con una expresion distinta, un aire apagado rodeaba su mirada.

Dejo su cuerpo caer justo en la entrada, con sus piernas colgado del borde. Arranco la flecha de su hombro y la lanzo por la cascada. Fijo los ojos en la penumbra, sintiendo que en cualquier momento algo saldria a herirlo nuevamente.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 28, 2013 9:56 pm

Jueves. “Los persiguen”

Mei quedo sentada en la cueva luego de haber sido limpiada por su compañero de peligro, así ella pensaba que eran ellos dos, dos compañeros de peligro ya que los dos corrieron el riesgo de sus vida, atontada por la falta de energía se quedó tumbada allí en la cueva extendiendo sus brazos para que se calienten en la fogata creada por ese hombre, que luego la ayudo como recompensa de salvarla. Al darse vuelta vio como el joven armaba un cuenco con unas ramas y unas hojas. Este chico le sonaba, se notaba que era mayor que ella, cabello castaño, unos ojos penetrantes de animal de color verde azulado, no se veía muy bien por la falta de luz en ese lugar oscuro tal vez sea un chico universitario o algún profesor, se veía bastante joven para ser un profesor pero muy mayor para estar estudiando. El muchacho fue a buscar un poco de agua de lluvia usando el cuenco creado por sus propias manos, le fascinaba a Mei todo lo que fuera supervivencia, le preguntaría más tarde si le daría clases.

El muchacho le limpio el rostro con el agua helada de lluvia, era relajante aquel acto ya que el roce de sus dedos con agua en su rostro le quitaba el estrés y la suciedad, dos pájaros en un tiro. Además, él era tierno cuando hacia esas acciones. Sus manos eran suaves en ese momento, cerró los ojos y disfruto de la caricia. “Kiba” pronuncio este cuando estaba dispuesto a marcharse para buscar la mochila que ella misma había perdido, estaba siendo demasiado considerado para el bien propio. La dejo sola en la cueva, ahora explicaba el porqué de la regeneración del cuerpo, sabía que ella no podía curar cien por ciento, no tenía esa capacidad por ser demasiado muy joven y no practicar aquellos dones. Al ser demasiado inexperta perdía las fuerzas al realizar aquellos actos. Kiba le puso un mechón por detrás de su oreja acariciando la mejilla, Mei ladeo la cabeza contra su mano para sentir sus dedos fríos. Estaba preocupada por el muchacho que la cuido hasta hace unos momentos, podría ser atacado por alguien o algo, “siempre hay locos por allá afuera” eso siempre le decía su madre, esto le recordó al sueño que tuvo. Sintiendo un escalofrío se acercó mucho más al fuego quemándose nuevamente la mano, Mei nunca aprendía que no debía ponerse tan cerca de aquel elemento de la naturaleza.


-Me aburro…- musito para sus adentros mientras daba vueltas semidesnuda por aquella cueva, dejo su intento de falda para secarse y solo la cubrió la chaqueta que Kiba le había prestado. Se acercó a la orilla y comenzó a balancearse de adelante para atrás con sus piernas tocando la lluvia con aquellas manos delicadas que tenía.  Congelándose una a una de las partículas de sus dedos empezó a alejarse de aquella tormenta, quería comer…lo mínimo que podía hacer era ir a conseguir comida. Esperaría a Kiba 5 minutos más por si volvía aunque esto sería medio extraño, debía buscar la mochila de ella y seria anormal encontrarla tan rápido en un lugar tan extenso como aquel y más con una terrible tormenta idéntica al diluvio hace unos siglos atrás. –Mejor me voy a pescar!- dijo contenta saltando por aquella cueva cayendo al rio que tenía ante sus pies, la corriente era bastante fuerte pero eso no la desanimaba, los peces deberían andar por algún lado o tal vez un ciervo cazaría. Ni ella se creía todo esto, no quería herir animales por su deseo egoísta comenzó a andar golpeándose con las piedras que ocultaba el agua hasta la orilla, un vidrio le tajeo el tobillo, se observaba en el agua turbia como pasaba la sangre por las rocas. Al llegar a la orilla se aproximó a los arbustos de bayas, conociendo un poco de plantas comestibles comenzó a recolectar. Junto bastante en los bolsillos de la chaqueta, algunas cayeron y otras quedaron sostenidas cuando intento pasar el rio nuevamente. Ahora le esperaba un reto más grande, el subir a la cueva nuevamente, saco sus alas golpeadas por las gotas de la lluvia intento volar. Esto sería “Misión imposible”. Se movía demasiado lento, pero algo era algo, tomo velocidad y trato de subir lo más rápido que pudo esforzándose un montón, ya  había pasado una hora y media más la media hora que estuvo en la cueva mojándose los pies y las manos después de quemarse con el fuego ya habría pasado casi dos horas. No pensó que recolectar sería tan difícil, pero el tratar entrar en la cueva lo era aún más y perdió bastante tiempo. Una flecha se clavó en una de sus alas minutos atrás de que Mei cruzara la entrada del refugio, al recibirla se metió directo al agua ocultándose subió mediante las rocas que propiciaba el lugar. Al llegar cayó al suelo del lugar y  se fue directo al fuego para calentarse posicionándose para que al entrar Kiba no la vea herida, no quería agregarle problemas. Se sacó la flecha del ala emitiendo un grito de dolor apagado por el sonido de los rayos de afuera, oculto sus alas pero sin darse cuenta que unas gotas de sangre caían alrededor suyo. Llorando quebró la flecha y la metió directo al fuego quitándole la punta para metérsela en la chaqueta, agarro el cuenco producido por el licántropo y comenzó a verter las bayas dentro. Habían menos bayas de las que pensó, seguramente se habrían caído cuando escalo esas rocas de afuera para entrar en el lugar oscuro.

- Kiba! Tardaste demasiado- dijo conteniendo el dolor y con una sonrisa de oreja a oreja, vio como depositaba la mochila al lado del fuego llena de barro. Recordó su videojuego y su dolor se intensifico.  Se alejó de ella y cayó en el borde del lugar rocoso, fue caminando hacia el con gesto doloroso al ver que lo habían atacado a él por igual, seguramente lo estaban persiguiendo al ya que ella no era necesaria para nada, o eso creía ella. Mei impuso su mano en el brazo del muchacho y comenzó con una curación para ayudarlo a regenerar aquella parte lastimada. Su pelo caía en una especie de cascada por un costado, ya no poseía la mariposa por lo cual la disgustaba también. –Debes tener más cuidado por allá afuera…- decía fingiendo una sonrisa. A mí también me atacaron cuando volvía de recoger las bayas, ¿quiénes son? ¿Te están buscando?
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Sáb Dic 28, 2013 10:51 pm

Su cabeza no era en ese momento la misma. Miles de idas circulaban su mente, miles de escenarios se hacian presentes. No tenia la seguridad de quienes eran, tampoco lo que buscaban, solo tenia una opcion certera. Buscaban su cabeza. Hasta ese instante habia ignorado por completo la presencia de Mei pero su voz lo turbo. Podia captar no solo el aroma de una quemadura reciente pero tambien el de la sangre. Sintio de nuevo los dones de la chica ayudarlo pero, con mucho cuidado, detuvo su mano. Llevo sus delicados dedos a sus labios y los beso uno a uno con suavidad. La bajo hasta sus piernas y la miro profundamente a los ojos.

-Crei haber dicho que yo cuidaria de ti, no? -nuevamente la cargo en brazos, llevandola al fondo de la cueva.

De momento paso por alto su pregunta, primero se debia encargar de ella. Volviendo a repetir la caricia a su mejilla, se adelanto hasta el borde de la cueva y salto al vacio. Era una caida no tan larga pero cerca del fondo, enderezo su cuerpo, aterrizando en el agua con una palma en el piso. Estaba lastimado pero su regeneracion funcionaba cada momento mas rapido, regresando su cuerpo a su estado normal. En la orilla del rio busco unas plantas utiles para quemaduras mas otras para ayudar con las heridas. Las encontro cerca de la rivera junto a algunos manzanos. Recogio la comida, las hierbas y algunos peces del rio, desapareciendo del fondo.

Se formo dentro de la cueva, cerca del fuego, nuevamente empapado pero para ese momento ya no sentia incomodidad por el frio. Se acerco a Mei, tratando de mojarla lo menos posible. Se arrodillo frente a su cuerpo y tomo su mano con cuidado, revisando la quemadura. No era muy grave pero igual era mejor atenderla. Limpio una piedra lisa y luego de esterilizarla en el fuego, molio las hierbas sobre ella. Formo una pasta rojo oscuro que luego mezclo con un poco de agua. Coloco la mezcla en la quemadura, usando uno de los vendajes que hizo antes para envolver su mano. Beso el dorso y la bajo con cuidado.

-Perdon.

Sus disculpas adelantadas eran por lo que haria despues. Noto la falda secandose en el fuego, asumiendo que solo estaba con ropa interior. Con cuidado paso una mano por su muslo, recorriendo su pierna con un tacto calido luego de recuperar su temperatura habitual. La estiro hacia el y repitio lo mismo que hizo con su mano pero esta vez con las otras hierbas, vendando su tobillo con suavidad. Termino casi todas las curaciones, solo le faltaba una que sabia era mas complicada. Con un tono de voz calido y suave, le pidio que sacara sus alas. Bajo el cierre de la chaqueta, lo suficiente para poder bajarla sobre sus hombros. No sabia bien que podia hacer pero con mayor delicadeza que antes, paso sus dedos habiles sobre la herida de su ala. Era una flecha, seguramente de las mismas que lo lastimaron a el. Realizo una mezcla un poco mas fuerte de las hierbas, incluso cociendolas un poco en las llamas. La pasta casi dorada resultante la coloco en tres vendajes distintos, usando cada uno para rodear una fraccion de la perforacion hasta cubrirla toda con los tres. Alejo sus manos de ese sito tan delicado y con la misma suavidad levanto el rostro de la muchacha.

-Lamento que te lastimaran Mei...prometo que hasta salir de aqui, te cuidare -se inclino besando cada una de las mejillas mas que todo rozando su piel con sus labios tibios. -Volvere en un momento si? -se levanto caminando a la entrada. -Por cierto...eres muy hermosa -murmuro sonriendo suave, volviendo a desaparecer.

En otra parte del bosque, bastante espeso donde aun permanecian las partes bajas de los arboles secas, recolecto un musgo especial para hacer camas ademas de unas hierbas y hojas grandes. Formo un bulto bastante grande, sosteniendolo con ambos brazos, regresando a la cueva.

De vuelta coloco todas las hojas, luego de revisar cada una que no tuviera ninguna insecto, en forma de cama en el fondo de la cueva. Ayudo a Mei a recostarse y luego apoyo la espalda en la pared, cerca de ella, vigilando el fuego y la entrada.

-Duerme un poco, estaremos aqui un largo rato. Vigilare todo, nada pasara. Te cuidare -sonrio colocando los peces en el fuego y dejando las manzanas junto a sus manos para que no tuviera que levantarse, comiendo una el mientras vigilaba.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Dom Dic 29, 2013 12:15 pm

Jueves. “Estoy más cansada que una foca, es posible?”

Kiba había alejado las manos de Mei al saber que lo estaba sanando, ella estaba perdiendo más fuerzas que de costumbre, sus piernas temblaban y si debía moverse para otro lado esto la imposibilitaba, seguramente el tener las alas como las tenía provocaba la perdida de energía y de voluntad a la vez a una velocidad demasiado rápida para ella. Se estaba tambaleando hasta que la tomo de sorpresa que aquel joven le besara cada uno de sus dedos largos y suaves de la mano con la que lo estaba sanando. Se sintió en un lugar cálido a pesar de que la chaqueta estaba empapada al igual que la ropa interior, provocando que se le pegara completamente al cuerpo. Kiba la traslado hasta el fondo de la cueva cargándola entre sus brazos, ella se dejó llevar porque en realidad no tenía muchas alternativas para poder  llevar su cuerpo hasta allí atrás como si no hubiera sucedido nada.  

No le había contestado su pregunta, quien eran los hombres que lo perseguían, se dio cuenta que era a él a quien buscaba y solo le dispararon a Mei por pensar que estaba junto a él. Alguna característica debía haber en esa flecha, a veces los asesinos dejan marcas, en realidad cualquiera deja un rastro característico. Metió la mano al bolsillo y toco la punta que se colocaba en la parte de delante de la flecha, se notaba pegajosa por su sangre pero con la chaqueta húmeda se fue esparciendo. Luego se lo diría a Kiba, para poder saber en verdad quien lo estaba buscando. No se podían quedar toda la eternidad en la cueva, cuando cesara la lluvia se notaría la entrada provocando que vengan aquellos asesinos.  El joven desapareció en la entrada de la cueva, había saltado al abismo, Mei se preocupó pensó que le habían disparado nuevamente, con el alma entre sus manos deseo que él estuviera bien. No se podía mover mucho, solo se arrastró un poco yendo al borde aunque era peor que un caracol para moverse en esos momentos mucho más con un tobillo malherido.

Reapareciendo Kiba su estado de preocupación descendió al observarlo sano y salvo, con sus manos llena de comida y hierbas. Por lo menos esta noche sobrevivirían, las bayas traídas por Mei estaban en el cuenco al lado del fuego. Observo como esterilizaba la roca para ayudarla con sus heridas, era un real caballero
– Muchas Gracias Kiba, no es necesario que me protejas, yo no soy perseguida por alguien- bromeo riéndose un poquito mientras le sanaban la quemadura de la mano producida hace unas horas, con un vendaje lleno de pasta roja producto de la molienda de las hierbas. El muchacho sabía demasiado de supervivencia, eso lo noto con esto último.

El agarro del muslo provocando un respingón en Mei, nadie la había tocado de esa manera, estaba en ropa interior por lo cual no le parecía muy lindo para que el muchacho observe, cualquiera pensaría que era una degenerada exhibicionista. Fue arrastrada hacia Kiba para poder vendarle el tobillo con las otras hierbas y un pedazo de tela de su falda que se usaba como vendaje. Eran cálidas las manos de Kiba en su cuerpo, no había nota sexual solo amabilidad pura. Ya la había regañado por no haberle prestado atención a que el la cuidaría. Le pidió si podía sacar sus alas, era lo más extraño que le habían pedido pero era necesario en este caso, él le bajo el cierre de la chaqueta para dejar espacio para sus alas aunque él no sabía cuánto espacio debía dejarle. Mei agarro el cierre y se abrió toda la chaqueta tapándose sus pechos con sus propios brazos dejando salir las alas con sumo cuidado, al salir goteaba sangre del ala por aquel daño que le habían propiciado.  Comenzó a acariciarle el ala y ella trato de invocar una runa de curación para facilitar la ayuda, la vendo con vendajes y una pasta de un olor extremadamente rico y a la vez refrescante.  Se sintió tranquila en ese segundo, el dolor estaba siendo disminuido por su propia curación aunque las energías la estaban debilitando. Las manos del licántropo se alejaron de las alas de aquel pobre ángel para acariciarle su rostro a tono de disculpa. Ella solo le sonríe y con su mirada le dio a entender que no importaba, todo estaría bien.


-Sé que me protegerás muy bien, Kiba- musito con cansancio dejándose besar las mejillas y sonriendo a la vez, era demasiado tierno.- Esta bien, ten cuidado…Y no soy hermosa.

Le había llamado hermosa, y allí es donde empezaba todo su dilema existencial. Era demasiado linda para ser un ángel o era demasiado ángel por lo que era linda, esto impedía ser un ángel sin corromperse o esto provocaba que cualquiera quiera corromperla? Ya le había pasado con un amigo que conoció hace varios años, la había enamorado y entontado para luego arrebatarle las alas. No volvería a ocurrir eso, se lo había prometido a ella misma, con respecto al muchacho que había capturado su corazón era un demonio con ambiciones por lo que su espada seráfica lo evaporo sin dejar rastros. Ella se sintió muy apenada por ese demonio, pero sabía que no había muerto que solo estaba en otra dimensión. Al retirarse Kiba ella escondió sus alas con los vendajes en ella, estaba desnuda a no ser por las bragas que llevaba por lo que decidió ponerse su musculosa, estaba húmeda por lo cual se podía ver sus pechos aunque con la oscuridad de la cueva a cualquiera le costaría, su falda estaba secándose junto a la chaqueta, retiro la punta de flecha para que no se comenzara a calentar y la dejo en un rincón.

Kiba volvió con un colchón de hojas intentando hacer una especie de cama, verifico junto a él si había insectos. La tomo en brazos y la acurruco en lo que había producido, le pidió que durmiera. Pero esto no sabía si se iba a cumplir estaba demasiado asustada por la salud de él así que solo lo observo. Vio como este ordenaba todo, mientras devoraba su manzana junto a ella hasta finalizar acostado contra la pared. Se dio vuelta y le acaricio la mejilla tumbada en la cama de hojas.


–Temo a que te encuentren y te hieran- musitaba mientras recuperaba sus energías comiendo la manzana roja que tenía entre sus manos. –Te hirieron ya te encuentras bien?- dijo esperando su respuesta y apoyándose en sus codos se levantó para sentarse encima de él y acariciarle la mejilla para luego abrazarlo. Sentía que lo iba a perder como cuando pensó que había muerto en aquel accidente del automóvil, no ayudarlo sería demasiado malo. Tenía esa obligación de cuidarlo como a cualquier humano del planeta.  –Me prometes cuidarte?
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Dom Dic 29, 2013 12:55 pm

El silencio de la noche causaba que viera fantasmas en todo sitio. Cada instante podia jurar que algo pasaba por la entrada de la cueva, causando un respingo interno en el lobo. No temia por su vida, estaba acostumbrado a caminar con la muerte de compañera, temia por Mei. La habia arrastrado a un problema donde no tenia nada que ver y la habia puesto en peligro ya dos veces. No queria verla lastimada, no por culpa de cosas que le sucedieran al ayudar a una persona como el. Suspiro negando un poco, acomodando los peces en el fuego para que se cocinaran bien, a veces pensaba cualquier tonteria.

La caricia de Mei lo sobre salto un poco pero un ronroneo casi felino se escapo de sus labios por el tacto. Podia ver que estaba mejorando por aun le preocupaba su estado de salud, curarlo la habia cansado y las heridas no ayudaban en nada a que mejorara. Sonrio moviendo su cabeza, mostrandole su espalda para que viera que la herida estaba casi cerrada. Sentirla en sus piernas lo sorprendio.

Contra su el podia sentir los pechos de Mei, seguramente su piel estaba humeda por la ropa mojada. Una de sus manos paso inconsciente por una de las piernas de la chica, transmitiendo el calor de su cuerpo al de ella mientras la otra, rodeaba su cadera, abrazandola mas contra el. Sonrio volviendo a besar su mejilla, rozando el borde lateral de sus labios al alejar su rostro un poco.

-Te lo prometo Mei -volvio a despejar su rostro con cuidado, quitando un poco de tierra con las yemas de sus dedos humedos con agua del cuenco.

Instantes despues dos truenos cayeron juntos, iluminando completamente la cueva con una luz dorada. Con mucho cuidado, volvio a recostar a la chica en las hojas, mirandola de forma profunda a los ojos mientras le dedicaba una sonrisa un poco mas amplia que las anteriores.

-Prometeme que no te moveras si? Ire por mas hierbas y regresare...

Recorrio su mejilla con dos suaves besos y, antes de alejarse, fue tan lejos como para dejar un apenas pequeño besos en los labios del angel. Volvio a sonreir, sirviendo un pez sobre una hoja para que no se lastimara con el fuego y se esfumo de nuevo.

Aparecio pegado a la pared del risco, sobre unas rocas musgosas del rio. Ese musgo era justo lo que necesitaba, serviria junto a unas agujas de pino para hacer algo de te. Siendo diestro con sus manos, tomo dos ramas flexibles y una hoja grande, creandose un cuenco rudimentario pero util en ese momento. Tomo el musgo que estaba en contacto con el agua, adicionando mas plantas para poder volver a repetir la curacion en las heridas de Mei y serciorarse que estuviera bien.

Del rio avanzo hacia los primeros arboles del bosque. Trepo sin problemas, sacando muchas agujas, llenando el tazon con ellas. Satisfecho se dispuso a volver pero logro olfatear algo. Desapareciendo silencioso, llego a la cima de un arbol desde donde podia ver a un hombre hablando por telefono. La conversacion era con los que lo buscaban, al parecer iban a irse hacia la parte profunda de la mesa superior. Una sonrisa adorno su rostro y volvio a irse sin realizar el minimo ruido.

Aparecio en la cueva otra vez, dejando el cuenco en el suelo. De su propia maleta saco tres recipientes de lata. En uno recogio el agua de la cascada, le adiciono musgo y agujas de pino, dejandolo hervir. Los otros mas pequeños los dejo al costado, servirian como tazas mas luego. Dejo el resto a un costado de su mochila y se sento cerca de Mei a esperar que estuviera listo el te.

Luego de los primeros vapores, saco con cuidado la tetera improvisada, sirviendolo en los dos recipientes pequeños. Acerco uno a la chica envolviendolo en dos telas, asegurandose que no se quemaria.

-Bebe, algo caliente nos ayudara -dio un pequeño sorbo a su taza, pasando una mano por el cabello de Mei, acariciandola suave.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Dom Dic 29, 2013 2:33 pm

Jueves. “Más dulce imposible”

Estaba claramente preocupada por él, le era imposible saber si estaban seguros en aquel lugar o no, lo único bueno es que estaban vivos y la tormenta los protegía de aquella noche. Pensar que hace un par de horas ella salía de esa tienda de videojuegos con su nueva adquisición sumamente feliz, ahora solo estaba cada uno preocupándose por la vida del otro. Mei estaba estresada ante esta situación, sus actitudes cambiaban con respecto a su temperamento el cual no era muy estable que se podría decir. Podría estar feliz, saltando como una niña en un inflable o podría estar deseando la “muerte” de alguien por haber estropeado su partida de juego.  

Le había ronroneado cuando lo acaricio, esto le pareció muy tierno y la deseaba a querer acariciarlo más para poder oír nuevamente esos ronroneos de pleno placer. Sintiendo calor por aquellos roces del labio de aquel licántropo se liberó, no iba a seguir tensa por las preocupaciones que almenaban en destruir  a Mei por ser un tanto paranoica, en este momento nadie se estaba preparando para entrar en aquella cueva, lo sabía porque sería una pérdida de tiempo realizar aquello. Si los asesinos eran listos estarían esperando a que ellos se alejaran del lugar. Si bien un lugar cerrado les daría posibilidades de atacarlos a los dos no sabían con quienes se enfrentaban, puede que sobre Kiba si pero no sobre ella. Era un ángel, seguramente eso ya lo sabían pero lo que no era mucho. Deberían reunir información.

Cayeron truenos provocando un leve escalofrió en la espina dorsal de Mei apegándose mas a Kiba que la había tomado para acomodarla sobre aquel colchón de hojas, era cómodo, ligero y refrescante. Se olía las hojas de los diferentes tipos de árboles con lo que se compuso aquel aposento, se acurruco allí tratando de pensar que hacer en ese lugar sin aburriré, podría sacarle información sobre aquellos tipos al licántropo pero sabía que este era demasiado reservado.  La estaba protegiendo del peligro, pero ocultar información hacia ella la pondría en un peligro aun mayor al cual no estaba advertido.
 

-Te lo prometo, seré buena chica si eso deseas-musitaba mejorando Mei mientras sonreía a Kiba. Gracias a su respuesta recibió dos tiernos besos depositados en sus mejillas, se podría acostumbrar a esto hasta que la tomó por sorpresa con aquel arrebato, un beso en los labios. Se tocó los labios mientras lo observaba boquiabierta, él le trajo un pescado cocinado por aquellas llamas de en medio de la cueva y lo coloco sobre una hoja para que no tocara el suelo rocoso y sucio del lugar que estaba nuevamente a penumbras  si no se contaba al pequeño fuego que se hallaba en medio.  Había desaparecido de nuevo, dejándola con dudas, –Porque hizo esto...- pronuncio atónita tocándose los labios- Me dijo que no me saliera de aquí- recordó resignada porque no sabría cuanto tardaría el licántropo por lo que agarro su mochila y la abrió, estaba la PSP enfundada y el videojuego al lado en otra cajita, suspiro aliviada al ver que no había rasguños y solo agua evaporandoese del exterior. Desenfundo a su PSP del estuche y la prendió. Sin ningún problemas. Se vio el logo de la empresa y se mostró sus opciones; agarro el videojuego y lo saco de la cajita y de su protector lo inserto en el espacio de la PSP en donde se cargaba y comenzó a correr. Estaba aliviada, contenta y emocionada. Inicio el primer nivel, guardando sus logros en la memoria interna del PSP mientras aceptaba todo apareció Kiba en el umbral de la gruta. Con un cuenco con musgo, desde donde estaba Mei todo olía a moho y a musgo más las hierbas que habían servido para las heridas. Mientras jugaba contra el Jefe del primer piso observo de reojo  que estaba haciendo una especie de té con las agujas de pino, seguía pensando que necesitaba una clase de supervivencia, siendo ella hubiera comido bayas hasta irse con un poco de agua. Su conciencia la miro mal por no tener espíritu de superviviente, haciendo caso omiso Mei guardó su PSP en el estuche para luego escuchar a su compañero que tomara junto  al aquella infusión.

-Gracias Kiba no tenías que hacerlo por mí, estoy siendo una molestia en este momento- Dijo Mei angustiada con una sonrisa por pensar que no solo debía buscar comida para el sino para alguien más que solo consiguió unas bayas que no sabía si eran comestibles con exactitud. Mientras la acariciaba ella tomaba sorbitos de su taza temiendo quemarse la lengua mientras sacaba trocitos del pescado que estaba tendido en la hoja.- Porque me besaste?- pregunto sin verlo a los ojos, solo observando el fuego que los calentaba mientras estiraba sus piernas. Estaba semidesnuda pero no le preocupaba seguramente Kiba ya habría visto mujeres y no niñas.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Dom Dic 29, 2013 3:21 pm

Kiba tenia un leve defecto en sus actitudes, era impulsivo a veces llevado a realizar las cosas sin considerar nada mas, inclusive sin considerar su propio bienestar. Mucha gente, incluso en su juventud, le habia remarcado que eso era un boleto rapido a terminar bajo tierra. Debido a esas advertencias corrigio mucho ese aspecto pero no era posible erradicarlo por completo, aun estaba en su actuar normal. Cabilaba sobre eso, sobre lo que debian hacer ademas de como lidiar con el frio que no importaba cuanta madera quemara, no se iba por completo aunque al menos en el fondo estaba agradable, suficiente para pasar la noche sin complicaciones.

Movio su cabeza negando, susurrandole que no habia problema. No le molestaba cuidar de ella, mas bien era un alivio estar con otra persona, seguramente solo ya hubiera echo alguna estupidez. Suspiro por la pregunta, pensando que debia decirle, tampoco habia mucho que podia decir. Desvio la mirada del fuego y busco los ojos de la joven, continuando la caricia a su rostro.

-Lo hice por que desee hacerlo, no creia poder hacer lo que debia hacer si continuaba con el deseo de sentir tus labios. Si te molesto lo lamento Mei -sus caricias calidas y delicadas continuaban por su rostro.

A la luz del fuego, le era mas facil verla. La ropa enmarcaba el cuerpo de la chica, resaltaba su de por si visible belleza. Kiba tambien tenia el cuerpo mojado al punto que el agua remarcaba los musculos de su cuerpo. Suspiro regresando la mirada al fuego, no queria que la chica pensara que algun tipo de pervertido aunque le era dificil no notar lo hermosa que era la mujer a su lado. Lento y delicado, traslado las caricias tibias a el brazo de Mei, recorriendo su piel hacia la ropa mojada.

-Estaremos un rato aqui. Saldre una vez mas y luego me quedare a cuidarte si? -la acomodo de nuevo en el colchon y volvio a besar sus labios aunque esta vez, mantuvo un poco mas la union entre ellos.

Se separo, acariciando su rostro, mirandola de forma calida no solo a los ojos por a toda ella y una ultima vez desaparecio. La ventaja de ese poder era que podia viajar a cualquier sitio que habia visto antes, asi fuese una sola vez. Recordaba una cabaña casi destrozada en la base de la cascada. No era precisamente un refugio pero podria encontrar algo para aumentar el calor en la cueva.

Su cuerpo se formo en medio la cascada, casi cayendo de bruces al rio por la fuerza del agua sobre sus hombros. Sus ojos se volvieron casi lobunos, explorando alrededor muy rapido. No habia nadie cerca pero al salir reviso el aire con su nariz. Completamente seguro, camino sobre las rocas hasta las ruinas de madera. Se notaba que al menos unos años tenia ese sitio, todo estaba deshecho. En la que supuso era la sala no encontrada, en el cuarto en cambio, encontro dos mantas que aun podian usarse. No queria arriesgarse a estar mucho en el fondo y lo encontraran, asi que con ambas desaparecio.

Aparecio en la cueva de nuevo, trasbillando un segundo. Si vision se volvio doble y se mareo un poco. El malestar se fue casi inmediatamente, una nueva advertencia que no debia abusar de su tecnica. Se acerco de nuevo a Mei, dejando las dos colchas al costado del colchon de hojas. Se arrodillo frente a ella, acariciando su rostro suavemente.

-Sabes? Creo que lo mejor seria que cambiaras la ropa. Si esta mojada puede hacerte daño -acaricio su rostro suavemente. -Luego podemos usar las mantas para calentarnos.

Compro que al fin la mitad de su camiseta blanca, lo que restaba luego de rasgarla, estaba completamente seca y caliente. Estaba seguro que a pesar de estar rota, la cubria hasta la mitad de los muslos. Volvio con Mei y paso una mano por sus piernas, aun algo frias, hasta el borde de la musculosa.

-No se si tengas fuerzas pero si no te molesta, puedo ayudarte a cambiar

No habia una segunda intension en su voz. Tampoco era que desconocia que la chica le empezaba a gustar pero queria que estuviera lo mas comoda posible en ese refugio tan improvisado. Una de sus manos estaba en el borde de la ropa, empezando a levantarla con cuidado, manteniendo una mirada suave fija en los ojos de Mei.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Mar Dic 31, 2013 2:27 pm

“Angustia existencial”

Era un placer estar con ella, eso le había dado a entender a Mei. Sin embargo, ella pensaba negativamente por aquella situación. Solos los dos, una de los dos no servía ni para recolectar alimentos en ese lugar silvestre en el cual se podía obtener varios recursos. Le había usado su chaqueta para beneficio propio mientras él debía pasar frio con aquella camiseta mojada y un pantalón el cual no tenía ganas de secarse. Si tan solo hubiera traído el móvil para que alguien los viniera a buscar como un taxi aunque con  esta tormenta tratando de derribar los edificios dudaba que alguien los viniera a rescatar a pesar de estar heridos, los humanos no eran muy solidarios por lo menos la mayoría se mostraba con esa actitud insolente y maleducada. Pensando en el presente, Mei no constaba de ropas secas, podía enfermarse más fácil que de costumbre a pesar de ser ángel no era inmune a todo por lo que debía mantener su cuerpo caliente para no captar una neumonía o algo parecido. Se acercó más al fuego poniendo sus piernas para un costado así no quemarse su suave piel con las chispas diminutas que despedía el fuego hacia el exterior. Su rostro era acariciado mientras su sueño aumentaba, se sentía liviana y pesada a la vez.

-No me ha molestado Kiba pero aun así me pareció una sorpresa, espero que a ti no te haya incomodado mi pregunta. No soy de hacer amistades muy rápido y cuando lo hago me sorprende todo lo que compone una.- le explicaba mientras abrazaba sus propios brazos mientras los frotaba para aumentar el calor en ellos, sintiendo la mirada del joven en su cuerpo se sintió destruida. Otra vez comenzaba a pensar que aquel licántropo la quería por su físico, el estar toda empapada no ayudaba con todo esto. Quería escuchar música, estar en un lugar cálido, jugar con su PSP hasta que sus ojos se cerraran por no aguantar más el brillo que provocaba el pequeño monitor de la consola, estos eran deseos del pobre ángel asustado por el exterior. No quería complicarle las cosas a Kiba, no sabía que hacer a pesar de obedecer todo lo que él decía. Sintió como su piel era tocada por aquella mano descendiendo del brazo a la musculosa de tirantes blanca y mojada.

-Como digas, te estaré esperando.Ten cuidado alli afuera.- pronuncio en un susurro herido Mei al ver como se retiraba y se esfumaba el licántropo con su poder de tele transportarse, era fascinante esa maniobra. Mei también quería poseer eso pero solo se le era permitido aquello si el humano a la que ella prometía protección la necesitaba. Tampoco se podía abusar de esto, el tele transportarse de lugares a grandes distancia le provocaba jaqueca y nauseas. Ninguno de ellos era consciente de que estaba siendo protegido por alguien, por un ángel muy pocos eran conscientes de esto. Los que presenciaban al ángel era por causas peligrosas o por descuidos del protector. Volviendo a la realidad, acepto el beso de aquel muchacho, no quería hacerlo sentir mal era lo único que podía dar de ella, su compañía.

Exhausta se dispuso a levantarse, al hacerlo sintió un tirón en el esguince y en la cortadura del tobillo provocando que trastabillara con el suelo rocoso y húmedo bajo sus pies. Desplego sus alas de su ser abriéndose todo lo que el dolor le permitía, se dejó caer en la cama de hojas y se cubrió con sus alas para mantener el calor obtenido de aquella pequeña fogata. Pasaron unos minutos, hasta que sintió la presencia de alguien, era Kiba. Se observó como Mei con dolorosa voluntad ocultaba sus alas para dejarle las cicatrices de siempre en forma de V, se levantó solo un poco para prestarle atención  al individuo que tenía enfrente. Se podía ver que estaba mareado por sus primeros pasos hacia ella.

Deposito lo que traía entre sus manos, unas mantas de color rojo degastado junto a la cama en donde ella esperaba paciente, él se acercó a ella sin meditar alguno acariciándole los pómulos fríos de su cara  de porcelana. Se sentía angustiada y exhausta sus ojos tenían unas pequeñas manchas de color morado, sus parpados pesados y cerrándose cuando había oportunidad.


-Cámbiame tu, no tengo problemas en que me mires- Levantando sus brazos tratando de no dormitarse mientras lo miraba fijamente a los ojos, su ojos de color celeste cielo perdían la intensidad a cada minuto, si se acostaba iba a caer en las manos de Morfeo como decían los humanos todos las veces en que uno estaba por dormirse. Ella no tenía sueños, si los tenia eran reveladores eran cosas que sucedían a muy corto plazo o repitiendo escenas no muy gratificantes para su salud mental como la muerte de su madre por manos de un demonio. –Estoy demasiado cansada- pronuncio Mei tratando de ayudarlo con la remera quedando semidesnuda, sus pechos y viento estaban helados por el frio que dejaba la camiseta. Se tocó cada parte del cuerpo que se hallaba helada para frotarle y propiciarle calor.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Mar Dic 31, 2013 3:10 pm

Era real que nunca fue habil para leer los pensamientos de una persona por la forma en que actuaba pero, habia momentos en que eran tan transparentes que podia adivinarlos sin problema. Sabia que Mei debia creer que su interes al decirle sobre su belleza era en referencia a su fisico. No negaba que era una chica con un aspecto deslumbrante pero no era a eso a lo que se referia. Un suave suspiro escapo de sus labios escuchando su voz, necesitaba dormir, debia hacerlo de una forma u otra.

Cuando fue capaz de retirar la musculosa, pudo ver bien a la muchacha. Sus ojos vagaron por su cuerpo, no con lujuria o perversion, buscaba alguna otra herida que hubiese olvidado o que no hubiese sido informado. Viendola bien, tomo las manos de la chica, frotandolas entre las suyas hasta que adquirieron calor. Una de las ventajas de su especie era el calor corporal que llevaban en la sangre, mas calidos que un humano ordinario. Sus manos se movieron sobre el vientre de la joven y sus pechos, calentandolos con el tacto de su piel. Ese calor no seria permanente pero ayudaria un poco.

Su mano fue a la remera blanca, seca y muy caliente que habia usado antes. Teniendo cuidado paso cada uno de los brazos de Mei por ella y la bajo, cubriendola hasta la mitad de sus muslos. La volvio a recostar en el colchon, levantando uno de los cubrecamas, tapandola hasta el cuello. Suspiro pasandose a su lado, observandola con calidez directamente a los ojos. Sentia que debia decirle algo, algo que pusiera su corazon tranquilo.

-Cuando te llame hermosa...-deslizo su mano por su rostro, volviendo a despejarlo de cabello. -No me referia a tu fisico...me referia a tu corazon...a la belleza que puedo ver en tus ojos...en tu sonrisa

Fue cuidadoso, recorriendo su rostro en silencio, arrullandola hasta que se quedo dormida. El no dormia, no demasiado al menos. En esa situacion preferia estar despierto, estar alerta y que ella fuera capaz de descansar.

La noche avanzaba, parecia eterna en realidad. Segun sus calculos estaban cerca de la media noche, aun quedaba mucho tiempo antes que el sol volviera al cielo. Kiba estaba tenso, tenso por no saber que podia pasar en esas horas. La lluvia era una proteccion pero tambien era una trampa, le impedia ver lo que pasaba mas alla de la entrada. Suspiro dejando a Mei a salvo frente al fuego, avivandolo solo un poco para que no disminuyera la temperatura. Camino hasta la entrada, quedandose de pie observando el vacio. Sus ojos, adaptados a la oscuridad vieron lo que pasaba. Habian luces en el fondo, luces electricas.

Los buscaban en el fondo, era seguro que alguien supiera que se escondia por ahi. Instintivamente sus ojos viajaron hasta Mei, la pondria en peligro si los descubrian. Suspiro susurrando un perdon, desapareciendo entre la oscuridad.

Su cuerpo se formo entre los arboles del fondo. Saco un cuchillo de su bota, usandolo para cortar la parte interna de su brazo. Esparciendo su sangre entre los arboles, empezo a correr en caminos irreales, trazando un rastro confuso. Encontro una cueva en el fondo igual, usandola para marcar el rastro mas profundo ademas de aullar dos veces con fuerza al cielo. Sabia que eso seria suficiente para despistarlos.

Espero un rato en la cueva a que la herida cerrase. En ese tiempo podia escuchar como se acercaban los hombres que lo perseguian. Para darles una clara señal que se trataba de el, uso la misma flecha con la que fue atacado, lanzandola usando unicamente su mano, viendo como aun muy lejos para ser visto por ellos, abatio a uno de los perseguidores. Sonriendo satisfecho, desparecio de nuevo, no sin antes dejar un rastro en la vifulcacion interna de la gruta.

Regreso a la cueva, viendo que Mei seguia dormida. Sonrio para sus adentros, sintiendo de nuevo el mareo. Esta vez fue mas fuerte, su vista se volvio negra casi de inmediato, cayendo de bruces al suelo. Necesitaba descansar pero, como un efecto adverso del abuso al que se sometio, perdio la consciencia en el lumbral de la cueva, quedando tendido en el piso rocoso.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Miér Ene 01, 2014 9:15 pm

“Estúpida pesadilla”

Era observada con suma dedicación por parte del licántropo que tenía enfrente, la sangre de su cuerpo se propago en sus pómulos aunque no entendía el porqué de esto si él no la observaba lujurioso como otros hombres a los que tuvo que soportar ver en las calles de la ciudad. Su cabello caí por su cuerpo tapándole los senos, esto la dejaba segura pero aun así el tener a un hombre enfrente en ese estado le era preocupante. Mei analizaba la expresión y mirada del muchacho averiguando que solo buscaba heridas o rasguños en el cuerpo. Si mal no recordaba, no poseía más que en brazos y piernas sin contar las alas que ya estaban en cuidado especial pero aun así él, nuevamente, se preocupaba por su salud física. Sin preguntar alguno sintió las manos del joven en sus propias manos para darle calor, era un gesto noble y considerado. Le sonrió relajándose tratando de pensar que poseía calor por todo el cuerpo, algunas personas decían que el estado del cuerpo también dependía de lo que uno pensaba  pero ella no sabía muy bien si esto era cierto o solo era una broma de mal gusto. Las manos de Kiba pasaron por todo su cuerpo con un calor corporal diferente  de cualquier humano claramente beneficio de la licantropía , presionando cada musculo de su ser, no estaba siendo degenerado solamente considerado, su vientre fue una de las víctimas de aquellas caricias que  solo querían dar calor al igual que sus pechos aunque sin querer a Mei se le escapo un gemido, sus pezones se habían erguido todo por culpa del frio y del agua al sentir las manos le dio una vergüenza incapaz de contenerla.

-Perdón Kiba-kun, no quería gemir-dijo mirando para otro lado de la cueva mientras sus cabellos le acariciaban su cuerpo al mover su cabeza para un costado. Vio como el calor y la presión disminuía de su cuerpo hacia una zona desconocida, abrió los ojos y no perdió de vista a Kiba con sus acciones. La ayudo a ponerse la remera que el usaba, todo lo que paso por el cuerpo del licántropo pasaba por el de ella pensó inusualmente Mei. La camiseta la cubría hasta cierta parte de los muslos, estaba impregnada del olor de aquel chico y, además, estaba caliente. Se relajó aún más al sentirse seca y tibia en ese lugar lleno de frio y lluvia. La recostó en aquella cama improvisada tapándola con una de las dos frazadas que había traído de algún lugar que ella desconocía. Debían hablar y demasiado pero el cansancio que ella tenía encima de sus hombros la fatigaba. De repente, el silencio fue cortado por sus palabras.

-Gracias, no pensé que notarias mis pensamientos, todos me han querido por mi cuerpo en este mundo terrenal. Hay cosas que una no puede cambiar si no hay otras cosas que cambian. – Pronunciaba abruptamente mientras su cabello era acomodado detrás de su oreja.  Cada vez los ojos se le iban cerrando al paso de cada caricia y arrullo que el chico le propiciaba. Sin escapatoria alguna sus ojos cesaron la lucha y todo quedo negro.


Estaba en un bosque, a oscuras solo iluminada por la luz de la luna que se reflejaba en un pequeño lago. Cruzo un par de metros impregnándose del olor a hojas, arbustos y frutas silvestres que se le pegaban en su cuerpo al caminar por aquellos lugares pequeños. Llego a la orilla tranquila y se sentó en ella mojándose sus pies con el agua fría que el lago ofrecía a los animales del alrededor, miraba siempre a sus pies como se movían los dedos de estos en aquella pequeña orilla chapoteando en el agua a unos par de centímetros sin estirarlos del todo hasta que de pronto un rayo cayó enfrente de ella. Sorprendida se paró de inmediato mirando hacia delante con la mano en su pecho para calmar aquellas emociones, todo había vuelto a oscurecerse sin la luz que el rayo mandaba al lugar. De pronto, el lago comenzó a embeberse de la sangre que desparramaba un cuerpo de un animal. No reconocía nada, solamente ese bosque era en el que estaba hace unos momentos al salvar al licántropo, al darse cuenta de esto otro rayo se hizo presente ofreciéndole un paisaje aterrador. El licántropo estaba muriendo enfrente de sus ojos por las flechas de unas sombras que reían provocando eco en aquel lugar, ella grito mientras lagrimas mojaban sus mejillas desatando la ira de un ángel. Mei, invoco a su espada seráfica y alzo sus alas para luchar con aquellos seres desconocidos, sin embargo esto no pudo ocurrir. Otro rayo había caído en la zona esparciendo aún más sombras a su alrededor mientras la atacaban al llegar a la otra orilla en donde el lobo se encontraba. Eso quería, matarlos a los dos. La desesperación, la ira, el dolor se hizo presentes en aquella pesadilla incitando que Mei despertara.


-Noo! – grito Mei al despertar con lágrimas desenfrenadas corriendo por el largo de su cara, sus ojos recorrieron toda la cueva para ver si aún seguía vivo aquel hombre, no lo veía hasta que encontró un cuerpo en el umbral. Grito de nuevo tan fuerte como el anterior, salió corriendo de donde se hallaba para tirarse al lado de Kiba llorando. No podía ser real lo que sus ojos miraban. El cuerpo del licántropo en fase humana en el umbral semi mojado tendido en aquel piso rocoso estaba completamente frio, ella no tenía a cien por cien sus energías  pero aun así al correr saco su fuerza de voluntad. Comenzó a arrastrarlo pero veía como su cuerpo se iba raspando contra aquellas piedras, fue a buscar aquellas mantas sacándose sin querer los vendajes del tobillo provocando aún más dolor del que poseía. Tendió una manta y lo arrastro a ella para poder llevarlo con la frazada. No sabía cómo lo había logrado pero lo hizo, cansada de todo ese ajetreo se dejó caer junto a él tapándolo con una frazada así se calentaba aún más fácil. Seguramente la lluvia provoco que su cuerpo se enfriara, además, no sabía cuánto tiempo estuvo tendido allí.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Miér Ene 01, 2014 9:52 pm

El peso de una herida vieja, el cansancio de un poder extraño pero util, el cansancio de su mente, todo junto fue demasiado para el lobo. No recordaba cuando fue la ultima vez que se desmayo pero si recordaba lo que paso la ultima vez que sometio su cuerpo a tal abuso. Una gran batalla en un peñasco escarpado, un hombre cubierto de heridas que salvo a muchos con una habilidad extraña, el mismo hombre convirtiendose en la fuente de un rio rojo que tiñio los arboles. Tenia constancia que muchos en su familia habian muerto usando ese poder, algo a lo que nunca escucho.

Problema dos, esos momentos eran cuando sus miedos, debilidades y recuerdos se volvian mas intensos. En esa ocasion su primera incursion como mercenario aparecio. Kiba se encontraba en las ruinas de un viejo castillo a las afueras de Londres. Dentro se reuinan una manada de asesinos, humanos y no humanos por igual. El sonido de un cuervo fue su señal, adentrandose en las tinieblas. Usaba pasajes olvidados, ocultandose de los habitantes. Llego a la sala donde debia estar un solo hombre, debia ser sencillo pero fue traicionado. Dos mercenarios dieron aviso al blanco, una emboscada lo recibio al entrar. La primera vez que vio su vida en peligro fue en ese cuarto. Batallo con todo lo que tenia, escapando con un brazo a punto de separarse de su cuerpo y su cuello cortado. Las heridas dejaron rastros rojos por donde aparecia al teletrasportarse. Llego a una cueva y los recuerdos acabaron.

Sentia casi las heridas de nuevo en su cuerpo, reviviendo todo en un plano casi fisico. Sus ojos se abrieron de golpe, dorados y temerosos. Su cuerpo estaba tensado al punto que cada musculo temblaba. Su respiracion era entrecortada pero, a medida que registraba donde se encontraba fue recuperandose. No se habia levantado por que sentia a otra persona junto a el. Mas tranquilo pero no por completo, giro sus ojos reconociendo a su compañera y recordando que habia pasado.

-¿Como me trajiste? -miro con ternua a Mei, acariciando su rostro con las yemas de sus dedos.

No entendia como fue capaz la chica de llevarlo desde la entrada a ese sitio. Podia sentir la calidez del cuerpo de la joven angel contra el suyo.  Le gustaba sentirla cerca suyo, no se sentia en peligro mas bien se sentia protegido, una sensacion a la cual no estaba familiarizado. Se movio un poco, recostando el rostro de la chica sobre su pecho. No queria despertarla, mas bien solo queria observarla dormir, velar su sueño un poco.

-Estas loca...y por eso...empiezo a quererte -palabras sueltas de un hombre que empezaba a conocer una nueva emocion. Tal vez era real que donde existia oscuridad, siempre en algun lugar, vivia la luz.

No tenia idea si la chica recordaria eso que acaba de decir, ni siquiera si estaba despierta pero uno de sus mayores rasgos, era decir lo que pensaba sin tomar nada en consideracion. Suspiro esta vez quedandose quieto junto a ella. Alguna vez habia escuchado que los sueños malos se iban si alguien te cuidaba mientras dormias. No sabia si era verdad pero no podia hacer otra cosa mas que cuidar de Mei, que a pesar de lo lastimada que estaba, seguia protegiendolo.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Sáb Ene 11, 2014 4:22 pm

“Intentando salvarte”

Todo lo que había soñado en ese espacio inexistente había cobrado vida, el dolor intenso en su pecho y en el resto del cuerpo le pesaba desgarrándola por dentro provocando que el vello de su piel se erizara, era agotador cada pensamiento que recorría su débil mente sin importar lo que su vida peligrara Mei solo quería salvar a aquel licántropo que estaba tendido junto a ella herido de pies a cabeza.

Su pesadilla le había advertido que algo ocurría en aquella realidad a la que quería huir con solo ese pequeño descanso, jugándole una mala pasada nuevamente como con su madre. Recordando a su madre un escalofrió en su medula espinal le advirtió que no debía ser derrotista y debía esforzarse para salvar a aquel hombre indefenso. Se encontraba desmayado y no podía hacer más que esperar a que despertara, acostada sobre él lo abrazo para darle el más mínimo calor necesario. Lo sentía tenso, alarmado y asustado solo ella sabía cómo consolar a una persona que no podía más con el terror presente, lo acaricio con sus pequeñas manos pasando por cada poro de la piel de su pecho relajando los músculos. Al despertar él logro tranquilizarse calmando aquellas respiraciones agitadas y a la vez calmando a la pobre Mei que estaba tan asustada como él por haberse ausentado.

Pedazos de la pesadilla iban recorriendo cada rincón de la mente de ella avivando aquellas llamas de desesperación y dolor que habían disminuido notoriamente al ver que había pulso. Kiba siendo atacado, ella sin poder moverse y solo ver como el lago se teñía de rojo carmesí de la sangre pura del licántropo que desangraba junto a este. Mei manchada de sangre ajena que se confundían con sus lágrimas. El terror se reflejaba en los ojos de aquella muchacha que solo quería salir de aquella cueva indeseable, volver a su cuarto y dormir para despertar en la mañana con los cantos de las aves  que advertían la llegada del sol.

Lo dejo hablar ya que su voz había sido destruida en esos nanosegundos en los que la desesperación y desilusión asechaban con acabar con lo poco que había conocido de aquel hombre, daba demasiado Mei hacia los demás. Se lamentaba poder amar tan fácil a alguien que apenas conocía, era un ángel, amaba aquello que Dios había creado. Los humanos como también aquellas criaturas que no eran humanas en completo. Se dejó recostar en el pecho lobuno esperando poder hablar con firmeza sin consternación en el paso de sus palabras. La sorprendió que la llamara loca,
“No debe saber lo que quiere calificar el adjetivo loco, porque yo no soy loca” su conciencia abría paso en su mente regañando aquellas palabras. “Empiezo a quererte” eso la dejo completamente tensa, él le quería y no era un ángel. Sus palabras rondaron por su mente, ¿era capaz alguien mas aparte de aquellos seres o Dios amar o querer tan pronto a alguien que apenas comenzó a conocer? Eso no lo sabía.


-Estoy despierta Kiba…- su voz salió de sus cuerdas vocales dando a entender la situación en la que se encontraban. Sus lágrimas comenzaron a recorrer el rostro nuevamente, las que ya se encontraban secas se envolvieron en las nuevas volviendo a nacer. Su pecho ardía y lloraba junto a ella, nadie debía quitarle la vida a otro, solo Dios era capaz de hacerlo sin juicio a otro ser vivo. Su mano se posiciono en el pecho de el para saber si en verdad estaba bien conjurado para adentro de ella palabras de curación, debía ayudarlo lo más que podía. Nunca se desmayó por haber curado a alguien pero siempre había primera vez para todo por lo que sus ojos se nublaron con pequeñas manchas negras y grises  llamando a la negrura para invadir aquel cuerpo. Saco su mano de él parando de sanar para poder descansar a su lado.

-Yo también te quiero…es un hecho- pronuncio antes de caer al lado de él respirando entrecortadamente dejando paso al dolor de todos los lugares donde ella había sido herida, el frió se apoderaba de cada extremidad infectando todo su ser.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Mar Feb 04, 2014 11:56 pm

*Cuando acorralan a la bestia, su furia emerge*

Todo lo que habia pasado lo llevo a ese momento, todos los eventos que parecian aleatorios, se unieron para que hiciera lo que hizo. Sus manos estaban de nuevo envueltas en sangre, sus ojos reflejaban el deseo de matar aun mas de lo que ya habia echo. Sus oidos captaban gritos lastimeros de agonizantes humanos y pasos de nuevas presas que buscaban matarlo. Nadie queria al hombre, nadie queria al humano, buscaban a la bestia, a la bestia enfrentaron y bajo las garras de la bestia, perecieron. Ya no era una persona que huia por su vida, no era un hombre protegiendo a una persona que lo cuido, era un animal que esperaba a otro incauto que saciara un poco su sed con la sangre de sus venas.

Escuchando el latido de todos los corazones a su alrededor, recordaba como llego a esa situacion. Estaba solo, habia dejado a Mei escondida y aun podia recordar su mirada pero fue lo correcto, en ese momento debia ser la muerte y protegerla hubiera sido imposible.

No podia dormir aunque hubiera querido, tenia demasiadas cosas en su mente. Estrategias para pelear, recuerdos de quienes podrian ser, una confusion acerca de la chica tumbada a su lado. Su estilo de vida no permitia que otra persona se involucrara y a pesar de eso, habia roto esa regla dos veces y ambas acabaron en desgracias. Se habia prometido no volver a cometer un acto tan estupido y fue capaz de mantenerla por siglos. Ahora volvio a envolver en sus problemas a una persona inocente. Todo ello lo privaba del sueño pero eso no detenia su recuperacion. Nuevamente estaba como antes del accidente, con cada sentido a maxima deteccion. Podia no solo escuchar la lluvia, su oido era tan fino que sabia donde caia cada gota de agua. Aromas de plantas, animales y hombres inundaban su nariz, nunca mezclados, siempre era capaz de diferenciarlos. Sus ojos, abiertos ya por varias horas, podian ver perfectamente en las sombras. Sus musculos aunque aun algo frios, estaban en perfecta tension, listos para moverse cuando fuese necesario.

El sonido de una piedra fuera de lugar lo alerto. Era un vehiculo silencioso pero sus ocupantes no lo eran. Las cuerdas azotadas por el viento y los pasos desprendiendo escombros le hacian saber su numero. No eran muchos pero estaba seguro que eran un grupo de busqueda no de choque. Primero lo investigarian, luego soltarian a los lobos para matarlo. Tenia segundos, tal vez un minuto como maximo. No podia mover a Mei, no con lo lastimada y agotada que estaba. Tampoco podian verla, era lo ultimo que hacia falta para que la marcaran. Que vieran su rostro. Penso rapido un metodo de para cubrirla. Una serie de teletransportaciones por toda la cueva, atacando los lugares precisos, le proveyeron con lo necesario. Una cueva en la cueva. Cavando a una velocidad imposible de seguir, encontro una abertura algunos metros tras la pared de la cueva. Era tan o quizas mas amplia que la cueva principal. Movio a Mei dentro junto con el fuego y todas las mantas. Fuera cubrio la entrada con una piedra, dejando un espacio minimo por donde el aire podria pasar.

Al momento que la oscuridad volvio a gobernar en la gruta, aparecieron los perros. Cinco hombres armados pero sin equipo para la oscuridad. Una presa facil. Espero que entraran, agazapado en la esquina mas profunda. Paciente a que llegaran al centro, solto un ataque multiple, matandolos antes de que alguna comunicacion fuera echa. Dejo los cuerpos, marcados con garras y colmillos, tirados en medio de la cueva. Tomo todas las armas y cambio su ropa, dejandola tirada tambien, por uno de los trajes militares que llevaban. Cubrio su rostro con el cuello de la camisa negra, dejando solo sus ojos a la vista. Salio de la cueva cojeando, aparentando ser el unico superviviente, pidiendo refuerzos con una voz similar al unico que hablo cuando bajaron a buscarlo. Esta vez no se oculto, solo espero que el avion se mostrara entre las nubes.

A los pocos minutos un helicoptero se mostro, volando sin problemas en la tormenta. Eso delataba que al menos tenian a un sobre natural con ellos, ayudandolos a no sucumbir contra los elementos. De su espalda, saco el sub fusil que robo de uno de los cuerpos. Con la mira laser, apunto al tanque del helicoptero. Cuando el primer mercenario empezo a bajar, disparo una rafaga de balas, volando en pedazos al helicoptero.

Al caer al suelo, los escucho. Cientos de pasos agitaban la colina sobre la cueva, cientos mas los bosques bajo esta. Habian estado rodeados sin saberlo. Los hombres en tierra habian llamado a refuerzos cuando encontraron la sangre, el los habia atraido al darles una pista segura de que si se trataba de el. Debia alejarlos o matarlos, una opcion lo atraia mas que la otra. Sobre su hombro, goteando sangre de su cuerpo, observo donde estaba Mei escondida. Una despedida silenciosa y desaparecio.


Era momento de olvidar el pasado. Ya habia pasado su tiempo para descansar, mas hombres venian por Kiba. Las ropas militares que robo estaban rotas y las armas hacia rato que se quedaron sin balas. Dos cuchillos acerrados eran sus armas, contra arcos y pistolas. Impaciente esperaba a los soldados, sobre la sangre y carne de sus compañeros. La noche seguia su curso, una noche bañada en sangre y lamentos. La bestia estaba libre, no podian domarla. Una flecha corto su mejillas y de nuevo salto sobre los soldados, empezando de nuevo la masacre sin tregua.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Vie Feb 14, 2014 9:16 pm

En este corto periodo de salvación y perdición, Mei había captado la indirecta que aquel humano lobuno le había dirigido al encerrarla detrás de otra cueva por una roca. Se escuchaban de lejos los disparos, las hélices de un helicóptero y un combate que no terminaba más. La tormenta había apaciguado con el paso del tiempo en aquel lugar pero aun era de noche. El fuego la protegía en el lugar pero se sentía como una cobarde al estar dentro de ese lugar sin ayudar, sabía que con la ayuda de Ness podría derrotarlos junto al licántropo pero no era seguro de que ella cooperara tanto como para volver a su verdadera forma.

Los golpes con la tormenta alrededor provocaba que un escalofrió recorriera su espalda, Kiba era un amigo aunque fuera mayor que ella quería protegerlo por ese sentimiento del deber algo. “Libérame, así podrás ayudar a tu amigo y yo estirar mi hermoso cuerpo” decía una egoísta oscuridad dentro de ella, Mei lo medito. “No sé si quiera liberarte, tu siempre me engañas y terminas quedándote en mi cuerpo” musitaba para sus adentros mirando las llamas del fuego volar en el espacio. “Hagamos un trato, me liberas y luego vuelvo a ocultarme como tanto quieres. Nuestro cuerpo no soportara mas esa batalla cuando se acabe y cuando quedemos inconciente tomaras el cuerpo igualmente. Nos beneficia a las dos” explicaba Ness provocando que un asentimiento de parte de Mei la dejara salir para sus afueras.

Todo se sentía intensificado, los ojos de la rubia cambiaron con una distancia de dos segundos a un color violeta turbio. Ness había tomado control de su cuerpo con una sonrisa perversa, tomo un poco de aquellas telas que estaban allí para formar un vestido simple pero que la cubría lo suficiente para atacar siendo hermosa. El pensamiento de belleza recorrió a Ness haciéndola sonreír aun más. –Hay mi querida Mei, eres tan inocente, pero cumpliré el trato necesito que estés bien para yo vivir dentro de tu cuerpo- musito mientras sonreía a aquella dulzura dentro de ella.

Invoco la espada demoniaca usando un poco de sangre, la ató con unas tiras de tela a su espalda y corrió aquella roca. Era algo sencillo desde el otro lado pero en este momento su cuerpo estaba muy dañado provocando que solamente un poco de aquella roca se corriera permitiendo pasar su delgado cuerpo. Un helicóptero derrumbado, mercenarios tirados por el bosque, sangre, dolor, gritos todo aquello apagado por la tormenta. Rio mientras avanzaba contra ellos, el licántropo se veía desde lejos pero podía ayudarlo desde este punto. Tomo su espada y comenzó a correr por el bosque deleitándose de las heridas  de los humanos que atravesaba su instrumento mortal. Mei desde adentro esperaba que no hubiera nadie que la delatara, su madre no la cubriría de Ness, eran simples humanos, un pecado que provocaría la expulsión del paraíso aunque se dio cuenta que Ness solamente se defendía. Algo que la sorprendió pero dejo que aquella otra YO tomara el poder de ella.

-Con que aquí estas lobito, una masacre sin sentimientos- afirmo Ness mirándolo a los ojos turbios, era una fiera con la que le hablaba pero ella también podía hacerlo si se lo proponía- Soy Ness, o así me llama la tonta de Mei, esencia oscura se podría decir- musitaba el pequeño discurso mientras sonreía. – Te debo de aclarar también, que no la volverás a ver a esta muchacha. No, fuera del instituto- aclaro mientras hería en la pierna a alguien que saltaba contra ellos.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Dom Mar 09, 2014 12:01 am

Cuando iba a entender que la muerte era la compañia perfecta para el. Ahora estaba de pie en medio de cuerpos, unos muertos otros agonizantes. La sangre ajena despertaba su lado animal, el aroma agitaba su cuerpo y el sabor encendia su piel. Poco a poco su mente fue tomada por el lobo blanco que vivia en su interior. Sus ojos dejaron de ser azules por completo, volviendose dorados. Sus manos se volvieron garras, afiladas y mortales. Sus dientes se afilaron un poco pero lo mas salvaje fueron los caninos, que cortaron su labio inferior al crecer. Hasta ese momento, aunque habia matado a muchos, no lo habia echo de forma en que sufrieran. Acaba con todos rapidamente pero, cuando su espiritu animal afloro, la bestia termino por hacerse presente en el valle.

En ese momento dejo de usar armas. Los cuchillos no le servian, nada era tan mortal como sus propias manos. Un hombre trato de cortar su cabeza. Sus garras fueron veloces. Antes que el hombre cayera, su corazon, aun palpitante, descansaba en la mano de Kiba. Mordio esa pieza y luego la lanzo sobre el cuerpo muerto. Habia olvidado la ultima vez que desperto por completo. Habia dormido tanto tiempo que sus musculos estaban adormecidos.

Iba a continuar, cuando volvio esa chica. Mei estaba alli pero lo que escucho, fue desconcertante. Otra personalidad. No le sorprendia pero aun asi, fue interesante descubrir eso. Escucho sus palabras y detuvo la matanza, robando unas granadas de un cuerpo, lanzandolas al bosque, creando una fisura bastante profunda en la tierra.

-Tampoco pensaba hacerlo. Esta noche estoy libre, luego de cientos de años. No dejare que me supriman de nuevo -limpio un poco de sangre de su mano, con su lengua.

Se quito la ropa pesada por la sangre. En medio de la emocion, no fue capaz de notar, que ahora su cuerpo imitaba a un colador de cocina. Al menos ocho o nueve disparos en toda la zona superior de su cuerpo. Dos puñaladas en su abdomen y un corte ligeramente profundo en su cuello. Todos sanaban lento pero lo hacian aunque, la perdida de sangre lo hizo sentarse en el suelo, agitado.

-Supongo que deberias irte, no? Este sitio es peligroso y he matado a suficientes para evitar que se acerquen aqui de nuevo.

Su voz ni sus ojos dorados cambiaron aunque un leve rastro de agitacion, seguido de sangre brotando de sus labios, acompañaron a sus palabras. Necesitaria algo de tiempo sin moverse o tomar riesgo a un desangrado antes de volver a su hogar.
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Tema Privado Re: Perdidos en la tormenta

Mensaje por Invitado el Vie Mar 14, 2014 10:41 am

Todo había quedado en el pasado, la situación de la cueva en donde los momentos eran húmedos y cálidos junto a ese hombre habían quedado enterrados debajo de la alfombra. El solo quería asesinar a esa gente, Mei no debería criticar esto ya que el hombre lo realizaba para que su propio cuello no fuera herido aunque habían métodos para tranquilizar la situación. Sin preámbulos Mei permitió la salida de su oscuridad, las energías renovadas vigorizaban al cuerpo provocando leves temblores, el cambio también producía efectos colaterales como con sus pupilas. Se sorprendió que Ness estuviera dispuesto a ayudar al licántropo que daba su vida en la batalla, claro que la oscuridad quería descansar en un buen lugar sin ser incomodada porque su cuerpo que era dominado por otra quedara con consecuencias por aquello por lo que comprendiendo el momento se permitió eso.
Ness simplemente dejaba inconsciente a las personas que se dignaban a agredirla, a ella le beneficiaba tener alas aunque nunca las haya dejado salir de aquel cuerpo. Era un trato que había hecho con la muñeca de orbes celestes para no tener que ser sellada sin permiso alguno, esto le provocó un leve escalofrió recorrer su espina dorsal. Cuando llego con Kiba, todo se dio vuelta.

Ness estaba sumamente enojada, una vez que la rubia le permitía utilizar aquel cuerpo para ayudar cosa ilógica, aunque el estirar sus músculos  y sentirse le hacía bien por lo que acepto, él simplemente le decía aquellas palabras hirientes para su orgullo. La sangre estaba en sus prendas, no había matado a nadie solo la pérdida de conocimiento era presentada en aquellos hombres pero no sabía esto el licántropo y claramente, no se lo diría. Esa noche estaba siendo caótica para ambas personalidades, Mei por una parte estaba consciente de que de esa no saldrían sin la ayuda de Ness por las pocas fuerzas de la otra esencia mientras que Ness no quería en este momento hacer algo al respecto. Kiba se había transformado su carácter por lo que le molesto a la rubia provocándole ira y así si pegarle un buen zape.

Esa noche conoció a la vez las facetas del joven licántropo, podía ser en algunas circunstancias dulces y protector mientras que en otros momentos se comportaba como una bestia teniendo solo en la expresión de su mirada las ganas de seguir despedazando gente. Tal vez su fuerza animal renacía con aquellos actos asesinos por lo que no quería arriesgar su cuerpo, menos cuando era libre de hacer lo que quisiese hasta que la muchacha de orbes azules se despertara. –Como tú digas lobo, no veras nunca a Mei a no ser que sea en el Instituto. Ella es una chica frágil y la trataste como un gran caballero- escupía las palabras con desprecio defendiendo a la otra esencia, esto era algo ilógico pero si la otra estaba con él, Ness debería enfrentarse a estas consecuencias. La usarían, esta idea la espantaba. Ella de cierto modo era libre por lo que no se atrevería a que por un hombre que unos ninjas lo persiguen debería  preocuparse.- Ella te quiere pero yo misma me encargare de que fuera de los límites no la veas. Y no es nada para mi peligroso, lo hago porque este cuerpo es débil.- escupió por última vez estas palabras y comenzó a marcharse colina arriba. Tenía asegurado que Mei a la mañana siguiente estaría enferma por toda la lluvia y frio que tuvo que pasar. –Y no pienses que te ayudare a curarte, debes crecer crío.- dijo riéndose mientras dejaba inconsciente a algunos que se cruzaban en su camino. Comenzó a correr por las carreteras. Mejor alejarse cuando una ya comenzaba a sentir los golpes y heridas que había recibido en toda su aventura.

●●●●●●

La fiebre seguía alta, Mei cuando regreso tomó una ducha y fue directamente a dormir. Todo gracias a Ness, que ya estaba sintiéndose agotada. Lo que resto del día la sufrió, la fiebre seguía alta y no había comido nada. Su celular no se encontraba por ningún lado. Resignada se la paso todas las horas durmiendo, Saeko venia cada tanto a darle de comer al darse cuenta que su amiga había regresado de donde sabe quién y estaba enferma. La aventura que había tenido con ese profesor debería mantenerse en secreto, además, no quería tener los mismos enemigos que él.

off rol:
Hola!, Bueno Kiba no se como quieres terminarlo. Este es mi post, si tu quieres terminarlo responde sino pues mandalo a cerrar (?) Gracias por rolear, me he divertido demasiado.
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