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Hakuouki Shinsengumi Kitan Fanfics

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Hakuouki Shinsengumi Kitan Fanfics

Mensaje por Invitado el Jue Oct 31, 2013 8:55 pm

Si, a vos, a vos que te moris por ellos, que te emocionas cuando escuchas el opening y que intentaste de cualqier forma bajarte el otome para jugar al bendito juego y amarlos más aun(?) te vengo a dejar estos dos fanfic que escribi hace un par de años. No soy muy fanatica de los fanfics, pero no pude evitarlo♥  Inicialmente iba a ser una serie de capitulos cortos que mostraran un par de parejas formadas en el cuartel y como su amor no correspondido era incapaz de prosperar. Espero que les guste, quizas, algun día, retome la saga (por darle un nombre) y las termine.

besitos~


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Pareja: Hijikata Toshizo x Harda Sanosuke (Shonen-ai)


Cap.1
El cuartel se encontraba desierto. L luz de la luna bañaba el negro cabello que caía hasta su cintura.
Hacia calor y tenia su hakama desatado, dejando que el resplandor nocturno cayera sobre la piel de su pecho, haciéndola brillar de una manera extraña, atrayente. Aquel hombre despedía un magnetismo, una sensualidad casi femenina.
Sus ojos con pestañas negras y delgadas se entrecerraron un poco mas cuando tensó sus labios en una sonrisa suave, juguetona, dejando que la calida brisa primaveral recorriera su espalda semi descubierta, revolviera sus cabellos. Dejo que ese viento dulce, con olor a cerezos, lo envolviera, lo renovara. Era una expresión cargada de erotismo, como si recibiera aquel viento con infinito placer.
Desde la sombras Harada se debatía consigo mismo para irse, para dejar ese lugar y volver a su dormitorio, pero no podía.
No podía porque su cuerpo no respondía cuando se encontraba con él. No podía, aunque quisiese, dejar de admirar a ese hombre bañado por la luz de la luna.
Observó sus hombros, fuerte y claros a esa azulada luz y notó sus manos esbeltas  de dedos largos y blancos. Su figura parecía una katana. Fina y delgada, poseía un brillo y un filo hermosos, más allá de todo lo terrenal, que era letal hasta su máximo punto.
Harada contenía el aliento, no quería que su vicecapitán  notara que él estaba allí, observándolo desde la oscuridad.
Vio como Hijikata Toshiro desenvainaba su espada y comenzaba a moverla armónicamente, haciéndola destellar con un brillo blanquecino. Cada movimiento lo terminaba de una manera un poco brusca, haciendo que sus finos cabellos se balancearan hacia su rostro, enmarcando esa mirada fría e intensa.
Sanosuke sintió un estremecimiento ante esa extraña forma de virilidad. Veía a Hijikata como una armadura; fuerte e impersonal, pero una vez que la conocías y la calzabas, te envolvía con un velo de protección y calidez,  como una flor de loto florecida en medio de un estanque. Él tenía esa dualidad, esa femineidad en su mirada y sus formas, y poseía la fuerza y la consistencia necesaria para dirigir el shinsengumi.
Sintió que su corazón se aceleraba. El fuego de su interior había comenzado a arder, haciendo que sus piernas se sintieran entumecidas. Podía darse cuenta de que su corazón desbocado solo pedía una cosa, y sintió ganas de correr, de asir con fuerza a Hijikata, un remolino de sensaciones junto con el torrente de adrenalina que se había desatado en sus venas.
El aura que estaba despidiendo Toshiro se corto de repente. Lo que parecía estar flotando con el aire cálido estaba ahora alerta, con la espada en alza
-¿Quién anda ahí? Harada apretó los dientes al oír el tono de su voz ¿que debía hacer? Su estupidez lo había delatado. Ahora, irónicamente, se encontraba entre la espada y la pared.
No sabía como reaccionar. El nudo en la boca del estómago le impedía pensar.
-¿Quién anda ahí?- repitió esa voz tan segura de si misma- porque no me contendré si eres alguien quien quiere atacar al shinse…
-¡Yo! ¡Capitán! ¿Acaso quiere matar a sus propios compañeros?- Harada salio del rincón rascándose la nunca- creo que esto de  ser el vicecapitan lo está poniendo de los nervios
-Eres tú…- Hijikata bajó la espada lanzando un resoplido de resignación- podría haberte matado, Sano.
Sintió que si corazón daba un vuelco…Sano. No era la primera vez que lo llamaba así ¿por qué en esa ocasión resultaba especial? ¿Qué tenía de diferente?
-¡Ton~~to! – Le golpeó la espalda- Necesita un descanso y una buena mujer…
Sonrió ¿que es lo que intentaba hacer? ¿Acaso demostrándole a Hijikata lo contrario el iba a adivinar sus sentimientos?
Toshiro rió- lo haría, pero esos perros del Choshu no se tomarán vacaciones
-Capitán, tiene un pétalo de sakura en el cabello…- que mal le salía su farsa.
Trató de no mirarle a los ojos.
-Oh, tienes razón- tomó el pétalo y lo sopló suavemente. En esa expresión, sus labios parecían una flor. Sanosuke notó como su sangre bajaba rápidamente y se dio vuelta para ocultarlo – en fin capitán, vaya a descansar, ya es tarde…
- Buenas noches, Sano.
Cerró los ojos para recibir su nombre, como una caricia. No entendía que es lo que le estaba pasando, el era un hombre.
¿Cuándo fue que se enamoró de su capitán?

Cap.2
-Que manera tan estúpida, estúpida de comenzar el día- se repitió por décima vez mientras veía el árbol ser iluminado por el sol matutino.
Harada se encontraba en el mismo lugar donde un par de noches atrás había encontrado… ¿encontrado? “Mas bien, lo he espiado”, pensó resignado, a su capitán.
 No llegaba a entender que es lo  que esperaba allí sentado ¿que el apareciera de repente? Se levantó, cansado de sentir lástima de si mismo. Su rostro estaba surcado por un gesto melancólico.
Por el cuartel desierto corría  la misma brisa cálida que aquella noche. Lanzó un gruñido de irritación, parecía que todo quería hacerle recordar a su situación, como si no fuera capaz de entenderla por si mismo.
Aunque sabía cuan errados estaban, no podía contrarrestar aquellos sentimientos que se revolvían en su interior, atormentándolo  a cada momento del día.
Todo había comenzado como admiración hacia aquella espada que en la batalla se movía con la gracia y la potencia de un dragón, empuñada por ese hombre que llevaba sus ideales como bandera, dispuesto a dar la vida por ellos. Cada paso que daba Hijikata Toshizo lo hacia con valor y determinación, y eso a Harada, le constaba.
El vertiginoso amor le llego como una mentira que al ser descubierta deja un vacío de desconcierto y confusión, con el mismo miedo que se le tiene a lo desconocido.
Y aunque intento encerrarlo dentro suyo, diciéndose que eran estupideces y cosas sin importancia, lo cierto es que Sanosuke buscaba a Toshizo. Lo buscaba como un capullo al sol para abrirse en todo su esplendor, como se buscan los labios de dos amantes.
Sacudió la cabeza apara alejar esos pensamientos y trató de concentrarse en otra cosa para evitar esa imagen mental.
Comenzó  a recitar todas las provincias de Japón, enumerar los movimientos con la espada, acordarse de los nombres de todos los soldados de su división. Incluso una vez había intentado contar las piedras de un rió con tal de mantenerlo alejado de su mente.
Pero nunca lo lograba. Toshizo derribaba sus barreras, infiltrándose como una corriente fría y a la vez agradable.
El momento de debilidad pudo más y esa imagen de labios ansiosos se reprodujo en su mente.
-¡MALDITA SEA!- le propinó un fuerte puñetazo a una pared, pero enseguida lo lamentó: un profundo dolor en los nudillos había aparecido- estoy empezando a pensar como una mujer…- dijo frotándose la mano.
A veces no podía evitar reírse de si mismo, tratando de encontrar momentos casuales, conversaciones, en un lugar a solas con su capitán… ¿Qué haría? Sabia bien que no era lo suficientemente valiente para confesarlo, y aunque  lo pensaba a menudo, sus chances de que Hijikata correspondiera a sus sentimientos eran las mismas que las que el se convirtiera en shogun.
-Eh, Harada-san…
-¡y ni siquiera lo pienses, idiota!- explotó Sanosuke- eh?- miró a su alrededor, había otras persona con él...
-No se que no quieres que piense, pero ¿me podrías decir por que golpeaste mi pared de esa manera?- Un rostro cansado e interrogante lo miraba desde abajo, Heisuke Toudou permanecía con los brazos cruzados enfrente de él, como reclamando una disculpa.
-Ah, Heisuke, eres tu...
- ¿Y quien piensas que soy? ¿El vicecapitan?- Harada sintió como su estómago daba una pequeña sacudida “¿Tenias que decir justo eso, mocoso?”
-De todas formas- el niño se desperezó- ya debe ser la hora de desayunar, ¿vienes?- lo invitó con un gesto de la cabeza.
-¿acaso comer es en lo único que piensas? Claro que voy, ¡si no me quedaré sin comida por tu culpa!- exclamo Sanosuke con el fin de molestarlo
-Pe, pero si tu siempre me quitas la mía, bastardo! Tú y ese otro estúpido de Shinpatsu, como si ustedes no necesitaran más de lo que ya tienen…
-Eh?-Harada se frenó al instante, mirándose el hakama extrañado- dices que estoy…gordo?-
-No- dijo Heisuke como quien no quiere la cosa- solo digo que estas echo un cerdo!- y salió corriendo.

Ahí murió el FF xD

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Pareja : Okita Souji x Hajime Saito (Shonen-Ai)

Cap.3
El calor abrasaba. Un falso verano en la mitad de la primavera desfiguraba el paisaje en ondas borrosas y bailantes. En el estanque, bajo un árbol, un hombre ataba su cabello de tonalidades violetas con suma paciencia.
La hierba reseca crujía bajo sus pies mientras se acercaba con sigilo. Tan concentrado parecía estar Saito Hajime en lo que estaba haciendo, que no notó cuando otro hombre tomó la cinta blanca a su lado. Sonriendo, Okita Souji se la llevó a los labios, esperando que su presencia sea advertida.
De pronto, Hajime levantó la mirada y sus ojos se encontraron con los suyos, por fin se había dado cuenta de que estaba allí ¿había sido justo en ese momento que notó que alguien lo observaba o solo fingía?
-eh, Saito-san, ¿qué piensas de lo que dijo el vice capitán?
Carraspeó antes de hablar de una forma lenta y educada- Si el capitán piensa que es lo correcto, lo lógico sería seguirle.
-tsk- interrumpió molesto- solo estaba pidiendo tu opinión… ese tipo
-Sin embargo, no soy capaz de depositar toda mi confianza en él. A pesar de que el hecho de que el Shinsengumi necesite fuerza es innegable- incorporándose- ¿me la devuelve? – extendió su palma con una expresión tranquila.
Esa forma tan objetiva de ver las cosas, el modo en que l interrumpía era tan...
-No, te he dicho que no es necesario que utilices formalidades conmigo- replico con fingida irritación, clavando sus ojos en los de su compañero, con una mirada lasciva.
Hajime, abochornado, desvió su mirada hacia la hierba amarilla quemada por el sol- pero aún así, yo…- Se levantó de un salto, empujándolo violentamente contra el árbol donde antes estaba descansado, sosteniéndolo fuertemente de sus muñecas en alto y ocultos por la sombra de cualquier mirada curiosa. Le excitaba la resistencia que oponía su presa.
Sus rostros estaban muy juntos-¿aun crees que debemos mantener formalidades?- su sarcasmo arremetió contra el cuerpo que apresaba, haciéndolo estremecer. Aflojó las manos y dejo caer los brazos que sujetaba. Tomando distancia, le extendió la cinta blanca – toma, aunque me gustas más cuando tienes el pelo a medio atar-
Se dio vuelta mientras cargaba con la confusión y la desorientación que había provocado en aquel joven. Miró hacia el cielo fulgurante; el calor golpeaba su rostro como caballos en la batalla. Una fina gota de sudor corrió por su rostro, y de pronto una imagen de cabellos violetas pegados a un cuerpo sudoroso, una respiración caliente y agitada penetró en su mente sin previo aviso. Su estómago se contrajo, sus músculos se tensaron y esbozo una sonrisa mientras dejaba que esa fantasía despertara todos sus sentidos. Que era lo que tenia Saito Hajime que lo volvía completamente loco, no lo sabía. Quizá era esa extraña forma de mirar, como si estuviera analizando todo en busca de algo, o esa frialdad suya que solo dejaba ver una parte de su persona. Para él, Hajime era como un desafío, un territorio inexplorado que lo incitaba a recorrer cada uno de sus secretos y rincones. Se paró en seco ¿por qué iba a ir en contra de sus deseos? Le echó una ojeada a su…amigo? Y antes de que se diera cuenta, lo empujo de nuevo atrás del árbol. Como un felino que quiere jugar con lo que pronto va a devorarse, lo encerró en sus brazos aferrando de nuevo sus muñecas.
-¿¡qué haces?!- inquieto, su cautivo exhibía una mirada de... ¿de que? ¿Qué era lo que esa mirada significaba? ¿Miedo, asco, aceptación? Sin importar cuánto tratase de descifrarlo nunca lograba llegar al mensaje que ella ocultaba. Apretó mas fuerte las manos mientras sus labios se encontraban milimétricamente separados. Odiaba eso de él, odiaba su inexpresividad, el no saber qué cosas pasaban por su mente. Porque, si a esa persona le gustaba tanto, si Hajime tanto le permitía ser el objeto de sus pasiones ¿por qué, simplemente, no decía nada al respecto? Fijo sus ojos en la expresión que tenía enfrente, nada denotaba; la mirada hacia abajo, no había signos de enojo, rabia…o placer.
Okita sintió que esa expresión lo enfriaba como una ráfaga de aire helado. Aflojo sus manos, y los brazos de su presa cayeron lentamente, pero no se movieron con intención de tocarlo. Tan cerca tenían sus labios, y tan desesperada era la necesidad de sentir su contacto…
Se alejó a paso rápido, Hajime le había ganado…otra vez.
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