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Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

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Tema Privado Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Vie Jul 27, 2012 8:47 pm

Era un tanto más difícil maniobrar a medida que se acercaba a la costa, pero el viento no se la iba a ganar.
Planeó, para reservar energías y no luchar contra un enemigo tan enorme como un huracán, al contrario, manipulando la fuerza de este a su favor, de este modo se dirigió a la playa, sobrevolando las caricias que daba el mar a las arenas de la orilla con esa suave espuma como única evidencia, donde hasta las pisadas de los ilusos humanos eran borradas. Cuidó de encaminar la ruta bien por sobre la marea dando un leve rodeo, regalando esa imagen del reflejo de la luna de los demonios exaltada por las ondas del manto acuoso y deformada, pero jamás afectada realmente. Y las estrellas se multiplicaban con los brillos que destellaban en las cumbres de las olas, iluminándose entre si, cabalgando las crestas y dibujando en conjunto un baile sin fin de hadas blancas en ceremonia a su astro nocturno fértil y sobrecogedor.

Finalmente y dando siempre la espalda a la brisa que pudiera actuar humedeciendo piel y ropas de su invitada, aterrizó en la saliente de una entrada en la pared del risco donde se erguía un faro abandonado, posando silenciosa y lentamente los pies sobre la arenosa superficie de roca y dejando a su acompañante delicadamente a su frente, liberándola.

El viento le revolvía el cabello y hacía que mantuviera los ojos entornados como protección a la resequedad que pudiera ocasionar en el par ahora rojo fulgurante de sus pupilas. Al caminar para entrar un poco más no sin antes esperar que ella lo hiciera primero, sus huellas fueron rápidamente borradas.
Replegó las alas que le hacían sentir jalado por la ventisca, porque su composición entera no tenía nada de fuerza a demostrar, siendo principalmente delgada y de poca musculatura, aunque no ausente.

- Bienvenida a mi humilde escondite. Espero que no te espanten los alacranes... - sonrió con esto último, por supuesto, era una broma.

Ahora su voz resultaba más suave que de forma humana, profunda aún, pero deslizante como una cálida lamida, efecto de sus dotes y por la que cualquier hembra común caería rendida... y no temía demostrarlo, porque Alice no era común.

Sus pasos se guiaron hasta un poco más adentro ahora, donde la oscuridad se tragaba la poca luz que regalaba la luna.
Aquí pasaba esos ratos en que quería dormir tranquilo, cuando quería leer en paz o cuando sólo quería desaparecer. Más adentro se dibujaba una entrada abierta en la entraña de la roca, de superficie tallada y bien dibujada, obra de alguna herramienta perforadora muy sofisticada y no natural, las garras. Atravesando el umbral y una vez que el incubo desapareciera hacia el interior, se hizo la tenue luz de una llama oscilante, sólo entonces reapareció y con una leve reverencia e indicación de su diestra invitó a la dama a pasar.

Otra abertura en la roca tallada a garrazos y de lisa superficie, aunque esta vez se veían varios relieves razgados que dibujaban símbolos del averno, sólo símbolos de esos con los que solía encontrarse cualquier demonio que llevara su caminar por los paisajes del inframundo, como un trocito de infierno en la tierra. La llama de una lámpara en una esquina le daba a las paredes la sombría naturaleza de las almas en pena vacilantes de tumbo en tumbo allá abajo, un detalle más a la tétrica magnificencia intraterrena. En medio se extendía un manto carmín oscuro, varios almohadones opacos y discretos a su alrededor dispersos en ordenado caos, una pila de libros de cubiertas encueradas en tonos lúgubres, un cuaderno de dibujo cerrado, una cajita de madera tallada en tono caoba con varios carbones y un paño.


Última edición por Alanriace Blutkreislauf el Mar Nov 13, 2012 8:37 pm, editado 2 veces
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Jue Ago 16, 2012 3:33 pm

No encontraba nada malo en obedecer aquellas palabras que me silenciaron, al contrario, agradecida estuve de haberlo hecho. Un largo tiempo pasó desde la última vez que desplegué ambas alas y disfrutaba de un delicioso viaje nocturno en agradable compañía, qué recuerdos. Y era hora de crear nuevos, sólo no quería que se manchara el álbum más de lo que ya estaba.

No hubiera imaginado ir a la costa, el aroma del mar era penetrante y particularmente exquisito, la tranquilidad expresada por el sonido acompasado de las olas y el viento al golpear delicadamente todo lo que estuviera a su paso daba al ambiente una atmósfera relajante y, a la vez, provocador. Me limité a sentir en brazos del íncubo por lo que se me había hecho un corto viaje. Olvidé por completo aquel malestar que el orgullo punzaba, forcé para alejarlo de mí y Haz ayudó. Podía percibir sus pensamientos, sus emociones y, extrañamente, estaba relajada, tanto o más que yo. Se dio cuenta con facilidad.

¿Me había traído a su propio escondite? Primero se dejaba ver en su forma demoníaca, luego su refugio… Al final, no sólo me extendió su mano, sino su brazo y hombro para recorrer y explorar, considerado de su parte y a buen momento. ¿Habrá sentido la falta de interés que repentinamente había generado en mí? Oportuno era su segundo nombre, seguramente.

-Los alacranes han de ser menos peligrosos que un íncubo en su morada.- sonreí de lado con sagacidad al bromearlo. Escrudiñé los alrededores e ingresé al escondite con tranquilidad, no tenía por qué alarmarme ni preocuparme dadas las acciones de Alan quien se mostraba pacíficamente cómodo con la presencia de uno de sus pares en un lugar tan privado como su lugar de descanso.

Magnífico y admirable. ¿Para qué ocultarlo? Los ojos brillaron, una sonrisa más amplia asomó en el rostro al momento en que acariciaba con la yema de los dedos los símbolos con origen infernal dibujados con dedicación sobre las paredes. Me sentía de regreso, cómoda como pocas veces había sucedido en el mundo humano. Sinceramente, en ese momento estaba absorta contemplando y rememorando viejos tiempos, todo alrededor se había apagado y ni la presencia de Alan percibía. Imágenes aparecían una tras otra cuales relámpagos en una noche de tormenta, deleitando la vista y alertando el futuro rugido del choque doloroso de lo intangible.

Si quería cautivarme y sorprenderme con el lugar de destino, lo había conseguido por completo.

*Regresa. Creo que será mejor que te deje sola…*

Sin expresar en el rostro el intento de retorno del ensimismamiento, giré para observar el interior. Era un romántico… y solitario ser.

-Lees… Pintas…- comencé al tiempo en que posaba la vista y me acercaba a aquellos objetos sin detenerme a tocarlos, continué hacia el centro -Descansas.- una risita acompañó. -Dicen que los inmortales añejos nos perfeccionamos siempre en una actividad artística en particular y nos avocamos a ello con firmeza y pasión, estando entre los mejores y aún así, persiguiendo la excelencia. ¿Ha sido la pintura la que cautivó tu atención? ¿Compartirías conmigo tus creaciones?- terminé estando a un escaso paso del joven íncubo quien ahora relucía en encantadora presencia demoníaca, teniendo que mirarlo con la cabeza inclinada hacia atrás por la altura -¿Harías una nueva pintura para mí, Alan?-
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Lun Ago 27, 2012 4:39 pm

Su forma demoníaca no era fácil de sacarse de encima, no se trataba de un disfraz y por lo tanto, entrar en ese estado significaba varias horas más de esa influencia sin poder quitársela. Así, recogiendo las alas bien pegadas a la espalda siguió el ritmo de sus palabras con diligencia, mirada fija en la ajena, fulgurante y demostrando esa pasión que aflora de un incubo sin necesidad de buscarla en templanza con el control que exhibía su cuerpo y párpados, que semi cubrían las pupilas.

Leía, pintaba y esculpía a garrazos en la roca cuando se le daba en gana. También asesinaba, extorsionaba, manipulaba y una amplia gama oscura de habilidades que no podrían representarse de ninguna manera en una habitación sin que parezca cuarto de torturas.
Se consideraba superior a cualquier cosa viva que pisara el planeta tierra, porque tal era su orgullo. Sin embargo, flectó la rodilla y dosminuyó su altura en frente de Alice, de quien no se consideraba ni a la misma medida. Además, así le evitaba la molestia de mirar hacia arriba.

- La pintura... o la oportunidad de plasmar verdaderas bellezas a través de ella y por lo tanto, por supuesto que haré una pintura para ti. pero antes, necesito inspiración -

Si este incubo era encantador de vista en su forma humana, como demonio simplemente se volvía irresistible. Ahora mismo torció la sonrisa sin dejar de mirarle mientras los nervios de sus alas provocaban ligeros movimientos leves y suaves, con la lentitud necesaria para no romper el hipnotismo del lugar.

- Quiero pintarte, quiero recorrer tus texturas, quiero delinear tus límites, quiero plasmar tus aptitudes en el lienzo tan fielmente como me sea posible - hizo una pausa leve - Pero para eso, primero tengo que conocerte... -

Esperó respuesta manteniendo la posición y la intención, sus ojos indicaban sus deseos y que no la dejaría ir, dejando poco espacio para un "no".
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Mar Ago 28, 2012 4:54 am

¿Cómo considerar la expresión física? Si había algo que se aprendía desde niños era a leer el lenguaje corporal pero, como siempre suele existir uno, los demonios sabían manejarlos a su preferencia y conveniencia para crear hábiles redes, perfectas escenografías y deliciosos momentos para compartir, aprovechar o simplemente, jugar.

Alan se estaba ganando mi atención, el visto bueno, la confianza pasajera típica de amantes fugaces, el deseo, entre otras pequeñas atracciones. Consideremos que lo primero ya se lo había ganado desde la primera conversación casual que tuvimos, quizás lo último también, pero para conseguir un visto bueno… era hábil. Tenía la elocuencia de un íncubo experimentado y perspicaz, tenía el talante de un galán y conquistador, la inteligencia de los remotamente lunáticos y descabellados creadores. ¿Iba a dejar pasar una oportunidad así? No, las súcubos somos aprovechadoras.

-Un artista detallista. Me agrada…- comencé diciendo al acercarme unos centímetros más a él con una media sonrisa, a quien ahora no necesitaba ver hacia arriba -…y dedicado, por supuesto.- lo tomé por el mentón con la diestra mientras que con la otra recorría con suavidad el tatuaje de su mejilla. Sí, era una súcubo cálida a la que le gustaba el trato cariñoso por detrás del biombo, pero que así también podía llegar a lastimar por puro placer y entretenimiento luego, cuando ambas situaciones se combinaban, generaban una atmósfera exquisita y excitante.

Acerqué mis labios a su oído para dejar salir mi voz aterciopelada -Podrás conocer mis texturas y mis límites, descubrir mis aptitudes y desenvoltura, siempre y cuando sepas cómo hacerlo.- la puerta estaba sin llave pero el picaporte era complejo de usar, la mejor manera de conseguir manipularlo era… estaba por verse. El demonio era ingenioso y sabría qué movimientos hacer.

Hacía tiempo que no encontraba una mirada así… pensé diciéndole a mi hermana con un deje de melancolía solamente interno.

*Quizás te ayude.* y reinó el silencio.



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Off: Supongo que serán mejor posts cortos, lindura~
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Jue Ago 30, 2012 4:30 pm

Cual finas y afiladas cuchillas ardientes clavó las pupilas en las ajenas con profundidad, escarbando entre las respuestas que ella profesaba y que le daban cada vez más señales de que no era un si directo, pero si bien disimulado. A cada palabra suya sonrió un poco, luego algo más, finalmente hasta exponer la finura de un par de colmillos vampíricos poco propios de los incubos, pero totalmente normales en los Blutkreislauf.

- Muy... muy detallista. Y ante un sin fin de causas tan bien ocultas, de ínfimos rincones misteriosos esperando por ser redescubiertos, de sutiles fuentes de angustias disimuladas esperando por ser bebidas y reemplazadas por algo mejor, por cristalinas y suaves gotas de veneno de ardiente fulgor... cualquier exceso de percepción se queda corto en aras de detallarte -

Mientras hablaba con palabras tintadas de un esfuerzo encantador, su cuerpo se movió sigilosamente como un gato al acecho contra el de ella, despacio y con la paciencia del cazador oculto tras la hierba a la espera de su oportunidad, preparando el camino en función no sólo de sus propios intereses como estaba acostumbrado a hacer, sino también del ajeno. Y eso era lo que más le seducía, esa era la importancia de Alice en ese corto momento, ella representaba esa figura idealizada que le permitiera sentirse protagonista de una historia donde reinara el desafío y en la que el premio fuera el placer... de ambos.

- Al menos, déjame intentarlo. Déjame forzar la osadía hasta llegar aún si es sólo a tus límites, aún si es sólo a tus fronteras... - murmuró.

Para entonces ya casi se encontraba sobre el cuerpo de ella que de seguir así, terminaría por caer sobre el lecho en perfecta concordancia con el plan que empezaba a desdibujarse en su retorcido cerebro. Sólo los primeros trazos de las líneas de una imagen que incluso ahora se le antojaba tan deliciosa, tan exquisita como ninguna hacía muchos años... no, como ninguna jamás en su vida.

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Como desee la diosa
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Vie Ago 31, 2012 3:18 am

Y no le había errado, Alanriace era astuto, muy observador y, definitivamente, me había analizado con precisión. Estaba claro que ambos deseábamos encontrarnos más allá de una copa de vino y una fina mesa en un elegante restaurante, se podía sentir el aroma del apetito que se generaba en el interior de cada uno y ahora se podía observar en las miradas sensuales y penetrantes que nos dedicábamos entre palabra y palabra. ¿Para qué decir “no”? Era apropiado en ese momento y en ese lugar.

Acompañé con mi cuerpo el recorrido hasta recostarnos sobre aquel bello manto carmín llevando ambos brazos alrededor de su cuello, clara señal que concedía el paso al comienzo delicado de un baile nocturno entre su decorado de almohadones. -Recorre las fronteras, Alan. Explora los pequeños rincones con tu perspicacia y descubre con el singular tacto que posees en dónde puedes danzar. Deja que tu sangre te guíe, que tu naturaleza embriague la atmósfera que abarca tu pequeña morada sin temor a la equivocación...- sonreí luego de darle una rápida mirada a sus impecables dientes que tanto se antojaban para que recorriesen mi piel.

¿Cuánto hacía que no disfrutaba de un lujurioso encuentro con un íncubo? Mucho tiempo. Ellos eran particularmente insuperables, desafiantes y exquisitamente dominantes entre sábanas, hacían verme protegida entre sus garras ya que otros demonios eran… demasiado débiles. Alan era joven pero eso no quitaba que fuera igual o mejor que los longevos; los tiempos cambian y así mismo la educación y apreciación.

Sin vacilar aporté un granito de arena a su escasa timidez. Ayudándome con una de las manos que se ubicó en la base de la nuca, acerqué su rostro al mío y con lentitud recorrí con la punta de la nariz la ajena, las mejillas, los labios, el mentón, su cuello, su oído… respiraba con profundidad disfrutando de su aroma y convidándole el que poseía para que degustara más de cerca. Finalmente, volví a hablar en un leve susurro allí donde quedé. -Recuerda que el que no arriesga, no gana.- adorné las palabras con una pequeña mordida en el lóbulo de la oreja allí donde descansaba uno de sus tantos aretes.
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Vie Ago 31, 2012 4:43 pm

Con esa autorización ya no había objeción que valiera de ahora en más, así le gustaba aún cuando la apertura de ella le inspirara un azote de nerviosismo que no sintiera desde hacía siglos y que cual masoquista, disfrutó.
Acomodando el cuerpo entorno al de ella ahora recostada, cerró los ojos para darse un momento para disfrutar de su aroma embriagador, lo suficiente como para dejarse poseer por el como si de una dulce y deliciosa droga se tratara, dopándose con la consciencia suficiente como para memorizarlo todo. Empujó despacio con la nariz contra su cuello mientras ella hablaba con la suavidad necesaria para no interrumpir sus palabras y transmitir más del calor que se comenzaba a acumular en el interior de su joven alma.
Guardó silencio durante su primer párrafo que guardó en la memoria para analizarlo más tarde, empezaba a perderse en el primer sopor y su cabeza ya no funcionaba.
Cuánto había arriesgado por ella? Aunque no lo parecería, casi todo. Recordó en sentimientos la cena en primer lugar, las palabras de cada uno, el peso que sintió entonces sobre sus hombros al darse cuenta de que lidiaba con algo mucho más grande, poderoso y sublime de lo que se imaginó. Aunque las probabilidades fueran todas en su contra, lo intentó y si bien no estaba del todo seguro, más de algo ganó.

Apoyó ambas manos a sus costados en la cama, gateó un camino hasta quedar sobre ella sin despegar el rostro de su cuello donde dibujó un camino hasta sus labios rozando con los propios, fundiéndose en un beso del que controló con cuidado el contacto suave, alejado y a pequeñas pruebas que daba a su boca aún de párpados relajados cubriendo las pupilas. El relajo provocó que extendiera lentamente las alas hasta que hicieron contacto con la superficie a cada lado bastante más lejos que las manos.

Si debía decir algo no sería capaz, así que prefirió callar mientras degustaba y aumentaba poco a poco el ritmo con el que empujaba en contra de su boca esperando a que ella diera el paso a su lengua que amenazaba a cada oportunidad con entrar, pero que sólo lo hizo tras tantear y preparar suficiente.
No esperaba negativa, pero de encontrar alguna, forzaría.
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 01, 2012 12:11 am

De a poco se iba liberando el demonio, de a poco iba tomando confianza y mostrando su lado cariñoso. En un baile entre sábanas no podía faltar el suave y dulce mimo de la tierna caricia, de la conquista del cuerpo, la exploración de cada rincón y el descubrimiento de los puntos que hacían suspirar con ardor. Esa era la parte que más me gustaba y disfrutaba. Era el momento en que reconocía intenciones ajenas...

Devolví todos y cada uno de los cortos besos que él ofrecía, mis labios estaban humedecidos y eran suaves al tacto, tal cual eran los del íncubo. Ni qué decir de su lengua bífida... Qué deliciosa sorpresa. Por supuesto que hice uso y abuso de unos agradables movimientos para disfrutar un poquito más del beso, para recorrer cada parte de ella, encontrando más aretes que hacían del encuentro algo atractivo y particular. Con poca presión pero moderada insistencia rozaba y envolvía la lengua ajena y, para evitar una abrupta separación, mantuve la mano firme en la saliente cabellera pelirroja, la otra libre recorrió su brazo comprobando firmeza y seguridad en la posición que había adquirido, si había falta de confianza, se transcribiría en leves latidos de sus músculos. Ni un temblor. Me permití cerrar los ojos.

No hacía falta una palabra, en aquel momento todo se podía traducir en acciones. Quería acariciar sus alas, las sentía vibrar a cada lado de nosotros con controlada vehemencia atrayéndome con su suave sonido. Pero lo dejaría para disfrutar después, la noche era joven, la música comenzaba a sonar en el interior de ambos y no se detendría sino hasta el suspiro de completo goce.

La mano seguía comprobando el estado de Alan. La llevé a su cuello para sentir el correr de su sangre, para sentir la temperatura que tenía y la velocidad con la que respiraba. Siguió camino hasta su mejilla donde sólo posó en una caricia para enredar los dedos en el cabello que caía con finura, luego, rozar la base de los cuernos con suavidad.
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 08, 2012 11:49 am

Cuando pensó en invadir su boca no contempló la posibilidad de que ella sería mucho más hábil, más experimentada que la mayoría... no, que todas y todos sus amantes pasados. Pero no se permitió un retroceso, tampoco abrumarse por la sensación, simplemente debía acomodarse a las circunstancias dando todo lo que tenía y que sería su máximo, que de no ser suficiente se revelaría el plan como una empresa demasiado ambiciosa y bien sabio es quien conoce mejor sus propios límites que los ajenos. No sería una derrota, si no una insuficiencia que podía remediarse.

Recorrió tanteando levemente con el extremo bífido desde el comienzo de la unión en sus labios con los que compartió humedad, luego fue un poco más allá donde otros cedían y donde ella le dio la bienvenida, entonces delineó la lengua ajena acoplándose a su ritmo para reconocer sus ansias, luego la aisló a un costado a fin de recorrer sus rincones en un acto que le brindaba las primeras luces de las que haría uso más tarde ahí donde más oscuro e insondable se volvía el camino, su ser, sus deseos que estaba decidido y pujaba por complacer. No necesitaba más combustible que la promesa de una razón ni más apoyo que esa mano suya acariciándole.

El recorrer de su mano a través del brazo disparó otro conjunto de señales que aún no tenía forma de expresarse, es decir, una corriente viajó hasta su hombro que se ocupaba en sostenerle, siguió hasta su espalda donde necesitaba sentir alguna caricia que la calmara, pero no había nada y así continuó buscando en vano descendiendo por los costados y llegar al único extremo que podía moverse libremente y donde encontró desahogo, la cola que dibujó algunos círculos compulsivos en el aire.
Ahogó un leve gemido durante la unión cuando sintió esa mano subir hasta el cuello, torció las orejas levemente hacia atrás como un felino demasiado encantado mientras la sangre se agolpó contra las paredes de las arterias, presionando y delatando que por poco casi jadea. Así de rápido y sencillo esa mujer le transformaba más que físicamente como nunca antes nadie lo logró, como nadie antes le dominó.

Dejó el beso y viajó al costado de su cuello otra vez, respirando rápido y sintiéndose incapaz de continuar el baile viéndose abrumado por las sensaciones, más aún cuando rozó la superficie áspera de sus cuernos sensibles como no se imaginaría nadie y el doble cuando se trataba de ella. Suficiente locura como para cegarse un minuto en que su lado impulsivo tomó las riendas, ese que jamás asoma por mantenerse en permanente control, para dirigir la zurda y maestra a su cintura en una pausa en que clavó los dedos posesivos, luego fue bajando lentamente hasta su abdomen rozando con las yemas pasando sobre su entrepierna sin detenerse y seguir a través de sus caderas hasta su muslo, buscando la desnudez de su piel, indagando por su calor.
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Sáb Sep 15, 2012 1:21 am

Cuán sensibles podían resultar los demonios jóvenes frente a las súcubos. No, cuánto que entregaba Alan frente a mí. Tenía que quitarle esas cadenas que lo ataban a la responsabilidad, a la integridad y la escasa timidez para que se dejara ver brillar, que aprovechara su dominio al estar en su morada, pero con lentitud y sosiego. Ahora sabía cómo y no dudaría en poner manos a la obra. Recordé frases pasadas con ello y por dentro, Haz sonrió. No era la única que disfrutaba del momento.

Todo quedaba registrado en mi mente cual diagnóstico médico en fichas. Su firmeza y seguridad, su excitación al acariciarlo, principalmente la zona de los cuernos en la cual abusaría de ello luego, los latidos de su corazón y la repercusión que el fuerte golpe de la sangre daba en su recorrido corporal, la deliciosa respiración, los movimientos hipnóticos de cola… Pero aún quedaba por explorar.

Ahora tenía su oreja cerca y la cadena a medio salir, otro jalón y quedaría mucho menos. No lo dejaría para después. Besé su mejilla una vez y recorrí con los labios apenas apoyados en su piel un camino que me llevara por la mandíbula hasta su oído, el cual delimité con la punta de la lengua regalándole un pequeño suspiro. Seguí hacia arriba, estirándome un poquito para hacer lo mismo con uno de sus cuernos. La mano que sujetaba su cabellera lo poseyó con más fuerza y con la otra lo tomé por la espalda sin hacer abuso de dominio. Sonreí y volví a acercarme a su rostro, observándolo con una mirada cálida, sensual y penetrante. No estaba tranquilo, pero tampoco nervioso como para inhibirse.

Me tenia sujeta con firmeza, eso me gustaba y hacía que liberara ese particular aroma dulzón, fresco y embriagante. Le regalé mi pierna para que explorara, rozándolo con toda la longitud interna su lateral.

Iría un poquito más allá, esperaba que no se enfadara. La garra del índice que dibujaba figuras amorfas en su espalda se extendió, delineó con poca presión el contorno del cuello de atrás hacia adelante sin dejarlo sangrar y bajó por el centro del pecho soltando uno por uno los botones que se encontraba en el camino hacia su abdomen, exponiendo la hermosa piel típica de los de nuestra especie, la cual recorrí de regreso con el dorso de la mano.

No conocía a Alan lo suficiente para soltarme por completo, lo mejor era tantear el terreno, reconocer sus gustos y encaminarlo hacia los míos con diligencia y cuidado. No temía ahogarlo, no temía intimidarlo, ni mucho menos alejarlo. Ese demonio era mío esa noche.


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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Dom Sep 23, 2012 7:29 pm

Ella sabía que estaba al mando, cosa que se cuidaba de demostrar.
Nunca pensó que las alas pudieran estorbar tanto como en este momento en que no sabía dónde demonios (valga la mención) meterlas para que dejaran de enviar señales de impaciencia a su compañía, porque se batían muy despacio e imperceptiblemente entre abrirse y desplegarse o contenerse en su lugar. Conforme el instinto avanzaba, el control iba perdiendo poder pieza por pieza, lo siguiente fue la cola que se sacudió más impaciente, luego un ruido gutural que se dejó oír leve desde su garganta al sentir esa garra dibujando su camino. Tras exhalar profundo logró volver a tener el control de su boca, la zurda dejó exhibir sus propias navajas con las que se garantizó la misma abertura que ella dibujara con la propia ropa, un detalle que jamás debió permitirle hacer en antes que él, pero que evidenciaba las ansias que invadían a la sucubo también. El corte abordó su ropa interior y estaba seguro de que más tarde se ganaría una buena reprimenda por ello por ese asunto de que a las niñas le interesan tanto esas cosas, pero sería más tarde... si es que llegaba ese momento.

Dejó el contacto de sus ojos para dejarse alcanzar su pecho que recorrió con la punta bífida en primer lugar y tan superficialmente que bien esperaba alguna sonrisilla de su parte por alguna cosquilla, lo que sería sólo una distracción para terminar de contactar su piel con algo más de la lengua hasta rodear cual víbora el alrededor de uno de sus pezones, demasiado lento a fin de provocar las descargas nerviosas necesarias al punto de enloquecer a cualquiera, pero una vez más, Alice no era esa clase ni por un mínimo. Su aliento apareció como un siseo sin dejar de recorrer la cálida humedad que dejaba su lengua como rastro, móvil y continua. Cerró los ojos mientras la zurda seguía su camino afilado hasta más abajo, destrozando la cubierta de su entrepierna deshaciéndose de los jirones a un lado, volviendo arriba para terminar con los superiores a cortes sin jalones y ahora la poseía desnuda, sólo entonces expuso las pupilas para retratarla en la memoria, después de todo su "trabajo" era pintarla.

La abordaría así, sin más? Tomaría el camino del juego? O antes de preguntarse, habría acaso un plan? Si, antes lo hubo, ahora sólo quería dedicarse a disfrutarla egoísta y posesivo, divirtiéndose a placer... pero sería eso aceptable? Y si no, existiría algún otro encuentro? No, eso era menos que probable. Bien, si ella se dejó caer, lo mejor sería divertirse.
Se ayudó con la mano en su pierna para separarla y abrir espacio, luego llevó la punta de la cola a rozar su entrada utilizando la parte palmeada de la forma de flecha para presionar con amplitud, sólo eso... por ahora.
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Vie Oct 19, 2012 12:17 pm

¿Se habrá sentido invadido por el dominio que expresaba al provocarlo con la apertura de su camisa al punto de desnudarme de un solo trazo? Si ese fue el resultado, no había movido mal las piezas, al contrario y con deleite disfruté sus movimientos… y fisonomía, por supuesto. Demonios había de todas clases pero con colas, alas, cuernos, lenguas bífidas y jóvenes en simultáneo, pocos.

Se percibía el juego, se sentía la necesidad de compartir el momento y hacerle disfrutar al amante de un delicioso baile de cena. Al menos eso era lo que suelo hacer: entregar, brindar lo suficiente para que se desee más, para que sienta la diosa con la cual está danzando y a la cual querrá tener entre sus colmillos una vez más. Así era el juego que tenía en manos desde el momento en que experimentaba y la clave era, demostrar lo bien o mal que el compañero da sus pasos.

Con ello, exhalaba leves suspiros de placer al sentirlo recorrer el torso, jugar con mis pechos y la entrada al terreno oscuro. La deliciosa corriente eléctrica que es disparada desde el punto de encuentro hacia la zona baja del cuerpo, concentrándose en una fuente de calor exquisita y que desea no terminar y, avariciosa, queriendo más. Endemoniados cuernos, volví a hacer abuso de ellos con masajes pausados pero firmes y posesivos.

No solté la mirada del apuesto íncubo un segundo, no me sentí inhibida porque me escaneara con sus filosos ojos sabiendo que la belleza y la seducción estaban de mi lado, a flor de piel casi saboreando el fervor ajeno. Mis manos recorrieron con suavidad ambos brazos subiendo hacia sus hombros con tortuosa lentitud, amoldándose en la base del cuello con propiedad por debajo de la camisa y deslizándose hacia sus omóplatos en suave caricia para quitársela; todas las garras asomaron al final del trayecto y marqué el camino de regreso con el filo sobre su piel. No cabía duda que mis manos eran mis fieles exploradoras. Tomé su cintura, siempre con un toque similar al rozar del satén, delineé el borde de su pantalón y con un movimiento de cadera alentador sobre su pelvis y de lengua tentador sobre mi labio superior, lo incité para que se quedara en las mismas condiciones en las que estaba, desnuda. Una simple señal o un pequeño movimiento afirmativo y aquellas prendas serían despojadas tan pronto como él lo había hecho conmigo, pero quería verlo, quitarse él su propia ropa para embriagar más el momento.

No había necesidad de ir rápido, no había motivos para finalizar la cita en breve siendo ambos inmortales, despreocupados por el correr de los segundos a nuestros pies. El disfrute sería lo único en lo que pensaría esa noche y no cabía duda que lo estaba haciendo.
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Amélie Grindelwald el Sáb Nov 03, 2012 8:40 pm

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RAZA ÚNICA

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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Mar Nov 27, 2012 7:51 pm

Ladeó la cabeza con una sacudida diminuta que en fin entregó más terreno de esos cuernos a su dueña, por ahora, como un ciervo luce su cornamenta, pero sin la ostentosidad exagerada. Con los ojos nuevamente cerrados se entregó a las sensaciones que pulsaban y activaban sus dedos en cada rígida saliente de la textura, también permitiéndose expresar tamaña entre suaves suspiros sin más objeto que hacerle ver cuánto tenía en poder sólo en sus yemas, sólo en sus dedos.

Las alas dejaron de molestar al mantenerse elevadas sin tocar el suelo, flotando suavemente por apenas un par de centímetros sobre la superficie sujetas por esa inercia que de pronto y, en los momentos como este si es que no especialmente en este, pareciera ser capaz de sostener un roble toda la noche.
Empujó levemente con la cola, con la punta arañando levemente la entrada apropiada, como advirtiendo a quien no le teme a nada que las cosas podrían cambiar, que la vuelta podría aparecer sin más. Esa vuelta que no quería hacer aparecer, no quería ser un animal, no ahora.

Sus dedos expertos, debía reconocer, poco a poco le iban haciendo recorrer lugares que nadie más había explorado en el cuerpo de un incubo joven acostumbrado a ser quien comanda, usualmente quien toma la presa con las garras sin permitirle mucho más. Ahora, no sólo la posición entregaba influencia a ella, a Alice, sino también la disposición del demonio. Entregado? En qué pesadillas se había visto así? Ni siquiera en las de derrota... esa que de pronto no se hizo tan descabellada al sentir el camino que dibujaban sus garras a través de la espalda. No era un ataque, no era una amenaza... pero si una forma de exigirle.
" No me exijas..." pensó sin llegar a graficarlo en voz alta y más para autoconvencerse de que se controlara.
Las manos a la cintura fueron la traba que no pudo detener, aunque si disminuir: se lanzó a su cuello algo más veloz del ritmo establecido exponiendo los colmillos, esas dagas acostumbradas a ver sangre correr y no contentas hasta que suceda... pero terminó todo en un amago de mordida casi inofensiva, apenas un ínfimo trocito del filo hiriendo su piel demasiado rápido como para siquiera invocar el dolor. Finalmente, volvió la lengua a escena a lamer la herida y casi como disculpa, acariciar lentamente con suaves topes de la nariz, en silencio.
" Más tarde..." se gruñó a sí mismo.

Y ahora si pudo dedicarse a la orden recibida hace un momento: desnudarse. No se iba a detener a pensar o sopesar, no por ahora... y como si le quedaran neuronas para eso.
Alas, brazos, piernas y cuanta extensión necesitó ayudó para cumplir el trabajo, dejándose recostar enseguida sobre ella acomodando el calor pegado a su piel, dejando los centímetros de separación para alguna otra vez. La rodeó en un abrazo que llevó la zurda a levantar su cuerpo y pasar por bajo su espalda baja, cargándola casi. La diestra comenzó a subir a su nuca, ahí aposentó la palma recibiendo su cabeza que manejó a un costado, despacio, abriéndose paso a través de su cuello herido y delicioso mientras, aunque aún no, pujaba por entrar.
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Jue Ene 03, 2013 11:09 pm

Ya estaba en confianza y se notaba por su expresión corporal. Pero… ¿qué había sido ese arranque impulsivo fuera de compás? No tenía la concentración necesaria para conjeturar nada, palabras sueltas, emociones que inundaban mis sentidos… Ya era hora de que me dejara llevar y el ataque al cuello había dado rienda suelta a ello. Pero no era lo único; el toque lo sentía más cálido ahora, más profundo en mí ser, las llamas de su cuerpo gritaban sobre mi piel de manera desgarradora pero no podía darle un color en particular. ¿Más?

No siempre me dejaba llevar por mis impulsos en ocasiones como éstas, en las que estaba con un íncubo de semejante linaje y, principalmente, carácter, a menos que fuera un viejo conocido. Si hay algo que no es agradable dejar de lado es la capacidad de análisis ya que entre los de nuestra especie hay traiciones y mantenerse en guardia era esencial. A él le estaba dando su lugar, de a poco le otorgaba la capacidad de que guíe el camino y me permita disfrutarlo conjuntamente. Cómo no si se estaba comportando como todo un rey…

La deliciosa sensación de ser atrapada en brazos fuertes y protectores no tenía explicación alguna. Así me amoldé a su cuerpo y ladeé la cabeza para darle el espacio propio para que jugara en el cuello, rodeando el ajeno con un brazo, entrelazando los dedos en su pelirroja cabellera en señal de posesión. Un leve arqueo en la espalda dio la oportunidad de liberar la cola que en mi forma demoníaca poseía pero que intentaba no mostrar, se removió en el aire de manera juguetona buscando sitio dónde atacar. Rodeó la pierna de Alan cual víbora, la soltaba y volvía a atrapar con suaves caricias. Hasta que atrapó la cola ajena y se enrolló en ella.

Muchas veces me habían preguntado por qué prefería quedarme como humana a la hora de conquistar. No siempre respondía a ello, pero claro estaba que cualquier ser caería ante las aptitudes de una súcubo completamente transformada, contando desde su aroma hasta el juego visual que podía provocar. ¿Para qué hacer las cosas tan fáciles? Simplemente llegaba el momento en que no se podía controlar y la verdadera naturaleza aflora, exigiendo más.

Sujeté su rostro entre las dos manos, estirando mi cuerpo hacia arriba, el cual estaba ajustado completamente al suyo, para mirarlo profundamente a los ojos, entrando a través de ellos y dejando en su interior el calor de mi cuerpo que aclamaba por el suyo…

"Atrévete, Alan..." pensé en mi fuero interno sabiendo que él tendría que hacerlo, no atacaría a su seguridad ni orgullo.
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 09, 2013 4:11 am

Esa mirada le daba entrada y lo supo de la forma en que sólo esta especie de demonio podría saberlo. Y aceptó.
La cola dejó de molestar y retrocedió relegada a alguna parte en el aire frío, lo único frío en el lugar.
Expuso los colmillos y volvió a aferrarse a su cuello luego de romper el contacto de ambas pupilas, logrando canalizar esa sensación salvaje que le quemaba por dentro en la dirección que la autorización de Alice le ofrecía, entregándole el mando, pero al mismo tiempo advirtiendo que aquí no jugaba cualquiera haciéndole respetar el terreno que demostraba a todas una refinada exclusividad. No hubo heridas, sólo caricias.
Sus manos se desocuparon y bajaron delineando su cintura y caderas con la punta de las garras, aumentando paulatinamente la presión conforme avanzaban hasta terminas dibujando zurcos rojos que dejaron brotar la sangre al momento en que llegaba a sus piernas. Metió las manos invasivas al centro de ambas y las separó aplicando firmeza en su medida justa, ni un ápice más ni menos, hasta liberar la entrada donde, lentamente, penetró abriéndose espacio a su interior. También, en exacta combinación y sincronización con la cúspide del dolor provocado por los rasguños recientes, completó bruscamente la entrada con una embestida ligeramente aumentada. Y seguida de esta vinieron más, en menor medida de fuerza y con calma, degustando y permitiendo que cada sitio complementara con lo justo.

Jugaba, aprovechaba el alto mayor y el bajo menor del dolor que provocaba en ella dejando el tiempo justo para que la magia se expresara como mutación al placer. En cuanto sentía que se relajaba, embestía nuevamente con fuerza y clavaba las garras en su costado, pero nunca provocó un alto demasiado pronunciado. Aunque desataba poco a poco su interior, no se olvidaba de los límites.

Pronto sintió que el cuerpo de aquella princesa infernal se amoldaba al trato y con ello supo que asomaba el acostumbramiento, que es el primer paso a la monotonía que este incubo odia, sin duda. Por eso, ahora si clavó los colmillos en la delicada y fina, pero firme piel de su cuello encajando sólo los superiores. Jaló despacio, como exigiéndole a esa garganta que le regalara de lo que más le gusta de esta clase de situaciones y que funciona como su motor: gemidos, que en este caso en particular deberían ser como música del averno.
Sus orejas esperaban con avidez, cada célula de su cuerpo y muy por especial aquellas acopladas al interior de ella, anhelaban ese alimento. Y sus labios apenas separados para permitir el correr de la sangre entre ellos y que brotaba como maná de la fuente de los todopoderosos, logró susurrar en su propio tono, en su propia sinfonía brotando del instrumento encantador que Satanás puso en cada garganta de cada incubo y cada sucubo.

- Cántame... -

No habían aristas descuidadas en la escultura en movimiento que construían juntos, ningún rincón ni detalle al azar que frenara el correr de sus sensaciones, nada que opusiera resistencia al desenvolver. Y como recalcando que esto no tenía nada que ver con una noche más, por si aún pudiera caber alguna duda, con la zurda maestra acarició su cabellera sin dar espacio a las garras. Que no dudara que a pesar de lo salvaje que podía parecer, no era ese el instinto que le guiaba. No del todo, al menos.
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Mar Mar 19, 2013 7:00 am

Esa no sería la única noche que pasaría con Alan. De eso estaba completamente segura y ya no podría siquiera tratarlo como un conocido, como un demonio más que habita el purgatorio vagando por allí, ni como un amante casual como solía tener desde aquella vez que había hecho mal en confiar. ¿A qué se debe tal conclusión? No sé si se trata de alguna habilidad particular de las súcubos o de los íncubos, de las mujeres en general o de mí en especial, pero desde jovencita podía percibir el grado de entrega que tenía el amante para conmigo, mostrándome el nivel de confianza relativo, la disposición otorgada en pleno acto sexual y el afecto insistente de algún corazón que pudiera existir. Mi madre solía decirme lo que debía observar con más atención, a lo que debía enfocar mis sentidos para darme cuenta de aquello que hiciera particular a mi compañía. No era fácil con Alan, pocas antenas quedaban alertas y despiertas para esa misión, pero las principales lo percibían tan claro, tan sincero, tan cariñoso…

Un gran y profundo respiro tomé cuando ya ni el aire nos separaba. La sincronización perfecta, un ajuste exacto y deliciosamente ansiado fue suficiente para que aquel ojo ardiera en llamas y se expusieran mis garras más pronunciadas clavándose sin piedad en la espalda del íncubo, las cuales lo atraían con más firmeza hacia mí, pidiéndole más. Y más tuve. Un gemido de placer aterciopelado inundó el silencioso escondite y resonó en aquellas paredes cuando la piel se desgarró, devolviendo con la misma intensidad el canto hacia la pareja que bailaba en el centro, envolviéndonos con su efecto estimulante y provocador.

Acompañé los pasos de Alan con calma y justa contracción en el momento en que más cerca de mí estaba. Pero poco pude aguantar formando la misma figura... Un ligero movimiento hacia él me permitió exigir el protagónico, acomodándome con fiereza y agilidad sobre su cuerpo desnudo y palpitante sin romper la exquisita unión. Mis ojos enfocaron los de él y un brillo feroz los contempló por pocos segundos. Tomé sus manos y las obligué a que poseyeran con más fuerza la cadera ajena que le pertenecía dejando brotar entre sus dedos mi sangre que, tanto como la respiración agitada, se hacía notar en el ambiente y una contracción se asoció a ello. Le sonreí. Limpié con la lengua los restos rojizos que tenía en la comisura de sus labios y deseé más, mordí el ajeno inferior y bebí. Exquisito manjar degusté. Por supuesto, el efecto era palpable y adictivo.

Una garra bajó por su pecho rasgando profundamente la piel, dejando brotar el carmesí más delicioso que había probado y que seguiría saboreando. Como adversaria de la filosa uña, la lengua no permitía que se desperdiciara una gota siquiera de su afrodisíaca sangre que comenzaba a surtir efecto en mi cuerpo. Resonaba con insistencia, vibraba en cada extremidad y aclamaba por él. Erguí el torso con un gemido de deleite y marqué mi ritmo, preciso, profundo y vivaz. La cola que revoloteaba buscando un lugar para desahogarse atacó con suavidad la entrepierna de Alan, buscando y logrando acariciar aquel punto P uniéndose al mismo compás en el que danzábamos. Mis manos tampoco podían quedarse quietas y acariciaron mi torso por completo dejando rastros escarlata a su paso con pintura ajena, terminando en mis labios para darle otra degustación.

-Alan...- mi voz cantó seductora, casi como un ronroneo acaramelado y elocuente, transmitiendo ese placer que el cuerpo estaba disfrutando.

Ensordecida concluí que era y sería suya.
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Tema Privado Re: Donde nadie nos vea... donde nadie nos oiga...

Mensaje por Invitado el Lun Mar 25, 2013 2:52 pm

CERRADO POR INACTIVIDAD, SI DESEAN ABRIR NUEVAMENTE EL TEMA, MANDAR MP A ADMINISTRACION.
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