Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Los primeros pasos en tierra [Libre] A810

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Los primeros pasos en tierra [Libre] Empty Los primeros pasos en tierra [Libre]

Mensaje por Invitado el Lun Mayo 21, 2012 7:40 pm

Las aguas del mar se movían tranquilas, las olas eran suaves, rompían en la orilla con soltura, el cálido sol se ocupaba de que fuera un día fantástico de playa, sin embargo las cosas no eran así. De la nada en medio del mar se creo un remolino, de un tamaño considerable, los bañistas corrían atemorizados, no querían ser absorbidos por el. Todos miraban expectantes desde la orilla, preguntándose unos a otro el motivo de aquella aparición. Aquel remolino no duro mucho, no pasaron más de cinco minutos antes de que desapareciera tan misteriosamente como apareció. Mientras que todos seguían absortos en el extraño suceso, un poco más lejos de ellos, una chica de cabellos largos y azulado salía del agua completamente desnuda. Su cabellera mojada caía por su cuerpo, tapando parte de sus vergüenzas, su mirada indiferente solo veía al frente. Segundos después, una niña pequeña, no tendría mucho más de diez años. salió también del agua pero vestido con un bañador azulado, su cabellera ondulada era tan larga como la de la chica que estaba delante de ella. Con pasitos rápidos fue donde la adulta, quedándose bien cerca, con sus pequeños ojos rojos temerosos miraba a todos lados y al divisar a la gente que aun miraba embobada el mar, se apego más. Lagia sin cambiar su expresión, observo unos segundos a los humanos que habían en la playa, como mosquitos a la luz, sin darles importancia comenzó a caminar. Al encontrar el rastro del dragón de fuego a la otra tierra humana creyó que se tratará de un lugar hostil, quizás llena de guerras pero la playa era normal, los humanos no peleaban, jugaban y se bañaban tranquilamente. Al principio a causa del remolino nadie les dio importancia pero minutos después los humanos volvieron a sus quehaceres y tomaron en cuenta a la chica desnuda. Muchos se acercaron a ella pero Lagia no respondía, no trataba con humanos, su único pensamiento era encontrar al dragón de fuego. Sabía que si quería encontrarlo tendría que adentrarse fuera de la playa pero aun no estaba preparada para ello. Acababan de llegar, encontrar un lugar seguro para Amatsu era su prioridad. Cogió de la mano a la pequeña niña, arrastrándola lejos de todos, saltando de roca en roca buscando un lugar solitario donde estar. Allí dejo escondida a la pequeña, ningún humano podría acercarse, al menos no tan rápido, la niña tendría tiempo de sobra de lanzarse al mar y desaparecer. Volvió a la playa, inspeccionando la playa de punta a punta, no queriendo correr riesgos. Veía a las humanas caminar con ligeras ropas, se le ocurrió que así pasaría desapercibida así que se hizo con esas extrañas prendas, que había robado a una humana. Tardo un rato en descubrir como se ponía pero orgullosa volvió a pasear tranquilamente, los resultados eran notables. Horas de caminata hicieron que su estomago rugiera, intento pescar pero el tamaño de los peces era diminuto a comparación con los de su hogar. Sin más opción, se quedo sentada en la orilla, dejando que las ollas mojaran parte de su cuerpo, sin darle mayor importancia al asunto.
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Mensaje por Invitado el Mar Mayo 22, 2012 12:14 pm

Los primeros días en el instituto y el que a partir de ahora sería su "hogar" habían transcurrido con total normalidad, sin ninguna incidencia importante que mereciera ser mencionada. Había decidido dar una vuelta por los alrededores del instituto, conocer un poco mejor la ciudad aunque para él estar en una ciudad era algo bastante molesto, había mucha gente, muchos edificios y muchos vehículos que polucionaban todo. Sin embargo quería conocer mejor el lugar, quizá algún día le fuese útil conocer la ciudad y lo que había en ésta, por lo que a regañadientes hizo el esfuerzo de ir a echar un vistazo. Como de costumbre, todo el paseo lo hizo con su habitual rostro serio marcado con una leve mueca de completo desagrado ante la presencia de humanos y la ausencia casi total de medio natural, comenzando incluso a causarle asco y un ligero malestar. Por lo que tenía entendido habían algunos lugares aún naturales cerca como el bosque, pero él prefirió ir a la playa para alejarse un poco de la zona central de la ciudad, aprovechando que hacía buen tiempo y podría tomar el sol un rato. No tardó mucho en llegar, había bastante gente pero el lugar parecía mucho menos dañado por el ser humano, lo cual le calmaba un poco. Lo primero que hizo al llegar fue quitarse la ropa para que no se llenase de arena, dejándola dentro de una bolsa bien cerrada y quedándose en bañador aunque solo fuera por disimular y tomar el sol, pues no tenía pensado bañarse. Apenas se había sentado en la arena cuando notó que todo el mundo estaba mirando algo fijamente, incluso con cierto temor, la curiosidad pudo con él y miró en la misma dirección que todos. Por un momento le pareció ver un remolino en medio del mar, pero no uno cualquiera sino uno que conocía, sin embargo éste desapareció apenas lo logró vislumbrar y no le dio tiempo a comprobar si realmente era lo que creía. Volviendo a su lugar pues había perdido el interés en lo que habían visto los demás, se limitó a tomar sol con los ojos cerrados, no se preocupaba de la protección solar ni nada pues el absorbía todo el calor que recibía y le agradaba mucho, su cuerpo se mantenía a cincuenta grados de media. Al cabo de un rato sintió un extraño olor que le resultaba familiar pero le resultaba imposible identificar, curioso, se levantó de nuevo pero esta vez intentando dar con la fuente de ese olor que había detectado desde hacía un rato pero que estaba tratando de identificar sin resultados. Finalmente encontró la fuente, aunque le costó un poco por el agua y las muchas personas que habían en la playa, una chica de cabellos azules que se mantenía en la orilla del mar en silencio y sola. Al verla de cerca, una imagen recorrió su mente de manera instantánea y le hizo recodar de dónde provenía el olor que tanto le resultaba familiar, finalmente había logrado encontrar a uno de los que tanto había buscado durante casi cuarenta años.

-Casi cuarenta años buscando... y te encuentro en un día descanso, qué sorpresa, junto al mar... Lagia

Cerró los ojos un segundo y se quedó a unos pocos metros por detrás de ella, no quería acercarse más de lo necesario al agua y acabar tragado por el mar, pero finalmente había encontrado a una de los cinco guardianes restantes, la hija del antiguo guardián y heredera de su deber.
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Mensaje por Invitado el Mar Mayo 22, 2012 1:22 pm

Su mirada estaba clavada en el agua, concentrada en escuchar el sonido de las olas que mojaban su cuerpo. Un olor familiar llegó hasta ella, no conseguía recordar el donde lo había olido antes, a quien pertenecía. El olor de los humanos, la sal marina y animales de mar no ayudaban mucho a recordarlo. Intentando descubrir al dueño de aquel olor, se percato de que se acercaba hacía ella, por instinto giro su cabeza para verle pero antes de hacerlo una voz masculina hablo a sus espaldas y muchos recuerdos vinieron a su cabeza. La primera vez que le vio, el pequeño guardián de fuego, por aquel entonces no tendría más de seis años, ella ya tenía nueve años, una de las reuniones de los líderes para que sus hijos se conocieran. Aun siendo un pequeño de seis años su mirada irradiaba esa seriedad que tanto le caracterizaba, fue una de las pocas cosas que tenían en común ya que Lagia siempre había tenido esa mirada de indiferencia en su rostro. Como dragón de fuego nunca se acercaba mucho a ella, de igual manera Lagia detestaba el calor que salía de el, en seguida se sentía seca y necesitaba mojarse. Los años no mejoraron mucho su relación, sabían perfectamente su papel como líderes por ello intentaban conversar, llevar una amistad para que los pueblo se sintieran seguros. La ultima vez que hablaron fue una semana antes del ataque, al saber la noticia de la llegada de Amatsu, su padre lo celebro con el resto de líderes e hijos, ya era un joven adulto que tomaría pronto las riendas del pueblo de fuego y aun con el pasar de los años seguía apegado a su madre, una mujer que siempre había admirado, una de las pocas mujeres líderes como lo sería ella en un futuro. Sin duda sus recuerdos le mostraron el conocido rostro, cuarenta largos años habían pasado desde la última vez. Una corriente de jubilo recorrió su cuerpo, no se había equivocado a la hora de buscarle, habían llegado al lugar adecuado. Con más animo de lo normal se puso en pie, sacudiendo la arena pegada en su cuerpo, no le importaba en absoluto estar embadurnada de ella pero estaba húmeda y al dragón de fuego no le gustaría. No le extrañaba que estuviera en la playa, muchas veces los dragones de fuego solían visitar las playas en busca del calor del sol y la arena, a veces incluso encubaban sus huevos allí. Con su paso lento se acerco a el, manteniendo una distancia segura, era la primera vez en mucho tiempo que se veían y debían sentirse cómodos. Sus ojos azules recorrieron al chico, en cuarenta años no había cambiado para nada, seguía siendo el mismo. Eran tan diferentes, el portaba unos ojos como rubíes mientras que los de ella eran unos zafiros. Quizás sus diferencias eran lo que hacia que la dragona de agua le cayera bien. Para evitar accidentes recogió su cabello en una larga coleta, sujeta con un adorno de flores que ella misma había echo.

Cuarenta largos años Akantor... esperaba encontrarte pero no tan pronto... los años no han pasado para ti... el problema es que prefería ver tu verdadero rostro... el del guardián de fuego pero supongo que eso no sera posible en este mundo... sígueme tengo muchas cosas que contentarte.

Dio la espalda al dragón comenzando a caminar en de inmediato, tenía que guiarle al lugar donde esperaba Amatsu, allí estarían a salvo y podrían hablar con más calma. Espero que le siguiera, saltando de roca en roca hacía la niña que se había puesto en pie al verla llegar.

Ten cuidado... puedes caer al agua y matarte...
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Mensaje por Invitado el Jue Mayo 24, 2012 3:10 pm

Tal y como la recordaba, la actual guardiana de agua permanecía siempre con una mirada de indiferencia y calma inalterables. Ésta se levantó y se acercó a él, manteniendo una distancia segura para ambos pues ninguno soportaba al otro demasiado cerca, ya fuera por el calor o por la humedad. Tras su breve conversación, la guardiana se dio la vuelta y guió a Akantor hasta la zona rocosa en la que había escondido a su pequeña hermana a la que él nunca llegó a conocer. Con mucho cuidado siguió a Lagia por las rocas, de caer al agua estaría en peligro mortal y sería el fin de la Tierra y la victoria definitiva de los humanos. Ya una vez reunidos los tres, observó de arriba a abajo a la pequeña con cierta curiosidad, a pesar de que era dieciocho años más joven que él y veintiuno más joven que Lagia, su aspecto era mucho más infantil que cualquiera de los dos, teniendo en cuenta que habían pasado treinta y nueva años, debería ser en apariencia igual que ellos.

-Ella debe de ser Amatsu... ¿No es así? ¿Cómo es que mantiene ese tamaño tan reducido?

Interiormente se alegró de que la joven Amatsu sobreviviera al ataque, pues esta aún no había nacido cuando este ocurrió, motivo por el que Akantor nunca llegó a conocerla. Lagia había tenido la suerte de mantener consigo y con vida a uno de sus seres queridos, cosa que él no tuvo oportunidad alguna de lograr, pero eso ya no era importante, o al menos no tanto como el tema que les concernía. Ella parecía saber más de lo que él sabía, lo cual no era demasiado difícil pues no sabía absolutamente nada del resto de guardianes tras el ataque, salvo de ella ahora que se habían reunido. Deseando tener la suerte de que el resto de dragones también tuvieran la idea de ir a esa ciudad con la excusa del Instituto en el que había toda clase de seres, cerró los ojos un momento y dejó escapar el aire en un suspiro que mezclaba alivio y entusiasmo.

-Pero bueno... ¿Qué tienes que contarme? Espero que sepas algo más que yo del resto de guardianes, porque mi información es extremadamente limitada.

Con aún más cuidado que antes, se sentó sobre una de las rocas, buscando la forma más segura de mantenerse en el sitio sin caer al agua. No tenía demasiados recuerdos de la guardiana de agua, principalmente porque sus encuentros eran bastante limitados, pero aun así mantenía recuerdos de todos y cada uno de los guardianes, así como de las gemelas que debían ser las siguientes guardianas del quinto pueblo. Un escalofrío recorrió su cuerpo, apenas acababa de recordar que las gemelas tenían poco mas de un año cuando las conoció y eso fue apenas un mes antes del ataque a los pueblos. Su mirada aún seria se tornó un tanto más preocupada, aunque el cambio era casi imposible de percibir, estaba totalmente seguro de que la guardiana se daría cuenta de algo así, pues conocía su mirada a la perfección al igual que él conocía a la perfección su mirada indiferente.
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Mensaje por Invitado el Jue Mayo 31, 2012 4:28 pm

El guardián de fuego no tardo en seguirla por el terreno rocoso y húmedo donde se mantenía escondida Amatsu.[ La pequeña niña se escondió detrás de su hermana al ver como se acercaba el desconocido individuo. En esos momentos Lagia recordó que su hermana no había visto más dragones salvo a ella misma, aunque desde su nacimiento le había contado sobre los pueblos y sus lideres. Amatsu asomo la cabeza cuando el pelinegro dijo su nombre, extraña por el que lo conociera. Lagia se aparto para que el guardián pudiera ver bien a la pequeña. Su cabellera azul ondulada caía suavemente por la espalda, sus ojos rojos brillantes demostraban su verdadera raza, el pequeño cuerpo temblaba ligeramente por el miedo. Si su hermana le había traído es que se conocían, quizás fuera uno de los guardianes de los que siempre le hablaba cuando quería conciliar el sueño. Con toda la valentía que reunió se acerco al muchacho, le observaba precavida.

Así es... soy Amatsu... hermana de Lagia, hija de Amatsumagatsuchi y Narga... ¿Tú eres uno de los guardianes de los que mi hermana me ha hablado durante años?

Amatsu esta orgullosa de su raza y rango...En cualquier caso... La razón por la que mantiene esta forma es... que los humanos no sospechan de una niña... por muy difícil que parezca de creer respetan a los menores de su especie, no llama la atención y en caso de que la ataquen es más rápido y pequeña, así que puede esconderse en lugares donde ellos no... Fue ella misma quien eligió quedarse en la forma que ves... es muy lista...

Amatsu hincho el pecho con orgullo, debía admitir que en los años que habían pasado había desarrollado muy bien su inteligencia, incluso su hermana mayor parecía eclipsada por ella. Lo único que lamentaba la “niña” era engañar a su hermana, la razón principal por la que había adoptado la forma de una humana pequeña era para infiltrarse en ellos e investigar. Gracias a eso había conseguido mucha información sobre los humanos, en cierto momento creía que podían llegar a ser amigos y hacer las pases... convencer a su hermana y el otro guardián le costaría mucho. Todo aquello hizo que la pequeña se entristeciera un poco pero lo oculto con una de sus pequeñas sonrisas infantiles. Lagia pudo notar alivio en el suspiro realizado por Nicholai, se alegraba de que Amatsu estuviera viva, nadie tendría fe en que un huevo sobreviviera... En la masacre todos los huevos fueron destruidos, pequeños dragones sin formar o formados, bebés que nada más nacer se vieron envueltos en una guerra, una muerte cruel... solo eran niños, niños desprotegidos, confusos a los que les había negado vivir... La última vez que había ido al lugar de puesta, solo quedaban cascaras y pequeños cadáveres que servían de alimentos para peces. Prefirió no pensar más en eso y concentrarse en la conversación que mantenía con el guardián de fuego. La información que tenía era importante, un último regalo de su tía antes de fallecer delante de sus ojos... Ver como la luz de sus ojos se apagaba fue uno de los momentos más duros, como ver caer a su padre y no encontrar a su madre. Cerro los ojos para aclararse las ideas, tenía que contarle con calma todo lo que sabía...

Durante el ataque... mi padre cayó desde lo alto, en medio del pueblo... mi madre huyo con el huevo que pertenecía a Amatsu, encontré el huevo... no a mi madre... así que no se que le sucedió con ella... mi tía fue quién me rescato... tuvimos que separarnos pero la encontré... en su lecho de muerte... me regalo una valiosa información... las gemelas habían conseguido huir... estaban a salvo pero por caprichos del destino habían sido separadas... al menos tenemos la esperanza de que sigan con viva en cualquier lugar...
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Mensaje por Invitado el Jue Mayo 31, 2012 8:04 pm

Aún sentado, levanto la mirada hacia la pequeña Amatsu, el saber que estaba bien le quitaba un gran peso de encima, aunque seguia algo preocupado por la posible situacion de las guardianas gemelas. La joven se presentó de una forma bastante correcta, demostrando qué era bastante educada, en seguida Nicholai notó qué a pesar de su apariencia era bastante más lista de lo que cualquiera podria pensar, y mas aun tras las palabras que dijo Lagia después de que Amatsu preguntara sí era uno de los guardianes. Sin levantarse de su lugar, extendió la mano con cuidado hacia la joven a modo de saludo, esperando qué hiciera lo mismo mientras el se presentaba de la misma forma que lo habia hecho ella apenas unos minutos antes.

-Yo soy Akantor, hijo de Luna y Kanlos..... actual guardian, líder y único superviviente del Pueblo de Fuego. Me alegra ver qué ambas estais bien..... sois a las primeras que encuentro desde el ataque.... y no he parado de buscar. Debo decir que me parece una idea estupenda... le sera mucho mas facil que a mi reunir informacion, aún en mis treinta y nueve años aqui no logro descubrir algunas cosas sobre los humanos...

Había tardado mucho tiempo, pero finalmente había dado con una de las guardianas y con su hermana, un pequeño paso mas cerca de conseguir lo qué deseaba, reunir a todos los guardianrs y recuperar lo qué les habia sido arrebatado. Le resultaba totalmente imposible sacarse de la cabeza las imagenes de su pueblo durante el ataque, ver caer a su madre frente a el a manos del capitan del ejercito humano, las pesadillas sobre como habría sido la masacre en otros pueblos, quiza incluso peores que la que habia tenido la mala fortuna de presenciar el mismo. Ahora tal vez pudiera estar un poco mas tranquilo, habia encontrado a alguien mas y seguramente cuantos mas supervivientes encontrara mejor se sentiria, aunque nunca podria borrar el momento en él que su madre caia definitivamente frente a sus propios ojos. Salió de sus pensamientos para prestar atenvion a la guardiana del agua, que parecia estar a punto de revelar información importante para su misión. Escuchó cada palabra en silencio, hasta que termino de hablar, manteniendo aun el silencio unos segundos mas. Sí las gemelas habian sido separadas su trabajo se volveria mucho mas dificil de lo que ya era de por sí, las gemelas se debilitaban si estaban lejos la una de la otra, y él que fueran tan jovenes al ser separadas hace que fueran casi imposibles de rastrear.

-Eso nos va a complicar mucho la localizacion del resto de guardianes.... las gemelas por separado están prácticamente indefensas. Sera mejor que nos concentremos en localizar primero al resto de guardianes y dejemos a las gemelas para el final....

Negó con la cabeza un poco frustrado, encontrarlas iba a ser muy complicado, pero si daban primero con el resto de guardianes podrian cubrir mas terreno al mismo tiempo y tendrian alguna posibilidad de encontrarlas.
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Mensaje por Invitado el Vie Jun 01, 2012 3:19 pm

La pequeña Amatsu se sintió satisfecha de si misma, el guardián de fuego también pensaba que era una estupenda idea y si tenía mucha información que darle respecto a los humanos pero hablar delante de su hermana sería revelar sus andanzas entre los humanos de su mundo...De todas maneras había un pequeño problema, por lo que observaba los humanos del nuevo mundo eran muy diferentes al suyo... notaba que eran un poco más avanzados pero carente de esa fuerza mágica que tantos les dañaba...quizás hubieran humanos con poderes pero eso lo sabría cuando investigara un poco más. El dragón de fuego extendió la mano hacia ella, seguramente para estrecharla en forma de saludo. Con unos pocos nervios, acerco su mano a la suya estrechando esta suavemente, sus manos siempre estaban húmedas y por la información que le había proporcionado su hermana, los dragones de fuego odiaban hasta la más pequeñas de las gotas de agua. Retiro la mano rápidamente no queriendo desagradar o dañar al chico que había frente a ella. Observo a su hermana un poco molesta, obligarlo a ir hasta donde estaba ella fue un acto peligroso, podría haber caído y hacerse daño. Lagia devolvió la mirada a su hermana pero con su indiferencia de siempre sin lograr entender el enfado de la pequeña "niña".

¿Tus padres se llamaban Luna y Kanlos? Que nombres más graciosos ¿no? Mi hermana me contaba que tu madre era una mujer digna de admirar, de las pocas guardianes que han habido, aunque en la última generación han habido tres chicas... las gemelas y mi hermana ¿no?


Como puedes ver mi hermana es una niña bastante habladora... no lo comprendo... ¿Cuanto tiempo has pasado buscando? Nosotras hemos permanecido ocultas en medio del océano o en las tierras heladas del norte... el único lugar que los humanos no pisarían por miedo a congelarse... y el océano es demasiado grande para rastrear dos dragones de agua... y...debo admitir... que nunca me aventure fuera del agua... tenía miedo de que me atacaran si intentaba rastrear en los pueblos... un día Amatsu me trajo una pequeña pista, lo suficiente buena como para llegar a este lugar... No sabía si realmente ibas estar aquí pero me alegra ver que así era... hemos tenido suerte de que te tomaras una pequeñas vacaciones... en la playa... como en los viejos tiempos...

El guardián de fuego escucho cada una de sus palabras, en más de una ocasión pensó que se le atragantarían y su inmutable desaparecería durante algunos segundos. Sabía bien que el dragón seguía frustrado y con motivos... las gemelas separadas no solo serían más difíciles de encontrar, si no que sus poderes estaban debilitados ¿como sobrevivirían dos niñas de menos de un año? Por suerte por la falta de sus poderes nadie las descubriría o eso esperaba la guardiana de agua. No estuvo mucho tiempo en contacto con las niñas pero si con sus padres. Antiguamente su propia madre había trabajado como sirvienta para ellos, al convertirse en la esposa del guardián de agua alcanzo un alto rango pero desde antes tenía confianza con los dragones gemelos, Lagia fue tratada siempre amablemente por ellos, en cierta forma era parte de su familia a pesar de nacer como una dragona de agua. Sentía una gran pena recordando todo, nunca supo que fue del resto de guardianes, suponía que todos habrían dado su vida por proteger sus pueblos... Osea, que la única esperanza que quedaba eran sus hijos, los descendientes, los siguientes guardianes o su mundo estaría destinado a desaparecer para siempre.

Todo resulta más difícil ahora... ¿Por qué crees que nos ha ocurrido esto? es una desgracia y nosotros eramos unos pueblos tranquilos y sosegados... mejor no pensar en ello... cuentame guardián tu historia por este mundo... tengo curiosidad por saber que has echo aparte de buscarnos... si quieres podemos ir a otro sitio más cómodo para ti... mientras no nos alejemos mucho del agua estará bien... como cuando de pequeños jugábamos en la arena...
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Mensaje por Invitado el Sáb Jun 02, 2012 11:38 am

Akantor no pudo evitar sentir una pequeña molestia al escuchar a Amatsu decir que sus nombres eran graciosos, aunque esta molestia se convirtio en orgullo cuando continuo y confesó lo que Lagia habia dicho y pensaba de su madre. Él como su hijo y su sucesor la admiraba mucho, además de quererla mucho cómo madre. A su padre tambien lo queria aunque nunca llego a tener una relacion tan estrecha como la que tuvo con su madre, de lo que ahora se arrepentia por no haber tenido oportunidad de ello. Recordar su vida junto a sus padres, sobretodo a su madre, le hacia sentir una gran nostalgia y una gran pena, no solo por si mismo sino tambien por Amatsu, ya que nunca llego a conocer a sus padres y ni siquiera tuvo la oportunidad de pasar algo de tiempo con ellos.

-Mi madre..... sí qué era una mujer digna de admiracion, era una mujer fuerte, siempre cumpliendo con su deber..... y como entrenadora no hacia ninguna distinción.

Suspiro con cierta pena al terminar de hablar, recordar a su madre le ponía algo triste y al mismo tiempo le enfadaba, sobretodo al recordar el momento exacto en el que vio caer a su madre frente a sus ojos. Cerrando los ojos con fuerza por unos segundos, escucho lo que dijo Lagia volviendo a abrirlos y dirigirlos hacia esta recuperando su habitual mirada seria.

-Yo no puedo introducirme en el mar, y aunque he estado viviendo en este planeta tambien he buscado por casi todos los rincones de nuestra Tierra. Mi pueblo tiene en doble de vigilancia porque ya me han descubierto cerca de el en varias ocasiones.... Pensé qué los otros guardianes habrian hecho como yo, venir aqui a esconderse, a prepararse donde no puedan sorprendernos. Pero en estos casi cuarenta años solo os he encontrado a vosotras..... al menos he podido mezclarme y estudiar a los humanos.

Se levanto del lugar en el que estaba sentado con algo de cuidado, sacudiendose ligeramente para luego dejar escapar un suspiro de resignacion. Había tratado de aprovechar él tiempo todo lo posible pero aún asi no podía evitar sentir que habia perdido el tiempo por haber tardado casi medio siglo en reunirse con un solo guardian y encima las cosas parecian complicarse cada vez mas. Escuchó de nuevo a Lagia en silencio, el tampoco comprendia muy bien el por que, pero tenia una opinion al respecto, y evidentemente tenia que ver con los humanos. Su avaricia, su codicia, su sed inagotable de poder y de tener mas.

-La avaricia humana, la sed de poder, su arrogancia incansable..... es por su culpa. Sí, por favor volvamos a la playa, estoy empezando a molestarme y no quiero estar tan cerca del mar, podria caerme.

Con cuidado se giro y volvio a la playa, estar tan cerca del agua le resultaba bastante molesto, qunque podia mojarse y bañarse sin miedo, si pasaba mucho rato en el agua podria incluso morir. Volvió al lugar en el que habia dejado sus cosas y se sento esperando a Amatsu y a Lagia.
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Mensaje por Invitado el Sáb Jun 02, 2012 6:05 pm

La pena del guardián de fuego era casi tan grande como la suya, recordar el pasado siempre era doloroso, incluso para ella que siempre tenía una actitud sosegada y tranquila provocaba en ella rabia y ganas de venganza pero de sus labios nunca escapaban una maldición o venganza, no quería que Amatsu viviera con el mismo sentimiento de impotencia y odio que ella... La avergonzó que Amatsu contara su admiración por la guardiana de fuego, aunque no iba a mentir... La antigua guardiana era una mujer fuerte que nunca se dejo amedrentar por los demás, incluso en su raza se les discriminaba por ser mujeres, los miembros de los clanes pensaban que una mujer no podría proteger un pueblo pero Luna nunca se rindió, fue una mujer modelo, fuerte y poderosa pero también una buena madre, al igual que su propio padre, cuando nadie les veía, en la protección de su hogar, era el padre más cariñoso del mundo... Cuando era pequeña pensaba que no la quería, solo le ordenaba entrenar y entrenar sin descanso, caía rendida sobre la arena de la playa con la respiración agitada, creyendo que no era tan fuerte como el quería. Una de las razones por las que ella había crecido con aquella personalidad había sido por culpa de esos largos días. Hasta llegado cierto día, en el que su madre le contó que cada noche antes de ir a dormir, el hablaba maravillas sobre su progreso, que sería una gran guardiana. Quizás fuera por eso que se acerco más a su padre, que acabaron siendo como una y carne, inseparables... Amatsu podo notar la tristeza de Nicholai, sus palabras habían provocado que los recuerdos volvieron a su cabeza y le hirieran, su hermana mayor también estaba triste, lo notaba en sus ojos azules que ahora estaban más oscuros de lo normal.

Debía de entrenarte muy duro... los guardianes tienen que ser muy fuertes para proteger los países enteros... seguro... seguro que mi hermana y tú sois tan fuertes que echaréis a los humanos de nuestra planeta ¿no?

Tú madre siempre fue una gran mujer Akantor... no sabes como te envidiaba... me hubiera gustado ser entrenada por ella... aunque mi padre no era poca cosa... el... era mi héroe por así decirlo... igual que tu madre es tú heroína...


Amatsu oculto sus nervios todo lo bien que pudo, con suerte su hermana no se daría cuenta, a veces era demasiado lenta y el dragón de fuego la desconocía, así que no tenía nada que temer, estaba a salvo de cualquier pregunta incomoda. Lagia observo los ojos rojos con atención, solo quería que aquella mirada de tristeza desapareciera o ella misma también se pondría más triste de lo que estaba. Sus ojos recuperaron su frialdad natural, eso tranquilizo un poco a la guardiana de agua. Continuó escuchando las palabras de Nicholai con atención, suspirando también.


Cuarenta años buscando... nuestro planeta debe haber cambiado tanto... no he vuelto al pueblo de agua en todo este tiempo... los restos deben seguir ahí... mi padre...

Lagia sabía que el dragón de fuego tenía la razón, la sed de poder y demás odiosos deseos del hombre fueron lo que provocaron su casi exterminio pero volverían para recuperar su tierra, su mundo, destruirían a cada uno de los humanos que habitaban en sus tierras. Cada hombre, mujer y niño probarían la ardiente espada de la venganza, que atravesaría sus cuerpos con justicia. Akantor volvió a la playa, Lagia y Amatsu le siguieron con la misma agilidad, saltando de roca en roca hasta la arena. Siguieron al dragón hasta donde se sentó, tomando su ejemplo.

Cuéntame sobre los humanos de este mundo... parecen diferentes a los que conozco...
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Mensaje por Invitado el Lun Jun 04, 2012 1:09 pm

Ya de vuelta en la playa se sentía algo mejor, no estaba tan cerca del agua como lo estaba antes y eso le tranquilizaba bastante. La arena estaba caliente, sentarse en ella le gustaba bastante y dejar que el sol le diera directamente calentándolo más aún era muy tranquilizador a pesar de que no podía sacarse de la cabeza esos oscuros recuerdos que tanto daño le hacían al corazón. Amatsu afirmaba que debido al entrenamiento serían capaz de expulsar a los humanos, pero Akantor lo dudaba, sus padres habían sido entrenados durante muchos años, mientras que él y Lagia solo habían sido entrenados durante dieciocho y veintiún años, aunque contaban con el elemento sorpresa que sus padres tenían en contra, también estaban en una tremenda desventaja numérica. La única oportunidad que tenían era reunir a los seis guardianes y entrenar muy duramente, además de crear un plan de ataque muy preciso con el que eliminar definitivamente a sus enemigos. Si eso no daba resultado, solo podían salvar el planeta reclamando el poder que debían defender, y para ello debían tener las seis llaves y seleccionar al más apto de los Guardianes para utilizar y conservar tal responsabilidad. Akantor no se veía capaz de cargar con un peso muchísimo mayor que el de guardar la Llave de Fuego, y sabía que cualquiera de los otros estaría tan o más nervioso en caso de ser seleccionado, pero el planeta era su prioridad principal y debían hacer todos los sacrificios necesarios para salvar y proteger su Tierra.

-Nosotros dos solos no haremos gran cosa.... debemos reunir al resto y prepararnos bien... Debemos acabar con la amenaza de raíz, y para eso debemos destruir su "colmena".... La Ciudad....

Escuchó las palabras de Lagia con una muy leve sonrisa de orgullo por su madre, pero seguía ensimismado en su plan de ataque, el cual no podría concretar al cien por cien hasta que no encontrasen al resto de guardianes, debía saber lo que cada uno de ellos era capaz y además debía saber si estaban realmente bien y preparados. Por otra parte seguía preocupado por las gemelas, no llegaban siquiera a los dos años cuando ocurrió la desgracia y los dragones no aprendían a tomar la forma humana hasta alcanzar los tres años. De haber acabado en el planeta en el que estaban en ese momento, había una posibilidad de que los humanos de este planeta al ver algo que desconocían lo tomaran como peligroso y decidieran acabar con dos pobres crías de dragón que ni siquiera podía defenderse decentemente, y menos aún si estaban por separado. Suspiró fuertemente intentando calmarse un poco, no era el momento de pensar en ello, había ido a la playa para descansar un poco y eso era lo que debía hacer, relajarse y olvidar su trabajo por un día, descansar la mente y el cuerpo para rendir al máximo en su tarea de encontrar a los guardianes y de salvar su tan amada Tierra.

-Suelo ir a menudo a mi pueblo, tiene mucha vigilancia pues ya me han encontrado ahí varias veces, pero hace tiempo que no visito el resto de pueblos. La última vez que visité el País del Agua los restos de Amatsumagatsuchi seguían intactos en el mismo sitio que hace cuarenta años...... al igual que los de mi madre.... La verdad es que los humanos de este lugar parecen carecer del conocimiento mágico que los de nuestro planeta utilizan, al menos la mayoría, pero también es verdad que estos tienen una tecnología mucho mas avanzada y un armamento muy destructivo... Son bastante parecidos aunque no sean exactamente iguales, pecan de la misma arrogancia y codicia....

Hablar de los humanos no le ayudaba demasiado a calmarse ni a relajarse como quería, simplemente sacudió y negó con la cabeza intentando no pensar en los humanos más de lo necesario y descansar como realmente debía hacer y había planeado hacer con anterioridad a su reencuentro con Lagia y su pequeña hermana.
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Mensaje por Invitado el Vie Jun 08, 2012 9:52 pm

Las hermanas se sentían un poco molestar por el sol, sin el agua era casi una pequeña tortura para ellas dos. Amatsu se acerco a uno de los niños humanos y le arrebato uno de esos extraños cubos de plastico que llenaban de agua o arena. Corrió lo más rápido que le permitieron sus pequeños pues hacia la orilla del mar, llenando el cubo con agua y regresando donde su hermana. De una manera un tanto cómica, la pequeña Amatsu lanzo ciertas cantidades de agua sobre su hermana y cada tiempo se cambiaba, siendo Lagia quien la mojaba a ella. La "pequeña" dragona no se perdió ni una de las palabras del guardián de fuego, quizás fuera por ser el único dragón que conocía aparte de su hermana pero le caía muy bien... admitía que era muy guapo... Amatsu se sonrojo ante el tonto pensamiento, no era una chica y tener ese tipo de pensamientos no era bueno, no querría enamorarse del dragón de fuego... la relación estaría destinada a fracasar pero si eran los últimos dragones quizás deberían hacer un esfuerzo e intentarlo, por el bien de su raza. Lagia observaba de reojo a su hermana, su extraño comportamiento, Amatsu estaba ligeramente sonrojada y su mirada evitaba al dragón de fuego, no sabía que demonios andaba pensando su hermana pero no creía que fuera normal o bueno... La hermana mayor suspiro por el calor, aprovechando que Amatsu seguía en su mundo de fantasía se remojo más de lo que le tocaba.

Los humanos de nuestro planeta deben haber avanzado mucho si ya tienen una ciudad... eso nos traerá problemas... Los actuales guardianes no somos lo suficientemente poderosos, nuestros padres pasaron mucho más tiempo y aun así cayeron... nosotros que solo recibimos parte no conseguiríamos mucho más... sobretodo por el estado actual de cada uno... Yo no he entrenado mucho estos años, me he dedicado a cuidar y criar a Amatsu... creo que olvide lo que significaba ser un guardián... pensé que nunca volvería a ver a ninguno y menos salvar nuestro mundo... Lo siento Akantor... me esforzare todo lo posible por luchar....

Eso es culpa mía... Lagia ha tenido que criarme y alimentarme... por mi culpa ahora es más débil que tú ¿verdad? puede que perdáis por mi culpa...

La pequeña Amatsu había vuelto a la realidad justo a tiempo para escuchar las palabras de su hermana mayor. La dragona de agua se había esforzado por cuidarla y criarla durante muchos años, recordaba que su hermana se iba por horas buscando el alimento que necesitaba... También le había enseñado transformarse en humano y a controlar sus poderes... Se dio cuenta entonces de que Lagia había abandonado su propio entrenamiento para "dárselo" a ella. ¿Le permitiría Lagia participar en la batalla por la tierra? Su hermana mayor resultaba muy protectora cuando se trataba ella y estaba casi segura de que no la dejaría por mucho entrenamiento que recibiera... aun le quedaba una esperanza, el guardián que disfrutaba tan placenteramente del sol... Akantor sería su maestro... La noticia de que el pueblo de agua sifuiera igual alegro a Lagia, sobretodo saber que los restos de su padre descansaba en el mismo lugar donde habñia caído aquel horrible día... Le hubiera gustado estar allí, darle un entierra digno a su padre...no... a todo su pueblo, guerreros y inocentes que murieron bajo la malvada y terrible mano de los humanos... Lagia no perdonaría a nadie... fuera hombre, mujer o niños, todos morirían o servirían de alimento para un dragón de treinta y tres metros de largo. No le tranquilizaba del todo que los humanos del mundo donde estaban estuvieran tan avanzados tecnológicamente... La magia era un gran problema pero las armas avanzadas también, el problemas de los humanos es que siempre tenían una manera de dañar...

Así que mi pueblo sigue igual... y los restos de mi padre continúan en el mismo lugar donde murió... al menos los humanos no han osado tocarlos... si lo hubieran no se que habría echo... Si los humanos de este mundo tienen tecnología más avanzada puede ser un problema... lo mejor será que pase desapercibida, no quiero encontrar con una extraña y peligrosa arma... Encontrar a los demás... y entonces uno deberá ser... quien obtenga, use y proteja el poder de Gaia....
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Mensaje por Invitado el Lun Jun 11, 2012 1:31 pm

Aún sentado, se alejó ligeramente de Lagia y de su hermana Amatsu para que no le salpicase el agua con el que se estaban refrescando, a diferencia de los dragones de agua, a los dragones de fuego les resultaba muy molesta el agua, podían bañarse perfectamente pero siempre debían tener cuidado ya que el agua les robaba el calor del cuerpo y les debilitaba, llegando incluso a morir si se hundían bajo el agua por mas de un minuto. También se percató de que la pequeña Amatsu parecía algo distraída, como si estuviera en metida en sus pensamientos por completo, pero no le dio importancia, simplemente se limitó a escuchar en silencio las palabras de la Guardiana del Agua y luego escuchar las de su hermana que parecía haber salido de sus pensamientos al fin. No estaba molesto en absoluto, entendía perfectamente que Lagia cuidara de su hermana pequeña, pues esta ni siquiera había nacido aún cuando sucedió el ataque, Amatsu no tenía a nadie más y no podía valerse por si misma al menos durante los primeros años, aunque si debieron haber entrenado un poco más una vez ya hubiera crecido del todo.

-No os preocupéis por eso.... es normal que Lagia se preocupara de cuidar a su hermana pues no tenía a nadie más... aunque si deberíais entrenar un poco más duro a partir de ahora, las dos.... Nuestra prioridad es encontrar al resto de los guardianes pero mientras tanto no podemos estar de brazos cruzados.... Los humanos no cesarán hasta acabar con todos nosotros y robar las llaves que juramos proteger...

Tomar el poder de Gaia era algo que los guardianes solo debían hacer en un caso de absoluta y extrema necesidad, tanto para obtenerlo como para devolverlo a su lugar eran necesarias las llaves pero el problema era que ese poder era demasiado grande para cualquier guardián. Cada uno de ellos estaba entrenado y preparado para luchar por su elemento, sin embargo el poder de Gaia no solo incluía los cinco elementos sino que ademas contenía el control total sobre el planeta, era un poder muy peligroso que debían proteger entre todos los guardianes. El temor que recorría el cuerpo del guardián de fuego era que el contenedor del poder de Gaia se corrompiera por el inmenso poder y perdiera el control, volviéndose loco o peor aún, poniéndose de parte de los humanos. No se veía capaz de aceptar tal responsabilidad y correr el riesgo de ser él mismo quien acabase con los que eran sus compañeros, traicionando a su madre, a sus compañeros y a si mismo. Suspiró con pesadumbre y escuchó las palabras de la guardiana, en este planeta podían estar "seguros" pero aún así no debían relajarse demasiado, debían estar siempre alerta, pendientes a todo movimiento humano y no humano, buscando a los guardianes sin descuidar su entrenamiento y sobretodo, proteger con su vida las llaves que abrían la puerta del poder de Gaia.

-Yo llevo pasando desapercibido mucho tiempo, no es difícil pero siempre debes mantenerte alerta por si acaso y nunca revelar a nadie lo que eres, de dónde o tu misión a menos que sea alguien de confianza.... y no confíes en nadie a la ligera, muchos se hacen pasar por tus "amigos" solo para aprovecharse.... asegúrate de que realmente puedes confiar en alguien antes de decirle nada... y no le des más detalles de los necesarios...
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Mensaje por Invitado el Sáb Jun 16, 2012 7:46 pm

El guardián de fuego no estaba molesto a pesar de todo, eso alivio un poco el corazón de Amatsu más aun se sentía culpable de que su hermana abandonara el entrenamiento por su culpa. Lagia se encontraba un poco mal, Akantor tenía razón en que era normal el abandonar el entrenamiento para cuidar a la pequeña Amatsu pero una vez alcanzada una edad tuvo que haber vuelto a los entrenamientos. Su rostro no cambio pero dentro de ella un sentimiento de culpa y tristeza le golpeo fuerte en el corazón... Recordaba a su padre, que tanto se había esforzado entrenándole para que abandonara su misión. ¿Estaría viéndole desde donde estuviera? Tenía miedo de que las almas del pueblo entero de agua estuvieran ahí, a su alrededor, observando cada movimiento de la guardiana...su guardiana... Sería fallarles en su misión de proteger el planeta, restaurar el pueblo y su especie.... Miró a Amatsu en silencio, amaba y protegía a su hermana pequeña... ¿Qué clase de vida le iba dar huyendo? Los dragones no eran eternos, más si longevos y Amatsu tendría una vida triste si no hacía algo... Debían derrotar y expulsar a los humanos para poder restaurar su mundo y que Amatsu tuviera una buena y feliz vida...

Somos la última esperanza de nuestra raza... si nosotros nos rendimos o morimos todo acabara... nuestra única misión es recuperar la tierra que ha sido robado y procurar un buen futuro... es una misión difícil ¿no crees? Solo somos seis guardianes, más mi hermana Amatsu... seis de nosotros lucharemos por nuestro mundo y si alguno muere... su elemento se verá extinto para siempre...

Padre...Madre...Tía... ¿Me estáis viendo? No quiero defraudaros pero si algo pasa... Amatsu es nuestra esperanza....

Habían más responsabilidades, obtener el poder de Gaia significaba tener poder absoluto sobre el planeta. El poder corrompía, incluso entre los dragones había sucedido... muchos cayeron ante la tentación, dictadores que causaron múltiples de problemas... La guerra con los humanos no fue la primera, los dragones eran seres apacibles, simples animales que vivián de la generosa mano de Gaia pero muchos deseaban el poder, ser el más fuerte entre los dragones... guardianes que luchaban para demostrar que su elemento era el mejor, cuando cada uno guardaba un equilibrio perfecto... Si uno de ellos se volvía loco, gaia lo sentía y se apenaba por ello... que una de sus criaturas se volviera loca no era bueno. ¿Algún dragón se pondría a favor de los humanos? Cabía esa pequeña posibilidad, dragones que para salvar su vida se rindieran y ofrecieran su servicio y fidelidad a los humanos... en parte podía comprender eso... el miedo a morir, el haber visto morir a tus seres más amados delante de ti... Ella vio a su padre, tía... nunca supo de su madre pero se imaginaba la suerte de esta... Amatsu fue su única razón de seguir adelante, intentando vivir una vida tranquila.

Se que no debo confiar en nadie a la ligera... nunca he sido una mujer muy sociable Akantor... prefiero mantenerme en las profundidades viendo el tiempo pasar pero aquí es distinto... ¿No puedo mostrar lo qué soy? Tengo que ocultar que soy dragona... me parece injusto y triste... si permanezco mucho tiempo en esta forma... me acabare volviendo loca....
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Mensaje por Invitado el Sáb Jun 23, 2012 3:09 pm

Sólo seis guardianes para defender las cinco llaves y los cinco pueblos, solo seis guardianes para limpiar de una vez el planeta que tanto amaban y debían proteger con sus vidas, siente dragones en total gracias a la presencia de Amatsu que siempre podría ser de ayuda... Su deber era morir por su planeta, por su hogar, por sus familias, pero ahora su planeta estaba conquistado, su hogar estaba destruido y sus familias aniquiladas, la única forma de recuperarlo era luchar pero no hasta morir sino al contrario, luchar por vivir para recuperar aquello que les fue arrebatado, recuperar su planeta, su hogar y sus familias, comenzar de nuevo. No sería fácil, eso era algo que los seis guardianes, los siete dragones debían tener claro, debían esforzarse al máximo, entrenar todo lo posible, estudiar todas y cada una de las situaciones y finalmente atacar. Pero para ello debían reunirse, estaban perdidos y separados, solo dos se habían encontrado pero aún quedaban cuatro esparcidos por ahí, Akantor sabía que debían estar en el mismo planeta, y quizá gracias a Lagia y Amatsu podría encontrar a los que aún se escondían y, con suerte, se preparaban en solitario.

-Nunca dije que sería fácil, nunca lo pensé y desde luego jamás lo pensaré. Siempre me esforzaré al máximo para estar a la altura, para no morir en un combate inútil, entrenando durante cada día y luchando cada cierto tiempo contra los humanos que invaden mi pueblo. Siempre salgo herido pero logro acabar con varios, no me rindo y continúo entrenando e intentando acabar con ellos pero por el momento solo he conseguido aumentar la seguridad en mi pueblo y eso me lo dificulta cada vez más... Y aún así lo sigo intentando.

La intención que tenía con esos ataques no era otra que hacerse más fuerte, las victorias no son las que hacen fuerte a un guerrero sino las derrotas, el superarse mediante una derrota y finalmente conseguir la victoria, y eso era lo que él intentaba con cada ataque a su pueblo. Siempre terminaba herido, algunas veces de gravedad y otras simples arañazos, pero siempre volvía, siempre luchaba y hacía cuanto podía antes de retirarse para no caer antes de tiempo. Por otra parte también entrenaba en el nuevo planeta, con sus armas fabricadas con las escamas de su madre, con su fuego o su fuerza, cada día estudiaba a los humanos y entrenaba para luchar por lo que realmente deseaba lograr. Lagia no se equivocaba al decir que nunca había sido muy sociable, salvo por los dragones gemelos era bastante reacia a hablar con otros, él por su parte no se mostraba reacio a hablar con otros dragones, pero siempre había sido muy serio y poco amigable aún cuando hablaba, era con los humanos con los que siquiera se dignaba a hablar pues no les consideraba dignos ni de existir.

-Tendrás que aguantar, puedes volver todas las noches al mar si lo deseas pero al menos durante el día deberas mantenerte oculta entre los demás. Al igual que hice yo, aprende de ellos, su forma de actuar y de pensar, conocelos mejor incluso que a ti misma... Eso te dará ventaja sobre ellos, nos la dará a todos y podremos combatirlos mejor. Al principio cuesta, no te lo niego, pero es algo que con el tiempo compensa...

Akantor lo sabía bien, aunque al principio los detestaba comenzó a aprender de ellos, sus manías y formas de actuar, gracias a ello fue que le interesó la psicología, conocer a su mayor enemigo e introducirse en el para poder destruirlo desde dentro como si fuera un virus.
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