Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Misterios que no quiero resolver A810

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Tema Privado Misterios que no quiero resolver

Mensaje por Ryuusuke Ray Minami el Jue Jun 20, 2019 3:21 am

La creación de un espacio resguardado, el secreto de la penumbra, la humedad de las plantas queriendo dominar nuevamente lo que alguna vez fue parte de la tierra pero fue transfigurado en formas duras y rígidas alejadas de toda naturaleza; las paredes añejas recibiendo solemnes el abrazo de esos tallos, hojas y florecillas por sobre resquebrajaduras amarillentas de tanto llover y nevar tantísimos otoños/inviernos, encimándose capa tras capa de antigüedad, abandono. Cierto desasosiego.

¿Era posible tener escondite allí? Ryuusuke dominaba el arte de escaquearse las clases, y no le importaba retomar viejos hábitos por más lúgubres fueran las instalaciones. Más allá del temor que a cualquiera le pudiera provocar esa construcción cayéndose a pedazos tras pedacitos, cual iceberg, a él le resultaba intrigante qué se hallaría allí, o incluso quiénes estarían habitando esas habitaciones derruidas — Si no hay nadie hoy, quizá mañana —. Buscaría un mínimo de aventura, no tenía ganas de echarse siesta o sentarse a flojear mirando al cielo. Por supuesto disfrutaba a veces de placeres sencillos como esos, pero esta vez tenía otras ideas, impulsado por cómo esos colores de las plantas inundaban ventanales rotos, carcomían vigas y revoques de debilitados materiales. El cemento y el hierro, el hormigón y el acero; podrían ser artificios constructivos portentosos, pero sin el mantenimiento adecuado siempre, todo siempre sin importar qué, perdería la batalla: esa reclamación obvia al natural, justamente de la flora y fauna y elementos incontrolables para el ser humano. Para seres tan simplones como Ray lo era, lo único especial radicaba en esa perseverancia constante y el ingenio prácticamente infinito en querer seguir avanzando.

Así caerían las ciudades, enteras, puertos, aviones, hasta el último vestigio en estatuas de bronce gigantescas de mártires o libertadores "Y qué será de aquello que hicimos con tanto trabajo y esmero", en su pensamiento esas preguntas salían cuando se enfrentaba a un perfecto ejemplo de la degradación paulatina en un invento del ser humano. Probablemente la respuesta sería "no quedará nada", y sin embargo él se reconfortaba en que lo importante residía no en lo material y sus necesarias ventajas para el diario vivir... Había tal vez algo más, intangible, que solamente se sentiría en cierto espacio de su cuerpo, ¿cuerpo? O mente, conciencia... Lo que sea estuviera en su persona.

Se introdujo con facilidad por más alambres y cercado se colocase alrededor de ese imponente edificio histórico. Estaba probando su suerte a ver si alguien le atrapaba en esa maldad, desde algún encargado de seguridad, o jardineros, o hasta un directivo del instituto. Buscó la manera más eficiente de entrar sin hacer tanto espamento. Sabía que el mundo estudiantil se había regresado a las aulas al haber terminado el horario de almuerzo y descanso recreativo de este soleado y ameno mediodía en la colina Takemori. Espacio privilegiado guardado en el mapa mental del guitarrista, debido a la importancia de estar en una elevación propia del terreno respecto al resto de la ciudad Éadrom, sus pintorescas zonas y accesos a las afueras. Todo para poder ser registrado de un vistazo paisajístico...

Pero aquí, de metiche en el anticuado edificio donde funcionó por primera vez ese centro educativo, tenía la imaginación engullida en su curiosidad. Entre recovecos y silencio halló el instante justo — ¡Por aquí es! — susurró para sí mismo, contentado del descubrimiento. Subiéndose a uno de los árboles por fuera del vallado, calculó que saltar desde esa altura con la suficiente fuerza y destreza le daría chance de agarrarse en el siguiente árbol por dentro del perímetro segurizado. Atinó a revisar ambos lados entre las frondosas ramas antes de parapetarse y en dos pasos ligeros y ágiles dar la hazaña brincando hacia el premio. Lo que no pudo saber de antemano era que la plantación venidera aún tenía ciertas ramas verdes, algo débiles y muy, muy flexibles. Pensó que podría columpiarse y luego pisar en ramas más internas, sin embargo al estilo de un junco pero en gigante, el ramerío donde tomó con ambas manos se dobló acompañando la caída semi-libre del pelinegro. Peligro inminente, con una reacción espontánea para soltar manos y al pisar el suelo con piernas rectas pero flojas intentó absorber el máximo de fuerza impactando a su cuerpo al haber flexionado en milisegundos sus rodillas. Cual resorte cargando energía potencial se fue hacia adelante dando vueltas carnero un par de veces depositando el resto de su peso cayendo a través de la espalda curvada y rodando por el suelo.

Se lastimó a pesar de llevar una playera y encima una camisa desabotonada. La espalda quedó marcada por algunas piedras y escombros repartidos entre el césped silvestre lindante al edificio abandonado. En un brazo ya se notarían un par de cardenales de estimada importancia, mas no de gravedad urgente.

Golpeado por culpa de su excesiva confianza, se puso de pie limpiándose el polvillo y ramas y hojas. Tenía como tres entre su cabello melenudo. No miró para atrás cuando, quejándose contra sí mismo, caminó a través del umbral que seguramente en el pasado sostuviera las hojas de una enorme puerta doble de madera maciza. Hoy sólo quedaba una de esas hojas y las arrugas en la madera enseñaban enseguida la de añares encima; su hoja compañera, perdida quién sabe donde.

Ryuusuke sabía.


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Tema Privado Re: Misterios que no quiero resolver

Mensaje por Liesel Morgenstern el Dom Jul 14, 2019 1:50 am

Liesel siempre se había destacado por ser una buena alumna, de las cuales eran responsables, siempre asistían a clase al menos que hubiera alguna emergencia y aunque sus calificaciones no fueran excelentes, eran bastante buenas. Por lo que era algo extraño que decidiera saltarse clases...justamente como lo estaba haciendo ahora; se encontraba encerrada en uno de los cubículos del baño de mujeres, esperando que las voces se disiparan, ignorando el sonido de la campana, que llamaba a los estudiantes a sus respectivas clases. La rubia abrazó su mochila buscando cualquier excusa para no salir, justificando sus acciones con que era algo que todos los adolescentes hacían, que ella no tenía que ser la excepción.

Se acomodó las mangas de su cardigan color negro, de manera algo distraída, su uniforme como siempre se encontraba impecable, con los colores de su casa justo como el reglamento lo indicaba, al asegurarse que nadie más estuviera en el baño, Liesel salió de aquel cubículo y se detuvo frente al espejo. Su reflejo le regreso la mirada, su rubio cabello se encontraba perfectamente peinado en dos coletas adornadas con listones azules, su rostro parecía normal, excepto por una pequeña cortada en el labio inferior... Estudio su reflejo, moviendo su cabello en diferentes direcciones, al parecer no había rastros de lo que le había sucedido aquella noche en la calle, cuando aquel chico intento...el solo hecho de pensarlo le daba nauseas, por lo que negó con suavidad, se agachó para tirar de sus calcetas y que estas cubrieran más sus moretones...Después de curar las heridas graves con magia...y descansar durante días, la chica se dedico a quitar los moretes de su cara y cuello...eso no quería decir que su cuerpo estaba libre, la magia tenía un precio y ella tenía que ocultarlo por su bien.

Salió del baño con la mochila en sus hombros, caminando por los solitarios pasillos en búsqueda de la salida, y con la misma tranquilidad con la que caminaba por los pasillos, salió del edificio escolar. La joven necesitaba un lugar para esconderse del mundo, por lo que comenzó a vagar y a vagar, con la mente totalmente en blanco, intentando pensar en cualquier otra cosa en lugar de los recuerdos tan oscuros que se atravesaban por su cabeza; sus pasos la llevaron a un área que sabía que no debía de estar : El edificio abandonado. El cual obviamente estaría solo...varios rumores se decían del lugar y Liesel buscando una excusa para estar distraída sin pensar en el hecho de que sus ropas no eran las más adecuadas o del daño que podría hacerse, con cuidado se brinco la barda con mucho esfuerzo, cayendo en el suelo de manera cuidadosa, al notar que no se había lastimado, se sacudió la tierra de la ropa y tomó su mochila de nuevo, ahora buscando una manera de entrar... No le fue difícil encontrarlo, el edificio no tenía puerta alguna, y aunque admitía que sería mucho más divertido haber tenido que entrar por la ventana, la puerta era mucho más conveniente.-No necesitas nuevos moretes Morgenstern.-se reprendió mentalmente mientras entraba al edificio.

Insegura de donde dirigirse, decidió caminar de nuevo sin rumbo alguno, buscando un espacio seguro para descansar, tal vez dibujar o leer uno de los libros que siempre cargaba con ella; encontró un gran ventanal, con los cristales rotos, pero con buena luz y una vista decente del patio. Al ser tan pequeña podía esconderse con facilidad si alguien venía también, por lo que se quito su suéter y lo puso en el suelo, tratando de mantener sus uniformes lo más limpios posibles. Dejo su mochila cerca de ella y comenzó a buscar que hacer.. Estaba a punto de sacar sus colores cuando la tapa de un libro llamo su atención, era uno de los libros de Harry Potter, el tan solo ver la portada le hizo recordar una aventura, debajo de una iglesia, con criaturas bastante extrañas...Liesel estaba tan metida en sus recuerdos que cuando escuchó un ruido seco en el patio no pudo evitar sobresaltarse; con cuidado y escondiéndose lo mejor posible se asomó por la ventana, descubriendo que lo que había provocado aquel ruido era una persona...de cabellos negros y aparentemente portaba ropas casuales.

La adolescente actuó de manera rápida, como si el meterse en ese tipo de lugares era algo que hiciera seguido -No te hagas la tonta...-pensó de nuevo mientras tomaba sus cosas y buscaba un lugar para esconderse de aquel intruso...era tonto pensar así , teniendo en cuenta que el viejo edificio no era de su propiedad...pero algunos unos momentos atrás, había sido un santuario para la confundida jovencita.


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