Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Matsuoka Kenzo el Sáb Mayo 11, 2019 10:37 am

Aun tras la reticencia inicial de Alice, la joven al final había cedido a acompañarle. La verdad es que no tenía intención de forzarla a ir con él -aunque eso fuese lo que parecía totalmente debido a su forma tosca de expresarse-, de haberse quejado más ella seguramente hubiese pensado en otra alternativa, sin embargo él no veía qué había de malo con la suya. Claro que Kenzo estaba chapado a la antigua y demás, sin embargo tenía tan claras sus intenciones y motivaciones para aquella propuesta que la idea de que pudiese considerarse algo indecente ni siquiera le pasaba por la cabeza. Para él lo único que hacía era ayudar a una empleada en apuros, nada más.

El viaje fue tranquilo, Kenzo iba rápido para no perder tiempo, pero nunca sobrepasaba el límite de velocidad y respetaba todas las señales, se notaba que tenía soltura sobre la moto, y es que conducir por las calles desiertas en mitad de la noche le proporcionaba cierta sensación de placer y liberación. Cuando finalmente hubo aparcado y ambos se metieron en el ascensor del parking, Kenzo presionó el botón de la última planta.

Alice hizo un comentario sobre que el lugar se veía lujoso, y luego le prometió que no causaría problemas. Él respondió con un leve asentimiento de cabeza y un seco “sí”, sin reparar en la incomodidad de la joven. Finalmente llegaron a la última planta, ante ellos quedaba un pasillo que se iluminó tan pronto pusieron un pie en él, y en este había varias puertas. Kenzo sacó una llave y abrió la que estaba más a la derecha, entró y encendió la luz que iluminó el piso.

Luego de un muy pequeño pasillo se podía acceder a una amplia habitación en la que se diferenciaban dos partes, a un lado una cocina pequeña pero de aspecto moderno y bien completa, y del otro un salón con una mesa baja, un sillón, un amplio sofá y un mueble en el que descansaba una amplia televisión. Al final del salón se podía ver un enorme ventanal con las cortinas corridas, unas puertas de cristal que daban lugar a una pequeña terraza con sillas y, más allá, a la oscura noche.

Tomaré algo antes de dormir ¿Quieres que te prepare algo a ti también? —preguntó el nipon, con tono desenfadado, mientras se quitaba el chaleco de cuero para colgarlo de una percha en el pasillo de entrada, antes de adentrarse al salón. Como su trabajo empezaba a finales de la tarde y terminaban de madrugada siempre le decía a sus empleados que fuesen ya cenados o se llevasen algo rápido para comer en la habitación de empleados durante el descanso, sin embargo él tenía por costumbre tomar algo a la vuelta, aunque fuese tan tarde, para así no tener problemas aunque luego se despertase al mediodía.

Se acercó a la cocina y observó a ver que tenía, aunque ya sabía perfectamente lo que había, si no era ramen instantáneo sería yakisoba o cualquier otro preparado rápido, las desventajas de tener una vida tan ajetreada era que uno no se podía permitir platos más preparados -claro que no tener ni idea de cocina jugaba un factor mucho mayor de lo que él estaba dispuesto a aceptar-. Mientras ojeaba la despensa alzó la voz de nuevo— Puedes dejar tus cosas en el cuarto, o ponerte ya algo cómodo para pasar la noche, si quieres —añadió, señalandole una puerta al final del pasillo de entrada. Si ella quería algo entonces él podía prepararlo para los dos -básicamente meter lo que fuese en el microondas o hervir algo de agua-, así que la muchacha tenía tiempo para acomodarse y dejar sus cosas mientras. La puerta que él había señalado daba a un pequeño espacio con otras dos puertas, si Alice habría la de la izquierda se encontraría con un compacto pero bonito y limpio cuarto de baño, si por el contrario abría la de la izquierda encontraría una habitación bien amueblada, algo amplia, con una puerta que daba paso a un gran armario a un lado, y una gran cama de matrimonio en el medio del cuarto. La única cama de la habitación, y la única habitación a la vista hasta el momento.
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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Alice Walker el Sáb Mayo 18, 2019 12:17 am

En casa
del extraño

El departamento de Matsuoka era en definitiva muy lujoso, con precioso decorado interior —aunque bastante sobrio para el gusto de la rubia que hubiera usado colores pastel—, además de ello estaba impecablemente limpió. Bueno, no era de extrañar ya que el jefe parecía ser exigente no sólo en el trabajo sino en todo aspecto de su vida. Claro que desde ya, Alice atribuyó dicha pulcritud al servicio que Kenzo debía tener contratado para ese propósito. Algo que le sacó rubor a sus mejillas «¿qué pensará la persona de servicio cuando venga y me encuentre aquí?», posó ambas manos sobre sus mejillas pensando que nadie creería que sólo era una huésped y nada más.

Ewww... —balbuceó lamentándose por la cuerda floja de la cual pendía su reputación. Sin embargo, la sensación no le duró mucho ya que la voz varonil de Matsuoka la sacó de sus pensamientos abruptamente—. ¡Ah-hh!.... S-Sí. Un café, por favor.

Dudó al responder. Ya le había dicho que no le causaría molestias. Pero si él tenia hambre lo menos que la inglesa podía hacer era darle un poco de su compañía. Era una extraña en ese lugar, y así mismo se sentía como para ofrecerse en ese mismo momento a ser ella quien preparara algún alimento, cosa que realmente le gustaba hacer. Sentía un poco el nerviosismo a flor de piel. Esa sensación incómoda que no se iría hasta probablemente una semana después ya que se habituara al nuevo entorno.

Mientras Kenzo ingresó a la cocina, la chica de mirada azulina repasaba con la vista de forma discreta la decoración en el departamento, muy minimalista, típico de un departamento de varón. Quizá alguna pieza abstracta descansando sobre un buro y nada más. Sin embargo, la chica alcanzó a ver en su curiosidad, una foto sobre una repisa dentro de la cual posaba un grupo pequeño de personas y entre ellos el mismo Kenzo quien parecía estar... ¿sonriendo?

Ahm-mm yo no... sé —se le ahogó la voz cuando nuevamente el dueño del departamento la invitó a desempacar señalándole un pasillo donde al fondo se encontraba una puerta.

Notando que el japonés se encontraba absorto en sus labores culinarias, ignorando los movimientos de Alice, esta se vio sin remedio a seguir el camino señalado por el pasillo, atravesando la puerta sólo para encontrarse con otras dos.

Al menos tiene habitación para huéspedes —sonrió aliviada llevando su bolsa con sus pertenecías en mano. Sin embargo al abrir la puerta izquierda se llevó la sorpresa de encontrarse con el cuarto de baño. Pronto sospechó que ese departamento sólo contaba con una única habitación, una amplia y espaciosa que le erizó la piel tan pronto la hubo visto. Se adentró al dormitorio de Kenzo con suma precaución, muy despacio. No había ni siquiera un catre para ella ¿dónde suponía Mtsuoka que ella dormiría?

Aspiró profundamente, dejó caer los brazos así como la bolsa con sus pertenecías sin desempacar nada y mucho menos cambiarse de ropas. Salió de la habitación y regresando sobre sus pasos buscó al dueño del lugar dirigiéndose directamente a la cocina, donde lo encontró muy centrado en... bueno, hirviendo un poco el café express que ya tenía listo en una cafetera eléctrica.

¿Puedo ayudar en algo? —comentó en voz baja parándose justo al lado de la barra, observando al hombre manejándose con total libertad en la cocina.

Mirándolo desde ese ángulo, no parecía aquel tipo gruñón que andaba de un lado al otro en el bar. O aquel que siempre la llamaba en voz alta "¡Alice!", cuando la chica hacia algo mal o le tenía una nueva orden. Kenzo parecía dejar todo aquel estrés laboral, precisamente en el trabajo donde debía quedarse. Ahora más bien se le veía relajado, inclusive en el tono de su ahora suave de su voz. Vamos, ¡hasta había tuteado a la joven inglesa!

Es un lugar muy bonito —comentó nuevamente tomando  la taza de café entre sus manos, aunque estaba caliente fue precavida.

Lo cierto era que de ser posible evitaba al jefe lo más que podía durante las horas de trabajo en el bar, porque a la práctica eran como agua y aceite, no se llevaban bien, así que aunque habitualmente iniciar conversaciones era su fuerte, esta vez le costaba algo de trabajo.

Agradezco mucho tu ayuda —por sii no lo había hecho, agradeció. Bajando la vista sobre el color oscuro del contenido de la taza blanca, de la cual se desprendía un delicioso aroma que llegaba a su nariz.

De todas las personas que pudiera haber imaginado, jamás creyó que sería precisamente el nipón malhumorado quien le tendería una mano amiga, y de esa forma tan amable... para ser Kenzo Matsuka.

Ahora también trabajaré para pagar el hospedaje ¡por supuesto! —intentó sonreír con animosidad —tan habitual en ella —para suavizar el impacto de sus palabras, a la vez para liberar la tensión que sentía en el ambiente aun si quizá sólo era de su parte—. ¡Debe ser muy costoso el alquiler de un departamento tan lindo como este! —exclamó admirada echando un vistazo descarado al lugar—. ¿Vives solo aquí?

Probablemente la pregunta más estúpida que pudo haber hecho teniendo en cuenta que únicamente había una recámara, y que de tener pareja seguramente él no habría tomado la repentina decisión de invitarla —o mejor dicho, ordenarle— a hospedarse en su casa. No obstante, esperaba al menos con esa pregunta saber un poco más de Kenzo la persona, fuera de cuestiones laborales, pues en el trabajo siempre era tajante y distante. Un jefe agrio y tosco, quien sin embargo bajo el confort y calidez de su hogar, se mostraba más... humano. Por supuesto que aun era demasiado pronto para sacar conclusiones.



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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Matsuoka Kenzo el Mar Mayo 28, 2019 9:47 am

Kenzo alzó una ceja, extrañado de que la joven quisiese un café antes de irse a dormir, sin embargo no cuestionó sus gustos europeos y se limitó a encogerse de hombros y prepararle lo que ella quería. En el tiempo que Alice estuvo ausente puso el agua a hervir para el yakisoba y preparó una taza de café que ya tenía listo de la mañana anterior. No demoró mucho, y tampoco lo hizo ella, que volvió luego de dejar sus cosas pero sin cambiarse de ropa, preguntando si podía ayudarle en algo— No, esta todo controlado.

Le tendió una taza llena de humeante café oscuro, y luego le señaló la nevera— Hay leche fresca dentro, por si quieres rebajarlo, y azúcar en aquel bote —dejó que se preparase el café a su gusto, mientras vertía el agua hirviendo dentro de una taza de plástico con yakisoba instantáneo. En lo que esperaba a que se cociese la pasta la animó a sentarse en una de las sillas que había al lado de la cocina, cosa que él mismo hizo por no estar simplemente allí de pie.

Durante un momento se hizo un silencio incomodo entre los dos que ella intentó romper elogiando su casa, el problema fue que la mayor respuesta que obtuvo de su jefe fueron simples gestos de asentimiento y leves gruñidos que podían identificarse como darle la razón. Cuando le dijo que pagaría hospedaje en cambio la observó con cierta duda en su mirada, pero no dijo nada, sino que se limitó a abrir la tapa del yakisoba para ver que ya estaba listo.

Sí, mis padres se encuentran en Kioto, disfrutando la jubilación —comentó, mientras filtraba el agua sobrante y volvía a sentarse al lado de ella, juntando las manos en un gesto para agradecer la comida antes de tomar los palillos e hincarle el dedo a la pasta. Masticó pausadamente y tragó el primer bocado antes de volver a hablar—. Si pagas por lo que gastas entonces puedes quedarte aquí el tiempo que necesites, no hace falta que pagues el hospedaje —comentó, casi salido de la nada, como si fuese la cosa más normal del mundo.

Kenzo tomó otro bocado antes de continuar hablando— En el bar dijiste que habías perdido tu apartamento ¿Cuánto te retrasaste? —aquella fue una pregunta directa y sin tapujo a su problema. La joven lo dijo como si la hubiesen echado, podía ser que el lugar donde se estuviese quedando dejase de estar disponible de repente, pero la forma en que le dijo que no iba a pedirle un adelanto le hacía pensar que era más bien un problema de dinero… y la gente que rentaba sus pisos generalmente solía esperar un poco para ver si el otro pagaba antes de echarlo a la calle. Ahora el problema era cuánto retraso había llevado en el pago antes de que la echasen, si había sido solo un mes no sería un gran problema, pero si era más...— Si tienes pagos atrasados estarás en problemas si no los solventas pronto… Incluso si te contrato de forma definitiva el sueldo no será tan bueno como para que pagues otro piso y la deuda, más los gastos del día a día ¿Lo sabes no?

Sus palabras no contenían maldad alguna, ni siquiera la estaba recriminando por lo que pudiese haber pasado, simplemente parecía un padre que le explicaba a su hija por qué lo que había hecho le podía resultar un problema. Mientras hablaba Kenzo siguió comiendo tranquilamente, apenas apartando la vista de la taza. Dejó un momento para que la joven le explicase su situación, si es que quería, antes de volver a su punto inicial— No soy un alma de la caridad, pero tampoco me quedare de brazos cruzados mientras un empleado esta en problemas. Como dije puedes quedarte aquí un tiempo mientras pagas la deuda, solo te cobraré la comida, pero de que la cosa mejore tendrás que buscarte un piso ¿De acuerdo?
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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Alice Walker el Mar Jun 11, 2019 6:57 pm

En casa
del extraño

No había nada más ni mejor le recordara el grato aroma a hogar, que el que desprendía una buena taza de café caliente entre las blancas y delgadas manos de la chica inglesa. Con aquel vapor llegando hasta su nariz para llenarle los sentidos con una grata sensación a seguridad y confort, ¡tan diferente a aquel horrible sentimiento de desamparo e incertidumbre como el que había sentido tan sólo algunas horas atrás!. La muchacha aspiró el aroma tomando asiento justo donde el moreno le había indicado después de servirse un poco de leche para suavizar el sabor y convertirlo en algo más dulce. No necesitaba nada más en ese momento, justo cuando fuera del apartamento una brisa comenzaba a caer y algunos sonidos de truenos se dejaban escuchar volviendo el momento más acogedor para la fémina, quien escuchaba con atención las palabras del mayor, dándose cuenta de que Kenzo dentro y fuera del trabajo seguía siendo... Kenzo.

Continuaba siendo  incómodo dialogar con él, con aquellas palabras estrictamente directas en respuesta a la coloquial pregunta de Alice, sin mencionar el asunto de los gastos, cobranza y la mención explicíta de buscar un nuevo lugar para rentar. Sin embargo, no podía juzgarlo de poco empatíco a pesar de su actitud seca y distante, a su manera, el nipón trataba de ayudarla y eso lo entendía perfectamente la rubia. Tenía realmente motivos para estar agradecida aunque ella tampoco fuera capaz de evidenciarlo con la efusividad acostumbrada que usaría tratándose de otra persona que no fuera su jefe.

Aspiró profundamente dejando escapar un suspiro que sonaba a alivio. Al menos tenía un techo bajo el cual pernoctar, una preocupación menos por el momento.

Se quedó pensativa unos instantes ladeando ligeramente la cabeza mientras cavilaba alguna idea, en tanto sus ojos azulinos se clavaban en la ventana que en aquel momento se encontraba siendo azotada por una ola de pequeñas pero constantes gotas de lluvia que se deslizaban sobre el cristal.

Tienes razón —rompió el silencio en el que se había sumido, aunque mantenía fija la mirada en el mismo lugar, dando un ocasional sorbo a su taza de café—. Será difícil pagar una renta y cubrir los viáticos con una deuda pendiente.

La única solución a tal cuestión era en definitiva buscar un segundo empleo, aunque ya de por sí el único que tenía era algo desgastante porque su turno terminaba de madrugada. Pero sola se había metido en tal embrollo y sola debía salir de el mismo, aunque a la práctica ya Matsuoka le estaba dando una mano.

Buscaré un segundo empleo, uno de medio tiempo de ser posible para poder cumplir con mis deberes en el bar —se adelantó a agregar vaticinando el sermón que veía venir de su jefe sobre no aceptar menor rendimiento en el actual empleo—. No pensaba comentarlo pero ya que estaré aquí, esperemos que sólo unas pocas semanas, creo necesario hacerlo de tu conocimiento en el caso de que tenga que ausentarme fuera del horario laboral habitual en el bar.

Acercó la taza aun caliente a sus labios, sosteniendola con ambas manos, era la mejor forma de saborear el delicioso sabor, aunque no fuera quizá la más elegante. Pero ya lo había hecho una vez, probablemente afirmando la idea del nipón sobre lo maleducados que son los occidentales. Quizá era el momento de mostrarse un poco más como la alta etiqueta japonesa lo demandaba, y dejar de lado su estilo egoísta y rebelde, después de todo bajo el techo de Kenzo quisiera o no, debía someterse a las reglas que el varón tenía establecidas. De esa forma compuso su postura y optó por comportarse con más seriedad tomando la taza de café apropiadamente por la asa e incluso levantando el dedo meñique a la hora de empinar la taza al momento de beber de ella.

Aunque necesito saber, sobre los gastos que mi presencia genere. Si esperas una cuota fija o más bien prefieres que me encargue de determinados gastos especificamente —mejor hablarlo de una buena vez para saber cómo convivirían sin que más tarde hubiesen malentendidos.

Esperó por una respuesta, para después ella misma saber cómo proceder, pues esperaba que tras descansar algunas horas, ponerse en marcha sobre la idea de buscar un segundo empleo sin perder un sólo instante —aunque realmente no tenía uno, al menos no uno fijo pues seguía a prueba ¡con el trabajo que ese mismo le había costado conseguir! y ahora ya buscaba otro—.Con tanto gasto a las puertas no era hora de descansar en sus laureles, debía aprovechar esta segunda oportunidad que aquel malhumorado jefe suyo le daba. Antes que el moreno le reiterara su pregunta sobre cuánto debía al antiguo arrendador, una suma considerable que incluso le daba vergüenza admitir.  

El dulce sabor a café, a diferencia de la mayoría de las personas, provocó un ligero bostezo en la fémina evidenciando su cansancio y predisposición al sueño. La noche se prestaba para ello, aunado al relajante sonido de la lluvia que bañaba con suave constancia a la ciudad.

Se levantó de su asiento y buscó el fregadero con la mirada, aprovechando para comprobar de paso sí el propio Matsuoka había terminado su alimento para ofrecerse a lavar la loza. Tras lo cual, otro bostezo se apoderó de sus labios, aunque la joven lo supo disimular muy bien cubriéndose con el dorso de la mano.

Realmente, si no tienes inconveniente —estaba segura de que no lo tendría, conociéndolo como lo conocía—, me gustaría quedarme a dormir en el sofá —dijo buscando en el acto el mencionado mueble y tomando asiento sobre el mismo cuando lo hubo ubicado—. Deseo interferir lo menos posible en tu rutina diaria. Además de que soy más pequeña y me acomodo mejor aquí.




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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Matsuoka Kenzo el Sáb Jun 22, 2019 3:35 pm

Entre los silencios de la pausada conversación podían escucharse los lejanos truenos de la tormenta que se avecinaba, así como el golpeteo del agua contra el cristal del ventanal de la terraza. Cierto, se suponía que estos días tendrían alguna que otra tormenta, un detalle a tener en cuenta por si les pillaba mal a él o a sus empleados. Esperaba no tener que verse obligado a cerrar un día o dos por problemas de lluvia y los fuertes vientos.

Mientras observaba distraído la ventana, la joven le mencionó su idea d buscarse otro trabajo para poder pagar la deuda, no demorando en asegurarle de que le avisaría si ocurría alguna irregularidad en el horario de trabajo— Personalmente creo que es una mala idea, pero eres libre de elegir mientras cumplas tus obligaciones —respondió, su tono serio, mientras se terminaba la comida que quedaba en el bol de plástico.

No tenía pensado echarla de allí antes de lo necesario, claro que no iba a dejar que se quedase si la veía holgazaneando, pero si hacía su trabajo con él en buenas condiciones debía de ser capaz de pagar la deuda en un par de meses lo más seguro, quizá tres. No creía que cargase con dos trabajos fuese la idea más sabia, sin embargo mientras cumpliese con él no tenía ningún derecho a decirle qué hacer, por eso lo dejó estar.

Kenzo se levantó de la mesa para echar el bol y los palillos a la basura, mientras que la muchacha seguía con su taza, haciendo un extraño gesto con el meñique que él creía los ingleses solo hacían en las películas. Cuando le preguntó sobre los gastos él suspiró— Ya te dije, con pagar lo que comas es suficiente. No le des más vueltas a eso, salvo que comas en exceso o compres solo productos de lujo dudo que tengas problemas —comentó, tomándose un segundo para observarla bien antes de matizar—. Y no tienes pinta de hacer ni lo uno ni lo otro.

Ya con la respuesta dada la joven se terminó su café y se levantó para dejar la taza. Dijo de fregar la loza, solo era su taza y su cuchara -dado su estilo de vida rara vez tenia que fregar más que algún vaso- así que él la dejó hacer mientras que él se acercaba al mencionado sofá. Mientras abría un cajón oculto bajo el sofá en el cual había unas sabanas y mantas, la joven le dijo que quería dormir allí para no molestarle, mencionando que además ella era más pequeña.

No tienes de qué preocuparte, el sofá puede convertirse en cama así que es más grande de lo que parece —a modo de demostración, accionó una pequeña palanca bien escondida y pucho echar hacia atrás el respaldo del sofá, convirtiéndolo en una superficie más amplia, a la que le quitó los enormes cojines y reposabrazos de verdad empezó a tomar forma de cama—. Yo dormiré aquí, estoy acostumbrado a este tipo de camas, además un hombre no debería dejar a una mujer dormir en un sofá habiendo una cama disponible.

Kenzo recordó por un breve instante las guardias cuando era policía. El como se turnaban en la comisaría para compartir aquel camastro duro de la salita de vigilantes mientras otro se quedaba despierto, atento a cualquier incidencia. Ahora mismo aquellos eran recuerdos agridulces. Con eso en mente le insistió a la joven que durmiese en su cuarto, sus palabras a medio camino entre la caballerosidad y el machismo, mientras terminaba de arreglar el sofá para que se viese como una cama de verdad, haciendo uno de los cojines de este el papel de almohada. Fue a tomar un pijama de su cuarto, que era lo último que necesitaba, para poder cambiarse en el baño, aunque intercambió una mirada antes con la joven, esperando que no hubiese protesta por su parte.
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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Alice Walker el Miér Jun 26, 2019 11:12 pm

En casa
del extraño

La muchacha dirigió una discreta pero certera mirada furtiva a su ahora roommate en forma despectiva debido a la respuesta de Kenzo. No es que le sorprendiera, al contrario, había reaccionado justo como ella lo había anticipado, pero aun así continuaba resultándole molesto. Guardó silencio y prefirió de momento centrarse en lo que hacía, mojar su taza mientras intentaba adivinar en dónde estaba el jabón de trastos.

Mientras realizaba su sencilla "labor", otro comentario del mayor causó que se frunciera el ceño de la rubia. Tal vez ella era distraía o no se sabía explicar. Pero bueno, lo cierto  era que a esas horas del día y con ese clima arrullador, ya los parpados le pesaban y ligeros bostezos se escapaban de sus labios pequeños y rozados.

Muy bien. Entonces así será —daría por sentado que ella surtiría su propia despensa por su cuenta y no se metería con la del jefe. Lo entendía bien, que compartieran el departamento no significaba que compartieran los alimentos, y esa idea estaba bien para ella.

¡Ah! —apenas y abrió los labios arqueando una ceja, con expresión de sorpresa en su rostro juvenil. Miró al hombre que se disponía a hacer cualquier cosa después de dejarle la taza con residuos de café, casi de inmediato ahora bajó la vista hacia su figura. «¿Me está diciendo que soy delgada?» pensó tras escuchar sus palabras. Bueno, eso parecía un halago pero, después de concluir la frase sobre no considerar que la chica fuese la clase de persona que gastaría en lujos, terminó por darse por ofendida frunciendo el ceño y haciendo una mueca con los labios, disimulando su disgusto al ocultar su rostro cuando terminó de lavar la taza del nipón, luego la secó con un paño seco y limpio para terminar acomodándola junto a la otra sobre la tarja. Mientras tanto, Kenzo ahora centraba la atención en el sofá, al parecer se había percatado de los ojos cargados de la fémina y comprendía que era hora de dormir. Eso o era simplemente que él se encontraba en las mismas condiciones.

En el bar era difícil tener momentos de tranquilidad, pues desde que llegaba todo era un correr para acá y para allá. Ya fuera cambiándose el uniforme, limpiando la cristalería, asegurándose de que los ingredientes estuvieran bien surtidos tras la barra. Limpiando y atendiendo a los clientes que llegaban a temprana hora. Mientras Matsuka solía permanecer la mayor parte del tiempo recluido en su despacho atendiendo la papelería. Kenzo era un joven adulto muy capaz y con excesiva confianza en sí mismo, pero en la tranquilidad de un hogar —aun sí fuese ajeno—, Alice pudo notar aquella vieja lesión en la pierna del varón. No sabía mucho sobre ese incidente, sólo lo que se rumoraba de boca en boca entre los empleados del bar. Y a pesar de que parecía que el japonés se había acostumbrado a su condición, todavía podía apreciarse que para algunas actividades resultaba incómodo. Como al agacharse para extender el sofá cama. La rubia nunca antes había prestado tanta atención a ese detalle como lo hacía ahora. Kenzo no decía nada, jamás lo evidenciaba en el rostro, ni un quejido... nada. Él era sin duda, un personaje extraño y muy misterioso. Incapaz de quebrarse o pedir ayuda. ¡Ni pensarlo!

Y una mujer no debería permitir que un hombre que claramente necesita una cama ortopédica duerma en un improvisado lecho —podría perjudicar la lesión de su pierna—. ¿En dónde quedaría la igualdad de género? —balbuceó todo ello mientras observaba al pelioscuro entrar a la recamara y salir con rumbo al baño con unas prendas que supuso eran las de dormir.

Sabía de la terquedad del hombre, casi al mismo nivel que la de ella. Y como su bolsa con la poca ropa que había llevado se había quedado precisamente en la recamara, supo que no había tiempo de hacer más nada que un improvisado plan. Rápidamente se sacó los zapatos así como las medias y la chaqueta dejándose la camiseta encima y los pantalones leggings. Después tomó la liga con la que estaba sujeta su abundante melena, dejando caer la misma sobre sus hombros y espalda. Afortunadamente para ella, Kenzo había dejado la improvisada cama lista para usarse, con las sábanas y almohadas también. De manera que la rubia se apresuró a tomar una esquina de la sabana y levantándola se introdujo en la cama cubriéndose casi por completo el cuerpo, dejando entrever únicamente parte de su nariz y ojos claros.

Estaba segura de que su jefe se molestaría por eso, creía conocer casi a la perfección sus reacciones. Pero estaba decidida a no recibir los actos de caballerosidad del nipón, primero porque le parecía que el dueño de la casa —y aunado a ello, con esa lesión—, no debía dormir en un sofá. Y segundo, porque honestamente le incomodaba cuando Matsuoka se portaba extrañamente caballeroso. Quizá estaba acostumbrada a tenerlo por malhumorado que ver esa parte "amable" del hombre le parecía raro.

Hazme el favor de apagar la luz cuando te vayas, sino es mucha molestia —se apresuró a decir tan pronto escuchó sus pasos de regreso a la sala de estar. Adelantándose a los hechos para evitar que se pusiera a reprocharle el haberse adelantado a ocupar el sofá cama. Con la esperanza de que no fuera a comenzar una de sus típicas discusiones.

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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Matsuoka Kenzo el Sáb Jun 29, 2019 3:35 pm

El sofá-cama ya estaba hecho, no era ningún lujo pero haría bien el apaño, así que fue a su habitación a recoger uno de sus pijamas,  uno de tela fina, primaveral, de un sencillo color azul oscuro. Se dirigía al baño para cambiarse cuando, al pasar, pudo escuchar la queja de la muchacha sobre su propuesta. Que le llevase la contraria no era nada nuevo, casi que lo esperaba incluso, sin embargo el comentario que hizo hacia su pierna hizo que el nipón se detuviese un instante, a pocos pasos del baño, para dedicarle una fría mirada de reojo acompañada de unas pocas pero duras palabras— No soy un lisiado que necesite una cama ortopédica, así que no vuelvas a sacar el tema ¿Queda claro?

Se podía notar en la seriedad de su voz que había tocado un tema tabú para él, que estaba enojado incluso, sin embargo no añadió nada más, solo entró en el baño, cerró la puerta y comenzó a cambiarse. Mientras lo hacía no pudo evitar pensar de nuevo en aquella herida suya, se esforzaba por ocultarla, hacer como si no existiese, sin embargo era plenamente consciente de ella… y también lo era de que los demás la conocían.

Pasaba la mayor parte de su día en su despacho, sentado, tratando de no hacer esfuerzos, sin embargo con frecuencia debía moverse y su trabaja le exigía estar hasta tarde. Por mucho que se cuidase al final del día era imposible disimular la cojera fruto del agotamiento de un largo día, sabía que sus empleados lo habían notado y en alguna ocasión había alcanzado a escuchar a algunos murmurando al respecto, pero solía hacer oídos sordos. Que Alice se lo comentase a la cara, sin embargo, le molestó mucho más, aunque no estaba seguro del porqué.

Al salir del baño se dirigió al salón, pero detuvo su paso en la puerta que daba a este al ver que la joven ya se había tumbado en el sofá y se había cubierto con una sabana, pidiéndole si podía apagar la luz al salir. Kenzo dejó escapar un suspiro— En verdad eres una mujer terca —fue todo lo que dijo. Andaba malhumorado, demasiado como para mantener sus modales y desearle un buen sueño, pero no tanto como para empezar otra discusión sobre el tema cuando ya estaba claro que no iba a ceder. Así, apagó la luz y se internó en su habitación para pasar una noche de sueño acompañada del sonido de la tormenta en el exterior.

La alarma de su móvil le despertó al día siguiente. Eran las once de la mañana, la hora a la que solía despertar dado su horario nocturno. De la misma forma siguió la rutina del resto de mañanas, se levantó, preparó la ropa para el día -camisa blanca, pantalones y zapatos oscuros, lo usual- y se internó en el baño. Ni siquiera miró al salón mientras recorría el pequeño espacio entre su habitación y el aseo, simplemente entró y se dio su ducha matutina. Al rato salió ya vestido, con el cabello aún algo húmedo y una pequeña toalla con la que se secaba este. Se asomó al salón para ver si la joven había despertado ya o si seguía dormida, cosa que no le hubiese extrañado con el aspecto de agotamiento que tenía el día anterior.
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Mensaje por Alice Walker el Dom Jul 07, 2019 12:29 pm

En casa
del extraño

Al principio le había resultado divertido, como una travesura infantil de la que casi estaba segura de salir bien librada. Sin embargo, las palabras finales del nipón antes de ir a dormir, le llegaron tan de golpe como una roca directo a la cabeza... ¿Qué había dicho mal?

Alice abrió los ojos de par en par como dos platos. Había susurrado la frase sobre la condición física de Kenzo como un comentario para ella misma, pero había sido lo suficientemente alto como para que aquel escuchara su indiscreción. La muchacha apretó los ojos, bien cerrados, haciéndose pequeña en aquel mar de sábanas, demasiado apenada como para decir algo en su defensa.

¡Que estúpida! —volvió a musitar, maldita manía suya, después que escuchó la puerta de la recamara cerrarse.

En definitiva, el tema sobre la pierna de Matsuoka era sumamente delicado, ahora lo sabía. Quizá le recordaba un evento trágico, una perdida, ¿qué podía saber la rubia? Sólo que había actuado demasiado imprudente. Tal vez y solo tal vez, Kenzo tenía razón cuando decía que la inglesa era una joven inmadura que tomaba todo a la ligera. No es que creyera cada palabra que dijera el mayor, pero almenos parecía darle la razón esta vez, sólo por un momento. Aquella no era la mejor manera de pasar su primera noche con su nuevo compañero de vivienda, mucho menos cuando este de buena o mala manera, la había salvado de tener que dormir en las calles.

La muchacha se sintió mal por la situación que un "simple" comentario había suscitado, pero honestamente se encontraba demasiado cansada como para que siquiera tal inconformidad le robara el sueño. Si habían pasado cinco minutos antes de que la fémina cayese rendida de sueño, era demasiado.

Habría dormido quizá cuatro horas exageradamente, cuando los rayos del sol atravesando las cortinas del ventanal, besaron las mejillas rosadas de la inglesa, quien despertó ante la calidez y brillo dorado del astro rey anunciando un nuevo día. Se frotó los párpados suavemente, dejó escapar un bostezo pronunciado de sus pequeños labios y se puso en pie a continuación. Sentía como si hubiese dormido toda la noche a pesar de únicamente haber descansado menos que lo indispensable. El reloj de pared del apartamento indicaban que eran poco más de las diez de la mañana. Todo estaba en absoluto silencio a pesar de enconcontrarse en el corazón de la ciudad. No había señales aun del dueño del lugar, así que la chica aprovechó para nuevamente adelantarse y recoger el tiradero que pudiera haber en la sala de estancia comenzando por armar de nuevo el sofá que le había servido de cama. Le costó un poco de trabajo pero al fin lo consiguió sin que saliera volando un tornillo. La cocina también estaba técnicamente limpia, de modo que sólo ordenó lo que hacía falta. Habían pasado quizá treinta minutos y seguía si  haber señales de Kenzo, a Alice le habría encantado tomar la ducha aprovechando la soledad del lugar pero, la bolsa con sus pertenecías seguían dentro de la recamara del varón. No había más opción que esperar a que la puerta se abriera. Para aprovechar el tiempo entonces optó por tomar el desayuno, aun no tenía una despensa propia así que no tenía más remedio que tomar un poco de la de Kenzo, sólo por esa vez. De la alacena sacó un cereal de avena y del refrigerador un jarrón de leche lo cual vertió dentro de un tazón.

Se encontraba pensativa cuando hundió la cuchara en la leche, tenía no únicamente que conseguir dinero para surtir su despensa, debía obligadamente conseguir un segundo empleo de media jornada si es que quería sobrevivir. El sueldo del bar sería destinado para pagar deudas y ahorrar para conseguir una vivienda propia, el sueldo del segundo empleo sería para los víveres y gastos de luz y gas que generara mientras viviera en ese lugar. Si lo pensaba bien, tenía por delante pocas horas para emplearlas en la nueva búsqueda.

En sus pensamientos estaba cuando escuchó el clic de una puerta al abrirse, inevitablemente levantó la vista azulina sólo para encontrarse con un Kenzo bien vestido y con el cabello mojado.

Buenos días —dijo sin mucha efusividad, menos al recordar la manera en que había terminado su conversación anterior.

Jugueteó un poco con la cuchara sumergida en el cereal, ante el pobre tema de conversación. Pero luego se decidió a iniciar un diálogo sencillo, debía hacer llevadera su estancia mientras compartieran vivienda, y eso hasta una terca como Alice lo sabía.

Espero que no te moleste —sobre haber tomado el desayuno de su despensa, la muchacha como buena inglesa gustaba de respetar la propiedad ajena y sentía el deber de disculparse de alguna manera—. Puedo prepararte algo para el desayuno, sí gustas. Tengo diplomado en alimentos y bebidas —añadió para suavizar su invitación, como dándole a entender que le servía de práctica el ofrecerse a preparar el desayuno y no que fuera exactamente un favor o un gesto de cordialidad.

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Mensaje por Matsuoka Kenzo el Dom Jul 21, 2019 3:43 pm

La joven le dio los buenos días tan pronto salió del cuarto, con un tono algo apagado aunque educado al menos. Al parecer ya se había levantado, quizás incluso desde hacía rato pues todo se veía bastante ordenado y se encontraba desayunando ya. Él le respondió con un seco “buenos días” y se acercó al frigorífico— No hay problema, puedes tomar lo que necesites por el momento —no esperaba que la joven estuviese con el estomago vacío hasta que rellenasen la despensa, a decir verdad ni siquiera tenía pensado apartar sus cosas y las de ella, simplemente le pediría que apoyase un poco con los gastos en comida y ya está, de esa forma sería más sencillo.

Andaba mirando dentro del frigorífico y con una de sus manos terminando de secarse en cabello cuando ella le propuso prepararle el desayuno, haciendo incapie en sus títulos. No pudo evitar dejar un pequeño amago de risa— En esta casa no vas a encontrar ingredientes me temo, solo comidas preparadas y sencillas —lo que dijo no era ninguna exageración. La chica podía tener todas las habilidades culinarias del mundo, pero Kenzo no tenía ninguna y eso se traducía en que todo lo que había en su casa se comía frío o necesitaba una preparación no más compleja que encender el microondas o echarle agua caliente—. Está bien, no suelo tomar nada más aparte del café.

Dejando la toalla tendida sobre sus hombros, tomó la leche del frigorífico y el café que tenía preparado del día anterior -quedaba algo menos tras el café nocturno de la joven, pero más que suficiente para su taza matutina-, y se preparó una generosa taza que no tardó en llevarse a los labios, aquello le ayudaba a despertarse con buen humor… bueno, según algunos quizá sería más adecuado decir que le hacía estar menos gruñón.

¿Te has despertado hace mucho? —preguntó con curiosidad, mientras iba a la mesa donde estaba desayunando ella y se sentaba frente a la joven. Lo cierto es que tenía mejor aspecto que ayer, especialmente si la comparaba con como la había visto en el momento en que, en mitad de la calle, le pidió que la dejase quedarse en el bar, sin embargo a sus ojos le parecía que seguía necesitando reposo ¿Habría dormido mal por la cama? ¿O quizá se debía a otra cosa?— Deberíamos traer el resto de tus cosas aquí, ya que será donde vivas durante una temporada ¿Todas tus pertenencias estaban en tu maleta o dejaste algo en alguna parte?

Le costaba creer que todas sus cosas hubiesen cabido en solo una maleta, pero bien podría ser que Alice fuese una minimalista, también era una opción que hubiese dejado sus otras pertenencias en algún almacén temporal o semejante. Como fuese, si iba a vivir allí los próximos meses seguramente necesitaría sus cosas, no podía vivir con apenas unas mudas limpias y poco más. Mientras se terminaba la taza de café le indicó que podía darse una ducha si quería, y que seguramente fuese buena idea ordenar sus pertenencias, su armario era amplio y tenía mucho espacio sin usar -dada su naturaleza no tenía demasiada variedad ni cantidad de ropa-, así que le dio permiso para usar ese espacio como gustase.

Mientras que la joven hacía sus cosas, él se terminó el café, lavó las tazas y luego se acercó al balcón del salón, abriendo la enorme ventana cristal para salir al exterior y apoyarse en la baranda. Pudo sentir el aire fresco en la cara, el día estaba totalmente despejado luego de la tormenta de anoche -aunque según los meteorólogos se avecinarían más tormentas los próximos días-, y un sol que ya se alzaba poco a poco sobre sus cabezas le daba los buenos días con sus cálidos rayos. Se encendió un cigarrillo y se quedó allí, con la mirada perdida en las vistas y fumando mientras hacía tiempo para que la muchacha terminase sus cosas, y luego ver cuál sería su próximo paso, si precisaría su ayuda… o si quizá quisiese hacerlo sola por su cuenta.
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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Alice Walker el Dom Jul 28, 2019 2:52 pm

En casa
del extraño

Se escuchaba un leve ruidito cada que la muchacha llevaba una cucharada de cereal a la boca. Era el delicioso y sustancioso alimento crujiente siendo devorado como el desayuno. La rubia al escuchar la respuesta del mayor, frunció el ceño casi al instante deteniendo el acto de alimentarse.

¡Eso debe cambiar! —impulsiva como a veces solía ser, exclamó como si se tratara de una orden—. El desayuno es el alimento más importante del día. Debe ser sustancioso y sobretodo, delicioso.

Sabía que los japoneses eran muy cuidadosos con su alimentación, en parte por eso tenían esa complexión tan delgada en sus cuerpos. Pero Alice conocía todo el trabajo que Kenzo hacia, y el tiempo que le dedicaba al bar —ahora también sabía más o menos incluso sus horas de sueño—, ¡no podía mantener ese ritmo de vida ni recuperar energías con tan sólo una taza de café y una sopa instantánea! ¡Inconcebible!

No dijo más al respecto, tener a Matsuoka sentado justo frente a ella siempre la intimidaba un poco, aunque no lo aceptara. Sin embargo muy en el fondo ella ya sabía de qué manera cambiaría esa despensa en casa de Kenzo. Lo haría de una forma tan sutil que le resultara difícil rechazarlo al dueño de la casa.

No mucho. Sólo me dio tiempo de recoger el sofá-cama y preparar mi... desayuno —respondió a su primer cuestionamiento, y sin percatarse de ello sonrió naturalmente olvidando su natural posición defensiva ante el nipón. Después abrió los ojos de par en par, parpadeando algunas veces con semblante desconcertado. ¿Traer sus cosas al departamento?... La muchacha escaneó el lugar nuevamente. Era verdad que aquel era un amplio y espacioso lugar, pero perfectamente diseñado para ser habitado por una persona o una pareja. Es decir, sólo había una recamara ¿dónde pues podría poner la suya, y su pequeño ropero, o su estufa y escritorio? Alice no tenía muchas posesiones, únicamente lo básico y aun así estaba segura de que mudarse enteramente al departamento de Matsuoka no era una opción—. Tengo más ropa y algunos pocos muebles... Pero desentonarían con lo bonito de la decoración del departamento —acentuó la sonrisa.

Esa fue toda su respuesta ante la cordial invitación del moreno, tras lo cual terminó su desayuno y luego se incorporó para asear lo que pudiera haber desordenado.

La ropa en definitiva la traeré porque la necesito, así como un mueble para ella si te parece bien. Por lo demás, no es necesario. Agradezco igualmente la oferta —sería quizá la actitud relajada que sintió manar de una forma muy natural por parte de Matsuoka, la misma que le transmitió a la inglesa la confianza incluso para mostrarse más afable con respecto a su trato con él. Al menos hasta el momento no se había convertido en ese hombre gruñón que ella conocía.

Aceptó en cambio, la libertad dada para utilizar el cuarto de baño. Hasta entonces volvió a tener acceso a la recámara sólo para tomar la bolsa con sus pocas pertenencias la cual había dejado por la madrugada, encontrándola justo en el mismo lugar donde la había dejado. Después se dirigió al cuarto de baño... impecable, para tratarse del baño de un hombre soltero. Puso el seguro en la puerta y sacándose la ropa, también liberó sus cabellos adentrándose en la suave agua tibia que caía de la regadera besandole la piel, mientras sus pensamientos volaban sobre su nueva vida en ese lugar. Pues, pensándolo más detenidamente, resultaba más difícil de lo que en un principio había creído. Comenzando por el hecho de que en definitiva no tenía intensiones de andarse inmiscuyendo en la recamará de Kenzo, un hecho que de sólo pensarlo le sacaba color a sus mejillas. Por otro lado estaba decidida a no causarle más problemas llenando su casa con las pertenencias de la inglesa. Estaba inmersa en sus preocupaciones que ni siquiera se daba cuenta que ya se encontraba secando sus cabellos largos y vestida con un nuevo atuendo. Aseó también el baño para dejarlo tan impecable como lo había encontrado. Al salir del cjarto de baño notó extrañamente vació el lugar.

¿Se habrá ido ya? —murmuró por lo bajo, extrañada de que Kenzo no le hubiese comentado que saldría. Caminó algunos pasos hasta que una suave brisa golpeó su dermis aun húmeda por el baño, las cortinas del balcón moviéndose al aire pronto revelaron la ubicación del varón en una vista que había que admitir, resultaba visualmente atractiva para cualquier mujer. La figura masculina de Kenzo, con su espalda ancha inclinada ligeramente hacia el frente apoyándose sobre el barandal con ambos brazos, mientras de sus labios se desprendía una bocanada de humo de cigarro. Alice al instante sacudió la cabeza volviendo la vista hacia otro lado con un visible rubor en las mejillas, enfocándose mejor en terminar sus propios asuntos, después de lo cual no tuvo más remedio que volver.

Yo... —quiso llamar su atención de forma discreta cuando regresó a donde el moreno parecía pasar un momento tranquilo y a solas—. Saldré un momento. Probaré suerte por si encuentro un empleo o algo similar que me permita cubrir mis gastos —comentó en tono bajo, de verdad le incomodaba interrumpir su momento de soledad donde sólo sabría él qué estaría pasando por su cabeza—. Pero necesitaré ayuda para traer mi ropero, por lo que mucho agradeceré tu ayuda, si es que no estas muy ocupado hoy.

No sabía que Kenzo tuviera automóvil, y la motocicleta no sería nada práctica para la tarea. Pero contratar una mudanza le resultaba inútil y excesivo, pagar por traer sólo un mueble que además era pequeño, en definitiva no valía la pena.

Bueno, me voy. Cualquier cosa puedes decírmelo por teléfono, o en el bar —ya que su búsqueda por un segundo empleo sería extensa y no estaba segura de si tendría la oportunidad de volver a casa o irse directo al trabajo. Se despidió del hombre dándole tiempo a pensar su respuesta, mientras que ella se dedicaba nuevamente a la interminable faena de conseguir dinero.


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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Matsuoka Kenzo el Lun Jul 29, 2019 9:17 am

Kenzo andaba sumergido en sus pensamientos, ideas acerca de cómo podrían afrontar aquella nueva convivencia de modo que no les supusiese mucho problema a ninguno de los dos. La joven decía que tenía ropa y unos muebles, pero que solo traería uno de estos al lugar para guardar sus prendas, supuso que no debía tener problemas para dejar el resto allá donde estuviesen así que no le había insistido más en el tema. Con respecto a la comida parece que ella sí quería llenar algo más la despensa, algo natural pues no tenía porqué alimentarse de comida precocinada solo porque él lo hiciese.

Se encontraba preguntándose cuándo fue la última vez que comió algo que se preparase en un microondas cuando la voz de la muchacha llamó su atención— No hay problema. Si acabas temprano puedes volver, traeremos tus cosas antes del trabajo —y de lo contraria ya se las apañarían. No sabía donde había guardado sus pertenencias la inglesa, si en un almacén o algo similar, pero prefería no andar trayendo cosas a las tres de la madrugada en la medida de lo posible.

Mientras la joven se despedía él entró de nuevo al salón, apagando la colilla en un cenicero sobre la mesa y haciéndole un gesto para que se esperase— Antes de que te vayas, vas a necesitar esto —abrió un cajón del mueble bajo la televisión, y sacó de este algo que luego le tendió a Alice. Un par de llaves de repuesto que escondía allí en caso de necesidad. Darle unas llaves de tu casa a una persona que conocías desde hace tan poco era una temeridad, aunque no mucho más que dejar a esa persona vivir en la propia directamente, aquellos eran actos que Kenzo no le hubiese recomendado a nadie dada su experiencia, sin embargo se tomó la libertad de ignorar sus propios consejos y llevar a cabo la temeridad—. Te veo más tarde.

Ahora sí, la despidió con un leve gesto de asentimiento y la dejó marchar. Por supuesto no iba a aceptar ninguna queja sobre el darle una copia de las llaves, ni la esperaba por parte de ella, pues a estas alturas ya estaba claro que las ibas a necesitar tarde o temprano, por comodidad de ambos. Con todos esos asuntos resueltos Kenzo se quedó solo y decidió retomar su rutina diaria, por extraño que fuese eso ahora que su día a día iba a ser diferente.

Así transcurrieron los siguientes días. Fueron un poco caóticos y atareados, pero al menos les sirvió para poner algo de orden en el lugar. Alice no encontró trabajo ni volvió a casa la primera tarde -al parecer ya le había costado conseguir el trabajo en el bar, así que no era extraño que le llevase algo de tiempo encontrar otro-, se encontraron en el trabajo donde tuvieron una jornada tranquila. Como era tarde volvieron a casa y dejaron la mudanza para el día siguiente, esa noche Alice le dejó claro que no tenía pensado cambiar su idea sobre la cama y el sofá y él decidió no insistir más en el tema.

El día siguiente trajeron las cosas de ella luego de comer -comida precocinada de nuevo, lo que había en casa-. Kenzo tenía un coche antiguo en el parking subterráneo, no era la gran cosa pues él apenas lo usaba y por tanto invertía su dinero en su moto, mucho mas nueva y reluciente, pero igual les sirvió para hacer el traslado. Trajeron la ropa de la joven y una cómoda donde guardarla que colocaron junto al sofá y no quedó ni tan mal; también dedicaron un espacio del baño para que la joven pudiese poner sus cosas de aseo personal. Alice volvió a buscar trabajo en lo que quedaba de la tarde pero cuando fue a trabajar esa noche fue de nuevo sin ninguna novedad. El que sí tenía noticias nuevas era Kenzo, que decidió cambiarle el contrato por uno fijo -aunque ya había dicho que lo haría-, por lo que a partir de este mes ganaría un buen pellizco más de dinero. Realmente aún le quedaban unos días de prueba, pero el nipón no veía motivos para demorar una decisión que ya estaba tomada.

Así llegó el tercer día. Esa mañana había sido como cualquier otra en un principio, hasta que la joven le sorprendió diciendo que quería encargarse ella de la compra ahora que la despensa estaba más vacía -algo normal, Kenzo no tenía por costumbre comprar mucho de golpe, y de repente el numero de bocas se habían duplicado-. Sin ver ningún problema en ello le dio algo de dinero a ella para aportar lo suyo— Para mi pilla los fideos más baratos, me saben todos prácticamente igual —cuando uno llevaba tanto tiempo comiendo comida precocinada al final le perdía la gracia, y en su caso llegaba al punto de que ya hacía mucho que se conformaba con llenar la tripa.

Como no tenía nada más que hacer, él mismo salió a la calle a hacer algo de ejercicio al aire libre. Cerca había un parque cercano donde le gustaba hacer estiramientos y demás, también dio un par de vueltas trotando a la zona sin embargo se vio obligado a parar cuando una punzada de dolor azotó su pierna, un aviso de que estaba haciendo más de lo que debía— Mierda —con una maldición entre dientes se sentó en un banco a reposar hasta que se le pasó el dolor, y luego volvió andando a casa.

Fue nada más abrir la puerta del portal que notó algo raro. Había ruido dentro, así que supuso que Alice ya había llegado, pero lo más notoria era el “extraño” olor que llenaba la habitación, un tipo de olor que aquella casa no había conocido— ¿Alice? —la llamó mientras cerraba la puerta tras de sí y se internaba en el hogar, con rostro curioso— ¿Estás… cocinando?
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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Alice Walker el Miér Ago 07, 2019 8:34 pm

En casa
del extraño

Con los días tan ocupados andando sin parar de un lado a otro, el tiempo le pasó volando a la muchacha. Aun seguía sin conseguir aquel segundo empleo, pero al menos ya había terminado de instalarse en el nuevo apartamento, optando por una más discreta cómoda que no desentonara del todo con la sala del lugar. Sin embargo, lo verdaderamente sobresaliente fue aquel momento en que, al terminar la jornada laboral cuando más exhausta la inglesa se sentía, Matsuoka la mando a llamar a su oficina «¿Y ahora que hice mal?», se preguntaba la chica mientras caminaba en dirección de la oficina, segura de que  el japonés le llamaría la atención, aunque no deducía el motivo. Para su sorpresa, el moreno se encontraba detrás de su escritorio de espaldas a ella, mirando a través de la ventana, luego de girarse sacó de un cajón un papel que deslizó sobre el escritorio. Era el anhelado documento que hacia oficial la contratación de la barwoman en el bar de Kenzo. Con la mirada llena de asombro, el rostro de Alice se iluminó sintiendo como si los problemas de su vida vieran al fin la luz al final de túnel. Con mucha emoción y una sonrisa que era imposible de disimular, Alice firmó el documento y estrechó enérgicamente la mano del jefe agradeciendo su confianza. Halló en tal acontecimiento las fuerzas que necesitaba para seguir buscando el segundo empleo con empeño, y realizar el primero con más entusiasmo.

Pero no solamente era en lo laboral y la vida privada que Alice parecía estar tomando cierta estabilidad —cosa que, emocionalmente la liberaba bastante de preocupaciones y el estrés de los últimos meses—, inclusive los choques de personalidad entre Kenzo y la rubia se habían reducido considerablemente. Quizá fuera una mera impresión de la extranjera, pero le parecía que Matsuoka se mostraba más comprensivo, no solamente hacia ella sino hacia todos en general. Los demás empleados, los clientes, los proveedores... ¿o quizá era que Alice estaba más dispuesta a cooperar y no obstinarse tercamente en hacer las cosas a su modo?. Honestamente no tenía una respuesta a esa pregunta. Sólo sentía que la manera en como se estaban dando las cosas, hacía que le resultara mucho más agradable y fácil de desempeñarse, teniendo un excelente ambiente laboral el cual inclusive se reflejaba como resultado en las horas pico donde el bar se llenaba de clientes, pasando un muy ameno rato de distracción, y por supuesto, trayendo más ganancias al negocio.

Estaba tan de buen humor la mujer, que había recobrado el gusto por pequeñas cosas que ya se le había olvidado disfrutaba hacer. Como ir de compras al supermercado para llenar la despensa. El extra en su sueldo junto con el dinero que Kenzo le había provisto para hacer las compras le sirvió para surtirse muy bien. Como buena administradora —y encima, como un buen don de toda mujer—, la rubia sabía precisamente a dónde acudir, y eso incluía ir a las plazas para comprar fruta y verdura fresca a un mejor precio que en las tiendas comerciales. No se olvidó tampoco del encargo de Kenzo, aunque se limitó a comprar únicamente tres piezas de sopa instantanéa. Lo que formaba parte de su plan secreto de convertirlo en una persona consumidora de comida casera, sana y nutritiva. Y que comenzara a dejar de lado la comida rápida tan pobre en nutrientes.

Desconocía aun muchas cosas sobre los gustos del japonés sobre comida—y ella por supuesto poco sabía de gastronomía japonesa ya que no era su especialidad, por lo que ni siquiera se pensó incursionar en ese terreno, mucho menos teniendo en frente a un comensal nativo—, así que para actuar con cautela, comenzó por preparar cosas sencillas mientras sondeaba los gustos o preferencias del mayor. Aquel día al regresar de las compras y teniendo la casa sola, aprovechó para tener la primera sorpresa para Matsuoka cuando aquel regresara de donde quiera que estuviera. Como Kenzo estaba acostumbrado a los fideos, Alice vio conveniente preparar un poco de espagueti —para que según ella, no resintiera tanto el cambio de alimentación— que iría acompañado de una salsa de tomate natural complementada con condimentos, la cual puso a hervir en la estufa para luego dejarle caer algunas bolas de carne previamente preparada, las cuales se cocerían y sazonarían con el caldillo impregnándolo con su sabor. Mezcla con la que bañaría ligeramente el espagueti, decorándolo con las albóndigas y unas ramitas de cilantro.

En el proceso se encontraba cuando la voz masculina de Kenzo la tomó por sorpresa sacándole un respingo.

¡Oh! Ya estas en casa —instintivamente tapó la cazuela con la salsa de tomate como deseando ocultar lo que le había preparado, aunque era inútil porque el aroma inundaba el departamento entero delatando la sorpresa—. S-Sí. Estoy preparando un platillo, aprovechando que la despensa esta surtida y que tengo algo de tiempo. ¿Por qué no te sientas a la mesa? ¡La comida esta lista!

Ya que ambos estaban en casa y los alimentos calientes, recién preparados, era una buena oportunidad para mostrarle sus dotes culinarios  pero sobretodo, para cerciorarse de que a partir de ese momento Kenzo se alimentara apropiadamente.

La muchacha se apresuró a sacar un par de juegos de loza y de cubiertos colocándolos sobre la mesa del comedor. Esperó un poco a que Matsuoka se acercara y tomará su lugar, mientras ella acercaba una sopera que contenía las albóndigas —una sopera que había traído consigo cuando Kenzo le ayudó con la cómoda, además de otros utensilios pequeños que creyó necesitar en el departamento—. Sirvió el espagueti con una ración apropiada, añadiendo las albóndigas cuyo color rojo encendido de la salsa le daba un apetitoso contraste al color de la pasta. Una vez la mesa lista, Alice misma tomó asiento frente al nipón.

Aquí hay queso gratinado por si gustas agregarle —dijo acercando el recipiente—. También preparé un poco de agua fresca con fruta natural.

Siendo una comida muy casera, prefería tomar agua o jugo en lugar de ofrecer vino o alguna gaseosa. Pero todo era parte de un conocer a su comensal más cercano. Esperaba ser capaz de llenar las expectativas de un paladar tan refinado como el de Matsuoka, más ante todo, que aquel disfrutara de una buena comida casera.

Parece que estuviste haciendo ejercicio —comentó notando disimuladamente como el moreno se tocaba la pierna lesionada. No es que pensará que anduviera algo mal, pero quería asegurarse de que todo estaba bien. Aunque de andar mal, pensaba que Kenzo jamás lo admitiría—. Estoy segura que el espagueti con albóndigas te sentará de maravilla —o eso esperaba ella.

Tras lo cual sonrió un poco dando un buen bocado a su propio platillo, mientras a la vez se mantenía expectante a las reacciones de él.

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Mensaje por Matsuoka Kenzo el Sáb Ago 17, 2019 10:51 am

Kenzo se encontraba un poco confuso. No es que esperase que la chica se la pasase comiendo comida precocinada como él ni nada así, ya tenía asumido que acabaría preparando algo para sí misma, pero igualmente le pilló por sorpresa debido a lo repentino que era todo. Lo que más le extrañó fue que le dijese que tomase asiento, que la comida ya estaba lista ¿Se había anticipado a su llegada y le había preparado uno de sus fideos instantáneos?

Como no sabía muy bien qué hacer le hizo caso de forma automática, colgó su chaqueta del perchero cerca de la puerta y tomó asiento en la mesa donde solían ponerse para comer. Con soltura propia de una maestra del ámbito de la cocina, Alice colocó la mesa sin darle tiempo siquiera a ofrecerse a echar una mano, todo aquello le produjo una sensación de lo más peculiar al nipón, no desagradable, solo… peculiar. Más fue su extrañeza cuando ella le sirvió entonces la comida y resultó no ser la que esperaba— ¿Has cocinado también para mi?

Era una pregunta retórica más que nada, pues su plato ya estaba servido así que la respuesta era evidente. Kenzo observó el generoso plato de espaguetis, cocidos al punto, cubiertos con aquella salsa de tomate brillante y acompañados de una jugosas bolas de carne. En un instante la boca del hombre se hizo agua ante el olor de la comida, mientras que la rubia le ofrecía agua— Ah, agua, sí… gracias —asintió, aún algo perdido con la escena, frotándose con un gesto distraído su pierna mala que aun le tiraba un poco. A ella sí que no pareció pasarle desapercibido al gesto— Solo estuve dando una vuelta.

Asintió ante su comentario sobre la comida y observó como ella daba el primer bocado y parecía disfrutar la comida. Él mismo bajó la mirada entonces y tomó los cubiertos, preparando un bocado de espaguetis son salsa y su correspondiente pedacito de carne. Se lo llegó a la boca y entonces sus cejas se arquearon levemente ante la sorpresa. Su rostro cambió a uno impasible un momento, y luego comenzó a saborear bien el manjar en silencio. Luego de tragar tomó unos segundos de silencio antes de hablar de nuevo— Está delicioso.

Pronunció aquellas palabras como si le costasen. No porque le costase alabar el buen trabajo de otra persona, sino más bien porque no estaba acostumbrado a un gesto como aquel. Carraspeó levemente, y sin saber qué más decir tomó otro bocado con ganas, y luego otro y otro. No recordaba cuando fue la última vez que comió de verdad, de vez en cuando iba a restaurantes pero hacía un tiempo ya desde la última vez porque quería ahorrar dinero con todo el ajetreo del bar y que este había tenido un duro inicio, por lo que aquella comida le supo a gloria, e incluso el tosco y seco de Kenzo no pudo evitar que se le notase una muy leve sonrisa mientras seguía comiendo.

Cuando hubo terminado, dejando el plato impecable, puso los cubiertos a un lado y se limpió la boca— Gracias por la comida, eres… una gran cocinera —comentó, aun con una cierta y extraña vergüenza que no sabía bien de donde venía ni cómo manejarla. En un intento de salir de la embarazosa situación se puso en pie cuando ambos hubiesen acabado y comenzó a recoger los platos— Deja que me encargue yo de esto —comentó, queriendo sentir que pagaba la deuda de algún modo. Así recogió la mesa y se encargó él mismo de fregarlo todo.

Durante la comida no hubo mucha conversación por medio, en parte por la sorpresa y en parte porque él era así, sin embargo mientras terminaba de fregar decidió dedicarle algunas palabras— Alice, tú… ¿Sabes que no necesitas cocinar para mi también, no? —preguntó, con tono serio, no molesto, solo precavido. Él sabía desde un inicio que ella no llevaría el ritmo de vida que él tenía, le parecía natural que si tenía la habilidad cocinase para sí misma, pero no quería que sintiese que estaba obligada a cocinar para él solo porque era la única que sabía— No quiero que te sientas como una sirvienta, eres mi invitada... y no voy a juzgar tu trabajo por cosas fuera de este —añadió, dejando escapar una leve risa amarga, mientras frotaba los últimos platos, observando de reojo a la muchacha a la espera de su respuesta.
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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Alice Walker el Sáb Ago 24, 2019 11:03 pm

En casa
del extraño

Probablemente era la primera vez en mucho tiempo en que una grata sensación de satisfacción inundó completamente el interior de la inglesa. Es decir, cuando Kenzo decidió contratarla definitivamente resultó en un éxito y felicidad que hacía mucho no experimentaba tras su largo historial de fracasos desde su llegada a Éadron, pero esta vez era algo que se sentía igualmente intenso pero de una forma diferente, cuando pudo observar aquel ápice de contentamiento en el rostro siempre inexpresivo de Mtsuoka, los alimentos habían conseguido algo que ni la propia Alice hubiera soñado. Y es que pocas cosas producen tanto bienestar, como el reconocimiento de un trabajo con esmero y bien intencionado. No, no habían sido exactamente las palabras del mayor sino el gesto afable en su rostro el que le produjo tal sentimiento.

Con ello la muchacha disfrutó aun más de los alimentos y con mejor humor, tanto que inclusive se sentía a gusto compartiendo la mesa con su jefe.

Hum, me alegra que el platillo haya sido de tu agrado —como pocas veces sucedía, la rubia sonrió agradecía y halagada. Fue todo lo que dijo durante el transcurso de la comida ya que igualmente Kenzo no solía ser muy platicador y ella se contentaba en observar como el plato de él iba quedando de a poco vacío.

Algo que sí la tomó por sorpresa fue que el nipón se ofreciera a lavar los trastos, a lo que la chica no se opuso sino que por el contrario agradeció ya que tenía planeado salir temprano en busca de su ansiado segundo empleo. Aunque no se mencionaba el asunto, la verdad era que Kenzo aun seguía corriendo con los gastos fuertes del departamento y eso no le agradaba a la inglesa quien era partidaria de la equidad.

Mientras Kenzo continuaba con el aseo tras el almuerzo, la muchacha escuchó con atención  al mayor, encontrando sus palabras confusas, lo que la llevaba a formularse preguntas mentales acerca del varón, pues, a su parecer encontraba perfectamente normal que dos personas que comparten vivienda por azares del destino, bien pudieran compartir también un buen plato de comida. A menos que las costumbres en Japón dictaran otra cosa, en cuyo caso probablemente Alice ya habría cometido otro acto de atrevimiento como Kenzo llamaba a las costumbres occidentales. Pero... él no parecía molesto ni a disgusto cuando le comento que Alice no tenía por qué cocinar también para él. Esa idea hizo que descartara la primera. ¿Luego entonces, qué le habría incomodado? Probablemente el hecho de creer que la rubia estaba invadiendo de algún modo su privacidad, o tomándose confianzas indebidas. Sí, tal vez era esa la razón. Pero definitivamente no era lo que la inglesa pretendía ni mucho menos, por lo que para evitar cualquier clase de malentendido, prefirió no entrar en detalles con un elocuente discurso, más bien, saliéndose por la tangente.

Se acercó al perchero, y tomó la chaqueta y bufanda que estaban junto a la prenda de Matsuoka, colocándose ambas encima sin detenerse demasiado en el tema.

Yo preparo los alimentos, y tú lavas los trastos ¿es un trato justo, no te parece? —sonriendo volvió la vista hacia donde se encontraba el moreno en su labor—. Es lo más natural del mundo compartir tareas ¿no? Después de todo ahora yo también vivo aquí —un guiño de ojo espontaneo dio por finalizado el tema.

Esperaba que aquella sencilla respuesta fuera suficiente para acallar las incomodidades que pudiera sentir el nipón y que se quedara tranquilo, ni ella misma se sentía una sirvienta solo por hacer deberes propios de un hogar. Ambos eran adultos e independientes, pero podían tener una buena convivencia sin problema alguno ¿verdad?

Además de que, en el fondo la muchacha realmente se preocupaba porque su compañero se alimentara apropiadamente. Pocos placeres existen en la vida, y uno de ellos es comer. Y si la comida podía poner una sonrisa afable en el rostro malhumorado de un hombre que ¡sabría el cielo qué cosas habría sufrido para llegar a estar tan amargado!... El esfuerzo bien valía la pena.

Tras avisar que acudiría a entrevistas de trabajo y que después de las mismas se iría directo al bar, Alice agradeció la ayuda prestada para lavar los trastos de parte de Kenzo, después de lo cual tomó sus llaves, su bolso y salió con rumbo a las calles de la ciudad. Ya tenía bien claros los lugares a donde llegaría, así que no perdió tiempo. La primera entrevista era para trabajar como barista en una cafetería con muy buena pinta. Le ofrecían un salario fijo, más un plus sí sus bebidas atraían más clientela. El lugar tenía una preciosa decoración victoriana, con mesitas y sillas acordes al diseño que brindaban la sensación de hogar acogedor, mientras el olor a café recién hecho se respiraba nada más al entrar llenando al completo los sentidos. Sin embargo... el horario se traslapaba con su trabajo en el bar, lo que dejaba casi nada para que la fémina pudiese descansar. Podía parecer un buen empleo, sin embargo, la paga no era suficiente para cubrir sus gastos y era un hecho que no podría mantener ambos empleos. Un buen apretón de manos terminó con la entrevista y la chica se dirigió con rumbo a la segunda, mientras cavilaba que debía conseguir un empleo de solo unas pocas horas, tan solo para poder ganar un poco más de plata. Y eso fue lo que encontró, un empleo de edecán donde podía trabajar un mínimo de cuatro horas promocionando productos variados, según se le solicitara a la agencia. Como la chica era joven y de buen ver, no hubo ningún inconveniente y su contratación fue rápida. Tampoco es que fuera precisamente lo que Alice hubiera deseado hacer, pero la necesidad no ve preferencias. Era un empleo modesto, le permitía cumplir con el bar y apoyar la economía, eso era suficiente para la inglesa quien tras firmar el contrato se dirigió directamente hacia el bar, realizando las labores cotidianas de asegurarse de tener todo preparado para la apertura del local.

Salió del vestidor con aquel atuendo algo masculinizado, una pantalón y chaleco ceñidos en color negro, una corbata en moño al cuello de la camisa impecablemente blanca, por último ciñó un mandil del mismo color del conjunto atando los listones al rededor de su cintura. Fue en ese momento en que al levantar la vista alcanzó a ver a Kenzo entrar en su oficina. Tenía un buen aspecto, Alice quiso pensar que la comida casera tenía algo que ver en ello. Tras un respingo, la muchacha recordó que debía avisar a su jefe que al fin tenía el trabajo extra. Y puesto que estaban a escasos quince minutos de abrir, creyó que no había problema en comentárselo brevemente. Se aproximó a la puerta de la oficina del principal y tocó con el puño cerrado de la mano derecha un par de veces, tras lo cual giró el picaporte y asomó la cabeza.

Disculpa ¿puedo pasar? quiero comentarte algo. Será muy breve —ni siquiera esperó la respuesta del moreno cuando la rubia ya había introducido su persona en la habitación, parándose junto a la puerta después de cerrarla—. Sólo quería decirte que conseguí el segundo empleo. Seguramente pensarás que podía decirtelo cuando estuvieramos en casa pero, como estaré más ocupada, menos en casa y el tiempo restante seguramente estaré durmiendo o haciendo algo muy especifico... pensé que tal vez no podamos charlar tan tranquilamente como antes —realmente no era como si antes hablaran demasiado, tampoco—. Por lo que, en caso de cualquier contratiempo, así es que creí prudente ponerte sobre aviso desde ya.

No estaba segura de si era necesario toda aquella información, probablemente a Kenzo poco le importaría qué hacia Alice con su vida mientras no lo afectara directamente a él. Pero nuevamente tenía ese sentido, podría llamársele "familiar", donde si vivían bajo el mismo techo debía mostrarle consideración a su anfitrión poniéndolo al tanto de sus circunstancias, las generales por supuesto. Después, la muchacha esperó alguna reacción del mayor en caso de que la hubiera, pero cuando pensó que no recibiría mas que un "humm" del moreno, entonces se dispuso a volver a su trabajo.

Bueno, eso era todo. Falta poco para que abran las puertas, así que me iré a tomar mi lugar —sonrió torpemente antes de dar media vuelta llevando su mano sobre el picaporte de la puerta.

Edificios - Kenzo




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