Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Matsuoka Kenzo el Sáb Mayo 11, 2019 10:37 am

Aun tras la reticencia inicial de Alice, la joven al final había cedido a acompañarle. La verdad es que no tenía intención de forzarla a ir con él -aunque eso fuese lo que parecía totalmente debido a su forma tosca de expresarse-, de haberse quejado más ella seguramente hubiese pensado en otra alternativa, sin embargo él no veía qué había de malo con la suya. Claro que Kenzo estaba chapado a la antigua y demás, sin embargo tenía tan claras sus intenciones y motivaciones para aquella propuesta que la idea de que pudiese considerarse algo indecente ni siquiera le pasaba por la cabeza. Para él lo único que hacía era ayudar a una empleada en apuros, nada más.

El viaje fue tranquilo, Kenzo iba rápido para no perder tiempo, pero nunca sobrepasaba el límite de velocidad y respetaba todas las señales, se notaba que tenía soltura sobre la moto, y es que conducir por las calles desiertas en mitad de la noche le proporcionaba cierta sensación de placer y liberación. Cuando finalmente hubo aparcado y ambos se metieron en el ascensor del parking, Kenzo presionó el botón de la última planta.

Alice hizo un comentario sobre que el lugar se veía lujoso, y luego le prometió que no causaría problemas. Él respondió con un leve asentimiento de cabeza y un seco “sí”, sin reparar en la incomodidad de la joven. Finalmente llegaron a la última planta, ante ellos quedaba un pasillo que se iluminó tan pronto pusieron un pie en él, y en este había varias puertas. Kenzo sacó una llave y abrió la que estaba más a la derecha, entró y encendió la luz que iluminó el piso.

Luego de un muy pequeño pasillo se podía acceder a una amplia habitación en la que se diferenciaban dos partes, a un lado una cocina pequeña pero de aspecto moderno y bien completa, y del otro un salón con una mesa baja, un sillón, un amplio sofá y un mueble en el que descansaba una amplia televisión. Al final del salón se podía ver un enorme ventanal con las cortinas corridas, unas puertas de cristal que daban lugar a una pequeña terraza con sillas y, más allá, a la oscura noche.

Tomaré algo antes de dormir ¿Quieres que te prepare algo a ti también? —preguntó el nipon, con tono desenfadado, mientras se quitaba el chaleco de cuero para colgarlo de una percha en el pasillo de entrada, antes de adentrarse al salón. Como su trabajo empezaba a finales de la tarde y terminaban de madrugada siempre le decía a sus empleados que fuesen ya cenados o se llevasen algo rápido para comer en la habitación de empleados durante el descanso, sin embargo él tenía por costumbre tomar algo a la vuelta, aunque fuese tan tarde, para así no tener problemas aunque luego se despertase al mediodía.

Se acercó a la cocina y observó a ver que tenía, aunque ya sabía perfectamente lo que había, si no era ramen instantáneo sería yakisoba o cualquier otro preparado rápido, las desventajas de tener una vida tan ajetreada era que uno no se podía permitir platos más preparados -claro que no tener ni idea de cocina jugaba un factor mucho mayor de lo que él estaba dispuesto a aceptar-. Mientras ojeaba la despensa alzó la voz de nuevo— Puedes dejar tus cosas en el cuarto, o ponerte ya algo cómodo para pasar la noche, si quieres —añadió, señalandole una puerta al final del pasillo de entrada. Si ella quería algo entonces él podía prepararlo para los dos -básicamente meter lo que fuese en el microondas o hervir algo de agua-, así que la muchacha tenía tiempo para acomodarse y dejar sus cosas mientras. La puerta que él había señalado daba a un pequeño espacio con otras dos puertas, si Alice habría la de la izquierda se encontraría con un compacto pero bonito y limpio cuarto de baño, si por el contrario abría la de la izquierda encontraría una habitación bien amueblada, algo amplia, con una puerta que daba paso a un gran armario a un lado, y una gran cama de matrimonio en el medio del cuarto. La única cama de la habitación, y la única habitación a la vista hasta el momento.
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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Alice Walker el Sáb Mayo 18, 2019 12:17 am

En casa
del extraño

El departamento de Matsuoka era en definitiva muy lujoso, con precioso decorado interior —aunque bastante sobrio para el gusto de la rubia que hubiera usado colores pastel—, además de ello estaba impecablemente limpió. Bueno, no era de extrañar ya que el jefe parecía ser exigente no sólo en el trabajo sino en todo aspecto de su vida. Claro que desde ya, Alice atribuyó dicha pulcritud al servicio que Kenzo debía tener contratado para ese propósito. Algo que le sacó rubor a sus mejillas «¿qué pensará la persona de servicio cuando venga y me encuentre aquí?», posó ambas manos sobre sus mejillas pensando que nadie creería que sólo era una huésped y nada más.

Ewww... —balbuceó lamentándose por la cuerda floja de la cual pendía su reputación. Sin embargo, la sensación no le duró mucho ya que la voz varonil de Matsuoka la sacó de sus pensamientos abruptamente—. ¡Ah-hh!.... S-Sí. Un café, por favor.

Dudó al responder. Ya le había dicho que no le causaría molestias. Pero si él tenia hambre lo menos que la inglesa podía hacer era darle un poco de su compañía. Era una extraña en ese lugar, y así mismo se sentía como para ofrecerse en ese mismo momento a ser ella quien preparara algún alimento, cosa que realmente le gustaba hacer. Sentía un poco el nerviosismo a flor de piel. Esa sensación incómoda que no se iría hasta probablemente una semana después ya que se habituara al nuevo entorno.

Mientras Kenzo ingresó a la cocina, la chica de mirada azulina repasaba con la vista de forma discreta la decoración en el departamento, muy minimalista, típico de un departamento de varón. Quizá alguna pieza abstracta descansando sobre un buro y nada más. Sin embargo, la chica alcanzó a ver en su curiosidad, una foto sobre una repisa dentro de la cual posaba un grupo pequeño de personas y entre ellos el mismo Kenzo quien parecía estar... ¿sonriendo?

Ahm-mm yo no... sé —se le ahogó la voz cuando nuevamente el dueño del departamento la invitó a desempacar señalándole un pasillo donde al fondo se encontraba una puerta.

Notando que el japonés se encontraba absorto en sus labores culinarias, ignorando los movimientos de Alice, esta se vio sin remedio a seguir el camino señalado por el pasillo, atravesando la puerta sólo para encontrarse con otras dos.

Al menos tiene habitación para huéspedes —sonrió aliviada llevando su bolsa con sus pertenecías en mano. Sin embargo al abrir la puerta izquierda se llevó la sorpresa de encontrarse con el cuarto de baño. Pronto sospechó que ese departamento sólo contaba con una única habitación, una amplia y espaciosa que le erizó la piel tan pronto la hubo visto. Se adentró al dormitorio de Kenzo con suma precaución, muy despacio. No había ni siquiera un catre para ella ¿dónde suponía Mtsuoka que ella dormiría?

Aspiró profundamente, dejó caer los brazos así como la bolsa con sus pertenecías sin desempacar nada y mucho menos cambiarse de ropas. Salió de la habitación y regresando sobre sus pasos buscó al dueño del lugar dirigiéndose directamente a la cocina, donde lo encontró muy centrado en... bueno, hirviendo un poco el café express que ya tenía listo en una cafetera eléctrica.

¿Puedo ayudar en algo? —comentó en voz baja parándose justo al lado de la barra, observando al hombre manejándose con total libertad en la cocina.

Mirándolo desde ese ángulo, no parecía aquel tipo gruñón que andaba de un lado al otro en el bar. O aquel que siempre la llamaba en voz alta "¡Alice!", cuando la chica hacia algo mal o le tenía una nueva orden. Kenzo parecía dejar todo aquel estrés laboral, precisamente en el trabajo donde debía quedarse. Ahora más bien se le veía relajado, inclusive en el tono de su ahora suave de su voz. Vamos, ¡hasta había tuteado a la joven inglesa!

Es un lugar muy bonito —comentó nuevamente tomando  la taza de café entre sus manos, aunque estaba caliente fue precavida.

Lo cierto era que de ser posible evitaba al jefe lo más que podía durante las horas de trabajo en el bar, porque a la práctica eran como agua y aceite, no se llevaban bien, así que aunque habitualmente iniciar conversaciones era su fuerte, esta vez le costaba algo de trabajo.

Agradezco mucho tu ayuda —por sii no lo había hecho, agradeció. Bajando la vista sobre el color oscuro del contenido de la taza blanca, de la cual se desprendía un delicioso aroma que llegaba a su nariz.

De todas las personas que pudiera haber imaginado, jamás creyó que sería precisamente el nipón malhumorado quien le tendería una mano amiga, y de esa forma tan amable... para ser Kenzo Matsuka.

Ahora también trabajaré para pagar el hospedaje ¡por supuesto! —intentó sonreír con animosidad —tan habitual en ella —para suavizar el impacto de sus palabras, a la vez para liberar la tensión que sentía en el ambiente aun si quizá sólo era de su parte—. ¡Debe ser muy costoso el alquiler de un departamento tan lindo como este! —exclamó admirada echando un vistazo descarado al lugar—. ¿Vives solo aquí?

Probablemente la pregunta más estúpida que pudo haber hecho teniendo en cuenta que únicamente había una recámara, y que de tener pareja seguramente él no habría tomado la repentina decisión de invitarla —o mejor dicho, ordenarle— a hospedarse en su casa. No obstante, esperaba al menos con esa pregunta saber un poco más de Kenzo la persona, fuera de cuestiones laborales, pues en el trabajo siempre era tajante y distante. Un jefe agrio y tosco, quien sin embargo bajo el confort y calidez de su hogar, se mostraba más... humano. Por supuesto que aun era demasiado pronto para sacar conclusiones.



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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Matsuoka Kenzo el Mar Mayo 28, 2019 9:47 am

Kenzo alzó una ceja, extrañado de que la joven quisiese un café antes de irse a dormir, sin embargo no cuestionó sus gustos europeos y se limitó a encogerse de hombros y prepararle lo que ella quería. En el tiempo que Alice estuvo ausente puso el agua a hervir para el yakisoba y preparó una taza de café que ya tenía listo de la mañana anterior. No demoró mucho, y tampoco lo hizo ella, que volvió luego de dejar sus cosas pero sin cambiarse de ropa, preguntando si podía ayudarle en algo— No, esta todo controlado.

Le tendió una taza llena de humeante café oscuro, y luego le señaló la nevera— Hay leche fresca dentro, por si quieres rebajarlo, y azúcar en aquel bote —dejó que se preparase el café a su gusto, mientras vertía el agua hirviendo dentro de una taza de plástico con yakisoba instantáneo. En lo que esperaba a que se cociese la pasta la animó a sentarse en una de las sillas que había al lado de la cocina, cosa que él mismo hizo por no estar simplemente allí de pie.

Durante un momento se hizo un silencio incomodo entre los dos que ella intentó romper elogiando su casa, el problema fue que la mayor respuesta que obtuvo de su jefe fueron simples gestos de asentimiento y leves gruñidos que podían identificarse como darle la razón. Cuando le dijo que pagaría hospedaje en cambio la observó con cierta duda en su mirada, pero no dijo nada, sino que se limitó a abrir la tapa del yakisoba para ver que ya estaba listo.

Sí, mis padres se encuentran en Kioto, disfrutando la jubilación —comentó, mientras filtraba el agua sobrante y volvía a sentarse al lado de ella, juntando las manos en un gesto para agradecer la comida antes de tomar los palillos e hincarle el dedo a la pasta. Masticó pausadamente y tragó el primer bocado antes de volver a hablar—. Si pagas por lo que gastas entonces puedes quedarte aquí el tiempo que necesites, no hace falta que pagues el hospedaje —comentó, casi salido de la nada, como si fuese la cosa más normal del mundo.

Kenzo tomó otro bocado antes de continuar hablando— En el bar dijiste que habías perdido tu apartamento ¿Cuánto te retrasaste? —aquella fue una pregunta directa y sin tapujo a su problema. La joven lo dijo como si la hubiesen echado, podía ser que el lugar donde se estuviese quedando dejase de estar disponible de repente, pero la forma en que le dijo que no iba a pedirle un adelanto le hacía pensar que era más bien un problema de dinero… y la gente que rentaba sus pisos generalmente solía esperar un poco para ver si el otro pagaba antes de echarlo a la calle. Ahora el problema era cuánto retraso había llevado en el pago antes de que la echasen, si había sido solo un mes no sería un gran problema, pero si era más...— Si tienes pagos atrasados estarás en problemas si no los solventas pronto… Incluso si te contrato de forma definitiva el sueldo no será tan bueno como para que pagues otro piso y la deuda, más los gastos del día a día ¿Lo sabes no?

Sus palabras no contenían maldad alguna, ni siquiera la estaba recriminando por lo que pudiese haber pasado, simplemente parecía un padre que le explicaba a su hija por qué lo que había hecho le podía resultar un problema. Mientras hablaba Kenzo siguió comiendo tranquilamente, apenas apartando la vista de la taza. Dejó un momento para que la joven le explicase su situación, si es que quería, antes de volver a su punto inicial— No soy un alma de la caridad, pero tampoco me quedare de brazos cruzados mientras un empleado esta en problemas. Como dije puedes quedarte aquí un tiempo mientras pagas la deuda, solo te cobraré la comida, pero de que la cosa mejore tendrás que buscarte un piso ¿De acuerdo?
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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Alice Walker el Mar Jun 11, 2019 6:57 pm

En casa
del extraño

No había nada más ni mejor le recordara el grato aroma a hogar, que el que desprendía una buena taza de café caliente entre las blancas y delgadas manos de la chica inglesa. Con aquel vapor llegando hasta su nariz para llenarle los sentidos con una grata sensación a seguridad y confort, ¡tan diferente a aquel horrible sentimiento de desamparo e incertidumbre como el que había sentido tan sólo algunas horas atrás!. La muchacha aspiró el aroma tomando asiento justo donde el moreno le había indicado después de servirse un poco de leche para suavizar el sabor y convertirlo en algo más dulce. No necesitaba nada más en ese momento, justo cuando fuera del apartamento una brisa comenzaba a caer y algunos sonidos de truenos se dejaban escuchar volviendo el momento más acogedor para la fémina, quien escuchaba con atención las palabras del mayor, dándose cuenta de que Kenzo dentro y fuera del trabajo seguía siendo... Kenzo.

Continuaba siendo  incómodo dialogar con él, con aquellas palabras estrictamente directas en respuesta a la coloquial pregunta de Alice, sin mencionar el asunto de los gastos, cobranza y la mención explicíta de buscar un nuevo lugar para rentar. Sin embargo, no podía juzgarlo de poco empatíco a pesar de su actitud seca y distante, a su manera, el nipón trataba de ayudarla y eso lo entendía perfectamente la rubia. Tenía realmente motivos para estar agradecida aunque ella tampoco fuera capaz de evidenciarlo con la efusividad acostumbrada que usaría tratándose de otra persona que no fuera su jefe.

Aspiró profundamente dejando escapar un suspiro que sonaba a alivio. Al menos tenía un techo bajo el cual pernoctar, una preocupación menos por el momento.

Se quedó pensativa unos instantes ladeando ligeramente la cabeza mientras cavilaba alguna idea, en tanto sus ojos azulinos se clavaban en la ventana que en aquel momento se encontraba siendo azotada por una ola de pequeñas pero constantes gotas de lluvia que se deslizaban sobre el cristal.

Tienes razón —rompió el silencio en el que se había sumido, aunque mantenía fija la mirada en el mismo lugar, dando un ocasional sorbo a su taza de café—. Será difícil pagar una renta y cubrir los viáticos con una deuda pendiente.

La única solución a tal cuestión era en definitiva buscar un segundo empleo, aunque ya de por sí el único que tenía era algo desgastante porque su turno terminaba de madrugada. Pero sola se había metido en tal embrollo y sola debía salir de el mismo, aunque a la práctica ya Matsuoka le estaba dando una mano.

Buscaré un segundo empleo, uno de medio tiempo de ser posible para poder cumplir con mis deberes en el bar —se adelantó a agregar vaticinando el sermón que veía venir de su jefe sobre no aceptar menor rendimiento en el actual empleo—. No pensaba comentarlo pero ya que estaré aquí, esperemos que sólo unas pocas semanas, creo necesario hacerlo de tu conocimiento en el caso de que tenga que ausentarme fuera del horario laboral habitual en el bar.

Acercó la taza aun caliente a sus labios, sosteniendola con ambas manos, era la mejor forma de saborear el delicioso sabor, aunque no fuera quizá la más elegante. Pero ya lo había hecho una vez, probablemente afirmando la idea del nipón sobre lo maleducados que son los occidentales. Quizá era el momento de mostrarse un poco más como la alta etiqueta japonesa lo demandaba, y dejar de lado su estilo egoísta y rebelde, después de todo bajo el techo de Kenzo quisiera o no, debía someterse a las reglas que el varón tenía establecidas. De esa forma compuso su postura y optó por comportarse con más seriedad tomando la taza de café apropiadamente por la asa e incluso levantando el dedo meñique a la hora de empinar la taza al momento de beber de ella.

Aunque necesito saber, sobre los gastos que mi presencia genere. Si esperas una cuota fija o más bien prefieres que me encargue de determinados gastos especificamente —mejor hablarlo de una buena vez para saber cómo convivirían sin que más tarde hubiesen malentendidos.

Esperó por una respuesta, para después ella misma saber cómo proceder, pues esperaba que tras descansar algunas horas, ponerse en marcha sobre la idea de buscar un segundo empleo sin perder un sólo instante —aunque realmente no tenía uno, al menos no uno fijo pues seguía a prueba ¡con el trabajo que ese mismo le había costado conseguir! y ahora ya buscaba otro—.Con tanto gasto a las puertas no era hora de descansar en sus laureles, debía aprovechar esta segunda oportunidad que aquel malhumorado jefe suyo le daba. Antes que el moreno le reiterara su pregunta sobre cuánto debía al antiguo arrendador, una suma considerable que incluso le daba vergüenza admitir.  

El dulce sabor a café, a diferencia de la mayoría de las personas, provocó un ligero bostezo en la fémina evidenciando su cansancio y predisposición al sueño. La noche se prestaba para ello, aunado al relajante sonido de la lluvia que bañaba con suave constancia a la ciudad.

Se levantó de su asiento y buscó el fregadero con la mirada, aprovechando para comprobar de paso sí el propio Matsuoka había terminado su alimento para ofrecerse a lavar la loza. Tras lo cual, otro bostezo se apoderó de sus labios, aunque la joven lo supo disimular muy bien cubriéndose con el dorso de la mano.

Realmente, si no tienes inconveniente —estaba segura de que no lo tendría, conociéndolo como lo conocía—, me gustaría quedarme a dormir en el sofá —dijo buscando en el acto el mencionado mueble y tomando asiento sobre el mismo cuando lo hubo ubicado—. Deseo interferir lo menos posible en tu rutina diaria. Además de que soy más pequeña y me acomodo mejor aquí.




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Tema Privado Re: En casa del extraño [Priv.Alice]

Mensaje por Matsuoka Kenzo el Sáb Jun 22, 2019 3:35 pm

Entre los silencios de la pausada conversación podían escucharse los lejanos truenos de la tormenta que se avecinaba, así como el golpeteo del agua contra el cristal del ventanal de la terraza. Cierto, se suponía que estos días tendrían alguna que otra tormenta, un detalle a tener en cuenta por si les pillaba mal a él o a sus empleados. Esperaba no tener que verse obligado a cerrar un día o dos por problemas de lluvia y los fuertes vientos.

Mientras observaba distraído la ventana, la joven le mencionó su idea d buscarse otro trabajo para poder pagar la deuda, no demorando en asegurarle de que le avisaría si ocurría alguna irregularidad en el horario de trabajo— Personalmente creo que es una mala idea, pero eres libre de elegir mientras cumplas tus obligaciones —respondió, su tono serio, mientras se terminaba la comida que quedaba en el bol de plástico.

No tenía pensado echarla de allí antes de lo necesario, claro que no iba a dejar que se quedase si la veía holgazaneando, pero si hacía su trabajo con él en buenas condiciones debía de ser capaz de pagar la deuda en un par de meses lo más seguro, quizá tres. No creía que cargase con dos trabajos fuese la idea más sabia, sin embargo mientras cumpliese con él no tenía ningún derecho a decirle qué hacer, por eso lo dejó estar.

Kenzo se levantó de la mesa para echar el bol y los palillos a la basura, mientras que la muchacha seguía con su taza, haciendo un extraño gesto con el meñique que él creía los ingleses solo hacían en las películas. Cuando le preguntó sobre los gastos él suspiró— Ya te dije, con pagar lo que comas es suficiente. No le des más vueltas a eso, salvo que comas en exceso o compres solo productos de lujo dudo que tengas problemas —comentó, tomándose un segundo para observarla bien antes de matizar—. Y no tienes pinta de hacer ni lo uno ni lo otro.

Ya con la respuesta dada la joven se terminó su café y se levantó para dejar la taza. Dijo de fregar la loza, solo era su taza y su cuchara -dado su estilo de vida rara vez tenia que fregar más que algún vaso- así que él la dejó hacer mientras que él se acercaba al mencionado sofá. Mientras abría un cajón oculto bajo el sofá en el cual había unas sabanas y mantas, la joven le dijo que quería dormir allí para no molestarle, mencionando que además ella era más pequeña.

No tienes de qué preocuparte, el sofá puede convertirse en cama así que es más grande de lo que parece —a modo de demostración, accionó una pequeña palanca bien escondida y pucho echar hacia atrás el respaldo del sofá, convirtiéndolo en una superficie más amplia, a la que le quitó los enormes cojines y reposabrazos de verdad empezó a tomar forma de cama—. Yo dormiré aquí, estoy acostumbrado a este tipo de camas, además un hombre no debería dejar a una mujer dormir en un sofá habiendo una cama disponible.

Kenzo recordó por un breve instante las guardias cuando era policía. El como se turnaban en la comisaría para compartir aquel camastro duro de la salita de vigilantes mientras otro se quedaba despierto, atento a cualquier incidencia. Ahora mismo aquellos eran recuerdos agridulces. Con eso en mente le insistió a la joven que durmiese en su cuarto, sus palabras a medio camino entre la caballerosidad y el machismo, mientras terminaba de arreglar el sofá para que se viese como una cama de verdad, haciendo uno de los cojines de este el papel de almohada. Fue a tomar un pijama de su cuarto, que era lo último que necesitaba, para poder cambiarse en el baño, aunque intercambió una mirada antes con la joven, esperando que no hubiese protesta por su parte.
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