Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado Olor a Hogar

Mensaje por Una el Jue Mayo 02, 2019 11:13 am

La soledad, una característica habitual en mí, pues no era una persona muy sociable, ni mucho menos amistosa, desde pequeña, el rechazo de la humanidad había alimentado mi alma, una criatura por demás hermosa, pero igual de inmunda para la humanidad, los principios morales que aprendí en mis experiencias pasadas estaban completamente rotos, destrozados por una persecución inútil de encontrar en la humanidad un faro de esperanza. Movida por el hecho de pertenecer a una raza extinta en la tierra desde hace ya centenares de siglos, cogí una pequeña barcaza y me lance al mar bravío hace ya muchas lunas atrás, es más fácil seguir el siclo de la luna que los tenues cambios del sol, motivo por el que hablo en ciclo lunar.

De puerto en puerto viaje, conociendo de culturas y diversos lenguajes en el camino, mi nombre había sido cambiado tantas veces, que ya no recordaba los antiguos, pero no era el único motivo, mi nombre real era un misterio para mí como para los que me rodeaban. Tenía una meta, y aunque me tomo más de un centenar de años, desde que paso aquella guerra en el amanecer de Eadrom. Continúe buscando aquella ciudad, la cual sonaba como una luz de esperanza para un ser criminal y retorcido como yo.

En mi último tramo, que abarcaba las costas de china, hasta la península que era fuente de cuentos y esperanza, me encontré con aquella vieja amiga, la soledad, por los días dormía, mientras que por las noches contemplaba el hermoso firmamento, aquellas estrellas que guiaban mi camino. El mar calmo era una bendición de Poseidón, como se le llamaba en idioma terrícola a uno de mis sobrinos. Pero la furia cayo en la última noche de mi travesía, el mar comenzó a revolverse y los fuertes vientos hacían que mi barcaza se moviera de un lugar al otro, las estrellas que habían sido mi guía y casi mi única compañía se encontraban cubiertas por unas espesas nubes de tormenta que invadían el cielo nocturno, la oscuridad completa, se apodero de todo, solo iluminada por aquellos relámpagos que chocaban contra el agua en un ensordecedor estallido de Ira.

Como pude mantuve a flote mi bote, pues volar a las costas más cercanas no eran una opción favorable, pues desconocía que me encontraba cerca de una, además mi metálica armadura podría provocar que la electricidad emanada de las nubes sea atraída a mí. El hambre era un factor clave, también, debía ahorrar mis energías, pues ya hacía más de dos días que no había tomado algún alimento. Mis vestiduras eran simples harapos viejos a esta altura, que cubrían la decencia de la persona.

Un fuerte sonido atrapo mi atención, era el crujir de mi pobre barcaza y el agua rápidamente se comenzó a filtrar. ¿Era el fin de mi viaje? ¿Tanto esfuerzo para nada? Pensé en varias interrogantes, tome lo único de valor que poseía, un antiguo muñeco de nombre Fufu, me aferre fuertemente a él, con lágrimas en mis ojos, pero al abrirlos por el sonido de un trueno, aquel vestigio de luz ilumino algo que me maravillo, una imponente montaña, en el medio del océano, sus picos blancos resaltaban. Con recobrado valor, pronuncie aquellas palabras en Latín. –Miles Sacris- (Soldado Sagrado) De repente mi armadura, comenzó a formarse, mientras el agua llegaba a mis rodillas, al poco tiempo en mi espalda dos hermosas alas de color negro aparecieron. Fue un vuelo turbulento hasta las orillas de aquella montaña. Pero lo había logrado, estaba al menos viva y en tierra firme, eso era importante.

Mi armadura se desvaneció, al llegar a aquella orilla y aquella ropa andrajosa estaba de nuevo cubriendo mi intimidad. Mi aparecía poco a poco fue cambiando, hasta aparentar unos 7 u 8 años de edad. Ahora mi aventura comenzaba en aquel lugar inhóspito. ¿Qué tipo de seres me encontraría en aquel sitio? ¿Habría alguien razonable con quien charlar? ¿Serian personas hostiles como aquellas que me había tocado en mi larga existencia? ¿Cuánto faltaba para llegar a mi destino?


Última edición por Una el Jue Mayo 23, 2019 2:31 pm, editado 2 veces
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Tema Privado Re: Olor a Hogar

Mensaje por Jestro / Jevil el Vie Mayo 10, 2019 9:06 pm



Aquel era un día ordinario como cualquier otro, sin nada novedoso y totalmente aburrido sin nada que hacer, acostado en su cama observando el techo intentando pensar algo que hacer para mantenerse entretenido, pensaba y pensaba sin obtener nada, pero un estrepitoso salto sorpresa de parte de su hermano menor quien cayó sobre su estómago, ─ Oye, ¿Por qué hace esto? ─, sujetando al menor observándolo fijamente esperando una respuesta, ─ Quiero jugar, jugar ─, fue la respuesta obtenida entre risas que no se detenían, ─ Aja con que eso quieres, pues eso tendrás ─, aun sujetándolo aprovecho la situación para comenzar unas cosquillas que solo aumentaban las risas, tal parecía que había encontrado una entretenida distracción gracias a la llegada de su hermano menor.

Continuaban jugando sin parar de cosquillas pasaron a guerras de almohadas, dándose de golpes las almohadas volaban por la habitación tirando varias cosas que ambos tenían, pero no le dieron importancia alguna, al final sabían que tendrían que limpiar así que no dejarían que derrumbar algunas cosas les quitara su alegría, ─ Podrían callarse, los dos son un par de molestias ─, reclamando ante el ruido ocasionado por ambos hermanos quienes no estaban dispuestos a detenerse, ─ Si tanto te molesta pues puedes salir del cuarto, oh espera, no puedes, o te verán y eso no sería nada bueno ─, con burlonas risas que solo dejaban en claro que ellos mandaban en la habitación, ─ Monstrox juega, juega con nosotros, siiiiiiii ─, saltando de la cama y corriendo en dirección del libro sujetándolo entre sus brazos fuertemente, ─ Suéltame y aléjate, eres todavía más molesto que Jestro ─, respondió molesto.

Dejando que se fuera, al no tener muchos lugares donde refugiarse no quedo más opción que acomodarse sobre un mueble donde se encontraba una lámpara, terminó siendo ignorado y los juegos continuaron, esta vez pasando a malabares con bolas de fuego, ambos tenían total control de lo que hacían, pero la idea de querer añadir algo novedoso a sus shows pronto terminaría en algo que ninguno había considerado, era una idea simple, caminar mientras realizaban los malabares, comenzaron bien pero un tropiezo con uno de los muchos objetos tirados en el suelo termino por caer sobre las pastas del enorme y molesto libro, haciendo que parte de su cubierta se incendiara, de inmediato, el mayor apago el pequeño fuego dejando ennegrecida la esquina del libro, ambos se disculparon pero esto no era ni sería suficiente, ─ No pasare esto por alto, los dos me las van a pagar ─, sabía perfectamente por donde atacar a los dos, ─ Jevil tú te quedaras aquí y limpiaras toda la habitación, recogerás todo lo que tiraron y lo pondrás donde pertenece ─, sabía que eso le dolería al menor.

─ No me gusta limpiar, limpiar, que Jestro haga eso ─, dejándose caer de sentón en el suelo en señal de protesta, ─ Para nada, ese es tu castigo, a tu hermano…ya sé que es lo que haré con él ─, mirando fijamente ansioso por ver la reacción que tendría, ─ Tú y yo iremos a la montaña nevada, ahí harás lo que te diga sin reclamar nada ─, sabía lo mucho que el mayor odiaba el frío mientras que él al ser un libro no se vería afectado, ambos aceptaron sus castigos de mala gana. Mientras que el menor limpiaba los dos se pusieron en marcha hacia la fría montaña, ya en el lugar, ambos ocultos entre los árboles para que los paseantes no pudieran ver al libro con rostro, se dispuso a dar su castigo, ─ Será algo simple, tanto te gusta presumir tus habilidades con el fuego, pues eso es lo que harás, caminaras entre la fría nieve y buscaras algo de valor para mí, no te diré que debes buscar, solo ve y hazlo, trata de no morir en el intento ─, riendo mientras lo veía alejarse lentamente entre la nieve.

De brazos cruzados avanzando entre el blanco manto bajo sus pies, observaba en busca de algo interesante pero no encontraba nada, ─ Esto es inútil, no encontrare nada, solo hay nieve y árboles, nada de eso es de valor para él ─, avanzando lento y con desesperación, el cansancio se hizo presente de forma rápida ante las horas de juego pasadas, ─ Será mejor que busque un lugar donde descansar y luego seguiré buscando ─, en medio de su búsqueda vio algo a lo lejos, no sabía lo que era pero camino hacia donde eso se encontraba, sorprendido observaba atento pues le parecía difícil creerlo, era una joven chica que poca ropa llevaba encima, no dudo en acercarse,  ─ Oye, ¿Qué haces en este frío lugar?, y con tan pocas ropas, te puedes enfermar ─, quitándose el suéter bicolor que llevaba ofreciéndolo a la joven, ─ Tú…¿necesitas ayuda? ─, permaneciendo a su lado.

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Tema Privado Re: Olor a Hogar

Mensaje por Una el Jue Mayo 16, 2019 12:29 am

Ho desdichada de aquella joven, que las nieves habían apresado, con su barca hundida y desamparada sin conocer su horizonte, el sol que tristemente se había ocultado, dando paso a los terrores de la noche, la tormenta fue bestial. Al punto que aquella chica que deambulaba por aquellas costas cubiertas de roca y nieve, se interno en lo más profundo del bosque. Aquel bosque lleno de pinos nevados, que daban paso a los segundos paisajes de aquella montaña. El hambre se había apoderado de ella como una bestia feroz, le resultaba imposible cazar debido a su estado de extrema debilidad, La nieve solo había logrado desmoralizar aquella pequeña, que a esta altura aparentaba una edad de entre 7 u 8 años de edad.

El sol, que en épocas de invierno tarda en aparecer, al fin llego. La luz de la mañana era en extremo preciosa, su piel rosada por el hielo, estaba despampanante, aunque Fufu, aquel pequeño muñeco de felpa, no podía decir lo mismo. Se encontraba escarchado, completamente duro, como si la helada le hubiera dado la peor parte. Nuestra pequeña, no sugería tanto por las inclemencias de aquel clima helado, estando su naturaleza, aquellas habilidades afines al hielo, le permitía soportar aquellas temperaturas.

Mientras caminaba sin rumbo fijo, pudo notar que aquella montaña, parecía elevarse por la cima del mundo, pero ella no recordaba una isla que tuviera una montaña, en aquellos mapas de navegación que se había perdido junto con aquella pequeña embarcación en el fondo del Pacifico.  Trato de subir a los arboles, pera tener una mejor vista de la zona, pero solo se gano un par de magulladuras al caer, apenas tenía fuerzas para caminar, era imposible que pudiera siquiera trepar. Su ave, cuervo, no se encontraba en las inmediaciones, probablemente había comenzado la busque de alguna fuente de alimento o calor, tanto para él como para aquel pequeño “dúo”, si es que se le puede llamar así.

De repente una voz capto la atención de nuestra “niña” y no se trataba de la voz de Fufu, quien solo ella decía escuchar.

─ Oye, ¿Qué haces en este frío lugar?, y con tan pocas ropas, te puedes enfermar ─

Sus ojos color ámbar, destellaban de felicidad al encontrar a alguien además del ave y el conejo que la acompañaba, hacia tanto que no recordaba lo que era hablar con alguien. Aunque un ligero temor le invadió el corazón. Abrió grande la boca para tratar de decir algo, pero rápidamente encogió la mirada hacia el piso, por miedo a ser rechazada por el contrario.

-Hola, señor…- Dijo con voz tímida, con mezcla de sollozos y alegría. Miro su ropa, al entender lo que le había preguntado, pero no tenía más que explicar, solo contar parte de su historia en el mar. –Una niña, viaja hacia una ciudad donde podría ser aceptada, pero Una se vio impedida por una enorme tempestad y no sabe donde ha terminado, viento, mareas hundieron el barquito de Una, y ahora se encuentra sola, sin posesiones y casi congelada en este inhóspito lugar.

Sonrió suavemente, tomando aquel abrigo multicolor, que le había sido dado por el contrario, llevándolo hasta su pecho. –Gracias, Una esta agradecida- Menciono derramando una pequeña lagrima que recorrió su mejilla izquierda para llegar al piso. Una vez colocado aquel traje y debido a la diferencia de altura, este mas que un suéter, le quedaba como un hermoso vestido bicolor. Suavemente coloco sobre su cabeza aquella capucha que resaltaba con dos hermosos pompones. – ¿Me queda bien verdad?- pregunto con el rostro iluminado aquella pequeña niña. –Una esta agradecida con…- se quedo pensando por un instante como se llamaba aquel sujeto, pero no lo sabía – Disculpe, disculpe, disculpe… no me he presentado… soy Una… rata de alcantarilla – algún nombre que había recibido en su pasado, seguramente – ¿y usted, señor como se llama?- pregunto suavemente ladeando un poco la cabeza, mientras abrazaba aquel pequeño oso de felpa con ambas manos.


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Tema Privado Re: Olor a Hogar

Mensaje por Jestro / Jevil el Lun Mayo 20, 2019 7:36 pm



¿Qué hacía una niña pequeña en un lugar como este?, tan lejos de lo conocido como civilización, ¿estaba sola o alguien estaba con ella?, al parecer la respuesta era obvia, estaba sola por alguna razón que de momento le era desconocida, podía dejarla en ese sitio, por las noches la temperatura desciende tanto que le sería complicado sobrevivir, debía hacer algo, ayudarla, no podía quedarse sin hacer nada más que darle un simple suéter. Al ver que la pequeña abría su boca, esperaba alguna respuesta, pero tal parecía ser que el frío le causaba problemas al hablar o eso era lo que pensaba, pero poco después ella comenzó a decir algunas palabras.

Escuchado atento todas y cada una de sus palabras comprendió que estaba sola y perdida, sentándose a lado de la pequeña, ─ Entonces estás perdida, pero ya no estás sola, no pienso dejarte aquí, menos, así como estas ─, la decisión estaba tomada no le importaba que el libro le regañara no dejaría una vida abandonada, ─ Ya verás que pronto nos iremos de este lugar, estaremos mejor ─, finalizo con una sonrisa, dentro de su ser pudo notar un cambio, uno que no imagino tener, ¿acaso es el resultado de criar a un hermano menor, que ahora siente este tipo de emociones?, de ser como antes posiblemente la habría dejado sola a su suerte, ¿acaso estaba creciendo, desarrollando conductas más “humanas”?, esas preguntas lo atormentarían a partir de ese momento pero por ahora la prioridad era otra diferente.

Sintió algo de alivio al verla tomar el suéter y ver que se lo colocaba, si bien no era lo más abrigador del mundo al menos le cubriría un poco del helado viento que no dejaba de correr en toda aquella enorme y blanca montaña, escuchar aquellas palabras “¿me queda bien verdad?”, causo que una sonrisa se dibujara en su rostro, ─ Si, te queda muy bien y puedes conservarlo ─, no sería capaz de quitárselo una vez le consiguiera un mejor lugar, ciertamente dentro de su ser estaban creciendo emociones humanas y eso era algo que tendría que ocultar pues sabía los problemas que esto le podría causar. Aquella pequeña he improvisada conversación que habían iniciado tendría que cambiar de lugar ya que el frío se hacía cada vez más fuerte, al escuchar que le agradecía, continuo su frase ayudando a que la finalizara, ─ Con…un bufón algo extraño ─, poniéndose de pie sacudiendo la nieve de sus ropas mientras escuchaba como ella se presentaba.

Las palabras “rata de alcantarilla” fueron intrigantes, quien era capaz de llamar así a una niña de aspecto tan tierno he inofensivo, era algo inaceptable y lo sabía bien, imaginaba que aquello era un sobre nombre un tanto hiriente y lo entendía pues en su pasado también había recibido un par de sobre nombres que no eran para nada agradables, ─ Mi nombre es Jestro…” el defectuoso que no debía existir” ─, añadiendo aquella palabra que el libro le echaba en cara cada vez que podía, ─ Es una de las muchas formas con las que me dicen, pero yo no te diré así, para mí eres Una y él es…¿tu amigo? ─, señalando el pequeño muñeco de felpa que llevaba entre sus brazos. Las horas avanzaban y el frío empeoraba cada vez más, debía llevarla a otro lugar, sabía que Monstrox le regañaría, pero no le importaba, era mucho más importante alejarla de este lugar.

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Tema Privado Re: Olor a Hogar

Mensaje por Una el Mar Mayo 21, 2019 1:28 pm

Las palabras amables de aquel bufón no hacían más que simplemente dar cierto todo de desconfianza en la joven, pues entendía que una sonrisa amable, de un desconocido, puede atraer desgracias. Miro al joven y ladeo la cabeza mientras prestaba atención a sus palabras, amables y llenas de compasión. Sonrió o algo así, pues una especie de mueca, entre la tristeza y la felicidad había marcado su rostro y aquellas palabras resonaban en su mente “Ya no estás mas sola” cuanto le hubiera gustado creer en aquellas palabras, pero era inevitable, la realidad era que simplemente, no tenía un lugar en este mundo, una familia y no había conocido más que el dolor a lo largo de su existencia. Simplemente se limito a agachar la cabeza y no decir palabra alguna con respecto a ello.

-¿A dónde iremos?- Pregunto con cierta curiosidad y un poco de temor. Abrazando con un poco de fuerza al compañero que llevaba en sus brazos.

Al escuchar que podía quedarse con aquella prenda de vestir, la joven sonrió fuertemente, al punto de que se marcaran dos pequeños hoyuelos en sus regordetes cachetes - ¿De verdad?- pregunto suavemente con un tono infantil, y con esto, aquellas dudas de un principio se daban por aludida, había caído encantada ante la sonrisa de un extraño.

Un bufón algo extraño, aquellas palabras quedaron en la mente de la joven por unos segundos, mientras dejaba de dar giros en la nieve bailando con su vestido de colores, extremadamente bello a sus ojos. Pues era la primera vez que alguien le había regalado algo en si, lo que le había llenado el corazón de un sentimiento algo extraño, pero que le causaba alegría. Cuando quiso darse cuenta sus brazos rodeaban la cintura de aquel chico. –Una algún día te lo pagará- dijo sellando un para sí un juramento sagrado.

Ella sonrió, con amabilidad y dulzura mientras pronunciaba aquel nombre doliente y extraño –Oh!- dijo con asombró –hasta titulo y todos tienes Sir Jestro- menciono haciendo una pequeña reverencia.  –Está bien llámame así, si lo desea- Realmente no le molestaba aquel mote recibido, pero si era incomodo para el interlocutor, estaba bien. Camino unos pasos hacia donde estaba aquel, joven.

Cuando pregunto por su pequeño amigo, Una simplemente sonrió y acercando al muñeco todo mojado y maltratado por el clima – El es Fufu, es amigo de una desde hace mucho tiempo, nos llevamos bien. Aunque a veces es muy callado- menciono con calma, la pequeña  -¿ No es así Fufu?- dijo con voz tierna al pequeño muñeco, mientras lo sostenía de la manito, para no manchar su nuevo vestido.

Pero ella había respondido todas las preguntas, pero el que hacía en un lugar así. –Disculpe que le pregunte Sir Jestro- menciono con calma aquella joven – Pero… ¿Qué hace usted aquí? ¿Hay un pueblo cerca, o un castillo?- Pues si era lo que decía ser, para Una un bufón, siempre debía vivir en un castillo, como en el relato de Poe que hablaba de uno bufón algo peculiar.


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Tema Privado Re: Olor a Hogar

Mensaje por Jestro / Jevil el Vie Mayo 24, 2019 9:01 pm



Si la pequeña estaba perdida, lo más adecuado era llevarla a un sitio seguro en donde pudieran ayudarla a encontrar a su familia para que volviera con ellos, pero aun así aquella historia que le había contado momentos antes le daba la impresión de que no contaba con familia, en todo caso, lo más prudente sería llevarla a un lugar donde pudieran darle un techo, ropa y comida para que estuviera segura, alguien debía hacerse cargo de sus cuidados y necesidades, por el momento sería su responsabilidad ya que la había encontrado y no podía dejarla en ese helado lugar que tanto detestaba. Ante su pregunta sobre a donde iban a ir, pensativo, cerrando los ojos con la mano derecha en su mentón, ─ Umm, supongo que, puedo llevarte al lugar donde vivo, no creo que me digan nada malo, porque no estoy haciendo nada malo y tal vez nos podrán ayudar a encontrarte un mejor lugar que este ─, tal vez no era una respuesta del todo informativa, pero al menos le daba a entender que irían a otro lugar más cálido y seguro.

Ver su sonrisa por aquel simple regalo, esa felicidad en su rostro, le hacía sentir calidez en su interior una que antes no había experimentado, ─ Esto que siento, ¿qué será?, seguro son sentimientos de esos que tienen los humanos, pero, ¿por qué? ─, esa pregunta resonaba dentro de su mente, como era posible que pudiera desarrollar algo que no era parte de su especie, pero después un rayo de luz le dio la respuesta a su pregunta, ─ Es verdad, no soy del todo puro, mi madre era humana, seguro que es por ella que me está pasando esto, iaag, supongo que me tendré que acostumbrar o que al menos no pase tan seguido ─, un poco confundido al no saber cómo debía reaccionar, no estaba feliz pero tampoco podía molestarse con su difunta madre ya que ella no tenía la culpa de lo que ahora experimentaba.

─ Claro, de verdad puedes conservarlo, a mí no me molesta para nada, es un regalo de mí para ti ─, solo eso pudo decir, pero saber que ella prometía pagarlo algún día, en realidad no quería nada a cambio, al menos nada material pero no quería rechazar aquella promesa para no causarle algo de decepción, sorprendido ante el abrazo de la niña, intentando contenerse pero fallando notoriamente, colocando sus manos sobre los rubios cabellos de la pequeña, ─ No es necesario que hagas eso de pagar, pero, si me prometes cuidarte mucho y ya no perderte de nuevo, para mí eso sería un buen pago de tu parte ─, era un pedido simple pero con algo de importancia al mismo tiempo ya que nadie debería estar perdido y sufriendo lo que ella tuvo que pasar.

Sonrió ante sus palabras sobre poseer un título que si bien no lo era como tal pues si era cierto que solían llamarlo de esa manera con bastante frecuencia, ─ Supongo que lo es, eso creo ─, desviando la mirada en la dirección de la que había venido aquella por donde sabía que lo esperaba el libro con ansias esperando aquello que le había pedido, ─ No te llevaré nada pero sí que encontré algo, mejor dicho, a alguien ─, pensativo al intentar imaginar la expresión de quien le había dado ese castigo. Atento sin dejar de prestar atención a las palabras de la pequeña sobre su acompañante afelpado, ─ Me alegra que este contigo, entonces no estabas tan sola como lo había pensado porque Fufu está contigo, aunque sea callado te hace compañía ─, rascando su mejilla derecha, ─ Sabes, yo también tengo un compañero, es callado como Fufu pero si lo hago enojar me grita mucho, es algo, bueno, muy enojón, siempre nos regaña a mi hermano y a mí pero aun así a veces nos llevamos bien ─, dando un suspiro.

Sus siguientes preguntas no eran nada complicado de responder y tampoco le mentiría, respondería con toda la verdad para no dejarle ninguna duda, ─ Pues, yo estoy aquí porque me castigaron, estaba jugando con mi hermano y amm ese compañero se enojó mucho y nos castigó a los dos, a mi hermano lo hizo limpiar y a mí me trajo aquí a buscarle algo valioso, él sabe que no me gusta el frío por eso me hizo venir ─, cruzando los brazos aún molesto por ese tan injusto castigo que sabía era demasiado y algo menor habría sido más adecuado, ─ Aunque no debió castigarnos, es mi habitación después de todo, si quiero que este ordenada o desordenada es decisión mía ─, frunciendo el ceño, en cuanto a su siguiente pregunta, la respuesta sería todavía más simple de explicar, ─ Umm pues no es un pueblo lo que está cerca, es una ciudad muy grande, en esta montaña hay una cabaña grande para los que vienen a pasear y quedarse algunos días, pero la ciudad es mucho más grande todavía, castillos no hay pero donde vivo, ese sí parece un castillo, es enorme y con muchos lugares a donde ir, también tiene montones de habitaciones donde se pueden quedar ─, aquella palabra le hizo recordar, ─ Antes de venir a vivir aquí, yo trabajaba en un castillo y después tuve uno mío donde vivía pero luego me mandaron a este lugar y pues, ahora las cosas son diferentes ─.

Las horas avanzaban el anochecer estaba cerca, el viento era cada vez más y más helado, no era buena idea permanecer en ese sitio, sabía que debía llevarla pronto al instituto, ─ Quizá no lleguemos a tiempo, tal vez debamos pasar la noche en la cabaña y salir temprano por la mañana de camino al instituto ─, llevando las manos a sus bolsillos en busca de algo de efectivo para pagar un par de habitaciones pero para su mala suerte su dinero se había quedado en su habitación, si acaso llevaba unos cuantos dromes pero sabía que no le alcanzaría para rentar una noche, ─ Vaya, entonces debemos apurarnos pero si no puede caminar la tendré que cargar, así llegaríamos más rápido, sí, creo que ya sé que podría hacer ─, sacando sus manos de sus bolsillos mientras asentía ante sus planes dentro de su mente, ─ El frío se hace más fuerte, creo que debemos salir de esta montaña o te enfermaras y yo también, si nos enfermamos será mucho peor ─, mirando en la blanca nieve que las huellas que había dejado a su llegara comenzaban a perderse entre el viento que las cubría.

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