Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado The Box [Priv.]

Mensaje por Bastian Shawn el Lun Abr 22, 2019 8:29 pm

The Box
Rainy Night
Tomando la ruta de una carretera solitaria que partía de una calle olvidada que salía de la ciudad, uno podía adentrarse en un camino largo y solitario, donde no se veía nada más que el asfalto, la línea blanca en medio de la ruta, pasto muerto y postes eléctricos. Uno que otro vehículo y casa rodante aparecía aquí y allá. La zona, olvidada casi por completo, era propiedad de una empresa cuyo único interés, hasta ahora, era el de mantener alejado a cualquier intento de asentamiento. En las tardes el sol era inmisericorde pero, en las noches, había bastante frío como para pensar en ir abrigado. Si uno se desviaba un poco, por un costado de aquella carretera, tomaría una ruta sin pavimentar, solo construida por terracería en la que los autos convencionales tenían problemas para andar. Por supuesto, ningún vehículo convencional se adentraría por allí normalmente Los que habían entrado esa mañana habían sido camionetas particulares, pero con toda la apariencia de pertenecer a una fuerza de seguridad bien armada. Camionetas de negro, llenas de hombres armados. Todos ellos se dirigían al lejano y pequeño hangar, único edificio que se alzaba por kilómetros. En ese sitio se habían asentado y esperaron, en un día en que no paraba de llover y el sol era sencillamente invisible.

Desde el inicio, aquellas condiciones no le hicieron ni asomo de gracia a David. La falta de sol lo ponía nervioso, y nervioso se mantuvo durante toda la jornada. En teoría, esta última solo debía de ser un par de horas y consistía en esperar la llegada de un pequeño avión privado, coordinar la entrega de la caja y ver que nadie arruinara las cosas con una carga tan delicada. Terminando firmaría y volvería a casa con un jugoso bono para su retiro. Ese sería todo su papel y su último trabajo como supervisor de seguridad. Casi cuarenta años de servicio se sentían ya pesados sobre sus hombros expertos pero cansados. Había visto demasiado. Había vivido demasiado.
Lo había aceptado únicamente por el bono. Su nieta había nacido la semana pasada, su mujer estaba enferma y él estaba harto. A diferencia de los otros hombres, armados hasta los dientes con todo tipo de rifles, escopetas, pistolas y chalecos blindados, él iba de traje. Era el supervisor. No tendría que haber ningún problema.

-Ningún problema… -Susurró por segunda vez ese día.

La primera vez lo había dicho suavemente, solo para él, como si intentara invocar a la suerte al inicio de la misión. La segunda vez lo había dicho a viva voz –tanto como su estado se lo permitía. Ya no le importaba, no había nadie que pudiera escucharlo.

David y el equipo de seguridad esperaron toda la mañana y toda la tarde. Debían trabajar en esas horas según lo previsto, pero la llegada de la dichosa mercancía se retrasaba más y más. Para las 6:00pm ya no había diferencia entre el día y la noche y el veterano estaba más que nervioso. Llamó a sus superiores varias veces y solo recibió la misma respuesta: “Esperen a la llegada del cargamento.” En efecto, el avión –una versión pequeña de un Concorde, privado- llegó más tarde, casi a las 8:00pm, más de diez horas tarde, junto con las luces de otros vehículos que se aproximaban por la carretera.
Bajo órdenes de David, todos los agentes de seguridad se prepararon. Al aterrizar el avión el hangar cerró sus puertas y se atrincheraron. Los vehículos los rodearon y se encontraron atrapados.

La parte trasera el avión se abrió y los hombres armados entraron corriendo para asegurar la caja. David iba junto con ellos, caminando a paso firme, con la mirada dura y seria. Y nervioso. Las horas de espera tenían a todos demasiado tensos. Echó una breve mirada al objeto que custodiaban: una caja de madera tan grande como un sofá, cubierta con una lona y sujeta al suelo del avión con cuerdas y ganchos. Luego miró al hombre de lentes que segirigió hacia él. Además de los dos pilotos, un médico y dos agentes de seguridad –también bajo órdenes de David- era el pasajero principal del avión. Según las instrucciones que recibiera el veterano, su seguridad era segunda solo al de la caja.

-Buenas noches -saludó el hombre de lentes, ofreciendo su mano-. Entiendo que es usted…

-¿A qué se debió ese retraso? -Interrumpió la severa voz de David-. Toda la seguridad de la operación está comprometida ahora. Hay intrusos ahí fuera.

El hombre de lentes permaneció un momento con la boca abierta, como si no supiera que decir. El único sonido, además del de la lluvia, era el de los agentes de seguridad cerciorándose de que la caja estuviera asegurada debidamente.

-Fue imposible salir antes. -continuó el recién llegado con un tono más calmado, de nuevo, aparentemente, dueño de sí mismo-. Ha sido por la lluvia. Teníamos que tener permisos… no tiene idea de lo importante que es que todo se realice bajo la lluvia…

David no protestó por el momento. No tenía ningún sentido. Nadie iba a ir a ayudarlos, nadie tenía idea de lo que ocurría en aquél lugar. Los dueños del hangar, del avión, de todo el sitio y, en teoría, de la caja que tenían que proteger, valoraban la discreción por sobre todas las cosas. Eso y su propia seguridad. Nadie iba a ir a ayudarlos esa noche.
El sonido de la lluvia quedo opacado de pronto: un ruido metálico intenso llenó todo el hangar. Era como si golpearan los muros de metal y concreto, una y otra vez. Primero por lo bajo pero, poco a poco, más alto. Era el rudo de un animal trepando y reptando por los muros y el techo de la estructura. Todos los hombres armados palidecieron. David miró a todos lados, con sus ojos cansados.

-Esos son… -Susurró, nervioso.

Era tal y como lo esperaba. Si lo habían llamado para dirigir, era porque tenía más experiencia que nadie en todo eso. Buscó su arma, dentro el saco de su traje. No envidió el equipo de los otros hombres, no habría ninguna diferencia en realidad.

-Eso no hará ninguna diferencia. Necesita que sus hombres contengan eso a toda costa. -Dijo el hombre de lentes, visiblemente nervioso-. ¡Pase lo que pase, no deben llegar a la caja, aún si todos tenemos que morir!

Por un momento, a David se le pasó por la cabeza meterle un tiro entre los ojos al tipo de lentes. Sin embargo, era probable que lo necesitara. Los de su tipo solían tener una idea de cómo manejar algo así. Además, era el único que conocía bien el objeto dentro de la caja. Muy pronto terminaría por arrepentirse.
Un rayo iluminó el cielo oscuro, pudo verse a través de las diminutas ventanas superiores del hangar. Fue el momento en que los muros de metal comenzaron a abrirse.



David planeaba retirarse justo después de esa misión y vivir lo que le restara al lado de su esposa y consintiendo a su nieta. Había sido un buen plan, desde luego, pero nunca llegaría a ver aquello.
Sentado en el suelo de lo que quedaba del hangar, con la espalda apoyada contra uno de los muros y sujetándose el costado con la mano izquierda, esperaba que le llegara la muerte. Ni siquiera estaba seguro de porqué había vivido tanto. Era probable que se hubieran interesado poco por un viejo como él. Pudo llevarse a uno él solo y sus hombres hicieron el resto. Al final, había sido una victoria pírrica. En el hangar, manchado de sangre, se veían los cuerpos de todos ellos: hombres y monstruos por igual. Las paredes y el avión con marcas de tiros y garras. Solo él respiraba fuera del avión, donde había visto entrar a los dos últimos enemigos que sobrevivieron. Iban en busca de la caja.

-La Caja…

Pero no los había visto bajar. Escuchó rugidos como de una bestia, luces amarillas y luego nada. Silencio por un par de minutos. Luego, pasos. Y algo arrastrándose. Desde su lugar, David pudo ver al hombre de lentes arrastrando La Caja de madera con sus propias manos. Debía de ser bastante pesada, pues le estaba costando. David sabía que allí había un objeto lo bastante poderoso y valioso como para que sus superiores invirtieran tanto dinero –y vidas- en recuperarlo. No se suponía que el hombre de lentes se lo llevara, pero estaba demasiado débil para impedírselo. Al bajar, sus ojos y los del hombre de lentes se cruzaron. Él tampoco había salido limpio: tenía sangre encima y la apariencia de haber sido arrollado por un auto pequeño. Nada en comparación a él.
El tipo llevó la caja a uno de los vehículos. Lo escuchó cargarla con dificultad. Afuera la lluvia continuaba. Se suponía que llovería sin parar durante los siguientes días. Luego, el sujeto volvió, caminando despacio. Se detuvo ante David, de pie.
El silencio se prolongó durante unos segundos.

-Saca en teléfono de mi bolsillo, y llama a mis superiores. Vendrán a buscarte y a La Caja. -Dijo David, con dificultad. El hombre de lentes no se movió. El veterano comprendió un poco más-. Pero… nunca planeaste hacer eso. ¿Verdad?

-Lo lamento, de verdad. Pero no puedo dejar que se lleven esto. He trabajado demasiado por ello como para…

El hombre de lentes no pudo terminar su discurso. El viejo David no era un anciano ordinario. Estaba muerto, eso era seguro, pero no iba a dejarle ir como si nada. En un movimiento pateó la rodilla del tipo y lo hizo caer. Se le arrojó encima, con las fuerzas que le quedaban, desesperado, con los ojos encendidos y sangrando. Sus manos nudosas lo golpearon y quebraron sus lentes antes de buscar su cuello con el fin de estrangularlo. De no haber estado herido, o unos diez años antes –quizás solo cinco-, habría matado en el acto al tipo, pero sus fuerzas flaquearon. Recibió un rodillazo en el estómago y cayó al suelo. Ambos hombres se arrastraron por el suelo, tosiendo. El hombre de los lentes quebrados buscó alejarse, mientras que David, echando mano de lo que le quedaba, volvió a sujetarlo. Esta vez le arrancó el saco de un tirón. El anciano gritó, pero, de nuevo, el tiempo se puso en su contra. El hombre de los lentes rotos alcanzó un casco lleno de sangre. Habría querido tomar un arma, pero eso era todo cuanto tenía. Levantó el casco de metal y golpeó al viejo David una y otra, y otra vez. No se dio cuenta de cuando él mismo comenzó a gritar. No era el primer sacrificio que hacía, pero sí el que hacía con sus propias manos.
Jadeando, contempló el cuerpo desecho del viejo. Sintió odio y temor, y desesperación. Pero no importaba. No importaba, porque tenía La Caja, como había querido durante tanto tiempo. Se levantó y corrió hacia el vehículo que había preparado –igual que todo lo demás-, y escapó en la noche lluviosa.

David había podido negarse, retirarse con tranquilidad y olvidarse de aquél trabajo. De hecho, se le había pasado por la cabeza mandar todo al diablo e irse del hangar antes de que la noche cayera por completo. De haberlo hecho, las cosas habrían sido diferentes. Sin embargo, sus superiores lo habían elegido para el trabajo por su experiencia, y porque no dejaba las cosas a medias. Esa noche, en el sangriento escenario de un robo, lo que había sido David seguía aferrado a su trabajo. En su mano sin vida estaba aun lo que quedaba de la chaqueta del hombre de lentes. En uno de los bolsillos había una hoja de papel con un nombre escrito, un nombre y nada más: Bastian Gabriel Shawn.

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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Saya Vlad el Mar Abr 23, 2019 2:04 pm

[ The Box ]

Momentos antes
Las gotas de lluvia se apresuraban contra el cristal de las casas, las calles habían dejado de ser abarrotadas por los peatones para dar paso a los ríos que se formaban sobre el asfalto debajo de la banquetas. El cielo oscuro entonó un par de estruendosos relámpagos mientra la luz se colaba por la ventana del segundo piso del complejo departamental. La peli lavanda yacía recostada en su cama como un cuerpo sin vida.
En medio de la oscura habitación, sobre el buró de a lado, la pantalla del celular de la detective se encendió para dar paso a un mensaje de voz de la central de la ACV. Saya se incorporó como un fantasma invocado sin decisión propia y prosiguió a alistarse mientras escuchaba el reporte del trabajo al que debía asistir. Afuera, el auto negro se estacionaba bajo la lluvia a la espera de la vampiro.

Actualidad
El lugar estaba acordonado como era de esperar, la diferencia con otros casos, la policía local no había llegado a evaluar la escena, la agencia de cazadores decidió llevar el caso desde el inicio y no informar sobre lo ocurrido a las autoridades inferiores. Conforme se acercaba el auto semi deportivo negro al lugar los agentes que custodiaban la zona iban abriendo paso a los miembros de la familia Vlad.
Dentro del hangar una pelea que involucraba una raza peligrosa se mostraba frente a los ojos de la peli lavanda; la mujer caminó con cuidado sin decir palabra alguna mientras observaba todo a su alrededor. Zarpazos, casquillos, sangre, heridas, objetos. Todo se estaba guardando en la memoria de aquella que todo lo veía, incluso aún entre la poca luz del exterior, Saya se había percatado de las marcas y los daños que se propinó a la estructura de la nave.
─Fue una emboscada habló el hombre de mayor rango en el lugar, tenía el cabello castaño y asomaba un par de canas a la orilla de su cabeza─Se aseguraron de no dejar testigos. La lluvia podría ser coincidencia pero no descarto que haya sido planeado
─Los bando están bien definidos. Los atacantes fueron los rojos
─Razón por la que no cometerían tal error y como si fuera un baile acordado, el inspector Dante entregó una hoja que había rescatado de una de las chaquetas de la escena del crimen a la vez que la peli lavanda tomaba con delicadeza entre sus dedos la importante evidencia. ─Pista o trampa, ya sabes cuál es tu trabajo
Bastó un leve asentimiento de cabeza por parte de la mujer para que ambos agentes continuaran con su labor.

Saya regresó al interior del auto negro para buscar a la persona cuyo nombre era la única pista que tenían hasta el momento. Gracias a la inteligencia de la ACV, ambos vampiros sólo tuvieron que esperar un par de minutos para recibir la dirección del presunto implicado. Alexander manejó bajo la lluvia sin abrir la boca siquiera mientras la peli lavanda leía el informe que había solicitado del docente de las artes oscuras.
Tras un par de largos minutos las luces de la ciudad nuevamente inundaron el cielo e iluminaron la carretera por la cual pasaba el auto negro. Debía ser entre las once o las doce la noche por la cual no había personas en las calles y las luces del interior de las casas estaban apagadas. A pesar de una zona residencial segura en uno de los países seguros del planeta, las personas dormían con llave en puertas y ventanas por el temor de tentar a su suerte y atraer a seres de la oscuridad. El auto negro dobló unas cuantas esquinas antes de detenerse en una de las construcciones del lugar.La lluvía seguía cayendo de manera uniforme, como si intentara crear una cortina protectora en frente de la puerta de aquél hombre desconocido, pero cuando otro relámpago iluminó el cielo, la detective se encontró frente a la entrada de la casa. Llamó a la puerta y esperó inmóvil como una estatua de marmol
─Saya Vlad, agente de la Asociación Cazadores del Vacío. Busco a Bastian Gabriel Shawn. anunció mientras permanecía resguardada bajo un paraguas.
[ of Pandora? ]


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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Bastian Shawn el Mar Abr 23, 2019 7:05 pm

Unsent Letter 1:
PAra Bastian G. Shawn
Sin remitente.
Ha pasado tiempo desde la última vez que nos vimos, viejo amigo. ¿Cuánto tiempo ha sido? Pareciera una vida realmente. ¿Has progresado en tu trabajo? Parecías tan interesado en eso de la convergencia, entonces, que me parece un crimen que no hayas alcanzado ya lo que esperabas. Sinceramente lo espero.

Desde que nos separamos, yo mismo me enfrasqué en mi propia investigación. Sí, aún sigo esperando encontrar el premio, después de tanto tiempo. ¿Puedes culparme? Te contaré algo de lo que he hecho, últimamente:

Me matriculé en una institución que no nombraré (por seguridad de ambos) y trabajé allí un tiempo. Solo el suficiente para poder acercarme a algunos de los textos que me interesaban. Tal y como esperaba, encontré algo, al fin. Algo críptico, algo que de verdad parecía una pista auténtica y no más callejones sin salida. Resulta que todo este tiempo he estado equivocado: el lugar donde se halla el premio no es en las tierras del viejo imperio Otomano, sino mucho más cerca en realidad. No puedo darte demasiados detalles pero, cuando los tenga, te contactaré. Estoy sintiendo verdadera emoción, como no la había sentido en mucho tiempo. De verdad creo que me estoy acercando a algo. No intentes contactarme todavía.
Emme



The Box
Rainy Night
En otro sitio, antes…

El hombre de los lentes quebrados tenía sangre en la nariz. El viejo le había lastimado en serio. Pese a todo, un tipo como ese seguía siendo peligroso. O lo había sido, sin duda. No debió confiarse. No ahora.
Conducía a través de un camino largo, interminable, que serpenteaba a veces, cuando no parecía una línea recta y eterna. No lograba ver nada más que unos metros delante gracias a los faros de la camioneta. Mantenía una velocidad tan rápida como se lo permitía la prudencia. Tan solo no tenía que matarse. La lluvia golpeaba el parabrisas del vehículo incesantemente, pero el interior del mismo estaba perfectamente seco. El ruido del motor era tan sutil que parecía inexistente. Miró por el retrovisor. La Caja estaba allí todavía. Toda su vida se sintetizaba en encontrar aquél premio. No iba a darlo tan fácilmente. Presionó el volante y aceleró, solo un poco más. Todo estaba previsto, solo tenía que ceñirse al plan.
Al fin alcanzó la bifurcación del camino y se apartó de la ruta principal. La que eligió se mantenía en la periferia de la ciudad, donde lo esperaba un refugio con todo preparado. Lo más dificil comenzaría al llegar allí. El cielo prometía que la lluvia continuaría. Tenía que seguir. La lluvia era su mejor esperanza…



En la actualidad.

Las casas que se alzaban en la angosta calle séptima habían sido diseñadas para familias, originalmente, como parte de un distrito suburbano de clase media. Todavía había familias, claro, pero pocas eran el objetivo deseado. Una mala gestión administrativa y problemas para vender un lugar a precios más altos de lo esperado terminaron por dejar el sitio parcialmente abandonado por meses. Hartos, los inversionistas terminaron deshaciéndose del sitio, vendiendo a precios originales, sin ganancia, ergo, con pérdidas. Hoy día, la mayoría eran rentadas por gente con buen ojo, que dejaban a los inquilinos a precios razonables.
Cuando Bastian Shawn se mudó a aquél país para trabajar, había pensado en conseguir un apartamento. Afortunadamente, una de esas casas resultó bastante más conveniente. El precio era el mismo, después de todo, y no estaba demasiado lejos de su sitio de trabajo. Mucho espacio, suficiente para un auto –que no tenía-, una cancha de baloncesto –que no jugaba- y hasta un jardín –que no le interesaba. La casa, sin embargo, demostró suficiente entereza durante los días de aquella larga tormenta. Ni una gota pasó por su tejado ni se acumuló un olor a humedad. Solo permaneció impávida, resistiendo, pese a todo.

Bastian llegó a casa luego de correr durante un largo rato. Llevaba una chaqueta impermeable con la capucha puesta y pantalones deportivos tan empapados como su calzado –ya viejo, seguramente terminaría por deshacerse de él pronto-, más de lluvia que de sudor. Atravesó la puerta de inmediato y dio dos zancadas al interior, dejando que la puerta se cerrara sola, como siempre. Él, por su lado, se inclinó, doblando la espalda y poyando las manos en las piernas, jadeando. El cabello empapado goteaba sobre el suelo de madera mientras Bastian recuperaba el aliento. Se sentía bien correr, usualmente lo hacía olvidarse de los problemas. No funcionó entonces.
En su interior se agitaba un malestar extraño y dificil de describir. Lo más cercano que podría haber dicho, si se le preguntara, era como cuando la presión en el ambiente, advierte al instinto casi dormido del hombre de una tormenta próxima.

”Pero la tormenta ya está aquí…”

Volvió a erguirse a toda su altura, todavía jadeando por el ejercicio. Su cuerpo rogaba por una bebida fría. Se echó la capucha hacia atrás y el cabello salpicó las paredes con ligereza. En el refrigerador tomó una botella de agua helada, cuyo contenido vertió en su garganta, bebiendo como si no lo hubiera hecho nunca. Entonces llamaron a la puerta.
No recibía visitas, en realidad era bastante extraño tener una a temprana hora, en una mañana de tormenta. La sensación de intranquilidad le recorrió la espalda mientras miraba la puerta sólida e inamovible. Estiró el cuello y la espalda, intentando ver por la ventana principal algún vehículo o algo parecido. Cerró la botella y la regresó al refrigerador. Tenía que atender, de cualquier manera, pese al instinto que le rogaba que no lo hiciera. Cuando abriera la puerta, las cosas cambiarían. Pero esa voz era cada vez más un susurro.

Atravesó la suerte de salón, donde una mesa llena de libros, notas y un par de tazas de café vacías reposaban a la espera de que se sentara enfrente a pasar un par de horas descifrando, pensando y escribiendo. Volvió a la entrada y abrió la puerta, todavía con la ropa deportiva encima.
Lo primero que encontraron sus ojos fueron, precisamente, los ajenos. El estómago se le empequeñeció y la sensación de peligro que había estado persiguiéndolo desde antes fue en aumento. En un instante creyó estar frente a un peligro inminente. ¿Se había encontrado con una fiera? Bastian Shawn era incapaz de presentir la presencia de la magia o la naturaleza de aquellos con quienes se topaba, salvo que fuera muy evidente. En el caso de seres como lo que descubriría luego que era aquella figura, no le costaba demasiado comprender que era alguien no relacionado con la naturaleza sana de las cosas. Cada vez que veía uno era como deslizarse a un agujero oscuro, sin anda a lo que asirse. Instintivamente, su pie retrocedió unos centímetros y su ojo carmesí destelló un instante, casi imperceptible.
Armándose de valor, se obligó a contemplarla por entero.
No era la belleza, propia de seres como aquél –que aún no identificaba por completo-, sino su presencia lo que lo hacía ponerse nervioso.

-¿Sí? -Preguntó, retomando el control de su cuerpo y su mente.

La respuesta lo sorprendió, en serio.

”¿Cazadores del vacío?”

Buscó en su memoria, pero no recordaba nada semejante. Si alguna vez se había cruzado con algo así, no era de su conocimiento. Probablemente no debería sorprenderle. En el mundo había tantas cosas que no conocía que era más sencillo creer que no llegaría a aprender ni la mitad de lo que esperaba.
Cazadores del vacío.
¿Cómo debía reaccionar? Abrió la boca una sola vez y la volvió a cerrar, acomodando sus pensamientos. Miró por encima de la joven, casi esperando ver tipos listos para llevárselo esposado. ¿Había algo en su pasado que lo pusiera en tal predicamento? Probablemente.

-Soy yo, sí. -Admitió-. ¿En qué puedo ayudarle, agente?

Afuera, pese a que la mañana debía haber avanzado mucho, no se alcanzaba a ver el sol. Solo un cielo gris. Un rayo iluminó el panorama, lejos. El trueno demoró varios minutos en resonar, casi como preámbulo a las palabras que estaba a punto de decir Bastian, las mismas que, sabía bien, podían ser el inicio de una sentencia. Sin embargo, una raíz en lo profundo de su ser seguía siendo británica.

-Llueve demasiado esta mañana… -Abrió más la puerta y se hizo a un lado. Con un gesto de la mano, la invitó a pasar-. Por favor.

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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Saya Vlad el Miér Abr 24, 2019 4:46 pm

[ The Box ]

Cuando la puerta se abrió, un hombre de cabello negros y mojados apareció del otro lado del marco, la detective no esperaba encontrarse tal escena ya que, dada la hora por la mañana que aparentaba ser aún de noche gracias al clima imponente, había creído que el resto de las personas seguirían en cama durmiendo, o en el mejor de los casos desayunando con sus pijamas puestas.
─Necesito hacerle un par de preguntas. Piense en mí como un detective del FBI
Anunció cuando Bastian cuestionó su presencia. Debido a los músculos facilales que se movieron ligeramente de manera inconsciente en el rostro del varón, la fémina supo que el docente no poseía conocimiento de la ACV, posiblemente se tratara un civil común y corriente que se había metido en un tema más allá de sus capacidades.

Con una ligera reverencia Saya aceptó la invitación y cerró su paraguas negro mientras se adentraba a la vivienda. Colocó el objeto sobre la pared de la entrada para dejarlo escurrir sin ensuciar lo demás a su alrededor.
Lo primero de lo que se percató la oji morados al ingresar al domicilio eran las huellas de agua que había dejado el ropaje empapado del anfitrión, señal de que su vida había empezado temprano ese día. Las gotas de agua en la pared indicaba el próximo regreso del varón a la vivienda, lo cual hacía preguntarse a la detective el por qué de su salida bajo la lluvia. Otro relámpago iluminó el cielo.
─Lamento molestarlo tan temprano prosiguió a llevar a cabo su trabajo mientras se adentraba a la casa mirando todo a su alrededor. ─Un asesinato se llevó a cabo esta noche y su nombre apareció en la escena del crimen explicó a la par que examinaba su rostro en busca de respuestas. Saya se especializaba en detectar las mentiras a través del cuerpo y sus ojos entrenados eran la mejor arma con la cual se había armado.
─Tal vez quiera cambiarse antes de sentarse a responder mis preguntas
Saya le ofreció un pequeño momento para quitarse las ropas mojadas. Dada la situación y la marca de sus pisadas mojadas en dirección al refrigerador, la detective concluyó que examinar su ropaje no era necesario. Sin embargo, en el tiempo que esperaba ganar con la muda de ropa del contrario, la peli lavanda iba a examinar con mayor cuidado la cocina en busca de alguna evidencia votada, aunque su mayor atención se centró en el papeleo de la mesa y los libros, bastó una mirada superficial sobre aquellas letras para saber lo que se trataba aquella reunión de escritos.

Finalmente pudo centrarse en el interrogatorio al sospechoso número uno.
─Señor Bastian puede decirme su itinerario de ayer? dónde estuvo, qué hizo y a qué hora? preguntó mientras permanecía de pie por decisión propia.
─¿Reconoce al hombre de esta fotografía? y con suavidad le pasó su celular que mostraba el rostro del guardia que había dado su vida para atrapar en su mano la única pista para descifrar lo ocurrido ─Su nombre era David Johnson, trabajaba como guardia en una zona privada. Se encontró su cuerpo sin vida sin embargo se recuperó una nota con su nombre en ella y pasando a la siguiente fotografía, la imagen de la nota escrita con cierto toque caligráfico ─Necesito que me diga si reconoce la letra o si alguien lo ha contactado recientemente. Desconocidos, comapeños, amigos, familia, cualquier persona que salga de su rutina diaria.
Por el momento Bastian había pasado de ser sospechoso a ser informante y posible testigo a los ojos de Saya, pues la chaqueta que se había encontrado en la escena del crimen era una tall mayor a la que el docente necesitaba, y por sus marcas de uso no había sido comprada recientemente de manera improvisada para confundir la investigación.
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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Bastian Shawn el Jue Abr 25, 2019 12:24 am

Unsent Letter 2:
Para Bastian G. Shawn
Sin remitente.
Es probable que demore mucho tiempo en enviarte estas cartas pero escribirte me ayuda mucho en el trabajo. La información que esoty consiguiendo llega cada vez más rápido. Es como si siempre estuviera aquí, a la espera de que la encontrara. Solo hacía falta que alguien lo interpretara. Casi da la sensación de que estaba justo esperándome, a mí. Lo sé, suena a una locura pero, sinceramente, no veo como más explicarlo.

En efecto, las conjeturas que tuve de que el premio se encontraba en los terriotorios más al oriente eran erróneas. Desde luego, estaba en el continente, mucho más cerca. Concretamente en la ciudad de la luz, pero en un sitio oscuro. Creo que trajeron el premio hace tiempo, con otras migraciones, y lo ocultaron muy en lo profundo. Tú entiendes donde, ¿no? Es ironico, como pudo quedar tan en la oscuridad. Todo parece conectarse, como en tus teorías extrañas. He decidido viajar allí pero no cuento con el dinero, los medios y la influencia para semejante aventura. Algo habrá de ocurrírseme.
Emme



The Box
Rainy Night
En la oficina oeste…

Misaki Saiga avanzaba por la oficina con un aire resuelto. Era la mujer con más alto rango en toda la organización en la sección de administración y seguridad. La reciente muerte de David había supuesto una promoción para su trabajo y que le cayera encima toda la responsabilidad por el fracaso de aquella misión. A horas tan tempranas, cuando todavía no era de día realmente, ella ya estaba lista para rendir su informe y bajar la cabeza, cosa que hizo en cuanto estuvo frente a la junta de directivos.

-La operación ha sido cancelada. El informante desapareció junto con el cargamento. Sufrimos un ataque inesperado. Me hago totalmente responsable del asunto. -Hizo una reverencia que no interrumpió hasta que fue contestada.

-Señorita Saiga. ¿Qué clase de ataque? Esta operación debía ser secreta. -Dijo uno de los hombres tras el escritorio largo frente al que la mujer estaba parada.

-Vampiros. Creemos que son el mismo clan que estaba tras el rastro.

-No hace falta decir lo importante que es recuperar ese cargamento.

-Desde luego. Pondré todo mi empeño en esto.



La casa en la calle séptima.

No era la primera vez que Bastian Shawn era interrogado por un agente de la ley o, al menos, alguien con una placa y un buen motivo. Tipos que intimidaban y podían hacer daño, o sujetos con sonrisas cálidas y amigables cuya arma era la capacidad de generar confianza. Nunca le había tocado que le preguntase una mujer que le pusiera los pelos de punta. Ni siquiera cuando las preguntas eran acerca de cosas que en verdad hubo presenciado. Cosas que habría estado mejor sin ver.

”Como en Newcastle…”

El recuerdo de aquella experiencia resaltó por sobre otras cosas como una sombra, como un animal agazapado aguardando a saltarle encima. No había pensado en Newcastle desde hacía tanto y, sin embargo, siempre estaba presente. Esa mujer, Saya Vlad, había traido el recuerdo y la tormenta. O, quizás, era la tormenta la que había traído a ambos. Las nubes negras solo habían ido engordando a lo largo del tiempo y ahora soltaban todo encima de él.

-FBI… o MI5. ¿No? ¿Puedo ver una identificación? -Preguntó, ya habiéndola dejado pasar.

Esa joven no era ordinaria y si la había dejado entrar sabiendo eso, era una muestra más que clara de cooperación. Esperaba que así lo viera ella.

Bastian se dirigió al interior de la casa, casi sin temor de que fuera a atacarlo. Quizás estaba siendo demasiado confiado, pero su curiosidad lo traicionaba, igual que antes.

”Igual que en Newcastle…”

El ruido de sus zapatos deportivos mojados resonaba casi como lo haría el calzado de un niño al correr y jugar. No podía evitarlo. Sus hombros estaban cargados con tensión y se alegró de haber corrido tanto y liberado un poco. De otra manera no sabría cómo habría actuado ante una presencia semejante, en especial con lo que estaba por enunciarle.

-¿Quiere café, agua o algo?

En otro tiempo habría coronado el ofrecimiento con alguna especie de broma ligera como “sangre o un ojo de sapo” solo para hacerse el listo, pero la misma voz que le sugería cautela, le obligaba a permanecer serio. Esa vez no debía haber juegos.
Estaba casi por decir algo más cuando la joven agente, Saya Vlad, le dijo de frente y sin rodeos porqué estaba allí. Bastian se detuvo, giró la cabeza primero y luego todo el cuerpo. La observó con los ojos incrédulos, como si pensara que estaba soñando.

-¿Mi nombre? ¿Cómo…? -Arrugó el entrecejo, repasando mentalmente como era posible. Movió los dedos de la mano derecha, como si escribiera algo en papel, un gesto que hacía inconscientemente cuando pensaba a profundidad.

La agente volvió a tomar el control de la situación, sugiriéndole que se cambiara. No protestó, desde luego. La ropa deportiva, de pronto, parecía muy pesada. Asintió y musitó un breve “con permiso” para retirarse un momento, subiendo las escaleras casi como dando pequeños saltos rumbo a la regadera. Necesitaba una dicha rápida.

La casa presentaba una apariencia de indiferencia. Si bien se hallaba mayormente limpia, no parecía ser el reflejo especial del orden. Alguno se había intentado, o se notaba que el estado actual era momentáneo, ya que las marcas de polvo en los estantes de donde fueron tomados los libros indicaban que no hacía mucho fueron retirados de sus sitios, amén de la mochila de Bastian, medio vacía, a un lado.
La mesa central era redonda, pero, junto a la pared, había un sofá y otra mesa más pequeña, frente a un sofá, bajo un grupo de papeles pegados a la pared.
Los libros pertenecían a temas de los más variopintos: teoría del caos, física e historia y un par de textos que introducían los temas más complejos, como si quien trabajara en ellos no fuera un experto en ciencias físico-naturales. También había otros sobre ciencias formales y abstracciones, pero estos no los acompañaban notas de apoyo, sino subrayados. Por último, junto a los cuadernos de notas, había un par de libros de magia arcana… La agente también pudo ver sus notas respecto a sucesos relacionados unos con otros, eventos grandes y eventos pequeños y como se unían entre ellos.
La cocina tenía un par de platos y tazas sucias de la noche anterior. Había poca comida en el refrigerador –mayormente con qué hacerse un emparedado- y varias cajas de fideos chinos de encargo. No parecía haber mayor indicio de que alguien más le acompañara.

Si el ruido de la regadera cesó, este seguro sería opacado por el de la lluvia. Bastain regresó, ahora cambiado, con jeans, zapatos y una camisa blanca arremangada. Todavía se secaba un poco el cabello ya que no quería hacerla esperar más. Si la notó observando, no pareció decirlo. No necesitaba más evidencia para saber que Vlad era una persona de cuidado.

-Lamento la demora. Si todavía quiere algo de beber…

Se sirvió algo de agua, aún sediento, aunque seguro lo cambiaría si ella pedía algo en especial antes de sentarse en el sofá, dejándole una de las sillas por si quería tomar asiento. No iba a quedarse en una solitaria silla individual en el momento que le interrogaran.
Dejando la toalla sobre sus hombros, intentó responder mientras recorría a la invitada con la mirada en un intento de comprenderla, aunque carecía de una mirada tan aguda como la de la mujer. Su fortaleza estaba en pensar.

-Ayer estuve trabajando temprano como pensaba hacerlo hoy. Fui a una cafetería después. Una chica derramó café encima de mí. Luego vine a casa y me pasé el resto de la tarde aquí, calificando trabajos eso.

Contestó, manteniendo un tono que indicaba cooperación, pero no exesiva apertura. Al mostrarle a foto, la contempló un momento, alzando la vista de la pantalla hacia Saya, después.

Nunca lo había visto. ¿Es el que asesinaron? Pobre tipo.-Fue sincero, aunque poco empático. Cuando le dijo quién era no pareció reaccionar en especial-. Como le dije, no tengo idea de quien pueda ser o porqué…

Cuando pasó la siguiente fotografía interrumpió su respuesta. Ladeó la cabeza un momento para luego voltear el teléfono y ver mejor la letra. Escrita con cursiva, apretada e inclinada hacia la izquierda. Repasó mentalmente la imagen, una y otra vez. Tras un momento de silencio le extendió el teléfono de vuelta a su dueña.

-Es una nota escrita en papel de un cuaderno de bolsillo con un bolígrafo Parker Jotter de tinta negra. La persona que lo escribió arrancó la hoja usando la mano derecha y se quedó con el resto para no dañar el cuaderno.

Luego de un momento de silencio, Bastian miró en dirección derecha donde, en un rincón, tenía ese mismo cuaderno y la ya mencionada pluma.

-Yo la escribí antes de mudarme, para alguien que creí que no volvería a ver. - Apoyando los codos sobre las piernas y entrelazando los dedos a la altura de su nariz, observó, sin ver, a la agente-. Antes de que le diga nada más quiero saber si puede y va a arrestarme. Porque si no es así entonces yo también tengo algunas preguntas que hacer…

Separó los brazos y miró a Saya, como aguardando antes de soltar las primeras preguntas que se le cruzaron por la cabeza.

-¿Por qué habrían de matar a esa persona? Dijo que era un guardia… ¿qué estaba vigilando? ¿Y qué pasará si encuentra al autor de eso? -Señaló el teléfono de la agente, indicando que se refería a la foto.

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Última edición por Bastian Shawn el Jue Abr 25, 2019 5:45 pm, editado 1 vez


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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Saya Vlad el Jue Abr 25, 2019 2:05 pm

[ The Box ]


Era claro que Saya estaba obligada a mostrar su identificación, acto que no pasó desapercibido del docente. Con silencio la pali lavanda sacó dentro de su bolsillo interno de la chaqueta un tarjetero de cuero negro tipo folder. Al abrirlo podía notarse la identificación de la ACV que mostraba la fotografía de la detective en cuestión en cuestión, así como su número de serie y un par de datos extras que acompañaba a su persona. Tras un par de segundos lo suficientemente largos para que el hombre leyera todo en la tarjeta, la detective volvió a guardar su identificación y prosiguió.
Negó todo ofrecimiento de bebida o comodidad con el simple gesto de levantar la mano como solían levantara los oficiales de tránsito al indicar un paso bloqueado. Su único interés radicaba en el interrogatorio que pareció tener respuestas positivas.
Cuando la fotografía de la nota se presentó, el hombre hizo una pequeño gesto con la cabeza que alertó a la detective, era evidente que aquella imagen no le era del todo ajena como la fotografía del guardia asesinado. Sin embargo la sorpresa vino después, cuando el contrario no sólo identificó los materiales, sino cuando dirigió su mirada a uno de sus muebles y explicó que aquella letra era la de él.

El hombre se supo en problemas, pero a diferencia de la mayoría de civiles no parecía aterrado por la idea de ir a la cárcel, su actitud y su postura hicieron creer a la peli lavanda que aquella no era la primera vez que el sujeto era sometido a interrogatorio. Parecía saber cuáles podían ser las consecuencias así mismo como el valor que tendría su persona en el caso. Hecho que mostró al ser él el que ahora generara un par de preguntas.
─El valor de los implicados es dada por su participación en el caso. contestó automáticamente a la duda de Bastian. Si bien no le dijo abiertamente que podía o sería arrestado, en sus palabras le indicó que aún permanecía en sospecha y su presencia podía vales mucho más que una simple referencia escrita en una hoja de papel, para bien o para mal.
Un relámpago volvió a cruzar los cielos justo cuando el contrario terminó de lanzar aquellas incógnitas, como si acabara de pactar con el dios de los cielos y ambos acordaran entrar en el juego de la cacería.
─Aplaudo sus percepción del caso, señor Shawn
Rompió el silencio tras unos segundos de quietud mientras guardaba su celular en el bolsillo lateral de su chaqueta.
─La información fue corroborada en este momento explicó de la nada mientras se acercaba a la silla y tomaba asiento, como si fuese una muestra de reconocimiento o aceptación hacia el docente ─Si fuese el culpable del asesinato habría hecho lo posible por mostrar una coartada con horas fijas. Su falta de atención al tiempo indica que prosiguió con su vida de forma natural, sin embargo también indica falta de disciplina y orden lo cual concuerda con su inmueble y su vestimenta.
Ahí estaba, Saya Vlad explicando una de las tantas conclusiones a las que llegaba con sólo observar y escuchar todo a su alrededor, muchos detectives guardaban sus hallazgos para los informes y sus demás compañeros de trabajo, pero ella trabajaba de manera distinta, revelaba sus cartas a los demás como si no temiera arruinar el hilo de la investigación ni necesitara mantener las cosas en secreto. La agente que solía presentarse con la identificación que la acredita como una simple detective de apoyo apostaba a lo grande.

─Respondiendo a sus preguntas─ prosiguió ─El guardia no fue la única persona que se encontró sin vida en el lugar de los hechos. Se estima que trabajó bajo las órdenes de resguardar mercancía con un comando bajo su poder. Razón por el cual lograron hacer frente al enemigo que los sigue.
Silencio. Otro relámpago atravesó el cielo nublado mientras Saya permitía que el contrario formulara sus propias conjeturas.
─Como habrá concluido, el caso va más allá de un simple pleito entre grupos. Razón por la cual no es la policía local la asignada a encontrar al culpable. sentenció como si respondiera a las preguntas imaginarias del docente ─Se desconoce la naturaleza de la mercancía, sin embargo los seres que intentaron robarla está conformado por un grupo peligroso de vampiros, lo cual nos alerta del inminente valor de la mercancía.
Otro relámpago se hizo resonar entre las paredes de la construcción. Afuera el agua continuaba cayendo mientras el auto negro continuaba vigilando el área sin mostrar movimiento alguno en su interior.
─Los rojos, como clasificamos al grupo atacantes, no logró obtener la mercancía, sin embargo se estipula que aún así el objetivo fue sustraído por un tercer bando al cual pertenece la chaqueta donde se encontró la evidencia de su nombre. Y dado que conoce al hombre a quien le entregó esa nota, y preguntó por las repercusiones hacia el sospechoso, no me queda de otra que estimar que el sujeto posee un valor hacia usted. Identificar a la persona será cuestión de tiempo, justo ahora la ACV está buscando a los posibles candidatos con los cuales entabló un conversación en el pasado. Sin embargo, con su cooperación esperamos tener que ahorrar ese tiempo para poder actuar lo antes posible antes de que el asunto se vuelva grave e irreversible

El sonido de la lluvia entraba por las ventanas de la casa, el cielo continuaba oscuro y no daba señales de haber avanzado el tiempo o que la precipitación fuera a terminar pronto. Dentro de la residencia Saya seguía mirando sin expresión alguna al hombre que sin saberlo, se había metido en un tema que escapaba más allá de lo normal. La inmovilización repentina de los rojos era algo que la ACV no podía ignorar y debía descubrir qué era aquello que los hizo volver a la actividad. Sin duda era algo peligroso.
─Como le indique anteriormente, el valor de los implicados será dada por su participación en el caso
Esta vez, no se refería sólo a Bastian y esperaba que el contrario lo entendiera
─Tenemos su cooperación?

Mientras tanto, el inspector Dante se adentraba a territorios privados...
[ of Pandora? ]



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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Bastian Shawn el Vie Abr 26, 2019 12:33 am

Unsent Letter 3:
Para Bastian G. Shawn
Sin remitente.
Ha pasado tiempo desde que escribiera la última carta. Aún si no las he enviado todavía, me siento culpable por ello. Probablemente hubiera demorado más de no ser por las noticias que tengo que compartirte, de alguna manera.
Sí, finalmente encontré una forma de llegar al lugar donde espero encontrar lo que busco, si mi investigación es correcta, y realmente creo que lo es. Esto es, probablemente, lo más complicado que he tenido que hacer nunca y lo que más me ha dolido. He tenido que ponerme precio, al fin. Creo que todos lo hacemos alguna vez, ¿no? Pero no te apresures a juzgarme, Bastian. Los dados apenas acaban de ser lanzados.

Encontré una empresa de renombre y poder que tiene interés en esta clase de asuntos. Creo que mantienen control de ciertos lugares y emplean a muchas clases de… individuos. No detallaré mucho de lo que hacen, solo puedo decirte que tienen poder y recursos. Es probable que haya gente alrededor de todos nosotros implicada con ellos, incluso sin saberlo. Conseguí ponerme en contacto con un agente importante, que escuchó mi idea y la llevó a los altos mandos. Su interés fue inmediato y dieron luz verde. Quieren que yo sea parte de todo esto, de la búsqueda, y les interesa hacerse con esto, desde luego. ¿A quién no? Estamos ante algo que puede cambiar las cosas de verdad. Casi tiemblo de la emoción, de no ser porque venderle el alma al diablo solo es la primera parte de todo esto…
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Rainy Night
No fue sino hasta que vio la credencial que le pusiera enfrente la mujer que cayó en cuenta que su apellido resonaba como campana. ¿Cómo podía haberlo pasado por delante con semejante trasfondo? Quizás estaba perdiendo facultad, o es que era tan obvio que le sonaba a una especie de engaño, en realidad. ¿De verdad era japonesa?

”Pero Vlad es nombre, no apellido…”

Pasó los ojos bicolores por la tarjeta que le pusiera delante Saya, quedándose de inmediato con los datos: detective, psicología criminal y los demás que venían debajo. Era, probablemente, la persona más peligrosa con la que podía encontrarse en una situación como esa.

”Psicología criminal.”

El solo repetirlo casi le hacía estremecer. Una persona capaz de interpretar a otros por sus acciones y colocarle un nombre. Alguien cuyo trabajo era el desenmascarar. Para un mago, gran parte de su identidad era el mantener una ilusión, con o sin magia. Algo que debían crear y presentar al mundo, para ocultar lo que de verdad se hallaba delante. Temía que Saya Vlad pudiera ver detrás de él… Pero, ¿qué opción tenía? Era probable que ya tuviera una conjetura y el no conocerla le frustraba.

Lejos de dimitir, la lluvia en el exterior parecía cobrar fuerzas nuevamente. Los rayos que iluminaban a través de las ventanas de la casa en la calle séptima proyectaban sombras alargadas y casi irreales por las paredes y el suelo. La imagen de Bastian Shawn, sentado en su propio sillón y el de Saya Vlad de pie delante de él, hacía pensar en la culpa, pero él no fue capaz de verla. Su mente viajaba a sitios del pasado, ya casi olvidados. A un lugar…

”Newcastle…”

…y a un rostro.

”Su rostro…”

Los truenos se sucedían con intervalos menores, casi sirviendo de preámbulo a las palabras de la detective que le dejaba claras las reglas de un juego que ninguno de los dos quería, probablemente, y que tendrían que jugar, porque ese era el destino de ambos. Pero, a diferencia de la mujer, Bastian Shawn estaba atado por el deber ético, y era un yugo tan pesado como podría serlo el pasado de un hombre cuyas únicas cartas eran temporales y saldrían de la baraja en cuanto las jugara. No tenía los recursos de una agencia detrás y sí un reloj de arena encima. Ambos lo tenían, en realidad.

Cuando Saya se sentó en la silla cercana, Bastian se acercó un poco más. Apartó la toalla de sus hombros y encorvó la espalda, inclinándose hacia ella tanto como pudiera a fin de escucharla sin perder detalle. Apoyó los brazos sobre las rodillas y entornó los ojos, agudizando su mirada. Era incapaz de llegar al nivel de observación de su contraparte, así que tenía que asegurarse de captar correctamente todo y pensar más rápido. Sus ojos se centraron en los ajenos cual si los papeles fueran los opuestos. Tenía su completa atención ahora.
Asintió una sola vez, de forma breve, ante su conjetura de inocencia. Poco le duró aquél gusto, cuando ella lanzó un comentario acerca del orden de su casa y de su ropa. Permaneció congelado en su posición y el parpado derecho le brincó suave e incontrolablemente ante el esfuerzo de tragarse un comentario de protesta.

-Gracias, detective… -Fue todo lo que logró componer, sin percatarse de que su rostro había enrojecido levemente.

No solo parecía dispuesta a contestarle sus preguntas, sino a decirle directamente que estaban poniendo en marcha la maquinaria de la agencia, fuera cual fuera ese poder, para quitarlo de en medio y conseguir lo que buscaban. Aun intentando encontrar una mayor comprensión en el fondo de los ojos de la mujer, Bastian llevó la mano derecha a sus propios labios, donde el índice frotó el filtrum bajo su nariz. Poco a poco sus ojos fueron abriéndose más y más, dejando ver los orbes redondos de sus ojos. Todo el rubor que había adquirido su rostro se desvaneció conforme lo explicaba y un suave murmullo se escapaba de sus labios, apenas audible, escapando entre sus dedos.

-No, no puede ser… es… no, él…

El siguiente relámpago lo sacó de su estado de pensamiento y cálculo en el que amenazaba perderse volviendo su atención hacia la mujer justo cuando explicó acerca del otro bando implicado en todo esto. Estaba metido hasta el cuello en algo peligroso, y los iba a arrastrar a todos con él. Bastian y Saya incluidos, probablemente.
Asintió, de nuevo.

-Eso es exactamente lo que pienso. Que el asunto se puede volver grave e irreversible. Pero todavía. Si fuera así, ya lo sabríamos todos.

Regresó la espalda al respaldo del sofá.
La mujer, Saya Vlad, le había resultado increíble. Le había soltado casi todo como… ¿una amenaza? O quizás advertencia simplemente. Interpretarlo era lo más complejo de todo.

”Seguro que de eso se trata. Me da lo que quiero solo para obtener mi reacción.”

Iba a tener que bailar con ella, de una manera o de otra. Eso lo entendió bien. Su única esperanza era seguirle el ritmo y compartirlo, evitar en lo posible que el dirigiera los pasos. Si se oponía, terminarían pisándose los pies una y otra vez y la música terminaría antes de que se dieran cuenta. Entonces sería el fin.

-No me cabe duda de que encontrarán a quien buscan, tarde o temprano. Pero creo que será más tarde que temprano. Demasiado tarde. Estamos hablando de un hombre que ha dedicado su vida a un solo propósito, y creo que ese pobre hombre de la foto estaba en su camino. -Hizo una breve pausa, enderezándose-. Él en sí, no es una amenaza. Al menos no lo es para quienes no se interpongan… pero lo que quiere… estamos hablando de algo mucho peor que una pandilla de vampiros. Mucho peor…

Se pasó la mano por el cabello que volvió a su forma casi al instante. Era un gesto de temor. Se puso de pie y escogió con cuidado sus palabras. Un paso en falso y Saya Vlad lo despojaría de todas sus cartas en un santiamén.

-Perdí contacto con esa persona hace un tiempo. Dejé la nota en caso de que pudiéramos volver a contactarnos, pero no creí que ocurriera. No sé qué ha pasado en su vida desde entonces, pero…

Caminó hacia la ventana, pero solo pudo ver el agua corriendo por la misma. El exterior se había vuelto solo un conjunto de siluetas vagamente definidas bajo la lluvia. El día, que se aproximaba, parecía que sería una penumbra vaga y que la oscuridad continuaría hasta que las negras nubes se marcharan.
Bastian Shawn se volvió hacia la agente.

-Si puede prometerme que no van a matarlo, que me dejarán intentar hablar con él… prometo hacer todo cuanto pueda porque lleguemos a tiempo. -Extendió la mano derecha hacia la mujer, esperando la estrechara. No podía hacer más que confiar en su palabra-. Sé que tiene superiores a los que reportar, pero sería más rápido, si vamos los dos solos. Seguramente se ocultará en un sitio preparado. Es lo que yo haría. Pero si encontró lo que temo, va a necesitar un par de cosas: equipo médico y sangre. Mucha.
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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Saya Vlad el Vie Abr 26, 2019 2:52 pm

[ The Box ]

Bastian tenía la respuesta y Saya lo sabía, sin embargo el contrario no parecía que fuera a dar las respuestas que ella necesitaba con tanta urgencia, pero aún así, la detective continuaba sacando respuestas de cada acción y cada palabra que provenía del hombre con heterocromía.
Fue así cuando el docente susurró entre sus pensamientos que la peli lavanda imitó su palabra final a un volumen bajo, como un eco fantasmal, no para llamar su atención, sino para informar a su primo -a través de un micrófono que guardaba en el cuello de su chaqueta- y que aguardaba detrás del volante del auto negro. Habían sido años de convivencia juntos y de trabajar en la ACV que habían implementado un sistema de comunicación entre ellos, una de las mayores razones por la cual Saya revelaba a los presentes información que sólo ella podía ver al encontrarse en el lugar donde el otro no podía llegar. Las palabras que antes había liberado permitía que Xander-como ella lo llamaba- enviar la respectiva información a la oficina de investigación donde los agentes especializados en inteligencia cibernética trabajaban para buscar al sospechoso.Y tan pronto como Bastian aseguró que el hombre no era una amenaza, los dedos del segundo Vlad enviaron la palabra “humano” a través de la pantalla integrada en el tablero del auto. La búsqueda pronto se redujo en un ochenta por ciento.

La detective continuaba observando y escuchando el contrario, era difícil saber si algún dato que llegaba a su oídos la alteraba porque su expresión facial y su postura seguía siendo la misma. La misma expresión que tenía al dormir, al apuntar su arma a un enemigo o al escuchar su canción favorita. Saya era un libro cerrado.
Cuando Bastian se acercó a la ventana, la peli lavanda se levantó como si supiera el ritual social que estaba por venir, se sacudió su falda y esperó su turno para hablar.
─Sr. Shawn, es obvio que usted tiene información que necesitamos y nosotros tenemos información que usted ignora. Sin embargo nuestro objetivo parece ser el mismo. Nuestro deber es evitar que el caos se libere y vidas inocentes sean involucradas. y sin más preámbulo estrechó la mano del peli oscuro.─Puedo asegurarle que nuestras acciones están restringidas por la amenaza de la situación.
Saya no prometía cosas que estaban fuera de su control, asegurar que no se terminaría la vida de un hombre cuyas motivaciones eran desconocidas para la ACV daba rienda suelta a complicar el caso; sin embargo, acabar con la vida de los demás no era uno de sus principales objetivos. Si la situación lo ameritaba y el culpable lo permitía, en el mejor de los casos el acusado sería remitido a las autoridades locales y sería juzgado bajo sus leyes, la ACV entregaría el resto del caso y desaparecería como siempre. Pero todo eso dependía del tiempo y esperaba que el docente lo entendiera.

Ahora que el acuerdo estaba cerrado sólo quedaba encontrar al sospechoso y recuperar aquello que no debía caer en manos equivocadas. Tras escuchar la declaración del docente la peli lavanda no puedo evitar pensar de inmediato en el hospital central de la ciudad. Una construcción dedicada al tratamiento de seres sobrenaturales, sin lugar a duda aguardaba un banco de sangre que se volvía tentador en muchos aspectos y el material médico suficiente para llevar a cabo cualquier cirugía no humana, sin embargo no podía descartar otras posibilidades.
─No hubo reportes de robo en las próximas fecha, si su contacto planeó este día pudo comprar el material con anticipación y resguardarlo en un lugar seguro. Rastrear las compras sospechosas o desvío de recursos tomará un par de minutos. llevó entonces su mano a su barbilla ─Pero si apenas planea llevar a cabo la usurpación entonces podría estar recibiendo ayuda
Habían pasado ya un par de horas desde el encuentro contra los rojos, si el hombre sabía lo valioso o peligroso de la mercancía entonces había estado trabajando sin descanso alguno para evitar que los vampiros de dieran caza.
─Una iglesia sería un lugar apto para evitar a los rojos, pero una colección de sangre concentrada sin las medidas adecuadas es un atrayente a …. se quedó en silencio, reflexiva de sus propias palabras mientras encajaba las piezas del misterio un poco más. La clave era la lluvia.
─Según sus palabras, sr Shawn, el sospechoso puede ser catalogado como amenaza territorial. tan pronto como dijo aquello sus pies la dirigieron a la entrada de la casa ─¿Sospecha de alguna dirección en la cual pudiera resguardarse?
La lluvia sin lugar a duda hacía que seguir el rastro de una persona fuera más difícil de lo normal, pues el agua se lleva con ella los rastros que se dejaban atrás, así mismo limitaba los aromas a un par de metros de su origen y a la vez, hacía que las personas se quedaran en sus casas, concentrando la mayor parte de seres en vivos en las zonas residenciales. Dada la situación aún desconocida de la mercancía, Saya esperaba que la sangre que necesitaba el sospechoso se encontrara almacenada en bolsas.
─Si no conoce una manera más rápida de viajar, iremos en el auto.
Sin perder el tiempo la detective abrió la puerta y de inmediato el sonido de la lluvia torrencial inundó aún más el interior. Afuera Xander esperaba con el motor del auto negro encendido y los faroles delanteros alumbrando el camino. Claramente era un auto basado en el diseño del NSX Honda, sin embargo podía notarse claramente cómo estaba adaptado a cuarto puertas y su falta de marca registrada impedía saber a qué compañía pertenece.
─M, necesito la direccion de posibles refugios alrededor de la ciudad. Cerca de las residencias. Si. Lo dejo en sus manos al mismo tiempo la detective hablaba por teléfono sin perder el tiempo.

Mientras tanto
El inspector aguardó a que la mujer estuviera sola para poder hablar con ella; se había valido de su olfato para deducir la oficina a la que entraría. Cuando finalmente la fémina cerró su puerta, Dante hizo notar su presencia cerrando con seguro.
─Tenemos que hablar, señorita Misaki
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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Bastian Shawn el Sáb Abr 27, 2019 12:58 am

Unsent Letter 4:
Para Bastian G. Shawn
Sin remitente.
Iba a comenzar esta carta diciéndote que encontré, al fin, el valor para plasmar el sitio donde he encontrado esto que tanto busco, pero sería faltar a la verdad. Si bien antes no me atrevía a ponerlo en papel es porque el riesgo era mucho. Ahora, no puedo hacer sino correr emocionado a contárselo a alguien. Creo que solo tú comprenderías lo que siento ahora, Bastian. Sabes bien cuando me he dejado atrás para poder llegar aquí. Todo lo he perdido, pero ha valido la pena. Cuando al fin te llegue a entregar estas cartas, espero, ya no habrá diferencia. Ya todo estará dicho, hecho y listo. Todo será diferente.

Creo que ya lo comenté antes, pero el sitio no era donde yo pensaba, sino, en efecto, en la ciudad de la luz. Creo que tras aquella guerra sobre la que leí, lograron hacerse de este premio, pero temieron el poder que significaba. Lo enterraron en lo profundo de las catacumbas con nada más que la muerte en derredor. Para siempre perdido en los laberintos de las profundidades. Escondido y, al mismo tiempo, bajo cientos de personas cuyas vidas transcurrían con normalidad.
Me adentré en las catacumbas, solo. Me concedieron un equipo y mucho instrumental, pero quería descubrir todo yo solo. Pasé casi dos días allí abajo, perdido, casi muerto. Pero cuando llegué a donde quería. Era mi destino, Bastian, como si siempre me hubiera esperado.
Supe, entonces, que no podía compartir mi hallazgo con aquellas personas…

Emme



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Rainy Night
Oficina oeste, mientras tanto…

Por los últimos dos años en su carrera como miembro especial de seguridad y agente de campo de la La Sección, Misaki Saiga había tenido una oficina pequeña al lado de la de David, su superior inmediato. Era un sitio reducido pero suficiente. Una mesa, un archivero y lo que necesitaba para hacer su trabajo. Incluso la ventana pequeña estaba bien. Pasaba la mayor parte de su tiempo fuera de esas cuatro paredes, de cualquier manera. Trabajar en el campo era lo que mejor se le daba. Con el tiempo había ido asumiendo varias de las responsabilidades que tenía el viejo David, segura de que el día de mudarse no se hallaba lejos. Cuando al fin llegó, sin embargo, la victoria le supo amarga.
No apreciaba a David como a un padre, pero lo respetaba como un mentor. Había sido un buen agente, y eso era todo lo que le interesaba a la nueva jefa de seguridad. Se plantó delante de la oficina, con un portafolios en una mano y su chaqueta en la otra. Sin ella se notaba el arma que tenía en la sobaquera del lado izquierdo.
La oficina estaba repleta de las pertenencias de David: fotografías de su familia, imágenes y documentos que él mismo había redactado. La máquina de escribir a un lado del ordenador nuevo que nunca utilizó con seriedad. Incluso su taza seguía allí. Misaki no solo estaba parada sobre la tumba de David, sino que llevaba a cuestas la responsabilidad de una misión -quizás La Misión- fallida, la más importante que había preparado nunca La Sección. Lo que estaba en juego no era solamente una reputación o una inversión. Era su carrera, amén de los centenares de vidas que corrían peligro.
Entró en la oficina, y al instante escuchó la voz, cerca.
Apretó los párpados y retrocedió un par de pasos tan rápido como podría llegar a hacerlo una atleta olímpica. Al mismo tiempo sacó su arma y apuntó hacia la voz…

-¿Qué es lo que quieres? -Estaba preparada para defenderse, pero no saltaría a lanzar tiros si no era absolutamente necesario. No allí.



Calle séptima…

Bastian Shawn no era un hombre ingenuo. Al menos no tanto como para no comprender, al momento de estrechar la mano de Saya Vlad, que existía una enorme posibilidad de que aquello no terminara bien. Para nadie –en especial para ellos dos- pero, seguramente, no para esa persona. Lo entendía y lo aceptaba, pero no significaba que no iba a intentar evitarlo.
Fue durante ese momento, cuando estrecharon manos, que comenzó a comprenderlo. Al ver más de cerca a los ojos de la chica. Su color era tan inusual que resultaba atrapante. La sensación de ingravidez –no agradable, sino peligrosa- no había desaparecido y solo pareció acrecentarse. Ya había sentido aquello antes. Volvió a parecer perdido, pero ahora no vagaba en conjeturas sino en lo que mejor sabía hacer: unir puntos.
Soltó la mano de la mujer y retrocedió un par de pasos. Se tomó la muñeca mirando su propia mano. Frío, su toque le resultaba frío.
Una gran parte de su vida había ido encaminada a estudiar los eventos, las repeticiones y como remediarlo. Si aquello era un evento de convergencia –quizás El Evento de Convergencia-, entonces tenía una pequeña oportunidad de que saliera todo bien. O terriblemente mal.

Mientras Saya comentaba acerca de las posibilidades de rastrear al objetivo, Bastian pareció más interesado en mirar su propia mesa. Ahí sobre sus notas estaba un sin número de disparates que no lograba organizar. ¿A dónde llevaba todo eso? ¿Qué se supone que tenía que entender, o paraqué podría servirle? Ninguno de esos papeles tenía utilidad ahora. Lo único importante era la pequeña libreta de bolsillo que había señalado antes con la mirada, la que tenía el bolígrafo negro. Esa misma había usado en Newcastle, y esa misma había usado cuando dejó la nota para esa persona. La tomó entre sus manos y la contempló un momento. Ojeó las páginas de forma rápida. Entonces, habló en voz alta.

-¿Es un demonio, detective? -Interrumpió repentinamente la línea de pensamiento de Saya. Su tono no resultaba acusador, sino curioso, como si asumiera que era un hecho que ella lo fuera-. Me resulta dificil estar cerca de ti. La sensación es bastante extraña…

Independientemente de si ella lo confirmaba, lo corregía o siquiera respondía, Bastian presionó el pulsador de su bolígrafo, buscó una hoja de la libreta –más de la mitad estaba usada- y escribió: “Newcastle = Éadrom”. Volvió a presionar el pulsador, se guardó el bolígrafo en el bolsillo de la camisa y el cuaderno en el del pantalón, donde uno tendría el móvil. Al fin volvió a mirar de frente a Saya.

-Ninguna iglesia, no… Creo que lo hará en una casa. Una casa grande y solitaria. Un lugar que ya ha visitado. Las cosas seguramente las consiguió en el instante. -Su contestación demostró que, a pesar de parecer no haber escuchado las palabras de Saya, ella todavía tenía toda su atención-. A algunos vampiros les confunde la lluvia. El olfato, el oído y esas cosas. Es como una interferencia en el radar. Creo que espera aprovechar eso. Ha pensado en esto por bastante tiempo. Pero va a cometer un error.

Sobre una silla se hallaba una chaqueta negra, casi de estilo americano, larga y, si bien se hallaba limpia, resultaba poco adecuada para protegerse de la lluvia. Aun así fue todo lo que tomó –amén del mencionado cuaderno y las llaves- antes de caminar hacia la puerta detrás de la joven agente. No se molestó en hablar bajo la lluvia. Caía a cantaros y el ruido del agua golpeando el suelo y lo ocasionales truenos hacían casi imposible escucharse.
La siguió por el camino que salía de su casa hasta el monumental auto que no había notado antes. Se detuvo un segundo, contemplando aquél vehículo negro y que parecía capaz de competir en una carrera de autos de lujo.

-Wow…

Reaccionó y entró antes de seguir mojándose. Optó por uno de los asientos de atrás, ya que alguien ya ocupaba el del piloto y Saya seguro se sentaría a su lado. Él era un pasajero inesperado.

”Quizás incluso traían en la cabeza la idea de traerme aquí, esposado…”

Sacudió un poco la cabeza, apartándose las gotas remanentes del agua de lluvia, una vez dentro del vehículo, donde el ruido era amortiguado mucho mejor.

-Hola. -Saludó al desconocido conductor. No dijo su nombre, seguro el otro ya lo conocía-. Así que en el trabajo les dan estos autos… ¿No estarán contratando? ¿Cuál de estos activa los misiles? -Más que en broma, su voz sonaba sorprendida. Nunca había estado en un auto como ese.

Se fijó en el tablero que seguro servía como guía GPS –y otros usos que Bastian desconocía- y notó la ubicación de su casa marcada en el mapa de la pantalla. Se inclinó hacia el frente, metiendo un brazo entre los dos asientos mientras intentaba manipular el objeto, si es que se lo permitían.

-Hey, ¿es como un iPad? Corrígeme si lo hago mal, pero…

No terminó la frase, pasando el mapa que aparecería en la pantalla, buscando. No conocía Éadrom lo suficiente. Sus paseos y mañanas corriendo habían cubierto una distancia bastante corta de la ciudad. Pero estaba allí, podía casi apostarlo. Cruzó sobre los mismos lugares un par de veces, preguntando ocasionalmente alguna indicación al hombre de lentes, ya que Saya estaba al teléfono, pero no parecía siquiera saber qué es lo que estaba buscando. ¿Sabía en realidad a donde los dirigía o les estaba haciendo perder el tiempo? Seguramente podrían pensar eso. Él mismo no estaba seguro. Entonces, lo encontró.
Fue solo un instante, lo miró de reojo entre varias calles de nombres completamente orientales: “Atarashi-jō”. Traducido, venía a significar el mismo nombre que buscaba. Era un área relativamente apartada, donde varias residencias de apariencia oriental se alzaban solitarias y mayormente olvidadas. Las imágenes de dojos y residencias clásicas japonesas con sus jardines amplios y edificios interconectados venían a la mente al contemplar aquella calle. Coronaba un río angosto que pasaba a un costado de la zona. Tenía sentido para Bastian. Un sitio con relativamente poca o ninguna tecnología, además de un cuerpo de agua. Era igual que en aquél entonces.

-Ahí… -Susurró, apenas audible. Entre la llamada telefónica de Saya y el ruido de la lluvia, su voz casi se vio apagada del todo-.- Hey, oigan… -Entre su intento de llamarles la atención y no poder apartar los ojos de la pantalla, Bastian colocó una mano sobre el brazo del hombre, agitándolo un poco, y luego la misma en la rodilla de Saya, haciendo lo mismo antes de volver a señalar la pantalla-.- Tiene que ser aquí. Es… Newcastle, de nuevo… Newcastle Upon Tyne…” -Lo último lo dijo en un marcado acento británico. Inevitable.



En un sitio desconocido…

Casi parecían haber quedado olvidados. La herida que recibieron esa misma noche fue fatal. Esos hombres armados estaban preparados para enfrentarlos. Tenían armas que podían dañar a los de su especie. Incluso matarlos. Mortales armados lo bastante bien como para enfrentarse a vampiros. Para ellos no había duda de la razón: habían sido traicionados.
En lo más profundo de su guarida, los remanentes de los rojos todavía vivían estaban preparados. No iban a perder la oportunidad de apoderarse del premio, teniéndolo tan cerca...
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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Saya Vlad el Lun Abr 29, 2019 4:40 pm

 
[ The Box ]


El hombre de cabellos oscuros y traje formal no se sorprendió por la reacción de la mujer y tampoco hizo esfuerzo en tratar de apartarse de su punto de mira, solamente levantó las manos con las palmas abiertas para mostrar sus buenas intenciones.
─Lo último que quiero es pelear bajó nuevamente las manos y se acercó a una de las ventanas que miraban al exterior. ─No deberá extrañarle si le digo que estoy aquí por la muerte de sus hombres ocurrida esta noche. Entiendo cuál es su trabajo y también espero que usted entienda el mío.
En una misión secreta se espera que las bajas sean discretas a los ojos de la policía, sin embargo el hombre que había irrumpido en la oficina de aquél complejo había actuado más rápido de lo normal y su forma de operar claramente no estaba sujeto al protocolo de justicia establecido en japón.
─Los cazadores de vacío no estamos interesados en su agencia, sin embargo la mercancía que trajeron a la ciudad puso en actividad a un clan de vampiros que le concierne a la ACV, y puedo asegurarle que no son un grupo cualquiera de chupasangres. Así que si no quiere que su rostro esté en las noticias mundiales como la causante de un gran genocidio, le voy a pedir que coopere con nosotros, señorita Misaki


Calle Séptima
La detective estaba ocupada tratando de encontrar al sospechoso que decidió no tenía tiempo para aclarar las dudas de Bastian con respecto a su raza, además estaba segura que lo deduciría él mismo. A pesar de llevar un análisis rápido en sus pensamientos, la detective continuaba escuchando lo que el contrario tuviera que decir sin dejar de prestar atención a sus movimientos, aunque pareciera que miraba a otro lado.
Si el objetivo de la lluvia sólo es atrasar a las rojos, está bien pensó antes de llegar a la puerta.

Con el paraguas sobre su cabeza, la detective rodeó el auto pero no para sentarse del lado del copiloto, abrió una de las puertas traseras y se sentó a la vez que guardaba el paraguas y lo depositaba en el compartimiento diseñado para aislar el agua y evitar mojar el interior del auto, ignorando los descuidos del invitado y su actuación de niño frente a lo que parecía sorprenderlo.
Por otra parte, Xander ni siquiera volteó a ver al desconocido por el retrovisor, tan pronto como ambos ocupantes habían cerrados sus respectivas puertas, el conductor prosiguió a avanzar por la carretera hasta salir a la calle principal ignorando los comentarios absurdos del docente. Pero otra respuesta fue cuando éste metió mano para tocar la pantalla, en ese momento el vampiro de ojos carmesí miró al intruso de reojo frunciendo el ceño aún más de lo normal, después de todo detestaba que tocaran su auto, y si no fuese por él trabajo en el que se encontraban en ese momento, era seguro que Xander lo hubiese detenido y amenazado si no se quedaba quieto y en silencio.

De pronto, Bastian interrumpió a los Vlad para señalar la ubicación en el mapa, Saya estaba a punto de preguntar las razones por las cuales sospechaba de aquel lugar, cuando en la pantalla de manera automática comenzaron a salir varias direcciones con su respectiva imagen; era la respuesta de la central a su petición telefónica y entre ellas se hallaba la casa antigua que instantes antes el docente había señalado. Dos indicaciones a un mismo punto, no había más que preguntar y el conductor así lo supo. Xander pisó el acelerador llevando a todos sus ocupantes a sentir la fuerza de la gravedad contra los asientos de piel negro mientras seleccionaba la casa en la pantalla.
Xander no necesitaba mirar el mapa para saber cómo llegar, sin embargo el gps continuaba haciendo su trabajo, lo que no sabía Bastian era que aquel acto había mandado una indicación a las computadoras de la central donde M y K permanecían atentas en su trabajo, tan pronto como recibieron la dirección seleccionada ambas féminas prosiguieron a mover sus dedos sobre el teclado electrónico de sus lugares. Casi de inmediato, la dirección fue compartida al celular de Dante.

El ruido del motor era nulo, si no fuese por la presencia de la lluvia el auto viajaría como un fantasma silencioso que se deslizaba por el asfalto como un cuchillo sobre mantequilla.
─Necesito que me diga el nombre del sospechoso
preguntó Saya repentinamente sin despegar sus ojos del frente y como si fuese un acuerdo escondido, la pantalla del tablero volvió a cambiar, esta vez mostró a tres hombres con sus respectivos nombres con los cuales Bastian había entrado en contacto en el pasado, uno de ellos era el hombre de lentes que pronto conocería y Saya estaba preparada para descubrirlo incluso si el contrario se rehusaba a cooperar.

Al mismo tiempo
Con un poco de preocupación, Dante hablaba a la central desde su teléfono móvil privado.
─Envía un grupo de cazadores blancos a la dirección
─Contactando a los agentes más cercanos. Agentes en camino.
Entre las diferentes calles de la ciudad, diferentes personas con aparentes vidas diferentes recibían coordenadas en su móviles, sabían lo que aquello significaba y sin perder tiempo salían a las calles, en su mayoría en motocicletas al llamado del trabajo, algunos preferían correr en sus verdaderas apariencias una vez que salían de la vista de los civiles. Casi todos los cazadores blancos que habían sido contactados estaban conformados por Lupus Dei especializados en el combate contra sus rivales vampiros, desgraciadamente no había suficiente personal en Éadrom.


Dentro del auto, Saya anunció un comando para que la pantalla ampliara la información del hombre de lentes descartando a los otros dos sospechosos. De esa forma, la agente no sólo iba a conocer el nombre del objetivo, también su vida, sus motivaciones y sus errores...
[ of Pandora? ]


─Hablar (#ff6699)  Pensar (#996699) 
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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Bastian Shawn el Jue Mayo 02, 2019 12:10 am

Unsent Letter 5:
Para Bastian G. Shawn
Sin remitente.
Una parte de mí, muy en lo profundo, se siente culpable. Una parte muy pequeña. Después de todo lo que hice no deja de ser una traición. Una traición doble. ¿Podrías culparme? Seguramente, Bastian. Yo lo hago. Aun así, la voz que me decía que no hacía lo correcto era solo un susurro. Había dedicado toda mi vida a este momento. A encontrar esto, y no podía entregarlo sin más. No me dejarían ir. Habían invertido mucho en esto, pero su ambición era distinta de la mía. Además, entregarles esto significaría darle un poder inimaginable  a alguien que no lo merece y un destino terrible y lamentable para mi premio. Así que lo hice…
Lo pensé en un instante, y lo decidí en el transcurso de las horas que llevó retornar de las catacumbas a la superficie y de regreso. Había tenido contacto con aquellos antes. No recuerdo su nombre pero estaban relacionados –entre muchos otros- con esto. Así que los contacté. No fue fácil, pero lo hice. Les dije lo que ocurría, que llevaríamos esto cerca de su territorio, y rogué porque se destruyeran mutuamente. Al final, solo quedaríamos nosotros: aquello que tanto he buscado, y yo…
Emme



The Box
Rainy Night
Oficina oeste, mientras tanto…

Misaki Saiga bajó el arma, pero no así sus intenciones de usarla. La sostuvo entre sus manos. El peso le hacía sentir seguridad pero no nublaba sus sentidos. Sus ojos pasaron un momento entre el hombre que se había atrevido a entrar en el despacho de su antiguo mentor y la ventana. Sus palabras pasaban como ambiente, pero su mente las iba registrando. Los orbes en su rostro se movían de un lado a otro, detrás de los cristales de sus lentes. En un momento calculó cual era la mejor manera de proceder. Solo tenía una oportunidad dado que aquél trabajo ya estaba arruinado. Recuperar el paquete era casi imposible. Aquél sujeto que los traicionó parecía haber ido aquí y allá gritando a todo el mundo que lo tenía. Había sido astuto. Todos querrían tenerlo y se destruirían mutuamente. Este hombre que se había presentado allí tenía sus suposiciones. Misaki era una jugadora, pero no jugaba en solitario. Eso la había llevado a donde estaba.

-Pierde mucho el tiempo. ¿Qué es lo que quiere de mí? -guardó su arma y buscó un objeto que podía esgrimir de manera mucho más peligrosa: el teléfono móvil.

La mano con la que sostenía el dispositivo era femenina pero no delicada. Eran las manos de una mujer que ha trabajado, una mujer que había dejado la vida por algo. Eran iguales que las de su madre salvo porque no había ningún anillo en su dedo. Jamás lo habría. Sabía esto, pero solo entonces estuvo consciente de ello. La cadena de mando venía con la cadena de sacrificios también.
Presionó el botón de su celular y se preparó para hacer la llamada necesaria. Iba a resolver el problema de la administración pasada.


Atarashi-jo…

Se había estado repitiendo la misma palabra todo el día, pensó, pero la realidad es que había estado haciéndolo desde hacía años. En realidad, solo lo había dicho en voz alta ese día. Era la única diferencia con el resto de su vida.
Bastian Shawn se había convertido en el hombre que era en Newcastle y todo por causa del hombre por quien iba ahora.

”No, solo yo voy por él. Ellos van en pos de él.”

El vehículo avanzaba silencioso por un camino que fue pasando de un estilo de calle pavimentada al de una carretera alargada y que conectaba puntos muy separados de una ciudad. Eso era, en realidad, lo que estaban haciendo. Sin embargo, Bastian no estaba atento a las ventanillas o al cristal delantero donde la lluvia golpeaba con fuerza y la tormenta se hacía cada vez más fuerte cual si se aproximaran a su furioso vientre. Él estaba atento a la pantalla en el tablero del vehículo. Con el cabello goteando, su rostro parecía empapado. Notaba las imágenes que se dirigían al área en cuestión: las casas antiguas ahí reunidas. En una de ellas se encontraba el hombre al que alguna vez llamó amigo.

Levantó la vista del tablero cuando ya se hallaban cerca. Intentó mirar por el retrovisor y captar la imagen de Saya Vlad metida en su conversación con la imagen sin rostro que Bastian mentalmente llamaba la asociación. Le intrigaba conocer lo profundo de aquella madriguera, pero obtendría poco si lo intentaba preguntando. Saya lo había dejado claro cuando dejó de responderle, ya teniendo casi todo lo que quería. Ante el silencio de ambos llegó a esa conclusión: los usos de la herramienta eran limitados.

”Supongo que debo estar agradecido que no me hayan echado a medio…

Fue entonces que ella le sacó de sus pensamientos con su pregunta. Miró, una vez más, al tablero, que había cambiado. Ahora vio tres rostros y Saya le pidió que lo nombrara. Levantara un dedo o abriera la boda y lo llamara por su nombre. Era lo último que necesitaban de él. Sonrió, a penas nada, estirando las comisuras de los labios un poco, pero sus ojos no acompañaron al gesto. No estaba divertido, no era igual que cuando intentó hablarles usando la excusa del auto. Era una sonrisa de nostalgia.
¿Qué diferencia haría el nombre?

”Datos. Quieren tener toda la información que puedan, de todos. De todo.”

Probablemente él habría hecho lo mismo. Sin embargo, había un punto que seguían pasando por alto: estaban jugando en el escenario que él les había puesto delante.
Las imágenes en la pantalla no lo tomaron de improviso. Los tres habían estado allí también, en Newcastle. De todos, solo dos seguían con vida. Ninguno de los datos estaba actualizado y eso hablaba mucho de la clase de amigo que era el hombre de lentes. Levantó la mano y señaló al que estaba más a la derecha. La imagen de aquél hombre transmitía una paz irreconciliable con los actos que le habían descrito. Sonreía, pero no con suficiencia, sino con calidez. El nombre debajo rezaba: Oswald Spencer.
La información debajo indicaba que había estudiado en Manchester y trabajado como profesor asistente. Además, había una dirección de un hogar que llevaba a una calle inexistente. Todo había sido cambiado.

-El nombre que tienen… está equivocado. Pero es él. No se molesten en buscarlo. Esto no es cosa de archivos, datos o espionaje. Es… algo como eso.

Era dificil no llamar pequeño poblado a Atarashi-jo. Su tamaño era muy pequeño para confundirlo con una aldea y su proximidad con la ciudad muy clara como para pensar en un distrito distinto, pero era mucho más que solo un área de viviendas. Las casas antiguas y dojos abandonados –amén de un templo sintoísta que ascendía un poco más por una colina en el fondo- eran siete en total, pero ocupaban un espacio demasiado amplio entre todas. La vegetación, agitada por la tormenta, consistía en árboles y plantas que ya habían comenzado a apoderarse del terreno.
A lo que se refería Bastian era a la barrera que rodeaba toda el área. Todos aquellos agentes más próximos que habían llegado antes seguro se encontrarían con lo mismo: una cúpula translucida que rodeaba el lugar. No impedía pasar al aire o a la lluvia, pero era imposible de atravesar sin más. Era el trabajo de un mago experimentado, la precaución de un hombre que había alcanzado el pináculo de sus objetivos y que sabía que llegarían a él tarde o temprano.
Al detener el auto, Bastian se bajó del mismo, apoyando los brazos sobre la puerta y contempló la creación mágica. No era capaz de derribarla, era imposible sin conocer el contrahechizo exacto. Con el tiempo se desvanecería, pero para entonces, el tiempo se habría agotado.
Buscó la mirada de Saya, hablando lo bastante fuerte para hacerse oír por sobre la tormenta.

-Ahí lo tiene, detective. -Señaló con el pulgar-.[/color]Está en una de esas casas, solo tiene que ir a busc…[/color]

Un fuerte mareo golpeó a Bastian Shawn. Fue semejante al mismo que le llegara cuando vio por primera vez a la detective. Retrocedió un par de pasos, cubriéndose la boca con la palma y mirando hacia la cúpula. Respiró de forma agitada. La presión de su sangre bajó por un instante. Al fin tenía la respuesta a la pregunta que quedó en el aire.

-N, no… ¿L, lo consiguió? Está pasando…

El ruido de los vehículos que se aproximaban comenzó a ser audible cuando ya estuvieron muy próximos. Un rayo iluminó el cielo oscurecido y el cielo rugió con un estruendo. Estaba pasando justo ahora. Bastian no sabía a quién pertenecían esos motores, pero sabía que no quería averiguarlo.
Se dejó caer de vuelta al auto y sacó la libreta que usó antes, repasando las hojas y pensando. Susurraba, desesperado.

-Es igual que en Newcastle… es el mismo hechizo. -Miró hacia la cúpula-. Si es el mismo…

Se levantó. Dando zancadas fue hasta donde Saya y la tomó por la muñeca. Salvo que se resistiera, tiró de ella y fue hacia la cúpula tan rápido como pudo. Si no lo seguía, iría solo, pero solo él podría atravesarla.

”Porque soy un invitado…”



Mismo lugar, en una de las casas…

El hombre de lentes se hallaba sentado en una silla plegable, con la frente sobre la mesa de plástico que había colocado allí. A su alrededor estaban las bolsas de sangre sin etiquetar ni marcar que le proveyeran quienes le ayudaron a llegar hasta su premio y a quienes había traicionado. Ya había muchas vacías y el tiempo se le venía encima.
En el sótano de la casa solo escuchaba el murmullo de la lluvia. Los motores de los autos y las voces de quienes ya lo rodeaban eran lejanos para sus oídos. Estaba cansado. No había dormido en casi dos días salvo pequeños instantes de inconciencia. Crear aquella barrera lo había dejado casi sin fuerzas. Pero pronto todo estaría bien.
La caja estaba detrás de él. La tapa había sido retirada. Las velas alrededor extinguidas, los soportes metálicos ahora sin uso. Había hecho todo cuanto podía pero no había conseguido activarlo. Llegarían a él, lo presentía.
El estruendo llegó a sus oídos al mismo tiempo en que lo escuchaban Saya y Bastian pero, a diferencia del último, el hombre de lentes no sintió el mareo. Levantó la vista hacia el techo del sótano y sintió que atravesaban su barrera. Un invitado.

-Bastian… -susurró. Sonrió. Entonces volteó hacia la caja.

Un rugido retumbó por las casas de Atarashi-jo. La tormenta había alcanzado su climax.
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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Saya Vlad el Vie Mayo 03, 2019 5:07 pm

 
[ The Box ]


Una máscara, era en lo que podía pensar la detective al mirar al hombre de lentes en la pantalla, no demostraba las facciones de un hombre agresivo como la mayoría de humanos, su buen vestir lo catalogaba en las personalidades responsables de quien cuida su imagen, y ese era el punto que más llamaba la atención de de la peli lavanda.
Según la cooperación del docente, el nombre que figuraba en su retrato era incorrecto, pero aquello era el menor de los problemas cuando Bastian le señaló la gran cúpula que los esperaba al frente. Xander bajó la velocidad conforme se acercaban a su destino hasta que finalmente estacionó a pocos metros de aquella barrera. Los dos pasajeros bajaron sabiendo que no había nada más que hacer dentro del auto. Saya por supuesto había tomado la sombrilla negra para evitar que la torrencial lluvia empapara por completo su ropaje. Estaba claro que el sospechoso se encontraba dentro de aquel resguardo, sin embargo entrar iba a ser un pequeño inconveniente al cual no se iba dejar derrotar Saya. Cuando se disponía a sacar su teléfono celular para informar a la oficina, su compañero sufrió un extraño efecto que llamó su atención. Había algo que sólo él podía sentir, sin embargo aquella alerta era algo que no podía catalogar como bueno o malo.

Saya se acercó un poco más a la barrera intentando percibir algo del otro lado, hacía unos tres minutos uno de los cazadores blancos había arribado al lugar antes que ellos, y debido al bloqueo tuvo que cambiar su marchar para rodear la barrera en busca de su objetivo. Pronto un par de motores se acercaron por la misma dirección mientras un aullido que se olvidaba en la lluvia anunciaba la presencia de todos. La ACV había informado por el auricular en canal abierto la asistencia de los cazadores blancos en el caso, aquello a la vez hizo pensar a la peli lavanda que el resto de sus compañeros habían encontrado algo de información. no hacía falta entrar en contacto con el personal de apoyo pues Saya confiaba totalmente en sus capacidades, todos dentro de la agencia sabían hacer su trabajo y al igual que ella tenía un sistema de comunicación con Xander, los blancos tenían el suyo.  
Fue sino la reacción de su compañero que la arrastró a la fuerza hacia la barrera mientras ella corría atrás de Bastian que la hizo prestar su atención de nuevo en el escenario frente a ella
─Espera!
Intentó darle alguna palabra de precaución al docente, pero sus intenciones fueron mermadas cuando se vio del otro lado de la cúpula sin sufrir rechazo alguno, un acto que no habría llevado a cabo sin antes asegurarse del tipo de barrera que tenía en frente.
¿Qué utilidad tiene una barrera que no puede detener a los intrusos?
pensó de manera sospechosa mientras se daba respuesta en la misma pregunta.
Afuera los cazadores blancos mantenían guardia mientras rodeaban la cúpula, su objetivo era enfrentar a los rojos si un encuentro se llevaba a cabo, su misión era impedir que se hicieran con cierta mercancía, por lo que habían recibido el permiso de ejecutar ataques letales en su defensa.

Bastian estaba agitado y parecía tener prisa, la detective se dejó guiar por el camino mientras avanzaban a grandes zancadas alejándose de la entrada, ahora sólo quedaba encontrar al sospechoso y la mercancía.
─Si el sr Oswald conoce una dirección en este lugar lo más seguro es que se encuentre ahí. anunció al contrario mientras esperaba que Bastian tuviese una idea más concreta de su localización ─Xander llamó a su primo por el micrófono.
Tan pronto como la orden de Saya se escuchó en el auricular del chofer, Xander aceleró el auto sobre el suelo suelto del terreno para patinar la cola del vehículo y obligar a las puertas traseras a cerrarse con la fuerza del movimiento antes de emprender su camino.
Por otro lado la detective había sacado su celular y había ingresado sus coordenadas para mostrar el plano del terreno a su alrededor, con ello pudo ver la distribución del lugar y sus asentamientos, pasó sus ojos por cada uno de los techos y jardines. En un primer momento Saya habría optado por buscar en el templo, los malos tenían cierta tendencia a dramatizar sus actos, pero la personas comunes preferían la comodidad de su hogar o una dirección ya conocida, aquello les hacía sentir mayor seguridad. Pero no hizo falta un gps o un rastreador para notar las marcas de llantas en el suelo enlodado que se habían quedado marcadas en una esquina del viejo complejo.
─Por ahí
Anunció antes de girar y encabezar ahora la guía. La lluvia había borrado la mayor parte de las marcas en el suelo, sin contar la acumulación de agua en el suelo que hacía invisible todo aquello que no pertenecía a su ambiente común, sin embargo, en un descuido del sospechoso, las llantas pasaron por una nivelación del suelo más alto por lo que los encharcamientos no lo habían ocultado del todo. La detective miró el camino y apostó a la suerte. Según el mapa, había una casa con un dojo mucho mayor que el resto de propiedades.Aceleró su carrera un poco más pero sin dejar atrá al contrario, después de todo la peli lavanda lo necesitaba.

Abandonado, la camioneta negra esperaba como un alma en pena bajo la fuerte tormenta mientras la maleza bajo ella parecía esconderse de algo mucho más peligroso que la lluvia.
─Objetivo localizado susurró antes llevar su mirada a la de Bastian. Aquí empezaba parte de su trato.
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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Bastian Shawn el Vie Mayo 10, 2019 11:53 pm

Unsent Letter 0:
Para Lewis Thorn
de Bastian Gabriel Shawn.
Querido Lewis.
He decidido escribir esta carta porque no tengo valor de mirarte a la cara. No después de Newcastle. Nunca volví a tenerlo. Creo que tengo tu perdón, pero no puedo dármelo yo mismo. Al menos no aún.
Fue mi necedad lo que me llevó a ese momento, a ese lugar. A tu hogar. Newcastle era tu ciudad, donde tú y Laura vivían felices. Donde me aceptaron. Antes de eso habíamos mantenido un contacto relativo, pero nunca como en nuestra etapa de estudiantes. Cuando los vi juntos y felices me sentí igual. Su seguridad y su amor me llevaron a tener confianza en lo que estaba emprendiendo. Entonces no estaba interesado en nada más que en mis propios estudios. Tu ayuda y la de nuestra querida Laura fueron un gran apoyo. A penas pude comprender cuanto significaban para mí cuando lo perdimos todo.
Es por eso que me alejé. La distancia y el tiempo me ha traído paz, pero Inglaterra ya no me ofrece más que repetición y cosas amargas. He decidido alejarme de la isla. Acepté un puesto en Japón, en un instituto donde podría estudiar algo diferente. ¿Recuerdas esa idea sobre los eventos de convergencia? Creo que me enfocaré en eso, y trataré de olvidar.
Seguramente no querrás volver a verme. Aun así, de ser posible, quiero que pienses que siempre serás mi amigo.
Tuyo, sinceramente:

[FRAGMENTO ARRANCADO]

Emme




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Rainy Night
Atarashi-jo: Entrada al dojo abandonado y recuerdos…


En verdad, la tormenta había alcanzado su cenit. Los días anteriores de lluvias no habían sido sino un anuncio de lo que venía en camino: una tempestad sin precedentes. Bastian Gabriel Shawn había estado en una borrasca semejante, hacía mucho tiempo. En ese entonces los papeles habían sido distintos.

En ese entonces fueron sus amigos, Laura y Lewis quien iba en pos de él. Habían descubierto que la formula en que los tres habían trabajado estaba errada y el intento de Bastian de ponerla en funcionamiento terminó por invocar una fuerza que ninguno podría haber controlado solo. Ellos lo supieron, y corrieron en su ayuda…

Corrieron, el profesor calado hasta los huesos con la helada lluvia, y la detective metida en sus comunicaciones, examinando el lugar. Ya no tiraba de ella porque confiaba en que pudieran seguirse. Solo ellos dos podrían cruzar la barrera. Él era invitado, y la había traído consigo. Tenía que asegurarse de que las cosas salieran como esperaban. Que Lewis siguiera vivo y que no terminaran por asesinarlo. De haber podido habría ido solo, pero jamás podría lograrlo si todo era como Newcastle…

Newcastle era la ciudad hogar de Lewis y Laura, claro, pero ellos se la habían mostrado a Bastian. Experimentaban sus fórmulas en un vecindario abandonado. Laura era la mejor alquimista de los dos, Bastian el mago de artes oscuras y Lewis el invocador. El intentarlo solo había sido un error, por lo que Laura fue la que descubrió el peligro al que se enfrentaba su amigo. Ella advirtió a Lewis y juntos llegaron, aunque ya era tarde...

-Aun no es tarde. No puede serlo… -Susurraba entre dientes.

Ante ellos se alzaban las casas enormes e innumerables. Sentía la presencia en todos lados y el malestar se acrecentaba. Podría localizarlo si iba una por una, pero no había tiempo. Escuchó la voz de Saya, por encima de la lluvia. No la entendió al inicio sino hasta que siguió su señal y vio las marcas. Era el destino que ella estuviera ahí. Ninguno de los dos estaba por casualidad.

”Porque las casualidades no existen..”

Asintió y corrió detrás. Seguramente, con ganas, Saya Vlad podría haberlo dejado atrás con bastante facilidad, pero ahora Bastian puso en sus piernas toda la fuerza de la que era capaz. Aceleró y corrió de tal manera que llegó el primero al dojo. Tenía que ser él el primero que llegara, tenía que serlo…

…Porque la primera en llegar fue Laura.
Bastian había hecho el ritual como se esperaba, pero su premura le hizo realizarlo sin las precauciones que si vieron los otros dos. Había corrido y se había alejado, pero Laura no tuvo la misma suerte. Fue la primera en llegar y fue la primera en verlo. Cayó, fulminada, y los gritos de  Bastian y Lewis resonaron al unisono, llamándola por su nombre.


-¡Lewis! -Gritó Bastian, nada más entrar al dojo.

El mareo golpeó con fuerza. Se tambaleó y se sujetó el estómago y la boca. Se preguntó si Laura había sentido eso cuando le vio. Creyó que moriría, pero el piso estaba vacío de todo ser vivo igual que Atarashi-jo esa noche de lluvia.
Los muebles, escasos, estaban tan podridos como la madera que formaba el dojo ya sin tatami. Ninguna luz parecía colarse por las negras ventanas cerradas con tablas. La humedad se respiraba con facilidad y el frío era mucho mayor que el del exterior. Por todos lados había señales de presencia reciente: maletas, el equipo médico robado, una camilla y una carretilla de carga. Un saco húmedo y bolsas usadas de sangre, sin marcar. También habían otras que Bastian pasó de largo: bolsas de adrenalina, igualmente usadas. Al menos ocho en total. Varias hojas de papel y sobres yacían sobre una mesa, eran cartas que no habían sido enviadas. Por último, las marcas de algo que se había arrastrado hasta el sótano, por unas escaleras que descendían. Desde allí, desde el sótano, llegó la voz del hombre que ahora, sabían todos, se llamaba Lewis.

-¡Bastian!

La voz de Lewis llamaba a Bastian, pero este no podía llegar. Tenía que mantener la barrera, solo así es que podrían evitar que se liberara el error. Bastian logró ver a Lewis sosteniendo a Laura y llorando. Pero lo necesitaba. Solo juntos podían detener aquello. Rogó porque Lewis no mirase directamente. Necesitaban de ambos para pararlo…

Bastian Shawn siguió la marca con los ojos. Un segundo grito se escuchó, un grito de mujer. Fue entonces que el mareo desapareció del todo. El evento de convergencia había cambiado. Seguramente era tarde ahora. Bastian volteó hacia Saya. No hubo palabras, solo corrió hacia el sótano. La caja había sido abierta.


Los alrededores de Atarashi-jo…


Misaki Saiga conducía a toda velocidad. Ella y el inspector llevaban el maletín con la fórmula que, según la sucesora de David, podría pararlo. Solo hacía falta aplicar una dosis y –si la lluvia continuaba-, podrían obtener la caja. El plan de Misaki era simple: prefería que se destruyera todo antes de que el error se saliera de las manos y su agencia resultara culpable.
Le había contado todo al inspector: la búsqueda, la traición y el auténtico contenido de la caja. Seguramente ahora él sabría del peligro que representaba que algo como eso cayera en las manos equivocadas.
La camioneta se acercaba al área de le la barrera. Los agentes que vigilaban ya seguramente se habían percatado de la proximidad de ambos. Sin embargo, antes de llegar, Misaki logró verlos por el retrovisor.

-Ahí están… los rojos. -Apretó el volante y los dientes. Si destruían el contenido del maletín, si alcanzaban la caja, todo estaba perdido.

Los vampiros eran demasiados. Su número era tal que seguramente todo el clan –y sus aliados- se habían congregado. Estaban decididos a obtener la caja. Un rayo surcó el cielo. Llovería sangre.


El sotano…



Saya Vlad y Bastian Shawn bajaron y contemplaron todo: las mesas llenas de material médico, libros de magia, historia y notas apuntadas recientemente. Dos porta sueros metálicos cromados de los que colgaban bolsas de sangre usadas y otras nuevas y una de un líquido transparente que debía ser adrenalina. Ambas conectadas por tubos de plástico hacia La Caja. La Caja. Estaba allí, en el centro. Abierta y siendo custodiada por Lewis Thorn, el hombre de Lentes.
La imagen de la foto de Saya era, en verdad, antigua. Su rostro estaba avejentado y manchado de locura, pese a que sonreía con calidez. Los lentes rotos y la ropa manchada por el esfuerzo. Parecía feliz de ver a su amigo llegar.

-Bastian… -Dijo su nombre-. Lo conseguí. Está aquí. Al fin lo hallé. Toda mi vida, todo… está aquí. Era como decían los escritos.

-Lewis… S, solo… aléjate de eso. Aún no es tarde. -Intentó llegar a él pero parecía no escucharlo. Lewis solo miró la caja y volvió a sonreir.

-Su nombre ha quedado olvidado, pero la llamaré… -Volvió la vista a su amigo, casi sin percatarse de la presencia de la detective.

-¡Lewis!

-Laura…

La mano asomó de la caja. Era una mano esquelética que cobró un color rojizo como la sangre. Su presencia era abrasadora. El grito de mujer se repitió y el sótano retumbó. Uñas y colmillos, carne y sangre. El letargo antiquísimo de la criatura de La Caja, guardado por generaciones de miembros de su propia especie que temían su poder –su poder y su capacidad-, había sido interrumpido…


Bastian Shawn se estremeció. El mareo había comenzado cuando conoció a Saya Vlad, pero ahora era distinto. Aquella criatura era diferente. El evento de convergencia con Newcastle había terminado. Todo era nuevo a partir de ahora.
Riendo con la felicidad de un padre, Lewis Thorn retrocedió, haciendo distancia de La Caja y La Reina, quien quedó en medio de los tres congregados. Abrió los ojos… y salió de La Caja.


-¡Cuidado!-Grito Bastian, al momento que el sótano del dojo pareció reventar de la presión. Un rayo había alcanzado las cercanías del edificio.



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Tema Privado Re: The Box [Priv.]

Mensaje por Saya Vlad el Lun Mayo 13, 2019 3:13 pm

[ The Box ]

Bastian abrió la puerta del dojo para llamar al hombre que había creado toda aquella persecución, su encuentro debía significar el próximo término del caso, sin embargo la experiencia de la detective le advertí que aquello aún estaba empezando.
Cuando la entrada mostró el interior del dojo, un fuerte aroma a humedad y sangre golpeó la nariz de la peli lavanda alterando inmediatamente sus ojos a un color carmesí y agudizando sus sentidos. El piso estaba vacío de todo ser viviente, además de las cosas ahí tiradas, la pista más notable era la marca en el piso que conducía al sótano, y la voz proveniente del nivel inferior tan sólo lo corroboraba. Saya comenzó a caminar casi hipnotizada hacia las escaleras, la sangre reunida en aquél lugar desconocido desprendía un aroma distinto, había algo sumamente extraño y peligroso ahí abajo; inclusive la detective tuvo que hacer un esfuerzo para mantener la inexpresividad de su rostro.

Saya bajó al sótano detrás de Bastian, había quedado en claro que aquel hombre poseía una relación con el docente, por lo que debía significar cierta seguridad para el varón con heterocromía. Sin hacer ruido la peli lavanda llevó su mano al interior de su chaqueta para tomar el arma que escondía en el estuche de cinturón. Era una pistola personal que sólo podía albergar tres municiones, razón por la que podía llevarla a todas partes sin ser vista. Se colocó al lado de Bastian y se mantuvo en guardia.
¿Qué clase de peligro estaba enfrentando? la detective aún no podía deducirlo con certeza, no podía ver lo que había dentro de la caja y aún no podía escoger el tipo de bala que debía usar. Escuchó a los dos hombre intercambiar un par de palabras antes de levantar su arma en dirección al sospechoso cuando el grito del docente le advirtió de un movimiento peligroso.
Antes de poder apretar siquiera el gatillo, el grito de la mujer que había escuchado antes volvió a repetirse, llevó su atención a la caja donde una mano ensangrentada salió de su prisión. Fue sino hasta que la criatura asomó su cabeza que Saya pareció perder la fuerza en su cuerpo.

La detective que siempre se mostraba impasible, ahora había abierto los ojos de par en par mientras fruncía el ceño. Sus labios intentaron moverse pero pareció dudar en un primer momento, sin darse cuenta, dio un paso hacia atrás mientras pronunciaba el nombre de aquel ser.
─Pandora...

Afuera
Habían llegado al fin, los rojos habían dejado las sutilezas para emprender aquel asalto sin importarles la discreción, se estaban jugando todo y Dante lo sabía. La mujer que conducía también lo había notado y su estrés podía notarse en su cuerpo.
─Debes detenerla! sin importar qué no debe vivir!!!
Gritó el inspector a Misaki mientras éste salía por la ventana del auto para no mermar la velocidad de su viaje. Al saltar del vehículo, Dante abandonó su apariencia humana para dar paso a una criatura presente en muchos cuentos tradicionales chinos. El dragón de escamas bicolor (ocre-blanco) alzó vuelo hacia el cielo para poder tener una vista general de la situación, tan pronto como supo rodeado el terreno, alertó a los cazadores blancos mientras él defendía el maletín que llevaba la mujer.
Los cazadores blancos también liberaron sus formas reales, la mayoría de ellos lobos de gran tamaño que mostraban marcas en algunas partes de sus cuerpos, sólo dos de aquella fracción eran ángeles guerreros, y aunque el número de los cazadores blancos apenas tocaba los 8 miembros (sin contar las invocaciones de los alados), con la ayuda de Dante y el entrenamiento de los agentes, tendría una posibilidad de frenar al enemigo el tiempo suficiente para sellar a Pandora.
El rugido de Dante atravesó el cielo mientras éste le contestaba con un par de relámpagos, uno de los cuales alcanzó el árbol al lado del dojo…



Saya Vlad no pudo disparar, percibía una fuerte presión proveniente de aquella criatura, se trataba de una de los vampiros pura sangre más antiguos del planeta, era considerada una reina entre los de su raza, posible motivo por el cual sentía una fuerte necesidad de baja la cabeza ante su presencia y arrodillarse cual vasallo.
Pero Saya no era un pura sangre, pese a ocultar la verdad de su naturaleza y actuar como uno de ellos, hubo un sin fin de ocasiones en la que su baja raza le trajo problemas, y otras tantas que aquello significó una ventaja. Y esa situación era una de aquellas.
Cuando el ruido de la construcción alertó del peligro, la detective saltó a un lado llevandose a Bastian en la esquiva para protegerlo de la caída de algunos bloques de madera. El árbol que anteriormente había visto la detective, había sido partido por uno de los rayos, provocando que cayera sobre el dojo y aplastara parte de la construcción.
─Código negro anunció por su micrófono Nivel 0 concluyó con un tono de pesar mientras un par de gotas de sudor bajaban por la orilla de su rostro. No podía imaginar la influencia por la que debía estar pasando su primo en ese instante, y el dolor que debía causarle.
Xander no sólo estaba combatiendo contra los vampiros que estaban arribando, también estaba enfrascado en una pelea interna.

Cuando se asomó entre un par de escombros, Saya visualizó a Pandora sujetando a Lewis por el cuello mientras éste intentaba respirar.
─Sábe cómo sellarla? le susurró a Bastian antes de salir por completo de entre los escombros para llamar la atención de la mujer y salvar a los dos hombres ─Πανδώρα
La criatura giró su atención hacia la peli lavanda
─Ποτέ δεν θα είστε η βασίλισσα (jamás serás la reina)
La mujer soltó un grito de furia y aventó a su prisionero a un lado antes de arremeter contra la peli lavanda...
[ of Pandora? ]



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