Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Jack the stripper [Priv. Daiko Jun] A810

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Tema Privado Jack the stripper [Priv. Daiko Jun]

Mensaje por Bao Zhang el Mar Mar 12, 2019 9:25 am

Sentía el odio cernirse sobre su ser con la descarnada pasión de una puñalada. Fingía desconocer el rencor que envenenaba las corneas del desconocido que, insolentemente, se valoraba contrincante. No podía culparlo dado que en el fondo hasta el hombre más pusilánime se consideraba un Dios, pero veía indignante que el sin sombra aspirara en la más mórbida de sus escenografías que podría llegar a siquiera dedicarle un par de espejos que reflejaran su intranscendental miseria. Sentía el desprecio sin dueño erizándole los vellos de la nuca como si fuera un hombre lobo deslumbrándose por primera vez ante la maldita magnificencia de la luna llena. No era miedo ni injusticia, se embriagaba en placer. Su orgullo cual Kraken devoraba y trituraba la envidia, el desamor, la tensión, la angustia, el deseo. Soltó una risilla queda que a duras penas le genero una mueca, por supuesto, buscaba ser más odiado por quien sea que se rasguñara las entrañas en un escueto ritual para volverlo más tangible. Solo inerte y sin color se permitiría no poner a los que no valen nada en su lugar.

—Escuchen chicos.—Cuando el Rey habla los súbditos debían de olvidarse de todo lo que no fuera enfocar su atención en cada palabra que saliera de la boca del elegido por la sabiduría de los cielos. Debían de sentirse benditos de estar allí a tan corta distancia, vistiendo prendas parecidas más nunca iguales ni aunque los unieran las marcas, la mano de esclava o el material de una tierra no tan lejana, carecían con la gracia para lucir esas telas.— Somos adolescentes en Japón ¿Lo entienden, no?—El público no tenía la información suficiente para poder trazar la línea que uniría los dos puntos de la idea que Bao intentaba construir para el deleite de los presentes.

Al hablar sonreía, movía las manos, moldeaba, volvía la cotidianidad del habla un arte, como si cualquier estupidez que saliera de su boca fueran poemas.— La exigencia del sistema educativo, de la sociedad, de nuestros padres y la propia componen las cuatro paredes necesarias, para aislarnos en un cuadrado que todos los días se va haciendo más y más pequeño.—se encogió de hombros mostrando las palmas al techo para desligarse de la culpa de estar relatando en broma una verdad irreparable.— Tan pequeño...—Se aferraba a esa palabra pero tratándola con delicadeza, susurrándola mientras se inclinaba sobre su eje luego de apoyar los antebrazos sobre la madera del pupitre.— Que eventualmente todos se terminan olvidando que en su interior hay un ser humano descomponiéndose en un brebaje de carne, huesos, sangre y mierda.—Volvió a pegar su espalda al respaldar de la silla.— Si voy a pasar por eso al menos no quiero que uno de mis grandes arrepentimientos sea haber desaprovechado cada estúpido tiempo libre que tenemos en un jodido Burger King.—Estaba harto de esos sitios basura. No había nada que pudiera ofrecerle más allá de la insípida mezcla de ingredientes que algunos imbéciles denominaban comida.

Lunes, primera clase del día. La melancolía del domingo por la noche continuaba fresca en algunas cabezas que solo sabían aferrarse al pasado. El profesor se vio obligado a retirarse del salón por causas de fuerza mayor que no detallo a los alumnos, solo le pidió al grupo que se quedará tranquilo hasta que tocara el timbre del recreo. Cuando la presencia de ese hombre cruzo el umbral de la puerta los adolescentes no titubearon a la hora de juntarse con sus amigos, algunas sillas fueron movidas, mesas juntadas, existía orden aun medio de la libertad sorpresa. A primera vista podría parecer que todos tenían con quien hablar, pero era cuestión de prestar la suficiente atención para percatarse del hecho de que nunca podían faltar las ovejas negras hasta en el más entregado de los rebaños.
Bao Zhang
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Tema Privado Re: Jack the stripper [Priv. Daiko Jun]

Mensaje por Daiko Jun el Mar Mar 12, 2019 6:19 pm

Es inútil, debería detenerse. Alguien que lo detenga. El movimiento de la tierra debería detenerse tan solo un momento y que de repente todos se sacudan en su mismo puesto. Con los brazos abiertos quedar a la espera de que la fricción no los lleve hacia la otra punta. Alguien que lo detenga, que detenga el movimiento inestable de las moléculas del medio que permite que el sonido llegue tan rápido a sus oídos. Tan solo quería descansar de tantos sonidos tan inútiles que el maestro no dejaba de dar al introducir al perfecto actor. Solo quería dormir y poder descansar una vez por todas sobre los madreros del pupitre. Respiró y exhaló regresando la vista al siguiente que de nuevo su discurso debería expresar. ¿Cuál era el punto de esa clase? ¿Dónde estaba el desarrollo? Después de todo todos volvían al mismo lugar sin detenerse. De forma inútil han escrito algo y de la misma manera se lo pasan por el cabeza directo hacia la salida. ¿Qué sentido tenía esforzarse tanto si nada les quedaba? Solo eran actuaciones mas con sonidos y encantamientos en palabras rebuscadas para encantar al más adulto.

“Y entró otro payaso para su muerte…”

De nuevo, inhaló y exhaló. Los pétalos de los cerezos comenzaron a florecer.

Había solo única cosa que le daba gracias a su existir y continuo movimiento de la vida. Podrían pasar miles desastres en su vida o con los demás, pero con la naturaleza siempre encontraba el confort y el deseo que nada de ello se detuviera. Los pétalos en esa época ya comenzaban a terminar su ciclo de florecimiento. La evidencia al notarlos caer estaba a solo un parpadeo. Justo al lado, a unos tres puestos lejos de la ventana había una rama de un cerezo el cual lo distrajo totalmente del final de la oratoria de un compañero. Apenas era la primera semana de clases y poco interés le ponía. Su mente reflejó su estado en unos ojos somnolientos completos con tranquilidad. La serenidad era una de sus características, la torpeza y sobre todo la fantasía. Podría no estar pensando en nada interesante pero su mirada simularía que algo muy importante esta pasando por su cabeza. Los apagados ámbares a cualquiera cautivarían mientras tuviera reflectado los colores del día en toda su dicha. Tan así que cuando debería ser el turno la intervención del profesor —Su favorita dependiendo de la directriz. — se lo terminó perdiendo.

“Como un circo todos se comienzan a mover.” De a poco fue recostando la cabeza hasta caer totalmente con la frente contra la superficie. “Pues el domador se ha ido.” Así mismo la levantó apoyándola sobre el mentón. “Lo que indica que el espectáculo está por comenzar.” Pensó, concluyendo la desaparición de su profesor. ¿Qué habrá dicho para esfumarse? Era obvio que algo sucedió y que se lo perdió.

“Así que los grupos de los animales comienzan a tener sus conferencias.”

Suspiró de nuevo, algo mas solitario pues de a poco en poco los vecinos se fueron mudando.

Ngm…—Murmuró regresando a su postura buscando un cuaderno entre su morral azul escolar.

Había algo mas interesante que querer acabar con las vueltas del ciclo natural. Algo que en su cuaderno escondía. Dibujos. Dibujos de los cuales odiaba que alguien los viera, pero adoraba hacer sin importar en donde estuviese. Negros, mugrosos, pero trascendentales. Decidió dedicar las decimas restantes en ellos sentado con las piernas hechas un ocho.





"Hay algo en que tú y yo somos iguales... Ambos somos unos pervertidos."

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