Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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La cura para todos tus males. Priv. Romani

Mensaje por Nanna Erika Wagner el Sáb Feb 23, 2019 1:39 am

Nanna respiró fuertemente intentando quitarse la gran frustración que tenía mientras caminaba por los pasillos del instituto de camino a la enfermería. Parecía como la cuarta o quinta vez que la castigaban, aunque tampoco es que fuese su culpa. Cuando puso un pie en el instituto juró que nadie se burlaría de ella y, mirándose los nudillos lastimados, pensó que quizás estaba llevando su promesa demasiado lejos. Pero cuando las caras burlonas de aquellos alumnos apareció como una desagradable foto frente a sus ojos, inmediatamente volvió a reafirmar su juramento.

La puerta de la enfermería apareció frente a ella y eso la hizo volver a suspirar, esta vez de forma más pausada.

Se preguntó quién estaría a cargo de la enfermería. Quizás era de esas abuelitas como había visto en “My Hero academia” con la capacidad de curar las heridas. No sería nada raro teniendo en cuenta que Takemori era un instituto para seres sobrenaturales. Se quedó unos segundos en la puerta, sin decidirse a entrar, realmente no estaba de demasiado humor para atenciones médicas. Unos cuantos raspones y cortesitos en la cara no eran nada para una Wagner. Eso es lo que diría su padre, aunque en realidad lo más probable es que si la viese estallaría en ira y vendría volando a quemar todo el instituto. Si tan solo pudise convencer

Llevó la mano a la perilla y se decidió a entrar silenciosamente. La enfermería era un lugar amplio y bastante bien equipado por lo que podía observarse a simple vista. Una fila de camas en un extremo de la habitación y un escritorio en el otro, todo rodeado por unas paredes con grandes ventanas que filtraban la luz del medio día. Parecía no haber nadie… Bueno, eso lo solucionaba todo, solo tenía que darse la media vuelta. No sería culpa suya si el encargado de la enfermería no se encontraba... aunque luego lo pensó mejor, si se iba de la enfermería, luego tendría que ir a hablar con el consejo y eso si sería un dolor de cabeza. De pronto algo llamó su atencion ¿Había alguien ocupando una de las camas? Al principio no se había dado cuenta, pero una de las camas tenía las cortinas cerradas. Sin pensarlo demasiado se acercó a la cortina, quizás podría preguntarle a esa persona donde estaba el medico… Pero al deslizarla, lo que encontró la sacó de su órbita. En la cama se encontraba recostado un joven de cabellos anaranjados, durmiendo plácidamente sobre la cama sin deshacer. Eso hubiese sido de lo más normal de no ser porque aquel sujeto llevaba la bata blanca del personal médico.

¿Debería despertarlo? Nanna no estaba muy segura de que a las autoridades del instituto les gustaría ver a su enfermero haraganeando.  Aunque no podía culparlo, quizás ella hubiese hecho lo mismo si tuviese mullidas camas al alcance todos los días.

No pudo evitar sonreír mientras lo miraba, tenía que admitir que se veia algo tierno. Como una niña curiosa picó con el dedo la mejilla del peli naranja... nada, al parecer nuestro amigo tenia el sueño pesado. Con esa ultima idea en mente, la curiosidad la llamó y no pudo evitar acercar su rostro al ajeno y maravillarse al encontrarse unas facciones tan armoniosas y delicadas a la vez que masculinas. Seguramente no pasaba de los veinticinco o menos, incluso si no tuviese aquellas ropas hasta podría pasar por un estudiante de ultimo año, no se había dado cuenta de lo cerca que se había puesto de aquel rostro que cuando este abrió perezosamente los ojos y aquella mirada se encontró con la suya tuvo que hacer un esfuerzo para no saltar hacia atrás como hacen los felinos al asustarse.
Nanna Erika Wagner
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Re: La cura para todos tus males. Priv. Romani

Mensaje por Romani Callaghan el Sáb Feb 23, 2019 1:58 pm

Aún le quedaba tanto por aprender. La vida de un médico era sin dudas la de un eterno estudiante, y para aquel cuyo goce residía en el poder entregarse a los demás con una devoción envidiable, estar académicamente al día era de suma importancia. No solo porque la medicina avanzaba cada vez más, si no que desde que empezó a trabajar en el instituto de Eadrom, su ya amplio espectro de pacientes se acrecentó. Había tantas razas nuevas que no conocía y de las cuales debía aprender también para su cuidado…

Estaba solo en su tristeza y sus estudios, luchando por un mundo casi de ensueño con el egoísmo humano como antagonista, con una pila de hojas y libros desparramados por el escritorio y una olvidada taza de café sin tocar que llevaba ya horas de haberse enfriado. Conforme con la cantidad de información adquirida hasta entonces, se decidió por echarse tan solo un momento en una de las camas vacías de la enfermería, teniendo como plan únicamente el descansar la vista —Es hora del almuerzo… —Se dijo vagamente al alzar su brazo por sobre su cabeza al revisar el reloj que colgaba de la pared. Era siempre placentero dar cuenta de que de el día se había pasado sin accidente alguno, podía ser aburrido permanecer allí sin hacer nada más que leer y leer, pero eso quería decir que una vez más la tranquilidad era reina.

Su antebrazo daba cobijo a ese par de ojos esmeraldas de la luz del sol, y cuando se cerraron cansados el resto de su cuerpo quedó vulnerable a la brisa suave que entraba por una de las ventanas a penas abiertas, y al tic toc del reloj que lejos de ser molesto sonaba a poco mas como a una nana. Eventualmente acabaría por quedarse profundamente dormido, aún si merecía el descanso, el momento no era el adecuado.

Llevaba días en vela, y ni el sonido de la puerta seguido por el de los pasos ajenos sobre la baldosa consiguió hacer más que se acomodara sobre uno de sus lados. Siquiera el tacto suave de ese finísimo dedo logro de buenas a primera traerlo de nuevo, y es que cada vez se encontró más a gusto, ahora que la brisa olía a como a flores…

No fue hasta que sintió el cosquilleo de la respiración contraria contra su cara que somnoliento comenzó a abrir los ojos. En la nubosidad pasajera solo pudo distinguir el brillo azul de sus ojos, y luego fue capaz de apreciarla confundido y silencioso en toda su totalidad; era una de las criaturas más hermosas que jamás haya visto, y se la quedo viendo como un estúpido.
A medida que se iba espabilando y tomando conciencia nuevamente de su ser, el sonrojo en su cara se hacía evidente. Su expresión adormilada de nada había pasado en un instante a la de quien había sido atrapado haciendo algo que no debía —N-no es…No es lo que parece —Dijo nervioso al girarse rápidamente hacia el otro lado para poder prácticamente saltar de la cama y ponerse torpemente de pie —De verás lo siento tanto, no puedo creer que me haya dormido…¿Llevas mucho esperando… —Expreso preocupado y a palabras rápidas. Más al quedarse viendo a la muchacha por segunda vez, de manera más detenida, recordó lo que se hablaba en el salón de personal los últimos días: Cabello blanco como prado en invierno, un mechón de flequillo colorado y un récord de castigos increíble para alguien que acababa de ingresar al instituto. Ella estaba siendo furor, y un tierno dolor de cabeza, entre sus profesores y tutores, que se encontraban secretamente desesperados por su comportamiento, hasta le habían advertido…Aunque Romani se juntara con los demás profesionales de manera superficial, muchas cosas llegaban a sus oídos…y entonces recordó el detalle que le faltaba a su descripción —Podria ser que…tú eres… —Dijo en voz no muy alta sin acabar la frase...

En cambió lentamente alzó sus manos en silencio, moviéndolas con delicadeza y a conciencia delante de él  “¿Eres la alumna nueva , verdad?” Aún se encontraba sumamente nervioso y se pintaba graciosamente en su cara   "No sabes cuánto lo siento” Avergonzado se tomó un momento para fregar sus ojos. Para él el hecho de comunicarse de tal forma era normal, por cuestiones de profesión optó siempre por aprender todo aquello que le fuera a poder servir para poder ayudar a otros. Y agradecía sin dudas que ahora mismo le sea de ayuda, sabía lo importante que era para otros el poder ser comprendidos sin importar que.

“¿Qué necesitas? Eso es más importante aún. Soy el doctor Romani, estoy para servirte”

Agregó entre señas acompañándose por su característica sonrisa. Se esforzó por recomponerse lo más pronto posible, dado que no había defensa que le valiera realmente. Ahora ella y su motivo para haber caído en la enfermería eran su prioridad.
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Re: La cura para todos tus males. Priv. Romani

Mensaje por Nanna Erika Wagner el Sáb Feb 23, 2019 7:06 pm

Nanna olvidó aquel sonrojó en sus mejillas luego de que, para su sorpresa, el medico del instituto comenzara a usar lenguaje de señas ¿Cómo sabía que era sorda? De seguro los profesores ya le habían hablado de ella, y eso en parte la frustró, no por Romani, sino porque sintió que había perdido la oportunidad de presentarse como es debido. De seguro pensaría que era una niña pendenciera y rebelde, perdiendo la oportunidad de dar una buena primera imagen. No era algo que le preocupara siempre que conocía a alguien, de hecho, la mayoría de las veces no le importaba lo que los demás pensasen de ella siempre y cuando no la insultaran por su condición, pero ahora no pudo evitar sentirse algo dolida. Era un chico de aspecto dulce y amable, no quería dar tan mala impresión.

Mucho gusto, Romani. Soy Nanna Erika Wagner, pero dígame Nanna si le cuesta mucho”, señaló con una sonrisa, pero aquel semblante cambió a uno apenado de pronto “Lamento mucho haberlo despertado, de seguro estaba muy cansado. La profesora me envió porque…”, hizo una pausa como si reconsiderara el decirle la verdad “Tuve una pelea con una compañera y recibí solo unos golpecitos de nada”.

Distaba mucho de unos golpecitos como ella decía. En su mejilla izquierda tenia un golpe pronunciado que recién ahora amenazaba con convertirse en un moratón y unos cortes en los nudillos que mostró levantando delicadamente ambas manos para que el medico las viese. En otras circunstancias habría evitado hacerse atender, ya que el pedir atención medica era una muestra de debilidad para los dragones, pero en aquel momento tuvo el inocente capricho de dejarse mimar un poco. Era solo una excusa para no tener que ir a dirección… si, solo eso. Una tonta excusa para quedarse más tiempo en la enfermería.

“No es que yo quería pelearme, es que me molestaban…” explicó evitando un poco la mirada del médico. Pues sentía que estaba dando lastima cuando solo estaba explicando los hechos. De seguro, Romani se preguntaría que pasó con el resto de las personas que habían luchado con ella y esperaba de todo corazón que no lo hiciese, sería penoso tener que confesar que los otros estudiantes lastimados no vendrían porque a ellos tuvieron que mandarlos directamente con la ambulancia hacia un hospital. Nadie se burla de una Wagner.

Cuando miró por fin al medico se encontró a este muy cerca de su rostro, mirando sus heridas sin darse cuenta de que estaba violando su espacio personal y eso hizo que la temperatura en su rostro subiese de golpe. Tenia que admitirlo, aquel medico era muy apuesto y, su mirada dulce y despreocupada hacían que la dragona bajase la guardia por completo. Pero estaba demasiado cerca. Sin poder evitarlo bajó la mirada de forma notoriamente apenada.

—Pervertido...— dijo cuando este pareció darse cuenta de ello. Lo dijo con los labios, con una voz dulce y melodiosa. Nanna como era sabido, nunca había escuchado su voz ni la de nadie, pero no era muda. A veces podía soltar algunas palabras sueltas que, por miedo a como pudiesen escucharse, trataba de evitar. Recordó la primera vez que habló para su madre cuando aun era una niña y jamás olvidaría las lagrimas que había derramado al escucharla. En ese momento Nanna creyó que había dicho algo indebido pero su madre no tardó en decirle con su lenguaje de señas que lamentaba tanto que Nanna no pudiese escuchar su propia voz, ya que esta era la más hermosa que jamás había escuchado.
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Re: La cura para todos tus males. Priv. Romani

Mensaje por Romani Callaghan el Sáb Feb 23, 2019 10:02 pm

Aquel joven que le miraba con atención para evitar perderse en la peculiar conversación no era quien, para juzgar, después de todo no era su trabajo el hacerlo “El placer es mío, señorita Nanna, disculpa mis modales…” Debía admitir que conseguía ponerlo nervioso, a pesar de todo no estaba acostumbrado a recibir un trato tan formal de parte de alguien más joven, además de que aun con sus magulladuras, no dejaba de verse como la pequeña princesa de una buena familia..., mientras que él era un caos muy casual que intentaba hacer su mejor esfuerzo.  

Teniendo en cuenta su condición, podía imaginarse bastante bien la clase de problemas que pudieran acarrear, y lamentablemente los jóvenes de hoy en día brillaban por su crueldad. Eso había aprendido en el tiempo que llevaba trabajando en la escuela. La señorita delante de él no era la primera, ni sería la última en terminar allí por cosas así. El mundo era para él un lugar hermoso, pero si debía detenerse en individuos o situaciones muy específicas…pues, cuando no hay nada bueno para decir, mejor no decir nada ¿Verdad?

“Debió de ser difícil...”

Se limitó a contestar de forma que aunque no resonara su voz persistiera el encanto. Sus ojos le miraban comprensivos y con cierta ternura mientras mantenía en su rostro sereno esa sonrisa suave y tendida. Pero al mencionarle anteriormente el hecho de lo que encontró dormido, volvió a avergonzarse e intento articular los movimientos de sus manos lo más a prisa que pudo “Por favor, ni lo menciones. No debí haberme dormido para empezar…”  y al dejar su defensa a un lado se recompuso una vez más con un ligero suspiro antes de llevarse una mano a la cabeza para revolverse el abundante y desordenado cabello anaranjado. Hoy estaba terrible…a saber que pensaba ella de él, menuda primera imagen de aquel encargado de velar por la salud de los estudiantes y demás personas del establecimiento.

Al leerle mientras está evadía el mirarle a los ojos, él no pudo evitar en una pequeña risa y enseguida busco llamar su atención para que le mirase “Puedes ahorrarte las explicaciones conmigo” Le pasó a decir con gesto amigable para que evitará preocuparse por ello ya que parecía afectarle de algún modo “Mi trabajo es hacer que esas heridas desaparezcan, sería una pena que te quedara la cara marcada” Le indico sonriente, dándole a entender que aquel rostro tan precioso que tenía no merecía tal maltrato —Veamos… —Se dispuso enseguida a examinar con cuidado cada corte y rasguño. Dado que era parte de su trabajo no se mostraba avergonzado de tener que correrle cabello del rostro para verla mejor o de sostener sus manos con gentileza inmensurable para examinarlas por igual. Pero si tenia dudas con respecto a la impresión que le había dado, aquella única palabra que abandonó sus labios para romper el silencio se lo dejó claro al dejarse tomar por sorpresa y apenado tomo distancia sin dudarlo para hablarle.

“¡No soy un pervertido!” Atino a señalar primero con el rostro a poco haciéndole juego con el color de cabello “Soy médico, debo revisarte para poder tratarte” Prosiguió igual de apenado…era la primera vez que a alguien se le ocurría decirle algo así por un actuar normal para alguien que vestía de bata y llevando colgada al cuello la tarjeta que le identificaba como médico del lugar “Bueno, eso dolió pero…tienes una voz preciosa. Lamento si te incomode” Le mostro rendido a no avergonzarse mas de lo que ya estaba.

“Iré por algunas cosas para tratar las heridas de las manos, si me permites…usare magia solo para el golpe en la mejilla” Le comento calmo lo que planeaba hacer a continuación para no tomarla por sorpresa luego de todo aquello “Puedes sentarte donde quieras mientras” Le ofreció con esa expresión siempre tan amable al disponerse a buscar lo que necesitaba.

Podía sospechar poco por sus heridas como se verían aquellos con los que peleo, pero estaba bien si no profundizaba en ello. Bastaba con enfrentarse a lo que tenía delante, y en hacerla sentir mejor, pues para eso estaba allí.
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Re: La cura para todos tus males. Priv. Romani

Mensaje por Nanna Erika Wagner el Mar Feb 26, 2019 8:56 pm

“Solo bromeaba… tontito” dijo sin poder disimular una sonrisita ladina “Te ves muy lindo cuando te sonrojas”, agregó para luego ir a la cama y sentarse ahí, cruzando las piernas. Podría haberse sentado en la camilla o en la silla, pero la idea de la cama le pareció más cómoda, además ya estaba caliente por el cuerpo del medico que hace unos minutos había dormido ahí.

Mientras veía a Romani buscando sus cosas, no pudo evitar fijar la mirada en él. Aquel muchacho le despertaba un sentimiento que le costaba describir. Era amable pero no lo suficiente como para ser condescendiente. Era varonil, pero a la vez daba una sensación de fragilidad o sumisión a la que la dragona estaba poco acostumbrada. No hacía sentir a Nanna menospreciada, y eso es bastante decir para una raza tan orgullosa como los dragones, el no dar lastima a los demás era algo tomado muy enserio. Pero con aquel chico no le molestaba tanto, hasta le parecían lindas esas atenciones tan delicadas. Le despertaba confianza y tranquilidad. Era muy distinto a las bribonerías de los adolescentes de su edad, tan odiosos y a la vez tan estúpidos.

De pronto sus pensamientos fijaron su atención en si misma. Nanna desde que nació había estado rodeada por dragones, por sus fuertes hermanas, su estoica madre y su implacable padre. No había tenido demasiadas oportunidades de conocer a otras razas ni tampoco de socializar demasiado… Volvió a observar sus nudillos enrojecidos y raspados. Mostrar fortaleza, eso eran los que hacían los dragones ¿no?

“Tu, maldita marimacho” fue lo que le dijo una de las chicas con las que había peleado. No lo había escuchado por obvias razones, pero si había podido leer esos enfurecidos labios. Jamás lo había pensado hasta ahora, ya no era una niña y este tipo de peleas en las que estaba metida constantemente, quizás eran un síntoma de su inmadurez. En ese momento Nanna cayó en aquel filoso y abismal presentimiento que muchos siempre tratan de negar desde lo más profundo de su corazón ¿Y si el problema soy yo? ¿Y si soy yo la que no encaja? Claro que no todo era su culpa, los demás buscaban hacerla enfurecer, o incluso burlarse de su discapacidad… Pero eso no parecía justificar el hecho de caer de castigo en castigo, sin duda algo estaba haciendo mal. No parecía la forma en la que los adultos resolvían sus diferencias… tal vez era insoportable y por eso generaba recelo en los demás, quizás era ella la odiosa.

¿Te parezco bonita?” Le preguntó al médico cuando este estuvo frente a ella. No había pensado la pregunta demasiado, solo le salió del alma “¿Crees que sería una buena novia?” agregó. No notaba que aquellas preguntas eran desconcertantes y más al soltarlas tan de repente. Pero no pudo consigo misma, tenía que “escuchar” otra opinión, un faro que le ayudará a concentrar estos pensamientos inseguros. Romani le transmitía una confianza inusitada. Jamás le hubiese planteado estas inquietudes a nadie más pero Romani era un adulto, quizás escuchar a alguien más sería un buen paso para comenzar a comportarse.
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Re: La cura para todos tus males. Priv. Romani

Mensaje por Romani Callaghan el Miér Feb 27, 2019 2:42 pm

No fue hasta que se vio de una vez revolviendo cajones y abriendo armarios en busca de lo que necesitaba para curar sus heridas que, relajado y seguro de que la contraria no podría ver su cara, dejó de guardar apariencia, y es que era vergonzoso el hecho de que una estudiante de secundaria le estuviese haciendo sonrojar al punto de tener que esconder la cara disimuladamente. Romani se había rendido a que los jóvenes le tratasen dentro de todo como a uno de los suyos gracias a su apariencia mas que nada, que osaran con hablarle de cierto modo que, de escucharlos profesores y o superiores de estos, no dudarían en castigar por más que dentro de su círculo no fueran si no considerados gestos amistosos…pero decirle que se veía lindo al sonrojarse, eso... ¿Que fue eso? Desacostumbrado, fue algo que no consiguió asimilar rápidamente sin sonrojarse el doble al arrugar los labios en nerviosa sonrisa.

A estas alturas aquel joven ya no era solo médico; era confidente, terapeuta no declarado, verificador de tareas sobre química, y consejero sobre casi todo. No era únicamente que resultara fácil y agradable el entablar conversación con él hasta el punto de la catarsis. Ese hombre ama a la gente, le gustan sus historias, sus experiencias, sus expresiones, sus imperfecciones no dañinas…Le gusta hablar tanto como escuchar, aprender y cuidar, dejándose de lado. Porque el mundo es un lugar hermoso si no hasta que se corta uno la yema dedo al dar vuelta de página.

A pesar de tal desliz volvió a presentarse delante de ella con entereza. Pero ella parecía dispuesta a seguir tomándole por sorpresa de cuanta manera pudiera existir, aunque ante ambas preguntas mantuvo una serenidad estoica. La situación era capaz de leerse sola, su lucha interna capaz de oírse si se hacia el silencio correcto, y mas alla de todo…bien, suponía que a las chicas de por si les solía importar más esa clase de cosas llegada a esa edad relativamente aún más complicada para cada quien. Un suspiro dio paso a una amplia sonrisa, y en calma dejo primero las cosas sobre la parte superior de un pequeño mueble junto a la cama, y se acerco la silla para poder sentarse delante de ella.

“Claro que eres bonita”

Le respondió primero, sincero como siempre pues para él no existía otra forma de ser “Pero no puedo decir solo por ello si serias una buena novia o no” Agregó con simpática expresión en el rostro “Lo que si puedo decirte, es que lo podrás ser siempre y cuando no te fuerces a ser como los demás quieran” Solo así podría acomodarse a alguien más, y dejar que realmente alguien se acomode a ella, un ser único e irrepetible, especial como pocos. El ser humano, no…los seres que habitan aquí no han llegado al mundo para complacer en su totalidad los deseos ajenos, lo que existen si, son las buenas intenciones.  

“Permíteme”

Le indico antes de pasar con calma a tomar una de sus manos entre la suya para comenzar a limpiar la zona herida de sus nudillos con un pequeño algodón. Aunque eran cortes pequeños, sí que abundaban y esa expresión atenta se esforzó por no menguar de tristeza —…La gente es recia a lo diferente y a lo que no puede entender, es normal responder de mala forma...es lo que quieren… —Si bien al tener las manos ocupadas opto por hablar, lo hacían sus labios de forma generosa para que ella pudiese al menos leerlos. A medida que se sumia en limpiar sus heridas, desinfectarlas y aplicar alguna suave y fría pomada —Pero…por cada persona así, habrá muchos más que querrán sentarse y poner su esfuerzo en acercarse a ti de buena manera, esos valen la pena… —Dijo al terminar con aquella mano para repetir enseguida el proceso en la otra —En cuanto al resto… —Finalizo tomando manos contrarias entre las suyas para alzarlas y mostrárselas —No merecen semejante atención —Entonces le sonrió ampliamente ladeando la cabeza antes de soltar y dejar ir suavemente las manos ajenas. Había sin dudas muchas maneras de imponerse al resto, y seguramente conforme pasara el tiempo encontraría una que no fuese hacer uso de la violencia, por mucho la peor de todas.

“Bien! Si me prometes que no iras a pegarle a nadie más de momento, vendarlas no será necesario” Expresó seriamente una vez pudo utilizar sus manos, pero desbordante de gracia al tiempo que le guiñaba un ojo. Y seguido se quito el guante de su mano hábil “Déjame ver tu cara ahora, será solo un momento...” Dicho y hecho, con su permiso paso a apoyar gentilmente la mano sobre el gran moretón que se estaba formando en su mejilla para utilizar uno de tantos hechizos curativos allí. De esa forma, no quedaría luego marca alguna en la zona. Ciertamente, llego a darle algo de pena el necesario atrevimiento por lo que mantuvo el verde de sus ojos sereno sobre la mano propia para esquivar de alguna forma a los enormes ojos azules que parecían no querer quitársele de encima.
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Re: La cura para todos tus males. Priv. Romani

Mensaje por Nanna Erika Wagner el Sáb Mar 02, 2019 7:25 pm

Ofreció la mano obediente, casi como un cachorro mientras dejaba que el medico se encargara de sus heridas. La dragona no pudo más que quedarse embelesada, aquellas palabras tan gentiles y ese trato tan amable, sin duda eran… distintos a lo que estaba acostumbrada. La profesora había sido estricta con ella, sus compañeros la maltrataban y sus padres buscaban reforzar su fortaleza. Romani, aquel muchacho pelirrojo y calmado, solo la trataba amablemente con un corazón gentil y, cuando vio aquellos labios moverse para ella y leer aquellas palabras tan amables e ingenuas, no pudo más que quedarse viéndole, maravillada de conocer a alguien así.

Separó los labios para responder, pero no pudo decir nada. Un leve sonrojo cruzó sus mejillas mientras que las manos gentiles del medico soltaban la suya dejándole solo la mala sensación de la soledad y la necesidad ¿Podría ser…? Por un momento se sintió desconcertada, tratando de encontrarle nombre a aquel cumulo de dudas y sentimientos que cruzaron su mente de manera inesperada. Los dragones sentían un poco distinto comparados a los humanos, no tenían tantos matices y subterfugios sociales para coquetear, mentir u hablar. Quizás por ello su inusitada sinceridad dejaba desarmado a más de una persona cuando preguntaba tan directamente cuestiones que otros tendrían la cortesía de evitar. No era culpa suya, no es que fuese maleducada ni descortés, simplemente era así su mundo y en el mundo de los dragones era casi una virtud. Era por ello que las dudas que tenia las preguntaba tan directamente al desconcertado médico sin saber que quizás podría haberlo incomodado. A Nanna no se le pasó por la cabeza que podría estar siendo inoportuna o demasiado extrovertida.

El tratamiento se dio por finalizado, las heridas de la dragona ya estaban atendidas. Romani estaba preparándose para dejar a la joven seguir con su vida escolar. Quizás le estaba dando los últimos consejos, o se despedía de ella de forma cordial, Nanna miraba fijamente esos labios, pero no lo escuchaba…y quizás si hubiese podido oír tampoco lo habría hecho.

Sigilosamente, con la gracia de un felino, se acercó al pelirrojo, quien, distraído, no se había dado cuenta de ello. Inocente y desprotegido como un pequeño pájaro posado entre la maleza, Romani no reaccionó cuando las manos de la chica le tomaron gentilmente de las mejillas, tampoco reaccionó a tiempo cuando vio aquellos ojos azulados acercarse a los suyos mientras se cerraban dulcemente y tampoco cuando los labios ajenos acariciaron los suyos en un simple, suave pero afectuoso beso. El tiempo en ese momento se detuvo, el silenció reinó en la habitación y el murmullo de los alumnos en las clases se hizo tan lejano que ahora era imperceptible. En ese momento no existía nada más que la suavidad de aquellos labios acariciando los contrarios.

La dragona había decidido, no importaba ya si el medico tenía novia, si no le interesaba estar con ella, esas solo eran nimiedades. Si tenía novia haría que él la olvidase, si no quería estar con ella le conquistaría de una forma u otra. Así pensaba un dragón, lucha, imposición y conquista. Su objetivo estaba claro y sería suyo sin importar que.

Sus labios se separaron lentamente, pero la sensación de su tacto perduraría todo el día, sin duda alguna.

Gracias…— dijo con su melodiosa voz mientras tomaba la distancia suficiente como para luego tomar rumbo a la salida. Caminó y cerró la puerta, no sin antes dedicarle al medico una sugerente e ilusionada mirada.
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Re: La cura para todos tus males. Priv. Romani

Mensaje por Romani Callaghan el Lun Mar 04, 2019 12:57 am

Por el contrario, pensaba que era él la causa de la incomodidad que ahora existía. Quizá había dicho algo extraño, además de que fácilmente pecaba por hablar demasiado. Había toda clase de heridas, y era usual que quienes cayeran en su turno buscaran la sanación muchas veces más en un intercambio de palabras que en un tratamiento. Observador hábil que sabe, que reconoce, eso que les importa y deja que le hablen de ello, aunque toquen temas que pudieran perturbarle de algún modo. Quizá era solo la carencia de una segunda voz que le interrumpiera, la que le hacía sentir como un entrometido en todo su esplendor, aconsejándole por pura corazonada después de todo. Mas si tenía en cuenta de que en lo personal, jamás tuvo muchas oportunidades para centrarse en tales cosas, y cuando las tuvo todo simplemente se arruino.  

Él, que odiaba el silencio porque le dejaba pensar demasiado, encontró en ella a alguien capaz de hacerle respirar realmente profundo. De tomarle entonces tan ingenuamente desprevenido, tan sumido en lo que pensaba que pareció haber confundido el tacto de sus dedos tan suaves con la caricia de la brisa. Tanto que para cuando volvió en si ya se había ahogado en el azul de los ojos contrarios, y anonado, la cercanía premio su torpeza dejándole distinguir de entre todo, solo el brillo nevado de sus pestañas. Con benevolencia le otorgo un sosiego indescriptible, de repente se vio incapaz de pensar en algo más que en las sensaciones condensadas en ese instante.

No tuvo tiempo de pensar en detenerla, tampoco en lo problemático del asunto. No tuvo tiempo siquiera de afirmar que alguien como él no merecía sentirse así de bien. Quien se negaba rotundamente a sentir mas alla de la punta de su nariz, por puro temor y sentimiento de degradación devenido de una culpa falsa pero compleja. Él, que amaba todo, pero que odiaba el silencio había sido obligado a disfrutarlo de una forma que no recordaba que pudiera existir. En ese instante en que el tiempo se detuvo por puro capricho ajeno, el mundo se volvió realmente un lugar maravilloso, silencioso y maravilloso aun si no era lo correcto.

En cuanto se separó sintió la falta enseguida, el rumor de las hojas de los árboles, el murmullo constante que venia desde los salones cercanos, el sonido del reloj…Le había dejado tan perplejo que agradeció que el ruido le volviese a poner los pies sobre la tierra. Mientras ella se marchaba nuevamente le dejo viéndola como si fuera un tonto, solo que esta vez estaba despierto y era incapaz de asimilarlo. Era mucha la gente que iba y venía de aquel lugar, algunos por necesidad como ella, otros muchas veces tan solo para perder el tiempo en otro sitio que no fuera el salón de clases o la dirección. Pero por primera vez al cerrarse la puerta, se sintió solo. La única cosa que permanecía en su cabeza era la imagen de la última expresión ajena junto con el timbre de su voz, que resistía al tiempo como el estribillo de una canción pegajosa. Menudo peligro…

Ni siquiera podía pensar en algo así, no había forma en la que pudiese estar bien, no siendo él y aún más, siendo ella tan solo una estudiante. Sumamente apenado llevo una mano a su cabeza para revolverse el ya de por sí despeinado cabello. Avergonzado de sí mismo quiso fruncir el ceño al tiempo que no podía evitar sonreír del nerviosismo —Esto… ¿Qué debería hacer con esto? ...No hay forma en que pueda estar bien… —Se regaño luego—No debería estar siquiera pensando en eso… — Se dijo al creer en que quizá los dioses querían que definitivamente que se vuelva loco. Pero era imposible no pensarla, sacarse de su cabeza las preguntas que tenía, o ignorar la sensación que dejo en sus labios…

Se volvió pensativo al escritorio y más que sentarse, se dejó caer en la silla al son de un suspiro pesado. Paso por todas las excusas posibles, desde la mas tonta a la más dolorosa —Quizá… ¿Solo quiso burlarse de mi…? —…Mas al rememorar la calidad de su ultima mirada, la idea se volvía confusa y se le restaba por tanto credibilidad —...de algún modo… —Negó fuertemente con la cabeza una y otra vez. ¿Estaba bien pensarlo demasiado? ...La incertidumbre y la culpa de quien había hecho algo que no debía se le estaban asomando poco a poco. Luego de palmearse la cara se dispuso a ponerse a trabajar de nuevo para huir del asunto, pero acabo por advertir que no atinaba a mas que juguetear con la lapicera en su mano.

—Café, Romani…Lo que necesitas es ir por un café —Se dijo a la par que se levantaba, aparentemente con la entereza de siempre recompuesta, aunque decir que tan solo estaba fingiendo demencia, era valido también. Entonces puso marcha a la cafetería de la escuela, pero no sin antes dejar un cartel de que volvería enseguida. Por esas horas, lo normal sería encontrar el sitio vacío y en paz sublime.
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Re: La cura para todos tus males. Priv. Romani

Mensaje por Nanna Erika Wagner el Jue Mar 14, 2019 9:13 am

Luego del regaño de la dirección, el cual duró varios interminables minutos de amenazas de castigos y expulsiones, Nanna por fin estaba dispuesta a retirarse de clases y, a pesar de tener razones más que suficientes para estar preocupada, estaba de buen humor. Por un momento pensó en si debía ir a la enfermería de nuevo a molestar al médico que pronto sería su novio, porque por supuesto él se convertirá en su novio, que él lo supiese o no era completamente irrelevante. Pero eso sería mostrar debilidad ¿No? No es que quisiera dar la sensación de ser una dependiente de un humano. Eso sería muy poco dragonil para ella. O Al menos para lo que estaba acostumbrada.

De pronto un recordatorio atravesó su mente como un destello, era viernes y ella pasaba todos los fines de semana en casa con su familia, lo que significaba que no podría ver a Romani por un par de días. Eso era muy malo ¿Y si alguien más quería quitárselo? ¿Y si alguien aprovechaba esa ausencia para adentrarse en su territorio y tomar a la presa que ella estaba cazando? Inmediatamente sacudió la cabeza intentando quitarse esa idea. Estaba pensando demasiado como dragona, algo que su raza tenía como una mala costumbre.
Los dragones manejaban una escala de razonamiento diferente a la de los humanos y quizás eso era una de las cosas más difíciles de tratar cuando se intentaba educar a una dragona adolescente. Los humanos son una mezcla de costumbres y tradiciones que se fueron forjando con el tiempo, su entorno y su historia. Los dragones, por supuesto, no tenían las mismas vivencias, los mismos modismos, costumbres o tabúes. Eran seres paralelos en cuanto a razonamiento, pero de formas completamente distintas. Cuando el ser humano se sentía orgulloso de alejarse de lo salvaje e instintivo, los dragones sentían orgullo de su lado reptil y de sus arcaicas costumbres territoriales. No habían perdido el instinto animal, de superioridad y de manada. Romani de alguna forma ya le pertenecía, o al menos ya lo había reconocido como una “presa”.

Una vez en su casa, sus padres y sus inquisitivas hermanas no tardaron en encontrar algo distinta en ella, aunque era totalmente reacia a confesar que era aquello que la ponía de tan buen humor. Su padre, tan tosco y orgulloso como siempre no notaba cambio alguno ya que no era tan perspicaz como las hembras, lo que era un alivio ya que no quería ver a aquel pelirrojo medico colgado desde un árbol con sus propias entrañas si su padre llegase siquiera a sospechar que le gustaba alguien mayor y, además de otra raza. Los dragones se juntaban con dragones y las mezclas de razas eran permitidas en contadas excepciones, como por ejemplo con semi animales u otros seres del bosque ¿Pero un humano? Uf… Era como querer juntar el agua con el aceite o algo así. No se trataba de racismo sino de costumbres familiares.

Nanna pensó que el tiempo del fin de semana se podía aprovechar para generar un aura más misteriosa a ese beso que le había dado, imagen que le hacía sonreír cada vez que acudía a su mente. Su madre ya la había pescado con la mirada perdida mientras se rozaba los labios con las yemas de los dedos como si intentara emular la textura de los labios del pelirrojo, cosa altamente sospechosa pero que no podía evitar.
El fin de semana pasó lento para ella, y por alguna razón estaba demasiado ansiosa y le costaba ocultarlo. Cuando fue a clase lo hizo con una pequeña sorpresa, había cocinado especialmente para el pelirrojo, tan cuidadosa era que incluso había hecho una porción vegetariana y otra de carne por si llegaba a pasar que no le gustase la comida animal. Tan solo unas pocas horas y podría escabullirse durante el receso escolar.
Durante clases, el grupo de chicos que la habían molestado la ignoraban. Salvo por alguna que otra mirada provocativa de la loba que lideraba a ese grupo de imbéciles. No le dio el gusto, en otro momento se habría arrojado a los golpes por mucho menos, pero ahora tenia que cuidarse, de no quedar mal en frente del medico y eso significaba no lastimarse, en otras palabras, evitar el conflicto. Si iba mucho a la enfermería por magulladuras, golpes y castigos, Romani terminaría por formarse una mala imagen de ella, y no era lo que Nanna quería. Nunca le había importado lo que una persona pensase, pero ahora era distinto ¿Será esto a lo que su madre se refería con cuidar la imagen? No, esto era algo distinto. A Nanna le importaba un bledo lo que los desconocidos pudiesen pensar…a ella solo le importaba una sola persona en aquel momento.

Las campanas del instituto sonaron y ella no tardó ni cinco minutos en estar frente a la puerta de la enfermería, esperando a que Romani abriese. Tenia la lonchera con el almuerzo en la mano y si no fuese porque tenia perfecto control de sus habilidades, su cola de dragona se estaría asomando bajo su falda, moviéndose de un lado a otro como un perrito, aunque realmente era lo que pasaba, solo que no se había dado cuenta de ello. Detrás de ella una larga cola celeste se movía impaciente.

Cuando el pelirrojo abrió, no pudo resistir el impulso de atacar sus labios con un beso que le hizo retroceder hasta ambos pasar dentro de la habitación.

Hice esto para ti como agradecimiento por tus cuidados— explicó con sus manos una vez que Romani tomase el objeto con cara de completa confusión— Espero que te guste. No es necesario que comas todo, solo lo que te gusta ya que no se tus gustos… por ahora.

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Re: La cura para todos tus males. Priv. Romani

Mensaje por Romani Callaghan el Vie Mar 15, 2019 9:02 pm

Al final de aquel día, solo permanecieron dos cosas; el sabor fuerte y amargo de un café bebido a las apuradas, y la sensación de ese beso sorpresivo que, negada a abandonarle, se alzaba dulce y gloriosa por sobre la primera hasta volverla tan solo un despojo. Advirtiéndole en silencio que no importara cuanto lo intente mientras más quisiera dejar de pensar en ello, más presente lo tendría. Lejos de estar disgustado, agradeció de verse sumamente ocupado los días que le siguieron. Aunque no hubiera clases, debía ir a cubrir siempre algunas horas en la escuela, después de todo había tanto estudiantes como profesores viviendo en las residencias que el establecimiento ponía a su disposición. Se sumaban a estas horas algunas otras tantas de ayudaba a un colega en el hospital cercano para acostumbrarse una vez mas a aquel ambiente caótico esta vez como médico, y no como el paciente que fue durante el tiempo que le llevo recuperarse del accidente que se llevó la vida a su hermana y la de otros tantos, salvo la suya.
Tuvo de igual modo su merecido momento de descanso. La vida en aquel apartamento nuevo era cosa reciente, pero poco a poco se acostumbraba a ese techo y la compañía de su mascota, Olivia, lo hacía sin dudas todo más ameno. Aunque esos días la elegante y quisquillosa gata siquiera le miraba, como si supiera ella algo que él ignoraba. Tuvo tiempo entonces de recoger del correo varios paquetes que sus padres le habían enviado desde Irlanda, así como de ordenar el contenido de las cajas que aún se acumulaban por distintas partes de la casa mientras leía las cartas adjuntas escritas a mano con la que reconocía fácilmente como la letra de su madre en voz de ambos.

Nunca faltaban las mismas preguntas, si se encontraba bien, si comía bien, si descansaba adecuadamente, y claro, si por esas casualidades había conseguido novia, claro que todo lo preguntaban con mucho gracejo y cariño, a la par que despreocupados intentaban demostrarle que por allí las cosas también iban bien. Leerlos animados, lo animaba también a él, aunque de verdad le hicieron suspirar esta vez.  Inevitablemente volvió a pensar entonces en la chica Wagner… ¿Qué dirían si les contara lo pasado el otro día? Su padre se burlaría sin dudas de él, y su madre se preocuparía por cosas que no van al caso, pero a fin de cuentas…No le verían el problema real por más que hubiese claramente al menos uno y seguramente debería de sentarse a explicarles los porqués. La gente de esos lares brilla por ser abierta, simpática, despreocupada tanto que a veces podía ser complicado, y si se lo ponía a pensar, aunque eran otros tiempos, sus padres debían de llevarse la misma cantidad de años entre ellos…

Gente que tenía por naturaleza el tomarse todo con una sonrisa de por medio, ah… ¿Se había desviado tanto? Y ¿Qué hacía pensando de nuevo en ello con tanto detenimiento?...

Para él, que no encontró respiro, la semana había vuelto a comenzar casi de repente. Sin percatarse siquiera un poco, se encontraba sentado detrás de su escritorio en la enfermería revisando papeles, estudiando y quizá, jugando de tanto en tanto con el móvil para hacer las horas más entretenidas mientras disfrutaba de unos dulces. Otro día tranquilo, se agradecía…pero decirlo había sido hablar demasiado rápido...
En cuanto oyó que llamaban tímidamente a la puerta de la enfermería se puso de pie ciertamente preocupado, y es que nadie se tomaba las molestas pues todos allí entraban como si fuese su propia casa y a punto siempre de darle un infarto del susto…

El solo hecho de encontrársela otra vez tan pronto le había dejado ya sorprendido —¿Nanna?¿Ha pasado al… —Perplejo fue obligado nuevamente a guardar silencio por esos segundos en los que el peso de la puerta fue el necesario para que esta se cerrara sola detrás de la muchacha al perder contacto con la mano que le sujetaba. Aun confundido fueron sus manos capaces de sostener el objeto que se le daba mientras miraba las manos ajenas moverse delante suyo.

Bien… ¿Por dónde empezaba entonces...? Todo lo que no le paso en su época de estudiante secundario, se abalanzaba sobre él de repente en ese mismo momento. Era demasiada información sensible para procesarla tan de repente —¿Para…mi? —Preguntó casi por inercia al tiempo que parpadeaba nerviosamente en un arrebato por volver en si mientras colocaba la caja de almuerzo en un mueble cercano para poder usar sus manos “Es...es mi trabajo, no hay nada que agradecer…pero” Expresaba aquello ante la falta de palabras, pero era un detalle, un gesto que encontraba precioso…curioso, pero precioso y nuevo. La expresión de cara sin dudas decía mucho más junto con esa risa serena que simplemente se le escapo de los labios “Vaya…que me ha alegrado, gracias...” Le dijo calmo con una de sus típicas sonrisas. Se había embelesado, pero pronto pareció llegar a su cabeza eso de lo que se estaba olvidando, y de repente su cara tomó un color a juego con su cabello...

“P-pero…oye, no este...mira... no…no puedes saludar de esa forma ¿Sabes? …No solo yo tendría problemas, tú también…” Comenzó a mover sus manos de manera nerviosa mostrándose claramente avergonzado, quedándose igual de confundido con sus últimas indicaciones “¿eh?… ¿Por ahora?”  Repitió.

¿Es que acaso pensaba ella en seguir haciendo estas cosas? ¿Por qué? Definitivamente debería dejar de esperar o suponer respuestas y comenzar a "divertirse" haciendo las preguntas...
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Re: La cura para todos tus males. Priv. Romani

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