Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado El vaticinio del bosque.

Mensaje por Haruki Nishinomori el Dom Feb 10, 2019 11:08 pm

Hmmm observó intranquilo su entorno, sentado bajo la sombra de un árbol— ¡Hmmmm!— se puso de pie sin dejar de observar aquel sitio¡HMMMM! subió hasta la rama del árbol y se sostuvo con la parte trasera de sus rodillas para mirar, de cabeza, el mismo panorama. Ya que no estaba tan alto, trepó la rama nuevamente para luego saltar hacia el suelo. Estando en tierra nuevamente, notó que una fila de hormigas trepaban a toda prisa el árbol que se encontraba a su lado ¿Algo extraño pasa, no creen? cuestionó a los pequeños insectos, mirándolos de cerca.

Desde hace un tiempo, el ambiente de aquella enorme arboleda que tenía como el patio de su casa, había cambiado. Ya que pasaba mucho tiempo explorando el lugar, poco a poco se fue dando cuenta de que sus pequeños y grandes amigos animales se hallaban intranquilos por algún motivo. El viento soplaba con fuerza, haciendo que las plantas a su al rededor silbaran. Había comprobado por sí mismo que el comportamiento de esos animales no era el normal, algo raro sucedía y ahora era el momento de ir a comprobarlo.

Se adentró a su hogar en búsqueda de una mochila y un abrigo. En el salveque, guardó un jugo de caja, un emparedado, una barra de chocolate, una botella de agua, baterías y un foco. Eran aproximadamente las 3:40 p.m, en unas horas comenzaría a oscurecer y a Haruki realmente no le gustaba estar en medio de la oscuridad sin nada que lo protegiera—Tal vez si encuentro a las hadas, ellas sepan qué sucede. Quizás debería ir a hablar con los seres que viven cerca del Gran Roble... ¡O puede que sea mejor buscar a un sabio dragón! Pero no he vuelto a ver a la señora Dragona de la cueva. ¡No te apresures, Haruru! Siempre está la opción de ser el que lo descubra, ¡Sip, sip!— se hablaba mentalmente mientras se adentraba al bosque. Mucho seres que conocían al niño o estaban familiarizados con él, lo vigilaban entre ramas y arbustos, sabían que en el bosque habían estado ocurriendo disturbios, de momento, a una escala menor y era su deber vigilar que nada le ocurriera a aquella criatura que nunca los había lastimado, aquel niño que los llamaba "amigos".



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Tema Privado Re: El vaticinio del bosque.

Mensaje por Zackary Argyreon el Lun Feb 11, 2019 10:23 am

Recordar la mirada de aquella cosa, del esperpento del que se había encargado noches antes, todavía le helaba la sangre. No era producto del invierno ni del frío que estaba haciendo en esos momentos, tan solo el pensamiento le aturdía y ocasionaba que sus manos comenzasen a dejar salir flamas tenues y repentinas, como si su instinto de supervivencia se activase ante el peligro. Una visión que le había estado dando vueltas en la cabeza desde esa noche que lo encontró vagando en el bosque, un ser producto de rituales arcanos y antiguos con origen en las inmediaciones más profundas del agreste, cuya aparición solo anunciaba problemas. Había estado bostezando durante toda la mañana pues había dormido poco ya por tres días seguidos, tenía hambre y el desgano se le notaba en la cara, también en el cuerpo que se encontraba inclinado hacia adelante mientras caminaba despacio, balanceándose como si estuviera obligado a avanzar.

Los grandes elfos le habían comunicado que anduviera con cuidado, que el bosque no era el mismo. Zack desde luego era devoto a esas entidades que se entremezclaban con la fragancia misma del bosque, pues sabía que ellos eran uno solo con aquella espesa maleza y que en sus ojos ocurría todo lo que en ese vasto follaje se presentaba. No iba a poner en tela de juicio sus advertencias, pero tampoco iba a dejar de trabajar así como así, por lo que buscó la forma de hacer sus días más llevaderos y no dejarse caer víctima del pánico como el resto de hadas había hecho. El ambiente había cambiado, estaba claro que muchos preferían encerrarse en sus casas desde temprano y no asomar siquiera las narices una vez el viento comenzaba a soplar de esa manera, tanto que aquello propinaba al paisaje una apariencia derruida y algo decrépita, apagada. Ya no conservaba el mismo tono vivo de hacía un tiempo, era como si el miedo se hubiera apoderado de quienes habían escuchado la noticia. No obstante de vez en cuando una que otra mirada curiosa podía verse escrutar por entre las hojas o agujeros de los troncos para verlo pasar y sentirse segura de nueva cuenta. La presencia del dragón devolvía la estabilidad emocional a las pequeñas criaturas que se sentían protegidas bajo su sombra y presencia, pero cuando se alejaba, de nueva cuenta regresaban arrastrándose a las sombras, al rincón oscuro donde preferían no ser encontradas.

Los caminos estaban desolados, pero eso mismo significaba que en horas el joven no había encontrado a nadie ni tampoco algo fuera de lo común, salvo ese sonido enervante que provocaba el viento en movimiento con su silbar. Los sentidos del dragón se mantenían activos, tensos, como si algo estuviese a punto de ocurrir pero sin ser claro. No era como si algún desastre natural fuese a ocurrir pronto, las nevadas habían terminado, y no era época de huracanes tampoco. Por otro lado, en el último incendio forestal él mismo se había encargado de apaciguarle con sus propios medios y alternativas. Jamás había sentido eso que sentía allí bajo la protección de la esfera de luz, ¿era cierto lo que decían sobre la calamidad divina? Su experiencia propia y extraña a Éadrom -porque había vivido durante milenios explorando el resto del mundo- le daban ciertos méritos que no todos conocían, después de todo era un extranjero que había llegado hacía apenas dos siglos a vivir ahí y a hacerse uno con ese bosque. Agradecía con creces la hospitalidad de esas criaturas, había recibido tanto que ahora pretendía remunerar lo ofrecido con su propia protección y carácter. Tal vez una presión que ni siquiera los altos elfos llegaban a comprender, pero que de alguna manera aceptaban.

Los rumores de las anomalías se esparcieron como polen en los alrededores de la comarca y del otro lado de la colina donde era que vivía. Las hadas habían hecho lo posible por llevar los informes hasta donde sus alas pudieron soportar, pues cruzar el límite, hacia los inexplorados territorios del norte les fue imposible. Ni qué decir de las ninfas, que solían cantar sobre las rocas y troncos, ahora solo regalaban al aire melodías apagadas y nostálgicas. A ellas el propio dragón les tenía una estima en particular, pero según lo mencionado, ellas se habían apagado y se mostraban muy discretas en cuanto al tema de la oscuridad que se cernía sobre el panorama. Todos tenían miedo.

El reptil sacó unas cuantas bayas del saco que colgaba de su cinturón y procedió a comer, triturando incluso el huesecillo y las semillas para ganar algo de control sobre su ruidoso vientre. La carne la tendría que probar hasta llegar a casa, allá en el otro extremo del lago donde su hogar se encontraba tallado entre las raíces de un gran árbol. Para llegar faltaba un tramo todavía, y se animó a rodear el acuífero a pie pues no le vio utilidad a saltar sobre las rocas que a veces podían ser resbalosas y no iba a permitirse terminar mojado. Tragó el contenido de su boca y prosiguió su camino ahora que se veía un poco más revitalizado, su marcha se hizo presurosa pero sin llegar al trote; el viento volvió a soplar vago y le acarició los mechones de cabello que llevaba sobre la frente, era tan drástico que incluso parecía buscar ofenderle con su silbido agudo.

Algo vino luego, un sonido macizo sobre la estructura del suelo que todavía estaba cubierto de ramas y hojas de invierno. — ¿Uhm? — Su ceja se levantó. Cualquiera en medio de esa situación tan silenciosa y tétrica hubiera podido pegar un grito en el cielo, no obstante, el dragón entendía qué era peligro y que no, por lo que se mantuvo templado y buscó con la mirada la fuente del sonido. No temía encontrarse con otra criatura descarnada, sabía como destruirlos ahora, pero su sorpresa fue tal vez mayor cuando vio que se trataba de una criatura muy diferente a lo esperado. — ¿Qué? ¿Quién...? — Un niño. Era algo curioso ver como del resto solo él apareció de la nada, ¿algún espíritu del bosque? su apariencia le hizo desistir de ponerse a la defensiva, irradiaba un sentimiento orgánico y cómodo, aún así el dragón no se acercó tan pronto y lo miró con algo de escepticismo: — ¿Qué haces? Deberías estar en casa — Pronunció.



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