Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado Ⅲ | Nuevo amanecer ⍫

Mensaje por Caesar Black el Mar Dic 18, 2018 3:36 pm


E
l cielo lloraba aquella tarde de invierno. Las nubes techaban los cielos, cubriéndolo de un manto gris oscuro. A punto estaba de caer la noche y el gélido manto del sereno se cernía sobre el amplio solar manchado de sangre. El agua la arrastraba desde varios cuerpos que yacían en el suelo creando un hermoso río de brillante carmesí. Se había librado una lucha en aquel lugar y solo el cielo fue testigo de la masacre causada. Los cuerpos se amontonaban unos encima de otros, algunos estaban dispersos y otros habían exhalado su último aliento juntos.Los pocos hombres que habían sobrevivido, mal heridos, huyeron al refugio más cercano en busca de ayuda sanitaria. Sin embargo, Caesar yacía en el suelo, arrodillado, vencido, humillado y sin aliento, sosteniendo el cuerpo de su más fiel y leal teniente. En su mirada sin vida Caesar pudo ver la decepción de él y sus hombres, por haberles conducido a una muerte segura, por no haber sido el héroe que todos esperaban y el líder que necesitaban. Aún en su mente el pasado próximo le atormentaba, los recuerdos de la batalla librada se reproducen como una película de terror que ha entrado en bucle y solo acentuaba más su humillación, su derrota y su temor. Sus oído vibraban con los alaridos de dolor y los gritos desesperados de sus compañeros pidiendo indicaciones, mas ninguno suplicaba clemencia, en su dolor se mantuvieron firmes, a diferencia de él. En su piel sentía las gotas de sangre de sus enemigos y aliados. Sus heridas latentes parecían recientes y escocían con cada gota de lluvia que caía dentro de ellas, pero lo que más le dolía era su pecho. Su corazón, roto y descompuesto por la pena no pensó que sufriría una vez más una pérdida tan dolorosa. Aún parecía que a través de los ocelos de brillo apagado, Takanashi y toda su tropa, le juzgaba, viendo que la persona a la que más admiraban no era más que un niño asustado e incapaz. Sí. sus expresiones de terror, de miedo y engaño se plasmaron en su mente.

Esto...no...no puede estar pasando, yo..lo siento ─ Le dijo a su más fiel teniente que yacía sobre sus brazos.

Su cuerpo ya estaba tan frío como el suyo y a pesar de que sus brazos temblaban tanto que eran incapaces de sostener siquiera a un diminuto roedor era incapaz de soltarle.

Lo siento ─ repitió una vez más entre sollozos, apoyando su frente sobre el pecho del cadáver.

Sus lágrimas caían sobre el rostro del joven, al igual que gotas de lluvia que las disimulaban. No era tan fuerte como pensaba, ni tan astuto como creía.

Cuando el cielo cayó y el último atisbo de luz se disipó, apareció una figura oscura ennegrecida: Era masculina, alta, imponente, esbelta, apenas se podía distinguir de lejos, pero su ropa era oscura, aunque pudo distinguir una amplia chaqueta de hombreras anchas y sus ojos lucían un intenso color rojizo que resplandecía en la oscuridad. Caesar lo reconoció al instante.

¿Has venido a matarme de una vez? ─  Gruñó, sin soltar aún el cuerpo de su camarada.

El hombre paró, dando los últimos chapoteos al gran charco que del que ya apenas arrastraba sangre. Una luz parpadeante de un farol viejo y desgastado alumbraba tenue e intermitentemente al hombre de pelo blanco.

No, ya estás vencido, ¿Qué clase de monstruo crees que soy? Además, ni siquiera vas armado. Creo que perdiste algo en batalla, aparte de lo evidente. ─  Dijo Alucard, sacando la katana de Caesar de detrás del amplio abrigo que cubría solo sus hombros.

─  Eso no te pertenece, suéltalo y cállate la puta boca, tú no sabes nada ─  masculló, frunciendo el ceño y tensando su mandíbula.  


Las gélidas gotas de lluvia hacían que los cabellos blanquecinos de ambos se pegasen a sus rostros. Sin embargo, eran sus miradas ambiciosas e intensas lo que encendía el ambiente. A pesar de estar temblando Alucard siempre lograba sacar su peor expresión, aunque estuviera al borde de las lágrimas. Ahora cada vez que lo miraba, sólo veía al asesino despiadado que era, otro demonio sin alma ni corazón y sobre todo sin perdón. Le enfurecía que se burlase tan fácilmente de él, que aplastase aún más su orgullo y se jactase de su derrota. Desgraciadamente no lo podía ocultar y eso a Alucard le encantaba.

Tranquilo, no la quiero ─ prosiguió ─  y tan solo revelo los hechos. Admítelo, solo eres un niñato y tú lo sabes bien, no eres capaz de dirigir nada, no eres un líder. Puede que tengas el don de la palabra, pero a la hora de la verdad, cuando tus hombres cuentan contigo, no eres capaz de reaccionar, te quedas quieto y congelado, llorando y paralizado como un niño asustado. Eres tan ingenuo y estás tan desesperado por encontrar el amor que te arrebataron que te dejaste engañar por el demonio que te embaucó en mi baile. No fue difícil. Ahora te regodeas en tu sufrimiento, culpando a los demás de tu incompetencia. Eres débil y eso hace que los que te rodeen también lo sean. ─ Caesar guardó silencio, conmocionado y Alucard reveló una sonrisa tan retorcida como su personalidad. ─ Lo mejor será que les hagas un favor a ellos y a tí mismo, ahórrate tu mismo la humillación y el reproche de ver sus caras de decepción y desconfianza, después de esto, no van a volver a creer en tí como líder, por que no sirves para nada, ni siquiera como hermano. Tus hermanos apenas saben nada de tí, ¿No? Siempre has estado planeando este momento y, ¿Para qué? Lo mejor es que delegues en otro lo que tú no eres capaz de hacer y así terminas ya con tu propio sufrimiento. Muere aquí, con los hombres a los que fallaste y demuestra quién eres en realidad. ─  sentenció lanzando la katana sobre el cuerpo que Caesar sujetaba, contemplándole desde arriba con una mirada tan fría como el invierno, tomando el mismo camino por el que había llegado.

Se quedó en blanco, observando como la figura de Alucard retrocedía y se disipaba en la oscuridad en una retirada victoriosa. No tenía palabras, estaba tan seco como una fuente en el desierto, paralizado por la verdad que veía en las palabras de su opuesto. »¿Qué debería hacer, amigo? Sé que no hallaré tu perdón, lo que te he hecho no lo tiene, pero estoy cansado de seguir con esto. Tú al fin descansas y yo envidio ese rellano de paz que en mi mortalidad jamás conseguiré.« Pensaba, inclinando su cabeza de nuevo. Cerró sus ojos, por un instante y luego los abrió lentamente. Su mirada se dirigió hacia la katana nada más abrirlos, parecía que realmente su mente estaba dispuesta ha hacerlo, pero su corazón aún conservaba la llama de la ira, sabiendo que no descansaría en paz una vez hallada la muerte. Sin embargo, ¿Qué podía hacer? A pesar de su determinación, era incapaz de vencer, por lo que aún así viviría una larga vida de plena impotencia y egoísmo, era cierto, incluso sus hermanos vivirían mejor sin él poniéndolos en peligro por simple venganza. No era un buen hermano, ni tampoco un soldado. Ni siquiera había sido capaz de llegar a tiempo de escuchar la última voluntad, ni ha presenciar el último aliento del camarada que había sujetado con tanto ahínco entre sus brazos. Ahí, en aquel solar, bajo la lluvia y envuelto en la oscuridad nocturna, rompió en el llanto. No quería morir, pero tampoco quería vivir. En ese momento, sintió que su mente estaba atrapada como si una enorme serpiente rodeara su cuerpo y no sabía qué hacer, cuánto más tratara de librarse de aquella atadura, más apretarían sus anillos, hasta que poco a poco comprendió que era mejor dejar de luchar, porque de allí no iba a ser capaz de salir.

Cerró los ojos de Takanashi, con la yema de sus dedos.

Espero que halles la paz en el descanso eterno, amigo. Luchaste como un buen soldado ─ dijo, arrepentido de no haberle podido mostrar antes la confianza y el aprecio que realmente le tenía. ─ El mejor...

Dejó lentamente el cuerpo en el suelo, soltándole con aquel último adiós. Agarró la katana  y apuntó a su pecho, tiritando, nervioso y al mismo tiempo relajado, cada vez asimilando más el hecho de que su muerte se hallaba próxima. Tan solo deseaba, como cualquiera que no durara mucho y que el dolor no le acompañase hasta los últimos segundos de su vida.
Al fin os veré, hallaré mi sentencia en tierra desconocida, mas solo ansío el descanso y tal y como ella alimentó mi vida, ahora se nutrirá de mi muerte.



Nuevo amanecer
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Tema Privado Re: Ⅲ | Nuevo amanecer ⍫

Mensaje por Luka Crosszeria el Mar Dic 18, 2018 4:42 pm

ZONA PROHIBIDA

Crespúsculo



Luka Crosszeria ─  ⅡI | Nuevo amanecer ⍫  ─ Éadrom: Zona prohibida

Pain Wounds

C

onocía muy bien el aire que respiraba, el olor a metal, la humedad de la lluvia, el silencio ensordecedor que precedía tras la batalla, la sensación de que el pecho se encogía y todo aquello que estaba vivo hacía unos minutos se desvanecía en sangre. Mucho tiempo atrás se había jurado a sí mismo no pelear sin motivo, sin una razón lógica o coherente para el y ahi estaba con su espada entre sus manos cubierta de sangre de varios individuos , no era la primera vez que mataba, no seria la ultima, aun así era sofocante la sensación de arrebatar una vida le carcomía por dentro cualquier demonio sin pestañear acabaría con cualquier pero Luka había aprendido tanto, sintió tanto durante tantísimo tiempo que le era imposible no sentir la culpa golpeándole cara a cara. En su momento quiso quedarse apartado pero por algún motivo que desconocía su presencia fue requerida en aquella masacre, siempre dejó claro que solo actuaría cuando fuese necesario y en esa ocasión no sintió que lo fuera.

Su rostro se mantenía impasible ante el escenario que contemplaba de cerca , cualquier otro en aquella situación mostraría algún atisbo de sentimiento pero estaba tan acostumbrado a la inexpresividad a lidiar con cosas con las que  no quería, que una triste mueca hubiera sido una mera burla a su persona.

Alzó su vista hacía el cielo mientras el agua caía suavemente por su rostro, borrando parte del rastro de sangre que manchaba su piel intentando borrar todo lo acontecido como si el agua de alguna manera pudiera liberarse de lo ocurrido, pero sabía que no era posible,  en aquellos momento en los que quería huir de todo su mente enseguida llamaba a sus pensamientos al vampiro albino que encontró en el cementerio, sus ojos tan ardientes y a la vez tan fríos  le tenían completamente engatusado, desde aquel día buscaba consuelo en su imagen y por alguna extraña razón se sentía aliviado, había entendido al igual que asimilado su atracción por él, al principio creyó que era por el hecho de haber salvado a una persona, pero se dio cuenta de que era mucho más, quizás por eso le consolaba saber que aún había algo en ese mundo que no estuviera manchado,le recordaba tanto a él y su dolor que pudo empatizar de una manera que jamás pensó que volvería a lograr.

Bajo la mirada mientras su mente trataba de asimilar todo aquel panorama mientras comenzaba a caminar entre los cadáveres, sus pies intentaban no rozar ninguno de los yacentes mientras aún buscaba con la mirada algún resquicio de vida por órdenes de su señor, realmente no estaba poniendo un gran esmero en aquella tarea, si había alguien con vida en aquel genocidio sería un milagro. Allí terminaba una lucha que no entendía ni comprendía pero en la cual había participado, en su interior se preguntaba si aquellos hombres tras las órdenes de Alucard sabían el motivo de la lucha o como él luchaba por fidelidad, no tenía muy claro nada de lo acontecido pero sin duda para él aquella batalla no tenía sentido alguno, por otro lado la vida le había enseñado que los grandes conflictos por alguna razón fueran la raza que fuese terminaban con derramamiento de sangre - Trágico….

Sin quererlo aquella palabra salió de sus labios,  por suerte no había nadie cerca para escucharlo , el leve bao que salió de sus labios tras aquellas palabras le hizo percatarse del frío de su alrededor , cerró un momento sus ojos y volvió a echar a andar dispuesto a irse de allí, no tenía necesidad de seguir contemplando aquel tétrico escenario creado en parte por sus manos.

Tal vez el mero hecho de estar allí era un juego para el Vampiro , sabía que Luka no quería seguir ese camino, en la mente del moreno solo cabía la posibilidad de que se estuviera riendo de su presencia allí como un castigo a un acto del cual desconocía, sino no comprendía que en aquella batalla fuera requerida su presencia pero entonces cuando no conseguía encontrar sentido a su presencia allí  lo comprendió…

Sus ojos se detuvieron sobre la figura que yacía de rodillas en mitad de aquel cementerio y de repente su corazón se paró de golpe, no podía ser que frente sus ojos se hallará la persona que habitaba en sus pensamientos, aquel por el cual había vivido sumido en un profundo dilema se encontraba frente sus ojos, casi parecía un espejismo salido de sus propias pesadillas para atormentarlo , en aquella batalla en ese lugar donde su inmundicia cobraba forma, donde sus actos revelaban el repugnante ser que era y del cual no conseguía separarse , allí no podía estar la persona que había abierto una nueva ventana a su vacía existencia.

Los leves pasos se convirtieron en zancadas hasta estar lo suficientemente cerca como para ver la escena que se repetía frente sus ojos, pero esta vez era diferente . Apretó sus dientes antes de colocar su mano sobre el mango de la katana apretando su puño alrededor de su mano inmovilizados mientras se arrodillaba frente este comprendiendo al instante lo que había hecho y contra quien - ….-No sabía que decir, si es que había alguna palabra que pudiera ser necesaria en aquella situación , un nudo en su garganta afloraba mientras las piezas se unían en su cabeza -No sabía…-sus palabras se cortaron,¿Que importaba si eran sus aliados o los de cualquier otro? Había demostrado lo que era un demonio, un demonio con la sangre fría para matar y arrasar todo lo que se le ponía por delante , no había excusa y aun así moría por dentro intentando buscar alguna palabra que le ayudará a explicar que no quería herirle, no a él.

-Que hagas esto no solucionara nada -por fin algo coherente salió de sus labios- los que han muerto hoy no lo han hecho para que tu te quites la vida frente ellos -posó su otra mano sobre el filo de la katana tratando de quitársela de sus manos lentamente mientras esta abria una herida en su mano la cual ni notaba en aquel instante no sentia nada más que su corazón retorciendose dentro del pecho, miró el rostro ajeno mientras comenzaba a creer que su destino era encontrarle siempre en peligro.







Gracias Caesar ~<3
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Tema Privado Re: Ⅲ | Nuevo amanecer ⍫

Mensaje por Caesar Black el Vie Feb 08, 2019 4:09 pm

S
l entía la muerte abrazarle con sus gélidos brazos, para llevarle lejos de la vida. Con el filo de sus espada apuntando a su pecho, sintiendo el ardiente punzor de su hoja, abrazando su piel antes de que este siquiera le tocaba. Su pureza era mortal para un ser como él, nacido, por desgracia bajo el seno de un ser maldito y escondido bajo un manto oscuro que le protegía de la luz.  Aun asumiendo ese hecho, sus manos temblaban, no de frío. No. Eso era imposible, sino de temor. Ese miedo irracional a lo desconocido, aun cuando se había hecho a la idea, siempre daba ese pequeño paso hacia atrás, deseando que algo o alguien le parase y le dijese que realmente estaba cometiendo un error, que aún tenía algo que hacer en este mundo y que su vida era importante. Y tal y como si el destino caprichoso y retozón, danzase por su alrededor en aquel momento, alguien apareció. Le agarró la mano y  como un susurro, primero le dijo algo que al principio se le hizo difuso. Luego sus palabras se fueron haciendo escuchar en los ensordecidos oídos del albino. Justo le había dicho lo que ansiaba oír, pero aún no deseaba soltar su katana, se había arraigado demasiado a la idea de ceder su vida por el bien de su pueblo. Sin embargo, las palabras de aquel extraño habían sido mucho más cálidas y contrarias a las de Alucard ¿Quién tendría la razón? Bueno, eso no importó, pues por el momento logró relajar su agarre cuando el intenso olor a sangre inundó sus fosas nasales.

Aquello le despertó completamente del trance y lo que antes era una imagen difusa, ahora se veía con completa claridad una mano pálida y traslúcida agarrando el filo de su arma. Entonces la soltó, algo impactado sin saber si por la cantidad que había impregnado la hoja, por su propia sed de sangre o por el pequeño shock que acababa de superar.

Q- … ─ tartamudeó y vaciló al principio, cayendo hacia atrás aturdido.

Sus ojos desorbitados y confusos intentaron buscar a su “salvador”, dando con un par de luceros plateados y profundos. Conocía esa mirada, esta vez sí, era inconfundible.

Tsukinome...─ balbuceó, recomponiéndose ─ No...Luka ─ dijo un poco más claro, al recordar su nombre como si hiciera escasos segundos que se lo había revelado, poseyendo ese recuerdo aún latente en su mente.

Poco a poco se fue incorporando, mirando de cerca al extraño hombre que hacía poco tiempo atrás le acompañó en el extraño baile del señor de los vampiros.

¿Que haces…?

No completó esa pregunta. Sus ojos se dirigieron enseguida a la respuesta. ¿Que qué hacía allí? La hoja de su espada, negra como todo su ser lo decía alto y claro. Durante un instante quiso negarlo. Sí. Había sido tan ingenuo como para creer en la palabra de un fiel siervo de Alucard y por ello había pagado un alto precio.

Era cierto... ─ Murmuró lleno de vergüenza y decepción, mientras una abundante lágrima surcaba una vez más su mejilla. ─ Tú...tú me engañaste ─ mencionó, alzando su mirada hasta hacerla coincidir con la de él ─ Eres un demonio, ¿Cómo pude ser tan estúpido? Alucard tenía razón, me dejé cautivar por tí, tanto anhelaba el… que me dejé… ─ murmuró por último antes de fruncir el ceño.

En ese momento se alzó y con las pocas fuerzas que le quedaban se abalanzó contra el demonio colocándose encima mientras le agarraba el cuello con una mano y le empezaba a golpear a puño cerrado con la otra.

¡Tú los mataste! Bestia asquerosa, ¡Tú y nadie más eres el culpable! ¡Me engañaste y por tu culpa están muertos! Tú has sido el que me los ha quitado, ¡Eran todo lo que tenía y me los has quitado! Tú deberías estar muerto, eres tú quien debería morir y no ellos. Hijo de Satán maldito, muérete y púdrete en el puto infierno ─ Gritaba.

Gritó tanto que se podía escuchar el llanto de su alma destrozada, gritó...hasta que su garganta se desgarró y ya no podía gritar más y golpeó, hasta que sus nudillos sangraron. Aún así no podía dejar de golpear, aún con su brazo dislocado por el ímpetu de sus golpes y su cansancio por la batalla librada. Sentía que debía seguir vengando aquello de lo que ya no había retorno. Sin embargo, a pesar de todo y aún teniendo la katana cercana a él, era tan débil que era incapaz de dar muerte a la bestia. Solo podía llorar y dejar que sus lágrimas cayesen como gotas de lluvia sobre la cara y el pecho del azabache. Así, poco a poco dejó de golpear, para únicamente parar y permanecer cabizbajo y perdido, en silencio, solo escuchando el fuerte sonido de su respiración que dejaba ver en claro su agotamiento, mas no sabía de qué: La batalla, la vida, esta lucha, el golpearle… Habían tantas cosas que una vez más se sintió perdido, sí, pero agotado.


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Tema Privado Re: Ⅲ | Nuevo amanecer ⍫

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