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Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos. Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.
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-Sí... ya revisé la ruta de despacho... sí mamá, va a llegar a tiempo... ajá... ¡es idéntica a la original! ...sí... la de la enciclopedia de la abuela... ajá... en la repisa junto al mostrador... sí, se verá genial...- estaba echada sobre mi cama, de espaldas, mientras hablaba con mamá. Enredaba el cable del teléfono en mi dedo índice, porque sí, uso un teléfono de cable. Es que la calidad de la línea fija es mejor. Además, me gustan los teléfonos antiguos, son tan vintage.


Hablábamos de mi auto regalo de cumpleaños. En e-bay encontré la réplica de una estatuilla super antigua que está en un templo dedicado a una deidad pagana. Se dice que la original contiene el espíritu de un demonio muy poderoso que fue encerrado por un sacerdote y un ángel en una batalla ancestral. Mi abuelita tiene una grande de madera en su jardín y es preciosa, siempre he querido una. La que yo encontré es de tamaño real, que es como de 15 cm. de alto. Perfecta para la decoración de mi librería. Además, esta es una imitación, de vidrio negro con vetas azules. -Y es perfecta, má, es perfecta-

La víspera del cumpleaños de Milli, a Salem's Books llegó un mensajero. Vestía de negro -extraño uniforme a decir verdad- cargando una cajita de madera. Milli recibió entusiasmada el paquete, firmó el recibo y despidió al hombre. Entró emocionada a la trastienda y corrió a buscar un martillo para sacar los clavos que aseguraban la tapa. Le costó un poco, estaba fuertemente asegurada.

Entre bolitas de poliestireno inflado, estaba la estatuilla. Millicent la sacó con cuidado, sus ojos abiertos de par en par, maravillada con la perfección del pulido, el brillo del vidrio, las vetas que atravesaban la figura. Era mágico. Hasta parecía que se movieran dentro del cristal. Era pesado y maciso. Y... ¿brillaba un poco?

Lo puso en el estante donde le había hecho espacio. Definitivamente se robaba toda la atención. Todos los clientes que llegaron aquella tarde tuvieron palabras para la estatuilla. No pasó desapercibida para ninguno.
-Parece que te sigue con la mirada- comentó la señora Kura. -Las líneas azules se mueven como si estuviera respirando- observó, con preocupación, la pequeña Kumiko. Milli sonreía -Es que el espíritu de un demonio vive allí- bromeó. Pero la niña lo creyó y se escondió detrás de las piernas de su madre.

El día había sido muy bueno. Había cerrado la tienda tarde, pues un cliente se había quedado conversando con Milli acerca de la historia de una bruja americana que supuestamente había maldecido a la familia de ese hombre y por eso todos tenían un lunar con forma de perro en la nalga derecha. A pesar de lo absurdo de la conversación, a ella le parecía divertido y valía la pena quedarse hasta tarde conversando con él. Como la tienda quedaba debajo de su departamento, no le importaba mucho la hora en que cerraba.

Estaba de buen ánimo, el día siguiente era su cumpleaños, así que se puso a hornear unas galletas con chocolate. Iba por la cuarta bandeja en el horno cuando escuchó un ruido en la tienda. Agarró una escoba y bajó, envalentonada por las tres copas de rosé que se había tomado. Bajó las escaleras con sigilo, evitando hacer ruido. Al llegar abajo, encendió la luz rápidamente. Se sentía intrépida, cazando a su presa. Recorrió todo el lugar, sin encontrar nada.

Pero al pasar en frente del estante, no pudo evitar quedarse viendo la figura. Sí, definitivamente parecía que siguiera con la mirada y que las vetas crecen y se empequeñecen, como si respirara. Lo pensó un par de segundos antes de agarrar la estatuilla y correr con ella a la trastienda. Su mente trabajaba a mil por hora. Hizo un espacio en el piso, corriendo varias cajas de libros. Tomó una tiza blanca y dibujó un pentagrama sencillo en el piso, colocando la figura en el centro.

Buscó cinco velas y, una por una, las encendió a medida que las ponía en las puntas de la estrella.

La estatuilla F2bac4b3468ab0299f23be423de1ecd2

-Lirach Tasa Vefa Wehlic, Belial- recitó al encender la primera vela. -Renich Tasa Uberaca Biasa Icar, Lucifer- al dar fuego a la segunda. -Ganic Tasa fubin, Flereous- fue la oración de la tercera. -Jedan Tasa hoet naca, Leviathan- rezó para la cuarta. -Tasa reme laris Satan- dijo, cerrando la invocación de los elementos. Aguardó en silencio un rato. Pasaron varios minutos y nada -Ay, no sé qué se me pasó por la cabeza... como si la estatuilla original fuese a costar 250 dólares- se dijo, haciendo un gesto con la mano y volteando los ojos -Qué ingenua soy, ¿qué esperabas que ocurriera, Millicent? ¿Que apareciera un demonio? ¡Jhá! Tonta de mi- se reía, pero un chasquido repentino la hizo sobresaltar.


Las flamas de las velas crecieron y un extraño viento se arremolinó en la habitación. Se hizo más fuerte, obligando a la bruja a dar unos pasos hacia atrás y agarrar una caja vacía que se cayó de su estante. El piso comenzó a temblar, haciendo saltar una silla que había en un rincón. En el centro del pentagrama, la figurilla vibraba, brillando con fulgor. Sacudiéndose con fuerza, se elevó en el aire y comenzó a desdoblarse ante la sorprendida mirada de la joven.

-No puede ser... no puede ser... no puede ser...- se repetía la chica, atónita, una y otra vez. No podía creer lo que veía. Lentamente, la figurilla crecía y adoptaba una forma humanoide. Unos instantes después, había alguien frente a ella, que la miraba con unos brillantes ojos azules.

El grito de Millicent se pudo escuchar hasta la India.


Última edición por Millicent Valnor el Jue Dic 13, 2018 9:39 am, editado 1 vez
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Una batalla contra varios sacerdotes y un ángel...mi poder siendo arrancado de mi cuerpo a la fuerza, y finalmente oscuridad; Eso fue lo último que alcanzaba a recordar, fui demasiado descuidada, no esperaba que una invocación tan concreta tuviera como único objetivo acabar conmigo y si bien logré esquivar a la muerte no era capaz de discernir si el destino que me deparó en su lugar era peor o un alivio. No pude hacer nada, quizás debiera alegrarme de que a costa de tal acto los responsables perdieron la vida, pero no me consolaba realmente, después de todo ahora no era capaz de ver ni oír nada, ni si quiera podía moverme y todo debido a que ahora estaba encerrada en una maldita estatuilla ¿De verdad? ¿La Reina de los Demonios ahora no era más que una prisionera en una baratija humana? Qué calamidad, era como si una bruma densa y oscura cubriera todo a mi alrededor, lo único que podía hacer era dormir y así lo hice, de todas formas, no tenía nada mejor que hacer y mi poder no era suficiente para escapar por mi misma.

Los años pasaron, deseaba que en algún momento el sello se liberara por su cuenta, quizás se debilitaría con el tiempo, eso es lo que pensé los primeros cien años, pero nada, aquel tonto humano se había asegurado bien de que no pudiera escapar de ningún modo. Si al menos pudiera moverme, hacer algo por ejercitarme, tendría algo con lo que matar el tiempo, tan aburrida...que frustrante era no poder ver que había en el exterior, no ser capaz ni de hablar. ¿Cuanto se supone que iba a estar aquí sellada? ¿Acaso sería durante toda la eternidad? En fin, al menos estaba viva y la fuerza que tenía actualmente si bien no era toda la que poseía en un principio, por lo menos no sentía que menguase, bien, si lo único que podía hacer era dormir pues eso es lo que haría...seguiría durmiendo hasta que el mundo acabase.

O eso es lo que pensé que me esperaría, pues 700 años más tarde sucedió algo que no esperé que pasara jamás. La bruma que cubría todo a mi alrededor se comenzó a mover, se disipaba poco a poco como  si el viento mismo estuviera alejándola, veía grietas formarse por todos sitios de los cuales emanaba haces de luz oscura y además oía una voz, no hablaba, más bien recitaba cánticos demoníacos, vaya hacía tanto que no los oía...bueno...no había oído nada realmente, así que era agradable escuchar sonidos tras todo este tiempo en la más absoluta oscuridad.

La bruma terminó por desaparecer, las grietas fueron sumándose una tras otra y así, el momento que tantos años había estado esperando llegó, al fin podía escapar. Cuando las grietas causaron la total ruptura del entorno en el que yacía encerrada fui liberada; abrí los ojos y ahí lo vi todo, un lugar extraño en el que no había estado nunca, cientos de objetos desconocidos, no parecía que estuviera en un templo ni mucho menos en el mundo de los demonios; mi cola demoníaca se movió ligeramente, me estiré para desperezarme y finalmente alcé los brazos, gritando con energía. -¡Sí, por fin soy libre! ¡Ahora finalmente podré...! Un segundo primero tengo que ver que todo está en su sitio... Metí la mano en el pequeño bolsillo de mi vestido azul, y me miré. Había cambiado mucho, mis cuernos habían menguado, ya no eran puntiagudos, mi cola cambió de aspecto también y por el resto de mí...me veía como una niña...arrojé contra el suelo el espejo y notablemente molesta miré al techo de nuevo alzando los brazos, quejándome de mi situación. -¡Maldita sea! ¡¿Esto es lo que queda de mí después de aquello?! ¡Devuélveme mis poderes maldito sacerdote!

Di un profundo suspiro, yo quien otrora había sido una temible Reina Demonio, reducida a esto, que frustrante...podía sentir que muchos de mis grandiosos poderes habían desaparecido, sólo me quedaban a mi disposición unos muy básicos, poderosos pero básicos, ¿Qué se suponía que iba a hacer ahora? Procuré tranquilizarme un poco, me crucé de brazos y dije resignada. -Qué se le va a hacer...al menos ya estoy libre...¿Es esto el mundo humano? Volteé la vista y ahí la vi, se trataba de una joven de cabello oscuro con gafas que me observaba como si hubiera visto un fantasma, yo le sonreí con dulzura, coloqué una mano en mi cadera y alcé la otra a la altura de mi cabeza, dándole así un saludo. -¡Hola! ¿Has sido tú quien me ha liberado? Vaya muchas gracias, después de ochocientos años pensaba que iba a tener que quedarme ahí para siempre.
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"Aparta la hoja de la carne de los inocentes, mantén el equilibrio entre el bien y el mal, no comprometas a la orden" fueron las palabras que me dijo el Arcángel antes de enviarme a la tierra, había esperado siglos para este momento y estaba ansioso por esperar mi viaje en este mundo. Podía sentir el aire al caer en picada, las nubes se abrían para darme el paso y un gran resplandor de luz iluminaba mi caída y mi llegada, sin embargo, como un novato de la orden, no tenia la libertad que tenían otros miembros.

Mientras caía desde el cielo, recordaba mi objetivo como si de memoria lo hubiera estudiado " Tu primer objetivo en la tierra Amalek, es vigilar a una demonio. Pero no te confíes, tu primer misión no es la mas fácil y me atrevo a decir que es la mas difícil, sin embargo veo en ti el poder y la confianza para llevarla a cabo. Una demonio fue liberada en la tierra, no es cualquier demonio, es una reina. "

No podía creer que en mi primera misión, tendría que vigilar a una reina demonio. El Arcángel debía confiar mucho en mi si creía que podía llevar a cabo esa misión, por eso no tenia intenciones de decepcionarlo. Lo primero que pensé es a que se refería con "vigilar", ¿debía llegar, aterrizar y decirle "hola, vengo a vigilarte"?, no, claro que no debía hacer eso.

Cada vez estaba mas cerca de la tierra, prepare mis piernas y dando un completo giro aterrice golpeando el suelo, rápidamente oculte mis alas y mira el cielo, las nubes se cerraban y el resplandor de luz desaparecía lentamente. Solo era una señal, de que ahora todo dependía de mi, no podía confiar en nadie mas.

Una librería se encontraba adelante mio, sin embargo con la armadura que llevaba puesta no iba a durar mucho escondido, aunque podía decir que era otra clase de persona. Era de noche por lo que parecía estar cerrada, así que me acerque a la entrada y di dos golpes, un poco mas fuertes de lo normal, no estaba acostumbrado a dar esta clase de visitas.

- ¡Vengo del cie...! -No, no, debía mantenerme oculto, nunca fue lo mio mantenerme oculto, eso lo sabían mis maestros, pero ahora debía ponerme a prueba a mi mismo - cielatro, una ciudad... cerca de aquí, no muy conocida. ¿Hay alguien?. - Si, yo podía sentir la presencia oscura, mi Arcángel me lo avisaba en forma de señales, sabia que adentro se encontraba la reina y si no abrían por las buenas, debía entrar por las malas.

Sin embargo, no sabia por que razón debía vigilar a esta demonio, y quizás no es por lo que yo pensaba, quizás solamente debería decirle que soy un ángel y que la quiero proteger, de esta manera ella no se sentiría atacada. Aunque esta claro que los ángeles y los demonios nunca se llevaron bien, quizás la reina no pensaba igual que todos, y había una oportunidad de vigilarla sin tener que mantenerme oculto, de todas formas era sabido que un demonio se invocaba a través de un ritual y que esa reina no estaba sola, podía haber toda una secta dentro de la librería, un ejercito de demonios incluso, no seria noticia si es una reina la que debo vigilar.

Sin importar mis intenciones, debía hacer caso a las advertencias y consejos de mi maestro, y seguramente iba a tener que volver seguido al cielo. Me sentía debilitado, probablemente por estar demasiado tiempo en el cielo y no saber que era la oscuridad. Ahora que la siento, podía sentir... miedo.
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Estaba perpleja. No podía creer lo que veía. ¿La figurita de vidrio era la original? ¿Eres tú, magnífica Lucielle, Reina de los Demonios, Gobernante de las huestes de Satanás? ¿Eres verdaderamente tú? ¿Y era tan bajita?

Todas esas preguntas quise hacer, pero ninguna salió de mi boca. Al abrirla, salió un -¡Ghaaaaaa!- incomprensible. ¿Estaba viendo a una magnífica demonio o soñaba, ebria, acurrucada en la cama de Salem? No sería la primera vez que eso ocurre. Los sueños más locos los he tenido en la cama de mi gata.

Estiré la mano, que me temblaba como si tuviera un avanzado estado de Parkinson, y puse mi palma en la frente de la niña
-Eres real...- musité con apenas un hilo de voz. Ella era bastante tibia al contacto, su temperatura la sentí más elevada que la de una persona normal. Pero vamos... que ella no era una persona. No. Ella era una estatuilla hace unos instantes. Estiré la otra mano y sostuve el pequeño rostro. Era muy bonita y sus ojos me embelesaron. No sé cuánto tiempo quedé prendida a en su mirada. Un hormigueo comenzó a ascender desde la planta de mis pies, por mis pantorrillas y muslos. Metiéndose en mi entrepierna subió por el centro de mi cuerpo hacia mi pecho. La solté apenas caí en cuenta que esa sensación era poder, fuerza... oscuridad.

-Pero eres pequeñita... no... esperaba que fueras así- fue lo que por fin dije. De inmediato me di cuenta de mi imprudencia y me tapé la boca -Perdón- solté, nerviosa.

-Soy Millicent y yo...- comencé a hablar, pero unos golpes en la puerta me hicieron callar. Di un respingo -¡Ay!- los nervios incrementaron. -¡Está cerrado!- grité, corriendo nerviosa hacia la puerta. No llevaba más que un camisón de pijama, medias y calzón. Tenía los anteojos torcidos e iba despeinada, pero esos detalles se me escapaban. ¡Tenía una demonia en la bodega! Para nada iba a estar pendiente de mi pelo.

No sé por qué abrí la puerta. Bueno, la entreabrí y asomé la cabeza. El olor de las galletas en el horno invadía todo el lugar y un delicioso vaho con su perfume se fue a estrellar al rostro del chico.
-¿Sí? Es que ya está cerrado- dije, mirando sin disimular al muchacho que estaba frente mío, de arriba a abajo y de vuelta. Era muy alto y rubio. Endemoniada e insoportablemente guapo, vestido de una manera muy curiosa. ¿Vendría de una comicon? -¿Qué necesitas?- pregunté. Se podía notar claramente que estaba nerviosa y quería que se fuera pronto.


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Aún no era capaz de creérmelo, después de tanto tiempo al fin era libre, no cabía en mi gozo, ahora que ya había salido de esa estatuilla en la cual me habían encerrado tenía mucho por hacer, recordaba vagamente como antes de ser sellada mi poder fue sustraído de mi ser y tanto poder demoníaco es imposible de mantener en un cuerpo mortal, mucho menos en uno celestial, por lo que pude que en alguna parte esté mi poder encerrado, mentiría si dijera que quería poner toda mi atención y preocupación en ello, en pensar en el pasado para recapitular y hacerme una idea de dónde podría estar el poder que me fue robado, pero ahora estaba más pendiente de quien me había liberado, ella se veía bastante extraña y actuaba de un modo mucho más extraño. Su vestimenta no se parecía nada a lo que recordaba de las indumentarias que la gente de mi época solía vestir pero no fue eso lo que me dejó confundida sino el cómo me miraba.

Sus ojos...era como si nunca antes hubiera visto a un demonio, incluso parece ser por cómo me tocó la frente que necesitaba comprobar mediante el tacto que yo era real y como no, ya tardaba en salir ese comentario acerca de mi estatura, algo que me molestó bastante. -No soy pequeña, aunque no lo parezca tengo 800 años. Las presentaciones no duraron mucho, ella fue la primera en decir su nombre, pero enseguida llegó la interrupción; una voz desconocida se hizo presente, me giré al momento en que la chica, Millicent, habló, la voz provenía de la puerta, en este punto hubiera pedido explicaciones, un poco de información de donde estaba pero no fui capaz de hacerlo.

Justo cuando iba a abrir la boca, me llego una aroma que no había olido antes...ese aroma tan delicioso me hechizaba como si de un conjuro se tratase, mi piernas se movieron prácticamente solas, una tras otra, paso tras paso hasta llegar al paradero del olor. Provenía de encima de la mesa que me encontré al entrar en este lugar que era muy diferente a la habitación de antes, no sabía describir dónde estaba. Tuve que agarrar una silla que había cerca de la mesa y subirme encima para poder ver de qué se trataba, un golpe bajo para mi orgullo pues significaba que sí, efectivamente era pequeña, pero lo que vi enseguida hizo que me cambiara el rostro por una gran sonrisa.

Ahí estaba, varias bandejas con cosas circulares que tenían motitas de color marrón, desprendía un aroma dulce, podía sentirlo, para mí se veían como una bandeja llena de joyas, agarré una y la llevé a mi boca, dándole un pequeño mordisco, en ese momento el sabor me impactó de lleno...estaba delicioso, era la primera comida que probaba desde hace una eternidad pero era más que eso, ésto sabía mejor que cualquier otra cosa que hubiera probado en mi juventud. -¡Que demonios es esto, está condenadamente rico! me terminé la primera y seguí comiendo rápidamente, una por una devoré todas esas cosas circulares dulces hasta que no quedó ni las migajas en las bandejas, me dejé caer quedando sentada en la silla y con una sonrisa en el rostro dije satisfecha. -Es lo mejor que he probado nunca.

Ya que había comido, decidí investigar un poco qué era este sitio. Me llamó la atención una especie de caja rectangular que había detrás de mi encima de un lugar más alto que la mesa, acerqué la silla y clavé la vista en esa extraña caja. Lo que averigüé de ella fue que tenía algo para agarrar, un cristal del que se podía ver el interior, algunas especie de números y yo curiosa fui toqueteandolo todo, hasta que de repente la caja hizo un sonido y se iluminó, en ese momento el susto hizo que me equipara el guantelete derecho y golpeara la caja dejándola totalmente destrozada. -Se ha movido...

Me bajé de la silla y me apresuré a buscar a Millicent, ya que había sido liberada en este lugar ella debería saber qué eran esas cosas dulces y la caja que se iluminó. Cuando volví a donde estaba señalé en la dirección de donde venía y dije alegre y orgullosa. -¿Milli no? En esa dirección habían unas cosas dulces riquísimas ¿Qué son? Oh, y también  una caja rara que se iluminaba y hacía ruido pero no te preocupes ya la he destruido.
Lucielle Valnor
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Espere un gran rato a que alguien por fin me abriera la puerta, no sabia por que razón estaban tardando tanto, quizás intentaban tapar las cosas demoníacas, típico de novatos. Lo extraño de todo, era la mujer que abrió la puerta, me miro de arriba a abajo y pregunto que necesitaba, ahora solo tenia unos segundos para pensar en algo rápido.

Sin embargo entre-cerré los ojos cuando note que estaba nerviosa, despeinada, rara. Y todo se puso mas raro, cuando una niña empezó a hablar sobre una caja que se iluminaba, eso era aun mas extraño todavía y probablemente se refería a algo demoníaco, tenia que ser parte de su plan.

Los humanos eran criaturas tan extrañas y a la vez tan increíbles... con solo verlos recuerdo estar mirando el mundo desde arriba, pasar horas de mi tiempo libre mirando la tierra era increíble. Sin embargo, ahora que me encuentro en ella no puedo hacer las cosas que yo quería hacer en el pasado.

Debía decir algo antes de que empiecen a sospechar - Si, así es. Venia de un comic-con de... esos. Me acaban de robar y necesito llamar a las fuerzas legales terrenales... - Aunque eso no iba a funcionar, con solo mirar a las dos mujeres, podía saber que una de ellas dos era la reina demonio, la otra era la invocadora. A menos que claro, adentro haya toda una secta.

- Ademas... estaba pasando por aquí y escuche unos ruidos así que creo que podemos ayudarnos mutuamente. - Maldición, tratar con humanos era cada vez mas difícil. Sin embargo no podía sacarle la mirada a la pequeña, tenia el presentimiento de que algo escondía... o quizás solo estaba imaginando y solamente son dos chicas divirtiéndose.

Puse mi mano en la puerta por instinto, por pensar que ella iba a cerrarla, y mi cara cambio completamente, a una cara seria sin ninguna sonrisa. En ese momento recordé como se llamaban las fuerzas legales terrenales, los "policías". Si, eso iba a servir - Escucha necesito llamar a la policía, por favor sera rápido.  - dije sacando mi mano de la puerta lentamente y sonriendo.
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Yo solo quería despachar al tipo y cerrar la puerta para volver con la demonia y buscar qué hacer con ella, necesitaba llamar a mamá y a mama Aya, ellas sabrían qué hacer. Pero este hombre tenía otra idea. -Yo... no.. ahora estoy muy ocupada, lo siento...- comencé a decir, cuando escuché un golpe que venía del segundo piso. Ahora necesitaba con más apuro el deshacerme de este muchacho.

-¿Ruidos? ¿Qué ruidos? Aquí no pasa nada- dije, riendo nerviosísima. Sí, claro, así me iba a creer. Exhalé por la boca. Me llevé la mano hacia la frente, había comenzado a sudar frío y a sentir un poco fatigada. Así como cuando se te baja la presión, que te mareas un poco. Asumí que era el agotamiento por la invocación. Era eso, o que estaba ante la presencia de algún objeto bendito.

Y yo en casa no tenía nada de eso. Sí tenía un dibujo de la virgen María, pero era profano, estaba maquillada como Marilyn Monroe. Miré al chico a la cara y su expresión se endureció. Insistía en entrar a mi casa. -¿Qué te pasa?- le pregunté, con la lengua embotada. Comencé a verlo borroso. Lucielle había bajado, estaba tras de mi diciendo algo de una caja con luz que hacía ruidos y unas cosas dulces -Galletas- dije, el malestar se hacía más y más grande.

El mareo se hacía más y más fuerte, el chico seguía ahí y estaba segura que era él quien me causaba daño. Me sentí amenazada, en peligro. Y pánico. Por eso lo hice. Juro que no lo pensé bien, ni las consecuencias. Tampoco que sería tan grave. Me cubrí la cara con ambas manos y pronuncié palabras prohibidas.


Hubo un momento de absoluto silencio y quietud. Todo se paralizó. Una leve vibración dio paso a un temblor que hacia saltar los libros de los estantes. El pentagrama de la bodega se iluminó y su centro se abrió hasta que quedó un oscuro agujero del que, raudos y veloces, cientos de espíritus y demonios, altos y menores, salieron disparados hacia Eadrom. Millicent, en su desesperación, confundió el hechizo de invocación y en lugar de conjurar a sus pequeños golems, había abierto un portal entre el infierno y la tierra.

La tierra de la oscuridad se había agitado al sentir el despertar de su reina. Durante siglos, habían buscado la manera de apoderarse de los objetos que mantenían atrapados y así absorber el poder de Lucielle. Cualquiera de ellos podía convertirse en rey o reina de los demonios gracias a ello. Por esa razón, todos esos seres de la oscuridad buscaban desesperados una forma de salir para encontrarlos antes que ella. Y Millicent les entregó una puerta enorme que no sabía cerrar.


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¿Galletas? Así que ese era el nombre del manjar que yacía en esa habitación, yo cuando las vi pensé que se llamarían círculos o ruedas dulces, pero se llamasen como se llamasen una cosa tenía clara y es que eran deliciosas, tenía que tener más, quería volver a comerlas otra vez a como diera lugar pero aunque sin dudar hubiera pedido a Milli que me hiciera más, no lo hice, pues la notaba un tanto extraña, no es como si fuera una experta en el comportamiento humano pero hasta yo podía decir que algo le pasaba, no estaba como cuando me invocó hace poco, era como si estuviera nerviosa e incómoda por algo o alguien, yo curiosa me quise acercar más a ella para intentar ver por un lado de la puerta a ver si veía quien era el responsable de el estado actual de quien me había invocado. -¿Ocurre algo malo? ¿Hay algún enemigo ahí fuera? Con Milli ahí delante de la puerta y ésta apenas abierta no podía ver bien de quién se trataba, sólo podía oír una voz masculina, el individuo en cuestión sonaba muy insistente, por lo visto quería pasar a toda costa para llamar a alguien llamado "policía" entre cómo sonaba el susodicho y cómo estaba Milli me hicieron entender que no podía tratarse de nadie bueno. Fruncí el ceño dispuesta a plantar batalla y dije para que el otro me oyera. -Oye tú, como no te vayas te voy a dar una pat....

interrumpí mi frase al notar un cántico de labios de Milli, uno que me sonaba bastante, tuve un mal presentimiento y el temblor del edificio no auguraba nada bueno. -No, no no, que no sea lo que pienso. fui hasta el lugar donde sentí que se originó el temblor, era el mismo sitio en el cual me habían invocado. Desde el mismísimo centro del pentagrama se veía un portal que conectaba el mundo humano con el infernal, de éste salían despedidos todo tipo de demonios, unos riendo otros emergían con un chillido hasta el techo el cual atravesaban saliendo al exterior. -Lo sabía, lo sabía...¿Por qué tenía que pasar ahora esto? intenté ocuparme de los que podía; envolví mis manos en mis guanteletes demoníacos y fui disparando un haz de láser oscuro a cada uno de ellos, matándolos al instante y desintegrándolos, por desgracia unos eran más ágiles y lograban escapar, como consecuencia el ataque abría un nuevo agujero en el techo con un fuerte estruendo. Diez demonios matados fue mi máximo, dirigí mi atención entonces hacia el portal demoníaco que yacía abierto y del que seguían saliendo criaturas. -Arg...no va a quedar más remedio...tengo que cerrar esto. pronuncié unas palabras incomprensibles, en idioma demoníaco y poco a poco el portal se cerró. Esto era una fatalidad para mí, tantos demonios saliendo en manada, seguro sabiendo que podían hacerse con mi poder, en ese lugar las noticias volaban rápido y ahora que alguien les confirió el sistema para ir al mundo humano sin necesidad de contratos con humanos, tendría muchos enemigos que buscarían mi poder sellado para hacerse con el y reclamarlo como propio. La presión, frustración e impotencia me pudo...no fui capaz de aguantarme más tiempo y me dejé caer de rodillas al suelo, llevé mis mis manos a los ojos y empecé a llorar. -¿Que voy a hacer ahora? Con tantos demonios sueltos y mi estado actual va a ser imposible recuperar mis poderes. me dejé caer al suelo y empecé a patalear frustrada mientras seguía llorando. -Malditos monjes, condenados ángeles, todo es culpa de esos cerebro de pluma ¡Quiero mis poderes de vuelta!
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Pasar a la casa era algo imposible, aquella mujer no quería por nada del mundo que entre y sabia en el fondo que algo escondía, mire mi alrededor y esta vez estaba decidido a pasar, sin embargo la mujer empezó a tambalearse, se tocaba la frente como si algo le pasaba... ahora entendía que era lo que pasaba, ella tenia magia oscura y mi presencia la debilitaba, acababa de bajar del cielo y estaba mas fuerte que nunca, la luz me rodeaba en secreto y eso era un problema para ella.

Pero en unas palabras que no pude entender, todo cambio en apenas segundos, un portal entre la tierra y el infierno se había abierto, querían asesinarme, tenían miedo, pero yo no quería hacer daño... ¿por que?, ¿así eran los humanos?. Rápidamente la oscuridad empezó a lastimarme a gran escala, me sentía debilitado, un demonio que salio por la puerta me tiro de espalda.



Toque mi pecho frunciendo el ceño y gateando para el bosque rápidamente, pero un dolor de cabeza empezó a ocurrir, voltee para ver la casa y veía como demonios y magia oscura salia de ella... una voz empezaba a sonar en mi cabeza.

"¡Quédate y pelea Amalek!...¡Levántate, levántate, levántate, levantateeeeee!" Sonaba en mi mente una y otra vez, no paraba de gritarme, quería que peleara.

- ¡No puedo Zariel... no puedo por favor! - Dije con mi corazón bombeando cada vez mas rápido mientras mis labios se secaban. No podía enfrentarme yo solo, no... demasiada oscuridad. Me levante y empece a correr hacia el bosque sin pensarlo, abrí mis alas y tome vuelo en un salto rápido hacia el cielo.

Entre en la dimensión al llegar a las nubes y aparecí en los jardines del fuerte, Zariel estaba ahí, me miro corriendo hacia mi y abrazándome, acariciando mi cabello - Tranquilo... ya estoy aquí. - sus manos me transmitieron una tranquilidad y felicidad que no podía describir... era magnifico.

- Son... son demasiados Zariel, no puedo solo. -

- A este tiempo ya se escaparon por toda la ciudad, no te preocupes. - me soltó y abrió sus cuatro alas - ¿Quieres que te acompañe? - dijo levantando una ceja

- No necesito que me cuides Zariel... aunque si vendría bien tu ayuda -

- Eres la prueba de dios hermano, eres lo divino en persona, un ser de luz y bondad. ¿Esos demonios van a aplastarte, a ti, mi guerrero mas leal? - dijo riendo levemente, el tenia mucha confianza en mi.

- Tienes razón... debo volver y ayudar a Milli - Lo mire poniendo mi mano en su hombro - Gracias - dije con media sonrisa y dándole palmadas

Me miro y abrió un portal hacia el bosque - Cuando termines vuelve... no hagas nada con esos seres de oscuridad, ningún pacto, ni les muestres tus poderes, no por ahora. Van a matarte si lo haces -

Estaba por entrar pero me aleje mirándolo - ¿Por que? - dije intrigado ante aquellas palabras que había dicho.

- Por que su oscuridad es muy grande, capaz de corromper al ángel mas leal... y si llego a ver una pizca de oscuridad en ti, bajare yo mismo con mis ángeles a buscarte y traerte de vuelta... - hizo una pausa suspirando - Solo, ten cuidado y no hables demasiado con ellas, son los errores de los humanos y los demonios, ellos corrompen a la gente mas buena, te usan y manipulan y luego te apuñalan por la espalda... así funcionan. - Asentí mirándolo y dándole otro abrazo

- Gracias por cuidarme todos estos años... -

- Lo hare por siempre. -
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Cuando me di cuenta de lo que había hecho, ya era muy tarde. Una bola negra me golpeó la espalda y me mandó de bruces contra el piso. El poder oscuro que ahora inundaba mi librería y casa era demasiado, así que a medio incorporarme, vomité todo el contenido de mi estómago. Lágrimas corrían de mis ojos -¿Qué hice?- susurré angustiada. La fuerza de los seres huyendo hacia el mundo no me permitía levantarme, era una estampida que volaba rauda sobre mi cabeza.

De repente, todos mis malestares se me pasaron y los seres dejaron de pasar. Me pude poner de pie y corrí hacia la trastienda. Encontré a Lucielle en el piso, lloraba. Corrí a abrazarla -Recuperaremos tus poderes, te lo prometo- dije, apretando ala pequeña en mi pecho. Me partía el alma ver a una niña llorar así. -¿Tú cerraste el portal? Gracias- dije. Suspiré hondo, la reconforté el mayor tiempo que pude, pero al final la solté, necesitaba procesar un poco lo que había pasado.

Todo me vino de golpe. Había liberado a la reina de todos los demonios y también a todo un ejército de ellos. Me tapé la boca y la angustia me apretó el estómago. Volví a vomitar, aunque solo era bilis -No entiendo qué... qué pasó... yo... el conjuro... quería golems.... ¡no era esto lo que yo quería!- exclamé, confundida, perturbada, ebria aún.

Miré a la demonia, ahora era yo la que tenía los ojos llenos de lágrimas, deseaba con todas mis fuerzas echar el tiempo atrás y no haber comprado esa maldita estatuilla. Echarlo lo suficiente atrás como para no nacer siquiera. ¿Por qué soy así? ¿Por qué mis poderes son oscuros? ¿Por qué si hago una invocación aparecen demonios? Las demás brujas invocan espíritus del bosque, seres angelicales, espíritus de bondad. Yo no, a mí me sale lo contrario, por mucho que mis intenciones sean buenas. No puedo entrar a una iglesia, no puedo recibir ninguna bendición porque me enfermo, literalmente.

No sabía qué hacer, así que hice lo más sensato. Llamé a mi mamá.

Veinte minutos después, tenía en casa a mi madre y a mi abuela haciéndonos un té para los nervios y horneando más galletas. No salían de su asombro con lo que veían -La... Reina Lucielle...- susurró impresionada mi madre -¿Pero cómo es posible?- me preguntaba mama Aya -Yo no sé...- les decía -Fue una idea de ebria, no lo pensé mucho...- expliqué y las miradas de desaprobación me cayeron encima como bloques de piedra. -Sabes que no me gusta que bebas tanto, Millicent, esto te pasa por no medir tus vicios.- reprochó mamá.

-¿Pero qué vicios dices, mamá? Como si fuera una cocainómana o me inyectara heroína... solo bebo un par de copas de vez en cuando... sí... esta vez se me pasó la mano y tuve una mala idea...- renegué. -¿Y lo del portal? ¿Cómo lo explicas?- preguntó mi abuela, llevando un plato con galletas de chocolate a Luci -Había un chico...- comencé -No sé qué pasó con él- añadí. Cierto era que no había pensado en él después, había desaparecido. -Él insistía en entrar y yo tenía una demonia en casa, además me comencé a sentir muy mal, como si hubiese una cruz bendita cerca o algo así... mama Aya, yo entré en pánico, ¿okey? hice el conjuro para invocar golems, no sé qué salió mal y se abrió el portal. Salieron los demonios, Luci lo selló, yo las llamé y ahora estamos aquí. Eso fue todo.- expliqué y sorbí mi té.

Mamá se acercó a mí, poniéndome una frazada sobre los hombros -Hija, pues ahora tendrás que hacerte cargo de los demonios...- dijo -...de TODOS ellos- afirmó, levantando la mirada hacia Lucielle. -¿Cómo hago eso, mami?- pregunté, resignada -Pues a esta, deberás educarla y a los otros... matarlos- resolvió, tan pragmática como siempre.

La mañana siguiente, mamá y yo salimos a comprar ropa para Lucielle, tenía que inscribirla en el Takemori.





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Era tan frustrante, yo la que una vez fui llamada Reina de los Demonios, reducida a una niña que ni siquiera poseía la mita de poder que tenía en mi verdadera forma y encima todos esos demonios sueltos ansiosos por reclamar mi poder como suyo, tal como estaba incluso a mí me costaría horrores enfrentarles en uno contra uno, la verdad poco me importaba tener que enfrentarme a alguien para defender mi título de soberana, eso es algo a lo que estaba acostumbrada, más de una vez venía uno exigiendo su derecho como demonio de convertirse en Rey o Reina, pero ¿combatir yo ahora? Si usase todo el poder del que disponía actualmente me llevaría algo de tiempo recuperarme y no creo que los contendientes estén por la labor de luchar en un combate justo y me dejasen descansar, incluso puede de que hicieran alianzas para vencerme en grupo a cambio de puestos selectos en su nuevo reinado. Todo esto unido al hecho de que ni siquiera sabía dónde podrían estar los objetos en los cuales fueron sellados mis poderes demoníacos fueron los detonantes de que me echara a llorar. Como para no hacerlo vista mi situación.

A escena acudió mi invocadora que nada más verme fue hasta donde estaba y me abrazó consolándome diciendo que recuperaremos mis poderes además de agradecerme por cerrar el portal, yo me correspondí el abrazo, mi llanto había menguado un poco en cuanto a volumen, alcé la vista para verla, de nuevo la veía como si estuviera enferma, también lucía confundida y se preguntaba qué paso, diciendo algo sobre unos golem, yo ni tenía fuerzas ni ganas para decirle que se confundió en al menos cuatro o seis versos del conjuro que pronunció. Sí, algo típico en ésto de la magia negra, dos palabras mal dichas pueden ser la diferencia entre una potente bola de fuego destruye ciudades y convertir a alguien en rana. Intenté animarla un poco, después de todo esto no había sido culpa suya realmente, el estado en el que se encontraba y la complejidad de los conjuros oscuros fueron los culpables, no ella. Dejé de llorar y llevé mis manos a sus mejillas estirándolas un poco de forma suave buscando hacerla sonreír, yo sonreí también y le dije. -No te preocupes, todos cometemos errores, no es culpa tuya.

Tras esa escena de lágrimas, vi como Milli tomaba un extraño aparato con botones y luego hablaba, aparentemente sola. Veinte minutos después llegaron a la casa dos personas, una de apariencia más mayor que la otra, eran la madre y la abuela de mi invocadora. La madre al verme enseguida me reconoció ¿Incluso aquí me conocían? Seguro que había leyendas asombrosas sobre mí, eso me hizo poner las manos en las caderas y sonreír llena de orgullo. -¿Genial, verdad? La única e inimitable Lucielle en carne y hueso. Milli y su madre empezaron a discutir acerca de unos vicios, mientras tanto la abuela trajo una bandeja con esas galletas que tanto me habían gustado, yo me senté en el suelo, poniendo la bandeja sobre mi regazo y una a una fui devorando las galletas lentamente, para que me durasen. -Adoro las galletas. mientras comía, ellas dos seguían discutiendo hasta que la madre llegó a la conclusión de que para arreglar el problema causado debería ocuparse de los demonios sueltos y también de educarme. Eso fue como una punzada muy dolorosa en mi orgullo, yo que ya había acabado las galletas me puse en pie y señale a su madre algo indignada. -¿Educarme? Que sepa que tengo ochocientos años, ya soy una demonio hecha y derecha, sino consumo almas humanas es porque no saben muy bien. sacudí mi ropa para quitarme las migas de galleta y proseguí. -Y que no te engañe mi aspecto, una pelea con ángeles, monjes y ochocientos años encerrada destrozarían el vestido a cualquiera
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[En el Cielo]

Seguia hablando con Zariel sobre el asunto, el portal se mantenia abierto pero terminamos cerrandolo, todavia queria sacarme algunas dudas sobre todo el asunto, lo mire y nos sentamos en un banco que se encontraba en el jardín, ambos nos mirabamos.

- Ella lo hizo... su compañera es una reina demonio, no merecen mi presencia - le dije con un tono preocupado a Zariel, el siempre estaba calmado, sereno.

- Mira... no fue ella la que lo hizo, solamente estaba nerviosa al igual que tu. - dijo entre pausas, pensando sus palabras.

- La magia negra es un peligro, y con tener tal conocimiento es culpa de ella, ella las pronuncio cuando yo solamente me presente como una persona. - dije mirándolo con una mirada desafiante.

- Penso que querías entrar a robar o a hacer algo que no debías, pude sentirlo desde aquí - dijo tranquilizándome, pero nada de eso era verdad.

- Una reina demonio estaba a su lado, no me mientas Zariel... es como asustarse contigo al lado, nadie en este mundo lo haría. - dije sonriendo pero solo por unos segundos, el soltó una risa

- No voy a discutirte eso, no tenia razones para invocar los golems incluso si lo hubiera hecho bien... creo que tienes razón. - dijo terminando toda la discusión, al principio quería mostrarme que ella era buena, pero no pudo con lo que dije, yo tenia razón y eso estaba claro.

lo mire pero empece a escuchar una voz en mi mente, esa voz hizo que cayera al suelo tomándome la cabeza con ambas manos, intente levantarme pero no podía, Zariel me miraba sorprendido, o quizás confundido, pero no se movía, solo se quedo sentado mirándome...

La voz no dejaba de pronunciar las mismas palabras, hasta que la escuche claro, nada era lo mismo.

"Oh dios, arcángel Amalek, defiendeme de este demonio... por favor, por favor." Podia ver la escena clara, una señora agarrando una estatuilla de madera, era de un ángel con alas, era yo. La voz de una pobre anciana atormentada por un demonio liberado por la bruja oscura, mis ojos se volvieron luz pura al igual que mis alas.

Zariel puso una mano sobre mi, me levante lentamente y lo tome por el cuello, acercándolo hacia mi - Aléjate de mi... Cosmos. - dije apretando mis dientes y con un suspiro, lanzandolo contra una de las paredes, el me miro, respirando agitadamente - Es... es imposible, tu ya no. - no entendí lo que quizo decir, pero esta vez yo mismo abrí un portal entre el cielo y la tierra, adentrándome en este.

[En la tierra]

Me dirigía a gran velocidad hacia la ubicación donde habían rezado, esta vez llegue mas rápido tenia 4 alas. Aterrice y me acerque a la puerta, cuando toque el suelo, la noche se había vuelto de día, no tenia control de eso todavía. Pero si podía sentir, como me llenaba de conocimientos, como si al fin despertara de un sueño.

Apoye mi mano en la puerta, y con una luz cegadora la rompí, me adentre con una luz que cualquier demonio temblaría con solo verla, el demonio estaba al lado de la anciana. No parecía sorprendida de verme, si no que feliz.

Vole en círculos hasta el demonio, tomándolo del cuello y rompiendo la ventana de la casa para salir de esta. Lo tome del cuello y lo acerque hasta mis ojos con los cuales comenzaba a quemarse - Dime demonio... ¿ya viste la luz del amanecer? - dije frunciendo el ceño, llenando mi katana de luz divina para atravesarlo con la misma, no fue una pelea, el demonio no tuvo oportunidad.

Cuando lo asesine y solté mi katana, abrí un portal entre el infierno y la tierra, mandando el cadáver del demonio a donde pertenecía y cerrándolo, sin dejar pasar a ningún espíritu mas. Tome la katana guardándola en la cintura, la señora se acerco a mi mirándome - Pequeño Amalek... años que no te veía -

Cuando la señora se me acerco, dos de mis alas se guardaron y la luz de mis ojos se apagaron, mi memoria volvía a recordar lo típico, sin olvidarme lo de recién. - ¿Me conoces? - dije levantando una ceja y mirando mis manos, ¿Arcángel Amalek? no podia entenderlo, ella se acerco poniendo una mano en mi mejilla, y respiro profundo.

- Nada es mas fuerte, que la tranquilidad que tu transmites pequeño arcángel. - sonrió mirándome pero las palabras que pronuncio a continuación, me dejaron dudando sobre todo. - Eres un buen resplandor de luz pequeño, nos das luz a todos, esperanza. - dijo asintiendo la anciana, no pude decir nada mas, todo era muy extraño y no entendía nada... pero mas extraño era que ella parecía conocerme, ¿era la única?.

[Casa de Milli]

Me acerque a la casa de Milli, si la anciana decía la verdad, debía tener que poder bendecir o darle luz a la casa, el día se volvió noche al instante que guarde mis alas y volví a ser un ángel normal. Escondido entre los arboles guarde mis alas restantes y mire la casa, la oscuridad que la rodeaba, cerré mis ojos y levante mi mano en dirección a la casa y pronuncie unas palabras - Señor... no se que es lo que pasa, ni tampoco por que estoy aquí o si es mi destino, pero necesito luz, luz para poder adentrarme en la casa sin peligro alguno... por favor. - dije abriendo mis ojos y viendo como de mi mano, una luz salia en dirección a la casa, la cual contaba ahora con un aura dorada, sonreí aliviado, suspirando, guarde mis alas y me quede mirando la casa desde allí, como un guardián, como una luz.
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