Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Diciembre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Libre Aeterno Amora || Libre

Mensaje por Magdalene y La muñeca el Lun Nov 19, 2018 9:04 pm



Su mirada estaba clavada en el revoloteo laborioso de la pequeña abeja que recolectaba polen, esperaba que su maestra terminara su ritual diario en la iglesia, si bien ella podía entrar con Magdalene prefería quedarse afuera espiando y analizando las actividades de los pequeños animales e insectos que andaban por las zonas.

acercó sus manos lentamente para tomar a la pequeña abejita quien trataba de liberarse de su agarre usando su aguijón. La muñeca parecía muy interesada en ver el esfuerzo de la criatura por clavar la diminuta "arma" en la dura madera de la que estaban hechas sus manos, una sonrisa inocente como la de un niño se dibujó en la bella muñeca pues pensaba que aquel acto era solo un juego

-"Bella criatura ¿acaso quieres jugar conmigo? pero yo no tengo eso que tu tienes, mi mami nunca me hizo uno y dudo mucho que lo vaya a hacer ¿como puedo jugar contigo?"- pensó con infantil inocencia, intentando reír, pero no podía, ninguna muñeca de madera puede hacerlo. De pronto el aguijón de la abeja se incrusto en una pequeña grieta de sus manos, la muñeca observó como la abeja se desprendía de su "arma" y desprendía un hilo blanco, lentamente el insecto dejó de moverse, solo sus pequeñas patas se movían lentamente hasta apagarse dentro de las manos de la muñeca -"¿por qué te detienes? ¿estás cansada pequeña criatura?... ¿o es que acaso prefieres la muerte antes de estar conmigo?... eso debe ser, mami me dijo que nadie desearía estar con una aberración como yo..."- pudo sentir como la vida se escapa de aquella alimaña que yacía en sus manos, dejó al insecto en el suelo tapándolo con el pétalo de una flor imitando aquel ritual que Magdalene practicaba con aquellos a los que cazaban -"Mami siempre tiene la razón, es por eso que tengo suerte de tenerla. Rezaré por tu alma pequeño amiguito"- acomodó su vestido para arrodillarse frente a la tumba de su fugaz amigo, juntó sus manos y agachó la cabeza, recitaba en su mente aquellas oraciones que su maestra le había enseñado.

Finalmente las puertas de la iglesia se abrieron y de ella salía aquella mujer de cabellos negros y ojos verdes cubierta por una túnica fina y elegante de color blanco, la muñeca se levantó de forma apurada interrumpiendo sus rezos para hacer una reverencia a aquella a la que llamaba madre.

-El señor esté contigo muñeca- la mujer deslizó la capucha de su túnica hacia atrás soltando su cabellera larga hasta las rodillas. Observó levemente sus alrededores mientras guardaba una espada que reposaba en su mano izquierda, logró visualizar el pequeño descanso consumado de la abeja -oh querida muñeca ¿mataste a esa pequeña criatura con tus manos? no tienes salvación- se acercó a la pequeña alimaña para ver su estado, aunque era leve aún podía sentir un latir de vida en su interior, acercó su mano derecha por sobre la criatura y la rodeó de un brillo celestial como un rayo de luz, cuando quitó la mano la pequeña abeja salió volando a toda velocidad - todo lo que está en tu camino debe morir, muñeca, no olvides eso jamás, no estás hecha para amar ni para ser amada, eso no está escrito para tí- la muñeca afirmó con la cabeza recuperando su posición erguida, Magdalene se acercó a ella para acaricia la mejilla de la gigante de madera -solo el padre de todo y yo podemos sentir amor por una creación como tú- la muñeca cerró los ojos intentando sentir la mano de su maestra, sin embargo tal como la risa, no pudo sentir nada, otra vez... -Ahora partamos, tenemos lugares a los que ir, la ciudad de Eadrom no está muy lejos de aquí... quitó su mano de la cara de su sierva, con los ojos cerrados Magdalene podía sentir todo lo que la rodeaba... incluyendo aquellas presencias que se encontraban cerca de ellas -parece que alguien nos está observando... por favor muéstrate, no temas, no te haremos daño si tus intenciones son buenas-


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Tema Libre Re: Aeterno Amora || Libre

Mensaje por Yuno Gasai el Lun Nov 19, 2018 10:07 pm

-Parece que alguien nos está observando... por favor muéstrate, no temas, no te haremos daño si tus intenciones son buenas-

En esos momentos un pequeño conejito marrón apareció de entre los arbustos de la iglesia y observó por un momento a Magdalene y la Muñeca. El conejito utilizó sus patitas delanteras para limpiar su rostro, olfateó a su alrededor, y siguió su camino dando pequeños saltitos cerca de los arbustos.

......

-.....

Pero por el costado de la iglesia se había detenido en seco una jóven de inocente apariencia, cabellos rosados y ojos que hacían juego sus cabellos. La joven entreabrió sus labios levemente y observó curiosa las personas que estaban frente a la iglesia; Una de ellas era una mujer que parecía de madera.. ¿Huh? ¿Estaba viendo bien? No sabía que tipo de raza era pero parecía ser algo con vida, algo que se movía solo como si fuera un robot, pero del mencionado material, y era muy bonita. Sus cabellos y vestimentas eran como de las antiguas épocas, quizás venía de Londres o algo así.

Por otro lado la mujer que le acompañaba era de cabellos oscuros, de una apariencia tranquila, pero que por alguna razón se sintió un poco intimidada por ella. ¿Su presencia...? No sabía como explicarlo, pero había algo... Si, ha de ser eso. Su aura. Habían personas que habían nacido de esa forma y tenían ese aura. Mas hubo algo que llamó la atención del pequeño ángel caído: Las alas blanca de esta mujer.

Era la primera vez en mucho tiempo que veía un ángel de alas blancas. La jóven pelirosa quedó asombrada y sus ojitos brillaron de la emoción. Dentro de ella tenía dos sentimientos encontrados: La alegría por haber visto un ángel de alas blancas, y la nostalgia que sentía por haber perdido el color de sus tan amadas alas. Sus alas estaban guardadas porque ahora eran negras y tampoco quería llamar la atención. Pero el tener aquel hermoso ángel frente a ella le había dejado atónica. Sus pies poco a poco comenzaron a caminar, acercándose con timidez al ángel de alas blancas.

-¿P-Puedo... tocarlas...? - Preguntó con una voz inaudible cuando ya estaba un poco más cerca de ambas. Bajó la mirada temiendo lo peor. A simple leguas se notaba su timidez, pero luego volvió a alzar la mirada para observar a la Muñeca y dejar salir una leve sonrisa amable. Hizo una leve reverencia a ambas, como solía hacerlo por cortesía cuando se acercaba a alguien.

Pasado

Por lo general el ángel caído detestaba la iglesia. Ella se había criado en un Orfanato religioso y fueron muchas las veces que la discriminaron por el uso de la magia blanca. Además de que sintió que Dios la abandonó cuando más le necesitó. Y sin embargo, ahí estaba ella, en los alrededores de una iglesia.

Esa mañana había salido emocionada del Apartamento donde vivía junto a Aoshin-sama. La jóven traía un anillo de compromiso en su dedo, y bueno... Estaba visitando la iglesia porque a pesar de todo la joven quería casarse en una. A pesar de todos sus pecados ella quería contraer matrimonio con ese hombre; Quería llegar al altar vestida de blanco o de negro, y que su amado Aoshin-sama quitara el velo de su rostro aunque esto pudiera ser una ofensa para los Dioses. Pero su lado romántico quería vivir ese momento de amor y unión. Ella solo quería... Estar con él.




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Tema Libre Re: Aeterno Amora || Libre

Mensaje por Magdalene y La muñeca el Mar Nov 20, 2018 7:27 pm



Una cabellera rosa adornaba la cabeza de la delicada criatura que se acercaba a ambas. Magdalene sentía una presencia familiar en aquella pequeña, un cierto aire nostálgico invadió su cuerpo, sin embargo, la muñeca no confiaba en aquella presencia, instantáneamente tomó de forma discreta su espada, Rakuyo siempre estaba lista para pelear, solo hizo falta una mirada ciega de Magdalene para que la muñeca abandonara su posición de ataque y se limitara a ver como su maestra se encargaba de la situación.

Aquella señorita las saludaba con una leve reverencia a la que ambas respondieron de igual forma, la muñeca inclinó su cabeza y torso ligeramente hacia adelante, mientras que Magdalene flexionó suavemente sus rodillas y extendió sus brazos hacia abajo.
-¿Tocar mis alas? señorita, es la primera vez en mucho tiempo que alguien se me acerca de una forma tan abrupta- dijo la ex serafín. aunque con los ojos cerrados, parecía estar observando cada movimiento que la pelirosa hacía, por otra parte la muñeca clavaba su mirada fría y penetrante en la misma muchacha
-"Ese hedor insoportable, esa presencia repugnante, es una gran oscuridad la que siento... ¿por que mami no me deja asesinarla?..."- la muñeca se mantenía inmóvil.
-tendrás que disculpar a mi acompañante, pequeña, no es muy dada con los desconocidos, aunque aún no conozco tu nombre me resultas un tanto familiar ¿acaso eres una ángel tu también? siento un aura corrupta en tu interior, pero... también siento paz al verte. Soy Magdalene Malak, sierva del señor todo poderoso y creador de todo lo conocido, antigua Serafín de la orden celestial y ella es mi subordinada, llámala muñeca simplemente. ¿y tu dulce flor del firmamento?¿como podemos llamarte?- extendió los brazos hacia la dama en señal de benevolencia y misericordia, a la par de acercar una de las alas hacia la mano de la muchacha para cumplir la petición -adelante, mis plumas pueden ser fuertes, pero descuida, no te lastimarán mientras no tenga que hacerlo- abrió lentamente sus ojos mostrando dos luceros blancos penetrantes e intimidantes para todo aquel ser que abrace a la oscuridad, en ese momento cualquiera ignoraría la presencia de la muñeca, pues la magnificencia de Magdalene aplacaba cualquier presencia alrededor.

Al ver la situación, la muñeca decidió no entrometerse, miró a la espalda de Magdalene realizando una reverencia, como si hubiera captado una orden, luego se acercó lentamente a aquel conejo que había salido de los arbustos, miraba atentamente a la criatura mientras este comía unos pequeños frutos que crecían en una planta.
-"Descuida pequeño amiguito, yo te protegeré de cualquier mal, mami parece mala, pero créeme que es justa y benevolente con aquellos que son débiles, por eso es tan buena y amorosa conmigo"- el conejo parecía estar comiendo a gusto con la situación, pero observaba a la muñeca como si se tratara de un depredador
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Tema Libre Re: Aeterno Amora || Libre

Mensaje por Yuno Gasai el Miér Nov 28, 2018 12:45 am

-¿Tocar mis alas? Señorita, es la primera vez en mucho tiempo que alguien se me acerca de una forma tan abrupta-

La pelirosa no sabía si había sido grosera o no, pero se puso nerviosa y empezó a mirar a todos lados. -¡D-Disculpa...! ¡No quería ofenderla! - Comenzó a hacer múltiples reverencias para intentar disculparse. Su intención no era buscar problemas, pero el ver esas alas blancas le había traído una nostalgia inimaginable. Ella sabía que en algún momento volvería a enfrentar su pasado viendo ángeles que alguna vez fueron como ella, pero no esperaba que fuese tan pronto, y tampoco en ese lugar. Era difícil pensar que un ángel estaría vagando, dejándo al descubierto sus alas.

Por alguna razón la acompañante del ángel no se sentía cómoda con su presencia. Quizás pensaba que la pelirosa vió algo que no debió haber visto, o era su manera de protegerla, tal y como hacía ella con Aoshin-sama. De momento la pelirosa no había hecho mucho caso a la actitud de la Muñeca. Aunque pronto el ángel volvió a tomar la palabra, disculpándose de antemano por el comportamiento de su acompañante. La pelirosa no dijo nada, solo respondió con una sonrisa tímida. No tenía nada que perdonar y entendía muy bien esa actitud.

Internamente Yuno tuvo algo de miedo cuando le preguntaron sobre su raza. Ella no le decía a nadie quien era realmente, mucho menos cuando ya había sufrido mucho maltrato por mostrarse tal cual. Así que ante su pregunta, la jóven guardó silencio y siguió escuchándola hablar. Se llamaba Magdalene y decía ser un antiguo Serafín. Los ojos de la jóven se iluminaron por unos momentos. Tener de frente a un ángel de tal cargo era extraordinario, pero a la misma vez le daba algo de miedo.

-¿Y tu dulce flor del firmamento?¿como podemos llamarte?- - Abrió un poco los ojos algo sorprendida, pero luego bajó la mirada a la vez que juntaba sus manos sobre su regazo. -Yuno. - Le respondió en voz baja, dándo otra leve reverencia por la presentación que recién había hecho.

Notó que había algo blanco frente a ella y al percatarse vió las alas blancas. Una gran sonrisa se dibujó en el rostro de la jóven al igual que un leve rubor. -¡M-Muchas gracias...! - Exclamó llena de emoción, para lanzarse sobre las alas de Magdalene y abrazarlas con fuerza, sin lastimarla. Restregó su rostro en el blanco plumaje. -¡Son tan suaves! ♥️ - Respondió emocionada.

"Me pregunto si Shin-sama se sentirá así de bien durmiendo sobre mis alitas o mis pechos... ¿Seré así de adictiva?" - Se quedó pensando en eso.

Estuvo un rato abrazándo las alas hasta apartarse y mirar a la Serafín. -¡Muchas gracias! ♥️ - Respondió emocionada. -¡Es la primera vez que veo un ángel! - Y si. Podría decirse que era la primera vez que veía uno, ya que la jóven no había nacido en el Reino de los Cielos ni entrenado junto a ellos. Así que técnicamente no estaba mintiendo. -Pero ¿por qué? - La miró con curiosidad y ladeó la cabeza. -¿Por qué dejas tus alas al descubierto? ¿No te da miedo que te hagan daño o se asusten las personas? - Le preguntó con inocencia, con curiosidad. Los humanos solían ser muy discriminantes y destructivos, por eso había hecho la pregunta.




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Tema Libre Re: Aeterno Amora || Libre

Mensaje por Magdalene y La muñeca el Dom Dic 02, 2018 1:41 pm

Magdalene sabía que algo ocultaba esa niña, había tenido esa sensación incómoda antes y ya podía darse una idea de que se trataba, sin embargo, decidió seguir el juego de su agradable nueva compañera -¿nunca antes has visto a un ángel? debo decir que me dejas boquiabierta, bella- las siguientes preguntas le hacían ver que Yuno no era necesariamente alguien extraña, claro que aún tenía sus dudas si era un simple ser oscuro como un demonio o quizás algo más cercano - no siempre voy con las alas desplegadas- dejó salir una suave risa que acaricia los oídos de cualquiera que la escuchara -¿te imaginas caminar todo el día con estas alas por el mundo? seguramente chocaría a mucha gente- jugueteó un poco con las alas para luego guardarlas de forma tal que no se pudiera ver ni una pluma siquiera - aunque resulta bastante incómodo, solo cuando debo presentarme en batalla o informar a mis hermanos en la iglesia es que las despliego, y los humanos jamás han temido a mis alas, porque saben que ellas traen el bien y la paz que mi padre me ha encomendado repartir, son aquellos que perturban el mundo con su oscuridad los que deben temerles-

la muñeca acariciaba a su compañero, solo lo hacía porque  su ver aquella criatura lo estaba disfrutando, pronto otro animal igual al primero se acercó a ella de forma temerosa y olfateando como analizando el área, sintió una necesidad de expulsar algo por su boca, aquellas que su verdadero yo conocía como palabras, pero su boca no se abrió ni su garganta se movió para emitir sonido alguno. Bajo su mano el primer conejo se acercó al reciente intercambiando olfatos, los observó fijamente, parecía que el segundo se había acercado pensando que el primero estaba en peligro. Con un movimiento lento y calmado empujó suavemente el rabo de ambos animales para que salieran corriendo juntos hacia el prado. Levantó su gigante cuerpo y caminó hasta la diestra de su maestra, ahora su mirada estaba fijada exclusivamente en la pelirosa atrevida que se animó a hablarles sin presentación alguna.

-Muñeca, incomodas a la joven con esa mirada, intenta ser un poco más amable, por favor- dijo la serafín con una mirada fría y fulminante hacia la muñeca quien se inclinó en forma de arrepentimiento tomando distancia para atrás - ¿y tu, Yuno, que hacías en lugar como este? las iglesias no son exactamente un lugar buscado por aquello que tienen oscuridad en sus cuerpos- decidió jugar esa carta, darle a entender a Yuno que sabía de su naturalez aunque claramente solo podía ver la oscuridad que habitaba su cuerpo y la razón por la cual la muñeca estaba tan atenta a ella.

Entre las malezas es escuchó el fuerte chillido de una bestia salvaje, para ser exacto un zorro que se disponía a atacar a ambas criaturas amigas de la muñeca, pero este vió su cuello atravesado por el filo de la hermosa espada Rakuyo de la muñeca quien con solo un salto veloz recorrió toda la distancia entre ella y el zorro para detener la mordida de este, ahora aquellos ojos que parecían muertos brillaban con una intensidad fulgurosa y un color ámbar comenzaba a destacar en ellos. De alguna forma la herida del animal no parecía sangrar a pesar de haber sido un golpe certero a la arteria, sin embargo, un líquido rojo tocó su pie, al bajar la cabeza logró ver como una de las criaturas había sido lastimada por la zarpa de la bestia, la sangre del pequeño conejo brotaba a borbotones de su pequeño cuerpo el cual aún emitía suaves movimientos mientras su compañero miraba y olfateaba a su alrededor. La muñeca sacó su espada la espada y tomó entre sus brazos al pequeño conejito muerto acercándose lentamente hacia Magdalene y a Yuno, quizás su madre podría hacer lo mismo con el conejo que hizo la abeja
-¿no te lo había dicho antes? todo lo que tu tocas está destinado a la muerte ¿esperas que lo reviva verdad?- la muñeca afirmó lentamente con su cabeza poniéndose de rodillas y alzando el cuerpo de la criatura hacia Magda - de acuerdo… lamento esto Pequeña, será solo un momento- miró a la joven pelirosa disculpándose.

Magdalene tomó a la criatura fallecida y la posó en el suelo, colocó su mano sobre esta haciendo aparecer el mismo brillo que usó para revivir a la abeja, sin embargo, en esta ocasión el conejo no se levantó a pesar de que su herida había sanado. La muñeca miró espectante, aunque sabía en el fondo que no podía ser revivido
- supongo que con esto no será suficiente- miró a su sierva, sintió la presencia de la tristeza en el corazón de madera de ella. dejó salir un gran suspiro y se levantó - lo que me haces hacer Muñeca tonta… cúbrete los ojos pequeña Yuno-



esperó a que esta se protegiera los ojos, luego tomó una bocanada grande de aire y aflojó su cuerpo, el viento se volvió más fuerte y el ambiente de se tornó increíblemente pesado, un brillo cubrió el cuerpo de magda para luego convertir en dos pares de alas extras y tornando su cabello de un color blanco puro, ahora la mujer era más alta y su musculatura un poco mayor, abrió sus ojos mostrando dos luceros blancos como el marfil más puro existente, posó la mano sobre el conejo emitiendo una luz mucho más fuerte que la anterior, el animal se levantó enseguida con gran energía y salió corriendo hacia su compañera, Magda regresó a la normalidad soltando el aire de su boca -lamento eso, en fin ¿debo repetir la pregunta?~- la miró nuevamente a su nueva compañera con una sonrisa, como si no hubiese ocurrido nada.
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