Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Diciembre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado Second Meeting — [Priv. Hibari Kyoya]

Mensaje por Mihail el Vie Sep 28, 2018 3:53 am


...Oscuridad...
La noche sin duda era momento perfecto para hallar a todas aquellas cucarachas que se ocultaban durante el día.

Ya se hacía costumbre, no había noche en la cual el muchacho no rondara por los alrededores del instituto. Entre bostezos y un caminar algo distraído, recorrió cada rincón del edificio, cada pasillo y cada salón; No había absolutamente nadie. Con ambas manos tras su espalda y los labios ligeramente torcidos hacia abajo, se decidió a escabullirse en las habitaciones de cada una de las casas..., tal vez allí tendría más suerte...

Al pasar junto al edificio antiguo, un escalofrío recorrió por completo su espalda, una extraña sensación que lo hizo retroceder y acercarse aún más a ese lugar. Con sigilo, rodeo el edificio hasta llegar a la parte trasera, recorriendo los alrededores con la mirada. — Sabía que tarde o temprano nos volveríamos a ver...~.. — Murmuró, llevando ambas manos hasta los bolsillos de su pantalón luego de haber notado la presencia de alguien más, específicamente.... la de un ángel.

— Mihail... —

Un susurro suave, una voz dulce y un poco aguda se dejo escuchar cerca de él. De entre los árboles, una figura femenina emergió de la oscuridad; Era demasiado brillante, demasiado...pura.  En un caminar lento, ambos se acercaron lo suficiente para poder contemplarse; La mirada de la chica estuvo fija sobre la ajena en todo momento.

— ..hijo de lucifer..

Te hemos observado durante miles de años, dando alivio a todo el dolor, el sufrimiento y el caos que dejas tras de ti. Mihail, los propósitos de tu padre son muy ambiciosos, no te dejes envenenar por su retorcido capricho.

Conocemos con exactitud la misión que te ha encomendado, pero sabemos que en lo más profundo de tu ser, estás cansado de cargar con aquel peso sobre tus hombros.

Durante todo este tiempo hemos tratado de guiarte, hemos tenido misericordia contigo por aquella luz que vive en tu interior..., aquello que le da esperanzas a nuestro creador para perdonar todo el daño que has causado y así salvarte..—

Con la mirada, el albino recorrió cada centímetro de su cuerpo, cada curva perfectamente esculpida; No podía negarlo, el trabajo de aquel "ser superior" era bastante perfecto. Cuando su mirada se detuvo sobre el rostro del ángel, una leve sonrisa juguetona comenzó a dibujarse en sus labios. — ¿Llevan la cuenta de cuántos miles de años llevamos en esto~...? — Mencionó, cruzándose de brazos al tiempo que se acercaba un poco más. — He visto a muchos de los tuyos ir tras de mí. Como gatos persiguiendo a un ratón... — Agregó, descruzando los brazos para extender la mano derecha hasta una de sus imponentes alas. — Me sorprende que a pesar del tiempo, ustedes quieran seguir con este estúpido juego... — Con suavidad, fue deslizando la yema de sus dedos sobre algunas de sus plumas, sintiendo arder la piel ante la pureza de su ser.

Por otro lado, con un gesto neutral en el rostro y una postura firme, el ángel fue siguiendo cada uno de los movimientos del albino, torciendo sus labios en una mueca muy poco perceptible — Mihail, sabes a la perfección cómo detener todo esto... — Mencionó, apretando con suavidad el báculo que empuñaba en su mano derecha. — Deja de simplemente refugiarte entre los seres que habitan esta tierra, junto a la raza que tu padre tanto aborrece. Aprende a vivir en armonía con todos ellos y deja ya de atormentarlos. — Entre suaves risas, el muchacho se fue acercando aún más, estirando el brazo hacia el cuello de la mujer. Mucho antes de que sus dedos pudieran llegar a rozar la pálida piel ajena, algo logró lastimar su mejilla; Pudo sentir cómo su piel rápidamente comenzaba a quemar. — Si dicen conocer con exactitud la misión que se me ha encomendado, entonces debes saber que pierdes tu tiempo haciendo todo esto.. — Murmuró en tono ronco, dando un par de pasos atrás al tiempo que alzaba la vista al cielo, notando rápidamente las siluetas que se ocultaban entre las nubes.

Al bajar la vista de regreso a la mujer, frunció el ceño con profundidad y subió la mano derecha hasta su mejilla, tocando apenas con la yema de sus dedos la herida.

. . .
— ¡Un ser como tú no debería tener ni la más mínima oportunidad!, no comprendo cómo es que nuestro padre permite que sigas con vida... —

Una voz femenina, pero bastante imponente, rompió el corto silencio que hubo entre ambos. De entre las nubes, un ángel con armadura y espada, fue descendiendo hasta quedar de pie entre ellos. Con el ceño fruncido y los labios torcidos en una mueca de desagrado, vio de reojo a sus espaldas, su hermana, ante el gesto, cerró los ojos y de igual forma torció los labios, aunque esta en un leve gesto de tristeza, ladeando el rostro hacia el costado. — No deberían culpar a otros por lo inútiles que son..~... — Habló nuevamente el albino, llamando rápidamente la atención del otro ángel. — Todos ustedes no son más que unos molestos avechuchos. Y si sigo con vida, no es por supuesta misericordia suya... — Cada palabra que salía de su boca, no hacía más que empeorar la situación. El albino podía sentir como el sentimiento de odio iba creciendo en el pecho del ángel..

Sin poder tolerar una sola insolencia más, la mujer empuñó con fuerza su espada y se abalanzó en contra del muchacho. Con una sonrisa ladina dibujada en los labios, el albino se fue inclinando hacia el frente al tiempo que iba doblando las piernas, dándose el impulso necesario para saltar y así evitar cualquier daño. En un movimiento rápido y sin perder oportunidad, tiró de uno de los botones de su chaqueta y lo apretó con fuerza contra la palma de su mano derecha. Cuando sus pies volvieron a tocar el suelo, toda su ropa ya había desaparecido; Las plumas y cada pieza de oro que la formaban, poco a poco se fueron acomodando en torno a su cuerpo.

Con los dientes apretados y la punta de su espada contra el suelo, el ángel fue girando en su lugar para encontrarse nuevamente con el muchacho. — ¿Uh~..?, ¿Al menos sabes usar esa cosa...~? — Mencionó en tono burlón, abriendo su mano para dejar que el botón que antes había apretado contra su palma, fuera tomando la forma de una lanza. En silencio, comenzó a caminar a su alrededor, haciendo tiempo para que su sombra lograra cubrir gran parte de su piel. De reojo, pudo notar que el otro ángel ya no estaba en su lugar; Los había dejado completamente solos...

Un tanto extrañado, detuvo su caminar al estar nuevamente frente a frente. Con el ceño ligeramente fruncido, fijó su mirada sobre la ajena, relamiéndose los labios al ver con detalle la expresión en el rostro de la chica. Aquel gesto no hizo más que asquear a la mujer, quien en un movimiento rápido volvió a abalanzarse contra él, dando inicio a la batalla..

. . .

Estuvieron así durante toda la noche, atacándose mutuamente hasta el cansancio; El daño físico que ambos habían recibido era evidente. Con la espalda pegada contra la muralla del edificio, el albino buscaba recuperar el aliento, por otro lado, la mujer permanecía de rodillas en el suelo, sujetando con ambas manos la empuñadura de su espada, con la cabeza gacha y los brazos temblorosos.

— Ya es...suficiente.. —

Fueron las últimas palabras que salieron de la boca del ángel, un susurro tan débil que ni siquiera ella misma podría oírlo. Con las pocas fuerzas que le quedaban, se puso de pie y levantó su espada, estirando a duras penas sus brazos hacia arriba. Con los ojos cerrados y las cejas arqueadas, apretó la empuñadura; Aquella fue señal más que suficiente para que el resto de sus compañeros "terminaran con el trabajo". El albino al percatarse de la postura, frunció el ceño y dejó escapar un ronco gruñido, abalanzándose rápidamente contra ella.

Antes de que pudiera siquiera golpearla con su lanza, una fuerte corriente de viento lo golpeo y logró empujarlo con suma fuerza contra el edificio. Cuando su espalda impactó de lleno contra la muralla, un quejido doloroso escapó de lo más profundo de su garganta. En completo silencio, el ángel fue bajando los brazos, desplomándose contra el suelo al tiempo que muchas flechas comenzaban a caer de lo alto. Algunas de ellas terminaron enterrándose contra el suelo, mientras que el resto, perforaban sin piedad la piel y carne del muchacho. Uno que otro quejido y jadeo escapó de su boca cada vez que alguna flecha le atravesaba la piel. Cada una de ellas era sumamente resistente y cual trofeo, el cuerpo del albino quedó colgado contra la muralla.

...Fue cuestión de tiempo para que cayera inconsciente...



Datos (?):
Este es el ángel que habla con él:


Y este es el ángel que lidera a todos los otros y con el que termina peleando(?):


Extra(?): Aunque ambos sabemos muy bien el como esta mihail, dejare de todas formas la imagen (????)



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Tema Privado Re: Second Meeting — [Priv. Hibari Kyoya]

Mensaje por Hibari Kyoya el Miér Oct 03, 2018 5:28 am

Suficiente— Murmuró con hastío el de cabello azabache,  su ceño fruncido y labios apretados junto a la posición en la que se encontraba, dejaban ver lo muy enfadado que se sentía. Tenía los brazos cruzados con firmeza sobre el pecho y se recostaba por completo sobre el espaldar de un enorme sofá, tenía una pierna cruzada sobre la otra y el pie que tenía apoyado en el suelo se movía constantemente de arriba abajo con impaciencia.

Se sentía como un león furioso y enjaulado en aquella habitación. Había pasado al menos 2 días fuera del instituto y aquello simplemente era demasiado para él; había sido atraído por aquel niño profesor en la mafia, le había prometido cantidad de distintas peleas con el fin de “Salvar al mundo y al Intituto”, la verdad con la mera mención de “peleas” ya había sido captada toda su atención. No pasó mucho tiempo para encontrarse, por su propia cuenta, claro ya que seguía odiando los grande grupos y se negaba a pertenecer a La Familia Vongola; en la otra punta de Japón, sí había tenido tan solo una pelea y después de eso prácticamente fue encerrado en aquella habitación con el engaño de otra más. Después se enteró que “toda la familia Vongola debía estar reunida para algo importante” No le interesaba en lo más mínimo.

No habían pasado demasiados minutos realmente, pero no iba a estar allí mucho más tiempo. Se había quedado sin su par de tonfas en la pelea anterior y solamente le quedaban sus anillos y cajas, claramente era más que suficiente.

Pero, Sr. Hibari.. aun tenemos que esperar a la reunión— Intentó razonar su subordinado, al que en ese momento estaba teniendo en un alto grado de traición, trabajando ahora con aquella familia, sin preguntar antes su consentimiento.

No me importa, Kusakabe.. Me iré ahora mismo, te morderé hasta la muerte si intentas detenerme— Amenazó como ya era costumbre y como ya sabía, el chico con cara de matón no se atrevía a cuestionar las decisiones de su jefe, menos con una amenaza ya de por medio; conocedor de su terrible fuerza  ganas de romper huesos, se hizo a un lado y lo dejó.

Bien— Murmuró de nuevo Hibari, levantándose de su lugar y caminando hacia la pared más cercana, la que estaba seguro que daba al exterior. Estaba a punto de romper la pared ya que no tenía ninguna ventana que le facilitara el trabajo, cuando escuchó una voz tonta que ya sabía de memoria.

¡Espera ahí, Hibari! — Era aquel niño que se hacía pasar por el “décimo jefe de la familia”, no le interesaba. Era fuerte, pero no lo suficiente para llamar la verdadera atención de Hibari. —A-aun no puedes irte, hay cosas que arreglar aquí.. y.. — Intentó convencerlo, sin éxito. Sin dejarlo terminar y sin decir palabra alguna dejó salir una fuerte llamarada de su anillo para cubrir su puño por completo, le dio un fuerte puñetazo a la pared e hizo un agujero lo suficientemente grande para que pudiera salir.

No tengo ninguna responsabilidad contigo, ni con tu familia, ni con nadie, así que no molestes.. —Escupió el pelinegro en tono ronco, sin pararse a mirar atrás. —Kusakabe…. Llama al helicóptero de mis familiares.. — Y así sin más se lanzó desde el agujero de la pared hasta unos 4 pisos más abajo, perdiéndose en la selva de asfalto.

Definitivamente odiaba a las personas, no había nada mejor que estar solo o una buena pelea.

~~~~~~~


En cuestión de menos de un par de horas estuvo de nuevo pisando el instituto. Estaba amaneciendo y aparte de silencioso, el lugar se sentía extraño. El aire estaba cargado con diferentes energías y definitivamente no podía ignorar el potente olor a sangre. Lo sabía, conocía los indicios de una batalla, y además sabía como era el instituto, mejor que la palma de su mano. Allí, durante su ausencia había tenido lugar una brutal pelea.

Un gruñido profundo nació en su garganta y se instaló en su pecho, resonando fuertemente. Frunció el ceño a más no poder y simplemente se adentró al lugar, sabiendo perfectamente hacia a donde ir, el ambiente estaba cargado, así que no era difícil saber donde había sido. No le gustaba para nada la situación y no hacía más que alimentar su malgenio, un fuerte dolor de cabeza se le instaló en la sien, pulsando constantemente como un aguijón. Sus pasos lo llevaron hasta el edificio antiguo, siempre tan grande, olvidado y hermosamente devorado por la naturaleza.

Olía a muerte y sentía cientos de presencias observando cada uno de sus pasos. De nuevo gruño, aún más fuerte.

Encontraré a quién hizo esto.. y.. lo morderé hasta la muerte.. — Sentenció — Malditos herbívoros.. — Rodeó la gran estructura mientras observaba los alrededores bastante destrozados con rasguños en la tierra, árboles y paredes cercanas. Suponía que había sido larga y con demasiada energía de por medio. Al girar en la última esquina para encontrarse al verdadero campo de batalla, justo detrás del edificio, pudo presenciar la cruda escena.

… Uh… —Era el tipo que lo había estado molestando, causando problemas aquí y allá. Mihail, claro que lo recordaba. Todo el cuerpo ajeno estaba enganchado contra la pared, colgando en la inconciencia. Cientos de flechas clavadas alrededor y muchas de éstas sosteniendo el cuerpo albino, la sangre aún goteaba de las heridas hechas como si fuera un grifo abierto y su cabeza se encontraba colgando hacia el frente, el cabello desordenado y también manchado de carmesí, dándole la apariencia inerte. ¿Qué mierda estaba haciendo allí ese muchacho debatiéndose entre la vida y la muerte? —¿Qué debo hacer contigo? — Se cuestionó en voz alta, dando por fin el primer paso para acercarse.

Sentía aún los cientos de miradas sobre él, pero literalmente no podía ver a nadie, aún así su instinto le decía que se mantuviera alerta ya que seguramente quienes habían dejado en ese estado al albino, seguirían rondando por allí; calculando cada uno de sus pasos.

Sin mucho cuidado, extendió la mano derecha hasta el mentón ajeno para levantarle el rostro, observándolo; la otra mano la llevó debajo de su quijada, justo encima del collar de púas, presionó los dedos índice y corazón justo en su punto de pulso y notó los pálpitos ajenos contra la yema de sus dedos, débil  y lento. Bueno, seguía vivo.

Inhaló profundamente y no apartó el tacto de su piel, necesitaba pensar. Un debate interno se abrió de pronto en sus pensamientos. Aquel tipo era quién estaba haciendo todas las travesuras en el colegio, no tendría ningún problema en dejarlo morir allí mismo. Pero por otra parte, su conciencia y una tonta corazonada, le decían que lo cuidara, lo sanara y se asegurara de que se pusiera bien. No tenía ninguna razón para acatar eso. ¿Debía salvarlo? ¿Por qué? No, en realidad no le molestaría que muriera allí. Pero.. había sido herido dentro del instituto.. No, no era un estudiante y por lo tanto no merecía sus cuidados, nadie los merecía en realidad. Volvió a mirar su rostro inconsciente y torció los labios en una mueca de molestia.

Nunca había sentido algo como repugnancia o molestia al ver la sangre, al ver a alguien herido. Incluso algunas horas antes había estado desfigurándole el rostro a tonfasos a un hombre lobo que se estaba creyendo demasiado. Sin embargo.. un nudo se le hacía en la boca del estómago al ver a aquel chico allí, moribundo. No entendía el por que. Solo, en ese mismo instante en que vio su rostro demacrado se pudo preguntar. ¿De verdad estaba dispuesto a dejarlo solo por ser un extraño? Como había pensado antes, después de todo había sido herido dentro del instituto. Excusas.

Siguiendo la extraña corazonada que no tenía idea de qué o donde había salido, decidió ayudarlo.

Me arrepentiré de esto.. — Suspiró con cansancio y resignación mientras soltaba su rostro con delicadeza y comenzaba a quitar una a una las flechas encarnadas en él. Fue extrañamente delicado a la hora de no dejar ningún  trozo dentro de su piel y no abrir más las heridas. Pasaron varios minutos y ahora el albino descansaba flojo sobre sus brazos. —Así que.. Mihail, te ganaste el odio de los ángeles, ¿Eh? —Alguien debía ser muy tonto para no notar la procedencia de aquellas características y ornamentadas flechas; era fácil deducir contra quién había perdido la batalla.

Esperamos que puedas sanarlo, tanto física como sentimentalmente. — Escuchó una voz femenina. Sabía que lo observaban, sabía que lo había estado siendo desde el principio. Un gruñido escapó de su garganta, ni siquiera se volteó a mirar. Presentía que no aparecerían ente sus ojos. —Así él podrá descansar y nosotros también lo haremos. — Y sin más sintió que toda presencia a su alrededor se desvanecía. Soltó un suspiro pesado. No le importaba lo que quiso decir el ángel, él solo lo cuidaría hasta que despertarse para poder morderlo hasta la muerte y echarlo de una vez del instituto.

Espero no tener que ver tu cara después de que te recuperes.. — murmuró ronco y comenzó a caminar hacia el edificio principal del instituto. Al despacho, allá había suficiente espacio, tenía medicamentos para sanarlo –y sino los robaría de la enfermería–  y lo principal, nadie más entraba al lugar si Hibari no lo permitía.


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Tema Privado Re: Second Meeting — [Priv. Hibari Kyoya]

Mensaje por Mihail el Jue Nov 22, 2018 1:54 am

Aún no estaba del todo inconsciente cuando pudo notar una presencia familiar. El tacto sobre su piel lo hizo reaccionar casi de inmediato, aunque prácticamente no se pudiera percibir movimiento alguno. Por entre sus pestañas y con la mirada borrosa, recorrió el rostro ajeno al momento de ser levantado desde el mentón.."Kyoya..~." Pensó, moviendo apenas una de sus muñecas, ambas clavadas contra la muralla.

Ese muchacho definitivamente tenía algo que le calentaba la sangre, incluso estado allí, lastimado y sin poder siquiera moverse, sentía unas ganas irresistibles de abalanzarse contra él o simplemente tocarlo. Mucho antes de que fuera a soltar su rostro, sus ojos se cerraron ya por completo, estaba cada vez más y más agotado. Cada flecha estaba cargada de una energía que su cuerpo dañado ya no podía contrarrestar...

La voz del pelinegro se escuchaba cada vez más lejana a medida que su respiración se hacía más lenta. Al poco tiempo y a pesar de estar inconsciente, pudo sentir a la perfección como cada una de las flechas iba siendo retirada. A lo largo de su cuerpo y por cada una de sus heridas, la sangre brotaba y teñía su pálida piel. Ya cuando la última flecha fue retirada, un tenue suspiro escapó de sus labios, como si aquello hubiera sido su último aliento.

. . .

Antes de que hibari lo encontrara, una última flecha había caído del cielo, chocándose directamente con la gema justo al centro de su pecho. Si bien aquello no había logrado atravesarla, había formado una profunda grieta de la cual ahora emanaba un imperceptible humo negro. Mientras el albino era cargado en brazos y llevado a otro lugar, aquel ser que habitaba dentro de su cuerpo poco a poco escapaba a través del humo..

— A lucifer no le agradará para nada...—

Una voz profunda y con notorio tono molesto se dejó escuchar muy por lo bajo, lo suficiente para que solo mihail pudiera oírla; El vigilante regresaría cuando fuera el momento preciso..

. . .

Pasado un rato y estando ya en el despacho completamente solo, una sombra comenzó a moverse por una de las paredes, deslizándose por el rincón hasta llegar al suelo...

— Maldita rata, ¿Cuántas veces tendré que pasar por esta mierda? —

Desde el pecho del albino, un extraño ser de piel negra, sin piernas y con cadenas en ambas muñeca, fue emergiendo hasta hacerse completamente visible. Era notorio el odio que tenía hacia el muchacho, no solo por la forma en la cual se dirigía a él, si no por como desgarraba la piel de una de sus heridas, sabiendo que no sentía absolutamente nada..

— Si no fuera por las órdenes de tu "padre", habría acabado contigo desde hace ya mucho tiempo... —

Con su mano derecha y sin llegar a tocarlo, poco a poco hizo que el collar alrededor de su cuello se hiciera más y más grande, lo suficiente para voltear las púas hacia el interior, entre leves risas fue cerrando su mano para que el collar a su vez también se fuera cerrando alrededor de su cuello, enterrándose lentamente las puntas en su piel.



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Tema Privado Re: Second Meeting — [Priv. Hibari Kyoya]

Mensaje por Hibari Kyoya el Miér Ene 16, 2019 5:56 am

No tardó demasiado en llegar hasta su despacho, sentía una ligera urgencia en su pecho de poder atender al muchacho que cada vez parecía más y más débil. El peso en sus brazos era muy poco y ni siquiera tuvo que hacer esfuerzo mientras lo cargaba, su respiración suave y apenas perceptible junto a la total inconsciencia en que estaba sumido, le hacían dar aquel golpe de preocupación a Hibari.

Realmente no entendía el por qué...

Una vez dentro de su despacho personal, dejó al albino, con una delicadeza nada propia de él, sobre el sofá más grande del lugar. Acomodó su cabeza con absoluta suavidad sobre varios cojines, se arrodilló en el suelo junto a su cabeza y con la yema de los dedos le apartó el cabello pegajoso de sangre de la cara, tirándolo hacia atrás. Se sentía inquieto ya que por alguna razón sentía la presencia de algo ponzoñoso viniendo del albino, además de la poco estable suya. El pelinegro soltó un suspiro y se levantó del lugar, decidiendo que debería ir a por algunos medicamentos antes de que los estudiantes y profesores llegaran al edificio.

Sin decir palabra salió del lugar y cerró la puerta a sus espaldas. No se arriesgaría a ir tan lejos como el edificio de enfermería, por que si no se apuraba el albino podría morir realmente desangrado.. o no lo sabía con exactitud, pero realmente sentía algo ponzoñoso saliendo del muchacho, le creaba esa preocupación en el pecho. En el edificio principal había una pequeña sala de enfermería, se dirigió allí, forzó la cerradura y entró al lugar.

Como un relámpago pasó por el lugar y tomó todo lo que pudo en desinfectantes, gasas, vendas.. básicamente todas las reservas para sanar heridas. Tomó todo en una bolsa y salió sin preocuparse en arreglar el desorden que había dejado, no le importaba.

Con un gruñido llegó por fin hasta la puerta de su despacho, agarró el tomo de la puerta con la mano derecha pero se detuvo al instante.


Si no fuera por las órdenes de tu "padre", habría acabado contigo desde hace ya mucho tiempo...

Escuchó venir una voz profunda desde allí dentro, en profundo sigilo con la otra mano que tenía aquel anillo preciado, la llevó a una de las cajas ubicadas en su cinturón.

Roll— Murmuró bajo en un tono ronco y giró el tomo de la puerta, de inmediato salió girando a toda velocidad un pequeño erizo rodeado de llamas púrpuras dentro de la habitación, yendo directamente hacia aquel ser que nunca antes había visto. —… Tch.. — Dejó escapar entre dientes el pelinegro.

Aquel erizo que giraba a toda velocidad nunca llegó a impactar con aquel ser, éste se desvaneció como si literalmente fuera humo. Con un gruñido aún más profundo que antes, hibari hizo regresar al pequeño animal de fuego y soltó un suspiro pesado, mirando fijamente y con algo de recelo la gema humeante en el pecho del albino. Después deslizó la mirada hasta su collar que curiosamente estaba con las púas hacia dentro, girar y recuperar su forma original. Frunció el ceño, molesto por alguna razón.

Ese maldito herbívoro quería matarlo.. — Gruñó. Se adentró en el despacho y cerró la puerta tras él ayudándose de su pie, de inmediato se acercó hasta el muchacho que aún no daba señal de querer o poder despertar.

Justo como antes, el elemental se arrodilló frente a la cabeza ajena y soltó un suspiro pesado. Con una paciencia nada característica suya, sacó todo lo que había tomado de la enfermería, lo dejó en el suelo al lado suyo y apretando los labios en una mueca preparó todo para poder comenzar los primeros auxilios. A las heridas más profundas, las que habían sido hechas por las flechas y que aún continuaban sangrando, las presionó con gasa para detener la hemorragia, después limpió cada rasguño y herida con cuidado; tuvo que girar y levantarlo un par de veces para limpiarle también la espalda y los costados. Una vez terminó de desinfectar las heridas vendó todo su torso con cuidado. Le asombraba que a pesar de todo las heridas tenían la intención de sanar más rápido de lo usual, al menos algunos rasguños ya habían hecho costra y apenas había pasado poco tiempo después de la pelea, pero había algo.. que le impedía a Mihail recuperarse y tal vez tenía que ver con que no despertaría en un tiempo.

Cubrió el desnudo cuerpo ajeno con una manta y suspiró, sentándose en un sillón en frente a él, a observarlo en silencio.

Su mente no dejaba de pensar en ese sujeto ni un solo segundo y se estaba molestando bastante por eso. Nunca se había interesado en ayudar a alguien más, nunca.. y ahora, estaba cuidando a un tipo que literalmente estaba allí para hacer “travesuras”, que simplemente no soportaba y que.. seguramente en otras condiciones, Hibari habría hecho todo lo necesario para dejarlo él mismo en ese estado que se encontraba. Se llevó la mano derecha a la cabeza y se frotó la sien con cansancio, suspirando pesadamente. todo por aquella estúpida corazonada.

Tenía una terrible jaqueca.

Había pasado por lo menos una hora en la que el pelinegro no le había despegado la mirada ni un solo segundo al muchacho herido. Parecía obvio que las razones por las que no parecía estar mejorando y aquel humo negro seguía brotando de su gema, era por la falta de energía; o eso había logrado concluir después de pensarlo por lo menos 15 minutos. El contrario había estado peleando seguramente toda la noche y  aparentemente era débil a los objetos sagrados; no sabía si él tendría alguna manera de reunir la energía necesaria para sanar pronto, pero hibari quería acabar con eso pronto. Sacarlo de su vista.

Morderlo hasta la muerte..

… Huh...— A puesto que el albino moriría de emoción con lo que estaba a punto de hacer Hibari, el pensamiento inconscientemente lo hizo sonreír.

De nuevo se arrodilló frente al sofá y llevó la mano derecha hasta el rostro ajeno, pasando el pulgar por su labio inferior con delicadeza. Apretó un poco la mandíbula y lo pensó por unos segundos. Bajó la mano por su mentón y la arrastró hasta su nuca con absoluta suavidad, bajó la mirada a sus labios que también parecían estar heridos y apretó los propios. No tenía caso comenzar a pensar ahora, jamás terminaría de decidirse; El elemental de fuego no era una persona indecisa, al contrario, él siempre se dejaba llevar por su instinto y era de rápidas tomas de decisiones, pero el muchacho frente a él… por su culpa había hecho cosas que nunca pensó que pasaría; todo en una sola mañana, lo odiaba.

Poco a poco fue acercando el rostro hasta el ajeno, sintió sus narices rozarse y los ojos se le cerraron de forma automática. Soltó un cálido suspiro contra sus labios antes de juntarlos por completo, en un beso casto y suave. Pasaron varios segundos en que el pelinegro no se apartó y simplemente se quedó allí inmóvil.

Después de casi un minuto entero, se apartó lentamente y abrió los ojos mientras se levantaba de su lugar, caminando con paso tranquilo hasta la ventana para abrirla y sentarse en la cornisa a observar hacia afuera. Aquel beso no había sido solo por un capricho suyo, no era ningún pervertido que se aprovechaba de personas inconcientes; lo había hecho para poder pasarle algo de energía al de cabello blanco. Él no era un íncubo como para poder robar u otorgar grandes cantidades de energía, pero había aprendido a hacerlo años atrás y.. bueno, no era muy difícil darle al menos un poco al muchacho; esperaba que fuera suficiente para darle aquel empujón que necesitaba.

Algo distraido se llevó la mano izquierda hasta los labios y se los rozó apenas un poco con la yema de los dedos, sin pensarlo, sabía que aún se sentían tibios.


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