Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Octubre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado Ante el ocaso de las viejas costumbres (Priv.: Scarlett Mark)

Mensaje por Jonathan & Eijiro el Jue Sep 06, 2018 8:31 pm

Arremetido por el frío, el cuerpo se encoge en sí mismo buscando algo de calor. Durante la noche que le abraza logró hacerse con las mantas que no supo le cubrían, hasta hacerse un ovillo de sí mismo. Con su cabeza reposando, el profesor se dio el descanso que necesitaba desde mucho tiempo atrás, incluso uno que ni siquiera él sabía que necesitaba.

La forma en la que llegó hasta una cama que no era la suya fue confusa para su percepción. Luego de caer dormido en brazos de la que era su alumna, sólo murmullos y tropezones pasaban hasta su campo de percepción, aunque con las limitaciones que le impedían comprender su entorno estando dormido bajo el influjo del alcohol y su baja resistencia a éste.

Juzgando su expresión, la cual reflejaba inmensa paz del durmiente, podían hacerse conjeturas sobre lo que pasaría por su mente en esos momentos. Pero, por mucho que se intentara entenderlo, Jonathan estaba descansando, y a la mañana siguiente no recordaría nada de sus sueños, evadiendo cualquier pregunta aunque se insistiese hasta la muerte. Esto, para él, representaba una ventaja enorme. Dentro de sus sueños su consciencia prevalecía, casi como un soñador activo. Consciente de lo que pasaba a su alrededor, pronto se vio envuelto en un sueño del que no tuvo control. Sus sentidos, activos bajo el manto del sueño, le impulsaron a pensar, y por lo tanto, a imaginar un campo escarlata que se extendía más allá de lo que sus ojos podían ver el horizonte. Flores y vegetación por igual, compartían ese color escarlata brillante e intenso que en su pecho abrigaba agobio, arrebatando su respiración con fuerza.

Un viento haría sentir sus músculos revitalizarse. Un aire en extremo cargado por el aroma que había podido sentir segundos antes de caer dormido. Y fue cuando se dio cuenta de lo familiar que esa fragancia le resultaba, que despertó envuelto en unas sábanas que desconocía, pero estaban impregnadas con ese mismo aroma.

Uh...

Jonathan desconoció de inmediato su paradero, y cuando se puso de pie notó que sus ropas eran las mismas que la noche anterior, aunque arrugadas y algo manchadas con alcohol y sudor. Buscó con desesperación su celular cuando vio que en la sala no habían relojes. Buscó en sus pantalones, pero recordó haberlo dejado en el saco, y su atención pasó a la prenda, la cual encontró colgada sobre un perchero en la puerta de la habitación. El aparato marcó 7:30 de la mañana, un horario normal para él. En el cuarto todo permanecía arreglado, y el profesor no pudo estar más a gusto con la pulcritud de la habitación.

Luego de acomodar su ropa se deslizó con cautela fuera del cuarto. Fuera de este la estructura era la propia de un departamento, y uno no muy grande. No tardaría demasiado en darse cuenta, tan sólo dando unos cuantos pasos, de que se había quedado solo en la vivienda.

Ay, no recuerdo nada.

Jonathan vagó por el departamento de un lado a otro. En su incertidumbre esquivó una nota que Scarlett le había dejado para darle a saber que podría salir sin muchos problemas. En esos recordaría lo básico, cuando un gruñido con fuerza de su estómago fue el único sonido en la sala. Andreas se dirigió a la cocina, pero se vio algo desesperado cuando encontró tan sólo pan y mermelada. Estaba solo, y aún así sólo sus pensamientos podían escucharse. Preparó café a regañadientes, pues otra cosa no pudo encontrar.

¿Cómo puede vivir así? —se preguntó cuando ya estuvo en la mesa, bebiendo café.


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Tema Privado Re: Ante el ocaso de las viejas costumbres (Priv.: Scarlett Mark)

Mensaje por Scarlett Mark el Jue Sep 06, 2018 11:44 pm

El día se le pasó en un abrir y cerrar de ojos, después de todo un mal día nunca dura una eternidad o ¿Sí?, a pesar de que el corazón de Scarlett doliese, ella debía salir adelante, después de todo alguien se debe sacrificar para que los demás sean felices ¿verdad?, se venía repitiendo en su mente, por mucho que lo pensara, nunca sería alguien importante en la vida de las personas, por lo que aunque muriera ella sería reemplazada, pensar en aquello pesaba mucho en su alma, a pesar de haber tenido una conversación con aquella persona en la colina, ella seguía sintiendo mucha tristeza, aquello no iba a sanar tan pronto, necesitaría algún tiempo para poder decir que estaba bien, pero siempre habría aquel abismo esperando a que ella cayese más y más.

Después de compartir algunas palabras con aquel pelinegro la pelirroja se dirigió rumbo a su hogar, a pesar de haber charlado un poco y aparentar estar bien, el deseo de ella era llegar pronto a casa y tirarse en la cama, por lo menos allí nadie la molestaría y probablemente se quede dormida después de llorar un poco. Así que sin muchos inconvenientes llego a casa, como pudo se sacó los zapatos, dejo tirado en algún lugar de la sala sus zapatos, siguió por el corto camino del pasillo el cual la llevaría a su habitación, dejó tirado el bolso cerca del escritorio, empezó a desvestirse y quedar en ropa interior, en aquel momento no le importaba nada, después de todo ella estaba sola en su pieza o eso creía.

El teléfono empezó a sonar con un tono algo molesto, Scarlett se dirigió hasta su escritorio para tomar la llamada - ¿Sí? – contestó.

¡Oh Hija! – una gruesa voz se escuchaba al otro lado de la línea – no sabes lo agradecido que estoy, gracias a ti llegar a casa no será un infierno – decía feliz aquella persona- que lástima que no te quedaste  a comer con nosotros- hizo una pausa- fue de muy mala educación que salieras así de la nada corriendo, por favor ten un poco de cortesía ante mi esposa – dijo algo molesto- espero que sigas bien, cuidate – se despidió.



Al escuchar aquella voz la pelirroja se estremeció, ahora no era un buen momento para enfrentarse a su padre, aquellas palabras que le dijo siguieron lastimando su frágil corazón, con un nudo en la garganta y mordiéndose el labio, ella reprimió las ganas de llorar, es que acaso su padre ¿estaba ciego? O ¿se hacía el tonto?, después de ver aquella escena por delicadeza debió llamarla antes o simplemente ver como estaba, pero no él estaba muy feliz haciendo su reconciliación con aquella bruja, mientras ellos eran felices Scarlett la pasaba muy mal, llego al punto de humillarse para que esos dos estuvieran bien. Después de la llamada la pelirroja dio un largo suspiro y tiró el teléfono al piso, acto seguido se tiró hacia la cama a sollozar, en aquellos momentos sentía un gran vacío en su interior.

¿Y yo padre?, ¿Qué hay de mí? pensó.

"Siento como ese abismo sin fondo fuera a  consumirme  y la soledad necesaria para cerrar ese agujero me supera"


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Tema Privado Re: Ante el ocaso de las viejas costumbres (Priv.: Scarlett Mark)

Mensaje por Jonathan & Eijiro el Mar Sep 11, 2018 7:44 pm

Para Jonathan no habían muchas actividades con las que pasar el tiempo. Pronto se dio cuenta de que dentro del departamento no habían muchas actividades con las que pasar el tiempo mientras esperaba a que la pelirroja volviera a casa, pues pocos libros pudo encontrar —de los cuales varios había leído ya, y los otros no lograron despertar su interés. En la cocina pocas cosas habían para pasar la mañana cocinando. Durante una extensa espera, el profesor se decidió por limpiar un poco el interior del departamento.

La vivienda necesitaba una limpieza, y Jonathan comenzó por reunir toda la ropa que encontró en la sala, junto con cualquier cosa que juzgó como 'fuera de lugar'. La ausencia de orden y pulcritud despertó en él la intranquilidad de lo que casi se trataba de un Trastorno Obsesivo-Compulsivo. Tan pronto como pudo dejar el suelo de la sala desocupado, buscó una escoba y limpió cada rincón. Una buena capa de tierra fue lanzada a la bolsa de basura al final; pero no había terminado, de hecho. Tras separar la ropa por color y telas, fue preparando la lavadora, no sin antes olvidarse de cualquier límite auto-impuesto. Así, se metió al cuarto de Scarlett, para recoger toda la ropa sucia que metería a la lavadora. Dicha tarea, en un inicio simple a sus ojos, fue casi imposible de realizar cuando encontró un brasier colgado en la silla del escritorio. El color rojo plagó el rostro del profesor, hasta el punto en que podía sentir las mejillas tan calientes que parecían hervir de vergüenza. Una larga e insufrible gota de sudor cayó por su mejilla, terminando en los dedos temblorosos que habían asido el brasier como si fuesen dañinos al tacto. Pero, con un considerable esfuerzo que exigió de sí mismo toda su paciencia y temple, logró llevar toda la ropa.

Con la lavadora encendida, lo siguiente fue la vajilla. La casa de una persona soltera no tendría demasiados trastos que lavar, y Andreas confiaba en eso. Mientras el agua corría y los trastos fueron lavándose, la puerta se abrió y unos pasos recorrieron la sala hasta la habitación. Jonathan se detuvo cuando la puerta del cuarto se abrió y, tras cerrar el agua, se acercó con los brazos mojados hasta la sala.

¿Habrá llegado? —se preguntó en un susurro.

Encontró la puerta abierta, pero lo que se hizo con su atención estaba de frente a esta, del lado interno: sobre la cama se había acostado la mujer de pelo escarlata, con nada más que la ropa interior cubriendo su nívea piel. El color que adoptó Andreas cuando sostuvo el sostén no podría haberse comparado con el color tan intenso que ahora tenía. El profesor podría haber jurado que, dentro de su sorpresa, vapor le brotaba de los poros como un sudor evaporándose.

Sus dedos temblorosos tomaron el pomo de la puerta y la cerraron, dejándolo del lado de fuera y dándole un respiro que no fue necesario para ayudarle a recuperar la compostura. Con las piernas tambaleando como nunca volvió a la cocina y encendió el agua más fría que pudo para continuar en su labor de limpieza.

¡No puede ser! —soltó como un grito ahogado.

Fueron dos breves segundos en los que su mirada tuvo contacto, pero habían sido más que suficiente para dejar una imagen muy nítida de la silueta semi-desnuda de su estudiante. Con la cabeza hirviendo, los pensamientos contradictorios surgieron una vez más. Jonathan no tardó en recriminarse por pensar de tal manera en una de sus estudiantes.


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Tema Privado Re: Ante el ocaso de las viejas costumbres (Priv.: Scarlett Mark)

Mensaje por Scarlett Mark el Lun Sep 24, 2018 8:24 pm

Nuevamente empezaba a sentir que su dolor no tenía cura, pero su pensamiento era completamente errado, en aquel mundo no vinimos a ser infelices, quizás sí nos lastimen y por mucho que nos lastimen debemos buscar la manera de poder ser felices, aunque la tristeza esté allí siempre algo positivo debe haber, quizás este sea el pensamiento del mundo, pero la realidad de las personas era muy diferente, es decir el pequeño mundo de cada persona, la pelirroja siempre trataba de agradar aquel ser que le dio la vida, aquello se hizo difícil pero no imposible según dentro de su ser, pero cada vez que intentaba el mundo le hacía recordar que no, eso no funcionaba para ella, que cada vez que lo intentase más de decepcionará de la vida, y aquello era muy doloroso de afrentar cada vez que le ocurría algo así, le hubiera gustado hacer amigos de verdad y así que ellos estén para ella, pero la verdad Scarlett hacía amigos para el momento porque después de compartir un par de risas u copas, ya nunca volvían a salir, las personas salían por ella por su ser feliz o eso es lo que aparentaba, pero eso no lograba llenar el vacío que esta llegaba a sentir cada vez.

Se aferró más a sus piernas y las lágrimas no cesaban, por más que lo pensaba sus lágrimas seguían brotando, pero en aquel momento algo la desconcertó, un golpe como si cerraran la puerta llamó su atención, limpió las lágrimas y se quedó mirando hacia la puerta – quizás sea mi imaginación – trato de calmarse, muchas veces el accionar del viento hacía aquel sonido, pero al regresar a mirar hacia la ventana se encontró con la sorpresa de que esta estaba cerrada,  se levantó de la cama y mientras encontraba una blusa para ponerse, el sonido del agua  de la cocina la alertó, al parecer había alguien más en su departamento, con mucho cuidado abrió la puerta de la habitación y salió solo con la blusa puesta mientras que sus piernas seguían descubiertas. Caminó sigilosamente hacia la cocina de su pequeño departamento y en el trayecto escuchó la voz de un hombre – oh no – susurró para mi misma, mientras agarraba un cojín del mueble más cercano, aquella situación se asemejaba al de las películas y eso le empezaba a dar un poco de temor.

Al llegar a la cocina su cuerpo de quedó completamente paralizado,  había un hombre en su casa, aquello causó un poco de temor, a veces había personas de malas intenciones que se metían a los departamentos de las demás personas y hace poco escucho que por su edificio había un hombre que se metía a hacer de las suyas, así que con mucho valor Scarlett le lanzó el cojín y rápidamente empezó a lanzarle lo que primero encontraba – AHHHHHH AUXILIO!!!! – gritó con todas sus fuerzas, así tal vez sus vecinos acudirían a su rescate.
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Tema Privado Re: Ante el ocaso de las viejas costumbres (Priv.: Scarlett Mark)

Mensaje por Jonathan & Eijiro el Jue Oct 04, 2018 8:25 pm

El agua fluía imparable, cayendo con más rigor que antes dada la baja presión del agua caliente. Jonathan, aún aturdido, mojaba sus manos para sentir el frío recorrerle la piel en estas y luego en el rostro, en un intento desesperado por bajar la temperatura casi febril. Aquello no era más que una exageración forzada desde el pensamiento consciente, desde donde nacía la exageración nerviosa de Jonathan.

Y a pesar de eso, la imagen no pudo ser borrada con el agua. Podía hallarse a sí mismo casi desesperado con sólo imaginarse mirando más de cerca, pero su fuerte sentido moral luchaba por reprimir tales pensamientos, considerados impuros por su estado más consciente; mientras que su subconsciente proseguía con el contradictorio paradigma impidiéndole olvidar con eficacia.

Pese a sus esfuerzos nada parecía ayudarle a olvidar. Su rostro mojado y frío por el agua todavía resentía ese calor incontrolable tras un intento frustrado por retener sus pensamientos. Jonathan había cedido a lamentarse reiteradas ocasiones, como una promesa a sí mismo de detener inútilmente sus impulsos. El rojo en su rostro no parecía desaparecer, dado el intenso calor que se acumulaba en el interior de sus mejillas.

¡No puedo pensar en otra cosa! —maldecía reiteradas veces, procurando siempre mantener el volumen tan bajo como para ser sólo él quien pudiera escucharse.

Aunque lo que más deseó fue poder gritar. Liberar el peso opresivo en su pecho, con una fuerza tan grande que a la mínima oportunidad que tuviese se daría el lujo de gritar; gritar más fuerte de lo que nunca había gritado, prometiéndose a sí mismo liberar todo ese estrés mental de una forma violenta, aunque inofensiva a su vez. Lo ansiaba, pero no podía entender cómo alguien tan sereno como él podía tan siquiera pensar así, tanto en la causa como en la deseada consecuencia. Sólo podía pretender impavidez, engañándose a sí mismo, o cuanto menos, intentándolo.

El agua seguía corriendo, y el profesor había caído en sus pensamientos hacía ya un rato. Desconectado de la realidad, dejó que el chorro de agua llegara a llenar una olla que estaba en el fregadero, y su mirada perdida reflejaba en sus ojos el burbujeo del agua que salía a la superficie desde el interior de la olla.

Quizá se encontraba demasiado aturdido, pues poco o ningún caso hizo al cojín que chocó en su espalda. No fue hasta que se escuchó un fuerte grito de socorro que sus pensamientos dejarían de intervenir en sus procesos regulares. Alzó su cabeza, como si de repente hubiera recordado lo que lo tenía en ese lugar. Tan pronto como volvió en sí un golpe en la cabeza le desestabilizó lo suficiente como para hacerle tambalear, luego de que un libro no demasiado grueso para su fortuna estrellara contra él.

Dio dos pasos, tambaleándose como un muñeco de trapo sin hilos que le sostengan, recargándose desde la encimera para no caer sin remedio al suelo como dicho muñeco. No supo por qué, pero más allá del dolor no sintió el impulso de dar un alarido, o tan siquiera de esbozar un mínimo gesto de dolor. Aunque no comprendía el no expresar un dolor que podía sentir con total claridad. Su cuerpo era honesto, consigo mismo, al menos, y sin embargo no hizo nada cuando sintió el golpe de otro objeto contundente, esta vez en su espalda.

Ahora estaba seguro de lo sucedido. En un inicio habría pensado en acudir hacia Scarlett, esperando saber lo que sucedía, pero si el primer golpe lo desestabilizó con la fuerza suficiente para desorientarlo durante esos instantes, el segundo le hizo retomar la consciencia casi en su totalidad. Pronto se dio la vuelta, mirando hacia el otro lado de la habitación donde ambos se encontraban, en dirección a Scarlett.

¡Alto, por favor, señorita! ¡No se asuste, soy yo! —suplicó aquel intruso, cubriéndose el rostro con los brazos mientras se encogía en sí mismo para protegerse incluso más del daño.

Escondió la cabeza entre los brazos, dejando de verla y rogando en el interior que el bombardeo se detuviese en el mismo instante en que se daba a conocer. Su cuerpo temblaba de los nervios, ajeno al dolor latente que aguardaba la calma para hacerle recordar el fuerte golpe que le habían dado.


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Tema Privado Re: Ante el ocaso de las viejas costumbres (Priv.: Scarlett Mark)

Mensaje por Scarlett Mark el Mar Oct 16, 2018 10:27 pm

En aquel momento un sentimiento de miedo invadía su cuerpo, por lo que no estaba consciente en todo sus sentidos, por lo tanto, a manera de protegerse lanzaba todo lo que encontrara a su mano, así estuviese pesado ella lo levantaba sin ningún problema, en aquel entonces la adrenalina en su cuerpo era muy por lo que pequeñas cosas como el peso de las cosas no le importaban, lanzaba las cosas a gran velocidad que no lograba distinguir a la persona que estaba invadiendo su cocina, con mucha agilidad agarró la silla de la mesa que se encontraba en la cocina, pero justo antes de impactar aquella  silla en esa persona, una voz logró detener aquella acción. Parpadeó varias veces - ¡Tú! – exclamó con mucha sorpresa. La persona que invadía su cocina era nada más ni nada menos que su profesor de la universidad suspiró un poco aliviada después de reconocer a aquella persona.

Bajó la silla que tenía entre sus brazos y luego se sentó en ella – Menudo susto me has pegado – dijo de lo más tranquila la pelirroja, aquella actitud era un poco desconcertada ya que pasó de un estado de alteración a una relajación. Cualquiera al verla así se hubiera enojado, esperaba que la reacción de aquel peliazul fuera tranquila y no se enojara por lo sucedido.

En ese momento la puerta de entrada empezó a sonar, al parecer los vecinos del edificio habían escuchado aquel gritó y decidieron ir a ver que sucedía en el departamento, con mucha agilidad Scarlett se dirigió hacia la puerta la entreabrió un poco y les explicó a las personas que habían acudido a su ayuda que todo había sido un malentendido, que nunca más va a volvería a suceder. La vergüenza se apoderaba de ella mientras explicaba lo sucedido, obviamente omitía varias cosas y eso para que no piensen mal de ella, pero la verdad no había ocurrido algo malo o que se mal entienda, pero uno no siempre puede confiar en lo que los vecinos entiendan, ya que ellos son los primero en difundir los muchos chismes que se escuchan por el edificio. Una vez solucionado el problema, la pelirroja se dirigía nuevamente hacia la cocina – Lo siento de verdad, en la mañana te dejé una nota cerca de la mesita de noche – hizo una pausa- te mencionaba que te podrías ir sin problema, pensé que te fuiste en la tarde, ya que cuando llegue ni me percaté de tu presencia – trataba de mantener distancias, ya que se sentía algo culpable de haberle lanzado muchas cosas sin siquiera ponerse a ver bien de quien se trataba, además por su cabeza  nunca pasó de que él se haya quedado en el departamento.

Como recompensa te ayudaré en lo que desees - se acercó hacia él para acariciarle las mejillas - de verdad lo siento y espero que no me hayas espiado cuando llegué- un sonrisa se formó en su rostro, ya que solo estaba bromeando con eso último.
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