Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Octubre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Libre Una noche de Sobriedad. || Libre 0/1

Mensaje por Ban Boraychoo el Jue Sep 06, 2018 8:29 pm

Si las simples sombras de mi alma, condenada a vivir una eternidad sin el amor de mi vida, vagando en un mundo absurdo, lleno de oscuridad, hacían que mi mente se volviera loca. Resultaría simplemente complicado poder creer que eso fuera una verdad inminente en mi vida, pero era completamente real. Hacía ya miles de años que había perdido a la única mujer que ame, a la única que realmente poseí. No me arrepiento de mi celibato y no es que simplemente busque una mujer para poder tener una descendencia con ella. Seré sincero, pues creo que el amor solo es un estorbo en la vida humana, el simple deseo de reproducirse afecta a las facultades mentales, más que el alcohol, más que cualquier toxina entregada por la naturaleza. Falle a mi voto, debido a una treta de un ser antiguo. Ahora en Eadrom puedo vivir en paz, tranquilo y haciendo de mi vida una simple luz de esperanza.

Una noche extraña, se podría decir. Mi sobriedad me volvía un ser pensante, demasiado. Con una idea de cómo este aburrido mundo se maneja. Si, quieren llamarme adicto, borracho o lo que quieran. Háganlo pero simplemente soy un ser que no quiere recordar, no quiere pensar y que oculta sus miedos tras un simple trago, al igual que su espectacular intelecto. Siendo sincero y humilde, lo admito, mi mente es más prodigiosa que ninguna.

Caminaba calmando por las calles de la ciudad, extrañamente, no buscaba un bar para silenciar mi mente. Más bien la compañía de alguien, con quien simplemente pudiera hablar de los temas triviales de la vida, debido a mi crianza, alguien del sexo femenino. Pues fui criado por un grupo de mujeres, hadas, de un bosque muy antiguo cuya existencia culmino hace ya mucho tiempo. Por ello era mejor dado a la compañía femenina. Encontré uno de esos Cafés, me resulto complicado, realmente. Ya que hablaba un idioma extinto, el cual cualquier persona comprendía como su lengua natal. Pongamos un ejemplo, para sus simples mentes:

Si hablara en una conversación simultánea con un japonés y un alemán, ellos entenderían en sus respectivos idiomas las palabras que salen de mi boca. En palabras más sencillas el alemán me entendería en alemán y el japonés en japonés, valga la redundancia. Pero este tenía una pequeña dificultad, me resultaba imposible entender las palabras escritas.

Caminaba vestido con un traje de color carmín, y en cuanto a mi forma física, mi cabello era de color gris y con una enorme cicatriz que atravesaba mi cuello, unos ojos de color escarlata y un cuerpo trabajado en extremos. Unos zapatos negros solo hacían la diferencia en toda la tonalidad de mi traje.

Entre al café, calmado como siempre y tome asiento en una de las mesas, al lado de la puerta, la cual se encontraba completamente desocupada.

-Un café por favor- mencione al pedido de aquel hombre que se encargaba de servir en las mesas.

Mi intención, solo esperaba que ese café se llene y alguien, tome el asiento que se encontraba enfrente de mí. El segundo caso, es que mi cuerpo atrajera a una mujer y tome lugar en frente para tratar de coquetear, pues también he de admitir que además de poseer una mente espectacular, poseo uno de los mejores cuerpos que jama han existido.
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Tema Libre Re: Una noche de Sobriedad. || Libre 0/1

Mensaje por Emeria el Vie Sep 07, 2018 7:18 am

Cuando el día agota el cuerpo de los humanos comunes e incluso incordia las mentes de seres sobrenaturales llegada la noche para volver a casa, Emeria es cuando mejor se siente para dar sus paseos. Como si acaso lo matinal fuese en el ocaso nocturno, sus ojos verdes, en el día entreabiertos, brillaban con un destello pícaro mucho más alegre.
No importaba el hecho de haber pasado todo un día de trabajo en el Instituto Takemori o incluso el levantarse levantado temprano para no aguantar las primeras luces de la mañana cuando caminaba por las calles. La oscuridad era parte de su naturaleza y cuando las sombras emergían procedía el momento en el cual se hallaba en su confort. Con sencillez, volvía a despertar.

En su rutina, pasaba por su casa, se duchaba y se cambiaba de ropa; fresca y de colores oscuros. Después de tantos años, aún estaba acostumbrada al frío norteño.
Había optado por una camisa negra de tela,  bastante corta en conjunción con un pantalón de cuero, sujeto con correa marrón de hebilla simple, la cual hacía juego con una pulsera del mismo color.
Después de ese sencillo ritual, salía de allí y comenzaba a caminar por las calles de la ciudad, paseando a adivinar dónde se encapricharía a detenerse en esa noche... o por dónde comenzaría. Dando por supuesto el hecho de llegar tarde a su hogar.
Tenía conocidos en los bares y las discotecas, también en muchos restaurantes donde era habitual. Al fin y al cabo, no era extraño. Hallarla por allí era costumbre.

Terminó llegando a uno de los cafés que frecuentaba en ocasiones. La idea de la cafeína recorriendo su cuerpo para tomar más fuerzas no le resultó en absoluto desagradable.
En su interior, no pudo evitar desviar la mirada hacia un extraño cuya presencia era singular allí. Tal vez fuese su físico o simplemente la escasez de audiencia en el lugar. Quizá simplemente la profesión de Emeria la condujera a analizar tan curiosamente a las gentes sobresalientes. Colocarse en la mesa colindante, le dejaría una buena visión para ello.
No tuvo que esperar mucho la llegada del camarero.
—Un café, por favor.—Pidió con una sonrisa.
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