Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Diciembre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado Schatten { Priv. Amadeo Roma}

Mensaje por Liu Feilong el Lun Ago 27, 2018 7:01 pm

Recuerdo del primer mensaje :


 
No importaba como, pero me había metido en un enorme aprieto.
 
Bueno, para aquellos que recién nos acompañan, los pondré un poco al corriente.

Hace un poco menos de dos meses, mientras que yo disfrutaba de mi discreta estadía en esas termas tranquilas y rehabilitadoras, me topé con cierta criatura. No niego que era bella y enigmática, pero peligrosa al fin y al cabo, pero eso no era lo más extraño. Lo que me llenaba de un enorme recelo es que yo jamás lo había visto, no reconocía su energía ni su físico, pero él, no más me vio, me juró como su enemigo acérrimo y el culpable de todas sus desgracias.

Por supuesto que mi confusión fue universal, y mi enojo de tamaños considerables, pero lo que más me consternó fue la curiosidad que hizo despertar en mí.  Era colosal. Así que, movido por estas emociones, y porque al devolverme en el pasado me di cuenta que uno de mis hijos podría ser el incitador inicial de todo este embrollo, decidí recurrir a mi detractor predilecto en asuntos de negocio, pero que también sabía era un ser por demás culto, y lo más importante, un demonio como Amadeo Roma. Su nombre lo supe apenas comencé a hablar con Caim, también me enteré de un par de cosas más, que aunque yo creí insignificantes en su momento, creo que son la clave para lograr mis objetivos. Objetivos, aclaro de una vez, que ni yo mismo tengo muy claro.
 
Lo que sí sabía con certeza era que prefería que Amadeo, Marbas, el León de los Infiernos, o como sea que guste de hacerse llamar, creyera que era yo su oponente y no mi cría, del que no sé nada más que la noción de que sigue con vida, desde hace un año.
 
En todo este tiempo meditando sobre lo que debía o no hacer había pasado demasiado tiempo en la cocina, buscando de tranquilizarme, también en mis habitaciones privadas, creando pócimas de todo tipo y para toda ocasión. Dejando de esa forma el negocio a manos de mi hijo menor, quien más gustoso de lo que yo esperaba a asumido el total control de las casas de Té Los nueve dragones. — En serio, papá, me preocupas… ¿Qué te ocurre? — Recuerdo que me dijo en algún momento la semana pasada, pero yo me mantuve en silencio, mientras preparaba una nueva tanda de ponquecitos rellenos  que tal vez nadie iba a comer, con tal de mantenerme sereno. Para los que me conocen íntimamente saben que si estoy horneando es porque algo está mal. Yo solo besé su cabeza y seguí en lo mío teniendo un pequeño deja vú, si quieren llamarlo de esa manera.
 
Supe que era lo que tenía que hacer.
 
Por eso estaba aquí esta noche, en la mismísima boca del lobo, o del león, si alguno entiende lo que digo.
 
Mi plan era simplemente no tener un plan e improvisar, yo prefería que desquitara su odio y resentimientos conmigo y no con Tokyo. Además de que yo podría hacerle recuperar sus memorias, o parte de ellas, con el fruto de los arboles más sagrados de mi tierra natal.
 
Llevaba puesto un hanfu vérmelo con los bordes dorados y detalles de dragones, estaba impecable de pies a cabeza y estaba entrando a la mismísima academia de artes de Amadeo Roma, donde se celebraba esta noche un recital de música clásica. Adquirir la entrada fue sencillo, era solo dinero y yo quería mostrarme, quería que me encontrase. Me senté en el último asiento, estaba nervioso, a la expectativa, pero también sentía que era lo correcto.  Mi hijo le había hecho un enorme mal a este hombre, y aunque yo no sé los motivos que tuvo, nadie debería vivir a la sombra en su propia vida, sin saber quién era.




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Tema Privado Re: Schatten { Priv. Amadeo Roma}

Mensaje por Amadeo Roma el Vie Dic 28, 2018 5:19 pm

El café era para mí algo más que una droga, era mi único sustento. En ocasiones pasaba jornadas enteras pintando con un puñado de almas en mi haber y más de cinco litros de café en mis venas. Incluso tomaba pastillas de cafeína. Estas suelen ser un potente estimulante que ingería con el afán de aumentar los niveles de energía física, mejorar la claridad de pensamiento y reducir la sensación de fatiga que solía apreciar cuando las almas eran mínimas y mi trabajo era ingente. Sin embargo, estar sin una gota de café y con té sin teína, que es lo mismo que la cafeína, gracias a una elaboración más rápida y a hierbas que apenas contienen nada en la infusión provocaba que me sintiera fatigado. ¿Desde cuándo no ingería energías? Tal vez unas dos o tres semanas. Había ingerido a más de veinte el mes pasado, pero sus almas, aunque turbias, no eran lo suficientemente poderosas para mantenerme algunos meses sin siquiera salir de mi ritual basado en el trabajo dentro y fuera del instituto.

Guardé silencio observando “el detalle” que a modo de “botella de vino” había traído mi invitado. Siempre que vas a comer con alguien, o quedas en una vivienda, sueles acompañarlo con un buen vino, una caja de bombones o el postre. Él había traído, como regalo, uno de mis obras. No era la más vieja, naturalmente. Sí era antigua, al menos tenía unos dos siglos. Observé sus detalles, el joven tenía la mirada muy expresiva y llamativa a pesar de lo delicado que era en su aspecto. Sus cabellos carmesí caían sobre un campo de trigo, su cuerpo laxo, como si estuviese descansando a punto de dormir, se veía erótico y su piel era lechosa ofreciéndole a las pecas de su nariz un aspecto de “vía láctea” muy llamativa.

—Cardenal en el trigal…—susurré.

Era un hechicero que solía convertirse en el ave “cardenal”. El ave era rojo como el fuego en su cuerpo, pero posee las alas negras. Son aves muy hermosas, muy llamativas. Él fue un amante temporal, uno de esos que vienen y se van. Yo jamás los detengo, tampoco espero que se queden o los busco cuando se marchan. Sabía tallar. Nos vinculamos un tiempo ofreciéndole a cambio un beneficio en el progreso de sus artes, a cambio obtenía almas ruines de los campesinos cercanos. Sin embargo, el mejor sustento era su cuerpo cuando se excitaba, o más bien su alma cuando se coordinaba con sus caderas.

Me pregunto si estará ya muerto…—dije para mí mientras alzaba la obra y cerraba la puerta.

Los hechiceros tenían vidas longevas, pero no eran inmortales. Posiblemente estaría muerto y de no ser así a punto. Tenía apenas veinte años, aunque aparentaba algunos menos, cuando nos conocimos y lo dejé alrededor de los cuarenta años con una habilidad asombrosa para tallar todo tipo de obras.

Creí que se había quemado en un incendio—comenté llevándolo hacia donde solía amontonar algunas obras que esperaban ser colgadas, o al menos bien distribuidas, por las distintas salas—. ¿Dónde desea que nos reunamos? Hay una biblioteca, una sala de descanso o social y un jardín que podemos utilizar. No sé si necesita o no estar vinculado con la tierra o vale cualquier ambiente—decía ajustándome bien la bata.

No me importaba estar desnudo, pero imaginaba que a él no le sentaría bien observar un milímetro de mi piel. No iba a ser descortés. Si quería ayudarme con la memoria, los dos años en blanco que tenía, debía comportarme.


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Tema Privado Re: Schatten { Priv. Amadeo Roma}

Mensaje por Liu Feilong el Jue Ene 03, 2019 8:16 pm


 
Yo iba a reservarme lo que sabía del grupo al que había comprado la obra, no quería que él supiese que estas estaban siendo malvendidas al otro lado del continente, quería ahorrarle otro peso emocional, de todas formas, había jurado encargarme de todo. Y lo haría gustoso. ― El jardín, los lugares abiertos siempre son la mejor opción. ― Comenté seguro de mi mismo, tenía todo bajo control, sabía lo que tenía que hacer y lo que no. Era algo delicado, pero en circunstancias idóneas sería de gran ayuda a sus fines. Por eso le había otorgado el permiso. ― Solo necesitamos una tetera ancestral, la cual he traído, la flor de la planta, que también tengo en mi poder y un lugar disponible para que usted descanse mientras se recupera. Lo demás, el viaje, o lo que sea que ocurra bajo los efectos de esta bebida, solo debe enfrentarlo usted, por supuesto, estará bajo mi cuidado en todo momento. ― Le miró inquisidor ― Debe ser fuerte, Sr. Roma. ― Yo no dudaba que lo era.
 
Quise hacer oídos sordos a sus comentarios de algún amante antiguo, porque eso debió haber sido, para dejarse retratar en tan desmadejado estado. ― ¿Esta es su forma de alimentarse? ― Le pregunté, curioso, no sabía nada sobre demonios y su forma de comer ― Entonces son como los pérfidos… ― Miraba todo a mi alrededor ― Tiene una bonita casa, se parece a usted. Hermosa y peligrosa. ― Le había hecho un cumplido sin saber.
 
Expandí mis sentidos, necesitaba cerciorarme de que no había nadie más en la residencia. Bien, estábamos solos, lo que fue un alivio para mí. No desconfiaba en él, no tanto, se trataba de verlo por mí mismo. Seguí su figura masculina y viril, ¿Estaba mal verlo como una criatura atractiva? Porque lo era. No estaba nervioso por quedarnos a solas, de hecho, me sentía excitado ante una vivencia semejante y sobre todo en calma porque por fin podría ayudarlo a dejar de sentir tanto enojo y frustración. 



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Tema Privado Re: Schatten { Priv. Amadeo Roma}

Mensaje por Amadeo Roma el Vie Ene 04, 2019 7:41 pm

Guardé silencio. Había quienes decían que el silencio esclarece más que las palabras, que ilumina con mayor potencia, que desciende y enciende las mentes más brillantes y da razones para seguir caminando o detenerse. El silencio es una forma de diálogo, porque deja paso a las formas de las manos, las miradas, el aroma o simplemente el sonido de los pies deambulando. El silencio es música, pero pocos saben tocarla. Así que silencio.

Simplemente silencio.

Me movía frente a él indicándole que me siguiese hasta el jardín. Mis pies estaban desnudos. Solía estar descalzo, desnudo y con la única compañía de los recuerdos que me transmitían los “alimentos” de cada día. No sólo era la comida a base de energía, sino también los alimentos que cocinaba para olvidarme del mundo real donde tenía que aliarme con otros, de cualquier raza, para compaginar mis trabajos y mis engaños.
En el jardín tenía un grupo de esculturas llamativas, pero también bonsáis bien cuidados. Era el jardín más asiático. Incluso había un jardín zen, uno de arena y montículos de piedra. Estaba a cubierto con un pérgola china. Se suponía que en ese lugar debía alzarse otra clase de estructura, pero de ese modo cubría la arena y no se humedecía. Alrededor había un pequeño lago, lleno de nenúfares que podía conservar gracias a los oficios de un jardinero cuyo poder era mantenerlos en flor, con hermosas carpas.

El césped está bien—susurré con los ojos perdidos en la lejanía, justo donde el sol iba izándose—. Mi alimentación…—dije girándome hacia él—. Me alimento de la crueldad, de lo tóxico, que existe en los corazones. Sobre todo en los corazones humanos. También en lo sexual. En ocasiones consumo el alma completa si deseo trasladarla a una pieza… Digamos que… soy el basurero del barrio—comenté deteniéndome—. No siempre mato, pero si puedo hacer intercambio de un alma por mejorar dotes o parte de sus energías o que me consigan alimento por ese “pequeño pedazo de poder” lo hago. Supongo que a su hijo lo tenía en “nómina” para que me consiguiese, mediante su arte, las energías tóxicas y las almas que yo deseaba. De ese modo no tengo que salir a buscarlas… ya sabe… no pierdo el tiempo en nimiedades. Oh… también consigo energía comiendo como cualquier otro ser vivo.

Satisfecha su curiosidad simplemente me senté cerca de la pérgola, muy cerca del lago, con las piernas cruzadas en forma de flor de loto y me mantuve atento.

¿Está bien aquí?


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Tema Privado Re: Schatten { Priv. Amadeo Roma}

Mensaje por Liu Feilong el Vie Ene 04, 2019 9:31 pm


 
No creo que seas el basurero, más bien deberíamos agradecerte por hacer desaparecer la fealdad y la maldad del mundo, así que gracias ― Dije mientras tomaba asiento frente a ´l, dejando un bue espacio en medio de ambos. Había traído mi tetera especial, pero antes debía encender un fuego, así que tomé dos palillos que tenía dentro de mis cosas y saqué de allí lo suficiente para encender las ramitas que también había traído, coloqué la tetera sobre estas, allí había agua, saqué también le flor que haría todo posible. ― Se llama El Alma de Dragon y es considerada sagrada en mis tierras, le llevará a la raíz del problema, devolverá sus memorias, pero puede saturarle y por eso presentará cefaleas, mareos, nauseas e incluso fiebre y debilidad, pero se recuperará en un día.
 
El agua pronto herviría, había recogido mi cabello, y una hormiga cazadora se había subido a mi traje blanco, yo solo la miré, pensando en lo insignificantes que somos todos, ella no tiene ni idea que su universo no es más que una gota de lluvia en comparación con el cosmos, eso me hacía preguntarme si nos podía suceder lo mismo a nosotros. Seguramente sí. Tomé en mis manos la flor y esta parecía palpitar, era roja y dorada ― Sostenla ― Era como mantener vida en las manos, se la pasé ― No muere rápidamente, es resistente y tiene muchas propiedades. El agua está hirviendo, colócala dentro y tápala y apágala.
 
Sería una infusión vivificadora. Debían pasar unos minutos para beberla, cundo el agua absorbiera algo de sus propiedades. ― Ni yo mismo nunca he podido entender a Tokyo, supongo que sacó la incertidumbre de su otro padre. ― Era un enigma, pero un genio en lo que hace y ama. Hablar de él me ponía melancólico, era mi cría y lo quería bajo mi ala.
 
Serví y le di la taza a Amadeo. ― Bebe cuando desees. ― Le dije.
 
 



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Tema Privado Re: Schatten { Priv. Amadeo Roma}

Mensaje por Amadeo Roma el Vie Ene 04, 2019 9:50 pm

Hice todo lo que me pedía. Lo hice en silencio. Había visto rituales para el té, así como rituales para hierbas medicinales. Una vez conocí a un dragón ciego que sabía de pociones más que cualquier otro. Era un dragón azul, con un aspecto rudo y unas formas de ser bastante apegadas al honor, la lealtad, el orgullo, la tradición… Se llamaba Sakura, Atsushi Sakura. Era un dragón azul, el único de su especie según decía, y lo había visto sanar a otros. Si bien conmigo no tenía trato, al menos un trato digno. Ambos discutimos en varias ocasiones y aún recuerdo el siseo de sus palabras soeces, llenas de furia y rabia, llamándome criatura del averno y exigiendo que me fuese de su territorio. Dejé de saber de él y, a mi pesar, me hubiese gustado tener más contacto. Sin embargo ni él ni yo estábamos en posición de conocernos a fondo. Teníamos unas personalidades que podían calificarse como agua y aceite. El recuerdo de ese dragón vino por todo el ritual, así como por la flor. Recordaba tatuajes en ese dragón y uno de ellos era esa flor, esa misma flor.

Por eso no dejo crías. Jamás permito que mis amantes tengan crías—dije mirando la tetera—. Odio compartir mi territorio y más lo odiaría con criaturas incomprensibles, pero demasiado parecidas a mí. Prefiero ser un león solitario a un león con manada llena de hienas…

Había visto como acababan otros demonios. A Caim le iba bien, pero a la mayoría no. Los hijos se convertían en una carga para nuestra especie a no ser que fuesen eficientes, leales y amasen a sus patriarcas. Si sabían de respeto, así como poseían un carácter regio, se lograba tener una familia agradable. Pero para mí hubiese sido un quebradero de cabeza.

Si hubiese llegado a tener hijos me hubiese suicidado al llegar a la pubertad… o tal vez hubiese hecho lo que hacen muchos leones con las crías de otros machos…—susurré en tono de broma, aunque había parte de verdad.

Al menos rezaba porque nunca apareciese un hijo. De aparecer lo eliminaría o al menos le daría una buena fortuna para que no volviese a cruzarse conmigo.


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Tema Privado Re: Schatten { Priv. Amadeo Roma}

Mensaje por Liu Feilong el Vie Ene 04, 2019 11:04 pm


 
Su forma de hablar no me gustó ni un poco, pero respetaba su manera de pensar ― No me malentienda, daría la vida por ellos, mi inmortalidad, mi alma, lo que fuera para que estén bien, pero tal vez me equivoqué en el otro contenedor de ADN, supongo que ya no sabré si debí ligar mi raza a otra especie o escoger a otro macho. ― Había amado locamente aun humano, y me había quedado con él durante toda su vida mortal, le hice feliz, pero, aunque me lo suplicó, jamás ligué nuestras razas, por miedo a la dualidad que había visto en otros mestizos. ― Habla así, pero estoy seguro de que sería un buen padre, lo que lo niegan y se rehúsan siempre lo son, además, no es difícil enamorarse perdidamente de un hijo, sin que lo queramos o nos lo esperemos, nos roban el corazón ― Yo había tenido que criarlos solo, no fue nada fácil y menos en este mundo. ― Es triste una existencia que termina siendo vacía... yo no sabía que la mía lo era hasta que rompieron el cascaron.
 
Todo mi mundo había cambiado, surgió en mí la necesidad de asentarme, dejar de ser nómada por su bienestar. No hubo algún otro cambo, no me hice mejor persona, no tenía mejor ánimo, simplemente crecí ― Tokyo es muy joven, además era el hijo del medio, sensible, se satura rápidamente. Huye. ― Ya maduraría ― Los hijos dan bueno dividendos si los crías bien, De cuatro tuve un factor que puede educarse, así que no me fue tan mal, lo mismo para Caim, nunca he visto hijos más leales.
 
Parecía querer retrasarlo, sonreí ― Ahora beba, va enfriarse ― Le dije ― Se sentirá normal los próximos minutos, hasta que en un buen rato le de sueño y es allí donde la flor hará su trabajo. Los síntomas contraproducentes vendrán al amanecer, cuando recupere la conciencia.
 
 
 



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Tema Privado Re: Schatten { Priv. Amadeo Roma}

Mensaje por Amadeo Roma el Vie Ene 04, 2019 11:53 pm

Mis hijos son mis obras y mi legado es lo que estas causan en los demás, para bien como para mal—fue lo único que dije.

Tenía sentido que otras criaturas, sobre todo dragones o sirénidos, desearan desesperadamente propagar su estirpe. Eran criaturas que solían ser longevas, pero no lograban reproducirse todo lo suficiente como para que fuesen una raza fuerte. No es que fuesen débiles en sus características, pero sí endémicas. Cada vez había menos sirénidos, aunque había conocido en épocas pasadas a sirenas, que no tritones, que cautivaron a muchos y lograron grandes beneficios para sus propósitos más oscuros, así como para los míos. También era lógico que fuese bastante violento a la hora de defender a sus descendientes.

La naturaleza era básica, básica pero perfecta. Las leonas defendían a sus crías inclusive del macho dominante, sobre todo cuando este era nuevo e intentaba destruir la progenie del anterior. Incluso un ritual habitual entre estos animales, que era destruir la semilla del caído, lo tomaban en contra. Del mismo modo que los caballos de mar parían a sus crías, siendo los machos, intentando proteger cada uno de los pequeños, casi insignificantes, que se desprendían de su vientre. Al igual que muchas mujeres, así como hombres, en países en guerra daban sus vidas porque sus hijos pudiesen salir del país y fuesen en pateras, que no eran más que balsas inestables, a poder sobrevivir en otros lugares como refugiados. Era básico. Era lo natural. No en mí. No en gran parte de los demonios.

Sí, está bien—dije dando un trago del té. Arrugué la nariz. Odiaba el té de ese modo. Prefería otras infusiones, aunque no decía jamás “no” al té blanco o té verde, pero el rojo no era del todo de mi agrado. Aquel sabor era similar al rojo.

Cuando finalicé me sentí ligeramente cansado. Era como cuando me tomaba valeriana bien cargada, con otras hierbas, para poder relajarme en el spa tras horas de trabajo, sexo y algo de natación. A veces iba a un gimnasio a nadar, como si fuese un humano más, y entraba en el spa con una taza de hierbas que preparaban allí. No era lo habitual para mí, al menos en otras épocas, pero en estos años atrás parecía algo que hacía por costumbre. Lo comencé a hacer de nuevo cuando lo recordé o más bien encontré la tarjeta del gimnasio en mi billetera y me percaté del extracto bancario. ¿Si lo pago por qué no usarlo? ¿Por qué no probarlo? No era como nadar en el mar, pero al menos me dispersaba la mente tanto como la lectura, la escritura y la pintura. Era un “break” para soportar a mis alumnos.

Cerré los ojos, eché la cabeza hacia atrás y sentí como toda mi mente se volvía a negro. Comencé a tener mareo. Era como estar en un buque en mitad de una tormenta. Se inició la lluvia, no muy torrencial, debido a la complejidad de sentimientos que comencé a sentir. Entonces los recuerdos. Uno tras otro. Mi cuerpo temblaba, mi aspecto cambiaba y yo no podía dominarme aunque no iba a atacar al dragón. Sólo no podía controlar mis cambios físicos. Me quedé con el cabello aún más encrespado, las manos similares a garras y unos rasgos más similares a los de un gato que a los de un hombre… además me arranqué la ropa porque sentí calor. Calor… en pleno invierno y apenas llevaba ropa encima. Desnudo deambulé por el jardín dando un par de pasos, los cuales eran como zancadas, porque sentía como mil aguijones en el cuerpo y después caí al pasto. Luego no recuerdo más, la verdad. Lo que hice o no hice, dije o no dije… eso queda en la nada.


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Tema Privado Re: Schatten { Priv. Amadeo Roma}

Mensaje por Liu Feilong el Sáb Ene 05, 2019 9:52 pm


 
Todo estaría saldado en poco tiempo, aunque yo me lo había tomado en serio, realmente, quería devolver todas sus obras, quería que cuando me mirara no viera a mí un enemigo y que olvidara lo que Tokyo le hizo, no literal, sino que no la tomara contra él, así como ha hecho, haciéndolo aun lado. Lo vi vagar, convertido más en bestia que en hombre, admiré su desnudez a la espera de que cediera, para llevarle a alguna habitación a que descansara y velar su sueño.
 
Se había rendido, al acercarme noté su rostro pálido, sudor en su frente aliviado por la suave lluvia y su cuerpo caliente. Debía moverlo, así que lo tomé cuidadosamente y lo puse sobre mi hombro. Yo podía tener un aspecto no demasiado varonil, pero tenía la fuerza de mi raza y su peso no me fue sorprendente. Entré en la casa y seguí su propio olor, sabía que la habitación con la intensidad de su aroma era la que más usaba y tal vez donde tenía su cama para descansar, pero resultó ser un estudio de pintura y sonreí, debí suponerlo. La siguiente sí, había una enorme cama de sabanas rojas, así que lo dejé allí con cuidado y entré al baño para buscar un recipiente con agua natural y una toalla con la que humedecer y pasar por su cuerpo afiebrado para aligerar la calentura.
 
Recitaba un poema, que luego se hizo canción, era mi lengua, de mi raza y parecía una nana, era envolvente y suave, como un arrullo. Vi por la habitación y noté una pequeña biblioteca, más bien eran algunos libros apilados, y tomé uno. Sería una noche muy larga así que algo de lectura me haría bien. Le había cubierto con una suave sabana, y revisaba cada cierto tiempo sus signos vitales, con mi oído sensible.
 
Me había quedado dormido a media noche, y me desperté cuando él empezó a sudar copiosamente, seguía siendo de noche y el reloj mostró que apenas eran las tres de la madrugada. Él se removía como acalorado y yo quería reconfortarlo. Noté que afuera seguía lloviendo, como cuando él perdió la conciencia.  Las toallas no serían suficiente, debía darle un baño, así que fui a llenar la bañera, que estuvo lista en poco tiempo. Lo llevé y comencé cantar de nuevo, en eso dejé ir mi memoria. Pensé en mis años junto a aquel humano, una vez había enfermado tanto que creí que lo perdería, pero se recuperó y vivió conmigo al menos veinte años más.  Siempre ponía mis ojos en criaturas radicales, pero tan ligeros como el viento, fáciles de matar, pero con un alma que trascendía, pues él había muerto hace más de dos mil años y seguía vivo gracias a mí. Yo lo mantenía vivo porque lo recordaba.
 
Lo llevé a la cama de nuevo y esta vez me acosté a su lado, incluso peiné sus cabellos salvajes, había sido un día largo, y una noche larga, él seguiría así unas horas más, al menos seis a lo sumo. 
 
 
 



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Tema Privado Re: Schatten { Priv. Amadeo Roma}

Mensaje por Amadeo Roma el Lun Ene 07, 2019 6:51 pm

No me recuperé tan rápido como esperaba. De hecho, ni siquiera recuerdo haber ido hasta la habitación. Cuando me desperté me sentí muy fatigado. Cerré los ojos nuevamente sintiendo que todo me daba vueltas. Podía apreciar las sábanas que yo mismo había elegido hacía más de diez años, las cuales adquirí en Italia. Eran sábanas especiales, las cuales usaba de forma no muy seguida. Si las había elegido en aquellos días era porque al ser algo más gruesas eran perfectas para el clima frío. Al ser un demonio no estaba muy acostumbrado a la climatología invernal. El edredón de plumas de pato calentaba bien mi cuerpo, el cual tiritaba a pesar de estar ardiendo. Sentía el cabello húmedo, pegado a mi frente, y el olor de lluvia se mezclaba con el del césped, las flores y la pintura.

Tomé aire, como si fuese a saltar de un trampolín, y volví a caer.

Los sueños no los recuerdo. Sólo sé que me movía como si estuviera meciéndome entre olas. Mi aspecto humano, o al menos la imitación, estaba cubriendo la parte demoníaca. Aparentaba ser un hombre, de unos treinta y algo años, pero tan pálido como el mármol. La palidez era marmórea y no únicamente lechosa. Mis cabellos rubios se veían como espigas doradas, un dorado muy llamativo, y no el paja que solía tener.

Abrí los ojos al cabo de unas cinco horas y al hacerlo me vi abrazado al dragón. A veces dormía con amantes, pero no era lo habitual. Hacía mucho que no dormía de ese modo y no comprendía porque lo había hecho, tampoco porque él se había quedado a vigilar. Era de agradecer, pero no entendía.  

¿Qué hora es?—pregunté aturdido—. Hoy tengo clases a segunda hora… ¿ya es lunes?


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