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Tema Privado Mi único contacto eres tú (Amadeo Roma)

Mensaje por Koto Kosei el Jue Jul 19, 2018 12:07 pm

Sólo en un puente. Así estaba. Observando como varios metros bajo sus pies corría el agua del Río que cruzaba próximo la ciudad. Cómo sus aguas corrían sin cesar; constantes e inalterables, albergando vida en su interior. Pequeña e insignificante, pero vida a fin de cuentas.

¿Cómo llegó y qué hacía allí? Sencillo.

“Un par de semanas atrás....

Caim, no conforme con un cuadro único y exclusivo de Amadeo Roma, ordenó a Koto que le consiguiera para él ya no solo el cuadro que deseaba adquirir, sino que le exigió conseguir un fresco para uno de sus hoteles. Un fresco del propio señor Roma. Algo difícil, si, pero no imposible. O eso creyó el asiático, quien pese a sus ofrecimientos varios, fue rechazado una y otra vez por el artista. Incluso su más indecorosa oferta, obligado a rebajarse humillantemente, la rechazó. ¿¡A él!? Se ofrecía a sus servicio, gratis. Para cualquier cosas que necesitara o deseara.

Lo rechazó todo.

Con las manos vacías, tuvo que acudir a Caim. Esta vez en serio. Consciente de cómo era con quien le fallaban, sus inquietudes e incertidumbre estaban fundadas. ¿Lo mataría? ¿Lo devolvería a los chinos? En sus manos estaba su vida, pues se la había “vendido” a cambio de su protección. A cambio de servirle y que supliera la figura de autoridad a la que desde siempre había estado acostumbrado. Aunque en esta ocasión, no eran humanos con complejos de seres intocables. Caim si. Poco podía hacer contra él y sus influencias, éstas más siniestras que él en sí mismo.

Para su sorpresa, salió vivo del despacho. Y para su sorpresa, le ordenó que se trasladara de hotel, donde trabajaría de ordinaria en sus funciones contables, y serviría a uno de sus hijos de alto cargo. ¿Extraño? Mucho. Pero lo aceptó con alivio.

Mal hecho.

Aquel hijo suyo era uno de sus mejores luchadores, un asesino profesional. Ser su “servidor” era tarea arriesgada, pues tenía aficiones y gustos raros el tipo. Tan pronto le lanzaba un cuchillo, como te pedía que le trajeras algo de comer. ¿Y los entrenamientos? Aquel tipo lo usaba, combatiendo hasta el punto de no aguantarse en pie, Koto.
Una semana y estaba física y mentalmente cansado. Siempre alerta. Apenas durmiendo por lo que a ese loco se le antojara hacerle.”

Apoyado con sus codos en la barandilla metálica del puente, cargando su peso de frente en ella, miraba correr el agua. Sus orbes, dorados y siempre atentos, se mostraban lejanos. Cansados. Perdidos. Una inspiración nasal, lenta, lo trajo de vuelta de las nubes. De recuerdos pasados. Recuerdos de un país mayormente rural, donde sus edificios eran de madera y la naturaleza aún cubría gran parte de sus tierras. Ahora todo era un paisaje de cemento y hierro que alzaba a los cielos.

Con el sol a su espalda, descendiendo, el morado de su pómulo se suavizaba. Su rostro estaba intacto pese a aquello, siendo su cuerpo el que más marcado estaba. Y no de la forma a la que Caim acostumbraba a hacerlo. Aunque le dejara dolorido, sacaba placer de algún modo. En esta ocasión, no sacaba nada.
Bajo sus ojos, se apreciaba unas ojeras difíciles de ocultar bajo el maquillaje..

Soltó el aire que retuvo en sus pulmones. Lento. Suave.


No tenía ningún contacto fuera del círculo de Caim.
Mentira.
Lo tenía.
Uno.

Y era a aquel tipo a quien esperaba en el puente, con ropas tan casuales como cualquier humano. Vaqueros, botines, ambos negros, una camiseta blanca de manga corta, y una chaqueta granate de vestir. ¿Quien dijo que fuera hecho un adefesio?

-¿Qué le parece este lugar?-Preguntó a la figura que se colocó a su lado prudentemente, sin necesidad de mirarlo. Sabía que era él. Se sentía su presencia. Se olía su aroma.

A las afueras de la ciudadela, allí podían ver como la coudad central se levantaba, siendo su núcleo la zona de mayores edificios.
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Tema Privado Re: Mi único contacto eres tú (Amadeo Roma)

Mensaje por Amadeo Roma el Miér Ago 01, 2018 12:50 pm

La vida no era de color de rosas. De hecho, siempre tenía un aroma pestilente a su alrededor. Las flores marchitas caían a mis pies y de cada flor podía decirse que había extraído su mejor perfume. Para mí las flores eran los humanos. Ellos vivían tan poco tiempo como las más delicadas. Tenía grandes talentos trabajando para mí, atrayéndome a los más idiotas y desvergonzados, mientras yo sonreía como un felino con un ratón entre mis garras. Si bien, el plato principal era ese dragón.

Ya había recordado parte, aunque tan sólo fragmentos, de nuestro primer encuentro. Ahora podía ver bien su cara, escuchar su voz y sentir que me las pagaría todas juntas. No había logrado conseguir su talento, el cual aún desconocía cuál era, pero sí había sentido como mi vida se vaciaba y se convertía en un libro en blanco. Aunque no por completo, sólo unos meses dentro de un cúmulo determinado de años.

Me dolía la cabeza horriblemente algunas noches porque me forzaba a recordar, pero caía a plomo sobre el diván como si hubiese estado trabajando horas en algún cuadro. Por otro lado me molestaba demasiado la insistencia de Caim, de sus hombres y de otros idiotas similares a él. ¿Acaso no entendían que no era no?

Aún así decidí acudir a una cita. Me habían convocado a una reunión en un puente. Llevaba una camisa borgoña con cuello mao, de botones de nácar, y un pantalón simple pero de vestir y algo liviano. Hacía calor. Ya no soportaba el calor de la ciudad ni sus noches prácticamente veraniegas. Quería despojarme de las ropas, como hacía en la intimidad, y recorrer mi vivienda desnudo tal y como aparecí en este mundo.

A unas calles del lugar de la cita había conseguido un café frío, sin azúcar y con el suficiente hielo como para refrescarme. Todavía tenía el sabor en mis labios y un sorbo en el vaso cuando él apareció. Quien me había citado era Koto Kosei. El demonio de aires asiáticos estaba allí esperando que le ayudase de algún modo, ¿debía? Ofrecerle el cuadro no estaba en mis planes.

Un lugar como cualquier otro—respondí jugueteando con los hielos dentro del vaso de papel—. Y bien, ¿sigue insistiendo en la necesidad de ese cuadro?


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Tema Privado Re: Mi único contacto eres tú (Amadeo Roma)

Mensaje por Koto Kosei el Jue Ago 02, 2018 3:49 am

-Mentiría si dijera que no.-Respondió con sinceridad y calma, observando el paisaje de la ciudad en el horizonte. Que horror. Que desperdicio. Que abominación. Cuanta naturaleza destruida para albergar la miserable vida de humanos Tan volátiles como sus deseos.

Se irguió, dejando de apoyarse sobre sus codos en la barandilla metálica del puente. Todavía de espaldas a Amadeo, posó sus manos de finos y largos dedos sobre ésta. Ni la caída desde aquella altura lo mataría, ni la corriente o profundidad de aque río lo ahogaría. Tampoco es que lo deseara. Morir. No estaba en sus planes. Tampoco era de esos que abandonaba todo al primer obstáculo.

Unos segundos de silencio y se giró a ver al rubio, quien estaba con uno de sus habituales cafés fríos en la mano. Sus poco disimuladas ojeras y el golpe aún coloreando su pómulo con tonos suaves se dejaron ver.

-La situación para mí ha cambiado un poco estos días. Seguro que sabe a qué es debido.-Le miró directamente a los ojos, tratando acreditar que sabía de lo que hablaba. Si conocía a caim, de seguro sabría cuán exigente era. Exigente y brutal. Sin embargo, con él tuvo la modesta consideración de no matarlo por el incumplimiento de su encargo, trasladándolo a uno de sus hijos para que le sirviera como asesor, contable y servidor. -Sé que pedírtelo es inútil, y que da igual cuánto te ofrezca. Pero dime al menos por qué. Habrá un motivo de valor. No te estoy pidiendo nada que no puedas hacer. Ni siquieras que tengas nada que ver con Caim. Es solo pintura. -Cerró un instante los ojos y suspiró, tranquilizándose a pesar de verse calmado. No quería entrar a negociar. Solo buscaba respuestas. Tal vez compañía en alguien fuera de su clausurado entorno.
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Tema Privado Re: Mi único contacto eres tú (Amadeo Roma)

Mensaje por Amadeo Roma el Vie Ago 03, 2018 1:55 pm

Era obvio que Caim se enfurecería, aunque esperaba que al menos se calmase momentáneamente. No fue así. Estaba demasiado acostumbrado a conseguir siempre lo que quería. Era como un niño malcriado que señalaba un objeto y su madre, abuela o cualquier familiar se lo daba sin que se esforzara siquiera en decir una palabra. Tenía todo lo que ansiaba e incluso mucho más, pues como niño malcriado a veces se cansaba y dejaba a un lado sus triunfos. Mis cuadros no iban a ser trofeos, ni siquiera para su regocijo momentáneo. Mis cuadros eran para alimentarme, para ostentar poder, para atraer hacia mi profunda alma oscura pedazos de otras mucho más débiles e insignificantes como las humanas. Las energías negativas, el alquitrán del dolor y los pensamientos crueles o tóxicos, eran mi alimento como lo era para otros demonios.

Mis pinturas son especiales—dije—. Obviamente no todas—añadí antes de sonreír mirándolo de soslayo—. Tal vez debería ver esa pintura y comprender porque no puedo ofrecérsela como si fuera un mero trozo de papel.

No era por dinero. No era por orgullo. No era por nada de eso. Era porque para mí el alma que había pintado era fuerte, había sido parte de mi alimentación y me proponía atraer muchas otras más. Los cuadros eran como los cebos vivos de los pescadores que no usaban redes de arrastre, sino las frágiles cañas. Un pequeño gusano, que se mueve inquieto en un arpón o una sardina para un pez mayor, esperando que piquen los demás y tener algo para llevarme a la boca. Eso era mi pintura, eso era lo que quería Caim sólo porque ansiaba contemplar ese alma humana tan tóxica y criminal como la de algunos demonios. Obviamente era el amante de un vampiro, había cortejado a demonios y cuando lo introduje en el cuadro, después de engullirlo durante unas horas, le había dado matices excepcionales. El cuadro atraía. Era como ver a Dorian Gray en vivo y directo, paseándose por una sala desnudo, provocador y con una mirada exótica. No ea cualquier cuadro, no era cualquier rostro, no era cualquier alma... Se tuvo que fijar en un cuadro naturista con un individuo de gran belleza y privilegios.

Además, es una de las últimas que he hecho con aires grecorromanos... Sí, debería verla. Comprendería todo lo que quiero transmitirle.


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Tema Privado Re: Mi único contacto eres tú (Amadeo Roma)

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