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¿Estas preparado para escribir tu propia historia en el Instituto Takemori? Adéntrate en el mundo mágico de Éadrom en donde casi todo es posible. Convive junto a otros seres sobrenaturales y humanos. Comprueba si es posible que ambas especies vivan en paz y armonía. Diseña tus propias aventuras, persigue los objetivos que te trajeron hasta aquí y por sobre todo pásatelo en grande! Estas a un paso de formar parte de esta gran historia! Adelante!
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Tema Libre Libre - Vigilancia

Mensaje por Seth Sayed el Lun Jul 16, 2018 12:55 pm

Me hallaba apostado en una calle, dentro del vehículo, y sintiendo que me estaba cocinando como si fuese uno de esos populares pollos asados que dan vueltas y vueltas junto a las llamas. Fuera hacía alrededor de treinta grados, pero dentro hacía mucho más. No podía encender el motor porque llamaría la atención. Debía aparentar que esperaba a alguien. Al menos había sido un tanto listo y me había conseguido una nevera para campistas, de esas que son fáciles de transportar y no muy grandes. Tenía varias latas de té helado, un termo de café congelado y fruta fría.

Tenía la libreta sobre las rodillas, la grabadora en el salpicadero y una cámara minúscula grabando a un lado del asiento del copiloto. Mis ojos no perdían detalle de cualquier movimiento sospechoso en una de las viviendas aledañas. Me habían contratado para averiguar si el amante de una mujer le era infiel. Ella estaba siendo infiel a su marido, pero no quería que le fuese infiel el cretino con el que tenía un idilio. Muchas veces rogaba porque no fuese de ese modo, pues no quería romper matrimonios, pero en esta ocasión rogaba porque el Don Juan tuviese una, dos e incluso tres amantes revolcándose con él. Incluso que tuviese hijos. ¿Por qué no?

Decidí tomar una de las latas de té frío y beberla de un único trago. El sudor recorría mi frente y mi camisa parecía de otro tono más oscuro. Apestaba a perro mojado, ¿acaso en parte no lo era? Deseaba tener aquí a mi compañero, pero de momento tenía que hacerlo solo.

En determinado momento salió un hombre de la vivienda y no era el cretino que esperaba, pero el otro apareció tras él y lo besó de forma apasionada. Casi me desternillo de la risa. Sí que estaba siéndole infiel, pero no con una mujer. ¡Qué golpe de efecto! No iba a carcajearme porque se escucharía en la cinta y quería el dinero de esa arpía.

Ambos eran jóvenes, casi de la misma edad, con una complexión similar y cuanto más los miraba más seguro estaba que no era la primera vez que los había visto cerca. Al menos, cerca. Y así era. Me percaté que ese agente de bolsa estaba acostándose con un compañero. Aquello era algo más que un tonto idilio, pues por la forma de comportarse parecían enamorados. ¿Qué pasaría con la arpía? Posiblemente intentaría romper la pareja. El tipo se lo merecía, ¿o tal vez estaba empezando algo nuevo y no sabía cómo dejarla? No era algo que me incumbiera.


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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Stella Maris el Dom Ago 12, 2018 2:15 pm

Cuando era más joven, la imagen de los detectives y todo el ambiente misterioso de la policía llenaba el corazón de una joven Maris de energía y de pasión: pasar horas investigando, haciendo que las piezas calcen como un puzle, pero con un contexto más real que el que proponían las series era un placer recurrente en la joven quien solía gastar su mesada en libros del género sin remordimiento. Moneda a moneda, todo servía para llegar a dicho propósito.

Cuando sus sueños juveniles se vieron truncados por el yugo de las expectativas familiares – y más aún, por la incómoda idea del sanatorio- sintió que una parte de ella se iba por el desagüe: la vida ya no tenía el mismo toque o al menos ese prístino sabor de la libertad de imaginar cualquier estupidez y ser feliz con ello; quizás así vio que era una forma de crecer, o tal vez así se fueron dando las cosas, pero lo que no se podía obviar era que, de la antigua Maris solo quedaban un cúmulo de libros del género policial que se fueron con ella a Japón y que algunos faltaban por leer.

Una parte de ella se sentía triste por no haber tenido el valor de haber dicho “No” y haber hecho lo que quisiera con su vida, sin embargo, ya que las cosas estaban hechas y que sus fuerzas conjugaron para largarse a Takemori, pasaba largos días pensando en las oportunidades que podría tener: podría ser tarde, pero luego de mucho pensarlo, tal vez la medicina forense era una forma de sentirse más cerca de lo que realmente deseaba. Eso la hacía feliz, esa idea la mantenía de pie, y le alentaba a tomar los cuadernos en un idioma ajeno al suyo para poder seguir estudiando. Tampoco podía ser tan ingrata: había gente increíble que acababa de conocer y no era un hecho despreciable.

Se hacía tarde y luego de esa ardua reflexión decidió que, para hacer más ligera la tarde salir a comprar víveres no era tan mala idea. Desde que se cambió de casa, la vida había tomado un giro diferente: ya no solo se compraba para ella sino que había empezado a gustarle la idea de compartir con Furimi. Y a veces, aceptar la idea que recibir visitas no era tan malo como parecía. Fue así que se encaminó a una tienda un poco más alejada de su ruta esperando conocer un poco más de la ciudad. Era fin de semana y las calles estaban desiertas a esa hora: no supo explicarse si era por la temprana hora, o por los treinta grados que habían afuera. – Diablos, en esta ciudad sí que hace calor – se respondía a sí misma moviendo la mano a modo de abanico. Salió de casa con sus lentes, dándole un aspecto de mujer mayor.

Con el calor del sol, el vaho que subía por los quiebres del cemento y la ausencia de personas en la calle hacían de los negocios lugares apetecibles: su aire acondicionado y los alimentos frescos hacían que se te quitaran las ganas de salir de un aletazo. Pero Maris no podía darse ese lujo: quería llegar a casa a ducharse y a comer. Con una lata de jugo y una bolsa se dispuso a salir de la tienda cuando, a lo lejos una pareja hizo vis a vis con ella. Fue una escena incómoda, no tanto para ella, sino por los dos que la quedaron mirando con extraño estupor. Maris trataba de ver a lo lejos, la expresión del que estaba más adelante: eran hombres y estaban juntos. Ella no se hacía problemas con las relaciones del mismo sexo, podría decirse que incluso le daba lo mismo, pero no podía entender por qué de pronto, sus rostros estaban compungidos.

De pronto el ambiente se había puesto tenso, aunque no sabía a qué atribuirle esa sensación: quizás por la actitud defensiva de la pareja, de que de pronto uno de ellos musitó algo al oído del otro, o porque de pronto, en un ánimo de descomprimir la tensión, la rubia se limitó a saludarlos – "Tal vez los he visto en el hospital y no los he conocido” – se decía. Pero ambos empezaron a ¿Huir? ¿Pensarían que sería alguien hostil? – “O Me pareceré a alguien que no es de su agrado” - Una amplia sonrisa le provocó un ridículo pensamiento - "y quién sabe si me parezco a la esposa de alguno de ellos"

¿Eh? ¿Pero qué? –exclamó, confundida. No parecía que alguno de los tres hubiera hecho algo malo. Parecía incluso algo común ¿No que la gente se saluda cuando se conoce? ¿O habría sido una mala coincidencia? En cualquiera de los casos supuestos, Stella solo se sintió ofuscada. Mientras los veía correr, solo atinó a seguirles a la distancia, no pronunciaba palabra, solo observaba, y ellos a ella. En el redil de la extraña persecución, sin pretenderlo y por estar atenta a esos dos, no se percató que había un auto estacionado. En un movimiento poco glamoroso, Stella se tropezó con la parte delantera, dando un grito en su idioma natal.

Sin ton ni son, Stella vio cómo sus enceres caían por la calle mientras le dedicaba una mirada furibunda al conductor – si es que adentro hubiera uno -.
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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Seth Sayed el Lun Ago 13, 2018 11:53 am

Antes de la desbandada que se originó en pocos segundos logré tomar fotografías, filmé y hasta proseguí intentando no morir como perro abandonado en un auto en pleno casco urbano. Mis congéneres morían a cientos en verano porque sus dueños eran unos imprudentes. Otros simplemente los abandonaban en las cunetas. Para mí cada can, fuese o no simplemente un mero “animal de compañía”, era parte de la familia que nuestra genética nos proporcionaba.

Estaba guardando mis utensilios porque no necesitaba seguir vigilando. Al menos, no necesitaba más. Ya se había aclarado todo. Incluso con esa escabullida rápida, como alma que puede ser robada por el diablo, había conseguido un plus. Nadie honesto, sin preocupaciones, sin mentiras o cualquier género de dudas sobre su amor o respeto a la institución del matrimonio huía de ese modo.

Justo cuando iba a darle un trago a la lata, o más bien tomar otra y beberla con desesperación, sentí un golpazo en mi vehículo. Fue en la parte trasera. Rápidamente eché un vistazo por el espejo y me fijé que era una chica. La misma chica que rogaba que no hubiese nadie dentro. Fruncí el ceño, como si realmente me sintiese muy enojado por su torpeza pues es algo que a cualquiera puede pasarle, y salí del coche.

Si esos dos estaban cerca pensarían que era un tipo cualquiera esperando a su pareja o un conocido. Puse las manos en jarra en mis caderas, justo en la zona del cinturón, y golpeé con el pie derecho el asfalto a modo de impaciencia.

¡Sé puede saber qué cojones haces!—ladré escuchando aún a lo lejos las pisadas de esos dos. Las mismas pisadas que parecían detenerse para cerciorarse—. ¡Uno ya ni puede esperar en el coche a su chica!—y de inmediato como una oleada de alivio a esos pasos apremiantes que finalmente parecieron alejarse mucho más sosegados—. Tranquila, no pasa nada—dije echándome a reír—. Bueno, pasa... a esos dos en breve se les va a caer la máscara y yo voy a tener que dejar de estar en el coche... Emm...—me di cuenta que parecía un loco, así que decidí explicarme—. Sayed, Seth Sayed. Soy investigador privado. Me gustaría decir que acabo de descubrir a dos importantes narcotraficantes en un contrabando, pero sólo a un infiel y su amante. Ni te preocupes por haberte tropezado con mi coche. Ya tenía todo el material necesario... ¿Estás bien? No te he preguntado si te has hecho daño.

Creo que fue entonces cuando recordé que mi lata estaba aún en la nevera. Tenía la boca seca así que me metí dentro y saqué una. Supuse que sería un tanto grosero tomarme el refrigerio sin invitar, por lo tanto saqué dos y le tendí una.


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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

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