Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Diciembre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Libre Libre - Vigilancia

Mensaje por Seth Sayed el Lun Jul 16, 2018 12:55 pm

Me hallaba apostado en una calle, dentro del vehículo, y sintiendo que me estaba cocinando como si fuese uno de esos populares pollos asados que dan vueltas y vueltas junto a las llamas. Fuera hacía alrededor de treinta grados, pero dentro hacía mucho más. No podía encender el motor porque llamaría la atención. Debía aparentar que esperaba a alguien. Al menos había sido un tanto listo y me había conseguido una nevera para campistas, de esas que son fáciles de transportar y no muy grandes. Tenía varias latas de té helado, un termo de café congelado y fruta fría.

Tenía la libreta sobre las rodillas, la grabadora en el salpicadero y una cámara minúscula grabando a un lado del asiento del copiloto. Mis ojos no perdían detalle de cualquier movimiento sospechoso en una de las viviendas aledañas. Me habían contratado para averiguar si el amante de una mujer le era infiel. Ella estaba siendo infiel a su marido, pero no quería que le fuese infiel el cretino con el que tenía un idilio. Muchas veces rogaba porque no fuese de ese modo, pues no quería romper matrimonios, pero en esta ocasión rogaba porque el Don Juan tuviese una, dos e incluso tres amantes revolcándose con él. Incluso que tuviese hijos. ¿Por qué no?

Decidí tomar una de las latas de té frío y beberla de un único trago. El sudor recorría mi frente y mi camisa parecía de otro tono más oscuro. Apestaba a perro mojado, ¿acaso en parte no lo era? Deseaba tener aquí a mi compañero, pero de momento tenía que hacerlo solo.

En determinado momento salió un hombre de la vivienda y no era el cretino que esperaba, pero el otro apareció tras él y lo besó de forma apasionada. Casi me desternillo de la risa. Sí que estaba siéndole infiel, pero no con una mujer. ¡Qué golpe de efecto! No iba a carcajearme porque se escucharía en la cinta y quería el dinero de esa arpía.

Ambos eran jóvenes, casi de la misma edad, con una complexión similar y cuanto más los miraba más seguro estaba que no era la primera vez que los había visto cerca. Al menos, cerca. Y así era. Me percaté que ese agente de bolsa estaba acostándose con un compañero. Aquello era algo más que un tonto idilio, pues por la forma de comportarse parecían enamorados. ¿Qué pasaría con la arpía? Posiblemente intentaría romper la pareja. El tipo se lo merecía, ¿o tal vez estaba empezando algo nuevo y no sabía cómo dejarla? No era algo que me incumbiera.


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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Stella Maris el Dom Ago 12, 2018 2:15 pm

Cuando era más joven, la imagen de los detectives y todo el ambiente misterioso de la policía llenaba el corazón de una joven Maris de energía y de pasión: pasar horas investigando, haciendo que las piezas calcen como un puzle, pero con un contexto más real que el que proponían las series era un placer recurrente en la joven quien solía gastar su mesada en libros del género sin remordimiento. Moneda a moneda, todo servía para llegar a dicho propósito.

Cuando sus sueños juveniles se vieron truncados por el yugo de las expectativas familiares – y más aún, por la incómoda idea del sanatorio- sintió que una parte de ella se iba por el desagüe: la vida ya no tenía el mismo toque o al menos ese prístino sabor de la libertad de imaginar cualquier estupidez y ser feliz con ello; quizás así vio que era una forma de crecer, o tal vez así se fueron dando las cosas, pero lo que no se podía obviar era que, de la antigua Maris solo quedaban un cúmulo de libros del género policial que se fueron con ella a Japón y que algunos faltaban por leer.

Una parte de ella se sentía triste por no haber tenido el valor de haber dicho “No” y haber hecho lo que quisiera con su vida, sin embargo, ya que las cosas estaban hechas y que sus fuerzas conjugaron para largarse a Takemori, pasaba largos días pensando en las oportunidades que podría tener: podría ser tarde, pero luego de mucho pensarlo, tal vez la medicina forense era una forma de sentirse más cerca de lo que realmente deseaba. Eso la hacía feliz, esa idea la mantenía de pie, y le alentaba a tomar los cuadernos en un idioma ajeno al suyo para poder seguir estudiando. Tampoco podía ser tan ingrata: había gente increíble que acababa de conocer y no era un hecho despreciable.

Se hacía tarde y luego de esa ardua reflexión decidió que, para hacer más ligera la tarde salir a comprar víveres no era tan mala idea. Desde que se cambió de casa, la vida había tomado un giro diferente: ya no solo se compraba para ella sino que había empezado a gustarle la idea de compartir con Furimi. Y a veces, aceptar la idea que recibir visitas no era tan malo como parecía. Fue así que se encaminó a una tienda un poco más alejada de su ruta esperando conocer un poco más de la ciudad. Era fin de semana y las calles estaban desiertas a esa hora: no supo explicarse si era por la temprana hora, o por los treinta grados que habían afuera. – Diablos, en esta ciudad sí que hace calor – se respondía a sí misma moviendo la mano a modo de abanico. Salió de casa con sus lentes, dándole un aspecto de mujer mayor.

Con el calor del sol, el vaho que subía por los quiebres del cemento y la ausencia de personas en la calle hacían de los negocios lugares apetecibles: su aire acondicionado y los alimentos frescos hacían que se te quitaran las ganas de salir de un aletazo. Pero Maris no podía darse ese lujo: quería llegar a casa a ducharse y a comer. Con una lata de jugo y una bolsa se dispuso a salir de la tienda cuando, a lo lejos una pareja hizo vis a vis con ella. Fue una escena incómoda, no tanto para ella, sino por los dos que la quedaron mirando con extraño estupor. Maris trataba de ver a lo lejos, la expresión del que estaba más adelante: eran hombres y estaban juntos. Ella no se hacía problemas con las relaciones del mismo sexo, podría decirse que incluso le daba lo mismo, pero no podía entender por qué de pronto, sus rostros estaban compungidos.

De pronto el ambiente se había puesto tenso, aunque no sabía a qué atribuirle esa sensación: quizás por la actitud defensiva de la pareja, de que de pronto uno de ellos musitó algo al oído del otro, o porque de pronto, en un ánimo de descomprimir la tensión, la rubia se limitó a saludarlos – "Tal vez los he visto en el hospital y no los he conocido” – se decía. Pero ambos empezaron a ¿Huir? ¿Pensarían que sería alguien hostil? – “O Me pareceré a alguien que no es de su agrado” - Una amplia sonrisa le provocó un ridículo pensamiento - "y quién sabe si me parezco a la esposa de alguno de ellos"

¿Eh? ¿Pero qué? –exclamó, confundida. No parecía que alguno de los tres hubiera hecho algo malo. Parecía incluso algo común ¿No que la gente se saluda cuando se conoce? ¿O habría sido una mala coincidencia? En cualquiera de los casos supuestos, Stella solo se sintió ofuscada. Mientras los veía correr, solo atinó a seguirles a la distancia, no pronunciaba palabra, solo observaba, y ellos a ella. En el redil de la extraña persecución, sin pretenderlo y por estar atenta a esos dos, no se percató que había un auto estacionado. En un movimiento poco glamoroso, Stella se tropezó con la parte delantera, dando un grito en su idioma natal.

Sin ton ni son, Stella vio cómo sus enceres caían por la calle mientras le dedicaba una mirada furibunda al conductor – si es que adentro hubiera uno -.
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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Seth Sayed el Lun Ago 13, 2018 11:53 am

Antes de la desbandada que se originó en pocos segundos logré tomar fotografías, filmé y hasta proseguí intentando no morir como perro abandonado en un auto en pleno casco urbano. Mis congéneres morían a cientos en verano porque sus dueños eran unos imprudentes. Otros simplemente los abandonaban en las cunetas. Para mí cada can, fuese o no simplemente un mero “animal de compañía”, era parte de la familia que nuestra genética nos proporcionaba.

Estaba guardando mis utensilios porque no necesitaba seguir vigilando. Al menos, no necesitaba más. Ya se había aclarado todo. Incluso con esa escabullida rápida, como alma que puede ser robada por el diablo, había conseguido un plus. Nadie honesto, sin preocupaciones, sin mentiras o cualquier género de dudas sobre su amor o respeto a la institución del matrimonio huía de ese modo.

Justo cuando iba a darle un trago a la lata, o más bien tomar otra y beberla con desesperación, sentí un golpazo en mi vehículo. Fue en la parte trasera. Rápidamente eché un vistazo por el espejo y me fijé que era una chica. La misma chica que rogaba que no hubiese nadie dentro. Fruncí el ceño, como si realmente me sintiese muy enojado por su torpeza pues es algo que a cualquiera puede pasarle, y salí del coche.

Si esos dos estaban cerca pensarían que era un tipo cualquiera esperando a su pareja o un conocido. Puse las manos en jarra en mis caderas, justo en la zona del cinturón, y golpeé con el pie derecho el asfalto a modo de impaciencia.

¡Sé puede saber qué cojones haces!—ladré escuchando aún a lo lejos las pisadas de esos dos. Las mismas pisadas que parecían detenerse para cerciorarse—. ¡Uno ya ni puede esperar en el coche a su chica!—y de inmediato como una oleada de alivio a esos pasos apremiantes que finalmente parecieron alejarse mucho más sosegados—. Tranquila, no pasa nada—dije echándome a reír—. Bueno, pasa... a esos dos en breve se les va a caer la máscara y yo voy a tener que dejar de estar en el coche... Emm...—me di cuenta que parecía un loco, así que decidí explicarme—. Sayed, Seth Sayed. Soy investigador privado. Me gustaría decir que acabo de descubrir a dos importantes narcotraficantes en un contrabando, pero sólo a un infiel y su amante. Ni te preocupes por haberte tropezado con mi coche. Ya tenía todo el material necesario... ¿Estás bien? No te he preguntado si te has hecho daño.

Creo que fue entonces cuando recordé que mi lata estaba aún en la nevera. Tenía la boca seca así que me metí dentro y saqué una. Supuse que sería un tanto grosero tomarme el refrigerio sin invitar, por lo tanto saqué dos y le tendí una.


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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Stella Maris el Sáb Ago 25, 2018 2:17 pm

El frenesí de la vergüenza, sumado al incoherente movimiento de los dos hombres, hizo que el choque de Maris contra el auto fuera una nimiedad, comparado con lo que se avecinaba. Sentía la garganta apretada y estaba nerviosa ¿Dejar caer todos los víveres por una idiotez así? Imperdonable, y sobre todo lo lamentaba por el helado que llevaba y que ahora yacía allí, derritiéndose inclemente ante el sol. Ella sabía bien que una mirada furibunda no iba a hacer frente al estrés de un conductor, pero fue suficiente como para explayar su frustración, al menos por unos instantes.

Cuando la puerta comenzó a abrirse, Stella sintió el aire más pesado de lo habitual. Y al parecer no fue solo ella, los mismo que hace un momento huían de ella se detuvieron – “Si es que las mañanas aquí no podían dejar de ser raras”- se lamentaba, tragando saliva y mostrando un semblante frustrado. Quizás estaba muy confundida, pero al ver al hombre bajar del auto, Maris solo podía pensar una cosa – “este auto es demasiado pequeño para un hombre como él”- Sostuvo la mirada, neutral, casi meditando lo que le decía ¿Plantar un pie al suelo, así de furioso? ¿Su chica? ¿Esperar en el auto? No fue notorio, pero mostrarle como respuesta al conductor sus cejas alzadas, y la boca chueca no fue la mejor presentación. Mas sí lo fue para la pareja, quienes luego de escuchar el diálogo sostenido por la novia muda y el dueño del auto se sintieron aliviado, huyendo de la escena.

No sabía si podía articular alguna respuesta coherente para el susodicho. Tenía levantada la mayoría de las compras, sin embargo se resintió al ver el helado ahí derretido y perdido. Suspiró apesadumbrada, tratando de componer el rostro y le hizo frente: SI ya era curioso que semejante persona entre en un móvil tan pequeño, más helada quedó al escuchar la respuesta - ¿Un investigador privado? – No pudo obviar su sorpresa- ¿En serio? No pensé que una ciudad tan enana necesitara de esos servicios – refuto, aún aturdida por la forma de presentarse. Se rió con él mientras terminaba de explicarse, aunque no sabía si el origen de la misma era de los nervios, o de lo jocoso en sí de la situación – Ya veo…- De pronto, toda la situación calzó, haciendo todo esto más emocionante – Oh, entonces ¿ellos dos?- indició sutilmente con el dedo hacia adelante – Vaya. Y yo que creí que no había saludado bien a mis colegas de hospital – se largó a reír dando un suave golpe en su frente por la humorada matutina.

Uh, qué mal – se dijo de inmediato, ordenando su postura – Maris, Stella Maris. Soy… Estudiante de medicina- Y se percató que no podía dejar de sonreír. Por más nefasta que fuera la presentación, o que las circunstancias se fueran dando, Maris sentía que frente a él, tenía un héroe de novela: distinto a cómo se lo imaginaba pero ahí estaba. Era grande, de mirada interesante, aunque se le veía agotado y ahí las dudas comenzaron a agolparse en su boca – “Cuánto tiempo lleva allí ¿Amantes? Joh, no deja de ser entretenido…”- Por cariño a que no se sienta acosado, Maris se tragó todas sus dudas y aceptó el sorbo del té helado – No deja de ser un tema menor. Muchas historias empiezan con amores prohibidos - ¿Estaba hablando sin tapujos? Sí, lo hacía, y estaba estupefacta, nerviosa y emocionada.

Ahora que lo pienso ¿He interrumpido algo? O ya has conseguido suficiente material? – Si arruinaba todo, el malestar iba a ser peor que los raspones que se hizo al caer…
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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Seth Sayed el Mar Ago 28, 2018 1:11 pm

Eran parte de la burocracia del hospital más que médicos. Las labores administrativas eran tediosas, sobre todo porque cualquiera se podía ver saturado frente a la gran demanda de pacientes sobre los servicios que podían minimizarse en ciertas épocas del año. Las faltas de camas, de compromiso de las instituciones, el nerviosismo, el ego de algunos doctores, etc... podrían provocar que se atrincheraran entre compañeros y se diese algo “prohibido”.

No sería prohibido si uno estuviese casado—argumenté observándola mientras me informaba que era compañera de ambos, estudiante de medicina y que calzaba en el perfil de la mujer que creían amante del pobre diablo aquel. No, no era la chica nueva, ni cualquier chica. Era un chico joven, de aspecto aniñado y ojos muy llamativos. Debido a la lejanía de ambos no podía apreciar si era una criatura, mestizo o simple humano. Pero de ella sí, a ella podía olfatearla. Era humana.

Los humanos desconocen lo que una pequeña ciudad esconde bajo cada mirada, flequillo, prenda de ropa, callejón o incluso maceta recién regada. Cualquier cosa es un indicio, una sospecha, un crimen a cometer o algo simplemente que puede salir de lo “común”.

Tienes una bonita sonrisa, espero que no la pierdas a pesar que alguien te pueda echar semejantes gritos... ¿No es duro la medicina?—pregunté ofreciéndole aún un refresco.

Había sido curandero. Sabía de medicina natural para curar ciertas enfermedades de la piel, heridas de todo tipo y malestares gástricos. Había vivido como un salvaje, ¿pero ya estaba civilizado? A veces pensaba que simplemente era la apariencia.

A decir verdad, viendo sus bolsas y su aspecto, podía decirse que el lobo feroz encontró a Caperucita. Aunque este lobo no iba a engullirla, pero si se sentía tentado ante la posibilidad de poder conversar con alguien más que consigo mismo en las grabaciones.

No te preocupes. Tengo material suficiente. Su mujer pensaba que era alguna de las chicas becarias, pero se equivoca—dije encogiéndome de hombros—. Creo que va a ser más duro de lo que ella podía siquiera imaginar.


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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Stella Maris el Sáb Sep 08, 2018 5:54 pm

“No sería prohibido si uno de ellos no estuviese casado”

Stella lo intuía: un hospital es una selva y, aunque siempre se opte por el bienestar de quien entra en ella, lo que todos ignoran es cómo deben llevarse los miembros del equipo. Y cómo liberar las tensiones que ocurren allí adentro. Maris, como, interna, sabía que bastaba un error para que te lapidaran: una mirada furiosa, labios fruncidos o una actitud pendenciera provocada por el stress era algo que nadie te dice, pero que terminas aprendiendo de muy mala forma. No podía hacerse la desentendida con ese tema, porque una de las razones para venirse a Takemori fue eso y eso le llevaba a pensar que la reticencia a entrar a dicho recinto podría venir de allí. Soltó un largo y hondo suspiro, haciéndole entender al hombre que sí, que era más común de lo que podía pensarse y que por lo mismo, probablemente no tendría mayor remedio que aceptar las cosas tal y como eran.

-Sigh, no puedo decir que es un escándalo. Sí, lo es, pero, a lo que voy es que, en un hospital, donde pasas más de doce horas mirándole la cara a las mismas personas en un mismo recinto… Ya sabes, no es raro que se formen “Roces” – haciendo el gesto con los puños friccionándose uno con el otro. Stella se sentía mal por la esposa, tenía una postura estricta frente a la infidelidad, pero con los años, la misma se había ido ablandando, al convivir con todas esas experiencias – Me siento mal por la mujer. No creo que se merezca alguien, algo así – hizo una mueca de pena observando al hombre que tenía al frente: por su expresión nula, se dio cuenta de que esto era más común de lo que se veía e imaginó que, paulatinamente, este tipo de descubrimientos, iban perdiendo la novedad y el “Encanto” que esto conllevaba.

-¿Eh? No- respondió extrañada, no parecía un mal tipo, pero aún era extraño que intentaran adularla – Está bien, ahora que me explicas la razón de todo el barullo, el grito es un tema menor. Mal que mal, es su trabajo el que está en juego – con soltura de cuerpo, la italiana aceptó sin mayor premura el actuar del detective, quien, al mismo tiempo iba relajando la postura. Se sintió aliviada de saber que había material suficiente para inculpar al hombre – La medicina es dura, sí, pero se hace llevadera con las personas correctas. Uhm, eso fue muy cliché – se dijo a sí misma, tratando de buscar las palabras adecuadas para expresarse – perdón, mi lenguaje aún es muy malo, non mi abituo alla lingua (no me acostumbro al idioma) – respondió sin saber bien cómo expresarse – a veces es bueno hablar, con personas que no estén en la misma área – sonrió, avergonzada aún de lo que había acontecido – ya sabes, conversaciones monótonas o discusiones que no tienen vuelta – alzó la mirada, como una forma de decir que aquello era muy aburrido – aunque debo admitir que siempre hay algo emocionante por ver, es lindo vercuando los pacientes se van satisfechos. No te imaginas-.

Si lo pensaba bien, no había nadie más en la calle, solo ellos dos y los víveres de ambos - ¿Y cómo es la vida de detective privado?¿Muy movida? – se vio tentada de responder a sus inquietudes de juventud con ese hombre. Advertía en su postura que era un tanto solitario, o que, al menos, este trabajo le había costado muchas horas solo, ya que, sus preguntas implicaban que Stella se esforzara en hablar, más de lo acostumbrado – Espero que la mujer que te contrató te pague bien. Aunque siempre he creído que la vida detectivesca es emocionante per sé – le aduló sutilmente, esperando continuar la charla ¿tú crees lo mismo?

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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Seth Sayed el Miér Sep 12, 2018 11:55 am

Escuchaba su voz. Era agradable hablar con alguien que no fuese a darme alguna información que contribuyese a una investigación fuese de lo que fuese. Prefería conversaciones superfluas, aunque tuviese gran interés o repercusión en mis hobbys, que otras duras, casi imposibles de masticar y tragar, con respecto a temas delicados que tenía sobre la mesa. Había algunas indagaciones que llevaban semanas, meses e incluso casi un año de dura investigación porque no era algo fácil de hallar ciertas obras privadas, que ya de por si eran parte de clanes de la mafia y que no podían ir a la policía a dar explicaciones sobre el robo, así como asesinatos que la policía había dado como suicidios. Me pedían de todo, pero ese todo a veces era encontrar una mascota perdida.

La medicina puede ser igual de interesante que lo que hago. Yo puedo salvar vidas, al igual que vosotros—comenté apoyándome en el coche—. Digamos que me paga, cosa que otros no hacen aunque les resuelva el caso. No soy una hermana de la caridad, pero hay quienes piensan que lo hago gratuito. Todo tiene un coste debido a los riesgos en mis bienes, en mi cuerpo, etc... ¿Te puedes creer que hay quienes me ven como un imbécil que sólo piensa por el dinero? Oiga, que yo como, bebo, me visto...—decía rascándome un momento la mejilla derecha con la mano diestra—. Y como bastante... Puedo vivir en un piso pequeño, incluso a veces duermo en mi oficina o en el propio vehículo, pero no me puedo privar de la comida...

Sentía pánico al recordar los días de hambruna que en otras épocas había vivido. Me había convertido en un espécimen enorme, pero con los huesos de las costillas bien marcadas. Parecía un chucho abandonado, buscando un poco de comida en vertederos, que un lobo. Eso no iba a volver a pasar. Porque por suerte, o por desgracia, jamás fui capaz de robar o intentar matar a una criatura que pudiese convertirse en humano. Para mí eso era imposible, pues los veía como iguales. Yo no era como otros egocéntricos estúpidos. Además, respetaba a los humanos aunque a veces fuesen el espécimen más nauseabundo y cruel que existe.

He sido policía, también he tenido otros oficios, pero este es el que más libertad me da. Conozco mucha gente, puedo conversar con personas de todo tipo... Sin embargo, extraño hablar de este modo con alguien. He conocido a varios amigos, aunque por aquí apenas tengo un par...—que eran vecinos, un chico perdido buscando su verdadera identidad y un compañero que a veces podía ser un bocazas—. ¿Sabes por qué prefiero ser detective a policía? El cuerpo está algo corrupto... aquí y en cualquier parte del mundo. La medicina jamás se convertirá en corrupción a salvedad de los traficantes de órganos.


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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Stella Maris el Dom Sep 30, 2018 10:01 pm

Se había vuelto una mañana amena, relajada y variopinta. Stella se sentía mejor, poco a poco había adquirido la costumbre de empezar a ampliar su círculo de amistades – “Tal vez y nunca necesite de un investigador privado. Pero no deja de ser entretenido” – Era un éxtasis maravilloso, podía decirse incluso que Stella se sentía de la misma forma que si se hubiera topado con una estrella.

Atendía a cada palabra y acción del susodicho ¡Qué asunto tan entretenido! Había pensado incluso en algún día ser de ayuda para sus menesteres. Y por vez primera le halló sentido a haber estudiado medicina, y no pensó que su rubro fuera una mala idea o una vía de escape a su dolor y doctrina. Reía suavemente cuando hablaba de la forma de paga, claramente nadie es hermana de la caridad para vivir de las buenas intenciones –Claro que comprendo eso, si las palabras fueran un sustento, pues, varios estaríamos lejos de estar en los huesos – Podía sentir el énfasis que hacía al hablar de las necesidades básicas, especialmente la comida, ahí era cuando la rubia podía notar que no era solo una fachada seria y bien vestida: había una razón detrás para tanta parafernalia.

Puedo entender eso – independiente que la italiana no hubiera profesado una vida caritativa o con muchos apremios, sí podía empatizar con otros y sus requerimientos o ausencias, hasta la persona más básica trabajaba en función de dichas carencias o acciones que marcaban un antes y un después, incluso le sucedió a ella, salvo que con una situación particularmente diferente – Espero y no se haya topado con alguien que desee aprovecharse de su buena labor. Lo que me recuerda que, ya ha pasado un buen rato desde que estamos aquí – a medida que las horas transcurrían el calor se hacía más y más intenso, la chica sentía sus mejillas irritadas y su piel más seca de lo acostumbrados - ¿Quiere seguir conversando en un lugar que tenga sombra? Aún no me acostumbro al clima japonés ¿Lleva mucho tiempo aquí? – le preguntaba mientras dirigía sus pasos a la tienda de hace un rato: afuera se veía el movimiento de las campanillas gracias a un ventilador dispuesto cerca del mesón de atención.

Cada vez le agradaba más este sujeto: no era común que acepte una conversación así, pero le llamó mucho la atención su necesidad de libertad ¿acaso también aceptó un yugo que no le merecía? – Ya veo… ¿Alguna vez usted se ha dado unas vacaciones? – Preguntó, sintiendo de a poco la lengua pesada – “¿Un golpe de calor? Demonios”- ¿Sabe? Usted es una persona interesante, por más que me diga que la medicina es fabulosa, nunca se sabe con qué se va a topar en el día a día. Muchas veces he tenido que pasar horas enteras atendiendo un resfrío, como para luego ir a ver a los hospitalizados, cada uno es un universo diferente, con requerimientos opuestos y otras necesidades. Me atrevería a decir que eso se puede recuperar mejor con una conversación que con un set de jeringas pinchándoles el cuerpo – Maris tenía un concepto muy imbricado sobre cómo tratar a un paciente y bien sabía que el mal más arraigado era el no escuchar a quienes ingresaban allí; habían ciertas dolencias que no pasaban ni con morfina, sino que eran dolores del alma, que se mostraban con las palabras.

Corrupción, no era una palabra poco frecuente en esferas de índole social. Si se era de mente despierta, siempre habrían formas de terminar cayendo en bajezas que no se podían pronunciar, incluso la infidelidad parecía un simple juego de niños al lado de esas enmarañadas redes sucias. Desde la puerta del negocio, Stella movía la mano en señal de negación – Todo depende de cómo se mire. Nunca sabes qué clase de gatuperio se puede hacer. Es triste, pero nunca sabes con qué lase de negocios ingeniosos pueden salir – con un largo suspiro, la italiana pidió una lata de refresco de limón, dándole suaves sorbos a la lata – Solo trato de hacer mi trabajo y tratar de no inmiscuirme con esa prole… Tal vez y por eso escapé… - Alzó una ceja a su interpelado - ¿De verdad, no tienes calor? Yo siento que pueden caer patos asados…
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Mensaje por Seth Sayed el Dom Oct 07, 2018 9:21 am

Escuchaba, olía y observaba atentamente todo lo que ella me regalaba a simple vista. Aunque no lo notase ella transmitía un mensaje más allá de sus palabras. De vez en cuando soltaba algo acerca de las altas temperaturas, pero eso iba a más. Su piel se estaba enrojeciendo. A pesar que le había tendido una bebida fría no había hecho caso y parecía que sus párpados se bajaban cada vez más al pestañear. También apreciaba ligeros problemas para conversar, aunque no estaba del todo seguro.

Soy egipcio, aunque he vivido en climas bastante fríos y húmedos—comenté—. Me adapto bien—dije haciendo caso omiso a lo demás. Ya hablaríamos de lo restante cuando ella estuviese recuperada.

Cerré bien el vehículo y me cercioré que no me dejaba nada importante dentro. Todo lo metí en una pequeña bolsa llamada “mariconera” que podía cargar como si fuese un bolso femenino, pero algo más robusto y sin tanta decoración. Después simplemente tuve la delicadeza de tomarla del brazo y colgarla del mío.

Iremos a una cafetería con algo de refrigeración, aunque sea sólo una de esas lámparas con aspas a modo ventilador, porque percibo que no estás en las mejores condiciones. Y, esta vez, acepta el refresco que pienso ofrecerte, ¿o prefieres una malteada?

Los batidos, malteadas y todas esas bebidas llenas de frutas, leche y adictivos chocolates, granola o simplemente trocitos de galleta eran una delicia para los más jóvenes. También las granizadas, sobre todo las que tenían mucha pulpa, podían a veces ser lo más socorrido. Yo era de té marroquí, cuanto más caliente y más mentolado mejor, porque finalmente era lo que más refrescaba. Aunque el té frío, de limón o melocotón, también podía ser una buena elección.

Hice que se moviese tirando suavemente de ella, igual que un perro cuando va de paseo con su amo invidente. Iba a guiarla hasta un restaurante cercano, el cual poseía una bonita terraza y una decoración en su interior de lo más llamativa. Todo estaba vinculado a diversas series de animación japonesa y novelas gráficas de diversos dibujantes locales. Era amplia, luminosa, fresca y con un olor a galletas, café recién hecho y té chai que parecía abrir el alma a quien decidiese penetrar por sus bonitas puertas rojas de pomos dorados.


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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Stella Maris el Jue Nov 15, 2018 8:14 pm

La ufana sensación que la invitaba a moverse de desvanecía, igual que las pocas luces de cordura que la ayudaban a elucubrar un diálogo coherente. Stella estaba bajo los efectos de un golpe de calor, y aquello no podía ser más bochornoso ¿Es que acaso nada podía salir bien hoy? Rememoraba sus pretéritas escenas jugando a ser detective y ahora que tenía uno de verdad al frente, sencillamente armar un papelón así le dejaba un amargo sabor de boca – “Por qué, señor por qué. Si existes, por qué tiene que pasar ahora y acá”- .

Trató de mantener una postura erguida, evitando que su alicaído rostro mostrara signos de lo evidente, mas nunca fue buena para disimular y su rostro se encargó de demostrar cada ínfimo detalle de su falta de costumbre a este clima. - ¿Egipcio? Eso es… Eso muy lejos – exclamó fútil la italiana, con un sonsonete desganado. No podía gobernar sobre su cuerpo, pero lo siguiente fue inesperado: siguiéndole con la mirada, el hombre la rodeó con su brazo, llevándola lejos del mal habido calor. De su garganta, se podía escuchar un suave gemido, similar a la vergüenza, no se sentía capaz de mirarlo a los ojos “Esto es terrible. TERRIBLE”Pensaba, mientras era trasladada a otro sitio, mucho mejor para ella.

Uhm, es mejor el refresco… Y que le coloquen un poco de sal…Para retener el líquido – el delicado linde entre el lenguaje técnico y coloquial se iba difuminando, al igual que sus ganas de quedarse allí. La mezcla de admiración y misticismo que emanaba de ese hombre, provocaba en la chica una tentadora consternación, atosigarle de preguntas, de historias, casos inconclusos. Daba igual donde fuera que lo encontrara, esa imagen sería difícil de borrar.

En otras condiciones, Stella mostraría su rostro más alegre, sin embargo, ahora, solo podía conformarse con luchar por tener la conciencia fija en el rostro del hombre de tez morena, quien le hablaba y le ayudaba a seguir ahí, con él, en un bello restaurant. Con una mirada fugaz, alrededor pudo notar varios elementos que despertaban su interés, no obstante su aspecto decaído, invitaba a llamar a una ambulancia, antes que a una conversación amena y fluida.

Ya sentados, Stella no podía más con su vergüenza, con la mirada gacha, repasaba las líneas del piso de madera que daba una sensación fresca y hogareña al lugar – Ciertamente es novedoso, sin embargo, me siento muy mal por todo esto que está pasando… De verdad – impulsada por una enfermiza timidez, Maris esperó pacientemente hasta que llegara la chica, pidiera un refresco de limón y lograra añadir al brebaje una buena porción de sal. Frente a él un fragante té cargado le hacía batalla. La confundida estudiante bebió su refresco rápidamente, tragándose con él las dudas que rodeaban al hombre. Dio un largo suspiro y una gran disculpa en su idioma natal, dejándose vencer por el empacho de la situación- De verdad, perdone, pero no puedo seguir así – Se levantó como pudo, tomando su porte característico y con una reverencia, se marchó, guardándose todas las inquietudes que su impulso infanto juvenil despertaron, luego de haber conocido a quien pudo haber sido fácilmente un héroe a admirar.
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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Seth Sayed el Dom Nov 25, 2018 1:17 pm

Como siempre terminaban huyendo. Cuando se sentían acorralados por la información se marchaban. El decir que era uno árabe no era buena idea, pero no iba a mentir. Se notaba en el color de mi piel, aunque no tanto en mis rasgos.

Tomé un poco de aire y suspiré moviendo levemente mi cabeza. Mis ojos se quedaron clavados en la joven, pero después en el vehículo y acabé por montarme de nuevo para salir del parking. Pronto iba a tener que pagar de nuevo por estar estacionado y era urgente que me fuese.

Me marché rumbo a mi despacho, ¿qué haría? Llamar a la mujer e informar. Ella ya sabría como gestionar la situación.


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Tema Libre Re: Libre - Vigilancia

Mensaje por Seth Sayed el Dom Nov 25, 2018 1:18 pm

@Seth Sayed escribió:Como siempre terminaban huyendo. Cuando se sentían acorralados por la información se marchaban. El decir que era uno árabe no era buena idea, pero no iba a mentir. Se notaba en el color de mi piel, aunque no tanto en mis rasgos.

Tomé un poco de aire y suspiré moviendo levemente mi cabeza. Mis ojos se quedaron clavados en la joven, pero después en el vehículo y acabé por montarme de nuevo para salir del parking. Pronto iba a tener que pagar de nuevo por estar estacionado y era urgente que me fuese.

Me marché rumbo a mi despacho, ¿qué haría? Llamar a la mujer e informar. Ella ya sabría como gestionar la situación. Aunque en parte me provocaba deseos de llamarla, invitarla a un café y explicarle lo que sucedía por viva voz... Sin embargo, prefería que el drama se desarrollara lejos de mi cara. Me iba a sentir bastante mal.


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