Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Octubre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Nojima Shion el Vie Jun 29, 2018 7:36 am

La noche había envuelto la ciudad de Éadrom bajo un lustroso manto de oscuridad broncínea. La mayoría de alumnos se habían retirado a sus hogares, mientras que otros muchos se refugiaban de la penumbra del exterior, instalados en las casas dispuestas por el gigantesco instituto Takemori. Todavía había quienes deambulaban en grupos, algunos jóvenes que gustaban de disfrutar del crepúsculo como murciélagos sedientos, mas toda la actividad nocturna se trasladaba a la ciudad, donde las coloridas luces transformaban la lobreguez en centelleantes estrellas irisadas.
El exterior del instituto, por su parte, iluminaba las pistas y los caminos exteriores bajo los focos de farolillos tenues, así que no era el mejor lugar para hacer nada. Pero no todos pensarían igual, por supuesto. Había quienes encontraban este hecho como una oportunidad inmejorable para labrar sendas intransitables a la luz del sol.

Eran las seis en punto, y tras la fachada de la Casa Azul se cocían asuntos que era mejor que sólo quedasen ahí.

Oi, Shion —el muchacho castaño que antes había pactado encontrarse con el peliazul se hallaba dando vueltas en círculos, visiblemente impaciente—. ¿Estás seguro de que vendrá?
Tranquilo —contestó él. Shion se encontraba apoyado contra la pared del edificio, manos en los bolsillos y gesto despreocupado—. Siempre es puntual.

Hubo un silencio casi tenebroso y realmente incómodo. Quizás aquellos dos jóvenes no eran demasiado amigos y simplemente compartían un bien común, así que las palabras no flotaban precisamente en el aire. Transcurrirían así dos o tres minutos más, hasta que una nueva figura se adentraría en el callejón. Se trataba de un chico que no aparentaría más de uno o dos años por encima de Shion, alto y delgado. Tenía el pelo de punta, negro como la noche que les envolvía, y los pómulos cóncavos hasta la mandíbula. Vestía de calle, con una chaquetilla oscura y pantalones ajustados, y calzaba unas botas altas que debían costar más que todo el resto del conjunto.

Vaya, Shion. No esperaba encontrarte por aquí —exclamó acercándose a ellos con una sonrisa —. Y tú debes de ser el comprador, ¿verdad?

El chico castaño asintió y se dispuso a presentarse.

Así es. Me llamo...

Pero una mano al hombro le interrumpió. Shion le zarandeó suavemente y cortó sus palabras, obligando al chico a volver la mirada hacia él.

Eh, nada de nombres —advirtió con fría condescendencia, lo que pareció confundir a su compañero y que, además, transformó los labios del recién llegado en una sonrisa. Shion se acercó a este último y le miró directamente a los ojos—. Dile a Ryo que ya no le debo nada.

Dicho esto, dio medio vuelta y amagó con marcharse del lugar, aunque un último llamamiento detuvo sus pasos.

¿Ya te vas? —achacó el tipo alto—. No me dices nada después de tiempo sin vernos. Ni siquiera sé si puedo fiarme de este tío.
Ese no es mi problema —contestó de espaldas a ellos, y prosiguió su camino tras aclararlo—. Hice lo que me pediste. Me desentiendo.

Shion no pretendía involucrarse. Sabía de primera mano lo dura que era la ley antidrogas en Japón, y él no iba a ser el estúpido que pagara las consecuencias de aquella peligrosa deuda. Respiró, y aunque le carcomió la pena por lo ocurrido, sintió que por primera vez en mucho tiempo estaba limpio.

Mientras, en aquel rincón oscuro se efectuaba la transacción. Allí, donde las miradas ajenas jamás acecharían... o sí.
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Makino Sayaka el Sáb Jun 30, 2018 7:08 am

Primer día de clases: completado. Resultado: Satisfactorio al 90%.

Sayaka había sobrevivido sin ningún percance; todo un logro en una escuela repleta de entes capaces de matarla con el chasquido de sus dedos. Nadie la había molestado durante la clase ni durante el descanso, ni siquiera el típico choque de estudiantes que van a toda velocidad. Tampoco ningún vampiro ni demonio había tratado de desmembrarla en los baños. Bien por ella.

Aunque, todo sea dicho, Sayaka también había sido muy cuidadosa. De vez en cuando buscaba la forma de mirar atrás, meramente para asegurarse de que nadie sospechoso la estuviera siguiendo por los pasillos. Se fijaba discretamente en la gente a su alrededor, y por ello pudo esquivar los correteos de otros alumnos sin esfuerzo. Y la única vez que tuvo que usar los baños se aseguró antes de que estos estuvieran completamente vacíos; eso le permitiría mantenerse alerta de cualquier ruido sospechoso. Lo último que le faltaba era ser sorprendida en un momento tan vulnerable como aquel. ¡Ni hablar!

Quitando ciertos matices incómodos durante la presentación, todo lo demás había transcurrido con total normalidad. Ojalá todos los días fueran así, pensó. Así de tranquilos. Así de vacíos.

Se despidió de Kihory, su primera conocida en aquel mundo nuevo llamado Takemori. Ya sólo quedaba regresar a casa. O a eso que se suponía como su casa. Sin embargo, justo antes de cruzar las puertas del edificio hacia el patio, el móvil vibró en su mochila escolar. Sayaka se detuvo, lo extrajo y observó el nombre de la persona que la llamaba con ojos fríos e indolentes. Tres segundos más y respondió a la llamada.

-Mamá, estoy de camino a casa. ¿Qué ocurre? –Preguntó sin más.

-Sayaka, um, ¿has hecho algunos amigos en tu primer día? Quizás deberías pasar algo de tiempo con ellos.

-……

-Quiero que lo pases muy bien, ¿entendido? No hace falta que vuelvas hasta las ocho.

Mensaje captado. No necesitó ni responder. Tan sólo pulsó la tecla de colgar la llamada sin variar la seriedad en su expresión, y entonces inhaló despacio, hinchando los pulmones. Luego miraría a su alrededor, hacia dentro del instituto. No era una mala oportunidad para explorarlo, aunque, con el rubor del atardecer, aquel lugar fuera a convertirse gradualmente en un paraje solitario. Quizás hasta peligroso.

Así, con un ojo puesto delante y otro detrás, Sayaka recorrió las dependencias del instituto, aula a aula. La de música, donde halló un piano y un violín olvidados, cuyos duetos debían haberse perdido en el tiempo. La biblioteca, en cuya mesa abandonada del fondo imaginó un sinfín de silencios y de tormentas. Un club abandonado, repleto de libros y cajas viejas, y una estufa que no debía haber dado calor desde hacía algunos años. Por todas esas historias que pertenecían a otros, Sayaka sintió una extraña nostalgia.

Y salió al fin a explorar los alrededores del instituto, donde las orgullosas casas para estudiantes se erguían con majestuosidad. A Sayaka le hubiera gustado pertenecer a alguna. Empaparse de su soledad y sus escándalos, de las molestas risas que seguro escucharía por los pasillos. Miraba hacia las ventanas en su caminar, algunas abiertas y otras cerradas, algunas oscuras y otras encendidas. Y en aquella distracción que la invitaba a mantener la vista en otro lado, ni adelante ni detrás, cruzó una de las esquinas sin pensarlo.

Entonces sus ojos, ya sin parpadeo, regresaron al frente y sus pasos se detuvieron de golpe. Testigo de una escena inesperada, Sayaka se supo expuesta…
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Nojima Shion el Miér Jul 04, 2018 4:38 am

Sintió la liviana caricia de la tranquilidad meciendo su nuca, y cuando inhaló, fue como si el aire que respiraba hubiese dejado de estar viciado. Llevaba una sudadera puesta y se había tendido la capucha sobre la cabeza, cubriendo así parte de su rostro para salir de allí lo más desapercibido posible. Caminaba Shion con las manos en los bolsillos hasta el fondo del corredero, contrariado pero satisfecho, mientras Kaito, que así se llamaba su compañero de clase, se regocijaba con estupor al comprobar que aquel contacto prometía lo que él buscaba. El peliazul había llegado a sentir pena por él, pero tras conocerlo un poco mejor, aquel sentimiento se había esfumado cual cortina de humo. Kaito no era un joven al que pudiese ayudar, y de este modo se aseguraba saldar una deuda que arrastraba desde hacía meses. Aquello no era ni más ni menos que necesario para su propia supervivencia. Lentamente, consiguió retirarse hasta el extremo del callejón, donde su moto le esperaba aparcada a un lado.

Mientras, en el interior del corredero, el chico castaño sonreía con impaciencia. Y es que no todos los días podría sentirse tan afortunado, pues no era nada fácil encontrar vendedores en las calles de Japón. La ley antidrogas en el país era una realidad tan contundente que pocos se atrevían a correr el riesgo, y eran muchos los jóvenes que ya habían pagado con creces el simple atrevimiento. Pero aquel lugar era discreto, apartado de la ciudad y retirado de cualquier ojo que pudiese relatar su delito, por lo que poco importaba el abusivo precio del gramo. Shion le había proporcionado una fuente y Kaito estaba dispuesto a pagarla cuantas veces le hiciese falta.

Es buena, ¿eh? —recalcó el vendedor, permitiéndole oler el producto para facilitar su objetivo—. No vas a encontrar algo así en ningún rincón de la ciudad. Mi grupo y yo tenemos el monopolio.

Kaito sonrió satisfecho y se permitió una pregunta personal.

¿Cómo sabía Shion  todo esto? ¿De qué os conocéis? —en su genuina curiosidad, aquello sorprendía al joven de sobremanera—. Pensaba que no tenía amigos.
Oh, y no los tiene. No al menos que yo sepa —señaló el tipo alto, que levantó la vista para ver cómo el peliazul se alejaba hasta alcanzar su motocicleta—. Él y yo no somos amigos, más bien socios.

La conversación transcurrió unos segundos más con lo indispensable: un número de contacto para tener accesibilidad a más transacciones y el coste del producto. Kaito rebuscó en su cartera, pero mientras lo hacía, los ojos del chico de negro se entornaron como si hubiesen visto un fantasma. Y de hecho, lo vieron.
El tipo guardó la bolsa de inmediato con urgencia, y apremió a su comprador para que hiciese lo mismo con la cartera. Kaito siguió aquel gesto instintivamente, y cuando se volvió, su ojos se cruzaron con los de Sayaka, a la que, pese a sólo haberla visto esa mañana, reconoció de inmediato. Su gesto se desencajó por completo y rápidamente se giró hacia su vendedor, ocultando su rostro.

Joder, joder, joder. Esa tía me conoce, ¿sabes? Yo me abro —masculló en un susurro mientras se subía la capucha, amagando con marcharse por el lado opuesto del callejón, el mismo por donde Shion se había ido recientemente.
Tú te quedas. Estamos juntos en esto —el vendedor lo agarró por el hombro y consiguió detener a su nuevo compañero, firme como el portero de un local. Sayaka les miraba desde el comienzo del callejón, inmóvil, seguramente incapaz de saber cómo reaccionar en una situación tan violenta. El chico de negro, sin embargo, no pareció achantarse ante la posibilidad de ser denunciado a las autoridades, pero estaba claro que aquella chica había visto demasiado—. ¿Te has perdido, guapa? —se dirigió a ella mientras comenzaba a caminar hasta su posición, tirando de Kaito, que parecía asustado por la situación y se dejaba llevar por su nuevo socio. Poco a poco, ambos llegaron hasta la posición donde la chica se encontraba. La voz del peligroso individuo se volvió más fría y amenazante. No iba en broma—. Lo has visto todo... ¿verdad?

Aquello sólo podía significar el principio de un problema muy gordo.
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Makino Sayaka el Miér Jul 04, 2018 6:17 am

Al principio, los párpados de Sayaka se abrían abierto un tanto más de lo habitual. Luego se estrecharon despacio, recuperando gran parte de esa analítica frialdad que siempre la caracterizaba. Tensa, eso sí. Completamente quieta, como un animal que se sabe acorralado en plena selva. Y no es que hasta ahora Sayaka hubiera tenido contacto directo con los bajos fondos, pero aquella escena no tenía pérdida. Esto era, con un 99% de probabilidad, una compraventa de drogas. El 100% lo pusieron los dos protagonistas varones, cuya reacción alarmada no dejó mucho a la imaginación.

Y como las desgracias nunca vienen solas, reconoció a uno de ellos. Ese era de su clase, sin duda. Y no, no fue un halago que él también la recordara. ¿Y ahora qué venía? Bueno, sí. El más alto, fácil de reconocer como el traficante, comenzó a dar peligrosos pasos hacia ella. Los ojos de Sayaka no se apartaron de él, alerta, afilados y profundamente analíticos. Mantuvo la calma. Un depredador se le acercaba despacio; tardaría aproximadamente 6 segundos en alcanzarla, considerando la distancia y la velocidad. Pelear contra él podría resultar en una desventaja, no sólo por esa altura superior y esos brazos notablemente fibrosos, sino porque cabía la posibilidad de que aquello terminara en un dos contra uno. Apelar a la cordura de su compañero de clase tampoco era una opción. Cobarde y drogadicto; probablemente era de los que preferirían verla descuartizada bajo un puente y se lavaría las manos, sabiéndose más tranquilo de que su secreto estaría a salvo. Bueno, como la mayoría de las personas, realmente. Y por supuesto, implorar por su vida estaba completamente descartado.


Tan sólo quedaba una ruta. Decisión tomada en 3 segundos. En un movimiento rápido, Sayaka dejó que su mochila escolar se deslizara por su hombro, hasta agarrarla por el asa. Con mirada feroz dio un paso hacia adelante, tomó impulso y agitó violentamente la mochila, que cual arma de largo alcance buscó golpear al traficante. Éste tuvo que echarse hacia atrás irremediablemente para no ser atizado por el veloz ataque, y entonces Sayaka aprovechó para empezar a correr en dirección opuesta.

El corazón le iba a mil. Sus piernas parecían más débiles de lo habitual, como si de un momento a otro se le fueran a romper, pero no dejaron de correr con toda la velocidad que supieron reunir. Sí, lo había visto todo. Claro que lo había visto todo. Y sabía que no se libraría de este problema aún si lograba huir ahora, de eso ya no había marcha atrás. Pero ésta era una solución al aprieto más inmediato: buscar una zona transitada, y a ser posible una maldita comisaría. ¿Dónde demonios había una en aquella estúpida ciudad?

Si no conseguía llegar a tiempo…

No. No debía pensar en eso. Corre. ¡Corre!
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Nojima Shion el Miér Jul 04, 2018 10:14 am

Sayaka parecía un animalito acorralado ante aquel sujeto que poco a poco se acercaba a ella. No sólo era bastante más alto, también se veía fuerte e intimidante. Su tranquilidad resultaba desconcertante, algo que daba a entender que, quizás, no era la primera vez que vivía una situación de tal riesgo. Contrariamente, Kaito caminaba junto a él con severa preocupación en el rostro, como si de repente se hubiese dado cuenta de que todo aquello le había metido en un marrón demasiado grande. Pero ya no había vuelta atrás; ella le había reconocido y huir no serviría de nada. Si quería proteger su secreto debía poner cartas en el asunto, debía evitar que ella dijese nada a nadie. ¿Cuál era la mejor solución para tamaña situación? Con las dudas asaltando sus pensamientos, dejó que su nuevo socio, que parecía más seguro de sí mismo, tomara la iniciativa.

Sin embargo, la sorpresa fue mayúscula cuando Sayaka, lejos de achicarse ante su visible desventaja, agarró fuertemente su mochila y la sacudió sin compasión para evitar que ambos jóvenes se acercasen a ella. Chica lista, aprovechó los dos segundos en los que sendos individuos retrocedieron para no ser golpeados, y escapó a toda prisa, corriendo en dirección opuesta tan rápido como sus piernas le permitieron.
Los ojos de los dos sujetos se abrieron como platos, y la estupefacción les hizo perder unas décimas más antes de ir tras ella.

¡EH! —bramó el tipo de negro, que no se lo pensó dos veces y echó a correr con apuro, seguido de Kaito. Era ágil—. ¡No dejes que escape o nos meterá en un buen lío!

Aquel recordatorio tampoco fue necesario, pues Kaito ya había comenzado a seguirla instintivamente. Sabía que Sayaka podía meterle en problemas muy graves, y la simple idea le aterrorizaba tanto que se dejó guiar por el miedo, el instinto más primitivo de todos. Recorrió metros como jamás creyó hacerlo, demostrando una velocidad que, de no decaer, sin duda terminaría alcanzando también a la muchacha.

Así, corrieron tras ella hasta llegar la calle exterior del Takemori, una travesía oscura y poco iluminada que daba la espalda a las grandes casas proporcionadas por el instituto. En aquella hora nadie circulaba por allí, y la ciudad todavía quedaba a un par de kilómetros de distancia. Ni un coche, ni un transeúnte, ni un alma. Era el sitio perfecto para romper la ley, y precisamente por eso se habían reunido aquellas personas en aquel lugar. No obstante, nadie podía asegurarles que en algún momento no fuese a pasar nadie por la zona, así que de algún modo ya estaban expuestos al riesgo, y eso era un hándicap a tener en cuenta. Debían coger a la chica cuanto antes y regresar al callejón, o no volverían a casa esa noche... ni ninguna de las que estuviesen por venir.

¡La tengo! —informó Kaito, que en un momento dado logró alcanzar su muñeca y consiguió tirar de ella. Pero Sayaka no iba a dejar que la atraparan sin oponer resistencia, y justo cuando el joven tiró de su mano para sujetarla, la chica soltó el codo con tanta dureza que consiguió aturdir por un instante al castaño, lo que le permitió reanudar la marcha una vez más.

Sin embargo, y aunque no fructificase, aquel intento de Kaito por atraparla había conseguido detenerla ligeramente, lo que permitió que el traficante, que les seguía justo detrás, lograse superar su ritmo hasta atraparla. La rodeó fuertemente con el brazo izquierdo, el cual era lo suficientemente extenso como para apresar también ambos brazos de la chica, y con la derecha le tapó la boca sin contemplaciones para evitar que gritase en busca de ayuda. Sayaka forcejeó con fiereza, agitó la cabeza buscando poder golpear a su captor para que este le liberase, e incluso consiguió pisarle en una ocasión el pie con el talón, haciendo que el sujeto se estremeciera y se lamentara en voz alta.
Pese a sus esfuerzos por no dejar que la llevaran, el hombre logró tirar de ella poco a poco, y fue conduciéndola hasta el lugar que deseaba. Necesitaban ocultarla rápidamente o las cosas irían a peor, pues aquello era, a todas voces, la viva imagen de un secuestro.

¿Qué hacemos con ella? —Kaito se acercó con gesto alarmado, incapaz de terminar de creerse todo aquello. Respiraba agitadamente, fatigado por la carrera—. No podemos dejar que se lo cuente a nadie, ¿verdad?
¿Tú qué crees, idiota? Nos la llevamos —el joven de negro se esforzaba por sujetar a Sayaka, que en ningún momento había dejado de forcejear contra él. Debía tener cuidado también por aplacar sus gritos, pues ni siquiera tras la mano que tapaba su boca ella parecía dispuesta a dejar de intentarlo—. No te quedes ahí parado y ayúdame a llevarla hasta mi coche, ¿quieres? Está parado tras el callejón de antes.

Kaito asintió con muchas dudas, incapaz de pensar por sí mismo. En esos instantes, él escuchaba y acataba las demandas de su socio, sacudido por el pánico y el desconcierto. No sólo se había mostrado como drogadicto; se estaba implicando en un caso de secuestro, y quién sabe qué más vendría después de aquello.
Sin poder escapar a su destino, el chico se agachó y consiguió agarrar a Sayaka de las piernas, lo que haría mucho más fácil trasladarla hasta donde ellos querían, aunque no lo logró sin antes recibir una patada que casi le rompe la nariz. Poco a poco la fueron llevando hasta el punto mentado, pero atravesando una ruta menos visible. Sólo necesitaban coger los inhóspitos callejones que Takemori les procuraba a esas horas intempestivas.

¡AH! —Kaito se quejó de una nueva patada contra su costado.
Más vale que te estés quieta o será peor para ti, preciosa —replicó el traficante con los dientes apretados, esforzándose por no dejar ninguna vía de escape a la muchacha. No era posible averiguar si él había pasado por alguna situación parecida, pero sin duda parecía bastante más preparado que su nuevo socio, al que llegó incluso a sonreír en un momento dado—. ¿Te ha dado fuerte? ¡Heh! Es una fierecilla.

Kaito se dolió de su golpe, pero no pudo siquiera palpar su rostro al agarrar a la chica.

¿A dónde la llevaremos? ¿Qué le va a pasar?
No lo sé. Mi jefe sabrá qué hacer con ella —explicó sin dar detalles, y Kaito recordó el nombre que Shion había mentado antes de que todo aquello ocurriera. ¿Sería ese tal Ryo? ¿Qué clase de jefe sería? ¿Jefe de qué? —Cuando lleguemos a mi coche necesito que busques en el maletero, tengo un rollo de cinta americana. Ésta es capaz de saltar del coche, hay que atarla y amordazarla. Y no te olvides de quitarle el móvil.

Sin embargo, antes de que se adentrasen en el callejón que les haría cerrar la manzana, un foco de luz proveniente de sus espaldas proyectó sus sombras en el suelo, y el rugido de un motor desgastado consiguió que al menos Kaito respingase de la impresión. Alguien llegaba tras ellos y les había descubierto. El castaño alzó la vista para distinguir la figura que se había aproximado, pero el faro largo de la moto sólo le permitió ver una silueta borrosa, una que aún así creyó reconocer. El individuo en cuestión bajó de la moto en ese instante.

¿S-Shion?

Apenas pudo reaccionar a tiempo cuando, de forma inesperada, un casco de moto voló hasta su rostro y le impactó de lleno, obligando al castaño a soltar las piernas de la chica y haciéndole caer al suelo severamente aturdido. La figura de Shion se hizo más visible una vez se hubo acercado más a ellos, pero al parecer él no estaba allí para echarles una mano. Aprovechando la vulnerabilidad que generaba la obligación de apresar a Sayaka, el peliazul se lanzó a por el traficante vestido de negro y lo embistió contra la pared, haciendo que éste soltara a la estudiante por la inercia.
Sin pensárselo de dos veces, lo tomó por los cuellos de la chaqueta y lo levantó un par de centímetros en peso, ayudándose del respaldo que suponía la pared. El primer puñetazo no tardó en sacudirle la mejilla derecha.

¡Márchate! —apremió él, volviendo un instante el rostro hacia Sayaka. La condescendencia que normalmente habitaba en sus ojos había desaparecido, dando lugar a un reflejo ardiente y feroz—. ¡Vamos, corre!

A un lado, Kaito comenzaba a erguir la espalda del suelo con pesadez. Estaba visiblemente mareado por el golpe del casco, pero poco a poco parecía que sería capaz de recuperar la consciencia por completo. Shion pronto estaría en inferioridad contra ellos.
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Makino Sayaka el Miér Jul 04, 2018 1:31 pm

Era como una de esas pesadillas de la infancia, en las que un monstruo te persigue y tú tienes que correr para ponerte a salvo. Y corres, y corres, pero a tu alrededor no hay nada; ningún lugar en el que puedas ocultarte; ninguna mano amiga que te aparte del peligro. Sayaka siempre se había enfrentado a sus monstruos sola, y éste no sería excepción. A veces, estas cosas ocurren. No esperas que te ocurran a ti, pero a su vez tampoco te sorprendes del todo. Hasta lo viste venir, pues ya asumiste desde hace tiempo que el mundo está podrido y que, sí, estas cosas ocurren. Quizás por ello Sayaka había podido reaccionar a tiempo. Quizás por ello no le habían fallado aún las rodillas.

Pero, al contrario que ocurre con algunas pesadillas, cuando el monstruo te alcanza en este lado no te despiertas. Bienvenidos al mundo real. Aquí las consecuencias hay que vivirlas a fondo, ineludibles.

Notó un tirón de su brazo y la respuesta fue inmediata. Codazo en la cara de su agresor. Supo que se le escapaban los segundos con aquella intromisión, pero debía mantener la calma. El objetivo era fácil, ¿no? Seguir corriendo por aquel paraje desértico en la noche, hasta llegar a… alguna parte. Sin embargo, pocos fueron los nuevos pasos que consiguió dar antes de que el más fuerte de sus perseguidores lograra aprisionarla.

No, espera… No... El porcentaje de salir de ésta no era 0 todavía, aún podía forcejear, gritar, morder. ¿Pero por qué le dolía tanto cada latido? ¿Por qué sentía que, a pesar de todos sus intentos, cada vez tenía menos libertad de movimiento? Por su alertada y caótica cabeza pasó aquella imagen que vio hace tiempo en un documental, en el que una planta carnívora se cerraba sobre un insecto poco a poco hasta que ya no quedaba nada. Le había impresionado en su día, siendo ella más joven, y ahora aquella imagen gozaba de un sentido completo. Eso es lo que era ella, ¿no? Un insecto, que por mucho que se revelara y tratara de tomar las riendas de su vida, las paredes de ésta se cerrarían irremediablemente para aplastarla. Así, ni los intentos de puñetazos ni las patadas lograron frenar el destino por el que dos desconocidos la llevaban, como una barca sin remos a merced de las despiadadas olas.

Lo que no sabía era que, al menos hoy, tampoco estaba completamente sola. El repentino golpe la pilló desprevenida incluso a ella. Había apretado los ojos, pero en ese momento los abrió de par en par para ver a su primer agresor cayendo al suelo, golpeado por… ¿el casco de una moto? Su segundo agresor no tardaría en dejarla ir al recibir otro golpe, esta vez de un cuerpo que se lanzó furioso contra él. La estudiante casi cayó al suelo; se raspó las manos contra éste para no llegar a caer, y rápidamente trató de tomar conciencia de sus alrededores. Una figura ligeramente familiar había empotrado al matón contra la pared. Ella le recordaba.

¿Nojima-kun…?

-¡Márchate! –gritó él, y al ofrecerle sus ojos, Sayaka casi creyó haberse confundido de persona. La impasibilidad que esa mañana había hallado en la mirada del joven había desaparecido por completo, reemplazada por una inyección de furia y adrenalina que la paralizó en el sitio por algunos segundos. ¿Quería… que echara a correr?

Percibió aquel movimiento a su lado, no muy lejos. Kaito se levantaba poco a poco; quizás con la intención de ayudar a su compañero a recuperar el control, o quizás con la intención de huir de la escena. No lo supo, no le importó. Sayaka ya no escuchaba nada más. Sayaka ya no era víctima ni insecto. Su faz se descompuso por la rabia y la urgencia, y con gran rapidez agarró el casco caído para golpear fuertemente la cabeza ajena.

Es tu culpa.

El castigado secuestrador, que apenas había podido comenzar a levantarse, se encontró cayendo de nuevo al suelo, y lo siguiente que supo fue que su agresora se había sentado sobre su estómago, casco alzado y rostro deshecho en una ira incontenible. La ira de quien piensa recuperar por la fuerza lo que gusanos como él habían tratado de quitarle.

Lo que me obligas a hacer es sólo tu culpa.

Aún consciente, el estudiante la miró como quien mira al diablo y trata de pedir piedad, mas ninguna recibió. El golpe fue imparable; el mundo se volvió oscuro para él, y un poco más brillante para ella.

Si acaso Sayaka le había causado algún daño más allá de la mera inconsciencia, ni lo supo ni le importó. Tan sólo le miró jadeante, con el odio a flor de piel, aunque no por ello fuera de control. Esperó cualquier movimiento por parte del chico que mereciera un golpe más; tan sólo le notó respirar. Suerte para él. Así, la joven se puso en pie acto seguido. Todavía no se sentía a salvo, pues no sabía si Nojima necesitaría ayuda…
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Nojima Shion el Sáb Jul 07, 2018 10:07 am

Y cuando por fin pareció mejorar, el mundo se volvió oscuro y silencioso. Kaito no tuvo tiempo de recuperar por completo la consciencia. Algo, o más bien alguien, se lo impidió. Sintió el peso de un cuerpo bloqueando su estómago, prisión de carne contra el asfalto que le encadenaba a su trágico destino. Cuando sus ojos volvieron a diferenciar el mundo a su alrededor, su nueva compañera de clase le miraba con la furia de quien no conoce la piedad, casco alzado hacia un tenebroso cielo sin estrellas. No era una amenaza, tampoco una advertencia: era el caos a punto de sucumbir sobre su rostro. Sus miedos se convirtieron en realidad y el protector cayó con fuerza sobre su cabeza, una y otra vez, hasta que su consciencia reprimió el dolor haciéndole sumir en el letargo.  

Por su parte, y mientras era apresado contra la pared, el joven traficante miró a Shion con una derrotada sonrisa, casi retorcida. Tenía un corte en el labio y la encía superior ensangrentada debido al puñetazo que había recibido. El peliazul presionó los puños sobre los cuellos de su chaqueta y le redujo incluso más su libertad, ajustándole contra el muro con contundencia.

¿No tenéis bastante con lo que ya hacéis? —juzgó violentamente—. ¿Ahora también secuestráis personas?

El chico de negro apretó las muñecas de su captor con los dedos, pidiendo instintivamente un poco de holgura. Su rostro, sin embargo, seguía desencajado en una sonrisa incrédula, como si todo aquello gozara de algo particularmente gracioso.

¡Hah! No me hagas reír, Shion. ¿Ahora te dedicas a ayudar a la gente? ¿TÚ, precisamente? —la mueca de su rostro fingió una carcajada que no llegó a salir por la presión ejercida, pero aquel gesto consiguió desconcertar lo suficiente a Shion como para concederle un poco de libertad. La voz del peligroso individuo se volvió algo más seria y melosa. Disfrutaría con las siguientes palabras; una amenaza que helaría la sangre de aquel que supiese exactamente dónde se había metido—. Esto no le va a gustar a Ryo. Lo sabes... ¿verdad?

Los ojos de Shion se abrieron como platos, y aprovechando la confusión, el traficante actuó. Se revolvió con la ayuda de brazos y piernas, salió de su prisión y no tardó en golpear fuertemente el rostro del peliazul, que cayó de rodillas tras la sacudida. Beneficiándose de ese instante, el tipo se lanzó a por él y pateó sus costillas con fuerza, obligando a su oponente a rodar por el suelo hasta quedar bocarriba.
Una bota de cuero se situó justo sobre el pecho de Shion, que miró desde su desventajosa posición el rostro sangrante de aquel que una vez fue su compañero. Y este, sabiéndose en inferioridad, buscó rápidamente a Sayaka hasta situarla a un lado, ya alerta. Puede que hubiese tratado de decirle algo, pero bajar la guardia un mísero instante fue un craso error.
Shion consiguió alargar el brazo hasta su bolsillo, tomó un alijo de llaves y las sujetó entre sus dedos, cerrando el puño con fuerza. Cuando hundió su improvisada arma en la pierna del chico alto, éste no pudo evitar liberar un maldiciente quejido, cedió y se apartó de su víctima, lo que permitió al peliazul ponerse en pie para volver a golpearle una última vez. No tenía sentido seguir allí.

Aprovechó el aturdimiento del traficante para ir hacia Sayaka y agarrar su muñeca, la cual tomó sin permiso ni vergüenza, y tiró de ella con tanta energía que incluso si ésta no deseó seguirle, no le quedó más remedio.
La guió hasta su moto, la soltó y la invitó a subirse, mientras él ya se sentaba y adelantaba el cuerpo para cederle espacio.

¡Vamos, sube! —apuró mientras giraba el puño en el manillar y el motor volvía a rugir—. No va a esperar amablemente a que nos marchemos.

No llevaba un segundo casco, pero eso no importaba ahora. Lo primordial era alejarse de aquel lugar cuanto antes y valorar la situación con tranquilidad, pues innegablemente, y por mucho que le pesara, había vuelto a meterse en problemas una vez más.

Quizás con más peligrosidad que nunca.
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Makino Sayaka el Dom Jul 08, 2018 8:50 am

Y al girarse para comprobar en qué estado estaba su salvador, Sayaka le encontró en el pavimento, derrotado y subyugado con una bota de cuero sobre el pecho. Corrió la rabia por sus venas y la urgencia en sus manos al buscar rápidamente el casco que había dejado en el suelo, detalle que el agresor de Shion no se perdería.

-¿Qué piensas hacer con eso, precio—AAGH! –su pregunta, que comenzó brabucona, pronto se torció en un grito de dolor que obligó a Sayaka a retroceder unos pasos por la sorpresa. Shion había aprovechado la pequeña distracción para herir a aquel tipo en la pierna, y con ello pudo retomar el control de la situación. Un último puñetazo a su agresor y marcharía hacia su compañera con pasos rápidos, sin tiempo que perder. Ella creyó haber visto un pequeño hilo de sangre en la comisura de los labios del joven, un buen suvenir de alguno de los golpes que habría recibido de aquel mafioso, pero tampoco pudo pensar mucho o comentarlo siquiera; la mano de Shion ya la agarraba de la muñeca, autoritaria y tajante, para arrastrarla con él hasta su moto.

-¡Nojima-kun…! –Fue una queja, irracional y meramente instintiva, de quien no quería ser arrastrada por una sola ventisca más. Ni siquiera por la suya. Entonces él le imperó a subirse al vehículo como única forma de alejarse cuanto antes del lugar; una solución temporal al problema, pues un enemigo vivo seguía siendo un enemigo, ¿pero había acaso una solución mejor en aquel momento?

Sayaka resopló, ceño fruncido, y rápidamente colocó el casco en la cabeza de Shion. Quizás mal puesto con las prisas, quizás un tanto brusca. Ya se lo ajustaría él mismo, pues ella ya estaba subiendo a la moto en la parte de atrás, con la respiración contenida en su pecho. Nunca había montado en una, pero se tragaría sus inseguridades. O casi. Debía agarrarse a él para un viaje más seguro, ¿no era así? Esperó que colocar las manos tímidamente en sus costados sirviera. Aferraría los dedos a la tela si hacía falta. Tampoco contó con demasiado tiempo para hacerse a aquel aparato o analizar cada detalle de su acoplación como copiloto; la idea era arrancar cuanto antes. Ya vendrían después las preguntas.

-Hahaha, Shion… -rió torpemente el tipo de la droga, aún aturdido por el golpe. Sabía que no alcanzaría ya a los dos estudiantes; ni siquiera lo intentó demasiado con aquellos pasos lentos y torpes. Tan sólo quería dejarse oír-. No tienes dónde esconderte. Recuerda esto.
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Nojima Shion el Dom Jul 08, 2018 6:01 pm

Sayaka fue reticente, cautelosa y desconfiada. No era para menos; habían estado a punto de secuestrarla, y quién sabe hasta dónde habría ido a parar la cosa si Shion no hubiese irrumpido en escena. Incluso en aquella situación pareció dudar dos segundos antes de subirse a la moto del desconocido peliazul. Por mucho que le hubiese salvado la vida, él no dejaba de ser un extraño, y aunque atestiguara buenas intenciones en él no podía dar nada por sentado. Sin embargo, pareció valorar que aquella solución era mejor que ser alcanzada de nuevo por ese demente de chaqueta negra, así que terminó alzando el casco y colocándolo en la cabeza de su salvador, el cual tuvo que ajustárselo un poco antes de acelerar.
Shion ladeó el rostro hacia ella para asegurarse de que la chica se sentaba a su espalda, pero no hubo mayor indicio que la presión de sus dedos contra el costado para terminar de consolidar aquel deseo. Bajo el casco, el chico tragó saliva y se preparó para arrancar.

La moto rugió, se suspendió furiosa sobre el asfalto cuando Shion apartó el pedal con el pie, y salió despedida hacia la oscura carretera dejando tras de sí un característico olor a caucho quemado. El ruido del motor, sin embargo, no impidió que ambos jóvenes escucharan la amenaza que el traficante profirió antes de perderse en la distancia, dejando el aliento de Shion quebradizo y su corazón latiendo a toda velocidad.

El trayecto fue rápido, fugaz e intenso. En ciudad el tráfico era molesto incluso durante la noche, pero aquella carretera convencional estaba desolada y se prestaba a sobrepasar los límites de velocidad establecidos. Poco a poco, Shion aceleraba involuntariamente, no porque no le importase la integridad de su acompañante, sino porque había tomado el hábito de recorrer aquel sendero a su manera. Si a ello sumaba el nervio que le había brotado a flor de piel por los recientes sucesos, su exceso estaba más que justificado. En un momento dado sintió las manos de Sayaka aferrándose a él, seguramente nerviosa e insegura, cuyo tacto fue suficiente para hacerle decelerar un poco. Estuvo a punto de alzar la voz para dirigirse a ella, pero las palabras no llegaron a brotar de sus labios. No supo cómo hacerlo, y el trayecto hasta la urbe transcurrió en riguroso silencio.

En pocos minutos, la ciudad de Éadrom se abrió ante ellos y las señales de vida comenzaron a recordarles que el mundo no era tan oscuro como parecía. A su paso, ahora moderadamente más calmo, resplandecieron las fachadas iluminadas por las farolas, carteles luminosos por luces de neón y negocios de todo tipo abiertos hasta altas horas de la mañana. Los bares y restaurantes eran la demanda que más gente aglomeraba en las transitadas aceras, algo que, instintivamente, ahuyentaba los miedos de Shion. Ese ambiente festivo de tarde era un verdadero bálsamo después del episodio que acababa de vivir.

¿Dónde vives? —preguntó de repente, permitiéndose ladear ligeramente la cabeza hacia un lado. Trató de mirar a su acompañante, pero sólo pudo distinguir sus manos agarradas a él. No abordó el escabroso tema que les había envuelto por el momento, aunque sólo era cuestión de tiempo. Ante el corto silencio de Sayaka, añadió—. Si no confías en mí no tienes por qué decírmelo. Puedo dejarte donde quieras.

Seguiría sus instrucciones, aunque antes de llegar a ningún lado tenía previsto hacer una leve parada. Después, ella dictaría el rumbo a seguir.
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Makino Sayaka el Lun Jul 09, 2018 3:36 am

Cuando aquella ruidosa máquina arrancó, rápida y salvaje, Sayaka creyó que caería. Una fuerza la empujó insistentemente hacia atrás, obligándola a sujetarse  al conductor con más fuerza. Pareció inevitable terminar pasando los brazos por su abdomen; manos que buscan desesperadamente sentirse a salvo. Aferró los dedos en la tela de la camisa del joven, arrugándola. Respiró, apretó los ojos y agachó la cabeza. La creciente velocidad le produjo un vértigo feroz, tan poco acostumbrada como estaba a este tipo de emociones fuertes. Demasiadas en una sola tarde.

-¡No vayas tan rápido…! –Le increpó, le riñó, con el miedo por bandera. Maldito chico temerario. Quizás ella no había hecho bien montándose en aquella moto con un perfecto extraño, rumbo a cualquier lugar desconocido, pero tampoco podía olvidar las heridas que él mismo había sufrido contra aquellos tipos. Las posibilidades de que Nojima se la hubiera jugado de aquella manera para salvarla, sólo para llevarla a un lugar peor con cuestionables planes, se encontraba en un muy reducido porcentaje. Sayaka no era nadie especial. Si acaso Nojima requería de una víctima a la que engañar, se habría buscado a otra chica en una situación más fácil. O mejor aún, alguien con dinero.

Pero nada de eso quitaba que fuera un temerario conduciendo a toda velocidad. ¿Estaba nervioso, tenía miedo? ¿Tanto como ella?

Poco a poco, los ojos de Sayaka fueron abriéndose a las luces de la gran ciudad, a la adrenalina de sus enormes avenidas llenas de obstáculos móviles. A ese viento libre jugando con su pelo, a ese rugir constante por fuera y por dentro. Al calor entre sus brazos. Era una ciudad normal, pero a ella no se lo pareció. No había ni una gota de cotidianidad en nada de lo que ese día aconteció. Se sintió extraña, como si de pronto estuviera habitando un cuerpo que no era el suyo, aferrada a otro cuerpo que tampoco conocía.


-¿Dónde vives? Si no confías en mí no tienes por qué decírmelo. Puedo dejarte donde quieras. –Escuchó la voz de Nojima sobre el motor. La pregunta la dejó pensativa, analítica por unos segundos. Definitivamente él no parecía tener segundos planes. Entonces creyó ver un intento del joven por girar ligeramente la cabeza hacia ella, y frunció el ceño.

-¡Mira a la carretera! –Su primera respuesta sería otra regañina, más severa que la anterior. Si él estaba nervioso, era claro que ella también. Dicho lo más importante, suspiró, y tras unos segundos volvió a alzar la voz sólo lo suficiente para que él pudiera escucharla con el ruido de la moto-. Por ahora me conformo con que te detengas en cualquier lugar donde podamos hablar…

Tenía preguntas y pediría respuestas; cuanto antes, mejor. Después de eso ya vería cómo llegar a casa por su cuenta. Y aunque la mera idea de marchar sola se le hacía difícil tras semejante experiencia, por suerte las calles y quizás el metro estarían aún bien transitados. No debían ni ser las 7 de la tarde, y ella... Ella seguía siendo Makino Sayaka, no una cobarde. Trató de aflojar su agarre sobre su compañero, de liberar un poco la arrugada tela de su camisa. Volvería a mirar las luces de la ciudad, a perderse en ese inusual mundo de emociones que parecía querer tragárselo todo...
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Nojima Shion el Lun Jul 09, 2018 8:23 am

La interpretación de Shion a las reprimendas de Sayaka fue ambigua. Desconocía si aquel carácter provenía del miedo que atesoraba o si era parte de su mismísima naturaleza, pero la chica aún tenía fuerzas para recriminar todo aquello que pudiese contrariarla. Quizás fuera cosa de ambas, pero era indudable que todavía estaba nerviosa, y Shion no podía culparla por ello; él mismo se sentía asustado, puede que más que nunca. Lo que estaba claro es que habían salido indemnes de una situación bastante peliaguda y ahora debían buscar la forma de proceder. Sintió las manos de Sayaka sobre sus costados, aunque ahora que conducía por la ciudad, ella había aflojado su agarre, como si su ropa quemara. No era capaz de llegar a imaginar lo que pasaba por la mente de su acompañante, pero él no podía dejar sentir un atisbo de responsabilidad que le abrasaba por dentro.
Bajo el casco, Shion suspiró y se dio unos segundos para calmar sus pensamientos, enturbiados por un caos arrasador, y cuando finalmente escuchó la petición de Sayaka de detener la moto para poder hablar, él asintió de forma casi invisible. No era distinto de los planes que él tenía desde el principio. Al menos, le debía eso.

Ese parque servirá —insinuó él, decelerando y señalando con la mirada un terreno ajardinado, con una arboleda espesa llena de travesías construidas por setos podados y farolas en cada bancada. Despacio, se acercó a la acera y paró el motor. Cuando la moto dejó de rugir, un silencio inquietante les envolvió—. A veces vengo a pasear por este lugar. Creo que aquí estaremos bien.

La invitó a bajar en primer lugar, y cuando ella lo hubo hecho, la imitó y se desprendió del casco. Tenía un ligero sudor propagado por su flequillo, y el corte del labio inferior había dejado bajo éste un hilo de sangre reseca. Guardó el casco bajo el brazo y se aseguró de encadenar bien tanto el soporte como el maletero de su vehículo para evitar sorpresas inesperadas. Entonces miró a Sayaka con cierta indolencia, y sus ojos grises, gélidos y filosos como la punta un iceberg, la desnudaron de arriba a abajo. No la conocía de nada, y sin embargo, la chica se había convertido de aquella forma en la persona más familiar para él en semanas. Un hecho bastante curioso.

Una vez allí, no supo qué hacer. ¿Era buena idea caminar hacia el interior del jardín, o bastaba con quedarse allí, detenidos en la acera hablando de todo? Si por él fuera habría escogido un lugar más acogedor para hablar de aquel asunto, pero sentía que le debía respuestas lo antes posible, tal y como ella había pedido. Dejaría que Sayaka guiase, que ella determinara cómo proceder.
En parte, era lo mínimo que podía hacer por ella.
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por Makino Sayaka el Lun Jul 09, 2018 3:39 pm

Finalmente, Shion detuvo la moto cerca de la entrada a un parque. Parecía bien iluminado, aunque los parques como ese no solían estar demasiado transitados una vez se escondía el sol. Era como si toda esa belleza, toda esa alegría que derrochaban bajo la luz del día, sufriera una terrible metamorfosis que los tornaban lúgubres y peligrosos durante la noche. Tanto si Shion dejaba la elección en sus manos como si no, Sayaka no haría ademán alguno de adentrarse en los jardines. Había aprendido la lección en su primer día: Éadrom no era una ciudad segura.

Ella fue la primera en desmontar. Consiguió hacerlo con soltura a pesar de su falta de experiencia, sin nada embarazoso que lamentar con respecto a su falda escolar. Odiaba hacer el ridículo, y ahora no estaba para juegos. ¿Y cuándo lo estaba?

Shion se retiró el casco y la miró en sumiso silencio, con esos fríos ojos grises en los que Sayaka no supo si veía impasibilidad o curiosidad. También ella le miraría, más tensa que él y falta de palabras por un instante. Su expresión seria, ligeramente ceñuda. Pareció terminar sucumbiendo ante una tenue pincelada de timidez, si acaso podía llamarse así, cuando llevó su atención rápidamente a su mochila escolar y comenzó a rebuscar algo en su interior, como si deseara deshacerse momentáneamente de la tensión en el ambiente. Así, extrajo un paquete de clínex, tomó uno de ellos, y agachando ligeramente la cabeza sin retirar los ojos del otro estudiante, extendió la mano para entregárselo. Al mismo tiempo se llevó la otra a la comisura de los labios, haciéndole una seña con los dedos, a modo espejo, para indicarle dónde estaba manchado de sangre.

-Límpiate....

Lo primero era lo primero; práctica ante todo. Pero ahora tocaba hablar de asuntos importantes. Su mirada terminó entonces en el suelo a su izquierda, como quien busca un pensamiento que se le debe haber caído. Frunció un poco más el ceño. Cuando volvió a mirar a Shion, estaba tan seria que bien pudo haber salido una reprimenda de sus labios. Y sin embargo…

-Me has salvado, debo darte las gracias –dijo. Por muy orgullosa que fuera Sayaka, no estaba ciega. El valor había que reconocerlo-. Odio admitir esto, pero de no ser por ti, no sé dónde estaría ahora.

Al decir esto último, sus ojos se habían perdido una vez más en el suelo. Por la creciente molestia en su expresión era fácil intuir que debía estar rememorando lo sucedido; casi se le revolvió el estómago. Cerró los párpados por un momento. Inhaló y exhaló. Cuando los volvió a abrir, fijó la mirada de vuelta a su compañero de clase; esta vez no como víctima agradecida, sino como juez y posible verdugo. Y es que, por muy agradecida que estuviera, Makino Sayaka aún no conocía ni confiaba plenamente en Nojima Shion.

-Conocías a ese tipo. Has trabajado con él, ¿verdad? ¿Te dedicas a lo mismo?

Se mantuvo a cierta distancia de él, quieta, tan tensa como firme. Y a pesar de todo, extrañamente no le tenía miedo. Quizás, sin saberlo, se encontraba en la misma situación que él; no recordaba la última vez que compartió tanto con alguien...
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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Miér Sep 26, 2018 8:39 am


Φ CERRADO Φ

Debido a la falta de respuestas en éste tema durante dos meses o más, y muy a nuestro pesar, el tema ha sido cerrado y retirado de la zona correspondiente. Sin embargo puedes recuperarlo, pidiendo su reapertura, aquí.
Lugar: Otros
Atte: Staff ITR.





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Re: Una deuda peligrosa [Priv. Makino Sayaka]

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