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¡Y hoy inauguramos este hermoso espacio para los beios cumpleaños del mes! ¡Perdonen nuestra tardanza en volver! Pero aquí estamos para poder celebrar junto a nuestra Hanita, también conocida como Trinity su cumpleaños (un pelín atrasadito, perdón uwu). ¡Y es que esto es un momento especial! Porque ella es un usuario que siempre ha estado con nosotros desde hace muchos añitos, apoyándonos y ayudándonos un montón. ¡Siempre está allí para todos! Es que es un amor de persona y una excelente moderadora de eventos. Personalmente, les queremos desear un maravilloso cumpleaños a nuestra hermosa Trini Porque la amamos mucho en el staff. ¡Y no se queda corta! Que también es muy querida por los usuarios mismos, por supuesto que si. Así que muy feliz cumpleaños.
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Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Mar Mayo 29, 2018 9:07 am

Entró por garganta dejando los murmullos tras de ellos, quedándose en silencio. Pronto el frío le abrazó y entre la oscuridad unas luces se extendieron, al principio pensó en luciérnagas, pero mientras más se acostumbraba se daba cuenta que no sólo era eso, si no plantas, brillando en neón. Aquella vista era impresionante, aunque ponía cuidado puesto que sabía que plantas o animales de colores llamativos o que brillaran, eran signo de peligro. En aquel desconocido lugar era de noche, y lo veía en las múltiples estrellas que salpicaban el cielo, luego la luna, inmensa y plateada, miró junto a ella y le sorprendió ver ¿otra luna? ¿dónde demonios estaban? Miró al demonio con un rostro lleno de interrogantes ¿Qué clase de lugares había visitado Levka? Puesto que tenía el conocimiento que Garganta no podía llevarles a lugares de los cuales el portador no conocía, sólo quedaba que el peli azul realmente hubiera estado ahí antes.

Estaba demasiado sorprendida que tenía miedo de preguntar por el lugar y que todo se hiciera trizas. Se acercó y agacho de forma cautelosa a una de las plantas, parecía un jazmín, aunque los pétalos eran claramente distintos, además de su habilidad para brillar. Prefería ver, mas no tocar, por si las dudas. Levantó sus rodillas del suelo, sacudiendo la tierra ligeramente húmeda de su piel, un poco más convencida que todo era real y no un simple sueño. Escuchó signos de movimientos y se puso atenta al lugar donde provenía, el crujir del suelo y las plantas. Algo salió de entre el matorral, pero con la poca visibilidad, de aquella oscura criatura poco se veía. Achicó los ojos, fijando su vista hasta que se acercó más y una cabeza de un tono morado se acercó, lo más parecido a oreja se encontraban echadas hacia atrás, al igual que la rubia, aquel extraño ser se encontraba alerta. Dotado de grandes ojos rojos y un cuello largo. Más que dar miedo, tenía mucha curiosidad, estiró la mano con la idea de que podía ser mordida o algo peor a causa de eso, era una acción bastante estúpida de su parte.

Mordió su labio cuando el ser se acercó y se irguió, caminaba en cuatro patas igualmente largas, aunque no superaba el metro de altura. El cuerpo se tornaba entre colores rojos y azules, formando morados en donde ambos se encontraban. La criatura le miró con la cabeza ladeada y acercó su rostro para olfatearle la mano y darle una lamida, como si de un perro se tratara, aunque le recordaba más a un gato. Movió la mano posándola sobre la cabeza y acaricio el pelaje que llevaba comparándolo con la crin de un caballo, la piel era algo dura pero suave al tacto, llevaba relieves de círculos y espirales en tonos más blancos. Una sonrisa se formó en el rostro de la chica cuando el rostro de su nuevo amigo se pegaba a su mano, pidiéndole más caricias. Sus ojos vagaron hacia detrás de ella, girando el cuerpo, para visualizar al demonio. Se había dejado llevar y sus mejillas se pintaron ligeramente por su torpeza, tosió acomodando su garganta y se alejó de la criatura, no de forma brusca, pues no quería que se espantara, aunque esta le terminó siguiendo de igual forma.

-Uh… vamos, amm… ve con tu… ¿manada? –no sabía que decir o hacer, no es como si todos los días un animal le siguiera, quitando a los borrachos de por medio.

De pronto la cola del animal se movió de un lado a otro mientras desaparecía poco a poco. Pestañeó ¿se había hecho invisible o se habría ido? No estaba segura, pero necesitaba dejar de perder el tiempo.

Criatura:
Fue lo más parecido que encontré


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Mar Mayo 29, 2018 7:35 pm

¿Te sorprende? — los ojos del demonio se volvieron lentamente en dirección hacia la rubia una vez aquél hubiera atravesado su portal, Garganta, la cual los había llevado a aquél lugar tan particular. Los ojos demoníacos de Levka se volvieron lentamente para poder analizar bien el ambiente en el que se encontraban, investigando lentamente a través de aquella oscuridad pudiendo apreciar el acercamiento de aquella criatura tan particular que, efectivamente, mostraba una compostura bastante alerta en relación al grupo de individuos que parecía haber llegado a su hábitat natural. Una ligera figura alargada se mostró en sus pupilas, las cuales imitaron una especie de mirada felina, permitiendo capacitar al masculino de una capacidad de apreciación nocturna con lo que le facilitaba descubrir la posición y el lugar en el que se estaban encontrado. — No se mantienen en manadas sino en camadas. Mantienen su vida junto a sus hermanos hasta que alcanzan cierta edad y luego se separan para buscar otra camada, donde intentan conseguir procrear. — hizo un ligero ademán a la muchacha de rubios cabellos para que ésta le siguiera. Avanzó con tranquilidad pasando a un lado de aquella peculiar criatura quien rápidamente volvería en su dirección sus ojos, algo que prácticamente ocasionaría una devolución fiera de la expresión visual por parte del masculino. Con un ligero choque de visiones la criatura rápidamente retrocedió algunos pasos hacia atrás, consiguiendo que los labios del masculino dibujasen una ligera curvatura la cual advertía el disfrute de su postura, de aquella imposición de autoridad que tanto disfrutaba de poseer.

No te retrases. — la criatura se perdió en la oscuridad y el demonio deslizó su mirada lentamente hacia el horizonte. Estaba completamente aislado del mundo en general en aquél espacio, uno bastante particular y muy diferente al resto... al mundo mejor dicho. No necesitaba explicar absolutamente nada, al menos no en esos momentos porque la noche estaba tornándose algo más fría con el paso de los segundos alcanzando grados cercanos a ocho o nueve. El ambiente en general era silencioso, tan solo algunos pocos ruidos de varias criaturas cuyas pisadas se hacían sonar en la oscuridad, todas dirigiéndose en direcciones en concreto. La brisa nocturna, a pesar de todo, no era realmente algo muy fresca sino todo lo contrario: dada la ubicación en la que se encontraban, a varios metros del nivel del mar, lo cual permitía que fuese un golpe cálido el del viento. — Por allí. — gesticuló con su rostro en dirección hacia una zona algo más alejada, notando que a la distancia parecía verse una serie de luces bastante particulares que obviamente provocarían cierta curiosidad a la menor o, al menos, así era como lo imaginaba. Una residencia bastante amplia se hacía cada vez más grande a cada paso que daba, o al menos eso era lo que aparentaba. En realidad se trataba de un poblado cuyas casas se encontraban lo suficientemente cercanas entre sí como para que se dificultase notar aquella diferencia entre lo primero y lo segundo.

Mikhäíl, han pasado muchos años desde que te vi por última vez. ¿Qué te trae por aquí? — una figura femenina de cabellera agua marina se hizo presente, ‘arrastrándose’ en su dirección dado que la parte inferior de su anatomía no era sino la de una serpiente de escamas azules. Su cabello se convertía en cabeza de serpientes verdosas en la zona final de las mismas hebras, las cuales se movían lentamente de lado a lado, siseando y observando atentamente al masculino de rasgos casi femeninos. — Ven, supongo que llegó la hora, ¿no es así? Tú lo advertiste hace, ¿cuánto? ¿Unos seis mil años? — la fémina se mordió el labio inferior al dirigir su mirada luego a la muchacha de rubia cabellera que se encontraba a su lado, algo que terminó por controlar, dada la mirada agresiva que el demonio al que había saludado previamente le imponía segundos después. — Vinimos por algo completamente diferente. ¿Está todavía la vieja? ¿O ya se murió? — el avance fue guiado por la chica que parecía conocer al demonio, quien en esos momentos tan solo jugaba con una de las serpientes que estaba formado por una mecha de sus cabellos. — No morirá hasta que tú decidas matarla. — ninguno de los dos dijo algo al respecto, claro que era consciente de aquella promesa que hizo en algún momento atrás, por lo que simplemente terminó por detenerse frente a la que era la residencia central del pueblo, donde una figura bastante más alta que la chica anterior parecía avanzar lentamente en dirección hacia la puerta. — Es todo suyo, muchachos... oye, luego ¿puedes venir a verme... solo? — aquello se lo dijo al demonio cuando hubo avanzado en su dirección, dejando al grupo de individuos junto a la persona que ahora salía de aquella casa.

¿Eres tú, joven Nikoláyevich? — la figura de una mujer con el tronco inferior de una araña abrió la puerta y se dirigió lentamente hacia el masculino. Los ojos, los tres pares de éstos, se posaron primero en el masculino de rasgos femeninos y luego en los de aquella rubia que prácticamente se volvió un espécimen bastante particular. Entró a la residencia de aquella mujer esperando ser seguido de su subordinada, siendo guiado por la nueva criatura hasta la sala de estar donde la arácnida terminaría colgándose del techo de éste donde aparentemente varios hilos se unirían como tal como si fuese aquella su tela creada con la intención de volverse su cama. — ¿Qué te trae por aquí? ¿Has traído a una nueva chica a nuestro pequeño pueblo? Aunque no le veo lo ‘particular’... — soltando una suave risa, el demonio terminó por voltear en dirección a la aludida para finalmente apoyar sobre su cabellera aquella palma derecha que había utilizado en más de una ocasión sobre ella. La despeinó cuidadosamente y negó ante aquella posibilidad. — Ella se va a quedar a mi lado en todo momento. No permitiré que nadie le ponga un dedo encima. — aclaró, al momento de regresar la mirada hacia la otra mujer quien asentiría y daría un pequeño ademán con su mano para que algo en aquella habitación pareciera emprender el movimiento. Algunas criaturas de su misma descendencia comenzarían a aparecer con la intención de ofrecer, a través de bandejas plateadas, diferentes bebidas a cada uno de los invitados de aquella señora, la dueña de la casa. El demonio optó por tomar el café, simplemente para beber de éste sin la necesidad de adherir azúcar al mismo. Seguido de esto, una tercera servidora se hizo presente con pequeños aperitivos, dejando los mismos sobre la mesa ratonera en cuestión frente a dos sofás que eran claramente utilizables por aquellos dos invitados.

Cuéntale la historia, Arlia. — era consciente de que podría ser algo pesado al respecto, pero también debía de considerar que aquella mujer... araña... o lo que sea, simplemente era una mujer de gran edad, con una longevidad incluso superior a la del mismísimo demonio. Era conocedora de la historia en general y posiblemente tuviera más de algún consejo para lo que estaba ocurriendo detrás de ellos, o mejor dicho, podría poseer algo de información al respecto de lo acontecido a la chica en su juventud, durante aquellos tiempos en los que él aún estaba sellado dentro de la espada que ahora reposaba en la cintura de su propietario. Terminó sentándose en el sofá que había a un lado de la mesa, tomando una de aquellas galletas con pizcas de chocolate en su interior con la intención de disfrutar de esto para poder apreciar con mayor tranquilidad la historia de la chica, la misma que había escuchado ya en algún momento atrás antes de que aquél viaje fuese ‘emprendido’.

Chica serpiente:
Chica araña:


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Vie Jun 01, 2018 6:34 pm

¿Qué si le sorprendía? Por supuesto que lo hacía, y estaba segura de que él lo notaba en su mirada, uno de esos sentimientos que no quería ni podría cubrir tan fácil con alguna capa de fría pintura. De igual forma disfrutó del efímero encuentro entre el demonio y la criatura, le pareció incluso lindo, pero guardó silencio deseando guardar esas expresiones para sí misma. Mientras caminaban no podía evitar sentir interés del cómo era que el demonio conocía aquel lugar que parecía salido de un sueño; y es que no sólo era aquel paisaje desconocido o los extraños animales, de igual forma aquella ¿aldea? Abrió mucho los ojos dejándose que todas aquellas luces se reflejasen en su mirada llena de emoción. Aunque decidió parpadear un par de veces y recuperar la compostura, no podía ir por ahí pretendiendo ser una chiquilla en algún parque de diversiones.

El tan exótico mundo no sólo poseía vida silvestre peculiar, si no que de igual manera sus habitantes podían dejarte igual de boquiabierto. Realmente mientras más veías, era completamente normal que más curiosidad tuvieras por aquel lugar. La chica parte serpiente que le hacía recordar a los antiguos cuentos de su lugar natal, Grecia, sobre Medusa una de las hermanas gorgonas. Esta se movía de una forma que parecía hipnotizar a sus espectadores, posiblemente era parte por aquellas escamas azuladas que se notaban duras y tenía tentación de tocar, y no estaba de más recalcar que no lo haría, por respeto. En cuanto a la mujer, claramente más madura que la anterior, el atisbo de Aracne se presentó fugazmente en su cabeza, quien de igual manera no había tenido un final muy agradable según las viejas leyendas e historias de mitología. Ambas muy hermosas. Levka realmente conocía a mucha gente de todo tipo, a pesar de ser algo arisco.

Aquellas casas estaban hechas de madera y piedra, los colores cálidos se percibían continuamente, pero en una armonía con los azules y verdes; de cualquier forma, era sencillo sentirse cómodo en aquel lugar, era como si el lugar mismo te diera la bienvenida, le reconfortaba y abrazaba el ambiente. Además, se podía escuchar una cascada no muy lejos de ahí, se preguntaba cómo serían sus aguas ¿tendrían algún color diferente? ¿o brillarían de igual forma que muchas cosas a su alrededor?

Estaba demasiado absorta en cada detalle que cuando el demonio posicionó su diestra entre su maraña rubia cerró los ojos y los entreabrió mientras le despeinaba sin restos de brusquedad alguna. Enseguida que los ofrecimientos se hicieron presentes en la habitación ella tomó algo parecido a un jugo, agradeció a la criatura con la cabeza; era de un tono ópalo con algunas partes más en cobalto, emitía un aroma a moras, y su sabor era suave, sin embargo, dejaba una sensación de cosquilleó en la lengua.

Miró a la mujer arácnida y posó el vaso sobre sus piernas, todavía sosteniéndolos con sus manos para que no se fuera a tirar. Ahora que se encontraba más tranquila volvió a contar su historia en Salem y cómo fue que terminó huyendo de ahí, aunque esta vez fue más detallista como en la luz de color magenta que emitía el sello, de su bolsillo sacó un dibujo de lo más cercano que pudo del verdadero círculo de invocación, todavía a falta de detalles que no podía recordar. La anfitriona tomó el papel entre sus manos y lo escudriñó con la mirada, acariciando el fino y arrugado papel con sus finos y largos dedos. La rubia igualmente le mencionó sobre que el mismo sello estaba en la pelea que habían tenido hace poco. Trataba de ser lo más específica y ordenada posible, por lo que sería su cabeza trabajar uno a uno ordenando las cosas antes de que salieran por su garganta.

La mujer simplemente le escuchaba, con la mirada fija en ella, pesada, mas esto no le hacía titubear. Terminó de contar todo y hubo una pausa. Pensamientos desenfrenados daban golpes en su cabeza. Hasta que la mujer de múltiples ojos negros llevaba el índice a sus labios mientras pensaba. Todo estaba en un incómodo silencio.

-Querida –habló la mujer, rajando el silencio con aquella voz seductora y madura que poseía - ¿Podrías dejarme a solas con Mihail? Será un momento

La rubia se mostró con cierta desconfianza, pero parecía ser alguien que el demonio conocía bien y estaba ayudando, por lo que se levantó haciendo una reverencia y se retiró. Una vez fuera el frío acaricio su rostro y suspiró. Mordió su labio inferior sin saber que hacer mientras esperaba, entonces el sonido del agua llegó a sus oídos. Cierto, había querido ver el agua de aquel lugar. No creía que fuera un problema puesto que se escuchaba no muy lejos por lo que terminó dirigiéndose por el lugar. Sus pasos resonaban entre las ramas cuando se adentró a un par de altos árboles. Y como había supuesto en un principio, no tardó en encontrar la soñada cascada, era enorme, preciosa bajo la luz de la luna y su reflejo plateado, los “peces” iluminaban de igual forma las aguas. Se sentó en el pasto a respirar el aire fresco y disfrutar de las pequeñas gotas de agua que salpicaban su rostro.

Se recostó cerrando los ojos, realmente el estar en la naturaleza, aunque no fuera a la que estaba acostumbrada, le venía como anillo al dedo. Respiró llenando sus pulmones de aire hasta dejar escapar el gélido aire por la boca. Un lengüetazo se sintió en su mejilla, era cálido, pero no era normal. Abrió los ojos lista para disparar un hechizo, pero no fue necesario. Algo parecido a un lobo… pero en pequeña, midiendo alrededor de 20 cm de alto, y con una cola que al moverse desprendía partículas igual que oscuras que su pelaje le miraba de una manera tan tierna que Arlia, como amante de los animales, no se resistió a tomarlo y ponerlo sobre sus piernas, acariciando el pelaje mientras el cachorro parecía disfrutarlo. Este poseía unos profundos ojos azules que le recordaban a alguien. En uno de esos le mordió y la rubia retiró la mano.

-¡Oye!-le replicó y al ver que la criatura parecía arrepentida sólo le sonrió mientras pasaba las yemas por sus peludas orejas, el susodicho miraba a otro lado, pero no se le veía en alerta o con preocupación, sólo observaba en calma. Posiblemente ya era hora de regresar y se levantó con él en brazos mientras caminaba de vuelta, lo árboles no eran muchos por lo que era fácil guiarse y salir de ahí hasta volver a la parte principal, la villa. Se preguntaba sobre que podrían haber o estar hablando y la preocupación se hizo presente en su frente, recibiendo un par de lamidas en los dedos.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Sáb Jun 09, 2018 11:57 am

Seguro recuerdas la batalla que se desató hace cinco mil años, ¿no es así? Bueno, tú fuiste uno de los protagonistas, por no decir el que más estragos causó junto a algunos de los miembros de los Mandamientos. — la arácnida comenzó a hablar una vez la rubia se encontrase en el exterior de aquella habitación, asegurándose con el uso de sus sentidos que hubiera abandonado el área de capacidad audible para poder explicar tanto como podía lo relacionado con aquello que los había atacado. — Sin nombre alguno, un grupo de individuos se alinearon con el fin de imponerse a tu grupo, de hacer frente a los desastres que causaron en el mundo bajo la petición de su Dios, Aoz. Ustedes, a pesar de ser tan desquiciados y volátiles, hicieron que incluso el Todopoderoso tomara cartas en el asunto y se asegurase de que sus más fieros guerreros se sacrificaran para poder hacerles frente en el mundo terrenal... la mayoría de ellos ahora son catalogados como caídos en vistas de la redención que jamás llegó y... — de un momento a otro se hizo el silencio cuando la mano derecha del masculino, aquél demonio de ahora facciones finas y delicadas, se alzara cuidadosamente con la intención de interrumpir la voz de aquella criatura. — Lo sé, lo sé. Estuve allí. Ahórrate el maldito cuento y tan solo dime lo que necesito saber, que no me gusta perder de vista a la rubia y menos ahora con lo que pasó últimamente. — bramó, con cierto aire enfadado. Sus ojos se mostraban filosos e, incluso, con un deje de hostilidad que en su vida había mostrado a aquella mujer, o más bien a ninguna de la villa en general. — Está bien. — no pudo decir más nada, no una vez aquél hubiera alzado la voz para sentenciar sus deseos en aquél momento.

Se dignaron a realizar las purgas más crueles en la historia. Desde lo de Salem, hasta el nazismo, incluso las que aún no han llegado. Es una organización que opera en las sombras de Dios, ajeno a su poder y ligado al mismísimo Lucifer... — ¿cómo era posible eso? ¿Y los ángeles? ¿Por qué trabajarían con él...? Los pares de ojos de la fémina se volvieron todos en su dirección ocupando aquellos para observar con atención al esbelto demonio que parecía emanar un aura sumamente intrigada, llena de dudas que rápidamente la criatura fue capaz de distinguir. — ¿Creías que todo era como lo pintaban las historias, Mikhäíl? Ustedes, los Mandamientos, crearon un desbalance tan catastrófico que incluso dos enemigos mortales como Dios y Lucifer cedieron a su guerra de antaño para luchar con un enemigo en común... ESA es la magnitud de sus acciones, de las de cada uno de los que representa a Aoz. — los movimientos de las pantas de aquella se hicieron ligeramente presentes, avanzando desde su ubicación hasta toparse con la presencia del demonio frente por frente a su persona. Todos sus ojos se encontraban tan cerca de aquél que podía incluso verse reflejado en el ennegrecido tono de aquellas esferas. — Ustedes no son solo enemigos de la humanidad, son enemigos de todo aquello que posea vida... o eso es lo que creen aquellos que no comprenden sus intenciones. Al fin y al cabo, ¿quiénes no han intentado mejorar el mundo? Todos los que lo han perseguido, ese sueño que Aoz promete, han realizado actos tan atroces como lo llegaron a hacer ustedes o, incluso, mucho peores. — Levka en ese instante se volvió a un lado para meditar al respecto, centrándose casi completamente en lo que había sucedido durante su estadía dentro de la espada que ahora ostentaba en su cintura.

Había sido capaz de percibir todo lo que había vivido la rubia, o al menos gran parte de esto, como consecuencia no solo de permanecer a su lado de manera espiritual sino también por el hecho de haber compartido sangre con ella en dos ocasiones. Ahora entendía un poco más a lo que se refería la menor y era algo que, efectivamente, necesitaba de su parte y el que los Mandamientos tomaran carta en el asunto. Chasqueó su lengua y volvió la vista a la figura que se encontraba relativamente cerca de su posición, algo que hizo obviamente que éste retrocediera un paso como consecuencia de la invasión a su espacio personal sin su ‘consentimiento’. — ¿Acaso piensas que es mejor enfrentarlos? Mikhäíl, tú nos salvaste de ellos hace muchos años, ¿qué años? Milenios. Existimos aquí, tranquilas y alejadas del mundo de los mortales, un lugar que solo tú conoces y al que ni siquiera tus compañeros han llegado. Solo debes pedirlo, si necesitas ayuda en ésta lucha cualquiera de nuestras compañeras se ofrecería a gusto para morir en tu lugar y... — los ojos del demonio se oscurecieron de repente ante aquellas palabras, tal sermón solo consiguió que su mirada se mostrase un tanto frívola y hostil, incluso algo más que momentos atrás. — Yo peleo mis propias batallas, ¿te quedó claro, maldita Aracne? ¿O es que no te fue suficiente con el castigo de Minerva al convertirte en... eso? — sus rasgos verbales claramente habían molestado a la otra pero no se podría enojar, no con él, porque sencillamente conocía el comportamiento tan altanero y volátil que poseía aquél muchacho de cabellera azulada. Los labios de la fémina dibujaron una sonrisa, no apacible pero sí bastante suave, como si sus palabras no la afectaran en lo más mínimo. Sin embargo el demonio notaba la tensión en sus patas y su rostro: aquella se había acercado lo suficiente como para entrar dentro del rango donde él podía percibir casi cualquier tipo de alteración o fluctuación espacio-temporal, y por ende esto también aplicaba a los organismos vivos que tuviera tan cerca.

La historia de aquella mujer no tardó en retomarse, pero los puntos que más importaron al demonio no fueron sino los participantes de aquellos históricos momentos, y los que parecían estar detrás de todo lo que ocurría. — Te he dicho todo lo que sé, Mikhäíl, así que solo puedo velar por ti, porque esto no es ni siquiera símil a lo que pasó hace tantos milenios. Aquello fue un mero juego de niños, y su ausencia les dio cinco mil años de ventaja a aquellos que creían que no iban a volver a aliarse para hacerles frente. — sus manos se movieron con la intención de enmarcar aquellos dos puntos. — Así que Dios y Lucifer, ¿eh? Esto cada vez se pone más y más interesante... — ¿cómo podría negarlo? ¿Cómo calmar ese éxtasis que comenzaba a invadir su cuerpo poco a poco y terminaba por ofrecerle una sonrisa un tanto desquiciada, sádica, al demonio? Era imposible evitar sentir el frenesí de que las cabezas del mundo, tanto humano como sobrenatural, estaban intentando acabar con aquello que había comenzado tantos siglos atrás. ¿Debería de avisar a los mandamientos que aún se encontrasen vivos? ¿O simplemente guardar para sí mismo ese entretenimiento? Bueno, ésta segunda opción era la que más rentaba a su persona, la que más... parecía atraerle, por así decirlo. ¿Quién no gusta de la diversión y la satisfacción para sí solo, después de todo? — ¿Eso es todo? — Aracne movió lentamente su cabeza en forma afirmativa y esto ocasionó que el de cabello azulado se volviera sobre sí mismo, dando un último sorbo a la taza que se le había ofrecido momentos atrás. Tomó un par de galletas con la intención de tener algo para el viaje, o al menos esa fue su excusa interna, y decidió simplemente abandonar la habitación saludando con un gesto de su mano. — Cuídate, Mikhäíl Levka Nikoláyevich. Y recuerda: todos nos conocen pero no nos han visto, somos mitos y estamos para servirte.

Al salir de la habitación se topó con que la rubia no se encontraba, algo que claro le causó cierto enfado. ¿Acaso no le había dicho que no se alejara? De una u otra manera, nadie en aquél lugar se atrevería a tocarla, no una vez lo hubieran visto con su persona a un lado y supieran que estaba acompañándolo, por lo que tan solo alzó su mirada al cielo a fin de apreciar durante algunos instantes aquello. — ¡ARLIA! — bramó con autoridad, vociferando el nombre de su subordinada mientras extendía su mano derecha para poder abrir una especie de portal. No necesitaba realmente saber dónde estaba, no ahora que poseía aquél colgante en su cuello y éste se vinculaba al contrario. Tan solo con seguir el rastro de magia, de su misma esencia, pudo abrir aquella puerta que prácticamente lo ubicó por delante de la posición actual de la menor. — ¿Dónde estabas? ¿Y qué haces con eso? Déjalo, nos vamos. — no le daría tiempo a decir algo más, no en esos momentos. Estaba apurado y notaba como el ambiente de aquél lugar se tornaba un tanto más tenso, más... agresivo. Seguramente Aracne había advertido a cada uno de los habitantes de aquél lugar y todos estaban dispuestos a luchar, pero no era algo que él fuese a permitir: había entregado ese lugar a aquellas para que vivieran tranquilas, alejados de todos los que abusaban de sus capacidades o simplemente querían darles cacería.

Un nuevo portal se abrió, en ésta ocasión su destino sería un lugar completamente diferente donde el ambiente fuese más sofocante. La recolección de información los llevaría a lo más profundo del océano en aquél momento donde algunas criaturas sin reconocimiento alguno de raza en particular se detenían para observar como las dos figuras parecían entrar, o salir, de lo que era la nada misma. — Sí, antes de que lo preguntes: bienvenida a Atlantis. — a pesar de su posición parecía que una cúpula de aire los cubría lo suficientemente grande como para permitirles respirar. El hecho de estar allí solo era como consecuencia de que en aquella ciudad perdida bajo el mar se encontraba la biblioteca que la araña le había dicho algunos momentos atrás. Pero para poder acceder a ella debería de avanzar por sus calles, donde una serie de individuos de las profundidades no paraba de mirarlos con cierto interés, ¿ladrones, tal vez? Al parecer la ciudad sí había cambiado en el tiempo en que él no había estado... y posiblemente para peor. Ignoró al grupo de hombres que los seguía con la mirada, su destino no era otro que aquél edificio gigante a un lado de la calle principal, cuyas columnas eran incluso más grandes y altas que los de una casa con doble fachada. — La biblioteca de Atlantis. Debemos buscar algo relacionado a lo del grupo que hizo la purga en Salem, y según la araña... aquí podría estar la información. — apenas y volvió la vista a la rubia antes de simplemente entrar a aquella enorme edificación, dando espacio a la rubia para que entrara primero antes de ser él quien la siguiera.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Dom Jun 24, 2018 9:17 pm

¿Atlantis? -Articuló mientras sus ojos recorrían el excéntrico lugar. Enormes muros de reflejos azules y verdes, se podía ver el agua por doquier. Cualquiera pensaría que sería sumamente oscuro al saber dónde se estaba ubicada, pero había mucha luz, no solar, el sentido era distinto, más frío y suave. Sea cual sea esa fuente, parecía mantener todo visible sin encandilarte los ojos.

De camino a la biblioteca varios habitantes del lugar se acercaban a verles. Eran altos y delgados, con una belleza misteriosa y mágica. La piel era de un tono aperlado, con distintos destellos tornasol que parecían moverse como olas de mar a través de sus cuerpos, enormes ojos azules, profundos y calmados. La primera “diferencia” de la que se percató fueron sus orejas, eran de una forma puntiaguda en la parte más alta y el lóbulo de igual manera tenía una forma triangular, pero más delgado y largo. Te simples atuendos de telas transparentes y muy finas, pero eran en pequeños cortes que parecían más para adornar, pues dejaban mucha piel a relucir. Algunos edificios se veían viejos y grises pero la luz fría armonizaba con centellas rosados y verdes que parecían hipnotizar a la rubia.

Entraron a el enorme edificio, el ambiente dentro era distinto, más silencioso y de cierta forma te invitaba a pasearte entre sus extensos pasillos tapizados de centenares y centenares de libros de distintos grosores y colores; posiblemente idiomas de igual manera. A pesar de eso todo parecía estar perfectamente ordenado. Tanto conocimiento le ansiaba, no estaba todo eso, pues hubiera pensado que todo había quedado perdido en el Mehbelhlmoak, aunque tampoco era como si se hubiera imaginado estar ahí, o en esa situación.

-Din, dut, sey… -Susurró leyendo los extraños jeroglíficos de una lengua muerta, no era experta en el Atlante, al no conocer a nadie que lo hablara apenas y había aprendido una pequeña porción muy básica con información de viejos escritos que logró encontrar en lugares poco convencionales e ilegales. Escogió un libro al azar, abriéndolo y pasando los dedos por la tinta negra, casi azulada – Ketak.en.tem obes.ag sapoh.e.kik – estaba segura de que su pronunciación era posiblemente errónea; podía leer todo, pero traducir sólo algunas pequeñas partes. –S man.na.lag adlan.ti.sag egni.hut ne.pew.vo hep.en line.gi.mot nihut.kabiw –Demasiado burdo si se escuchaba a sí misma.

Devolvió el libro a su espacio, caminando con intriga. Sintió algo entre los pies, obligándola a retroceder y observar… nada. Se mantuvo alerta, aquello no podía ser una ráfaga de viento. Se adentró un poco más, hasta llegar a una parte donde las tapas de los libros eran más viejas. Con sumo cuidado tomó uno, uno en especial que captó su atención, entre los detalles dorados del lomo y su única palabra.

-Nyarlathotep –Repitió las palabras escritas en egipcio. Lo tomó, y a pesar de su apariencia, era más pesado. Lo abrió, leyendo algunos párrafos de forma salteada… Sus pupilas se contrajeron y lo cerró, pero no lo devolvió. Buscó más, llevándose una cantidad no muy moderada de libros y textos entre las manos.

Los dejó en una mesa, abriéndolos y leyéndolos uno a uno, dejándolos abiertos en la primera parte importante que encontrara. Miró a los lados buscando al demonio y en cuanto lo visualizó fue con él.

-Nyarlathotep –Fue la primera palabra que dijo antes de tragar saliva y proseguir –, es un… Dios que es la mano derecha de Azathoth, ambos muy poderosos, pero este último de carente inteligencia, continuamente utilizado por El Caos Reptante, como se le conoce en muchas culturas a Nyarlathotep. A pesar de su poder, él no destruye el mundo, pero sí lleva un caos, miedo y locura a la humanidad, volviéndola su propio pateo de juegos. ¿El punto? Él está dormido, y para despertarlo se necesitan sacrificios, hay… textos que demuestra que Hitler tuvo que ver con eso, incluso de tiempos más remotos, como La Esfinge Negra de Egipto. Incluso mencionan a las brujas y aquelarres… hay más información, mucha como para poder demostrar que es el objetivo de esto. –Sus dedos jugaban con la tela de su ropa mientras explicaba y enganchaba las palabras- Si me pregunta por qué… no lo sé siempre hay un grupo de personas que realmente no sé lo que piensan. De todas formas… a pesar de las muertes que hubo en el tiempo de Adolf Hitler… no pudieron despertarlo ¿Y qué mejor forma que sacrificando a el grupo de demonios más poderoso? Esto va más allá de lo que es el cielo o el infierno, esto parece ser el nuevo Sodoma y Gomorra... –No había duda en sus palabras y más considerando que el grupo con el que lucharon anteriormente eran ángeles.

Un sonido fuerte en la entrada la obligó a mirar más allá del hombro del mayor. Apretó los dientes y jaló empujó a Levka a un lado mientras algo pasaba a pocos centímetros de su brazo, y viendo como había quedado el estante donde había terminado dando, no era nada bueno; la piedra comenzó pudrirse hasta no quedar nada de ella. Tomó al demonio de la mano y lo jaló con ella una vez más a la mesa donde había dejado los libros, buscando uno es específico. En cuanto lo vio arrancó la hoja en la que lo había dejado abierto. Guardándose el mapa. Invocó a un demonio, que tomó la forma de ambos. Sería el señuelo. Salieron por otra puerta, actuando lo más normal posible mientras el puño se cerraba entre la hoja de papel recién arrancada. Las personas caminaban como si nada, le parecía interesante como habían logrado sobrevivir, pero no era momento de pensar en eso. Tenía que evitar llamar demasiado la atención, más de lo que ya lo habían hecho.

-¡Makit.tem! –gritó alguien.

-Dicen que viene el rey - Lo arrastró hasta un callejón, donde desdobló la página del mapa y se la mostró, normalmente no rompería un libro de esa manera, y menos siendo algo tan antiguo, pero había casos en los que era mejor no tener la diplomacia de siempre. -Necesita grandes cantidades de agua para poder manifestarse. No es cualquier lugar a donde llevarán todas las almas recolectadas para ese sacrificio. Donde lo pueden llevar a usted -susurró lo último con la promesa de no dejar que las cosas terminaran de la peor manera. Había algo más, pero para su lamento no era más que una hipótesis sin pies ni cabeza, sin validez ni pruebas. –Enton… -Antes de completar su frase un hombre habitante se paró frente al callejón, no mostraba una postura de ataque, pero la forman en la que sus ojos les miraban no era de fiarse. De la nada el hombre corrió hacia ella, pero fue detenido por la rubia en un simple movimiento que lo dejó en el suelo. –Si hay uno hay más- dicho y hecho, ahora eran unos cinco o seis, pero antes de hacer algo una criatura de forma lobezna, pero cuyo pelaje era una combinación con montones de plumas negras, las de la cola eran más largas y terminaban en el pelo normal, suave. Lo conocía, era la criatura del lago, se debió haber colado a pesar de haberlo dejado. Aunque ahora efectivamente era mucho más grande, pero esa mirada y toques azules eran reconocibles; y los estaba defendiendo. Los enemigos retrocedieron, pero seguía sin saber que había pasado para que de repente osaran por detenerles. –Supongo que es momento de irnos.

U:
Disculpa la tardanza, estoy castigada de aquí hasta el día de mi muerte. Me di cuenta de que mi anterior respuesta no se mandó la correcta (guardo todo en bosquejos e hice dos versiones de la respuesta), en fin espero cobrar mi error aquí, me divertí escribiéndolo, leí muchos libros hasta que mi cabeza no pudo más e incluso investigue el idioma Atlante (obviamente no es más que un conlang), no fui muy precisa a la hora de "traducir" porque hay muy poca información, no es tan desarrollado como el élfico.

Lo primero que dice Arlia (Din, dut, sey) es uno, dos ,tres.
Ketak.en.tem obes.ag sapoh.e.kik : esta frase la saqué tal cual y es algo sobre ver ballenas en la lava.
S man.na.lag adlan.ti.sag egni.hut ne.pew.vo hep.en line.gi.mot nihut.kabiw : esto fue totalmente traducido por mí así que estoy segura tiene muchos errores (¿pero quién se fija?) y habla sobre el Leviatán.
¡Makit.tem! : Es algo como ¡Ahí va el rey!

Lo de Nyarlathotep fue una idea que me surgió mientras buscaba inspiración y espero que no sea demasiado zafado. En los libros este Dios no está dormido, así que lo agregué yo para acoplarlo un poco.

Espero te guste


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Miér Ago 01, 2018 10:19 am

¿El rey? — aquellas palabras tomaron por sorpresa al demonio quien, rápidamente, emitió una especie de aura alrededor de su cuerpo como si estuviese preparándose para atacar o, al menos, así lo aparentaba. La emanación de energía que envolvía los ahora delicados rasgos masculinos no era sino más bien un sencillo radar que le permitiría ubicar a los más poderosos, usando esto como una medida de búsqueda y cacería aunque en ésta ocasión empleándolo, y para su desagrado, de la manera opuesta: una forma de abandonar ese lugar sin tener que liberar sus poderes caóticos para no ocasionar lo que había sucedido la última vez en aquél mismo imperio... ¿es que se habían olvidado quién fue el que hundió Atlantis, después de todo? — Esto será bastante problemático, la verdad. ¿Cómo es posible que hayamos sido detectados sin siquiera emplear un efímero rastro de magia ofensiva? — la verdad es que aún pensaba realmente en las formas y posibilidades mientras notaba como la menor estaba encargándose de guiarlo, casi sin darse cuenta, hasta una zona que fuese algo más segura que la actual. El callejón se le hizo ciertamente conocido, al menos porque había sido en aquél en el cual habían hecho aparición algunos momentos atrás, horas tal vez, ¿quién se fija en el tiempo cuando está ocupado haciendo otras cosas de mayor importancia, después de todo? En esos instantes estaba pensando seriamente en las palabras que la rubia comenzaba a emitir, aquellas aclaraciones que había hecho respecto a los sacrificios y demás involucrados a lo largo de la historia. ¿En realidad era todo por un motivo tan sencillo como liberar o despertar a aquella bestia?

Poco le importó al demonio todo aquello en esos instantes porque la magia de la menor ocasionó que se perdiera de sus propios pensamientos y regresase al mundo real, o más bien a aquel mundo submarino que prácticamente era desconocido para los terrestres. Su magia volvió a liberarse, pero esta vez opacando completamente el callejón y evitando así el avance del nuevo grupo que hacía su aparición delante de las narices de los dos... tres, seres. La sorpresa de ver a aquel lobo le causó cierta curiosidad, ¿cómo es que lo había seguido? ¿Y por qué había crecido tanto? Bueno, la respuesta a la primera pregunta era sumamente obvia, a decir verdad, dada la necesidad de actuar en manada y su forma, era obvio que había atravesado el portal espaciotemporal que había sido creado por el peliazul. Ante la segunda pregunta, realmente no podía obtener una buena razón de aclararla, pero tampoco es como si le importase porque, después de todo, ese tamaño era el suficiente como para alertar y mantener a raya a aquellos individuos que parecían tener intenciones de atacar al dúo tan peculiar que había arribado en la ciudad perdida bajo el mar. — Bueno... nos vamos. No quiero... destruir esta ciudad otra vez. — sus palabras apenas fueron audibles, casi en un ligero susurro a medida que extendía su mano con la intención de activar la puerta transportadora. Garganta, en su magistral forma y tamaño hizo aparición en medio de una neblina blanca que hizo retroceder, tal vez por desconocimiento, a aquellos individuos permitiendo así brindarle a su ‘dueño’ un nuevo salto que los alejaría de aquella ubicación.

Flexionó sus rodillas con cuidado y se giró sobre sí mismo, dando la espalda a los agresores mientras sus labios esbozaban una satisfecha sonrisa. A pesar de que habían estado poco tiempo, las cosas que habían descubierto en aquel lugar eran más que suficientes para poder intensificar la búsqueda y, además, encontrar el objetivo de sus atacantes. Solo necesitó silbar para alertar al lobo, quien rápidamente comprendió el objetivo de aquel sonido y se abalanzó sobre lo que era la puerta temporal que había sido creada. Por su parte, el demonio movió su mano derecha y se aseguró de rodear con el brazo la cintura de la chica hasta poder apoyar su palma en la zona lumbar de la espalda ajena, alzándola sobre su hombro y cargándola sin la necesidad de hacer mucho esfuerzo en ello. De un último vistazo observó por sobre su hombro al grupo de individuos que ahora sí se lanzaban sobre la pareja, algo que le obligó a dibujar una sonrisa aún más placentera: no habían muchos seres capaces de hacerle frente, mucho menos aquellos que se atrevieran a lanzarse directamente hacia él sin conocerlo pero entonces era esa ignorancia, esa falta de conocimiento, la que le permitía al demonio actuar tan desquiciado y sádico todo el tiempo. — Esto los entretendrá un rato. — cerró y abrió su puño libre, simulando el lanzamiento de algún tipo de objeto en contra de aquel grupo y, segundos más tarde, la explosión que se ocasionó delante de sus narices permitió al grupo una brecha de tres metros entre ambos para poder escapar. Fue un solo salto, un rápido movimiento por parte del demonio, consiguiendo así atravesar con el delgado y liviano cuerpo femenino sobre su hombro como si esto no fuese sino algo a lo cual ya estaba acostumbrado a hacer.

El ambiente del nuevo lugar se había vuelto algo nostálgico. El lobo se encontraba en su abrumadora forma, ese tamaño inusual con el que había llegado a la ciudad marina, sentado a un lado de un sofá individual. Su mirada recorrió el ambiente sin encontrar a nadie en el interior de aquella habitación, algo que efectivamente le ocasionó un cierto grado de tranquilidad. — Aquí estaremos bien. — musitó en voz baja, chasqueando su lengua al ver el fuego de la chimenea arder. Lo hacía fuerte, claro ejemplo de que llevaba encendido no más de una hora, algo común en la leña seca que rápidamente prendía y aumentaba el calor de aquel tan extraño, pero tranquilo, aposento. Por un minuto se había olvidado de la menor sobre su hombro, como si no fuese un peso de importancia con el que cargase, ¿y acaso podía enojarle ello? Aquella chica era su prioridad desde que había sido atacada, no permitiría a nadie ponerle un solo dedo encima y tampoco dejaría que alguien más se le acercase. Fue durante esa serie de posesivos y poco comunes pensamientos que Levka bajó a la menor, apoyando con cuidado sus pies sobre el suelo y esperando tuviese el apoye adecuado para poder liberarla, evitando así que cayera por el cambio tan repentino de posición. — El viejo está tardando. — miró el reloj que había sobre una de las paredes notando, de esta manera, que habían transcurrido al menos unos cinco o seis minutos desde el momento en que habían llegado. Era consciente de que el hombre notaba la presencia del demonio, más que nada el uso de su Garganta, por lo que le sorprendía que lo hiciese esperar el lapso de diez minutos como había sido acordado algunos milenios atrás.

Solucionaremos esto más tarde, Aery. Tengo visitas y debo atenderlas. — la voz masculina se plantó al otro lado de la puerta y permitió de esta manera que un chasquido de la lengua del demonio se hiciera presente. Ocho minutos de espera fueron lo que tardó ese malnacido en aparecer en su despacho, algo que no había pasado sino durante tanto tiempo. — ¿Acaso los años han enlentecido tu velocidad, maldito ‘genio’? — bufó con algo de molestia mientras observaba al extraño, pero no por eso desaliñado, individuo que entraba en aquel lugar. Los labios del hombre dibujaron una suave sonrisa al ver los rasgos masculinos, aunque estos no fueran al cien por ciento los propios del demonio como consecuencia de la poción que aparentemente aún seguía haciendo efecto en su organismo. — Malditos son los ojos que te ven: Levka Nikoláyevich, el portador del Caos. — nostalgia y alegría, incluso algo de tranquilidad era lo que se palpaba en el ambiente de aquel lugar, algo que claramente se vio ofuscado por la presencia de la rubia en particular, a la cual le dedicó una mirada un tanto interesado. — ¿Es... un nuevo juguete? — pudo notar el deseo de examinar que poseía en sus ojos, algo que no tardó en rechazar, así como a su pregunta al momento de apoyarle la mano encima del hombro femenino con la intención de apretarla a sí, advirtiendo de una manera poco convencional que aquel cuerpo tenía dueño y, claramente, no era otro, sino que el mismísimo demonio que la estaba acompañando. — Es una pena, es una pena. ¿Te imaginas lo que podría hacer con... una belleza como ella?

Chasqueó su lengua una vez más y soltó a la menor haciendo un ligero ademán con su mano para que tomase asiento, algo que el dueño del lugar también ofreció. Levka por su parte se ubicó en el sofá individual y no tardó en jalar de la muñeca a la rubia para que tomase asiento sobre el posa-brazos de su mismo asiento, guiando una de sus piernas hasta apoyarla por encima de una de las propias. Sí, se había vuelto algo posesivo de un momento a otro y realmente no había necesidad de ellos, ¿o sí? Los ojos del profesor no abandonaban la figura femenina, algo que siempre había molestado de ese hombre: todo lo veía como un juguete con el cual experimentar. Pero poco le importaba realmente, después de todo sus únicos deseos eran los conocimientos del hombre. — Lia, explícale todo. Si puedes desde el principio, y hasta lo que sucedió hace unos minutos... por cierto, ¿quién es el nuevo rey de Atlantis? — aquella pregunta se volvió hacia le hombre en particular, algo que le brindó un cierto grado de curiosidad en sus ojos. Desconocía completamente del tema, mucho más luego de su desaparición ya que, al final, hacía muy poco tiempo que había regresado a su forma carnal.

u:

El profesor lo hice pensando en un estilo Frankenstein, pero un poco más cuerdo y no tan tirado a la idea de la locura absoluta. Le gusta jugar con los seres, like a quimeras, pero también es un genio en muchas ramas dada su edad. Tiene aproximadamente unos... seis mil años, tal vez siete, por lo que es tan viejo como Levka o incluso un poco más. Ocúpalo si gustas para extenderte todo lo que quieras, no me es molestia. ♥️


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Miér Ago 22, 2018 1:01 am

-¿Otra vez? –Apenas vociferó reflexionando sobre si sentirse extrañada o no, pensando luego que posiblemente había sido lo mejor, pensando en un posible universo donde no esté perdido y los humanos llegaran a encontrarlo. Posiblemente debía agradecer mentalmente las situaciones tan extraordinarias en las que se metía el demonio. Y antes de poder seguir pensando en cosas que ya no tenían sentido para otros que no fueran ella. Su rostro se mostró sorprendido cuando el peliazul la cargó, sus dedos se agarraron fuerte en la tela de la playera del mayor, cerrando los ojos ante el salto dado, percibiendo el cambio de temperatura y luminosidad.

El fuego danzaba llevando el calor al cuerpo de la chica, sintiendo como se erizaba su espalda ante tal placer que su piel agradecía, aunque en esa posición no le desagradaba, se sentía extraña y más con el miedo de que el revolotear de su bomba de sangre pudiera ser percibido. ¡Callate! Ordenaba mentalmente. El alivio no llegó ni cuando fue puesta con amabilidad en el suelo, aunque los brazos se sentían livianos, como si ahora algo faltara para mantenerlos con ella y que no terminaran desprendiéndose de sus hombros para ir a algún lugar desconocido.

Una voz masculina y llena de sabiduría pareció arrancarle aquel estruendoso sentimiento que la mantenía confundida cçon palabras, devolviéndole otro que ella sola desechó. No le incomodaba la palabra referida hacia ella, en realidad ella misma se veía así en distintas ocasiones, no por sentirse usada, si no por propia voluntad de respeto hacia el demonio.

El rostro del demonio parecía oscurecerse cada que los ojos de científico se posaban en ella, o se removía en su lugar. Las personas que conocía el mayor, siempre parecían excéntricas y a la vez daban un aire en el que sabías que no podías bajar la guardia.

-Humm… has cambiado, amigo mío. Me atrevería a decirte que te has vuelto más... –con parsimonia, se tomó un segundo para proseguir- humano.

La cabeza punzó, entrecerrando los ojos y mirando pro el rabillo al mayor que poco a poco dejaba el rubio temporal y todo volvía con el pasar de los minutos a su forma natural. El doctor de viejas gafas que reflejaban el rostro de ambos visitantes, escudriñando con aquel ojo de vidrio que parecía reflectar destellos rojos en cada pestañeo que daba.

En el umbral del salón un par de figuras se mostraron, dos pares de ojos color dorados bañados bajo el sol, brillantes, las miradas serias que se limitaban a estar en silencio y estudiar a los desconocidos visitantes, esperando algo desconocido. El cabello negro de la fémina era corto y negro, con un copete apenas arriba de los ojos que resaltaban; el chico, al igual, poseía el carbón en las marañas, en un corte similar, recto. Ambos se veían muy jóvenes, niños, posiblemente unos diez u once años. Los rostros porcelana era adornados con una cicatriz que cruzaba la mitad de su rostro, y en las piernas, debajo de la falda de la menor, se notaba esta misma historia.

-Maddison, Matthew, ¿qué hacen aquí? –Preguntó sin necesidad de un tono severo. Ambos, con un semblante vacío y perdido, se tomaron de la mano y el chico jaló a su hermana para perderse en algún cuarto del pasillo. El doctor volvió la mirada al demonio y su acompañante – Son mi más reciente experimento, aunque falta demasiado… -Tosió- ¿El nuevo rey? –se quitó las gafas, limpiando los cristales de estas con un pañuelo de lana que guardaba en el bolsillo – resulta una historia... iteresante, en realidad –Deslizó las antes mencionadas por el puente de su nariz, acomodándolas de nuevo en la posición inicial -. Nadie sabe quién era o de donde vino, sólo apareció con un inmenso poder, pocas veces se le ve, pero ha hecho un buen trabajo por lo que no me puedo quejar. Fuera de sus actividades “reales” él es todo un misterio. Cambiando de tema –Recorrió los ojos hacia la rubia mientras se cruzaba de brazos-, tú tienes que contarme algo ¿no es así?

La joven contó una historia que ya sentía había contado miles de veces, poco a poco aclarándose y en una línea que parecía no perderse en el infinito. Desdobló la hoja del libro que arrancó sin permiso y con cierto remordimiento, enseñándosela al más extraño de la habitación.

-Aquí –Señaló una de las esquinas del papel – hay un símbolo, no me ha tocado verlo antes, pero sé que de igual forma es una pieza importante en este puzle.

El hombre pasó el dedo pulgar por su barbilla, acariciándola mientras observaba el símbolo, ciertamente lo había visto antes.

-Es un símbolo alquímico, de la creación de la piedra filosofal, para ser exactos. Se cuenta que los alquimistas lograron crear la piedra filosofal y al parecer nadie sabe cómo es, pues se dice, en viejos textos, que se adaptaba, se transformaba de acuerdo a como se necesitara. –De su bolsillo sacó un puro que encendió dando una larga calada- A lo largo de la historia pasó se mano en mano por miles de mundos, siendo parte de la historia. Igual se relata que la piedra de donde se tallaron los diez mandamientos están hechos con esta peculiar creación, personalmente me niego a creer eso, pero te estoy contando lo que sé; también he leído que la roca que Sisfo subió por la eternidad, la piedra que llevaba David en su honda cuando mató a Goliat. Demasiadas referencias que pueden ser simples coincidencias. Pero, la piedra ha servido para hacer bien y para hacer mal, en su interior se guardan incontables almas de viejos portadores y personas a las que absorbió. Esa cantidad de almas serviría no sólo para despertar, si no para darle poder a la criatura monstruosa que buscan despertar. –Relamió sus labios, saboreando los residuos del puro en estos- En cuanto al extraño grupo que mencionas. No soy tonto, he seguido sus rastros durante algún tiempo, y me di cuenta que no valía la pena seguir malgastando el tiempo en ellos. Su porcentaje de éxito es nulo según mis estadísticas. No creo que deban preocuparse por ellos. A menos que haya algo que no hayas dicho aún, pero dudo que algo cambie la posibilidad de ese futuro. Es casi imposible que mis cálculos se equivoquen, y digo casi porque como científico siempre tengo que estar abierto a nuevas posibilidades, pero si fuera por mí diría que es imposible. Además, si bien hay personas que creen que la destrucción masiva de los mundos y universos y la mayor obra de maldad ¿se creen parte de alguna novela de Lovecraft o película de super héroes?, por favor –sonrió con singularidad – ¿qué harán luego de destruir todo?

- ¿Y si su propósito es otro? –Se atrevió a preguntar la rubia.

-No importa cuál sea ¿creen poder controlar a una bestia de semejante poder? Todo se terminaría en un abrir y cerrar de ojos. - Arlia dudó, todo era demasiado complejo o tan sencillo que causaba más dudas que respuestas, giró el rostro mirando a la criatura de sombras que dormía plácidamente junto al calor del fuego, ya vuelto de nuevo un pequeño cachorro. – No sé si tengan más preguntas, como sea es tarde y… tu acompañante se ve cansada ¿por qué no se quedan a pasar la noche? Pediré que les preparen la cena y una, ¿o dos? Habitaciones. No hay de qué preocuparse, este lugar es más seguro que la biblioteca, me he encargado de eso.

U:
No sé si estoy metiendo demasiadas cosas x.x es que... bueno... es un mundo fantástico, probablemente yo veo demasiadas cosas por la vida tan mundana que llevo. Humm, bueno. Si crees que es mucho me dices n n espero te guste y perdona una vez más por la espera.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Vie Ago 24, 2018 9:57 am

Chasqueó su lengua como respuesta de aquellas palabras masculinas, especialmente cuando era el hombre el que se atrevía a poner sus ojos sobre la rubia de manera algo aleatoria. Su puño claramente se había cerrado a su lado como mero acto reflejo, algo tan sencillo como el hecho de que sus pensamientos no fueran sino algo desagradables en relación con la chica que lo acompañaban hacía que se sobre exaltara, ¿por qué razón? Bueno, eso es algo que ni siquiera él era capaz de comprender, o tal vez sí... pero procuraba siquiera darle la mínima importancia a este hecho. Después de todo era Mikhäíl, el portador del Caos y aquel que trae destrucción a todo lo que lo rodea como mero entretenimiento. — Y tú parece que sigues actuando de 'buena caridad'. — acotó el masculino, de manera burlona, al ver como las figuras de baja estatura se perdían tras el umbral que separaban el pasillo de aquél aposento. No había olvidado en lo más mínimo las palabras empleadas por aquél momentos atrás, esas que lo categorizaban como alguien más humano que de costumbre. ¿Era realmente cierto esto? No podía siquiera mostrar interés en semejante posibilidad, ni mucho menos prestar atención a aquel tipo de precaria importancia. — ¿Nuevos experimentos, eh? — observó luego de algunos segundos de silencio, momentos en los cuales sus propios pensamientos lo engulleron completamente. Su pregunta fue directa y sin miramientos, algo que efectivamente causó un pequeño regodeo como consecuencia. Sí, era consciente de que aquél individuo mostraba sus fauces de maneras extrañas, pero hasta aquel momento incluso con niños de tan temprana edad. — ¿Es que acaso prefieres adiestrarlos desde pequeños? Te puede salir muy caro. — mofándose del otro terminó por voltear la vista hacia un lado a la espera de que la rubia explicase toda la historia, algo que tardó al menos unos varios pares de minutos.

Los minutos transcurrieron y las palabras del profesor hacían que la curiosidad del demonio aumentase considerablemente. ¿La piedra filosofal? Eso era tan solo un mero mito, una leyenda. — Es la única forma de habernos sellado. — bramó, chasqueando su lengua. Efectivamente, era consciente de que muchos aseguraron verla, y otros tantos en el pasado advirtieron haber incluso tenido en sus manos, por lo que no es como si fuera imposible realmente, ¿o sí? — Semejante poder es la única manera de sellarnos a nosotros, los Diez Mandamientos. ¿Eso es lo que quieres decir? — ¿era realmente aquella una posibilidad? ¿La bruja que los encerró podría haber sido portadora de semejante poder? Las dudas comenzaban a invadir la mente de Levka y éste, poco a poco, terminaba por fundirse más y más en sus propios pensamientos. Los segundos transcurrían y el silencio de su persona, así como el de la habitación, le obligó a emitir un bufido que al menos rompiera con ese incómodo momento. — Sí, considero que su poder va más allá de... todos juntos. Podría ser que, al menos, utilizaran una parte de su poder para sellarlos individualmente por lo que existe, al menos de manera remota, una posibilidad de que su poder total sea capaz de rivalizar con ustedes. Y sí, sé lo que piensas, cómo podrían controlar ese poder, ¿no es así? — claramente la expresión del demonio era demasiado notoria, incluso a pesar de que sus rasgos faciales no habían alcanzado el cien por ciento de su verdadera forma, sino que aún seguían ciertos ligeros cambios, pequeños pero que lo transfiguraban lo suficiente.

Te lo explicaré de esta manera: tu poder requirió al menos que el veinte por ciento de la piedra fuese utilizado... — fue en ese momento en que Levka se incorporó rápidamente, mostrando cierto desagrado ante aquella posibilidad. — ¿Entonces quieres decir que la bruja que portaba la piedra, por sí sola, podría haberse enfrentado a cinco de nosotros también? No era poderosa, pero el hechizo que utilizó para sellarnos en nuestras armas superaba con creces el poder de un simple hechicero, incluso podría decirse que rozaba el poder de un Dios. ¿Y te das el maldito lujo de decir que ese grupo no tiene tanto potencial? — la expresión serena de su interlocutor se mantuvo en todo momento y, luego de que Levka finalizara, terminó carraspeando la garganta para advertir que continuaría su plática. — ... sin embargo, no es del todo seguro que el poder de la piedra se sume al de su usuario, o incluso pueda multiplicar el poder de su portador. Además... según tengo entendido, ustedes no estaban en su pleno poder cuando fueron sellados. Eso le da un plus a tu grupo: la piedra por sí sola no puede hacerles daño, incluso un usuario promedio tan solo podría sellar a uno de ustedes, por lo que su portador debe de haberse entrenado el tiempo suficiente para no ser consumido. — aquellas palabras no tranquilizaban al demonio, a decir verdad, pero tampoco es como si le importase mucho luego de tres mil años. Tan solo se aseguró de avanzar lentamente hacia el umbral cuando las últimas palabras del masculino se hicieran presentes asintiendo. — Pasaremos la noche aquí. Solo una habitación, no dejaré a Arlia fuera de mi vista. — bramó, sujetando el brazo de la mencionada y jalando de éste, incorporándola en el paso que había tomado para su objetivo. — Entonces ya sabes, la habitación de siempre. Al final del pasillo y a la derecha.

Los minutos pasaron, y una vez en su destino trancó la puerta con molestia. — Duerme en la cama. — vio como el pequeño animal, que había entrado justo después de la rubia, se acomodaba rápidamente sobre el suelo y a los pies de la cama que había en aquella habitación. — La piedra filosofal, ¿eh? No pensé que volvería a escuchar su nombre otra vez, y mucho menos de parte de ese maldito. — arqueó su espalda durante unos segundos antes de erguirla completamente, haciendo sonar cada hueso de lo que era su columna vertebral. Estaba cansado, bastante en realidad, y una parte de su persona se mostraba totalmente fastidioso. — Si esa piedra es tan poderosa como dicen que es, entonces no veo lo extraño que puede ser el que estén tan desesperados por obtenerla, a decir verdad. Sin embargo... — su mente comenzaba a maquinar de manera constante. ¿Por qué esperar a que se liberaran los Diez para ir tras ella? ¿O simplemente la perdieron cuando éstos fueron sellados? Las posibilidades comenzaban a aparecer y las respuestas, poco a poco, a escasear. No podía tomar un rumbo fijo desde ninguna perspectiva, porque por más que intentara analizar todo el cuadro siempre aparecían esquinas nubladas, pequeños fragmentos que no tenían ningún tipo de explicación. O al menos así era como se presentaba todo en ese momento. — ¿Qué clase de criatura podría ser capaz de hacer frente a nosotros? Quieren librar al mundo de la destrucción haciendo que éste se destruya completamente, y reviviéndolo. Malditos hipócritas. — soltó una especie de risa falsa, algo que demostraba un poco el malhumor que poseía en su persona. — ¿Acaso no es el mismo objetivo? A diferencia de ellos, nosotros... sabemos que vamos a destruirlo todo.

Más que hablar con la chica, en realidad platicaba solo para sí. Daba vueltas en la habitación a pasos cortos, haciendo que su persona dejase un rastro de inquietud e incomodidad. Miraba la palma de su mano intentando explotar cada poro de su persona, queriendo que este liberase su poder casi en su totalidad, pero a pesar de todo no podía hacerlo. — Maldición. — seguía con fuerza limitada, no por la poción que la menor había utilizado en su persona sino por el simple hecho de que su profundo letargo había sido tan largo que aún parecía no estar en óptimas condiciones. Aquél viejo tenía razón, después de todo: si la piedra no era capaz de enfrentarse a todos los mandamientos, ¿quién podría ser el portador capaz de tomar tal poder y manipularlo de la manera más adecuada? No se hacía una idea siquiera de aquel perfil tan particular, porque después de todo, y desde que había sido liberado, jamás se había topado con alguien que aparentase poseer semejante nivel de poder. — Mañana nos iremos a primera hora, así que duerme. — volvió a advertir el masculino, señalando la cama que había en aquella habitación. Si bien ésta se encontraba decorada y ambientada como el resto de las habitaciones, la cama de doble plaza ocupaba casi la mitad del espacio que ésta poseía puesto se trataba de un aposento exclusivo para invitados, o de semejante índole.


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