Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Febrero 2019
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Mar Mayo 29, 2018 9:07 am

Entró por garganta dejando los murmullos tras de ellos, quedándose en silencio. Pronto el frío le abrazó y entre la oscuridad unas luces se extendieron, al principio pensó en luciérnagas, pero mientras más se acostumbraba se daba cuenta que no sólo era eso, si no plantas, brillando en neón. Aquella vista era impresionante, aunque ponía cuidado puesto que sabía que plantas o animales de colores llamativos o que brillaran, eran signo de peligro. En aquel desconocido lugar era de noche, y lo veía en las múltiples estrellas que salpicaban el cielo, luego la luna, inmensa y plateada, miró junto a ella y le sorprendió ver ¿otra luna? ¿dónde demonios estaban? Miró al demonio con un rostro lleno de interrogantes ¿Qué clase de lugares había visitado Levka? Puesto que tenía el conocimiento que Garganta no podía llevarles a lugares de los cuales el portador no conocía, sólo quedaba que el peli azul realmente hubiera estado ahí antes.

Estaba demasiado sorprendida que tenía miedo de preguntar por el lugar y que todo se hiciera trizas. Se acercó y agacho de forma cautelosa a una de las plantas, parecía un jazmín, aunque los pétalos eran claramente distintos, además de su habilidad para brillar. Prefería ver, mas no tocar, por si las dudas. Levantó sus rodillas del suelo, sacudiendo la tierra ligeramente húmeda de su piel, un poco más convencida que todo era real y no un simple sueño. Escuchó signos de movimientos y se puso atenta al lugar donde provenía, el crujir del suelo y las plantas. Algo salió de entre el matorral, pero con la poca visibilidad, de aquella oscura criatura poco se veía. Achicó los ojos, fijando su vista hasta que se acercó más y una cabeza de un tono morado se acercó, lo más parecido a oreja se encontraban echadas hacia atrás, al igual que la rubia, aquel extraño ser se encontraba alerta. Dotado de grandes ojos rojos y un cuello largo. Más que dar miedo, tenía mucha curiosidad, estiró la mano con la idea de que podía ser mordida o algo peor a causa de eso, era una acción bastante estúpida de su parte.

Mordió su labio cuando el ser se acercó y se irguió, caminaba en cuatro patas igualmente largas, aunque no superaba el metro de altura. El cuerpo se tornaba entre colores rojos y azules, formando morados en donde ambos se encontraban. La criatura le miró con la cabeza ladeada y acercó su rostro para olfatearle la mano y darle una lamida, como si de un perro se tratara, aunque le recordaba más a un gato. Movió la mano posándola sobre la cabeza y acaricio el pelaje que llevaba comparándolo con la crin de un caballo, la piel era algo dura pero suave al tacto, llevaba relieves de círculos y espirales en tonos más blancos. Una sonrisa se formó en el rostro de la chica cuando el rostro de su nuevo amigo se pegaba a su mano, pidiéndole más caricias. Sus ojos vagaron hacia detrás de ella, girando el cuerpo, para visualizar al demonio. Se había dejado llevar y sus mejillas se pintaron ligeramente por su torpeza, tosió acomodando su garganta y se alejó de la criatura, no de forma brusca, pues no quería que se espantara, aunque esta le terminó siguiendo de igual forma.

-Uh… vamos, amm… ve con tu… ¿manada? –no sabía que decir o hacer, no es como si todos los días un animal le siguiera, quitando a los borrachos de por medio.

De pronto la cola del animal se movió de un lado a otro mientras desaparecía poco a poco. Pestañeó ¿se había hecho invisible o se habría ido? No estaba segura, pero necesitaba dejar de perder el tiempo.

Criatura:
Fue lo más parecido que encontré


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Mar Mayo 29, 2018 7:35 pm

¿Te sorprende? — los ojos del demonio se volvieron lentamente en dirección hacia la rubia una vez aquél hubiera atravesado su portal, Garganta, la cual los había llevado a aquél lugar tan particular. Los ojos demoníacos de Levka se volvieron lentamente para poder analizar bien el ambiente en el que se encontraban, investigando lentamente a través de aquella oscuridad pudiendo apreciar el acercamiento de aquella criatura tan particular que, efectivamente, mostraba una compostura bastante alerta en relación al grupo de individuos que parecía haber llegado a su hábitat natural. Una ligera figura alargada se mostró en sus pupilas, las cuales imitaron una especie de mirada felina, permitiendo capacitar al masculino de una capacidad de apreciación nocturna con lo que le facilitaba descubrir la posición y el lugar en el que se estaban encontrado. — No se mantienen en manadas sino en camadas. Mantienen su vida junto a sus hermanos hasta que alcanzan cierta edad y luego se separan para buscar otra camada, donde intentan conseguir procrear. — hizo un ligero ademán a la muchacha de rubios cabellos para que ésta le siguiera. Avanzó con tranquilidad pasando a un lado de aquella peculiar criatura quien rápidamente volvería en su dirección sus ojos, algo que prácticamente ocasionaría una devolución fiera de la expresión visual por parte del masculino. Con un ligero choque de visiones la criatura rápidamente retrocedió algunos pasos hacia atrás, consiguiendo que los labios del masculino dibujasen una ligera curvatura la cual advertía el disfrute de su postura, de aquella imposición de autoridad que tanto disfrutaba de poseer.

No te retrases. — la criatura se perdió en la oscuridad y el demonio deslizó su mirada lentamente hacia el horizonte. Estaba completamente aislado del mundo en general en aquél espacio, uno bastante particular y muy diferente al resto... al mundo mejor dicho. No necesitaba explicar absolutamente nada, al menos no en esos momentos porque la noche estaba tornándose algo más fría con el paso de los segundos alcanzando grados cercanos a ocho o nueve. El ambiente en general era silencioso, tan solo algunos pocos ruidos de varias criaturas cuyas pisadas se hacían sonar en la oscuridad, todas dirigiéndose en direcciones en concreto. La brisa nocturna, a pesar de todo, no era realmente algo muy fresca sino todo lo contrario: dada la ubicación en la que se encontraban, a varios metros del nivel del mar, lo cual permitía que fuese un golpe cálido el del viento. — Por allí. — gesticuló con su rostro en dirección hacia una zona algo más alejada, notando que a la distancia parecía verse una serie de luces bastante particulares que obviamente provocarían cierta curiosidad a la menor o, al menos, así era como lo imaginaba. Una residencia bastante amplia se hacía cada vez más grande a cada paso que daba, o al menos eso era lo que aparentaba. En realidad se trataba de un poblado cuyas casas se encontraban lo suficientemente cercanas entre sí como para que se dificultase notar aquella diferencia entre lo primero y lo segundo.

Mikhäíl, han pasado muchos años desde que te vi por última vez. ¿Qué te trae por aquí? — una figura femenina de cabellera agua marina se hizo presente, ‘arrastrándose’ en su dirección dado que la parte inferior de su anatomía no era sino la de una serpiente de escamas azules. Su cabello se convertía en cabeza de serpientes verdosas en la zona final de las mismas hebras, las cuales se movían lentamente de lado a lado, siseando y observando atentamente al masculino de rasgos casi femeninos. — Ven, supongo que llegó la hora, ¿no es así? Tú lo advertiste hace, ¿cuánto? ¿Unos seis mil años? — la fémina se mordió el labio inferior al dirigir su mirada luego a la muchacha de rubia cabellera que se encontraba a su lado, algo que terminó por controlar, dada la mirada agresiva que el demonio al que había saludado previamente le imponía segundos después. — Vinimos por algo completamente diferente. ¿Está todavía la vieja? ¿O ya se murió? — el avance fue guiado por la chica que parecía conocer al demonio, quien en esos momentos tan solo jugaba con una de las serpientes que estaba formado por una mecha de sus cabellos. — No morirá hasta que tú decidas matarla. — ninguno de los dos dijo algo al respecto, claro que era consciente de aquella promesa que hizo en algún momento atrás, por lo que simplemente terminó por detenerse frente a la que era la residencia central del pueblo, donde una figura bastante más alta que la chica anterior parecía avanzar lentamente en dirección hacia la puerta. — Es todo suyo, muchachos... oye, luego ¿puedes venir a verme... solo? — aquello se lo dijo al demonio cuando hubo avanzado en su dirección, dejando al grupo de individuos junto a la persona que ahora salía de aquella casa.

¿Eres tú, joven Nikoláyevich? — la figura de una mujer con el tronco inferior de una araña abrió la puerta y se dirigió lentamente hacia el masculino. Los ojos, los tres pares de éstos, se posaron primero en el masculino de rasgos femeninos y luego en los de aquella rubia que prácticamente se volvió un espécimen bastante particular. Entró a la residencia de aquella mujer esperando ser seguido de su subordinada, siendo guiado por la nueva criatura hasta la sala de estar donde la arácnida terminaría colgándose del techo de éste donde aparentemente varios hilos se unirían como tal como si fuese aquella su tela creada con la intención de volverse su cama. — ¿Qué te trae por aquí? ¿Has traído a una nueva chica a nuestro pequeño pueblo? Aunque no le veo lo ‘particular’... — soltando una suave risa, el demonio terminó por voltear en dirección a la aludida para finalmente apoyar sobre su cabellera aquella palma derecha que había utilizado en más de una ocasión sobre ella. La despeinó cuidadosamente y negó ante aquella posibilidad. — Ella se va a quedar a mi lado en todo momento. No permitiré que nadie le ponga un dedo encima. — aclaró, al momento de regresar la mirada hacia la otra mujer quien asentiría y daría un pequeño ademán con su mano para que algo en aquella habitación pareciera emprender el movimiento. Algunas criaturas de su misma descendencia comenzarían a aparecer con la intención de ofrecer, a través de bandejas plateadas, diferentes bebidas a cada uno de los invitados de aquella señora, la dueña de la casa. El demonio optó por tomar el café, simplemente para beber de éste sin la necesidad de adherir azúcar al mismo. Seguido de esto, una tercera servidora se hizo presente con pequeños aperitivos, dejando los mismos sobre la mesa ratonera en cuestión frente a dos sofás que eran claramente utilizables por aquellos dos invitados.

Cuéntale la historia, Arlia. — era consciente de que podría ser algo pesado al respecto, pero también debía de considerar que aquella mujer... araña... o lo que sea, simplemente era una mujer de gran edad, con una longevidad incluso superior a la del mismísimo demonio. Era conocedora de la historia en general y posiblemente tuviera más de algún consejo para lo que estaba ocurriendo detrás de ellos, o mejor dicho, podría poseer algo de información al respecto de lo acontecido a la chica en su juventud, durante aquellos tiempos en los que él aún estaba sellado dentro de la espada que ahora reposaba en la cintura de su propietario. Terminó sentándose en el sofá que había a un lado de la mesa, tomando una de aquellas galletas con pizcas de chocolate en su interior con la intención de disfrutar de esto para poder apreciar con mayor tranquilidad la historia de la chica, la misma que había escuchado ya en algún momento atrás antes de que aquél viaje fuese ‘emprendido’.

Chica serpiente:
Chica araña:


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Vie Jun 01, 2018 6:34 pm

¿Qué si le sorprendía? Por supuesto que lo hacía, y estaba segura de que él lo notaba en su mirada, uno de esos sentimientos que no quería ni podría cubrir tan fácil con alguna capa de fría pintura. De igual forma disfrutó del efímero encuentro entre el demonio y la criatura, le pareció incluso lindo, pero guardó silencio deseando guardar esas expresiones para sí misma. Mientras caminaban no podía evitar sentir interés del cómo era que el demonio conocía aquel lugar que parecía salido de un sueño; y es que no sólo era aquel paisaje desconocido o los extraños animales, de igual forma aquella ¿aldea? Abrió mucho los ojos dejándose que todas aquellas luces se reflejasen en su mirada llena de emoción. Aunque decidió parpadear un par de veces y recuperar la compostura, no podía ir por ahí pretendiendo ser una chiquilla en algún parque de diversiones.

El tan exótico mundo no sólo poseía vida silvestre peculiar, si no que de igual manera sus habitantes podían dejarte igual de boquiabierto. Realmente mientras más veías, era completamente normal que más curiosidad tuvieras por aquel lugar. La chica parte serpiente que le hacía recordar a los antiguos cuentos de su lugar natal, Grecia, sobre Medusa una de las hermanas gorgonas. Esta se movía de una forma que parecía hipnotizar a sus espectadores, posiblemente era parte por aquellas escamas azuladas que se notaban duras y tenía tentación de tocar, y no estaba de más recalcar que no lo haría, por respeto. En cuanto a la mujer, claramente más madura que la anterior, el atisbo de Aracne se presentó fugazmente en su cabeza, quien de igual manera no había tenido un final muy agradable según las viejas leyendas e historias de mitología. Ambas muy hermosas. Levka realmente conocía a mucha gente de todo tipo, a pesar de ser algo arisco.

Aquellas casas estaban hechas de madera y piedra, los colores cálidos se percibían continuamente, pero en una armonía con los azules y verdes; de cualquier forma, era sencillo sentirse cómodo en aquel lugar, era como si el lugar mismo te diera la bienvenida, le reconfortaba y abrazaba el ambiente. Además, se podía escuchar una cascada no muy lejos de ahí, se preguntaba cómo serían sus aguas ¿tendrían algún color diferente? ¿o brillarían de igual forma que muchas cosas a su alrededor?

Estaba demasiado absorta en cada detalle que cuando el demonio posicionó su diestra entre su maraña rubia cerró los ojos y los entreabrió mientras le despeinaba sin restos de brusquedad alguna. Enseguida que los ofrecimientos se hicieron presentes en la habitación ella tomó algo parecido a un jugo, agradeció a la criatura con la cabeza; era de un tono ópalo con algunas partes más en cobalto, emitía un aroma a moras, y su sabor era suave, sin embargo, dejaba una sensación de cosquilleó en la lengua.

Miró a la mujer arácnida y posó el vaso sobre sus piernas, todavía sosteniéndolos con sus manos para que no se fuera a tirar. Ahora que se encontraba más tranquila volvió a contar su historia en Salem y cómo fue que terminó huyendo de ahí, aunque esta vez fue más detallista como en la luz de color magenta que emitía el sello, de su bolsillo sacó un dibujo de lo más cercano que pudo del verdadero círculo de invocación, todavía a falta de detalles que no podía recordar. La anfitriona tomó el papel entre sus manos y lo escudriñó con la mirada, acariciando el fino y arrugado papel con sus finos y largos dedos. La rubia igualmente le mencionó sobre que el mismo sello estaba en la pelea que habían tenido hace poco. Trataba de ser lo más específica y ordenada posible, por lo que sería su cabeza trabajar uno a uno ordenando las cosas antes de que salieran por su garganta.

La mujer simplemente le escuchaba, con la mirada fija en ella, pesada, mas esto no le hacía titubear. Terminó de contar todo y hubo una pausa. Pensamientos desenfrenados daban golpes en su cabeza. Hasta que la mujer de múltiples ojos negros llevaba el índice a sus labios mientras pensaba. Todo estaba en un incómodo silencio.

-Querida –habló la mujer, rajando el silencio con aquella voz seductora y madura que poseía - ¿Podrías dejarme a solas con Mihail? Será un momento

La rubia se mostró con cierta desconfianza, pero parecía ser alguien que el demonio conocía bien y estaba ayudando, por lo que se levantó haciendo una reverencia y se retiró. Una vez fuera el frío acaricio su rostro y suspiró. Mordió su labio inferior sin saber que hacer mientras esperaba, entonces el sonido del agua llegó a sus oídos. Cierto, había querido ver el agua de aquel lugar. No creía que fuera un problema puesto que se escuchaba no muy lejos por lo que terminó dirigiéndose por el lugar. Sus pasos resonaban entre las ramas cuando se adentró a un par de altos árboles. Y como había supuesto en un principio, no tardó en encontrar la soñada cascada, era enorme, preciosa bajo la luz de la luna y su reflejo plateado, los “peces” iluminaban de igual forma las aguas. Se sentó en el pasto a respirar el aire fresco y disfrutar de las pequeñas gotas de agua que salpicaban su rostro.

Se recostó cerrando los ojos, realmente el estar en la naturaleza, aunque no fuera a la que estaba acostumbrada, le venía como anillo al dedo. Respiró llenando sus pulmones de aire hasta dejar escapar el gélido aire por la boca. Un lengüetazo se sintió en su mejilla, era cálido, pero no era normal. Abrió los ojos lista para disparar un hechizo, pero no fue necesario. Algo parecido a un lobo… pero en pequeña, midiendo alrededor de 20 cm de alto, y con una cola que al moverse desprendía partículas igual que oscuras que su pelaje le miraba de una manera tan tierna que Arlia, como amante de los animales, no se resistió a tomarlo y ponerlo sobre sus piernas, acariciando el pelaje mientras el cachorro parecía disfrutarlo. Este poseía unos profundos ojos azules que le recordaban a alguien. En uno de esos le mordió y la rubia retiró la mano.

-¡Oye!-le replicó y al ver que la criatura parecía arrepentida sólo le sonrió mientras pasaba las yemas por sus peludas orejas, el susodicho miraba a otro lado, pero no se le veía en alerta o con preocupación, sólo observaba en calma. Posiblemente ya era hora de regresar y se levantó con él en brazos mientras caminaba de vuelta, lo árboles no eran muchos por lo que era fácil guiarse y salir de ahí hasta volver a la parte principal, la villa. Se preguntaba sobre que podrían haber o estar hablando y la preocupación se hizo presente en su frente, recibiendo un par de lamidas en los dedos.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Sáb Jun 09, 2018 11:57 am

Seguro recuerdas la batalla que se desató hace cinco mil años, ¿no es así? Bueno, tú fuiste uno de los protagonistas, por no decir el que más estragos causó junto a algunos de los miembros de los Mandamientos. — la arácnida comenzó a hablar una vez la rubia se encontrase en el exterior de aquella habitación, asegurándose con el uso de sus sentidos que hubiera abandonado el área de capacidad audible para poder explicar tanto como podía lo relacionado con aquello que los había atacado. — Sin nombre alguno, un grupo de individuos se alinearon con el fin de imponerse a tu grupo, de hacer frente a los desastres que causaron en el mundo bajo la petición de su Dios, Aoz. Ustedes, a pesar de ser tan desquiciados y volátiles, hicieron que incluso el Todopoderoso tomara cartas en el asunto y se asegurase de que sus más fieros guerreros se sacrificaran para poder hacerles frente en el mundo terrenal... la mayoría de ellos ahora son catalogados como caídos en vistas de la redención que jamás llegó y... — de un momento a otro se hizo el silencio cuando la mano derecha del masculino, aquél demonio de ahora facciones finas y delicadas, se alzara cuidadosamente con la intención de interrumpir la voz de aquella criatura. — Lo sé, lo sé. Estuve allí. Ahórrate el maldito cuento y tan solo dime lo que necesito saber, que no me gusta perder de vista a la rubia y menos ahora con lo que pasó últimamente. — bramó, con cierto aire enfadado. Sus ojos se mostraban filosos e, incluso, con un deje de hostilidad que en su vida había mostrado a aquella mujer, o más bien a ninguna de la villa en general. — Está bien. — no pudo decir más nada, no una vez aquél hubiera alzado la voz para sentenciar sus deseos en aquél momento.

Se dignaron a realizar las purgas más crueles en la historia. Desde lo de Salem, hasta el nazismo, incluso las que aún no han llegado. Es una organización que opera en las sombras de Dios, ajeno a su poder y ligado al mismísimo Lucifer... — ¿cómo era posible eso? ¿Y los ángeles? ¿Por qué trabajarían con él...? Los pares de ojos de la fémina se volvieron todos en su dirección ocupando aquellos para observar con atención al esbelto demonio que parecía emanar un aura sumamente intrigada, llena de dudas que rápidamente la criatura fue capaz de distinguir. — ¿Creías que todo era como lo pintaban las historias, Mikhäíl? Ustedes, los Mandamientos, crearon un desbalance tan catastrófico que incluso dos enemigos mortales como Dios y Lucifer cedieron a su guerra de antaño para luchar con un enemigo en común... ESA es la magnitud de sus acciones, de las de cada uno de los que representa a Aoz. — los movimientos de las pantas de aquella se hicieron ligeramente presentes, avanzando desde su ubicación hasta toparse con la presencia del demonio frente por frente a su persona. Todos sus ojos se encontraban tan cerca de aquél que podía incluso verse reflejado en el ennegrecido tono de aquellas esferas. — Ustedes no son solo enemigos de la humanidad, son enemigos de todo aquello que posea vida... o eso es lo que creen aquellos que no comprenden sus intenciones. Al fin y al cabo, ¿quiénes no han intentado mejorar el mundo? Todos los que lo han perseguido, ese sueño que Aoz promete, han realizado actos tan atroces como lo llegaron a hacer ustedes o, incluso, mucho peores. — Levka en ese instante se volvió a un lado para meditar al respecto, centrándose casi completamente en lo que había sucedido durante su estadía dentro de la espada que ahora ostentaba en su cintura.

Había sido capaz de percibir todo lo que había vivido la rubia, o al menos gran parte de esto, como consecuencia no solo de permanecer a su lado de manera espiritual sino también por el hecho de haber compartido sangre con ella en dos ocasiones. Ahora entendía un poco más a lo que se refería la menor y era algo que, efectivamente, necesitaba de su parte y el que los Mandamientos tomaran carta en el asunto. Chasqueó su lengua y volvió la vista a la figura que se encontraba relativamente cerca de su posición, algo que hizo obviamente que éste retrocediera un paso como consecuencia de la invasión a su espacio personal sin su ‘consentimiento’. — ¿Acaso piensas que es mejor enfrentarlos? Mikhäíl, tú nos salvaste de ellos hace muchos años, ¿qué años? Milenios. Existimos aquí, tranquilas y alejadas del mundo de los mortales, un lugar que solo tú conoces y al que ni siquiera tus compañeros han llegado. Solo debes pedirlo, si necesitas ayuda en ésta lucha cualquiera de nuestras compañeras se ofrecería a gusto para morir en tu lugar y... — los ojos del demonio se oscurecieron de repente ante aquellas palabras, tal sermón solo consiguió que su mirada se mostrase un tanto frívola y hostil, incluso algo más que momentos atrás. — Yo peleo mis propias batallas, ¿te quedó claro, maldita Aracne? ¿O es que no te fue suficiente con el castigo de Minerva al convertirte en... eso? — sus rasgos verbales claramente habían molestado a la otra pero no se podría enojar, no con él, porque sencillamente conocía el comportamiento tan altanero y volátil que poseía aquél muchacho de cabellera azulada. Los labios de la fémina dibujaron una sonrisa, no apacible pero sí bastante suave, como si sus palabras no la afectaran en lo más mínimo. Sin embargo el demonio notaba la tensión en sus patas y su rostro: aquella se había acercado lo suficiente como para entrar dentro del rango donde él podía percibir casi cualquier tipo de alteración o fluctuación espacio-temporal, y por ende esto también aplicaba a los organismos vivos que tuviera tan cerca.

La historia de aquella mujer no tardó en retomarse, pero los puntos que más importaron al demonio no fueron sino los participantes de aquellos históricos momentos, y los que parecían estar detrás de todo lo que ocurría. — Te he dicho todo lo que sé, Mikhäíl, así que solo puedo velar por ti, porque esto no es ni siquiera símil a lo que pasó hace tantos milenios. Aquello fue un mero juego de niños, y su ausencia les dio cinco mil años de ventaja a aquellos que creían que no iban a volver a aliarse para hacerles frente. — sus manos se movieron con la intención de enmarcar aquellos dos puntos. — Así que Dios y Lucifer, ¿eh? Esto cada vez se pone más y más interesante... — ¿cómo podría negarlo? ¿Cómo calmar ese éxtasis que comenzaba a invadir su cuerpo poco a poco y terminaba por ofrecerle una sonrisa un tanto desquiciada, sádica, al demonio? Era imposible evitar sentir el frenesí de que las cabezas del mundo, tanto humano como sobrenatural, estaban intentando acabar con aquello que había comenzado tantos siglos atrás. ¿Debería de avisar a los mandamientos que aún se encontrasen vivos? ¿O simplemente guardar para sí mismo ese entretenimiento? Bueno, ésta segunda opción era la que más rentaba a su persona, la que más... parecía atraerle, por así decirlo. ¿Quién no gusta de la diversión y la satisfacción para sí solo, después de todo? — ¿Eso es todo? — Aracne movió lentamente su cabeza en forma afirmativa y esto ocasionó que el de cabello azulado se volviera sobre sí mismo, dando un último sorbo a la taza que se le había ofrecido momentos atrás. Tomó un par de galletas con la intención de tener algo para el viaje, o al menos esa fue su excusa interna, y decidió simplemente abandonar la habitación saludando con un gesto de su mano. — Cuídate, Mikhäíl Levka Nikoláyevich. Y recuerda: todos nos conocen pero no nos han visto, somos mitos y estamos para servirte.

Al salir de la habitación se topó con que la rubia no se encontraba, algo que claro le causó cierto enfado. ¿Acaso no le había dicho que no se alejara? De una u otra manera, nadie en aquél lugar se atrevería a tocarla, no una vez lo hubieran visto con su persona a un lado y supieran que estaba acompañándolo, por lo que tan solo alzó su mirada al cielo a fin de apreciar durante algunos instantes aquello. — ¡ARLIA! — bramó con autoridad, vociferando el nombre de su subordinada mientras extendía su mano derecha para poder abrir una especie de portal. No necesitaba realmente saber dónde estaba, no ahora que poseía aquél colgante en su cuello y éste se vinculaba al contrario. Tan solo con seguir el rastro de magia, de su misma esencia, pudo abrir aquella puerta que prácticamente lo ubicó por delante de la posición actual de la menor. — ¿Dónde estabas? ¿Y qué haces con eso? Déjalo, nos vamos. — no le daría tiempo a decir algo más, no en esos momentos. Estaba apurado y notaba como el ambiente de aquél lugar se tornaba un tanto más tenso, más... agresivo. Seguramente Aracne había advertido a cada uno de los habitantes de aquél lugar y todos estaban dispuestos a luchar, pero no era algo que él fuese a permitir: había entregado ese lugar a aquellas para que vivieran tranquilas, alejados de todos los que abusaban de sus capacidades o simplemente querían darles cacería.

Un nuevo portal se abrió, en ésta ocasión su destino sería un lugar completamente diferente donde el ambiente fuese más sofocante. La recolección de información los llevaría a lo más profundo del océano en aquél momento donde algunas criaturas sin reconocimiento alguno de raza en particular se detenían para observar como las dos figuras parecían entrar, o salir, de lo que era la nada misma. — Sí, antes de que lo preguntes: bienvenida a Atlantis. — a pesar de su posición parecía que una cúpula de aire los cubría lo suficientemente grande como para permitirles respirar. El hecho de estar allí solo era como consecuencia de que en aquella ciudad perdida bajo el mar se encontraba la biblioteca que la araña le había dicho algunos momentos atrás. Pero para poder acceder a ella debería de avanzar por sus calles, donde una serie de individuos de las profundidades no paraba de mirarlos con cierto interés, ¿ladrones, tal vez? Al parecer la ciudad sí había cambiado en el tiempo en que él no había estado... y posiblemente para peor. Ignoró al grupo de hombres que los seguía con la mirada, su destino no era otro que aquél edificio gigante a un lado de la calle principal, cuyas columnas eran incluso más grandes y altas que los de una casa con doble fachada. — La biblioteca de Atlantis. Debemos buscar algo relacionado a lo del grupo que hizo la purga en Salem, y según la araña... aquí podría estar la información. — apenas y volvió la vista a la rubia antes de simplemente entrar a aquella enorme edificación, dando espacio a la rubia para que entrara primero antes de ser él quien la siguiera.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Dom Jun 24, 2018 9:17 pm

¿Atlantis? -Articuló mientras sus ojos recorrían el excéntrico lugar. Enormes muros de reflejos azules y verdes, se podía ver el agua por doquier. Cualquiera pensaría que sería sumamente oscuro al saber dónde se estaba ubicada, pero había mucha luz, no solar, el sentido era distinto, más frío y suave. Sea cual sea esa fuente, parecía mantener todo visible sin encandilarte los ojos.

De camino a la biblioteca varios habitantes del lugar se acercaban a verles. Eran altos y delgados, con una belleza misteriosa y mágica. La piel era de un tono aperlado, con distintos destellos tornasol que parecían moverse como olas de mar a través de sus cuerpos, enormes ojos azules, profundos y calmados. La primera “diferencia” de la que se percató fueron sus orejas, eran de una forma puntiaguda en la parte más alta y el lóbulo de igual manera tenía una forma triangular, pero más delgado y largo. Te simples atuendos de telas transparentes y muy finas, pero eran en pequeños cortes que parecían más para adornar, pues dejaban mucha piel a relucir. Algunos edificios se veían viejos y grises pero la luz fría armonizaba con centellas rosados y verdes que parecían hipnotizar a la rubia.

Entraron a el enorme edificio, el ambiente dentro era distinto, más silencioso y de cierta forma te invitaba a pasearte entre sus extensos pasillos tapizados de centenares y centenares de libros de distintos grosores y colores; posiblemente idiomas de igual manera. A pesar de eso todo parecía estar perfectamente ordenado. Tanto conocimiento le ansiaba, no estaba todo eso, pues hubiera pensado que todo había quedado perdido en el Mehbelhlmoak, aunque tampoco era como si se hubiera imaginado estar ahí, o en esa situación.

-Din, dut, sey… -Susurró leyendo los extraños jeroglíficos de una lengua muerta, no era experta en el Atlante, al no conocer a nadie que lo hablara apenas y había aprendido una pequeña porción muy básica con información de viejos escritos que logró encontrar en lugares poco convencionales e ilegales. Escogió un libro al azar, abriéndolo y pasando los dedos por la tinta negra, casi azulada – Ketak.en.tem obes.ag sapoh.e.kik – estaba segura de que su pronunciación era posiblemente errónea; podía leer todo, pero traducir sólo algunas pequeñas partes. –S man.na.lag adlan.ti.sag egni.hut ne.pew.vo hep.en line.gi.mot nihut.kabiw –Demasiado burdo si se escuchaba a sí misma.

Devolvió el libro a su espacio, caminando con intriga. Sintió algo entre los pies, obligándola a retroceder y observar… nada. Se mantuvo alerta, aquello no podía ser una ráfaga de viento. Se adentró un poco más, hasta llegar a una parte donde las tapas de los libros eran más viejas. Con sumo cuidado tomó uno, uno en especial que captó su atención, entre los detalles dorados del lomo y su única palabra.

-Nyarlathotep –Repitió las palabras escritas en egipcio. Lo tomó, y a pesar de su apariencia, era más pesado. Lo abrió, leyendo algunos párrafos de forma salteada… Sus pupilas se contrajeron y lo cerró, pero no lo devolvió. Buscó más, llevándose una cantidad no muy moderada de libros y textos entre las manos.

Los dejó en una mesa, abriéndolos y leyéndolos uno a uno, dejándolos abiertos en la primera parte importante que encontrara. Miró a los lados buscando al demonio y en cuanto lo visualizó fue con él.

-Nyarlathotep –Fue la primera palabra que dijo antes de tragar saliva y proseguir –, es un… Dios que es la mano derecha de Azathoth, ambos muy poderosos, pero este último de carente inteligencia, continuamente utilizado por El Caos Reptante, como se le conoce en muchas culturas a Nyarlathotep. A pesar de su poder, él no destruye el mundo, pero sí lleva un caos, miedo y locura a la humanidad, volviéndola su propio pateo de juegos. ¿El punto? Él está dormido, y para despertarlo se necesitan sacrificios, hay… textos que demuestra que Hitler tuvo que ver con eso, incluso de tiempos más remotos, como La Esfinge Negra de Egipto. Incluso mencionan a las brujas y aquelarres… hay más información, mucha como para poder demostrar que es el objetivo de esto. –Sus dedos jugaban con la tela de su ropa mientras explicaba y enganchaba las palabras- Si me pregunta por qué… no lo sé siempre hay un grupo de personas que realmente no sé lo que piensan. De todas formas… a pesar de las muertes que hubo en el tiempo de Adolf Hitler… no pudieron despertarlo ¿Y qué mejor forma que sacrificando a el grupo de demonios más poderoso? Esto va más allá de lo que es el cielo o el infierno, esto parece ser el nuevo Sodoma y Gomorra... –No había duda en sus palabras y más considerando que el grupo con el que lucharon anteriormente eran ángeles.

Un sonido fuerte en la entrada la obligó a mirar más allá del hombro del mayor. Apretó los dientes y jaló empujó a Levka a un lado mientras algo pasaba a pocos centímetros de su brazo, y viendo como había quedado el estante donde había terminado dando, no era nada bueno; la piedra comenzó pudrirse hasta no quedar nada de ella. Tomó al demonio de la mano y lo jaló con ella una vez más a la mesa donde había dejado los libros, buscando uno es específico. En cuanto lo vio arrancó la hoja en la que lo había dejado abierto. Guardándose el mapa. Invocó a un demonio, que tomó la forma de ambos. Sería el señuelo. Salieron por otra puerta, actuando lo más normal posible mientras el puño se cerraba entre la hoja de papel recién arrancada. Las personas caminaban como si nada, le parecía interesante como habían logrado sobrevivir, pero no era momento de pensar en eso. Tenía que evitar llamar demasiado la atención, más de lo que ya lo habían hecho.

-¡Makit.tem! –gritó alguien.

-Dicen que viene el rey - Lo arrastró hasta un callejón, donde desdobló la página del mapa y se la mostró, normalmente no rompería un libro de esa manera, y menos siendo algo tan antiguo, pero había casos en los que era mejor no tener la diplomacia de siempre. -Necesita grandes cantidades de agua para poder manifestarse. No es cualquier lugar a donde llevarán todas las almas recolectadas para ese sacrificio. Donde lo pueden llevar a usted -susurró lo último con la promesa de no dejar que las cosas terminaran de la peor manera. Había algo más, pero para su lamento no era más que una hipótesis sin pies ni cabeza, sin validez ni pruebas. –Enton… -Antes de completar su frase un hombre habitante se paró frente al callejón, no mostraba una postura de ataque, pero la forman en la que sus ojos les miraban no era de fiarse. De la nada el hombre corrió hacia ella, pero fue detenido por la rubia en un simple movimiento que lo dejó en el suelo. –Si hay uno hay más- dicho y hecho, ahora eran unos cinco o seis, pero antes de hacer algo una criatura de forma lobezna, pero cuyo pelaje era una combinación con montones de plumas negras, las de la cola eran más largas y terminaban en el pelo normal, suave. Lo conocía, era la criatura del lago, se debió haber colado a pesar de haberlo dejado. Aunque ahora efectivamente era mucho más grande, pero esa mirada y toques azules eran reconocibles; y los estaba defendiendo. Los enemigos retrocedieron, pero seguía sin saber que había pasado para que de repente osaran por detenerles. –Supongo que es momento de irnos.

U:
Disculpa la tardanza, estoy castigada de aquí hasta el día de mi muerte. Me di cuenta de que mi anterior respuesta no se mandó la correcta (guardo todo en bosquejos e hice dos versiones de la respuesta), en fin espero cobrar mi error aquí, me divertí escribiéndolo, leí muchos libros hasta que mi cabeza no pudo más e incluso investigue el idioma Atlante (obviamente no es más que un conlang), no fui muy precisa a la hora de "traducir" porque hay muy poca información, no es tan desarrollado como el élfico.

Lo primero que dice Arlia (Din, dut, sey) es uno, dos ,tres.
Ketak.en.tem obes.ag sapoh.e.kik : esta frase la saqué tal cual y es algo sobre ver ballenas en la lava.
S man.na.lag adlan.ti.sag egni.hut ne.pew.vo hep.en line.gi.mot nihut.kabiw : esto fue totalmente traducido por mí así que estoy segura tiene muchos errores (¿pero quién se fija?) y habla sobre el Leviatán.
¡Makit.tem! : Es algo como ¡Ahí va el rey!

Lo de Nyarlathotep fue una idea que me surgió mientras buscaba inspiración y espero que no sea demasiado zafado. En los libros este Dios no está dormido, así que lo agregué yo para acoplarlo un poco.

Espero te guste


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Miér Ago 01, 2018 10:19 am

¿El rey? — aquellas palabras tomaron por sorpresa al demonio quien, rápidamente, emitió una especie de aura alrededor de su cuerpo como si estuviese preparándose para atacar o, al menos, así lo aparentaba. La emanación de energía que envolvía los ahora delicados rasgos masculinos no era sino más bien un sencillo radar que le permitiría ubicar a los más poderosos, usando esto como una medida de búsqueda y cacería aunque en ésta ocasión empleándolo, y para su desagrado, de la manera opuesta: una forma de abandonar ese lugar sin tener que liberar sus poderes caóticos para no ocasionar lo que había sucedido la última vez en aquél mismo imperio... ¿es que se habían olvidado quién fue el que hundió Atlantis, después de todo? — Esto será bastante problemático, la verdad. ¿Cómo es posible que hayamos sido detectados sin siquiera emplear un efímero rastro de magia ofensiva? — la verdad es que aún pensaba realmente en las formas y posibilidades mientras notaba como la menor estaba encargándose de guiarlo, casi sin darse cuenta, hasta una zona que fuese algo más segura que la actual. El callejón se le hizo ciertamente conocido, al menos porque había sido en aquél en el cual habían hecho aparición algunos momentos atrás, horas tal vez, ¿quién se fija en el tiempo cuando está ocupado haciendo otras cosas de mayor importancia, después de todo? En esos instantes estaba pensando seriamente en las palabras que la rubia comenzaba a emitir, aquellas aclaraciones que había hecho respecto a los sacrificios y demás involucrados a lo largo de la historia. ¿En realidad era todo por un motivo tan sencillo como liberar o despertar a aquella bestia?

Poco le importó al demonio todo aquello en esos instantes porque la magia de la menor ocasionó que se perdiera de sus propios pensamientos y regresase al mundo real, o más bien a aquel mundo submarino que prácticamente era desconocido para los terrestres. Su magia volvió a liberarse, pero esta vez opacando completamente el callejón y evitando así el avance del nuevo grupo que hacía su aparición delante de las narices de los dos... tres, seres. La sorpresa de ver a aquel lobo le causó cierta curiosidad, ¿cómo es que lo había seguido? ¿Y por qué había crecido tanto? Bueno, la respuesta a la primera pregunta era sumamente obvia, a decir verdad, dada la necesidad de actuar en manada y su forma, era obvio que había atravesado el portal espaciotemporal que había sido creado por el peliazul. Ante la segunda pregunta, realmente no podía obtener una buena razón de aclararla, pero tampoco es como si le importase porque, después de todo, ese tamaño era el suficiente como para alertar y mantener a raya a aquellos individuos que parecían tener intenciones de atacar al dúo tan peculiar que había arribado en la ciudad perdida bajo el mar. — Bueno... nos vamos. No quiero... destruir esta ciudad otra vez. — sus palabras apenas fueron audibles, casi en un ligero susurro a medida que extendía su mano con la intención de activar la puerta transportadora. Garganta, en su magistral forma y tamaño hizo aparición en medio de una neblina blanca que hizo retroceder, tal vez por desconocimiento, a aquellos individuos permitiendo así brindarle a su ‘dueño’ un nuevo salto que los alejaría de aquella ubicación.

Flexionó sus rodillas con cuidado y se giró sobre sí mismo, dando la espalda a los agresores mientras sus labios esbozaban una satisfecha sonrisa. A pesar de que habían estado poco tiempo, las cosas que habían descubierto en aquel lugar eran más que suficientes para poder intensificar la búsqueda y, además, encontrar el objetivo de sus atacantes. Solo necesitó silbar para alertar al lobo, quien rápidamente comprendió el objetivo de aquel sonido y se abalanzó sobre lo que era la puerta temporal que había sido creada. Por su parte, el demonio movió su mano derecha y se aseguró de rodear con el brazo la cintura de la chica hasta poder apoyar su palma en la zona lumbar de la espalda ajena, alzándola sobre su hombro y cargándola sin la necesidad de hacer mucho esfuerzo en ello. De un último vistazo observó por sobre su hombro al grupo de individuos que ahora sí se lanzaban sobre la pareja, algo que le obligó a dibujar una sonrisa aún más placentera: no habían muchos seres capaces de hacerle frente, mucho menos aquellos que se atrevieran a lanzarse directamente hacia él sin conocerlo pero entonces era esa ignorancia, esa falta de conocimiento, la que le permitía al demonio actuar tan desquiciado y sádico todo el tiempo. — Esto los entretendrá un rato. — cerró y abrió su puño libre, simulando el lanzamiento de algún tipo de objeto en contra de aquel grupo y, segundos más tarde, la explosión que se ocasionó delante de sus narices permitió al grupo una brecha de tres metros entre ambos para poder escapar. Fue un solo salto, un rápido movimiento por parte del demonio, consiguiendo así atravesar con el delgado y liviano cuerpo femenino sobre su hombro como si esto no fuese sino algo a lo cual ya estaba acostumbrado a hacer.

El ambiente del nuevo lugar se había vuelto algo nostálgico. El lobo se encontraba en su abrumadora forma, ese tamaño inusual con el que había llegado a la ciudad marina, sentado a un lado de un sofá individual. Su mirada recorrió el ambiente sin encontrar a nadie en el interior de aquella habitación, algo que efectivamente le ocasionó un cierto grado de tranquilidad. — Aquí estaremos bien. — musitó en voz baja, chasqueando su lengua al ver el fuego de la chimenea arder. Lo hacía fuerte, claro ejemplo de que llevaba encendido no más de una hora, algo común en la leña seca que rápidamente prendía y aumentaba el calor de aquel tan extraño, pero tranquilo, aposento. Por un minuto se había olvidado de la menor sobre su hombro, como si no fuese un peso de importancia con el que cargase, ¿y acaso podía enojarle ello? Aquella chica era su prioridad desde que había sido atacada, no permitiría a nadie ponerle un solo dedo encima y tampoco dejaría que alguien más se le acercase. Fue durante esa serie de posesivos y poco comunes pensamientos que Levka bajó a la menor, apoyando con cuidado sus pies sobre el suelo y esperando tuviese el apoye adecuado para poder liberarla, evitando así que cayera por el cambio tan repentino de posición. — El viejo está tardando. — miró el reloj que había sobre una de las paredes notando, de esta manera, que habían transcurrido al menos unos cinco o seis minutos desde el momento en que habían llegado. Era consciente de que el hombre notaba la presencia del demonio, más que nada el uso de su Garganta, por lo que le sorprendía que lo hiciese esperar el lapso de diez minutos como había sido acordado algunos milenios atrás.

Solucionaremos esto más tarde, Aery. Tengo visitas y debo atenderlas. — la voz masculina se plantó al otro lado de la puerta y permitió de esta manera que un chasquido de la lengua del demonio se hiciera presente. Ocho minutos de espera fueron lo que tardó ese malnacido en aparecer en su despacho, algo que no había pasado sino durante tanto tiempo. — ¿Acaso los años han enlentecido tu velocidad, maldito ‘genio’? — bufó con algo de molestia mientras observaba al extraño, pero no por eso desaliñado, individuo que entraba en aquel lugar. Los labios del hombre dibujaron una suave sonrisa al ver los rasgos masculinos, aunque estos no fueran al cien por ciento los propios del demonio como consecuencia de la poción que aparentemente aún seguía haciendo efecto en su organismo. — Malditos son los ojos que te ven: Levka Nikoláyevich, el portador del Caos. — nostalgia y alegría, incluso algo de tranquilidad era lo que se palpaba en el ambiente de aquel lugar, algo que claramente se vio ofuscado por la presencia de la rubia en particular, a la cual le dedicó una mirada un tanto interesado. — ¿Es... un nuevo juguete? — pudo notar el deseo de examinar que poseía en sus ojos, algo que no tardó en rechazar, así como a su pregunta al momento de apoyarle la mano encima del hombro femenino con la intención de apretarla a sí, advirtiendo de una manera poco convencional que aquel cuerpo tenía dueño y, claramente, no era otro, sino que el mismísimo demonio que la estaba acompañando. — Es una pena, es una pena. ¿Te imaginas lo que podría hacer con... una belleza como ella?

Chasqueó su lengua una vez más y soltó a la menor haciendo un ligero ademán con su mano para que tomase asiento, algo que el dueño del lugar también ofreció. Levka por su parte se ubicó en el sofá individual y no tardó en jalar de la muñeca a la rubia para que tomase asiento sobre el posa-brazos de su mismo asiento, guiando una de sus piernas hasta apoyarla por encima de una de las propias. Sí, se había vuelto algo posesivo de un momento a otro y realmente no había necesidad de ellos, ¿o sí? Los ojos del profesor no abandonaban la figura femenina, algo que siempre había molestado de ese hombre: todo lo veía como un juguete con el cual experimentar. Pero poco le importaba realmente, después de todo sus únicos deseos eran los conocimientos del hombre. — Lia, explícale todo. Si puedes desde el principio, y hasta lo que sucedió hace unos minutos... por cierto, ¿quién es el nuevo rey de Atlantis? — aquella pregunta se volvió hacia le hombre en particular, algo que le brindó un cierto grado de curiosidad en sus ojos. Desconocía completamente del tema, mucho más luego de su desaparición ya que, al final, hacía muy poco tiempo que había regresado a su forma carnal.

u:

El profesor lo hice pensando en un estilo Frankenstein, pero un poco más cuerdo y no tan tirado a la idea de la locura absoluta. Le gusta jugar con los seres, like a quimeras, pero también es un genio en muchas ramas dada su edad. Tiene aproximadamente unos... seis mil años, tal vez siete, por lo que es tan viejo como Levka o incluso un poco más. Ocúpalo si gustas para extenderte todo lo que quieras, no me es molestia. ♥️


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Miér Ago 22, 2018 1:01 am

-¿Otra vez? –Apenas vociferó reflexionando sobre si sentirse extrañada o no, pensando luego que posiblemente había sido lo mejor, pensando en un posible universo donde no esté perdido y los humanos llegaran a encontrarlo. Posiblemente debía agradecer mentalmente las situaciones tan extraordinarias en las que se metía el demonio. Y antes de poder seguir pensando en cosas que ya no tenían sentido para otros que no fueran ella. Su rostro se mostró sorprendido cuando el peliazul la cargó, sus dedos se agarraron fuerte en la tela de la playera del mayor, cerrando los ojos ante el salto dado, percibiendo el cambio de temperatura y luminosidad.

El fuego danzaba llevando el calor al cuerpo de la chica, sintiendo como se erizaba su espalda ante tal placer que su piel agradecía, aunque en esa posición no le desagradaba, se sentía extraña y más con el miedo de que el revolotear de su bomba de sangre pudiera ser percibido. ¡Callate! Ordenaba mentalmente. El alivio no llegó ni cuando fue puesta con amabilidad en el suelo, aunque los brazos se sentían livianos, como si ahora algo faltara para mantenerlos con ella y que no terminaran desprendiéndose de sus hombros para ir a algún lugar desconocido.

Una voz masculina y llena de sabiduría pareció arrancarle aquel estruendoso sentimiento que la mantenía confundida cçon palabras, devolviéndole otro que ella sola desechó. No le incomodaba la palabra referida hacia ella, en realidad ella misma se veía así en distintas ocasiones, no por sentirse usada, si no por propia voluntad de respeto hacia el demonio.

El rostro del demonio parecía oscurecerse cada que los ojos de científico se posaban en ella, o se removía en su lugar. Las personas que conocía el mayor, siempre parecían excéntricas y a la vez daban un aire en el que sabías que no podías bajar la guardia.

-Humm… has cambiado, amigo mío. Me atrevería a decirte que te has vuelto más... –con parsimonia, se tomó un segundo para proseguir- humano.

La cabeza punzó, entrecerrando los ojos y mirando pro el rabillo al mayor que poco a poco dejaba el rubio temporal y todo volvía con el pasar de los minutos a su forma natural. El doctor de viejas gafas que reflejaban el rostro de ambos visitantes, escudriñando con aquel ojo de vidrio que parecía reflectar destellos rojos en cada pestañeo que daba.

En el umbral del salón un par de figuras se mostraron, dos pares de ojos color dorados bañados bajo el sol, brillantes, las miradas serias que se limitaban a estar en silencio y estudiar a los desconocidos visitantes, esperando algo desconocido. El cabello negro de la fémina era corto y negro, con un copete apenas arriba de los ojos que resaltaban; el chico, al igual, poseía el carbón en las marañas, en un corte similar, recto. Ambos se veían muy jóvenes, niños, posiblemente unos diez u once años. Los rostros porcelana era adornados con una cicatriz que cruzaba la mitad de su rostro, y en las piernas, debajo de la falda de la menor, se notaba esta misma historia.

-Maddison, Matthew, ¿qué hacen aquí? –Preguntó sin necesidad de un tono severo. Ambos, con un semblante vacío y perdido, se tomaron de la mano y el chico jaló a su hermana para perderse en algún cuarto del pasillo. El doctor volvió la mirada al demonio y su acompañante – Son mi más reciente experimento, aunque falta demasiado… -Tosió- ¿El nuevo rey? –se quitó las gafas, limpiando los cristales de estas con un pañuelo de lana que guardaba en el bolsillo – resulta una historia... iteresante, en realidad –Deslizó las antes mencionadas por el puente de su nariz, acomodándolas de nuevo en la posición inicial -. Nadie sabe quién era o de donde vino, sólo apareció con un inmenso poder, pocas veces se le ve, pero ha hecho un buen trabajo por lo que no me puedo quejar. Fuera de sus actividades “reales” él es todo un misterio. Cambiando de tema –Recorrió los ojos hacia la rubia mientras se cruzaba de brazos-, tú tienes que contarme algo ¿no es así?

La joven contó una historia que ya sentía había contado miles de veces, poco a poco aclarándose y en una línea que parecía no perderse en el infinito. Desdobló la hoja del libro que arrancó sin permiso y con cierto remordimiento, enseñándosela al más extraño de la habitación.

-Aquí –Señaló una de las esquinas del papel – hay un símbolo, no me ha tocado verlo antes, pero sé que de igual forma es una pieza importante en este puzle.

El hombre pasó el dedo pulgar por su barbilla, acariciándola mientras observaba el símbolo, ciertamente lo había visto antes.

-Es un símbolo alquímico, de la creación de la piedra filosofal, para ser exactos. Se cuenta que los alquimistas lograron crear la piedra filosofal y al parecer nadie sabe cómo es, pues se dice, en viejos textos, que se adaptaba, se transformaba de acuerdo a como se necesitara. –De su bolsillo sacó un puro que encendió dando una larga calada- A lo largo de la historia pasó se mano en mano por miles de mundos, siendo parte de la historia. Igual se relata que la piedra de donde se tallaron los diez mandamientos están hechos con esta peculiar creación, personalmente me niego a creer eso, pero te estoy contando lo que sé; también he leído que la roca que Sisfo subió por la eternidad, la piedra que llevaba David en su honda cuando mató a Goliat. Demasiadas referencias que pueden ser simples coincidencias. Pero, la piedra ha servido para hacer bien y para hacer mal, en su interior se guardan incontables almas de viejos portadores y personas a las que absorbió. Esa cantidad de almas serviría no sólo para despertar, si no para darle poder a la criatura monstruosa que buscan despertar. –Relamió sus labios, saboreando los residuos del puro en estos- En cuanto al extraño grupo que mencionas. No soy tonto, he seguido sus rastros durante algún tiempo, y me di cuenta que no valía la pena seguir malgastando el tiempo en ellos. Su porcentaje de éxito es nulo según mis estadísticas. No creo que deban preocuparse por ellos. A menos que haya algo que no hayas dicho aún, pero dudo que algo cambie la posibilidad de ese futuro. Es casi imposible que mis cálculos se equivoquen, y digo casi porque como científico siempre tengo que estar abierto a nuevas posibilidades, pero si fuera por mí diría que es imposible. Además, si bien hay personas que creen que la destrucción masiva de los mundos y universos y la mayor obra de maldad ¿se creen parte de alguna novela de Lovecraft o película de super héroes?, por favor –sonrió con singularidad – ¿qué harán luego de destruir todo?

- ¿Y si su propósito es otro? –Se atrevió a preguntar la rubia.

-No importa cuál sea ¿creen poder controlar a una bestia de semejante poder? Todo se terminaría en un abrir y cerrar de ojos. - Arlia dudó, todo era demasiado complejo o tan sencillo que causaba más dudas que respuestas, giró el rostro mirando a la criatura de sombras que dormía plácidamente junto al calor del fuego, ya vuelto de nuevo un pequeño cachorro. – No sé si tengan más preguntas, como sea es tarde y… tu acompañante se ve cansada ¿por qué no se quedan a pasar la noche? Pediré que les preparen la cena y una, ¿o dos? Habitaciones. No hay de qué preocuparse, este lugar es más seguro que la biblioteca, me he encargado de eso.

U:
No sé si estoy metiendo demasiadas cosas x.x es que... bueno... es un mundo fantástico, probablemente yo veo demasiadas cosas por la vida tan mundana que llevo. Humm, bueno. Si crees que es mucho me dices n n espero te guste y perdona una vez más por la espera.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Vie Ago 24, 2018 9:57 am

Chasqueó su lengua como respuesta de aquellas palabras masculinas, especialmente cuando era el hombre el que se atrevía a poner sus ojos sobre la rubia de manera algo aleatoria. Su puño claramente se había cerrado a su lado como mero acto reflejo, algo tan sencillo como el hecho de que sus pensamientos no fueran sino algo desagradables en relación con la chica que lo acompañaban hacía que se sobre exaltara, ¿por qué razón? Bueno, eso es algo que ni siquiera él era capaz de comprender, o tal vez sí... pero procuraba siquiera darle la mínima importancia a este hecho. Después de todo era Mikhäíl, el portador del Caos y aquel que trae destrucción a todo lo que lo rodea como mero entretenimiento. — Y tú parece que sigues actuando de 'buena caridad'. — acotó el masculino, de manera burlona, al ver como las figuras de baja estatura se perdían tras el umbral que separaban el pasillo de aquél aposento. No había olvidado en lo más mínimo las palabras empleadas por aquél momentos atrás, esas que lo categorizaban como alguien más humano que de costumbre. ¿Era realmente cierto esto? No podía siquiera mostrar interés en semejante posibilidad, ni mucho menos prestar atención a aquel tipo de precaria importancia. — ¿Nuevos experimentos, eh? — observó luego de algunos segundos de silencio, momentos en los cuales sus propios pensamientos lo engulleron completamente. Su pregunta fue directa y sin miramientos, algo que efectivamente causó un pequeño regodeo como consecuencia. Sí, era consciente de que aquél individuo mostraba sus fauces de maneras extrañas, pero hasta aquel momento incluso con niños de tan temprana edad. — ¿Es que acaso prefieres adiestrarlos desde pequeños? Te puede salir muy caro. — mofándose del otro terminó por voltear la vista hacia un lado a la espera de que la rubia explicase toda la historia, algo que tardó al menos unos varios pares de minutos.

Los minutos transcurrieron y las palabras del profesor hacían que la curiosidad del demonio aumentase considerablemente. ¿La piedra filosofal? Eso era tan solo un mero mito, una leyenda. — Es la única forma de habernos sellado. — bramó, chasqueando su lengua. Efectivamente, era consciente de que muchos aseguraron verla, y otros tantos en el pasado advirtieron haber incluso tenido en sus manos, por lo que no es como si fuera imposible realmente, ¿o sí? — Semejante poder es la única manera de sellarnos a nosotros, los Diez Mandamientos. ¿Eso es lo que quieres decir? — ¿era realmente aquella una posibilidad? ¿La bruja que los encerró podría haber sido portadora de semejante poder? Las dudas comenzaban a invadir la mente de Levka y éste, poco a poco, terminaba por fundirse más y más en sus propios pensamientos. Los segundos transcurrían y el silencio de su persona, así como el de la habitación, le obligó a emitir un bufido que al menos rompiera con ese incómodo momento. — Sí, considero que su poder va más allá de... todos juntos. Podría ser que, al menos, utilizaran una parte de su poder para sellarlos individualmente por lo que existe, al menos de manera remota, una posibilidad de que su poder total sea capaz de rivalizar con ustedes. Y sí, sé lo que piensas, cómo podrían controlar ese poder, ¿no es así? — claramente la expresión del demonio era demasiado notoria, incluso a pesar de que sus rasgos faciales no habían alcanzado el cien por ciento de su verdadera forma, sino que aún seguían ciertos ligeros cambios, pequeños pero que lo transfiguraban lo suficiente.

Te lo explicaré de esta manera: tu poder requirió al menos que el veinte por ciento de la piedra fuese utilizado... — fue en ese momento en que Levka se incorporó rápidamente, mostrando cierto desagrado ante aquella posibilidad. — ¿Entonces quieres decir que la bruja que portaba la piedra, por sí sola, podría haberse enfrentado a cinco de nosotros también? No era poderosa, pero el hechizo que utilizó para sellarnos en nuestras armas superaba con creces el poder de un simple hechicero, incluso podría decirse que rozaba el poder de un Dios. ¿Y te das el maldito lujo de decir que ese grupo no tiene tanto potencial? — la expresión serena de su interlocutor se mantuvo en todo momento y, luego de que Levka finalizara, terminó carraspeando la garganta para advertir que continuaría su plática. — ... sin embargo, no es del todo seguro que el poder de la piedra se sume al de su usuario, o incluso pueda multiplicar el poder de su portador. Además... según tengo entendido, ustedes no estaban en su pleno poder cuando fueron sellados. Eso le da un plus a tu grupo: la piedra por sí sola no puede hacerles daño, incluso un usuario promedio tan solo podría sellar a uno de ustedes, por lo que su portador debe de haberse entrenado el tiempo suficiente para no ser consumido. — aquellas palabras no tranquilizaban al demonio, a decir verdad, pero tampoco es como si le importase mucho luego de tres mil años. Tan solo se aseguró de avanzar lentamente hacia el umbral cuando las últimas palabras del masculino se hicieran presentes asintiendo. — Pasaremos la noche aquí. Solo una habitación, no dejaré a Arlia fuera de mi vista. — bramó, sujetando el brazo de la mencionada y jalando de éste, incorporándola en el paso que había tomado para su objetivo. — Entonces ya sabes, la habitación de siempre. Al final del pasillo y a la derecha.

Los minutos pasaron, y una vez en su destino trancó la puerta con molestia. — Duerme en la cama. — vio como el pequeño animal, que había entrado justo después de la rubia, se acomodaba rápidamente sobre el suelo y a los pies de la cama que había en aquella habitación. — La piedra filosofal, ¿eh? No pensé que volvería a escuchar su nombre otra vez, y mucho menos de parte de ese maldito. — arqueó su espalda durante unos segundos antes de erguirla completamente, haciendo sonar cada hueso de lo que era su columna vertebral. Estaba cansado, bastante en realidad, y una parte de su persona se mostraba totalmente fastidioso. — Si esa piedra es tan poderosa como dicen que es, entonces no veo lo extraño que puede ser el que estén tan desesperados por obtenerla, a decir verdad. Sin embargo... — su mente comenzaba a maquinar de manera constante. ¿Por qué esperar a que se liberaran los Diez para ir tras ella? ¿O simplemente la perdieron cuando éstos fueron sellados? Las posibilidades comenzaban a aparecer y las respuestas, poco a poco, a escasear. No podía tomar un rumbo fijo desde ninguna perspectiva, porque por más que intentara analizar todo el cuadro siempre aparecían esquinas nubladas, pequeños fragmentos que no tenían ningún tipo de explicación. O al menos así era como se presentaba todo en ese momento. — ¿Qué clase de criatura podría ser capaz de hacer frente a nosotros? Quieren librar al mundo de la destrucción haciendo que éste se destruya completamente, y reviviéndolo. Malditos hipócritas. — soltó una especie de risa falsa, algo que demostraba un poco el malhumor que poseía en su persona. — ¿Acaso no es el mismo objetivo? A diferencia de ellos, nosotros... sabemos que vamos a destruirlo todo.

Más que hablar con la chica, en realidad platicaba solo para sí. Daba vueltas en la habitación a pasos cortos, haciendo que su persona dejase un rastro de inquietud e incomodidad. Miraba la palma de su mano intentando explotar cada poro de su persona, queriendo que este liberase su poder casi en su totalidad, pero a pesar de todo no podía hacerlo. — Maldición. — seguía con fuerza limitada, no por la poción que la menor había utilizado en su persona sino por el simple hecho de que su profundo letargo había sido tan largo que aún parecía no estar en óptimas condiciones. Aquél viejo tenía razón, después de todo: si la piedra no era capaz de enfrentarse a todos los mandamientos, ¿quién podría ser el portador capaz de tomar tal poder y manipularlo de la manera más adecuada? No se hacía una idea siquiera de aquel perfil tan particular, porque después de todo, y desde que había sido liberado, jamás se había topado con alguien que aparentase poseer semejante nivel de poder. — Mañana nos iremos a primera hora, así que duerme. — volvió a advertir el masculino, señalando la cama que había en aquella habitación. Si bien ésta se encontraba decorada y ambientada como el resto de las habitaciones, la cama de doble plaza ocupaba casi la mitad del espacio que ésta poseía puesto se trataba de un aposento exclusivo para invitados, o de semejante índole.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Mar Oct 16, 2018 3:50 am

Antes de que la puerta se cerrara tras de ambos, el pequeño lobo de sombras se hizo presente colándose entre esta. La joven en completo silencio se dejaba llevar por las palabras del mayor, tal vez sin prestarle especial atención lo que decía, sólo a aquel tono frustrado que arrastraba por la garganta al compás de los pies femeninos por la alfombra que cubría el suelo de la habitación. Sentándose a la orilla de la cama y subiendo las piernas para doblarlas frente a ella, dejó guiar sus ojos en sincronía con el cuerpo masculino andante que tenía al frente.

Mordió el interior de su mejilla y arrugó la nariz. El frío se colaba entra las paredes subiendo por su espina dorsal, enchinando su piel. Miró la extraña ventana que dejaba ver el paisaje fuera de la casa y los retazos de niebla de una lluvia diluida. Tragó saliva y volvió la mirada al demonio que mientras más vueltas daba a la habitación más distante en sus pensamientos se veía.

Parte de ella moría por acostarse entre las sábanas y dormir hasta que el cuerpo le doliera y le pidiera levantarse del colchón, pero la noche siempre era el mismo debate con su persona entre lo que quiere y lo que teme.

Para fortuna, o no. El sueño no tardó en arrullarle y dejarla con la mejilla pegada a las sábanas y el cabello sobre su frente.

El bosque tiene un aroma gélido con la lluvia pegando la ropa a su delgado y pálido cuerpo, abrazaba a una pequeña niña mientras los cabellos castaños de la infante se enredaban en sus dedos cada vez que la pegaba más a su cuerpo, refugiándola de las ramas que rasguñaban sus mejillas descoloridas y los pies descalzos.

No supo cuándo ni cómo, pero aquello que cargaba en sus brazos ya no era la pequeña que arrullaba con una cansada canción de cuna, un manto seco al igual que el clima que cortaba la tierra desnutrida. Un miedo, desesperación inundó su cuerpo en sangre. Roja sangre de mentiras. Roja sangre del pecado. Sangre que ardía entre las llamas del crepúsculo que se encarnaba en sus huesos. Dolía, pero no tanto como algo en su pecho que la acuchillaba una y otra vez sin parar. Hasta volverse cenizas negras, más que la noche. Y de su garganta apenas y salía algo, un secreto incomprensible por la ciega dueña.

Una noche que decidió considerarse igual que las demás, regalando imágenes tenebrosas que aceleraban su respiración y la obligaron a despertar en alguna hora de la fría madrugada. Apretó los labios y enredó sus dedos en el dije que el demonio le había dado, acariciándolo con las yemas mientras miraba el techo y se llenaba de múltiples ojos acusadores.

Decidió levantarse con sigilo, llamando la atención del lobo que se paseó por sus piernas hasta la entrada, girando suavemente la gélida perilla y mirando de reojo al mayor dormir. Salió cerrando la puerta con el mismo sigilo y se encaminó entre el pasillo únicamente deseando despejar la mente. Con los dedos pegados a la pared, guiándose entre la oscuridad terminó sentándose en el suelo. La negra criatura se encaminó a subirse en ella, dejándose acariciar por la rubia.

-Supongo que estabas solo antes de venir con nosotros –susurró con la intención de cortar aquel silencio. Pero antes de continuar otra voz se unió a la noche.

-Buenas noches –La gruesa voz masculina la obligó a voltear, achichando los ojos hasta ver entre las sombras el ojo azul brillante perteneciente al científico.

-Profesor, buenas noches –Saludó levantándose rápidamente con algo de nerviosismo de por medio.

-Señorita Arlia.

No sabía que decir a continuación y entre la incomodidad aclaró su garganta antes de soltar la voz

-Si me permite preguntar, usted… ¿Conoce a Levka de hace mucho tiempo, cierto?

-¿A Nikoláyevich? Se podría decir que sí

-Espero no sonar como una entrometida, y me disculpo de antemano si es así. ¿Podría usted hablarme de él?–No sabía de donde había sacado esa confianza para hablarle al científico

-¿Hablarte de él? –Llevó el dorso de su mano para cubrir una risa ahogada- No soy la mejor persona a quien preguntarle –Quitó los lentes de su rostro y sacó un pañuelo del bolsillo del pantalón; limpiando sus lentes que volvieron a su forma original al poco tiempo. – He de decir que ni yo lo conozco del todo, tú por ejemplo eres una de esas cosas que nunca comprenderé del todo. Si soy honesto, creo que serías un buen sujeto de pruebas. Pero ese demonio te tiene muy bien vigilado y no soy quien para arrebatarte de su lado.

La rubia tragó saliva sin saber que tan en serio tomar sus palabras, probablemente debía mantener distancia de aquella mente llena de cálculos e información. Sentía la intensa mirada del hombre, puesta sobre ella y pesando sobre sus hombros.

-Con su permiso –realizó una leve reverencia con la cabeza antes de retirarse de aquel pasillo sin voltear hacia atrás, escuchando pasos ajenos alejarse. Una vez cerrada la puerta tras ella dejó escapar un suspiro, dejando al lobo en la cama a sus pies, acobijándose y dejándose arrastrar una vez más al sueño nocturno.

El descanso dejó una sensación de fantasía que se quedó al abrir los ojos y buscar la cabellera azul entre las sombras del sueño. Refregó los ojos quitando las lagañas de sus pestañas y estirando los dedos de sus pies, guiándola hasta la alfombra donde se depositaron los talones con suavidad. Un suspiró se abrió paso entre su boca y miró el techo.

-He estado pensando… -Pronunció amodorrada y con la torpeza de un recién levantado- Si la piedra es tan poderosa debe tener un aura inconfundible y cualquier la podría tomar. Tiene que estar escondida en algo que mantenga todo ese poder oculto. Siempre se ha dicho que el mejor escondite es lo que está frente a nuestras narices ¿también es prudente aplicarlo aquí? –entrecerró los ojos con un enredó entre lo real y lo que no, deteniéndose a pensar en cada palabra que brotaba. Tendió su mirada hacia la ajena, rascando las sábanas con sus yemas.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Mar Oct 16, 2018 2:24 pm

¿Estás seguro? — una bestia se hacía presente frente por frente de su persona, con rasgos humanos, pero aspectos fácilmente confundibles con una bestia salvaje. El lugar era una especie de ciudad completamente destruida, un espacio bastante conocido para su persona. ¿Había regresado al interior de aquella espada? No, no era aquella la razón porque en ese caso sentiría aquella pesadez corporal que le impedía liberar cada poder de su propia magia interna. Eso solo implicaba que había quedado completamente dormido en la habitación a la que había accedido para descansar. — ¿Qué piensas al respecto de lo que dijo el viejo? — aquella pregunta era una que incluso su subconsciente le repetía de manera constante, especialmente luego de que la plática como tal hubiese terminado puesto era en ese momento que poseía más tiempo para poder meditar con tranquilidad ante aquellas variadas posibilidades que parecían atacarlo.

Ya va siendo hora. — era normal pensar que el tiempo dentro de los sueños transcurriera de manera muy diferente en relación con el del mundo como tal por lo que, y a pesar de que tan solo habían transcurrido minutos en la parte más profunda de la mente del demonio era más que consciente de que habían transcurrido al menos algunas horas en el tiempo real. Sus ojos se entreabrieron lentamente como consecuencia de la necesidad de regresar a aquel mundo que le esperaba, viéndose sentado en el sofá donde había dormido puesto había ofrecido exclusivamente la cama a la rubia que le hacía de compañía. Sentía que sus piernas se encontraban algo tensas y en la planta de sus pies una especie de cosquilleo le recorría abarcando hasta la zona de su pantorrilla donde finalmente se perdía, sin tocar los cuádriceps del demonio. Aquel era, ni más ni menos, que el efecto secundario de dormir en aquella extraña posición puesto la sangre transita más rápidamente en dirección hacia la zona inferior de su cuerpo. La poca grasa dentro del organismo del demonio también era otro factor a tener en cuenta, porque esta era incapaz de controlar la compresión de los vasos sanguíneos del peliazul ocasionando aquella contrariada situación.

Señor Nikoláyevich, el doctor Stein dice que pueden bajar a desayunar y que todo está pronto. — una voz se hizo presente al momento en que dos o tres pequeños golpes se escucharan desde el otro lado de la puerta, algo que fue respondido con la apertura del umbral por parte del mismísimo aludido. — Mocoso... dile al maldito viejo que no vamos a quedarnos, tenemos mucho que hacer. — musitó sin realmente prestar atención a la pequeña rabieta que el pequeño ocasionaba, algo que le hizo volver la vista en una dirección bastante opuesta a la que se encontraba. — Él me pidió que insistiera, señor. Dice que puede ayudar con la búsqueda del usuario que desean... o tal vez algún indicio de la piedra. — aquellas palabras sí causaron un cierto interés en su persona, claramente podría tan solo ser una forma de evitar que el demonio abandonase la residencia o, tal vez, también un método por el cual tuviera la exclusiva posibilidad de platicar con mayor detenimiento consigo. Incluso, y por una parte remota de su mente, le causaba cierto interés el que pudiera tener para con la rubia que ahora, y gracias a los guantes del demonio, parecía haber obtenido un plus en su magia siendo capaz de hacerla notoria en el mismísimo ambiente.

¿Y eso que significa, rubia? — las palabras del masculino se volvieron en dirección a la fémina una vez aquella hubiera enunciado su teoría al respecto. ¿Daba a entender que aquél viejo que les había ofrecido asilo la tenía en su poder? Negó mentalmente ante aquella posibilidad con la sencilla razón de que, en dicho caso, y siendo capaz de poder percibir aquello, aquel hombre no se tomaría las molestias de encubrir la llega del demonio como tal... ¿o podría ser simplemente eso también una buena fachada? Aquella posibilidad, deducida de una mera e innecesaria duda respecto a la confiabilidad que podía poseer para con aquel hombre, ocasionó que prácticamente un chasquido se hiciera presente como representación a cierta molestia bastante incómoda en su propia persona. — Veremos que dice y nos iremos... y tú: no nos retrases. — eso último fue dirigido al lobo que avanzaba al lado de la rubia mientras tomaba el pestillo de la puerta que separaba a aquella habitación del resto de la residencia para poder abrir dicho umbral y atravesarlo.

¿Descansaron bien? — los ojos del otro hombre se hicieron presentes primero en el demonio y luego en la rubia, como si no hubiera platicado con ella pocas horas atrás en plena noche. Por su parte, Levka se mostró completamente indiferente ante aquella interrogante y tan solo se dignó a mostrar una expresión plena que buscaba tan solo una respuesta: ¿qué información podría ofrecerles? — Sabes como funciona eso... hay que dar algo si quieres recibir algo, ¿no es así? — ¿y qué era, exactamente, lo que aquél ‘genio’ de la magia y ramas variadas quería a cambio de algo de información respecto a un simple mito? — Quiero los Lobos. — ¿acaso ese maldito viejo era capaz de leer sus propios pensamientos? No es como si le importase realmente en realidad que respondiera a su pregunta mental, sino más bien le sorprendió aún más que le pidiera exactamente aquello en cuestión. ¿Cómo es que tenía el conocimiento de aquello? El poder de las armas salvajes, como su Pantera, era algo exclusivo del clan demoníaco al cual había pertenecido en su época de la juventud... y el cual había sido exterminado completamente por aquél mismo único miembro actual, ¿entonces cómo era posible que tuviera aquel tipo de información?

Nos vamos. — bramó sin ofrecer una respuesta ante aquellas palabras. El portal se abrió en plena sala y de la nada Garganta mostraba un paisaje bastante conocido al primer escenario en el que habían estado. — Su usuario es una mujer, Mikhäíl, y es una muy poderosa con la capacidad de soportar el castigo de utilizar algo tan maleable como la piedra. Sin embargo, puedo decir que la piedra podría tener muchos problemas contigo porque tu eres el único mandamiento, de entre los Diez, cuyo poder proviene de todo cuanto lo rodea. — ignorando las palabras de aquel hombre terminó dando un paso hacia delante para poder atravesar el portal que había creado momentos atrás haciendo un gesto, con su mano libre, a la rubia que debía de encontrarse ahora pasos rezagada para advertir la orden de que lo siguiera. Su estadía en aquella casa había realmente terminado y, a pesar de todo, la información obtenida había sido relativamente importante.

El ambiente se tornó pesado en cuanto hubieran dejado la residencia del científico. La oscuridad de aquel espacio se apoderó casi en su totalidad de los ojos masculinos el cual mostraba poco problema en ver a través de aquella oscura sombra que los envolvía. Su destino había sido diferente a la ciudad de Éadrom donde habían estado horas atrás, o días... realmente poco les importaba el tiempo a esas alturas. — Lo que veas aquí deberás guardarlo en tu memoria sin poder decir ni una sola palabra a absolutamente nadie, niña. — apenas sus palabras hubieran terminado, y tras un ligero chasquido de sus dedos, la penumbra desapareció dejando a la vista una especie de civilización bastante antigua como tal. Edificaciones antiguas y muy bien cuidadas, a pesar de todo con base en tecnología actual que les permitía mantenerse atentos a todo lo que ocurría en el mundo sin la necesidad de preocuparse por ser objetivos de sus problemas.

Hombres fornidos, con rasgos perfectamente masculinos, y mujeres tan hermosas que parecía prácticamente imposible quitar los ojos de siquiera sus delicados rostros. Sin embargo, todos ellos miraban al demonio y su acompañante con cierta curiosidad, así como también lo hacían respecto a aquel umbral que los había hecho llegar hasta allí. — La isla de Lyonesse, un paraje bastante peculiar donde se domina exclusivamente la magia blanca. — y tal vez esa era la razón de su curiosidad respecto a los ‘forasteros’, porque cada poro del cuerpo de aquel demonio, ahora ya habiendo regresado a su forma original, expedía la magia negra y poderes tan oscuros como le era posible ante la percepción de cualquier individuo con mínimas cualidades mágicas. Volvió a hacer una seña a la rubia para que le siguiera, porque en esos momentos ambos eran tan solo dos extraños viajeros ante algunos de aquellos pobladores nativos de la región. Podía notar como algunos otros reconocían al demonio y, entre tantos, al animal que ahora los acompañaba. El animal mantenía una estatura prominente, capaz de imitar la estatura de un Leonberger de gran tamaño, superando a cuatro patas la zona de la cadera masculina.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Vie Nov 16, 2018 10:25 pm

El aire llevaba la frescura de las rosas, el sol la calidez de sus habitantes y a la vista es como si los colores se volvieran más puros, sin saturaciones innecesarias. Lyonesse, hogar de las leyendas Arturias y de los maravillosos Tristan e Isolda, una de sus obras y operas favoritas sin duda, historias trágicas donde puedes escuchar a un trovador paseándose por las calles empedradas llenas de una multitud colorida. Parpadeo un par de veces algo segada por el repentino cambio y siguió la ancha espalda del demonio. Notaba por el rabillo del ojo a aquellas personas que parecían borrar su sonrisa cuando les miraban.

La piel pálida y rosadas mejillas de las mujeres cautivaban las miradas, con aquellos ojos grandes que a la luz eran arcoíris. Los labios rosados escondiendo las perfectas perlas que se asomaban sólo para curiosear. Algunos rostros manchados de pecas y otros completamente puros. Normal sentir cierta admiración hacia ellas, y por supuesto con rasgos marcados que movían su manzana de adán al tragar saliva, que a veces formaban exquisitas sonrisas antes de detenerse en algún puesto.

Parpadeó y continuó su recorrido con el demonio. Había inmensos puestos atiborrados de gente y risas, pláticas amenas y miradas curiosas. Algunos frascos chocaban y los cuchillos golpeaban la madera mientras cortaban algo que desconocía, colores y olores. Lástima que sus visitas sean tan cortas.

Jugueteó con el colgante que había recibido de parte de Levka, como un nuevo tic que emergía, ya no sólo era el anillo de su madre. Una pequeña mano jaló su falda y obligó a Arlia a detenerse, volviendo la cabeza a la pequeña niña de cabello castaño y grandes ojos dorados, que la mirada con las mejillas sonrojadas y su mano alzaba una reducida canasta de paja que carga una hermosa y brillante fruta roja del tamaño de un puño. Arlia agita su mirada a sus todos lados, entre la multitud y los vestidos largos y centelleantes. No la ve. Se agacha hacia la niña de nariz manchada de tierra.

-¿Quién te dio eso? –preguntó con mucha curiosidad, pero en un tono calmado. La pequeña sólo sonrió y le tendió la canasta antes de irse y perderse entre la gente. Estaba ahí, luego de tantos siglos, estaba ahí. Demasiado lejos de donde la vio la última vez. –Creo… -pronunció acomodando su voz, dirigiéndose al demonio mientras la mirada seguía buscando esa peculiaridad. El lobo caminó hasta ella, arrimando su cabeza a la mano que cargaba el regalo, llamando su atención.

La rubia alzó la fruta frente a ella y con la uña rascó la cascara, dejando que el líquido azul resbalara desde su mano hasta el codo, donde cayó al suelo. Su interior era de un tono violáceo brillante. Sabía lo que debía hacer. Mordió la fruta, comiendo una cantidad considerable, llenando su gusto con un dulce sabor incomprensible. Sus ojos se aclararon, quedando un blanco, la fruta cayó de su mano a la tierra, siendo pisada por los caminantes. Un porte elegante y maduro se hizo presente, con una sonrisa nada natural en Arlia.

-Así que tú eres Levka – pronunció mientras palpaba los anchos hombros masculinos seguido por los brazos-, te ves diferente a cuando estabas encerrado en aquella vieja espada, sí, esa –señaló con el dedo- ¿Has estado haciendo ejercicio? Hum… veo que Arlia sigue teniendo sentidos extraordinarios –cambió de tema repentinamente, de forma nada sutil y apenas dejando que el demonio se expresara-, se ha vuelto más fuerte, aunque su corazón sigue siendo inmaduro, sobre todo cuando se trata de ti, se lo atribuyo mucho a su desarrollo entre hombre sudorosos y peleas –agitó la mano con una mueca en los labios-. En fin, supe que esta bella criatura estaba por estos rumbos y quise venir a saludar y conocer al amo del que tanto me hablaba. Aunque aprovecharé para darles un pequeño empujón En su búsqueda. La piedra filosofal la resguarda un viejo mago de ceño fruncido, algo amargado por el pasar de los años –suspira-, y pensar que en su tiempo era todo un rompecorazones, estoy segura de que tú eres uno y las mujeres no te faltan –su rostro mostró desilusión- pobre. Bueno, no les dará tan fácil lo que buscan, pero tiene una debilidad por los secretos, seguro tienen uno digno del intercambio de intereses. Deseaba decirle algo más a Arlia, pero creo que el tiempo lo mostrará por su cuenta, será mejor. ¡Pero que tonta soy! No me he presentado, mi nombre es Trina –Se presentó con un guiño y una sonrisa resplandeciente, caminó rodeando al demonio, observándolo de arriba abajo.- Te ves bien, ¿pero por qué esta niña siempre está tan delgada? ¿se está alimentando correctamente? Por Merlín, siento que sueno como su madre –rió cubriéndose los labios- prefiero ser tomada como una tía o una hermana mayor, aunque sea una buena mentira.

Entrecerró los ojos y apretó los labios dando unos pasos hacia atrás mientras caminaba gozando de los palpitares de aquel cuerpo, tomó la mano del demonio sin permiso alguno, sonrió colocándose la mano en el pecho.

-Alguien está emocionada, ¡ah! La juventud –exclamó caminando a algún lugar que sólo ella sabía. Un prado con grandes rocas. Señaló un árbol que abrió camino hacia lo desconocido. – Sólo tienen que seguir ese camino y llegarán con Thimotheus. Denle un saludo de mi parte. –Suspiró girando sobre sus tobillos- Entonces–Descansó sus manos, suavizando su tono luego de que la voz de su dueña sonara muy extraña entre tanta palabrería y chillantes expresiones. Sus brazos se deslizaron por el cuello masculino, poniéndose de puntillas y acercando el rostro al ajeno, casi rosando sus pómulos con los masculinos, susurrando al oído-, sostenla fuerte ¿entendido? Y no se te ocurra lastimarle. Hace mucho que no hace esto así que despertará en unos cinco minutos o diez, ya no estoy segura. - La mirada se perdió, y los parpados escondieron los ojos entre las pestañas, dejando que el cuerpo cayera en los brazos del demonio. Con su dueño inconsciente y el alma ajena lejos ya de ese mundo, dejando una caricia en las mejillas de la muchacha, como una bendición.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Sáb Dic 01, 2018 11:49 am

Los puestos de venta eran algo que había quedado en el pasado y, sin embargo, en aquella isla parecía ser el método más común de venta de todo tipo de artículos: desde las frutas para el día a día hasta las prendas de vestir, cuales pasaban por lo rústico hasta lo más allegado a la actualidad. Incluso armas tanto de fuego como aquellas que a él le gustaban: las katanas, armas de filo cuyo origen proviene de la más antigua tradición oriental.

¡Señor, su katana tiene un terminado impresionante! ¿No ha pensado en venderla? — tanto uno, así como otros luego o incluso al mismo tiempo, se tomaron la molestia de abordar a Levka a medida que este avanzaba. Claramente sus respuestas fueron negativas en todo momento y la intranquilidad de aquellas calles se volvió un tanto más presente al momento de notar como algunos se tomaban, de entre todos, el atrevimiento de intentar tocar lo que era la tsuka de su objeto. En varias ocasiones los blancos y afilados dientes del demonio se hicieron presentes con un sonido similar al de un pequeño gruñido alertando a sus ‘acechadores’ que incluso las acciones tenían sus propios límites.

Oye, rubia. No te retra-... — apenas sin poder terminar la frase pudo percatarse de la falta de aquella presencia. ¿Se había perdido o simplemente desviado del camino en alguna de las tiendas? Un ligero chasquido de su lengua fue el representante de una especie de molestia ante aquella situación y tan solo se aseguró de volver sobre sus propios pasos. Algunos metros atrás percibió por sobre el perfil de sus ojos el cuerpo ajeno, la rubia cabellera que parecía volver a emerger desde abajo... y sin embargo una parte de él sabía que no era la rubia, tan solo el cuerpo. ¿Qué había sucedido? Desconociendo el origen de aquello, percibiendo como el ambiente alrededor de aquella chica parecía envolverse en algo totalmente diferente, pero sin abandonar la pureza de lo que era capaz cada partícula mágica de su compañera. — ¿Quién eres? — inquirió sin siquiera llegar hasta delante de ella. Desde algunos metros atrás, y a expensas de no ser escuchado, el demonio se arriesgó a susurrar sus palabras a pesar de que estas se perdieron entre la multitud de gentío que los rodeaba.

¿Trina? Ese nombre le sonaba de algún lado realmente, pero comenzaba a desconocer del origen o algún símil. De la nada sentir el tacto femenino le ocasionó una especie de incertidumbre: sí era ella, era su cuerpo y era su piel, era la suavidad de aquellas palmas que en algún momento había tomado... y sin embargo se sentía completamente diferente. Tan solo una cáscara con algo más en su interior, ¿quién era ella? ¿Qué más podía hacer? Poco a poco la desconfianza se tornó en interés y las palabras femeninas tan solo producían que aquello se incrementase. — ¿Una bruja al igual que ella? — ¿o algo más? Tal vez no obtendría respuesta de la misteriosa presencia, porque parecía simplemente estar centrada en transmitir sus ideas antes que brindar cualquier tipo de explicación. Básicamente, solo le dejaba a interpretación de aquel demonio quien a decir verdad no estaba tan interesado sino como en la información que la chica le parecía estar dispuesto a ofrecer.

Antes de darse cuenta su mano estaba siendo sujetada por la poseedora del cuerpo de la rubia, quien parecía estarle guiando a un lugar que simplemente desconocía. El verde césped se había tornado la alfombra por la cual paseaba junto a la fémina mientras que el viento obligaba a los cabellos, tanto los de uno como el otro, a mecerse lentamente en las direcciones que este mismo quería. — Thimotheus... Thimotheus... — el nombre de aquella persona quien era el supuesto poseedor de la piedra fue repetido en varias ocasiones como consecuencia de una necesidad de retención. ¿Se iba a olvidar? No, no en realidad, pero estaba seguro de que por alguna extraña y poco particular razón era alguien a quien tal vez jamás habría visto en el pasado. — ¿Por qué un mortal la posee? ¿Cómo es posible que un mortal la resguarde? — finalmente aquella fue la aclaración que dio por terminada la aparente conversación con la fémina. No obtendría respuesta alguna, como lo supuso desde el principio, ante cualquiera de las interrogantes que pudiera transmitir dejando nuevamente su posición como en el principio: sin información, siguiendo pistas sin ningún tipo de confirmación o testificación sólida. Eran meras palabras de personas indeterminadas, tal vez en las que confiaba como en las que simplemente no conocía, yendo a la búsqueda de las respuestas que claramente no solucionarían ni la mitad de todas sus interrogantes.

Jamás. — sus palabras fueron respondidas casi en el mismo tono en que la fémina había hecho su petición. ¿Lastimar a aquella chica? A pesar de todo, y respaldando su respuesta, era algo que no tenía pensado muy a pesar de todos los rumores que se pudieron escuchar en el pasado de su persona, especialmente los relacionados con mujeres. Casi de manera sutil, y luego de haber recibido el cuerpo femenino entre sus brazos, Levka finalmente tomó un ligero atrevimiento algo egoísta: dejó que sus labios se apoyaran sobre la mejilla de la rubia para finalmente depositar un casto beso en aquella zona, como si dicha acción le brindara a la fémina un mejor letargo durante el período de tiempo de recuperación.

La mano derecha del demonio se terminó acomodando en la zona baja de su espalda, rozando el final de sus lumbares y casi por encima del trasero femenino para así permitir una mayor cercanía entre ambos. Al momento de notar el peso muerto perteneciente a la fémina, su mano izquierda rápidamente se deslizó hasta la parte posterior de sus rodillas a medida que reclinaba un poco el cuerpo. No era la primera vez que la tomaba de aquella manera, pero en ese momento se encontraba completamente inconsciente, dormida, por la utilización de su cuerpo en aquella posesión. Las interrogantes seguían apareciendo, pero ninguna de ellas iba a recibir una respuesta sino hasta que la chica despertase... porque de cierta manera se había presentado como alguien cercano a ella, ¿tal vez en aquella época en la que descansaba en el interior del arma? Debía de ser una bruja, u otro ser sobrenatural, aumentando así las posibilidades, aunque si se encontraba en Lyonesse simplemente no podía ser sino alguien fuera de lo ordinario ya que aquella tierra solo tenía dos formas de acceso: nacer allí o poseer un método como su Garganta para viajar de manera espaciotemporal.

Minutos más tarde.


Estaba decidido en llegar a su destino. Había cargado el cuerpo de la menor durante algunos minutos y simplemente no parecía tener un fin verdadero. La criatura que los había acompañado en aquella ocasión se había adelantado a una distancia bastante prudente para así advertir de cualquier cosa que sucediese y el meneo de su cola, justo cuando hubieran pasado unos siete u ocho minutos de caminata ligera, ocasionó que el cuerpo del demonio sintiera esa tranquilidad: habían llegado a su destino.

El cuadrúpedo avanzó rápidamente hasta la entrada de aquella residencia. Era un ambiente bastante precario al menos desde el aspecto externo, algo que ocasionalmente poseían las personas cuyos deseos eran meramente mantener alejados a todos los interesados, ¿entonces allí se encontraba lo que buscaban? — ¿Quién anda ahí? ¡Váyase de aquí, no quiero malditas visitas! — claramente sí era un individuo bastante gruñón... y eso que siquiera había podido responder a la pregunta que se le había hecho. La silueta se hizo presente a través del umbral, un hombre de avanzada edad con un porte bastante erguido a pesar del golpe de los años y quien simplemente parecía detestar a todo ser vivo que tuviera intención de poner un solo pie en su residencia.

Trina le manda saludos, Thimotheus. — el escuchar aquel nombre en primer lugar le sacó una carcajada al viejo antes de hacer un ademán: los invitaba a pasar. — Así que conocen a Trina, ¿eh? ¿Está dormida? Al lado hay una cama que no se usa más, puede descansar allí. — la puerta se cerró rápidamente a espaldas del demonio y este se apresuró de llevar el delicado cuerpo de la rubia hasta una cama ubicada en la habitación contigua, tal y como había sido ofrecida por el dueño de la casa. — No la conozco, aunque platiqué con ella hace un momento. ¿Cuál es tu relación con ella y quién es? Porque parece conocer muy bien a mi rubia. — enfatizó bastante el pronombre con la intención de marcar una línea divisoria, algo que en consecuencia era necesario para poder vincular realmente a la chica con la otra. — Ella... es Arlia, y yo... ¡al diablo, da lo mismo! No quiero más vueltas, así que lo diré directamente... — sus ojos se volvieron hacia los del hombre con una intención bastante directa. — ... ¿tú tienes la piedra filosofal, viejo?


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Vie Dic 14, 2018 1:28 pm

Estaba oscuro, se sentía pesada, pero tenía un sentimiento agradable en el que acurrucó su alma. No lo quería soltar, así que lo sostuvo lo más que pudo antes de que se desvaneciera como un recuerdo.

Su ceño se frunció mientras apretaba los parpados y abría los ojos lentamente, pestañeando suavemente. La cabeza le daba vueltas y alzó su mano con mucho esfuerzo, elevándola frente a su rostro, observando las líneas que cruzaban entre sus dedos. Era ella de nuevo. Suspiró con pesadez sintiendo el colchón el que reposaba y se hundía su cuerpo. Cerró los ojos un momento, con deseos de volver a dormir, escuchó un par de voces masculinas y una de ellas era la de Levka. Se levantó tambaleándose y apoyándose con la pared del desconocido lugar. Había olvidado el sentimiento enfermo que quedaba luego de que Trina tomaba prestado su cuerpo, esperaba no tener que volver a acostumbrarse, aunque claro que la extrañaba y le parecía una lástima no haber podido hablar con ella de forma más directa, pero estaba segura de que todo lo que había querido decirle ahora lo sabía.

Miró a su alrededor algo más recobrada y a pesar de la colorida alfombra y los múltiples cuadros que decoraban la habitación, lo primero que vislumbró y prestó atención fue al demonio peli azul con aquella postura firme. Los recuerdos lejanos y los ecos de las voces mientras Trina estaba en su cuerpo, volvieron a su cabeza, sonrojándola ligeramente por la vergüenza de que aquella mujer fuera tan… ella. Siempre dando vueltas inconscientemente, pero directa para lo que le apetecía.

-Una disculpa si le causé algún inconveniente –se apresuró a decir-, o si ella lo hizo. – Se disculpó refiriéndose a Trina. Recorrió su mirada hacia el desconocido que suponía era el tal Thimotheus, de quien la mayor había hablado. – Mucho gusto–inclinó ligeramente la cabeza recibiendo un lengüetazo del lobo-, usted debe ser Thimotheus, Trina lo ha mencionado.

-Así que tú eres Arlia, el placer es mío. Bueno como me comentaba a tu… ¿amigo? –Preguntó algo inseguro de la relación entre ambos visitantes-, supongo que Trina fue de lengua suelta y les dijo que yo tenía la piedra filosofal, ¿pero por qué debería dárselas a ustedes? Poco o importa si Trina los envió no, no es como si fuera tan estúpido como para regalarla a estos jóvenes inconscientes de hoy en día –Se sentó en el sillón y prendió una pipa mientras los miraba esperando alguna respuesta de parte de ellos, con ese atisbo de ilusión en los ojos, común en esas personas que desean salir un rato de su monótono día a día.

-En realidad, no esperamos que no las diera así como así, perdón si se sintió ofendido. Trina nos sugirió que hiciéramos un trato con usted. Y no se preocupe, igual nosotros queremos evitar que quede en manos indeseadas, así que puede confiar en nosotros. –Habló de forma clara y con una seguridad que esperaba transmitir a su anfitrión. Mordió el interior de su mejilla observando el gesto pensante de Thimotheous, quien no tardó en asentir.

-Bien, entonces hagamos un trato, supongo que Trina les contó un poco sobre eso, pero les daré detalles. Yo puedo ver a través de las palabras, ver la profundidad que pueden tener respecto a una persona. El poder de lo que dices puede tener fuertes efectos, y los secretos, los secretos siempre tienen una particularidad visual, llenos de orgullos, miedo, ansiedad. Resulta interesante, mientras más profundo el secreto su apariencia y peculiaridad se detallan más. Adelante, yo juzgaré la delicia de sus secretos de acuerdo a como el sueño se sienta al respecto de ese secreto, pues para mí puede ser nada interesante, pero el poseedor es quien sabe su valor y eso es en lo que me enfocaré. Sean cuidadosos porque sólo tienen una oportunidad, un secreto por cada uno. –Se levantó del sillón comenzando a andar- Sé que tomar una decisión a veces no es fácil tampoco seleccionar el que mayor importancia tenga, así que porque no me hacen compañía en la mesa, he preparado té y algunos bocadillos –Se retiró de la habitación, esperado ser seguido por sus invitados hasta el comedor, donde una mesa redonda de madera les aguardaba. Les señaló los asientos mientras iba a la cocina.

Arlia le siguió con la excusa de ayudarle con las tazas y el azúcar. Mientras estaban solos en la cocina le miraba de reojo con cierta precaución.

-¿Le importa si le pregunto algo?

-En absoluto –Accedió el hombre mientras sacaba una charola con unos peculiares panqueques y los ponía en un plato

-¿Cómo sabe uno si un secreto es realmente un secreto?- Arlia suponía no tener algún secreto relevante, se sentía con un libro abierto con Levka, en cambio para Thimotheus todo su ser era un secreto así que como saber si cualquier cosa de ella era un secreto

-Algo que es únicamente tuyo, algo que a veces te ocultes incluso a ti misma.

Arlia se quedó pensando en las palabras mientras en silencio tomaba un lugar en la mesa y masticaba una galleta hasta que recordaba tragar. No prestaba atención a su alrededor y temía el pasar de los minutos y su inseguridad por el secreto ascendía sobre su pecho.

-Bueno, creo que es tiempo suficiente ¿ya saben qué secreto me contarán? -Deslizó a un lado la tasa de té y apoyó los codos en la mesa, tomando con los nudillos su barbilla.- ¿Por qué no empiezas tú primero? –preguntó dirigiéndose a la rubia que alzó la mirada.

-Esto… es un poco complicado. Pero ya que tengo que hacer esto, creo que lo único que no he dicho en siglos y siempre lo trato de ocultar, inclusive eliminarlo de mí; es el hecho de que tengo sentimientos. Muchas veces tengo miedo, pero los sentimientos no me sirven en el campo de batalla. Esta segunda oportunidad que se me dio para vivir, luego de casi morir con mis padres, es para servirle a usted –miró al demonio- y yo sé que usted lo sabe, porque estoy dispuesta a morir si hace falta, porque soy remplazable. Y creo que el secreto de todo esto es que dependo de usted y quiero estar a su lado, será admiración, respeto o puro egoísmo mío, no me apetece una vida que no sé manejar. Por eso estuve buscando tantos años una forma de liberarlo, porque siento que lo necesito más a usted, que usted a mí; como dije, puede conseguirse fácilmente a otra persona que le sirva. Sí he deseado una vida normal, pero ¿qué haría con ella? He leído libros de vidas comunes, y romance, pero simplemente no los logro entender.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Mar Ene 01, 2019 7:52 am

Me importa un carajo quién seas, viejo. — la voz de Levka se hizo presente una vez las palabras del masculino finalmente se hicieran escuchar. En efecto, la petición de su persona era algo que iba contra sus propios ideales y arrastraba consigo la posibilidad de exponer lo que ocurría en su corazón en esos momentos, porque muy a pesar de lo que generalmente aparentaba o procuraba mostrar Levka sí poseía sentimientos. — ¿Jóvenes inconscientes? — la sonrisa burlona y autoritaria del demonio se hizo presente como consecuencia de aquello y, casi de un momento a otro, su expresión se volvió tan sádica como peligrosa. ¿A quién trataba de joven ese anciano? ¿Quién se creía, realmente, que era para dirigirse a su persona de esa manera? — Puedo asegurarte de que soy mucho más longevo que tú, viejo. Y posiblemente tenga más conocimiento de esta basura de mundo de lo que jamás vayas a imaginar. ¿Y aún así te das el asqueroso lujo de decirnos inconscientes? — uno de sus pies se hizo hacia delante. Estaba retando a aquel hombre, después de todo, aunque se encontrase en su casa y estuviese siendo tan hospitalario para con sus personas. ¿Qué más podía hacer? Después de todo, el hecho de ser subestimado o menospreciado de alguna manera sea por su apariencia física o por sus constantes comportamientos, solo ocasionaba que perdiera de manera radical los estribos de su persona frente a casi cualquier situación.

Levka, cálmate. No hagas cosas innecesarias, necesitamos la piedra para evitar le mismo desastre que hace miles de años. A menos que quieras volver a visitarme por unos tres milenios más.

La voz que se hizo presente fue la de Pantera, invadiendo su cabeza sin dejarse escuchar por nadie más. En ese momento reaccionó y entrecerró la mirada como consecuencia de un reconocimiento de sus propios errores en el actuar. Chasqueando la lengua, demostrando una cierta gota de arrepentimiento que evitaba controlar por el mero hecho de no dejarse ver tan... ¿débil? Al menos así lo consideraba, porque siempre había creído que le arrepentimiento frente a una decisión, y el cambio mismo de esta, solo dejaban en claro la incapacidad de su usuario para poder seguir adelante con las ideas planteadas y deseadas. — Como sea. — bramaría casi un instante después, volviéndose a un lado. Durante una milésima de segundo sus ojos se volvieron en dirección a la rubia, controlando que todo se encontrase en orden y no hubiese sufrido ningún tipo de efecto secundario frente a aquella... ¿posesión? Debería de llamarlo de alguna manera y seguramente ese término era el más adecuado de entre todas las posibilidades que parecían encontrarse en su sinfín de palabras relacionadas con magia de ese estilo.

Durante los pocos minutos que se encontraba en soledad dejó a su cabeza indagar en las profundidades de su persona. Su corazón solo amaba el campo de batalla, solo adoraba la desesperación y el caos en el que sumía al mundo cada vez que su katana era desenvainada. ¿Entonces qué podía contarle a aquel hombre para que les ofreciera la piedra en cuestión? ¿Qué era lo que más había intentado abandonar para evitar así cualquier distracción en el campo de batalla? — Creo que ya lo sabes, Mik. — la incredulidad con la que escuchaba a su propia espada era algo que en efecto causaba un cierto nivel de exasperación en la misma. El alma que allí habitaba parecía incluso entender mejor al demonio que lo que él mismo lo hacía y eso, quiera o no, le comenzaba a frustrar.

Así es. Ella. Tú lo darías todo por ella.

El regreso de la rubia esclareció completamente sus ideas y la voz de Pantera se hizo escuchar una vez más, tal vez una última vez porque con esas palabras finalmente volvió a silenciarse. ¿En realidad era aquello lo que trataba de evitar en todo momento? ¿Cómo era posible que él, siendo el portador del caos, tuviese ese tipo de sentimientos en su corazón? — Que maldita contradicción. — y en efecto que lo era, porque debiendo de demostrar odio y penuria frente a la vida misma, valoraba una incluso más que la suya propia. Algunos ruidos metálicos lo desconcentraron y el regreso de ambas partes en la habitación lo obligó a erguirse una vez más, queriendo sencillamente intentar imponer su propia autoridad y fiereza por muy innecesario que fuese: al fin y al cabo, se encontraban en una casa ajena, pero por su parte debía de demostrar que era él quien tenía el poder de entre aquellos dos visitantes.

Primero se tomó el tiempo necesario para escuchar las palabras del otro hombre antes de hacerse con los sentimientos de la rubia, quien ahora volvía la vista en su dirección. Apenas y hubiera terminado de hablar, el masculino se hizo presente dando un par de aplausos como respuesta de su confesión. — ¡Ah! Magnífico, magnífico. Que secreto tan... peculiar, devolviéndote la vida, juras servir al Portador del Caos por muy peligroso que resulte ser, ¿verdad? — la mirada del demonio se volvió en dirección al hombre en cuestión luego de que utilizase aquellas palabras, esa denominación. ¿Entonces...? ¿Acaso él...? — Claro que sé quién eres. ¿Quién no sabe quién eres? Pero no me importa realmente quien seas, sino lo que oculta tu corazón. Sincérate, demuestra que mereces recibir la piedra filosofal, muchacho. — la sonrisa en los labios del otro ocasionó que la dentadura afilada del demonio se hiciese presente entre sus labios. Le estaba frustrando bastante, y realmente desconocía la razón. ¿Por qué con simples palabras la impotencia invadía su cuerpo de pies a cabeza? Sí, era temperamental pero no es como si nunca tuviese una razón para dejarse llevar por ello.

Su aura ennegrecida se liberó durante una milésima de segundo, pero fue apagada casi de inmediato cuando los ojos del peliazul se toparon con los de la rubia. Sus palabras fueron algo que no se esperaba, ¿reemplazable? — No jodas... — claro que no lo era. ¿Cómo podría reemplazar a la mujer que había aguantado el peso de una espada durante tantos milenios buscando, casi sin descanso, una forma de liberarlo? — No eres sustituible, rubia. — finalmente su mano se deslizó hasta sujetarle el mentón, obligando así que el rostro de la chica se alzase en su dirección para poder fundirse en los cristalinos ojos de la menor.

Siempre ocultaré el temor a perderte, maldita mocosa. Al diablo quien quiera ocupar tu lugar, porque es a ti a quien se lo di personalmente. — la presión en sus dedos se hizo presente forzando un ligero apretón en la zona inferior de la mandíbula femenina. Notaba como los ojos del otro hombre se clavaban en su persona, intentando investigar sus intenciones y notando en ese momento que, por vez primera, el demonio estaba dejando que su corazón hablase. — Ese beso que te hizo longeva, que te ofreció la segunda oportunidad de vivir, no es solo un desperdicio de mi fuerza ni mis poderes. Por tus venas corre mi energía, tu magia y la mía poseen la misma naturaleza caótica, peligrosa... destructiva. — fue su pulgar el que finalmente se movió hasta el carnoso inferior, ejerciendo una presión notable en aquel labio a medida que sus propias palabras salían con cierta inquietud. — Tu cuerpo es mío, tu alma es mía. Me perteneces y mataré a cualquiera que se atreva a ponerte un maldito dedo encima: eres mía, nadie más ocupará tu lugar porque tú fuiste la elegida de entre las demás... tú recibiste mi fuerza para levantarte, así que recuérdalo: no basta con morir, debes vivir a mi lado y ofrecerte totalmente, en cuerpo y alma, para pagar la segunda oportunidad que te di.

El silencio se hizo presente y por su parte finalmente soltó a la menor, volviéndose en dirección al individuo con una expresión de considerable fastidio. Abrirse así, decir aquello que pensaba y claramente confesar que tan solo la compañía de aquella rubia era lo que únicamente necesitaba en su vida había ocasionado, casi de manera inmediata, una pérdida de humor y paciencia increíble. — Admitiré que no te creí capaz de tener esos pensamientos en tu mente, Mandamiento. Pero a pesar de todo, y por muy ruidosas que sean las leyendas, siguen siendo símiles de los demás. — se hizo el silencio una vez más mientras los ojos de ambos masculinos parecían intercambiar opinión, dejándose estudiar completamente por él para demostrar así que sus palabras eran tan sinceras como las de la rubia. — Lo daré por aprobado, en efecto. Aunque supongo que ustedes tendrán mucho de que hablar luego de esto... — una ligera risa se escuchó de entre sus labios, pero nada duró al final. Carraspeando la lengua, el individuo se incorporó y se volvió en dirección hacia la rubia para ofrecerle una pequeña cajita que había hecho aparecer en la palma de su mano.

La piedra no es algo que pueda tener aquí conmigo, porque su poder es tan inconsistente y moldeable que portarla continuamente me volvería loco. Pero la sellé bajo tierra para evitar cualquier ser indeseado que quisiera apoderarse de ella. — volvió la vista en dirección hacia el demonio una vez más. — No sé si ustedes traen razón en lo que buscan, ni si su Dios ofrecerá lo que prometió a todos nosotros. Pero sé que quienes la buscan son más peligrosos que ustedes, no son los mismos que los enfrentaron en el pasado... solo quieren poder para dominar el mundo y es algo que no puedo permitir, claro que no. Así que se los pediré a ustedes, que fueron enviados de Trina: protéjanla y bajo ninguna situación liberen su poder. Mantengan el sello que la obliga a dormir por la eternidad, asegúrense de que no caiga en manos equivocadas... porque mi secreto es que jamás consideré desprenderme de ella hasta que los escuché: ustedes darían su vida por el otro, eso es lo que los ayudará a evitar que la piedra caiga en las manos de esos sanguinarios seres.

Dicho aquello la caja fue abierta. En ella se encontraba un pequeño mapa y una llave, junto a una piedra de tonalidad completamente negra que parecía no ser sino un vidrio tintado. El poder fluía por ella, a pesar de su apariencia, y dejaba en claro que sería de utilidad en el futuro cuando hubieran encontrado su verdadero objetivo en cuestión. — Como pudieron llegar hasta ahí, no creo que les resulte un grave problema viajar hasta América del Sur. Allí... tal vez tengan dificultades, pero estoy seguro de que darán con el sello. — aquellas parecieron ser las últimas palabras, porque tras lo dicho solo dibujó una ligera sonrisa en sus labios y realizó una efímera reverencia. El demonio inclinó apenas su cabeza para contestar de manera afirmativa a medida que su mano derecha se alzaba en dirección a una de las paredes de la residencia. Garganta se hizo presente y el portal fue abierto: el primero en pasar fue aquella criatura cuadrúpeda mientras el demonio, por su parte, se ubicaba a un lado con la esperanza de que la rubia lo atravesase primero para ser él quien la siguiera.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Jue Ene 17, 2019 1:35 am

Sus ojos se conectaron con los ajenos, aquella mirada masculina que parecía ponerla nerviosa mientras las palabras salían y viajaban hasta sus oídos y parecían encender una esperanza que no sabía que poseía y así formando un nudo en su garganta mientras sus labios se quemaban por tacto que los presionaba manteniéndola estática, atenta.  Definiendo un sentimiento que concluyó en su pecho.

El silencio no era incómodo y a pesar de la distancia física que había una vez más entre ambos seres se sentía como si el corazón se estremeciera y el frío apaciguara.

La joven examinó la caja hexagonal de tacto cuadrado, acariciando los bordes con el pulgar mientras observaba a su anfitrión prestando especial atención a las palabras finales.

Desde que la caja comenzó a abrirse el poder de la piedra emanaba una suave vibración entre sus dedos. La luz le daba el brillo tinto mientras que al fondo de la caja era de un competo negro. Tomó el mapa con cuidado, repasando las líneas y los pocos nombres que estaban escritos en tinta con una caligrafía bien cuidada. Guardó el mapa en un bolsillo y cerró la caja mientras se levantaba de la silla.

-Muchas gracias por todo –inclinó la cabeza con una ligera sonrisa y atravesó el portal.

Había oscuridad, y un suave sonido de las olas rompiéndose en la arena, la sal se pegaba a sus labios junto a la brisa marina que removía sus cabellos. A pesar de la noche y la reluciente luna en el horizonte, reflejándose en el mar, el calor se sentía pegajosos en su piel, un cambio de clima algo drástico. La música se escuchaba junto a varias voces, tal vez no era lo suficientemente de noche pues había movimiento a su alrededor y podía percibir el aroma a alcohol y hiervas.

Dio unos pasos entre las piedras que conducían el camino de la calle a la orilla de la playa, observando el gran cerro repleto de múltiples casas pintadas de brillantes colores que relucían a pesar de la oscuridad, con las ventanas mostrando sombras y las luces amarillas encendidas. No recordaba la última vez que había visitado la playa, normalmente se la pasaba en climas menos tropicales, húmedo y fríos. Un poco más a la orilla de aquel lugar se notaban las luces moradas y azules de una rueda de la fortuna que entretenía al múltiple turismo.

Sacó el mapa que Thimotheus les había proporcionado, desarrugando un poco el papel, examinándolo atentamente, intentando ubicarse, por lo visto habían llegado a Ecuador, a un lugar llamado Guayaquil

-Si esto es correcto, debe haber una caverna en algún lugar, aunque la marea está algo alta y probablemente esté muy bien escondida – Miró de reojo al demonio, cuyos ojos parecían brillar a la luz de la luna, resaltando el poderoso azul que poseía con recelo. Bajó un poco la mirada, para luego llevarla a sus pies, a la arena que se metía entre el calzado, pretendiendo ser la cosa más extraña posible para acaparar su total atención. Se agachó a tomar una pequeña caracola del tamaño de una nuez, de un tenue rosado que se oscurecía en su interior. –Tendremos que buscar ¿por dónde sería bueno empezar? – Apretó los labios y arrugó la nariz pensando en su siguiente movimiento. Claro que aquello no sería sencillo, era el sello de la pierda filosofal lo que estaba en juego, no es algo que te arriesgarías a ocultarlo en el primer lugar que se te ocurra.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Mar Ene 29, 2019 3:21 am

Al diablo con la búsqueda, rubia. — le había cansado un poco el hecho de estar de aquí para allá recolectando información, algo que en realidad no era lo que él acostumbraba a realizar. Su trabajo siempre fue sencillo: ir, destruir y regresar, y que las divisiones de inteligencia se hicieran cargo de obtener todo lo que era información u objetos valiosos, o necesarios, para evitar algún tipo de contramedida en su contra. Igualmente en aquellos momentos solo eran ellos dos, o al menos hasta la última información que tenía, sin embargo tampoco podía obviar el hecho de que no estaban realizando una única búsqueda sino que también se encontraban en la necesidad de encontrar a sus propios camaradas: un solo Mandamiento no era suficiente, debían de estar los Diez, o al menos seis de ellos, para poder hacer algo que valiera la pena.

Las palabras del demonio se hicieron presentes de un momento a otro cuando hubiera escuchado aquello que la contraria dijo. Sí, era consciente de que necesitaban la piedra y que debían de hacerse con ella para evitar un mal superior, pero en esos momentos no podían simplemente dejarse llevar por los burlones comentarios que les había ofrecido un vejestorio desconocido como aquel. — Además... — hizo un ligero ademán a la chica quien prácticamente se encontraba a su lado, moviendo exclusivamente sus dedos índice y mayor de la mano que se posicionaba más sobre su propia ubicación. Tras llamarla solo apoyó lo que sería su palma en la rubia cabellera de su acompañante para ofrecer así una ligera y particular caricia, un contacto relativamente cariñoso que en realidad pocas veces, o nulas, acostumbraba a demostrarle. — Tomemos un descanso. Estamos en Ecuador, seguro que hay algo que podamos comer, alguna comida típica de aquí.

Su oferta no era simplemente por cortesía. Estar utilizando su Garganta por tanto tiempo, y estando ingiriendo comidas relativamente escasas en energía así como proteínas, estaba ocasionando un déficit situacional en su persona. Debía de recuperar aquellos valores, incluso el de su grasa buena, porque en caso contrario comenzaría a bajar de peso y no es como si esto fuese algo que se necesitase realmente. — Allí. — señaló una especie de resto-bar a una cuadra, aproximadamente, de su persona. No había estado allí jamás por lo que desconocía en realidad qué tal sería la gastronomía andina, pero curiosamente era alguien que disfrutaba de probar casi cualquier tipo de comida siempre y cuando esta tuviera carne, de cualquier tipo para ser más exactos y concisos, por lo que no le molestaría algún tipo de proteínico reforzado en la musculatura de un animal más débil.

¿Qué van a pedir, jóvenes? — seguramente el aspecto físico de ambos, cuyos cuerpos congelados en el tiempo, le resultaban relativamente jóvenes a la chica en cuestión que los atendía. En efecto parecía ser, al menos físicamente, algo más mayor a su persona con tal vez ¿unos treinta años? Entonces siendo humana carecía realmente del conocimiento al respecto de su condición, o sencillamente se trataba de una criatura sobrenatural carente de interés por el hecho de dirigirse de aquella manera tan irrespetuosa a alguien que era conocido, en el mundo en general, como el Portador del Caos. — Creo que pediré una Fritada. Tiene aspecto de ser bastante carne y necesito recuperar energías. — lo que aconteció no fue sino algo que sorprendió a su interlocutora, así como también ofreció un punto a favor del temor que podía infundir el demonio en ella. La sonrisa de superioridad, llena de confianza y poder, que esbozó en esos momentos también fue acompañada de la visibilidad de su perfecta y blanca dentadura, con colmillos lo suficientemente pronunciados como para incluso pasar como un chupasangre, como se los conoce vulgarmente.

¿Y... usted, señorita? — trató de dirigir la atención a quien lo acompañaba y fue en esos momentos que Levka, por su parte, perdió completamente el hilo de la conversación.

Un dueto de masculinos con traje entró en el resto-bar y se sentaron cercano a la puerta, mostrando un poco de elitismo en sus propios movimientos y acciones ocasionando, así, originar una serie de desprecio general en el aire. — ¿Tan rápido? — la sonrisa de los labios del demonio no se atrevía a abandonar la expresión del mismo, claramente porque aquella situación se estaba volviendo de lo más... ¿interesante? Tal vez para él era aquella la palabra adecuada, tal vez otras personas dijeran que algo molesta o incómoda, ¿pero qué culpa tenía? Las peleas, la sangre, el desastre y la destrucción eran algo que iban con él, algo que lo acompañaban allá donde iba. No por algo portaba el título con orgullo.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Miér Feb 13, 2019 6:16 pm

Realmente no se había dado cuenta del hambre que tenía hasta que el demonio se lo había mencionado, estaba tan enfrascada en la búsqueda que todo parecía dejar de existir, incluso sus necesidades básicas, algo que solía pasarle bastante, recordaba momentos en lo que había dejado de dormir y comía apenas con tal de repasar y ayudar a trazar los planes de batalla con Levka. En ese aspecto, el peliazul era el más sensato de ambos.

Asintió con la cabeza siguiéndolo hasta aquel restaurante señalado. El ambiente era muy casual, con platicas amenas y estómagos satisfechos. Se sentaron y la chica que atendía parecía bastante amable, o por lo menos a los ojos de Arlia. Era castaña, piel de un tono oliva bastante lindo y ropa cómoda para la temperatura que había en el lugar.

Ah, para mí un… — miró el menú eligiendo algo rápido- Encebollado, por favor —Le sonrió a la mujer que se retiraba algo nerviosa de aquella mesa. Pasó los dedos por el tallado del mueble de madera, formas de flores y algunos animales acuáticos.

Los hombres que entraron dejando un el ambiente incómodo y en silencio, parecía que ya llegaban causando problemas desde hace rato. Arlia preferiría ignorar mientras no se metieran que alguien indefenso o ella, pero el demonio del caos era distinto y se notaba en como exhalaba cierta emoción a cada paso que el dueto daba, incluso en esas risas eufóricas.

¿Ustedes aquí otra vez? —Un hombre robusto con pinta de ser el cocinero, se acercó a la mesa que las meseras no estaban dispuestas a atender —Pensé que había quedado claro que ustedes no son bienvenidos —El tono de voz de aquel hombre se mostraba molesto.

Vamos viejo, te estamos dando dinero. Nos puedes traer a una de esas muchachas tuyas, pero esta vez una más dócil, que la última me dio una cachetada que no me agradó —Mencionó el hombre de barba de algunos días mientras volteaba a ver a alguna de las meseras y le guiñaba el ojo, cosa que terminó por desagradar más.

El compañero sólo se reía de su amigo y pasaba la vista por el lugar, al toparse con los extranjeros alzó la ceja. Levka y Arlia no tenían necesariamente la pinta de un típico turista. Podría haberlos ignorado por no aportar nada a la situación, pero Levka parecía ser un imán de problemas con esa sonrisa perfectamente desafiante que sostenía.

Hey Marco, creo que ese ese visitante tiene ganas de acompañar su cena con una buena ronda ¿qué dices? —Marco, al parecer su compañero, volteó al lugar indicado, ignorando los reclamos del cocinero.

Claro —Se levantó seguido por su acompañante — Nunca está de más dar la bienvenida a metiches —Arrastró la mirada hacia la rubia, quien estaba bastante despreocupada doblando la servilleta, armando alguna especie de figura extraña de origami descuidado para perder el tiempo. Cuando sintió la mirada pesada sobre ella, alzó la vista frunciendo el ceño como si acabara de ver algo imposible.

¿Qué tal probable es ver al doppelganger de alguien más?, no le conocía, pero algo dentro de ella parecía hacerlo. Había visto ese rostro en algún lado, pero ¿en dónde?

Hay… algo que no está bien — Alarmó mirando de reojo al demonio. Su vista se fijaba en la mirada marrón detrás de las pestañas negras del hombre. Sacudió la cabeza todavía algo desconfiada de la situación.

El demonio la tiene muy bien vigilada —Comentó el compañero de Marco mientras rascaba su barbilla.

Ahí estaba, probablemente antes no se hubiera dado cuenta, pero ahora que prestaba tanta atención logró encontrar lo que buscaba.

Esto… —Murmuró para sí misma, estaba en un punto en el que no sabía si aquel demonio era parte de aquel juego que acababa de descubrir o era “su” demonio, el verdadero. Aquello parecía explicar algunas cosas. Pero la pregunta era ¿desde cuándo habían estado así? La supo responder fácil por uno de los buscaproblemas. Nunca habían salido del laboratorio del científico, recordaba esa frase en su conversación nocturna. Mordió su labio inferior volviendo a estudiar al demonio peliazul. —Espero y usted sea real y esto no sea en vano —Su susurro fue entrecortado, nada audible, como un soplido cálido saliendo de sus labios.

Preguntarle directamente no era una opción viable, fácilmente podía ser parte de aquella extraña ilusión que todavía no sabía si referirse como tal o nombrarla distinto. Y si estaba atrapada en ella, es porque alguien lo quiso así, alguien la puso dentro, y ya tenía una buena sospecha de quien había sido. No quería llamar la atención y que “quien sea” supiera que ella sabía sobre el engaño y que haría lo posible para salir de ahí. Por lo que, si Levka era parte del engaño no podía decirle nada a una marioneta, y si era real sería más fácil. Saber lo real y la mentira sería complicado. Mejor matar dos pájaros de un tiro.

Se levantó del asiento respirando profundo y orándole a Zeus que todo saliera como lo planeado. Caminó con una fría expresión hacia los dos hombres, plantándoseles enfrente.

Caballeros, espero que no les importe si soy yo la que defiende a esas chicas, a las que parecen molestar bastante. —Comenzó tararear para sí misma, enfureciendo a los hombres quienes no tardaron en tratar de dar el primero golpe que fue fácilmente esquivado y contratacado con uno en el estómago. Mientras uno se recuperaba el otro intentaba lastimarle. Era demasiado sencillo así no funcionaría. —Pensaba que serían un mayor reto —Provocó modulando su voz a algo más juguetón. El color de ojos de ambos cambió a un dorado, sus movimientos eran más fuertes, pero seguían siendo nada. —Me equivoqué bastante— Se limitaba a esquivar y esta vez no contratacar —Vamos… muéstrenme lo que saben hacer.

Los hombres pronto mostraron sus colmillos y garras. Licántropos, esto podría funcionar. Las almas que comandaba tardaban demasiado en aparecer. Al parecer es difícil replicar almas en una mentira. Los hombres se terminaron por transformar en bestias abominables. Era suficiente. Se dejó atrapar, rasgando su brazo entre los filosos colmillos que les pertenecía. Miró hacia Levka, si eso no lo hacía enfurecer como para usar una gran parte de su poder tendría que intentar otra cosa. Si era el verdadero Dios del Caos su poder concentrado seguro destruiría esa farsa, si no. Tendría que buscar otra manera de salir.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Lun Feb 18, 2019 10:02 am

Poco a poco la situación comenzaba a cambiar y las sospechas que había intentado olvidar desde algunos momentos atrás tan solo ocasionaron dudas en su persona. Las palabras del otro fueron prácticamente indiferentes, sin sentido o algún tipo de coherencia, ¿entonces era un fallo en aquella ilusión? No... él les había dado permiso de errar para que lo descubrieran, entonces ¿dónde estaban realmente? ¿Aún allí? — Viejo desgraciado. — la lengua, el chasquido intimidante, y una mirada que claramente acompañaba perfectamente a su situación, fueron las únicas reacciones del masculino al notar como la chica se ponía de pie para tomar participación de aquella atroz situación.

Suéltenla. — la tinte de sus ojos formó una especie de destellos y el turquesa de sus irises rápidamente se aclaró un poco más. La liberación de su poder se hacía presente a cada segundo que ocurría. Un aura negra, junto a un área de efecto lo suficientemente amplia como para alcanzar al menos las muñecas y tobillos de su objetivo, fue la responsable de aumentar considerablemente la gravedad del espacio afectado. Sus colmillos enfrentaban a los de aquellos, dejando escapar un suave gruñido con el objetivo de marcar su territorio frente a los caninos... algo que en realidad no fue efectivo, suponiendo como consecuencia que su origen animal era el de un felino, el de una salvaje pantera que jamás conoció la civilización.

Al parecer la chica también se había dado cuenta, o al menos podía confirmar que en realidad se trataba de ella y no una falsa imagen de su persona en relación a la menor. ¿O tal vez había imaginado algo así en verdad? ¿Entonces aquello era parte de su propia creación? No... — Es hora, Levka. Desenfunda. — no era la voz de su cabeza en esta ocasión la que hablaba, sino la del alma que habitaba en la propia espada. Aquella sed de sangre se ocultaba bajo la funda, se acumulaba con fuerza y esperaba tan solo, impaciente, a que su portador le hiciera caso. Jamás pedía nada, salvo disfrutar de un buen aperitivo cada cierto tiempo, y sin embargo ahora se encontraba completamente errática ante aquella situación.

Pronto acabará este mal sueño. — no fue sino un grácil movimiento de su persona el que le acercó hasta poder tomar la cintura de la chica y cargarla sobre su propio hombro. Claro que el hecho de que fuese sujetada habría sido un impedimento si no fuera porque sus manos habían adquirido, lo que parecían ser, unas pequeñas garras que fueron utilizadas para cortar desde la altura de las muñecas, las manos de sus peludos enemigos.


Maldición.

Una especie de nube de polvo comenzó a distorsionar completamente la visión del demonio mientras el ambiente elevaba la corriente de aire de manera agresiva. Tomando como ojo de aquella especie de tornado al propio cuerpo del peliazul, este no tardó en dirigirse directamente al grupo de individuos que habían tomado como rehén a la rubia bajo su cuidado. — No habrá piedad. — sus ojos lentamente adquirieron una especie de decorado verde tanto en la zona superior como inferior. Este no terminaba en realidad, sino que se deslizaba por los laterales de su rostro hasta unirse a la zona superior de su oreja donde recorría todo el cartílago superior y la estiraba como si se tratase de las de aquellos místicos elfos que alguna vez se creyeron existentes.

Crack.


La explosión ocasionó que el mundo en el que se encontraban simplemente fuese distorsionado, regresando a lo que parecía ser la verdadera ubicación de sus cuerpos originales: una habitación completamente blanca, con camas relativamente cómodas. Sus ojos, abiertos de par en par, buscaron alrededor hasta percatarse de la ubicación de la segunda cama completamente vacía. Sus suposiciones rápidamente aparecieron pero estas no ocasionaron ningún altercado en su organismo en esta ocasión.

Con su cuerpo nuevamente en la realidad, y la condición de este tan solo oculta bajo el poder controlado que poseía, el demonio abandonó la habitación con un único objetivo: encontrar a la rubia que se suponía debía de estar en alguna habitación de allí.

¡¿Dónde estás, RUBIA?! — el grito de su voz podría desgarrar la garganta a cualquiera, pero su acostumbrado malhumor le hacía gritar lo suficiente como para no verse en realidad tan afectado. Su nombre, el del profesor e incluso el de los niños eran los únicos que rompían el completo silencio de la residencia. Las puertas daban a habitaciones vacías, al menos todas ellas, salvo la última que fue la que al final terminó por abrir. No sabía qué iba a encontrar allí dentro, pero mientras estuviese lo que deseaba, era lo único que le importaba: salir no iba a ser problema, después de todo, ya que solo necesitaría desenfundar su arma para destruir todo el vecindario si así lo quería.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Mar Feb 19, 2019 2:37 am

Abrió los ojos lentamente, sintiéndose desorientada. Apretó los parpado refregándose los ojos. Su cuerpo reposaba sobre una camada de sábanas blancas, perfectamentente combinada con el frío ambiente de la extraña habitación. Todo pareció volver a su mente una vez que estuvo más despierta, rápidamente levantando el torso del colchón, quedando ligeramente mareada por el repentino movimiento. Buscó casi con desespero al demonio peliazul, pero en cambio se encontró con dos pares de ojos dorados a un costado de la cama, eran los gemelos del doctor. Al parecer había vuelto a la realidad.

-¿Has dormido bien? –Preguntó una voz masculina por detrás de una tablilla donde parecía estar anotando algunas cosas mientras revisaba las lecturas de las máquinas a su lado- Sólo has dormido por unas horas, no te preocupes por el tiempo perdido, apuesto a que sientes que son más, es normal, es parte del sueño de que dentro hubiera pasado mucho más tiempo. Honestamente esperaba que duraran una hora o más, pero que se puede hacer. Es una lástima –suspiró levantándose del asiento y dejando la tablilla sobre la mesa de metal. – Y no te preocupes Levka está en la casa, sólo que en otra habitación y vendrá en cualquier momento, seguro dispuesto a matarme a como dé lugar. Lo que hace uno por la ciencia ¿no lo crees? –Miró su reloj de muñeca- Quería hablar contigo sobre algo, y con él despertando furioso sería imposible, tú luces más… razonable. Por eso mismo tuve que moverte de habitación.

» Bueno, a lo que iba. Les daré lo que buscan: La piedra Filosofal. La he estudiado durante mucho tiempo, pues su poder es incluso un misterio. Tiempo atrás conocí un alquimista en la India, quien fue muy generoso en cooperar con la investigación, estuvimos años y años juntos descifrándola. Al final terminó dándomela para que yo fuera el nuevo protector de ella, él ya estaba cansado de su inmortalidad. Supongo que ahora es turno de ustedes. –Sacó la mano del bolsillo de la bata y estiró el brazo hacia la rubia- Yo seguiré vivo así que no te preocupes por mí, niña. –Arlia tomó la piedra, observando su color vino y destellos que parecían dorados entre sus dedos- ¡Oh!, una disculpa por meterme en tu subconciente, aunque descubrí muchas cosas interesantes y que yo nunca me hubiera imaginado de Levka. Realmente debo decir que me sorprendió tu relación con él, ¿y aun así me preguntaste a mí sobre él? Ustedes son totalmente distintos, en muchos sentidos, pero logran complementarse muy bien. En fin. Madisson, Mathew; es hora de irnos. –Con un gesto de mano se despidió de Arlia, quien apenas podía hablar ante la información que se le había proporcionado de forma rápida, tal y como la partida del dueño que desapareció entre una puerta escondida en las paredes de la habitación.

Apretó la piedra ente su puño. Un grito bastante escandaloso la sacó de sus pensamientos, aquella voz no era de nadie más que de Levka, quien parecía estar buscándole. Se levantó y aproximó a la puerta de reflectasol, encontrándose con la mirada azul del demonio. En cuanto se topó con la altura que conocía, se sintió aliviada y con unas inexplicables ganas de abrazarle, sentimiento que por supuesto reprimió.

-¿Está usted bien? –Preguntó con calma -, el doctor ya se retiró del lugar pues sabía que probablemente querría matarle. Pero dejó esto –Extendió la mano frente a él, revelando la piedra-. Supongo… que es cierto cuando dicen que las cosas se esconden mejor bajo tus narices.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Dom Mar 03, 2019 6:23 am

¿Estás herida, mocosa? — la brusquedad de las palabras del demonio solo fueron acompañadas con acciones de igual índole. Su mano derecha se encargó de sujetar el mentón femenino para obligarla a alzar el rostro con el objetivo de recorrer, de manera algo ligera, la expresión facial contraria y las zonas linderas de su cara a fin de encontrar algún tipo de herida que, y para su suerte, eran inexistentes.

Ese viejo... — la transformación que había sufrido en el sueño aún se conservaba en la realidad, algo de lo que se pudo percatar al momento de escuchar su propia voz algo más tosca y ronca, siendo arrastrada por las cuerdas vocales del animal que en cierto sentido lo representaba a medias. Cerrando sus ojos durante una milésima de segundo, y antes de percatarse de lo que la menor volvía a enunciar, poco a poco como si deshaciendo un hechizo se tratase, el cuerpo del demonio comenzaba a recuperar su forma más humana dejando atrás aquellos rasgos animales que lo envolvían cuando regresaba a su forma real.

Entonces jamás fuimos a ningún otro lado, ¿eh...? — en su cabeza ahora solo transitaban las palabras que había dicho anteriormente, frente al ilusorio viejo que deseaba secretos. ¿Aquello había sido el objetivo del profesor? En ese caso ahora tenía algo en su contra para utilizar contra él, algo que a decir verdad nadie era consciente... algo ante lo cual jamás había sido capaz de revelar: poseer algún tipo de sentimiento de acercamiento para con alguien, para con aquella chica. Tsk. Un chasquido de su lengua se hizo presente al momento de recordar los fallos que había tenido y una pequeña maldición interna fue capaz de llevarse a cabo para despertar un poco de molestia en el interior de su organismo. — ¿Y tú no te diste cuenta, Pantera?

Considerando mi ausencia en combate, he de decir que tengo atrofiados algunos sentidos... no me percaté de que se trataba de algún tipo de ilusión externa. — aquellas palabras solo hacían enfurecer más al demonio, ¿acaso había perdido el toque? ¿O es que realmente necesitaba descansar más para poder recuperar todo ese tiempo perdido? — Fueron muchos años, ya se solucionará. — aunque el pronunciar sus palabras demostraba un poco de madurez, realmente no pensaba eso y el alma de la espada era consciente del error que había cometido. Su amo estaba furioso, estaba a punto de estallar y por esa razón era que el aura dominante del demonio aún no había abandonado completamente su zona sino que, y por el contrario, se mantenía completamente firme en cada segundo que transcurría.

Así que el maldito tenía la piedra. — de regreso al presente, viendo el pequeño objeto en su mano, el masculino no tuvo más opción que llevar su mano anterior hasta la de la chica con el objetivo de sujetar entre sus dedos índice y pulgar el pequeño artefacto. Podía notar un gran poder emanar desde su interior, algo que iba más allá de la inmortalidad o de algún tipo de magia antigua... ¿magia ancestral, tal vez? Eso requería demasiada canalización y un cuerpo lo suficientemente fuerte como para aguantar su conjuro.

No iba a dar opción a que cayera en manos de alguien, mucho menos a que tomaran como rehén a la rubia para poder arrebatársela u obligar al masculino a entregarla. — Yo la guardaré. — dicho eso su mano fue llevada hasta la altura de su rostro donde el anillo en particular que ostentaba finalmente emitió una especie de luz. No fue Garganta como tal, pero sí una dimensión similar la que se hizo presente y en la cual la piedra finalmente fue ‘consumida’. — No obtendrás todo el poder, pero ahora serás capaz de aumentar incluso un poco más tu magia. Extraer algo de la piedra evitará lo que pasó... en estas últimas horas.

Su mano al final se apoyó en la cabellera de la chica, en la zona posterior de su cabeza para ser más exactos. Con algo de tosquedad la acercó buscando, de una manera poco ‘normal’ para él, acobijarla contra su cuerpo. — Pasaremos aquí la noche, rubia. Es una zona segura a pesar de que ese maldito viejo nos haya puesto a dormir.

Y partiremos mañana. ¿No te dijo nada aparte de entregarte la piedra? — transcurriendo varios minutos, y habiéndose dado cuenta que aún conservaba aquella posición, el demonio finalmente fue aminorando la presión realizada sobre ella para consigo. — Debemos encontrar a alguien con la habilidad suficiente, o el conocimiento necesario, para poder extraer su poder. — el tener a la chica frente por frente ahora calmaba un poco sus ansias de sangre y eso se reflejaba en la pérdida de aquella zona de presión que su propia aura había canalizado. Finalmente su estado primitivo había desaparecido y tan solo era un mero recuerdo de lo sucedido horas atrás.


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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

Mensaje por Arlia el Jue Mar 14, 2019 1:46 am

El peso de la mano del demonio era gentil, estremecedor, pero no le dejaba el corazón hecho un desastre como aquel acercamiento. Tragó saliva entreabriendo los labios, respirando el aroma ajeno, dejando que se impregnara en sus labios. Cerró los ojos inconscientemente, disfrutando de la mejilla apenas tocando el pecho con anhelo. Los dedos índice y pulgar se aferraban a la tela. Mordió su labio inferior asintiendo con la cabeza y abriendo lentamente los ojos antes de que el contacto se rompiera. Mataba sus pensamientos con imprecisos razonamientos, donde la sensibilidad desataba su cabeza.



Sólo me comentó superficialmente el como consiguió la piedra de un alquimista y que quería que nosotros la conservamos. –Acomodó un mechón rubio tras la oreja, tratando de calmar el palpeteo de su pecho que se escuchaba en sus oídos. Pap-Pap Pap-Pap –Yo... Si usted está de acuerdo yo podría intentarlo. Usaría parte del poder que usted me otorgó. Creo que podría intentarlo, en caso de que no se pueda podemos buscar a alguien más experimentado.



Tal vez no era la persona más adecuada, pero confiaba en sus habilidades y los aprendizajes a través del tiempo y sus viajes. Parte de ella estaba atemorizaba, porque algo así normalmente necesitaba mucha energía, y eso para una piedra mágica cualquiera. Pero ahora hablaban de la piedra filosofal, aquella con la que muchos soñaban, con la que surgían un sin fin de dudas. ¿Qué tal si su energía era estúpidamente infinita como presumían algunas leyendas?



Tardaría un poco en hacer los preparativos necesarios, pero tenga por seguro que se partirá mañana de acuerdo al plan. No dudo que por este lugar haya algo de material de investigación, probablemente pueda ayudarnos un poco; así que recorreré un poco mientras busco lo necesario. Con su permiso. –Dio unos pasos hacia atrás con la cabeza gacha antes de darle la espalda y girar en uno de los pasillos, dejando a Lobo junto con Levka.



Entró en varias habitaciones, encontrándose a veces con sosas desagradables que desearía sacar de sus recuerdos; algunos libros y demás cosas que no le ayudaron de mucho. Suspiró siendo consiente de que estaba retrasando las cosas ¿Por qué se había ofrecido?, la lógica se meneaba en un sube y baja de confianza. Una puerta llamó su atención con aquellos adornos de madera tallados con símbolos triangulares esparcidos sin ningún orden. Giró la perilla pero esta no cedió, tenía llave. Miró a los lados y arrugó la nariz como solía hacer. Volvió la mirada al metal y posó la mano, recitando algunas palabras que hizo que energía se liberara de sus dedos y engullera la puerta entre el líquido gris platinado. TIC. La puerta cedió y se abrió rechinando.



El paisaje era completamente distinto al interior, había pasto y montón de plantas. Era una especie de invernadero, cubierto con un techo de cristal en forma de diamante, dejando que la luz reflejada se quebrara en colores. Montones de plantas relucían entre macetas colgadas y otras plantadas cuidadosamente en el suelo a los lados del camino de piedras algo cubiertas de musgo. Algunas enredaderas subían por el cristal, con brotes de flores magenta. Incluso se escuchaba un pequeño arrollo artificial que corría entre las plantas y hojas.



Dalias amarillas, brazos blancos, pensamientos multicolores, margaritas azules. Se rió para sí misma, no eran las únicas flores y eran las que captaban su atención.



Estar en ambientes así le calmaban, como si las raíces arrancaran sin sutileza lo que no le agradaba. Le recordaban muchas cosas, al abrazo de su madre, los regaños de su hermano, incluso... Suspiró. Era demasiado tonta ¿no era así?



Dio media vuelta. Estaba lista.



Se encaminó por donde había venido en busca de Levka, tentó las paredes con las yemas mientras caminaba con pasos resonantes en el eco. Observó no muy lejos la ancha espalda y apretó los labios apresurando el paso hasta quedar a poca distancia a su espalda.



Ya podemos empezar



Buscó un sitió adecuado y movió algunos muebles para hacer espacio y dibujar con una piedra polvosa en el suelo un circulo dentro de un cuadrado, escribió en los bordes algunas palabras en idiomas extraños mientras los repetía en voz baja.



Una vez que empiece no podré parar hasta que haya terminado por lo que agregué un campo de protección bastante fuerte. La energía de la piedra se estará liberando, hay que estar preparados por cualquier sorpresa. –Estiró la mano en espera de la piedra. Una vez la tuvo se paró sobre el pantagrama y le asintió con la cabeza al demonio en símbolo de que todo estaría bien, por lo menos eso esperaba.



Comenzó la extracción, y una barrera translucida nacía del suelo hasta cubrirla, incluso raíces verdes crecían a su al rededor con espinas. Mientras las palabras fluían la piedra temblaba entre sus manos, helando e hirviendo en ocasiones. De entre sus dedos la energía se cristalizaba mientras que todo parecía palpitar, cambiando constantemente y sus pies sentían que incluso la gravedad lo hacía.



Los rubios cabellos fluían como el agua, con las raíces con destellos holográficos al igual que los de su piel, transformándose en venas que recorrían su rostro, hundiéndose en los labios y parpados.



El pecho le oprimía, dentro de ese capullo era como estar en un vientre materno, apenas y escuchabas los ruidos de fuera, como si el líquido cubriera tus oídos. Las lágrimas rojas manchaban su piel, al igual que la sangre que salía de su naríz. Sangre que quemaba y se rompía en hilos.



Un ruido ahogado la hizo abrir los ojos y mirar hacia arriba, el techo por donde empezaban a ingresar diversas criaturas. Sus ojos no eran más que dos esferas de luz que no distinguía iris. Sin desconcentrarse siguió con la extracción. La piel se agrietaba dejando que el rojo hiciese lo mismo que antes.



La piedra le dejaba con los sentidos a flor de piel, igual que los sentimientos que anudaban su garganta. Todo era perfectamente calmado y desastroso a la vez. Un caos que podría volver loco a cualquiera.



Las raíces crecían, enmarañándose en la cúpula apenas dejando algunos sitios a la luz, por donde -si abría los ojos- podía presenciar una lucha constante. Las palabras se repetían, un rosario que parecía no acabar ¿cuánta más energía quedaba? Esto no terminaba nunca. La desesperación se apoderaba fácilmente, apretando los dientes tratando de no dejarse llevar. Imposible, aquellas lágrimas escurrían por su barbilla manchando el vestido.



"Para de llorar, Arlia" se repetía una y otra vez abriendo la boca para lanzar un grito silencioso. Estúpida pierda, derramaba todo a su camino, incluso su interior. Desbordaba los sentimientos que siempre había tenido, escondidos. No supo cuanto tiempo había pasado, pero era un autentico infierno. Pero entonces, respiró, todo calló, incluso sus sollozos, sus ojos se abrieron súbitamente quedando como una completa estatua. Luego explotó, no ella, pero sí todo a su alrededor. Las raíces, el suelo, las paredes y el techo. Sus piernas temblaron un microsegundo antes de dar el primer paso entre los escombros. Aflojando los brazos y dejando caer la piedra, descolorida y convirtiendose en ceniza pura al toque con el suelo.



No lo permitiré –Susurró mirando a sus enemigos –¡No permitiré que le hagan daño! –Era obvio que no era ella misma, que posiblemente la locura del poder de la piedra le habían consumido. Apretaba los dientes con un enojo que se sentía a metros de ella. En cada movimiento se presenciaba aquel destello holográfico seguirle como sombra. No es que creyera que podían lastimar a alguien del rango del demonio, pero era tanto su deber, su deseo y miedo de proteger a la persona más importante para ella; que eso era el sentimiento principal que la mantenía con la mano estirada hacia los intrusos, invocando bestias sacadas de las pesadillas de una mente retorcida. Bestias que terminaban por arrancar cabezas y destrozar cuerpos y alas. No sabía si alguno de ellos era un simple subordinado o alguien importante. Ni siquiera pensaba en saberlo, no había razonamiento. Todo estaba lleno de imprudencia.



¿Quién era ella?



Todo quedó en silencio. Volteó mirando al peli azul, y lo que antes era enojo y deseo de perdición, ahora todo era distinto. Era otro sentimiento que irradiaba. Se acercó sin mucho temor, acariciando la mejilla contraria, dejando un rastro rojo en la piel masculina, sonriendo con dulzura y una mirada perdida. Abrió la boca para decir algo, pero lo único que salió fue un grito desgarrador. El dolor la consumía, obligándola a hincarse presionando la mano contra se pecho. Dolía. Dolía mucho.



De nuevo calma. Los músculos de relajaron la luz que irradiaba desapareció y la gravedad afectaba el cabello como tenía que hacerlo. Temblaba sintiendo los labios secos, sin entender lo que acababa de suceder. Estaba viva casi de puro milagro pero había presenciado una escena que ella misma protagonizó, pero de espectadora.



Todo fue una parte de sí misma que no relucía nunca, que prefería ignorar. Y ahora era quien había dejado en estragos todo. Sentía como dentro de ella algo dormía, era ese enorme poder.



–Lo siento


Arlia
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Re: Where we use to be [Priv. Levka]

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