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¡Y hoy inauguramos este hermoso espacio para los beios cumpleaños del mes! ¡Perdonen nuestra tardanza en volver! Pero aquí estamos para poder celebrar junto a nuestra Hanita, también conocida como Trinity su cumpleaños (un pelín atrasadito, perdón uwu). ¡Y es que esto es un momento especial! Porque ella es un usuario que siempre ha estado con nosotros desde hace muchos añitos, apoyándonos y ayudándonos un montón. ¡Siempre está allí para todos! Es que es un amor de persona y una excelente moderadora de eventos. Personalmente, les queremos desear un maravilloso cumpleaños a nuestra hermosa Trini Porque la amamos mucho en el staff. ¡Y no se queda corta! Que también es muy querida por los usuarios mismos, por supuesto que si. Así que muy feliz cumpleaños.
¡Y te tenemos un regalito!



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Tema Privado De suicidios y fe.

Mensaje por Invitado el Dom Mayo 27, 2018 11:59 am

Su mañana inició con el silencio de siempre. Al abrir los ojos lo primero que vislumbro en los nacientes minutos de ese día fueron los tablones de madera que, indiferentes, no alcanzaban a mostrar ni un mínimo índice de desprolijidad en su estructura, la forma tan integra de mantenerse les privaba de vida, historia, de todas formas se sentó en la cama viendo las blancas sabanas, el roble de su cama, las tenues venas azules sobresaliendo con timidez de su blanca piel de fantasma. La persiana de su habitación, ubicada en un tercer piso, se mantenía cerrada pero el sol se las arreglaba para poder alcanzarlo con sus cegadores rayos dadores de vitalidad, existencia, sufrimiento nacido desde un lejano infierno intergaláctico. Su violácea mirada, aún somnolienta, se perdió unos segundos en la melancolía antes de recordarse que debía prepararse para ir a desayunar con las Hermanas, con su madre postiza, la jornada ya había dado su inevitable inicio.

Pero algo muy parecido a la soledad envolvía su corazón, su alma, su preciosa inocencia, quizás y solo quizás eran todas esas emociones que sepultaba bajo la palabra de una promesa que ya no recordaba. Se consumía, lo sentía, pero lo ignoraba, prestar atención en ello significaría desequilibrar su castillo de cristal asentado en las nubes, tan lejos del infierno pero nunca cerca de Dios, su cuerpo no era digno para los reinados benditos pero continuaba llevando una vida ligada a la esperanza otorgada entre paredes y ventanales. Bañarse, cambiarse, ayudar a preparar la primer comida del día, los preparativos de la misa, charlas amenas con el resto del personal que a partir de ahora debería comenzar a ver como una nueva familia, la realidad se desenvolvía con naturalidad allí dentro donde inundaba el aroma del incienso. El cielo, precioso e inalcanzable, ayudo todo lo que pudo para que su despampanante presencia atrajera a cuanto creyente deseara arrodillarse ante las palabras del Señor, cuando llego su momento se dedicó a cantar de la única y maravillosa manera que sabía hacerlo; buscando que su voz logrará alcanzar, al menos, las puntas de los dedos de algún ángel.

Y cuando todas sus tareas se dieron por finalizadas se le permitió recorrer la ciudad bajo la condición de tener en todo momento su celular prendido y con el volumen pertinente para que pudiera escuchar llamadas o mensajes. Poco o nada entendía de ese aparato que ni siquiera era de los más modernos del mercado, cosa que agradecía puesto que la idea de un robot analizando su cornea lograba generarle un escalofrío que serpenteaba por toda su columna vertebral. Se montó sobre vieja bicicleta celeste, dejo su bolso dentro de la canasta de mimbre de la misma antes de comenzar a pedalear por la ciudad permitiendo que el viento acariciara su rostro inundándole de todos los aromas que la comunidad de Éadrom estaba dispuesta a entregarle, cuando alzo los orbes en dirección al infinito color que se expandía sobre los habitantes noto que, agradablemente, enormes algodones se movían con lentitud gracias a los empujones del viento. Su preciado campo fue remplazado por edificios donde podía divisar los finales pero no es como si no encontrará belleza en ellos también, todo pudiera ser maravilloso si se deseaba verlo así. La esperanza, la dulzura, el amor, sentimientos y sensaciones difíciles de conseguir pero fáciles de perder.

Como la vida que se balanceaba sobre un barranco en la playa, no era una metáfora, en estos momentos y ante su presencia esa situación estaba siendo una terrible realidad. Una lejana silueta, poco menos que una desdichada sombra, se reflejaba ante sus amables espejos incapaces de emitir juicios a inocentes, incluso si estos atentaban contra su propia vida cometiendo uno de los pecados más imperdonables para el ser que le enseñaron a amar ciegamente desde que tenía uso de conciencia. Se escuchó el pequeño escándalo del manubrio azotándose contra el suelo mientras, en completa soledad, corría hacía el peligro sin plantearse en ningún momento la sola posibilidad de un movimiento erróneo empujaría a ambas personas hacía un fatídico final. Sus zapatillas azotaban el piso, sus pulmones se contrarían y expandían a ritmo frenético mientras sus puños cerrados iban de arriba abajo, estaba corriendo de una manera que le hubiera gustado haberlo hecho en el pasado…

Cuando me veo reflejado en tus ojos sé que todo estará bien.

No es que no alcanzó a gritar, no se sentía capaz de hacerlo, ni en circunstancias como estás podía desprenderse de esa carencia humana que tanto le pesaba en su conciencia, la ausencia de lágrimas o expresiones inundadas en terror en este momento solo dejaba en evidencia que no era más que un monstruo sin sentimientos viviendo una farsa, así lo sentía, así se veía cada vez que el espejo le devolvía su imagen distorsionada de una persona incapaz de hacerle frente a su mala fe. Pero por encima de todo eso se abalanzo sobre esa persona y la envolvió en un abrazo en el que utilizó todo su cuerpo para aferrarla a la tierra firme, a la vida, pero la velocidad anteriormente utilizada fue demasiada para la mínima distancia que quedaba para caer sobre el barranco, podía sentir como se le resbalaba de las manos como si no se tratará de más que agua escurriéndosele de los dedos o sangre escapándose de las venas, pero no podía permitir que esto no fuera más que una mancha marrón en su corazón, no otra más.

Y cometió un pecado terrible. Al unir los parpados con fuerza las imágenes de celestiales seres alados salvando de las adversidades a mujeres, hombres y niños se presentaron en su mente como si fueran golpes que buscaban sacarle de una eternidad de sueños cuya oscuridad le arrebataba el aire. No pudo ni dudarlo al ni siquiera racionarlo, fue un impulso nacido desde la asfixiante desesperación que apenas le permitía respirar, se escuchó como una tela era desgarrada, se trataba de su holgada camisa blanca que no resistió a la presión ejercida en la zona de los omoplatos donde unos puntiagudos bultos hicieron de las suyas hasta, finalmente, liberarse dejando descubrir el nacimiento de unas preciosas alas blancas cuyas plumas al reflejarse en el sol podrían causar una ligera ceguera ante la pureza de semejante blanco, ahueco sus nuevas extremidades para que el viento, que les daba en contra, ayudará a empujar ambos cuerpos lejos del final, pero no conforme con eso aleteo como si se regodeará de su injuria. No era un ángel, no debía compararse a ellos por nada del mundo.- Todo estará bien, te lo prometo.-Soltó mientras hundía los dedos en el cuerpo contrarío, se escuchaba tan serena, tan por encima de este rescate improvisado.- Y lo siento, lo siento mucho, pero no puedo dejarte caer.



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Tema Privado Re: De suicidios y fe.

Mensaje por Eila el Dom Mayo 27, 2018 10:40 pm

Oscuro
Vacío

Profundo


Caía, se hundía en un profundo mar de miseria y melancolía, todo negro y desesperanzador. Sobre su desoladora mirada observaba sus manos, hundiéndose una vez más en aquella fatídica umbra, hace tiempo se había acostumbrado a sólo caer, ya no luchaba por salir a la superficie, no tenía razones para hacerlo, simplemente se envolvía en aquel deprimente sentimiento, de saber que seguiría cayendo, alejándose cada vez más de la luz, adentrándose en la penumbra y volviéndose una con la desdicha. Había perdido la cuenta de las ocasiones en las que se había visto atrapada en aquella prisión, sabía que tarde o temprano saldría, así como sabía que al final volvería, como un prisionero que no ha cumplido su condena, su destino era estar ahí para siempre, por lo menos de eso se había convencido… Y no era tan malo, quería estar ahí, sin ninguna razón en particular, lo necesitaba, no importaba si alguna vez pensaba en probar algo distinto, era el castigo que debía cumplir y siempre, aquellas fauces terminaban por devorarla. Así hasta el fin de sus días.

No recordaba que la llevó a ese cruel ciclo, como un castaño que está acostumbrado a estar de pie bajo el sol, Eila se había acostumbrado ser arrastrada a ese infierno cada día, a veces era motivo de espectáculos, personas de otros lugares se acercaban a ver si las leyendas eran ciertas. ¿Con qué motivo? El simple morbo de saber si realmente se trataba de una persona muerta, de ver con sus propios ojos a la víctima de un suicidio, para luego irse a casa con las manos vacías ¿Existía satisfacción de ver algo así? Eila no los culpaba, a ella le daba igual, si quiera era consciente de ello, para ella una hora, era un segundo; un día, un minuto y un año, una hora. Su no vida había pasado tan rápido, aunque ¿Qué significa que algo pase rápido cuando estás muerta? Ella podría seguir así hasta que el mundo llegase a su fin o hasta que una persona impertinente tuviese la valentía de cambiar su rutina.

El mar se azotaba contra las rocas debajo de sus pies, el sol se encontraba en su apogeo, incinerando la piel de los infortunados que caminaban bajo su abrazador dominio, las nubes invadían el cielo, en un peregrinaje que parecía no terminar, pero nada de eso importaba, sólo es una pequeña pérdida de tiempo sacar a relucir detalles cuando lo de ahora sólo era una rutina más. El océano se reflejaban en los vacíos ojos de la castaña, apoderándose de su pupila, no habían palabras ni lamentos, lentamente uno de sus pies dio un paso hacia delante, balanceándose en un vals, pequeñas rocas caían, demostrándole una vez más el ejemplo que debía seguir, el final que otra vez le esperaba y la razón por la que llevaba tantos años mirando aquel cristalino azul. Y cayó.

La bondad y el amor me seguirán
Todos los días de mi vida;
Y en la casa del Señor
Habitaré para siempre.
Salmos 23:6

Se detuvo, algo había roto su ciclo y Eila despertó, observaba el mar bajo sus pies, observaba sus pies flotando, debatiendo en si debían caer o no, sus manos con uñas descuidadas colgaban en unos hombros que ya no eran capaces de soportar ni el peso de su no vida, no entendía que ocurría, no comprendía que estaba haciendo, no recordaba en donde estaba, no sabía si ya estaba muerta o no, pero más importante ¿Por qué estaba ahí? Su mente era un completo campo de niebla, y mientras más trataba de recordar o encontrar una respuesta, más se perdía en aquella densidad que le cubría hasta los párpados. “Lo siento” fue lo único que pudo procesar, una voz a su espalda que la arrastraba hacia un lugar al que aún no debía regresar, no había cumplido su castigo. Y entonces, fue primero de Enero.

Se encontraba sobre sus rodillas, mirando las rocas que cientos de veces se clavaron en sus desnudos pies, sus palmas se encontraban apoyadas, no recordaba cómo usar sus brazos, el ritmo de su respiración era agotador y tosco, hasta que finalmente pudo expresar alguna palabra. *¿Por qué?* Salió de sus labios, era una voz delicada, cansada y espectral, lentamente y con movimientos que parecían no ser humanos, o por lo menos de alguien que no llevaba utilizando sus articulaciones en años, se dio la vuelta, para mirar fijamente a aquella persona, aquellos inocentes orbes violetas se reflejaron en sus opacos luceros castaños, era una mirada que no expresaba nada, de alguien que no sentía nada. Mantuvo su rostro a centímetros del otro, por unos cuantos segundos, los cuales parecieron horas por la tensión del ambiente, antes de finalmente separarse y quedarse sentada, abrazando sus rodillas, sin quitar la mirada de aquel ¿Ángel? Que se le había aparecido. Suavemente sus sonrosados labios se abrieron nuevamente, dejando escapar un poco más de vida *¿Quién soy?... ¿Quién eres?* Preguntó esta vez con un tono de clara confusión, por su mirada no parecían delirios, mucho menos un intento de escapar de lo que podría ser un sermón de porque no debía saltar, su pregunta era real, lo demostraba el hecho de que antes de preguntar por la identidad contraria, preguntaba por la propia. Finalmente, sus ojos soltaron unas cuantas lágrimas, pero su rostro no mostraba dolor, no mostraba melancolía, no mostraba nada.
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Tema Privado Re: De suicidios y fe.

Mensaje por Invitado el Jue Mayo 31, 2018 10:02 am

Y se aferró, lo hizo con una fuerza que le hubiera maravillado tener antes, con una decisión que jamás gobernó su vida, con un ímpetu que la mantenía firme a la tempestad que casi presenciaba pero ahora vivía. Sabía que el cielo estaba enfadado, lograba reconocerlo en la forma en las que las nubes se empecinaban en negarles la luz a los desagradecidos corderos que, desde la lejanía, no eran más que unos indefensos animales recubiertos de lana ensombrecida, corrompida e insana, marcada y desdichada. No llegaban a cumplir las exigencias de nadie pero seguían allí, pastando impunemente. Pero es que no le importaba, le daba igual si el viento intentaba cortar su piel con los filosos silbidos que traían consigo tierra y vegetaciones muertas, deseaba ensuciarlas, las estaba escupiendo. Desde la distancia escuchaba como el mar reclamaba con furia su sacrificio, quería arrastrar ese cuerpo hasta aquellas profundidades desconocidas por el hombre.

Necesito de una fuerte bocanada de aire para darse cuenta que estaba existiendo, quizás más que nunca desde su uso de conciencia, sus vidriosa mirada violácea reflejo centímetro de la muchacha que sostenía entre sus brazos, podía sentir su aroma a mar y tierra mojada, esencias que dejaban patente el abandono de alguien que estaba dispuesto a despegarse de la responsabilidad más pesada e, para muchos, irrelevante o misteriosa; la vida. Quería llorar, podía sentirlo en el embrollo en su garganta o la forma en que se debilitaban sus parpados al querer unirse para permitir que la pequeña humedad fuera libre hasta encontrar su final en la piel de su cuello, pero no podía, esas expresiones siempre quedaban en tentativas que ponían en juego su valía como persona, pero no debía pensar en eso, no ahora, ella no era quien importaba aquí.

Se sintió devorada por esa mirada que, lejos de reflejar arrepentimiento o fastidio, se notaba libre de cualquier expectativa hacía lo que sea y quien sea. Eran dos manchones marrones sobre un pañuelo percutido abandonado en un sitio donde no iba a encontrarlo nadie, ni siquiera todo aquello que pudiera buscar hacerle daño, no servía ni para ser lastimado, no se encontraría satisfacción en separar bruscamente esos hilos que, probablemente, no presentarían resistencia. Él pequeño falso ángel temblaba mientras sus dedos pasaron, ahora, a hundirse sobre la sucia roca que las sostenía, sus impuras alas comenzaron a contraerse hasta terminar por perderse por completo, dejando como evidencia dos roturas en sus omoplatos, gobernó en silencio que solo la quebradiza voz de la desconocida se animó a romper.

Y no, por supuesto que no lo sabía. No tenía la menor idea de quien era ella, de su vida, de sus amigos, de su familia, de sus mascotas ¿Las tendría? En estos momentos no se podían figurar pensamientos claros en su mente, se había convertido en una difusa grabación cuyas imágenes se difuminaban al consumirse por el fuego de una falla en la película ¿Qué iba a decirle? Se sentía vulnerable, rota, indebida y con tanto miedo, estaba aterrada de presenciar nuevamente tan de cerca la muerte, pudo evitarla, sí, pero el aire se impregno con esa silente esencia del final de todo. No podía hablar, no podía atinar a hacer realmente nada por unos minutos en lo que las incógnitas hacían sufrir a las dos. Si, entendía esa idea, ese deseo, ese anhelo de querer morder la manzana y solo dormir.

-No lo sé.-Hablo con dificultad solo después de acumular la valentía suficiente para volver a envolver a la otra entre sus delgados brazos, continuaba sufriendo de pequeños temblores pero eso no iba a privarla de querer seguir allí protegiendo a la contraría con su cuerpo. Ya no caían pero podía notarlo, esa chica continuaba pérdida en un hoyo que probablemente nunca la llevaría a ningún lado más que el descenso, el conejo la había engañado, el gato abandonado y la hermana olvidado. Pero ahora ella estaba allí dispuesta a ser pintada de rojo si era necesario, no se quejaría, no se trataba del color que portará si no de la honestidad en sus raíces.- Ahora mismo no tengo idea de nada, lo siento.-Hablo y sus palabras parecieron perderse en el recorrido del aire.
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Tema Privado Re: De suicidios y fe.

Mensaje por Eila el Vie Jun 01, 2018 7:20 pm

Todo era tan calmado, tan sinfónico, tan distinto. La joven de cabellos desordenados observaba hacia el frente, su perdida mirada se enfocaba en la joven que recién, la había sacado de aquel onírico mundo, de aquel trance cuyo tiempo era incierto, a sus espaldas observaba el viejo puerto, nunca lo había visto en su vida, o por lo menos eso parecía sentir, algo lógico cuando no tienes memoria de nada, sin embargo, en su interior, algo le decía que era distinto… Era como ella, perdido en el tiempo; estaba solo, destruido, alejado de la mano de dios, no tenía a nadie a quién acudir para reparar su mojada y desgastada madera, eran semejantes, casi iguales, sólo que uno estaba construido con materiales y la otra, con algo parecido a carne. Los cimientos de su alma nuevamente debían re-construirse, había pasado una eternidad bajo el agua y ahora, sin previo aviso, sentía la piedra presionar su delicada piel… O bueno, algo semejante a ello, no era dolor, placer, no era nada, sólo una extraña de saber que estaba allí, el escenario era real, o eso podría creer.

No entendía las palabras de la chica, no entendía su dolor ni sus acciones, las expresiones de su rostro o el calor de su piel, no entendía nada, sólo sabía que estaba ahí, entre sus brazos nuevamente, los suyos colgaban de sus hombros como unos retazos viejos de tela, sin fuerzas, sin ganas de levantarse, ya no caían ¿Entonces por qué la agarraba? Su rostro lentamente se hundía en el hombro contrario, ocultando sus facciones, cerrando sus ojos, lentamente comenzaba a recobrar el olfato, percibía el olor al mar, a las rocas mojadas, a la humedad en el ambiente, pero todo ello se veía opacado por algo más… ¿Suave? No entendía ese aroma, los anteriores le resultaban familiar, pero este escapaba a todo ello, no le molestaba, aunque tampoco le agradaba – Manzanilla – Pronunció en voz baja, antes de soltar completamente su cuerpo, no quería hacer nada, no quería nada, simplemente podía quedarse allí y que fuese su nueva prisión, no le molestaría, tampoco podría afirmar que le gustaría, pero era distinto a estar atrapada en el mar. Para cuando pudo abrir su vacía mirada, podía observar su mano, la misma se encontraba casi a la altura del hombro de la contraria, rodeando toda su espalda, su otro brazo se encontraba en la otra dirección, ya no eran dos sacos muertos, sino más bien un agarre, en su cerebro no comprendía porque se había movido sin su voluntad… O lo habría hecho y se había olvidado. Era un abrazo frío, pero gentil, no era fuerte, parecía que cualquier movimiento lo rompería, al abrazo o sus brazos, sus dedos se clavaban con suavidad en la piel contraria, no provocaban una presión abusiva, pero si aferrante, mientras sus brazos eran dos débiles ramas, sus dedos eran dos firmes ganchos con corchos en las puntas.

Lentamente se separó de la contraria, para mirarla al rostro, la sostenía de sus hombros. Su perdida mirada se enfocaba por completo en los orbes de la contraria, pese al momento su rostro no esbozaba ningún cambió, sólo pequeñas suciedades a causa de las lágrimas que ni sentía haber soltado. - ¿Quién eres?- Preguntó despegar sus vacíos espejos de los contrarios, no parecía que la juzgara ni que la analizara, simplemente trataba de existir en el reflejo de la joven de cabellos azules, pero sus mismos luceros brillaban tanto, que le era imposible ver a través, la cegaban, pero no le importaba, como una polilla arrastrada por la luz. - ¿Por qué me detuviste?... ¿Qué estaba haciendo? – Volvió a preguntar, en su cabeza comenzaba a mover los engranajes y en estos momentos, no entendía por qué la había sacado de aquel ciclo sin fin, no la conocía de ningún sitio, por lo menos no que recordase, no entendía por qué sufría por ella, cuando para si misma no podía sentir nada, aún estaba atrapada, pero en una jaula distinta.
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Tema Privado Re: De suicidios y fe.

Mensaje por Invitado el Mar Jun 19, 2018 11:47 pm

Aún si la verdad es arrebatada por el viento, las emociones ensuciadas por la tierra, y las almas consumidas en el infierno, no existía en su cabeza ni el tímido asomo de algún pensamiento que la hiciera arrepentirse de todos los pequeños pasos que la empujaron a terminar con aquella presencia entre sus pequeñas manos. Ahora era porcelana, delicadeza, estaba a tan poco de quebrarse pero era su determinación era lo que mantenía las piezas unidas, hoy como nunca, ahora como en ningún otro momento, debía aferrarse a su entereza, quería y necesitaba ser fuerte. Pero parecía exigirse tanto, castigarse, una mariposa solo debería dedicarse permitir que sus coloridas alas fueran acariciadas por la bendición del sol, no esto, no nada más, ignoro la delicada naturaleza en la que todos deseaban encapsularla desde el fino segundo que dejo sobresalir su monstruosa identidad. No había más, no necesitaba otra cosa, ya no podía hacer nada una vez que se vio sobrevolando el frondoso bosque lleno de peligros, penumbras, desdichas y la tan ansiada libertad.

“No debería ser así” por más inocente y bien intencionados deseos que pudiera albergar desde la honestad de su corazón, sabía que algo imposibilitaba que los engranajes ajenos funcionaran debidamente. El simple hecho de ser consciente de la infinidad de respuestas que pudieran arrinconar a la desconocida a querer acabar con la bendición máxima solo la asustaban, no podía pecar de disfrutar tanto la ignorancia como para fingir que la crueldad no existe en este mundo, pero estar allí siendo presente de una de sus consecuencias más extremas, definitivamente la aterraba al punto de erizar hasta el último de sus cabellos. No estaba bien, le dolía, la desgarraba, la lastimaba de una manera imposible de describir ante la carencia de corte o golpe capaz de igualar esa sensación que la estrangulaba desde el interior de su garganta.

-Ariel Santana.-Soltó con la misma poca voluntad de antes, pero lejos de lo que podía pensarse uso todas las fuerzas a su disposición para lograr que las letras se acomodaran hasta formar una oración más o menos entendible. Los espejos en los que se veía reflejaba solo parecían ser dotados de su propia vida, careciendo de cualquier otro signo de milagro que fuera propio de la mujer. Sus manos continuaban temblando pero, como el principio y quizás hasta el final, se animó a seguir adelante por más que la incertidumbre se jactará de adueñarse de su pulso, no podía tomarse el atrevimiento de tomarle del rostro pero si de al menos apoyar con ternura sus yemas sobre los antebrazos que la desconocida. A este punto su respiración se permitió calmarse paulatinamente con el correr de los interminables segundos, lo que antes parecía cámara lenta ahora sigilosamente volvía a la normalidad, el mundo después de todo debía de seguir girando muy encima de sus almas, sus historias, sus cuerpos, sus vidas.- Antes que nada, por favor, permíteme llevarte a la iglesia donde vivo.-Hablaba lento más no a un punto en el que pareciera desmerecer la capacidades comunicativas de la joven.-Necesitas un baño, comer, quizás dormir, luego…-Hizo una pausa en la que desvió su mirada al suelo ¿Tendría familia? ¿Tendría amigos? ¿Alguien que la amara y llorará su casi muerte? Llegado a este punto dar eso por sentado le parecía, tristemente, demasiado objetivo.- Luego, y solo si te sientes cómoda con eso, podemos hablar de todo lo demás.
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Tema Privado Re: De suicidios y fe.

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Mar Sep 04, 2018 4:49 pm


Φ CERRADO Φ

Debido a la falta de respuestas en éste tema durante dos meses o más, y muy a nuestro pesar, el tema ha sido cerrado y retirado de la zona correspondiente. Sin embargo puedes recuperarlo, pidiendo su reapertura, aquí.
Lugar: Playa
Atte: Staff ITR.





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