Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Octubre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Finalizada Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Liu Feilong el Mar Mayo 15, 2018 9:12 am


 
 
 
No existe esponja para lavar el cielo
pero aunque pudieras enjabonarlo
y luego echarle baldes y baldes de mar
y colgarlo al sol para que se seque
siempre faltaría el pájaro en silencio

Otro cielo -Mario Benedetti

 


La quietud saca de nosotros los pensamientos más tétricos, yo me curaba leyendo a Benedetti. Yo no tenía por qué temer al firmamento, él era mi amigo, mi colega, sobre todo cuando decidía embestirme en mi verdadera piel y cruzarlo en todos sentidos. Pero que podía decir, cuando estaba relajado, como ahora, dejaba que mi mente fuese libre y me llevara a donde quisiera, siempre teniendo cuidado de no ir tan hondo, porque entonces retroceder sería peligroso. Porque si hay algo que triunfa sobre el firmamento es la negrura, la nada. — Mi señor, ¿desea algo más? — Yo negué suavemente, deseando quedarme solo de una vez por todas.
 
Había llegado allí a primera hora de la mañana, como siempre hacía una vez al mes, para calmar las escamas y el hastío con algo de vapor purificante. Este se había convertido en mi único placer culposo, y estaba pensando seriamente en abrir un spa con un mejorado servicio de termas en donde los clientes tuvieran todo lo que necesitaban sin siquiera pedirlo.
 
Basta. Había ido allí no para trabajar, sino para olvidarme por un día de que era un hombre exitoso con un negocio más que rentable, aquí y ahora solo sería Feilong, una persona que necesita eliminar los nudos de estrés en su espalda.
 
Yo podía pasar un día entero en las aguas cálidas sin siquiera verme afectado debido a mi naturaleza. Era por eso que rentaba una zona aislada, para no ser molestado. — Sr. Liu— Respiré profundo para no rugir al hombre que me molestaba. Ni siquiera abrí los ojos, a través de mi habilidad hablé en su mente. — Señor, lamento informarle que esta sala privada tiene una fuga que necesita ser reparada de inmediato. Por lo que le pedimos que haga uso de las salas comunes hasta que pueda volver a esta… lamentamos todas las molestias — El hombre, joven, era el hijo del dueño del lugar, y parecía nervioso, suspiré, suponía que uno solo comete un error  y queda atrapado en él para siempre.  Hace un par de años le mostré los colmillos a una misia que quiso coquetear, desde entonces el temor me rodea allí, sin embargo, volvía porque no solían molestarme en nada.
 
Me levanté en mi metro ochenta de estatura, y sin importarme que él estuviera allí, caminé hasta la salida, tomando una pequeña toalla del pequeño buró, esa que debería estar tapando mis partes pudientes pero que solía usar para secarme el rostro cuando quería comer algo. — Estaré en mi habitación — Me vestí con la bata suave de clientes y dejé la tranquilidad de mi día allí.
 
No iba a llorar sobre leche derramada, por lo que aprovecharía de comer algo en las habitaciones que había rentado, pues quería soledad,  prácticamente estaba descansando de ser el perfecto anfitrión y de mostrarme servicial hacia todos aquellos que entraban a mi casa de té. Izanagi podría manejar bien el negocio sin mí un día. Habían sido mis hijos quienes me habían obligado a tomar un respiro al mes, por lo menos. Habían heredado de mi, su terquedad, por lo que no tuve más remedio que ceder, eran cuatro contra uno.
 
Mientras pasaba por los pasillos, me di cuenta de que el lugar estaba lleno de gente. Podía olerlos. Seres humanos, muy pocos. Mi nariz detecto un olor picoso, viejo, imponente. Un demonio. Interesante. Seguí de largo, con el apetito despierto.
 
 


Última edición por Liu Feilong el Vie Jun 01, 2018 2:36 pm, editado 1 vez
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Finalizada Re: Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Amadeo Roma el Miér Mayo 16, 2018 10:13 am

“Los pétalos de las flores son suaves,
como tu piel de durazno.
Deja que pinte sobre esta
los más crueles e hipnóticos trazos.
Ven, cariño. Avanza hacia la negrura...
Los pétalos caerán sobre tu vientre
y la pasión te arrojará a la locura.
Yo te tentaré con la manzana de la serpiente.”




Había escrito esos versos hacía más de una década. Recordaba el momento preciso en el cual los tracé después de consumir la energía de una joven. Como si fuese Jean-Baptiste Grenouille había conservado su aroma en un imponente lienzo y añadido esas palabras en una esquina, justo en un papel que aparecía en mi escenario del crimen, dejando al descubierto un cuerpo que parecía contorsionarse por el placer, aunque en realidad era la propia muerte.


Estaba en la sala de profesores del instituto. Ya prácticamente se darían vacaciones a todo el alumnado. Habían llegado flores para una de las profesoras y yo decidí hacerme con una de estas. Eran flores silvestres colocadas en un ramillete perfecto, muy colorido, y que parecía emitir aún la vida que le habían arrancado. ¿Acaso no hacía lo mismo con muchos de los que retrataba? No con todos, pero sí con la gran mayoría.


Hacía algo más de una semana que había tenido un encuentro con un demonio de aspecto asiático. Decidí pintarlo como si fuese un dragón y ofrecerle el “obsequio” a quien era su jefe y amante a través de una transacción bastante cuantiosa. ¿No quería algo único? Ahí tendría a uno de sus hombres rezumando deseo para que se lo mostrase a todos como un tesoro o un mero trofeo.


Era viernes, ya había terminado todos mis asuntos, y aún así estaba con una taza entre mis manos. Café caliente, solo y sin azúcar. Bien pude buscar hielo en la nevera que ocupábamos en la sala, pero quería algo caliente y reconfortante. No sólo tenía un aspecto de muñeco de nieve o hermosa escultura de mármol, sino que había despertado frío. Necesitaba alimentarme correctamente, así que supuse que lo mejor sería marcharme y buscar alguna presa por la ciudad.


Creo que nada más salir acomodé mi chaqueta veraniega, coloqué mis lentes de sol y eché a caminar destrenzando mis cabellos. Se veían algo ondulados, pero no me importaba. Tenía un aspecto algo salvaje sin dejar la elegancia, ¿tal vez eso me ayudaría ese día? Tal vez sí, tal vez no. Esperaba que así fuese.


Una vez puesto en marcha, dejando mi vehículo en el parking, decidí echar a caminar por la ciudad. Desconozco cuánto tiempo estuve buscando un alma que me alimentase sin necesidad de tres o cuatro cadáveres más a mis espaldas, pero acabé perdiendo el tiempo. Finalmente entré en un bar de mala muerte y arrasé con dos de los camareros y una de las clientas. Al salir me sentía como un apestado y tomé un taxi para que me llevase a un balneario.


Podía usar mi sauna, pues tenía una en mi mansión de las afueras, ¿pero por qué no conversar y tal vez inspirarme para algún relato o un lienzo? ¿Por qué no? Por eso mismo, porque no parecía mala jugada, pedí que me llevase al más próximo y eso fue más de veinte minutos en taxi, y como consecuencia una fortuna que no me molestó abonar.


Me hallaba en el hall de recepción esperando mi habitación leyendo el folleto de actividades que se podían realizar. Había masajes, servicio de restaurante, karaoke, salas privadas, baños públicos y un salón de espectáculos en el cual se celebraba ceremonias de té, lectura de poemas y canciones tradicionales populares. Fue justo allí cuando mis ojos se alzaron buscando algo, pero no veía nada. No es algo metafórico, pues realmente me quedé sin vista.


Estuve a punto de desvanecerme porque sentí mareo, de nuevo esas visiones que venían a mí, algunos rasgos, la sensación de ser golpeado por una de esas “criaturas mitológicas” llamadas dragones y el olor a ángel. Podía apreciar que me ahogaba y que mis piernas temblaban. Me llevé la mano derecha a la frente y noté que sudaba profusamente, después la vista regresó y al clavar mis ojos hacia el pasillo vi los mismos rasgos en una criatura que avanzaba.


Tú... —chisté.


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Finalizada Re: Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Liu Feilong el Jue Mayo 17, 2018 1:49 pm


 
 ¿Pero qué vida, cuya amarga voracidad
Desgarra nuestros talones, velando la noche sin sol,
Alentará la esperanza de aquellos días que ya no retornarán?
La ambición, el amor, y todos los sentimientos que queman
Mueren demasiado pronto, y sólo encontramos la dicha
El los marchitos despojos de algún recuerdo muerto.

Oscar Wilde - Desesperación



 
Había energía en el ambiente. La energía no era buena ni mala, la energía era solo energía, que cargaba el aire, como si cerca, ese mismo día, iba a haber una tormenta. No lo creía, porque no estabamos en la estación ideal para ello, aunque siempre nos pueden sorprender una que otra pequeña lluvia. Continué mi camino — En el salón de espectaculos se va a presentar lectura de poemas con música china intrumental de fondo, creí que podría gustarle, Sr. Liu — De hecho si, desde aquí podía oir los suaves murmullos del kung-hou, un instrumento de veintitrés cuerdas  de seda, y que su implementación era muy antigua, después de las dinastías Chin y Han. — Que lleven lo que solicité a mi mesa— El joven asintió, mientrás desaparecía para acatar mis demandas.
 
Llegado al lugar, fui directo a la mesa que siempre estaba reservada para mí, asistiese o no. Estaba en una esquina discreta, pero con la mejor acustica. Desde allí miraba a la bonita mujer que suavemente recitaba poemas del mundo, de todo tipo y de todo autor. Unos era coloridos, otros tristes, pero todos muy buenos, esos murmullos que suavizan el alma y alejan o acercan los pesares.
 
Aunque estaba solo en la mesa, mi alrededor estaba lleno de todo tipo de seres, y la variedad me agradó, pues fue una de las razones por las que decidí mudar mi patrimonio a Éadrom y no a cualquier otra ciudad. Yo nunca había deseado enfrentamientos con los mortales ni con otro ser, yo simplemente deseaba vivir lo que tenía que vivir de forma pacifica. Eso no quería decir que yo no era capaz de defenderme en momentos de tribulación, solo que no soy de proclamar guerras, soy más bien del tipo espía, que estudia, observa y ataca cuando sabe que sus perdidas serán minimas.
 
En silencio, mi mesa terminó llena con lo que había pedido. Yo era un ser carnivoro por excelencia, por lo que me gustaban los mejores cortes cuando decidía comer carne, pues en mi hogar solía casi siempre comer platos tipicos de China, porque me recordaban a mi hogar. El olor me hizo cerrar los ojos, disfrutando mi momento. Había cortes de filetes apenas puesto en la parrilla que eran una belleza, tambien costillas a la BBQ que tenían ese caracteristico color tostado con esa salsa llamativa. Había tallarines Lo Mein y una botella pintoresca de huanhjiu que no me esperaba, una bebida alcoholica que existía doscientos años antes de cristo y que es el componente principal de la bebida más vendida en el mundo y que los Chinos quieren comercializar en el occidente. Es el único alcohol que ha de ser destilado más de una vez y se hace a mano. Los encargados de producir esta bebida reciben una intensiva formación y son considerados verdaderos artistas en China. La gente cree que la palabra baijiu responde a un solo tipo de licor. En realidad es un sinónimo para todo tipo de licores a base de cereales, que se producen utilizando técnicas chinas tradicionales. Es una amplia categoría que incluye más de una docena de licores. Agradecí con una cabezada el detalle, porque yo había pedido el sake usual que era tambien bastante bueno.
 
 
 
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Finalizada Re: Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Amadeo Roma el Jue Mayo 17, 2018 2:10 pm

"Las golondrinas ya no llaman a tu ventana.
¿Tal vez se fue la primavera demasiado pronto?
Dime, hermosa, ¿me venderás tu alma?
Ahora que te marchitas, ¿lo harás?"


Reconozco que me quedé observándolo sin más. Mis músculos se tensaron mientras mi alma intentaba mostrar mi verdadero aspecto. Di un paso atrás, aunque seguía engarrotado y me movía como si fuera un pesado robot, hasta que logré apoyarme en el recibidor. El mostrador estaba algo helado, pues la encimera era de mármol, y al alzar la vista, girando mi rostro, comprobé que la joven que atendía parecía algo confusa con todo lo que estaba haciendo. Tal vez mi rostro mostraba dolor, preocupación, furia e inquietud o simplemente mis movimientos tan erráticos podían confundirse con un hombre en estado de ebriedad o bajo el efecto de las drogas. No obstante, supe recuperarme.


Cerré los ojos, tomé aire y sonreí intentando aparentar que todo iba bajo ruedas. Perder el control de la situación no era para nada lo que a mí me interesase en ese o cualquier momento. Bueno, tal vez sí me interesa cuando escribo o pinto, pues la creatividad debe liberarse sin medidas.


Apoyé bien mis manos sobre el mostrador y pedí que me diesen una habitación. Quería una que fuese buena, estuviese alejada de la mayoría que estuviese reservadas y con una cama amplia. No quería una cama estrecha. Siempre pedía suites o camas matrimoniales, pues tenía más de dos metros de estatura y me gustaba dormir a mis anchas.


Esa habitación hacia la que fue el joven, ¿hacia qué conduce? ¿Algún salón?—pregunté con una sonrisa relajada que ella correspondió.


Sí, es el salón de actos donde se dan los recitales—comentó—. ¿Está interesado? Hay incluso servicio de licores típicamente japoneses y también cócteles.


Oh, no suelo beber—dije antes de reír de forma “fresca” como si coqueteara, pues era mi forma de reír en situaciones que me ponían en un aprieto. ¿Iría hacia el peligro? Obviamente. Quería saber si realmente era él quien me había borrado casi dos años de mi vida—. Pero si hay café o té...


Oh, claro que sí—añadió dándome la llave y el libro para que firmara. Por supuesto alcé la vista con una mirada cargada de “emoción”, aunque en realidad era alivio. No quería beber. Si bebía iba a estar en peores circunstancias. Necesitaba estar despejado.


¡Perfecto!—exclamé—. No traigo equipaje, así que iré ahora mismo.


Nada más entrar en la sala, tras conseguir la llave que era una especie de tarjeta bancaria, tomé asiento en la zona más alejada del escenario. Era un lugar donde podía ver todo. Por supuesto, pedí café solo doble con hielo. Quería refrescarme y saborear algo que me calmase. Entretanto podía verlo a él. Los poemas se recitaban en el modesto escenario engalanado con flores naturales que no habían sido arrancadas de sus macetas, sino que estaban vivas.


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Mensaje por Liu Feilong el Vie Mayo 18, 2018 3:53 pm


 
 Mis sentidos estaban completamente afocados en la presentación y en la comida que lentamente y con elegancia degustaba. La carne estaba jugosa y apetitosa, con solo sal, los mejores cortes solo necesitan sal. Esto de la carne era todo un arte, yo lo comprendí cuando hice amistad con un ganadero de sur america, y me enseñó que era un negocio bastante rentable, pues a la vaca no se le desperdicia nada en el momento de la matanza. Pero como pasaba muchas veces, si nos introducimos en un tema, entonces comenzamos a repudiarlo, al ver su cara más sangrienta. Ese amigo terminó siendo un ganadero que se cambió al vegeterianismo y comenzó en él un respeto hacia la fauna del que era dueño.
 
Mu cuchillo se hundía suavemente en la carne para picar perfectos trozos que luego me metía en la boca. Ya me había bebido un trago largo del huanhjiu y daba mi entera aprobación, seguía igual de buena, aunque debo decir que un poco más suave a las rudimentarias bebidas de hace un par de milenios, cuando yo era un joven. Recuerdo esos viejos tiempos. Había viajado, aprendido muchas labores más por entretenimiento que alguna otra razón, pues me di cuenta que la vida humana era mucho más valiosa, pues ellos dentro de su limitación vivian con mucha pasión, y se debía a eso, a que sabían que su fecha de caducidad estaba a la vuelta de la esquina. Una simple gripe, una mala caida, un accidente, cualquier cosa podía matarlos, eso me hizo mezclarme entre ellos y ayudar a esos que se ganaban mi confianza.
 
Lo más dificil de convivir con humanos era no enamorarse ellos y quererlos encarecidamente. Yo amé a varios hombres y aunque no me arrepiento de ello mi corazón sigue acongojado por la perdida y dolido por el abandono. La otra cosa maravillosa era verlos envejecer, verlos llegar a esa paz que a muchos nos falta, hacer las pases con la vida a veces injusta y querer descansar del agotamiento que la vida genera.
 
Los pensamientos del pasado me hicieron perder el apetito, pero no pude evitar la glotonería y deborar un par de costillas, poniendo mis ojos nuevamente en el escenario y mi mente ante el poema.
 
Goce en buen hora espíritu mezquino 
Al son del baile animador, y prenda 
Su alma en las flores que el flotante lino 
De mujeres bellísimas engasta:? 

Goce en buen hora, y su cerebro encienda 
En la rojiza lumbre de la incasta 
Hoguera del deseo:? 

Yo, ?embriagado de mis penas,? me devoro, 
Y mis miserias lloro, 
Y buitre de mí mismo me levanto, 
Y me hiero y me curo con mi canto, 
Buitre a la vez que altivo Prometeo
.


José Martí
 

Limpiandome con la servilleta y dispuesto a tomar otro trago,  sentí una energía, mejor dicho, que la energía que era relativamente nueva se intensificaba, y fue cuando abrí mis sentidos para detectar alguna anomalía, notando los ojos de un hombre rubio fijos en mí. Jamás lo había visto, tengo una memoria privilegiada, y si me hubiera topado alguna vez con semejante rostro, lo recordaría. — Creo que el escenario queda en otra dirección… — Hablé en su mente  a traves de mi habilidad. Su mirada era pesada, demasiado intensa para mi gusto. 
 
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Finalizada Re: Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Amadeo Roma el Dom Mayo 20, 2018 1:58 am

Durante meses no recordé apenas nada. Sólo algunos recuerdos, aunque algo empantanados, venían como pequeños flash similares a cuando se lanza una fotografía en una vieja cámara. Me sentía perdido en un mar de dudas demasiado profundo y que en vez de agua poseía brea. Cuando desperté en el bosque cercano a mi vivienda no había prenda alguna que cubriese mi cuerpo, la nieve caía agolpándose sobre este y apenas sentía frío. Estaba ardiendo como si fuese una antorcha humana, pero era a causa de una fiebre que jamás había sentido. Entonces supe que estaba enfermo y que los demonios podíamos enfermar debido a una bajada drástica de nuestras defensas. ¿Qué lo provocó? No lo recordaba. Apenas podía rememorar cómo llegué a este conjunto de islas y que era profesor en un instituto. El resto era papel en blanco mojado... ¡Totalmente inútil!


Fueron muchos meses de duro entrenamiento personal para conseguir tener algo de memoria. Intentaba recordar mis tratos con distintos empresarios, mafiosos, políticos y cualquier persona del conglomerado de la sociedad japonesa. Finalmente caí en un deseo extraño de poseer dragones en mis obras. Fue una obsesión más que repentina y apareció después que esos rasgos asiáticos, finos y algo delicados apareciesen una y otra vez junto a rasgos de una mujer con aroma de ángel. ¿Acaso el ángel de la guarda de alguno de mis alumnos me atacó? ¿Aún existían?


Aquella noche, en ese pequeño espacio de poesía y comida asiática, pude contemplar al mismo joven de mis pesadillas, ¿o debería decir absurdos sueños? Se movía con elegancia y poder. ¿Era el mismo? ¿O me estaba confundiendo? Tenía la certeza que era un dragón. No había tenido la oportunidad de estar junto a un pura raza desde hacía años, pero sabía bien que los dragones asiáticos no eran como los europeos. Ellos eran más ariscos, menos fanfarrones, más clásicos y adictos a llevar una vida de aparente hermetismo.


Justo cuando iba a pedir que le enviasen una nota a su mesa, pues quería aproximarme a pesar del peligro que podía ofrecerme todo aquello, él me habló a mi mente y yo simplemente alcé mi ceja derecha. Mi rostro era una escultura, mis ojos brillaban con una luz fría y parecía que no me había importado que tuviese ese atrevimiento. No obstante, la ceja constataba que lo había escuchado alto y claro.


Opté por levantarme. Caminé los escasos metros que nos separaban y le miré sin perder detalle de su rostro, por supuesto aparentaba estar relajado. Pero las apariencias, amigos míos, engañan.


Mi nombre es Amadeo Roma y creo que tengo el gusto de haberlo visto en otro lugar—comenté con mi profundo acento italiano.

¿Qué podía pasar? ¿Moriría si acaso? No, eso nunca.


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Mensaje por Liu Feilong el Lun Mayo 21, 2018 1:06 pm


 
 Lo primero que noté de mi interlocutor, una vez frente a mí, fue que su boca decía una cosa y su mirada otra. ¿Qué quería decir esto? Faltaba dilucidarlo.  Yo sinceramente no lo recuerdo, tiene un olor característico, difícil de olvidar para quienes tenemos finura en el olfato. Podía jurar por mis hijos que no lo había visto jamás, pero no dije nada, no le di recibimiento lujoso ni nada parecido, más allá de una mirada, y me moví con calma — Si gusta puede tomar asiento y hablarme de esa vez en la que supuestamente nos vimos…pero luego de este poema. — Sin yo decir nada la mesa fue recogida, salvo por la botella de licor — ¿Le apetece? — Le pregunté, le había invitado a mi mesa, por lo que debía de tratarlo de forma considerada.
 
Mantuve mis ojos al frente,  de verdad fascinado y perdido por esas palabras, ese era uno de mis poemas favoritos, porque era corto, era sublime y a la vez muy simple. Detestaba autores que convertían las palabras en un desbarajuste de emociones que perdían al público tras sus cortinas sin encanto. Amaba al sr.  Shpálikov, y lamenté haberlo conocido por su suicidio en los años setenta.
 
Por desgracia o por suerte,
La verdad es simple:
Nunca das vuelta atrás
A los mismos sitios.
E, incluso, si los lares
Nos parecen bien,
No es posible que encontremos
Lo que allí buscamos.
El retorno al pasado,
Yo prohibiría.
Y te pido como al hermano,
No perturbes alma.
Sino salgo a la siga,
¿Quién me detendrá?
Y con fieltros en trineo
Aparezco yo allá en el 45.
En el 1945 adivinaré
Aquel instante, ¡cielo santo!
Cuando estará mi madre joven
Y mi padre vivo
.


Gennádiy Shpálikov






Yo me serví un nuevo trago, el cual fui bebiendo lentamente. Cuando comenzaron a leer poemas contemporáneos perdí el interés, no porque no hubiera autores buenos en la época, sino que había que escarbar demasiado y ahora la curiosidad por mi acompañante me acuciaba más. — Entonces sr. Amadeo Roma, según entendí, usted dice haberme visto antes… ¿podría explicarme en que se basa para pensarlo? Porque yo jamás le he visto en mis tres mil años — Le dije sabiendo que era un poco demasiado directo, y que además no me había presentado. — Si fue una treta para intentar seducirme, debo decirle que debe actualizar sus trucos — finalicé mirándole por fin, algo me decía que no era el caso, pero me inundó el deseo de dejar emerger mi lado comico  —Soy Liu Feilong y aun usted tiene que hacer que crea que es un placer o no conocerle… 
 
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Finalizada Re: Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Amadeo Roma el Lun Mayo 21, 2018 2:13 pm

“Los dragones son seres orgullosos que siempre ven a otros indignos ante su presencia. Cautela.”


No recordaba quién me había dado ese consejo, pero juraba que tenía más de tres o cuatro milenios. Posiblemente fue uno de mis numerosos criados. Los dragones no eran comunes en Europa, pero tenían la misma característica en sus sentimientos. Si los dañabas, si los provocabas, si lograbas avivar algún recuerdo doloroso terminaban revolviéndose. Tenías que tener claro cual era la zona segura y cual no. No se podía rebasar las líneas mínimas o terminabas, en el mejor de los casos, engullido.


Recordé por un instante como un dragón comenzó a emitir babas blanquecinas mientras devoraba a un hombre. Ellos no masticaban, al menos los que conocí, sino que digerían sus presas gracias a esos fluidos corrosivos. En parte eran como los dragones de komodo. Si bien, sus mandíbulas se desencajaban como las serpientes y sus colas podían volver a reproducirse si se dañaban, aunque sólo si eran muy jóvenes. Sus escamas, eso sí, solían ser muy prácticas para hacer armas, ungüentos, venenos y cualquier cosa que uno pudiese imaginar. Incluso las familias reales asiáticas tomaban polvo de huesos de dragón en sus té blancos, los cuales decían que eran símbolo de la inmortalidad.


Por eso “calma”, por eso “las alertas”, por eso todo... ¡Todo! ¿Y qué era todo? Si no recordaba dónde lo había visto. Tal vez por eso mismo tomé asiento en silencio y decidí “oír, ver y callar”. Oía sus latidos, sus palabras, el murmullo de sus prendas al moverse, el crujir desapercibido de su asiento al mover ligeramente su cuerpo y todo eso mientras veía su aspecto orgulloso, su mirada llena de vida escuchando el poema y la forma en la cual respiraba. No había alerta, pero sí estaba dando un juicio precipitado.


No soy de ese tipo de conquistas. No me hace falta—respondí frunciendo el ceño intentando recordar dónde. Estaba seguro que era el joven de mis premoniciones y quién me había dejado sin memoria—. Soy pintor y profesor, también tutor privado y mecenas... He escrito algunos libros, pero con seudónimo—comenté hablando abiertamente de quién era sin dar demasiados datos—. Usted me quitó la memoria hace unos años... Estoy seguro que fue usted con ese bicho luminiscente.


“Bicho” ¿podía catalogar de otra forma a esos idiotas alados?


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Finalizada Re: Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Liu Feilong el Mar Mayo 29, 2018 12:56 pm


 
 La curiosidad bien mató al gato, pero digamos que le arrebató al dragón su apacible tranquilidad, porque de un momento a otro yo empecé a preguntarme sobre este hombre. ¿Qué hacía un demonio tan dentro de la montaña? Sé que es malo juzgar, y no es mi intención hacerlo, pero en la mayoría de criaturas con las que me he topado, hay algo que los define, y puedo decir con certeza que a la mayoría de los seres del inframundo les interesa muy poco los lugares austeros, y prefieren los lujos que el dinero y el poder pueden comprar. No que este lugar fuera de mala calidad, pero sí que había mejores y más cercano a la ciudad. Yo lo había escogido hace muchos años debido a que no solía ser visitado por tanta cantidad de gente los días que yo solía frecuentarlo, pero estaba cambiando, lo que me hizo cuestionarme si habré de mudar mis intenciones de calma y serenidad a otro lugar, tal vez un poco más remoto.
 
Yo nunca había matado por matar, pero eso sí, siempre he sido muy celoso de los míos, mi familia, sobretodo, mis hijos, eran mi alma, y haría lo que fuera para mantener mi alma fuera de todo riesgo. Desde mis comienzos en la tierra de los mortales me rodeé de personas necesitadas de alguna ayuda, y ahora, miles de años después, no era la diferencia, solo que les brindaba eso que anhelaban a cambio de un poco de dinero. Así, mis casas de té se habían hecho nombre dentro de un círculo enorme de todo tipo de seres. Entraban con alguna enfermedad, y bastaba con beber del té estrella del día para salir de allí curados. O con una profunda depresión, para volver al mundo con todas las ganas de salir adelante. Había usado diez de mis escamas para lograr eso, arrancarlas era un dolor insoportable, y lo peor es que estas no se regeneraban, cuando me convertía en dragón, si se miraba en detalle en la zona de mi vientre, se hallaría el pequeño espacio de la falta de estas escamas. Yo mismo las trataba. Las pulverizaba y ponía al té específico dependiendo de la raza de la persona necesitada. Pero este lado mío tiene una contraparte, el polvo de escamas usado de otra forma puede convertirse en el veneno más peligroso, y así fue que me deshice de las piedras en los zapatos.
 
Escuché sus palabras cuando se decidió a explicarme, pero la verdad es que estas me dejaron aun más extraviado — ¿Bicho luminiscente? Profesor, debe explicarme mejor, porque creo que no estoy captando nada, en especial la parte en la que dice que le borré la memoria… — Me concentré en él, porque no había nada que me distrajera más — Pero mejor hagamos algo, dígame su versión, de todas formas no tengo nada mejor que hacer — Me habían echado de mi termal privada, y no iba a ir a las públicas. — Por que debe existir una historia detrás de su asevera miento. Tal vez cuando supuestamente le borré la memoria, algo salió mal y me la borré también a mí mismo y por esa razón no le recuerdo…   — Esperaba que captara que se trataba de sarcasmo.  
 
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Finalizada Re: Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Amadeo Roma el Miér Mayo 30, 2018 2:07 pm

“Dígame su versión” “Por que debe existir una historia detrás de su asevera miento. Tal vez cuando supuestamente le borré la memoria, algo salió mal y me la borré también a mí mismo y por esa razón no le recuerdo…”


Sarcasmo. Un fino sarcasmo. Por supuesto que sabía que era él, pues no había otro modo. Mismos rasgos, misma apariencia y unos ojos que destilaban una falta de interés como molestia que me hacía hervir la sangre. En ese momento la cólera estaba a punto de precipitarse sobre él y fuera una pequeña tormenta comenzó a caer. No controlaba ese poder por mucho que lo intentara.


Nadie pensaría que en un día tan despejado, incluso algo cálido, empezaba a cubrirse, y de qué manera, el cielo. Aunque no era una tormenta que destruyese el paisaje, sí destruía cualquier idílico paseo por los jardines. Pronto aparecieron los primeros clientes que corrieron a refugiarse dentro.


Alcé una de mis finas cejas rubias y torcí el rostro. Mis manos se crisparon apretándose hasta casi provocar que se hiciese sangre debido a que mis uñas se enterraron. Eran pequeñas garras. Me estaba descontrolando y el lado felino estaba surgiendo. Incluso mis frías pupilas se volvieron las de un gato a punto de saltar sobre una estúpida lagartija.


Tú me quitaste tiempo de mi vida, me arrebataste mi historia, y lo hiciste con un celestial acompañándote. Sé bien lo que digo, pero no recuerdo el motivo y tampoco si eras parte de mis protegidos. Sólo me trataste como si no valiese nada. Lo recuerdo, las premoniciones vienen y van y eso es lo único que tengo. Deja ese maldito sarcasmo, muchacho. Soy demasiado viejo para que juegues conmigo—dije con una voz algo más gruesa.


No cambió mi acento, pero sí el tono y también el desprecio, la rabia, la inmensa desesperación y el dolor que había en cada palabra. Se veía que no mentía y se oía.


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Finalizada Re: Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Liu Feilong el Miér Mayo 30, 2018 3:18 pm


 
 No pasó desapercibido para mí que el sujeto se estaba enojado, pero… ¿Qué culpa tenía yo de sus problemas? Ya me estaba incomodando un poco, pero no se lo haría saber, no le iba a dar ese poder sobre mí persona.  Noté también el cambio en el ambiente, estaba más pesado, ionizado, afuera llovía a cantaros, podía percibir el olor de la tierra mojada y el de las flores bañándose y emitiendo sus aromas. Me mantuve callado, tranquilo, yo no estaba alterado, bien que podía ser el mejor mentiroso del mundo, pero si yo le había hecho algo a un ser como aquel, al menos estaría sudando, era fácil identificar el miedo y mi olor se mantenía neutro, solo estaba agotado porque desde que llegué a este supuesto retiro no habían más que pasar desgracias.— Si eres viejo o no, no me interesa ni un poco — Le dije bastante calmo, mientras llenaba delicadamente mi pequeño vaso con el licor de mi patria. — ¿Nunca ha escuchado el refrán que dice Quien te enoja te domina? Deberías ponerle atención. — Le miré y mis ojos cambiaron un par de segundos a los de mi Dragón, era la única muestra de que si aquello persistía iba a haber problemas, mi voz se mantuvo tranquila, porque, sinceramente, yo lo estaba — Ahora, estoy a un paso de echarle de mi mesa… Le sugiero que cuide sus modales — soné rotundo.
 
Su dolor parecía real, pero no podría ayudarlo, no sabía de lo que estaba hablando.
Había dicho que se dedicaba al arte. Yo no tenía cabida en el mundo del arte, en un lienzo no podría hacer más que circulitos y palos y maltrechos. Sus palabras me hicieron pensar. ¿Estaría seguro de que era yo porque me parecía increíblemente a alguien que estuvo bajo su tutela? — Para sacarlo de dudas, nunca me ha interesado el arte como oficio, me dedico a otras artes, como lo son mis negocios de té. Así que es imposible que sea yo quien usted dice que le borró la memoria — Le comenté antes de beber un poco más de mi licor. — Dices que eres tutor… tal vez sea alguien quien tiene un parecido conmigo… — Oh… solo había alguien en mi familia que compartía casi mis mismos rasgos, pero era imposible… el mundo no podía ser tan pequeño… ¿o sí? — Además, por si no se ha dado cuenta, en Asia abundan mis rasgos. Pero que puedo saber yo… delante de usted, mis tres mil años son solo un suspiro — dije con falso cansancio.
“Soy pintor y profesor, también tutor privado y mecenas...”
 
 
 
 


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Finalizada Re: Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Amadeo Roma el Jue Mayo 31, 2018 9:31 am

¿Me tomaba por estúpido? ¿Eso estaba haciendo ese dichoso dragón? ¿Acaso creía que me iba a dar por vencido? Sin embargo, no tenía pruebas apabullantes salvo mi mala memoria y las dichosas premoniciones.


“Quien lo enoja le domina”...


Estaba a nada de lanzarme contra él para golpearlo. Podía decir lo que quisiera, pero estaba seguro que era algo más que un empresario adorador del té. Comprendía bien que podía estar ocultando algo, por nimio que fuese, y eso era su verdadero ser. Y no me refiero a ser un dragón, sino a sus habilidades artísticas porque ya sabía quién era yo o qué clase de demonio era yo.


Ok, messaggio ricevuto—respondí.


Me sentía terriblemente molesto, pero tenía que tomar esta pequeña derrota como una oportunidad. Ahora intentaría averiguar quién era, dónde se movía y todo lo referente a la persona que tenía frente a mí. Aunque llamarlo persona era una estupidez, puesto que ni él era humano ni yo lo era. Ambos éramos criaturas provenientes de las más extrañas fantasías de algún poeta borracho.


Pero se equivoca—dije incorporándome—. No sólo pinto, también soy escritor.


No iba a decirle nada más. Ya tenía carnaza suficiente. Sabía que iba a intentar perseguirme de algún modo, pues los dragones a veces se aburren y son peores que un gato cuando encuentran un ovillo.


Después de esas últimas palabras me marché. Tomé la iniciativa de marcharme de las termas. No iba a quedarme allí después de todo. Sabía que diluviaba, que era una auténtica locura, pero en pocos metros a la redonda el clima sería más tranquilo hasta que finalmente se apaciguara. Bueno, eso era si yo no me calmaba conduciendo escuchando algo de música.


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Finalizada Re: Mientras se lee a un poeta [Priv. Mr. Roma]

Mensaje por Liu Feilong el Jue Mayo 31, 2018 2:29 pm


 
 Alcé una ceja al mirarle alterarse por completo. Sus signos eran evidentes, este ser estaba por ejecutar algún movimiento de violencia. Esperé un par de segundos, porque obviamente iba a defenderme de cualquier tipo de ataque de su parte, pero prefirió ratificar su derrota diciéndome algo que ya sabía, pero lo comprendía, era un ser sumamente orgulloso que no podía tolerar el sentirse burlado y necesitaba al menos, tener la última palabra de nuestra corta charla poco amistosa.

Necesitaba contactar con una persona en concreto para que me diese información sobre este demonio, pero sé que el precio será caro, después de todo a quien iba a buscar era de la misma especie y antigüedad que el que acaba de marcharse de mi mesa. 

Tenía que ver el lado positivo. Ya no estaba más aburrido.



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