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¿Estas preparado para escribir tu propia historia en el Instituto Takemori? Adéntrate en el mundo mágico de Éadrom en donde casi todo es posible. Convive junto a otros seres sobrenaturales y humanos. Comprueba si es posible que ambas especies vivan en paz y armonía. Diseña tus propias aventuras, persigue los objetivos que te trajeron hasta aquí y por sobre todo pásatelo en grande! Estas a un paso de formar parte de esta gran historia! Adelante!
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Tema Privado Un Domingo como cualquier otro {Priv. Hazel & Aiden}

Mensaje por Kanato Sakamaki el Jue Mayo 10, 2018 2:46 pm

Domingo 12:37 PM

Un domingo como cualquier otro en la ciudad de Eadrom, el clima era agradable destacando principalmente el cálido sol que invadía las transcurridas calles. Al ser día libre la mayoria de estudiantes e tomaban un receso del rutinario estrés que trae el instituto y no era para menos puesto que este era bastante exigente hacia los alumnos. Y como ruta de escapatoria algunos aprovechaban el fin de semana para distraerse.

Eligiendo como destino el cine, las discotecas, bares o como en este caso los parques aunque cabía mencionar que era una minoría las personas que elegían este tranquilo lugar como medio de escaparse de la aburrida rutina, Kanato pertenecía a este grupo. Decidiendo tomar un poco de aire fresco, paseando por la ciudad a la par que disfrutaba de un buen chocolate caliente.

— el clima esta muy agradable hoy ¿verdad, Teddy? — preguntó al peluche con forma de oso que abrazaba con extrema dulzura entre sus delicados brazos. Este obviamente se limitó a responder con un profundo silencio aunque en la mente se Kanato este asentía con un si. La calle por las que caminaba no estaban del todo colmadas por lo que el se podía transcurrír con bastante comodidad.

Antes de llegar al destino escogido se decidió hacer una pequeña parada en un local de bebidas en donde compró un vaso de chocolate caliente que desprendía un aroma sumamente dulzón — ¡Gracias! — agradeció al vendedor antes de seguir con su caminata procurándose de no derramar ni una sola gota del envase — Ya casi llegamos, Teddy — comento fijándose que la llegada al parque central estaba frente a el.

Finalmente sus pies lo condujeron hacia el lugar que desde el inició denotaba una gran tranquilidad tan típica de esos sitios — Ahora sentemonos y disfrutemos del... justo antes de terminar la frase una fuerte voz llego hasta sus oídos al grito de — ¡Ayuda! — rápidamente y dejándose guiar por el sonido llegó hasta el lugar de donde provenía el llamado de auxilio.

Se trataba de un niño de no mas de 9 años que fue víctima de un accidente poco común pero que aun sucedida y mas en estos lugares con tanta vegetación. La enorme rama de un árbol había caído justo encima suyo, sin embargo el infante tuvo los rápidos reflejos de evitar que el tronco cayera sobre su cabeza pero impactando en sus piernas haciendo que estas quedaran atoradas — n-no te muevas yo te ayudaré — expresó dejando caer el chocolate caliente y posicionando a Teddy en el césped.

— lo mas probable es que tenga una fractura en al menos un pie, puedo curarlo, puedo hacerlo — musitaba en voz baja y no mentia en absoluto al decirlo ya que tenía perfectamente las habilidades para sanar al muchacho, sin embargo existía un inconveniente — necesito tener contacto directo con la fractura y para eso tengo que apartar ese tronco de encima suyo — desconocía completamente cuanto podría llegar a pesar esa rama pero aun asi lo intento, pero lo único que logro fue que el niño se quejara del dolor.

Era inútil, no tenía la suficiente fuerza como para levantar aquel tronco por lo que necesitaba urgentemente de alguien que pudiera cargar con ese peso para que el luego se encargara de curarlo asi que comenzó a gritar intentando atraer la atención de alguien.

— ¡Ayuda, tengo a un herido aquí! —


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Tema Privado Re: Un Domingo como cualquier otro {Priv. Hazel & Aiden}

Mensaje por Hazel & Aiden el Dom Mayo 27, 2018 9:36 pm

Era una tranquila tarde para una excursión por la ciudad, los gemelos habían estado separados por años y un recorrido por su nuevo hogar parecía la excusa perfecta para ponerse al corriente con sus nuevas vidas. El reencuentro fue más emotivo de lo que hubiesen imaginado y la charla se había extendido por horas y horas, más ello no les molestó: todavía tenían mucho de qué hablar.

Así que... estudiante de preparatoria...— después de un momento de silencio, Aiden se aventuró a iniciar un nuevo tema de conversación; su tono de voz estaba teñido de cierta burla, a la que Hazel sólo respondió con un suave suspiro, seguido de una leve sonrisa— Oh, vamos. Ambos sabemos que tienes suficiente edad como para ser el monumento a la sabiduría— se burló el joven de cabellos azabaches, mientras le propinaba un suave codazo a su hermana, cuidando que el helado en su mano no se resbalara con el movimiento; como respuesta, recibió un leve empujón del hombro de la joven, arrancándole una carcajada.

Tú serás muy joven— refunfuñó la joven de mirada bicolor, en un claro tono sarcástico. Podía parecer irritada ante las bromas de su hermano pero, en el fondo, se encontraba desbordando felicidad al estar de nuevo a su lado. Ciertamente, cada día que habían permanecido separados se sintió como una eternidad; pero, en el instante que volvió a verlo, todo el dolor y la desesperación de no tenerle se habían esfumado de forma instantánea.

Sabía en ése momento que los siguientes cuarenta y cinco minutos (sí, cuarenta y cinco minutos exactos), el mayor de ambos estaría jodiéndole con su edad verdadera, haciendo chistes de ancianos y bromas, con ademanes incluidos, relacionados a los mismos. Claro, de no ser por el grito que escucharon a continuación al pasar por un parque, éso habría sucedido. "¿Huh?", aunque Hazel fue la primera en girarse en dirección al llamado, el joven de ojos esmeralda, en un acto reflejo, posicionó su brazo derecho frente a la menor, en un gesto protector. Decidido, caminó hacia el origen del grito, levemente inclinado hacia delante, alerta a cualquier amenaza; fue cuando se escuchó la mención del herido que ambos corrieron hacia el lugar del accidente.

Se trataban de un niño, no mayor de diez años, y un joven de curiosos cabellos violeta. Lo primero que llamó la atención del mayor de los gemelos fue el inmenso tronco que descansaba sobre las ya amoratadas piernas del pequeño. Con una simple mirada, ambos corrieron en dirección al pequeño; Hazel se arrodilló a la cabeza del niño, colocando ésta en su regazo. Gracias a su influencia divina, el suave tacto sobre la frente del pequeño provocó una repentina calma en éste, hasta el punto que éste se quedó profundamente dormido, casi como si estuviese bajo el efecto de la anestesia. Mientras tanto, Aiden, con una ridícula facilidad, levantó el enorme tronco con su mano derecha, echándoselo al hombro como si fuese un costal de papas, para después dejarlo con cuidado lejos del lugar del incidente.

Habrá que llevarlo al hospital— suspiró Aiden, más tranquilo por el cese del llanto del pequeño, recibiendo un asentimiento de su hermana como respuesta. Al girarse a ver al joven de cabello morado, continuó—: ¿tú estás bien? Te ves pálido— aunque era cierto, el chico frente  a él se miraba más saludable que el pobre herido, por lo que la pregunta quedó más bien como cortesía, añadiéndole el hecho de que la realizó mientras sacudía las virutas de su chaqueta. Su aspecto se asemejaba más al de un hombre que terminaba de arreglar una llanta desinflada, no al de uno que acababa de cargar un tronco de gran peso y tamaño.


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Tema Privado Re: Un Domingo como cualquier otro {Priv. Hazel & Aiden}

Mensaje por Kanato Sakamaki el Vie Jun 01, 2018 9:50 pm

Tras ejecutar el llamado de auxilio se quedó por unos segundos en un completo silencio pensando que nadie se atrevería a intervenir por lo que no dudo en analizar un segundo plan. Era más que obio que usando su fuerza física no lo lograría pero ¿que había de la mental? Podía mover perfectamente objetos pequeños pero dudaba seriamente en que seria capaz de apartar aquel pedazo de tronco.

Para su suerte no fue necesario hacerse mas cuestionamientos ya que sus gritos fueron escuchados. Dos personas, una joven y un muchacho hicieron acto de presencia al lugar del accidente, a primera vista aquéllos dos tenían un extraño aire de similitud aunque por otro lado se diferenciaban bastante. Sin mediar palabras la chica de aspecto frágil tomó la cabeza del infante y de un segundo para otro este cayó en un profundo sueño al mismo tiempo que su compañero sin esfuerzo alguno elevaba el tronco colocándolo lejos del sitio.

Kanato quien observaba todo con ojos sumamente curiosos y la cabeza ligeramente inclinada hacia un costado, como si en frente suyo hubiese estado observando algo nunca antes visto. En ese instante su mente estaba sumando y descartando hipótesis sobre los dos personajes en escena hasta que finalmente regresó a la realidad con la voz del muchacho — no será necesario llevarlo hasta un hospital... — comentó de imprevisto caminando en dirección al infante — ¿palido? Bueno...creo que ese es mi color de piel natural — agregó mas tarde un tanto apenado por la confusión.

Se arrodilló frente a la figura del niño que descasaba en el regazo de la joven de cabellos cortos para acto seguido frotar sus manos — muy bien aquí vamos — exclamó para después colocar las palmas encima de la pierna, lugar donde yacía la herida. Instantáneamente numerosas esferas pequeñas de color dorado rodearon la zona afectada por el golpe, cubriéndola de lleno con estas esferas que se asemejaban bastante a la famosa luz de las luciérnagas en plena oscuridad.

Se mantuvo en aquella posición por varios segundos hasta que dijo — no se preocupen el estará bien, eh perdido la cantidad de veces que curé este tipo de heridas...literalmente perdí la cuenta, antes las anotaba en una libreta pero de un día para otro ¡puff la perdí! Y eso es muy extraño porque yo jamás pierdo algo...así que me decidi a comprar otra pero no me gustaba ningún diseño de las que ofrecían en la tienda...por lo tanto decidí mandar a hacer una personalizada para mi mismo ¿pero saben que ocurrió? ¡No encontré ningun local que hicieran libretas personalizadas ¿pueden creerlo? ¿Como es posible que no exista ninguno? Estuve toda una noche pensado en el diseño para que después... — mientras narraba esa innecesaria historia poco a poco la herida se iba sanando.

— Con esto sera suficiente — musitó apartandose al mismo tiempo que las luces se disipaban — estoy seguro que su madre debe estar buscándolo cerca de aquí y no tardara en aparecer, por lo tanto lo mejor es que esperemos mientras el pequeño descansa — sugirió — por cierto mi nombre es Kanato... Gracias por su ayuda a ambos — se presentó dedicándole a ambos su clásica dulce sonrisa.

— Oye podrías moverlo y recostarlo hasta ese banco que esta hay — le hablaba al joven de marcados musculos y señalaba el banquillo mas cercano — estoy seguro que podrá descansar mejor hay mientras duerme...además veo que se te da muy bien eso utilizar tu fuerza ¡la manera en que levantaste ese tronco fue alucinante, tienes que enseñarme a hacerlo! — decía de manera inocente esperando a que el chico aceptara el pedido.

Finalmente podía relajarse, la situación había mejorado y todo era gracias a esas dos personas que tenia enfrente. Observó detenidamente a cada uno analizando sus rasgos y se percató de algo en el rostro de la muchacha que llamó abruptamente su atención por lo que no tardó en hacérselo saber, de manera que se aproximó hasta ella y casi susurrándole exclamó.

— O-oye no se si te habías dado cuenta pero...tus ojos son de distinto color ¿eso es normal en ti? ¿Te sientes bien? —


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