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Tema Privado Escapa de tu propia trampa [Priv. Anko]

Mensaje por Eremiha Komisyien el Jue Mayo 10, 2018 12:13 pm

Había sido un día en definitivo pesado y en el transcurso de aquello había obtenido algunos golpes y un labio reventado, nada nuevo en el día a día del chico de ojos cetrinos. Sus labios se apretaban como normalmente, esforzándose por no dejar salir a la luz aquel odiado secreto con el que había nacido y estaba maldito. Normalmente dejaba correr más tiempo en el instituto, luego de la hora de salida, para poder ir a casa sin toparse con más gente de la que puede desear. Sus pies iban a paso lento dejando un corto eco de intervalo. Con los sentidos atentos a su alrededor su camino a casa llevaba arrastrando un patente nerviosismo todo dividiéndose entre su rostro, las manos que apretaban con fuerza las tirantes de la vieja mochila y los pies que se conducían.

Parecía ser que así sería siempre y eso es algo de lo que ya tenía conocimiento y estaba dispuesto a soportarlo… hasta cierto punto, tal vez. Un pequeño gato se cruzó por el frente, absorbiendo su atención, sin poder resistirse para agacharse y acariciar su sucio pelaje dorado, con cuidado, provocándole una sonrisa de oreja a oreja y una mirada inundada de ternura.

-¡Joder! ¡Miren a quien nos encontramos! –Aquella voz masculina le dejó petrificado y con los ojos abiertos como platos y las pupilas contraídas por el miedo, no había necesidad de girar su cabeza pues sabía quién era. Una presa termina por reconocer a su enemigo.

-Pero si es el chico de lengua extraña ¡Jajajajaja! –Una voz se unió a la situación, seguido por varias risas y murmullos del grupito que ya conocía como la palma de su mano.

El chico de cabellos ondulados tomó al gato y comenzó a correr entre las calles y por supuesto no tardó en ser perseguido en una cacería. Se abrazaba al gato con miedo de que si lo soltaba aquellos malnacidos le hicieran algo. La mochila golpeaba su espalda mientras corría y sus piernas comenzaban a cansarse y traicionarle. Era un asco en cualquier deporte. Giró abruptamente en un callejón mientras trataba de planificar en su mente un mapa de donde se encontraba, si algo había de bueno era su capacidad mental, ayudándole con sus escapes. Más adelante había una calle donde los podía perder, sólo tenía que aguantar, y carga a un gato gordo que encajaba sus uñas igual de temeroso que él, no ayudaba mucho. Giró en la calle correspondiente y ahí fue donde el mundo le tiró la lluvia de piedras, pues al parecer estaban remodelando esa parte y se encontraba cerrado. ¡Demonios! Giró mientras observaba como el grupo de abusadores llegaban a su encontró y cuando el chico rubio de sonrisa sádica se acercó, ya esperaba la peor parte del asunto.

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Tema Privado Re: Escapa de tu propia trampa [Priv. Anko]

Mensaje por Anko el Vie Mayo 11, 2018 7:13 pm

06:00 de la madrugada, cuarto de Anko.

Lentamente la luz se filtraba por la transparente cortina que ocultaba la fina cristalera, iluminando de forma tenue aquel previo oscuro lugar, impregnando con su luz los modestos muebles, repisas y peluches que yacían sobre la cama o en el suelo, todo teñido de colores pasteles, predominando el rosa, cualquier podría imaginar que se trataba del cuarto de una pequeña niña. Removiéndose entre las sábanas y apretando con fuerza los párpados, se encontraba la castaña, aun bajo un dulce y profundo sueño, que debía verse interrumpido por un nuevo día laboral - ¡Te salvaré! - gritó mientras se levantaba de golpe, sentándose en la cama, con el cabello todo desprolijo, con algunas mechas sobresaliendo, asemejando un par o un trío de cuernos. Ese día había soñado con que salvaba a un caracol gigante de un grupo de saleros, aunque era lo único que recordaba, no podía evitar sentir aquel peculiar sentimiento de preocupación, deseando que el dulce caracol estuviese bien.

Su rutina comenzó con lo habitual, dándose primero un baño, vistiéndose con la ropa preparada del día anterior y preparando un rico desayuno para su hermano y para ella. Sobre la mesada de la cocina, se encontraba además una pequeña caja de almuerzo, era el primer día que llevaba algo así para comer en el trabajo, luego de que fuese regañada por comer tanta comida basura. Había preparado una simple ensalada de lechuga, tomate, algunos granos de mazorca y dos huevos duros con cáscara. A un lado una pequeña botella con sal y otra con aceite de oliva, ese sería su almuerzo del día. Suspiraba al extrañar el comer fideos instantáneos o alguna hamburguesa de un local cercano.

Y emprendió marcha, no sin antes dejar a su dulce hermano en la guardería, le había empacado sus lápices de colores, una galletas y una caja de juego de manzana, además de algo de fruta picada, como manzanas y bananas - Recuerda comer primero la fruta, le puse un poquito de jugo de limón para que no se ponga fea ¿Si? - Fueron sus palabras hacia Akku, quién sólo atinaba a decir un "si" con la cabeza, abrazando a su hermana y adentrándose en las profundidades del jardín de infancia.

09:00 de la madrugada, tienda de antigüedades "Don Vetusto"

Como dicen; otro día, otro dolar. Todo había transcurrido con tanta normalidad, los clientes usuales habían hecho su aparición para consultar sobre nuevos artículos, otros pocos simplemente para reír con la mercancía. La castaña ya estaba tan acostumbrado a todo, se había memorizado por completo los nombres y gustos en particular de su clientela habitual y ya podía predecir las bromas de los visitantes sobre los productos, fuese por su forma sugestiva o porque simplemente les hacía gracia el aspecto de otras. No pudo más que soltar un suspiro, esperando su hora para ir a comer.

Quizás la peor hora del día es cuando los estudiantes salen de la escuela, se podría decir que es el momento donde más clientela tiene, o por lo menos lo sería si comprasen algo, siempre entran y no compran nada, habían días donde se llenaba, pero incluso así nadie adquiría nada, es más, debía incluso estar mucho más atenta para que no roben nada. Por fortuna, ese día fueron pocos, así que apenas todo volvió a la tranquilidad, se levantó para ir al baño y cerrar para almorzar. Fue en el mismo donde se dio cuenta de su terrible apariencia,  ese día había salido con prisa, así que no le dio tiempo para peinarse bien, pese a tener su usual cola con forma de piña, algunos cabellos sobresalían en distintas direcciones, aparte, se había olvidado de usar los lentes de contacto, por lo que traía las gafas puestas ¿Cómo se había olvidado de algo así? Sumado a que era un día bastante helado, por lo menos para ella, llevaba un ridículo sueter con un pantalón largo de polar. Ya no sabía si la gente que entró se reía de las antigüedades o de ella, simplemente volvió a suspirar antes de salir, estaba tan cansada que ni para preocuparse tenía energías.

Hora del almuerzo, calles de Éadrom.

Caminaba por las calles sin mucho ánimo, quizás ya le comenzaba a pesar lo monótono de los días, trabajar en el mismo lugar gris, por más que le parecieran sumamente interesantes las antigüedades, no compensaba el simplemente estar allí sentada, sola, rodeada de polvo y sin sonido alguno. Pensaba en todo ello mientras transitaba las calles ¿Y si dejaba su empleo? No podía, quizás en algún momento pasado sí, pero ahora debía cuidar a su hermano y necesitaba el dinero más que nada. -Pero si es el chico de lengua extraña ¡Jajajajaja! - Una voz había llamado su atención, cuando se quiso dar cuenta y miró hacia un callejón, un grupo de matones parecían estar haciendo de las suyas, uno de estos clavó su mirada en la portadora de orbes ambarinos - ¿¡Y tú que miras, niñita!? ¡Regresa a tú casa! - Le gritó con grosería y sin ningún respeto, Anko por su parte, infló sus mejillas y frunció el ceño "¿¡Niñita!? ¡Pero si seguramente debo ser mayor que ellos!" Pensó mientras seguía su camino bajando la mirada, de inmediato la expresión del joven se apropió de su cerebro ¿Qué debía hacer? No se trataba de un simple delincuente, si no de un grupo, ella claramente no podría hacer nada si intervenía con palabras, menos con golpes, aparte de no caracterizarse por ser del tipo violenta, su musculatura era la de un aguacate, la mejor salida era simplemente seguir de largo y rezar porque aquel joven saliese bien de ahí... "¡Como si eso fuese a pasar!" Pensó reuniendo todo el valor de su corazón. De entre sus pertenencias tomó un pincel, el cual creció a más o menos el tamaño de una escoba "Por favor resiste" pensó mientras con velocidad, comenzaba a pintar sobre la pared a un lado del callejón, sin ser vista, quizás en su vida había dibujado tan rápido, al punto de sentir dolores punzantes en ambas muñecas, dedos y palmas.

Un leve crujido de su muñeca fue la señal para saber que estaba listo, sobre la pared ahora se encontraba plasmado un muy realista e intimidante dibujo de un tigre, incluso estaba a color, era más grande que uno normal y por su expresión, se veía muy hambriento. Apenas estuvo listo, aquel tigre salió de la pared, meneando su cuerpo y cola, no hicieron faltas palabras antes de que el mismo entrara por el callejón, Anko dio un fuerte grito - ¡Un tigre, cuidado! - Exclamó mientras se alejaba levemente para esconderse y dejar que su creación se encargara de los busca pleitos. Un fuerte rugido dio paso a gritos de miedo y del oscuro pasadizo emergieron varias figuras corriendo hacia distintos caminos, uno en especial, que parecía ser el más cercano al joven en peligro, salió con el pantalón roto justo en la zona de los gluteos, dejando ver así su para nada linda ropa interior, tras él salió el tigre quién comenzó a perseguirlo, dando rugidos ocasionales "Creo que te pasaste" pensó la castaña rascando su mejilla, antes de correr al interior del callejón - ¡Vamos ahora! Seguro no vendrán en un rato - Le comentó al joven antes de tomarlo de la mano y huir, cerca había un parque para niños en el cual aun cuando quisieran regresar por su víctima, no la encontrarían.

En el parque

No era nada lejos, pero si estaba bastante escondido, se podía deducir que era bastante nuevo por la pulcritud de los juegos, grandes arbustos rodeaban el mismo, ayudando como cobertura para no ser vistos. La muchacha se sentó en una banca, cansada, respirando de manera agitada, su condición física era de las peores y esa pequeña maratón había sido suficiente para agotarla. Una vez sentada, le sonrió al joven - Disculpa por arrastrarte así... Te podría llevar más lejos, pero años de ser una vaga tienen sus resultados... Por cierto, hablando de ser vagos ¿Sabes cual es el colmo de uno? Levantarse dos horas antes, para estar más tiempo sin hacer nada - Bromeó riendo en voz baja, tomando un pañuelo de su bolso para limpiar su frente, estaba nerviosa de haber actuado con tanta iniciativa y no podía evitar sentir miedo por la reacción del contrario, pero algo se le ocurrió. De entre sus cosas, también sacó su pequeña caja de almuerzos, abriéndola y dejando ver su contenido - Por cierto... Me llamo Anko... Mucho gusto ¿Te gustaría compartir esta pequeña ensalada conmigo? Así puedes hablarme sobre esos chicos ¡Si que son malos! ¿Escuchaste como me llamaron? Si supiesen que perfectamente podría ser su profesora o algo así - Habló con una entonación indignada, aunque por la sonrisa que luego volvió a dibujar, se notaba que lo decía en broma, en un intento por hacer de toda la situación algo más cómoda - ¡Por cierto! ¿¡Estás herido o algo!? Por aquí tengo algunas gazas y alcohol -

Spoiler:
¡Disculpa si es algo largo!


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Tema Privado Re: Escapa de tu propia trampa [Priv. Anko]

Mensaje por Eremiha Komisyien el Sáb Mayo 12, 2018 12:41 am

Tenía los ojos cerrados, apretados, y el rostro esperando por el primero golpe que era el que iniciaría los demás, seguidos por patadas y burlas, probablemente le obliguen a abrir la boca, siempre era lo mismo. Nada fuera de lo ordinario, de su vida diaria. ¿Cuánto durarían esta vez los moretones? ¿A qué extraños colores llegarían? El dolor nunca se hizo presente a pesar de haber apretado los dientes y fue una voz masculina lo que le hizo descubrir un mínimo sus ojos y presenciar entre sus pestañas a un animal que le dejó la sangre helada. Su cubrió, y para su suerte le ignoró por completo y asustó al grupo de malhechores. Algo o alguien le cubría de la luz y observó por el espacio entre los dedos de sus manos a la chica de mejillas redondas y fuerte determinación en la mirada, quien le ofrecía la mano. Mordió su labio inferior con dudas presentándose en el rostro y un leve temblor en el cuerpo. Miró por detrás de la chica y la volvió hacia ella simultáneamente con la nariz y el entrecejo arrugado. La tomó tragando saliva y rezando a quien sea por su bienestar.

No era muy lejos y trataba de igualar los pasos de la fémina, casi tropezándose en una de esos. Demasiado torpe para sí mismo. Con la mano desocupada quitaba ramas que se acercaban a su rostro. Apretando los labios y preguntándose si aquello realmente estaba bien, la chica ciertamente tenía un aire de ternura emanando a su alrededor, pero con el paso de los años, sonrisas falsas y equivocaciones, que las personas nunca son como se ven y siempre cargan una máscara consigo.

La miró sentarse y no estaba seguro si hacer lo mismo o huir de aquel lugar, su corazón seguía palpitando corriendo entre el sonido de los tambores de su interior. Pero le vio en seguras peores condiciones que él y no era inhumano y tenía demasiada empatía como para meterle en problemas constantemente. Suspiró resignado y se sentó en silencio mientras la chica decía uno de esos chistes de los que si te reías eran por los malos que eran. Alzó una ceja como respuesta al igual que hacia señas con las manos moviéndolas de un lado a otro, estiradas, como un “no hay problema”. Hubo un punto en que no sabía si reír o no ante las palabras de la chica. Mordió el interior de su mejilla todavía algo incómodo y sacó de su mochila una libreta pequeña y un lápiz donde garabateó con una letra pulcra su nombre para luego mostrárselo y apuntarse a sí mismo, presentándose como podía. No era de hacer ese tipo de cosas, a menos que fuera presentarse en una nueva escuela, en un nuevo salón, frente a sus nuevos compañeros. Personas que terminarían haciéndose de la vista gorda, burlándose, murmurando a sus espaldas, cualquier cosa, pero nunca nada bueno.

-Estoy bien, gracias por ayudarme–Escribió en la hoja cuadriculada, mirándole todavía con un semblante preocupado y nada relajado –No te preocupes por la ensalada, yo comeré cuando llegue a casa –Algo golpeó en su interior que hizo que sus vellos se erizaran y por su espalda recorriera una descarga. No le dejaría salir. - ¿Puedo preguntar por qué me ayudaste? –Quería… no, necesitaba irse de ahí antes de que algo malo ocurriera, y más si incluía a la cosa que llevaba guardada tras los dientes.

El viento soplaba suave entre las hojas de los árboles que cantaban con su movimiento. Apretó los puños algo frustrado y cansado por el estilo de vida que cargaba en la espalda.

-Es mejor que te vayas –Le escribió con el rostro lo más decidido posible, arrugando las hojas con sus dedos con los que tomaba con fuerza su medio de comunicación, retirándola rápidamente para pasar la hoja y volver a entintarla con una letra temblorosa. –Si vienen, vendrán ahora en tu búsqueda y no quiero causarte problemas –Parte era mentira y parte verdad, prefería ser el único dentro de aquella tormenta que arrastrar a alguien más consigo, además de que no quería espantarla y que huyera, cosa que suelen hacer todos. Aunque probablemente sería buena idea si quería que se alejase de él… pero estaba cansado, demasiado, de que la gente se siguiera enterando de su secreto. Tarde o temprano lo podría hacer, pero no lo haría por su… propia boca.
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Tema Privado Re: Escapa de tu propia trampa [Priv. Anko]

Mensaje por Anko el Mar Mayo 15, 2018 7:24 pm

Ya había comenzado a comer lentamente las rodajas de tomate que se encontraban en su pequeño recipiente, observando las acciones del contrario, al principio la castaña no conseguía entender del todo lo que el extraño chico hacia, hasta que finalmente leyó su nombre y observó como se apuntaba ¡Que idiota había sido al estar hablando tanto y no darle espacio para si quiera responder tranquilo! Su rostro enrojeció por la vergüenza al comportarse de manera tan desvergonzada - ¡Lo siento! Creo que algunas veces hablo mucho... ¡E-Es un gusto, E..Remiha... ¡Ere! ¡Es un placer! - Respondió amablemente, sonriendo, sin dejar ir aquel colorete rosa de sus mejillas, fijando nuevamente su atención en la prosa del joven, era impresionante, una caligrafía hermosa e impecable, algo que ni ella misma podía decir con orgullo sobre la propia.

Leía con obvia atención, tenía los dientes del tenedor entre los labios, aun saboreando la pequeña rodaja de fruta antes de tragar - ¿Estás bien? ¡Pero te veo heri... - No pudo continuar porque enseguida siguió leyendo, era las dificultades que existían entre una parlanchina y un chico mudo, los tiempos de cada uno tenían tanta diferencia que perfectamente pasaban como aceite y agua. Se quedó en silencio hasta terminar de leer, no quería hablar no porque no quisiera, quería ver hasta donde llegaba, observaba el dolido rostro del universitario, podía notar a simple vista como sufría, realmente lo estaba pasando duro y podía apostar que gran parte, eran aquellos agresores, ella lo sabía, lo había experimentado cuando era más pequeña. Era horrible.

Volvió a sonreír apenas el contrario terminó su prosa, dejando el tenedor sobre el recipiente, posando su suave y pequeña mano sobre la del contrario, la que sostenía el lápiz - Tú... Parecías necesitar ayuda - Respondió, cerrando los ojos y sonriendo con su dentadura, una muy amable y llena de cálida sonrisa, había sido honesta, no le había ayudado porque se sintiera una heroína, porque buscase ser su amiga o porque quisiera algo como dinero, simplemente no había podido evitar hacer todo lo que tenía a su alcance para sacarlo de ahí, su cuerpo se había movido por voluntad propia para acabar con aquel calvario por el que tenía que pasar aquel joven.

Y enseguida volvió su mirada ambarina al parque, estirando sus brazos y piernas, no se le veía preocupada, ni con miedo, mucho menos arrepentida por lo que había pasado - No quiero - Dijo ante las súplicas del contrario por ser dejado solo, enseguida posó ambas orbes sobre las contrarias, podía verse algo ¿Quizás ofendida? - Rechazaste mi invitación a comer ¿Y ahora quieres que me largue? Pues no quiero... - Dijo en un puchero, inflando ambas mejillas y cerrando los ojos - Dentro de todo, soy una chica ¿Sabes? Duele que te rechacen así... Pero más importante, tienes miedo de que ellos regresen ¿No? - Abrió los ojos y tanto su mirada como sus labios, esbozaban un aire de tranquilidad y confianza, comprendía perfectamente lo que el contrario quería hacer, ella lo habría hecho en su lugar, si hacía memoria, incluso podría apostar que en su más linda infancia, hizo lo mismo para evitar meter en problemas a alguna niña que quisiera ser su amiga, era una de las razones por las que siempre estuvo sola - Eres muy amable y considerado al pensar en mi... Pero aunque no lo creas, también se defenderme... Bueno, sé que en esta ciudad hay un sin fin de personas distintas... Y como ves, no soy realmente del tipo atlético... ¡Pero si pude sacarnos de esa situación, te doy mi palabra de que puedo hacerlo de nuevo! No lo parecerá, pero dentro de esta cabeza hay un cerebro -

Dejó el pequeño contenedor con la ensalada a un lado por un momento y se levantó, se veía animada, dándole la espalda al muchacho - ¡Se me ocurrió uno bueno! - Hablaba como si el contrario le hubiese pedido algo, se dio la vuelta para observarlo a la cara y se inclinó levemente hacia adelante - Es bien difícil bromear con un cleptómano... ¡Porque toman las cosas... Literalmente! - Bromeó, llevando una de sus manos a su boca y soltando una estúpida risa contenida, algunas veces era así, aunque a nadie le hiciera gracia, ella misma se reía de sus bromas - Como sea... Si ellos regresan, tengo un plan - Dijo con calma, más tranquila y caminando a un árbol cercano, de su bolso sacó un pequeño pincel ornamentado, en este comenzó a dibujar sin dejar ver al contrario, luego susurro algo,, al regresar, nada podía verse en donde supuestamente había dibujado.

Se sentó nuevamente donde estaba antes y se colocó el pequeño recipiente en las piernas - Última oportunidad ¿Seguro que no quieres comer un poco? ¡Está muy rico! - Exclamaba volviendo a comer una pequeña rodaja de tomate con una extraña expresión de felicidad. Era increíble como podía hablar de forma tan confiada y tranquila con alguien más, no sentía la presión de la mirada ajena o una mala respuesta, aunque sonase algo cruel, incluso podía deberse a que el contrario más que hablar, simplemente escribía - ¿Por qué no me cuentas un poco sobre ti? ¿Estudias? ¿Porqué esos chicos te molestan? - Preguntó finalmente sin quitarle la mirada. Podrá haber sido una tarde perfecta, si no fuese porque a lo lejos podían escucharse unas voces, eran familiares y para nada agradables, la paz del parque parecía llegar a su fin.


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Mensaje por Eremiha Komisyien el Lun Mayo 21, 2018 12:37 am

¿Por qué aquella chica mostraba molestia ante sus palabras? No lo entendía, posiblemente falta de empatía o el pasar tanto tiempo sólo y no hablar con alguien hacía que no comprendiera del todo las situaciones. Aunque en cierto modo aquellas dos opciones eran básicamente lo mismo. Arrugó en entrecejo, lo que menos quería era molestar a la chica que le había ayudado. No era su intención hacerle sentir mal.

-Perdón –Escribió agachando la cabeza con vergüenza

De un momento a otro aquella chica cambiaba su semblante a uno luminoso y positivo, tanto que se dio pena a sí mismo por ser tan lúgubre, rasco su nuca. La voz femenina era muy reconfortante, tenía algo que le hacía recordar a su fallecida abuela, haciéndole sonreír de manera muy leve sin darse cuenta, apenas un atisbo de la felicidad y melancolía de agradables recuerdos. Sintió con la cabeza, resignado, parecía que no podría hacer cambiar de opinión a aquella chica por más que lo intentara.

-Gracias. Aunque no logre entender realmente tu decisión. Creo que nunca está de más ser agradecido. O por lo menos eso me enseñó mi abuela.

Sus labios formaron una sonrisa que ocultó bajo su mano ante el chiste de la chica. Carraspeó su garganta antes de recobrar la comportara escuchando las valientes palabras de la chica. Alzó la ceja, algo intrigado por las palabras que aquella boca soltaba y el dichoso plan del que parecía aferrase y se le veía en total confianza.

Miró el contendedor de ensalada y tragó saliva, nervioso y negando con la cabeza. Por más que quisiera él y el secreto que deseaba salir de su boca; no, si lo hacía todo quedaría revelado y prefería alejarse a que aquella cara femenina tan linda se viera arruinada en una mueca de asco y horror. Apretó sus puños con su típico tic de hacer lo mismo con su boca, siempre asegurándose de que aquella cueva de donde muchos lograban sacar hermosas obras en canticos… la del nunca debía ser abierta. No respondió, mirando la hoja y perdiéndose entre las líneas que venían impresas en esta, hasta que se decidió. –Soy estudiante universitario –se concentró en esa respuesta, contestar otra pregunta sería peligroso y prefería “cambiar” de tema de manera sutíl.

Aquel momento tan pacífico le duró poco, así era siempre. Momentos efímeros de felicidad que nunca terminaban por quitar la negrura del vaso. Volteó hacia dónde venían las distintas voces masculinas, hablando y aullando como si de animales se tratasen, deseosos de sangre y violencia.

¿Qué podía hacer? Su cuerpo era delgado y no era bueno en los deportes, por ende, un asco en cualquier clase de pelea física. Nunca le ganaría, pero quería proteger a aquella chica de grandes y ojos almendrados que parecían brillar con la felicidad y optimismo que irradiaba su sonrisa. Miró a su alrededor, intentando trazar un plan, tal vez no podía usar la fuerza bruta, pero era astuto e inteligente, algo bueno tendría que sacar de aquello ¿no?

-Te ayudaré –le escribió rápidamente.

Reunió cuanto valor pudo antes de sacar de su mochila un spray de cabello que utilizaba para las clases de arte y que los trabajos a lápiz no se fueran a manchar. Aquella no era su clase favorita ni nada, pero pues la tenía como un extra. Sabía que aquellos chicos seguramente tendrían encendedores, sólo tenía que buscar la forma de obtener alguno de ellos.

Cuando el grupo de matones estuvo frente a ellos, el chico de cabellos rizados se puso delante de la chica castaña, con las manos escondiendo el bote tras su espalda.

-Oh, veo que el monstruo ha decidido ser un hombre – Se burló el líder del grupo siendo obviamente apoyado con las carcajadas de sus subordinados.

Como era de esperar fue el que se encaminó más hacia el chico con la idea de darle un puñetazo, acción del falló cuando el oji cetrinos se agachó, esquivándolo. ¡No lo podía creer!, podría celebrar aquel reflejo de pura suerte, pero aprovechó la inercia y el cambio de equilibrio de su atacante para buscar rápido entre sus bolsillos tomando un encendedor. Los nervios le hacían temblar las manos mientras el rubio se levantado más cabreado de lo normal. Los dedos le temblaban mientras encendía el encendedor y presionaba el “botón” del spray, teniendo como resultado un improvisado lanzallamas que asustó al matón por un segundo. Siguió presionando con los ojos cerrados hasta que los abrió un poco mientras se alejaba hacia la castaña.
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Tema Privado Re: Escapa de tu propia trampa [Priv. Anko]

Mensaje por Anko el Jue Mayo 31, 2018 6:17 pm

¿Por qué en una sociedad que había avanzado tanto, aún existía comportamiento tan primitivo? Eran esas experiencias las que a veces le hacían cuestionarse a la castaña de si haber dejado la escuela a una temprana edad, había sido en realidad una buena idea. De primera mano había experimentado el abuso, sabía perfectamente lo es sentirse pequeña frente a otros que simplemente se deleitan con el sufrimiento ajeno, aunque nunca a un nivel como el que seguramente estaría sufriendo aquel joven o los casos documentados en televisión, su humillación siempre se mantuvo en un bajo nivel, con algunas burlas patéticas y uno que otro golpe pequeño, cosas que por fortuna hoy en día no significaban una gran marca en su modo de vida, por lo menos en un sentido extremo, había superado hace mucho ese impulso de querer ir a la escuela con un arma de fuego… ¡Es broma! La pequeña niña de grande imaginación nunca había tenido que recurrir a ideas así, siempre sumergida en su mundo fantástico, eso la había ayudado toda la vida a soportar la carga de la sociedad o la propia ¡En su cabeza ella era una valiente guerrera que no tenía tiempo que perder con mundanos duendes cuyo único objetivo era fastidiar la vida de otros! Ella estaba demasiado ocupada eliminando dragones en la pequeña consola o acabando con la existencia de la mugre en su casa.

Por esas razones no podía evitar sentir impotencia al ver como su recién conocido, parecía estar nuevamente encerrado en un callejón… Y en parte era su culpa, lo había traído a un lugar que si bien estaba algo escondido, no era muy lejos, todo por no tener la condición de correr más lejos. Impotencia también por, pese a autodenominarse una guerrera valiente, el temblor en sus piernas no paraba, como un venado siendo acechado por las luces de un coche, se había paralizado por completo al verse cara a cara con el gran grupo de maleantes… Sin embargo, algo encendió su corazón, casi literal. Observaba perpleja como el joven que recién había prometido ayudar, se adelantaba a ella, enfrentándose a sus enemigos de primera mano, era la pelea de un pequeño novato de nivel 1 contra el jefe final ¡Y para sorpresa de todos, el horrendo enemigo había fallado un ataque! El pequeño héroe había tomado la delantera, utilizando una esplendorosa habilidad para robar y de alquimia. La castaña simplemente observaba asombrada la secuencia, imaginaba todo como uno de sus mundos fantásticos y no podía hacer otra cosa que emocionarse ¡Ella también debía luchar! Había sido su promesa.

Musiquita:

Y enseguida, mientras todos eran distraídos por las furiosas y valientes llamas de Eremiha, unas pequeñas criaturas se colaron por las ramas de los árboles, brincando sobre tres de los matones, entre ellos el líder - ¡Algo me cayó encima! – Gritó uno de los subordinados, en lo que el otro desdichado que había sido víctima de uno de los secuaces de Anko, también comenzaba a gritar al sentir algo entre sus ropas. Ahora tres pequeños simios danzaban - ¡Es lo que merecen! – Gritó la joven castaña, dando unos pasos hacia adelante, apuntando con el dedo índice de su mano derecha, se había adelantado a su nuevo compañero, quedando unos cuantos pasos frente a él y algo más cerca de los brabucones - ¿¡Por qué defiendes a un cobarde!? – Gritó otro de los subordinados desde atrás, se veían furiosos, pero antes de que pudiesen seguir chillando, la pequeña maga abrió la boca - ¡Cierra la boca! ¡No lo conoces para nada! ¿¡Por qué tienen esa necesidad de hacerle daños a otros!? ¡Lo llamas cobarde! ¡Pero ustedes lo son aún más aprovechando los números! ¡Son peor que los saltamontes atormentando a las hormigas! ¿¡Qué tan cobardes deben ser para atormentar a un joven que no les ha hecho nada en manada!? ¡Son… Son… Son unos lamehuevos! – Gritó finalmente en lo que parecía ser un pequeño mal humor, aunque no estaba enojada, simplemente estaba algo molesta, representado en su rostro levemente enrojecido.

Mantenía una de sus manos a su espalda, era la señal que debía darle al joven; una señal de pulgar arriba, indicando que todo estaría bien, podía confiar en ella, sus piernas ya no temblaban, su espalda era recta y firme, y su otra mano en un incansable puño. El líder con sus dos compañeros más grandes, aun se encontraban retorciéndose en un intento por querer alejar a lo que sea que estuviese caminando con su cuerpo, pero fue el primero mencionado quién se acercó a la castaña, tomándola firmemente de la mano y jalándola hacia arriba - ¿¡Qué mierda es esto!? ¡Quit… - Pero antes de que pudiese seguir amenazando, la expresión de la chica era distinta, su cejas se encontraban fruncidas, su labio inferior levemente abierto para enseñar los dientes y su rostro ladeado hacia un lado – No me toques – Pronunció antes de que el joven brabucón junto con sus dos compañeros sintiesen un leve picoteo, bueno, leve es decir poco, realmente había sido un picoteo a considerar, de inmediato de entre sus ropas, emergieron un grupo de escorpiones, los cual a una gran velocidad corrieron detrás de Anko - ¿Ven estos pequeños? Los llamó veneno del abismo… ¿Saben por qué, no? La única forma de que el veneno salga de sus cuerpos… Es muriendo… Aunque si son rápidos, pueden que alcancen a llegar al hospital, no tengo idea si tiene cura o no… - Su voz se había tornado levemente más siniestra, en estos momentos agradecía tantas horas de anime y de simular escenas sola en su cuarto.

Los dos mayores comenzaron a correr, mientras que el resto, los más pequeños y que sólo ladraban, ahora estaban a una distancia prudente, preparados para echarse a correr de ser necesario, ellos eran los típicos que simplemente servían como espectadores, no pelearían, de ponerse las cosas feas, huirían de todos modos. Sólo quedaba el líder, quién observaba confuso toda la situación - ¡No lo entiendes! ¿¡No es así!? ¡Es un fenómeno! ¡Te apuesto que ni si quiera te ha dicho porque no abre su maldita boca! ¿¡No es así!? ¡Pues te lo diré! ¡Tiene un maldito caracol por lengua! ¡Es un maldito fenómeno! ¡Ni si quiera debería vivi… - Y nuevamente, fue interrumpido, aunque esta vez no fue con gritos ni palabras siniestras, para cuando quiso darse cuenta, se encontraba mirando a su izquierda, su mejilla la sentía entumecida, le dolía, sentía a la perfección la marca de una palma con cinco dedos; lo habían abofeteado, para cuando pudo mirar al frente, tenía a la joven maga plantada cara a cara - ¿Y a ti qué? ¿Ah? ¡Dimelo! ¿¡Y a ti en que te afecta eso!? ¡Ya podría tener cola de ratón, alas de murciégalo u ojos de marioneta! ¿¡Pero eso en que te afecta a ti!? – Exclamaba mientras caminaba, obligándolo a retroceder, obligándolo a todos a retroceder, mientras era seguida por los escorpiones, quienes por segundos parecían empezar a aumentar su tamaño - ¿Sabes cuál es tú problema? Te sientes el rey de la escuela, claro, eres bueno en deportes, popular con las chicas, no necesitas buenas calificaciones porque dan igual ¿No es así? Mientras todos estén por debajo de ti… Pues estás equivocado amigo – Su vista se dirigió a los de atrás - ¿Conocen a este chico? Pues déjenme decirles que no, él no es el chico popular que finge ser, no, aunque no lo parezca, tiene mucha más profundidad, no es un personaje plano como ustedes ¿Saben porque se generan los abusivos? Hay varios motivos – Comentaba mientras nuevamente, miraba al brabucón mayor, él sólo observaba confundido, arrinconado, habían llegado a un punto en el que simplemente no podía hacer nada – Primero… Puede ser que tenga un complejo con su personalidad… Mira, estamos en el 2018 ¿Sabes que muchos taboos dejaron de existir? Si te gustan los hombres, está bien; si sientes que no encajas con tú cuerpo y quizás… Quieras verte como las chicas a las que finges coquetear, también está bien… Todo eso está bien porque es normal, no debes esconder lo que sientes… - Lanzó como primer cuchillo, el rostro del sujeto se volvió rojo, miraba a sus compañeros en un intento de súplica, de negar todo lo que la joven decía, pero no funcionaba, la joven seguía disparando – Segundo… Puede que en la escuela sientas que eres el rey… Pero en casa no es así ¿No? Déjame adivinar… ¿Hermano mayor? ¿Tío?... ¿Tú padre? ¿No? Claro, no te gusta que llegue a casa a golpearte, o que le pegue a tú mamá… Tampoco te gusta que te llame niñita o llorona ¿Pero sabes? Eso está bien, los hombres también lloran, también sufren… Y tú padre es un idiota más como tu ¿Lo ves, no es así? Eres su reflejo, te conviertes en lo que más odias ahora mismo – Nuevamente, el joven retrocedía, ni si quiera Anko había llegado a esos límites de tener el rostro tan enrojecido, su garganta no tenía palabras, si no hablaba no es porque podría ser interrumpido, si no porque no existían palabras, estaba cayendo en un profundo vacío.

- Y finalmente… Si las dos anteriores fallan, o no, cuando te miras al espejo, es pequeña ¿No es así? Sabes a lo que me refiero, te sientes inferior al no cumplir lo canónino que te imparte la sociedad en el tamaño de “eso” ¡Pero no te preocupes! Puede medir lo que un maní, pero estará bien, las relaciones son más que tamaño… No debes pegarles a otros por pensar que la tienen más grande – Soltó el último puñal, el retroceso del gorila había llegado hasta el fin y ahora se encontraba tumbado en el suelo, de espaldas, mirando hacia arriba, había sido juzgado y ahora sólo le quedaba pagar por sus crímenes – Te diré una última cosa a ti y a tus “amigos”, y digo amigos porque para que veas, en ningún momento saltaron a defenderte… Hoy viste como Eremiha se defendió ¿No es así? Pues como lo hizo hoy, lo volverá a hacer, las personas no se quedan en silencio, hoy ya no se quedan en un rincón a ser molestadas… Hoy fue un pequeño efecto de pirotecnia ¿Qué será mañana? Pero tampoco te calientes la cabeza pensando en maneras más crueles con las que hacer su vida imposible… Porque él dejará de estar solo, es una muy buena persona, algo que tú no consigues conocer… Tiene una sonrisa radiante y un respeto increíble, algo de lo que también careces… Y por esa razón llegará el momento en que se rodeará de gente maravillosa, y ahí estarás tu, solo, porque si te atreves a volver a ponerle un dedo encima… - Inclinaba el rostro hacia abajo, sus escorpiones ya tenían un tamaño considerable, parecidos a los de un perro, amenazaban con su aguijón – Juro que te maldeciré – Sentenció finalmente, fue el disparo que dispersó a todo el ejército, cada uno de los que anteriormente se hacían llamar amigos del brabucón, ahora huían del lugar despavoridos, entre ellos, el mismo líder, quién con lágrimas en los ojos no podía hacer otra cosa que correr. La calma volvió al parque.

La castaña se desplomó en el suelo, mientras sus leales mascotas se desintegraban en grandes manchas de tinta. Había caído de rodillas, su respiración era agitada a más no poder, su cuerpo temblaba como nunca lo había hecho; estaba cansada, mantener tanto tiempo aquellas entidades a un nivel superior al que sabía manejar habían pasado factura en su condición física, pero quizás el principal motivo de su estado era la adrenalina, no podía creer lo que había hecho, no podía creer cuantas cosas había dicho, pero no se sentía mal, se sentía emocionada, lo había conseguido, por lo menos hoy. Echó una mirada hacia atrás, algo de sudor caía por su frente, sus mejillas totalmente sonrojadas, pero miraba con una radiante alegría a su compañero – Lo… Lo hicimos Erere… - Pronunció finalmente, antes de tumbarse de espaldas sobre la tierra, manteniendo los ojos cerrados, tratando de controlar su respiración, pero sin poder evitar pequeñas risas de felicidad.


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Mensaje por Eremiha Komisyien el Lun Jun 18, 2018 3:41 pm

El corazón estaba a tope, palpitando en su pecho a toda velocidad, sentía sus manos temblar mientras soltaban el botón del bote de spray. Toda la fuerza que tenía se desvaneció, cayendo al suelo de rodillas, intentando controlar su respiración que, sentía, quemaba sus pulmones en cada respiración que daba. Una gota de sudor se deslizó entre su piel, de la frente, pasando las mejillas rojas por la adrenalina y cayendo en su ropa, absorbiéndose entre el algodón. Alzó la mirada hacia la chica que se había posicionado frente a él, defendiéndole y ayudándole en aquella pelea. Estaba atónito y las reacciones de los agresores casi le causaban risa, aunque se sintiera mal al aceptarlo.

Aquellos extraños poderes que su nueva amiga poseía le tenían intrigados y es que hasta él sentía escalofríos por las criaturas que podía crear. Todo parecía ir bien, por lo menos no saliéndose de sus manos… Pero cuando uno de los chicos lo mencionó a él, a su secreto… se quedó ahí, pasmado, con las pupilas contraídas y los dientes apretándose entre sí. Bajó la mirada, sabiendo que era lo que seguía, esperaba reproches, una cara de asco… Todo completamente distinto de lo que pasó, las palabras le defendieron, dulces, llenas de honestidad y un valor que él posiblemente nunca tendría. Tragó saliva, mientras algo se removía en su interior, diablos. Su mirada se volvió borrosa a causa de la salada humedad que quería escabullirse de entre sus largas pestañas.

Aquella chica en un abrir y cerrar de ojos se había vuelto especial, posiblemente era lo más cercano a lo que le gustaría ser, alguien que no tuviera miedo de hablar, de actuar, que llevara una mirada decidida y una sonrisa de lo más dulce y cálida, regalada a todo el mundo, iluminando el lugar donde sus pies se posaran.

Observó a los chicos reírse y huir, y le dio lastima su agresor, abandonado por su propia pandilla, esperaba que algún día lograra encontrar personas que realmente lo apreciaran y te ayudaran en los momentos en que los necesitabas. Así como la chica castaña en ese momento, un suceso se necesitó para demostrar cuanto valía como persona. El chico gateó hasta su desplomada amiga, y con cuidado acarició su frente, con una sonrisa de oreja a oreja, sincera y llena de agradecimiento. Se sentó a su lado mirando el cielo, demasiado azul, adornado con esponjosas marañas de algodón, que corrían persiguiendo a las aves que reposaban en la fuente. Suspiró, aliviado. Se había quitado un gran peso de encima… o probablemente varios, se sentía más liviano. Miró a la chica de reojo, con las mejillas sonrojadas por la felicidad que un cuerpo podía emanar en esos instantes.

Se levantó y le tendió la mano a su amiga para ayudarle a levantarse. Sacudió sus pantalones y miró a su alrededor buscando su mochila y el bote de spray, ya vacío, en el suelo. Lo tomó y lo dejó en un bote de basura. Había sido un día agitado, probablemente de más.
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