Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Octubre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado El cuarto del ángel.

Mensaje por Hunter Byrne el Vie Abr 13, 2018 8:15 am

¡Domingo! Debían despertarse temprano para asistir a su primer día de clases en el Instituto Takemori mañana pero ese tipo de obligaciones nunca detuvo al pelirrojo de exprimir cada segundo del fin de semana. Actualmente eran las ocho de la noche no era lo suficiente tarde pero en la zona en las que se les ocurrió meterse parecía que el tiempo se detenía a las tres de la mañana, la hora del diablo. Hunter se encontraba sobre su patineta paseándose con total impunidad por la conocida “zona prohibida” buscando con su dorada mirada algo que le llamará la atención pero al parecer los habitantes, que estaban más que acostumbrados a las atrocidades del lugar, se ocultaban al atardecer.

-Supongo que no vamos a encontrar nada fuera de lo común.-
Le comento a su hermano adoptivo mientras daba vueltas alrededor del mismo cosa que hacía cuando el exterior era lo suficientemente aburrido como para centrar toda su atención en el azabache.- Vamos deja de poner esa cara.-Se llevó la mano derecha detrás de la nuca a la par que patinaba de espaldas para que el más alto no chocará con él. Su amigo lo único que quería era pasar el resto de la noche tranquilo en casa hasta la mañana siguiente pero Hunter insistió de tal manera hasta que terminaron donde están actualmente sin nada en sus estómagos, no se habían dado tiempo a cenar algo o siquiera a traerse algo de comida.- Silent Hill debe tener un bar o algo para parar a comer.-Claro cenar en un sitio espeluznante de un barrio aún más aterrador animaba a cualquiera. Finalmente le dio la espalda a Faye para adelantarse un poco con su patineta buscando algo que les sea de ayuda.

La soledad, la mugre y el silencio eran cosas que combinaban perfectamente allí. Donde sea que sus ojos se posaban podía sentir la decadencia que le trasmitían aquellos edificios que si pudieran hablar no podrían decir más que una locura tras otra, muchas cosas horribles presenciaron esas ventanas. En medio de las edificaciones que parecían abandonadas logro destacar una estación de servicio en la lejanía ¡Perfecto! Le compraría al mayor algo de comida para que mejorará su humor y luego de eso buscarían una casa abandonada para meterse.

-Mira-Se acercó nuevamente a su compañero para señalarle el lugar.- Allí comeremos algo ¿Vale? A ver si así dejas de hacer tanto berrinche.-Se encogió de hombros cerrando los ojos antes de adelantarse nuevamente en el camino siendo el primero en abrir las puertas de vidrio del lugar. No parecía muy diferente a otras gasolineras que había visto antes a excepción de que no solo no había autos así sino que tampoco parecía haber personal. Giro su cabeza de un lado, la giro del otro, se convenció de que en verdad no había nadie allí a pesar de estar las luces encendidas.- Bueno da igual solo tomemos las cosas y dejo el dinero en la caja.-Parecía que el pelirrojo era sencillamente imperturbable ante el aura asfixiante que dominaba el pesado ambiente de todo lo relacionado al barrio que en el que habían entrado.


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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Faye el Vie Abr 13, 2018 7:19 pm

Domingo... El día perfecto para pasarlo en casa, leyendo cómics, jugando o simplemente durmiendo toda la tarde, era el plan perfecto para un día de total descanso, nada permitiría que hoy fuese SU día... Claro, nada excepto su poco oportuno mejor amigo - ¿Por lo menos podemos comer? La pizza ya viene en camino - Pero fue en vano, el joven de baja estatura, ya estaba en marcha, con un largo suspiro y disgusto en su estómago, tuvo que seguirlo. Por lo menos el tío de Hunter podría disfrutar una buena cena de Domingo.

- No pondría esta cara si por lo menos hubiésemos comido... Pero estamos aquí en un lugar totalmente mugroso ¡Incluso donde vivía antes de pequeño estaba mejor que aquí! - Pronunció con cierta irritación, pero lo cierto es que estar en este peligroso y nada recomendado lugar, no era la raíz de su enojo, es más, incluso podría estar emocionado, lo que le provocaba tener marcas de venas en su frente era el ruido de su estómago, si había algo que podía molestarle bastante, era eso, el indeseable hambre.

Fue un pequeño negocio lo que iluminó finalmente sus dorados ojos, claro, por fuera era incluso peor que cualquier cosa vista hasta ahora, ventanas rotas, paredes sucias y con la pintura caída, además de algunos graffitis para nada artísticos, recalcar que además aquellas máquinas para rellenar de gasolina los vehículos, no se encontraban, como si algo o alguien se los hubiese llevado. - Bueno... Sólo espero que la comida no me mate con algún parásito intestinal o algo... Pero si llega a ser así, cría a esa fea criatura como a tú hijo y dile que su padre murió heroícamente - Pronunció en lo que entraba al lugar para inspeccionar, nada era fuera de lo común, repisas con basura, estanterías con basura, el suelo también tenía basura, las heladeras con basura, el basurero... Por sorprendente que parezca, no tenía basura, no tenía nada. - Este lugar está tan muerto, que si esto fuese un juego de zombies, sería el bicho más grande y feo... Como Némesis - Hablaba mientras leía las inscripciones de algunas envolturas - ¡Viejo! Todo aquí lleva vencido desde hace como veinte años - Dijo algo sorprendido, dirigiéndose esta vez a la parte de atrás, una pequeña cocina algo más limpia, lo único importante a destacar era una muy pequeña hielera, la cual al abrirla, dentro de encontraba una mano, el azabache no dudó en tomarla, a diferencia de todo el lugar, no tenía signos de descomposición, como si recién hubiese sido cortada, por lo delgado de los dedos, podía llegarse a la conclusión de que era una mano de mujer, de uñas largas y pintadas, con un anillo de oro, seguramente de matrimonio - Hunter ¡Mira es... - Estuvo por llamarlo cuando sintió un frío recorrer su espalda y antes de darse cuenta, todo había cambiado, ya no era el puesto de servicio, si no una mansión abandonada.

Soundtrack:

Estaba en una enorme cocina, totalmente amoblada y con todo tipo de instrumentos y herramientas, no conseguía entender que pasaba, pero lo que más le preocupaba era saber donde se encontraba su amigo ¿Estaría en el mismo lugar? ¿Era acaso esto un sueño o una alucinación producto de un objeto maldito? No lo sabía, pero antes de salir, prefirió revisar un poco la zona, abriendo cajones y muebles, hasta toparse con un gran cuchillo, lo tomó y se lo ató a la cintura, había visto suficiente cine de horror y jugado suficiente juegos del mismo género como para saber que es mejor tener algo con lo que defenderse, ignorando por completo que él ya tenía algo así.

Respiro profundamente y salió al vestíbulo, esperando encontrarse con su amigo, deseaba que si esto no era un sueño o una alucinación y ambos fueron llevados a aquel extraño lugar, él estuviese bien, a salvo, porque si algo le ocurría, juraba a todos los dioses que por más inmortales que fuesen los seres habitante de aquella mansión, los asesinaría a cada uno. Sólo pensar en eso fue suficiente para que la expresión de su rostro se tornase violenta, seria y amargada, mientras atravesaba aquel umbral a una nueva zona.
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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Helena Isabelle Dómine el Vie Abr 13, 2018 11:59 pm

El rey de plata gobernaba desde lo alto, esparciendo las luciérnagas vigilantes entre los más oscuros callejones de la devastada zona. El frívolo aliento de la oscuridad se metía entre los huesos corroídos de los perros a los que la santa los había visitado, dejándolos tirados en distintas partes casi planeadas. El hedor del óbito, putrefacción y sal lagrimeante se metía impío entre las fosas del botón y por las perlas amarillentas de los desgarrados lirios.

El tiempo era tan anodino que la joven de mata desordenada color carbón no se había tomado la molestia de tomar su forma tangible. Las remembranzas tenían que ser calmadas, darles el té verde y azul. Un azul tan profundo y helante como las estrellas. Un azul que se notaba en los ojos, en los labios pintados. Cuando la esperanza era verde y joven, floreciendo entre primavera. Pero realmente eso no existió para la muchacha, desde siempre había conocido el dolor, y el sabor de la sangre que al final no tenía el valor de un metal precioso, porque no era el cuerpo. Los elementos por sí solos son inútiles y malsanos. ¿Entonces cómo se presenta el verde? ¿Cómo presentar la positividad del azul cuando conocía el tacto que le dejaba la piel enchinada?

Ríos ríos se bifurcaban una y otra vez, volviendo el agua marrón resonando en el bullir que madreaba las paredes hasta hacerlas añicos y arrastrar la cordura en desasosiego. El eco del lugar dejaba fluir las cavilaciones, escupidas como las risas que la lija bramaba.

Todo parecía estar en su lugar, un orden lleno de caos, pero la dueña mantenía todo como si eso fuera a poner su mente en los polvorientos libros ordenados de la A a la Z. Imposible. Nada podría con aquella tormenta que no dejaba de crear tornado tras tornado, llevándose todo al mundo de Oz, dejando sólo las películas bajo un candado perfectamente abierto.

¡LOS INTRUSOS! ¡Los intrusos desordenaban! ¡Los intrusos traían destemplanza! ¡Los intrusos deben ser aniquilados! Los gritos del infierno se escuchaban claramente en sus oídos, provocando temblores, los cristales que daban a un viejo y torcido bosque se contraían girando casi dislocando su cuello hasta observar la puerta de madera. Agarró su pesada cabeza con las celliscas mariposas macilentas, jalando sus cabellos a punto de arrancarlos desde la raíz de sus problemas, tomando una posición radical.

-El conejo no trajo invitados –Murmuró desde su oxidada garganta, cansada de gritar una y otra vez, resonando su eco entre los desgastados papeles de la pared. Su voz era potente, pero salía tan rota y chillona que incluso las personas que le ordenaban la sed de sangre pedían su silencio. Buscando con el arma en la mano, empuñándolo tan bien que parecía que aquel objeto de plata estaba hecho para su mano, cincelándose para encajar. Vislumbró a la Señorita que le había estado acompañando desde hace una semana en la sala de estar, con el estómago recibiéndole con los brazos abiertos, y los huesos tímidos escondiéndose entre la carne pútrida. Faltaba su cabeza, pero estaba perdida, jugaba bien a las escondida; al igual que los demás que recibieron su invitación de juegos.

Su boca maldecía una tonada que sólo ella podría descifrar, mientras sus pies teñían con rojo el suelo, volviendo un bello lienzo. Frente a ella un contenedor de hebras rojas decorado con lujosas ventanas.

-Tú no eres el hombre de hojalata ¿Qué has hecho con él? –
La sonrisa torcida creaba una mueca desagradable, mientras el filo pasaba por su mano, dejando fluir los ríos de la vida



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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Hunter Byrne el Dom Abr 15, 2018 12:38 pm

Ante los dorados ojos del menor todo aquello que en realidad estaba sucio, corrompido y olvidado se encontraba frívolamente de pie recordándole a la energía que emitía la mansión de sus padres. Cada rincón estaba exageradamente limpio pero la esencia materialista que emanaba cada estúpido centímetro le producía dolor de cabeza, esa perfección no era más que el producto de mentes que lo organizaban todo desde una perspectiva que solo quería dar por entendido la jerarquía de los dueños. Tengo más que tú, soy mejor que tú, tú vida valdrá los dólares que desee pagar por ella. Hunter ignoraba que toda la supuesta integridad que mostraba la estación de servicio no era más que una absurda mentira que Faye no creo, pero llegado un momento dejo de escuchar las palabras del mayor.

Algo se estaba calando en las fosas mentales del pelirrojo que no hacía más que quedarse de pie buscando alguna presencia que le diera la señal de que esta situación estaba bien, que allí es normal que los jóvenes tendieran a dejar su trabajo a media jornada porque generalmente no había nadie que atender. Antes de que pudiera notarlo las paredes pintadas de un apagado amarillo se volvieron distantemente grises, el mostrador desapareció y el exterior era una cosa que hacía mucho tiempo dejo de existir allí donde la luz natural no iluminaba nada por el odio que el sol sentía por la estructura.

Eran los pasillos de la casa de su abuelo. No se cuestionó que estaba sucediendo dado que su cerebro al ser ubicado en un lugar conocido sentía una manipulada tranquilidad que iba más allá del miedo o el sentido común, el muchacho dejo su patineta en el vestíbulo para comenzar a adentrarse en el infinito pasillo lleno de puertas que se presentaba ante él. Ignoraba el presente, el tiempo que se estaba tomando para aventurarse allí dado que ahora se sentía en los tiempos en los que no tenía más de 11 años. Lo estaba reviviendo, estaba sintiendo que en la última puerta a la derecha lo vería de nuevo. Cuando acercaba la mano al picaporte gris podía notar como el lustre de este se desgataba a una velocidad inverosímil que fue contagiando a la superficie de madera, la negra podredumbre se extendía cual plaga en la edad media.

Cuando finalmente descubrió el interior de la habitación fue cuando volvió a la realidad. Ya no estaba en la casa de su abuelo donde las paredes eran grises y la pulcritud ocultaba los deseos carnales más sucios. Rápidamente analizo la zona con la incertidumbre que suele gobernar a aquellos que despiertan abruptamente de un profundo sueño ¿Dónde estaba? Ya no era una gasolinera ni la casa de un familiar, ahora solo era una estructura abandonada cuya oscuridad se desnudaba sin pudor ante él. Al parecer ya no era necesario ocultar las malas intenciones. No le costó mucho tiempo darse cuenta que estaba en la sala de estar de alguien con el dinero suficiente para gastarse una fortuna en muebles horribles. Todo estaba oscuro por culpa de la noche, ni la luz de la luna quería saber nada con que sus preciosos rayos de esperanza se metieran allí a corromperse.

En cuanto sus sentidos fueron acomodándose en la realidad fue cuando la contaminación acústica se hizo notar. Esos gritos no eran comparables a los de las películas de terror dado que no buscaban impartir miedo, buscaban existir por el mero hecho de hacer presente una agonía que si asustaba poco importaba, nada daba más terror que ser el que buscaba liberar sus demonios expulsándolos por la garganta hasta que las cuerdas vocales se desgarraran, y aun así seguir gritando.- No sé qué estás hablando.-Respondió a la voz con una tonalidad serena mientras intentaba ubicar a la portadora de la pregunta, estaba todo muy oscuro. Cerro los ojos analizando la situación: Estaba en una mansión que le podía jugar una mala pasada mental en el mismo cuarto de la posible culpable de todo lo que estaba pasando, no sabía si podía hacerle daño o a que era débil, lo único a lo que podía aferrarse era que no parecía del todo cuerda. Pensaba que quizás podría usar eso a su favor.- Si él está justo aquí.

Fue entonces que las penumbras se vieron iluminadas ante el fuego que el muchacho comenzó a expulsar suavemente de sus manos. Los movimientos que realizó eran suaves para dar a entender que allí no estaba ocurriendo un ataque, moldeo las llamas de una madera que en medio de la sala de estar se hiciera presente un hombre de hojalata de fuego. Agradecía que a lo único que más o menos le prestaba atención en la escuela era a las materias relacionadas con la escritura. Aunque ignorar quien era el hombre de hojalata siendo una persona alfabetizada sería un gran problema hasta para él que poco le importaba muchas cosas.- Pensó que podía encontrar su corazón en el infierno pero se terminó perdiendo en el.-Relato mientras aprovechaba la iluminación para visualizar mejor su situación y, de paso, a la persona que estaba hablando. Encontrarse con esa sonrisa, esa cara, y ver como la tenue luz del fuego parecía amigarse con la sangre que brotaba de la mano ajena no era precisamente el comité de bienvenida que esperaba. Trago duro esperando la respuesta de lo que sea que fuese lo que tenía ante él.


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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Faye el Dom Abr 15, 2018 6:29 pm

Soundtrack:

Bastó con que el azabache diese un paso fuera de la cocina y que la misma se cerrara, para que escalofriantes voces de niños comenzaran a cantar desde el interior de la cocina- ~~ Uno, dos, tres, cuatro, donde se encuentra el gato, cinco, seis, siete, ocho, no te escondas, que te como ~~ - Era como si un coro de niños feligreses ahora invadieran aquel santuario de la comida, sus voces se  escuchaban en eco y luego de escucharlas, no hacían más que resonar en la cabeza del vendado - ¡Cierren la boca! – Gritó con furia arrojando una patada a la puerta de la cocina, pero para su sorpresa, esta no se abrió, es más, ahora no se veía tan real. Pasó ambas manos por la superficie de la zona donde antiguamente había una puerta, era un dibujo, un feo dibujo hecho por niños, con trazos totalmente irregulares y colores que se salían del margen - ¿Es acaso esto una mala broma? – Habló para si mismo mientras se daba la vuelta.

Ahora se encontraba en un enorme comedor, aparte de la ahora inexistente puerta, habían otras dos que daban a zonas desconocidas. A diferencia del escenario anterior, este se encontraba notablemente en un mejor estado, una gran mesa, seguramente de madera, cubierta por completo con un mantel rojo, adornado con encajes amarillos y plateados, en una vista completa, parecía dibujar un símbolo o un escudo. A su alrededor una enorme cantidad de sillas, de madera clara.  Las paredes eran adornadas con grandes relojes, los cuales servían además como portadores de velas, las mismas encendidas con un extraño fuego blanco, todos con horas distintas. El techo era iluminado por enormes candelabros de oro, todos con el mismo color de mecha blanca. A sus lados, cerca de donde antes estaba la puerta a la cocina, dos grandes muebles repletos de platos, vasos y copas, los cajones repletos de cucharas, tenedores y cUchiLloS, en el último se encontraba una llave, oxidada y vieja. Por último, en el fondo del lugar, dos grandes ventanas que reflejaban un exterior oscuro, en el medio de las mismas un enorme librero repleto de libros.

Y como si de un juego de puzles se tratase, tomó la llave sin pensarlo un minuto. Otro escalofrío recorrió su espalda, al darse la vuelta, todo estaba en mal estado, las sillas rotas, llenas de polvo, los muebles a su lado con las puertas destrozadas, toda la vajilla estaba desaparecida o rota. Las velas completamente secas y con suerte emitiendo un poco de luz, al igual que los candelabros, siendo que incluso uno de estos, cayó sobre la mesa, rompiendo el centro de la misma. Quizás lo más raro eran tres cosas: Lo primero, es que ahora una de las puertas también pasó a ser un dibujo, al igual que las ventanas del fondo, lo segundo, lo único intacto era el librero del fondo y por último, quizás lo más raro, es que ahora la mesa estaba repleta de comida; Ensaladas, sopas, postres, jarras con distintos líquidos, carnes y finalmente, un enorme plato con un pavo al centro.

- Esto es muy extraño… - Se preguntó al tiempo en que tomaba una pata del pavo y la mordía, pensó en acercarse al librero, pero posiblemente más cosas cambiarían y antes de que eso ocurriese, debía encontrar a su amigo. Devoró más partes del pavo, las ensaladas, algunas sopas, comió otro poco de carne, se terminó el pavo, bebió algo de jugo y finalmente comió postre. Una vez lleno, era tiempo de seguir por la única puerta disponible, mientras se acercaba, escuchó una extraña conversación, la voz le era familiar.

- ¿Qué mierda de conversación es esta? ¿Y yo soy el espantapájaros por ser el estúpido teniendo estas alucinaciones? – Comentó al tiempo en que se acercaba a su amigo. La puerta se cerró en seco y nuevamente, voces de niños canturreaban – ~~ Uno, dos, tres y cuatro; nos acercamos al gato; cinco, seis, siete y ocho; vamos, corran, que los como ~~ - Ahora aquella puerta pasó a ser parte del museo artístico de aquellos extraños niños – Tsk… Otra vez… - Pronunció en un tono completamente molesto – Hunter ¿Eres real o una alucinación? Y esta Yuki Ona… ¿Gótica? ¿Quién mierda es? – Una vena se marcó en su frente luego de analizar el escenario – Acércate a él y te juro por el mago de Oz, que te volveré el infierno personal del espantapájaros – Fue lo último que dijo antes de ser interrumpido a medio camino, esta vez por más que unos cantos, unos gritos - ¡UnO, dOs, TrEs, cUatRo; yA mUrIo eL gato; CiNcO, sEiS, SiEtE, OChO; yA nO CoRraN mE lOs cOmO; nUeVe dIeZ; ¡TE ENCONTRÉ! – Y enseguida, todo en aquel lugar comenzó a temblar, los rotos y desgastados muebles volaban de arriba hacia abajo, de izquierda a derecha, como si un torbellino se tratase - ¡Cuidado! – Gritó el mayor de mirada dorada, corriendo hacia el pelirrojo y empujándolo al suelo, no sabía si todo aquí era real o no, pero no importaba, salvaría a su amigo por más que fuese una alucinación.
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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Helena Isabelle Dómine el Vie Abr 20, 2018 3:10 pm

Las paredes lloraban la sangre derramada de los cuerpos inertes todo se empañaba en las lágrimas de los que perdieron los ojos. La macilenta figura, tétrica, acabada, insulsa y malsana; se removía en su propia mugre, entre el desasosiego los faros verdes parecían salirse de su camino habitual, contorneándose en el óbito iracundo del sabor de la soledad y la locura, consumiéndola dejando apenas sus dedos entrelazándose con el ahogo que le causaba la peste de la vida.

El reflejo del atardecer centellante quemaba sus yemas al tratar de tomarle, no había dolor. El fuego inició el sentimiento iracundo en su interior, apretando los dientes atrapando su lengua, mezclando el sabor del hierro entre su saliva casi inexistente. Poniendo en desasosiego las inaccesibles palabras.

-Se supone que yo ya le había dado un corazón, el de su amada. Aquella qué le enamoró y le robó el alma humana, convirtiéndolo en un monstruo de hojalata, un cartón vacío que podía hablar y escupir palabras mundanas. Guardaré la flor en el torax, creando un bonito arreglo para el hogar ¿debería? ¿Qué hay del paladar y la lengua? Que interesante y bella es a juventud, pero más hermosa y rápida fue la muerte quien le sorprendió.

Sus palabras olvidaban al intruso, concentrándose en lo que se le ordenaba, al igual que siempre. Perdiendo sus sentidos en sus santas y desmesuradas cavilaciones diarias y totalmente comunes en su persona, marcadas al igual que las horas del día vigiladas por el sol y la luna. Material que fue confiscado cuando una tercera voz entró entre sus oídos.

-¿Has perdido la cabeza? –le mostró las desgastadas perlas felinas mientras los dedos se mezclaban entre sus cabellos, dejando el rastro con el elixir rojo y semi viscoso colorando la orzuela. La poca luz lamía la palidez enferma de la chica, dejando que la oscuridad deformara sus pecados. El patente desagrado se pintó en su rostro, manchando sus labios secos - ¿No han sido acaso ustedes los que interrumpen el orden del lugar?, trayendo consigo aquello que los muertos desean chupar hasta dejarlos como lo que son, un saco lleno de carne y huesos. Probablemente seas igual o peor que yo si estas ilusiones son tan vividas como tu amigo, espera un poco más y no entres a los hospitales, los conejos blancos te matan con esos ojos rojos que se cargan entre las pérgolas. Espera un poco más y verás cómo las mentiras comienzan a ser efímeras, orlando aquella grieta por done se escapan las pesadillas.

Los infantes de cráneo abierto jugaban enlazando sus manos y dando vueltas entre el lugar, fastidiando las paredes hasta pudrirlas, inundando el lugar con chillidos que desconcertaban a la joven, como si aquello fuera lo peor que hubiera escuchado. La forma casi humana se distorsionaba entre el humo de sus pensamientos. Echando a volar todo a su al rededor en un arrebato de terminar con aquellos canticos molestos de las bocas chillantes de los chiquillos. Sin mover ni un solo músculo los muebles pasaban a su lado, lanzándose y haciéndose trizas en el suelo, astillando la madera hasta clavarse en el estómago de uno de los niños hasta desaparecer entre sus infantiles sollozos, los cuales eran ignorados. Niños estúpidos que seguían metiéndose donde no, odiaba todo aquello que interrumpía su deshonesta paz.

En un abrir y cerrar de un telón el carcomiente silencio volvió a reinar junto, pero todo a su alrededor estaba más destrozado y desordenado, y eso le obligó a arrancarse la piel de los dedos de la desesperación. No podía estar así. No. NO. NO. Todo era su culpa

-¿Debería matarles? -Se manifestó temblorosa en un atisbo de total perdida de sus sentidos



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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Hunter Byrne el Dom Abr 22, 2018 3:08 pm

No hacía falta dejar en claro que la abrupta aparición de Faye arruino por completo sus planes de mantener el perfil bajo ante la joven espectral ante ellos, pero sinceramente poco le importaba la torpeza de su compañero dado que el solo hecho de que este allí a su lado era más que suficiente para pudiera sentir aunque sea un mínimo de tranquilidad en medio del caos paranormal que buscaba que las almas de ambos formaran parte de la grotesca colección que estaban presenciando. Los objetos, los niños, las voces, todo se superponía en una masa que dotaba de peso el aire y materializaba la tensión. El pelirrojo se preguntaba por qué parecía que el ambiente no afecta al otro de la misma manera, las náuseas, el dolor de cabeza y la permanente sensación de sentir dedos invisibles ejerciendo presión sobre su cuello ¿Solo lo sentía él? Parecía que su piel absorbía la locura cual gas venenoso que se entrometía dentro de cada uno de sus poros. El hombre de hojalata infernal comenzaba a manifestar una clara desestabilización que hacía juego con los problemas que atravesaba su Dios, o bueno, su Diablo dado el contexto de la nueva historia que le habían dado.

Antes de que pudiera darse cuenta tenía a Faye encima de él dispuesto a ser el que recibiera todo los golpes que la maldita casa estuviera dispuesta a darles. Hunter no estaba bien, no, para nada, era algo que se notaba en la palidez que había adquirido su trigueña piel o en la expresión de dolor que reemplazaba su eterno ceño fruncido. Aún con todas las claras manifestaciones de que algo no estaba funcionando como debería el muchacho alzo sus manos por debajo de los brazos del otro apuntando sus ataques a todo lo que quisiera tocarlos volviendo las sillas, los retratos, los manteles y los recuerdos una montón de cenizas inservibles.  Los niños recayeron nuevamente en su propia locura en cuanto uno de los suyos “murió”, ya no sabían que querían lastimar ni que debían hacer más allá de llorar de forma estridente mirando a todos lados buscando respuestas, ayuda, mínimo una mirada piadosa que quizás nunca recibieron en los tiempos en los que sus mejillas eran rosadas. Bellas.

-Faye, no estoy bien.-Murmuro en uno de los oídos de su mejor amigo a la par que ahora apoyaba las palmas sobre la sucia superficie del suelo aprovechando que este era de madera para generar un circulo de fuego que los rodeara a ambos, la calculada intensidad que dominaba ese fuego logro que en cuestión de segundos se perdieran de la vista de la maldita al terminar en el piso anterior. Las alucinaciones pudieron llegar a lograr que estuvieran en cualquier lado de la estúpida mansión, hasta acabar en pisos altos sin darse cuenta ¿Estará construida sobre un cementerio Indio? Hasta donde sabía el menor la mansión de Winchester no se alojaba en ese lado del mundo. Fue incapaz de precisar donde estaban ahora porque nuevamente todo estaba demasiado oscuro como para ver, pero esas mismas penumbras dominarían el piso de arriba donde el Hombre de hojalata había desaparecido abandonando una vez más a Dorothy.


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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Faye el Mar Abr 24, 2018 5:07 pm

Música:

Que llevo usando ya en tres temas seguidos (?)
Dicen que a nuestro modo, todos estamos locos, todos tenemos nuestros demonio internos con los que debemos lidiar, algunos consiguen mejores resultados, otros simplemente son dominados por los mismos, algunos sin embargo pueden regresar, recuperarse, volver a ser quienes eran, pero otros ser pierden en aquel infinito abismo, volviéndose un cascarón vacío ocupado por un monstruo. Pero siempre existe la posibilidad de que aquel cascarón, sea llenado con algo más, no debe porque volver a ser quién era, ser alguien totalmente distinto no siempre quiere decir algo malo, a fin de cuentas todos merecen una oportunidad y algo de cariño para salir adelante, desde el más inocente hasta la más retorcida mente.

La estancia se había llenado de caos, cosas volando por todos lados como si un hechizo de Harry Potter se tratase, pequeños y chillones niños cantaban sus sirenas de lamentaciones, revoloteando por el ancho del lugar y haciendo imposible el conseguir si quiera concretar un pensamiento o idea, era doloroso, tanto para los oídos como para el alma ¿Qué los habría llevado para estar en esta situación? El azabache hace tiempo había leído en internet sobre sucesos así, vidas perdidas que quedan atrapadas en un lugar o sobre algo, condenadas a vagar eternamente, contaminándose, llenándose de odio o locura, hasta un irremediable punto sin retorno donde la búsqueda de satisfacción quedaba totalmente opacada por la confusión y el desasosiego de no saber que hacer.

Faye no era alguien que pudiese entenderlo, después de todo, seguía en lo más temprano de su vida, con un buen estilo de vida, seguramente podría vivir muchos años, aunque, seguramente esos niños también ¿No es así? Esa frase perdía totalmente su significado al pensar en que cualquier cosa podría llevarlo a estar como ellos, ya fuese por una bala, un veneno, enfermedad, una maldición, cualquier cosa podría acabar con la fragilidad de su vida, aun cuando él pensaba en ser lo suficiente fuerte para por lo menos sobrevivir a quién se le presentase en frente, en estos momentos se daba cuenta como su vida en realidad, no era nada, no era fuerte, en cualquier momento podría quedar como esos niños o tan loco como aquella joven. Pensar eso simplemente era desesperanzador.

- ¡Oye! - Gritó en un intento por llegar a aquella Alicia perdida, no sabía que hacía ahí, quién era y claramente sentía como hostilidad y locura fluía por su boca y expresiones, pero si no podía hacer nada por aquellos niños, quizás sí podría con ella. Lamentablemente cuando se pudo dar cuenta, el suelo desistió y ya no se encontraba en aquella gran sala, si no en un polvoriento y sucio sótano, aunque por su apariencia, daba más para cobertizo ¡Porque lo era!

Tardó unos cuantos segundos en abrir los ojos y expulsar el polvo para aclarar su vista, al mirar hacia arriba, no había nada, no se encontraba el agujero, si no la típica estructura semejante a un tejado, a su alrededor todo estaba repleto de cajas, cuadros, muebles, pequeñas estatuas, un sin fin de cosas, algunas ocultas tras enormes sábanas gruesas, las cajas contenían en su mayoría el nombre de "Recuerdos". Irónicamente y pese a todo lo sucio que pudiese parecer, se veía como el sitio más tranquilo, parecía que estaban solo el pelirrojo y el.

Ahora su dorada mirada se posó en su mejor amigo, luego de escuchar sus palabras, no se veía para nada bien - ¿Comiste algo que te cayó mal? - Preguntó como si no entendiese la situación por la que estaban pasando, aunque evidentemente sólo era una muy mala broma. La maldita momia llevó su diestra a su nuca, rascándola un poco, para seguido acercarse al menor - Sabes como odio hacer esto - Comentó con algo de angustia en su voz. Sin tomar mucho tiempo, una vez estando en frente y a la altura del joven, jaló un poco el cuello de su remera hacia abajo, dejando así ver la clavícula del contrario, rápidamente llevó el índice de su mano desocupada hacia ese sitio, su dedo brillaba al rojo vivo, un suspiro salió de su boca, tratando de relajarse y una vez lo consiguió, comenzó a escribir en la piel de su amigo. "Resistencia" podía leerse bien claro en letras pequeñas - Con esto deberías ser capaz de... Pues resistir a lo que sea que está pasando aquí, pero por si acaso - Una vez terminado su caligrafía, se puso de pie y de sus manos, comenzaron a brotar chispas, las cuales cayeron sobre el pelirrojo - Bibidi babidi bu, recupérate de una p*t* vez - Relató en lo que parecía ser un mal hechizo, en realidad sólo estaba usando un poco de sus poderes para aliviar el malestar que actualmente estaba sintiendo - ¿Mejor? - Preguntó reincorporándose a su postura usual, comenzando a otra vez revisar el lugar.

Caminó hacia una de las cajas para inspeccionarlas, sólo habían juguetes de niños, fotos familiares, ese tipo de basura sin valor - ¿Sabes Hunter? - Preguntó nuevamente utilizando como barrera la inspección de objetos para no ser visto y juzgado - Esa chica... La que hablaba cosas extrañas... No se veía muy bien tampoco - Comentó con algo de nervios a causa de que sabía lo que podría ocurrir - ¡No es lo que estás pensando! ¿Bien? Sólo pienso... Que quizás pueda necesitar ayuda... Digo, como nosotros dos parece estar atrapada aquí ¿No? Quién sabe cuanto tiempo llevará en este sitio... Si yo tuviese que vivir encerrado en este lugar más de un día, seguro también terminaría hablando sandeces - Aclaró mientras miraba hacia la dirección contraria del pelirrojo, rápidamente fue en esa dirección y tomó algo del suelo - ¡Mira Hunter! Una cámara - Dijo en voz alta alzándola, intentando revisar si encontraba algo - Debe estar rota... - Comentó a lo bajo viendo como todo lo que parecía estar grabado, fue corrompido por la estática. No parecía haber nada más de utilidad, no por lo menos para el azabache.
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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Helena Isabelle Dómine el Dom Abr 29, 2018 6:40 pm


Su propia maldición la corrompía mientras pasaba las manos desesperadamente por su rostro, hundiendo sus uñas en la piel, jalando sus cabellos y parpados mientras murmuraba un sinfín de cosas que solamente eran desechadas por su boca sin orden alguno, posibles letanías hacia la saliva que recorría los pómulos de los muertos cuyos huesos se cubrían con gusanos, cenagosos y pútridos aromas que provocaban arcadas. Revolvía su estómago vacío pasando los dedos por sus entrañas jugando con los filos de los cuchillos que se levantaban en todas direcciones mientras de lo más profundo de su garganta se asomaba una risa desesperada entre los dientes amarillentos, tomándose con poca calma aquello que le rodeaba.

-Los niños buenos tienen que estar en silencio y no morder. Los niños buenos tienen que estar en silencio y no morder. Los niños buenos tienen que estar en silencio y no morder. Los niños buenos tienen que estar en silencio y no morder. –La misma frase se encontrada grabada en un viejo disco de vinillos. Mientras, los cuchillos volaban por sus lados, causándose a sí misma serias heridas que no dejaban de sangrar en su cuerpo tangible, surcando las paredes con las uñas.

La casa se removía al igual que su cuerpo y la destemplanza de sus pensamientos que iba y venían rodeándole los ojos, virándolos y haciéndoles perder su órbita natural. No había nada de ella ahí, pues las llamas que el sol el infierno le había obsequiado había acabado con todo, incluyendo el cuerpo de su madre y la ira de la venganza cumplida. Al igual que los colores que prendían la casa de muñecas, abrazando el peluche deforme y sucio que abrazaba, observándole como si fuera la única humanidad que tenía, aquella que posiblemente había acabado con su existencia.

-Hay mucha esperanza aquí, tanta que me dais asco. –Su voz resonaba entre la madera que se caía en cenizas como si fuera gritadas con el calor - El orden poco natural de las cosas aborrece aquellos que la tienen, pues aquí sólo hay perdición. Mi corazón no se puede sostener y limpiar, la daga ya está afilada y enterrada en la cabeza, cortando en dos el alma. Necesitan castrar sus sentidos y sólo el fuego cumple la función que el rey le encomienda, abrazando la carne viva. Si alguien toca, de entre la oscuridad del bosque, una canción de piano para ustedes, tengan por seguro de que mi amiga estará ahí para recibirlos y ofrecerles té. Pero no irrumpas su paz, que el postre puede ser tu peor parte.

Su figura desapareció, volviendo a las afueras del terreno, acostada entre el lodo sosteniendo al conejo frente a ella, alzándole.  Mientras todo aquello volvía a la vivaz mentira de siempre, siendo un cuento de nunca acabar, donde las finas ventanas adornaban las paredes y la canción de cuna de una madre que asfixió a su hijo en el segundo piso. La odiaba, más que a las demás almas que habitaban conjuntamente un lugar. Las odiaba a todas y a cada una, viva o muerta, preguntándose si los cadáveres de los intrusos sentían comidos por los viejos sin dientes y ojos ciegos.




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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Hunter Byrne el Dom Abr 29, 2018 8:51 pm

Hunter en un principio iba a mostrar resistencia ante el acercamiento de su mejor amigo pero no tardo demasiado en resignarse al saber que lo que este intentaba hacer era de hecho inevitable. Con eso en mente simplemente volteó la cabeza a un lado mientras la incomodidad se volvía mueca en su juvenil rostro, el cual aún albergaba rasgos aniñados a pesar de su edad y personalidad. Cerró los ojos dejándose hacer, sintió como el otro le bajaba la remera, percibiendo en su cuerpo el caliente tacto del azabache que escribía como si su cuerpo fuera el papel perfecto para plasmar muchas memorias. Sí, también odiaba un poco eso, pero ahora mismo lo necesitaba. Efectivamente los efectos del hechizo no tardaron en hacerse notar, se puso de pie aun con cierta dificultad mientras se llevaba la mano derecha a la nuca. Esa zona continuaba fría pero ahora esa sensación de ligera presión se alojaba en la parte delantera de su cuello, por la yugular. No podía ver quien le acariciaba desde el anonimato pero a juzgar por la zona estaba pidiendo, muy tímidamente, un poco de sangre.

-¿Te preocupas por ella, Faye?-Pregunto sin vueltas mientras se acercaba al contrario a pasos pausados, amenazantes. Lo único que había allí eran cajas que servían como sepulcros de recuerdos muertos, sucesos del pasado dejándose corroer por el ácido del olvido. Comparar el escándalo de la habitación anterior junto con el silencio de la actual solo lograba que la incertidumbre se viera intensificada en cada penumbra que los rodeaba. Poco a poco se podría decir que estaba mejor aunque continuará pensando que algo en aquella mansión se estaba esforzando por pudrir su espíritu. Las palabras del mayor solo lograban que su malestar físico pasará a ser uno emocional, vamos ¿Hablaba en serio? ¿Acaso no perdía la oportunidad de perderse en la ficción ni en las situaciones más extremas? Si bien era cierto que ninguno estaba herido le era inevitable sacarse la sensación de que en cualquier momento saltaría algo o alguien que buscaría deleitarse con sus carnes, bañarse en sus sangres y profanar sus cuerpos.

Se posiciono frente a su mejor amigo detallando con una fría mirada el objeto con el que se entretenía este.- Oye-Inició mientras mantenía la cabeza un poco baja. Si sus ojos eran las ventanas de su alma se podría notar que estos regalaban un clima más bien nublado.- Vamos a dejar las cosas claras, Faye-Continuó alzando el mentón a la par que apoyaba con lentitud las yemas de sus dedos sobre la cámara.- La única persona que debe importante en esta maldita mansión soy yo-Declaró con un fastidio que pocas veces manifestaba, era una especie de contenida ira casi visceral, una amenaza o una orden, no se identificaba bien el funcionamiento de la oración, pero si su idea.- Así que olvídate de ella y de la ayuda que obviamente necesita, porque no se la vamos a dar. De hecho, si vuelve a meterse en nuestro camino me las arreglaré para guiarla al infierno, y espero que tú también te esfuerces en hacer eso.-Finalmente le quito el aparato con brusquedad solo para comenzar a consumirlo en el fuego que nacía en las palmas de sus manos.- No es momento para sentimentalismos estúpidos. Es hora de que tengamos un plan.-Concluyó mientras la cámara servía como antorcha.


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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Faye el Sáb Mayo 05, 2018 4:28 pm

"Según lo que parece... Lo ocurrido en esta mansión no son espíritus malditos al azar... No sabemos si es un demonio u otra identidad malvada... No es que no nos quieran aquí, si no que más bien quieren torturarnos... Es como si nuestros miedos se..." Un vídeo había alcanzado a reproducirse de aquella misteriosa cámara, aunque antes de que pudiese si quiera terminar de oír lo que la atractiva reportera estaba por decir, el pelirrojo se encargó de literalmente fulminar su interés - ¡Espera! ¡Estaba por decir algo! - Gritó en un intento por recuperar la cámara, pero esta al momento de recibir el fuego, se apagó, viendo por completo nublado su intento por descifrar lo que ocurría.

Entonces simplemente guardó silencio mientras escuchaba el desahogo de su amigo, le daba la razón con que debían salir de ahí, pero simplemente luego de lo ocurrido, no podía dejar de pensar en aquellos que sufrían dentro de aquel espantoso lugar ¿Qué habrían hecho en vida para merecer algo así? Seguramente nada, aquellos niños... Vamos, son niños, por más insoportables que llegan así, más que en unos pocos casos, no llegan a ser realmente una amenaza, a menos que secuestren niños para torturarlos en las vías del tren, pero incluso así, son como los perros, no hay perros malos, sólo terribles dueños.

Pero en fin, en estas situaciones no quedaba otra salida, aunque no descartaba que si por un momento encontraba una solución, no la utilizaría, por mientras buscaría algo más de utilidad - ¿Sabes? Esta gente de todas formas parecía tener cosas muy... Extrañas... Mira estos amuletos ¿Qué dirías que son... ¡HUNTER TIRA ESA MIERDA! - Gritó en cuanto vio como la cámara que sostenía su mejor amigo, empezaba como a brotar una masa negra, de la cual emergieron un par de ojos y boca, gritando ensordecedoramente. Rápidamente aquel objeto pasó de ser una simple cámara en llamas a una monstruosidad de cuatro metros... Y creciendo. El azabache se aproximó corriendo al pelirrojo para darle una patada en dirección de la escotilla, justo antes de recibir un golpe de aquella bestia, enviándolo a volar contra unas cajas, rogando porque su amigo hubiese conseguido salir de ahí.

Escuchó un nuevo sonido de golpe y cuando consiguió levantarse, no vio por ningún lado al elemental de fuego, sólo a aquella bestia algo más grande, con su brazo atrapado en la escotilla, parecía que todo había salido bien, por lo menos para Hunter, de inmediato los ojos de aquel... ¿Monstruo de alquitrán? Por lo menos eso parecía, oscilando de sólido a líquido, con enormes y brillantes ojos rojos y amarillentos dientes. Volvió a soltar un fuerte grito, mientras de su cuerpo emergían otro par de asquerosos brazos, los cuales volaron en dirección al vendado. Este dio un salto hacia un lado, lo más lejos que le permitieron sus piernas. Al momento de observar su anterior ubicación, pudo ver como aquellos viscosos brazos yacían completamente desechos en una pila de cajas, la cual a los pocos segundos comenzó a derretirse. De aquella asquerosa masa entre aquel horrible ser y restos de objetos con valor, emergieron unos deformes seres, que por cuya silueta, parecían ser niños completamente deformes, los cuales reptaban en un intento por acercarse a Faye.

Aquella entidad volvió a atacar, pero esta vez con el brazo libre que tenía, este al igual que el que se encontraba atrapado en la escotilla, eran los únicos sólidos, de hecho, de todo su cuerpo era lo único que parecía sólido. El azabache recibió otro golpe por estar mirando la horrenda escena de los niños, volando nuevamente hasta estrellarse contra unas cajas. - ¿¡Acaso no comprendes lo que es el tiempo fuera!? - Gritó como si alguna vez hubiese pedido pausar aquella insanidad. De su cintura tomó el cuchillo que previamente había robado, quizás fue su mayor error o mayor acierto, puesto que aquel extraño ser soltó un grito, quizás más fuerte que los anteriores y levantando su brazo, lo dejó caer como un poderoso mazo sobre el portador de ojos ambarinos. Esta vez, intentó cubrirse utilizando el cuchillo, pudo sentir como antes de ser golpeado, la velocidad con la que caía aquel negro y pútrido brazo, se hacía más lenta, pero no lo suficiente para evadirlo, recibiendo un golpe lo suficiente fuerte como para atravesar el suelo, bajando un piso completo.

- Mierda... Como duele - Pronunció para si mismo, acariciando su nuca y su cintura, pero no era momento para tomar un descanso, de inmediato su visión se posó en toda la habitación, esta estaba repleta de muñecas de porcelana, de hecho ni sabía si había una puerta, puesto que la cantidad de muñecas eran tantas, que ni las paredes podían observarse. Miró hacia arriba y el techo por el cual había atravesado, nuevamente estaba sellado, aunque se notaba que era obra de aquellos niños, puesto que era un horrible dibujo de tablones - Odio estas mierdas - Comentó colocándose de pie, sin soltar el cuchillo y aproximándose al centro de la habitación - ¿¡Y ahora qué mierda hago!? ¡Hunter! ¿¡Estás por ahí!? ¡Chica extraña, no se te ocurra aparecer de la nada! ¿¡Oíste!? ¡Y ustedes niños dejen de romperme las pelotas! - Gritaba hacia todas direcciones intentando ser oído por alguien, pero no parecía recibir respuesta, hasta que unas risas parecían emerger de la misma habitación, cuando pudo darse cuenta, todas las muñecas lo observaban, riendo, hablando en voz muy baja, no entendía que ocurría, hasta que comenzaron a moverse, pero no, no dejaron su lugar, si no que con sus pequeñas manos, arrancaron sus cabezas, una a una, ocupando el lugar de la misma una sombra, conocía esa sombra, no podía olvidarla, lo perseguía en muchas noches de pesadillas - No... Entre toda la mierda que podía aparecer... ¿¡Debías ser tu!? - Exclamaba con desesperación, intentando retroceder, pero no tenía a donde huir, estaba rodeado, caminando hacia atrás en círculo, empuñando con todas sus fuerzas aquel ya desgastado cuchillo.
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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Helena Isabelle Dómine el Sáb Mayo 12, 2018 6:20 pm

Música:

Dio pequeños saltos cual caperucita abandonando el camino hacia su abuela, al compás de una reconstrucción completa de su alrededor, aquel terrero extenso que albergaba una casa ahora estaba siendo transformado en algo mayor, todo en ese terreno que parecía ser el reino donde su Querida Majestad danzaba entre sus magníficas creaciones que se formaban por la tinta roja de su cuerpo, gota a gota cayendo en la tierra, floreciendo un nuevo monstruo de sus alucinaciones y poca cordura.

Porque ella no quería llegar a la casa de la abuela, no le servía de nada si tenía a un lobo que ya se había llevado su cabeza y le había abandonado, yéndose lo más lejos posible de las pesadillas de la chica de la torre de cristal cuyos crujidos metálicos sepulcraban los silencios de las esquinas recónditas de los pasillos rectos y alargados que escondían las puertas del infierno. Se canturreaba con devoción y sacrificio, desgastando tu garganta cuanto se pudiera hasta dejarla inutilizable y posiblemente repetir el ciclo en el que se queda atascado. El verdor se mantuvo fijo en los chicos con una sonrisa que la niebla dibujó.

Abrió la caja de chocolates escogiendo uno y disfrutando su sabor agusanado antes de regalarle al chico pelirojo un espejo por el que podría ver sus más grandes pecados, aquellos secretos que ocultaba de todos con presumible recelo, las personas a quien hizo llorar, ahorcándolo con sus propios errores, metiendo los dedos en su boca y cortando su lengua, rasguñando la garganta con las masacradas uñas enmohecidas. El papel de las paredes se volvía negro, envolviéndolo en su propio hoyo donde apenas y se podían presenciar las estrellas de un cielo inexistente.

Al segundo chico, al pequeño y lleno de vendas, le obsequió la sombra que le perseguía, los golpes, copia de ya existentes pues el cuerpo cuenta nuestra historia, recreando los abusos y los sentimientos negativos dados hacia su persona, una y otra vez en un carrusel de fuego que nunca pararía por más que llorase o gritase ¿Qué pasaría se te bajas de allí a la fuerza? ¿estarías dispuesto a encontrarte cara a cara con el negro que tanto detestas y al que le temes?

-Tomen el camino que tomen sufrirán más con cada escalón. Deberían retroceder y abandonarse en este lugar. No hay ninguna pisca de belleza residiendo en ustedes mortales, su hedor al dolor es mayor que el mío a muerte. Quedarse entre el laberinto y la tumba, pronto tendrás que escoger pues hay un cine en su piel. -susurraba entre las paredes desaparecidas, y risas desentonadas.



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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Hunter Byrne el Miér Mayo 16, 2018 9:31 am

Existen cosas ante las cuales Hunter simplemente finge demencia, entre ellas, que siempre ha sido perfectamente capaz de realizar actos totalmente terribles, innombrables y genuinamente repugnantes. Porqué una ira como la suya era capaz de empujarlo a hacer lo que sea, a sentirse invencible, a obligarlo a reclamar el poder que alguna vez se le resbalo de los dedos. Existía algo en su fuego que era diferente al de otros como él, a sus llamas muchas veces las potenciaba el odio nacido de extrema vulnerabilidad de un pequeño niño al que le aterraba la idea de que le hicieran daño, ese pavor se hizo tangible de la peor manera pero él debía seguir avanzado de alguna maldita forma, y entonces, se aferró con desesperación al cariño de alguien tan hecho pedazos como él.

Cuando su cuerpo se azotó contra la mugrosa firme superficie de esa maldita casa de muñecas casi de inmediato lo domino la desesperación, había algo en la atmosfera que intensificaba las malas emociones, los malos recuerdos, los miedos, todo lo imperdonable que pudiera albergar su alma estaba saliendo a la superficie. Estaba aterrado pero no por culpa de la absoluta oscuridad que comenzaba a rodearlo hasta hacer meya en su carne, algo lo estaba partiendo en perfectas mitades pero era no la grotesca aparición que se hacía presente con semblante orgulloso al saber perfectamente como doblegar la voluntad de su nueva víctima. Era un tormento que superaba el daño físico, era un ruido más desagradable que el de la carne siento desgarrada o los huesos cediendo a la salvaje fuerza de la contundencia, era algo que le quitaba el aire y retorcía su estómago hasta que los jugos gástricos se liberaban para comenzar a entremezclarse con la sangre buscando corroer hasta el centímetro más estúpido de cada uno de sus órganos.

¡Y lo escuchaba! Las lágrimas, las recriminaciones, sus errores, su desdeñable forma de ser. Todo eso se hacía presente como una amalgama maligna que quería alojarse en su cabeza para comenzar a expandir el cáncer por el resto de su cuerpo, pero no, no era eso lo que realmente lo estaba matando, llegado a este punto podría decirse que estaba ignorando como el color caído del cielo le rasguñaba la garganta, quizás buscaba un corazón, quizás buscaba un niño, quizás buscaba algo puro entre sus extrañas. No lo iba a encontrar, no ahora. Se hallaba arrastrándose posando su dorados ojos en todas las direcciones posibles, lo que buscaba no era una ruta de escape, lo que le causaba agonía no era lo que directamente le estaba haciendo la casa si no lo que indirectamente estaba provocando.

Y, aparentemente, logro recobrar algo de cordura al momento de hundir sus uñas en el antebrazo de la entidad que husmeaba en su persona como si no fuera más que una cartera recién robada, buscar algo de interés, luego desecharlo el cuero viejo por ahí ¿Era ese el plan de esa cosa? Poco importaba ahora. Las llamas del pelirrojo comenzaron a enroscarse en Eso logrando que este se viera obligado a ser acariciado por la luz nuevamente, pero esta no se comparaba a los rayos de vida que proveía el sol, tampoco a la iluminación santa de los seres bendecidos, no, esta era más bien comparable con esa pequeña vela que atestigua atrocidades en silencio, que es cómplice de todo lo corrupto de un mundo repleto de secretos a voces. Hunter ahora mismo estaba siendo peor que el miedo, estaba dándole terror al mismo. Primero se descubrió un hombro, luego un cuello, luego lo que debía aparentar un rostro pero solo era una boca cuyos labios se retorcían de una forma frenéticamente atroz, allí fue donde se metió su fuego.

La bestia emitía gorgoteos ahogados por culpa de las llamas que inundaban su garganta hasta llegarle en lo más profundo que tuviera como sistema digestivo, el dolor del juez superaba con creces el dolor del culpable ante la impunidad de nunca ser víctima de sus sentencias. De haberlo sido, quizás tendría la fortaleza suficiente para poder lidiar con algo como esto, pero no, se vio obligado a sacar su mano la garganta contraría para alojarla en la suya dado que ahora eran sus carnes, sus grasas y sus huesos los que lo estaban volviendo loco, y se suponía que era la locura. El infierno de Hunter se hacía cada vez peor al punto que ya no era necesario continuar con la medieval tortura, pero no se detenía, la oscuridad estaba retrocediendo a la par que Eso ya no luchaba más allá de querer sacárselo de encima, pero no paraba. Ese monstruo dejo el lenguaje humano enterrado hace tiempo, pero si pudiera rogaría por algo de misericordia, ya estaba teniendo suficiente, no era el fuego, era lo que encendía lo que estaba corrompiendo su alma a niveles que creía imposibles.

Él moreno continuaba olvidando que en proceso iba dejando de lado su propia humanidad. Poso sus manos en ambas filas de dientes del ser infernal para obligarlo a abrir la boca, y las llamas continuaban entrando, más salvajes, más fuertes, más indomables, quemaban la garganta, destrozaban los tejidos, derretían el interior de Eso hasta que no fuera más que no fuera más que una sopa que se escapaba por los orificios que eran la etapa final de sistemas de órganos que ya no existían, pero continuaba abriendo las fauces para que entrará más, para que pudiera caber todo. Aun después de dislocarle la mandíbula continuaba allí separando más, separando hasta que el tironeo de la carne fuera el equivalente a romper un papel viejo. Y no paro, no se detuvo, continuaba abriendo, continuaba llenando, y finalmente se vio en la obligación de detenerse cuando sus llamas acabaron por explotar esa pequeña humanidad.

Es que, era humano ahora, o al menos lo que se podía reconocer. Básicamente al poco tiempo de que Hunter comenzó su ofensiva el aspecto del monstruo cambio hasta volverse uno de los niños que hacía poco tiempo atormentaban a su mejor amigo, y eso no hizo que el moreno se detuviera. Algo entre el impresionante bulto de carne entremezclada con huesos, grasas y otras sustancias llamo la atención del joven al cual todavía le temblaban las manos, al irse acercando noto una pequeña pistola impregnada en sangre, al sostenerla la notaba pesada. Nunca había tenido un arma entre sus manos pero quizás este era un buen momento para que fuera su primera vez, miro alrededor nuevamente notando que todo volvió a una relativa normalidad, pero a pesar de eso el mayor miedo de Hunter continuaba existiendo calando en sus huesos; no sabía dónde estaba Faye. Estar lejos de en estas circunstancias comenzaba a afectar su psiquis.


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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Faye el Lun Mayo 21, 2018 8:06 pm

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- ¡Cállense Cállense Cállense Cállense Cállense Cállense Cállense! – Gritaba el azabache arrodillado en el suelo, tenía ambas manos cubriendo sus oídos, sus ojos temblaban y su boca apretaba fuerte los dientes mientras su mirada se fijaba en el suelo. En su piel podía sentir el frío y siniestro aliento de la muerte, lentamente su cuerpo comenzaba a seguir aquel paso de temblorina, esa asquerosa sensación trepaba por su espalda hasta apoderarse de su nuca, todo era oscuro y estaba rodeado por la desesperación. Las pequeñas muñecas continuaban cantando, mientras lentamente se acercaban, siempre rodeándolo, estirando sus brazos y envolviendo el cuerpo del contrario con aquella niebla espesa, pero se veían apartados cuando el vendado comenzaba a encender su cuerpo - ¡No me toquen! – Gritaba mientras encorvaba más su cuerpo, hasta el punto de pegar su frente en el suelo, el dolor que sentía en su cuerpo no se comparaba a la desesperación.

Los recuerdos se hacían vividos, aunque se negaba a ver, estaba enfrente, podía sentirla, era ella, de pie, mirándolo y juzgándolo – Eres patético – Podía escucharla fuerte y clara, podía sentirla a su derecha, a su izquierda, detrás, incluso de pie sobre su espalda, seguía escuchando aquella infernal canción, pero no se comparaba con las apuñaladas que recibía por parte de los crueles mensajes, podía escuchar como levantaba su mano, cargando el desgarrados filo escarlata, para clavarlo sin compasión en su espalda – No importa cuánto te esfuerces, es imposible que alguien te quiera – Las palabras quemaban su alma, y estas no paraban de caer.

Mataste a tú madre
Arruinaste la vida de tú padre
Aunque no te lo digan, el resto de tú familia no te quiere, no te tolera, te culpan por todo
Yo te culpo por todo
Le fallaste a tú único amigo

Al final… Morirás solo, sin que nadie te recuerde

Y uno tras otro, las navajas perforaban su piel, o más bien su alma, sus esperanzas, sus ganas de vivir eran mermadas centímetro a centímetro, pero no podía decir nada, sólo podía gritar por la agonía – Hunter estaría mejor sin ti – Fue lo último que escuchó antes de abrir sus ojos, veía el piso, esa asquerosa madera mohosa. Todo estaba frío, su cuerpo lo estaba, ya no liberaba calor, sus dedos estaban entumecidos, pero más importante aún, tras todas las sombras, vislumbraba aquellas decapitadas muñecas, estaban muy cerca y sabía que si las dejaba llegar más lejos, realmente sería su fin – Te equivocas – Pronunció en voz baja, levantándose con una expresión de enojo totalmente iracunda, encendiendo por completo su fuego - ¡Te equivocas! – Gritó fuerte, corriendo en dirección de las muñecas para comenzar a incinerarlas, una tras una, las cuales no podían hacer más que chillar.

Al romper aquel cuerpo físico, en el suelo no quedaba más que masa roja, la cual se iba acoplando con sus iguales, pero eso era algo que el azabache ignoraba, estaba cegado por la ira y quería destruirlas a todas, no se detuvo hasta volver cenizas la última muñeca y una vez lo hizo, se quedó de pie, agotado, adolorido, temblando y con sus orbes apunto de explotar, sentía el frío sudor escapar de su frente, pero algo lo alertó, cuando se dio la vuelta, vio aquella masa, era totalmente deforme, como ver carne molida, lo único que podía distinguirse eran dientes, los cuales en vez de ir a morderlo a él, parecían estar autodevorándose, se estiraba como si fuese una trompa para luego morderse y tragar pedazos propios – Por favor… Mastica mi corazón… Por favor… O tendré que comerme el tuyo – Trataba de comunicarse aquella extraña abominación, reptando por el suelo, acorralándolo y esta vez, si acercándose con intenciones de morderlo. Faye se quedó en silencio, apretando los puños y los dientes, aun recordaba todas aquellas palabras - ¿Porqué no te rompes? – Preguntó aquella entidad, a escasos centímetros del azabache.

La momia simplemente posó su mano sobre el pegajoso y blanco cuerpo, antes de observarlo con una expresión más serena – Porque existe alguien que no deja que me rompa… Y debo sacarlo de aquí – Pronunció con una extraña calma y seriedad, antes de encender su mano en el mayor fuego que jamás había creado, incinerando a la bestia, mientras lo hacía, la misma chillaba, se retorcía y se consumía, gritaba de todo, trataba de corromperlo, pero no podía - ¡LE FALLARÁS, LE FALLARÁS Y TE ODIARÁ! – Comenzaba a gritar, pero el mortal no cedía - ¡Te equivocas! ¡Y aunque así fuera! ¡Ahí está su error! ¡Hunter nunca me abandonará! ¡Y yo nunca lo abandonaré! ¿¡Me escucharon!? – Gritó posicionando su otra mano en la carnosa superficie, incrementando aquel incendio, hasta que lo único que quedó, fue una pequeña niña, echada en el suelo, le faltaba un ojo y vestía harapos, su expresión estaba plagada de miedo, pero Faye no retrocedió, estiró sus manos con intensión de quemarla, pero a escasos centímetros se detuvo, se quedó observando aquel miedo, aquella súplica por clemencia, aquellas lágrimas que caían por su rostro, no podía hacerlo. – Vete… ¡Vete! – Gritaba mientras se esforzaba por no seguir, por no hacer algo de lo que luego se arrepentiría, aquel fantasma, se puso de pie y sin entender nada, sonrió – Gracias – Fue lo último que dijo antes de desaparecer, dejando en su lugar una caja de música. Cayó de rodillas frente a la misma, observándola y respirando con dificultad – No tienes tiempo para esto – Se dijo a si mismo, tomando la caja y acercándose a la puerta que ahora, luego de todo lo ocurrido era visible.

Al salir, vio el pasillo y a su derecha, a un conocido - ¡Hunter! – Gritó mientras se acercaba corriendo, aparte de sus brazos muy adoloridos, no sentía nada más, no habían heridas corporales más allá de un pequeño corte en su rostro que impregnaba con sangre las vendas de aquella zona - ¿¡Estás bien!? – Preguntó mientras con velocidad, lo abrazaba, no sabía porque, pero se había encontrado en la necesidad de hacerlo, se aferraba con fuerzas al pelirrojo – Me alegro que estés vivo… Salgamos de aquí – Dijo finalmente ayudándolo a ponerse de pie, esta vez no dejaría que nadie los separase.
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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Helena Isabelle Dómine el Miér Jun 06, 2018 6:33 pm

Palabras y palabras se extendían en la tinta impresa en las portadas de todas aquellas puertas a distintos mundos que le rodeaban, desordenados. Los colores iban y venían, las iniciales daban extrañas palabras. Machacando sus uñas comenzó por ordenar las historias a como ella viera conveniente. La poca concentración que la esquizofrenia le regalaba llenaba de lluvia sus mejillas ante la desesperación en la que su propia mente la  metía, sola, encerrada muriendo en un gélido suspiro de la luna.

Los gritos amenazantes no sólo se encontraban en sus oídos, las personas con conciencia con conciencia se escuchaban a través de las paredes, sufrir. Comenzó con simples palabrerías terminando en una lucha interna en ambos intrusos.

Los granos de arena caían, se removían y volvían por donde habían venido, sin intenciones de seguir su ciclo natural, revelándose al descubrirla hermosura del caos. El macilento cuerpo estaba tirando, sucio y masacrado en el suelo, las uñas tenían residuos de la carne faltante de sus mejillas, tornándose de un extraño color café. Sus ojos boscosos se cubrieron en una niebla roja que resbaló por la esquina de su ojo, humedeciendo y tiñendo aquel hilo en su piel. Se levantó, como si nada hubiera pasado, rodando entre sus pies, danzando su muerte.

Su figura desapareció entre las paredes que se desmoronaban, convirtiéndose en un recuerdo que había susurrado el viento, un cuento hecho por el monstruo de debajo de la cama, volviendo a ser la simple choza original, que no tardaría en tomar otra forma por los sentimientos esporádicos de sus habitantes, añadiendo su propio pasado para una receta de calidad. Todo se volvió silencio, penumbra, los grillos resonaban entre la oscuridad y los secretos no revelados. La espectral figura sólo se balanceaba en el columpio oxidado, observando las estrellas que desaparecerían con el pronto salir del sol, ocultándolas de sus espectadores. Oh… era demasiado cruel y egoísta aquel hombre de barba dorada. Su mente volvía a divagar, como digna hija adoptada de la locura, sonriéndole a los fantasmas detrás de ella.



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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por Hunter Byrne el Jue Jun 21, 2018 1:40 pm

No había ni sentía nada más que un vació que colapsaba su corazón. Luego de la ira, el desdén, el miedo y la nada misma, solo quedaba esa serenidad que caracterizaba los peores desastres. Tornados, erupciones volcánicas, terremotos, tsunamis, el siniestro ocurrido allí dentro no debería de compararse en nada a todas esas desdichas que arrebatan interminables vidas, pero él lo sentía así. Las percutidas paredes fueron los testigos de toda esa repugnante bestialidad que se oculta en las fauces de su impotencia, su asco, su humana vulnerabilidad a la que solo sabe hacer frente con la sobrenaturalidad de sus llamas. El abandono serpenteaba por su columna e ingresaba cual veneno en su cuerpo, lamentablemente no se trataba de una sensación desconocida para él, sabía lo que era verse acorralado por esa oscuridad que solo susurraba injurias. Sus orbes dorados reflejaron la pistola que sostenía entre sus manos, la lógica era más que entendible, la violencia solo generaba más violencia. Recibió un arma para seguir matando.

Pero Faye lo abrazo y, sin saberlo, saco su corazón del fango. Sinceramente no lo había escuchado decir su nombre porque lo imperdonable lo estaba seduciendo, pero supo que se trataba de su hermano mayor desde el preciso momento que el aura contraría se fusiono con la suya, soltó el revolver permitiendo que el ruido hueco fuera el inicio del fin, nunca podría ser un monstruo con el azabache a su lado, en él era donde depositaba toda su humanidad, su existencia era su luz, su excusa para no entregarse a lo inmundo. Le estaba envolviendo con un calor que calaba en su cuerpo hasta envolver su pecho, incineraba todo lo malo, se depositaba allí donde sabía que era su sitio para continuar brillando.

No dijo nada, no se sentía capaz de hablar, estaba demasiado cansado para lo que sea. Cuando Faye lo ayudo a levantarse solo intento no demostrarse tan abatido consigo mismo aun a sabiendas que para su hermano era imposible disimular, lo conocía más de lo que él mismo podría aún si dedicará toda su vida a comprenderse, cosa que ni intentaba por el pavor que le causaba lo que pudiera encontrar, tomo la mano derecha del mayor como si fueran niños pequeños otra vez en cuanto el otro le libero solo un poco del agarre. Lo último que necesitaban era volver a separarse, la mansión no parecía prometer más locura pero ellos no podían ser lo suficientemente idiotas como para confiarse, bastaron unos escasos segundos antes de que el más bajo se percatará de lo que estaba haciendo, miro su mano sosteniendo la otra e inmediatamente la aparto con brusquedad desviando la mirada.- ¡Solo vámonos de aquí de una puta vez!-Grito con las pocas fuerzas que tenía, que pudiera seguir gritando e insultando era una buena señal, iban a estar bien.


Gracias Sayori <3:
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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Mar Sep 04, 2018 5:16 pm


Φ CERRADO Φ

Debido a la falta de respuestas en éste tema durante dos meses o más, y muy a nuestro pesar, el tema ha sido cerrado y retirado de la zona correspondiente. Sin embargo puedes recuperarlo, pidiendo su reapertura, aquí.
Lugar: Zona prohibida
Atte: Staff ITR.





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Tema Privado Re: El cuarto del ángel.

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