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Tema Privado El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por Arlia el Sáb Abr 07, 2018 12:51 am

El cielo tenía esa tonalidad grisácea, carente de cualquier color brillante, al igual que las casas de piedra y madera del lugar. Los árboles apenas tenías vida y se mecían en el lúgubre ambiente, el aroma de la tierra mojada y carne quemada se mezclaba entre el sudor de la gente que rodeaba las llamas escuchando y disfrutando de los gritos que pedían una falsa justicia. Ella se encontraba escondida, abrazando a una infanta que lloraba mojando las ropas de su pecho, trataba de calmarle, pero las miradas de todos se volvieron hacia ella, acusatorias. Con sed de sangre. Quería correr, pero sus pies no respondían, tampoco las manos que comenzaban a arder en el rojo y amarillo que hacía cenizas a la pequeña y pronto su destino sería el mismo. Se encontraba asustada y miró a la gente destrozaba la vieja casa que usaba como escondite, lista para colgarla junto a las otras. Todo se volvió fuego y sangre. Aullidos desgarradores lo profundo de las gargantas de un grupo de mujeres atadas en contra de su voluntad. Implorando una ayuda que nunca les sería dada. Volviendo a la naturaleza de la peor manera posible. Todo se tornó oscuro.

Tras dormir pacíficamente unas contadas noches, ahora parecía que las pesadillas volvían a desatarse en su mente sin piedad alguna, mostrándole todo aquello que prefería olvidar y deshacerse así fuera por las malas. Al final la presa siempre se derramaba sin importar cuanto le siguieras construyendo, las corrientes aumentaban haciéndose más fuertes a cada minuto. Llevaba el cuerpo empapado de sudor, mas la sal que le cubría el rostro también era de las lágrimas que sus lagos habían desahuciado. Se limpió con la manga del enorme suéter de algodón que le cubría y, concentrada en no hacer mucho ruido, se levantó de la cama, el sol ni siquiera había salido, pero podía ver en la parte en el que el cielo y la tierra se conectaban, una iluminación que no era por la ciudad.

Salió de la habitación, dejando al demonio que parecía seguir dormido profundamente, por unos segundos su cabeza le dio vueltas, obligada a recargarse en la pared sosteniendo su cabeza con los temblorosos dedos mientras cerraba los ojos esperando a que la reacción se esfumara en el aire. Dio unos pasos apoyando la palma extendida en el papel desgastado que se rompía bajo sus uñas, seco y rasposo al tacto. Cuando la punzada pasó y todo volvía su lugar se enderezó recuperando la compostura. Necesitaba tomar aire fresco, no creía volver a dormir en aquella madrugada y necesitaba estar sola un breve momento. Realmente no le importaba las pintas que lucía en ese momento, el short que le llegaba arriba de la rodilla, asomándose bajo el suéter color gris; o el enmarañado cabello que llevaba pegado con el sudor a su rostro. Se colocó un par de desteñidos “tenis” azules, de los que se colocaban sin necesidad de abrocharse con agujetas u otro medio. Tomó las llaves y salió del departamento, pegando su nuca durante unos segundos en la madera de la puerta. Respiró profundo, lo necesitaba, y se abrazó a si misma saliendo del viejo edificio andando entre el eco de sus apenas predecibles pisadas en la obscuridad y las titilantes luces de las farolas.

Todo el tiempo se encontraba distorsionado, las cosas parecían tan lejanas pero los segundos de antes estaban frente a su nariz, rozándola. Habían pasado un par de días desde lo ocurrido con Levka, pero las cosas de fundían de manera que poco a poco tomaban su propia forma, las cosas no eran necesariamente fáciles, pero la paciencia y tranquilidad que caracterizaban a la rubia fue lo que le ayudó a no perder la cabeza o rodar los ojos cansada, al contrario, ella disfrutaba de ayudar a aquel demonio de mirada soberbia, tan sólo esperando que él se sintiera lo menos incómodo posible. Ya habían resuelto lo del cambio de moneda y ahora decidían que hacer para ganarse la vida. Estaba claro que su estadía ahí duraría mucho más de lo que ella ya había acostumbrado, y su “trabajo” de curandera y, en pocas ocasiones, médium; no solventaría los gastos que se preveían ahora que el demonio se encontraba libre. La única opción era el trabajo, pero claro estaba que Levka no estaría dispuesto a seguir ordenes de una 3ra persona. Podrían abrir un negocio, sólo quedaba que el demonio terminara por decidir qué tipo de negocio deseaba.

De esta entretenida en las posibilidades los desperdigados cuerpos se encontraban fuera de su humor, por lo que se sentía más ligera. Estaba lista para regresar, mas algunos pasos tras ella la pusieron en alerta, no quiso hacer nota su nerviosismo y menos dar un paso posiblemente falso, por lo que de manera casual siguió por la acera de la cuadra, donde en la esquina se giró observando a ambos lados como si se precaviera de los autos y en cuento vio a las personas cruzó la calle metiéndose a la cuadra de enfrente y por ellos en un largo callejón que saldría paralelamente. Se percató que realmente la seguían. Sabía quiénes eran, un par de veces habían hecho ya lo mismo, lo intentaban, pero nunca podían, creía haberlos perdido durante algunos cuantos siglos más, pero era de suponer que una vez que el alma de alguien tan poderoso como lo era aquel al que servía, irradiaría un aura que por más que se ocultaba dejaba rastros y esta gente era como malditos sabuesos. Nunca supo la razón por la que estaba interesados en Levka, seguramente para algo opuesto a bueno ya sea para él o para la humanidad. No lo sabía y esperaba no saberlo, no en ese momento.

Casi a mitad del callejón aminoró su paso dejándose alcanzar y sólo bastó con que tocaran su hombro para que ella se girase velozmente y terminara por encajarle la rodilla en las costillas a aquel hombre, en cuento este se agachó su pie terminó en su entrepierna y el codo en la cabeza, derribándolo. Uno, quedaban otros dos. Ambos desconocidos decidieron atacarle juntos luego de ver que su compañero cayó en un par de segundos, pero sus esfuerzos eran tan inútiles como siempre. La joven de hebras rubias corrió hasta el final una vez que en pequeño grupo de hombres quedó inconsciente, pero no podía quedarse ahí, si estaban ellos tenía por seguro que había otros más. Pero necesitaba alertar a Levka, pues los habían encontrado, no dudaba en que los venciera, pero en el estado en el que se encontraba si aquella extraña organización tenía un as bajo la manga, convertirían todo aquello en una situación complicada y el lugar en un campo de batalla. Sin poder seguir corriendo por las calles la oscuridad le ayudó a camuflarse cuando saltó sobre un bote de basura, seguido por las barandillas de una terraza que la llevó al techo de las casas. Sería más rápido. Agradecía haber seguido en forma y poder saltar de techo en techo.

El problema era que quiera o no su cuerpo era humano, por más que para ella el oro del tiempo ya no existiera. Sus capacidades físicas tenían muchos límites y no tardaron en alcanzarle. Necesitaba invocar a algún demonio antes de que fuera demasiado tarde. Y lo fue. Su invocación se vio interrumpido por una mujer de alas blancas, y por las pintas que llevaba, posiblemente un ángel del tipo guerrero. Apretó sus puños, a pesar de la diferencia de poder no podría rendirse. Terminó invocando a algunos demonios, que pronto fueron mutilados por la espada bendita que poseía aquel ser. Arlia no tenía poder de carácter ofensivo por lo que a pesar de la lucha su oponente era sobrehumano y pronto su visión se volvió borrosa, quedándose en la obscuridad, sintiendo el sabor de la sangre en su boca. Los músculos estaban entumidos mientras sentía los rayos del sol salir y postrarse sobre su golpeado rostro. Se trató de levantar, pero la mujer empujó su pie contra sus costillas obligándose a morder su propia lengua en un intento de no gritar ante el dolor. Pero este era demasiado y su conciencia se desvanecía con cada patada hasta sentir su cuerpo flotar y se arrastrado, cargado por los aires a quien sabe dónde.

-Levka... –Su voz era débil, tanto que ni ella misma se escuchaba entre el pitido de sus oídos.


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Dom Abr 08, 2018 11:15 am

La llegada del demonio a aquella época era algo increíblemente particular, de ese tipo de cuentos fantasiosos que claramente algunas personas jamás podrían llegar a creer. Sin embargo estaba sucediendo y su persona había permanecido casi cinco milenios encerrados en el interior de la que era, sin duda alguna, un arma metálica creada única, y exclusivamente, para el uso de su propia persona. Era por ésta razón que existía cierta conexión entre su persona y el arma en particular, algo que sin algún tipo de dudas brindaba a aquellos una considerable compenetración más allá de lo imaginable entre usuario y arma. Sin embargo hacía algo de tiempo, desde que había despertado en realidad de aquél estado de letargo en el que se había sido confinado, gracias a una magia muy superior a la conocida por muchos en aquella época, que comenzó a notar ciertas diferencias para con su arma. Sí, era suya, de nadie más, pero inconscientemente también comenzaba a sentir un tercer elemento en aquello que claramente causaba algo de distorsión e interferencia al respecto... ¿qué era exactamente lo que estaba sucediendo? ¿Por qué sentía, además de lo que acostumbraba de su arma, también otra serie de sensaciones y sentimientos difíciles de explicar? ¿Era algo exclusivo del estado en el que se encontraba? ¿Soñando? No. Había despertado, estaba despierto en realidad y aún persistía aquella incomodidad tan particular y peculiar que, efectivamente, indicaba que algo no iba tan bien como debería.

Su cuerpo yacía en la cama, observando la nada misma. El techo se había convertido en el umbral que sus ojos reflejaban pero no era exactamente esto lo que trataba de asimilar. Una especie de escalofrío recorrió su cuerpo al escuchar su propio nombre cual susurro en la habitación que estaba ocupando, virando hacia los lados sus ojos como consecuencia de aquél particular llamado. — ¿Qué demonios fue eso? — podía notar como su espada se aseguraba de confirmar lo ocurrido: no estaba quedándose loco ni mucho menos, aquello sí había sido un llamado y, sin duda alguna, la voz que lo había realizado no era sino la de la rubia que debía de estar a su lado en esos momentos. El sujetar la tsuka de su arma le generó cierto estrés, tan solo con el mínimo roce, obligando a que el demonio rápidamente se incorporase para poder erguirse completamente. Notaba como el filo del arma se removía dentro de su vaina advirtiendo que ésta era capaz de sentir algo más que un simple llamado, algo que sin duda alguna no podía pasar por alto dado el uso de la sangre femenina en su ‘resurrección’, así como también le hecho de que su propia sangre se encontraba tanto en aquél objeto metálico así como en todo lo que era el organismo de la fémina. Cual eco repitiéndose en la infinidad de su mente, la voz de aquella muchacha volvía a repetirse una y otra vez, consiguiendo de cierta manera obligar al masculino a tomar sus ropas y colocarse aquellas que eran las típicas que generalmente vestía antes de, y saltando a través de la ventana, abandonara la residencia que actualmente poseían.

Los ojos del demonio se volvieron lentamente en una dirección inesperada, observando claramente el cielo antes de notar como era su propia arma la que parecía simplemente no dejar de temblar. Algo iba mal, lo comprendía y era consciente al respecto pero nada podía hacer en ese momento, ¿o sí? — Arlia está en peligro. — una voz se hizo presente en su mente, una que claramente fue capaz de reconocer dado los años que había estado escuchándola de manera directa. Su espada, Pantera, era capaz de comunicarse con su persona dada la situación en la que habían estado y en ese momento se había convertido en la única presencia capaz de brindarle respuestas a sus sentimientos en esos instantes. La expresión del masculino se ennegreció completamente al ser consciente de aquello y finalmente una especie de aura comenzó a rodear completamente el ambiente. Formando una circunferencia, aquella área claramente aumentó considerablemente la gravedad provocando que incluso el suelo a su alrededor terminase resquebrajándose. Eran aquellas baldosas las que terminaron partiéndose, generando que cierta presión invisible las obligase a hundirse un poco más provocando una especie de cráter en aquella posición, justamente a los pies del demonio de cabello azulado, ocasionando además de que varias personas que pasaban justo por aquellos lares tomaran cierta distancia para con aquella figura que claramente mostraba una tensión amenazadora en el ambiente.

De un momento a otro aquella figura desapareció completamente, extendiendo su mano derecha para abrir lo que era Garganta, aquella habilidad tan especial que implicaba un salto espacio-temporal con el fin de avanzar a diferentes lugares sin la necesidad de caminar o correr. Efectivamente buscaría en los lugares que consideraba la fémina accedía con mayor frecuencia, conociendo éstos por haberlos visitado en algún lugar, solo o acompañado de aquella rubia en cuestión, en algunos de sus viajes para reconocer y tener el acceso necesario a cada rincón de aquella ciudad. Entre todos los lugares visitados se percató de que en uno de esos viajes fue que Pantera se mostró más inquieta que de costumbre, moviéndose claramente y advirtiendo que el lugar en el que ésta debía de encontrarse en esos momentos no era sino otro que aquél. Siguiendo aquél segundo instinto que su arma poseía, el demonio se aseguró de moverse con rapidez por las calles de la ciudad hasta toparse con lo que parecía ser una especie de callejón, un espacio bastante reducido en el cual pudo notar algunas bolsas sobre el suelo así como también sangre... ¿sangre? Levka se acercó hasta aquella y notó como el arma reaccionaba a ésta advirtiendo claramente una sola cosa: era de la rubia. ¿Cómo saberlo? Efectivamente, porque la sangre del demonio se encontraba en el interior de la menor y además, ahora que el sello había sido liberado, era la sangre de la misma mujer la utilizada para poder poner fin a aquello, obligando al arma en cuestión a admitir una gota de sangre que en un cincuenta por ciento no pertenecía a su portador, aunque esto no significase que la aceptase como su portadora así como aceptaba al demonio. — Así que estuvo por aquí. — el demonio se había agachado con la intención de tocar la sangre, notando claramente por el sabor que ésta no era sino en parte de su propiedad como si estuviera confirmando aquello que había dicho anteriormente.

Fue en esos momentos que el aura de Levka se expandió considerablemente, triplicando su rango de acción y provocando un gran cráter en aquél lugar, acaparando el total del ancho del mismo. Algunos individuos de sospechosa actividad se acercaron a éste al verlo reaccionar y comprender que éste se relacionaba con la muchacha secuestrada, algo que claramente el demonio comprendió y por lo cual volvió en ellos su expresión. Los ojos de aquél se encontraban completamente afilados, denotando un fuerte aire demoníaco y violento, una hostilidad palpable en el ambiente que claramente demostraba cuán enojado se estaba mostrando. Sin siquiera perdonar el lugar en el que se encontraban, ni que aún existieran personas alrededor suyo caminando por la avenida a varios metros de su posición, el demonio se abalanzó por sobre el grupo de individuos cobrando con sus propias manos, de manera literal, las vidas de cada uno de ellos salvo el que se encontraba más atrás. — ¿Dónde está? — el tono de voz del demonio era tan suave y sereno que casi parecía imposible comprender si en verdad estaba enojado, pero el brillo de sus ojos era algo que advertía que no se encontraba para juegos tontos o pérdida de tiempo. Su mano goteaba la combinación de líquidos vitales de cada una de aquellas criaturas con las que había acabado en aquellos escasos segundos, apenas transcurriendo cuatro los necesarios para completar su objetivo. — ¿Q-qué...? N-no nos dijeron que fueras así... ¿Q-qué eres...? — la voz temblorosa del hombre restante solo farfullaba cosas sin sentido para su persona, algo que claramente no respondía a la pregunta que estaba realizando. Tratando de escapar, retrocediendo lentamente antes de girarse al completo para empezar a correr, el masculino se aseguró de cometer el único error que no debió de hacer: no brindar al demonio la respuesta que estaba buscando, ni siquiera un nombre o una ubicación, algo que le ayudase. Esto generó que un nuevo golpe por parte del demonio hiciese que la cabeza de aquél individuo terminase rodando por el suelo, literalmente hablando, hasta chocar contra un bote de basura.

Arlia. — musitó por lo bajo al momento de regresar al charco de sangre que pertenecía a la rubia mencionada. Éste avanzaba lentamente hacia delante, como si fuesen las migajas de pan dejadas por Hansel y Gretel en aquél tan antiguo cuento para niños, las cuales permitían a los hermanos recordar el camino de regreso. Aquella sangre eran las migajas de Arlia, y era en ese momento Levka el que las utilizaría para ubicarla, o al menos asegurarse de que llegar lo más lejos posible que éstas le permitiesen. El recorrido no lo llevó tan lejos como pensaba, al menos varias cuadras de su posición a una especie de edificio abandonado que claramente se encontraba protegido mediante algún tipo de hechizo o magia considerablemente avanzada. ¿Así que allí estaba? Incluso Pantera era capaz de entenderlo y saber que detrás de aquellas puertas era que se encontraba la rubia en cuestión, algo que claramente le generaba un claro hervor de su propia sangre: ¿cómo se habían atrevido a tocar a la chica? ¿Eran conscientes de quién era? ¿O a quién le pertenecía? Claro que no, nadie en su sano juicio osaría atreverse a intervenir en aquél grupo, ¿o sí? Su mano se apoyó en la metálica puerta durante algunos segundos notando como la magia corría a través de ella, evitando claramente que ésta o el resto del edificio se agrietase como consecuencia del aura destructiva que aún rodeaba de manera circunferencial al demonio. Tras tocar un par de veces ésta terminó dándole un fuerte puñetazo para hacer que las bisagras se quebrasen, permitiéndole de ésta manera entrar. Al atravesar el umbral lo notó: algo allí iba mal, el ambiente se había tornado completamente tenso, incluso más que cuando la Guerra hubo estallado hace tantos milenios atrás. — HEY. ¿Dónde mierda está MI rubia? — bramó a bocajarro como si se encontrase en su residencia. ¿Acaso importaba el lugar? Aquella chica era suya, después de todo le había salvado la vida y ésta se la debía sirviéndole únicamente a él. Avanzó lo suficiente como para verse con un almacén completamente desierta, o al menos así lo aparentaba... pero sabía que esto no era así: algo más era lo que había allí, ¿o más bien, alguien?


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por Arlia el Mar Abr 10, 2018 10:44 pm

Sentía como su cuerpo punzaba y todavía tenía el sabor metálico de la sangre, recorriendo por su boca. Sus ojos se encontraban sumamente pesados, pero debía abrirlos, necesitaba hacerlo. Seguía algo aturdida y su vista era borrosa, los oídos le zumbaban y el cuerpo le dolía. Necesitaba salir de ahí, pero estaba con las manos amarradas tras ella, rodeando algo parecido un poste de concreto. Tenía los brazos entumidos, pero eso era lo de menos. Comenzaba a preocuparse, pero no por sí misma, si no por Levka. Todo aquello era claramente una trampa. Suspiró, debía de dejar de pensar un poco en el demonio y concentrarse en su situación. Lo primero que hizo fue recitar un pequeño hechizo de curación básica, tan sólo podía sanar sus cortadas y calmar un tanto el dolor, aunque este seguiría estando ahí. Estaba bien por el momento. Luego de sentir su cuerpo más aliviado miró a su alrededor sin ver ni a una sola alma en aquel lugar, pero podía sentir la presencia de alguien, era muy pequeña, por lo que dedujo se encontraría algo lejos. No había ventanas, pero sí un foco sobre ella que le dejaba ver muy poco de todo aquello.

Forzó sus manos y como había pensado fue un esfuerzo en vano pues el nudo estaba bien hecho. Pensó en invocar a un demonio para poder salir de esa situación, un demonio de fuego podría ayudar, pero sus invocaciones eran al azar, aunque al final cualquiera serviría, al fin y al cabo. Se preparó para recitar el llamado, pero el sonido de una puerta de metal azotarse y giró el rostro hacia donde el estruendo fue producido. De la oscuridad un hombre un tanto mayor que ella, cabello negro, gafas y de complexión alta; se acercó a ella estudiándola.

-Veo que has curado tus heridas –Comentó mientras seguía caminando alrededor del cuerpo de la rubia, sin despegar las manos de su espalda, dando golpes con los dedos a su ropa-. Durante mucho tiempo nos has hecho difícil el trabajo –Arlia no evitó dejar escapar un leve gruñido de su garganta, manteniendo una filosa mirada en el desconocido -, eres demasiado escurridiza, ¿Recuerdas Salem? Casi logramos atraparte, pero hiciste de las tuyas y todo terminó muy mal para aquellas brujas –Aquello era demasiado para la joven y deseaba atacarle, matarlo, el odio inundaba su cuerpo, pero no podía hacer mucho por el momento así que se decidió controlar, buscaría una abertura. - ¿Ustedes… eran amigas? –El joven de cabellos oscuros le miraron con una sonrisa en el rostro que por poco provocaba el temblor en las piernas de la chica. - ¿Realmente no me vas a hablar? –Al darse cuenta de que la prisionera mordía su lengua sin ningún indicio de que fuera a hablar por más que se le presionara. Un sordo ruido se escuchó en el eco del lugar y la mejilla de Arlia estaba roja y el labio reventado, pero su mirada nunca se corrió de la de su enemigo. Comenzaba a sacarlo de quicio- Eres más dura de lo que creí, sabes proteger muy bien a tu amo, pero tú al final serás la causa de su muerte. –La ensordecedora risa maquiavélica del hombre se movió junto con su portador hasta dejarle una vez más sola.

Cierto temor creció en su pecho, podrían ser peor de lo que se había imaginado, se notaba cuanto conocían de su persona y del demonio del caos, no serían tan tontos como provocar al animal y esperar con las manos vacías, tenían que tener un plan para poder enfrentarle aún si era sólo por un momento antes de ser derrotados. Y eso último era lo que ella desde el fondo de su persona, esperaba que sucediera. ¿Para qué lo buscaban? No creía que se tomaran tantas molestias únicamente para tratar de matarlo ¿verdad? Un par de pasos retumbaron en la oscuridad, esperaba al mismo chico de antes, pero para su poca sorpresa era la mujer que le había capturado, el ángel. Su cabello era rubio, luminoso y se notaba bien cuidado, además de que era de un tono no tan poco saturado como el suyo, piel pálida, básicamente una chica con la apariencia cliché de un ángel. Pero fuera típica o no, eso estaba por completo fuera de sus preocupaciones. Por más lindos que fueran sus labios, en la sonrisa que se pintaba había oscuridad y muerte.

-Bueno, el jefe me ha dicho que no quisiste hablar, sólo quiero avisarte que tu querido amo está llegando directo como un ratón por el queso. Lo que no termino de comprender es ¿cuál es la diferencia entre tú y alguno otro de sus subordinados? Por qué venir a rescatarte cuando es tan sencillo dejarte morir aquí, pudrirte –Ambas rubias se encontraban frente a frente mirándose una a la otra como rivales que eran. –Tengo mis teorías –La tomó del mentón, encajando las uñas en su piel-, supongo que no es del todo tu jefe ¿verdad? – El rostro de Arlia pos supuesto denotó confusión por un segundo, un pequeño tiempo que su rival consiguió atrapar- Bueno, supongo que estaba equivocada, o por lo menos en una parte. Te dejo la tarea de comprenderlo, aunque dentro de poco será demasiado tarde tanto como para ti como para ese demonio.

-Micaela, a tu puesto –Una voz masculina que hacía poco que conocía se acercó obligando a los dedos retirarse de su piel no sin antes dejar su marca.

-Entendido – Como cualquier subordinado lo haría, la mayor obedeció las ordenes, retirándose tan pronto como había llegado.

-En cuanto a ti, supongo que quieres saber por qué hago todo esto. Para qué me desgasto tanto en ir por un demonio. Pero no es cualquier demonio, aunque supongo que tú lo sabes mejor que nadie. Uno de los Mandamientos, conocidos por pocos por la guerra y muerte que causaron, si se reencuentran todo volverá a ser oscuro ¿entiendes? Todo lo hago por el bien de la humanidad –rio ligeramente ante sus palaras o un posible pensamiento fugaz- Aunque claro, también tengo mis propios beneficios ¿sabes? Sobre todo con ese chico del caos. –Arlia seguía sin inmutarse, y desde hace un momento comenzaba a recitar por lo bajo un hechizo de invocación, tardaría un poco, pero con aquel tipo hablando y dejando que su voz tapase su murmullo esto, esperaba, sería sencillo. -  Quiero el control, no del demonio, claro está. Pero sí de todo. Piénsalo, nadie puede controlar el caos, el caos está en todo, pero el hecho de que venga de una entidad malévola, significa que el caos es malo. Pero yo controlarlo y matarlo, significa que puedo tener total control de lo que sea. Sin caos, sin azar, sin nada que intervenga mis planes o ideas, podré llevar lo que sea a la realidad y a la perfección

Hasta cierto punto la rubia estaba impresionada, el hombre parecía saber lo que decía, pero estaba equivocado rotundamente.

-Levka no es una entidad malévola –Luego de tanto silencio habló, dejando a lado su hechizo, a veces podía ser demasiado tonta. -, claro que no es tampoco la persona más casta y pura. Sí, es impulsivo y muchas veces tiene planes descabellados, pero eso no quita que realmente tenga corazón. Por supuesto, no lo demostraría, y menos a personas tan estúpidas como tú. El caos, tú mismo lo dijiste, está en todo, pero el centro de todo es y serán los humanos, los ángeles, todos nosotros lo construimos y por más que lo desees nunca podrás controlarlo, se te iría de las manos en un abrir y cerrar de ojos. No conozco tu poder, es cierto, pero conozco el de mi amo, y él te hará pedazos –Las últimas palabras era escupidas como veneno, llenas de odio hacia el receptor. Volvió a enderezarse con la última parte de su hechizo en la boca, la palabra que llamaría a alguna entidad. La palabra que se pronunció de forma tan suave en aquel desastre que el estruendo que se escuchaba sobre ella, probablemente en la superficie, hizo temblar el lugar.

Una criatura tan ajena y extraña en ese mundo emergió de la tierra a sus pies, volviéndose grande y poderosa. Ambas cabezas se movían observando el lugar antes de vislumbrar a la persona que le había invocado y a aquel que la amenazaba, como bestia furiosa atacó, pero el hombre era fuerte, esquivaba con calma los ataques. Pero dándole la oportunidad a la joven de lanzar un segundo hechizo y como vasija que era su cuerpo se enfrió. Las cuerdas se rompieron y sus ojos se habían vuelto completamente blancos, el demonio ahora poseía su cuerpo, quebrándolo con el devastador poder, todo para salir de ese lugar. El hombre no dio pelea, más tampoco le dio la espalda, simplemente se dedicó a observarle con detenimiento.

-Eres una chamán más habilidosa de lo que puse llegar a pensar, ese nivel de cosa que has invocado es extraordinario. Lamentablemente para ti, todo este esfuerzo que pones es inútil. El edificio tiene un poderoso sello, el cual me da a mí la habilidad de extraer el poder de los que se encuentren en él, en este caso, en el sótano estás tú. Así que, con tu permiso- Una luz roja emanó de su pecho mientras que el cuerpo de la joven retrocedía paso a paso de forma lenta, jalando con las manos sus ropas en una desesperación, tratando de luchar contra lo que fuera que le oprimía. –A menos que destruyas es sello, querida, estás perdida.-  Le había subestimado. Sus rodillas cayeron al suelo segundo por su pecho, quedando completamente inmóvil, apenas y sentía energía vital recorrer de forma lenta. –Woah, ese demonio tuyo realmente es poderoso, gracias por eso –le giñó el ojo dando media vuelta listo para luchar contra el enemigo final, aquel al que tanto había estado buscando. –Por cierto –se detuvo – te dejé con un poco de energía, quiero que sientas cuando aquel al que aprecias tanto termina muerto bajo mi mano, pero no te preocupes, si utilizas algún hechizo que pueda llegar a consumir tu energía. Morirás, simple. Así que esta ve tu sanación no servirá de nada. -No quería dejarlo escapar, estiró el brazo en un estúpido intento de no serviría de nada.

Si de algo estaba segura era del sello, lo había visto antes en Salem y luego de aquella pesadilla, que a día de hoy no la dejaba tranquila, se obligó a sí misma a aprender a romperlo. Las palabras del enemigo se repetían como disco rayado en su mente, romperlo consumiría la poca vida que le quedaba, posiblemente toda, sería únicamente suerte si le quedaba algo. Pero de todas formas moriría, y no le importaba hacerlo si era por Levka, era mejor a sólo observar y esperar su desgracia. Sus labios se movieron, por los estruendosos sonidos predecía que ya estaban en la pelea así que sus palabras se apresuraron, hasta sentir como el sello de aquel lugar se desvanecía y como sus parpados comenzaban a cerrarse. Sólo quedaba esperar.


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Miér Abr 11, 2018 9:19 am

Tal parece que el sello absorbe la magia del interior del lugar, Levka. Ten cuidado. — las palabras de Pantera en esos momentos ocasionaron que la duda y la cara de estupefacción que el demonio poseía en aquellos momentos regresase a la normalidad. Era consciente, ahora, de lo que significaba aquello y claramente comprendía la razón por la cual poco a poco el área de presión estaba siendo reducida con el paso de los segundos desde que había tomado la iniciativa de ingresar en aquél lugar. Los labios dibujaron una pequeña sonrisa en aquella situación, claramente algo entretenido por el giro argumental que aquello había dado de un momento a otro. El hecho de que su espada se removiesen el interior de su respectiva vaina advertía que aquél era el lugar correcto, algo que había deducido al momento de que todo lo demás estuviera mostrándose activo, tanto el sello como la presencia de individuos considerablemente fuertes y el hecho de que, poco a poco, la debilidad se apoderaba de su propio cuerpo. Los ojos del masculino comenzaron a recorrer lentamente todo lo que se encontraba a su alrededor, analizando en detalle el espacio y el ambiente. Tenía el tamaño suficiente para poder emplear gran parte de su poder, al menos el suficiente como para conseguir una explosión suficiente como para destruir el impedimento que le brindaba la conjuración que envolvía la edificación. — ¿Qué piensas hacer? — no respondió ante la pregunta pero sí se dispuso a avanzar lentamente. Su mano izquierda se deslizó con cuidado por la vaina de su arma hasta sujetar lo que sería la tsuka, el mango específicamente, dispuesto a separar al menos unos pocos centímetros el filo metálico de su protección haciendo que, claramente, el poder de Levka se duplicase en relación al que poseía en esos mismos instantes. Si querían jugar, el demonio lo haría, pero no esperaría quejas en respuesta: su poder poco a poco estaba regresando y cada segundo implicaba que el sello interno era liberado.

¡Hey! ¡Rubia! — bramó con fuerza al aire, avanzando lentamente por el espacio cerrado hasta alcanzar la zona central del mismo. Claramente podía notar como había un piso en la zona inferior, un sótano en el cual advertía se encontraban un par de individuos ciertamente poderosos. ¿Entonces qué haría? ¿Avanzar y entrar por aquella entrada? Las escaleras permitirían el paso del demonio pero no era necesariamente algo típico de él, ¿no es así? Antes de que pudiera darse cuenta se había encontrado rodeado de otro grupo de individuos, éstos mostrándose incluso algo más fuertes que los anteriores lo cual generó increíblemente que Levka sonriese con seguridad. — ¡Espérame ahí, mocosa! ¡Enseguida bajo así que no intentes ninguna estupidez! — era consciente de que la rubia podía deshacer los hechizos aunque desconocía realmente si podría con aquél, pero claramente no le pediría que hiciere algo que fuese tan estúpido como romper un sello de aquél nivel, algo que no estaba seguro si aquella era capaz. — ¿Terminaste? — un individuo de alas platinadas se mostró por delante de los demás haciendo que su atención acabase por definirse en aquella figura. Efectivamente su presencia le causaba cierto interés: era un ángel, después de todo. ¿Qué hacían los ángeles metidos en aquello tan turbio como lo era el secuestro de una persona? Independiente de su situación o las razones, un acto de aquél estilo solo ocasionaría una cosa, ¿no es así? — Oh, así que estás pensando en eso, ¿verdad? Sí... caeré cuando él lo sepa, pero de momento me dignaré de hacer lo correcto por la humanidad. — la mirada de aquél se transformó en una hostil, algo que fue respondido de igual manera por Levka quien ahora afilaba sus ojos con peligrosidad. — Te mataremos, Mandamiento del Caos, Mikhail Levka Nikoláyevich. — sin esperar el grupo de siete individuos se abalanzó sobre Levka sin mostrar misericordia ante la diferencia numérica.

¿Es todo lo que tienen? — apenas y un rasguño realizado en la mejilla del demonio fue lo que alcanzaron a realizar aquél grupo de individuos durante los varios segundos, o tal vez minutos, que habían intercambiado movimientos. Éste aún sostenía el centímetro desenvainado de su arma lo cual aumentaba potencialmente su fuerza y por ende era capaz de mantener el área de aquella zona personal, la gravitacional y claramente una especie de zona defensiva donde podía controlar cuasi completamente lo que se atreviera a entrar en ella. Sus sentidos incrementados en aquél lugar le permitieron esquivar y salir técnicamente ileso, incluso sus ropas lo estaban de ésta manera, lo que dejaba con más incertidumbre a los individuos que se habían atrevido a enfrentársele. — ¿Por qué...? Miles de años entrenando, miles de años... ¿para qué? — el demonio tan solo se dignó a negar lentamente con cierta decepción dado que aquello no había sido capaz de mostrar siquiera una pequeña necesidad de emplear su fuerza más allá de lo que había liberado para mantener dominio en su estado previo. Antes de que el otro ángel pudiera darse cuenta, la sangre ya corría por la mano derecha de Levka quien, y utilizando su Sonido, había incrementado su velocidad para poder acabar con todos los demás integrantes de aquél grupo. — Tus subordinados están muertos y tú sigues. Pon una expresión que deleite mis ojos, muchacho... porque será la misma que vean tus amiguitos allí abajo. —  tras una sádica y ciertamente morbosa sonrisa, el brillo de los ojos de Levka advirtieron que estaba ciertamente disfrutando de aquello como si no hubiese nada capaz de imitar las sensaciones que lo estaban invadiendo. Fue limpio el corte realizado por su mano, habiendo necesitado de Hierro para endurecer sus extremidades y utilizarlas cual arma. Cortó con la mano izquierda, la cual había soltado a Pantera, mientras la derecha se aseguraba de sujetar sus hebras plateadas para dejar colgando únicamente la cabeza del individuo a su lado.

El derrumbe del suelo se hizo presente de un momento a otro y el masculino terminó cayendo de pie casi en el centro de aquél lugar. El sótano estaba casi completamente vacío y podía vislumbrar a la fémina atada a un poste, algo que claramente lo obligó a mostrar un poco de hostilidad: ¿cómo se atrevían a hacerle aquello a la chica? Apretó sus dientes, enfurecido, intentando no dejarse llevar en ese momento que claramente era crucial. Su concentración se duplicó de un momento a otro y se aseguró de observar con atención a su alrededor notando dos presencias únicamente, además de la rubia y la propia, unas que claramente eran de por sí más poderosas que la de la muchacha atada a varios metros de su posición. — Oye, angelito. Tu esposo tuvo un pequeño problema... aquí te traigo su último mensaje. — lanzó la cabeza del individuo mencionado, haciendo que ésta rodase lentamente con aquella última expresión de vida en su rostro. Los ojos completamente abiertos como si hubiera descubierto el verdadero terror de lo que significaba la muerte, ¿o tal vez había comprendido que el demonio delante encargado de juzgarlo era alguien que siquiera aquellos dos de abajo podrían derrotar? Sin siquiera una mancha de sangre en su rostro, la piel pálida y los labios ya azulados por el estado en el que se encontraba. El post mortem no era necesario en su persona, claro que no: el hombre que había bajado recientemente se había encargado de tomar su vida, así como lo había hecho con los otros individuos durante el día e incluso como lo había hecho durante todos sus años como guerrero. ¿Qué importaban uno o dos más en su lista? Fue por ésta razón que su mano derecha se encargó de sujetar lo que era su tsuka, la vaina de su arma. Era consciente de que algo había en aquél lugar que le estaba absorbiendo poco a poco la energía que estaba generando y obteniendo del mismísimo ambiente pero... la absorción externa no era sino algo equiparable a la propia por lo que no parecía quedarse sin energías sino todo lo contrario: el mundo en general era una fuente inimaginable de poder para él.

¿Quiénes son? ¿Qué quieren? — eran necesarias aquellas preguntas pero no tanto como la que restaba realizar. Sin desenvainar su arma, el power up que recibió en relación al anteriormente realizado fue considerablemente alto. Como si fuera exponencialmente, el incremento de poder y agresividad del demonio se hizo presente hasta el punto en que la absorción realizada por el sello fuese incluso más que antes. Efectivamente el poder del sello se incrementaba considerablemente pero esto no era sino algo que al demonio no le importaba, ¿por qué afectarle algo tan trivial como el poder de aquél? Que pudieran utilizar una fuerza similar a la suya no haría sino que la situación se volviese algo entretenida. — ¿Y cómo quieren que los mate? — dando algunos pasos hacia delante, el demonio comenzó a emanar aquella aura tan hostil y peligrosa como acostumbraba en ciertas ocasiones, o mejor dicho en la mayoría de las situaciones que consideraba apropiadas para aquello. Se acercó hasta al menos unos quince metros de la posición de la rubia pero sin realmente prestar atención a ésta, tan solo concentrándose en las dos presencias ajenas que allí se encontraban, como si estuviera analizando la situación o mejor dicho la posibilidad que fuera a darse. Claro que estaba dispuesto a atacarlos, algo que sin duda no realizó por temor a que el otro se atreviera a dirigirse en dirección a la rubia siendo ella, efectivamente, su prioridad en aquél lugar luego de la muerte de aquellos dos. Pantera estaba inquieta, bastante en realidad, moviéndose cuidadosamente en el interior de su vaina y dispuesto a liberar todo su poder en aquél reducido espacio si su amo lo consideraba necesario, algo que de momento no parecería dispuesto a realizar: se encontraba muy cerca de la rubia y no estaba dispuesto a lastimarla.


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por Arlia el Lun Abr 16, 2018 4:23 pm

En ese momento se daba cuenta de que, en ese momento, no era más que una molestia. Un estorbo. Aunque lo negara, podía notar la preocupación del demonio hacia su persona. Sentía la boca metalizada, con tierra entre los dientes. Trató de levantarse, pero resultaba casi imposible en su estado actual y sus parpados comenzaban a pesar cuales trozos de metal; volviendo su situación más complicada, había desecho el sello, pero al final eso no importó, ahora el problema era otro. Volvía a meterse en problemas, parecía que realmente nunca podría ser de ayuda y eso la frustraba de maneras inimaginables, donde un intenso sentimiento de autodespresio se colaba por sus fosas nasales quemando y carcomiendo en cenizas sus pulmones. No podía dejar así las cosas, había quedado en que si moría sería para defender al demonio que no paraba de protegerla. ¿Por qué? Podría destruirles en un abrir y cerrar de ojos, pero en vez de eso se mantenía precavido todo para que la rubia estuviera a salvo, dentro de lo que cabe. Lo odiaba. Lo odiaba. Lo odiaba. Ella era sumamente remplazable, tan desechable como los demás subordinados que le siguieron hasta el final de sus miserables vidas. Las palabras del ángel, palabras que pronunció anteriormente sobre su persona y el jefe. Ella tenía total razón, y era algo que no se daba cuenta por gusto propio. Era un delimitante, Levka mismo había dicho que él hubiera roto el sello de Pantera, si no hubiera sido secuestrada él no estaría limitando su poder. Un estorbo que como todos los demás necesitaba ser desechado, tenía que hacerlo. No podía ser un delimitante más porque aquel que te da un nombre es a quien realmente debes pertenecerle, y a ella le había dado más que un simple y mundano nombre. Le dio un propósito y odiaba decepcionarlo.

¡Basta de eso! Perdía el tiempo, perdía energías. Pensaría en sus propios estúpidos problemas existenciales luego. No era el momento. Colmaba su propia paciencia mientras sus manos se hacían puños, con los nudillos lastimado se empujó en el suelo, levantando el sucio y lastimado cuerpo. Ella se especializaba en la curación, pero no tenía el tiempo necesario para completar su hechizo de curación más poderoso, pero usarlo sería una complicación, porque no sólo ella o el mayor recibirían esa bendición. Era muy arriesgado y un hechizo personal tardaría demasiado en prepararse. Pero tenía un plan B. El anillo temblaba en su dedo exprimiendo hasta la última gota de su poder para hacer Muralla, era lo suficientemente resistente para aguantar todo tipo de poder durante un momento, y es que, al hacerse su magia más fuerte, esa habilidad crecía en resistencia.

-Por favor, no se preocupe por mí y haga lo que tenga que hacer. - Alzó la voz raspando su garganta como pudo, ejerciendo una mueca de dolor.

Hierbas comenzaban a salir de pavimento del suelo, entretejiéndose entre las misteriosas flores que ella sabía era mejor no tocar, cubriéndole por completo en una media burbuja, tapando cualquier rastro de luz dejándola sola en completa oscuridad. Tosió escupiendo sangre y limpiándose con el dorso de la mano, escuchando pobre ruido exterior de la batalla que se había dado ahora que no estaba en medio de ella, o no directamente. Levka ya no tendría que preocuparse por usar de más su poder. Pero sabía que era demasiado poderoso, y la barrera no aguantaría para siempre, necesitaba ser rápido. Sus ojos se cerraron, respirando el aroma de las plantas que le cubrían, rezando al otro mundo la protección del demonio de ojos azulados.

-Quien ve bondad en el bosque de espinas siempre termina sangrando – La voz de uno de los enemigos se colaba como si fuera un rayo de luz entre el visillo de una ventana. Fácilmente pudo suponer que hablaba de ella y más por la “discusión” que se había tenido anteriormente, donde ella expresaba el respeto que le tenía al poderoso mandamiento. Tal vez sí, sangraba, pero era por su propia voluntad, porque en el centro de ese bosque tan peligroso e impenetrable sabía que había un alma la cual no sólo con una simple búsqueda se llegaba a ella, nada se conseguía sin sacrificios. Y ella se había criado para soportar esos sacrificios aún sí su final fuera ese.

Podía sentir la energía acumulándose afuera, golpeando incesante la barrera que poco a poco se marchitaba. El ruido cesó, antes apenas escuchaba las voces de fuera, pero ahora el silencio reinaba marcando el paso de su corazón en los oídos. “Todo estará bien” se convencía moviéndose con dificultad, apoyando las manos en las plantas que cayeron sobre su persona, transformadas en polvo. La garganta la tenía seca y ahora con el techo derrumbado se sentía cegada, se tambaleó sin poder evitar tropezarse mientras sus ojos se acostumbraban a el cálido brillo sobre su rostro. Quitó los mechones sudorosos de su frente, enviándolos hacia atrás con los dedos temblorosos. Dentro de su vista apareció el demonio cubierto de sangre y los cuerpos de los enemigos a sus pies, sin rastro de vida en ellos. Dentro de sí el sentimiento de miedo se dispersó por el aire, contorsionándose en la felicidad y alivio, inundando su pecho. Dejó caer sus rodillas en el suelo demasiado cansada para levantarse.

-Me alegro que se encuentre bien –Su voz era débil y raspaba su garganta, pero no se comparaba con el sentimiento que cubría su cuerpo en ese momento –Le ruego me perdone por ocasionarle tantos problemas, si no fuera por mí no habría pasado esto.


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Miér Abr 18, 2018 12:38 pm

¿Tú? ¿Matarnos? Por favor, no me hagas reír, maldito demonio. — la burlona forma de tratar de aquél ángel en particular hizo que efectivamente los ojos del demonio fueran lo suficientemente demostrativos para advertir que realmente aquella era su verdadera fuerza. Pero la satisfacción de su adversario se hizo propia al escuchar el grito desgarrador al observar la cabeza de quien efectivamente era alguien cercano a su persona. Poco duró el placer ajeno y rápidamente el propio se hizo presente, siendo esto lo único y necesario para poder deslizarse rápidamente en dirección hacia aquella posición. — ¡NO TE DISTRAIGAS! — el otro hombre avanzó rápidamente en dirección de su acompañante pero cuando ésta se percató de lo que estaba ocurriendo ya tenía al demonio dándole la espalda, con su katana alzada de manera semi horizontal, en diagonal puesto había realizado un corte desde la zona inferior izquierda del cuerpo hasta desprenderse en la zona superior derecha, algo que prácticamente no se había notado dada la velocidad de su movimiento. — Tu muerte será rápida... porque el castigo que te resta está en mis tierras: el infierno. — parecía que no comprendía realmente aquello que éste quería decir pero el demonio tan solo observaba lo que sujetaba en su extremidad izquierda, aquella que había tenido libre hasta ese momento. Alzó lentamente la misma con la muestra de una pluma completamente negra, totalmente diferente ante la vista hacía algunos segundos atrás. — ¿Qué ha pasado? ¿P-por qué... por qué me...ha abandonado? — los ojos de la ángel se volvieron hacia el cielo, en dirección hasta donde las estrellas en su cénit actuaban como los verdaderos observadores de aquél tan particular encuentro que se estaba llevando a cabo entre los dos bandos.

Tal parece que tu Dios te ha abandonado. Por más justa que sea el fin de tus acciones... el fin con el que las llevas a cabo también parece ser algo que a tu Dios le importa. — con aire burlón y clara superioridad, luego de agitar una vez más su espada fue que el corte se hizo presente en aquellos momentos obligando al cuerpo femenino a caer lentamente, de rodillas. Su rostro, casi imitando la expresión de su compañero de la misma raza, quedó a escasos centímetros de aquél como si intentase en esos momentos advertir cuáles eran sus sentimientos, algo que no pudo hacer dado que la pérdida de sangre la llevó al otro mundo con mayor rapidez. En esos momentos le otro individuo estaba a escasos metros del cuerpo femenino, del de la rubia que acompañaba constantemente al demonio. El hecho de que ésta se envolviera con aquél hechizo defensivo le permitió en ésta ocasión volver a hacer uso de sus capacidades físicas, a pesar de que éstas no superaban el cuarenta por ciento del verdadero potencial del masculino. Casi inconscientemente, y mediante un suave giro de su espada, el corte realizado tan solo fue un pequeño roce con lo que era el brazo masculino quien rápidamente reaccionó, lanzándose hacia la zona posterior para salir del rango de contacto. El demonio en ésta ocasión aumentó el rango de aquella zona suya, la que claramente ocasionaría que los restos del techo que yacían en el suelo se convirtieran poco más en mero escombro, reduciendo su tamaño constantemente. El hecho de avanzar en dirección hacia aquél solo ocasionaba que el otro retrocediera, mostrando cierto respeto por el hombre con el que había osado meterse y al cual habían atrevido de arrebatarle algo. — Lo lamento... p-perdóname. M-me aseguraré de servirte bien, d-de... hacer todo lo necesario para que v-vuelvan a encontrarse los diez, p-pero no me mates... — era patético ver cómo el otro suplicaba por su vida, especialmente luego de que había llevado a aquél grado de peligrosidad la condición vital de la fémina que se encontraba entre aquella muralla de espinos.

¿Así que ahora huyes? ¿Misericordia es lo que pides? — los ojos de Levka se entre cerraron con algo de molestia aunque efectivamente no estaba enojado, ¿cómo podría enojarse por el hecho de que alguien intentase matarlo? Luego de que tantos lo hubieran intentado ya, uno más o uno menos, ¿cuál sería la diferencia? Ellos eran diferentes, todos los que ostentaban el título de Mandamiento eran muy diferentes al resto de los individuos y alcanzaban un nivel de poder muy superior que la mayoría del resto de los seres que podían habitar la tierra, incluso fuera de ésta. — ¿Alguna vez has visto a una bestia salvaje contener el instinto de morder? Porque yo no. — dicho esto, viendo como el otro individuo se rendía ante la posibilidad de utilizar siquiera la magia que había robado con aquél sello, puesto éste había sido roto aparentemente por la rubia, terminó observando desde el suelo y arrodillado el acercamiento del demonio. La bestia salvaje, aquella que mostraba sus dientes ante aquél que se atrevía a intentar tocar algo que fuera de su propiedad, el mismo que efectivamente guiaba el filo de su arma hasta el cuello de su presa a quien parecería darle una última observación. — ¿Matarme? ¿A alguien que ostenta el título de un mandamiento? ¿Acabar con nuestros objetivos? ¿Con lo que él tiene preparado para éste mundo? — la risa estruendosa se hizo presente al momento de terminar con aquellas palabras. La mentalidad de los seres inferiores de aquél mundo claramente eran una serie bromas muy mal hechas. — ¿Acaso no te has dado cuenta de que aún estoy aquí? Hombres más fuertes que tú intentaron acabar con nosotros y no han podido. ¿Por qué podrías tú, un don nadie? Adiós. — diciendo aquello el filo de su arma terminó tiñéndose completamente de rojo, de aquella sangre que corría por las venas de su objetivo, haciendo que rápidamente la entidad en el interior de Pantera absorbiese y se alimentase para obtener una fuerza mayor, una necesaria con el fin de liberar el bloqueo que poseía en sí misma.

El envainar su arma tras agitarla a fin de limpiar los restos del color rojo que la teñían, hizo que el demonio se volviese con lentitud en dirección a la esfera protectora que la fémina había realizado. En esos instantes su aura había desaparecido, tan rápido como Pantera hubiera regresado a su protección, permitiendo al demonio acercarse de manera lenta hasta donde la muchacha raptada se encontraba, de rodillas y lamentando lo que había ocurrido. Fueron sus palabras las que lo obligaron a dibujar una débil sonrisa, apenas y mostrando verdadero interés en sus palabras porque efectivamente no es como si le importasen mucho en realidad. — Siempre has sido un estorbo, Arlia. — musitó lentamente al momento de reclinarse delante de ella con la intención de que descansara con cuidado contra su propio cuerpo. Su mano izquierda se aseguró de sujetar su cadera, acariciando lentamente aquella zona a medida que su diestra, con calma, obligaba al cuerpo ajeno a recargarse en el propio ejerciendo una ligera presión en su nuca. — Pero un estorbo del que me quiero hacer responsable. — musitó aquello sobre su oído en esos instantes, apenas y susurrando por lo bajo sus palabras a medida que se volvía a incorporar. En ésta ocasión no lo haría solo sino que sostendría entre sus brazos el cuerpo de la chica, habiendo cambiado la dirección de su mano izquierda para obligar al agarre de una manera particular, como si se tratase de un caballero de ensueño cargando a la princesa que debía de rescatar. — Todo está bien, ya no te sucederá nada. — pidió con tranquilidad al momento de erguirse y volver su vista en dirección al anillo que se encontraba descansando en su extremidad. No podía realizar movimiento alguno, salvo ligeros movimientos, por lo que rápidamente optó por abrir aquél portal que había utilizado en algunas otras ocasiones en el pasado, claramente mostrando su propia seguridad en la capacidad de aquél salto espacial-temporal a la hora de utilizarlo. Sin dudar, una vez la puerta se hubiera abierto, éste se abalanzó sobre el umbral atravesándolo y viendo satisfactoriamente que habían llegado a su destino, al que él deseaba mejor dicho: la residencia donde estaban habitando últimamente.

Fue allí que el demonio no tardó en recostar el cuerpo femenino en la cama, aquella misma que había utilizado la noche anterior para descansar. Notaba como la energía vital de la rubia se iba apagando poco a poco y eran dudas las que envolvían completamente su mente: ¿cómo podía evitarlo? Sí, ya lo había hecho una vez, en el pasado, pero no era lo mismo. En aquella época claramente era una humana aún y ser imbuida por energía sobrenatural le ayudaría pero, ¿y si en aquella ocasión no funcionaba de la misma manera? Soltó un chasquido con su lengua, porque tampoco podía llevarla a cualquier lugar, no en aquellas condiciones sin la necesidad de responder claras preguntas incómodas. Tan solo restaba arriesgarse, el probar algo que no consideraba del todo seguro ni efectivo pero era obviamente la mejor opción, al menos la necesaria en lugar de dejarla morir en aquella cama, postrada como si fuera una mera muñeca sin importancia. — Espero que esto funcione. — se subió prácticamente sobre el cuerpo de ella, dejando sus rodillas a los laterales de su cadera mientras se inclinaba lentamente y buscaba con sus labios los que eran los de ella. Exhaló lentamente su propio aliento en la cavidad bucal femenina luego de que diera un profundo beso para poder separar sus labiales, sujetando su mentón con la mano izquierda mientras la derecha se apoyaba sobre la zona de su corazón, presionando con algo de fuerza. No solo la energía se desprendía de su mano y buscaba atravesar los poros de su pecho sino que ésta claramente se aseguraba de obtener un camino diferente a través de su garganta, queriendo realizar un camino rápido con su diestra y uno alternativo con lo que sería su boca. Durante algunos segundos se aseguró de transmitir aquella energía propia, la obtenida en el combate anterior lo que reduciría aún más su capacidad temporalmente, pero ¿acaso eso importaba? La vida de la rubia estaba en juego, no era momento de preocuparse por recuperar todo su poder ya que éste, tarde o temprano, volvería a ser tan majestuoso como en tiempos antiguos o, incluso, mucho más. — Descansa un poco, te ayudará. — fue apenas un par de segundos más tarde, cuando hubo sido consciente de que había retransmitido casi hasta la última gota de poder que Pantera había absorbido de aquellos otros dos individuos, el masculino terminó incorporándose para abandonar la habitación y en dirección a la cocina: no iba a contaminar el ambiente de la rubia, quien en esos momentos necesitaba un estado de reposo completo al menos lo suficiente para recuperar todas sus energías ya que ésta, a pesar de todo, lo hacía más rápido de lo que él podría lograrlo dada la diferencia entre la capacidad de almacenamiento de uno y del otro.


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por Arlia el Vie Abr 27, 2018 5:41 pm

Observó al mayor acercarse, teniendo recuerdos de su primer encuentro, prestando atención a aquel pequeño gesto facial, pero sobre todo a sus palabras mientras se dejaba cargar, no podía protestar si apenas y se mantenía de pie. Se sentía avergonzada, y era un sentimiento que iba más allá de la posición en la que se encontraba, siendo cargada por los poderosos y trabajados brazos del demonio. Recargó su cabeza en el pecho ajeno, tratando de no caer dormida, el aroma tan inigualable que poseía se hacía muy presente en su sentido, y por alguna razón le relajaba, haciéndole sentir segura, arrullándola.

-Yo no temo por mí, a decir verdad –Sin importar la perspectiva, su voz se notaba cansada, siendo un gran esfuerzo de su parte el pronunciar apenas algunas palabras-. Mi vida sólo es una pequeña migaja del enorme pan. Pero, no sé cuándo dejaré de agradecerle, sobre todo por matar a… -hizo una pequeña pausa en el controlar sus propios oscuros sentimientos que tenía, antes de proseguir – esas personas.

Prefería no tocar su propia fibra sensible, lo encontraba peligroso e innecesario, por lo que se decidió por dejar el tema hasta ahí. Manteniendo el semblante serio de todos los días, como si su pecho no estuviera ardiendo en cierto alivio por la venganza que se había presentado, aunque no de su mano, y era muy obvio que nunca lo admitiría, por supuesto, ya que que no estaba en su naturaleza el rencor, o por lo menos aquello era algo que creía firmemente.

El cambio de ambiente que se generó al pasar aquel portal le transmitió tranquilidad y el silencio sepulcral inundaba e lugar era cortado por los pasos de mayor al dirigirse al cálido cuarto. Donde al ser recostada en el colchón, en su rostro se asomaron unos atisbos del dolor que le recorría de pies a cabeza en esos momentos, dejando escapar un silencioso quejido de entre sus dientes.

Entre el rabillo del ojo notaba como el demonio pensaba rápidamente en una solución, quería decirle que no se preocupara, pero los labios le fallaron, al igual que todo en ella cuando el cuerpo del mayor se hundía en la cama junto al de ella, arrugando las desastrosas sabanas. Sus ojos ser perdieron en las acciones, en el aliento ajeno que entraba por su boca, escurriéndose entre su paladar invadiendo sus pulmones, abriéndose paso con su calidez, dejando que el peso de sus parpados le ganara. Creando el camino hasta aquel abrazo que se formó entre sus labios, sintiendo a ligera presión en su pecho. Podía ser a energía que se le daba o la conexión que tenían en ese momento lo que la embriagaba, como al pobre cuando se le daba pan, o posiblemente ambos. Sea como sea se sentía agradable y sus sentidos estaban momentáneamente adormilados, restándole suma importancia. Los dedos le cosquilleaban y los estiraba sintiendo como su cuerpo parecía renacer, la respiración y los latidos de su corazón se estabilizaban de forma lenta pero segura.

Cuando aquel tacto se esfumó, su lengua se removió entre sus dientes, saboreándose cualquier resto que hubiera quedado en su boca. Abrió cautelosamente sus ojos, batiendo las pestañas, arrugando su nariz al tratar de levantarse, cosa todavía imposible. Sólo pudo alzar la mano tomando la tela de la ropa del demonio ¿Qué hacía? ¿Qué esperaba al hacer eso? ¿Qué le diría? ¿”quédate un momento más”? ¿Por qué le diría tal cosa? Y más importante aún ¿Por qué ÉL haría tal cosa? Le soltó tan rápido como le tomó, mordiéndose el interior de la mejilla repetidas veces, sin intenciones de lastimarse.

No supo cuando quedó dormida, pero fue su propia conciencia preocupada la que la despertó con la vista borrosa, comenzaba a preguntarse si los recuerdos recientes eran eso o había sido un sueño, y la respuesta a sus dudas fue contestada por su mismo cuerpo cuando trató de incorporarse. Algo andaba mal, y no era el hecho de que el cuerpo le dolía como si le hubieran apaleado –cosa que prácticamente pasó-, pero había algo mal, apretó los dientes y posó sus pies en el suelo, ayudándose con la pared para poder levantarse. Enroscó los dedos de los pies y procedió a caminar con precaución, sosteniéndose de lo que fuera que estuviera a su alcance. Recargó su cuerpo en el umbral de la puerta de la habitación mirando a los alrededores hasta toparse con los cabellos azules.

-¿Se encuentra bien? –Preguntó con una voz ronca, tosiendo un poco para acomodarla. Algo dentro de ella sabía que algo no estaba bien, y necesitaba estar alerta, luego de pelear tanto tiempo aprendes a hacer caso de ese sentimiento. Pero decidió que no haría nada imprudente hasta estar segura de las cosas. Y fue un atisbo creado por los recuerdos lo que la obligó a seguir caminando hasta llegar al librero donde tomó un viejo y maltratado libro cuyas hojas estaban amarillentas y quemadas. Era un grimorio que había obtenido mientras buscaba la solución al problema de Levka sellado en su propia espada; le había costado mucho conseguirlo y lo guardaba con cierto recelo bajo un hechizo de protección que sólo ella podía pasar y romper.

Lo hojeó en busca de una cosa que tenía clara, había algo extraño en todo lo que había sucedido y se sentía tonta por no haberse dado cuenta en un principio, o más bien luego de su secuestro. Siguió pasando los temblorosos dedos por las páginas hasta que encontró lo que buscaba. Aquel circulo de invocación que había visto hace más de 300 años, y ahora le había vuelto a ver, pero su mente estaba tan preocupada en otras cosas que no le prestó la atención suficiente para relacionarlo. Claro que por la boca de los muertos se había enterado de que eran los mismos de Salen aquellos que causaron la desgracia, pero no eran más que peones. Criaturas invocadas por alguien superior. Alguien que puso una trampa en la que ellos cayeron sin darse cuenta.

-Hay… un problema –Le miró con en el entrecejo arrugado y un rostro fácil de leer. Se giró con violencia y apresuro, causando mareos y tambaleos de su parte. Sacó de la repisa varios tarros con polvos que iba mesclando en un pequeño cuenco. –Haré un hechizo para ayudarle a recuperar su poder, no será demasiado, pero por el momento será de gran ayuda –Mantenía firmes sus palabras sin dejarlas presentarse en sentimientos equivocados. –Hice algunas cosas erróneas en el pasado, cuando usted todavía estaba sellado, no estoy contenta con esas decisiones y menos con sus consecuencias. Pero… descubrí cosas que hubiera preferido no saber y quedarme en la ignorancia. Claro, tenía mis razones, aunque eso no justifica nada.

Sus manos se movían con cierta torpeza, pero rapidez al coger y mezclar los ingredientes correctamente. Vaciando la mezcla en una botella con un líquido blanco, parecía leche, pero las tonalidades azules con las que brillaba al removerse te hacían darte cuenta de que era otra cosa muy diferente y su color cambió por completo al pincharse en dedo y dejar caer una gota de su sangre. Le tendió la mezcla al demonio con seriedad dibujada en su rostro.

-Antes de hacer el hechizo necesito que usted se tome esto, prometo explicarle todo con más calma, pero esto es más urgente. Se sentirá diferente, pero esa es la idea. Su aura cambiará totalmente, no durará para siempre no se preocupe, pero necesitamos ese cambio si queremos ganar tiempo y borrar todo rastro. Sus poderes no se irán así que no se preocupe. Aunque… su cuerpo es otro asunto, es el efecto principal de la poción, pero es la que mejor oculta las auras así que…-Suspiró un poco ideando el plan en su cabeza – Si no quiere no tiene por qué hacerlo, pero le tengo que dejar en claro todos los cambios que tendrá si la bebe. Al darle parte de mi información genética su cuerpo cambiará, no se transformará en mí ni muchos menos se hará mujer, sólo que nuestros ADNs se mezclaran y ciertos rasgos son los que se trasformarán y entre ellos, como dije antes, su aura.

Dejó la bebida de aspecto no apetecible en la mesa en la espera de la decisión final del mayor, mientras repasaba algunos puntos del libro, buscando las piezas perdidas de aquel nuevo rompecabezas que se había presentado.

-En 1595 se fundó una colonia a la que se le llamó Salem, no pasa nada a interesante realmente, yo estuve en ese lugar en 1692, que fue el año donde una horrible caza se desató matando a muchas mujeres fueran o no brujas, chamanes o derivados. Cometí el error de encariñarme –Se le veía dolida pues ver a sus protegidas siendo quemadas vivas no era un buen recuerdo-. Mataron a muchas, incluyendo niñas. Pero encariñarme no fue el principal error. Ir y ofrecer mis servicios de curandera fue lo que atrajo a ciertas personas quieres desataron toda la masacre y si me quedé ahí alrededor de un año en vez de irme fue por ayudarles -actitud que realmente era típica de ella-. La cosa es que en ese entonces en el día que todo acabó un circulo de invocación se presentó y un sello. Ambos los mismos que ahora se presentaron, el sello de absorción de poder y el de invocación que estudiándolo bien no es totalmente de invocación. Está alterado para que parte del poder que absorbe el sello no sea entregado únicamente a los aliados, si no que entre en el alma invocada de quien sea que esté detrás de todo. Es decir que a lo largo de este tiempo alguien se ha estado haciendo más fuerte, incluso en situaciones en los que ninguno de ambos estuvo presente. Y qué mejor que utilizar el poder de los mandamientos y sus seguidores para beneficio propio. –Mordió su mejilla interior con cierto nerviosismo. – Espero realmente estar equivocada, pero no creo que se detengan hasta absorber a todos y usted… no está en el mejor estado.


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Jue Mayo 03, 2018 8:35 am

No es por mí por quien tienes que preocuparte, niña. — musitó el masculino una vez se hubiera percatado de la presencia de la rubia en aquellas tan malas condiciones en las que se encontraba. El hecho de verla así indicaba que claramente lo que había hecho había funcionado, al menos en cierta medida, porque en caso contrario ya debía de estar completamente muerta por lo acontecido recientemente en aquella bodega abandonada. Su expresión aún reflejaba cierta excitación por aquellos breves instantes en los que fue capaz de liberar su potencial, en el cual claramente pudo dejarse llevar por la situación y desenvolver completamente cada uno de sus sentidos a la hora de atacar a sus adversarios, arrebatándoles la vida, algo que claramente estaba acostumbrado puesto era a lo que se dedicaba. Sin embargo esto le había dejado una cierta tristeza, blandiéndose en su expresión algunos segundos más tarde cuando hubo de volver el rostro en dirección a la posición de la chica quien parecía un poco consternada para con lo que había ocurrido anteriormente. — Creí habértelo dicho ya, ¿no es así? Aunque seas una molestia, eres la molestia de la cual acepté hacerme cargo desde hace cinco mil años atrás... — no tardó en volver a deslizarse, avanzando hasta posicionar su cuerpo cercano al de la contraria con una distancia bastante reducida entre ambos. Se inclinó con cuidado, efectivamente, sujetando lo que sería el mentón de la muchacha durante ligeros segundos antes de alzarlo para que el rostro ajeno se topara con el del demonio. — ... así que solo guarda silencio y déjate proteger. ¿Comprendes? — no estaba para bromas ni dar vueltas al asunto, no luego de aquello que posiblemente hubiera podido llegar a ser hasta traumático para la fémina. Su serenidad y temple de hierro se vieron reflejados en aquellas palabras, abandonando por momentos el placer para demostrar la confianza que podía llegar a depositar la fémina en su persona, al fin y al cabo cuando la situación más lo ameritaba él siempre conseguía salir adelante, independiente fuera la forma o el estado en que acabara.

No tardó en liberar el agarre, especialmente cuando hubo de advertir aquello que soltó a continuación. Algo iba mal, a decir verdad, porque el poder que había absorbido no era ciertamente todo el poder empleado en aquél combate, siquiera la mitad de éste porque ahora que se encontraba en un ambiente más tranquilo que el anterior podía ser capaz de comprender el significado de las palabras contrarias. Sí, aquello era bastante particular, sumamente extraño si se podía aclarar, y el hecho de escuchar las palabras femeninas al respecto hizo que comprendiera cuál era la situación ante la cual estaba presentándose. No tardó en escuchar la propuesta de la chica así como aquella historia, algo que parecía comenzar en algún lugar que ciertamente no conocía... al menos no completamente porque había estado tantos milenios atrapado en el interior de aquella espada que ahora descansaba sobre su cintura. — Esto no es bueno... no es nada bueno. Ese hechizo es de un nivel bastante más elevado que los que cualquier otro individuo de rango medio o alto pueda ocupar, incluso está casi por encima de tu nivel. — su expresión se volvió en dirección hacia la ventana de aquél aposento en el que se encontraba, mostrando cierto interés al respecto aunque obviando la posibilidad de evitar algún tipo de preocupación, sin querer reflejarlo en sus rasgos físicos puesto no era realmente algo que fuera con su propia persona.

Fuiste estúpida, Arlia. Muy estúpida. — ¿acaso debía de explicarlo de otra manera? El hecho de que la chica diera aquella explicación tan carente de causas ni mucho más información al respecto de lo acontecido solo ocasionaba, sin ningún tipo de interés en su propia persona, que claramente buscase algún tipo de humillación para contra aquella. — ¿No te he dicho miles de veces que evitases hacer cosas tontas? Tarde o temprano terminarás en ésta misma situación en la que estamos ahora... y recuerda esto: tú no estás sola, eres mi responsabilidad. — no tardó en sermonear con algo de molestia, alzando ambos hombros segundos más tarde como queriendo claramente quitar algo de importancia al respecto. En esos momentos su concentración se volvía en otra dirección: ¿quién era? ¿Qué clase de persona se consideraba capaz de hacer frente a los Mandamientos? ¿Quién podía tener la capacidad suficiente y necesaria, así como el valor que esto implicaba, a la hora de enfrentar al Mandamiento del Caos propiamente? Muchas incógnitas comenzaban a invadir la cabeza de Levka en esos mismos instantes y ninguna, o al menos sin consolidar un efecto necesario, brindaban una respuesta que satisfaga a aquél demonio que claramente estaba en un nivel más allá del que podría esperar de esa otra figura desconocida dentro del cuento femenino. — Tal vez a esto se refería él... no, no puede ser. — no podía considerar el hecho de que las tantas advertencias de aquél ser todopoderoso al cual servían se refiriesen, de una u otra manera, a lo que debían de ser alguien con la capacidad de postrarse frente al grupo de los mandamientos y marcar su territorio. Aquí estoy yo, eso era lo que intentaba demostrar dicho individuo u organización, algo que sin duda alguna podrían conseguir dada la cantidad de recursos, así como cualidades mágicas que claramente parecían ser capaces de utilizar.

¿No acabas de decir que esto sería para liberar mi poder? ¿Y ahora quieres disfrazar mi esencia con... la tuya? ¿Acaso estás escuchando las estupideces que estás diciendo? — tal vez las estupideces eran las de él, en ese momento. Sí, comprendía el significado de aquello pero parte de su orgullo no le permitía ni mucho menos abandonar algún otro intento de combatir, fuese o no contra ellos o su propia identidad, ¿qué importaba a quién atacase? — ¿Cambios físicos? ¿Es una maldita broma, niña? ¿¡Cómo que putos cambios físicos!? — poco a poco la información comenzaba a ser asimilada en la mente del demonio y a cada instante la idea le tornaba ciertamente más absurda de lo que al principio. Como guinda de la torta fue aquello último que ocasionó finalmente un desastre genético en su persona, o que lo haría en caso de que fuera ingerido el mismo. Claramente no podía permitirse éste tipo de altercados, ni mucho menos sentir que su cuerpo no fuera el propio, porque una vez éste cambio hubiese sido realizado sin importar que su propio potencial fuese libre tampoco podría dominar completamente un cuerpo que no llegase a ser en el que estaba acostumbrado a convivir diariamente. — La decisión está tomada y no me haré responsable de beber eso... ¿o es que sientes el morbo de ver cómo sería teniendo un cuerpo similar al tuyo? En primer lugar, con un cuerpo así... a saber todo el tipo de perversiones que me haría a mí mismo. — ¿para qué mentir? Aquél comentario terminó siendo soltado con una risa bastante sonora a medida que sus ojos se volvían en dirección hacia el contenido de aquél cristal. Sí, teniendo en cuenta aquella posibilidad, no podía evitar pensar en que esa parte de la solución si era altamente interesante y, además, completamente redituable en caso de tener que sufrir aquél tipo de altercado. Además contaría con lo necesario para poder deshacerse de ese grupo de imbéciles que tenían el valor suficiente para decirle cosas a la rubia en la calle, ante los cuales podría desatar su furia a placer siendo defensa propia.

Sin importar cuántos desastres o enemigos hayas hecho en el pasado, mientras aún me encontraba sellado en la espada, me aseguraré de eliminarlos a todos. — en ese momento se había acercado lentamente hasta la silueta femenina dejando que sus manos se deslizaran lentamente, recorriendo su cintura y su vientre con la intención de descansar finalmente en la primera. Tomando con la mano opuesta cada hemisferio, y confirmando así la delicada figura que ésta poseía, el demonio se apoyó sobre la espalda de la menor para dejar que sus labios tuvieran un contacto directo con las rubias hebras de la chica. — Eres un estorbo, siempre lo has sido. Desde chica te cuidé, te di una nueva oportunidad para servirme y trabajar bajo mis simples deseos: y lo has hecho bien. Entonces solo sigue siendo ese maldito estorbo y deja que el hombre dueño de tu miserable vida se haga cargo de tu cuidado. — no tardó en liberar aquél agarre tan inesperado que había optado por realizar. En ese momento su decisión había cambiado rotundamente en relación a lo anteriormente platicado. Se acercó hasta poder tomar el cristal con el líquido que la chica había preparado hacía instantes atrás, pensando aún en las negativas del mismo una vez lo hubiera ingerido y permitiendo, así, que el demonio se diera el placer de meditar al menos unos pocos segundos más en su cuerpo. — Que sepas que a mí no me vas a meter nada raro en el cuerpo, rubia, ¿te queda claro? — soltó sin más antes de comenzar a beber. Era líquido, sí, pero la combinación de elementos que consideraba extraños o simplemente condimentos para las comidas le dio el sabor desagradable que necesitaba para saber que se trataba de algo bastante más elaborado. La textura no era ni dulce ni salada, más bien algo picante y carente de fuerza, como un ligero uso de pimienta en un gran trozo de fainá que tan solo le daba ese toque de que no todo fuera el sabor a aquella comida en particular. El fondo blanco se hizo presente, más bien transparente, y rápidamente el demonio guardó silencio a la espera de los cambios que podrían realizarse, generando así simplemente un incómodo momento en el que la espera, o más bien la reacción de la rubia, eran lo único que causaba cierta intriga.


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por Arlia el Vie Mayo 04, 2018 6:12 pm

La rubia puso los ojos en blanco antes de agachar la cabeza ante la recriminación que le daba el mayor, arrugando la frente amargamente mientras las palabras calaban sus huesos. Podría estar en lo cierto, pero estaba en su humanidad ser completamente estúpida. Porque por más que el tiempo deje de correr para su persona y las múltiples batallas que se luchen, pierdan y ganen; ahí estaba su parte humana, podría ser que aquello provocara que todo fuera tirado por la borda, pero de igual manera, era lo que más atesoraba y aquello por lo que, posiblemente, el demonio de ojos de azules llamas no había matado a medio mundo. Y a pesar de que realmente en esos momentos no se encontraba sola ¿quién podría vivir tanto tiempo sólo con el alma de alguien encerrada en una espada? Fue tarde, pero su necesidad de un hombro en el cual apoyarse antes de reanudar su viaje era algo que la atacó poco a poco hasta consumirse. Desahogarse con una espada no era su idea de aquello, pues esa espada y esa arma eran su responsabilidad, y no era algo que pensara en abandonar hasta el fin de su propia existencia.

Por su mirada podía deducir lo que pensaba, o por lo menos una cierta parte. Podría resultar una completa locura, y en el mejor caso la peor de las bienvenidas.

Desvió su mirada hacia algún punto inexistente en su mapa mientras calmaba sus nervios, miedo, enojo y todo aquella que exhalaban sus pulmones. ¿Morbo? Negó con la cabeza volviendo a mirarle sin titubeos, se le podía sentir como el mayor se alteraba de una u otra forma, aunque trataba de controlarse. Nunca sabía cómo tomarse los comentarios y prefería quedarse así a falta de ganas de ser el blanco de actos aparentemente innecesarios. Pero luego estaba ahí, frente a ella prometiéndole muerte al mundo entero, a cualquiera que le pusiera un dedo encima. Una chispa quemaba su interior, traspasando su piel esperando que la respuesta de parte de su cuerpo, aquella que se enchinaba descaradamente ante al cálido tacto del mayor, fuera imperceptible para él y para todos, escondiendo un melodioso secreto que se conjugaba con el mínimo sonido de los dedos del demonio moviéndose entre ella y el de sus labios cantándolo. Con el tiempo se llegan a amar los secretos, y los abrazas porque al ser tuyos pretender seguir cálidos sin una pisca de maldad y desilusión. Bastaba con esconder la cosa más corriente para hacerla deliciosa y crear lo que el alma calla y resguarda. Pero a veces las cosas son tan fugaces que no te das cuenta de los residuos y mucho menos de aquello que ahora se esconde detrás de ti sin que te des cuenta. Se alimenta y crece hasta que cuando lo ves es casi demasiado tarde.

Le observó en silencio tomar el frasco y beberse el brebaje, mordía su labio inferior casi lastimándolo de los nervios que la atacaban una y otra vez en diversas puntadas. Durante un momento todo parecía ser normal, incluso pensó que no había funcionado y repasó mentalmente los ingredientes y cantidades en un intento de saber si se habría equivocado en su preparación. Con la mano sobre su mentón, acariciándolo mientras pensaba frente a ella el demonio comenzaba a cambiar, dándole algunos de los rasgos que ella poseía, uno de los cambios era la piel, se le notaba un poco más rosada y pálida, pero el cambio más notable definitivamente era el cabello, las estruendosas puntas peinadas hacia arriba ahora terminaban en una suave onda de reflejos rubios que cubrían sólo una parte de la cabellera, a pesar de aquello conservaba sus poderosos rasgos masculinos. Además de su apariencia la pesadez de su aura se alivianaba, volviéndose más sutil y calmada, pero sabía que era el disfraz perfecto, pues cada átomo que conformaba a aquel hombre era una tempestad viviente

Realmente no esperaba que la tomara, pero verle ahí cambiando frente a sus ojos, aceptando su consejo le hacía feliz, para ella podía ser suficiente, aunque la realidad dictara otra cosa, apretó los labios en una ligera sonrisa antes de volver al grimorio y sus tantos hechizos y conocimientos plasmados en tinta. Tomó una tiza y en el suelo dibujó el círculo mágico correspondiente mientras sus labios se movían en las palabras adecuadas, susurradas al son de una maldición.

-Bien –Miró su círculo comparándolo con el del libro asegurándose de que todo estuviera correcto, una vez comprobado cerró el libro volviéndolo a dejar en el librero. –Por favor entre al centro. Esto no le dará el poder en sí, pero ayudará con el tiempo de recuperación. Tampoco será completa, pero peor es nada. De igual manera yo también entraré –aclaró mientras sacudía sus manos quitándose los residuos de tiza-, lo hice lo suficientemente grande para ambos. Así como usted se preocupa por mí, es mi deber hacer lo mismo por usted... –su voz se entrecortó en una mueca de dolor, se estaba moviendo más de lo que debería- Si algo le llegara a pasar no me lo perdonaría. –Concluyó mientras se adentraba en el círculo, sentándose en el suelo con las piernas dobladas frente al pecho, abrazándolas y recargando su rostro en las rodillas.

Activó el círculo con unas simples palabras mientras escondía su rostro en la oscuridad de sus piernas evitando la luz lastimera golpear sus ojos ojos. Respiró profundo buscando calmarse de todo aquello y concentrarse en su recuperación. Reveló un poco su cara, única y exclusivamente para observar al mayor, hurgando entre sus pestañas. Mientras se quedará con él, en absoluto le desinteresaba elegir bien o mal su camino, y eso es lo que la tenía ahí sintiendo un aire desconocido y alejado a pesar de que no era así. ¿Qué seguiría de aquello? ¿cuál era el plan? Permanecer escondidos lo que restaba de una vida sin fin claramente no era una opción y menos estando consiente de cómo podía ser Levka. Algo tenía que hacerse y parecían tener un límite de tiempo.

Pasó un rato un tanto tedioso, pero cuando el hechizo se disolvió se levantó estirando su entumecido cuerpo con algunos ejercicios pequeños en brazos y piernas. Realmente sentía el cambio, su cabeza había dejado de dar vueltas, pero para un contenedor casi infinito como era el mayor, aquello era apenas un mínimo porcentaje de todo el poder que podía almacenar en aquel cuerpo. Era hora de hacer la pregunta que tanto temía, era eso o que dentro de los próximos segundos se le ocurriera la respuesta. Pero nada, con aquello que había hecho conseguía ganar más tiempo, porque estaba segura que lo necesitaban-, el hechizo de cambio sólo duraba veinticuatro horas máximo, así que tendrían que empezar a mover o por lo menos trazar el plan de sus nuevos movimientos. Observó la ventana por donde los pájaros pasaban volando de vez en cuando. Su mirar llevaba una buena parte de ese extraño interés por las cosas triviales que tratamos de fomentar cuando las más importantes nos asustan, o cuando nos embarga una nueva emoción que no sabemos expresar, o cuando alguna idea que nos aterra pone repentino sitio a la mente y exige nuestra reedición.


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Dom Mayo 06, 2018 11:24 am

Poco a poco con el paso de los segundos comenzaba a notar cómo su cuerpo se encontraba ciertamente extraño. Cuasi como sentir algo recorriendo sus venas, y cada centímetro de su propia anatomía, podía deducir que aquella poción que había ingerido segundos atrás estaba iniciando el efecto que debía de realizar para completarse. Le ardía bastante en realidad, aunque esto no podía sino simplemente contenerlo por el mero hecho de ser aquella imagen bravucona la que debiera de reflejar independiente de su situación. La sensación de que algo caminaba en el interior de su cuerpo no se detuvo sino hasta algunos segundos después cuando hubo de poder notar que finalmente algo caía con cuidado por su nuca e, incluso, sus propios hombros. — ¿Qué es esto? — susurró algo indiferente al momento de ascender la extremidad derecha hasta lo que sería su cabello. Las hebras azuladas se habían aclarado lo suficiente como para advertir que no poseían su color natural y el largo de las mismas, acompañando el que poseía la chica, había aumentado hasta quedar un poco por debajo de la altura de sus propios hombros. No pudo evitar volver la vista en dirección a uno de los espejos que poseía frente a su ubicación, avanzando lentamente hasta quedar delante del mismo y poder observar ciertamente anonadado el resultado de aquél líquido. Impactado no tardó en acercar su rostro para observar aquellas hebras, ahora con un toque lacio casi en su totalidad, generando que en cierta manera algo de repugnancia se viese reflejado en la reacción que no tardó en expresar. ¿Acaso aquello era parte de lo que había cambiado en su cuerpo? ¿Y era lo único? El hecho de seguir analizando cada detalle de su anatomía hizo que, efectivamente, se percatara de los demás cambios.

Si bien su rostro no había sufrido mucho más al respecto, sí se había aligerado la zona de su mandíbula brindando, así, rasgos más finos al masculino para acercarlo a un rostro ciertamente más delicado. Chasqueó la lengua ante aquello, apreciando a medida que seguía bajando la mirada, que el resto de su cuerpo también había sufrido algunos pequeños y casi invisibles cambios, al menos para alguien que pudiera verlo desde fuera. Él podía notarlo: su anatomía había perdido algo de peso e, incluso, masa muscular. Notaba como las prendas le quedaban algo más holgadas que antes y sentía que su chaqueta ya no era suya sino, más bien, de alguien al menos una talla más por lo que claramente la posición de los hombros no correspondía perfectamente, como antes, con la costura que correspondía a los mismos. — Mi cuerpo se aligeró... pero no perdí fuerza. — musitó alzando su extremidad derecha y apretando luego su puño con la intención de consentir cuál era su potencial en esos instantes. Si bien su organismo había cambiado, o al menos su aspecto físico, podía notar con tranquilidad que aquella magia que residía en su interior no había sufrido ni el más mínimo pequeño detalle en variación lo cual, y sin nada que decir, le permitía al masculino suspirar de manera algo más amena. Pero no todo era color de rosas, al fin y al cabo, porque el hecho de tener que aguantar con aquél aspecto le ocasionaría claramente una desventaja a la hora de luchar: estaba demasiado acostumbrado a lo que refería era su condición normal y el tener que adaptarse a un nuevo estilo de pelea durante su tiempo en aquella condición era, a pesar de todo, algo que claramente le causaría algún tipo de preocupación.

No se había dado cuenta de las acciones femeninas durante aquellos momentos, habiéndose concentrado lo suficiente en sus propios análisis al respecto de su nueva condición. — ¿Cuánto durará esto? ¿Algunos días? ¿Semanas? — se adelantó lentamente para posicionarse en el círculo junto a la chica. A diferencia de ésta, el masculino de ahora rasgos delicados se mantuvo de pie en lo que escuchaba con atención las palabras contrarias para activar aquél extraño símbolo. Se mostró reacio al respecto pero terminó cerrando los ojos cuando la luz se hizo tan intensa que simplemente no tuvo interés en perder temporalmente la vista. Durante un lapso de tiempo notó como algo parecía estar aumentando en su interior, como si fuese un tanque de combustible casi vacío y al que le fueron introduciendo líquido hasta ocupar al menos una décima parte de su capacidad de almacenamiento, algo que no era ni una porción más de lo que había estado ocupando hasta ahora. Sin embargo, ¿acaso podía quejarse al respecto? Cierto era que su almacenamiento de magia era bastante grande, casi ilimitado si se podía definir en una sola palabra debido a la posición que ostentaba y el arduo entrenamiento que hubo de realizar. Entre abrió los ojos cuando, poco a poco, notase como el brillo comenzase a desaparecer para finalmente poder notar aquél ligero cambio. Sí, era pequeño, pero su poder había sido liberado un poco más y eso se agradecía, después de todo consideraba que sería más necesario a partir de ahora con las explicaciones que la rubia había realizado recientemente sobre su agitado, y sentimental, recuerdo del pasado. — Es hora de pensar en lo que haremos a continuación. Supongo que ellos son conscientes de nuestra ubicación actual, después de todo lo que significa utilizar una magia capaz de drenar mi propia fuerza implica, irónicamente, que su nivel está a la par con cualquiera de los Mandamientos... — chasqueó su lengua con algo de molestia al respecto, claramente sin mucho ánimo de admitir el hecho de que existiese alguien capaz de hacerle frente a aquél grupo. Ocasionaría una igualdad bastante peculiar en la balanza, más que nada porque era en esos mismos momentos que necesitaba el cien por ciento de su potencial ya que, de una u otra manera, no sería capaz de hacerle frente y cumplir la promesa recientemente realizada a la menor: responsabilizarse de ella a pesar de todo.

Se acercó lentamente al cuerpo femenino que se encontraba en aquella ventana y tan solo apoyó su extremidad izquierda sobre su hombro, buscando llamar la atención de la chica en ese momento. — Hey, es hora de movernos. — no quería demorar más, al menos no por ahora. Se acercó hasta lo que era el dormitorio y tomó de allí aquella gran mochila con dinero para lanzarla al interior de Garganta, aquella puerta espacio-tiempo que podía transportar tanto cosas como seres vivos de un lugar a otro siempre y cuando el usuario conociera su destino. En aquél momento se encontraba en la zona más profunda de su antigua residencia, un lugar abandonado y ya enterrado en alguna parte muy lejana de su posición actual, una manera de resguardar aquél y no andar por la calle con semejante cantidad de volumen innecesario, algo que efectivamente llamaría la atención y no era realmente lo que ellos querían, ¿o sí? No se demoró más y terminó avanzando hacia la puerta de la residencia con la intención de abandonar ésta hacia el exterior, una calle bastante concurrida a pesar de que no se encontraban realmente cerca de la avenida principal ni mucho menos. No reparó en si la chica lo seguía, no esperaba menos de aquella luego de sus palabras realmente, por lo que tan solo decidió tomar el camino más corto con la intención de abandonar la ciudad de Éadrom a través de un método no mágico y la razón era sencilla: en caso de utilizar su garganta, y por más que fuera su propia magia, cualquiera podría ser capaz de seguirlos y avisar de su posición. — Vamos a ver a alguien antes de irnos, ¿entendido? Procura no hablar, es un poco lujurioso y atrevido. — advirtió al haber transcurrido varios minutos de andada, ya bastante más lejos de la zona residencial y habiendo llegado finalmente a la parte más alejada del centro de la ciudad donde la zona comercial parecía encontrarse.


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por Arlia el Vie Mayo 11, 2018 9:31 pm

Observó de reojo al “nuevo” Levka, en realidad no le quedaba mal aquel cambio, pero verlo de esa manera le resultaba totalmente extraño y necesitaba empezar a acostumbrarse. Sus ojos no podían evitar observarle un corto lapso para eludir la mirada simultáneamente, era demasiado curioso, aunque no hace falta destacar que a pesar de todos seguía prefiriendo la apariencia normal y diaria del demonio, era más… él, con los ojos felinos que todavía poseía, aquella mirada que te dejaba helado como un reloj en reversa contando el tiempo que te quedaba de vida, disuelta en una muerte violenta regalada por sus propias manos.

-Su duración depende de la persona, pero nunca dura más de una semana… tenemos que ser rápidos –susurró con un deje de preocupación en los labios –De hecho, siento que sólo están jugando con nosotros -suspiró cerrando los ojos y rascándose la nuca con cierto malestar posicionándose en su frente.

Giró el rostro para encontrarse con el demonio y asintió con la cabeza antes de seguirle siempre detrás del mayor, con las yemas de los dedos rozando la pared a la par de su andar hasta llegar a la entrada donde los sonidos de las voces de los grises caminantes se hicieron notar al momento, incluso los tonos que producían las bocinas de sus aparatos en una iluminación que no acabaría. Con los pasos desapercibidos del mundo a su alrededor.

-No hay problema -Asintió con la cabeza a la par que seguía la espalda del mayor, no le daba temor por la persona con quien se encontraría, pero sabía mantener su distancia ante desconocidos y sus rostros difuminados.

Observó cómo el nuevo cabello que llevaba aquel chico se deslizaba suavemente y se preguntó si no le molestaba. Mordió su labio inferior y llevó sus manos hasta la parte trasera de su cabeza deshaciéndose de la desordenada coleta que llevaba, dejando que sus hebras rubias cayeran por sus hombros. Se adelantó un poco para quedar al lado del mayor, podía sentirlo un tanto menos alto que lo normal, cosa normal a causa de la poción.

-Debería usar eso –Le propuso dándole golpecitos con el dorso del mano en el brazo que quedaba a su lado, extendiéndole la liga-, no creo que esté acostumbrado a este largo de cabello, puede ser algo estorboso.

Hablaba sin mirarle, manteniendo su semblante serio de siempre, prestando sus ojos al camino, moviéndose un poco en ocasiones para no chocar con los transitantes que, cuando entraron a la zona comercial, parecía que aumentaban con cada cuadra que avanzaban, haciendo un poco más difícil caminar y sin poder evitar chocar o ser empujado. Y es que no importaba cuando tiempo pasara, no era buena para estar entre multitudes si no era para la guerra. Irónico, cuando se trataban de cosas que, a las personas comunes, cuyo día a día consistían en cosa triviales, les parecerían complicadas o difíciles de realizar; ella las hacía sin pestañear, sólo pensando en terminarlas lo mejor que podía. Tal vez aquel era el precio que pagaba por la vida que llevaba, pero era una vida de que no quería soltar, era demasiado egoísta para hacerlo. Demasiado estúpida. Demasiado fiel.


U:
Perdona, no tengo cabeza para buenas respuestas y ya había pasado mucho tiempo


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Tema Privado Re: El metal en la lengua [Privado Levka]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Mar Mayo 15, 2018 1:08 pm

¿Caballero...? ¿En qué le puedo servir? — la voz de uno de los empleados de aquella tienda se hizo presente en el momento en que tanto él como la chica, o esperando a que ella le siguiese, se adentraran al interior. Era una tienda de magia, más bien de artefactos mágicos para ser concretos. — Estoy buscando a Rick, ¿se encuentra? — los labios delicados y ahora finos del demonio de cabellera azulada se entre abrieron para enunciar sus palabras con elegancia y cuidado. Se podía notar que el ambiente, al ser mencionado aquél individuo, terminó volviéndose algo tenso y un poco diferente al que había presentado desde el principio con la amabilidad de aquél muchacho de cabellera oscura. — ¿D-disculpe? No conozco a nad-... — su mirada se volvió hacia la rubia que acompañaba al demonio antes de regresar en dirección a éste. Levka terminó chasqueando su lengua y liberó su aura oscura durante una milésima de segundo con la intención de que sus afilados orbes acallaran las palabras tan innecesarias que el masculino intentaba pronunciar. — Dile únicamente esto: Mikhäíl Nikoláyevich está aquí y quiere verlo. — no dio ni un solo segundo de tiempo para que el otro pudiera defenderse, tal vez fuese por el nombre o simplemente porque aquél no había cambiado de idea, pero simplemente su persona terminó inclinándose en forma de reverencia durante un instante antes de abandonar aquella posición y adentrarse por la puerta posicionada detrás del mostrador donde uno de los empleados se encontraba cobrando una compra.

Mientras la espera se daba el demonio se encargó de atar su cabello con la gomina que la muchacha le había ofrecido anteriormente, tomando sus ahora largas hebras con una de sus extremidades cual se tratase de una cola de caballo para poder emplear la libre, con la banda del cabello, a fin de atar el mismo. No requirió más de dos vueltas a aquél accesorio que se le había ofrecido, algo que claramente le ocasionó voltear lentamente en dirección a la chica para comprobar su estado. — ¿No necesitas ésta cosa? — a pesar de esto sí agradecía a la fémina por el ofrecimiento ya que era consciente al respecto. No era alguien que se estuviese a gusto con el cabello largo y por eso mismo era que lo utilizaba de manera tan alborotado. Una vez consiguiendo su objetivo no tardó en hacer tronar su cuello como aquella tan peculiar costumbre que poseía, tirando su cabellera de manera calma antes de finalmente terminar con los gestos que le ocasionaba ese mar de nuevas sensaciones por todo lo que parecía estar probando recientemente con la utilización de semejante pócima.

Antes de ser capaz de dirigir sus palabras una vez más a la chica se percató de que la puerta por la que había avanzado el masculino anteriormente era una vez más abierta. De ella saldrían el mismo individuo y, detrás de éste, un hombre de aproximadamente unos cuarenta años, o al menos así lo aparentaba, vestido con prendas bastante más insinuantes que las que terminaba ocupando el demonio del Caos. — ¿Qué es lo que veo? ¿Tú eres Mikhäíl? — sus ojos se entrecerraron con la incapacidad de creer al respecto su identidad, efectivamente como consecuencia de la opción a la cual echó las culpas una vez éste se hubiera explicado como correspondía al gerente de aquella considerable tienda. — Entiendo, ¿y ésta belleza...? — los ojos de aquél, sin tardar mucho tiempo, terminaron moviéndose con lascivia a la fémina de cabellos rubios que acompañaba al demonio. No tardaría en ofrecer su mano para poder demostrar algo de elegancia en depositar sobre el dorso ajeno un beso, algo que a Levka no le hizo gracia alguna y terminó por carraspear su lengua. — Nadie le pone un dedo encima a Arlia, Rick, ni siquiera tú. — tales palabras encajaron perfectamente, haciendo que el masculino dibujase una traviesa y ciertamente interesante sonrisa como respuesta al actuar del arisco demonio. Tras incorporarse se preocupó de indicar con su mano a que le siguieran algo que invitó al dueño del Caos a avanzar, realizando un suave gesto con su cabeza para que la rubia también los siguiera.

El umbral no fue sino una puerta que daba a una sección oculta de la tienda, un espacio bastante particular que poseía todo tipo de accesorios así como también vestimentas y varios artefactos con características mágicas. — Lo terminé anoche, como prometí. — le ofreció al demonio una pequeña caja de madera sin ningún detalle en particular, la cual no tardó en abrir para poder apreciar en el interior del mismo lo que parecían ser dos dijes bastante particulares, ambos con una forma redonda estando unidos pero ocupando el simbolismo del Yin y el Yang de manera muy representativa. — El Taoísmo siempre ha sido muy representativo, por lo que aquí tienen... el Yin, que representa a la mujer y el Yang, que representa al hombre. — Levka se aseguró de tomar la pieza blanca, la que representaba a su persona como había dicho el otro individuo, y permitió de ésta manera que los afilados ojos de su persona se movieran en dirección hacia la chica. No tardó en hacerse con la pieza restante y avanzar hasta la posición de la chica, parándose detrás de ésta para poder colgar en su cuello y habiendo reducido las distancias para con su espalda, con la intención de dejar caer aquella pieza ennegrecida a la altura de su pecho mientras se aseguraba de abrocharla en la zona posterior, a la altura de su nuca. — No te lo quites nunca, ¿entendido, Arlia? — una vez hecho aquello no tardó en acomodar el propio en su cuello aunque mostrando algo de incomodidad, escondiéndolo bajo su prenda superior con la intención de que éste no fuera visible por otra persona que aquellos presentes que conocían de su existencia. — Ya nos vamos, es hora de marchar.

No dio tiempo a ninguna despedida ni mucho menos a esperar la explicación del hombre respecto a aquella creación porque, después de todo, él mismo había pedido aquello con un único y necesario fin. — Espera, ¿no te olvidas de algo, Mikhäíl? — esa pregunta le obligó a volver en su dirección los ojos mientras presenciaba el acercamiento de su persona con una pequeña bolsa de la cual retiraba un guante completamente blanco, uno que a decir verdad tenía un tamaño pequeño en comparación a la proporción de la extremidad masculina. — Es tuyo. — musitó tras tomarlo, ofreciendo a la chica el mismo, ésta vez de manera algo tosca por la necesidad de querer abandonar aquél lugar. Se había mostrado de una manera que no lo hacía generalmente, delante de aquél hombre en particular porque éste siempre trataba de abandonar cualquier símbolo de sentimentalismo u expresión innecesario sin embargo, y estando detrás de la chica, no pudo evitar sonreír con una ligereza casi innecesaria que ocasionó, sin darse cuenta, una reacción de interés por parte del otro hombre. — Bueno, explícale bien las cosas que no me gustaría ver a una belleza como esa terminar muerta. — se relamió sus labios cuando el demonio abandonó el local, claramente no por él sino por la chica que había acompañado al peliazul en todo momento. — Maldito hipócrita. — su camino se detuvo en una zona poco transitada donde indicó a la chica que se le acercase, introduciéndose en el interior de aquél callejón para dar una explicación rápida de lo que eran aquellos artilugios tan particulares.

No te quites nunca el collar, ¿comprendido? Ya te lo dije en la tienda, pero la razón es sencilla. Éste collar te permite utilizar tanto tu magia como la de quien tenga la otra parte: o sea mí magia. Si bien tienes una gran capacidad de almacenamiento, también es cierto que te agotas más rápido así que de ésta manera terminarás ocupando parte de mi magia para evitar lo que sucedió la última vez, ¿entiendes? — sabía que ella comprendería, no necesitaba preguntarlo, sin embargo debía de dejar en claro que aquello era una orden: debía de utilizar el collar y, con él, la magia masculina porque de ésta manera no se volvería inútil en el caso de que una batalla se hiciese presente. — El guante es algo más personal. Te ayudará a potenciar un poco tus capacidades mágicas, al menos las que tengan de por medio a la naturaleza o los elementos de ésta, así que ten cuidado porque si bien podrás utilizar magia más fuerte, también implica un necesario control mucho más preciso de los hechizos. Además te permitirá llenar más rápido tu almacenamiento mágico porque puede convertir la magia del ambiente en propia de su portador, así que cuídalo muy bien. — con esa advertencia finalmente se aseguró de extender su mano derecha para abrir la garganta, aquél portal espacio-temporal que ya parecía estar acostumbrado a utilizar. ¿Su destino? No lo sabía, o simplemente no lo había pensado siendo esto algo irónico a decir verdad porque tendría que conocer hacia dónde se dirigía. Sin embargo en esos momentos su mente estaba en blanco, tan solo debía de abandonar aquella ciudad por un período de tiempo determinado, algo que les permitiese ganar lo suficiente como para obtener una victoria dentro de un juego al cual no sabía cuándo había comenzado a jugar.


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Mensaje por Arlia el Mar Mayo 29, 2018 9:01 am

Sus ojos pasaron por aquella tienda, inspeccionando cuidadosamente cada uno de los artilugios con detenimiento, pero manteniéndose consiente de su alrededor, sin separarse de más de la anatomía del mayor. Notó la tensión ene le ambiente cuando el demonio mencionó al tal “Rick”. Dejó de curiosear y se acercó más, manteniéndose en constante alerta. La liberación de energía la tensó, achinándole la piel, pero manteniendo la postura firme a su lado.  Parpadeó un par de veces y negó con la cabeza.

-Úsela usted, estoy segura la necesita más que yo.

Con los dedos deslizó un mechón de sus hebras rubias por detrás de la oreja en un movimiento rápido y suave mientras su vista se ceñía en algunos frascos de dudoso contenido. Algunos frascos estaban dotados con un líquido amarillento y múltiples etiquetas cuidadosamente colocadas en su frente, señalando que era cada cosa. “Baba de centauro”, “Garras de hombre lobo”, “Cabellos de bruja”, esta última le estremeció más que las demás y prefería pensar que nadie había muerto para ser mercancía. El sonido de la puerta abrirse le obligó a volver aquellos azules orbe hacia el desconocido que entraba y no podías no fijarte en él. Tragó saliva cuando aquellos ojos dorados se posaron en ella.

-Mucho gusto, mi nombre es Arlia –se presentó con educación y firmeza mientras su mano era levantada con suavidad por el hombre-. Supongo que usted debe ser Rick, es un placer.

Miró de reojo al demonio mientras volvía a recuperar el poder sobre su propia mano, dejándola tras ella, en su espalda con el codo doblado; en una posición algo más formal. Siguió por detrás de aquellas dos figuras masculinas en una distancia algo prudente, pero sin alejarse de más de la espalda de su amo. Las distintas prendas y sus colores parecían iluminar aquel lugar, las telas se notaban caras a simple vista y apostaba que al tacto sería exactamente lo mismo. Miró con cierta curiosidad la caja y los dijes dentro de ella, alzando una ceja pues no esperaba algo así de parte del mayor, conectó su mirada con la del susodicho y fue más su sorpresa al ver la pieza ser colocada alrededor de su cuello. Echó su cabello hacia un lado para darle mejor acceso al área, mordiendo su mejilla interior sin saber que decir o hacer pues no estaba segura de la razón o funcionalidad de aquello.

-Entendido –Acompañó su asentimiento con la cabeza en un simple movimiento mientras pasaba sus dedos por la pieza. No estaba acostumbrada a los accesorios, o por lo menos no a otros que no fueran el anillo de su madre, por lo que tendría que mentalizarse de la existencia de aquel collar y no perderlo en un descuido de su parte. Miró al demonio que se encaminaba a la salida y pensaba hacer lo mismo hasta que el hombre que respondía al nombre de Rick le detuvo. Tomó con algo de torpeza el guante blanco de un tacto algo aterciopelado, agradable, le recordaba a la piel de los duraznos. –Muchas gracias –A pesar de que no sabía el porqué de aquellos dos objetos si se había tomado la molestia en ir hacia con un hombre que aparentemente no era de su total agrado, debía ser, probablemente, por algo importante. Se colocó el guante en su diestra, le quedaba perfecto, movió un poco los dedos sintiendo un ligero hormigueo en ellos que pronto de extendió de forma más leve y suave por todo su cuerpo, erizando sus vellos y parando abruptamente. Sus ojos parecían estar vagando de persona en persona durante aquel intento de conversación, mejor llamarlo negocio. Al ver al demonio, finalmente, retirarse, hizo una reverencia hacia el hombre y enseguida salió del establecimiento.

Le siguió hasta el callejón y escuchó atentamente las explicaciones que le daba sobre aquellos objetos, haciendo múltiples notas mentales, sintiendo algo de vergüenza que tiñó sus mejillas cuando mencionó la batalla anterior. Prometiéndose ser de más ayuda en la posible próxima batalla, que quien sabe cuándo llegaría a arrástrales.

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