Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Diciembre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado Una intromisión casi suicida (Priv. Tomoko)

Mensaje por Jason Wilder el Mar Abr 03, 2018 9:45 am

Su amo no era realmente consiente del tipo de sirviente que tenía a su disposición ahora. Por alguna extraña razón el hombre creía que podría apaciguar el instinto asesino de su compañera con órdenes indebidamente específicas, es decir vamos ¡Es un demonio guerrero! Su naturaleza siempre se empujará hacía la opción que derive más destrucción y aprovechara los huecos de cada orden para hacer lo que realmente quisiera. Lamentablemente eso parecía un hecho que el inocente extraterrestre tendrá que aprender por las malas. Por el momento la bella adolescente portadora de cautivadores ojos marrones caminaba tranquilamente por las cercanías de su nueva guarida, su objetivo era “familiarizarse” más con su nuevo entorno para poder aprender a convivir mediante la experiencia, o así intentaba hacérselo creer Vann.

“Solo ve y da un pequeño paseo. Eso sí, recuerda que se supone que somos los chicos buenos, tu eres una buena persona ahora ¡Así que si ves a alguien pasándolo mal ayúdalo! Pronto te darás cuenta de lo satisfactorio que es ser amable.”


Buena persona y amabilidad eran conceptos que se incendiaron en el infierno hace tiempo pero intentaba hacerle caso de la mejor manera que pudiera. Finalmente la oportunidad pareció presentarte de forma tan espontanea que apenas pudo darse cuenta: Una señora se encontraba saliendo de una cafetería cuando al apenas se cerraran las puertas a sus espaldas un malviviente pasará corriendo arrebatándole la cartera. El sujeto se dirigía directamente hacía la ella, ya había asimilado la situación en su mente. Debía ayudar a la mujer.

Se quedó en su sitio esperando pacientemente que el tiempo pusiera las piezas en su lugar y cuando tuvo al desconocido frente suyo, dispuesto a empujarla, ella le propino un puñetazo en medio de la cara logrando romperle la nariz con suma facilidad gracias a la fuerza sobrehumana que poseía. Acto seguido le dio una patada en el estómago con la potencia suficiente para mandar su cuerpo hasta frente de la cafetería, la cartera ya había quedado en el suelo lejos del hombre. La víctima del robo recupero inmediatamente su pertenencia dispuesta a agradecerle a la señorita pero se detuvo al instante cuando noto que la castaña se acercaba con una espada en su mano derecha, arma que había invocado usando su anillo.

Si golpeando al sujeto ayudaba a la señora, matándolo ayudaba a toda la ciudad.

Con ese pensamiento en mente camino hasta detenerse frente a su ahora presa, con la punta de su arma blanca le apunto el cuello mientras el contrarió intentaba comprender que estaba sucediendo ahora. Cuando vio que su vida corría real peligro comenzó a rogar por piedad, a pedir perdón, a jurar que nunca iba a volver a robar en su vida. Papika solo lo miraba reflejando el terror del tipo en sus vacíos ojos marrones, ahora sería buen momento para que Vann apareciera ¡O que al menos cualquiera se animará a decirle que eso era demasiado!
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Tema Privado Re: Una intromisión casi suicida (Priv. Tomoko)

Mensaje por Kuroki Tomoko el Mar Abr 03, 2018 3:08 pm

Todo estaba desmoronándose a su alrededor. Literalmente.

Tomoko estaba parada en un cruce de caminos. La gente pasaba a su lado y se le quedaba mirando al pasar. Algunos hasta levantaban una ceja. Ella apenas si los veía. La chica daba vueltas sobre sí misma, mirando a su alrededor. Su mirada borrosa estaba perdida en medio de la nada. Estaba viendo algo que nadie podía ver.

Destrucción. Fuego, muerte y destrucción. Fragmentos de mampostería y ladrillos estallaban cuando los proyectiles chocaban contra los edificios, los trozos llovían sobre las cabezas de gente que huía en medio del fuego de la artillería. Gritos aterrados y lastimeros rasgaban el aire. La ciudad era un caos, una ruina esquelética que lloraba bajo el fuego enemigo. Cuerpos desperdigados al azar, fragmentados y rotos, decoraban de rojo las aceras; manos sobresalían tétricamente de entre los escombros, niños lloraban junto al cuerpo yaciente de un padre, y la gente huía junto a ellos sin mirarlos una vez. El silbido de los morteros al caer, el trueno de los proyectiles al estallar… Una sinfonía de destrucción. Eso era lo que estaba mirando.

Y al mismo tiempo, nada estaba sucediendo. Los edificios que veía eran de cristal y metal, con diseños modernos, y permanecían en pie. La gente no escapaba de una batalla que no estaba sucediendo, solo caminaban tranquilamente en un día normal. La miraban a ella mientras sus ojos buscaban, intentaban distinguir.

Había empezado cinco minutos antes. Iba de camino al dormitorio después de quedar en un café con Tanaka y al momento siguiente, Éadrom había quedado transformada en una ciudad sitiada. Cuando cerró los ojos, la imagen desapareció, pero la mezcla de sonidos siguió estando ahí. No podía escapar. Dos imágenes, dos mundos se superponían al unísono, y ella estaba atrapada entre los dos.

Estaba empeorando. Ya no solo soñaba con batallas, ya ni siquiera perdía la conciencia. Era lo estaba viviendo mientras estaba completamente despierta. Se llevó una mano a la cabeza mientras un palpitar doloroso la sacudía. Estaba asustada. Estaba asustada porque por primera vez estaba realmente ahí. En los episodios anteriores había sido un fantasma que se limitaba a contemplar los eventos a su alrededor, pero ahora estaba ahí. Sabía que estaba ahí, porque la gente la veía. La miraban y en sus ojos se reflejaba el terror… y el odio. Huían de ella.

Necesito llegar a casa, consiguió pensar, y se esforzó por caminar, intentando entrever tanto de la realidad como fuera posible para conseguir avanzar, intentando ignorar las imágenes que veía a su paso, ignorando a la gente que escapaba. Que pare, por favor que pare, por favor que pare… su mente siguió repitiendo una y otra vez, una y otra vez.

Y entonces, la chica caminó frente a la fachada de un edificio, cubierta de cristales cromados que reflejaban su imagen como un espejo. Tomoko contempló su figura, la de una chica vestida con un uniforme de instituto, de ojos verde apagado y ojeras cansadas. Pero vio algo más, porque en el otro mundo, en el que lloraba bajo las explosiones, estaba mirando una cristalera que había quedado milagrosamente indemne, y entre el humo y el polvo vio a una chica de pelo negro, con la misma expresión cansada, los mismos ojos, el mismo rostro, un tanto más envejecido, surcado por arrugas que parecían ser más el producto de emociones fuertes que de la edad. Esa chica, que tanto se le parecía, vestía otro tipo de uniforme. Era un uniforme de oficial, negro como la noche. El emblema del partido brillaba en rojo y negro sobre su hombro. Sobre el cabello suelto y sucio una gorra mostraba el halcón del Reich y la calavera plateada del cuerpo. En la solapa de la camisa, dos grados opacos mostraban su rango y pertenencia: cuatro cuentas de plata, una línea en el cuello izquierdo, y dos SS en el derecho.

Obersturmbannführer1… -murmuró la chica atrapada en medio de la pesadilla. En un mundo su reflejo movió los labios. En el otro, solo le devolvió una mirada cansada.

Las tropas de la Waffen, su cuerpo de elite, se deslizó tras ella. Sus reflejos pasaron como sombras. El ataque de artillería había pasado. La ciudad estaba siendo tomada por asalto. Y ella estaba al mando.

Esto está mal. Esto está mal, esToEstAmaLEstToeStamAlESToestÁmaLEstToeStamAlesToEstAmaL esToEstAmaLEstToeStamAlESToestÁmaLEstToeStamAlesToEstAmaL

Apartó la vista y siguió caminando. Ya no sabía qué era real. Estaba perdida en medio de la tormenta.

Uno de sus soldados, frente a sus ojos, levantaba un rifle frente a un ciudadano caído. La bayoneta apuntaba directamente a su corazón. Una sonrisa de placer insano se dibujaba en el rostro del soldado, una mirada aterrada llenaba los ojos del hombre caído que suplicaba.

Slachterin Obersturmbannführer se movió hacia adelante, impulsada por un sentimiento de repulsión y furia. Su brazo aferró el del soldado con fuerza y una voz fría, áspera lo detuvo.

─ Das ist unnötig. Geh zurück zu deinem Bataillon, Soldat.2 –Y ante la mirada de estupefacción que le lanzó el soldado, su mano apretó su brazo con fuerza y agregó en un tono que hacía evidente la amenaza- Es ist eine bestellung.3

El civil aprovechó su intervención para escapar, inútilmente. Otro grupo de sus soldados lo capturó y lo lanzó contra el suelo, mientras ella miraba directamente a los ojos del soldado que aún retenía. Aquellas muestras de crueldad la repugnaban…

Y entonces, tan fugazmente como había comenzado, todo desapareció. El ruido de la batalla, los escombros, las explosiones, los gritos, los soldados, todo se desvaneció como un sueño y volvió a estar en una calle de Eadrom, y volvió a ser Tomoko, una simple chica de instituto. Una profunda sensación de alivio la asaltó, tan intensa que durante un instante no pudo comprobar que, en la realidad, estaba realmente aferrando el brazo de alguien… Los ojos que miraba ya no eran azules, sino de un rojo escarlata. Rojo como el cabello de la chica que le devolvía la mirada. Soltó el agarre y retrocedió un paso, confusa, alcanzando a murmurar a media voz una disculpa temblorosa.

Dicho en el original alemán en el mundo real::
1Teniente Coronel.
2Eso es innecesario. Regresa a tu batallón, soldado.
2Es una orden.


Pienso y hablo cuando me place.


Sing for the man on the corner, sing for your hate of God, sing for your apathy, no matter, no matter what you believe Dope



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Tema Privado Re: Una intromisión casi suicida (Priv. Tomoko)

Mensaje por Jason Wilder el Miér Abr 04, 2018 9:11 am

Los espectadores no sabían que esperar de la escena que transcurría ante sus incrédulas miradas. Eádrom es una ciudad repleta de todo tipo de razas e historias no era cosa extraña que alguna que otra vez se presenciará héroes que usaban sus características especiales para ayudar a las personas, pero esta vez parecía que la salvadora era alguien que despreciaba la justicia democrática para darle lugar a la arcaica mano propia pero incluso en este caso algo así era demasiado exagerado ¿Arrebatar una vida por el robo de una cartera? El exceso de poder era obvio pero nadie intercedía, se congelaron hasta los policías que venían en camino ante el escándalo ¡Ver a alguien ser violento con tanta naturalidad era algo que helaba la sangre!

Afortunadamente alguien decidió proceder con una intromisión casi suicida, la razón por la cual hacer algo así era prácticamente una pena de muerte para la contraría que sujetaba el brazo de Papika era su físico escuálido y pequeño. La gélida mirada marrón de la muchacha reflejo sin ver a la más bajita, no mostraba ningún tipo de expresión, para ella no había enojo o sorpresa, estaba demasiado ocupada sacando conclusiones que sirvieran a su causa. Cuando la desconocida se alejó escupiendo algunos balbuceos procedió a acercarse a paso lento, amenazador, como si fuera una leona disfrutando de cada momento previo antes de clavar sus colmillos en el cuello de una cría abandonada por su grupo.

Con total rudeza atrapo el cuello de la camisa de la azabache para atraerla hacía ella, la alzó hasta las puntas de pies de esa muchacha estuvieran a muy poco de dejar de tocar el piso.- ¿Por qué intercedes para protegerlo?-Cuestiono con voz monótona mientras acercaba su rostro al de la muchacha de manera totalmente desvergonzada hasta llegar al punto en el que las caras estaban a escasos centímetros de poder tocarse.- No hay ninguna razón para hacer algo así, al menos que seas su cómplice. Bajo esas circunstancias debes morir también.-Dicha la última oración procedió a dirigir su ataque, con su mano libre y con la misma arma, en dirección a su costilla derecha.

Entonces el celular de Papika sonó logrando que está se detenga al instante antes de realizar cualquier daño. Soltó a la extraña como si de una bolsa de basura se tratará mientras sacaba del bolsillo de su falda el dispositivo. Solo una persona podía llamarle.- Hola, sí.-Inició mientras se mantenía inmóvil escuchando con paciencia la voz de su amo.- Entendido.-La conversación duro menos de un minuto con ella respondiendo casi con monosílabos todo el rato. Al terminar miro nuevamente a la adolescente que por poco casi asesina.- Lo siento, mi jefe me explico que quizás no seas alguien que merezca morir. Me dijo que debo ser amable ahora así que te inventaré un helado.
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Tema Privado Re: Una intromisión casi suicida (Priv. Tomoko)

Mensaje por Demian Serkin el Mar Ago 14, 2018 3:16 pm



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Tema Privado Re: Una intromisión casi suicida (Priv. Tomoko)

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