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Componiendo rimas // Priv. Rowena Edelweiss

Mensaje por Kuroki Tanaka el Sáb Mar 10, 2018 5:48 pm

─ Mmm…

Tanaka había pasado cinco minutos completos mirando con cansancio la hoja de papel en blanco que tenía en frente, sobre la mesa que había elegido en la biblioteca, antes de emitir aquel murmullo de desesperación, aunque en un nivel muy pequeño. Las emociones fuertes no eran su estilo. Demasiado agotadoras.

Le habían puesto una tarea bastante desagradable en clase de Literatura de primer año, algo que debía entregar al día siguiente. Tenía que escribir un trabajo corto y completamente libre, nada demasiado complicado o creativo, solo lo que pudiera imaginar. En cualquier otro caso la tarea habría resultado extremadamente sencilla. La literatura era una parte cercana a su día a día y le era casi tan familiar como la ropa que usaba. Había muchas cosas que desconocía, en general tecnicismos y especialidades del arte, lo cual no era de extrañar, porque tampoco sabía cómo se llamaban algunas partes de la ropa que vestía o el nombre de las puntadas o cómo se fabricaban, pero siempre que intentaba escribir algo las ideas emergían fluidas y con escaso esfuerzo. Escribir era algo natural para alguien que leía todo el tiempo. Como respirar.

Pero hoy estaba en problemas. Le habían encargado trabajar con uno de los tipos de literatura que más desconocía y le desagradaban. Poesía. Tenía que escribir un poema y no tenía idea de cómo hacerlo.

Tanaka no la soportaba. En teoría debería encantarle, porque los poetas eran todos vagos que ponían tres estrofas que rimaran y ya habían terminado. Si él fuera capaz de hacerlo, se habría contentado bastante con el reducido esfuerzo. El problema era que no la entendía. Solo había intentado leerla unas pocas veces antes de dejarla por incorregible. No tenía el menor sentido, o al menos él no se lo veía.

Las palabras existían para comunicar ideas e información. Las palabras se unían en oraciones, las oraciones formaban párrafos y los párrafos se extendían hasta formar una obra que transmitía algo, que significaba algo, que contaba algo y que llegaba a la mente del lector cuando pasaban por sus pupilas. Era un acto de telepatía, y para funcionar, lo que se comunicaba tenía que ser lo más claro posible. Se permitía jugar un poco con el lenguaje, usar todos esos recursos que a pesar de ser rebuscados y creativos no dejaban de ser comprensibles.

Pero la poesía no era así. La poesía, la buena poesía, intentaba transmitir emociones, y lo hacía de una manera ridícula. Tanaka sabía que su mente racional no le permitiría construir una mezcolanza de soserías tal, así que había elegido trabajar en base a la épica, que al menos contaba una historia y tenía un sentido determinado. Su plan era pensar en un relato corto y tratar de llevarlo a la lírica.

Le echó un vistazo al poema que había tomado de la estantería para ayudarse a trabajar. Era uno de los más claros y directos que había conocido de aquél genero, uno que se prestaba bastante bien para el trabajo, y que aun así le costaba trabajo entender.



Carga de la caballería ligera. Lord Alfred Tennyson:

I

“Media compañía, media compañía
Media compañía al frente.
En el valle de la muerte,
cabalgaron los seiscientos”
¡Adelante, la Brigada Ligera!
“¡Cargad sobre los cañones!”, dijo.
Hacia el valle de la Muerte
cabalgaron los seiscientos.

II

“¡Adelante, la Brigada Ligera!”
¿Había algún hombre desfallecido?
No, aunque los soldados supieran
que era un desatino.
No era suyo el replicar.
No era suyo el razonar.
Suyo solo el hacer y morir.
Hacia el valle de la Muerte
cabalgaron los seiscientos.

III

Cañones a su derecha,
cañones a su izquierda,
cañones en el frente,
descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
Con audacia cabalgaron y bien.
Hacia las fauces de la Muerte,
hacia la boca del Infierno
cabalgaron los seiscientos.

IV

Brillaron sus sables, todos desnudos,
brillaron al girar en el aire
golpeando a los artilleros,
cargando contra un ejército, mientras
el mundo entero se asombraba.
Zambulléndose en el humo de las baterías
rompieron a través de las líneas;
Cosaco y ruso
huyeron del tajo de los sables,
Destrozados y divididos.
Entonces cabalgaron de vuelta, pero no,
no los seiscientos.

V

Cañones a su derecha,
cañones a su izquierda,
cañones en el frente,
descargaron y tronaron;
Azotados por balas y metralla,
mientras caballo y héroe caían,
ellos que tan bien habían luchado
Pasaron por las fauces de la Muerte
volvieron de la boca del Infierno,
Todo lo que de ellos quedó,
lo que quedó de seiscientos.

VI

¿Cuándo podrá desvanecerse su gloria?
¡Oh la salvaje carga que hicieron!
Al mundo entero maravillaron.
¡Honrad la carga que hicieron!
¡Honrad a la Brigada Ligera,
nobles seiscientos!”

Tanaka leyó de nuevo, mordiendo un boli. Haber, tenía su atractivo aún después de lo que había perdido en la traducción del ingles, pero, ¿para qué pasar tanto trabajo en condensar una buena historia por un mero sentido estético? Suspiró y volvió a fijar la vista en el papel vacío que tenía enfrente.

─ Aún si encuentro una historia que contar, nunca podría transformarla en esto. Es una contradicción -se dijo bajando la pluma y apoyando la mejilla en su mano en gesto indolente- Es mucho más sencillo escribir la historia párrafo tras párrafo que intentar reducir las ideas y emociones a pocas palabras y conseguir que estas reflejen exactamente lo mismo. Es más fácil contar la historia y dejar que reaccionen por ti.

Suspiró, preguntándose si no habría algún atajo. De cualquier manera, le daba igual. Si no se le ocurría nada pondría una rima como “Las flores son rojas y las ardillas son ardillas” y lo entregaría. No le gustaba pasar trabajo por gusto.



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Re: Componiendo rimas // Priv. Rowena Edelweiss

Mensaje por Rowena Edelweiss el Mar Mar 13, 2018 9:13 am

Tras acabar de corregir los últimos trabajo para el día siguiente, decidió aprovechar y pasar por la biblioteca, aprovechando que a esas horas no solía haber muchas gente y podría concentrarse en seguir avanzando con la cuarta entrega de su saga de libros, y por supuesto, revisarlo todo bien varias veces. Era algo que a su editor le ponía de los nervios, el que revisara todo una y otra vez incluso cuando le habían dado el visto bueno para publicar. Después, podría volver a la sala de profesores y terminar de diseñar unas actividades que tenía planeadas para las clases, además de tener que ocuparse de leer unas redacciones de ingles, aunque esas no eran para mañana.

Mientras se dirigía a la mesa que solía ocupar cuando quería aislarse y trabajar sin distracciones ni interrupciones, pasó junto a un alumno que sin duda alguna, no se encontraba entre los que estaban a su cargo. Tenía aspecto de ser jovencito, seguramente de primero, y su expresión era una mezcla de aburrimiento y quizá algo de hastio, si algo le molestase en alguna medida. Era difícil decirlo pues todo parecía envuelto en un aura de...¿cansancio?, que aletargaba cualquier otra emoción.

Se fijó en que tenía hoja en blanco delante. Supuso que estaría haciendo los deberes de alguna asignatura y que no debía de estár dándosele demasiado bien. O quizá simplemente estaba todavía en pleno proceso creativo o de análisis y no empezaría a hacer lo que tuviera que hacer hasta haber acabado. Rowena solía entrar en ese estado creativo en los momentos más insospechados, incluso, a veces, en los momentos más inoportunos. Pero sobre todo le ocurría cuando algo no la interesaba en absoluto o la aburría... entonces era como si su imaginación acudiera a su rescate. 

Al final, dejó al joven y se acomodó en su mesa predilecta, que no era nada más ni nada menos que la contigua a la que estaba sentado el muchacho. Rowena desplegó cuidadosa y silenciosamente todos sus materiales de trabajo, entre ellos, su portátil, que enchufó a la corriente. Tomó asiento y tras abrir el archivo con el último capítulo del libro, apoyó la cabeza en una de sus manos, mientras manejaba el ratón con la otra. A pesar de que intentaba centrar su atención en el escrito, no podía evitar lanzar miradas soslayadas al joven sentado un poco más allá.  Aún no había escrito nada en la hoja, o al menos ella no le había visto en ningún momento hacerlo. En conclusión, parecía estár teniendo problemas. Quizá hubiera desarrollado cierto sexto sentido para detectar alumnos que estuvieran experimentando dificultades, pero probablemente no fuera más que experiencia después de haber trabajado durante tanto tiempo de maestra.

Finalmente, decidió levantarse y acercarse a ver que estaba ocurriendo. Rowena tenía una marcada tendencia a ofrecer asistencia sin que se la pidieran, bastaba con que ella intuyese que podían necesitarla, e incluso cuando sabía que podía no ser bien recibida, y sin duda alguna los estudiantes eran los principales beneficiarios de esta actitud.

Se colocó discretamente a un lado del joven y se inclinó un poco hacia delante para que con un susurro el muchacho pudiera oirle. Le había escuchado murmurar, al acercarse, algo acerca de las virtudes de narrar y lo tedioso y dificil que resultaba hacer eso mismo de otra forma... esa forma de pensar le recordaba a su pequeño problema que tenía con los poemas. 

-¿Experimentando la ardua tarea de enfrentarse al folio en blanco?- preguntó para llamar su atención, aludiendo al problema con el que muchos escritores solían encontrarse. Apoyó una mano en la mesa y estudió cuidadosamente el semblante del muchacho... tenía una expresión parecida a la suya cuando se despertaba de la siesta.- Disculpa que te moleste... pero me ha parecido que estás algo estancado con alguna tarea...-en ese moemto se percató de que aún no se había presentado- Me llamo Rowena. Soy profesora de literatura y de ingles... a lo mejor puedo echarte una mano en algo- dijo con una amable sonrisa. Entonces se percató del poema que tenía al lado... "Uuuuh, mi némesis" pensó pero evitó que se la notase- ¿Intentas escribir un poema?-dedujo debido a lo que le había escuchado decir y por la presencia del poema de Tennyson. Puede que el fuerte de Rowena no fueran los poemas, pero seguro que podía auxiliar al joven así que tomó silenciosamente asiento a su lado- ¿Necesitas ayuda?.
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Re: Componiendo rimas // Priv. Rowena Edelweiss

Mensaje por Kuroki Tanaka el Miér Mar 14, 2018 3:11 pm

Pero antes de rendirse al menos lo intentaría. Veamos, una historia épica. Tanaka buscaba algo que se le antojara heroico, con la palma de la mano apoyada contra la mejilla y todavía mordisqueado su bolígrafo, cuando un susurro llamó su atención.

Una persona se había colocado inadvertidamente justo a su lado, bastante cerca, por cierto, sin que él hubiera reparado en ello. La mayoría de las personas se habrían sobresaltado por haber sido sorprendidos sin previo aviso, pero el chico existía en un perpetuo estado de somnolencia e impavidez, y sobresaltarse habría sido un esfuerzo innecesario. Su reacción se limitó a un leve abrir de sus ojos al voltear a contemplar al quien había interrumpido su trabajo.

Era una mujer joven, no lo suficiente como para ser del estudiantado, pero sí lo necesario como para que su presencia en la biblioteca le resultara extraña. Sus facciones eran delicadas y amables, piel blanca, ojos de alguna tonalidad de púrpura para la que no tenía nombre. Su voz se escuchó en un tono agradable a medida que discurría. El chico abandonó la postura perezosa, se irguió un poco en el asiento y se limitó a escucharla, a la espera de saber exactamente qué estaba sucediendo para reaccionar adecuadamente.

Luego de que la joven se presentó y ocupó un lugar a su lado, Tanaka asintió con la cabeza. Fue tanto una señal externa para la joven profesora como un gesto interior de comprensión. Entendía la situación. Era en extremo afortunada, puesto que solo el azar podría haberle colocado a una profesora de literatura justo al lado cuando se encontraba en un predicamento como aquel. Pero, por supuesto, tendría que jugar sus cartas con delicadeza. Estaba trabajando en una tarea escolar, y aunque podía apoyarse en la amable oferta de ayuda de la profesora no podía pasarse demasiado. Si encontraba el equilibrio exacto podría sacar el mayor provecho de la situación.

Por ahora, lo primero era sonreír agradecido y adoptar un lenguaje formal. El rostro del chico, poco adecuado para la tarea de expresar emociones por falta de práctica, se las arregló para dibujar una fina, finísima y levemente curvada sonrisa de bienvenida, aunque sus ojos siguieron parcialmente sumergidos en la bruma que solía esconderlos.

─ Soy Tanaka, de primer año –dijo en un murmullo audible mientras inclinaba la cabeza a manera de saludo- Agradezco la preocupación, sensei, la verdad me encuentro en un pequeño apuro. –Apartó la vista de ella y la centro sobre la mesa. Señaló con la mano derecha el material que tenía en frente en un gesto abarcador- Tengo que escribir un poema de extensión indeterminada para entregar mañana en clase de literatura y me temo que el género está lejos de ser mi fuerte.

Tanaka estudió en su mente las facciones de la profesora Rowena sin tener que volver a mirarla, tratando de elegir un curso de acción. Nunca estaba seguro de lo que la gente pensaba, pero le parecía poco aventurado el asumir que a una joven profesora de literatura la poesía no le resultaría desagradable. Sería mejor limitar cualquier gesto de extrema desaprobación para no parecer arisco.

─ Me gusta mucho leer desde pequeño, pero siempre he encontrado la lírica un tanto… confusa. Creo que se podría decir que no poseo la mente, la personalidad o la sensibilidad artística que se requiere para comprenderla, mucho menos para intentar desenvolverme con ella.

Tomó el poema de Tennyson y lo levantó. Contempló las estrofas una vez más antes de proseguir.

─ Elegí este como ejemplo  para ayudarme a trabajar porque es claro y me resulta comprensible. Mi plan era idear una pequeña historia en prosa en mi mente y buscar la forma de hacerla encajar en pequeños versos que resultaran al menos aceptables para una evaluación, pero…

Suspiró y se reclinó en el asiento. Todo aquel tiempo había estado exponiendo su predicamento sin mirarla, pero ahora apoyó su lánguida mirada en el rostro de la otra persona.  

─ No lo sé, tengo la impresión de que sería una tarea inútil. Podría escribir prosa y separarla en estrofas y obligarlas a rimar, pero tengo la ligera impresión de que eso no sería poesía. La verdad, aún ahora sigo sin tener una idea demasiado clara de lo que es.




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Re: Componiendo rimas // Priv. Rowena Edelweiss

Mensaje por Rowena Edelweiss el Mar Mar 20, 2018 6:38 pm

"Supongo que eso es una sonrisa..." pensó al ver aquella tenue sonrisa, aunque quizá llamarlo así era ser generoso si se comparaba con la facilidad que tenía Rowena para llevar a acabo esa clase de gestos. Miró con detenimiento al muchacho, en cierta medida, aquella curiosa neblina de algo así como cansancio y aburrimiento le recordaban a ella, aunque su mirada solía ser algo más vivaz.

-Encantada Tanaka-Kun- dijo devolviendole la cortés inclinación de cabeza.

No pudo evitar enarcar ligeramente las cejas ante aquellas maneras tan educadas de dirigirse a ella. Normalmente, los adolescentes con los que trataba, se comportaban de forma bastante más despreocupada y desinhibida, también era cierto que adoptaban ese talante por que la consideraban una profesora "blanda", a la que se permitían tratar con mayor familiaridad que a otros docentes, aquellos que tendían a mantener más las distancias y se mostraban más estrictos, inflexibles. Pero claro, él no la conocía, e incluso aunque la conociera igual esa era su actitud habitual frente a los docentes..."¿por qué estoy dando vueltas a esto?".

Inmediatamente, volvió a centrar su atención en el joven, que por suerte había estado mirando el papel y cuanto tenía delante para enfrentar la ardua tarea que tenía que completar. Había pocos alumnos a los que les gustase la poesía, menos aún que se animaran a escribirla, y casi ninguno con talento para la misma, por lo que no le sorprendió oirle hablar de aquella forma sobre las dificultades que entrañaba escribirlos. Rowena asintió, quizá con más vigor del necesario, pero no pudo evitarlo, en cierta medida, se sentía identificada con sus palabras, pues eran las mismas que había pronunciado y pensado ella en más de una ocasión... bueno, quizá no todo cuanto había expresado, pero la esencia era la misma.

Esbozó una pequeña sonrisa cuando la explicó la estrategia que había elaborado para intentar componer un poema usando prosa. Se trataba de una estrategia bastante socorrida, que incluso, si tenías el suficiente ingenio, se podía hacer pasar por un poema mediocre, o incluso, quizá, medio decente. Pero claramente el muchacho quería probar a embarcarse a hacer algo de más calidad, o como mínimo, que pudiera ser identificado como poema y no como burdo y vago intento.

-Un poema es algo así, como una canción sin música, pero sometido a muchas más reglas, aunque realmente luego muchos poetas acaban haciendo lo que quieren con esas reglas... pero bueno eso es otro tema- dijo unos segundos después de que el joven terminase de exponer sus puntos de vista y sus dificultades- Mmm... ¿me permites?- preguntó al tiempo que alargaba la mano hacia el poema de Tennyson, sin que desapareciera aquella ligera pero perenne sonrisa en sus labios, incluso a pesar de estár intentando adoptar un aire un tanto más circunspecto y concertado. Echó una breve ojeada al poema y volvió a mirar a Tanaka- El primer paso para poder escribir un poema es, cómo bien has mencionado, elegir un tema, pero te recomiendo no elegirlo solo porque te parece lo más sencillo... al final, en poesía, lo que resulta más fácil normalmente es aquello que consigue inspirarnos- dijo con evidente entusiasmo, luego se percató del aspecto tan apagado que tenía el muchacho, no parecía vivir muy intensamente a primera vista, pero quizá no fuera más que una apariencia- Aunque solo sea un poco.- se apresuró a añadir- el tema puede ser muchas cosas, por ejemplo, se puede escribir acerca de un sentimiento y construir el poema entorno a lo que te sugiera ese sentimiento, puedes describir recuerdos, momentos o cosas que desprendan la emoción que buscas.- se quedó unos momentos pensativa, con la barbilla apoyada sobre sus manos acodadas en la mesa y miró brevemente al frente con la mirada algo perdida-

El gran amor:
Un gran amor, un gran amor lejano
es algo así como la enredadera
que no quisiera florecer en vano
y sigue floreciendo aunque no quiera.

Un gran amor se nos acaba un día
y es tristemente igual a un pozo seco,
pues ya no tiene el agua que tenía
pero le queda todavía el eco.

Y, en ese gran amor, aquel que ama
compartirá el destino de la hoguera,
que lo consume todo con su llama
porque no sabe arder de otra manera

-Este es un buen ejemplo- dijo después de recitarlo y le miró atentamente- el que tú has escogido para guiarte consiste en coger acontecimiento y ensalzarlo, describiéndolo de forma sentida en función de lo que queramos transmitir, desde una clamorosa victoria hasta una terrible y aplastante derrota.- sonrió como si se le viniera algo a la mente que estuviera relacionado y la agradara, pero rápidamente volvió a centrar su atención en su querido y pequeño estudiante- Otro ejemplo es el poema de los ojos verdes de Becker ¿te resulta familiar?- hizo una breve pausa, reflexionando acerca de que paso sería más adecuado a continuación- Una vez se elige el tema... se puede hacer una lluvia de ideas, cualquier cosa que te inspire el tema escogido se apunta y vamos viendo como lo vamos encajando... Bueno me estoy adelantando, primero vamos a terminar el tema. ¿estas seguro que quieres hacer algo semejante a esto?- dió un suave golpecito con el dedo al poema de Tennyson- si es así cuéntame más o menos que idea tenías, en que clase de batallas pensabas... contra más detalles mejor- comentó la docente con evidente entusiasmo. Le encantaba poder ayudar a sus pequeños estudiantes, resultaba tan gratificante.

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Re: Componiendo rimas // Priv. Rowena Edelweiss

Mensaje por Kuroki Tanaka el Miér Mar 21, 2018 12:43 pm

Tanaka esperaba que su exposición, aunque breve y concisa, hubiera sido lo suficientemente clara para comunicar su predicamento. El espartanismo no era necesariamente una cualidad que lo caracterizara, pero sí gustaba de darle a las cosas solo la cantidad de esfuerzo necesaria, y eso incluía a la comunicación con otros. Era un chico organizado que buscaba la mayor efectividad de todo lo que hacía.

Por eso se sintió complacido al ver los gestos de afirmación de la profesora a medida que escuchaba sus palabras. Evidentemente estaba comprendiendo, y no solo eso. Si no se equivocaba al leer la intensidad de sus gestos era probable que sus sentimientos no fueran solo comprendidos, sino compartidos, aunque posiblemente era esa una conclusión precipitada para basar en un simple gesto entusiasta.

La profesora habló entonces, tomó la palabra y él ocupó el papel de oyente con suma comodidad. Era, para empezar, alguien que disfrutaba mucho escuchando a los demás, especialmente cuando sus intervenciones no eran requeridas, aunque a veces le costaba mucho prestar atención a cosas que no le interesaba o que dominaba, motivo por el cual casi siempre terminaba dormido en clase. La mayor parte de sus buenas notas provenían de su excelente memoria, capaz de memorizar textos completos de una leída. Encontraba más eficiente y práctico el aprender el material de libros de texto que podía leer con rapidez que perder el tiempo intentando atender a una voz desganada y monótona que solo hablaba porque era su trabajo.

Pero esto era completamente distinto, puesto que ningún libro de texto le ayudaría con el problema en cuestión, así que se colocó a sí mismo en un segundo plano mientras la joven profesora se hacía con el poema de Tennyson. Escuchó sus palabras con atención profunda, sentado en la silla, el cuerpo ligeramente volteado hacia ella. En el intervalo en que la profesora le expuso su perspectiva en el mundo solo existieron ella y sus palabras. Su mente no reflexionó sobre lo que estaba escuchado. Se limitó a simplemente escuchar, grabando en el interior de su mente cada palabra que le estaba siendo dicha. Su cuerpo solo reaccionó cuando se le requirió directamente, como el momento en que negó con la cabeza ante su pregunta sobre el poema de Becker.

Cuando la joven terminó de exponer y le tocó el turno a reaccionar, Takana, calculando la manera más eficiente de hacerlo, decidió exteriorizar sus reflexiones para hacer la comunicación más efectiva, así que, cuando su mente comenzó a reproducir las ideas de la profesora en orden, el chico llevó una mano cerca de su boca, de manera que sus dedos casi la tocaran, en actitud reflexiva, y de su boca escaparon, con el tono monocorde que mejor le acomodaba, las reflexiones que fueron surgiendo.

─ Mmm… Realmente, una de las cosas más incomodas de la poesía es precisamente la actitud libertina con que muchos exponentes adoptan la labor. Las cosas me son más comprensibles cuando entiendo las reglas que las rigen. El orden, las pautas, normas, hacen que todo funcione como debería hacerlo. Cuando las domino, se siempre qué esperar, cómo reaccionar y como emular lo que domino, pero cuando las cosas se rigen por el caos aparente mi mente simplemente no puede dominar la situación. No estoy adaptado a contemplar las cosas desde una distancia que me permita distinguir un sistema que debe, por lógica, vivir en entropía. Y la poesía a veces se parece demasiado al caos. Pero creo que tiene razón. Antes de tratar el asunto del estilo debería pensar en el tema. En realidad, creo que podía haber tocado un punto muy importante.

Sus ojos fueron a parar a un punto intermedio, perdidos en la nada, mientras continuaba hablando para los dos.

─ Mi idea inicial era decantarme por la poesía épica. El motivo no era solo que fuera más simple de componer, aunque me lo parezca, sino porque se basa, como dijo antes, más en acciones que en emoción, aunque solo sea superficial. Pero es que, escuchando a lo que ha dicho recién, me he dado cuenta de que siempre hay emoción. Y la emoción es un concepto que me eluye casi tanto como el del caos.

Su mente invocó el poema que acababa de escuchar y lo recitó. La manera mecánica, casi matemática con que las estrofas fueron pronunciadas, las convirtió casi de manera inconsciente en algo serio y rígido, en un objeto de frío estudio que no tenía vida propia. Cuando terminó, miró a la profesora.

─ No pude comprender una sola palabra de lo que acabo de pronunciar. Sé que el poema se refiere al amor como sentimiento. El amor es el afecto que dos personas con determinada afinidad y atracción se tienen entre sí, por decirlo de una manera simple. El poema habla de la distancia, del final de la emoción y de la permanencia del sentimiento incluso aún después de que los lazos se hayan roto, al menos es lo más que puedo leer, pero la sensación que sé que intenta evocar en mí me elude por completo, porque es ilógica. Toda la emoción reflejasa en esas estrofas se basa en absurdos e irracionalidades. Si un amor termina, seguir pensando en él solo sería contraproducente y doloroso, ¿no? Lo más sencillo sería olvidarlo y seguir de largo. Es lo que yo haría. Sin dudarlo.

Negó suavemente con la cabeza.

─ Una de las reglas básicas al escribir es hacerlo de lo que se domina. Un hombre que ha sido contador durante toda su vida nunca sería capaz de escribir una novela sobre alpinismo, puesto que no sabe ni lo primero que hay que conocer sobre el tema. El resultado sería ridículo y mediocre. Así mismo, yo no podría escribir sobre un sentimiento que me es desconocido. Creo –agregó, ladeando un poco la cabeza- que un poema en extremo emocional está fuera de mis posibilidades. Pero un poema es sentimiento, pasión, emoción, eso es lo poco que sé. Yo no tengo nada que me haga sentir así.

Su mirada descendió de nuevo a la nada mientras buscaba en su interior.

─ Vivo una vida simple. No me gustaban las emociones fuertes, los problemas, los cambios en la rutina, las sorpresas ni lo inesperado. Me gusta estar tranquilo, disfrutar de la tranquilidad que la monotonía y la relajación me proporcionaban, no pensar demasiado y esforzarme solo lo necesario. Nunca siento con intensidad. Nada me importaba lo suficiente como para provocar ese efecto. Incluso mis pasatiempos solo están ahí para ser disfrutados con leve regocijo. A la hora de tocar el piano lo hago de manera mecánica, como…

Tanaka hizo una breve pausa mientras escuchaba sus propias palabras. Descubrió que estaba hablando con demasiada generalidad. Se corrigió.

─ No, a veces sí siento cosas, como al interpretar Clair de lune, de Debussy, o al contemplar una escena en que un personaje al que he seguido durante centenares y miles de páginas muere. No soy un robot sin emociones, pero son cosas construidas, fabricadas para provocar una reacción en mí por alguien que entiende la sensación que intenta inducir y sabe qué la provoca. Yo no sería capaz de hacer otro tanto.  Tendría que hablar de algo que me haga sentir y que conozca a la perfección, y me temo que…

Suspiró. La mano que aferraba el boli buscó el papel y se sostuvo sobre él. Dame cualquier cosa, cualquier cosa que signifique algo para mí, que me haga sentir algo.

Pero nada acudió en su ayuda. No era capaz de invocar una sola idea, una sola imagen que fuera prometedora. Estaba buscando una sensación memorable que evocara en él una emoción, y todo lo que acudía era un vacío  tan terrible como el blanco del mismo papel que enfrentaba.

Soltó el bolígrafo. Con tranquilidad.

─ Yo… -Su voz titubeo. Por primera vez, Tanaka acababa de darse cuenta de que, durante toda su vida, muy pocas cosas le habían hecho sentir algo. Y no podía invocar ninguno de aquellos momentos porque su mente, al no considerarlos importantes, no se había molestado en recordarlos. Su mirada se volvió a la profesora. Sus ojos estaban abiertos, y por una vez parecía haber algo de vida en ellos- … no tengo la menor idea de qué escribir. No hay nada. Absolutamente nada.


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Re: Componiendo rimas // Priv. Rowena Edelweiss

Mensaje por Alice Donakis el Vie Mayo 25, 2018 10:41 pm

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