Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Diciembre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Rowena Edelweiss el Miér Mar 07, 2018 2:46 pm

Rowena o Wen-sensei, como solían referirse a ella sus queridos estudiantes, se encontraba en la sala de profesores rodeada por una pequeña muralla de libros y papeles varios entre los que se encontraban un portátil y una tablet. Para la mayoría, aquello era un caos, sin orden ni concierto, una locura de papeles, cachivaches tecnológicos, libros y un sin fin de subrayadores de colores y marca páginas adhesivos para clasificar y separar esos papeles. Para Rowena aquello tenía sentido, bueno, no totalmente, cierto era que en más de una ocasión se la podía ver moviendo cosas de un lado a otro, levantándolas con impaciencia, buscando algo que a saber donde había acabado. Pero la mayoría de las veces todo parecía estar a su alcance, en el lugar donde debía estar, aunque pareciera imposible.

Por todos sus compañeros era bien sabido que cuando la dragona desplegaba semejante fortificación de papel y libros, era porque tenía planeado quedarse más allá de su horario laboral. Aquel día, incluso, había llegado a sacar unas gafas para evitar que se le cansara la vista ya que la esperaban unas cuantas horas frente a la pantalla del ordenador. Las pocas veces que sus compañeros la habían preguntado por qué no se iba a casa para terminarlo más cómodamente, siempre contestaba que allí se distraía menos, algunos se lo tomaban a broma, pues parecían palabras propias de los estudiantes y no de profesores, más era exactamente como había dicho. Ella misma no creía ser muy diferente a sus alumnos en muchos aspectos, quizá ese era uno de los motivos por los que lograba empatizar con ellos más que otros docentes.

Pero, a pesar de sus esfuerzos por centrarse, alguna veces se la podía sorprender mirando al infinito por la ventana, con una aire de felíz ausencia en su mirada, como si anduviera vagando por un agradable ensueño. Cuando se percataba, se congelaba su expresión un momento, entonces meneaba la cabeza y volvía a clavar la vista en el portátil, intentando recordar donde lo había dejado antes de abstraerse.

Por desgracia, una simple ventana abierta no era su única tentación, también lo era el libro electrónico que sabía que llevaba en el bolso, el simple hecho de tener conexión a internet e incluso algunos de los libros que ella misma había mandado como lectura a sus alumnos y que estaban amontonados junto a ella. La única leve distracción que podía permitirse eran sus auriculares y la música.

Tras haber excedido por casi dos horas su horario habitual, se quitó las gafas, y con los codos apoyados en el borde de la mesa comenzó a frotarse los ojos con los dedos. Se sentía cansada, y empezaba a dolerle la cabeza, pero quería acabar de corregir todos los trabajos ese mismo día para poder entregar las evaluaciones cualitativas cuanto antes. Sí, cualitativas, pues Rowena no se limitaba a garabatear un número en los trabajos que nunca se sabía muy bien de donde había salido y ya está, si no que al final de cada uno añadía una serie de observaciones, indicando cuales habían sido los puntos fuertes del trabajo y otro apartado indicando que es lo que aún podría mejorarse. Obviamente, este método didáctico exigía invertir grandes cantidades de tiempo, y aún más cuando la mayor parte de sus asignaturas se basaban en eso, en la realización de trabajos prácticos.

Hacía más de una hora que se había quedado completamente sola en la sala, y el sol ya comenzaba a declinar en el horizonte, tiñendo el cielo de llameantes naranjas y tenues violetas que precedían al crepúsculo. Se comenzó a masajear las sienes y puso una pierna bajo su cuerpo, sentándose sobre ella. Hacía ya tiempo que sus zapatos negros habían abandonado sus pies y había sido olvidados bajo la silla y comenzaba a molestarle la negra falda, ceñida a la cintura y caderas siguiendo las normas de estilo de una época lejana. Se desabotonó un par de botones del cuello de inmaculada camisa blanca que llevaba, con el dobladillo metido dentro de la falda y las mangas remangadas hasta los codos para no mancharse. Cruzó los brazos sobre la mesa y suspiró, dejando la gafas a un lado, de verdad que empezaba a martillearle un dolor sordo en la cabeza, así que decidió cerrar los ojos unos momentos para ver si lo conseguía calmar y después...iría a por café. Esos momentos la llevaron a dormirse y por desgracia no era la primera vez que la pasaba.
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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Eilen Shinsei el Miér Mar 07, 2018 10:03 pm

Ese día había tenido varias clases que dar, dos de historia y otra de psicología. Los alumnos parecían interesarse en los temas, aunque muy probablemente se deba a la facilidad con la que otorgo la información, y de esa forma tan característica y amable con la que me desenvuelvo ante ellos. Los temas que tocarían en un futuro eran complejos y más difíciles de entender, por lo que no deseaba saturarlos desde un principio, solo lo fundamental y más divertido al comienzo, para animarles. Me sorprendían para bien pues no me era necesario demasiado trabajo, algunos investigaban por su cuenta, otros atendían bastante en el aula, comprendiendo el tema en su casi totalidad.
 
Caminaba por los pasillos tranquilamente, pensando en mis cosas mientras me dirigía a la sala de profesores. “¿Abre terminado todas mis anotaciones?”, intente hacer memoria, eran papeles importantes por lo que deduje que ya las había completado, además de las notas y trabajos futuros de los alumnos. Largue un suave suspiro, era como si todo aquello que había pasado para llegar hasta allí no hubiese ocurrido jamás, necesitaba un poco de calma y la estaba teniendo en ese lugar, en ese trabajo.
 
Pude ver gracias a las ventanas del instituto y a su gran exposición al aire libre, que el sol estaba cayendo y que aquel color tan extravagante en el cielo significaba la llegada de otro ser celeste en el cielo. Apure mi paso para llegar lo antes posible, sin parecer demasiado apurado pues no tenía ganas de sudar ni de parecer un demente. “Supongo que no siempre se tiene suerte”, me decía mientras recordaba que habían rechazado mi petición para poder poseer mis ropas habituales en mis horarios de trabajo, lo que era normal pero aun así me molestaba llevar un traje durante tanto tiempo. Era un traje negro elegante, casi no tenía manchas, mi corbata era roja con ciertas rayas grises y mi camisa era gris cuadriculada. A pesar de aquello aun poseía en mí los anillos dorados que tanto llamaban la atención. Las mangas del traje las tenia recogidas para que los dichos objetos tuviesen espacio, al mismo tiempo que el cuello de la vestimenta no estaba muy arriba para poder tener libremente los anillos en el.
 
Ya era demasiado tarde, me había tomado mi tiempo en la última aula para explicar con detenimiento a un alumno algo que no había logrado entender del todo. Por lo tanto no esperaba encontrarme a nadie en la sala de profesores, sin embargo y para mi sorpresa parecía no haber sido totalmente desalojada. “Hay muchas personas adictas al trabajo, supongo”, pensé mientras tomaba mis cosas y ordenaba otras en mi respectivo escritorio que, coincidentemente se encontraba al lado del puesto de trabajo de aquella mujer. No parecía estar despierta, y me producía mucha gracia el hecho de haberse quedado dormida mientras hacia su trabajo. Después de reír levemente, no vi mucho de lo que hacía, pero parecía estar revisando trabajos de alumnos y demás cantidad de cosas que rodeaban su escritorio. “Lengua y Literatura”, logre leer, y de un momento para otro me acorde de uno de los nuevos profesores que habían ingresado al instituto.
 
Sonreí ante aquella imagen y me fui directo a por un café, aun con mi traje puesto no tarde ni 2 minutos en ir y volver con dicha bebida en mano. Aparte unos cuentos libros del camino y coloque el café con delicadeza en el escritorio de la mujer albina, me agradaba ese espíritu de trabajo y compromiso. Sin dudarlo ni un segundo apoye mi mano levemente en su hombro y la moví un poco, al mismo tiempo que la llamaba, no quería asustarla y despertarla de golpe por lo que mis palabras eran lentas y tranquilizadoras, como acostumbraba a sonar mi voz cuando estaba calmado.
 
-Has hecho un buen trabajo, pero no creo que sea bueno dormir en estas sillas, son malas para la espalda- Señale lo ultimo mientras tocaba mi espalda con la otra mano, dando a entender mi experiencia en dichos muebles. –Estos chicos de hoy en día, con la internet ya no nos necesitan- Dije mientras reía entre dientes, en parte era cierto. Me gustaba la idea de conocer a mis compañeros de trabajo, era ideal y me parecía una buena idea, por lo que seguí intentando hablar. –Aunque aun me gustan mucho los libros a la antigua, hasta mis alumnos me apodaron “viejo”- No podía ocultar mi diversión ante las recuerdo, pues por supuesto yo no lo tomaba como un insulto sino más bien como un juego.
 
Tome asiento al lado de ella, en mi escritorio, y empecé a tomar mi propio café esperando que ella hiciese lo mismo. Aquella sustancia no era algo que me disgustara, tampoco me gustaba pero serbia bastante bien, mientras no abusase de ella. De cierta forma no la necesitaba, no era de cansarme mucho pero me gustaba pensar que aquello que tomaba me podría ayudar a aguantar un poco más en mi día a día de trabajo con tantos alumnos.


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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Rowena Edelweiss el Jue Mar 08, 2018 9:10 am

Aquella pequeña cabezada mitigó en gran medida aquel pulsante dolor de cabeza que se había instalado entre sus sienes. Aunque más que disminuir, había emigrado a sus lumbares y a sus omóplatos. Aquellas sillas no estaban pensadas para pasar demasiado tiempo en ellas, y aún menos para dormir. A pesar de las molestias, su mente se sentía tranquila, vagando en la agradable bruma del duermevela, ajena a todo lo que no fueran sus aleatorios e imaginativos pensamientos incontrolados sobre el libro que estaba escribiendo. Ni siquiera aquella débil vocecilla que intentaba recordarla que estaba allí para acabar de corregir los trabajos de sus estudiantes, pudo abrirse camino hasta su consciencia, ni turbarla.

Como cabía esperar, el sonido de la puerta de profesores al abrirse, fue otro estímulo que no encontró lugar en ella. Se sentía realmente cansada, por muchos motivos, y simplemente ansiaba desconectar un rato. No fue hasta que sintió el contacto de su compañero de trabajo en el hombro y su voz, que su dulce estado de duermevela comenzó a despejarse perezosamente. El sonido de aquella voz no le era del todo desconocida, a pesar de que no era capaz de ponerle un nombre, si que la había escuchado en alguna otra ocasión, aunque su entumecida mente, aún adormilada, no la permitía ir más allá de una vaga familiaridad.

Abrió los ojos, aunque no completamente. Parpadeó un par de veces y se incorporó pesadamente, dejando escapar un leve gemido cuando los doloridos músculos de su espalda se encontraron con el respaldo de aquel incómodo artilugio que por esos lares llaman "silla". Su visión aún estaba algo empeñada por el sueño y su expresión somnolienta y la lentitud de gestos y procesamiento evidenciaban su estado.

-Precisamente porque existe internet nos necesitan más de lo que piensan... Los jóvenes tienden a pensar que lo saben todo y que todo lo pueden sin apenas esfuerzo, y aún más ahora, que con solo teclear algo en un buscador ya tienen todas las respuestas que buscan. Los maestros están para recordarles que no lo saben todo de internet, hay que enseñarles ha seleccionar la información, métodos de búsqueda más eficientes y sobre todo, inculcarles un intenso espíritu crítico argumentativo, para que no se crean cualquier cosa que lean por ahí- lo había dicho sin pensarlo demasiado, con la lenta y serena inflexión de quien aún no está de plena consciencia en la realidad, pero con la apabullante seguridad de quien cree firmemente en cada palabras pronunciada- Y puedan valorar, no actuar como borregos.

Rowena miraba a Eilen sin verle, es decir, sabía que estaba allí, incluso le sostenía la mirada, pero a su mente consciente adormilada aún no había llegado la información necesaria como para relacionarlo con otros detalles importantes. Hasta que pasaron unos pocos segundos tras sus palabras, y entonces la certeza la golpeó como  si se tratase de un repentino jarro de agua helada en su psique. Claro que le resultaba familiar, trabaja justo en el escritorio contiguo, por no mencionar que habría sido difícil no reparar en él, incluso si no le tuviera al lado, debido a esos llamativos anillos dorados que lo adornaban.

-¡Ah!...-exclamó repentinamente abriendo mucho los ojos. Pues de pronto, toda la información llegó en avalancha a su mente al cerciorarse de que efectivamente- ¡Me he dormido!- susurró con evidente estupor al descubrir lo evidente.

Inmediatamente después se encendieron sus mejillas, azorada por haber sido descubierta  durmiendo por un compañero. Normalmente se despertaba por si sola, o la daban un toque los de la limpieza, pero nunca la había sorprendido otro profesor. Su semblante era el espejo de sus emociones en aquel momento, pero el rubor no tardó en atenuarse, al fin y al cabo ya no podía cambiar lo que había ocurrido y no parecía haberla juzgado por haberse dormido, así que apartó esos pensamientos y se puso a repasar la que acababa de decirle sobre internet hacía un rato ,"No he dicho ninguna estupidez. Bien", y exhaló un leve suspiro de alivio. Entonces se percató que llevaba un rato sin decir nada.

-¿Es para mí?- preguntó desviando la mirada del café para volver a mirarlo a él, cruzando su mirada con la suya. Parecía evidente que sí, teniendo en cuenta que él tenía otro y el vaso estaba junto a ella- ¡Muchas gracias!-agradeció con una sonrisa.

Tras dar un pequeño sorbo, su expresión resultó casi como un libro abierto a sus pensamientos "¿A esto le llaman café? que desfachatez" frunció ligeramente el ceño, mirando el contenido del vaso, pero al final este se suavizó "Bueno, cumple su función" y dio un largo trago al notar que empezaba a espabilarse.

-Lamento no haberme presentado adecuadamente...Es que yo cuando me despierto no se pensar hasta pasado un rato...-confesó. "¿Por qué estoy diciendo todo esto?" meneó ligeramente la cabeza en un intento de centrarse- Me llamo Rowena, Rowena Edelweiss, es un placer...¿Cómo debería referirme a ti?- se presentó ahora completamente despierta y con los pensamientos en orden y cruzó los dedos porque no le hubiera dicho nunca su nombre y no estuviera siendo capaz de recordarlo- Y no hay nada más inspirándose que un libro antiguo. Los formatos electrónicos son prácticos...pero no tienen la magia que entraña tener el libro físico.

Dicho aquello, dejó el café donde lo había encontrado, y cogió el primer libro de una de las pilas cercanas. Solo con verlo se podía deducir sin lugar a dudas que era antiguo, como atestiguaba el aspecto amarillento del papel, el olor, el tipo de imprenta etc. Se lo tendió para que lo viera.

-Es la primera edición de Fausto de 1807, primera parte. Es de mis favoritos.- declaró. Y es que cuando se mencionaba la palabra libro, en una conversación, Rowena siempre tenía que decir mucho al respecto.

En una de las primeras páginas había una dedicatoria firmada del autor, en alemán por supuesto, como el resto del libro. Aprovechó para contemplar con detenimiento a su compañero. Su primera impresión fue que se trataba de un hombre afable, tranquilo y amable, el gesto del café había sido un detalle encantador y de él emanaba una intensa calma.
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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Eilen Shinsei el Vie Mar 09, 2018 11:26 am

Vaya que ha tenido una gran siesta”, pensé al percatarme de su forma de moverse y hablar, esperaba que no la haya despertado de un buen sueño. Aunque lo que había dicho era cierto, ese lugar no era bueno para dormir y mucho menos esas sillas tan incomodas para estar tanto tiempo. En cierto modo me hizo bastante gracia su comportamiento, era tierno y a la vez cómico. Solo podía sonreír mientras la escuchaba hablar y al mismo tiempo tomaba unos sorbos del café que había traído para los dos, pero sentía que al mismo le faltaba algo, probablemente por mi falta de experiencia en prepararlos.
 
Era muy bueno captando rostros, muecas o expresiones del rostro que reflejasen comportamientos o pensamientos de la mente del propietario de dicho rostro. Lo había hecho durante siglos y aunque fuese cierto, no me era necesaria esa experiencia para poder denotar la sospechosa mueca de la profesora al tomar el café. “Rayos”, me dije mientras seguía mirándola con detenimiento, pero no durante mucho tiempo pues no me parecía correcto, al menos no sin hablar. “¿Abre puesto algo que no debería o será que le falto algo?”, me preguntaba al verla tomar del café, ciertamente no era de los mejores, en el comedor hacían uno mil veces mejor pero tampoco estaba tan mal, era pasable.
 
-Soy malo haciendo café, ¿verdad?- Me reía de mi propia incompetencia al hacer algo que muchos sabían hacer bien. –Aunque admito que cada vez voy aprendiendo más- Dije con una sonrisa digna de alguien feliz por haber fallado, algo común en mi.
 
Claro, Rowena Edelweiss, es una de las nuevas profesoras”, había recordado, si bien debería haberlo sabido por que se sentaba al lado de mí, yo no era mucho de ir a la sala de profesores. Eh ido en varias ocasiones pero de forma momentánea y no eh sido capaz de darme cuenta de la presencia de aquella mujer. “Seguramente sea algo que deba cambiar”, pensé en un momento, sería un problema que alguien me conociese y yo no a él, parecería irrespetuoso y no quería serlo. Sin embargo en este caso ya había escuchado el nombre de la profesora Rowena con anterioridad, da clases en mis mismas aulas y los alumnos suelen contarme cosas, como experiencias con otros profesores y me divertía bastante escucharlos. “Profesora de Lengua y Literatura”, hice memoria, mientras le seguía sonriendo.
 
-Eilen Shinsei, el placer es mio Rowena- Me presente inclinando la cabeza un poco hacia adelante, siguiendo esa manía de los residentes de ese país para saludar con respeto. –Ese es…- Murmure al ver el libro que de pronto había tomado de aquel desordenado escritorio.
 
Al principio me pareció conocido, pero al haber tantos libros en el mundo era sencillo encontrar portadas similares a otros y confundirse. Sin embargo la mujer al presentármelo aclaro la duda que tenia y en mi rostro apareció una sonrisa amplia, como si me hubiese topado con algo conocido, y vaya que era conocido. “Fausto”, repetí en mi mente, era una historia que me había fascinado, y junto al libro, también volvían recuerdos de aquella época cuando salió. Fue un día bastante animado cuando conocí a su escritor, realmente en esa época no me hubiera imaginado la importancia y fama que obtendría dicho libro. “¿Cuántos años han pasado?”, mucho fueron los minutos que transcurrieron desde ese entonces, y era bello y hasta poético como aquel hombre seguía viviendo, en las memorias de las personas gracias a sus obras.
 
-Como olvidarla- Mencione tomando el libro con ambas manos. –Cuando lo conocí no tuve duda alguna de que él fue el escritor de esto- El tono de mis palabras eran calmadas y sin pausas, tranquilo como el viento pero con aire de nostalgia. En mi mirada se denotaba una sonrisa diferente a las demás, esta transmitía más que felicidad, mostraba un recuerdo del pasado, de un lejano pasado. –Las Afinidades Electivas lanzada en el 1809 también me gusto bastante, me servían como esquema para estudiar la psicología de forma indirecta- Empecé a divagar, mientras no apartaba la mirada de aquel libro.
 
De pronto deje el libro en mi escritorio y volví a ver a Rowena directamente, sin nada más que decir, solo una sonrisa que plasmaba mi felicidad del momento. Fue entonces cuando me pregunte, “¿Cuánto tiempo había vivido?”, y había sido mucho, los cuerpos esqueléticos de algunos humanos a los que conocí son ahora cenizas, no son más que polvo que ahora le pertenece a la naturaleza misma. Sabia de primera persona que ese tiempo me había otorgado experiencia, al menos la suficiente como para poder ser realmente feliz y poder demostrarlo. “-Por más que tu sonrisa sea falsa o no, por más que tus sentimientos hayan sido en vano o no, por más que en tu interior te sientas vivo o muerto. A veces la felicidad puede ser contagiosa, como un virus que se propaga-“, en mi cabeza retumbaron esas palabras, no quería tener en mente recuerdos melancólicos o tristes, por lo que con una sonrisa dedicada volvi a entablar conversación con esa mujer, en esa habitación donde ultimo rayos de sol entraban.
 
-Tus alumnos tienen suerte de tenerte como profesora- Dije señalando con la vista el obvio esfuerzo que dedicaba a su trabajo que demostraba ese escritorio suyo. –Yo intento que mis clases sean divertidas e interactivas, para que el alumno se interese del tema… La historia suele ser aburrido para muchos de ellos, por suerte la psicología les atrae más de lo que creí- Dije suspirando, pero no por cansancio, más bien por alivio. El trabajo iba siendo más sencillo y no tan monótono como pensé que sería desde un principio. –Uno de ellos se acerco a mí al final de la clase y me pregunto cosas que no entendía de la historia, me explico que su hermana mayor era historiadora y que por eso se fue de viaje hace mucho tiempo, me comento que quería conocer más del tema que tiene tan atrapado a su hermana y que tal vez pueda encontrarla de nuevo y poder hablar sobre esos temas que tanto le gustan- Al principio también me sorprendió para bien, me encantaba escuchar sus sueños, metas y objetivos. Sin embargo me di cuenta de lo prolongado que había sido mi explicación. –Lo siento, suelo divagar- Me disculpe rascándome la cabeza mientras reía entre dientes.
 
De repente me gire para mi escritorio y empecé a investigar en el mismo, buscando algo. Cuando lo encontré no pude evitar sostener en mi rostro una sonrisa melancólica, y con la misma saque un libro tan antiguo como el que me había pasado Rowena. Era un libro que tomaba muchos conceptos del médico neurólogo Sigmund Freud. Sus teorías, avances, hipótesis, puntos de vistas, estaban escritos allí a sumo detalle y, al igual que la novela que la mujer me había pasado, este estaba autografiado por el mismo psicólogo pionero que hablaba el libro. Y se lo acerque con una mano extendida.

-Desde que inicie el estudio del inconsciente, me encontré a mi mismo muy interesante”- Cite una de las frases de aquel hombre, llamado como el padre del psicoanálisis. Mirando fijamente a esa profesora.


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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Rowena Edelweiss el Vie Mar 09, 2018 5:00 pm

Como no podía ser de otra manera, ese semblante suyo tan inoportunamente expresivo, volvió a jugarla una mala pasada. No quería despreciar el detalle que Eilen había tenido con ella y temía que se hubiera podido interpretar así su expresión.

-¡Oh! No,no... es decir...-su mente trabajaba a máxima velocidad en busca de algo que decir para arreglar aquella falta de consideración por su parte- Eeeh...- habría sido tonto negar que no le parecía un café maravilloso después de lo honesta que había sido su expresión por ella, así que optó por disculparse, juntando las palmas de las manos frente a sus labios, en un ademán de pedir disculpas muy típico de ella- Lo siento. Agradezco mucho el gesto, de verdad.- y tomó otro sorbo de café para reforzar sus palabras.

"Eilen..."
claro que había oido hablar de él. Primero, cuando el director la habló de sus compañeros, sobre todo aquellos que pertenecían a la misma casa que ella. Entornó los ojos durante unos segundos, concentrada, intentando recuperar los detalles de aquella conversación. Al final, encontró la respuesta en una serie de comentarios que habían hecho algunos de sus alumnos, acerca de los profesores de otras asignaturas... intentó recordar de que asignatura estaban hablando..."¡ah! Historia!", sintió alivio al acordarse, habría quedado muy desconsiderado por su parte que solo ella preguntara que clases impartía, y ya la había liado bastante con el asunto del café.

Rowena arqueó ligeramente las cejas cuando mencionó de pasada que había conocido a Goethe. Entonces la picó la curiosidad, siendo ambas viejas, viejísimas amigas, no fue raro que enseguida acudieran a su hiperactiva mente un puñado de preguntas, entre ellas, a que año se remontaría el nacimiento de Eilen, qué acontecimientos habría vivido, en cuales habría participado, a que clase de personajes habría conocido... Todas aquellas cuestiones se arremolinaban en su consciencia, pugnando por transformarse en palabras en su boca. Pero, a pesar de la intensidad de su apremiante curiosidad, la dejó de lado, al menos de momento. "Cada cosa a su tiempo", pensó. Por supuesto, también había leído el libro que mencionó, pero no hizo comentarios al respecto por lo revuelta que se encontraba su mente debido a la oleada de preguntas.

-No te preocupes, a mi me pasa mucho también. A veces mis alumnos me tienen que parar- aseguró ella- conmigo siéntete libre de divagar todo lo que quieras- aclaró con una alegre y comprensiva sonrisa de lo cual dimanaba completa sinceridad, e incluso gusto por escucharle divagar a placer... la encantaba escuchar cuando los demás simplemente se perdían en sus pensamientos. - Las historias más auténticas son esas que contamos sin pensarlas.-añadió con una sonrisa.- Se nota que quieres mucho a tus alumnos- y no era algo que se apreciase solo en sus palabras, si no también en el tono de su voz y en las emociones que podían percibirse en ella.

Le llamó la atención que Eilen tendía a sonreír mucho, y desde luego no era un pensamiento crítico, le parecía un gesto encantador, realmente parecía emanar felicidad de aquel gesto. Aún así, había algo... algo que la costaba definir y que la resultaba familiar, íntimamente familiar...

-"Lástima que siempre se deba tener la boca cosida sobre lo que hay en lo más íntimo"- añadió ella, finalizando la cita y devolviendole una larga y profunda mirada acompañada de una sonrisa a juego.

Alargó los brazos para tomar el libro que la ofrecía. Una vez entre sus dedos lo colocó delicadamente sobre su regazo frente a él y deslizó las yemas por la cubierta con tal cuidado que parecía como si temiese que fuese a deshacerse bajo su tacto. Al abrirlo vió la firma del autor.

-¿Le conociste en persona?
- preguntó con un deje de emoción en la voz- Yo no llegué a conocerlo-ahora sonaba un tanto apenada.

Volvió a bajar la mirada al libro y empezó a ojear sus páginas. Sus pupilas se movían velozmente sobre ellas, con la rapidez que cabía esperar en una lectora veterana y una laboriosa y entregada docente.

-El que resaltase la importancia de la introspección fue bastante novedoso, y controvertido...-pasó otra página y se dedicó a leer algo que la había llamado la atención durante unos segundos- La verdad es que, personalmente, y a pesar de que considero la instrospección como algo vital para los seres humanos, seres sobrenaturales incluidos- se apresuró a añadir sin aún alzar aún la mirada- pienso que Freud no podía estar más acertado con su afirmación. La sociedad que hemos creado asfixia la individualidad de cada uno en cuanto transgrede lo esperado, lo considerado correcto o normal.- su voz se tornó más emotiva, de ella se desprendían fragmentos de melancolía y tristeza que provenían de al propia experiencia personal, como atestiguó el tenue brillo en su mirada cuando, finalmente se decidió- Nos dicen que compartamos, pero cuando lo hacemos somos atacados, despreciados y obligados a cambiar, a destruirnos. Supongo que por eso todos acabamos escondiendo muchas cosas, incluso de nosotros mismos, porque si las ignoramos no sufriremos en silencio por no poder compartirlas- se hacía difícil determinar si ella pertenecía al grupo que prefería ignorarse así mismo o era plenamente consciente y se las guardaba profundamente.- "La sociedad parece estár hecha para hacer que las cosas que deberían ser fáciles, sean dificiles"- dijo de pronto, para quitar hierro a lo dicho y disimular las emociones que hubiera podido expresar en exceso. Se había citado a ella misma, a través de las palabras dichas por uno de los personajes de su última saga de libros.

Rowena no era plenamente consciente de cuan evidentes podían ser sus sentimientos cuando se expresaba, incluso cuando intentaba activamente ocultarlos. Por eso, no solía entablar conversaciones profundas con nadie en quien no confiase, e incluso en tales casos solía retraerse. Incluso con Eilen lo intentaba, con mayor o menor tasa de acierto, pero le resultaba extrañamente complicado, probablemente por el aura de calma que le envolvía, junto al efecto de aquella sonrisa tan particular que parecía habitual en él. Era como si de verdad le produjera felicidad en simple hecho de estár vivo.

-Creo que tengo que darte las gracias por haber conseguido que mis estudiantes... bueno, nuestros estudiantes,- añadió guiñándole un ojo- estén tan versados en historia. Les ayuda mucho a la hora de situar el contexto histórico de las obras que estudian- hizo una ligera pero solemne reverencia, sin levantarse de la silla, un tanto teatral para darle un aire divertido y restar exceso de formalidad. Rió levemente al incorporarse y se acomodó mejor la falda al cruzarse de piernas- Yo intento conectar lo que enseño con otras asignaturas, y sin duda alguna, la historia y la psicología son fundamentales, pues ¿que es un libro si no un reflejo de lo que sus autores piensan y sienten y un producto del contexto en que se dan?- su mirada se encontró con la suya.

En la de Rowena, limpia, libre de máscara alguna, se apreciaba la intensa pasión que sentía por los libros, y por los pequeños mundos que atesoraban, al igual que el sentido tono de su voz.

- Hago mucho hincapié en la importancia de investigar los transfondos y la biografías de los autores, pues son fundamentales para poder comprender mejor las obras que escribieron, el por qué son como son... Intento enseñarles a pensar de forma crítica pero sabiendo analizar y argumentar con cabeza, y no simplemente de forma visceral sin ningún sentido.-otra pequeña pausa en que desvió un instante la mirada y se dió unos golpecitos con un dedo en los labios -Supongo que mi mayor pretensión es hacerles sentir la misma pasión que siento yo cuando leo. Porque si esas obras hoy en día siguen vivas es gracias a que pueden vivir a través de la imaginación y la ilusión de quienes las leen y saben valorarlas- dijo con un deje soñador en la mirada y en la voz- Si consigo hacerles sentir eso aunque solo sea un poquito, creeré que estoy haciendo un buen trabajo- dejó caer con una jovial sonrisa al final. No la importó demostrar sus emociones en esa ocasión, pues no había nada que la fascinase más que la escritura.

Miró a Eilen con detenimiento, analizandole con minucioso cuidado. No sabía como decirlo, pero se sentía extrañamente cómoda en su compañía, algo considerablemente relevante teniendo en cuenta la tendencia que tenía al aislamiento.
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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Eilen Shinsei el Sáb Mar 10, 2018 10:41 pm

-Pues entonces no me contendré- Guiñe el ojo con una sonrisa, si estaba bien conque divagara entonces aprovecharía. –Entonces tú también siéntete libre de ser sincera conmigo- Pedí con sincera paciencia.
 
El ambiente era tranquilizador, no había mucho ruido, el viento y la luz eran tenues, no hacía mucho calor y la conversación iba despacio. Respiraba con calma, me sentía realmente bien en esa situación y las palabras de Rowena ayudaban bastante. Me hacían reír sus palabras y me provocaba felicidad ese entendimiento hacia mis acciones, que en varias ocasiones habían sido tomadas como raras o innecesarias. Era realmente entretenido y no quería que terminase pronto, al fin y al cabo aun faltaban varias horas para el anochecer y esa mujer no parecía tener las intenciones de dejar la conversación.
 
Cuando escuche su pregunta acerca de si conocí a Freud me hizo recordar que en ese instituto se hallaban tanto humanos como seres sobrenaturales, y como era de esperarse era incapaz de adivinar con certeza que era profesora. Sin embargo esas palabras que había dicho desilusionada, sobre el no poder conocer en persona a uno de los psicólogos más conocidos, me hizo sospechar que posiblemente se tratase de un ser longevo. “No había tenido la oportunidad de congeniar en una conversación con otro ser que haya vivido tanto como yo, al menos no tanto como quisiera”, se me vino a la mente, siempre había pensado y soñado con saber las experiencias y pensamientos de otro como yo, ya no tan solo ser alguien longevo, si no ser de mi misma especie. “¿Los dragones eran todos iguales?”, o preguntas similares rumbaban mis pensamientos cuando era más joven.
 
Al estar tan atento a las palabras de Rowena no pude evitar sonreír de par en par, con la más fascinante diversión y felicidad, a la par que una leve risa. Sus palabras me hacían recordar tanto al famoso medico neurológico, que era incapaz de reprimir mis emociones. Su comportamiento era tan animado, a pesar de haberse despertado hace nada, era amable y bondadosa, carismática y parecía guardar bastante experiencia en esa mente suya, al menos mas de la que parecía desde un principio. Sin embargo el punto más fuerte era el que me había ya comentado los alumnos, y era algo en lo que tenían razón.
 
-Tendrás que agradecerles a tus alumnos, algunos de ellos me dijeron que era muy fascinante escucharte hablar… Y tienen razón- Le dedique una delicada sonrisa mientras apoyaba mi cabeza en la palma de mi mano, al mismo tiempo que apoyaba mi codo en mi escritorio, aun viéndola a ella. –Le hubieras caído bien- Le di otro guiño mientras apuntaba con la mirada al libro que trataba sobre Freud. –Es la única copia en el mundo, no existe otro igual… La razón es porque yo lo escribí- Al terminar aquella frase solo la miraba detenidamente, como si estuviera esperando de forma indirecta, con aquellas palabras, una opinión sincera al respecto del mismo, al fin y al cabo todo apuntaba a que Rowena era una fan de los libros, al igual que yo.
 
Ese libro me había gustado mucho, pues contenía mucha información dada por el mismo Freud en persona, sin mencionar que portaba en si la ayuda de varios escritores famosos de la época. En el mismo se hallaba una frase que yo mismo había aprendido, pero que a pesar de pertenecer a mi mente, no compartía del todo ese pensamiento. “El tiempo lo cura todo, excepto el daño que provoca el propio tiempo”, era la ya mencionada frase. Su finalidad era ser poético, no compartía aquel punto de vista, al menos no del todo.
 
-Ese título posee mucha historia- Confesé con una mirada que recordaba el pasado. –Hugo Victor, Dumas Alexandre, Pardo Bazán Emilia… Escritores, periodistas, ensayistas, novelistas, dramaturgos, al encontrarme con ellos siempre aprendía algo, siempre pedia consejos para rellenar, completar, perfeccionar y estimular el contenido de este libro- Hice una pequeña pausa para ver a Rowena con una sonrisa picarona. –Este libro estuvo en las manos de tantas leyendas que me faltan dedos para contarlos- Me reí levemente a lo último, y era completamente cierto.
 
Sin embargo, entre las risas, entre los recuerdos, también llegaron las memorias que muchas personas tratarían de olvidar, de ocultar. Muy pocos lo sabían, de hecho nadie lo sabía, pero aquello que hacia sufrir a los demás era, y en efecto, la causa de mi constante alegría. Como amante de la psique fue algo que me intereso bastante descubrir. Recordar el dolor me hacía sentir vivo, lo suficiente como para recordar aquella promesa tan egoísta…demasiado egoísta. Pero a pesar de eso, no lograba conseguir quitar esa sonrisa de mis labios, aquel que lo viese no notaria felicidad, sino mas bien melancolía, y lo sabía muy bien por eso intente quitarla inmediatamente.
 
-La forma más bella de volverse inmortal- Decía con delicadeza, refiriéndome al hecho de la existencia de los libros y como los mismos vuelven inmortales a los que lo escribieron. –Cuando vives tanto tiempo, logras vislumbrar muchas cosas, cosas que muchos ignoran- No trataba de ser poético, ni melancólico, ni nada similar. Simplemente, en ocasiones, parecía como si mi propia edad hablase, se diera carta de presencia en mis palabras. –Es lo que representa ese libro, el tiempo mismo, en sus palabras… Hechas de una forma tal que solo yo puedo comprender, al fin y al cabo yo lo escribí- Remarque, esta vez con una sonrisa renovada, con más fuerza y emoción. –Lo siento, sonó triste y todo- Reí avergonzado, el demostrar melancolía y tristeza era totalmente lo contrario a lo que buscaba enfocar a los que me rodeaban. –Cambiando de tema… También le hubieras caído bien a Isaac- Reí casi como reflejo al imaginármelos en una conversación. –A pesar de sus problemas socializando…y demás- Termine murmurando con cierto tono humorístico, riéndome de mis propias palabras con suavidad, sin forzar mucho la voz.
 
Tome el ultimo sorbo del café y lo deje en el escritorio, sin embargo mientras ordenaba algunos papeles recordé que en el libro que estaba hojeando Rowena, se encontraba una foto, una fotografía antigua hecha en la que me encontraba junto a Freud. Era tan antigua que los bordes ya se iban desintegrando, sin embargo aun podía verse su contenido. Una sonrisa traviesa cubrió mi rostro, esperando expectante al momento en que ella la encontrase entre sus páginas.


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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Rowena Edelweiss el Dom Mar 11, 2018 7:25 pm

Eilen parecía escucharla prestándola toda su atención, no parecía ser como ella, que a veces se le iba la cabeza. Además, era muy expresivo, pero también parecía un tipo de expresividad distinta a la suya. A lo mejor él tenía un mejor control de la suya, a lo mejor podía controlarse y esconder cosas cuando no quería dar a conocer algún sentimiento, mientras que ella tenía una capacidad bastante pobre en ese aspecto. Como fuera, seguía resultando muy agradable que alguien la escuchase por el simple hecho de querer hacerlo, con esa sonrisa tan franca y natural. Sus alumnos también la escuchaban, claro, pero a ellos casi no les quedaba más remedio, y la mayor parte del tiempo restante no solía hablar con nadie, y si lo hacía solían ser temas superfluos que no llamaban su atención. él podía haberse marchado hacía rato, pero no lo hizo, incluso cuando demostró su disgusto hacia el café que él mismo había preparado… Eso era algo que valoraba y agradecía mucho.

-¿Eh?...-no esperaba que sus alumnos hablasen así de ella con otro profesor, y menos aún que ese mismo profesor fuera a ser tan directo con ella y decírselo. No se lo esperaba, y ese avergonzado estupor se reflejó en su rostro ligeramente ruborizado y en la forma en que le miró después de soltar algo así- No será para tanto… pero gracias-comentó quitando importancia al asunto para poder aliviar su propio azoramiento.

Entonces se le vino a la mente una situación relativamente habitual entre algunas alumnas del grupo que compartía con Eilen.

-Pues a mi también me han hablado de ti… sobre todo, las chicas- dicho aquello hizo una breve imitación de lo que solían decir las chicas sobre él- Es que Eilen-sensei es tan guapo y habla tan bien…- puso ese tono agudo y emocionado que solían usar las jovencitas sobre emocionadas y tomó su propio rostro entre sus manos con los ojos brillantes- sabe tantas cosas y tiene una sonrisa tan genial...- decidió obviar el gritito estridente que les gustaba soltar al final de alguna ensoñación algo subida de tono y su expresión volvió a normalizarse, incluso dejó escapar una franca risita ante lo que acababa de hacer- bueno, algo así...

Esa pequeña nota de humor la relajó un poco, y no es que nunca la hubieran dedicado un cumplido, pero le costaba encajarlos con normalidad, sobre todo cuando se los esperaba. Siguió ojeando el libro, y a pesar de que no había estudiado en profundidad la obra de Freud, sabía lo suficiente como para darse cuenta de que ahí había análisis y detalles que no había visto en los libros del susodicho, ni en los de otros. Quizás otros no lo podían notar, pero se podía percibir la mente de un ser que había vivido mucho, mucho más de lo normal, pero no cualquier ser… pues sentía como si tuviera ciertos puntos en común con su propia forma de pensar que estaban vinculados a algo más que el simple hecho de ser capaces de vivir mucho tiempo.

-¿Qué?- podía volver a apreciarse la conmocionada sorpresa en su voz y su semblante. Le miró fijamente unos instantes- Pues… incluso sin haberlo leído completo, se nota que ha llevado mucho tiempo y mucho trabajo… hay un muchos detalles relacionados con el psicoanálisis freudiano que no salen en sus publicaciones, y algunos enfoques que aún si quiera se han planteado. Es muy bueno…¿Por qué no lo publicas?- en cuanto pronunció aquellas palabras, supo que debía haberlas pensado mejor antes de decirlas.

Se quedó en silencio, le sostuvo la mirada y volvió a bajar la mirada a las páginas abiertas frente a ella en su regazo, con gesto meditabundo. Había cosas que realmente uno no hacía para que las vieran los demás, o empezaban con esa intención y al final las cosas cambiaban. Seguramente tendría sus motivos para no haberlo hecho ya, quizá no estuviera acabada incluso… Era difícil saberlo, pero también era un tema personal, así que lo dejó correr y volvió a mirarle con una agradable sonrisa.  

-Sí, se nota, ya decía yo que había algunas cosillas que me resultaban familiares…-dejó caer  cuando mencionó que el libro había pasado por el juicio de muchos escritores y demás personajes destacados de diversas épocas.- Yo también tengo alguna que otra aportación de ciertos escritores en algunos de mis libros... son muy útiles- dijo con una sonrisa.

Mientras hablaba, Rowena no le quitaba los ojos de encima, en parte porque cuando algo la interesaba centraba toda su atención en su interlocutor, y por otro lado, porque percibía algo muy familiar en Eilen… Durante aquel inocente escrutinio, por unos instantes, percibió un levísimo atisbo de melancolía en una sonrisa que ya no parecía ni tan felíz ni tan despreocupada. Tenía algo roto en su interior, como todos, pero el dolor de un ser longevo era distinto. Los humanos, por ejemplo, contaban con poco tiempo sobre la tierra, a sus ojos, apenas un suspiro, vivían intensamente y pasado poco tiempo, morían… no tenían las preocupaciones ni las cargas de otras razas, porque sencillamente, su psique no necesitaba evolucionar más allá. “Cuando algo se rompe, nada vuelve a ser lo mismo… ni siquiera la redención o el perdón o el tiempo pueden hacer desaparecer ciertas cosas”. Al pensar esto, se percató de que a lo mejor le estaba mirando de forma demasiado intensa asi que meneó ligeramente la cabeza, y volvió a mirar el libro. No había podido evitar sentirse identificada con aquella fugaz expresión.

A sus siguientes palabras no respondió de inmediato, solo le miró con un brillo en la mirada que daba a entender que no le era ajeno nada de lo que estaba diciendo.

-Bueno… tu pareces haber vislumbrado cosas que muchos no…-dijo ella de forma un tanto misteriosa pero profunda- Y la verdad… a mi no se me antoja ajeno lo que escribes Eilen, es decir, solo lo he ojeado, es cierto, pero puedo hacerme una idea y la entiendo… Aunque me sorprende el título, ¿lo escogiste solo por estética o por que crees en ello?- preguntó con evidente curiosidad.

Entonces mencionó que ella podría haberle caído bien a Freud, lo cual la llevó a pensar en que ambos habían conocido a muchos hombres y mujeres reseñables, y sin embargo, nunca habían llegado a coincidir, hasta mucho tiempo después en una situación que nada tenía que ver con grandes personalidades ni talentos.

-¿Tú crees?-dijo con un deje de emoción en la voz- ¿Por qué lo dices?-preguntó un momento después con curiosidad y no pudo evitar mirarle un tanto sorprendida, ladeando el rostro, cuando empezó a reírse por alguna razón, ¿seguramente algo en lo que estaba pensando?.

Cuando él se giró para hacer lo que fuera en su escritorio, mil incógnitas acudieron nuevamente a la mente de la dragona. Tenía mucha curiosidad por saber cual era su raza, también por qué se había hecho profesor, y un largo etc. Pensó en que pregunta haría primero, cuando, al pasar una nueva página, algo se deslizó hacia abajo y captó su atención. Era una fotografía donde aparecían él y Freud. Abrió mucho los ojos y volvió a mirar a Eilen.


-¡Erais amigos! o bueno....En esta foto, al menos, pareceís muy amigos... ¿dónde os la hicieron?.- inquirió mientras estuadiaba atentamente la foto.

No esperaba tener tantas cosas en común con Eilen, ni que su sonrisa resultase tan contagiosa, ni que fuera tan amable y tan abierto, ni que escuchase con tanta atención y gusto, pero sin duda alguna, eran virtudes que conseguían que se sintiese cómoda con él y se mostrase un poco más tal cual era.
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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Eilen Shinsei el Lun Mar 12, 2018 6:51 pm

Una de las cosas que me gustaba ver en las personas eran sus reacciones, como actuaban ante tal situación, palabras o acciones. Era algo que me gustaba bastante analizar y percibir, sin embargo no lo hacía siempre, tampoco me parecía adecuado estar estudiando las acciones psicológicas de las personas a todo momento, sentía que violaba su privacidad. Pero en aquel momento ya había intimado lo suficiente con la profesora de literatura que no pude resistirme, incluso si lo hubiese hecho hubiese podido darme cuenta de sus expresiones. “Es mala ocultando sus reacciones”, pensé de inmediato cuando vi las muecas que ponía.
 
En parte era posible que aquello fuese algo que me causase ternura en ella, y me divertía bastante hablar con Rowena, daba ese encanto con su forma de actuar. Pero, y sin duda, no era la única razón. Había vivido tanto tiempo y nunca tuve la oportunidad de sentir algo semejante, como si conociera la esencia que aquella mujer emanaba, algo tan majestuoso como familiar. Se sentía tan bien estar a su lado, como si pudiera confiar en ella sin conocerla. “La Unión a través de la Sangre”, fue el titulo de un libro que había leído sobre los dragones, sobre un sentimiento mas allá, que unían a los dragones con los suyos. Sin embargo ese pensamiento fue bruscamente cortado por una inminente risa.
 
-Esas chicas...- Decía dificultoso mientras seguía riendo, me había parecido tan gracioso que ella dijese aquello y actuara con ese tono. –Gracias- Me limite a decir, sin embargo no especifique para que, aunque el tono y la sonrisa que use, decían lo tan agradecido que estaba por todo con ella, su sonrisa, su carácter, la diversión que me aporto. “Es una mujer hermosa”, pensé cuando me fije más detenidamente.
 
Al ver como parecía obviar sus propias palabras, decidí darle una amplia sonrisa como respuesta. “¿Por qué no publicarlo?”, era una buena pregunta, pero decidí dejarla pasar por el momento. Ella seguía hablando así que decidí seguir escuchándola atentamente, en ocasiones me gustaba pensar que mi presencia tan tranquila y apaciguada ayudaba al ambiente cuando hablaba con personas, y no dudaba de su efecto, aunque fuese malo o bueno. De un momento a otro mi mirada apuntaba al horizonte, pensativo pero al mismo tiempo atento, casi como si intentara vivir un recuerdo.
 
-“Había empezado a buscarte hace muchas vidas; poniendo mis ojos en esa sonrisa incomoda, llegue a donde estoy ahora. Incluso si perdieras todo y estuvieses disperso por los vientos, nunca perderé mi camino de nuevo, acabo de empezar a buscar de nuevo desde el paso 1…”- Citaba las palabras de una canción con cierto tono melódico y armonioso. –“Tarareando esta canción por tantos años como me pueda tomar”- Termine con un leve suspiro mientras sonreía, feliz. –No era por estética, pero tampoco creo en el por completo, al menos no era yo el que creía en ese título… Te hace pensar ¿verdad?- Solté una risa entre dientes al final, pero en mi interior me preguntaba ya cuanto tiempo había pasado desde la última vez que me habían dicho esa frase sobre el tiempo.
 
No era muy bueno cantando, simplemente no se me daba tan bien como los profesionales en ese arte, sin embargo con el tiempo pude armonizar mi voz para cantos cortos pero potentes. Con una voz no tan gruesa, delicada, inundada de tranquilidad, como la que me representaba. “Todo parece relacionarse al tiempo”, era lo que me decía mientras veía como todas esas frases tenían cosas en común, me enviaban al pasado, a un lugar tan lejano como antiguo. Pero ante todo eso, ante todo o que implicaba en mi mente como una guerra hecha de papeles y plumas, se encontraba un rostro lleno de paz.
 
-Bueno… Era una persona complicada, en muchos sentidos- Guiñe el ojo a la última palabra, riendo un poco. –Aunque no era mala persona- Agregue mientras veía directamente el cabello de Rowena mientras ella seguía hablando. –Fue hecha en el lugar de nacimiento de Freud, aun me acuerdo de ese día- Dije con un tono de melancolía, ese fue un bonito día.
 
Aquella conversación traía consigo muchos recuerdos de tiempos antiguos, de un pasado que no temía guardar, sino más bien lo recordaba con orgullo. Sin embargo ignoraba aquello para poder tomar toda mi atención a esa mujer, que me producía tanto interés y diversión al mismo tiempo. Fue entonces cuando me percate de los rayos que estaban desapareciendo en el horizonte, dejando un ambiente melancólico y hasta triste, pero yo ni mi compañera parecíamos emanar dichos sentimientos. Era un momento lleno de calma, sin muchos ruidos de fondo, ni de afuera. Como si el propio tiempo del lugar se hubiese detenido, y me reía de aquel pensamiento.
 
-Tienes un lindo cabello- Dije mientras tocaba mi coleta y la colocaba enfrente de mí pasándola por mi hombro izquierdo. –Si yo lo tengo suelto es un gran problema manejarlo después- Admití con una pequeña risa, aunque se notaba que mi cabello era aun más largo que el de Rowena y es que así me gustaba más, ese estilo era con el que estaba más cómodo.
 
Estuve unos segundos viendo a los ojos a la mujer mientras le sonreía, hasta que tome la silla y me moví con ella acercándome más a Rowena. Hasta que decidí volver a hablar, bajando más la voz, tranquilizándola aun mas si era posible, era bastante bueno en las palabras, el tono y sus formas, el tiempo me había enseñado eso.
 
-¿Puedo?- Pedí permiso mientras elevaba mi palma boca arriba, no buscaba ser brusco pues no quería arruinar el ambiente que se había logrado, además de que el cabello de la profesora me parecía bastante bonito. –Perdona mi atrevimiento- Me disculpe antes de hacer cualquier cosa además de sonreír algo avergonzado, pues no era habitual en mi estar en una situación como aquella, aunque aun así no podía negar que me estaba divirtiendo.


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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Rowena Edelweiss el Mar Mar 13, 2018 3:33 pm

Rowena se alegró de que su pequeño teatro hubiera tenido tan buena acogida. Incluso Eilen consiguió contagiarle un poco aquella risa tan alegre, provocando que ella dejase escapar una más suave y comedida. Al fin y al cabo era una broma para disfrute del profesor. Mientras se reía le observaba atenta y hasta en cierta medida, cautivada. Sus alumnas solían exagerar mucho, pero con Eilen creía que habían estado bastante acertadas, no solo en el físico, que sin duda era atractivo, incluso exótico debido al color de sus ojos y los anillos dorados con los que se adornaban, si no por la actitud que tenía, tan despreocupada pero tan atenta y serena al mismo tiempo. En lo que respectaba a Rowena, ella tenía la opinión de que su atractivo le venía dado por su personalidad, y que su físico era un añadido que alegraba a la vista… pero a ella lo que la cautivaba era lo que había más allá… ahí residía la esencia que a sus ojos convertía a alguien en hermoso, y Eilen se empezaba a dibujar en esa dirección.

Aquella palabra de agradecimiento la pilló de improviso, realmente no creía que hubiera nada que agradecerle pero igualmente se sintió complacida y halagada y se encogió de hombros levemente sin perder la sonrisa.

La forma que tenía Eilen de reirse, y el aura que desprendía, que tan cómoda la hacía sentir, la trajeron recuerdos de tiempos de un pasado muy muy lejano. Rememoró las risas que compartía con su hermana, la silenciosa pero agradable y comprensiva compañía de Chang cheng, uno de sus maestros en un monasterio de china que además era un dragón asiático, y la alegría de Ryutaro, el dragón rojo alocado que había conocido hacía pocos siglos. Todas aquellas sensaciones confluían en aquel momento, se repetían entonces… “¿Podría ser que Eilen fuera un dragón?, fue a preguntar, pero en cuanto separó los labios, él se puso a cantar.

Al principio le miró sorprendida, no se lo esperaba. Pero al final su expresión se fue suavizando hasta entornar los ojos en una muestra de extraña pero profunda comprensión, y no solo por la letra, si no por el aire un tanto melancólico que podía apreciarse en su voz y en su expresión. Parecía hablar de recuerdos, de esos que acaban anidando muy profundamente en la psique y en el corazón debido a que supusieron un punto de inflexión en la historia de la vida de cada cual. Eran recuerdos que encerraban sentimientos delicados y dolorosos, tanto, que parecía que solo pudieran bordearse para no hacerse daño a uno mismo, y tan frágiles y preciosos que no podían compartirse de golpe ni con cualquiera. Debían abordarse en círculos lentos, como si fueran animalillos heridos y asustadizos.

Cuando la asaltó el recuerdo de Uriel, bajó la cabeza, y con las manos aún sosteniendo el libro, se encogió de hombros ligeramente, cerrando los ojos… por que no quería que pudiera apreciarse con facilidad cuan profundos y delicados eran los recuerdos y las emociones que estaba experimentando. Aquel ángel había muerto felíz, con una sonrisa en los labios, para darle a ella una nueva oportunidad, es cuando decidió lo mismo que decía la canción “...nunca perderé mi camino de nuevo, acabo de empezar a buscar de nuevo desde el paso uno…”. Sintió como se le acumulaban las lágrimas detrás de los párpados, pero hizo un titánico esfuerzo por retenerlas y meneó la cabeza ligeramente, obligándose a conservar la compostura. Y volvió a mirarle con la cabeza ligeramente ladeada y un intenso brillo en la mirada de emoción y entusiasmo, y también, un poco de tristeza. No la gustaba reconocer que era más sensible de lo que estaba dispuesta a aceptar.

-¡Qué bonita canción! me resulta muy familiar… y es tan expresiva...me ha llegado- desvió la mirada hacia un lado y se quedó un instante pensando donde podía haberla oído, pero no era más que una forma de darse tiempo para serenarse, y que poco a poco, fuera mitigandose de sus ojos entrecerrados ese brillo acuoso tan emotivo. Al final, se encogió de hombros. No recordaba dónde la había oído ¿de una película quizá?- Como te oigan las chicas van a tener que añadir que Eilen-sensei canta tan taaan bien- dijo poniendo un tono de voz algo más dulzón de lo normal a modo de pequeña imitación, pero ella también pensaba así.

No obstante, esa pequeña nota de humor la ayudó a recuperarse un poco. Respiró hondo y así fue el suspiro que exhaló. Ya suponía que aquel título no debía ser entendido de forma literal, pocos eran los seres longevos que pensaban así, pues la experiencia les enseñaba otra cosa.

-Si… cuando has vivido siglos te hace pensar demasiadas cosas- sentenció ella con una pequeña sonrisa.

Cuando comenzó a hablarla de Freud, lamentó mucho no haber podido conocerlo, por estar persiguiendo a otros escritores… había demasiados, no daba a basto con todos. Además de que las personas consideradas peculiares por la sociedad, eran las que más llamaban su atención “...Cómo Lovecraft… bueno aunque era de peculiar siniestro e inestable” pensó, pero abandonó rápidamente esa línea de pensamiento para no empezar a divagar por su cuenta y perderse lo que decía Eilen. Le sonrió de forma cálida y empática cuando notó su melancolía hacia aquellos tiempos y devolvió la foto a su lugar. Entonces se produjo una pequeña ausencia de conversación, bajó la vista al libro y ...

-¿Eh?...- levantó la mirada algo desconcertada. No esperaba aquel cumplido sobre su cabello pero se sintió halagada y no logro disimularlo- ¡Gracias!- entonces pudo apreciar cuan largo lo tenía él, y de la sorpresa abrió un poco más de lo normal los ojos y se inclinó hacia delante- ¡Lo tienes larguísimo! No me extraña que no puedas soltartelo, seguro que se te llena de enredos enseguida, y si ya sufro yo para peinar el mío no quiero ni imaginarme el tuyo.-lo observó con atención- Pero lo tienes tan negro y lustroso… te queda muy bien- aseguró esbozando una agradable y alegre sonrisa.  

Entonces se hizo el silencio. Apenas se escuchaba algún que otro ruido amortiguado al otro lado de las ventanas cerradas, y todo el espacio estaba iluminado por la menguante luz del crepúsculo, cuajada de los naranjas, violáceos y dorados que lo caracterizaban. Se quedó mirándole a los ojos, sin saber muy bien qué hacer o qué decir, pero no se sintió incómoda por ello. Hasta que se acercó de forma imprevista, con la silla. La dragona parpadeó sin disimular una mirada de ligero asombro y curiosidad.

-¡Cl-claro que puedes!...-dijo invitándole a hacerlo al adelantarse ligeramente con la silla y echarse un poco hacia adelante. Además de que se lo había pedido de forma tan encantadora y educada que no veía ninguna razón para negarse- Toca lo que quieras- dos segundos después de decir eso, sintió como empezaban a subirsele los colores. Lo había dicho sin pensar, sin reparar en como podía interpretarse la frase… aún más teniendo un par de visibles atributos como los suyos.

La ardieron las mejillas, no de forma demasiado escandalosa, pero si visible y que dejaba claro lo azorada que estaba. Apartó la mirada de la suya y soltó una risita nerviosa.

-Lo siento… lo he dicho sin pensar. ¡Qué tonta!- volvió a reir. Era bueno reírse de uno mismo para liberar tensión. - ¿Puedo yo?-preguntó refiriéndose al de él.

Después de unos segundos empezó a reducirse aquel rubor en sus mejillas, y le permitió que le tocara el pelo lo que considerase. Se hizo el silencio, al menos ella, no sabía bien que decir, y no porque no tuviera cosas en mente, simplemente intentaba elegir la más adecuada para aquella situación.

-Gracias- dijo de pronto, sin apartar la mirada y con un ligero brillo de sentimental y sincero agradecimiento en la mirada- por compartir conmigo parte de tu historia- añadió pasados unos instantes, pues sabía que un gracias así, de pronto, podía no entenderse bien- Al fin y al cabo lo que nos define es la historia que nos contamos a nosotros mismos, en la que nosotros somos el protagonista… mucha gente cree que tiene una especie como de… derecho a saber la historia de los demás, casi como si se lo debieran…- dicho aquello se giró parcialmente hacia la ventana y observó con aire soñador el mortecino crepúsculo-  pero cuando alguien te cuenta algo no te está dando algo que se supone que te debe… te está haciendo un regalo muy profundo y muy valioso- sonrió ante aquellas última palabras- y los regalos merecen otros regalos…-dijo mirándole de nuevo con aire cómplice, ya que para ella aquella canción, podía considerarse una parte de su historia, además de todo cuanto la había contado de por sí.

Dicho aquello se puso en pie, se dirigió hacia la ventana y tras unos segundos de tranquilo y atento silencio, mientras miraba la difusa línea del horizonte, con las yemas de una mano apoyadas suavemente en el cristal. Enseguida la embargaron los recuerdos de su hermana, y se puso a cantar una canción con la que se había identificado mucho hacía años...

"Recorrí el camino en soledad.
Luego abrí mis brazos a la inmensidad.
Dentro de mi alma, en un momento aposté
"Ya no voy a tropezar, pues sino no podré avanzar"
Y así, andando sin mirar tras de mi
me inundó una rara tranquilidad
y un poco de nostalgia
Es un día perfecto
Para atrapar las estrellas en el cielo azul
Pensé que lo podía lograr
Más el cielo me obligó a enterrar mi orgullo
para aceptar que aún debo madurar
y lloré al saber lo pequeña que sigo siendo en verdad..."


La voz de Rowena era dulce, suave, comedida, de timbre agudo pero sin resultar estridente, si no armonioso y delicado, claramente no era una profesional, pero su voz resultaba cálida y envolvente y no la forzaba a donde no podía llegar. Por supuesto ella no cantaba con el mismo empuje e ímpetu que la interprete original, pero era clara y emotiva. Hablaba de la nostalgia de un pasado que fue trágico y que la puso en jaque durante mucho tiempo, pero que finalmente llegó a salir adelante. Era una canción hablaba de esperanza, voluntad y sueños, algo que definía bastante bien parte de la personalidad de Rowena.

"Hoy es el día perfecto
Mirando las estrellas en el cielo azul
decidí que llegaría hasta ahi
Bajo ese mismo cielo azul que un día viera
llorando por cuan débil me sentí
Volveré a elevar mis manos con certeza una vez más
Sólo una vez más"

Cuando su voz se apagó con el fin de la canción, apoyó la frente sobre el cristal unos momentos, con los ojos vidriados de lágrimas que no llegaron a asomar pero cuya mirada no era triste, era de felíz nostalgia, y su sonrisa denotaba esa esperanza y sueños que tenía. Entonces suspiró, tomando aire profundamente para serenar sus emociones... La verdad es que se sentía algo frágil cuando rememoraba a su hermana, y aún más si lo compartía, aunque fuera de forma velada, con alguien más, así que tardó un rato en reaccionar.

-Perdona si te lo pregunto de forma demasiado directa pero…¿Tú también eres un dragón?- dijo al volverse y apoyar la espalda en la ventana, mientras le sostenía la mirada con evidente expectación. No la importó presentarse como tal.- tengo esa sensación desde hace un rato...


Aproximación de voz de Wen y letra completa:
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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Eilen Shinsei el Mar Mar 13, 2018 11:55 pm

Había vivido tanto tiempo que tuve la oportunidad de aprender muchas cosas, sin quitar la alta memoria que poseían los de mí especie, los legendarios dragones. Entre ellas el cuidar de mi cabello era una acción importante y muy frecuente en mí día a día. Por lo que fui aprendiendo cada vez más el cuidar de él, quitar la grasa del mismo, darle suavidad y brillo. “Cuantos problemas me causaste en el pasado”, decía en mi mente al recordar las incontables veces que debía cuidar de mi cabello a escondidas, pues en aquellas épocas antiguas era raro que un hombre cometiese tal acto. Le daba gracias al mundo que ya no era así, me daba más libertad que antes.
 
La música era un arma que cuando la descubrí, me cautivo hasta tal punto que nunca pude sacármela de la cabeza, quería saber cantar también aunque no se me daba muy bien. Supe que aquello no era lo mío, a pesar de haber trabajado bastante bien mi vos y poder ser capaz de revivir momentos al son de una canción lenta. Me sentía tan como al lado de aquella mujer, que no pude evitar recordar la primera música que escuche, para así recitar una que había escrito yo mismo, basándome en la de un gran artista. Temía que aquello fuese raro para ella, cantar de la nada en frente de alguien no era algo que hacía con frecuencia, pero me alegre que ella lo disfrutase. El verla sonreír era lo suficiente para transmitirme esa felicidad, y fue entonces cuando recordé esa famosa frase. “El cazador cazado”, me reí para mis adentros.
 
La letra, simple, el mensaje, profundo o al menos así lo veía yo. Una persona que con tanto buscar, y con tanto perder, al borde de morir en su propio infierno y vacio. Sin embargo encuentra el valor para continuar desde cero y volver a vivir, recordando ese dolor durante toda su vida, pues ese dolor es el que lo mantiene con vida. “Es lo que mantiene con vida”, quise completar, aunque y por alguna razón, tuve las ganas de pronunciarlas en voz alta, mas no lo hice.
 
Me limitaba a sonreír y reír mientras escuchaba a Rowena, me ponía bastante contento el hecho de que le gustase tanto mi canto. Y aunque intentaba ocultarlo, pude ver los ojos de la mujer más húmedos de lo normal, y no me sorprendía, la letra guardaba en ella un mensaje triste y estaba seguro que Rowena sería capaz de entenderlo.
 
Es tan linda”, pensé mientras no apartaba ni un segundo la mirada atenta a las reacciones de la contraria, como actuaba de esa forma me envolvía en una sonrisa. Casi siempre las personas actuaban así al ver mi cabello tan largo, algo inusual en un hombre, y me divertía mucho verlos. Aunque lo mejor fue cuando accedió y me dio permiso para tocar su cabello, sin embargo pronuncio una oración que, sin especificar, podría fácilmente mal interpretarse. En el momento de ver sus mejillas, sus movimientos de cabeza y su risa nerviosa, no pude resistir a reírme también. Era tan tierna desde mi punto de vista, y hermosa también, no podía negarlo, aunque trataba de ocultar toda palabra ante el tema pues no me parecía adecuado.
 
Sin esperar mucho mas y después de darle el permiso necesario para que ella acariciase mi cabello, tome con las puntas de mis dedos varios de sus mechones, acariciándolos suavemente. Sin dudas ya me esperaba ese contacto tan liso y cuidado, se notaba una gran dedicación y no podía aguantar el sonreír. Sin embargo después de unos segundos de silencio ella volvió a hablar, para terminar poniéndose de pie y caminar hacia las ventanas. “Parte de tu historia”, citaba sus palabras en mi mente mientras la veía atentamente, escuchando su voz. Mi rostro estaba expectante, lleno de asombro y de comprensión, empatía, y sentimientos. Sonreí al percatarme que, gracias a esa canción que llegaba a mis oídos, tenía mis pelos de punta. Mientras ella seguía cantando, viajando a un recuerdo, yo me puse de pie mirándola fijamente.
 
Muchos decían que al tener tantos conocimientos y experiencia ante la psicología y comportamiento humanos, debía de tener una visión de las personas un tanto diferente, y no les faltaba razón. Era capaz de sentir y analizar la vos, las palabras y las acciones de Rowena, para así poder intuir que pensaba o que sentimientos albergaban su cabeza. Aunque no era capaz de leer las mentes ni de adivinar con un cien por ciento de acierto, solo me acercaba a la realidad y podía entender lo que sentía esa mujer, lo entendía muy bien. Tal vez esa era la razón de por qué, por un momento, pude sentir ese dolor en mi propia sangre.
 
-No temas en ser directa conmigo… Mucho menos con una vos tan preciosa como la tuya- Admití con una placida y simple sonrisa, suspirando suavemente mientras me acercaba a ella. –“Un regalo muy profundo y muy valioso”, ¿no?- Cite con una leve risa sus anteriores palabras, acercándome aun mas a ella. –Si es así, entonces puedo felizmente enseñártelo a ti- Termine con una amplia sonrisa mientras cerraba mis ojos, dando una expresión de total felicidad, de gusto.
 
Ya estando en frente de ella, a unos escasos metros de distancia, tome el cuello de mí traje y lo abrí mas, sacándome el mismo un poco. Eche mis manos para la parte trasera de mi cuello y con unos movimientos lentos abrí lo que parecía ser un collar enorme hecho de anillos dorados, quitándomelo. “¿Cuándo fue la última vez?”, me pregunte ya sabiendo la respuesta, mucho tiempo. Al tener mi piel descubierta podían verse dos cosas relevantes, bueno tres. Un cuello realmente bien trabajado, las marcas de los anillos en la piel demostrando su larga estadía en el cuello, y una marca negra, formada con una espiral y puntas apuntando hacia afuera, con la ya mencionada espiral sobresaliendo por un lado, como si de la cola de un dragón se tratase. Para un humano normal, aquella vista seria tétrica, sin embargo en ese mundo sobrenatural no era tan extraña. Pero no se lo mostré Rowena por esa razón, sentía en sus palabras tanta sinceridad, y me hacía sentir tan bien el hablar con ella, que no podía evitar querer enseñar algo que pocos, o casi nadie, sabían sobre mí.
 
-Eilen Shinsei Liberosis… Líder de la ya extinta familia Liberosis, los Dragones oscuros más famosos en el centro del mundo que, tarde o temprano, terminaron desapareciendo- Confesé, con mis palabras lentas, pero decidido ante lo que decía, sin dejar de mirar a los ojos a la mujer. –Eres muy perspicaz- Reí al decir esas palabras, pues se había percatado de mi raza con tan poca información, aunque haya sido solo una sensación. No me tome mucho tiempo en silencio para finalmente tomar la mano derecha de Rowena de forma delicada, lentamente, como si estuviera tomando una reliquia. Acercando su palma a mi cuello, haciendo que ella tocase aquella marca tan extraña que no parecía ser un tatuaje. –Una marca que representa que tu propósito en la vida ya ha sido escogido por otros antes de nacer, como serás, que harás, que no harás, y no puede sacarse- Apreté un poquito más su palma durante unos momentos, sin llegar a lastimarla, para volver a sostenerla suavemente. –Pero al mismo tiempo simboliza la libertad, el ser capaz de definir lo que eres y serás con tus acciones, y como estas acciones trazan ese camino que recorres…-
 
Pasaron unos pocos segundos cuando me di cuenta del acto que había hecho, algo que si bien no me parecía nada malo, si que podría no ser muy bien visto para las demás personas. Por lo que solte su muñeca, no sin antes tomarla con ambas manos y sostener su palma, para finalmente soltarla.
 
-Perdona, no quise evadir tu espacio personal- Me disculpe bajando un poco la cabeza, y aunque no lo pareciese, mis palabras y tono ya no eran tan formales, se volvían más cómodos y sueltos. –¿Y?... ¿Qué tan alto has llegado?- Pregunte guiñándole un ojo con una sonrisa picara, entendería muy bien a lo que me refería y era algo con lo que podía quitar un poco ese ambiente. Volar era una gran pasión para mí, me calmaba estrepitosamente.


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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Rowena Edelweiss el Miér Mar 14, 2018 12:37 pm

Eilen tenía el pelo muy suave, se notaba que se lo cuidaba mucho, no podía imaginar el trabajo que debía de dar mantenerlo tan saludable y brillante.

Aquella canción siempre la dejaba una sensación agradable en el pecho, como un cálido cosquilleo. No estaba mal recordar de vez en cuando, al fin y al cabo, eran los recuerdos parte de la historia que la definía y la recordaban sus metas y aspiraciones. Lo que no la gustaba de recordar, era la sensación vulnerabilidad, como si hubiera expuesto algo demasiado sensible y valioso y temiese que alguien lo tocase y la dañase de alguna forma, aunque no hubiera razones para pensar así. Dejó escapar otro suspiro, esta vez más suave y controlado, intentando deshacerse de esa incómoda sensación. Entonces se fijó en que Eilen se había puesto en pie y se había acercado. Se sentía agusto en su presencia, aunque eso era algo que acababa de demostrar con sus acciones, con todo cuanto había revelado, con esos círculos lentos. Un leve rubor cubrió sus mejillas cuando dijo que tenía una hermosa voz, a lo que ella solo respondió encogiéndose de hombros, pero en vez de bajar la mirada como solía hacer, se la sostuvo, al percibir la empatía en ellos... y por unos instantes, incluso, logró sentirse menos vulnerable y más salvaguardada del dolor. 

La sonrisa de aquel hombre, tan colmada de felicidad, provocó que ella también sonriera, y de alguna forma, también resulto contagiosa esa sensación como de liberación. Entonces, Eilen empezó a aflojarse el cuello de la camisa y con el siguiente gesto, se quitó esos pesados anillos. Ella parpadeó y se irguió un poco, entre abriendo los labios en un gesto de sorpresa que la hizo contener unos momentos la respiración cuando apartó la joya y escuchó que pertenecía al clan Liberosis.

Su expresión no denotó, al principio, nada más que estupor y múltiples interrogantes. Buscó en su memoria lo que sabía del clan Liberosis, bien conocidos entre otros clanes de dragones. Resultaba difícil pensar en Eilen como un Liberosis, y más aún cómo su líder, del mismo modo que muchos nunca habrían imaginado que ella había sido llamada Excidium en tiempos pasados.  

Fue cuando notó el cálido tacto de su mano sobre la suya que reaccionó, y a pesar de que no se lo esperaba, no opuso ninguna resistencia. Al notar la marca  bajo sus dedos y escucharle decir aquello sobre el destino, cerró los ojos unos instantes y cuando los volvió a abrir le dedico una profunda mirada de comprensión y sonrió, fue una pequeña sonrisa, suave, sin artificios, que a pesar de ser tenue demostraba un intenso sentimiento de afinidad hacia lo que decía y sentía.

-"El destino reparte las cartas...pero nosotros somos quienes las jugamos"- citó en un suave y profundo hilo de voz, como si ellos pudieran entender un significado oculto en aquellas palabras que nadie más podía notar, como si de un secreto se tratase, y aquella sonrisa se amplio un poco más y suspiró.- Hay marcas que nos atan al pasado y nos recuerdan el camino que no debimos tomar y nos señalan el correcto...

Sintió un cosquilleo en su espalda, quizá por que se estaba sugestionando al ver la marca de Eilen, o por que había algún demonio cerca... así que espero que fuera más lo primero. Los recuerdos de su turbio y angustioso y esclavo pasado en las garras de la voluntad demoníaca confluyeron en su mente como la sangre que mana de una dolorosa cicatriz, de una que ya se ha aceptado hace mucho tiempo, pero que no por ello iba a desaparecer. Otro gran esfuerzo para evitar que las emociones asociadas se reflejaran en su expresión, en su mirada y otro hondo suspiro para deshacer el nudo que se formaba en su pecho y garganta.

-Está bien, Eilen, no ha sido nada por lo que debas disculparte- aseguró volviendo a sonreír, esta vez de forma más conciliadora y tranquilizadora. 

Su mano, en vez de volver a su posición original una vez él la soltó se quedó suspendida en un punto intermedio. Aún notaba el cálido contacto de Eilen, como si todavía la cogiera de la mano y por alguna razón resultaba en una sensación dulce y gratificante.


-No podemos decidir donde nacemos, ni las expectativas que pesaran sobre nosotros por ello, lo que se supone que debemos alcanzar...- comentó en tono quedo, mientras le sostenía la mirada y se decidió a extender nuevamente el brazo por propia voluntad. Rozó en silencio aquella marca, con un brillo de entendimiento en la mirada y le acarició suavemente la mejilla, manteniendo su contacto unos instantes, antes de retirar la mano, en un fugaz gesto reconfortante- Pero podemos tomar las decisiones más erróneas, que nos lleven por los caminos más tortuosos...te pueden llevar a los destinos más infames-mientras decía aquello, se sacaba el borde de la camisa de la cintura de la falda, se desabotonaba tres botones de la blanca prenda y la remangó hasta que quedó justo debajo de los senos. Al darse la vuelta, quedó revelada su espalda, cruzada y devastada por un sin fin de cicatrices de muchos tipos, desde rectas y definidas hechas por instrumentos corto punzantes, hasta abrasiones de extrañas formas. Todas ellas tenían un tono o más pálido o algo más oscuro que la poca piel que quedaba sana.- Yo soy Valixtra Numine Gelidus, del clan Numine Gelidus- dijo mirándole de soslayo por encima del hombro- de los dragones de hielo del norte de Europa y después...algo mucho más terrible.- no mencionó que fue Excidium, prefirió dejarlo en el aire y no revelarlo, no se sentía preparada para ello, y no quería arriesgarse a espantar a Eilen. No necesitó decirlo, pues aquella mirada contrita y culpable hablaba por si misma.  

No mostró la gema pero no temió el mostrar la deformada, casi irreconocible, marca demoníaca, que podía significar muchas cosas. Pasado un rato, se bajó la prenda

Ella soltó una pequeña y divertida risita ante el comentario de él sobre cuan alto había logrado volar. Con una fugaz pero clara mirada, le agradeció, en cierta medida, el cambio de conversación, y se acabó de acomodar la camisa como la tenía antes.La verdad es que, si había intuido que era un dragón, era más que nada,  por la gema que tenía en la espalda, pues no las tenía todas consigo para haber hecho esa pregunta.

-Pues más alto que tú, seguro- dijo con fingida petulancia y soltó una encantadora risa de diversión- Lo de la fuerza bruta no se me da demasiado bien, pero lo de volar es otra cosa. Te lo demuestro cuando quieras...-dijo guiñándole un ojo con aire risueño y en cierta medida desafiante. De pronto cambió la expresión, cómo si se le hubiera ocurrido una idea, colocando los dedos de una de sus manos sobre sus labios entreabiertos- ¡Ya sé! ¿y si vamos al bosque y hacemos una carrera hasta las montañas? Hay unas vistas increíbles...- en ese momento por encima del entusiasmo y el risueño gesto desafiante que denotaba, se percató de dos cosas. 

Primero, se dió cuenta de que se había adelantado un poco, recortando las distancias, le había tomado una de sus manos entre las suyas, como si fuera a llevárselo a algún lugar y segundo...le había rugido sonoramente el estómago, recordándola que no había comido. Se quedó paralizada, mirándole fijamente sin saber bien que hacer... tardó unos segundos en reaccionar, lo que tardó en percatarse de que le empezaban a arder las mejillas de nuevo. Le soltó la mano, sobre todo tambien por que la habia arrimado un poco a la altura de su pecho en su impulso de acercarse y tirar ligeramente de él y puso una sobre su tripa.

-¡A-Ah!¡Lo siento! me he dejado llevar por la emoción...-confesó sin saber muy bien donde meterse, desviando la mirada- y es que no comí a medio día y...-volvió a sonarle la tripa. "¡¿En serio?!" pensó indigamada con su insistente e inoportuno estomago, y dicho pensamiento casi podía leerse en su expresión. Un momento después comenzó a reirse, algo nerviosa, pero divertida- Bueno... lo de volar si lo hacemos después de cenar o algún momento después de comer mejor... ahora no creo que pudiera levantarme un palmo del suelo.

Esperaba no molestar a Eilen con sus despistes y sus cosas extrañas en general, pero lo dudaba, parecía divertirse con ello más que nada, y eso la hacía sentir bien, no tenía que sentirse fuera de lugar ni fingir. Y además, no sabía por que resultaba tan sumamnete tranquilizadora su presencia.
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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Eilen Shinsei el Miér Mar 14, 2018 11:12 pm

Al ver el rostro de Rowena de tan cerca, pude sentir mejor que antes su mirada, traspasaba más allá de mi imaginación. Su sonrisa me afectaba más de la cuenta, como si realmente pudiese sentir su tranquilidad y felicidad, como si fuera capaz de vislumbrar sus sentimientos a partir de sus gestos faciales. No me avergonzaba admitir que era incapaz de apartar la mirada de ella, simplemente me sentía como ante su presencia, y creía que ella sentía lo mismo.
 
Me encantaba esa forma tan amable y encantadora de actuar de ella, parecía una chica animada y divertida. “Seguro su atractivo cautiva a todos estos adolescentes”, pensé entre risas animadas, aunque yo pensase exactamente lo mismo. No podía negarlo, era una mujer hermosa en todos los aspectos que podrías imaginar, sin embargo ya sabía de ante mano que la tapa que muchos muestran no es lo que verdaderamente ocultan en su interior. No es como si pensara que Rowena estuviese ocultando algo tan terrible ni problemático, sino mas bien que, al ser alguien como cualquier otro, contenía en su propia mente secreto. Los secretos, aquello que las personas no desean dar a conocer a la luz, era lo más difícil de poder sacar, mucho más cuando es a la fuerza.
 
Hacía ya muchos siglos tuve la oportunidad de ver experimentos con humanos, uno con bastante falta de moralidad y ética, donde se presentaban pacientes enfermos mentalmente y otros sanos. A los cuales se les impartía unas pruebas diversas para estudiar sus psiques, en resumidas palabras los torturaban psicológicamente para poder sacar secretos, cosas que no se lo contarían a nadie. “¿La finalidad?”, me preguntaba a mí mismo, y la respuesta era simple. Para poder sacar la mayor cantidad de información posible a un enemigo, poder dar a conocer sus secretos y así tener una mayor oportunidad de destruirlos. También recordé que me aleje lo más que pude de todo aquello, era realmente sucio y enfermizo. “Quien realmente está enfermo de la cabeza”, decía en ocasiones en ese tiempo.
 
Gracias a ese pensamiento decidí no indagar más en los recuerdos de Rowena, no ser tan tonto como para intentar escavar en un campo minado, pues no sabía si ella pudo superar del todo aquello que la atormenta. “¿Cómo lo conseguí yo?”, era una pregunta que me hacían y que ni yo era capaz de responder con total libertad, simplemente sucedió, y probablemente el tiempo tuviese mucho que ver. Aunque suene bastante irónico como el propio tiempo, aquel que causo tanto daño en mi fuese, de hecho, el causante de mi paciente estado actual. Sin embargo el embriagante y cálido pasaje de la mano de la mujer por mi mejilla fue lo que llamo bastante mi atención. Para finalmente ver aquello que sus ropas ocultaban, marcas que permanecían en su piel, contando una historia, una no muy buena. No me vi sorprendido ante tal visión, sencillamente poseía un rostro lleno de empatía y comprensión, ante el dolor y la angustia, ante la tristeza y la desesperación, ante todo lo que ella podría sentir.
 
-Vali…- Murmure una abreviación de su nombre, era muy bonito, pero sobre todo lo reconocía.
 
Numine Gelidus”, repetí en mi cabeza, y recordé ese nombre que había sido pronunciado por mi familia en varias ocasiones, al igual que en muchas historias a lo largo de mi viaje por el mundo. No intente divagar mas, de poco me serbia conocer ese detalle de ella, al fin y al cabo su mera presencia me hacia feliz y era más que suficiente para mí. A pesar de ser realmente misterioso por parte de aquellas palabras pronunciadas por Rowena, no busque adentrarme mas en su pasado, pues de primera persona sabía que no todos podían soportarlo y mucho menos compartirlo. “A cuantos eh visto morir por lo que me ha atormentado toda mi vida”, a muchos sin duda.
 
-No dudo en que puedas ganarme en velocidad- Acepte mientras reía a la par que ella, y es que mi gran tamaño en mi forma original no era muy buena para grandes velocidades, aunque sí que serbia bastante para explotar el suelo al aterrizar.
 
De pronto ella se acerco bastante más de lo que me había esperado y tomo con obvia emoción una de mis manos. Era hasta gracioso, pues era cierto aquello que decía que a los dragones nos encantaba volar, y no sería capaz de negarlo. Aunque esas vistas que ella mencionaba me llamaban bastante la atención, seguramente estaba en lo cierto y eso tenía que verlo con mis propios ojos. “¿Volar junto a otro Dragón?”, era algo que nunca había creído que pasaría, solo lo había disfrutado en sueños y la idea de hacerlo realmente me exaltaba, a la par que emocionaba. No temía en demostrarlo. Pero de un momento a otro Rowena se separo de mi después de escucharse un pequeño rugido proveniente de su estomago, aquella escena era realmente cómica, típica en esas tiras de ficción. Y no pude evitar reírme de las reacciones de la mujer, pero no sonaba burlona ni ofensiva, realmente parecía divertirme todo aquello. Más de una vez me habían dicho que mi risa era pegajosa y muy tranquila, sin ser demasiado exagerada ni débil.
 
-Sabes, Vali… Puedes dejarte llevar por la emoción conmigo- Dije sosteniendo sus manos justo como lo había hecho ella antes, para luego soltarlas suave y lentamente, casi acariciándolas en el proceso. Con una sonrisa y un guiño me dirigí a una parte de la oficina, sabía que en algunos de esos estantes que decoraban las paredes poseían algún aperitivo. Cuando lo encontré grite un “aja”, con cierto tono bromista y me acerque a Rowena que, en esta ocasión, me quede más cerca de ella que antes. –Toma, son galletitas dulces, perfectas para aliviar el hambre momentáneo- Se las di mirándola fijamente, eran galletas rectangulares que poseían un sabor dulce aunque no tan exagerado, lo suficiente como para poseer un sabor aceptable y comestible, usualmente se comían junto al café para que los profesores estén más despiertos.
 
Casi con la paciencia de un perezoso, me puse al lado derecho de Rowena, estando lo suficientemente cerca como para tocar hombro con hombro, y la verdad es que ya no me importaba, estaba realmente feliz en ese momento. En ciertas ocasiones me inclinaba hacia ella para tomar una galleta de las que se encontraban en esa cajita de plástico que le entregue, y mi rostro a veces transcurría muy cerca del suyo, y me pareció bastante divertido guiñarle el ojo en una de estas pasadas, sin dejarle de sonreír en ningún momento. “Parezco tonto”, me decía a mí mismo, por lo que calmaba mi rostro para darle una expresión más calmada. Entonces se me ocurrió una pregunta bastante adecuada.


Ambiental (Opcional):

 
-¿Sabes por qué amamos tanto volar?- Pregunte delicadamente, volteando a verla a los ojos mientras el crepúsculo iluminaba nuestros rostros, casi como si de fondo se escuchara una música lenta con instrumentos tan melódicos como impresionantes, típicas en escenas como aquellas, aunque la intención no era para nada ser ni triste ni melancólico. –Para algunos tal vez sea la sensación de libertad, para otros el alejarse del peligro…Pero creo que la mayor razón es el temor al tocar el suelo, al enfrentar la realidad- No titubee, las palabras las pronunciaba con cierto encanto y suavidad. –El tiempo es nuestro mayor aliado, y nuestro peor enemigo… Eh visto incontables humanos nacer y morir, mientras que yo seguía siendo joven- Me detuve para dedicarle una sonrisa y sin ninguna pisca de timidez tomar su mano derecha con mi mano izquierda, uniendo ambas palmas y entrelazando los dedos. –Es irónico como el mismo tiempo, causante de un dolor agónico, es el mismo que provoca mi casi infinita felicidad...- Confesé mientras, esta vez, no soltaba la mano de mi compañera. Simplemente me limitaba a cerrar los ojos y sonreír. Fue entonces cuando de una de las ventanas que aun se mantenían abiertas entro viento, soplando el cabello de ambos.
 
Intente imaginarme la verdadera forma de Rowena, y recordé que antes la había llamado por su verdadero nombre, así que espere que no se sintiera mal por ello. Puesto que no sabía si ella tenía alguna mala experiencia con dicho nombre. Solté su mano lentamente para sacar la varita que escondía debajo de mi traje, se me había ocurrido algo y tenía pensado hacerlo, obviamente con una amplia sonrisa en mi rostro. Cubrí la muy bien detallada y cuidada varita de calidad en mi elemento, la oscuridad. Y sin perder la tranquilidad que me caracterizaba empecé a dibujar en el aire, sin más, con la oscuridad que ahora parecía un objeto solido que se mantenía en el lugar donde lo plasmaba. Al principio eran solo líneas, sin embargo con el tiempo empezó a cobrar forma y como resultado, acabo siendo un dibujo de un dragón, más bien la marca de uno. Con la punta de la varita, que parecía contener una gema rojiza, la moví de lugar para que este enfrente de Rowena, la textura parecía la de una nube o algún algodón, solo que este era más sólido.
 
-¿Muestras a los demás lo que quieres mostrarles o solo lo que puedes? ¿Realmente eres libre, o solo te lo quieren hacer creer? ¿Estamos libres realmente de poder elegir o simplemente somos muñecos fáciles de manipular? ¿Somos lo que queremos ser o lo que los demás quieren que seamos?- Dije lentamente cada pregunta al aire, no con la intención directa de que la mujer respondiese. –Conocí a tantas personas con esas dudas que eh llegado a cuestionármelas también, en ocasiones era incapaz de siquiera responderlas. Pero…la muerte me demostró el camino hacia la vida, casi como si se estuviera burlando de mi- No pude evitar esbozar una pequeña risa, casi imperceptible. Para pasar a contener mis palabras y quedarme en silencio mientras acariciaba la mejilla de Rowena, sin temor si quiera a lo que podría llegar a pensar.


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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Rowena Edelweiss el Jue Mar 15, 2018 11:30 am

Definitivamente Eilen era una bella persona, aún sin conocer detalles sobre su pasado o su vida en general, había vivido lo suficiente para discernir cuando alguien valía la pena. Esa transparencia, esa felicidad contagiosa, esa forma de desenvolverse tan natural, sin franca y sutil al mismo tiempo, tan confiada, no parecían en absoluto forzadas, o con alguna doble intención no muy limpia, ni siquiera parecía estar esforzándose por caerle bien, es decir, modificar claramente sus actitudes para agradarle a ella. Además, no sabía como expresarlo, pero la envolvía en una manto que atenuaba esa sensación de vulnerabilidad que la asaltaba cuando comenzaba a abrirse. Se sentía tranquila y protegida, como si no tuviera que temer que la juzgara por su pasado o por su simple forma de ser, además de la intensa comprensión que mostraba sobre sus emociones, hasta el punto de que no siguió haciéndola preguntas sobre su pasado, percibiendo donde estaba el límite de lo que ella estaba dispuesta a compartir en ese momento. Inspiró profundamente, y una tierna sensación de solazada calidez la embargó al sentirse tan arropada y cómoda.

Levantó la vista, le miró algo sorprendida cuando no solo la llamó por su nombre de dragón, si no que además, utilizó uno de los apelativos cariñosos que su hermana utilizaba para referirse a ella. No la molestó, pero despertó en ella todo un cúmulo de tiernos recuerdos. Cerró los ojos unos instantes, cautivada por las sensaciones que despertaban en ella. "Cuanto la echo de menos", no pudo evitar pensar con un deje de desesperante anhelo. Por ello, cuando abrió los ojos, se pudo percibir en su mirada, aquel trémulo y delicado fulgor de la nostalgia, de una feliz y al mismo tiempo, dolorosa nostalgia.

-Está bien que lo reconozcas... Pero, si no te picas aunque solo sea un poco, no tiene gracia- respondió sin abandonar aquella actitud de pícara desafiante y en parte, como si le reprendiese por no ponerle más entusiasmo al reto. Aprovechando el cambio de tono de la conversación para serenarse.

La ilusionó contemplar en el rostro de Eilen la misma emoción que ella sentía por poder tener la oportunidad de volar junto a otro dragón, y compartir esas sensaciones. Hacía siglos, literalmente, que no volaba junto a otro dragón, siendo el último  su amigo el alocado dragón de fuego, que prácticamente era como su hermano pequeño irreverente e irresponsable. Después de escusarse por el rugido de su tripa y su impulsivo acercamiento, él la tomó de la mano y ella le miró expectante, sin esperar aquel contacto que se le hacía tan dulce. No podía evitarlo, la gustaba que la mimaran, la gustaba que Eilen fuera cercano sin llegar a ser demasiado impulsivo o brusco, pues Rowena era como un animalillo travieso y soñador que podía encerrarse en su caparazón si se sentía herido o avasallado. Por tanto, a ella había que acercarse como a lo sentimientos y los recuerdos: en círculos lentos.

Se sonrojó un poco cuando la dijo que podía dejarse llevar por la emoción. Realmente, es lo que solía hacer, aunque había aprendido a comedir aquel flujo de emociones, dejando que fluyeran en un goteo continuo, con algún que otro sobresalto, como cuando se había acercado repentinamente a él emocionada. Estaba bien sorprender, disfrutar y dejarse llevar, pero ella era detallista y dedicada, cada momento era precioso e irrepetible y no quería perderse el encanto de ni un solo instante solo por un exceso de impaciencia.

-¡Gracias!- dijo cuando le pasó el bote con las galletas y en abrir y cerrar de ojos ya se había llenado la boca y masticaba a dos carrillos con evidente gusto y una pizca de voracidad.

Observó, o más bien, sintió a Eilen colocarse junto a ella, y rozarse con ella en el proceso, curiosamente no lo encontró fuera de lugar, ni la provocó nerviosismo, tan solo un hormigueo agradable y una cálida sensación de reconocimiento y cierta confianza. La dragona se relamió discretamente, para humedecerse los labios, al no disponer de otro líquido a su alcance, y cuando vió pasar tan cerca de ella el rostro de Eilen con esa sonrisa suyo de como si ahí no estuviera pasando nada, tan feliz y confiada, no puedo evitar pensar "¡Ey, eres un seductor!, no me extraña que luego las alumnas estén histéricas", pensó y ahí si notó ponerse algo nerviosa, pero esa sensación se apaciguó debido a que soltó una encantadora risita al pensar que ella también se ponía un tanto nerviosa cuando el atractivo profesor rondaba tan cerca de su rostro.

Cuando la hizo aquella pregunta acerca del amor de los dragones por volar, se giró hacia él y se topó con su mirada. Ella entrecerró los ojos y lentamente sus labios se curvaron en una cálida sonrisa cuando la tomó de la mano, algo que también la traía recuerdos e hizo que aquel cosquilleo cálido en su mano se extender hasta el pecho.  

-Pues... a mi me encanta volar por que es excitante, vertiginoso y liberador. Mi realidad en el cielo y en la tierra es igual pero al mismo tiempo, distinta, pues desde arriba todo se ve bajo una perspectiva y una luz distintas. Así se abordan mejor ciertas cuestiones, hace que me sienta más segura- declaró mirándole intensamente a los ojos, con ese matiz decidido y al mismo tiempo, soñador, que la definía. Entonces  retiró la mirada unos instantes, para fijarla en algún punto de infinito horizonte- Y el tiempo...- ladeó la cabeza y volvió a mirarle, con una cautivadora sonrisa-"Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo. Incluso aquel que nada tiene, lo posee"- citó con tono solemne cerrando durante unos momentos los ojos, como si se concentrara- El tiempo, lo es todo Eilen- dijo al volver a abrirlos y dedicarle una mirada llena de experiencia y comprensión- El tiempo lo envuelve todo, nada ocurre al margen de él, nada es posible sin él...- su sonrisa se amplió un poco más y le guiñó un ojo- La muerte y la vida, transcurren en ese continuo, y son consecuencia de este. Todo empieza, todo acaba, todo es posible gracias a él...La razón de mi propia esperanza se basa en lo vivido en ese tiempo y cada muerte que he experimentado, por las razones que sean...-su voz tembló y se estranguló, al ser asaltada por sentimientos de tristeza y pérdida.

Guardó silencio un instante y tomó un pequeño sorbo de aire antes de animarse a continuar, esta vez sin desviar la mirada de la de Eilen.

- Nos dan lecciones, nos muestran caminos nuevos y dejan en nosotros la voluntad de vivir, de vivir por nosotros y por ellos. En memoria a lo que ...-hizo una pausa cerró los ojos y se concentró en sus recuerdos con aire de ensueño- Ellos dejaron en nuestras manos; sus esperanzas, sus sueños... Los seres longevos tenemos muchas responsabilidades- entonces notó el roce cálido y liviano de la mano de Eilen en su rostro, lo que la impelió a abrir los ojos para encontrarse repentinamente con los suyos.

Notó un hormigueo, una sensación difícil de describir, pero que resultaba tierna y cálida. Cómo el calor irradiado por el hogar en una noche fría, como la cálida brisa de la playa. Empezó a notar, no que se le acelerase el corazón, pero percibió en sus sienes y en su pecho su latido con más intensidad. No supo decir por qué, pero entonces soltó una risita, que no era nerviosa, simplemente era franca y natural, algo emocionada, pero no sabría decir muy bien por qué.

Entonces, Eilen sacó un extraño instrumento, que podría denominarse varita. Vió una serie de volutas de oscuridad concentrarse entorno al rojo extremo que brillaba como un rubí encendido. Parpadeó expectante y perpleja al ver como se iba formando un dibujo en el aire que poco a poco fue tomando la forma de un dragón. La expresión de Rowena era casi comparable a la maravilla y estupor demostrado por un niño que ve por primera vez un truco de magia, pero poco a poca la sensación de sorpresa fue despareciendo y entornó la mirada con una mezcla de encanto y cierta fascinación cuando tuvo aquel curioso dibujo enfrente. Acercó un dedo y le dió un leve toquecito, investigándolo. Temía que si lo tocaba demasiado, acabaría disolviendo, así que lo rozó nuevamente con los dedos con mucha delicadeza, como si lo acariciara, al comprobar que era más sólido de lo que parecía sonrió.

-No sabía que se podían hacer estas cosas con oscuridad- se inclinó para soplar levemente sobre él a ver que pasaba- ¿Puedes dibujar lo que quieras?- preguntó mientras seguía inspeccionando a la criatura- está mas duro de lo que parece...-  observó, dándole un golpecito algo más fuerte.´- ¿Me harías una oveja?- dijo con comedido entusiasmo.

Estuvo un rato más absorta en la contemplación de aquel extraño dibujo, mientras seguía escuchando a Eilen hablar, a pesar de que a veces no diera esa impresión, sus palabras confirmarían que no había perdido detalle


-¿Qué podría decir sobre esas preguntas?- Miró al techo con aire meditabundo- Supongo que eso es lo que también debemos enseñar a nuestros alumnos. En que consiste al libertad, que la tuya acaba donde empieza la de otro, que lo único seguro en esta vida es la muerte, pero que disponemos de toda una vida en la que el tiempo corre, apremia, y cada segundo debería ser llenado y disfrutado pues... lo que fue, ya no volverá a ser.- le dedicó una agradable y entusiasmada sonrisa, como una jovencita en la flor de la vida, que empieza a experimentar lo que significa vivir plenamente - Siempre hay algo más que vivir... por más años, siglos o milenios que hayamos vivido o nos queden por delante- acercó un poco su rostro al suyo, y posó su chispeante y alegre mirada en la suya- "El propósito de la vida es vivirla, saborear la experiencia al máximo, para llegar con interés y sin miedo a nuevas y ricas experiencias" - citó, dedicándole una radiante sonrisa, y le dió un tierno golpecito en la punta de la nariz con el dedo, para, un momento después, tomar la mano que había posado en su mejilla y tirar suavemente de él- Te invito a cenar y después...- le dedicó otra vez aquella mirada de reto mientras apartaba las galletas- ¡una carrera hasta hasta las montañas nevadas! ¿qué te parece?- la dragona le mirada con una mezcla de entusiasmo juvenil, ternura y emoción, como si nada pudiera afligirla en aquel momento, y su sonrisa era amplia y sincera.

Por primera vez en mucho tiempo, Rowena no necesitaba evadirse a su mundo de fantasía, a sus sueños, pues la realidad con Eilen parecía ser suficiente para sustentar su entusiasmo y su ensueño sin recurrir a la imaginación. Quería poder pasar más tiempo con él, y aquella vez no le soltó la mano repentinamente.

Off: añadido un párrafo más.
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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Eilen Shinsei el Jue Mar 15, 2018 11:34 pm

La intimidad entre ambos iba decreciendo, mientras hace unas pocas horas seria impensable hacer, ahora pasaba con total tranquilidad mi mano en su mejilla, acariciándola con sumo afecto. “No se vale”, pensé mientras sonreía, no había visto a otro dragón en muchos siglos, no logre conocer a casi nadie que fuese capaz de si quiera entender con la experiencia que el tiempo me había otorgado. Y no de buena manera, me lo dio casi despreciándome, como si aquello fuese suficiente para que viva y no le importase nada más. “Deja de pensar en eso”, me repetía en mi cabeza, intentando obviar, pero no olvidar, ese pasado. Y realmente no tenia dificultad en hacerlo, extrañamente ese día, en ese lugar, no apartaba mi atención incondicional de Rowena.
 
Cuando un alguien o algo te aportaba felicidad y un buen sentir, normalmente las personas tendían a aferrarse a ese algo. No querían que esa sensación desapareciera, y con tan solo eso en mente muchos se obsesionaban. Pero yo no era asi, yo tendía a comportarme como siempre ante lo que me hacía sentir bien, puesto que siempre quería dar esa impresión. Queria que todas aquellas personas que me rodeasen, sean capaz de sentirse felices con mi mera presencia, aunque sabía que eso no sería siempre posible. Era un sueño infantil, pero que a pesar de eso, era lo que mantenía tan feliz, o tal vez era algo más.
 
Pero, por que era tan apegado con esa mujer, el ser una compañera del trabajo, de la misma especie y además haberme caído tan bien eran las razones. No podía evitar sentirme sencillamente feliz a su lado, como si realmente disfrutara de su compañía, de su mirada, de su tacto. “Por más tiempo que pase, no parezco cambiar”, me dije en mis adentros, y en solo en parte esa afirmación era correcta, pues en toda mi vida m personalidad, pensamiento, carácter, y gustos cambiaron unas 3 veces…o por lo menos fueron las más importantes.
 
La veía comer, respirar, sonreír y hablar. Todo aquello lo veía con cierto apego y ternura, no podía sentirme de otra manera más que cautivado por su sonrisa, y feliz por sus palabras. Había llegado hasta pensar que quiera que aquella situación nunca se acabase, que no tuviese que apartarme de ella y dejar de hablarle sobre cosas que no pude compartir con casi ningún otro ser vivo. Al mismo tiempo poco era lo que demostraba, aparte de comodidad y tranquilidad en mi mirada, que mantenía en ella parte de la verdad. Posiblemente para un adolescente común y corriente seria aburrido, pero al vivir tanto tiempo, tantos siglos, el escuchar hablar a Rowena era encantador, era casi armónico.
 
-Ni yo lo hubiera dicho mejor- Declare con un ligero suspiro, y no pude evitar sonreír delicadamente al notar como el tono de voz de Rowena la delataba, sabía que algo la perturbaba. –Viven en nosotros- Complete con una hábil risa mientras lo pensaba, realmente era cierto, teníamos una inmensa responsabilidad que pocos conocían, y muchos deseaban.
 
Me dio bastante gracia su reacción ante aquel truco de magia, y es que era la reacción que esperaba con ansias que tuviera. Aquella habilidad era hermosa a la vista, perfecta para decorar un ambiente tan majestuosamente impresionante como aquel que estábamos viviendo, aunque para nada esperaba esa petición por parte de la mujer. Sin embargo me limite a escucharla atentamente, y cuando tomo mi mano apreté la suya, haciendo el apretón más fuerte y al mismo tiempo delicado. Podía sentir su mano en la mía, y ese contacto me hacía bastante feliz, más de lo normal y no era capaz de ocultarlo. Sin embargo quise priorizar sus anteriores dudas antes que nada.
 
-La varita funciona como canalizador, sencillamente acumulo el elemento en la punta y el mismo objeto se encarga de crear dichas formas- Empecé a explicar gustoso, esperando que aquello le fascinara tanto como a mí. –Es como un pincel y la hoja es el aire en si, por lo que sí, puedo dibujar o crear lo que sea, mientras su tamaño no sea muy grande. Déjame ver lo que puedo hacer- Y al terminar dichas palabras comencé a trazar líneas y después de unos minutos conseguí dibujar una oveja, o algo lo más parecido a una oveja. Mis habilidades con la varita eran lo suficientemente hábiles como para ser capaz de plasmar a detalle aquellos objetos que tenía en mente, no era perfecto pero se notaba que era una oveja bien construida.
 
Al terminarla no pude evitar reír, fue bastante raro que Rowena me lo hubiese pedido, no me lo esperaba para nada y me encantaba. Sin embargo sus palabras, llenas de sabiduría y experiencia, fue lo que llamo mi atención. En ese punto era innegable su origen longevo, sabía mucho y esparcía conocimientos, mas de los que tendría un humano normal. “¿Cuánto habrá sufrido?”, me pregunte, era algo que tenía en mente desde hace tiempo, pero que no podía pronunciar con palabras. Temía que aquello pudiese abrir las heridas de un pasado, y entendía que, a pesar de estar a poca distancia el uno del otro, no era el momento ni el lugar adecuado para hablar de ello. Al menos no de algo tan devastador como lo es un pasado lleno de sangre, yo lo sabía bastante bien, ya lo había vivido. Esas miradas, esos suspiros, esos cambios repentinos de vista, esas acciones las sentía como mías al verlas reflejadas en ella.
 
-Me encantaría- Acepte la cena y la carrera con mucho gusto y una sonrisa que de por si hablaba sola, me hacía sentir realmente entusiasmado y expectante a que ese día llegase. Mientras reía entre dientes por la obvia emoción que tenía Rowena en ese momento, decidí acercarme más a ella, estando a unos peligrosos centímetros de distancia me incline un poco y le susurre en el oído, al mismo tiempo que con calma y suma ternura tomaba sus dos manos, sosteniéndolas firmemente. –No sería divertido sin un castigo- Susurre con cierta picardía en mi voz, y solo una risa le siguió al apartar mi rostro un poco. No esperaba una respuesta directa, tan solo ver su reacción a la idea era más que suficiente para mí.
 
¿Hasta qué punto llegaría esa precoz noche?”, me preguntaba mientras no dejaba de ver a los ojos a aquella mujer. Cualquier persona que los estuviese viendo pensaría que Rowena me tenía totalmente cautivado, y por qué no, también quería pensar que la cautivaba a ella. “¿Qué estoy pensando?”, me intentaba responder pero no lograba concebir una respuesta lo suficientemente satisfactoria. Simplemente me dejaba seguir y guiar por mis sentimientos más profundos, sin excluir mis pensamientos. Era raro, pero se sentía bien, muy bien. Restándole importancia al resto de cosas, aun sosteniendo las manos de la profesora, en esta ocasión desde el dorso de las mismas, las subí e hice que sus palmas tocaran ambas de mis mejillas. Me sentía tan tranquilo con su tacto, cerré los ojos y parecía estar dormido en sus manos por un momento. Cuando abrí los ojos aparte sus palmas de mi rostro y le dedique una amplia y hermosa sonrisa, para terminar tomando su mano derecha y besarle el dorso de la misma, dedicándole un guiño al mismo tiempo. Casi como si me dejara guiar por mis instintos, me termine acercando más aun, separándonos solo unos contados centímetros. En ese momento no podría ser capaz de intuir con total precisión lo que significaban esas acciones, pero no las temía, ni a ellas ni a las consecuencias que podría llevar. Me gustaba tanto hacer sentir bien a los demás que no necesitaba más para ser feliz, pero no quería hacer sentir bien a Rowena, quería que fuese feliz.


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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Rowena Edelweiss el Lun Mar 19, 2018 11:34 am

Hacía mucho, ella misma, a través de un personaje de una de sus historias, había dicho que si algún día encontrabas a alguien con el que pudieras compartirte sintiéndote arropado por su presencia, cuya comprensión aplacase tus miedos y tu dolor, alguien con quien pudieras cerrar los ojos en paz aunque solo fuera un instante, podía considerarte la persona más afortunada del mundo, pues encontrar a alguien así era algo mágico, excepcional y puro. En aquel libro hablaba de sentimientos y emociones que ya casi había olvidado, pero que la sola presencia de Eilen conseguía despertar.

Aquella sonrisa tan magnética, que la incitaba a sonreir también con aquel cosquilleo de despreocupada felicidad en su corazón. El cálido tacto de su contacto con su piel, aquellos acercamientos que estrechaban el cerco de la intimidad sobre ambos, como viejos conocidos que se reencuentran inesperadamente incapaces de encontrarse en los recuerdos..., resultaba tan extrañamente natural y tranquilizador. Todo en él, invitaba a la confidencia, invitaba a mitigar el dolor en ese aura de despreocupado entendimiento, a simplemente, dejarse llevar, sin miedo ni ataduras, como si fuera de nuevo esa niña en el frío norte ajena a preocupaciones y llena de sueños y esperanzas que aún ni el tiempo ni la experiencia habían logrado tocar.

Por todo esto, no la sorprendió que Eilen se mostrara conforme con sus líneas de pensamientos, pero no por ello sus palabras causaron menor emoción. Era como descubrir que el mundo no era tan gris y solitario como solía dibujarse, de pronto, todo se veía enfocado desde una nueva luz. Como si hubiera algo que los mantuviera en consonancia.

No disimuló su entusiasmo cuando vió tomar forma al pequeño ovino negro frente a ella, y tampoco contuvo sus palabras cuando expresó en voz alta su deseo de que ojalá pudiera llevársela a casa. Y sonrió abiertamente, con una mezcla de afecto y gentileza, a pesar de que en su mente no podía dejar de dar vueltas a las muchas incógnitas que rondaban por ella. No conocía los sendas del sufrimiento que había recorrido Eilen, pero algo le decía que debían ser en cierta medida, afines a las suyas, cada uno dentro de su propia experiencia. No obstante, no preguntaría, pues notaba que no hacían falta palabras, cuando llegara el momento adecuado se abririan los corazones y se airearían las heridas, no hacía falta forzarlo, simplemente había que dejar que las emociones y el tiempo fluyeran para que todo surgiera cuando era natural que lo hiciera, como lo había sido cada gesto y cada palabra hasta aquel momento.

No pudo apartar su mirada de la de él cuando se acercó a ella, tampoco hizo esfuerzo alguno por hacerlo, pues había un algo en ella que la invitaba a quedarse allí, disfrutando de la intensa calma y la ternura y felicidad que irradiaba, perdiéndose voluntariamente en ella. No se sobresaltó ante lo escasa que se hizo la distancia entre ellos a pesar de ser consciente de ella, sonriendo con alegría cuando él accedió a sus propuestas y con un brillo de pura emoción en sus ojos. Su cuerpo se estremeció cuando notó como la tomaba de las manos, pero siguió sin desviar la mirada, entornando los ojos y ladeando la cabeza con aire risueño y claramente embelesada.

Abrió un poco más de lo normal los ojos cuando susurró aquello al oído, y sus mejillas se tiñeron de un leve pero encantador rubor, mientras que podía apreciarse en su mirada cierto brillo de divertida intriga y sorpresa. Al final, soltó una alegre risita, pero no demostró nerviosismo en ningún momento, pues no lo sentía.

-¡Zalamero!...-le acusó con tierno tono de broma- No creas que así me vas a ablandar- a pesar de que sabía que no era la intención de Eilen, pero ella siguió con aquella jocosa situación- Al final voy a proponer una apuesta con una recompensa para el ganador- y le guiñó un ojo.

Su mente intentó dar como una palabra, una definición que pudiera imponer un sentido y un orden racional a todo lo que estaba sintiendo, a los sentimientos que poco a poco se abrían y se desbordaban, arrastrándola en una dulce y cadenciosa corriente que podía percibir que también se llevaba a Eilen consigo, como dos fuerzas que se atraen inevitablemente. En seguida, y sin proponerselo, desistió, cómo escritora y ávida soñadora, sabía que había momentos y sentimientos que no podían

Entreabrió los labios, cautivada por el ademán de Eilen y el contacto de sus manos contra las suyas cuando las acercó a su rostro. Inconscientemente, contuvo el aliento cuando rozó con los dedos su piel y los desplazó suavemente sobre ella en una cálida y tierna caricia cuando atrapó su rostro entre sus manos. Cuando él cerró los ojos, se dibujó en su rostro una sonrisa de ensueño, felíz, risueña y embelesada, que permaneció cuando volvió a mirarla.

Llevada por su instinto, por aquel cúmulo de emociones y sentimientos que la embargaban, terminó por cubrir aquellos pocos centímetros que los separaban, provocando que su cuerpo se encontrara con el suyo apenas en un sutil roce, pero que cortó el aliento por un momento a la dragona. Entonces, sin apartar la mirada en ningún momento, se puso de puntillas, hasta el punto que sacó los talones de los zapatos, y de nuevo, sus manos tomaron su rostro, esta vez, en una premeditada caricia, más larga dulce y afectuosa. Cuando ella no pudo recortar más distancia entre su rostro y el suyo, atrajo suavemente el de él. Notó como su corazón latía intensamente, tanto que no dudaba en que él pudiera notar aquel rítmico sonido contra su pecho. Cuando la frente de ella tocó la de él, ceso el avance. Aunque su mirada miró fugazmente sus labios, en seguida volvieron a prendarse de su mirada, de aquellos rutilantes ojos rojos tan atrayentes y entonces, sonrió con sincera dulzura.

-Gracias… Eilen- susurró con profunda gratitud y dulce afecto, acariciando con el pulso de su aliento sus labios con cada palabra pronunciada.

Le sostuvo la mirada unos momentos más antes de cerrar los ojos y abandonarse a aquellos sentimientos. No sabría expresar con palabras cuánto tiempo había pasado desde que había sentido por última vez aquella sensación de seguridad que la otorgaba aquel simple pero estrecho contacto con Eilen. Notaba como sus emociones, a pesar de estar a flor de piel, no dolían ni pesaban, ni la hacían dudar, si no que parecían llenar poco a poco aquel vacío que había socavado el dolor en su alma durante siglos. El dolor y la soledad. En aquel momento, no existía nada de eso. No había cabida para ello. Se dejó envolver por aquel manto de protección que le extendía la presencia del profesor, desprendiendo un extraña aura de serenidad y emoción contenida.

En la ausencia de visión, pudo sumergirse en multitud de sensaciones, entre ellas, el particular aroma que emanaba de Eilen, algo en lo que no había reparado hasta aquel momento. También fue aún más consciente del calor que desprendía, de aquel agradable hormigueo en el pecho que le provocaba un contacto tan inesperadamente estrecho pero a la vez, tan secretamente deseado. Inhaló lentamente, apretando su pecho contra el suyo durante unos segundos, antes de soltarlo en un largo suspiro. Volvió a abrir pausadamente los ojos y de nuevo una dulce y afectuosa sonrisa volvió a iluminar su rostro. Apartó delicadamente las manos, deslizándolas hasta apoyarlas en su pecho y depositó un pequeño pero tierno beso en su mejilla antes de soltar una pequeña risita y rodearle el cuello con los brazos, sin contener aquel arrebato, estrechando un poco más el contacto. Su corazón aumentó la frecuencia de su latido y un nuevo rubor cubrió sus mejillas. No quería que aquel momento acabase, pero el tiempo corría incansable, y entonces solo podía pensar en él momento en que volvería a verlo, a solas, de nuevo solo ellos dos y aquel vórtice tan cálido y atrayente de emociones que no quería que desapareciese. Ansiaba descubrir hasta donde podía llegar y acabar por encontrar aquellas palabras acorde a todo lo que sentía, a ese algo que la llenaba tanto.

-No te vayas...-se la escapó en un débil y suplicante susurro proveniente de lo más hondo de su corazón. Ella misma se quedó perpleja ante su arrebato, por ello tras una breve silencio, añadió con aire más alegre y risueño- ¿Este fin de semana te viene bien?- dijo al soltarle y poder mirarle a los ojos con un claro anhelo en la mirada.
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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Eilen Shinsei el Lun Mar 19, 2018 8:47 pm

Que podría decir de aquellos sucesos que estaban ocurriendo en frente de mi, que podría decir sobre aquellos ojos que estaban viéndome fijamente y que en ningún momento parecían querer ver a otro lugar, sobre aquella piel que estaba sintiendo o sobre ese sentimiento que recorría mis huesos con ganas. “¿Sera que moriré aquí?”, me pregunte poéticamente, obviamente no hablaba enserio, podría decirse que era una linda forma de referirme a un estado en el que estuve tiempo atrás, sobre algo que no pintaba nada recordar en ese momento. Aunque tampoco me fue necesario ni intentar obviarlo, ya que me era imposible no estar atento a los movimientos, las palabras, y los labios de Wen.
 
Reía encantado al ver la reacción de la chicha por aquella oveja creada a partir de la oscuridad, y más aun cuando dijo sobre lo de llevárselo a casa, hasta se lo veía en la cara que lo deseaba. Si ella era lo suficiente perspicaz se daría cuenta fácilmente que, sin duda alguna, estaba realmente feliz. En ese lugar, con ella, mostraba una de las sonrisas más grandes que podía aspirar a demostrar, y era fácil de notar. Sin embargo no era la mayor acción que podía tomar para demostrarlo, aunque en mi mente recorría aun la duda de hasta qué punto estaba permitido, cuál era el limite.
 
-Un castigo para el perdedor, y un premio para el ganador- Dije con una sonrisa igual o más picara que la de mi acompañante, era una divertida idea, aunque en dicha carrera estuviese en desventaja a pesar de aun no saber qué tan rápida era ella. –Asegúrate de ganar- Termine con un aire de travesura inmensa, como si le avisara del peligro que supondría para ella el perder, como si ya tuviera en mente el castigo, sencillamente me reí divertido de la situación.
 
No podía explicar lo que sentía, mucho menos frente a ella y eso era lo más raro para mí. Tendía a ser bastante capaz de expresarme con la gente y el no ser capaz de hacerlo era algo no muy común, sin embargo por alguna razón no sentía que fuese algo malo, por el contrario me sentía bien, me sentía de maravilla. “Esta mujer, realmente siento algo tan antiguo al verla”, en mi interior no quería creérmelo, un sentimiento que pensaba ya se encontraba perdido en mi pasado volvía con más fuerza aun, como si tuviese algo pendiente conmigo, una venganza de parte suya. Pero vuelvo a ver esos ojos tan hermosos de Wen y lo único que podía sentir en mis adentros era pura felicidad, como si fuera un calmante puro y efectivo al momento, no me parecía posible enojarme o sentir algún otro sentimiento desagradable en aquel momento. Los deseos de ella lentamente se volvían míos y viceversa, era como un baile en donde solo nosotros dos estábamos participando, y era mejor así.
 
Pum, pum”, era lo que sentía una y otra vez viniendo de Rowena, y no pude evitar sentirme exaltado por dicho pensamiento. Podía sentirla realmente cerca de mí, como ambos cuerpos de rozaban el uno al otro. Como un contacto que poco podría importar para mí, me estaba provocando realmente una emoción elevada, me ponía feliz ese contacto, pero una felicidad diferente. Sabía que era diferente, pero no sabía hasta que punto llegaba puesto que no lo había sentido hacia ya siglos. Sin embargo no tenía casi nada de tiempo para pensar claramente, sus inesperados acercamientos me sorprendieron, no lo esperaba de ella y no pude disimular esa emoción. “Realmente la deseo”, pensé en esa oración mientras sentía las caricias de la mujer y veía al mismo tiempo su rostro tan cerca, su respiración tan atrapante. Intente descifrar que podría significar tales palabras en esa situación, con Rowena, y aunque no podía llegar a una conclusión del todo tampoco es como si realmente me importase. Si mis pensamientos tuvieran rostro, seguramente ahora mostrarían una mueca de seguridad, de alta confianza al saber que era tan fácil como saber que, en ocasiones, era bueno dejarse llevar por tus sentimientos y por lo que realmente deseas.
 
Unas lentas caricias, una hermosa sonrisa, un beso tierno y un abrazo que provocaba aun más el contacto entre ambos fue lo que decidió todo, lo que provoco en mí unas genuinas mejillas avergonzadas. “Nadie me había visto antes así”, mentía, puesto que la única persona que lo había logrado, que me había visto en una situación similar, ya no respiraba. Aunque muy en el fondo solo pensaba en lo corto que fueron aquellos momentos, casi pasaron volando desde mi perspectiva y vergonzosamente no podía revelar el deseo que tenia de volverlos más duraderos, o eso creí al principio. “A pesar de haberla conocido en este mismo día, quiero volver a acercarme más, quiero tocarla”, y aquello siguió siendo un solo y mero pensamiento hasta que, gracias a mi gran atención puesta en la mujer, pude escuchar el efímero susurro que puso mi piel de gallina, que coloco en mi el valor restante que necesitaba para tomar una decisión. Pocos segundos después de haberme soltado fui yo el que se acerco, tomando entre ambas manos sus mejillas, posando aquel hermoso rostro en mis palmas. Intente lo más que pude en ser delicado y lento, haciéndole sentir cada roce de mi piel en la suya, mis dedos pulgares acariciando de arriba abajo sus mejillas. Al mismo tiempo me incline un poco para tocar mi frente con la suya, imitando el anterior acto de Rowena, con la diferencia sutil de que en esta ocasión me acerque aun mas, tocando las puntas de las narices en un suave y relajado tacto.
 
-Este fin de semana estoy totalmente libre- Dije con mi tono de voz más baja, no necesitaba alzarla mas pues estábamos bastante cerca. Se sentía realmente bien, era casi como si estuviéramos en una conversación que solo nosotros podíamos escuchar y entender. –Si me permites- Susurre con cierto encanto, como si aquellas palabras fueran suficientes para que ella entendiese mis acciones.
 
Casi con la paciencia de un ser realmente longevo, quite mi mano derecha de su mejilla izquierda mientras aun mantenía la otra en posición. Con una amplia sonrisa avisando lo que iba a hacer de forma picara y revoltosa, acerque mi rostro al completo en su mejilla que ahora estaba libre. Desde mis adentros podía sentir el deseo de devolverle aquello que me otorgo, solo que yo lo haría diferente, como a mí me gustaba. Sin hacerla esperar más, uní mis labios a su piel, besando su mejilla con cariño pero al mismo tiempo con deseo. Al finalizarlo susurre de forma fulminante en su oreja izquierda el numero 1, después volví a besarla en una parte diferente. Me había acercado más a sus labios de lo que estaba antes, y sabia que Wen se daría cuenta en seguida de lo que estaba tramando, al fin y al cabo era algo que hacían muchos autoproclamados “conquistadores del amor” en antaño. Al finalizar el segundo beso le susurre dicho número, y pase a volver a besarle la mejilla aun más cerca si se podía, un poco mas y podían llegar a rosarse de forma peligrosa ambos labios. Los míos, sin mucha carne, finos y delicados. Con los suyos, con cierta carne y tono rojizo. Sin embargo al pronunciar el número 3, aleje mi rostro de su mejilla con una sonrisa juguetona, divertida. Entonces y sin dudas ni vergüenza acaricie con mi mano libre los labios de Rowena con mi pulgar, sobándolos lentamente y hasta con visible cariño.
 
-EL número 4 es mi favorito- Dije con la mayor picardía que podía permitirme, era notable hasta para un adolescente mi objetivo, que significaba el número cuatro en este momento, y confiaba que ella sabría lo que de repente representaba ese número. Con el tiempo había hecho algo normal el pensar mucho, el necesitar razonar y elegir mis decisiones con cabeza. Aunque fuese algo importante y necesario, los sentimientos eran algo indispensables también. Y aquellas dos facciones se estaban peleando por que decir o hacer. Pero no tardaba en escoger las que para mi eran las más apropiadas acorde a mis deseos. -¿Permitirás a este egoísta Dragón hacer algo que tenía en mente desde hace un rato?- Pregunte sin necesidad de siquiera escuchar la respuesta para empezar a moverme.
 
Solté sus mejillas despacio, como si no quisiera separar mi piel de la suya, para bajarlas por su cuello delicadamente sin pasarme de la raya con el tacto. Seguí bajando por sus hombros y las moví detrás, llegando hasta su espalda para finalmente, al dejarlas al nivel de su espalda baja y su cintura, abrazarla. Con el autentico y cariñoso abrazo junte nuestros cuerpo tanto como podía para no incomodar a nadie, especialmente a ella, y deje de acercarme cuando sentí un fuerte tacto en mi pecho. Inevitablemente reí ante el sentir lo evidente en mi pecho, pero no era una risa nerviosa o avergonzada, era una tranquila y comprendida, llena de una sonrisa que daba un mensaje claro, me gustaba el contacto que estaba teniendo con ella. Al tener mis brazos prendidos a un nivel casi tan bajo como su cintura, estaba más apegado a ella de lo que estaría con un abrazo normal, si un tercero los viera a los dos en ese momento sin dudas pensaría que lo que está viendo es un acto mas allá del cariño expresado por una pareja. Me quede en esa posición durante unos segundos, mirándola fijamente mientras, con un descaro que podía permitirme, acariciaba su espalda baja a la par que seguía en el abrazo. Sin apartarme ni un milímetro acerque nuevamente mi rostro, sin embargo en esta ocasión mi cabeza fue directa al lado izquierdo de la suya, haciendo que mi mejilla izquierda toque la de ella, mejilla con mejilla. En esa posición empecé a oler su cabello, haciendo sonar mi nariz para que Rowena se diera cuenta, veía divertido saber que diría o haría.
 
-No llegues tarde- Le susurre, en esta ocasión mis palabras no tenían picardía ni un tono bromista, poseían anhelo, y hasta un profundo deseo. Casi como si le pidiese por favor que no llegase tarde a nuestro futuro encuentro. –Es una cita- Termine por declarar, no se me veía, pero tenía puesta una sonrisa llena de alegría, de emoción y de paz al tenerla a ella en brazos. Aunque como no, también quería ver cómo reaccionaba ante mis palabras, era una ternura. –Si no estuviera prohibido el acceso de los hombres en los dormitorios de las mujeres podría acompañarte allí- Dije separando un poco mi rostro del suyo para guiñarle un ojo, picaron.


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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Rowena Edelweiss el Mar Mar 20, 2018 3:29 pm

Rowena había escrito muchas veces sobre sentimientos a través de los personajes que había creado en sus novelas, desde las más enconadas e implacables enemistades, hasta el amor más dulce, puro e inocente. No era difícil evocar esos sentimientos cuando se disponía de una  imaginación tan viva como la suya, sumada a su larga e intensa experiencia vital. Pero lo cierto era que no tenía tanta experiencia en lo referente a muchos sentimientos como parecía dejar entre ver en sus historias. Había sensaciones y sentimientos cuya sutileza e intensidad no podían ser representados por ningún idioma que ella conociera, como el vertiginoso cúmulo de emociones que la embargaban en aquel momento. La voz de Eilen la atravesaba, el solo oirle reír provocaba que su corazón se estremeciera y se inundara de una cálida paz y un cosquilleo de alegre felicidad, y aquel contacto tan estrecho entre sus cuerpos, provocaba una sofocante sensación que la nublaba la mente y erizaba su piel. Sólo había llegado a sentir algo semejante en una ocasión, tan efímera que no alcanzaba a ser más que un suspiro en su memoria, aunque la fuerza de aquel momento la hubiera impulsado para ser quien era en aquel turbador y sorprendente presente.

Ni siquiera aquel viejo recuerdo podía estaba a la altura de cuanto estaba sintiendo en ese instante, e intuía que aún la quedaba mucho por experimentar. Aún no se había marchado y una parte de su mente ya estaba tratando de imaginar como sería el próximo encuentro.

-Hmm… el que debería estar preocupado eres tú- dejó caer ella, con tono jocoso y al mismo tiempo, ligeramente perverso, esbozando finalmente una pícara sonrisa llena de seguridad y aplomo, como si ya estuviera saboreando las mieles de la victoria, como si ya supiera exactamente cómo cobrarse la apuesta.

Cada segundo que pasaba junto a él, a tan escasa distancia, disfrutando de aquel estrecho y sensitivo contacto, percibía como la conexión entre ambos se tornaba más evidente. No sabía como explicarlo, solo podía afirmar que notaba una maravillosa correspondencia entre sus deseos y los de él, identificándose mutuamente… era como... si intuyera lo que deseaba de forma inconsciente. Entonces, vió aquel ligero sonrojo tiñendo las mejillas de Eilen y no pudo evitar sonreír con divertida ternura. “¿Esto es lo que siente él cada vez que me sonrojo yo?” soltó una leve risita ante tal pensamiento, consciente de lo mucho que tendía ella a ruborizarse… o más bien, a ruborizarse sobre todo en su presencia.

-Vaya… no soy la única que se ruboriza…-susurró en un tono lo suficientemente alto como para la que la oyera, y con una evidente inflexión de traviesa diversión y evidente satisfacción ante su pequeño y encantador logro.

Aquella sensación de triunfo no duró demasiado, “Permitirte ¿el qué?”, fue lo último que atinó a pensar con evidente picardía reflejada en su rostro, antes de que su triunfo anterior fuera rápidamente arrasado por una oleada de sensaciones que la subyugaron. No esperaba aquel gesto, no esperaba sentir sus manos tomando su rostro, y menos aún esperaba que su rostro quedara tan cerca del de él. Su respiración se entrecortó al ser tan absolutamente consciente de lo estrecha que era la distancia que los separaba, notaba la caricia de su respiración sobre sus labios, su calor, tentándola, poniendo sus nervios a prueba. Pero lo deseaba, ansiaba aquel tierno pero intenso contacto, y que se repitiera una y otra vez. Era incapaz de pensar con claridad, sus emociones rápidamente se interponían y la arrastraban. Llevada por ellas, colocó una mano sobre el dorso de una de las de él, ejerciendo una suave presión, y fue incapaz de hacer nada que no fuera esbozar una pequeña sonrisa, un tanto tímida pero risueña, y sostenerla mirada intensamente, cautivada por aquella vorágine de sensaciones que la provocaba y por la emoción que podía apreciar en esos hermosos ojos rojos.

Entonces, notó sus labios en su mejilla, junto a esa excitante cuenta atrás. La mano que mantenía apoyada sobre su pecho, se crispó sobre la tela debido a esa creciente sensación de deseo, excitación y nerviosismo. Su cuerpo se estremeció perceptiblemente y sus mejillas se encendieron notablemente cuando notó como con el tercer contacto rozaba la comisura de sus labios, y entonces su ritmo cardíaco aumentó notablemente. Entreabrió los labios cuando notó el calor y el cariño de su tacto sobre ellos. Solo pensar en la inminencia de un beso provocaba que una extraña debilidad amenazara con apoderarse de sus piernas. Lo deseaba, pero otra parte de si misma pensaba que si añadía alguna explosiva sensación más a aquella vertiginosa corriente que la envolvía, se desmayaría. “Cómo lo haga, ya podré morirme en paz” pensó su cautivada y soñadora mente, turbada por sus emociones.

-El mio también…-susurró con un tono de voz suave y claramente embelesado, soñador, guiado por sus sentimientos y emociones, sin mediación de su cabeza. Un par de segundos después, que había empleado en quedarse mirándolo embobada y con un brillo de deseo en los ojos, esas palabras alcanzaron a traspasar el filtro de su razón… y entonces abrió mucho los ojos y sus mejillas comenzaron arder, extendiéndose hasta las orejas, pudo sentir hasta como se calentaban más de lo normal.

Eilen tenía una habilidad especialmente desarrollada para fundir sus neuronas en los momentos más inesperados. Exhaló un entrecortado suspiro y se mordió el labio inferior, como tratando de no decir nada más que delatara ese anhelo, ese deseo por probar sus labios.

-Eilen…¡Eres malo, l-lo estas haciendo aposta!- “¡Deja de intentar ponerme nerviosa!” le reprendió, apartando un poco su rostro, aunque su protesta quedó reducida a una dulce y tierna llamada de atención un tanto infantil debido al evidente temblor de su voz, y acentuada por aquel escandaloso rubor que cubría sus mejillas y le daba una apariencia de niña aparentemente enfurruñada que no sabía ya cómo esconder su nerviosismo.

Entonces la hizo pregunta, que la distrajo de sus azorados pensamientos y redujo aquella escandalosa rojez. El abrazo no se hizo esperar, y volvieron a acelerarse sus latidos cuando notó como aquel íntimo contacto provocaba el evidente contacto de sus senos contra su pecho, le escuchó reírse suavemente y no pudo evitar imitarle, aunque la suya era un tanto más tímida. Lo cierto es que no la incomodó, de hecho, seguramente podía definirse como el único hombre que tenía autorización tanto implícita como explícita para acercarse de esa forma a ella.

-Si sigues provocándome… te puedes quemar…-le advirtió con tono risueño, aunque estuviera claramente ruborizada ante su atrevimiento. No obstante, podía percibirse en su advertencia un claro atisbo de verdad…

Su expresión se dulcificó y expresó el mismo deseo que sus palabras cuando la pidió que no llegase tarde y más aún cuando aseguró que se trataba de una cita, lo cual la hizo sonreír alegremente, mientras su corazón latía alborozado.

-Claro que no, no desperdiciaría ni un segundo de esa cita por nada del mundo- dijo de corazón, dedicándole una alegre y sincera sonrisa de entusiasmo y evidente deseo porque llegase ese día.  

Un momento después, volvió a a la carga con otra provocación que podía entenderse de una forma considerablmente...picante. En un pricipio le miró sorprendida y algo azorada, pero su actitud cambió. Deslizó tierna pero con cierto matiz provocador una de sus manos por su cuello, hasta alcanzar la nuca, al tiempo que le sostenía la mirada. Eilen había demostrado mucha seguridad en sí mismo y descaro al tentarla de esa forma… bien, estaba dispuesta a devolverle un poco de todo eso.

-Bueno… Eso lo hace más excitante ¿no?- dijo de pronto, su voz se había tornado un susurro seductor y travieso, acompañado por un guiño juguetón y una risita encantadoramente provocativa.

Deslizó una de sus manos lentamente hasta la corbata, mientras sus labios se curvaban dando lugar a una sonrisa cautivadora, llena de provocativa y traviesa malicia, a juego con aquella mirada tan intensa. Tiró de la prenda suavemente hacia ella, hacia su rostro, mientras volvía a ponerse de puntillas. No se contuvo, dejó que su cuerpo acariciase el de él, sin importar que el contacto de sus generosos senos se hiciera aún más evidente.De nuevo su rostro estaba muy, muy cerca de él. La nariz de ella rozó con la contraria y sus labios se acercaron peligrosa y tentadoramente. Rowena suspiró, acariciandolos con su húmedo y cálido aliento, hasta que se rozaron muy suavemente, Fue un contacto leve y fugaz, pero que despertó en ella una intensa y apasionada sensación que la hizo estremecerse entre sus brazos. Pero entonces retiró su rostro a cierta distancia para poder mirarle a los ojos, mientras sus dedos se deslizaban cariñosamente sobre una de sus mejillas.  

-El hielo también puede quemar Eilen… no lo olvides- dicho aquello, en un juguetón y atrevido susurro, le soltó la corbata, apartó la mano de sus rostro y suspiró como si se sintiera acalorada, y de hecho, realmente era así- Uf que calor…- se acarició la nuca, haciendo resbalar los dedos de su mano por su cuello ligeramente humedecido, su escote… un nuevo botón se desabrochó cuando alcanzó el inicio de los senos, en un gesto tan natural e inocente que nada parecía tener de premeditado. Aquella caricia de su mano sobre su piel apartó tan solo ligeramente la tela blanca de la camisa, lo suficiente para descubrir el inicio de su canalillo, y la turgente y sugerente curva de sus generosos senos, tan resaltada al tenerlos atrapados entre el cuerpo de ambos... el roce de sus dedos provocó que una diminuta gota de sudor se deslizara por su nívea piel hasta perderse en ese pequeño espacio entre sus senos...

Enseguida, dejó escapar una risita pícara y le dedicó una mirada traviesa pero tierna al mismo tiempo. La visión de aquel escote duró poco, pues no tardó en dar un pequeño saltito para darse impulso y rodearle el cuello con los brazos más cómodamente, hasta que su rostro volvió a estar muy cerquita del suyo.

-Good Night, Eilen- susurró dedicandole su más tierna y afectuosa sonrisa en ese arrebatador acento inglés- Sweet dreams- añadió, para darle un momento después un cariñosos beso de esquimal- Espero ansiosa que llegue el fin de semana…- confesó imprimiendo a su voz aquel dulce anhelo que sentía- Y práctica para la carrera… no vayas a quedarte demasiado atrás- se rió divertida con cierto tono desafiante y depositó un tierno beso muy cerca de la comisura de sus labios..., Le soltó para dejarse caer, posando suavemente los pies en el suelo de nuevo.

Se quedó unos momentos quieta, mirándole a los ojos, sin decidirse a apartarse de él… la verdad es que no quería, sabía que cuando la soltase, cuando se alejara de aquellos brazos, de Eilen, se desharía hechizo de paz, seguridad e ilusionada felicidad que desprendía y la envolvía. Si por ella fuera, alargaría aquel momento indefinidamente, lo único que la instaba a alejarse era la expectativa de cuan más maravillosos podían llegar a evolucionar aquellos sentimientos en su próximo encuentro. La verdad era que, por más que no quisiera darles un nombre aún, empezaban a rondar algo muy semejante al...amor. O algo incluso mejor, pues realmente todo aquello había superado con creces a toda la satisfacción y la emoción que podía encontrar en su vivida imaginación.

Cuando escuchó a lo lejos, tras la puerta, el eco de los pasos del servicio de limpieza, empujando aquel chirriante carrito, suspiró, dejando patente en su expresión su desagrado al tener que alejarse pero... su tiempo se había terminado, de momento... Dio un vacilante paso hacia atrás, sin esconder ese atisbo de desasosiego que la provocaba alejarse de él. Pero un instante después le pidió que le diera su móvil, con ese gsto risueño y encantador suyo, para poder quedar más cómodamente.
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Tema Privado Re: El secreto de la existencia consiste en vivir y saber para que se vive. (Privado Eilen)

Mensaje por Eilen Shinsei el Mar Mar 20, 2018 9:30 pm

Me encantaba la forma en que actuaba Rowena, tan tierna pero a la vez divertida, picarona y diversa. De un momento a otro de tener unas mejillas tan coloradas como unos tomates, pasaba a ser atrevida con sus actos, acercándose más de la cuenta hacia mí. Mientras más lo pensaba más me gustaba esa actitud, aunque irónicamente poco importaba eso ya que estaba más que consiente de que, y para bien como para mal, me gustaba todo de ella. “Que gran psicólogo eres”, pensaba al tener tantas expectativas por ella, por la mujer que había conocido ese mismo atardecer, como si el mismo tiempo hubiese tomado forma en un estudiante con una duda y una repentina siesta, que juntaron en un presente un posible futuro, uno que me gustaría bastante vivir.
 
Su blanquecino cabello se balanceaba por el viento, a la par que sus ojos se adueñaban de los míos poco a poco y, con algo de timidez, sus labios parecían querer atraerme como un agujero negro, aunque no tenía idea de que provocaría el cruzar el horizonte de eventos. “¿Siente lo mismo que yo?, ¿Y si fallo al dar el primer paso?, ¿Qué provocara nuestra relación?, ¿Podremos seguir adelante?”, con mi profesión era normal escuchar noche tras noche aquellas cuestiones que atormentaban a muchas personas que no poseían mucha autoestima, y me daban bastante pena verlos así. Sin embargo yo no me sentía así en aquellos contactos tan atrevidos pero al mismo tiempo delicados que teníamos ambos, los años me habían ayudado bastante a transmitir esa aura de seguridad y harmonía casi implacable.
 
Por primera vez desde hace ya muchísimo tiempo me sentía realmente excitado, llegando a percibir ciertas gotas de sudor al tener el calor de Wen tan cerca de mí, especialmente en mi pecho. No quería posar mi atención en aquello que resaltaba como nadie, parecían que estaban puestas ahí para que sufriera el tener que ignorarlas. Aunque solo había una cosa que llamaba más mi atención todavía, y eran sus labios los cuales era capaz de notar al ver las reacciones tan obvias de mi acompañante, pero no podía asegurarme si era mejor o peor esa distracción.
 
-Soy un Dragón, no tengo miedo a quemarme- Respondí con un hábil tono provocativo, de repente pude notar como a la par de mi acercamiento y mi atrevimiento al seducirla de tal forma, ella parecía liberarse de su nerviosismo, o más bien dicho, de su vergüenza al enfrentarme con la misma moneda.
 
No podía negarlo ni aunque quisiera, ella parecía realmente feliz y eso no producía en mi nada más que plena alegría, tanta paz y tranquilidad, como si el simple hecho de su seguridad desprendiera un elixir que necesitaba beber para seguir viviendo. “Ese elixir tiene que estar allí”, pensaba avergonzado de mi imaginación y mis pensamientos, pero no me hacía sentir mal, me inundaba el deseo y no lograba creer aun lo tan bien que se sentía aquello. No, no podía negarlo, que Wen me exaltaba como nadie lo puede hacer, sentía realmente una conexión mas allá con ella. A pesar de la precoz coincidencia que nos junto esa prematura noche. Atesoraba tanto ese deseo de acompañarla hasta su vivienda, pero sabía que no podía y que aquellos anhelos debían de hacerse esperar. “A paso lento”, me repetía una y otra vez, la impaciencia de Rowena se transmitía a mi piel al tener contacto directo con la suya.
 
Su repentino salto al atrevimiento fue lo que supero toda expectativa. El sentir sus manos de nuevo, su respiración como el viento más efímero y transcendental que podía sentir. Parecía haberse quitado su manto de timidez y empezaba a manejar un lado seductor que, extrañamente, le pegaba bastante bien. En cada ocasión que tocaba mi piel me estremecía bastante, su nariz pegada a la mía de esa forma tan tierna y al mismo tiempo atrapante. Tuve que contenerme demasiado, más de la cuenta, para no atraparla, agarrarle desde la espalda y tirarla hacia mí para atraparla en un sofocante beso. Pero no quería precipitarme y tan solo me limite a disfrutar de las acciones que ella cometía en contra de mí. “Que mujer”, no podía dejar de sonreír picaronamente ante lo que veía.
 
-Eres más traviesa de lo que aparentas- Le continúe al juego de susurros con una leve risa entre dientes, acariciándola al mismo tiempo que ella seguía. Sin embargo la visión tan explícita y cercana de aquellos senos tan perfectamente curvados, provoco en mi otro sonrojo inevitable. Normalmente no reaccionaria de esa forma, pero esa mujer en particular era diferente, algo hacia que su cuerpo pareciese tan sumamente extravagante para mí. Algo extraordinario e intensamente hermoso.
 
Lamentaba mucho saber ingles en ese momento, puesto que sabía que aquel encuentro había llegado a su fin. Algunas luces del instituto empezaban a prenderse automáticamente al avecinarse la oscura noche. Antes de apartarme de ella la acaricie, le bese la mejilla una vez más pero con más entusiasmo y anhelos que antes, como si no quisiera esperar si quiera a que llegase el fin de semana.
 
Nunca me hubiera imaginado compartir tales momentos con alguien en esos lugares, mucho menos con otro profesor y aunque me preguntaba la razón en un principio y si lo que hacía estaba realmente bien. Aquellas dudas ya no me importaban, no podía expresar con palabras lo bien que me hacía sentir hacerla feliz a ella, que en su hermoso rostro postrase una sonrisa. En aquellos labios que, al verlos, tanto quería tener entrelazados con los míos, pero no quise decírselo.  Era muy seductor en ocasiones y quería guardar esas palabras para otro momento. Además de que si llegaba a hacerlo no podría despegarme de ella de nuevo, por lo que tuve que aguantarme, al menos por ahora.
 
-Estate pendiente- Le susurre con bastante lentitud y un tono que resaltaba la seducción. –Puede que algún día, tal vez necesite que dejes las ventanas abiertas- Reí pícaramente ante la idea, una idea tan juvenil como alocada, a la par que excitante. Podría ser un viejo para los humanos, pero aun era bastante joven para mi especie.
 
A pesar de que pareciera una broma, no tenía dudas de que si me daba el permiso, lo haría. No le temía a la habitación de una mujer, aunque la de ella era algo que no podía imaginarme, no cavia en mi mente y era, en parte, la gran duda que quería saciar. Cuando ella se soltó, finalice el abrazo que nos mantenía unidos, sin antes acariciar su espalda y su cintura con real deseo. Probablemente cualquiera creería que aquellas manos y caricias anhelaban algo mas, y tal vez no estarían del todo equivocados. Aunque los que predominaban con sus deseos caprichosos, eran sin rival conocido, mis labios.
 
Esperaba que el pensamiento constante de Wen en mi cabeza no me distrajese de mis deberes, y que pudiese aguantarme las ganas de que me llamase o me informara la hora y el lugar de nuestro futuro encuentro. “La deseo, deseo su piel, quiero su cuerpo, anhelo sus labios”, eran gritos que no expresaba con palabras, ni acciones, aunque deseaba que pudiese hacerlo en un futuro. Realmente no supe cómo actuar ante la idea y el recuerdo de lo que había pasado. No podía explicármelo, aun con mi alta experiencia. Pero guarde todo eso en mi, sabía que todo llegaba a su tiempo y que, al menos, sabía que ella sentía el mismo pesar y angustia por querer tocarnos nuevamente. “Puedo notarlo solo con ver tus ojos”, quería decirle, no era la primera vez que veo a una mujer tan encantadoramente enamorada. Y no era por querer tirarme flores, tan solo quiera que en esta ocasión en especial, mi experiencia en la mente estuviera en la razón, casi parecía un niño pidiéndole un deseo a una estrella.
 
Me muero de ganas de ver que haces cuando nos volvamos a ver…o mejor dicho, a sentir”, pronuncie en mi mente de la forma más traviesa y seductora posible, rozando hasta lo erótico. Ya sabía que regalarle para nuestra primera cita, en nuestro primer encuentro.
 
Espera… ¿Deje el horno encendido?”, casi como si de una iluminación divina se tratase, el recuerdo de aquel aparato tecnológico de gas se me vino a la mente. Me habían advertido que no podía dejarlo encendido si salia de mi hogar, y no estaba seguro si realmente lo había hecho. Ese encuentro tan repentino y majestuoso fue, seguramente, el causante de que olvidase que, efectivamente, apague el horno antes de salir a trabajar.


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