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¿Estas preparado para escribir tu propia historia en el Instituto Takemori? Adéntrate en el mundo mágico de Éadrom en donde casi todo es posible. Convive junto a otros seres sobrenaturales y humanos. Comprueba si es posible que ambas especies vivan en paz y armonía. Diseña tus propias aventuras, persigue los objetivos que te trajeron hasta aquí y por sobre todo pásatelo en grande! Estas a un paso de formar parte de esta gran historia! Adelante!
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¡Y hoy inauguramos este hermoso espacio para los beios cumpleaños del mes! ¡Perdonen nuestra tardanza en volver! Pero aquí estamos para poder celebrar junto a nuestra Hanita, también conocida como Trinity su cumpleaños (un pelín atrasadito, perdón uwu). ¡Y es que esto es un momento especial! Porque ella es un usuario que siempre ha estado con nosotros desde hace muchos añitos, apoyándonos y ayudándonos un montón. ¡Siempre está allí para todos! Es que es un amor de persona y una excelente moderadora de eventos. Personalmente, les queremos desear un maravilloso cumpleaños a nuestra hermosa Trini Porque la amamos mucho en el staff. ¡Y no se queda corta! Que también es muy querida por los usuarios mismos, por supuesto que si. Así que muy feliz cumpleaños.
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Tema Privado I'll find you - Privado Nathaniel.

Mensaje por Tsukino Aoi el Vie Mar 02, 2018 11:54 am

Aquel día no podía llegar a ser llamado bueno en ninguno de sus aspectos, aunque en realidad un día en la vida del pequeño peliazul pocas veces podía ser llamado “bueno”. Aquel sí que mucho menos. Había comenzado literalmente con el pie izquierdo, su alarma había sonado pero como había tenido tantísimas pesadillas que únicamente pudo dormir un par de horas, entonces escucharla en su cansancio no fue una opción para su cerebro agotado decidir si despertaba, porque no lo haría. Para su fortuna y también desgracia una pesadilla lo despertó de golpe tan solo 30 minutos después, con el corazón en la mano y las lágrimas a punto de caerle por las mejillas. Miró la hora en su pequeño reloj de mesa y saltó fuera de la cama sin darse tiempo a pensar en lo que acababa de soñar. Se aseó como diría su madre en un “baño de gato”, alimentó a su pequeño minino, abrió ligeramente la ventana para que su única plantita la cual atesoraba pudiera respirar tranquila durante el día. Pero algo olvidó y obviamente no cayó en cuenta.

Se apresuró para llegar a clase a tiempo, lo único que pudo desayunar fue un pequeño pan dulce que tenía guardado en su habitación y una botellita de jugo que compró en una máquina expendedora en el camino. La única cosa buena que le pasó en el día fue  que llegó 10 minutos tarde y el profesor no había llegado aún al salón.

***

En la tarde, cuando terminaron las clases, lo único que el pequeño peliazul quería  era volver directamente a su pequeño dormitorio y acurrucarse un rato junto a su gato y tal vez hacer limpieza para distraerse un poco. Había sido realmente un mal día, su camisa de había manchado con un poco de bebida del almuerzo y su lápiz favorito se había extraviado, sus zapatos habían desaparecido del casillero y al buscarlos los encontró en una papelera cercana todos sucios. La razón la desconocía, tal vez no le agradaba a alguien o había ofendido a otra persona, no entendía nada. Había estado conteniendo las ganas de llorar pero estaba seguro que al llegar a su habitación simplemente.. caería. Solo quería un poco de tranquilidad.

Pero se llevó un enorme disgusto y sorpresa en cuanto llegó a la habitación. Notó que la ventana de la misma estaba abierta más de lo normas y además, momo no apareció para saludarlo como ya era costumbre. No había trancado la ventana para que el gato no pudiera abrirla más. De inmediato sintió que un vacío se instalaba en su pecho y el estómago se le revolvía.

-No.. no no no.. Momo.. – Murmuró volviendo a ponerse los zapatos y sin pensarlo correr lo más rápido que podía hacia el campus del instituto para buscar a su mejor amigo. Si se perdía Aoi no sabría que hacer. No quería perder a ningún otro ser querido.

Aoi definitivamente no era la persona más atlética del mundo, para correr era tan torpe que incluso en algunas ocasiones tropezaba con sus propios pies, el aire le faltaba en los pulmones y no podía ver muy bien por donde iba por los gruesos lagrimones que caían de los mismos.

-¡Momo! ¡MOMO!- Gritaba por todo el lugar mientras miraba dentro de los arbustos, en cada esquina, en cada arbolito.

Después de pasar casi una hora entera buscando en tan solo una tercera parte del instituto (por que sí, era tan lento que solo para ese poco le alcanzaba en tanto tiempo), se detuvo para poder poner las manos en sus rodillas, inclinándose hacia adelante y jadeando mientras sus piernas temblorosas se esforzaban por mantenerlo en pie. Hacía varios minutos había dejado de llorar por que literalmente se estaba ahogando con el nudo en su garganta, encontró alguna manera de mantenerse en “calma” para no terminar colapsando como siempre. No ahora que era tan necesario encontrar a su pequeño amigo.

Aprovechó el momento para mirar alrededor y pudo visualizar la gran estructura del invernadero del instituto,  algo dentro de él le decía que tal vez momo había podido llegar a parar allí dentro de alguna manera. Respiró profundo un par de veces intentando recuperar el aliento y caminó hacia allí tembloroso. Se acercó a la puerta y con toda la delicadeza que siempre poseía la abrió para asomar la cabeza mirando un poco alrededor.

-¿M-momo?- preguntó en su típico tono de voz bajito e inseguro, ya sin ganas de gritar. Oía movimiento en el interior, así que se adentró por completo al lugar, asegurándose de cerrar la puerta sin hacer casi ningún sonido. Caminó entre las múltiples plantas que habían allí, impresionado de lo bonitas y grandes que eran, de la cantidad de distintas flores que habían. Definitivamente iría algún día a ese lugar a escribir, seguramente se le ocurrirían muchas historias bonitas.

Vio algo blanco moverse a su izquierda y volteó a mirar algo ilusionado, esperando que de verdad fuera Momo quien estuviera allí. Esperando que de verdad encontrara a su amigo sano y salvo.


Última edición por Tsukino Aoi el Mar Abr 24, 2018 1:24 am, editado 1 vez


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Tema Privado Re: I'll find you - Privado Nathaniel.

Mensaje por Nathaniel Wyatt el Lun Abr 16, 2018 9:53 pm

¿Un mes?, ¿Un mes y medio?, más o menos ese era el tiempo que Nathaniel llevaba viviendo en la ciudad. Un mes exacto en el instituto, un mes en el que se había apoderado casi por completo del invernadero. Pasaba día y noche cuidado de cada planta, desde la más grande a la más pequeña, la más hermosa y la mas descuidada, aquellas que gracias a sus cuidados habían vuelto a la vida.

Amaba cada rincón verde que había en la ciudad, tal como amaba su natal tierra. No había cosa que extrañara más que el bosque cercano a su casa, aquello a lo que por años había llamado "hogar, dulce hogar". Eran muchas las historias vividas allá, desde las más alegres, a las más tristes, todas recordadas con sumo detalle.

Éadrom era un lugar completamente nuevo para él, desde el idioma hasta las costumbres. Pero si algo era igual en todos lados, o...al menos en la mayoría, era la naturaleza. Comprendía sin problema a cada planta, cada árbol y cada flor, así como también a cada animal, todo aquello que lo hacia sentir como en casa.

. . .

Ese día no había sido para nada diferente al resto. Temprano, asistió apenas a la primera clase y ya para las siguientes, el muchacho estaba más que instalado en el invernadero, cargando macetas de allá para acá.

— ¡YUUTO!, deja en paz a las pobres flores, sabes bien que a ellas no les gusta que hagas eso..~ —

Menciono, una voz adolescente, bastante más gruesa para un muchacho de su edad. En el interior del invernadero, entre las plantas, una bola de pelos blanca, similar a un gato y a su vez...un conejo de pelo ligeramente rizado, olfateaba y tocaba las flores con una de sus patas.

Durante gran parte del día, el pequeño compañero de nathaniel, su "mascota" desde que tiene uso de razón, estuvo dando vueltas por todo el lugar. Casi llegada la noche y ya cuando el muchacho había terminado de ordenar y acomodar todo, un estruendo cerca de la puerta del invernadero, hizo que el corazón del albino golpeara con fuerza contra su pecho. — Yuuto.. — Murmuro, casi seguro de que había sido él.

Al levantarse de donde estaba, con sigilo fue caminando por el angosto pasillo que se formaba entre las plantas y la mesa de madera ubicada justo al centro del invernadero — Están creciendo demasiado... — Murmuro, muy para sus adentros, viendo de reojo hacia atrás mientras intentaba salir sin tirar ninguna maceta.

Al lograr asomarse, su vista de inmediato se desvió hacia Yuuto, quien no dejaba de mirar hacia el suelo y menear la cola con interés. — Amo nathaniel, creo que una de sus amigas esta algo inquieta.. — Menciono el pequeño animal, volteando la cabeza para ver a su amo de pie junto a él. Algo extrañado, el joven peliblanco dio un par de pasos hacia el frente, apartándose lo suficiente de la mesa para poder inclinarse. En el suelo, una maceta rota y un montículo pequeño de tierra cubrían algo con pelos blancos — Esto no es una planta, yuuto.. — Murmuro, estirando los brazos sin miedo para tomar aquello que se movía bajo la tierra.

Con una sonrisa torcida, alzó ligeramente a lo que, ahora sabia...era un gato cubierto de polvo. A simple vista, el pequeño se veía en buen estado, un poco confundido y....bastante sucio; Nada que un buen baño no pudiera solucionar. — ¿Te perdiste~?, creo que es la primera vez que te veo por aquí.. — Le hablo, bajándolo con cuidado para acomodarlo sobre su regazo. — Yuuto, busca algo con que pueda limpiarlo, por favor..~ — Pidió, en aquel típico tono dulce y tranquilo, sonriendo en todo momento mientras limpiaba parte del rostro del pequeño invasor con ayuda de la manga de su suéter.




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Tema Privado Re: I'll find you - Privado Nathaniel.

Mensaje por Tsukino Aoi el Mar Abr 24, 2018 1:25 am

Aoi tenía los nervios de punta, él lo único que quería era encontrar a su gato y sentirse tranquilo de nuevo; él no estaba hecho para tener tantas emociones tan fuertes en un solo día, no cuando prácticamente todas habían sido negativas. Por eso no se rendía en encontrar a su amigo, por que lo necesitaba a su lado y era su pequeño soporte. Definitivamente no se rendiría hasta encontrarlo.

Creyó haber escuchado alguna voz dentro del lugar, charlando con alguien. Pero definitivamente no le prestó atención debido a esa pequeña figura blanca que se atravesó en su campo de visión periférica. Cualquiera diría que el pequeño no podría ver casi nada debido al cabello que le cubría más de la mitad del rostro. Pero estaba tan acostumbrado con los  años que había tenido ese estilo de peinado que era como si su mirada estuviera despejada; tal vez podría llamar a eso su gran “super poder”. A pesar de haber visto aquello correr veloz por su izquierda, no se dio cuenta en que momento terminó chocando contra su cabeza.

El golpe fue tal que logró hacer que el peliazul diera un traspié, no pudiera controlar bien su punto de equilibrio y tropezara para caer al suelo directo en el trasero. Su torpeza también afectó a lo que había a su alrededor, claro está; alargó la mano derecha intentándose sujetar de algo sólido que le evitara la caída, pero lo único que pudo tomar fue una pequeña mesa que soportaba pequeñas materas con también pequeñas plantitas, las cuales visiblemente estaban en apenas crecimiento; eran al menos 5 de éstas. La pequeña mesa cayó al suelo a su lado, las materitas se estrellaron  y rompieron en mil pedazos esparciendo la tierra, dejando que las apenas pululadas plantas quedaran enterradas entre montículos de tierra y escombros del barro.

Además, aquel animalito seguía pegado a su cabello, seguramente asustado. Hizo una mueca con la boca, bajando ambas comisuras al mismo tiempo en un pequeño puchero adolorido y llevó su mano izquierda a su trasero para sobarse un poco por encima de la ropa. Dejó escapar un ligero quejido de angustia, apenas audible y se reconfortó él solo durante unos segundos.

Auch… –Se quejó de nuevo ahora un tomo más “alto” que era prácticamente su tono de voz habitual, lo que la gente común llamaría un susurro.  Lo siguiente que hizo fue llevarse la mano izquierda, nuevamente, hacia el peso en su cabeza y tomar con suavidad desde la panza al pequeño animalito para ponerlo en su regazo. –O-oh.. – Abrió la boca apenas un poco formando una perfecta “o” con los labios y detalló aquel animalito con sorpresa. –Que bonito.. –Murmuró después de unos instantes ladeando la cabeza en un gesto delicado hacia la izquierda, los mechones de su pelo ondeando y cayendo con suavidad por su rostro. –¿T-te lastimaste, Amiguito? – No estaba seguro de que animal era, si un gato o un conejo; pero ante el tacto era suave y tenía una mirada gentil, no le asustaba para nada.

Intentó llevar la mano derecha, que para ese momento estaba prácticamente enterrada en el desastre que había hecho en la caída,  pero al momento de moverla sintió como un tirón de dolor se extendía por su muñeca. Un gemido lastimero se escapó de sus labios mientras llevaba la mano hasta su pecho y una lagrimita traidora se deslizaba por su mejilla derecha con dolor. Se le había hinchado un poco la muñeca y su dedo meñique había sufrido una pequeñísima cortadura superficial por algún pedazo puntiagudo. Miró el desastre que había hecho, miró luego su muñeca lastimada, luego miró al pequeño animalito que se mantenía en su regazo ligeramente alterado y que apenas se deba cuenta, llevaba un trapito en la boca; Recordó además a Momo, al cual aún no encontraba y sintió ganas de llorar nuevamente.

Había arruinado todo y su día no podía estar yendo cada vez peor. Pero ya no tenía lágrimas suficientes para derramar.

¿C-cómo arreglaré todo esto?.. –Se preguntó en un susurro tembloroso, sintiendo el nudo grande que le oprimía en la garganta. Por primera vez  miró alrededor buscando, algo con lo que ayudarse o si había alguien más. Pudo ver, sentado en un lugar del invernadero a un chico de cabellos blancos y ojos morados, al cual su mente de inmediato denominó como una persona hermosa. De esas que acostumbraban a describir en las novelas que leía o incluso en alguna que él mismo escribía. Además, en su regazo se encontraba Momo, aún más lleno de tierra que él mismo.

Sintió un sentimiento cálido en su pecho al verlo allí, no sabía si el chico era bueno, malo, cruel o si era agradable. Tal vez se molestaría con Aoi en cuanto viera todo lo que había dañado, tal vez lo golpearía para hacerlo pagar por su error o tal vez… no haría nada de eso, su mirada gentil parecía sincera al mirar a Momo. Pero Tsukino era un pequeño demasiado pesimista que la vida le había enseñado a no confiar en nadie de primeras.. ni de segundas, ni terceras, ni cuartas.. Además, como ya se había visto, poseía una enorme mala suerte. Por eso, lo único que su mente gestionó en hacer, fue encogerse en si mismo un poco, llevando ambas manos a su pecho y bajando la mirada a sus rodillas, Sus hombros tirados hacia adelante y su respiración errática por momentos.

L-lo lamento… P-prometo recoger todo esto… –Dijo en un susurro tímido, avergonzado y más que todo asustado.


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Mensaje por Alice Donakis el Dom Jul 01, 2018 6:27 pm

TEMA CERRADO
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Tema Privado Re: I'll find you - Privado Nathaniel.

Mensaje por Nathaniel Wyatt el Lun Jul 02, 2018 1:18 am

Con sumo cuidado, fue limpiando de manera detallada el rostro del pequeño animal, procurando quitar la mayor cantidad posible de tierra para que no fuese a caer en sus ojos — ¿Cómo te llamas..? — Murmuro, deslizando la yema de su dedo pulgar por sobre su nariz, dejando escapar una leve risa al ver la expresión de su pequeño amigo; Ojos bien abiertos y orejas ligeramente torcidas hacia atrás.

Estuvo a punto de hablar otra vez, cuando un nuevo estruendo dentro del invernadero le hizo cerrar los ojos con fuerza y torcer los labios en una mueca, apoyando ambas manos sobre el lomo del pequeño gato que, igual de "asustado" que el albino, se había ocultado contra su abdomen, empujado a momentos su cabeza contra él en un intento por ocultarse aun más.

Sin querer ver aun lo que estaba pasando, poco a poco fue relajando su expresión, arqueando las cejas al abrir los ojos para ver por entre sus pestañas — ¿Y ahora..? — Murmuro, volteando lentamente el rostro hacia donde debía estar la entrada. De un momento a otro, la expresión del albino fue cambiando. Sus ojos se fueron abriendo cada vez más y casi de manera inconsciente, entreabrió los labios en un gesto de sorpresa.

Con cuidado y sin quitar la vista de aquello que había generado el estruendo, aparto al gato de su abdomen y poco a poco se puso de pie, sujetando al animal contra su pecho. — Es como... — Tomo algo de aire, frunció apenas el ceño y por fin cerro los labios, viendo con detalle al niño que se hallaba sentado junto a pequeños montículos de tierra y macetas quebradas.— Como una pequeña flor... — Agrego, murmurando solo para él.

A simple vista el muchacho se veía sumamente asustado, su postura daba cuenta de que intentaba de alguna forma...protegerse de algo malo. Con los labios torcidos y un gesto preocupado dibujado en el rostro, el albino dio pasos suaves hasta estar lo suficientemente cerca. — Dime...¿Te hiciste daño..? — Murmuro, acuclillándose con cuidado para estar más a su altura y dejar al gato en el suelo junto a ellos. — No te preocupes por esto, luego yo puedo...limpiar todo..~  — Agrego, volteando el rostro hacia el costado para ver el desastre que había dejado. Al regresar su vista hacia el menor, de inmediato su atención fue atraída por el hermoso color de su cabello. Sin pensarlo demasiado, fue estirando su brazo derecho hasta introducir parte de sus dedos en la melena ajena, moviéndolo con suavidad entre sus mechones en delicadas caricias. — ...Que suave.. — Suspiró, sonriendo apenas con dulzura, esperando no asustarlo.




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Tema Privado Re: I'll find you - Privado Nathaniel.

Mensaje por Tsukino Aoi el Vie Ago 03, 2018 7:59 pm

El pequeño ojiazul se encontraba aún manteniendo aquella posición en donde intentaba defenderse, esperando a que el peliblanco lo lastimara, a lo que sea que él estuviera dispuesto a hacer, estaba bastante seguro de que lo había molestado, por que después de todo había destruido bastantes cosas allí en el invernadero y el chico parecía alguien demasiado protector con ese lugar, o eso creía. Quería cerrar los ojos, a pesar de que estos no se vieran a través del cabello, y que la tierra se lo tragara pronto, allí mismo; pero no podía hacerlo, no podía apartar la mirada del hermoso chico que se acercaba a él con paso lento, pudo ver a Momo acurrucado en sus brazos y pudo soltar un suspiro de alivio. Ahora sabía que no importara lo que le pasara a él, por que lo importante era que su mejor amigo estuviera bien.  

Su corazón latía con demasiada fuerza en su pecho y sentía las mejillas ligeramente calientes, estaba seguro de que era temor lo que sentía, la adrenalina que antecedía a la violencia. Sentía calor en la boca del estómago y las manos le temblaban fuertemente. El pequeño chico por fin cerró los ojos en cuanto el albino estuvo lo suficientemente cerca, cuando lo vio acuclillarse; Apretó los labios con fuerza y encogió los hombros, sin embargo nada de lo que había estado esperando sucedió. Contuvo la respiración en cuanto el contrario preguntó sobre su estado. En ese momento levantó la mirada hacia él, viendo de reojo como Momo era dejado en el suelo y caminaba hasta él, acurrucándose contra su pierna; abrió los labios dejando ver una expresión de completa sorpresa  en la parte de su rostro descubierta.

¿…Eh?... – Dejó escapar en un suave suspiro, se encontraba confundido ya que nadie, nunca antes, le había preguntado con una voz tan amable y dulce si estaba bien, nunca nadie antes le había restado importancia con tanta facilidad a sus desastres para poder centrarse en que él se encontrara bien.  Vió sus ojos amables y un fuerte sonrojo le cubrió todo el rostro. Tal vez, definitivamente no era un chico malo, eso estaba comenzando a creer.

Se estaba comenzando a calmar un poco, tal vez confiar ligeramente en el chico frente a él no sería tan malo, después de todo había encontrado a Momo y le había preguntado si se encontraba bien. Pero la tensión llegó nuevamente a su cuerpo en cuanto lo vió estirar el brazo hacia él. Nuevamente encogió los hombros y apretó los brazos alrededor del pequeño Gatonejo que se encontraba sobre sus piernas aún. El animal chilló y salió disparado hacia el chico, debía ser su dueño, haciéndose al lado de la pierna de éste. Momo aprovechó y se subió a su regazo, intentando darle tranquilidad como siempre hacía cuando estaban en su habitación.

Contuvo la respiración un segundo, esperando una cachetada o algo parecido. Todo lo que pudo sentir fue el dulce tacto de una enorme mano sobre su cabello, acariciando sus cabellos y siendo el toque más dulce que el peliazul había recibido desde que tenía 8 años, cuando sus padres se despidieron de él antes de salir hacia el lugar de su muerte sin saberlo. Aoi torció los labios y los apretó sintiendo un nudo grande en la garganta.

¿Qué debía hacer en ese momento? Odiaba el contacto con la gente, pero.. aquel le hacía sentir algo cálido en el corazón. Sorbió por la nariz una vez intentando aguantar el nudo en su garganta e hizo un pequeño puchero, temblaba por completo con todo su cuerpo, desacostumbrado a los tratos gentiles y los toques tiernos. Subió la mano, la que no estaba lastimada, hasta sus ojos y se los frotó con el puño, haciendo que el cabello se le moviera un poco de lugar hacia los lados.  Ahora se podía ver una pequeña parte de éstos en cuanto apartó la mano. Levantó la mirada al chico, ambos zafiros brillantes, grandes y alrededor algo hinchados por haber llorado tanto desde antes. Sin poderlos contener más, grandes lagrimones comenzaron a bajar por sus mejillas con total libertad, cayendo por su mentón hasta su bufanda.

Cerró los ojos, su puchero aumentó y bajó el rostro mientras sollozaba como un niño pequeño; no estaba muy seguro de por qué lo estaba haciendo, tal vez la razón sería que le dolía la muñeca, o tal vez por que no le gustaba ser tocado, o tal vez por que recordó a su familia o tal vez era alivio de haber encontrado a su mejor amigo de nuevo. Tal vez por que había hecho un desastre o por que no le asustaba aquel chico, algo extraño.. Completamente ajeno para alguien como él que desconfiaba hasta de su propia sombra.

L-lo lamento… – Murmuró en medio de un sollozó, su voz saliendo temblorosa y apenas audible, ahogada. –N-no quería hacer tal.. desastre… l-lo lamento… – su cuerpo temblaba suavemente y sus hombros subían y bajaban con cada respiración entrecortada que daba. Se encogió un poco más para poder olfatear a su gato que se restregaba suavemente contra su pecho. –M-momo.. – Sonrió suavemente contra el pelaje del animal, no sabía que sentir en ese momento pero, Momo estaba allí y el chico no lo golpeaba. –R-recogeré todo esto… lo… l-lo.. prometo…

Y… – Se encontraba algo más tranquilo, levantó la mirada llorosa de nuevo a él y sus facciones decían en todo momento lo muy agradecido que se encontraba con el extraño. –Gracias…– Su voz salió sabe y tan dulce como siempre lo era el pequeño, voz tímida pero aliviado al fin y al cabo. –Muchas gracias… – Sorbió una última vez por la nariz, suspirando y una última lagrimita bajando por su mejilla.


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Tema Privado Re: I'll find you - Privado Nathaniel.

Mensaje por Nathaniel Wyatt el Dom Ago 12, 2018 10:00 pm

Mantuvo el tacto delicado sobre sus cabellos solo un poco más, disfrutando la sedosa suavidad y el dulce aroma que desprendía — Eres....como la más hermosa flor.. — Murmuró para sí, pegando por completo la palma de su mano sobre la cabeza del menor, notando apenas en ese momento el temblor de su cuerpo. — Oye, tranquilo... — Menciono, esta vez en un susurro bastante audible, moviendo su mano hacia el costado en una caricia algo más marcada antes de apartarla, dándole espacio.

Cuando el pequeño fue levantando el rostro, casi como por reflejo el albino poco a poco se fue sentando, ladeando ligeramente la cabeza en un intento por ver sus ojos un poco antes. Cuando su mirada por fin logro cruzarse con la ajena, un gesto de sorpresa se fue marcando cada vez más en su rostro, acompañado de un suave tono rosado que pintaba sus mejillas. Era sumamente notorio que aquel niño había estado llorando durante horas, sus ojos hinchados y pestañas ligeramente más tiesas daban cuenta de ello....pero, era hermoso, ese niño era hermoso. — O-Oye, oye... — Logro murmurar apenas, volviendo en si al ver las grandes lagrimas que comenzaron a rodar por sus mejillas. No esperaba para nada que algo así fuera a ocurrir...

Nervioso, arqueo las cejas y se mordió con leve fuerza el labio inferior, estirando ambos brazos hacia él — Amo nathaniel, creo que este niño se hizo daño al caer. Tal vez...por eso está...llorando.. — Ante el comentario de yuuto, el albino detuvo ambas manos a centímetros de sus hombros, viendo de reojo como el pequeño animal levantaba una de sus patas delanteras y comenzaba a moverla, dándole a entender que debía revisar alguna de sus manos o...muñecas.

Ante los sollozos ajenos, volteo el rostro nuevamente al frente y lentamente fue bajando los brazos, permaneciendo en silencio sin saber qué hacer con él. Al oírlo hablar, una sonrisa tierna se fue dibujando en sus labios, negando un par de veces con la cabeza — Descuida, no pasa nada... — Murmuró, llevando la mano derecha hasta el bolsillo de su pantalón en busca de un pañuelo — Solo fue un...accidente — Agrego, extendiendo la tela frente a él — Ten, puedes conservarlo..~. — Le ofreció, manteniendo su atención sobre el niño y su pequeña mascota, enternecido por la escena. Al conocer el nombre del animal, hizo un leve sonido con la garganta y volvio a negar con la cabeza ante la insistencia del menor — No quiero que lo hagas, no es necesario... — Frunció el ceño y se cruzo de brazos, cerrando los ojos — Lo único que quiero, es saber como te llamas y..~.., que por favor me dejes ayudarte~. — Tras decir aquello, abrió los ojos, arqueo las cejas y junto ambas manos frente a su rostro, sonriendo amplio.




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Tema Privado Re: I'll find you - Privado Nathaniel.

Mensaje por Tsukino Aoi el Vie Sep 14, 2018 12:44 am

El pequeño intentaba limpiarse los grandes lagrimones que bajaban por sus mejilla, pero las mangas de su suéter no eran suficientes, ya estaban tan mojadas que no podrían absorber más. Se sentía demasiado tonto y torpe y además estaba haciendo una pequeña escena frente al primer chico que él había considerado hermoso con tan solo verlo un poco. Pero, tenía algo de calidez en el corazón; la amabilidad de esa persona le hacía sentir extraño y solo tal vez por eso no podía dejar de llorar por completo. Tsuki sorbió por la nariz un par de veces, volviendo a levantar la mirada al chico en cuanto lo escuchó hablar.

U-uh.. — Se quedó mirando el pañuelo durante unos pequeños segundos, como si realmente no se lo pudiera creer, sus ojos brillantes y enormes viajaron entre el muchacho y el pañuelo incontables veces. ¿Debería tomarlo? Él se lo estaba ofreciendo de forma tan amable y.. realmente, Tsuki por alguna razón se moría de ganas por tomarlo. —¿D-de verdad?.. —preguntó como si no lo creyera por completo, aunque no quería ser grosero, así que extendió la mano no lastimada y tomó el pañuelo. —M-m-mu.. muchas.. g-gracias.. —Tartamudeó con nerviosismo, llevándose de inmediato la tela hasta sus mejillas, secándolas y.. como por arte de magia las lágrimas se habían detenido por fin. Guardaría ese pañuelo como uno de los tesoros más preciados.

La calidez en su corazón no se iba.

Y él seguía sin poder creerlo, ¿Acaso en su mundo rodeado de desgracia podía haberse encontrado con una persona tan amable? En el pasado parecía imposible, pero siempre mantuvo la esperanza. Le asustaba, algo tan simple como la amabilidad ajena, que había estado esperando por tantísimo tiempo, le aterraba; hacía sentir a su corazón bombear fuerte y sus mejillas calentarse, era lindo.. pero lo que más le asustaba, era tener que prescindir después de aquel encuentro casual, de aquel sentimiento tan abrumador y al parecer adictivo.

E-eh.. -u-uhm.. —La sonrisa ajena era demasiado brillante y el pequeño peliazul solo pudo quedarse varios segundos observándolo, sonriendo de esa manera de veía aún más bonito. El pensamiento hizo que se sonrojara con fuerza. Intentó esconderse un poco en el pañuelo, pero, sus ojos,  tan expresivos y brillantes delataban sus sentimientos, otra razón más por lo que quería ocultarlos. —S-soy.. uhm.. — balbuceó intentando arreglar de nuevo su cabello a su forma común, cubriendo su rostro.  Movimientos torpes y temblorosos para mechones desordenados, sin lugar específico. —T-tsukino A-aoi.. — Dijo lo más bajito que podía bajando la mirada, avergonzado ante la constante mirada del mayor. —P-p-puedes ayudarme.. P-pero.. s-si.. s-si lo haces… p-puedo.. u-u-uhm.. —balbuceó, buscando las palabras.

T-también quiero.. a-ayudar.. n-no quiero.. deberte nada.. u-uhm.. —Propuso avergonzado por completo. De verdad no quería quedar debiéndole nada, pero no estaba seguro de si era era la razón principal para querer quedarse a limpiar. Algo que no sabía reconocer en si mismo lo había dado ánimos para cuestionar aquello; el anhelo por recibir más amabilidad era fuerte y él no lo sabía. —A-así que.. ¿P-podré.. ayudarte a.. limpiar después?... — Su voz salió un tanto más fuerte con un pequeño toque de esperanza en sus palabras, Volviendo a subir la mirada a él, con su cabello desordenado y aún descubriendo pequeña parte de sus ojos zafiro.

Mantuvo la mirada avergonzada sobre él y torció los labios en una mueca nerviosa. Se movió en su lugar, derecha e izquierda y se balanceó de adelante hacia atrás suavemente, apenas perceptible.

¿P-po-p-P-podría s-saber.. t-tú.. — ¿Acaso era muy extraño preguntarle el nombre a alguien más? Se estaba comportando extraño y hasta él mismo lo reconocía. Nunca había tartamudeado tanto por los nervios como en ese momento, era abrumador;  ¿Cómo actuaba una persona normal? nombre.. por favor? — Bien, lo había dicho, por fin. Inhaló profundamente y soltó todo en un suspiro largo, tembloroso y pesado. ¿En que momento había pasado de estar profundamente abrumado por la cantidad de sentimientos.. a estar profundamente apenado por tener frente a él un chico hermoso? No entendía nada.

Woaah.. lo dije.. —Murmuró bajito, para si mismo, esperando a que el mayor no lo oyera. Se llevó la mano sana a la mejilla y se la acunó, avergonzado, cara absolutamente roja y mirada nuevamente abajo, en Momo. El gato lo miraba, estaba leyendo sus pensamientos.. ese gato sabía que tenía en el corazón.. sus ojos lo veían todo. O Tsukino simplemente se estaba poniendo algo paranoico. Solo sirvió para sonrojarse muchísimo más.


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