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Mi heroe inesperado. (Zephyr)

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Tema Privado Mi heroe inesperado. (Zephyr)

Mensaje por Megan & Megara el Mar Ene 30, 2018 12:32 am

Los días eran monotonía, pero no le molestaba. Estaba feliz, aunque sentía que algo faltara en su vida. Tal vez romance, aunque no sabía si era en el sentido literario de la palabra o en el literal.
Se encontraba terminando su turno en el local de comida rápida donde tenía trabajando ya bastante tiempo. Estaba en los vestidores, escuchando a sus compañeras hablar del amor. ¡El maldito y jodidamente hermoso amor! ¿Cómo podían hablar de esas cosas tan hermosas frente de la pobre Megara? Merecían un castigo divino, que se les rompiera el condón en el momento justo que se lo pusiera el susodicho o peor, que no se le parara en el momento de la acción… Al menos esos pensamientos pasaban por la cabeza de Mili, mientras suspiraba, cerrando su casillero ya lista para salir.
—Adiós Negara. Nos vemos mañana— Se despidió una chica de ojos marrón y corto cabello rubio en puntas rosadas. Era una de sus compañeras nuevas, con algunos meses de haber iniciado en el empleo.
—Adiós Susana— contesto ella con una sonrisa sincera. El que no le gustara que hablaran de lo que tanto añoraba para ella no significaba que fuera grosera o no sintiera empatía por sus compañeras.
—Hasta el siguiente sábado Mili. No me extrañes—Se despidió una segunda chica. Ella a comparación de Susana (quien tenía 17) era de la misma edad que Megara. No debemos olvidar mencionar, que Mili era un apodo que Megara tenía desde hacía muchos años.
—Adiós Luka. Recuerda que te toca el turno de la tarde la siguiente semana. No llegues tarde o te pueden despedir~ — Bromeo la peliverde mientras las miraba salir de los vestidores.
—Ah…—un suspiro melancólico salía de sus labios, haciéndola ver un poco desanimada —¿Por qué el hombre perfecto es tan difícil de encontrar?—  susurraba mientras caminaba a la salida de aquel lugar de trabajo al tiempo que las luces se apagaban.

Megara había tenido el último turno. Este casi siempre terminaba a las 11 pm, horario en el que salían después de hacer el corte de caja, terminar el aseo y dejar todo en orden para que el gerente del primer turno abriera al día siguiente a las 8 de la mañana. Solo se quedaban dos empleados más en el local, que de hecho apenas empezaban su turno. Ellos eran los vigilantes.
Los hombres, uno de unos 30 años y otro ya de unos 68 o 70 despidieron a la chica con la mano y una amigable sonrisa.
Mili  lucía un hermoso suéter rojo de cuello alto. Falda de pastelones en color negro al igual que sus largas medias. Botines de tacón corto (de 3 cm de alto) y su cabello estaba atado con listones negros en dos coletas. Sujetaba en su mano un maletín escolar, que era su inseparable accesorio desde la preparatoria y a la fecha seguía resistiendo la guerra de la educación.
Debía llegar a casa antes de que diera media noche, pues a esa hora su hermana salia ese dia a hacer turno nocturno en el hospital, por lo que si no llegaba antes de que ella saliera, tendría que pasar al hospital por la copia de la llave de casa, porque ella había olvidado las suyas en el casillero de la escuela.
Fue esa razón la que le obligó a cortar camino. El atajo le ahorraría solo 10 minutos en su caminata a la estación de autobuses más cercana, la cual solía costarle unos 20 minutos a pie. Entrar por esas laberínticas calles le hacía llegar en 10 minutos, pero el precio era que ese lugar no era muy recomendable transitarlo en la noche.

Y ahí estaba, corriendo como loca, huyendo de un ser que la perseguía. Entre seres sobrenaturales se podían reconocer, si bien no saber la raza, sí que eran “no humanos”. Megara era una súcubus, si, pero no era del tipo peleadora, ni siquiera tenía más habilidades que sus ilusiones y su fuerza y resistencia, lo normal de su raza, pero no tenía nada para pelear y sacar sus alas era una idiotez, por que se arriesgaba a que se las arrancaran.

—¡Auxilio!— No sabía si alguien respondería, pero ella igual grito por ayuda, mientras ese monstruo deforme de varios ojos, boca babeante con cientos de dientes, que parecía más una masa de carne putrefacta con múltiples apéndices cual tentáculos provistos de afiladas cuchillas se arrastraba hacia ella a una velocidad que ella misma no podía creer. —¡Ayúdenme!— ¿Que más podía hacer que pedir ayuda? Solo esperaba que alguien la escuchara y le salvara la vida…o seria tal vez la siguiente víctima de aquella masa asquerosa que no sabía bien como definir.
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Tema Privado Re: Mi heroe inesperado. (Zephyr)

Mensaje por Zephyr el Mar Ene 30, 2018 10:21 pm

Las heridas arden, pero sanan. Tarde o temprano, siempre lo hacen. Pero Zephyr sufre un problema mayor: sus heridas no tienen el tiempo para sanar. Noche tras noche, persecución tras persecución, lucha tras lucha. Siempre intentando sobrevivir. Siempre saliendo con un hilo de vida de peleas con seres monstruosamente violentos, que con sus fuerzas hacen hasta lo imposible por eliminarlo. La carne se le desgarra, pero vuelve. Los huesos se le rompen, pero se re-acomodan. Y aunque la sangre se va perdiendo, poco a poco, la voluntad sigue firme. En su mirada aún se ve el fuego de la ira, que lo empuja a dar un paso más cada vez que siente el peso de todo su cuerpo aumentar, hasta dejarlo de rodillas en el suelo.

Esa es una de «esas» noches. La marca comenzó a arder desde temprano, dejando salir los hilos de sangre que cayeron por su cuello. Al tocarse la marca podía sentirla arder. Esa noche, por muy joven que fuese, ya estaba preparando su «entretenimiento nocturno». Se hallaba oculto en un edificio abandonado cuando el dolor le despertó. En las heridas se podía ver su mal estado, siendo apenas capaz de levantarse. Pero hizo el esfuerzo, tal como todas las noches, dejando que el sueño que estaba rondándole se esfumase. Estaba cansado, pero tanto tiempo había pasado tras dormir durante la noche, que ya no era capaz de recordarlo con claridad.

El estigma sangraba, siendo lo único con importancia en ese momento. A su alrededor se hallaba una criatura sedienta de sangre, acechando por las sombras colindantes. Con la mano derecha sosteniendo la empuñadura de su espada, y la mirada que su único ojo sano le podía brindar en los alrededores, se puso en guardia. Estaba fuera del edificio, pero estaba muy oscuro. No había luna esa noche, ni tampoco luces por las calles. El sonido más mínimo provocó el reflejo que toda una vida de luchas en la oscuridad creó. Pero su espada abanicó, dejando que, sea lo que sea estuviese ahí, saliera indemne de su ataque. Varias cajas y diarios viejos fueron tirados con fuerza, partidos por el pedazo de hierro. Era la basura dejada por las personas, nada más que eso.

«¿En dónde está?» se preguntó. Bastaría un segundo sonido, el crujido de una madera, para que se lanzase como animal furioso hacia esta. Un corte hacia abajo, usando el peso de su espada más su fuerza, capaz de partir a un humano a la mitad. Pero falló nuevamente. Era una criatura ágil y peligrosa, lo suficientemente astuta para aprovechar esa apertura y atacar con sus garras el abdomen de Zephyr, en la parte izquierda. Sucedió justo tras su ataque. La herida empeoró las demás, y este cayó al suelo. La respiración se le tornó pesada, el pecho le estaba ardiendo, y su brazo derecho ya se encontraba entumecido por la fuerza mal aplicada en sus ataques.

Mierda… no voy a conseguir nada así —murmuraba, con su voz sufriendo el efecto de su agitación. Al no poder verla, se dio cuenta de la desventaja de la pelea. Hizo a un lado su espada y preparó la ballesta de su brazo izquierdo, esperando con los pernos listos para dispararse a la mínima señal. Esta vez, su ataque fue exitoso. Tres pernos impactaron en la criatura, soltando un rastro de sangre oscura que se veía incluso en el pavimento cubierto por las tinieblas. Zephyr se puso en pie. La criatura, desde las sombras, sintió que no se trataba de una presa fácil, y decidió huir. Pero el espadachín no estaba dispuesto a dejarla escapar. Sin embargo, la criatura, fácilmente, le sacó mucha ventaja con unos segundos tras iniciar antes.

El monstruo se apartó lo antes posible, distrayendo su atención con otra presa. Empezó a perseguir a la muchacha, oliendo su verdadero ser. La libido del monstruo fue creciendo a medida que se acercaba a la succubus. Estiraba sus afiladas extremidades, intentando alcanzar a la mujer demonio mientras la perseguía. Los gritos de esta tampoco le amedrentaban. Sólo por las heridas que Zephyr le propinó con su ballesta, la velocidad de la abominable bestia se había visto disminuida.

¡No huyas, hijo de puta! —se escuchó un grito. Era Zephyr, dándole caza al monstruo, que a su vez iba cazando a la succubus. Fue con ambas manos sosteniendo su espada por un lado, y la armadura que, si bien aumentaba su peso, ahora le estaba sirviendo para ir más rápido. Las calles tenían una inclinación, y todos iban en dirección a la parte inferior. El peso de sus pasos fue menor, pero aún estaba agitado. Tuvo que lanzar una de sus pequeñas bombas para golpear por la espalda a la criatura y derribarla. Ese momento fue clave, en el que Zephyr saltó con su espada en manos, lanzando el golpe de gracia.

No obstante, la bestia no se rindió, y se sacaría a Zephyr de encima con un golpe, estrellándolo contra un muro. Cuando se puso de pie se pudo ver el cambio en su mirada. Unos ojos inyectados en sangre, con la saliva de la bestia saliendo a borbotones. Un monstruo en celo, interrumpido por un guerrero que estaba sangrando contra el muro, intentando no morir dentro de su armadura.

Gr… —se puso de pie. Gruñidos salían de su boca, asfixiando los quejidos del dolor. La bestia rugió, lanzándose al combate. Múltiples cortes apareciendo por el cuerpo de Zephyr, mientras intentaba bloquear con su espada lo mejor que podía. Pero se hizo con una apertura, dándole un tremendo puñetazo con el brazo de metal. Varios huesos rotos como premio para el monstruo, seguido por un corte con su espada que, lamentablemente, no alcanzó su destino—. Mierda… —sus energías iban agotándose, y aún estaba empezando la noche.


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