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Tema Privado Tus pensamientos me parecen algo familiar. [Con Mozart]

Mensaje por Helena Solaris el Jue Ene 11, 2018 3:07 pm

Límites


Había una línea. No estaba “marcada”, nunca nadie se había tomado la molestia de dibujarla, sin embargo, existía. Ninguna persona jamás la había trazado, hacerlo, materializarla en el plano de la existencia, darle límites físicos sería la prueba contundente de que el autor estaba mal de la cabeza (un deschavetado más, alguien que había perdido la razón y el juicio o bien, que nunca los había tenido), ésta no estaba presente en ningún lugar, mas existía en el inconsciente colectivo y era muy parecida a la línea de seguridad de color rojo u amarillo que se encontraba presente en cada una de las estaciones del tren existentes. La línea de seguridad existía con el objetivo de salvaguardar la vida de los usuarios para marcar la prudente y necesaria distancia conveniente a guardar al esperar por la llegada del tren, con ésta si alguna vez alguien por accidente era empujado (pero dicha persona había respetado la línea roja u amarilla), las probabilidades de caer al fondo  de las vías electrificadas o de caer justo cuando el tren ha llegado bajaban, y la vida de la persona podía continuar con un ligero respingo en el corazón por lo cerca que estuvo de averiguar si al momento de morir era cierto o no que la vida de uno pasaba ante sus ojos. La línea en la que Helena pensaba cumplía la misma función que la de seguridad, también salvaguardaba la integridad de cualquier ser pensante.

Todo ser humano (o toda criatura pensante) conocía dicha línea, pero nadie la dibujaba porque no hacía falta y no era tan simple como decir “todo dentro de esta línea es mío, por lo tanto esta parte de la casa es mía, todo lo que pase de la línea, es tuyo”, no, no existía físicamente y jamás existiría, pero todos la conocían y sin querer, la respetaban. Era la línea entre la cordura y la locura. Helena desde hace tiempo se preguntaba si la había pasado o si más bien era normal, por momentos de la vida de cualquiera, que camináramos justo sobre dicha línea, entre la cordura y la locura, quizá cuando el impacto de la realidad fuera muy grande o cuando el dolor fuera demasiado.

A Helena nada le impactaba, había aprendido a sobrevivir y vivir con la realidad, se adaptaba. Era fruto del trabajo duro y su terquedad, era resultado de la resistencia que presentaba y de sus ganas de seguir y descubrir más. Tampoco nada le dolía, había aprendido hace mucho de las pérdidas y despedidas, del cambió y se había adaptado. Entonces, ¿qué estaba mal?

No sabía que le abrumaba más, si los pesados exámenes que cargaba o el largo día que había resultado en nada. Exámenes de sangre, perfil lipídico, ultrasonidos, estudio nutricional, resonancia magnética, pruebas de agilidad mental…. Nada.

Diagnóstico emitido por los doctores: Buena salud, conserva de hábitos para mantener.

Diagnóstico emitido por Helena: Algo anda mal, muy mal y prefería mil veces que fuera algo físico (un tumor chiquitito, benigno y operable o una descompensación con alguno de sus componentes, algo fácil de arreglar) que algo más profundo. Algo más fácil que un delirio mental. ¿Tendrían la culpa todas esas series de asesinos seriales y todos esos documentales de enfermedades mentales qué le gustaba ver? Empezaba a desarrollar un lado hipocondríaco y no sabía qué hacer.

Desde hacía unos meses Helena dormía más y en ocasiones, cuando estaba más en las manos de Morfeo que en terreno de su consciente, por ratos “escuchaba sin querer o leía” pensamientos de alguien más. Sabía que no eran de ella, lo sabía, al despertar estos se mantenían en su mente, luego los olvidaba, pero al cerrar los ojos los veía de otro color, los sentía ajenos, pero no entendía, ¿cómo demonios fueron a parar a ella? O ella a ellos, ¿y de quién eran?

Para empezar debería de cuestionarme porqué ya no me cuestiono si estos pensamientos son reales. Se le agotaban las posibilidades, ya no sabía qué hacer, ni como pararlo. Desde que todo empezó lo más lógico que se le ocurrió fue presentarle la situación a su psicólogo, éste la mando al doctor, éste mando todos los exámenes que se le pudo ocurrir, cuando obtuvo los resultados la mandó de regreso al psicólogo, ¿qué rayos? Sentenció. No día culpar ni a uno ni a otro por no poderla ayudar, quizá ella debería de empezar a hacer algo, ¿pero qué? Si lado hipocondriaco por otro lado ya se ponía a trabajar, no podría dejar de pensar en la ligera posibilidad de padecer una de esas enfermedades en que los signos desaparecían por épocas, pero qué vuelven después. Cerró los ojos, se recostó en la cama y empezó a dormitar, si las cosas sucedían cómo de costumbre, ahí los leería, o escucharía.

"Muchas notas, que muchas notas dicen. Simplemente los nobles son más que cerdos con sentido musical mediocre".

Pero esta vez contestó, si algunos la iban a creer loca que por lo menos su locura no fuera a medias y fuera completa. "El mal gusto musical no se reserva sólo a los ricos".




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Tema Privado Re: Tus pensamientos me parecen algo familiar. [Con Mozart]

Mensaje por Invitado el Lun Ene 15, 2018 9:41 pm


septiembre de 1787


Nunca fue un hombre dedicado a su religión a pesar de la época. Ni siquiera era alguien de orar ni mucho menos pensar al respecto de la iglesia cuya muy bien estructurada y popular hacía que los hombres y mujeres corrieran a por ella. Si acaso la tocaba con un pie cuando de deleitar a ceremonios con su música. Pero siempre terminaba igual. Les encantaba mucho a todos excepto a los queridísimos hombres del Emperador de Austria. Como los odios, como le gustaría lanzarles su plumilla como los dardos que tanto adoraba lanzar esas noches de ocio en los bares.


Esos hombres tan sonrientes y deslumbrantes como si fueran santos mas en la iglesia estatuas cerca del emperador dando sus consejos mediocres y por supuesto, el hombre con poco sentido musical , el que da la última palabra a todo obviamente se lo creía al derecho y al revez. Que desespero tener que ser sometido a un desprecio de su carrera cuando muy bien está en la quiebra y de conseguir un trabajo con en la corte dependería la felicidad de su esposa. La única persona que a duras penas dedicaba tiempo para sentarse en la habitación y escuchar sus quejas y súplicas esa aquel hombre, compositor de la corte, La persona mas religiosa y admirable para él.


-Maestro Salieri... Por favor, Hablé con el emperador. Eres el único que con su palabra hace que cambie de parecer.


La conversación se llevó a cabo en el gran palacio, luego de la ceremonio en la iglesia. Sabía muy bien que estaban buscando un músico que le sea leal al Emperador para enseñarle a su hija. Sin embargo, a pesar de dar su palabra el castaño Compositor de la corte, nunca ese empleo le llegó a las manos. Muchos le dijeron que sea mas flexible y diera sus obras como los nombres lo querían escuchar. Wolf nunca, Jamás doblegar a cambiar su estilo, ni dar sus papeles originales. Decisión que lo hizo caer. En la noche del mismo día en el que se enteró que ya eligieron un tutor para la hija del emperador iba por las calles oscuras de Vienna cuando por primera vez un susurró dentro de su cabeza se hizo fuerte. Esta voz le respondió mientras tambaleante con una botella de alcohol andaba. Su derecha apoyada sobre la pared los sostuvo. Hace tiempo atrás cuando estaba con su esposa en la mayoría de veces, escuchaba una voz femenina dentro de su cabeza, pero como siempre tan despreocupado pensaba que era su mujer la que siempre le estaba hablando En este momento, no había mas nadie que su alma en pena.


-Stanzi...? -Murmuró antes de girar brusco hacia atras. "Qué me estoy volviendo loco de verdad... Primero lo de mi padre, segundo esto..." Se arropó con la capa negra siguiendo su camino. "Ahora.. que le voy a decir... Oh Stanzi..." Ciertamente, debía enfrentar a su mujer preocupada por la falta de empleo estable.
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Tema Privado Re: Tus pensamientos me parecen algo familiar. [Con Mozart]

Mensaje por Harry Strauss el Dom Abr 01, 2018 7:38 pm

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Tema Privado Re: Tus pensamientos me parecen algo familiar. [Con Mozart]

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