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La primera siesta |Privado|

Mensaje por Invitado el Dom Ene 07, 2018 10:40 pm

Las manecillas del reloj daban las 11:30 a.m. y la cabeza castaña se encontraba contra la madera fría de la mesa. Los ojos cerrados y una apariencia inocente, dulce, algo infantil, ante todo por la posición adoptada para dormir durante los pequeños descansos que poseía. De a poco, podía recordar sus momentos en la etapa escolar, como dormitaba en cada clase, como era castigada por los maestros, una que otra vez por fingir prestar atención, mientras era su hermano el que terminaba tomando los apuntes, como había sido posible, que una mujer como ella lograra llegar a ese grado académico, con tan poca responsabilidad; se preguntaba todo el tiempo, luchaba contra los demonios que le asechaban entre dudas de su mismo existir y las ganas de correr a averiguar que era lo grande que había logrado al haber estudiado aquello. Con cuidado se acomodo nuevamente, usando las manos como almohada bajo su cabeza, acerco la silla aun mas al escritorio, dispuesta a dormir hasta la hora de almuerzo y mas alla.
 
El sueño fue interrumpido, un gran estruendo a su lado la hizo volver en ella, con los ojos entrecerrados, pudo notar como un par de chicos corrían por fuera de la enfermería, enérgicos, llenos de vida, gritando, eufóricos. Con pereza, somnolencia; se levanto de su asiendo, sacando medio cuerpo hacia el pasillo -¡Está prohibido correr por los pasillos! – Gruño sin esfuerzo, logrando detener a los jóvenes bulliciosos, los cuales solo se voltearon a pedir disculpas, caminar unos pocos metros y volver a correr en los pasillos, logrando sacar un suspiro de los labios teñidos de rojo. La puerta de la habitación se cerro tras ella, mientras el cuerpo pesado se dejaba caer en la silla nuevamente, buscando la posición perfecta para volver al sueño que había perdido hace unos momentos.
 
La posición perfecta había sido encontrada, de una extraña manera, con las piernas sobre el brazo del asiento y la cabeza hacia atrás, casi perdiendo la capacidad de pensar, con toda la sangre que subía a su cabeza ante tal postura tan extraña. Los ojos se habían vuelto a cerrar, y el cansancio parecía consumirla, era aun temprano, no era tiempo para dormir, pero la temperatura, el silencio, la colocación, lograban una situación perfecta, que no podía desaprovechar, y menos con tan poco alumnado visitando de su cueva. El sueño perfecto había comenzado nuevamente, con risas y recuerdos de su juventud, su hermano y … el ruido exterior había vuelto a despertarla con un sonoro estruendo. Asustada, todo su cuerpo se levanto de un salto, buscando de donde provenía el nuevo malestar. Un pequeño gato carey hacia su entrada, acomodando todo su cuerpo en una de las camillas, lamiendo de sus patas, limpiándose el rostro, mientras la vista de la castaña se fijaba en el pequeño desastre que había formado al entrar por la ventana, lanzando uno de los jarrones con flores al piso. Refunfuño, a punto de hacerle un espectáculo de ira al pequeño animal que la miraba con cierto encanto, comiéndose la rabia de haber sido despertada de nuevo. Con cuidado recogió de los pequeños trozos de vidrio que habían sido esparcidos por el piso, para limpiar con pedazos de papel el agua y dejar las flores en otro lugar.
 

Bostezo, frotándose un ojo al terminar, para observar la serenidad con la que el pequeño animal, terminaba su aseo para ponerse a dormir en las blancas sabanas. Un suspiro escapo, y con cuidado de no molestarle demasiado, se acomodó a un lado de este, rodeándole con el cuerpo, mientras sentía los pequeños ronroneos, junto a las caricias de la bestia destructiva. Acomodo la cabeza sobre la almohada helada, sintiendo un pequeño frío, agradable, que le recorría el rostro, logrando un pequeño cosquilleo en sus mejillas. Los ojos volvieron a cerrarse con tranquilidad, sin miedo a ser despertada de nuevo, con aquel pequeño calorcillo en su estómago, amable y de cierta manera, agradable, que logro, que el sueño la consumiera aún más rápido de lo que había logrado con anterioridad.
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Re: La primera siesta |Privado|

Mensaje por Lydia Fireclaw el Mar Ene 09, 2018 10:40 pm

“¿Crees que todo esto ha sido en vano? Solo escúchame y con mucha atención, ya que no lo repetiré: Lo que vi-“

El despertador que se encontraba en el velador junto a la cama sonó, despertándola al instante y provocando que aquel misterioso hombre de sus sueños se esfumase en cuestión de segundos. Murmurando algo por lo bajo, visiblemente molesta por haber sido interrumpida, apagó el despertador y volvió a cubrirse completamente con las sábanas cosa de ignorar el sol que ya había empezado a filtrarse por las cortinas. Difícilmente lograba dormir de manera profunda y/o soñar algo que considerase decente, por lo que… si, se desanimó bastante por tener que levantarse. “No quiero ir” Giró en la cama para poder cambiar la posición, frunciendo el ceño de manera ligeramente infantil. “No pienso moverme. Lo que venía era la jodida clave y ya la perdí.” Entonces parecía bastante decidida a mantenerse en esa misma posición para ver si en una de esas lograba volver a dormir y reanudar el curioso sueño. Aunque, después de unos tres minutos -que parecieron ser mucho más- en los que se quedó observando a la nada… – Me rindo. Es inútil. – y tras decir aquello, salió de su escondite para poder desayunarse y arreglarse. La… rutina habitual, vamos.

Y siendo consciente de que el tiempo seguía estando a su favor entonces, no se apresuró fuera de lo que ya era habitual ni nada del estilo. Caminó a su ritmo en lo que terminaba de comerse una manzana, saludando con un gesto de cabeza -por mera educación- a un par de alumnos con los que alguna vez cruzó palabras, que en ese momento pasaban por ahí. Lydia disfrutaba enormemente de aprender y poder desarrollar ciertas habilidades (dentro del ámbito académico) en el instituto, pero el hecho de verse rodeada por una masa de estudiantes ruidosos por varias horas simplemente era exhaustivo. Además el hecho de concentrarse únicamente en estudiar durante las horas escolares parecía no facilitar la socialización con los demás, pero bueno… Tampoco era como que le importase demasiado. Le dio una última mordida a la manzana tras haber entrado al instituto y la botó en el primer basurero que encontró. Como supuso, había llegado bien, unos cuantos minutos antes de que sonase el primer timbre.

[…]

Un par de clases ya habían pasado y ahora se encontraba escuchando distraídamente al viejo profesor de física, quien se encontraba dictando y anotando unas cuantas fórmulas en el pizarrón, para luego empezar a explicar el para qué servían y varias cosas que tuviesen relación con lo que estaba explicando. Después se puso a dar varios ejemplos y durante uno que involucraba una bola de boliche, una señora y un edificio de vete tu a saber cuantos metros, Lydia había terminado de copiar las fórmulas y algunas frases a los lados que resumían el extenso monólogo que todos estaban escuchando sin opción en aquel momento.

Pero bueno… ¿Alguna duda?

El silencio reinó súbitamente en el salón y alguien levantó la mano pero se arrepintió inmediatamente, murmurando algo que arrancó un par de risas a su alrededor. Por su parte, Lydia pasó un par de segundos mirando el techo hasta que finalmente estornudó. “Hm, ¿me habré resfriado?” Ladeó la cabeza levemente, cogiendo el lápiz para hacer unos cuantos garabatos en una esquina de la hoja en lo que el profesor explicaba otro ejercicio que acababa de inventarse. Luego una gota de sangre cayó a su hoja. Extrañada, alzó una ceja y otra volvió a caer. Se llevó una mano al rostro para poder tocarse sobre los labios, encontrándose con el impresionante giro argumental de que le estaba sangrando la nariz. Sin darle más vueltas al asunto alzó la mano para captar la atención del profesor – ¿Puedo ir al baño?

Tras haber recibido el permiso salió del salón, acompañada de unas cuantas miradas curiosas por parte de sus compañeros. Anduvo por el pasillo en dirección a los baños, apretando con su dedo índice y pulgar la parte blanda de la nariz en lo que aparentemente maldecía en voz baja. Todo hubiera sido perfecto de no ser por una profesora que le miró con curiosidad.

¿A dónde vas? – intentando no sonar como que la quería apartar lo antes posible para poder llegar tranquila al lavabo -cosa que era más cierta que nada-, le respondió con el donde iba y de paso añadió el porqué, en caso de que siguiera dispuesta a entablar una conversación en lugar de hacer algo útil – Oh, creo que es mejor que vayas a la enfermería, linda. En una de esas te desangras y-

De inmediato Lydia rodó los ojos en lo que daba media vuelta y caminó en dirección a la enfermería, interrumpiendo la charla estúpida que se estaba generando y asintiendo distraídamente para que supiera que había escuchado la indicación. Le parecía poco necesario el ir a que la vieran -junto al comentario de que se iba a desangrar-, pero… prefería obedecer y que la dejasen tranquila un rato.

Al llegar, se detuvo un momento en la entrada y bufó, teniendo más que claro que solo estaba perdiendo el tiempo. Como sea, entró un par de segundos después, para encontrarse con la… enfermera, supuso – Buenas, sí, me estaba sangrando la nariz hasta hace unos minutos e insistieron con que viniera a verla. – su tono no era el más cordial, claramente. Se quedó de pie frente al escritorio, cargando todo el peso en una de sus piernas – ¿Interrumpo algo? Supongo que con una de sus aguas de hierbas o lo que sea voy a quedar como nueva, ¿no? – y rodó los ojos, para concluir aquel molesto diálogo.


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Re: La primera siesta |Privado|

Mensaje por Alice Donakis el Lun Mar 26, 2018 10:06 pm

TEMA CERRADO
Tema cerrado y trasladado a la papelera debido a que lleva más de dos meses inactivo.
Si desean volver a abrirlo pedirlo aquí.

➢ Lugar: Edificios/ Enfermería


Dime, ¿Cuán grande debe ser el abrazo para olvidar mi soledad?


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Re: La primera siesta |Privado|

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