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Comme au premier jour [Priv. Abel Tragoid]

Mensaje por Miki F. Andersen el Dom Ene 07, 2018 2:46 pm

La luz se colaba entre las hojas de los árboles, meciendo el viento con sus gentiles manos las que caían bajo el yugo de la naturaleza. Sin embargo, los animales continuaban haciendo sus nidos en sus copas, en el tronco. Aves nocturnas que dormían a esa hora de la mañana, ardillas que salían a buscar comida con avidez. El invierno se retiraba lentamente, y sus estragos en tierra no terminaba de desaparecer todavía. El manto blanco de nieve continuaba cubriendo el suelo, y mi búsqueda sería aún más ardua de lo que debiera, pero escavar en la nieve con tus manos no era malo. Para eso estaban los guantes, al fin y al cabo. El sonido de mis pies se amplificaba al caminar por la nevada, crujiendo. Aun así, era casi una manta fina lo que quedaba, y el frío amainaba.

Llevaba unas botas forradas por dentro, unos pantalones oscuros, una camiseta interior bajo el jersey, y un chaquetón largo hasta los muslos. Me gustaban esos abrigos, aunque no sabía su denominación correcta. Colgado en una mano tenía una bolsa reciclable y unos cuantos recipientes. Habían llegados intactos a la foresta, sobreviviendo todo el recorrido. Ciertos frascos ya tenían plantas dentro, con su respectiva etiqueta con el nombre escrito. Sonreía al ver lo bien conservadas que estaban a pesar de la estación. Serían de mucha ayuda, por supuesto.

Mi mirada sorteaba cada rincón en donde pudiera estar cualquier espécimen que buscaba, finalmente hallando uno justo en las raíces de un árbol. Me puse de rodillas, entusiasmada. Saqué uno de los botecitos de la bolsa, abriendo la tapa y escribiendo con el rotulador el nombre completo. Sin embargo, vi un roedor salir de entre la maleza, tanteando justamente lo que yo buscaba. Muchos animales se alimentaban de las plantas que recogía en ese bosque, por lo que no podía negarle que comiera. Él vivía ahí, al fin y al cabo. Únicamente cogí cuidadosamente un ejemplar de los tres que había ahí, observando al roedor con ternura. Quizás hubiera necesitado más; no obstante, prefería que la fauna de ese lugar siguiera creciendo sana y bien alimentada.

Me levanté de un salto, con las piernas entumecidas al estar agachada. Tomé la bolsa del suelo, sacudiéndome los pantalones no demasiado, porque sabía cuántas veces me volvería a agachar, y era inútil pretender que el pantalón se quedase limpio—Nauti ruoasta (Disfruta la comida)— saludé con un pequeño movimiento de mano. Aún así, comencé a inspeccionar el tronco, buscando algo interesante. Siempre era bueno experimentar con cosas nuevas.
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Re: Comme au premier jour [Priv. Abel Tragoid]

Mensaje por Abel Tragoid el Lun Ene 08, 2018 7:11 am

¡Oh, crudo invierno, salve!
puesto que traes con las nieves frígidas
el amor embriagante
y el vino del placer en tu mochila.

Rubén Darío

¡Oh, invierno!Escapabas nuevamente de mis días; se secaban tus mares blancos, se derretían tus corrientes cristalinas, y tu frío iba desvaneciéndose. ¡Oh, invierno! Te marchas inexorablemente, y la espera de tu regreso será tortuosa. ¡Añoraré a los Ángeles espolvoreando azúcar desde el albo éter! Y tus gélidos soplos ¡También los extrañare! Más a pesar de quererte eterno, debo resignarme a tu retirada, al estricto orden de las estaciones. La naturaleza, y más concretamente, el universo, se mueven a expensas de las individualidades que albergan; manifestar un deseo cuyo contenido lleve implícito transfigurar el proceder natural es, en rigor, absurdo; quien lo desee, idiota. ¿Por qué amaba tanto el invierno? Porque adoro el conjunto de elementos que dan forma a los climas invernales. El sol es irritante; por esto gustaba del cielo encapotado. El calor, sofocante; por eso prefería el frío. El blanco, casto y elegante color; por eso disfrutaba tanto verlo caer a trocitos. Todos estos factores se conjugan maravillosamente para dar a forma a mi adorado invierno.

Era uno de sus últimos días [del invierno], y decidí aprovecharlo. Aún quedaba un algo de nieve extendida sobre la tierra; la naturaleza me ofrecía la oportunidad de disfrutarla. Salí a caminar por el bosque. Me animé a contemplar estos lindos paisajes que habrían de desaparecer pronto. Mis pies hollaban la nieve, dejando un rastro de huellas tras mis espaldas; mis manos descansaban en los bolsillos del sobretodo, y guiaba mis ojos por sobre las partes constitutivas del paisaje. En estas, avisté a lo alto, una tierna pareja de ruiseñores; su plumaje castaño evocó a mi mente la imagen del café con leche que tomé esa mañana. Me detuve unos momentos para admirarlos; en toda mi observación permanecieron tácitos, por lo que no tuve el privilegio de oír su alegre canto. Aun así, con o sin canto, me regocijaba este matinal paseo por el bosque nivoso.

La coloración de ciertos paisajes está establecida por una paleta específica; la del bosque, en invierno, suele estar conformada por: el blanco de la nieve, el marrón de los troncos, el verde de las hojas, y las ligeras variaciones del plumaje de las aves circundantes. Conforme a esto, la tonalidad de su cabello resultó desacorde a la composición cromática del medio; y, por ello precisamente, atrajo mi atención. Era rosado; ¿quién habría imaginado hallarse tal color, en semejante mosaico? Recordé entonces que vivía en una ciudad policromática; podía descubrir cabellos azules, otros verdes, o, inclusive, con todos los colores, como si un arcoíris dimanará de una cabeza. La muchacha portadora de la particular cabellera estaba inspeccionando un tronco. No tenía deseos de entablar conversación, y mucho menos de conocer alguien nuevo- Dedicaré este día al bosque, únicamente al bosque. Probablemente, mañana amanecerá seco. Debo aprovechar lo que resta del invierno -Pensé, y continué mi marcha. Siete metros habrían bastado para que el chasquido no perturbará el silencio de la muchacha; pero yo no estaba a siete metros, sino a dos, cuando mi pie izquierdo rompió una rama confundida entre el blancor de la nieve. Y, como era el ambiente silencioso, sin ruido alguno que atenuara mi estruendo, el chasquido se escuchó estrepitosamente.

¡Torpe, torpe, torpe! -Pensaba y me decía a mí mismo-¿Una rama? ¿En serio? ¡Qué manera más ridícula de atraer la atención!- ¿Habría escuchado, esta singular muchacha, el chasquido?




~ La Tragédie de l'homme ~

"He sabido hallar en las cosas desagradables de este mundo un algo de belleza, un algo de razón para vivir. Y vivo, y río, y lloro, y siento... Porque pese a todo, hay en lo absurdo algo de sentido, y en lo miserable algo de plenitud."
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Re: Comme au premier jour [Priv. Abel Tragoid]

Mensaje por Miki F. Andersen el Lun Ene 08, 2018 12:27 pm

Al llevar guantes, el tronco no raspaba tanto como otras veces; lo más incoveniente era que la lana se enganchara y acabara con un par de guantes menos. Me animé hasta a escalar, intentando encontrar algún espécimen más para la tienda; sin embargo, el árbol estaba calvo: las únicas plantas que iba a encontrar eran las hojas que adornaban sus ramas únicamente. No era caso subir tan alto si después sería incapaz de bajar. Esmeradamente, bajé, paso a paso, con la intención de ni romperme yo, ni arrancarle parte de la corteza al árbol. El momento en que mis pies tocaron el suelo, no pude evitar suspirar aliviada, sin tener que preocuparme por las alturas.

Di un respingo al escuchar una rama romperse a poca distancia. Existían dos opciones: que la naturaleza me jugara una mala pasada y un animal fuera el responsable, o que, muy a mi pesar, el dueño de ese sonido, el amo de mi temor, se encontrase justo a mi lado. Me giré lentamente, el pavor recorriendo cada fibra de mi ser. Primero vi sus zapatos. Mis ojos fueron de abajo arriba, despacio, apreciando cada detalle del desconocido que se encontraba frente a mí. Aunque lo que más me impresionó del hombre que se hallaba de pie fueron sus ojos: ojos  apesadumbrados, melancólicos. Fríos cual copo de nieve.

El que no quisiera hacer ruido estando tan cerca de mí, sin embargo, no daba una buena impresión. ¿Qué clase de idea quería que se formase en mi mente, ya de por sí retorcida? ¿Deseaba que me asustara? Con la bolsa en mano, mi rostro mantenía una mueca entre curiosidad y a la vez, un grado mínimo de pavor. Me intimidaba una persona como él. Vestido de negro de arriba hacia abajo, que se acercaba silenciosamente a mí, cual arpón de un pescador que tan solo provocaba un chasquido en el aire antes de atravesar a su presa. No obstante, me convencí a mí misma de que las apariencias engañan. Imaginaba, eso sí, todos los escenarios posibles en los que llegaría a acabar mal yo.

—P-Perdone si le pregunto... —pronuncié con dificultad, encogiéndome sobre mí misma. Agaché la cabeza, quizás haciendo notar mi falta de confianza en mí o mis palabras. Estaba claro que si existía una persona superior ahí era él, no yo — Pero... No me estaba siguiendo, ¿verdad? Es que... no lo escuché hasta ahora. O simplemente es usted muy ligero. Tampoco es por acusarle. O quizás estaba muy concentrada... Lo siento —finalmente respondí, sin saber qué era verdad dentro de todas las declaraciones que realizaba de carrerilla, sin parar en ningún momento de hablar. Decidí que era mejor mantener la boca cerrada y esperar una respuesta.
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Re: Comme au premier jour [Priv. Abel Tragoid]

Mensaje por Abel Tragoid el Mar Ene 09, 2018 11:02 am

Siete metros. Siete metros habrían bastado para que el chasquido no entorpeciera mis pretensiones de escabullirme. En esta situación, me veía acorralado por la ineludible obligación de la cortesía; esta chica me había dirigido la palabra, y yo debía devolvérsela. Responder pertinentemente a quien te habla es un principio de acción, y figura siempre entre mis aforismos de vida. Por ende, y conforme a lo que este principio dicta, no me era permitido abandonar en la ignorancia a aquella muchacha. Debió recibir una muy mala impresión de mi persona, por lo que hube de seleccionar meticulosamente las palabras que usaría en mi respuesta.

Primeramente, cuando se volvió hacia mi, me fijé en la coloración ambarina de sus ojos. La traslúcida oscilación entre el naranja y amarillo de la joya, ahora presente en su mirada, me recordó al amanecer; si, formábase en mi memoria el recuerdo del amanecer. Cuando el gran Febo asomaba su faz rubicunda, y las nubes circundantes eran teñidas por el ámbar lumínico; verdaderamente, bello mosaico el que se pinta en las mañanas. De allí se comprende mi arraigada tendencia de levantarme temprano; presenciar el cielo matinal es un gozo inefable. Luego, pasábanse mis pupilas por las hebras rosadas de su cabello. Aún se me apetecía este tono un tanto particular, y mi mente imaginaba los pormenores de su posible creación ¡Como si las tres Gracias hubiesen tejido con hilo de rosa aquel velo encantador! Siempre solía exaltar las cualidades de ciertas cosas asombrosas; esta era una de ellas.

Desviándonos ya de las constantes divinizaciones de mi cerebro, encaré a la muchacha. Notaba en su dicción dificultosa una naturaleza tímida e introvertida. No pude menos que dejar ir una apacible y tenue risita. Ella debía ser sensible a este tipo de sorpresas, y, precisamente, yo la habría sorprendido de una forma brusca. No pude dejar de sentirme un tanto culpable por esto- No, no te disculpes. Es mas, déjame ser yo quien ofrezca disculpas. Solo pasaba por aquí y no pude evitar verte inspeccionar curiosamente aquel árbol -Dije, y, en estos breves instantes de solidaridad interna e insospechada, ofrecí-: Quizá no me corresponda, pero, ¿hay algo en lo que pueda ayudarte? -Y, sin sentirme yo mismo por unos momentos, esperé respuesta.




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Re: Comme au premier jour [Priv. Abel Tragoid]

Mensaje por Miki F. Andersen el Mar Ene 09, 2018 6:59 pm

Al hablar él, era inevitable que me sintiera culpable siquiera por el mero pensamiento de su culpabilidad. ¿Qué clase de persona era, si dejaba que el río de los prejuicios me arrastrara hasta la más grande cascada del miedo? Tuve que agachar la cabeza, simplemente para evadir su mirada cristalina y amable. Si fuera posible, ya habría desaparecido sin dejar rastro en ese lugar, por mucha nieve que hubiese. Un agujero negro me habría tragado al llegar al límite de esconderme en mí misma. ¿Cómo no me iba a avergonzar, si hasta mis movimientos eran tan raros que llamaban la atención de cualquiera que pasara por ahí? Sin duda, añadía más elementos a mi lista de equivocaciones. Además, él era quien se disculpaba; ¿no era evidente quién se tenía que disculpar? Yo, sin más dilación. Ya lo había hecho, pero controlaba mi lengua, lo que eludía mi gran serie de disculpas.

—A decir verdad... —dudaba entre si aceptar su ayuda o dejar que se escapara de mi seguramente no tan agradable compañía. Sin embargo, dos cabezas -como se suele decir- pensaban mejor que una. ¿Lo haría recorrer todo el bosque conmigo para ayudarme a buscarla? Quedaba todavía una capa de nieve que me dificultaba la tarea, y sería incapaz de volver quizás hasta la noche, cuando el temporal empeora. No se debía abandonar una tarea simplemente porque todo fuera en tu contra: ¿qué pasaba entonces con los soldados que iban a la guerra? No es un buen ejemplo para describirlo, siendo yo partidaria de la paz y no del conflicto... En resumidas cuentas, ¿debía aceptar ayuda del desconocido -un extraño, también poco a mi favor- o adentrarme en la foresta sin saber exactamente donde encontrar lo que buscaba? —Estoy recogiendo una serie de plantas para la herboristería... Todavía me queda una, y con la nieve, no sé si la encontraré siquiera hoy... Si quieres... puedes, ya sabe, ayudarme. Tampoco quiero molestarle en su paseo—conforme iba avanzando, mi voz titubeaba más, bajando el tono hasta que finalmente me callé.
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Re: Comme au premier jour [Priv. Abel Tragoid]

Mensaje por Abel Tragoid el Miér Ene 10, 2018 8:38 am

Evidentemente, habría preferido que mi día transcurriera conforme a lo planificado. Sin embargo, los pequeños imprevistos que en él se produjeron me obligaron a redefinir su curso previamente establecido; en efecto, la noche anterior me había imaginado en un solitario paseo, silencioso y agradable (Pues, no hay para mí experiencia mas reconfortante que la que se tiene con uno mismo); pero, y aquí radicara mi gran error, ignoraba en estas idealizaciones un factor absolutamente insoslayable: la contingencia. La posibilidad de que algo sea o no sea (dicho en otros terminos, que suceda o no suceda). Ciertamente, anticipar los eventos futuros es un intento algunas veces impreciso; quizá podamos afirmar que un suceso posee mas probabilidades que otro para darse, y, coincidemente, es este mismo suceso que hemos estimado mas probable el que, al fin y al cabo, termina ocurriendo. Pero ¿Esta coincidencia entre lo que se anticipa y lo que sucede lleva consigo la negacion de la contingencia? No, porque bien pudiera suceder al reves; esto es, lo inesperado se da en el evento y no lo esperado. Las posibilidades son infinitas, se habría sentenciado en algun momento de la historia.  

En consonancia con esto, erré rotundamente al ignorar las posibilidades que flotaban a mi derredor y en las que yo no había reparado. Mi convicción en un día enteramente solitario, en un paseo taciturno  e ininterrumpido, no me permitió considerar el caracter variable de mis planes. Entonces, ahí, en aquel accidental encuentro, lo inesperado venció ante lo esperado ¡Como habría yo previsto su aparición! Y su apariencia ¡Como la habría siquiera imaginado! Asaltábanme constantemente estos pensamientos; no obstante, consideré absurdo seguir interrogándome sobre lo sucedido. Le ofrecí, casi inconscientemente, mi ayuda a la rosácea. Quería remendar con este gesto mi error de planificación, y, ademas, la mala impresión que habría suscitado en la muchacha con aquel encuentro sorpresivo.

Finalmente, aceptó. Vacilaba en su dicción, en su forma de dirigirse a un segundo; mas pude, pese a sus titubeos, convencerme de que realmente aceptaba mi ayuda. Seguramente, sabía tan bien como yo que una mano extra le resultaba favorable en aquellas circunstancias; si era una planta lo que buscaba, la nieve representaba un problema. Probablemente, esta muchacha permanecería en el bosque por horas; si yo podía, con mi colaboración, reducir el tiempo invertido para hallar la planta, no veía razón para no tenderle la mano. Me adentraba en una ardua busqueda; sería fatigoso, pero debía auxiliar a quien lo necesitase (y, por supuesto, quien lo aceptase) Mis planes se habían invertido, si, pero francamente me era indiferente. Ya tendré otra oportunidad, es solo cuestión de paciencia.

Me acerqué a ella- Primeramente, deje que me presente; soy Abel Tragoid -Y, luego de haberme presentado, díjele-
¿Molestarme? Al contrario, me dará gusto ofrecerle mis servicios si con ello puedo hacer menos dificultosa su tarea. Entonces, ¿Que es exactamente lo que busca?




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Re: Comme au premier jour [Priv. Abel Tragoid]

Mensaje por Miki F. Andersen el Jue Ene 11, 2018 6:06 pm

Mis hombros se tensaron al acercarse el moreno. No es que tuviera algo en contra suya... Simplemente, sucedía con todas las personas, a pesar de que existía la posibilidad de que al minuto ya estuviera totalmente relajada. Fue una tormenta de pensamientos. "¿Tienes escapatoria? ¿Por qué camino has venido? Su sangre es agua, ¿servirá para envenenarlo? Golpéale con un tarro en la cabeza si te intenta hacer algo. Déjalo ciego. ¿Morirá si el veneno circula por todo su torrente sanguíneo?". Fueron pensamientos que se acumularon en una décima de segundo. Abel no tardó en presentarse y preguntar sobre qué buscaban, lo que era bastante lógico. Pinchó mi burbuja de ensimismamiento, lo que detuvo el tren de la desconfianza en la sexta parada. Me acordé pues de que la planta en sí no iba a hacer las cosas fáciles. No era capaz de mirarle directamente a los ojos —Miki... Fritz Andersen— temía decir mi nombre completo, mas era mera educación debido a los modales ajenos. Crucé mis manos tras mi espalda, incluyendo a la bolsa con su gran bulto de tarros, haciendo escaso ruido, increíblemente.

—La planta es Alsine...Es una planta con hojas puntiagudas; las flores son diminutas, blancas y estrelladas. Normalmente abren cuando hace buen tiempo. Hay nieve pero realmente "mal tiempo" en sí no hace. Hay rayos de sol y el frío no es tan remarcado... Sino, simplemente es un tallo con un capullo al final de un verde pálido. Crece normalmente en el suelo, lo que no es bueno si lo buscas así...  También ocasionalmente en arbustos, mas eso no es tan común... —conforme avanzaba en mi charla, veía que el tiempo iba a jugar en mi contra ese día. ¿Cómo es que este hombre había accedido a ayudarme? Seguramente porque no había escuchado todo lo que acababa de decir. Tenía por supuesto que él no iba a ayudarme al decir eso. No se si temía más el hecho de que siguiera en ansias de darme una mano con esta absurda aunque necesaria tarea, o el que me dejara sola en medio del bosque, sentenciada a una búsqueda sin límites.

Así pues, sin decir nada más, comencé yo misma la tarea, en silencio, sola. Me separé un poco de Abel, haciendo a un lado la nieve que tapaba el arbusto y sus alrededores, fallando en encontrar siquiera un espécimen. Iba a ser largo. Repetí el mismo proceso con el de al lado y el suelo adyacente, dejando escapar un suspiro de abatimiento, sabiendo lo que me esperaba.
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Re: Comme au premier jour [Priv. Abel Tragoid]

Mensaje por Abel Tragoid el Vie Ene 12, 2018 12:03 am

Naturalmente, había considerado las consecuencias de mi ofrecimiento. Contemplé los pormenores de la búsqueda a la que me incorporaba, y concluí que no sería tan agotadora. Hallar un espécimen tan menudo escondido entre el blancor ubérrimo de la nieve representaba una larga tarea de por si tediosa; mas ello no significaba que fuese fatigosa, imposible o infructuosa, pues, en lo que a mi juicio concierne, era algo en lo que pasarse el día. Y a esto cabe agregar que nunca estaba de más conocer alguien nuevo, aunque yo no fuera precisamente muy inclinado a la sociabilidad. ¿Que en ello habría de gastar increíblemente todo mi aliento? Lo sabía ¿Que en ello el día huiría veloz para ceder el paso a la noche obscura y gélida? Lo sabía. Pero no me eran preocupantes tales cuestiones; ya mi labor investigativa exigía una inversión de aliento abrumadora, y me tenía avezado a las lúgubres noches. ¿Que diferencia habría, entonces? Ninguna. Aquel día no iba a ser muy distinto de los demás.

Ciertamente, no hay situaciones mas reconfortantes que aquellas en las que una experiencia ya vivida resulta oportuna, cuando un evento pasado proporciona los materiales necesarios para la resolución de un problema engorroso. Cosa así me había sucedido; al escuchar el nombre del objeto buscado emanar de la boca de la muchacha (a la que, a partir de ahora, he llamar por su nombre: Miki F. Andersen) recordé que debía haber, no lejos de allí, una cuidada y lustrosa cabaña perteneciente a un viejo enjuto y pequeño que, mas allá de ser un viejo enjuto y pequeño, era cliente mío. Me limitaré aquí a explicar que él acudió a mis servicios a motivo de un demonio sumerio que rondaba por su hogar, y que ahora sostenemos cierta correspondencia. Este hombrecillo, arraigado aficionado a las plantas medicinales, poseía buenas cantidades de la Alsine que Miki buscaba- Después de todo... -Pensé- No será tan larga esta búsqueda como supuse.

La vi. alejarse pocamente de mí. Reiniciaba la búsqueda por ella misma, inspeccionando en un arbusto y luego en otro, ambos cubiertos de nieve, mientras un suspiro de ánima desanimada se filtraba por su boca. Este gesto ligero me hizo convencerme de que era propicio y necesario mencionarle de la existencia de aquella cabaña- Escucha, Miki F. Andersen. Conozco un lugar no lejos de aquí; una cabaña, para ser precisos. Allí vive un anciano que cultiva esta clase de plantas; deberías acudir a él, tal vez esté dispuesta a darte algunas -Y, sin haber esperado respuesta, me adelanté unos pasos en la dirección que se debía seguir para llegar a la cabaña del anciano. Me detuve a una corta distancia de Miki, y, volviéndome hacia ella, le dije- Puedo guiarte hacia allí, si te animas a seguir mis pasos. No estas obligada, pero considero que es la forma mas recomendable de cumplir con tu tarea -Y, esperé allí a que me expresara su respuesta.




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Re: Comme au premier jour [Priv. Abel Tragoid]

Mensaje por Miki F. Andersen el Dom Ene 21, 2018 9:15 am

Miki F. Andersen. Se sintió intimidada al escuchar su nombre completo escapar de los labios de aquel misterioso hombre. Me puse de pie de un brinco, como si de un soldado se tratase. ¿Se habría ofendido por mi rápida incorporación a la tarea? No, no parecía ese tipo de persona. Con suma discreción, froté mis manos contra mi ropa, deshaciéndome de la nieve de mis guantes. Sus palabras, al contrario que su propia apariencia, arrojaban una luz de esperanza respecto a mi misión, que se tornaba, sorprendentemente, más sencilla de lo que alguna vez yo me habría planteado. Por supuesto, una pequeña sonrisa se asomó en mi rostro, expresando mi absoluta felicidad. Abel Tragoid se alejaba completamente de esa imagen taciturna que prematuramente había supuesto. Demostraba así cómo de prejuiciosa era, dejándome llevar únicamente por las apariencias. Claro es el que estuviera justificado; sin embargo, los malos hábitos eran eso, malos hábitos. La desconfianza no llevaba a ninguna parte en ciertas circunstancias, siendo ésta una de ellas. Recogí mi bolsa del suelo nevado, dejando atrás una marca en la nieve.

—Acepto su ofrecimiento...Abel Tragoid. Muchas gracias—era sumamente extraño referirse a alguien por su nombre completo, mas si él lo hacía, yo no debía salir de esos límites que él mismo había trazado respecto a su persona. Adaptándome a su paso, comenzamos a recorrer el bosque blanco, en dirección a dicha cabaña en la que residía quien me daría el espécimen que necesitaba. Una siempre se preguntaba, ¿de qué se conocerían? ¿Serían buenos amigos, tanto como para ofrecerme a mí, una extraña, una de sus preciadas plantas? El escaso ruido que se escuchaba en la foresta eran unos pocos pájaros, cuyo piar era melodioso y reconfortante; nuestros pasos casi no los opacaban, siendo nosotros un invasor silencioso de la espesura. Daba tanta lástima estropear la orquesta de las aves que me mantuve en silencio durante el paseo. Procuraba no caerme con las raíces ocultas bajo la nívea manta que cubría el suelo, y una vez saqué la botella de agua para beber, intentando no secarme en medio de la nada. Ocasionalmente miraba a Abel, sin abrir la boca, pensando en lo que llevaba con él, no literalmente. ¿Qué lo componía como persona?
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Re: Comme au premier jour [Priv. Abel Tragoid]

Mensaje por Harry Strauss el Dom Abr 01, 2018 6:46 pm

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