Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Octubre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por Samuel B. el Vie Ene 05, 2018 2:23 pm

El albino había salido con buen tiempo a su favor: era una tarde templada, sin brisas de viento que levantaran ni congelaran tus huesos. La gente salía emocionada a hacer sus compras, los jóvenes con sus teléfonos móviles daban tumbos entre la multitud, los niños se pegaban a los escaparates en busca de su juguete favorito, o simplemente mirando los animales que al igual que ellos, golpeaban los cristales con sus patas, juguetón, dejando lametazos en éste. Incluso Samuel se entretuvo un poco con el espectáculo, viendo hasta peleas entre los cachorros que consistían en aplastarse el uno a otro traviesos. Sin embargo, ese no era el objetivo de su expedición esa tarde. Iba a un sitio de sabiduría universal:

La librería.

Sonó la campana de la entrada, mirando el dependiente entre la fila de la caja. Saludó a su habitual cordialmente, correspondiéndolo el ángel. Entonces, se adentró en lo que sería el paraíso lector. No buscaba una novela de aventuras, ni un clásico. Tampoco el atlas mundial, ni nada por el estilo. Buscaba un libro de cocina. Quería probar nuevas recetas de temática occidental, pues últimamente solo se había centrado en la parte oriental del mundo, y no existía la discriminación. Hasta las nuevas variedades de pasta eran tentadoras. Sí, quizás comería pasta esta noche.
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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por "El acechador" el Vie Ene 05, 2018 3:51 pm

Pasillos estrechos, un silencio casi total y olor a antiguedad. Uno de mis lugares preferidos en cierto modo, la biblioteca. Entre estanterías repletas de información en forma de letras me encuentro yo, como un pequeño roedor en una quesería tan pequeño y ansioso por devorarlo todo. Caminando por los pasillos, dejo que mi mano acaricie la portada de los libros juzgándolos con el tácto sin verlos con los ojos. Como el juez neutral de esta ruleta de la suerte acaba cogiendo el que mas curioso le parece, un golpecito con el dedo para comprobar el sonido que hace y un giro de noventa grados. Lo tienes delante, cógelo y descubre de que se trata.

- C-coci.. coc-cina - Leo la primera palabra con dificultad, pero sin perder mi entusiasmo. Cocina, ¿huh? He escuchado hablar de eso, que es un lugar donde se prepara comida. Lo abro por una página aleatoria y me asombro con lo que encuentro. Es un libro lleno de imágenes, algunas no las entiendo pero ya tendré tiempo para eso cuando lo tenga en mi propiedad.
Me aseguro de que nadie me vea mirando hacia los lados antes de esconder el libro entre mis ropajes. Y de la misma forma que he entrado, vuelvo a salir por esa puerta.
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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por Samuel B. el Vie Ene 05, 2018 7:10 pm

Recorrió con sus ojos la estantería. No era una librería de gran tamaño. Era modesta y simpática, y eso era lo que le gustaba de la librería. Te invitaba a entrar y quedarte ahí todo el día. Si quería quizás podría. Entonces lo vio. La biblia culinaria. Los ojos de Samuel resplandecían como un niño que estaba a punto de comprar su juguete favorito. Sin embargo, una mano inocente - o no tan inocente - cogió el libro de la estantería. Desvió la mirada en cuanto vio que el desconocido iba a girar la cabeza, mas unos segundos después, volvió a mirarlo, dándose cuenta de la mano que guardaba algo en su bolsillo, y el libro no estaba en su sitio. Arqueó la ceja, curioso, y a la vez, sucumbió a esa mala voz en su cabeza que decía "Robemos lo robado al que roba", valga la redundancia. Sin embargo, solo quería su libro de cocina. Podía llevarse cualquiera, mas ese era suyo en el instante en que su mirada lo encontró.

Salió tras él, despidiéndose del tendero. Su apariencia era de lo más común: llevaba unos pantalones, zapatos, una camisa, una chaqueta y una bufanda. Iba de paisano -no era de la policía, por supuesto-. Su misión era recuperar ese libro. Por supuesto, era por y para la justicia, es decir, él mismo -incluso si pensaba que lo hacía por el bien de la librería-. Samuel pagaría por él cuando lo tuviera en sus manos. Sacó el móvil, fingiendo que lo miraba mientras caminaba. Pero sus intenciones eran bien distintas.

La presa, creyendo estar fuera de peligro, baja la guardia. El león la vigila entre la maleza -las personas-, y se acerca inadvertidamente hacia él. Unos pasos más y...


—Hey—no alzó la voz. Simplemente tocó los hombros del contrario, casi solo por la gracia de asustarle. Tenía curiosidad: ¿cuál sería su expresión al ser descubierto?


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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por "El acechador" el Vie Ene 05, 2018 7:49 pm

El león que persigue a una presa aparentemente indefensa, la sigue hasta que queda aislada. Pero cuando el deprededador se prepara para atacar ya es demasiado tarde. Se pierde al seguir a su cebo llegando al terreno del enemigo y la presa que fingia no darse cuenta aprovecha su entorno para defenderse. El león no es mas que un animal que sigue su instinto, ¿y que son las personas pues?

Al salir de la biblioteca, Kebran se percató en el reflejo de los retrovisores de los coches de una silueta que se iba repitiendo, giró la esquina para confirmarlo y la silueta pasó a tener cara. Definitivamente, entre la mutitud alguien le estaba persiguiendo. Había llegado a una calle poco transitada, era un lugar sucio que solo servía para serparar dos establecimientos de comida rápida, decorados con contenedores de basura. La sombra de los edificios dejaban caer una densa manta de oscuridad sobre el callejón.

El desconocido no tardó en acercarse, tocando el hombro del ladrón. Este como acto reflejo agarró la mano del contrario y la retorció sobre si misma obligando al persecutor a girar, dándole la espalda a Kebran. Levantó el brazo contrario hasta que sus dedos tocasen su propio hompláto en un intento de llave barata. Conociendo su carencia de fuerza física, sacó una daga de su chaqueta y dejó que el frío acero se acariciase su cuello, porque "un gesto vale mas que mil amenazas". Miró de reojo a los lados asegurandose de que nadie mas los seguía.

- No se que te habrá dicho de mí, pero yo no soy tan fácil de cazar. - susurró a su oido en un intento de firmeza. Tristemente su voz delataba justo lo contrario. Era la voz de un jóven sin rumbo, de un inocente acusado. Eran los gimoteos de una rata malherida que se hacía la valiente.
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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por Samuel B. el Sáb Ene 06, 2018 11:04 am

No se asustó, fue más bien una sorpresa. El filo frío que estaba contra su garganta le recordó viejos tiempos en los que todavía guerreaba por los cielos, el cómo se enfrentaba a criaturas que no cabían en el entendimiento de personas que desconociesen la existencia de criaturas sobrenaturales, aunque incluso experimentados en este campo se verían fascinados y aterrorizados al mismo tiempo cuando viesen una de esas criaturas. El ente supremo guarda siempre sorpresas para todos, al fin y al cabo. Se le escapó una sonrisa al hablarle el ladrón. Era gracioso, tanto que daba pena.

—No sirvo para espía, de eso seguro— pronunció calmadamente el ángel. Súbitamente, de su espalda salieron dos alas negras, de tal manera que empujaron al muchacho hacia atrás. Sin embargo, eso no era todo. Se giró lo suficientemente rápido como para doblar la muñeca del desconocido y hacer que éste soltara el arma blanca en el suelo. No debería haberse metido con un veterano de guerra. O más bien un viejo. Meterse con los ancianos estaba muy mal -y él no era ejemplo, picó a Dios tanto que lo echaron del cielo-. Lecciones de vida.

Al contrario que a él, Samuel no lo dejó de pie. Lo echó hacia el suelo, manteniendo los brazos del ladrón pegados a la espalda de éste, guardándose la daga en la chaqueta. Soltó un suspiro de alivio, observando la nuca del sujeto, tratándola como si fueran los ojos del atacante. Sí, él era el atacante, porque Samuel solo lo quería sorprender sin mala intención. Además, su fantasía de ser espía había sido rota en pedacitos.

—Siento el susto. No quería hacerte daño Vi que te llevaste el libro que buscaba, y bueno, quisiera que me lo dieses y así se lo pago al tendero—habló sin esperar ninguna queja ajena. Había vivido unas cuantas situaciones así, y Samuel siempre era el malo después—No le diré ni qué aspecto tienes ni nada por el estilo. Incluso si quieres,te invito a una comida. No es una mala idea, ¿no?—preguntó, averiguando si su razonamiento tenía fallos.
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Mensaje por "El acechador" el Sáb Ene 06, 2018 2:38 pm

Fué tan rápido que no lo vió venir, en efecto este no era un matón común. Le había dejado el suficiente espacio para que huyese, al fin y al cabo no quería matarlo solo darle un susto, pero este... este no era como los otros. Sus alas negras le delataban: era un ángel caído. En ese momento se sintió de lo mas asqueado. Odiaba a los ángeles, no por nada, sino por su aparente superioridad a las demás razas. Unos seres que se esconden tras las máscaras de la "perfección" pero que son tan personas como los demás.

Notó el peso del contrario sobre su espalda, y sus manos aprisionadas. Con una sola mano podría haber agarrado ambas muñecas, pero uso las dos quizás para no hacerme daño. Su gran fallo. Este veterano estaba quedándose anticuado. - ¿Quieres el libro? - preguntó sorprendido dejando de forcejear. Al parecer solo quería devolver el libro y pagarlo. Hasta me invitó a comer. Que asco daba, intentando hacerse el bueno seguramente porque quiere volver al cielo. - Vale, de acuerdo.. -gruñó intentando zafarse de su agarre. El ángel aliviado, soltó las manos del pequeño ladrón. Kebran se llevó una mano al pecho lentamente fingiendo buscar el libro. De un movimiento rápido golpeó las alas del ángel con sus talones mientras que con la otra mano sacaba una daga de su chaqueta y se la clavaba en el mulso, sin llegar al hueso. Entre lo que el ángel tardaba en reaccionar le empujó lo suficiente como para escurrirse por debajo suya y salir corriendo.

Corrió a mas no poder, con una pierna malherida le costaría mas alcanzarle. No obstante era mucho mas fuerte y capaz que él por no hablar de que tiene alas. Tenía pensado llevarlo a su territorio, correr por sitios estrechos entre callejones sería, con suerte, suficiente para mantenerlo a raya. ¿Por que un ángel se preocupaba por un libro que pone "cocina" tanto? ¿A caso cocina significa algo más que desconozco?
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Mensaje por Samuel B. el Sáb Ene 06, 2018 6:13 pm

El albino casi no sintió la puñalada, fue más bien la sorpresa de la patada lo que le hizo perder por una milésima de segundo, huyendo despavorido... como una rata, ni más ni menos. Samuel, en un intento de parar al chico le lanzó la daga, aunque no con tan mala intención como la herida de su pierna. La daga rozó uno de los gemelos, concretamente el derecho. Samuel ataca: no hace mucho efecto que digamos. Sin más dilación, se propuso a perseguirlo hasta alcanzarlo. De alguna forma se sentía como si estuviera cazando a una de las criaturas del infierno, que escapaba para salvar la vida. Quería usar el arco, pero podría dañar el libro. Además, no sería de muy buen agrado a ojos ajenos y tampoco se merecía eso. Si seguía vivo es porque algo le deparaba, ¿no? O quizás sería otro de los muchos que viven su vida sin ningún propósito. ¿Sabría lo que era un sueño?

El primer techo lo recorrió volando, mas en cuanto los callejones empezaron a estrecharse y sus alas no cabían entre las paredes, tuvo que sobrevolar los edificios, perdiendo de vez en cuando al ladrón de vista hasta que finalmente, lo perdió totalmente de vista. Bajó justamente en una pared sin salida, y Samuel, por supuesto, se negaba a pensar que no tenía salida. El albino más bien confiaba en eso, pues salvo que se pudiera teletransportarse. ¿No era humano? Su mirada repaso la pared, al igual que sus manos. Fue así que lo encontró. Un agujero.


Quizás simplemente no pensaba bien las cosas. Samuel agitó sus alas, volviendo a elevarse en el aire, pasando con facilidad el muro que los separaba. Entonces, imitó uno de esos movimientos que una vez vio por televisión, y al parecer era muy efectivo al hacerlo. Era gracioso, a decir verdad. Simplemente se dejaba caer del cielo en dirección al objetivo y le propinaba una buena patada. Por supuesto, tenía que controlarse o le rompería algo. Así que, con su patada, consiguió tumbar de nuevo al ladrón, siendo un golpe contundente. No se había roto nada, simplemente un golpe certero que lo dejaría tumbado un rato. Seguía consciente, eso sí.

—¿Me das el libro, por favor?— pronunció sin cansancio alguno en la voz; casi nada para él perseguirlo. La paciencia es otra cosa. Pero debía ser bueno. Debía.
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Mensaje por "El acechador" el Dom Ene 07, 2018 7:20 am

Torpemente mis piernas comenzaron a tomar velocidad, tropezándome de vez en cuando. Al no llevar zapatos debía tener cuidado por donde pisaba o esta carrera acabaría antes de lo esperado, sin mencionar el rasguño que me hizo el ángel en el gemelo. Un paso aquí, otro allá, no había indicios de que el Ángel me estuviese persiguiendo. Hasta que lo escuché, el majestuoso sonido de sus alas batiendo el vuelo. Me coloqué la capucha, de alguna u otra forma eso me hacía sentir mas seguro.

Giré en la primera esquina que vi y me colé por un callejón estrecho limitandole el vuelo al persecutor. Aún así, incluso con la herida en la pierna podía seguir corriendo, era mas capaz de lo que me imaginaba. No puedo usar mi amuletor o me descubriria aunque claro, si no me ve no hay riesgo. Volví a girar la esquina y me topé con un callejón sin salida con un muro agrietado. ¡Bingo! Me impulsé contra la pared y en lo que mi cuerpo rozaba la superficie, gradualmente se fué desintegrando en una nube negra que se expandió por toda la pared antes de contraerse para colarse por el agujero. Acabé en el otro lado. Cojeando seguí mi camino, ese rasguño en el gemelo se me iba a infectar seguro. Pero otra vez, escuché el batir de sus alas y para cuando me quise girar su cuerpo ya se estaba abalanzando sobre mi.

Acabé por los suelos dolorido, de no haber sido porque caí de espaldas podría haberme clavado mis propias dagas. Eso sí, del golpe en la cabeza contra el suelo no me pude librar. Me levanté como pude, acariciandome el hombro izquierdo justo por donde hace tuve un accidente (*guiño guiño*) había vuelto a doler. Y para rematarme me vuelve a pedir el libro y me dice "por favor", ¡dejame en paz!

Recogí el libro que se había caido durante el golpe y lo agarre con ambas manos empujándolo contra mi pecho. - ¡No! - le contesté apretando los dientes con fuerza. ¿Cómo puedes ser tan imbécil? Era un libro y quería leerlo, mas él solo podía pensar en su propio orgullo como antiguo Ángel y tomarse la ley por su cuenta. Tenía pensado devolverlo cuando terminase para que otros lo leyeran, per él.. Seguramente lo dejaría en una esantería cogiendo polvo porque diría que es "su libro". La sociedad ha sacrificado muchas cosas para crear la propiedad individual y se ha olvidado de lo mas importante: la sabiduría y la educación es universal. Se quejan de la pobreza y de los desgraciados cuando no hacen nada para solucionarlo. Este mundo estaba destinado a la mas redundante hipocresía, y todo esto lo veía reflejado en los ojos de un ángel ciego por sus ideales, quizás por su rencor al haber sido expulsado del paraíso. Me entraba una ira inmensa con tan solo de verle, una impotencia que poco a poco se convertía en enfado y de buenas a primeras alzé mi mano y le golpeé con la mano habierta en una de sus pálidas mejillas coloreándola de matices rojizos.

Tras esto, comparado con mi grito y el sonido del golpe, parecía que las calles se habían quedado mudas y por un momento me sentí mas solo que nunca incluso teniendo a ese engendro delante. Sentí que estaba destinado a vivir rodeado de personas como él, a vivir escondido en una madriguera esperando el día en el que finalmente mi cuello sea destrozado en una trampa de ratones por el inocente hecho de buscar algo que llevarme a la boca.
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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por Samuel B. el Dom Ene 07, 2018 4:45 pm

Le recordó a un niño aferrándose a su regalo de cumpleaños equivocado. Es cuando una madre le regaló un perro a su hijo y el padre, en contra, se lo quita. No veía sino a un chico así, peleando por algo que creía suyo. Claro que, solo hizo falta un paso para recibir una torta con la mano abierta en su mejilla. Se quedó unos segundos procesando lo que acababa de pasar. Se llevó su propia mano a la mejilla, verificando que lo que sentía en la cara había sido, sin equivocación, un tortazo.

What's is this?:

Había sido apuñalado, le habían dado una patada en la espalda, tuvo que seguirlo por callejones, volar hasta él, y todavía no le daba el libro, además de que encima, recibía un tortazo de regalo. Por supuesto no se lo pensó dos veces, mas... fue un instinto, casi mecánico. Su mano se levantó por inercia, asestándole otra torta de la misma magnitud al ladrón. Si a él le pegaban, entonces tenía el derecho de pegarle a él. Ni siquiera le apuñaló, únicamente un rasguño. Si ya encima se lleva una torta, bueno, ¿estaba pidiéndolo de una manera indirecta? Desconocía los motivos detrás de ese sujeto.

—Creo que después de apuñalarme, y de ésto, te lo merecías—declaró el ángel, sin ninguna pizca de compasión. A eso se le llamaba ojo por ojo, ¿no? Aunque ni siquiera estaba enfadado, sencillamente confuso. No le costaba darle el libro y acabar con eso. Aún así, por mucho que lo quisiera, él no se lo iba a dar. Meditó el simplemente ya quitárselo y punto. El forzarlo para que lo soltara, irse, finalizar con eso. Sin embargo, no debía. Por momentos, comenzaba a ver el trecho que los separaba, e incluso llegó a pensar en sí mismo como un humano cualquiera, discutiendo por cosas estúpidas, llegando a la guerra. ¿Qué estaba haciendo?

Se mantuvo un rato en silencio, mirándolo, pensando en lo que era, o sus acciones. Así no debía ser él. Fue eso quizás lo que frenó sus acciones. Lo que debía ser no era lo que estaba haciendo en ese momento. Debía ser algo digno de estar en el cielo, no un ser humano. No dejarse llevar simplemente por un deseo. Guardó sus alas en ese mismo momento, un signo de lo que no se encontraba en sí mismo: alas blancas que representasen la pureza de otros seres celestiales. ¿Por qué se había movido tanto por un simple libro? Sí, solo había un ejemplar de ese libro en la tienda, y era muy caro en otros sitios. Era... era una tontería. ¿Y ésto era lo que tenían que proteger?

—Perdona mi comportamiento —dijo todavía en sus propios pensamientos, divagando consigo mismo— Me excedí en mis acciones. No me corresponde a mí y tampoco es asunto mío realmente —se contradecía a sí mismo con sus palabras, y sin embargo, era lo correcto. No era asunto suyo, porque él no era dueño del libro— Aunque permíteme que te pregunte... —ya iba otra vez, siendo Samuel— ¿Te gusta cocinar? —rompiendo el hielo.
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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por "El acechador" el Dom Ene 07, 2018 5:40 pm

Dí un paso hacia atrás y me llevé la mano a la cara. No quería contestarle si quiera. Me costaba imaginar que un ser como ese me fuese a entender al fin y al cabo. "Te lo merecías" dice, él que nunca supo lo que es nacer para sufrir y vivir llorando, pero cómo iba a saberlo si él era un ángel. Le ataqué pensando que me atacaba el a mí, vivo escondido y asustado esperando el día que me dejen de perseguir. Aunque cierto es que parte de mi culpa era, aún no sé que se propone ni cuáles son sus propósitos. Se supone que yo iba a vengar a mis padres, no a contribuir con el daño en esta sociedad. Pero ya, ya lo poco de orgullo que me quedaba me impedía retroceder. Era mucho mas fácil si simplemente me iba y lo olvidaba todo... Y así hice.


Caminé lentamente con el libro en la mano mientras escuchaba el sonido de sus alas plegarse seguido de una frase que hizo que detuviese el movimiento. ¿Perdón? ¿A caso había algo de verdad en lo que decía o simplemente era una artimaña? Dudé lo suficiente como para decidir darle una oportunidad, "¿a caso no es eso lo que la gente honrada hace?" me preguntaba a mi mismo una y otra vez, "¿a caso no se merece un mínimo?". Mi cuerpo se giró por acto reflejo y ahí seguía él dándome su discurso. Me sentí ciego por haber sentido tanta ira y si quería devolverle la vista a la razón debía cortar las vendas con humildad.

Di un paso y sentí que mi orgullo me gritaba en la cara. Di un segundo paso, era doloroso pero purificador. Me situé delante suya y, sin mirarle a los ojos, me crucé de piernas en el suelo. Si quedaba algo de rencor en mí seguro que me estaba ahogando porque no podía tragar. Abrí el libro por a primera página y leí en mi cabeza con dificultad la primera palabra. Tenía un nudo en la garganta.

- ... - No encontraba palabras ni aire para contestarle, ya no estaba seguro de a que se refería la palabra "cocina". Tragé saliva y con eso mi orgullo restante. - No se. - contesté conciso a su pregunta mas me salió con un tono rebelde. Si tantas ganas de leer tiene, podíamos hacerlo aquí mismo. Así ganariamos ambos, ¿no? - T-tarta de, T-tarta de frrrr.... Tarta d-de frambu.. fram-bu-e-s-a. - leí firmemente. Sabía lo que era una frambuesa pero una "Tarta", seguramente lo descubriría en las imágenes o el resto del texto. Quizás era como uno de esos libros que enseñan palabras, son muy interesantes. Ya sentía el cosquilleo en la tripa, esa curiosidad de conocerlo todo y sobretodo de saber que cosas habría escritas en ese mar de letras. Pero mi barco se estaba hundiendo, había chocado con una palabra complicada. - ... - Mis ojos solo veían una serie de letras pero no conseguía darles un sonido. - .. Horni.. Hornolo... Ho-ornilo.. -ico.. -nilo... -cansado pero no rendido miré de reojo al ángel, ¿sabría leer el mas palabras que yo? No conocía en los suburbios a nadie que supiese leer, o al menos no mejor que yo.
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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por Samuel B. el Dom Ene 07, 2018 6:40 pm

Fue un espectáculo algo gracioso. Le recordaba a un muñeco que se giraba sobre sí mismo una y otra vez. Era un dilema del que solo el propio ladrón tendría conocimiento sobre qué era, aunque desde fuera, resultaba cómico si no tenías en cuenta el contexto. Samuel, no obstante, lo miraba sin expresar nada, confuso por la actitud del contrario.

What's happening?:

Continuaba pensando en qué, concretamente, estaba pensando él, valga la redundancia. En cuanto se sentó, el albino se le quedó mirando con curiosidad. Tuvo que escuchar que lo estaba leyendo para pillar la indirecta de que se sentara junto a él. Lo entendió muy tarde, a decir verdad. Cuando intentó sentarse, sintió entonces el dolor de su pierna. Contuvo cualquier gesto que expresara dolor, o fatiga. Dagas, tan efectivas que dolían. No dio muchas vueltas al asunto, sino que se dedicó a escuchar el intento de pronunciación del muchacho. Y daba pena.

—Hor ni llo— remarcó cada sílaba de la palabra para que el joven aprendiera su pronunciación. No estaba de más, ciertamente. Sino, continuaría sin poder leer en condiciones y no lo contratarían en ningún sitio, si es que tenía en mente presentar currículum, o quizás ni tuviera uno... No debía reflexionar demasiado, o descubriría que todo lo que estaba pensando era verdad. ¿O ayudar a ese muchacho era una forma de redimirse consigo mismo? Lo observó abstraído, hasta que se acordó de la tarta — Un hornillo es donde metes cosas para que se calienten, o que para que deje de estar crudo... Hay dulces que si los metes, crecen de así —juntó las manos hasta casi sin dejar espacio— a así —alejó muchos las manos, representando el tamaño de su cabeza— Y hay cosas bastante buenas. Así se hace el pan también. Tendrías que probar la tarta de manzana, es maravillosa.

Podría seguir divagando sobre eso, mas se acordó de lo que realmente quería: pasta. Le quitó un momento el libro de las manos, pasando hojas hasta que encontró ese apartado. Le dio la vuelta y lo volvió a poner entre los dos hacia el lado del chico —Eso es pasta. Concretamente espaguetti. Es parecido al pan pero en fideos. Digamos que son parientes cercanos —concretó el albino—Lo único que tienes que hacer es meter esos fideos en agua hirviendo, esperar unos minutos y cuando sean consistentes, puedes comértelos. Es fácil ya que si lo único que quieres echarle es aceite o mantequilla, puedes hacerlo perfectamente. También le puedes echar muchas cosas, pero eso ya es a gusto del consumidor —hablaba con tanta emoción de la comida que no era capaz de mentir.
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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por "El acechador" el Mar Ene 09, 2018 7:03 am

El adulto que, hasta ahora había permanecido en silencio, me demostró como se pronunciaba aquella palabra. No solo eso sino que hasta me explicó que significaba. Parpadeé perplejo hacia tal soltura para pronunciar palabras complicadas. Sus labios se movían rápido con una gracilidad que demostraba su familiarización con lo que fuese que estaba explicando. No fué hasta entonces cuando me di cuenta que quizás este libro no escondía ningún secreto por lo que me estaba persiguiendo sino que era un manual de comida.. comida que jamás había visto antes. Me comentaba cosas que no entendía. Al parecer había una comida que podía crecer muchas veces su propio tamaño si se metía en aquel aparato, ¿a caso sería algún tipo de artilujio mágico que hacía crecer la comida? Si era así, eso podría rápidamente acabar con el hambre en el mundo, ¿no? Me sentía confuso a mas no poder.

Le arrebató a mis sucias zarpas el libro y buscó entre sus páginas. Era curioso ver como las analizaba en menos de un segundo intentando encontrar algo en concreto y en parte era hasta asombroso. Agarré ambos extremos de mi capa y me tapé con ella el cuerpo dejando solo mi cabeza asomarse. Era un poco intimidador, el hecho de que fuese mas fuerte y s su vez tuviese tantos conocimientos registrados en su cabezota daba miedo. Pero realmente lo que me hacía sentir más incómodo era que leía realmente bien, siendo hasta en parte agradable escucharle. Me sentí avergonzado por mi patético intento de lectura teniendo a tal lector frente a mí. Y es que, en el fondo, sentía que él podría ser un buen mentor y hasta me recordaba a la primera persona que me lanzó al mundo de las palabras.

- ¿Espaggg.. Espaguetti? - asomé una mano fuera de el envoltorio que acababa de crear alrededor mía y la estiré hacia el libro acercándomelo aún mas. Acaricié lentamente con los dedos la fotografía mientras el ángel explicaba algo que no llegaba a comprender del todo. Pasé las páginas una por una lentamente hasta que mis ojos encontraron algo que si reconocían. - ¡Patata! - comenté entusiasmado al ver el tubérculo en una de las fotos. -¡Sé que es! - expliqué al contrario. -Suelo comer de estas muchas veces. O bueno, casi siempre realmente. - volví a esconder mi mano bajo mi capa y observé con detenimiento las demás imágenes del libro. ¿Qué sería todo eso?
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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por Samuel B. el Mar Ene 09, 2018 6:10 pm

Le ilusionaba la emoción que desprendía el ladrón al hablar de comida. Cuestionaba de por sí su paladar culinario, y por cómo hablaba, seguramente no es que probase gran cosa. Lo de las patatas ya lo decía todo. Debía aprender a hablar también, o bueno, antes hablaba bastante bien mientras lo amenazaba con degollarlo con su navaja. El ángel, independientemente de eso, estaba cómodo enseñando cosas a los demás. O se le daba bien, posiblemente. Apartando su carrera como profesor, el albino se proponía el enseñarle lo que era cocinar. Era su hobbie, encontrar buenos sabores.

—Aunque parezca simple, se puede hacer muchísimas cosas con las patatas. Está la patata cocida, asada, puré de patata... Comes lo mismo, sí, pero para eso puedes ponerle otros ingredientes —explicó Samuel, moviéndose gracias a la gasolina constituida por su gusto culinario. Fue así que se le ocurrió, o más bien, regresó la misma idea a su cabeza: una comida. ¿O enseñarle a cocinar? Porque tal cosa no debería permitirlo. Aún así, si lo hacía, tendría que erradicar el hambre en el mundo, debido a lo que se basaba: todos deberían saber lo que era una buena comida. Entonces... ¿era un hipócrita?

—Sigo diciendo que vayamos a comer, los dos —lo miró fijamente a los ojos, sin duda reflejada en éstos. Existía la posibilidad de que sonase raro, no lo aceptase, o que estuviera cometiendo un acto horrible contra su propia filosofía: si no podía alimentar a todas las personas del mundo, ¿por qué lo hacía con él? Samuel se dejó llevar por el impulso del momento, intentando ignorar lo que su propia mente le susurraba. Ya no debía importarle el orgullo estando de esa manera. No lo pensaba, mas ciertamente, ese insecto le susurraba que lo hiciera.
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Samuel B.
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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por "El acechador" el Dom Ene 14, 2018 1:46 pm

El ladrón era conocido por su astucia e inteligencia. Sabía defenderse, conocía el truco para forzar una cerradura y estaba acostumbrado a los puzles. Aún así había muchas cosas que escapaban de su conocimiento debido a su pobre infancia. Nunca aprendió a leer adecuadamente, por no mencionar sus casi nulos conocimientos en cultura general. Pero había una cosa en él que hacía que destacara de los demás de su calaña: él poseía el don de la curiosidad, las ansias por aprender y ver nuevo mundo.

Me relamí los labios discretamente, tenía hambre eso estaba claro. Hoy aún había comido nada, sin mencionar aquel pan que vomité horas antes de lo rancio que estaba. Casi me dejo un diente mordiéndolo. Pero aún así no debía arriesgarme y salir a la calle, me podrían atacar o peor aún devolver con mi amo.. ¿Quién sabe si él era de confianza o no? Lo acababa de conocer.

Pero tenía una debilidad con aquellos con los que peleaba. Habíamos salido malheridos y aún así ahí estaba, enseñándome un mundo que desconocía.. Quizás no era tan malo al fin y al cabo, ¿no?


Kebran comenzó a sentir un terrible cosquilleo en el estómago, un sentimiento que hace mucho no tenía. Le acababan de regalar una oportunidad de conocer cosas nuevas, de comer comida de verdad y todo de mano de un ángel caído. En ese momento recordó las palabras de su madre, recordó esas nanas que le cantaba y sobretodo esos tiempos en los que no tenía miedo porque pensaba que había alguien que velaba por él. En ese momento una fugaz idea cruzó su mente ¿y si él nunca tuvo ángel guardián porque el suyo siempre estuvo en la Tierra? No se lo creyó, pero apasionado por esta idea se le escapó una sonrisa tan ligera como la brisa que acariciaba sis mejillas en esos momentos. ¿Y si él era su ángel guardián? No podía ser, no obstante en su mente ya se había inventado toda una historia: "El ángel rebelde al igual que su protegido, los dos destinados a vivir condenados hasta que un día se conocen y se ayudan el uno al otro a resolver sus problemas." En su imaginación había creado un nuevo mundo en el que él y su nuevo compañero corrían aventuras juntos y arrasaban con el mal, por un momento se olvidó de todo. Pero entonces.. Entonces recordó su vida, su infancia, sus padres, su cuerpo, sus dolores, su sufrimiento. Y en cuestión de segundos su sonrisa se fue con el viento al igual que su ilusión.

- Claro.. - asentí ligeramente con la cabeza y me levanté del suelo, me sacudí el polvo y di un largo suspiro. Iba a salir a comer por primera vez en mi vida como una persona normal.. bueno "normal". Pero no me hacía ilusión, en el fondo me daba miedo. ¿Qué peligros estaba corriendo al aceptar su petición? Envenenamiento, emboscadas, trampas.. - Te sigo. - Me rasqué el brazo cabizbajo, incómodo por haber aceptado su invitación.




Muchas gracias Dante~
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Tema Privado Re: Ratón de biblioteca [Priv. El acechador]

Mensaje por Samuel B. el Jue Feb 01, 2018 5:07 pm

Samuel sintió algo en el centro de su pecho al escuchar que le aceptaban su invitación. Tan raro fue que posó su mano en ese lugar, como si le estuviera dando un infarto. Sin embargo, desconocía que el nombre de esa emoción era ilusión; tampoco su significado, a pesar de ser un literato. Podía buscar su definición en el diccionario, y aún así, no lograría adecuarse a lo que ese momento provocó en él. El albino se puso en pie, provocando que de la herida de su pierna brotara unas gotas de un rojo oscuro, casi negro. Igual de negro que sus alas. No obstante, eso no evitó lo que pasó a continuación.

Posó su mano en el brazo ajeno, y una luz ténue y pálida brotó de sus manos. El muchacho sentiría cómo sus heridas curaban, y su energía se restablecía. De los labios del profesor, no obstante, brotó más líquido negro, lo que le hizo toser, escupiendo sangre en el suelo. Los ángeles caídos curaban al transmitir vida de un ser a otro, y si no había otra persona, debía ser él mismo. Era retorcido, mas un castigo digno de un desertor del cielo. Apartó su mano del cuerpo ajeno, limpiándose con un pañuelo la boca. A continuación, se bajó los pantalones. Sí, no has leído mal. Estaban solos, de todas formas. Sacó una botella de agua de la bandolera que llevaba, y echó un poco en el pañuelo. Se limpió la herida con más pañuelos aún, y para luego taparla, usó de venda parte de la manga de su camisa. Ya se lo cosería en casa.

Se puso de nuevo los pantalones, y como si nada, prosiguió su camino hasta un restaurante bastante modesto en una callejuela donde habían otros locales de comida muchos más modernos que ese. Al entrar en el local, sonó una pequeña campanita. Las mesas no es que estuvieran todas llenas, mas había cierta clientela, haciendo un ambiente tranquilo y ameno. Hizo que Kebran se sentase en una de las mesas, dejando Samuel su bandolera colgada en la silla. Se le escapó un suspiro, aliviándose el dolor de su pierna. Era horroroso, y encima después de curar a alguien, peor. Bueno, horroroso era exagerar, simplemente se le había hinchado y se le había revuelto un poco el estómago, nada más. El albino, volviendo a la realidad, miró a Kebran, sonriente.

—Puedes pedirte lo que quieras. Cuando sepamos qué tomar, iré a la barra a pedirlo—
le pasó la carta al ladrón, sabiendo Samuel ya lo que iba a tomar, pero sin ganas de levantarse.
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Mensaje por Harry Strauss el Dom Abr 01, 2018 5:35 pm

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