Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Octubre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

Mensaje por Joseph "JoJo" Joestar el Lun Dic 18, 2017 2:27 pm

Unas gotas de agua caían desde el techo. Una gotera provocada por una lluvia reciente que ahora dejaba entrar el agua de la forma más irritante posible: sobre la frente de un anciano que duerme en su cama.

¿Y ahora qué? —gruñó el viejo Joseph, que se sentó en su cama, sólo para contemplar una gotera que humedecía su almohada—. ¿A esto llaman sueños húmedos? —se secó la frente con la manga de su pijama y se levantó para mover la cama de lugar. Se encontraba en un hotel bastante barato, y ahora lamentaba su decisión de pagar menos—. No se puede dormir así, tendré que hablar con el encargado de esta pocilga —sin demorarse más tiempo se dio un baño matutino. Eran las siete de la mañana. Bastante más temprano de lo que quisiese, pero no lo suficiente como para que la cama le sedujese a dormir otra vez, y menos con aquella gotera que, aunque ya no mojaría su cabeza luego de mover la cama, hacía un ruido de cada gotita de agua cayendo sobre la madera, provocando irritación a cualquier ser con un mínimo de paciencia.

Dejó su queja en la recepción, la cual estaba desordenada y mal atendida. Aunque no veía muchas posibilidades de hospedarse una noche más. Pensamientos que despertaban en él el arrepentimiento de cometer las estupideces que habían dejado a su matrimonio en un estado tan frágil. El empleado que atendía en la recepción le dijo que para esta tarde estaría solucionado, pero que debería dejar la habitación hasta ese entonces para permitir a los obreros trabajar cómodamente. Aceptaría de mala gana, resignándose a dejar la mayor cantidad de equipaje y utensilios propios en la recepción, dentro del almacén para casos particulares. Con sus opciones reducidas a vagabundear por la ciudad el resto del día, el viejo Joseph comenzó a caminar de un lado a otro, mirando artesanías, cuidando que el viento no se llevara su sombrero.

Durante su paseo se encontró con un vecindario que, a primera vista se veía completamente normal. En una de las calles principales se alzaba una casona antigua, bastante vieja y deteriorada, que desentonaba con el aspecto general del resto de las viviendas. Su mirada se quedó ahí por breves momentos, pero devolvió la mirada al camino casi de inmediato. Unos minutos pasaron, y todo comenzó a tornarse extraño cuando Joseph se dio cuenta que, sin haber girado ni una sola vez, se había cruzado otra vez con esa casona avejentada.

¿Ah? Pero si vengo de aquí mismo. ¿Cómo es que volví aquí? —superado el desconcierto inicial, el anciano retomó su camino, pero esta vez yendo por donde vino. Grande fue su sorpresa al darse cuenta que, una vez más, terminó en el mismo punto que un inicio. Así fue durante dos horas, en las que se le veía a Joseph corriendo por las desiertas calles de ese vecindario. No fue sino hasta mucho tiempo después que dejó de tener el mismo resultado—. Ugh… ugh… parece que ya me liberé. Hay algo muy raro en ese lugar. Tendré que venir de nuevo a investigar —acomodó su sombrero y se fue de la zona.

Tras una llamada telefónica hecha a unos contactos, se hizo con la dirección de alguien que le ayudaría a investigar lo sucedido. La ausencia de su nieto le obligó a buscar ayuda por otros sectores, y así llegó a una oficina en el centro de la ciudad. Según lo que la persona al otro lado de la línea telefónica le dijo, se trataba de un especialista en eventos paranormales que investigaba al respecto. Todo lo que Joseph precisaba era alguien de experiencia como él, pero que fuese un conocedor en el área.
Golpeó la puerta dos veces y se detuvo a esperar unos segundos tras esta. No hubo respuesta inmediata, y el apuro del anciano le hizo abrir sin permiso el pomo, permitiéndole la entrada al instante. Primero asomaría su cabeza para revisar si alguien estaba dentro.

¿Hola? ¿Hay alguien aquí? Busco a John Constantine —decir el nombre en voz alta le hizo darse cuenta de un pequeño detalle. «¿John Constantine? ¿Dónde he escuchado ese nombre antes?» El anciano, como coleccionista de comics que se precia de serlo, sintió una extraña sensación de cercanía a ese nombre. Sin embargo, fue incapaz de darse cuenta de que ese nombre era el de un personaje de comics que conocía. Coincidencia o no, ahora estaba pensando en eso de una forma casi obsesiva.

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Tema Privado Re: Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

Mensaje por John Constantine el Miér Dic 27, 2017 9:38 pm

- Y bueno Bill ¿Como andas?

- No muy bien chico, no muy bien... Tengo otro maldito forunculo en el culo. Y ya apenas puedo aguantar el ir a mear porque mi vejiga casi ni existe. Es cosa de tiempo antes de que necesite putos pañales. Así es cuando ya estas viejo, John. Todo te comienza a fallar.

- Ya, pero...

- Y esos futbolistas mariquitas. Lo único que buscan es dinero, y cada vez que los tocan se derrumban como si estuvieran hechos de papel. Ya me da asco ver un partido. Una maldita perdida de tiempo... Y no me hagas empezar a hablar de estas malditas palomas...


- Hey chicos... ¿Una taza de té? - Gracias a Dios que Nellie interrumpía a su marido.

- Je, salvado por la campana - tomo una taza de té mientras vuelvo a quedar solo con Bill...


- Vamos John, ahora que se fue puedes darme un poco del cigarrillo... - Me quita el cigarrillo de las manos - < Cough Cough > Tonta vieja vaca, me esta matando... John te juro que ella me esta matando... < Cough Cough >

Así es la vida. Dejo a Bill en su casa mientras comienzo a recorrer las viejas calles de la ciudad, estas calles suspiran un aburrimiento que se ha acumulado hace años... Cientos de años tal vez. Unas pocas casas mas abajo, alguien se muda y alguien mas ocupara su lugar. Nadie se va a dar cuenta. Aunque haya alguien nuevo en estas calles todo se mantendrá igual.

Bill es un amigo que conocí hace no mucho. Nos conocimos en un bar de mala muerte donde comenzamos a quejarnos de la sociedad actual, uno de sus temas favoritos, y desde ese día nos juntábamos los viernes a beber y quejarnos. En un momento dejo de ir porque su rodilla ya no podía mas con el. Aun así vengo a visitarlo. Es uno de esos viejos imbéciles que te caen bien, vengo a escuchar el como solían ser las cosas, ademas que su esposa es como un tesoro nacional.

Aunque es extraño, siempre que vengo a ver a Bill y a Nellie tengo la sospecha de que hay algo que alguien esta olvidando decirme... o que hay algo evidente de lo cual no me estoy dando cuenta y se me esta escapando... Linda casona antigua la que esta por aquí, siempre me ha gustado su estilo antiguo y lúgubre con el que resalta esta calle. Creo que es momento de volver al centro de la ciudad.

Tras un largo caminar llego finalmente al edificio donde estaba la humilde oficina, el arriendo es barato así que no hay que esperar que sea un lugar tan imponente como supondría alguien de mi fama y reputación dentro del circulo de lo oculto. Al llegar a mi oficina veo que la puerta esta abierta y alguien con sombrero pregunta por mi. Esto nunca ha resultado bien para mi, si me dieran un billete cada vez que alguien que pregunta por mi viene para romperme las piernas tendría los billetes suficientes para pagarle al primer tipo que lo intento, pero no siento ningún deseo de maldad en el lugar, tal vez sea un nuevo cliente. Me acerco a la puerta con mi cigarrillo encendido para demostrar relajación y mantenerme lo mas calmado posible... veré primero que es lo que quiere antes de presentarme como el que busca.

- ¿Buscas a John Constantine? No creo que quieras encontrarlo sobre todo si lo buscas para que te ayude, porque a eso viene ¿No? No puedo pensar en otra razón para que estés por aquí. Pero déjame decirte algo, Constantine no te ayudaría por nada en el mundo.






"John Constantine: Clase obrera, fumador empedernido, alcoholico, bisexual, hechizero de Liverpool que tiende a sacrificar la vida de sus amigos en la mayoria de sus aventuras. Es muy confiado, probablemente sus ultimas palabras serán: "Bueno, mierda. Eso no funciono."
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Tema Privado Re: Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

Mensaje por Joseph "JoJo" Joestar el Dom Ene 07, 2018 3:01 pm

Dentro de esa oficina se respiraba un aire que dejaba intranquilo a Joseph. Tal vez el smog acumulado, o esa sensación de estarse involucrando con cosas que, por muy usual que fuesen en su vida, no dejaban de ser elementos con los que las personas no debían meterse. Una sensación, que por muy particular que fuese, se repetía seguido en su vida. El anciano sabía reconocer aquello que estaba fuera de la normalidad, de lo común, de lo cotidiano. Tal experiencia le había brindado un “olfato” especial para los sucesos, y en esa oficina apestaba a lo extra-cotidiano. Soltaba un aire clásico, del cine negro, pero involucrado con lo que el ojo no podía ver a simple vista.

De más está decir que se sorprendió bastante al escuchar una voz humana viniendo de la puerta. Joseph se giró abruptamente hacia la puerta y allí vio a un hombre bastante más joven que él, a pesar de que ese no fuese un logro muy difícil de obtener. Lo cierto es que las arrugas que su rostro mostraba no reflejaban fielmente la realidad de su edad ni de todo lo vivido. Pero si de algo estaba seguro, es que ese hombre era muchísimo más joven que él, al menos en apariencia. Sus experiencias anteriores, tan numerosas como el número de canas en su barba, le hacían dudar, no obstante, de la apariencia de dicho hombre. Si él mismo era capaz de “disfrazarse” a la perfección, nada quitaba esa posibilidad en aquel hombre. Presuntuoso sería asumir por mera experiencia que se trataba de alguien joven, como afirmar lo contrario sin prueba alguna. No haría eso, al menos no sin pruebas que lo avalasen.

Pues necesito la ayuda, de todas formas. Lo quiera o no, el señor tendrá que venir a acompañarme —en su respuesta se halló serio, dejando de lado aquellas dudas o tonterías que usualmente se le venían a la cabeza, alimentadas por la gracia que un discurso tan sacado de una película le podía provocar. Lo cierto es que se encontraba en una situación un tanto más importante, que le impediría preocuparse por lo que un chiste mal colocado en una situación que no ameritaba bromas pudiera hacer. Joseph se quitó el sombrero y lo colocó sobre la mesa de la oficina, luego se frotó la cabeza, sacudiendo un poco su cabello. En su mente estaba asediándole la idea de aquella identidad. No fue capaz de discernir si era una broma, una coincidencia, o algo adrede hecho por publicidad. Sin embargo, tuvo que sepultar esos pensamientos en pos de obtener la ayuda que requería.

¿Es usted John Constantine? Mi nombre es Joseph Joestar, y vengo a solicitar sus servicios. Puede que sea abrupto, pero creo que podemos arreglarnos como dos hombres adultos para que me acompañe en una «expedición» —de su bolsillo enseñó lo que a vista de cualquiera sería obvio y tentador: un fajo de billetes sostenidos por una liga de goma. Dejando aquel pequeño monto a la vista el tiempo suficiente para que lo viese y así proceder con su explicación—. Se me ha contado de sus capacidades para resolver asuntos «fuera de lo común». Normalmente lo haría por mi cuenta, pero estoy algo viejo y cansado, así que no me vendría mal pedir ayuda a las nuevas generaciones —su rostro dibujó una sonrisa. En sus ojos se dejaba entrever un toque de confianza en su labia, su capacidad de convencimiento.

Confío en que será discreto al respecto: en esta ciudad he encontrado un punto similar a un portal mágico. No creo que sea eso, exactamente, pero es lo que aparenta ser. Esta mañana me he cruzado con un suceso bastante particular. Una casa, ubicada en un vecindario que parece normal a primera vista, pero que esconde algo que no pude creer hasta que lo viví. Esa casa respira un aire extraño, fuera de las concepciones de una casona antigua. Pienso ir a investigarla esta misma noche, pero requiero un poco de ayuda en esto —su explicación cesó, dejando a Joseph colocándose el sombrero una vez más. Y, casi como si se tratase de verborrea imposible de frenar, continuó hablando, pero no del mismo tema.

Cambiando de tema, ¿eres Hellblazer? ¿El de los comics? ¡No imaginé que fueras real! —preguntarle eso no generaría una respuesta más que confusión, o al menos era lo más fácil de deducir, pero Joseph, como buen anciano curioso y metiche, con una afición por los comics, no dudó en preguntarle, aún si quitaba toda la seriedad en el aire. Simplemente fue incapaz de resistirse a la necesidad de preguntarle.

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Tema Privado Re: Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

Mensaje por John Constantine el Lun Feb 12, 2018 8:33 pm

- Se le ha informado bien sobre mis capacidades... pero no estoy seguro de que sepa cual es el precio adecuado - tomo el fajo de billetes y lo meto dentro de uno de los bolsillos dentro de mi gabardina - pero esto para empezar esta bien.

Todo lo que logra un cigarrillo, la mayoría de las veces, es querer fumarte otro. Miro al extraño pidiendo mi ayuda en su "expedición" pero no me da buena espina todo esto. Solo le estoy poniendo atención porque me gusta su estilo, es como un Indiana Jones pero viejo... creo que me vería bien si usara uno de esos sombreros, aunque tal vez me envejecería mucho. Además, le copiaría el estilo al Doctor Occult y nos confundirían aún más de lo que ya lo hacen… ¿En que estaba pensando?  

- ¿Así que una casona embrujada? ¿Por eso pagas esta cantidad de dinero? La solución es sencilla, debes ir a la casa intentar convocar a Gasparin y obligarlo a dejar el lugar. Eso lo podría hacer cualquier clarividente capacitado. No veo la necesidad de buscarme a mí, sobre todo si ya sabes que estoy muy por sobre esos casos.

Me acerco a mi escritorio buscando el cenicero. Reviso entre papeles y un cráneo reducido de un viejo amigo… bueno, “amigo”; hecho a un lado un casco con forma de campana que ocupaba mucho espacio y que cubría una lampara. Finalmente encuentro el cenicero debajo de un viejo libro de hechizos y convocaciones demoniacas que había estado buscando… en fin, lo hecho para un lado y me siento en la silla detrás de mi escritorio mientras sigo fumando. Vuelvo a subir la mirada para ver al hombre que aún espera mi respuesta.

- Han pasado muchos años desde que alguien me llamo Hellblazer y la verdad dudo haber salido en algún cómic... Al menos en esta realidad. Además ¿De que trataría? No creo que mi vida se vería bien en viñetas, de hecho se lo podrían ahorrar al poner una cajetilla de cigarros y una botellas de whisky. He ahí el resumen de mi vida.

Lo despido con un gesto de la mano y finjo concentrarme en uno de los tantos papeles que cubrían lo que parecía ser un escritorio. Aunque también podría ser una mesa de comedor, lo que también explicaría el olor que cubre el lugar. Espero hasta que cierra la puerta y sale de la oficina para volver a mis problemas. Últimamente he estado planificando mis siguientes pasos desde mi oficina, los problemas se están comenzando a acumular y eso que no he pasado mucho tiempo en esta ciudad.

Bueno… planificar y un carajo, lo único que he estado haciendo todo este tiempo es ponerme ebrio y meterme en los problemas de los que trato de salir. Puede que haya una relación entre el alcohol y los problemas, pero honestamente… yo no lo veo.

Con el cigarro en la boca me acerco a la ventana mientras observo como el viejo de sombrero sale del edificio y se comienza a alejar de a poco. Tal vez no debí quedarme con el dinero del hombre, pero ya es tarde para arrepentimientos, además era dinero fácil. Me concentro en la casa frente a mi edificio; una casa de dos pisos bastante cuadrada y de color blanco, las cortinas cerradas del segundo piso y las luces del primer piso están encendidas mientras sombras se mueven por dentro, parece que tuvieran una fiesta o algo…





Frente a mi oficina no hay casas. Hay un edificio y mi oficina queda frente a otra oficina que nunca he visto con las cortinas abiertas o con las luces prendidas… Esta casa que estoy viendo ahora… ¿Qué hace aquí? Es decir, ¿Dónde es aquí? ¿Desde dónde estoy viendo esa casa? Esto no parece la zona comercial en la que está mi oficina, parece más una zona residencial… ¿Por qué estas cosas me suceden a mi? Es como si alguien pusiera todas estas cosas en mi camino. Me terminare el cigarrillo y veré si alcanzo al viejo, no creo que vaya lejos.

Salgo de la oficina y bajo las escaleras lo más rápido posible para intentar no perderlo entre las calles, el fumar cigarrillos no ayuda porque comienzo a sentir un ardor en el pecho y me cuesta respirar. Al salir del edificio veo que todo vuelve a la normalidad y la extraña casa ha desaparecido. Comienzo a caminar en la dirección por la que se fue el viejo hasta que lo veo a lo lejos, acelero el paso para alcanzarlo…

- ¡Eh, viejo! Cuéntame mas de esta casa embrujada… después de todo ya acepte tu pago ¿No?






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Tema Privado Re: Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

Mensaje por Joseph "JoJo" Joestar el Mar Mar 06, 2018 9:11 pm

En esa oficina todo olía bastante raro. Claro, era el olor de una vida llena de desventuras y arrepentimientos, vicios y problemas. Similar, pero opuesto a lo que había pasado con Joseph en su larga vida. Muchos sobresaltos, disgustos, emociones y nostálgicos momentos pasando por su mente.

«Odio ponerme así de sentimental… ¡que no soy un viejo decrépito e inútil, maldición!»

A pesar de estar avecinándose a un auténtico centenario de vida, el anciano Joseph se negaba a aceptarlo rotundamente. Se veía mucho más joven, pero por mantenerse activo en su entrenamiento. Estaba preparado para llevar una aventura nuevamente, pero hacerlo solo no sería divertido, práctico o seguro para él.

El dinero no es un problema, pero mientras eso le convenza, perfecto —le dijo.

Bajo ese aire de incertidumbre que su paradigma provocaba, estaba en él el alivio de saber que no estaba desperdiciando su dinero. Ya que no era su dinero, después de todo.

«Hice bien en pasar por la Fundación Speedwagon para que me prestaran un poco.»

Como le dije, no me es un problema el dinero, aún si es algo sencillo. No tiene idea de la cantidad de cosas “sencillas” por las que he pasado que se han transformado en las locuras más delirantes y enloquecedoras de todas. Supongo que es por alguna «maldición» —le dijo entre risas, quitando la seriedad a sus últimas palabras—. Es ridículo, a pesar de que lo he vivido y usted se dedica a estas cosas, ¿verdad?

Las piernas le estaban temblando, pero no por miedo. Muchas situaciones terroríficas ya habían pasado frente a sus ojos, y estaba algo insensibilizado a esa clase de situaciones a esas alturas. Se trataba de un temblor corriéndole por las piernas, que le pasaban la factura e impuesto por estar correteando de un lado a otro, horas atrás. Ya no era un muchachito ágil y enérgico. Se daba cuenta de sus serias limitaciones que, con el paso de los años, iban acrecentándose pese a sus precauciones. Ese temblor era suficiente para que no diera importancia al anfitrión durante unos momentos, hasta que este volviera a hablar.

Entonces sí es usted. ¡Es impresionante, señor! —le dijo mucho más emocionado que antes—. ¡Leer sus historias fue una de mis cosas favoritas cuando era más joven! Tal vez porque me he metido en suficientes problemas como para hallar un toque de genialidad en la brillante narrativa que le envuelve. Esos “defectos” son capas muy realistas, y ahora entiendo por qué. ¡John Constantine es una persona real, y sus historias han sido plasmadas como homenaje! —añadió con tono triunfante, acompañado de su histriónica risa que remataba su locuaz discurso.

Luego de eso, pese a su inicial interés por mantener una conversación, se dio cuenta de que el hombre estaba un poco más ocupado. Aunque, probablemente, Joseph había entendido ese particular deseo de quedarse sumido en la soledad de su oficina un rato para relajarse. Ese hecho no llegó a molestarle, y tras dar un cordial saludo, salió de allí y cerró tras de sí.

Suspiró de alivio al ver que bajar las escaleras se le hizo mucho más sencillo que subirlas. El cansancio no había llegado hasta él sino cuando se aventuró en la oficina de ese característico hombre de desventuras. En su interior se hallaba inquieto, casi eufórico por la emoción de haber conocido a alguien así. Incluso bajó pensando en quiénes más serían reales.

Oh my God… si él es real, ¿quiénes más lo serán? ¿Superman? ¿Batman? ¿Spiderman? ¡Todo es tan genial! ¡Parece que Japón sí que tiene cosas buenas, después de todo! —dijo mientras bajaba a toda máquina.

En ningún momento pasó por su cabeza la remota posibilidad de que dicho hombre se tratara de un conocedor, al igual que él, que se haya dedicado a emular la imagen y ser el fiel representante en carne y hueso de ese personaje de historietas.

A la salida del edificio se había «materializado» algo inesperado. En un principio, Joseph no dio atención alguna a lo que estaba frente a él. Pero, conforme unos breves segundos avanzaron, el cigarro se le habría caído de la boca… si tan siquiera llevase uno, o fumase.

Oh.My.God… —murmuró.

El cuerpo le tembló en un solo movimiento que se desvaneció casi tan rápido como vino. La casa de la que él hablaba estaba ahí. El epicentro de lo extraño estaba concurriendo.

¡Es como cuando un perro te sigue a casa, sólo que esta vez es la casa la que te sigue! —exclamó, casi horrorizado.

En ese momento, Constantine bajaba por las escaleras y salió del edificio. Fue tras Joseph, pero no hizo falta, porque este se encontraba con una expresión muy similar en su rostro, observando en una fuerte parálisis proveniente de la estupefacción y el desconcierto.

No sé lo que está pasando, pero que de repente aparezca… —le dijo—. Ah, lo siento —añadió, recuperando el temple—. Creo que debí explicar un poco mejor las cosas, ejem… Esa de ahí es la casa de la que he estado hablando. No entiendo qué pasa… pero se ha aparecido aquí, de repente, sin razón alguna…

Ya más calmado, la sorpresa no desaparecía, combinada con una pizca de temor ante la aciaga residencia que estaba frente a ellos.

¿Está seguro que se trata de un simple espíritu poseído? —le preguntó con tono casi fatalista, mezclado con tintes cínicos.
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Tema Privado Re: Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

Mensaje por John Constantine el Mar Mar 20, 2018 6:41 pm

Siempre es lo mismo. Nuevamente un dolor de cabeza me parte el cráneo como si mi propia mente me apaleara desde dentro por no haberlo visto. La casa me da una sensación totalmente extraña, es como si quisiera contar una historia y a la única persona a la que se la quiere contar es a este hombre. Siento como esta vieja casa se agita como si estuviera dormida y soñando… Pero creo que su sueño es una pesadilla recurrente.

- Sigue existiendo la teoría de que la casa este embrujada… - saco unos cigarrillos – Pero ¿Qué tipo de espíritus puede lograr que una casa tome consciencia? Y una mejor pregunta… ¿Por qué te sigue a ti?

Saco un encendedor y prendo el cigarrillo que me había puesto en la boca. Un fuerte instinto me dice que lance al hombre dentro de la casa dándole lo que quiere y así me dejara tranquilo ¿Pero no iba a ser tan fácil no? Nunca era fácil. Es extraño, siento a alguien aquí adentro… o tal vez algo. Aún más extraño es que pueda sentir estas cosas. La casa tiene más poder del que pensaba si es que te hace sentir cosas, como si fuera una especie de maquina empatía. Respiro profundo y me armo de valor.

- Bien, vamos. Supongo que esto es lo que querías que investigara contigo. Además, que se nota que le gustas… y mucho.

Mientras avanzo hacia la derruida puerta de entrada esta se comienza a abrir lentamente. Las oxidadas bisagras hacen un chirrido que sirve como un factor de disuasión para no entrar allí por ningún motivo. El viento del exterior hace que la madera del techo se mueva para luego asentarse nuevamente. La casa me dice que entre sin dudar mientras intenta calmarme con sentimientos placenteros.
Miro hacia atrás para ver si el tipo me seguía y así era. Me pregunto si él también siento lo mismo o escucha esa voz en lo profundo de su mente. Supongo que sí, pero parece no reaccionar a nada… ¿Quién es este tipo? “Mas sabe el diablo por viejo que por diablo” ¿Sera eso? ¿Sera que no es solo vejez si no también experiencia en este tipo de casos?

Por dentro la casa se veía como se esperaba. El polvo se acumulaba en el piso y la alfombra ya desteñida en medio de el pasillo servía como una fría bienvenida a lo que alguna vez fue una linda mansión. Una escalera al final del pasillo mientras una serie de puertas a cada lado lo que lo hacia parecer una especie de hostal y hotel familiar mas que una casa donde vivía una sola familia. Había demasiado espacio. Me decido a abrir la puerta mas cercana a mi izquierda.

- Bien viejo… ¿Qué hay detrás de la puerta número uno?

Una extraña sensación penetro en mi mente como una estaca en el corazón de un vampiro… No es como si supiera como se siente eso, pero si se como es cuando insertan un recuerdo que no es tuyo…

-

A lo lejos se escuchan las máquinas de cortar típicas de los domingos de la mañana. Y mas aun cuando el día es tan lindo como el día que toco hoy. Esta es una de las razones por las que se mudaron a esta casa en los suburbios, aunque encontraba que era demasiado amplia para ellos, pero ya habían podido acomodarse bien y ocupar todas las habitaciones. Cómodamente pareada, la casa inhala la respiración de los jardines y su sala se llena de un ambiente en el que solo se quiere dormir.

- Mi vida es perfecta – susurra Sandra mientras se sorprende por cómo se pasó la hora mientras vagaba entre sus pensamientos. – William querrá una taza de té cuando termine con el patio y vaya a contarle un cuento a los niños.

Esta tan feliz de tenerlo como esposo. Les construyo unos juegos en el jardín, además de un invernadero en la parte de atrás. Además, que tienen niños tan tranquilos… Estaban arriba viendo un documental sobre dinosaurios, era bueno que tuvieran algún interés. Pero luego de eso darían un documental sobre asesinos en serie. La simple idea de que pueda existir esa especie de personas que maten sin piedad a otros la hacía temblar.

- Scott! Emma! – Sandra nunca podrá entenderlo.

Mientras en el jardín Will seguía con su trabajo cuando se le acerco su vecino.

- Hey Will! El jardín está quedando genial.

- Es un trabajo duro, así que feliz de que este quedando así de genial.

- ¿Cómo están Sandra y los niños?

- De maravilla, gracias por preguntar. Estamos muy felices en la nueva casa.

- Veo que tienes también auto nuevo…

- Es un gran vehículo familiar… ¿Y como esta tu esposa?

- Bien, bien chismoseando como siempre… ¿Oye y eso? No tendrás unas termas dentro de tu casa ¿No?

- ¿Qué? – Will se voltea y ve como humo salía de la puerta de la cocina que daba directamente al jardín. – Oh dios! Seguro se esta quemando la comida. Lo siento, iré a ver.

El hecho de que afuera este soleado, pero dentro de la cocina este nublado hace sonreír a Will. Se pregunta si podrá hacer reír a los niños con eso.

- ¿Hola? ¿Sandra? - Will empezó a subir las escaleras – Seguramente te quedaste jugando con los niños y te olvidaste de que cocinabas…. ¿Hola? – Will ama mucho a Sandra y a los niños - ¿Scott? ¿Emma?

Al abrir la puerta su corazón se enfrió súbitamente mientras caía de rodillas. Las paredes y el piso de la habitación que había servido como zona de juegos para los niños estaban bañada en sangre. El sillón donde se sentaban normalmente a ver televisión seguía ocupado, pero era por su esposa quien tenia un corte en el cuello y su cabeza caía hacia atrás de manera casi grotesca. En sus brazos tenia aun abrazados a sus dos hijos quienes tenían sus remeras y  pantalones bañados en la sangre de su madre mezclada con la suya. También tenían un corte en el cuello.

En la tele, ya había comenzado el documental sobre asesinos en serie.


-

La desesperación de Will se mezcla con mi alma al revivir la impotencia que había sentido al observar como su familia había sido asesinada. Me asfixio con su ira y su tristeza. Mientras mi estomago se revuelve por la emoción de ver tal asesinato. Observo al viejo al lado mío para ver si acaba de revivir aquella experiencia que fue incrustada en nuestro espíritu.






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Tema Privado Re: Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

Mensaje por Joseph "JoJo" Joestar el Sáb Abr 07, 2018 7:33 pm

Joseph se mantuvo observando la casa, incapaz de abandonar su sorpresa. No estaba temblando, pero podía vérsele inquieto. En su mirada se reflejaba la estupefacción ante lo inconcebible vuelto realidad, como un sueño extraño que se repite en la realidad y no se va de la mente de uno, que intenta procesar lo acontecido como algo real, a pesar de lo que ello implicaría.

Ambos permanecieron allí por un rato, dejando que las ideas se acomodaran en sus mentes. Disparatada situación en la que ambos se vieron involucrados, frente a un acto paranormal fuera de todo concepto imaginado, incluso para un experto en el tema. Joseph se sorprendió cuando ni siquiera un hombre con experiencia en el campo podía comprender el peso de la situación.

Si tú no lo sabes… —exclamó consternado.

El anciano podía sentir un escalofrío recorriéndole la espalda. Eso era el signo de cuando algo estaba muy mal, pero una fuerza sobrehumana en el interior de cada uno le obligaba a seguir adelante, a pesar de las condiciones. Joseph sintió eso revolviéndole el estómago. Aunque podrían haber sido esos burritos que comió en un puesto de comida mexicana, o el comentario fuera de lugar de Constantine, sacándolo de ritmo de un instante a otro.

Ya he pasado por cosas peores… —respondió con un tono derrotista, frunciendo el ceño con recordar lo sucedido.

Ambos se adentraron en la casa. La puerta hizo que una brisa leve entrara junto con ellos, como algo perfectamente normal. Pero Joseph se sintió inquieto al sentir que el aire pasaba por sus orejas y nuca. Miró hacia atrás unos segundos, asediado por la idea de estar siendo seguidos por alguien a escasos pasos. Pero no había nada allí, por mucho que mirara.

El olor a humedad tapó la nariz del viejo Joestar, que frunció el rostro por el pesado ambiente. Todo allí dentro aparentaba normalidad. La casa se veía bastante sana y funcional, pese a su descuido en lo que a limpieza se refiere. La capa uniforme de polvo que cubría cada sector revelaba su más que evidente abandono.

¡Ah! ¡¿Qué rayos es eso?! ¡Siento una voz por algún lado! —gritó.

Evidentemente, el anciano comenzó a gritar por la presencia de esa voz que inquietaba a su compañero. Este pensaba que Joestar tendría el temple suficiente, pero no contaba con que no sería así en lo absoluto. El viejo se llevó las manos a los oídos, intentando tapar esa voz que le hacía gritar.

¡No funciona! ¡Está dentro de mi oído! OH MY GOD! IT IS INSIDE MY HEAD!

Al no conseguirlo, intentó metiendo su dedo índice en la oreja, esperando dar con el origen de ese sonido. Su decisión no fue apresurada o psicótica, sino provocada por una experiencia previa donde su cerebro se vio invadido y tuvo que mantenerse quieto.

De no ser por una repentina interrupción en su mente, habría usado el dedo de la prótesis para apuñalarse el tímpano de ser necesario, como acto extremista. Los recuerdos de una persona a quien no conocía invadieron su mente, y el aterrador relato de la muerte de su familia. Reconoció la casa de inmediato. Esta no se veía muy diferente, después de todo.

Cuando el recuerdo finalizó, su mente fue liberada. Ese dolor le estaba carcomiendo la piel, como si lo hubiese vivido en carne propia. Sus labios temblaban, conteniendo el impulso de gritar de nuevo.

Holy shit… esto es terrible… —respiró hondo y recuperó la compostura. Gotas de sudor caían por su frente, que se secó con el ala del sombrero—. Mejor avancemos… no quiero seguir teniendo estos recuerdos…

Se encaminó de nuevo, vigilando que nada pasara por el pasillo detrás suyo. Pero, lejos de mostrarse nervioso al punto de rozar la paranoia, su gesto dejaba ver su prudencia.

Entonces… ¿el espíritu es uno de los familiares, Will, o el asesino ajusticiado por Will? —su imaginación voló en un momento a otro, dejando que sus teorías se dieran a conocer.

Frente a una puerta se sentía un aire frío. Joseph se preguntó si se debía a esa intranquilidad interna que agobiaba su espíritu, o si en verdad había posibilidades de que el aire se enfriara en una zona de la residencia y no en las otras. Abrió la puerta con cuidado, intentando no hacer ningún ruido, pero sin demorarse y hacerlo como en una película. La abrió como a cualquier otra puerta, y sólo se encontró con un cuarto casi vacío, ataviado con un sofá viejo y desgastado y unos periódicos en el suelo.

¿Y esto?

Se adentró a revisar los periódicos. Las fechas eran de hace diez años. En ellos no había nada más que noticias sobre valores de la bolsa, protestas o decretos gubernamentales. Varios artículos habían sido recortados de las hojas, pero ningún rastro de ellos había en esa habitación.

¿Qué es lo que pasa con este lugar? —preguntó el viejo.

El aire estaba frío. Las ventanas de esa habitación estaban abiertas de par en par. Joseph se levantó a cerrarlas, pero los cristales se rompieron cuando dio unos pasos. Algunas esquirlas salieron, lastimándole los brazos cuando se cubrió el rostro y el torso. Se trataban de heridas leves, que no hicieron más que despertar preocupación en Joseph.

Es… poderoso… —murmuró, esperando que Constantine estuviese presenciando lo mismo que él.
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Tema Privado Re: Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

Mensaje por John Constantine el Dom Jun 03, 2018 5:05 pm

Realmente la mansión tenía algo, había sido algo reacio al aceptar el venir hacia esta mansión acompañado del viejo. Pero tampoco creo que haya tenido mas opción, la casa es como un perro con un gran olfato, cuando toma tu olor o tu esencia te persigue por todos lados, por eso es que se le seguía apareciendo a Joseph y al mismo tiempo lo había llevado hasta mí. Es decir, mi esencia debe ser una pestilencia que sería muy difícil de ignorar para cualquier ser sobrenatural con esa capacidad… me sorprende que nadie más me haya encontrado hasta ahora.

La situación no parece mejorar, mientras el pseudo Indiana Jones sigue avanzando por la casa cuando un susurro llega por detrás mío. El escalofrió recorre mi espalda desde debajo de la nuca hasta el comienzo de mi trasero, no pude distinguir que decía aquella voz, pero si me percaté que era masculina. Me quedo parado dudando si voltear mi cabeza para observar de desde donde vino la voz, pero un fuerte golpe me hace dar un brinco nuevamente.

El viejo había entrado en una habitación y la puerta se había cerrado de la nada dando un fuerte portazo, corro hacia la habitación y golpeo la puerta con fuerza…

- ¡HEY! ¡¿Qué pasa?! -
 golpeo con el puño nuevamente - ¡¿Me escuchas?!

No hay respuesta. Después de unos momentos escucho unos vidrios romperse ¿Habrá saltado por la ventana? No parecía mala idea en esos momentos, pero debía saber que sucedía aquí. Solo esperaba que al viejo no le pasara nada… ¿Tal vez es parte de todo esto y me trajo aquí como parte de un plan? Podía ser… Pero la verdad no es relevante ahora mismo, simplemente debo intentar solucionar este problema y salir de la casa.

Saco un nuevo cigarrillo al ver que el anterior se me había caído al piso y lo enciendo, me doy cuenta como mi mano tiembla un poco. Pero se detiene cuando veo a una joven delgada enfrente de mí, parece no notar mi presencia y avanza directamente a un baño que se encontraba debajo de las escaleras que llevan al segundo piso. Asomo la cabeza para ver que había en la habitación desde que la venia… para mi sorpresa parecía haber un almuerzo familiar donde estaba un hombre y una mujer algo mayores comiendo (¿Tal ves los padres de la joven?) era una imagen bastante penosa. Decido seguir a la joven y meterme al baño con ella.

Un pensamiento me cruza la cabeza: ¿Seremos nosotros los fantasmas en el mundo de ellos? Desde que entre a la casa he pensado que los demás eran espectros, recuerdos de vidas que pasaron sus años en esta mansión. Pero tal vez no era así, quizás éramos nosotros quienes nos comportábamos como los espectros en el mundo de ellos. Lo cual no explica el porque decidí meterme al baño con una adolescente, pero algo olía mal aquí.

Se detiene frente al espejo y se levanta las mangas que le protegían hasta la mitad de sus manos, pequeños cortes aparecen en sus muñecas mientras comenzaba a sollozar. Era una escena triste, y la ansiedad y la autocompasión que sentía por ella misma inundaba la habitación y me contagiaba a mí. Es como si la maldita casa intentara compartir todo el sufrimiento que se ha vivido entre sus paredes con los que tengan la mala suerte de ser arrastrados dentro de ellos.

La veo buscar detrás del espejo una nueva navaja, la tensión comenzaba a subir mientras intentaba pensar en una forma de que evitara los cortes. Mi mente aun divagaba entre si esto era un recuerdo del sufrimiento pasado, o simplemente otra especie de realidad alterna. Justo cuando la chica es iba a realizar un corte en el brazo la puerta del baño se abre y entra el viejo que anteriormente estaba comiendo en la cocina… ¿Qué hace encerrándose aquí con la chica?...



Oh no… no… Yo no lo permitiré.






"John Constantine: Clase obrera, fumador empedernido, alcoholico, bisexual, hechizero de Liverpool que tiende a sacrificar la vida de sus amigos en la mayoria de sus aventuras. Es muy confiado, probablemente sus ultimas palabras serán: "Bueno, mierda. Eso no funciono."
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Tema Privado Re: Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

Mensaje por Joseph "JoJo" Joestar el Miér Jun 20, 2018 7:47 pm

La puerta se había cerrado de un portazo al mismo tiempo que los cristales de la ventana estallaron. Por eso mismo, Joseph no escuchó ni vio a la puerta cerrarse casi con ira. Caminó unos pasos más adelante, acercándose a la ventana, para asomarse y mirar.

Fuera de la casa el paisaje era el mismo. El vecindario con cierta comodidad económica por el que había pasado en su primer encuentro con la casa, pero rodeado de un aire extraño, que despertaba desasosiego en su cabeza y sugería cosas ininteligibles que no podría explicar.

Por momentos sentía el pecho cerrársele, impidiéndole respirar. Se fue poniendo más nervioso gradualmente, con cada segundo que pasaba dentro de esa casa.

¿Qué opinas de esto? —le preguntó a su compañero. No recibió respuesta. Se dio la vuelta para ver si estaba allí con él, pero sólo encontró la puerta cerrada y el hecho de estar completamente solo allí dentro.

«La corriente de aire que rompió la ventana la debió cerrar» fue lo que pensó.

Intentó abrir la puerta, pero esta se movió. El pomo parecía atascado, y tirar tampoco generó cambio alguno en esta. Empujó con el hombro, tiró con toda su fuerza apoyando los pies en la pared e intentó tirarla, pero nada fue efectivo. Sus nervios se transformaron en ansiedad, un poco de estrés y pánico que se fueron apoderando de su calma hasta hacerla desaparecer completamente. Pero no se había quebrado completamente. Su intranquilidad no fue desesperación de inmediato, mostrándose capaz de controlar sus emociones y seguir pensando con la cabeza fría.

«It’s okay. Just a locked door» pensó.

Ya encontraré la forma de abrirla —se rascó la barbilla. Retrocedió unos pasos para tomar impulso, pero se detuvo cuando sintió algo crujiendo bajo sus pies. Estático por unos segundos, dio la vuelta con suavidad para mirar lo que había debajo suyo. Debajo de los diarios había algo más. Allí debajo descubrió la madera húmeda, quizá por el paso del tiempo o por una cañería dañada. Pero esta tenía un olor diferente a cualquier madera humedecida. Un inconfundible olor a sangre que inundó la habitación e hizo sentir mareos y ganas de vomitar a Joseph—. My God… es asqueroso —tosió y escupió. El aire se cargó de esa pestilencia muy rápido, y ni siquiera la ventana parecía ser útil para ventilarla.

La puerta se abrió. Joseph se giró y vio a una anciana con gesto deprimido arrastrando los pies al caminar, silenciosa sólo por llevar unas pantuflas. Esta no notó a Joseph, y este no se dio cuenta que, de repente, la habitación ahora estaba ataviada con muebles viejos. Una cama matrimonial, las mesitas de luz y un armario. Ese olor a sangre no se iba, pero sólo Joseph parecía notarlo.

O-oiga, ¿quién es usted? ¿Sabe lo que está pasando aquí? —dijo en vano. La anciana no parecía ser capaz de escucharle o de verle siquiera.

Buscó llamar su atención tomándola del hombro, pero por muchos pasos que diese, no parecía estar acercándose a ella. Pero se agotaba con cada uno de sus movimientos. Llamó a gritos a la anciana, pero esta no podía escucharle.

Esta se acercó al armario y sacó de uno de los cajones inferiores una botella de whisky a medio terminar. La puerta se cerró y la anciana se sentó en los pies de la cama a beber del pico, ahogando la pena expresada en lágrimas y sollozos con el alcohol. Sorprendido, Joestar abrigó compasión por ella en su pecho. Se recostó de la pared a observar el melancólico acto, como un fantasma obligado a presenciar a los vivos.

¿Qué está pasando en esta casa? —se preguntó.

La puerta volvió a abrirse. Esta vez, de un estruendoso portazo que hizo sobresaltar no sólo a Joseph, sino a la anciana que arrojó la botella a la cama y la salpicó con el licor. Era un hombre de edad similar, que cuando la vio se dibujó una expresión de enfado.

«¡¿Otra vez con eso, vieja de mierda?!» gritó el anciano. La mujer empezó a gritar y sollozar palabras ininteligibles, pero que por su gesto y tono se oían como acusaciones y demandas hacia su presunto marido, pero este no se comportó sumiso y la golpeó en el rostro. Joseph no se quedó quieto ante dicho suceso, pero tan pronto como se lanzó hacia ellos la imagen desapareció, devolviéndolo a la habitación con el piso cubierto de periódicos y los cristales.

¿Fue real?

Sintió miedo. Miedo de no poder creer más en lo que sus ojos reflejaban. Al darse la vuelta descubrió la puerta abierta una vez más y salió al pasillo. No encontró a Constantine por ningún lado, y salió a buscarlo.

El aire pasó de frío a caliente, haciendo sudar a Joseph. Sus pies daban pasos lentos y pesados, crujiendo la madera debajo suya. No había luces eléctricas, y la ventana estaba alejada de esa zona. Se había vuelto oscuro ese pasillo. Buscó a tientas un interruptor, pero cuando lo encontró e intentó encenderlo no ocurrió nada.

«Genial» pensó.

¿John Constantine? —preguntó en voz alta, notando que las luces se habían ido por completo.

Recordó que llevaba un encendedor en el bolsillo y se armó con la luz de la llama que no dejaba ver más allá de los primeros pasos. Una luz anaranjada que le hacía saber que aún estaba en el pasillo, donde las sombras de los candelabros y los muebles jugaban malas pasadas a los incautos. Llegó a una bifurcación y encontró lo que parecía ser una ventana tapiada con tablas y clavos que no pudo sacar. Un suspiro casi le apaga la mecha.

Hello? It’s somebody there? —preguntó a la oscuridad que le rodeaba.

Pasos livianos se escuchaban, demasiado flojos para que fuesen de una persona adulta; y tenían cierto toque gracioso, como si aquella persona estuviese jugando. Joseph tragó el nudo que se había hecho en la garganta, invadido por el temor de lo desconocido que se ocultaba detrás del manto oscuro presente.

En el aire sentía humedad presente. No era el olor a sangre, sino el peso de la humedad. El sonido de agua corriendo llegó hasta él, que avanzó unos pasos en plena oscuridad hasta pisar un charco de agua. Bajó la mirada para comprobar que debajo suyo no hubiese sangre otra vez. Respiró aliviado tras comprobar que sólo era agua.

Cuando levantó la cabeza tuvo casi pegado a la nariz un enorme cuadro antiguo. Era la pintura de un carnero en un pastizal, sin nada más que eso. El animal estaba sentado junto a unos arbustos, mirando al horizonte. Joseph dio un brinco del susto, y cuando se repuso se aproximó a ver de cerca la pintura.

Pedirle una descripción habría sido imposible. Las sensaciones de malestar se incrementaron cuando centró su mirada en los ojos del carnero, tan negros y vacíos que ningún artista habría podido replicar esa mirada sin brillo jamás. La respiración del anciano se aceleró. El corazón sufrió un sobresalto, golpeando con fuerza debajo del pecho. Algo en esa pintura despertó la tensión y el miedo, obligándolo a correr por la dirección en la que vino, con pasos atolondrados y conteniendo los gritos que luchaban por salir.

¿Adónde vas? —se oyó por el pasillo.

Era una voz infantil, de una niña exactamente. Joseph jamás había sentido algo así. El miedo se había apoderado de él, aun cuando no había cedido a los gritos y la desesperación extrema por salir de la casa. Se tropezó y trastabilló hasta sostenerse de la pared. El encendedor se había apagado y caído, dejándolo a oscuras otra vez.

¿Quién anda ahí? —preguntó con voz temblorosa.

¿Te vas a ir otra vez? —dijo aquella voz. Se escuchaba asustada y triste a la vez—. ¿Me vas a dejar aquí sola? —se fue rompiendo el tono de voz poco a poco, hasta escucharse resquebrajarse cada vez más—. ¡No me dejes aquí, por favor! ¡Te lo suplico!

Joestar no hizo caso y empezó a dar pasos hacia atrás, moviéndose con toda la paciencia del mundo para no alertar a lo que estuviese oculto cerca suyo.

¿Dónde estás? ¿Quién eres?

No me dejes… —sollozaba.

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Tema Privado Re: Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

Mensaje por M. Levka Nikoláyevich el Miér Sep 26, 2018 8:24 am


Φ CERRADO Φ

Debido a la falta de respuestas en éste tema durante dos meses o más, y muy a nuestro pesar, el tema ha sido cerrado y retirado de la zona correspondiente. Sin embargo puedes recuperarlo, pidiendo su reapertura, aquí.
Lugar: Casas
Atte: Staff ITR.





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Tema Privado Re: Espectros de medio tiempo [Priv.: Constantine]

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