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Ganó el quiero la guerra del puedo

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Tema Libre Ganó el quiero la guerra del puedo

Mensaje por Mitsuki Datura el Miér Dic 06, 2017 12:22 am

Más de diez veces Mitsuki había pasado por la puerta del teatro sin que nada le llamara la atención. Mas hoy las puertas del mismo se encontraban abiertas y en el medio del escenario, iluminado por los reflectores en una intensa luz rojiza, había un piano de cola. Los dedos de la muchacha temblaron de la emoción; hacía mucho tiempo que no tocaba el piano pero las yemas de sus dedos aún recordaban el frío roce de las teclas.

Siendo oído absoluto, la música le había gustado desde pequeña y tenía gran habilidad sobre todo para cantar y tocar el piano. Podría decirse que escuchar y hacer música eran dos de sus actividades favoritas, si no sus preferidas.

Segundos más tarde, sin darse cuenta siquiera, Mitsuki había caminado hacia el escenario. Recién salió de su ensueño cuando tocó el gélido metal de la baranda de la escalera. -Pero qué demonios estoy haciendo- penso para sí al percatarse de que la persona que había dejado preparado el escenario así no lo había hecho para ella. Con paso lento y sin perder de vista al piano, descendió los tres escalones que había llegado a subir instantes antes. -Debería irme- se dijo a sí misma, mas aquel piano parecía llamarla a gritos.

Con cara de niño que hizo o está por hacer una travesura, la adolescente volvió a emprender su camino hacia el instrumento que había captado tanto su atención. Sabía que no tenía el permiso expreso de quien había montado la escena para tocar el piano y, que quizás esa otra persona se enojaría con ella por lo que estaba por hacer; pero era imposible para ella no hacerlo. -Sólo lo tocaré unos segundos y nadie se dará cuenta- pensó mientras ignoraba a la cada vez más débil voz de su consciencia, que le decía que debería alejarse.

Una vez terminó de subir las escaleras y llegó al escenario, el dichoso instrumento la maravilló aún más. Desde el nuevo ángulo, bajo esa luz carmesí, el piano había ganado una apariencia mucho más  tentadora que antes. Casi sin respirar caminó los nueve pasos que la separaban del objeto de sus anhelos; riéndose cuando la luz de los reflectores hizo que su nívea piel pareciera la de una manzana.

Con extremada delicadeza, impresionante dada la ansiedad de la joven, posó su mano derecha sobre el piano y lentamente recorrió con sus dedos la lustrosa madera disfrutando la sensación del contacto de la misma contra su piel. Acto seguido, se sentó en el taburete que había frente al instrumento y posó ambas manos sobre las teclas, sin hacer presión, tan sólo sintiéndolas. De la emoción que sintió, le pareció escuchar su propio corazón latiendo en sus oidos.

Lenta y pausadamente tocó un par de notas, saboreando el momento. -Ya es suficiente- pensó, queriendo reprimir las inmensas ganas que tenía de tocar una canción completa con tan maravilloso instrumento. Pero ésta vez el quiero ganó la guerra del puedo y sus dedos se negaron a abandonar la oportunidad de hacer música que se les había presentado y lentamente comenzaron a tocar una canción...


Canción:


Última edición por Mitsuki Datura el Lun Dic 18, 2017 8:33 am, editado 1 vez (Razón : Cambio de color de la letra)






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Tema Libre Re: Ganó el quiero la guerra del puedo

Mensaje por Ayiw Kryomi el Jue Dic 07, 2017 9:20 pm

- Aún era temprano. Las clases habían acabado hacía... ¿cuánto? ¿20 minutos? ¿media hora? Lo único que le importaba, era terminar de colocar bien aquellas luces, alinear el piano, dejar listo el camerino, así como que cada cosa estuviese en orden. Había aceptado gustosa aquella asignación, bajo la cual sería responsable de la preparación para que un artista local tocase el piano, como actividad para la recolección de fondos para un centro de salud, con motivos de la Navidad. 

La castaña, vestida de negro, con el cabello recogido en una coleta, parecía danzar de puntillas entre los armados de las luces, en lo que activaba sensores, conectaba circuitos que luego sería de controles remotos para hacer juego de luces desde la cabina ciega detrás del público. Mil y un canción en su mente revoloteaban, en el deseo de... ¿tocarla...? No. Deseaba escuchar una pieza, perfecta y sin errores. Deseaba desde lo más profundo de su ser, deleitarse con el talento ajeno, que la dicha del buen oído le llene, pero sin ser ella misma la que interprete al frente de cualquiera sea el instrumento. Desde que había escuchado un Shamisen en manos de un músico experimentado, no había logrado encontrar a alguien que le diese un verdadero momento de gozo en lo que respecta a una buena interpretación musical.



Quizá por eso se estaba esmerando tanto en aquello... deseaba que el pianista, uno de los universitarios que tocaba desde hacía algunos años, sea el que la llenaría de aquella ansiada dicha. Y desde las alturas... notó que una joven vacilante, ingresaba al lugar. La observó en silencio, notándola tan vacilante... que sonrió ampliamente. ¿Hasta dónde llegaría con sus inseguridades? Su actitud hesitante llegaba a... ¿molestarle? quizá sería esa la expresión correcta. ¿Por qué alguien que se dedica al arte vacila? ¿Duda? ¿Teme? ¿Por qué no animarse a cantar a los gritos, con el corazón en la misma garganta por puro placer y gozo? Sin miedo al "¿qué dirán?", sin pensar en que está haciéndolo mal o que está haciendo en sí algo mal. Suspiró en silencio... y con una cautela felina, sostuvo la larga tela que le envolvía la cintura y las caderas, para colgarse a sí misma desde las alturas. Quedó de cabeza, un poco más atrás que la joven frente al piano. ¿Tocaría algo...? Sonrió en la soledad de su presencia y entrecerró los ojos.


"¡Vamos, tú puedes!" animó internamente y... notó que una figura tranquila se posaba sobre el piano. Separó los labios, sorprendida. Aquel ser, invisible para todos, salvo para ella... era Melo, dios de la música. ¿Él se había acercado a escuchar a aquella joven? El corazón de Ayiw dio un brinco, y solo cerró los ojos, esperando en la más grande esperanza, que ella le diese su momento de placer. 


A penas escuchó que comenzaba... algo en su interior se tensó con fuerza. Su abdomen completo, sobre todo, los músculos del recto abdominal. Conocía aquella sensación... la de desear cantar; hacía años que no se manifestaba con tanta fuerza. Era por el talento de la joven que tocaba, era una confianza ciega a que no fallaría ni una sola nota. Pareció darse cuenta recién cuando estaba inhalando, que acabaría por exhalar en canto. Dirigió sus ojos a la entidad invisible allí presente... 


... y le dio paz, verlo de acuerdo. En el momento justo, con el tono adecuado, su voz comenzó a cantar aquella famosa, casi trillada canción, que en manos de la joven en piano, parecía la pieza más exquisita. 


El corazón de la castaña, solo suplicó una cosa a la joven en su mente: "por favor... no te detengas". -


"Como cuando ves algo que te hace feliz. 

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Tema Libre Re: Ganó el quiero la guerra del puedo

Mensaje por Mitsuki Datura el Vie Dic 08, 2017 8:52 am

Mitsuki en ningún momento se había detenido a pensar qué canción iba a tocar, tan sólo había dejado que su instinto la guiara, que sus dedos formaran de manera espontánea alguna melodía casi como por inercia. Recién a la cuarta nota se percató del tema que estaba interpretando con el piano; era "my inmortal", uno de sus favoritos, quizás porque varias veces en el pasado se había identificado con la letra. Por un instante la chica cerró sus ojos, concentrando toda su atención en las notas que se desprendían del instrumento, esperando el momento para en que le tocaría cantar.

De repente, con su boca ya abierta para comenzar a entonar la canción, escuchó una voz que definitivamente no era la suya. Abruptamente abrió sus ojos y levantó la mirada, podía escuchar que la voz venía de arriba suyo, mas no veía a nadie, sólo una tela que colgaba desde lo alto; la única posibilidad que quedaba es que quien cantaba se encontrara detrás suyo. La curiosidad carcomía a Mitsuki por dentro, no es muy común encontrarse con alguien que poseyera una técnica y un caudal de voz semejante. Y fue esa intriga la que hizo que por un momento la adolescente pensara en parar de tocar para poder ver a quien ahora la acompañaba con su afinada voz; no obstante, como se habían acoplado perfectamente no podía resistirse a por lo menos terminar la pieza.

Decidida a dejar para después el ver a su acompañante, volvió a cerrar sus ojos para abstraerse en la música; ahora que compartía el escenario con alguien más, el tocar aquel majestuoso piano le parecía todavía más placentero. No eran muchas las oportunidades que tenía para compartir algunos de sus gustos musicales más "pesados" o profundos con otras personas; fiel a su idea de mantener la dichosa imagen de "niña bien", jamás había expresado su amor por aquella canción frente a alguien que no fuera de profunda confianza, mucho menos ante una completa desconocida.

Llegando al final de la primera estrofa y habiéndose acostumbrado al estilo que la otra fémina empleaba al cantar, Mitsuki resolvió que era momento de unirse a ella. -Un, dos, tres- contó mentalmente y luego se acopló a la otra cantante. Le pareció entonces que algún dios habría sido el que orquestó aquel encuentro; tanto por la extraña forma en la que se habían topado la una con la otra  como por la manera en la que sus voces se complementaban en algo que sólo podría ser descripto como ecléctico.

La joven continuó con la canción, una amplia sonrisa dibujada en sus labios mientras compartía aquel momento en el lenguaje universal de la música; a pesar de la tristeza plasmada en la letra y notas del tema Mitsuki se sentía extremadamente feliz. -No quiero que se termine- se apenó cuando habían llegado casi al final de la canción. -Quizás podría alargarla un poco más- se le ocurrió acto seguido, mas esa idea fue rápidamente rechazada, ya que si lo hacía rompería la perfección con la que venía desarrollándose. "Todo concluye al fin, nada puede escapar" ponen los dos primeros versos de otra de las canciones favoritas de la muchacha y ahora, con sus últimas notas sonando en el piano, era el turno de la canción de terminarse.

Estáticos quedaron sus dedos en el piano como queriendo prolongar el momento un poco más aunque la melodía ya no estuviera sonando. -Ha sido hermoso- dijo con una voz llena de emoción al momento que abría los ojos y se levantaba del asiento; el silencio había roto el encanto. Entonces, acarició una vez más al piano con su cara aún congelada en una mueca de algo muy parecido al éxtasis.


Última edición por Mitsuki Datura el Lun Dic 18, 2017 8:35 am, editado 1 vez (Razón : Cambio de color de la letra)






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Tema Libre Re: Ganó el quiero la guerra del puedo

Mensaje por Ayiw Kryomi el Mar Dic 12, 2017 6:52 pm

- La inquietud en su pecho, de alguna forma le advertía que estaban ahí no por una cuestión de culto de parte del dios. Él necesitaba alimentarse de ambas, del talento, de la presentación pulcra y sin error que estaban llevando adelante. La castaña frunció el ceño. No le agradaban ese tipo de circunstancias, más... no haría anda al respecto, como detenerse o desentonar a propósito para espantar a la deidad. Pues estaba satisfaciéndose de forma personal... aunque no le agradase, ella sería la segunda en ganar en esas circunstancias. Por lo que cerró los ojos, embriagándose de aquella oportunidad única.


En su mente, se grabó cada segundo de cada nota, de cada acorde y compás. No sabía por qué, pero presentía que debía aprender algo importante ese día, y que solo sería a través de aquella interpretación. La voz de la joven se unió a la perfección a la propia, en un unísono que llegó a liberar pequeñas chispas lumínicas alrededor de Melo. Solo... dejó que fluya.


Guardó silencio, dejando que el piano acabase. Más antes de que la última nota fuese tocada... inhaló con cuidado... aspirando la mayoría de la energía que había quedado en el aire, que el hombre sobre el piano parecía esperar para tomar. Ayiw sonrió cuando notó la mala cara del rubio. 


"Conmigo... no juega nadie, mi cielo..." pensó con mofa, guiñándole un ojo. El hombre sonrió de costado y acabó por desaparecer. - ... - Con cuidado, fue desenvolviendo su cuerpo de la tela, descendiendo con gracia y velocidad. Al llegar al suelo, apoyó la punta del pie, acabando por sentarse con cuidado detrás de la joven. Solo aguardaría a ver su reacción, en lo que intentaba mantener en su sistema toda la energía que le había robado a Melo.- ... ha sido magestuoso. - acotó al comentario de ella, acomodando zapatillas de escalada, "uñas de gato", con cuidado.-


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Tema Libre Re: Ganó el quiero la guerra del puedo

Mensaje por Mitsuki Datura el Vie Dic 15, 2017 6:34 pm

"Majestuoso", sí,  definitivamente la otra muchacha tenía razón. Aquella palabra salida de labios ajenos había logrado describir perfectamente la visión que Mitsuki tenía sobre lo que acababan de completar juntas; aún mucho mejor que el "Hermoso" con el cual la adolescente lo había caracterizado anteriormente.

En ese instante quería decirle muchas cosas; que ese había sido uno de los momentos que más había disfrutado en su vida; que era abrumadora la conexión que había sentido al cantar con ella; que eran muy pocas las veces que se había dado el lujo de compartir algo así; mas temía que el seguir hablando del tema, podría llegar a opacar la ocasión, por lo que decidió callar. Entonces, sin ánimo de estropear aquel momento, se limitó a girar su rostro para mirarla de costado con una sonrisa dibujada en sus labios mientras asentía varias veces con la cabeza.

Segundos más tarde, pasó sus dedos por las teclas del piano una vez más, mientras giraba su cuerpo para encontrarse de frente con la mujer. Quizás por costumbre, quizás por el grado de intimidad que había supuesto para Mitsuki aquel momento; la joven volvió a colocarse la máscara de dulzura e ingenuidad que solía llevar al tratar con otras personas. A su vez, aquella fingida inocencia le serviría para disimular la detallada observación que haría de la otra mujer en lo que durara su encuentro.

-Es ella la que preparó el escenario- no quedaba otra posibilidad dada la extraña forma en la que se habían encontrado, si hubiera llegado caminando hubiera escuchado sus pasos; ahora que podía mirarla, comenzaba a darse una mejor idea de lo que había ocurrido. -Seguro se encontraba dando los toques finales a las luces y me escuchó- terminó concluyendo la adolescente mientras posaba sus ojos alternadamente en ella y la tela que colgaba desde lo alto.

Ya teniendo más en claro la situación, comenzó a analizar a la joven puntualmente. Le pareció que debía ser al menos de su misma edad, quizás uno o dos años mayor que ella; aún así Mitsuki sabía por experiencia propia que las apariencias engañan, ella misma por su altura y facciones aniñadas aparentaba ser más pequeña. -Es increíble que siendo tan joven pudiera preparar el lugar sola- comenzó a dudar de si realmente se encontraban solas en aquel teatro o si habría más personas ambientando el lugar. A decir verdad, le costaba creer que una persona sola, fuera cual fuera su edad preparara con tal grado de perfección algo así; si lo había hecho realmente sin ayuda, la mujer debía ser muy capaz. -Aunque con esa voz, debe vivir en lugares como éste- fue el argumento con el cual disipó en parte la duda que se había gestado en su mente.

-Esto... Mitsuki, me llamo Mitsuki- se presentó una vez finalizada aquella primera inspección; hubiera querido expresarse de manera un tanto más fluida, pero se lo impedía la timidez que sentía en ese momento sumada al papel de niña bien que había vuelto a adoptar. -¡Demonios! Debe pensar que soy una irrespetuosa- se recriminó al recordar que no había preguntado si podía tocar el piano antes de hacerlo. -Disculpa por tocar sin pedir permiso... No pude resistirme- le dijo acto seguido al momento que frotaba su codo derecho con su mano izquierda, en una pose que varias veces la había librado de reprimendas.



Última edición por Mitsuki Datura el Lun Dic 18, 2017 8:36 am, editado 1 vez (Razón : Cambio de color de la letra)






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Tema Libre Re: Ganó el quiero la guerra del puedo

Mensaje por Ayiw Kryomi el Jue Dic 21, 2017 10:38 pm

- Al notar que ella se detenía por momentos específicos… supo que había algo que ocultaba. Parpadeó lentamente, quizá incluso aburriéndose del teatro ligero que la joven comenzó. El aire se tornó en un hedor imposible de ignorar… denso y abarcativo: mentira. Estaban las dos solas en ese inmenso lugar. Y hasta antes de que hablase, no había sentido algo tan fuerte. Miró una vez alrededor… y una pequeña hada, invisible para todos menos para ella, fue enviada a inspeccionar la zona. Más Ayiw estaba segura, todo eso provenía de aquella… máscara. -

Oye… - intentó hablar, pero los ojos de la joven, casi la hicieron retroceder. Se sentía… sucia. Manoseada por un par de ojos que brillan con intenciones ocultas detrás de una máscara de dulzura y… le corrió un escalofrío, mientras se ponía alerta. Su ceño extrañamente fruncido, recibió las palabras y la actitud de la joven. -- cuando la “niña” se presentó, soltó una risa seca.- ¿Terminaste de hacer… eso que hacías? – alzó una ceja y soltó una risa más. – Puedes llamarme Ayiw. – afirmó una vez, en una reverencia solemne, colocándose de pie, mostrando su escaso (para algunos) metro sesentipico, con la frente en alto y aún una mirada desconfiada.- El teatro está abierto para todos, no es necesario disculparse por algo de lo que no te arrepientes. – se colocó un par de pasos más cerca de la joven, de brazos cruzados, con el mentón paralelo al suelo. -

Deja de hacer eso, por favor…
- arrugó la nariz con asco.- … la podredumbre de la mentira que tienes me descompone… - le contó señalándola con un suave gesto de la mano. - … hace unos instantes, tu dulzura alimentó a quien te dio el don musical extraordinario que posees. No necesitas mentir aquí… - acotó mirando hacia arriba, haciendo mutis a la derecha… notando que estaban bien niveladas las luces, para seguir al pianista que asomaría desde la derecha del escenario. – Bien. – una vez verificado su trabajo, con una recorrida de la mirada a los detalles, volteó a ver a la chica.- ¿Con quién aprendiste a tocar así? – le preguntó… a ver si ella se decidía a por la sinceridad, de lo contrario… se apartaría de ella.




Ayiw siempre terminaba enferma tras percibir mentiras, ¿qué más sería con… aquella enana? Más al voltear a verla... notó aquella posición “kawaii” de la que había estado hablando hablando hacía poco, con uno de los universitarios, era tan ridícula en las mujercitas ya crecidas. Parpadeó, intentando ver si tras el pestañeo… había otra posición, que era parte del prejuicio que estaba emitiendo hacia la niña, pero… no. Seguía allí. - ¿Te pica el codo? Tengo ungüento contra picaduras… - quiso quedar seria tras decir eso, pero acabó por explotar en una carcajada.- ¡Lo siento…! – se sostuvo el estómago y se secó una lagrimita.- Deja de fingir ser niña buena, por favor… - se acercó y le palmeó el hombro tan suave que parecía una caricia.-  Dime ¿luce bien? – miró alrededor, satisfecha.- Me llevó menos de lo que esperaba… - se sentó sobre el piano, balanceando los pies, con ojos brillantes, vibrantes de vida, balanceando los pies con velocidad. -


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