Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Octubre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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Tema Privado En una noche de luna llena

Mensaje por Invitado el Mar Dic 05, 2017 9:05 pm

Había sido una difícil semana para la jovencita, cruentas pesadillas la habían acosado todas las noches y su cuerpo y mente ya comenzaban a mostrarse cansados. Hoy no había sido una excepción, exactamente a las tres con veinticinco minutos Mitsuki despertaba de un horrible sueño cubierta en helado sudor.

Luego de darse un largo baño, había vuelto a su cama e intentado dormir nuevamente, mas el sueño la evadía. La pesadilla se había sentido muy real, aún podía sentir el frío del escalpelo recorrer su suave piel y cómo ésta cedía ante el filoso metal.

Minutos después, sin tomarse la molestia de cambiarse el camisón por alguna ropa más apropiada, había salido a buscar lo único que a esas horas de la madrugada podría darle paz a su alma. No le tomaría mucho tiempo llegar al bosque pues fue uno de los primeros lugares que había notado cuando llegó a la ciudad.

Se quedó quieta por largo rato en la entrada del bosque y le resultó curioso cómo su cuerpo se relajó en el momento que sus pies descalzos tocaron el suelo de ese maravilloso lugar. Cada segundo que pasaba parecía otorgarle la calma que desesperadamente necesitaba.

Entonces la adolescente comenzó a adentrarse en el bosque, siguiendo cabalmente a la luna, su única compañía en ese momento. No sabía a dónde se dirigía, no sabía si podría encontrarse con algo peligroso; sólo sabía que era la primera noche en una semana donde podía relajarse y eso... se sentía tan bien.

Mientras caminaba podía escuchar cómo centenares de grillos cargaban el ambiente con su incesante cantar y algún que otro búho ululaba cada tanto. Hasta el ancestral viento se había unido a la banda, que con su infinita sabiduría, o por lo menos así quiso verlo Mitsuki; dirigía el ritmo de todos los demás intérpretes de la noche.

Tras una corta caminata, Mitsuki llegó a un claro en el bosque y se detuvo en seco, pasmada por lo que acababa de encontrar. Allí en el medio del bosque, solitaria como ella se sentía a veces sin su familia; un árbol de brugmansia crecía separado del resto de la flora del lugar. La luz de la luna llena lo iluminaba con experiencia milenaria como si de un escenario se tratara y el viento hacía su parte, moviendo las acampanadas flores de aquí para allá haciendo que parecieran bailarinas de ballet dando un espectáculo privado para ella.




Brugmansia bajo la luz de la luna:






Despacio, casi temerosa de romper el encanto, se acercó con paso cuidadoso al árbol. Siendo de baja estatura, la planta le pareció un gigante cuando se hubiera encontrado a su lado. Con manos ansiosas exploró la corteza del árbol, reconfortándose con la suavidad de su exterior, que sedosamente le devolvía su caricia.

Ya perdida la timidez inicial, con sus pequeños brazos intentó cubrir la mayor extensión posible de tronco en un no correspondido abrazo que despertó en ella un sentimiento más agrio que dulce. Fue entonces que comenzó a llorar. -¿Por qué?- preguntó entre sollozos al árbol, mas nunca obtendría una respuesta del mismo, en parte porque la silenciosa existencia de ese ser no le permitiría emitir palabra alguna y en segundo lugar, porque ella ya sabía la respuesta a su pregunta. Sintióse más sola que nunca y pegó más su cuerpo a la brugmansia, buscando consuelo, sin importarle que la corteza del árbol comenzaba a dejar marcas en su piel. Por largos minutos su desesperado llanto continuaría. Era el llanto de quien lo ha perdido todo, de quien se encuentra solo, de quien la muerte ha robado lo más precioso.

Como si pareciera apiadarse de su miseria, el viento sería quien pondría fin a sus lamentos. Una potente ráfaga sacudió la copa de la brugmansia a la que la niña se había aferrado haciendo que una de sus flores cayera sobre la cabeza de la mujercita. Mitsuki cerró fuertemente sus ojos y con su mano tomó aquello que había caído sobre ella, rogando que no fuera un insecto. Cuando abrió nuevamente sus ojos y examinó lo que en su mano tenía una débil sonrisa se dibujó en sus labios. En su mente la tomó como un mimo, un regalo, un voto de confianza... una forma de decir que aquella brugmansia solitaria como ella, estaría para cuando la necesitara.




Última edición por Mitsuki Datura el Lun Dic 18, 2017 11:36 am, editado 1 vez (Razón : Cambio de color de la letra)
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Tema Privado Re: En una noche de luna llena

Mensaje por Tsukino Aoi el Jue Dic 07, 2017 5:10 am

Era media noche y el chico de cabellos azules caminaba solitario por medio del bosque, lo único que llevaba consigo era su amada bitácora, la apretaba contra su pecho y bien segura entre sus brazos delicados. En las argollas de la misma tenía bien soportado el portaminas con el que acostumbraba a escribir y en alguna ocasiones con el que dibujaba un poco. En su bolsillo trasero del pantalón se encontraba su celular, ese día quería tomar alguna buena foto. En los últimos días era normal que Aoi caminara siempre a esas horas por el lugar, siguiendo siempre el mismo camino que había trazado desde el primer día en que se había atrevido a buscar el inusual lugar al que se dirigía.

La primera cosa que hizo al llegar a la ciudad fue conocer las bibliotecas que había. Eran grandes y estaban bien dotadas de libros diferentes, suficientes como para que Aoi, quien devoraba libros casi como si de ellos se alimentara, pudiera entretenerse un tiempo sin tener que ponerse a repetir los que más le habían gustado; justo como le pasó en la biblioteca a la que frecuentaba en la ciudad donde antes vivía. Aprovechó para consultar los libros de historia sobre la ciudad, la geografía de la misma y por supuesto los lugares turísticos, pero casi todos los libros que consiguió leer decían prácticamente lo mismo que el anterior. No se conformó, por supuesto que no lo hizo. No iría a los típicos sitios llenos de personas y ugh.. de solo pensarlo le daban escalofríos. Buscó también en internet, páginas de información, foros, lugares de debate y páginas donde daban buenas y malas críticas de absolutamente todo. No encontraba nada nuevo. Hasta que en algún foro desconocido logró leer el comentario de un usuario anónimo, se refería a un enorme y hermoso árbol que se ubicaba en el bosque de Éadrom, brillando por si solo con luz propia y pareciendo el vigilante del claro. “Como magia” pensó Aoi.

Fue casi de inmediato después de leer el comentario en que decidió visitar el mágico árbol. No había tenido buenas noches últimamente así que no le haría mal ir en la noche. No le atemorizaba la oscuridad ni tampoco la inmensidad del bosque. Mientras que cursaba la secundaria y estaba en la peor época, donde su tío lo golpeaba sin razón alguna de una forma que cualquiera llamaría brutal, solía salir de casa en la noche para no encontrárselo cuando llegara de trabajar. Usualmente frecuentaba los parques cercanos, a los miradores cercanos e incluso vagaba por las calles desiertas en búsqueda de un buen lugar para escribir. Por eso caminar en mitad de la noche rodeado de un bosque gigante, repleto de animales salvajes y además de eso criaturas mágicas completamente desconocidas para un simple humano como él. Le tenía respeto al lugar, pero sabía que nada podía ser peor para él que todo lo que ya había vivido antes.

Esa primera vez que visitó el árbol pudo comprobar que lo que decían era verdad. Era completamente asombroso y se sentía privilegiado de poder observar algo similar; la magia era claramente visible, todo a su alrededor estaba iluminado como si de miles de pequeñas lamparillas iluminaran todo desde el suelo hasta la copa. Las luciérnagas bailaban a su alrededor y a éstas las seguían en su movimiento las hermosas flores que colgaban de las ramas. Era un escenario perfecto y él realmente adoraba esos paisajes. Él sentía una pequeña opresión en el pecho al mirarlo, lo hacía ligeramente feliz. No lo suficiente como para aceptarlo a si mismo.

Siguió yendo un par de veces más aquella semana y ésta última era especial ya que la luna llena se alzaría en el cielo y el paisaje tomaría un esplendor aún mayor. Había una razón de mayor valor por la cual se encontraba allí en ese justo momento. Las pesadillas no lo habían dejado en paz por casi toda la semana, cada vez que intentaba dormir con tan solo 5 minutos de sueño era suficiente para que los peores escenarios de sus recuerdos se presentaran frente a él de forma aún más terrorífica de lo que los recordaba. Despertaba entre lágrimas, gritos, jadeos y patadas hacia el aire, intentando quitarse de encima un ser invisible que aún no atormentaba después de haber escapado de él. Solo podía preguntarse a si mismo si algún día podría volver a dormir como cuando tenía 7 años, sin temor a lo que pasará o lo que pasó. Sentía ganas de no volver a dormir en toda su vida. Huía de su propia habitación para no llorar más.

Justo como lo esperó todo era aún más perfecto para esa noche, al llegar al claro y observar el enorme árbol que todo lo observaba junto con su compañera vigía, la luna, logró esbozar una mínima sonrisa que apenas le duró no más de 3 segundos. Tomó su lugar recostándose en el tronco de un pino alejado, levantó las rodillas y allí apoyó la bitácora para comenzar a escribir.

Las noches anteriores había estado escribiendo una novela corta; una princesa había sufrido el desamor de ser rechazada por quien consideraba el amor de su vida y además su prometido desde que eran pequeños. Ella quien siempre se adentraba al pequeño bosque que tenían detrás del palacio en el que vivía acostumbraba a visitar el enorme árbol guardián de su familia, quienes creían que los mismos dioses lo habían dejado en la tierra para proteger las miles de generaciones que pasaran por su reino. El árbol era justo como aquel que tenía en frente el muchacho.

Estaba sumergido en la escritura cuando de repente escuchó unos ligeros pasos a su derecha. Guardó absoluto silencio e incluso contuvo la respiración para no ser descubierto. Vio pasar a una chica, era bastante bajita y tenía el cabello largo, caminaba descalza y además llevaba un camisón como de pijama. La escena parecía surreal para él en ese momento. Lo observó todo con detenimiento, como se detenía a contemplar su inmensidad, como se acercaba y como lo abrazaba. Ese momento en el que sus problemas pudieron más que ella y comenzó a llorar. Era perfecto como referencia. Por último detalle como aquella flor caía sobre su cabeza como si todo estuviera planeado desde antes.

La princesa fue como cada noche al árbol padre, pero esta vez fue diferente. Al abrazarlo y ofrecerle las oraciones que siempre le hacía rompió en llanto. Pero éste árbol no era algo común, a diferencia de lo que pensaban aquellos que lo adoraban el árbol solo era el hogar de una driada, quién vivía allí y le otorgaba aquella magia que lo mantenía tan fuerte y brillante. La driada al ver a la chica llorar buscó la manera de consolarla, como no la princesa no la podía ver aprovechó el momento. Dejó caer una pequeña flor del árbol sobre su cabeza y ésta al momento de tomarla y observarla cambió sus lágrimas por una sonrisa. La driada estaba enamorada de ella desde hace muchísimo tiempo, pero en ese momento se sintió poderosa de ser capaz de hacerla feliz.

Aoi estaba a punto de escribir todo aquello en su bitácora cuando sintió que algo le caminaba por el brazo derecho. De inmediato bajó la mirada y pudo ver como una enorme araña caminaba por su piel. –¡¡KYAAAAAAAAAA!!- Quizás nunca admitiría que gritó como niña al momento de levantarse de su lugar y sacudir el brazo con fuerza buscando que el arácnido se quitara. Después de unos segundos de estar saltando y sacudiéndose el brazo, se detuvo a jadear y a temblar en su propio sitio mirando hacia el piso, asegurándose de que no hubieran ma´s bichos asesinos que quisieran apoderarse de su cuerpo.

-Ugh.. –Y justo en ese momento se acababa de dar cuenta de lo que acababa de hacer. No había una peor manera de llamar la atención en una noche silenciosa en un claro completamente desértico además de ellos dos. Mantuvo la mirada baja asegurándose y aprovechando su largo flequillo para que la chica no le viera el rostro el cual se encontraba completamente sonrojado, Se mordió el labio inferior con fuerza y comenzó a temblar un poco más en su lugar. No quería hablar, quedaría como un extraño pervertido que observaba niñas a media noche en el bosque. No podía ser peor la situación.

El chico en un acto aún mayor de timidez apretó la bitácora contra su pecho y se encogió en si mismo aún allí parado, intentando hacerse notar lo menos posible, aunque sabía que era imposible después de aquel grito que había dejado escapar. Era lo más llamativo en el lugar gracias a eso y se estaba odiando a si mismo por ser tan idiota y escandaloso. ¿Qué debía hacer? ¿Escapar? Tal vez era lo mejor.

Retrocedió un par de pasos aún mirando hacia el suelo, miró el lugar donde antes estaba sentado asegurándose de no dejar nada y dio un par de pasos más intentando alejarse de allí.
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Tema Privado Re: En una noche de luna llena

Mensaje por Invitado el Jue Dic 07, 2017 5:01 pm

Es curioso el poder que los sonidos, imágenes o aromas, tienen para despertar en las personas sentimientos tan potentes que logran abstraerlas de todo cuanto tienen a su alrededor; cómo lo que se capta por los sentidos puede transportarlas a tiempos pasados, hacerlas evocar recuerdos a veces felices y otras veces, memorias que hacen que el alma misma llore del escozor. No obstante la psiquis humana, suele protegerse a sí misma; no es extraño que aquellos que han transitado una experiencia traumática no la recuerden o si lo hacen, lo hagan de forma incompleta; la mente posee un innato auto-corrector que impide que sus dueños se vuelvan literalmente locos. Mas nunca, por más empeño que le pusiera, podría alguien eliminar todo rastro de dolor de su memoria ni podría evitar acongojarse al rememorar tiempos donde todo fue felicidad. Como diría un reconocido canta autor...


Aquellas Pequeñas cosas:

Uno se cree
que las mató
el tiempo y la ausencia.
Pero su tren
vendió boleto
de ida y vuelta.

Son aquellas pequeñas cosas,
que nos dejó un tiempo de rosas
en un rincón,
en un papel
o en un cajón.

Como un ladrón
te acechan detrás
de la puerta.
Te tienen tan
a su merced
como hojas muertas

que el viento arrastra allá o aquí,
que te sonríen tristes y
nos hacen que
lloremos cuando
nadie nos ve.




Aquella noche, la visión de la solitaria brugmansia había sido un potente catalizador de memorias para Mitsuki; por un momento aquella planta la había arrancado del Mundo y la había llevado a tiempos pasados. Tan embebida en sus recuerdos y emociones se encontraba la adolescente, que había pasado por alto la existencia de otro merodeador del bosque.

De repente la muchacha escuchó un agudo grito que la sacó de su enfrascamiento. Rápidamente volteó hacia el sitio de donde había provenido el ruido y en ese momento divisó a su sigiloso acompañante.  -¿Pero qué demonios hace? ¿Acaso tiene una convulsión?- se preguntó mientras lo contemplaba saltar y sacudir uno de sus brazos en lo que le pareció desesperación. Acto seguido observó cómo sus espasmódicos movimientos cesaban y lo que parecía ser un adolescente, comenzaba a temblar mirando al piso como buscando algo.

Recién cuando sus movimientos casi pararon, salvo por el persistente tembleque, pudo estudiar la apariencia de quien había irrumpido en la privacidad de su noche. Lo primero que notó fue su extraño cabello, si bien la luz de la luna suele darle un color azulado a las cosas, era notorio que ese turquesa no era producto de una ilusión óptica por la nocturna iluminación. Acto seguido su mirada descendió por su cuerpo y se posó en su pequeña cintura y anchas caderas. -Es un... ¿Chico?- se permitió dudar un poco pues su cuerpo le pareció delicado y femenino, pero había algo en esa persona que le hacía pensar que se trataba de un varón. En cuanto a su estatura, Mitsuki estimó que no le llevaba mucho más de una cabeza, por lo que el o la adolescente no debería ser muy alto. Fuera cual fuera su sexo, luego de esa primera inspección, a la joven se le antojó que aquella persona no representaba ningún peligro.

Por la forma en la que el muchacho mantenía baja la mirada Mitsuki casi no podía apreciar las facciones ajenas, al menos no tanto como hubiera querido. -Déjame ver tu carita cariño- imploró silenciosamente mientras intentaba estudiar su rostro. Entonces él se sonrojó y Mitsuki pudo ver cómo mordía su labio inferior, cosa que le pareció absolutamente adorable ya que le hizo acordar a un niño pequeño. Gracias a ese tierno gesto le estaba costando trabajo a la chica decidir cuál sería la edad de aquella persona, aunque no creía que fuera mayor que ella.

Entonces, cuando Mitsuki ya estaba levantando el pie para dar un paso hacia él, lo observó tomar algo con fuerza contra su pecho para luego encogerse en si mismo. -¿Querrá pasar desapercibido?. Debe de ser tímido- concluyó ella. -Movimientos lentos, es como un cervatillo, si te mueves muy rápido lo espantarás- se preparó para acercarse, mas ya era tarde, el chico ya se estaba marchando.

Un sentimiento de tristeza invadió a la muchacha, no podía determinar si el hecho de que la vieran llorar debería darle vergüenza o no; pero al menos por el instante que había pasado mirando al jovencito se había sentido menos sola. Por más que no lo conociera, por más que ni siquiera había sido capaz de ver su rostro; por aquel breve momento se había olvidado de lo necesitada de compañía que estaba.

-ESPERA- le gritó mientras se acercaba corriendo. -No te vayas- le dijo una vez se hubiera encontrado detrás de él, en una voz que hubiera querido fuera menos triste. Quizás no sería la mejor forma de conocer a alguien, a la madrugada en un bosque, descalza y en camisón; pero Mitsuki no podía permitirse dejarlo ir.



Nota de la Autora:
Cuando empecé a escribir el texto lo hice escuchando "Aquellas pequeñas cosas" de Joan Manuel Serrat, me pareció que reflejaba bien la situación de cómo las cosas que uno vive aunque uno intente esconderlas o las "olvide" siempre vuelven, al fin y al cabo, por momentos estamos a merced de nuestros recuerdos; por eso me permití citar el texto para quien quiera leerlo. Para quien quiera escuchar la canción la dejaré aquí abajo. Sin más que decir más que un "gracias por leerme", me despido.
Aquellas pequeñas cosas:


Última edición por Mitsuki Datura el Lun Dic 18, 2017 11:40 am, editado 1 vez (Razón : Cambio de color de la letra)
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Tema Privado Re: En una noche de luna llena

Mensaje por Tsukino Aoi el Sáb Dic 30, 2017 8:20 am

Aoi muchas veces se denominaba a si mismo como un pequeño fantasma que pasaba desapercibido. Solía pensar para si mismo que si de alguna manera él hubiera sido de alguna raza diferente, tendría el poder de hacer desaparecer su presencia ante los demás; pero él era un humano común y corriente, tal vez más bajito de lo común y con una figura demasiado femenina como para ser hombre. Pero realmente no tenía poderes, aún así lograba casi que desaparecer por que él deseaba que no fuera visto, realmente era lo que más quería. No le importaba estar solo, prefería estar a tener que ser juzgado por alguien más que no entendiera sus sentimientos ni conociera de su pasado. Por eso disfrutaba de los lugares poco concurridos y de los libros, podía sumergirse en mundos externos al suyo y sentir que vivía tal vez la aventura de alguien más.

Justo por esa razón sentía que el mundo se le desmoronaba alrededor cuando alguien intentaba establecer alguna relación con él, fueran amigos, fueran primos, fueran pretendientes, fueran lo que fueran. Incluso si alguien le hablaba para pedir simples explicaciones, el pobre chico ya se imaginaría el peor de los escenarios posibles y temería por su propia integridad, física y mental. En esos casos lo que mejor sabía hacer era huir del lugar rápidamente, no le importaba quedar mal ante una persona que no conocía y simplemente prefería mantener su cordura antes de entrar a un ataque de pánico por la cercanía de alguien más.

Este caso era un poco diferente, sí. Era de noche y además solo estaban ellos dos. La chica parecía tener la misma edad que él y además no tenía pinta de esconder un arma contundente debajo de su camisón, o incluso tener mucha fuerza. Pero Aoi solo se preguntó en esos pequeños segundos antes de pensar en huir de allí, ¿Puedo confiar en ella? No lo sabía, tenía la enorme duda de que tal vez le hiciera algo malo, por que el pequeño peliazul no tenía fuerza, ni agilidad ni la destreza suficiente como para escapar de una emboscada, de algún secuestro. Tal vez era un poco exagerado con sus pensamientos, pero simplemente todo lo que había vivido era suficiente como para esperar que la vida le diera lo peor.

Pero había algo que lo hizo detenerse, algo muy dentro de si le gritaba que no tuviera tanto miedo. Era un niña, total… no tenía cara de mala ni desprendía alguna presencia extraña como para tener un mal presentimiento. Tal vez por eso, por no sentir el extraño sentimiento de “algo malo va a pasar, aléjate” el tal vez podría darle una pequeña oportunidad a la chica. No había llegado a correr, simplemente caminaba a su paso normal, procurando en no tropezar.

Algo dentro de su pecho se encogió al escucharla llamarlo con esa voz quebrada. Él podía ser un chico desconfiado y absolutamente tímido, pero aún sentía esa empatía por los sentimientos ajenos aunque fueran de una desconocida. No podía dejarla tirada en el bosque a media noche, ¿Qué tal si se perdía volviendo? ¿Qué tal si ella se sentía tan sola como él en sus días más malos? ¿Qué tal si apenas se fuera volvería a llorar? Definitivamente no la dejaría allí sola, podía ser un chico asustadizo pero no era una persona antipática y sabía perfectamente en que momento apartar aunque sea un poco su timidez para ayudar a alguien que lo necesite. No era bueno hablando, pero podía escuchar.

El chico se detuvo en su lugar justo en ese momento, había tomado la decisión de quedarse con ella pero era difícil para él ejecutar aquello. Tomó un par de bocanadas profundas de aire frío para despejar los nervios, pero no hicieron más que aumentar el tembleque en todo su cuerpo; no estaba muy enterado si era por los nervios o por el frío que de repente llegó a su cuerpo. Cerró los ojos y bajó la cabeza hacia adelante mientras daba la vuelta de ciento ochenta grados para poder mirarla de frente, estaba a algunos pasos pero era suficiente como para que los pensamientos del chico fueran algo erróneos en ocasiones. A pesar de decidir aquello no podía cambiar el pensamiento y las actitudes que había conformado con tantos años de maltratos por detrás de él, le costaba, nadie se podía imaginar cuanto le costaba aquello en ese momento, el debate mental que estaba sufriendo.

Eran pocos segundos pero él podía llegar a pensar mil preguntas que le atormentaban ¿de qué hablaremos ahora? ¿Debo hacer algo en especial? ¿Algún comportamiento? ¿Cuándo dejaré de temblar? ¿Estoy seguro de que no me hará nada? Esas nauseas, lo estaban matando por dentro.

Utilizando toda la fuerza mental que poseía consiguió dar un par de pasos hacia ella, tímidos, cortos y apenas visibles. Se detuvo y se encogió en si mismo justo como hacía un momento al pie del árbol donde había estado sacudiéndose por la araña. Sus manos agarraban firmemente la bitácora en sus brazos haciendo que las pintas se sus dedos se volvieran blancas por la presión. Levantó apenas la mirada y se dio cuenta de que estaban más cerca de lo que se imaginaba en un principio, el cabello le seguía tapando la mayoría del rostro, pero él ya se había acostumbrado a ver todo de esa manera. Su cuerpo se tensó aún más al darse cuenta de eso y de nuevo mordió su labio inferior con fuerza.

Dos respiraciones profundas fueron necesarias para que su corazón dejara de latir de esa manera tan desbocada y lograra subir por fin la vista al rostro de su “acompañante”, era una chica linda y definitivamente sus ojos rojos no dejaban entrever una persona mala. El pequeño chico abrió la boca para intentar decir algo, lo que fuera pero ningún sonido salió de sus labios; los movió en varias ocasiones intentándose forzar a hablar pero ningún esfuerzo fu válido en esos segundos. Como reflejo simplemente dio un pequeñísimo paso hacia atrás sintiendo sus rodillas temblar de tal manera que tal vez en algún momento caería al suelo.

-Lo siento- Salió de sus labios de repente en algún momento, sin que siquiera él se diera cuenta de que había logrado hablar al menos unas cortas palabras. Abrió la boca apenas un poco, sorprendido de si mismo y justo por ese acto de valentía involuntario había logrado dejar de temblar un poco, olvidándose de preocuparse por caer al suelo y lastimarse alguna de sus frágiles rodillas o manos. –N-no.. no.. –balbuceó intentando tratar de comunicar al menos una oración coherente. –N-no quería.. h-hacerla… ah.. –giraba la cabeza en varias direcciones cuando habla sin poder dejarla fija en algún lugar, movimientos lentos, temerosos. –Sentir.. m-mal.. – además de todo su voz era apenas un susurro que gracias al silencio de la noche en el bosque lograría escuchar la chica, de lo contrario, seguramente se vería solo como su boca se mueve, sin llegar a proyectar ningún sonido.

Era un avance, hacía muhísimo tiempo no hablaba con nadie más que no fuera por compromiso. Era bueno, muy bueno para él.
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Tema Privado Re: En una noche de luna llena

Mensaje por Harry Strauss el Jue Mar 15, 2018 4:01 am

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Éste tema ha sido cerrado y trasladado a la papelera debido a que lleva más de 2 meses de inactividad.
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Tema Privado Re: En una noche de luna llena

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