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The autumn of your days, is it bitter… or sweet? [Tiziana]

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+18 The autumn of your days, is it bitter… or sweet? [Tiziana]

Mensaje por Taro Satsuma el Jue Nov 30, 2017 8:01 pm

Spoiler:


Por toda su inmensa extensión, las misteriosas montañas de Éadrom guardaban incontables secretos. Uno de sus más antiguos, datando de largos siglos atrás, es la del demonio de las montañas.


"Hijo del adulterio y de la Yama-uba
De pisadas que no suenan, de alma que no perdona
De corazón que no palpita
Tan duro como su piel de mármol
Tan negro como su melena eterna
Si brillan sus rubíes en la noche, no corras
Sólo reza... Él ya ha elegido su próxima presa"


Es curioso cómo su leyenda no se ha perdido con el paso del tiempo, y los paulatinos encuentros de animales y malvivientes derruidos hasta los huesos sólo reaviva las llamas en este último siglo. Pero, leyendas (¿O no?) aparte, otro enigma se resaltaba en las bajas colinas aquella tarde. Una melancólica melodía de un shamisen hacía eco entre las arboledas de cerezos, apenas audible por encima de los grillos que se asomaban con la prontitud del atardecer. La canción no surgía ni por claros ni por caminos, sino de un origen camuflado en engañosa espesura, donde los arbustos son más gentiles y bajos de lo que aparentan. El recorrido va tapizado por inmensos colchones de pétalos, y la dulce fragancia del otoño llega con brisas frescas y perfumadas por los cerezos secándose. Eventualmente, el eco de las cuerdas guía hasta un amplio claro que se despliega frente a un pequeño peñasco. La saliente se abre en forma de arco y, a lo largo, varios metros más adelante tras pasar la meseta, surge una bajada de diez metros hacia una cristalina laguna, donde incontables gamas de anaranjado y rosa se intercalan ante el reflejo del atardecer.

La melodía llega desde las raíces de un cerezo de inmensas dimensiones, un veterano que ha vigilado ese peñazco desde tiempos inmemoriables. Sobre su oscura madera, la corpulenta y pálida figura contrasta con la madera en que reposa. Una figura semi-desnuda, anchos pantalones de un arcaico kimono es lo único que esconde su piel blanquecina. El sombreado sobre su inhumana blancura resalta los relieves de la musculatura, un cuerpo labrado a la fuerza. El choque de blanco y negro daba un exótico contraste monocromático, aquello se asemejaba más a una escultura que a un ser 'vivo', sólo insinuado por el movimiento de sus dedos sobre las cuerdas y el apenas perceptible movimiento del pecho. El contraste se enfatizaba entre los mechones de la inmensa melena de ónice, abundantes, brillantes y oscuros. El rostro iba oculto por un ancho sombrero de paja, donde los pétalos lentamente se iban acumulando, y de donde sólo se asomaban unos finos y pálidos labios… relamiéndose un intenso rojo.

No todo el escenario es una postal otoñal. Por la cercanía resaltan los muy escasos restos de un ciervo, que fue roído hasta los mismísimos huesos. Aquel ente chasqueó los dientes con frustración, soltando un cartílago de la criatura que tenía atorado entre los molares. Soltó un suspiro, ahogado entre el rasgueo de las cuerdas que sus dedos realizaban de forma completamente mecánica.

- Hace tanto no pruebo buena sangre…

Masculló con frustración por lo bajo, reviviendo el agrio sabor en la boca.





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+18 Re: The autumn of your days, is it bitter… or sweet? [Tiziana]

Mensaje por Tiziana Tabaré el Dom Dic 03, 2017 8:31 pm

Si hay una forma de describir ese hermoso paisaje, alejado de la ciudad y apartado del ruido, como el otoño tiñe la naturaleza y da entrada a los pequeños roedores que rondan en la zona, subiendo por ese extenso camino que el tiempo ha dado y… -Jo…der ¡¿Por qué mierda se te ocurrió juntarnos aquí?!- dejaba de pulsar el botón al inferior de la pantalla del móvil señal de haber mandado un mensaje de voz… La joven con la espalda arqueada mientras arrastraba los pies, con los cascos de sus audífonos al tope de la música con ese tenue resonar comprobando el alto volumen, oídos acostumbrados a la acelerada y alborotada acústica dañina para muchos, más eso la alejaba de esa paz que tanto la alteraba. Claro, puede considerarse un ser peculiar en eso, si no sentía algo emocionante o que vibrara en el ambiente no era de su gusto ni la inspiraba en esa clásica alegría... Que ahora no esbozaba por el latir de la planta de sus pies tras llevar más de una hora de viaje y maldecir internamente a su proveedor especial por seguro disfrutar el que la joven tenga que tomarse un buen tiempo  “Pues la próxima que elija un volcán, lo empujaré dentro de este…” ni bien ese pensamiento antes de seguir un rumbo dentro de la imaginación, el celular en su mano resonó y pausó la música para reproducir la temprana respuesta “Oh vamos Taba, es más cerca de lo que crees, mirá; Una vez llegado al pie de la montaña sube el sendero y ve a la DERECHA, este sendero sube directamente a donde hallarás un montón de árboles rosados…” el tono sarcástico al final en la tonalidad del mayor le hizo chasquear la lengua al son de una media sonrisa divertida –Mari querido, sé lo que es un cerezo, casi atrevo a decirte que soy más “nipona”… Pero oye ¿Te gusta que sufra? Ni te imaginas lo que es llegar aquí- enmarcando al final una voz tan aguda como el quejumbroso opacado por la energía en acelerar sus palabras sin llegar al tropiezo en sí, era de dudar muchas veces de su ingenio en la cultura, pero tanto tiempo llevaba aquí … “Oye y ahora que lo pienso, nunca estuve aquí antes” una divagación tan fugaz como su concentración, pues ella en lo posible siempre evitaba ir a lugares que marcaran frío, a lo sumo había llegado a las colinas pero estaban mucho más cerca de la ciudad… Pero aún se debía de acordar de algo, entrecerraba su vista volviendo a hacer retumbar esos cascos para ver si la música la ayudaba –Oh joder, amo este tema…- pero rápido abandono el divagar entre recuerdos y los ánimos rejuvenecieron esa amplia sonrisa mientras se erguía y apuraba el paso, tarareando el nuevo ritmo que marcaba el paso en su lista de reproducción.

-Im here Baby~ ¿Dónde estás?- Terminó de mandar el audio pero según se había fijado ni se encontraba en línea, unos cuantos minutos más bastaban para toparse con la entrada de lo que parecía ser un bello bosque que emanaba una dulce brisa que ampliaba la fragancia del bello paisaje, más que describirlo como una lluvia, era una elegante y grácil danza en la caída de los pétalos que tocaban y acariciaban su piel… Más luego levantó la cremallera de su abrigo al son de un leve quejido, no debía olvidar que el viento no era tan cálido, bajaba por las montañas, allí donde a lo lejos podía notarse el manto blanco, pero opacado por la joven que buscaba con la turquesa mirada señal de por quién había llegado a esa zona, retiró los cascos para dejarlos alrededor de su cuello y lo desenchufó del móvil, aquel rosado con una gran variedad de accesorios y colores brillantes colgando, para hacerlo sonar –Maaaari~ ¿Dónde mierda andas?- -Atrás tuyo, tonta- -¡JODER!- dio un salto volteándose, parpados abiertos de par en par mientras llevaba el móvil al pecho –No me des esos sustos… Tarado- hasta casi había sentido que el corazón se le escaparía del pecho, allí estaba el joven, cabello largo castaño, barba candado al ras de la cabeza y vestido a ligeras con una remera y un chaleco, pero su clásica gorrita de lana azul, donde al deslizar su mano por debajo retiró una bolsa de plástico con una buena cantidad de la yerba deseada para la ansiosa rubia -¿Y así, te puedo sorprender?- sonrió ampliamente agitándola casi frente al rostro de la rubia –Así querido… me enamoras- chistó la rubia al son que buscaron un lugar adecuo para la rebelde causa.

El tiempo trascurrió, fue casi fugaz ya que al final más de una hora había pasado y los jóvenes se encontraban tendidos en el suelo, entre la variedad de pétalos y el nuevo perfume de la yerba saciaba a sus alrededores, entre alguna que otra toz masculina apabullada por los labios cerrados al compas de la risa de su compañera -… ¿Y qué te dije? Nueva en el mercado…- -Ni lo menciones, nueva y mi fa-vo-ri-ta~ Y vaya que tenías razón, no hay ni un alma vagando aquí- -Pues duh~ No pienso pisar la comisaría de nuevo… Bueno, me retiro señorita, un placer hacer negocios con usted- -Lo mismo digo lindura~ Hasta el próximo domingo~- dijo cantonamente la rubia mientras se levantaba del suelo, agitando los pliegues de su corta falda roja, dando a resonar la cantidad de anillos y collares que portaba, una remera que proporcionaba un buen escote y la campera de cuero negra, estrecharon la mano y el joven narcotraficante se retiró del lugar, con una buena suma en su bolsillo tras la juntada con una de sus habitués más generosas. La rubia por otro lado… No estaba del todo segura de irse, pues dando la última calada arrojó lo que ya era casi papel quemado y un filtro, se colocó los cascos, dio a andar de nuevo la música alta, retumbando los casquillos mientras ahora desde el móvil buscaba el tema ideal… -Oh si baby~ Llévame a la locura~- dio una coqueta pirueta y a trotes dando a resonar su angelical canto entusiasta.

Dulce mente bajo los efectos de la recreación, pensamientos disparados que inducen a la locura, la euforia… Casi que hasta le permitía de apreciar los colores más vivaces, como el rosado que plagaba cada vista, retirarse el abrigo por su acelerado corazón, la emoción de estar ahora entre trotes, alegre, con una amplia sonrisa –Whoooooah~ we are half way there~…- colocó su abrigo alrededor de la falda mientras daba cada trote –Oh oh~ …Livin on a prayer!- su voz cada vez era más fuerte, la música la invadía mientras ahora rodeaba uno de los finos troncos del árbol, exhibiendo el sacudir de sus caderas, como las pálidas piernas se enrollaban a este mientras sacudía su cabellera hacia atrás y exhibía su cuello, siempre con una mano en los audífonos para que en sus brusca danza no se salgan, danzando de uno a uno mientras recorría perdida esa zona, eludía al mundo, se sentía una con la privacidad que creía tener, pues solo era ella exhibiendo sus dotes en la danza provocativa exigentes de la naturaleza agraciada que le fue dada -… Take my hand and we…- pero no contemos que también su estado no era de los mejores, pues al dar tantas vueltas, exigirle a su cuerpo mantener el equilibrio bajo ese estado no pudo medir que amagó la mano antes de sostenerse en el tronco… Cara al suelo seguido de un tenue quejido -Jo-der…- célebre frase de la malhablada mientras se giraba para estar boca arriba y ver la copa de los árboles, ya rápido había pasado el desliz de esa pequeña molestia pero le había regalado una buena vista ahora... Y claro que las imagenes brillan y juegan con su sensibilidad, percibiendo de otra forma cada escena que se refleja en sus ojos turquesa –Que sensación tan agradable- ya tendida ahí el leve mareo comenzó a afectarle, ignorando ese pequeño corte a causa de una pequeña piedra en la cual su tobillo había posado en la caída, el haber acomodado su cuerpo generó que esta misma pequeña poseían apenas un notable filo, al impactar realizó un pequeño corte y un delgado hilo de sangre brotara, justo por debajo del pequeño tatuaje… La rubia no podía sentirlo, más solo retiró de su escote un paquete de cigarros y un mechero, nada como cubrir ese dulce aroma que acababa de adquirir con el tabaco, arrojando a un lado la caja y posándolo sobre sus labios para encenderlo y saborear una buena calada. Cada sentido era más intenso y estimulante, aun gozando de la música retiró los mechones de su frente y llevó la mano libre detrás de su nuca -… Livin on a prayer~- repitió el coro retomando la calma, observando como los cerezos caen, las copas de los cerezos se mecían y de sus rosados labios el humo escapaba…



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+18 Re: The autumn of your days, is it bitter… or sweet? [Tiziana]

Mensaje por Taro Satsuma el Mar Dic 05, 2017 11:03 pm

Las cuerdas del instrumento iban alentando su movimiento, a medida que cierto… escándalo en la cercanía, se hacía cada vez más sonoro. Las orejas le vibraron con la llegada de sonidos que no terminaba de comprender, pero sólo asociaba con una cosa: modernidad. ¿Qué hacían sonidos así, en la completa desconexión de la sociedad?

Sus fosas resoplaron con la llegada de dos aromas muy particulares. El primero era una esencia exótica, intensa... que revivía recuerdos muy borrosos. Tuvo que escarbar con cuidado entre sus largos siglos de memorias para dar con la conclusión. Un recuerdo se originaba en las intensas orgías por el este de Asia, memorias donde ese olor se se intercalaba entre el tabaco, el incienso y exóticos aceites. Pocos recuerdos eran concretos en esa etapa, noches calurosas, llenas de nubes en la memoria.

El segundo caso lo remontaba aún más atrás, en sus tiempos de humano. Era algo que acostumbraba oler en la cercanía del campamento de su general, puntualmente en sus noches de meditación previa a la batalla. Aunque sus estrategias originadas en aquellas noches siempre distaban de ser ortodoxas, nadie podía cuestionar los resultados.

Y pese a la intensidad de aquella esencia, por debajo de ésta percibía una mucho más familiar, inconfundible y que siempre encendía sus sentidos: Sangre fresca.

“Mujer. ¿Humana…? No exactamente, pero…”

Poco importaba. Las orbes doradas soltaron un intenso destello rojizo frente la expectativa, antes de apagarse nuevamente. Guardando el instrumento en los pliegues de su sombra, emprendió avance en aquella dirección, que pocos metros lo separaban. En pleno trayecto, recordó no haber probado el alcohol del día. Retiró la calabaza del mismo lugar y dio un profundo y largo trago, mojándose la comisura, el cuello y parte del torso ante su falta de cuidado. Era algo dulce, y como siempre, extremadamente intenso. “¿Licor de cereza?” Se rió para sus adentros ante la casualidad.

“¿...?”

No tuvo bien claro cómo reaccionar cuando vio… bueno, para empezar, no tenía bien claro qué estaba viendo. Rascándose una nalga mientras daba otro trago, ladeó la cabeza mientras analizaba sin disimulo la escena. Algo en los oídos de la chica vibraba con intensidad, reclamando su atención, fuese lo que fuese. No comprendía las prendas ajenas, aunque su cuerpo aprobaba tanto el tamaño como la falta de decoro con que eran lucidas. Las fosas resoplaron al dar otra profunda inhalada. Efectivamente, ambas esencias venían de ella, y aún no terminaba de recordar el significado de una de ellas.

Sus pupilas se desviaron instintivamente hacia su tobillo. Las pupilas surcaron el invitante recorrido que dibujaba la pequeña cascada carmesí, contrastando notoriamente con el pálido de su piel. Podía sentir desde aquel corte el animado palpitar de ella, empujando gradualmente el líquido hacia fuera de su cuerpo, brillante, cálido… y exótico. Aún no sabía que era, pero definitivamente no era humana. No era semejante a ninguna youkai que recordase...

La intriga de aquel estruendoso artilugio volvió a raptar su atención. Avanzó hacia un costado de ella, agachándose en cuclillas junto a la rubia, y con los dedos índice y pulgar tomó con curiosidad aquellos auriculares. Los intensos ojos dorados se dilataron con sorpresa ante el intenso vibrar que salía de ellos, delatando una notable confusión. Sonaba como si cientos de minúsculos instrumentos y voces estuvieran encerrados en aquellas cajas… ¿Eran sus esclavos diminutos, o qué? El pelinegro ladeó el rostro a un lado, confundido. Pero una segunda intriga lo tomó, algo aún más grande pues era una incógnita de su pasado.

- Conozco ese olor… no recuerdo de dónde.

Exclamó en voz alta, dando otro notorio resoplido, y los intensos ojos bajaron hacia la rubia, agachándose hacia ella.

- ¿Qué es?

Consultó inclinándose en su dirección, sin el mínimo recato por su espacio personal.


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+18 Re: The autumn of your days, is it bitter… or sweet? [Tiziana]

Mensaje por Tiziana Tabaré el Sáb Feb 03, 2018 11:29 pm

Las hojas rosadas se mecen y bailan al ritmo de Aerosmith ahora, hipnótico resultaba ser y sincronizado con el ritmo hasta divertido, mientras sentía como la temperatura de su cuerpo contrastaba con la nieve, la carne externa se enfriaba, pero aún dejaba bien marcada la huella de su silueta femenina en el acolchado natural, inclusive ese pequeño corte no podía sentirlo, como ese chorro carmín continuaba escapando de ella, tiñe y atrae a un visitante curioso, claro que no es extraño, no solo jóvenes fugitivos en busca de drogas pueden visitar las montañas, aunque llamativo ahora es el simple hecho que la rubia ni se haya percatado de esa presencia, pues sus ojos se cerraban en la espera de una dulce siesta mientras los colores brillaban y su mente se perdía en el éxtasis de la planta prohibida y sus efectos. No era perceptiva y mucho menos alguien atenta, inclusive podría decirse que para ser un demonio (O familiar lujurioso de estos) era una vergüenza que jamás se esfuerze en siquiera percibir fuentes exóticas… Claro que muy de vez en cuando los aromas y perfumes que desprenden el sudor puede delatarlos, para ella bastaba con sentir algo que desprendiera la intimidad del otro… En este caso, su aliento… Uno cálido y tosco mezclado con una ligera pestilencia a muerte, tan reconocible para ella, singular y exquisito que llebna sus pulmones y lentamente la traen de nuevo, la despiertan mientras su pecho se infla al respirar hondo y que su cuerpo se acomode, esa pequeña parte bastaba para abrir sus ojos de par en par en cuanto sintió como sus mechones dorados le jalaban y la música se convertía en un murmullo hasta que solo quedara el leve temblor externo.

-¿Pero que coj…. Jooooo- la voz intermitente cual suspiro interrumpió su pregunta, pues ahora mismo frente a ella un rostro y uno muy bello, facciones tan firmes como solo un hombre podía portar y más cuando se le agrega esos detalles orientales, un nativo en simples palabras… Lástima que solo ha podido prolongar aquella última silaba mientras sus párpados permanecían abiertos cual sorpresa haya avistado, hasta que la mente reaccionó y dibujó en ella una divertida sonrisa, ahora entrecerrando la mirada mientras mostraba una no tan inocente risilla risueña cual niña pequeña -Si fuera un chico… Sería una erección baby~…- desde luego sabía a que se refería… Bueno en parte no, no estaba del todo segura, pero esa cercanía, un chico guapo tan cerca de una pequeña demonio entumecida mentalmente por la locura juvenil rebelde es un combo explosivo -¿Por que has aparecido aquí? ¿Acaso eres una ilusión?- y con sus finos dedos, aquellos de largas uñas pintadas de rosado y anillos de plata jugaron a ser dos piernas y comenzar a caminar por el brazo ajeno, lentamente pisando la tela y contemplando su textura, no dando ninguna certeza del “peligro” que se avecina, solo yendo hasta el rostro ajeno y apartar algunos mechones de aquella oreja, tocar su lóbulo suavemente como solo el tacto lo permite, acto seguido irguió su postura y se levantó lentamente hasta sentarse sobre el manto blanco, desprendiendo aquella sensualidad, vestida con finas telas de “durmiente”, fijando su atención en aquellos labios mientras ahora su cercanía por milímetros era la diferencia.

Quien no respeta el espacio personal, quien fuera que se acerque a una súcubo que no está en sus cabales puede terminar acorralado con su intenso perfume (Ahora corrompido con la mezcla de otro). Se relamió los labios y el otro brazo se envolvió sobre el cuello ajeno -Me pondría muy triste si ahora fueras un sueño…- murmuró perdida mientras ahora apartando la mano de la oreja y buscando los auriculares, esos grandes casquetes que colocó sin permiso y en-contra de la resistencia ajena, envolviéndolo con la canción que seguía en su lista -Escucha este tema, es precioso… No tanto como tú…- Poco a poco se notaba en su forma de hablar ese vago desliz de la lengua, esa actitud excedente de calma y despreocupada mientras seguía casi colgada de el desconocido, más ahora que él se encontraba con la música ella aprovechó para bajar un poco más aquel escote, sus atributos deseaban saludarlo, después de todo, la seducción descarada y directa solo respondía el estímulo, sea adrede o no.


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Mensaje por Taro Satsuma el Lun Feb 05, 2018 10:20 pm

Ambientación:


Confusión y desconcierto se mezclan en sus firmes facciones, delatan su obvia dificultad por poner sentido en las palabras de la rubia. «¿Erección…?» Baja la mirada a su entrepierna, apoyando la palma en el muslo hacia el que siempre se inclina. Nada. «¿...?» Buscando otra conjetura, ojea sin culpa los muslos expuestos de la mujer. Nada nuevamente.

- ¿Ilusión...?

Ladea la cabeza, con su mano derecha rascándole la nuca. A su viejo tutor, aquel exótico viejo que hablaba en versos, solía encontrarle más consistencia que lo que murmuraba esta mujer.

«¿Se ha golpeado la cabeza mientras bailaba en la nieve?»

Los gruesos dedos no piden permiso para acercarse a los rubios cabellos, y se abren paso en una caricia que carga cierto cuidado, en busca de heridas o contusiones que le den base a su teoría. Detalle curioso a recalcar, pese a lo fibroso de sus dedos, no habían callos en las yemas, eran extrañamente tersas para pertenecerle a un samurai.

- Un sueño…

O quizás sólo estaba loca. Sigue con la mirada el movimiento de sus dedos por el brazo, su gesto estoico se salpica apenas por la curiosidad, ladeando la cabeza mientras su espacio personal es invadido... o mejor dicho ‘sería invadido’, si el tuviera un espacio personal para empezar. Se muestra apacible, despreocupado salvo por el movimiento de sus pupilas recorriéndola. Suben por su brazo, tomando un desvío hacia su escote, donde no muestra el menor disimulo al perderse por un tiempo.

- ¿E-eh?

Los ojos se dilatan como platos al momento que se le regala aquel exótico sonido, y el efecto envolvente sólo lo desorienta, marcando la confusión en su rostro. Vuelve la vista sobre sus hombros, en busca del origen de aquellas voces y sonidos que ahora lo rodeaban, pero sólo encuentra la pura naturaleza. Parecía ser otro truco de los exóticos diablillos que la mujer había enjaulado dentro de aquellos casquillos metálicos. Esa música es algo nuevo para él, ecos estridentes y desconocidos que le despiertan un inconsciente movimiento de la cabeza. Lentamente los párpados caen, sumido en el trance de aquella moderna melodía, finalmente una pizca de actualidad ante la que no siente rechazo. Uno de sus pies sube y baja acompasando el ritmo de aquella percusión mientras la melodía lo va consumiendo.

Pero en el cerrar de sus párpados, se expone a una debilidad desconocida. Abandonar la vista no sólo le facilita centrarse en el sonido, intensifica el sentido que predomina todas sus percepciones: el olfato. En la pausada respiración que le produce la serena melodía, sus pulmones se van llenando con la esencia de la mujer.

«Ese aroma…»

Dulce, adictivo. No es sólo su sangre lo tentador, hay algo exótico en esa aura que incita el descubrir. Apartando un poco los casquillos metálicos, el abrir de sus párpados lo recibe con un escote aún más pronunciado. Los dientes no se separan pero sí los labios, y suelta un suave rugido.

- ¿Por qué demonios hueles tan bien?


La informalidad es acompañaba por un timbre sereno, no hay indignación sino una marcada sorpresa, sabía que no todo era culpa de sus meses de sequía. Sin pensárselo mucho, una de sus grandes manos la aferra por su cadera, pegándola contra los relieves de su torso. Los gruesos dedos apartan los rubios mechones para poder exponer su cuello. Vulnerable, pálido, descubriendo una exquisita vena que resalta contra su tez como el ansiado oasis rojo.

- Demasiado bien…

Suspira entre dientes, la fresca piel del vampiro no delataría lo ardiente de su aliento. Apoya la yema de su índice, bajando en su recorrido hacia el corazón, puede sentir el exquisito palpitar a través de esa piel tan efímera, frágil. Sus ansias de sangre se entrelazan con los deseos de la carne, y bajo los muslos de la fémina la agrede la cálida tensión que aprobaba el cuerpo ajeno, punzándola con creciente fuerza sin pudor ni culpa. Hundiendo los dedos en la carne de sus caderas es que exige mayor cercanía, doblándose contra su cuello para arrimar sus fauces y exponer su lengua. Extensa y viperina la saborea sobre aquel rojizo tinte, el palpitar se siente como un ruego que demanda la libertad de su néctar, pero antes de abrirla…

Los dedos suben por su cuello y la toman del mentón, volviéndole el rostro hacia él.

- No muerdo sin presentaciones previas -aclara, alzándole el rostro para cruzar miradas, hundiéndole sus intensas orbes violáceas- Taro, sólo Taro -Espeta con brevedad, luego señalándola con un movimiento del mentón- ¿Y tú?


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