Bienvenido a la ciudad de Éadrom, donde la alianza entre humanos y seres sobrenaturales se hace cada vez más fuerte y posible ¿O no?
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Octubre 2018
Durante muchos años, miles de seres sobrenaturales fueron cazados hasta la extinción. Hoy, existe un "rayo de esperanza", situado en alguna zona de japón llamado "Éadrom", donde es posible la convivencia entre seres sobrenaturales y humanos.

Cubierta por un manto de protección, la también llamada "Ciudad de la Luz" sirve de hogar para muchos que aún lo creen posible, otorgándole educación a las jóvenes promesas sin importar su raza en uno de los institutos más grandes de todo Japón: el Instituto Takemori.

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El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Saigo Miyamoto el Dom Nov 26, 2017 5:57 pm

La noche se había instalado en el cielo desde hacía varias horas, pero con las luces de los juegos y demás atracciones el manto de la noche parecía menos severo, la gente iba y venía, sobre todo padres y niños pequeños, así como parejas tomadas de la mano. Parecía una noche normal en el parque de diversiones.

Pero en medio de su alegría ignoraban que una guerra sangrienta y oculta se libraba a su alrededor. La CIA y un misterioso clan japonés habían enviado varios agentes a Eadrom solo para recuperar un objeto ancestral a cualquier costo, llamado Nymphalida Antica, que se decía tener un gran poder.

Para complicar las cosas luego de un breve combate en el que se intercambiaron varios disparos que iniciaron un incendio el objeto sorprendió a todos y, demostrandop estar dotado de energía e inteligencia, adoptó la forma de una mariposa con alas color arco iris para huir del fuego, la mariposa alzó vuelo y se dirigió al parque de diversiones aparentemente para esconderse.

Saigo vestía una chaqueta negra con capucha y unos jeans descoloridos, y escondido en su morral iba su inseparable espada, pasar desapercibido resultaba muy angustiante pues a cada minuto que pasaba las posibilidades de capturar el objeto a la CIA disminuían.

Sabía que los agentes de la CIA también debían estar por allí buscando esa misma "mariposa". En ese momento, con su aguda vista la vio a varios metros de allí, la mariposa volaba en dirección a una chica de cabello rojizo y ojos de color avellana [Asuna]. Saigo se apresuró a alcanzarla, pero estaba demasiado lejos y si corría levantaría sospechas. si la chica y la mariposa hacía cualquier contacto físico existía la posiblidad de que la Nymphalida Antica buscara refugio dentro del cuerpo de la humana y ello complicaría mucho más las cosas.

Saigo esperó que la humana no tocara esa mariposa ... por su propio bien.

off:
Hola, básicamente Saigo está buscando la mariposa, la cual entraría en el cuerpo de Asuna, por lo tanto, Saigo secuestrará a tu personaje para recuperar la "mariposa"... No tenía muchas ideas jaja, así que espero que te guste

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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Rebeca Fdez. el Lun Nov 27, 2017 12:03 pm

No tenía ni idea de cómo y por qué había llegado al parque de diversiones. Estaba lleno  de parejas, de familias felices, pasándolo bien. Y eso era lo último que buscaba. La residencia donde vivía desde que escapé de mi "tío" era horrible. Llena de chicas que se tomaban la vida a broma, de profesores tediosos que sólo buscaban el dinero de sus estudiantes... Lo que necesitaba era un momento a solas, para mí. Para relajarme. 
Las calles empezaban a estar más llenas. Costaba andar por todas partes, por lo que decidí alejarme del gentío.
Me dirigí a una zona más tranquila, rodeada de árboles y un puestecito de algodón de azúcar. El hombre me sonrió y me ofreció. Deseé tener dinero en ese momento.
- No, muchas gracias. -Correspondí a su sonrisa. De pronto, mi mirada se desvió hacia una luz naranja. 
- Parece que sa' inicia'o un fuego, señorita. -Me dijo el hombre.
- Sí, parece que sí. No es buena noche para fiestas. 
Hice amago para marchar por un atajo, pero el hombre volvió a detenerme. 
- No vaya por ahí, hay demasia'o ajetreo. Mejor entre el gentío si va solita. 
Reí. ¿Qué peligro iba a haber? Nadie se fijaría en una chica pequeña, con una pierna cicatrizada por el lateral, y con ropa holgada que tapaba las hermosas curvas que poseía. No obstante, hice caso al vendedor. Volví a meterme entre el mogollón decidida a regresar a la residencia. Había tomado el aire lo suficiente. Era hora de volver a esa pequeña cárcel y dormir, o estudiar, o lo que fuera.
Mientras caminaba, noté un cosquilleo por mi espalda. Me di la vuelta para echar un ojo y me encontré con una mariposa. No frené el paso, pues la gente iba y venía. Pero me fijé en que me seguía. ¿Una mariposa? ¿Acaso no huía de la gente? 
Inconscientemente alcé la mano hacia ella. Era preciosa. De colores, parecía brillar. De golpe, nada más tocarla, sentí un escalofrío. Instintivamente grité. Noté como si un calambrazo recorriera mi cuerpo de pies a cabeza. La gente se me quedó mirando. Parpadeé, confusa. 
- ¿Está bien? 
- Oiga, ¿me oye?
- No sé que le ocurre, ¿llamamos a urgencias?
Decenas de voces me rodearon.  Busqué con los ojos al bicho, pero había desaparecido. No obstante, mi mirada chocó con la de un muchacho antes de caer al suelo, dormida.



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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Saigo Miyamoto el Sáb Dic 02, 2017 9:23 pm

Saigo avanzó tan rápido como la situación lo permitía pero cuando llegó a la chica de cabello rojizo ella ya se caía luego de haber hecho contacto con la  Nymphalida Antica y en apenas segundos ya se había formado un pequeño círculo de gente a su alrededor.

¿Qué debía hacer ahora?, por un momento pensó en ir hasta el gentío y hacerse pasar por el novio de la chica para secuestrarla  diciendo que la llevaría al hospital, pero luego pensó que ella podía despertar allí mismo y revelar que no era su novio, y qué pasaría si la gente preguntaba porqué se había desmayado, sin duda podía pensar en una mentira pero todo era demasiado arriesgado.

Unos sujetos con unos pantalones y camisas azules y una cruz blanca en el bolsillo se acercaron y empezaron a subir a Rebeca a la camilla, eran paramédicos del parque de diversiones y parecían tener poco interés en el asunto, después de todo en aquel sitio no era el primer adolescente que perdía el conocimiento luego de su primera e ilegal probada de alcohol (o de hierba o de otra cosa).

De seguro los paramédicos pronto la llevarían al centro de primeros auxilios, que no era más que una carpa con una cruz blanca en la puerta. Saigo se subió la capucha mientras seguía cada movimiento de los paramédicos, ya lo había decidido, él "recuperaría" el objeto antiguo (probablemente tendría que llevarse a la chica para ello) cuando llegaran a la carpa de primeros auxilios.

Sin embargo, para su mala suerte (y el de la chica) dos agentes enemigos ya estaban conversando con los paramédicos, estaban vestidos formalmente y con sus brillantes identificaciones era casi la típica escena de los policías que piden la custodia de un detenido.

-¡Gatita!- gritó Saigo -¡perdonen déjenme pasar, que no ven que mi novia se ha desmayado!- se acercó haciendo a un lado a quien estuviera en medio y rápidamente puso uno de los brazos de Rebca sobre sus hombros.

Sus enemigos se dieron cuenta de lo que pasaba pero era muy tarde, una bomba de humo cegó el lugar, y Saigo levantó a Rebeca y a la carrera trató de alejarse de allí escondiéndose detrás de alguno de los puestos de atracciones del parque.

Mientras huía oyó el grito de una mujer que pedía a los agentes enemigos (en verdad que tenían aire de autoridad) -¡La ha secuestrado, sálvenla!-. Casi una ironía que resumía lo que sería esa noche.

OOC: disculpa la demora :(
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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Rebeca Fdez. el Dom Dic 03, 2017 4:31 pm

Cuando abrí los ojos no me encontraba en mi habitación. Ni siquiera, (en caso de no haberlo soñado), en el parque de diversiones. Me encontraba en una habitación diferente, pequeña, de madera, y vacía. Sólo había la cama donde me encontraba, una mesita de noche al lado y una mesita baja en el centro. Me concentré en la luz. Había muy poca. Me acostumbré a ella poco a poco. ¿Qué hacía allí?
- ¿Hola? -Gimoteé. Me daba miedo hablar alto. - ¿Hay alguien fuera?
Me incorporé lentamente. Nadie respondió. Destapé mi cuerpo de las sábanas y puse mis pies en el frío suelo. Me encontraba un poco ida, pero sana, al fin y al cabo. Llevaba las mismas ropas a excepción del abrigo y la bufanda. Me las habían quitado mientras dormía. Simplemente llevaba puesto mi jersey fino rojo y mis pantalones ajustados azul oscuro. 
Me puse en pie y observé mi alrededor. La habitación parecía pequeña pero era bastante grande a decir verdad. Por desgracia no había ninguna ventana que pudiera mostrarme el exterior. ¿Sería de noche? ¿De día? No podía saberlo. No tenía sueño, pero eso podría ser debido a las horas largas que había pasado dormida en aquella cama desconocida.
Abrí el cajón de la mesilla muy despacio, temiendo encontrarme cualquier barbaridad, pero me sorprendió ver que simplemente se encontraba mi bufanda. La cogí con suavidad y la olisqueé. (Tenía esa manía desde pequeña. Cada vez que me sentía nerviosa o insegura, cogía algo mío y me lo acercaba a la nariz. Su olor me proporcionaba... ¿calidez?). Busqué también bajo la cama y la mesa, pero nada. Todo estaba vacío y lleno de polvo. Como si nadie viviese allí... 
Me acerqué a la puerta y la intenté abrir. Ésta se abrió. Me quedé paralizada. ¿Podría marcharme así, sin más? Di un paso adelante. 
Ahí estaba, el chico que había visto en aquel parque. Mis instintos se agudizaron, mi respiración aumentó. ¿Quién era?
- ¿Ho...la? -Titubeé. No parecía...mala persona. - ¿Qué... hago aquí? -La pregunta quedó en el aire.

(Tranquilo, no pasa nada n//n espero que te guste como va el rol jejeje (soy muy cursilona, perdona jaja xD))



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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Saigo Miyamoto el Miér Dic 13, 2017 9:16 pm

Saigo estaba sentado sobre una silla parcialmente inclinada, con sus botas sobre la mesa. Vestía el jean que tenía desde antes y una camiseta negra, Rebeca lo había encontrado justo cuando se terminaba de cubrir la mano izquierda con vendas. Aunque ella no lo recordaba llevarla hasta esa guarida no había sido nada fácil, al contrario, había sido bastante complicado y nada pacífico.

Su cabeza se inclinó ligeramente para ver a la chica que estaba parada frente a él, no le sorprendió, pues había escuchado la puerta abrirse, lo que sí le sorprendió fue la pregunta de la chica. "¿Qué hago aquí?", ya desde allí Saigo consideró que era una chica buena y muy honesta para preguntar directamente, y poco acostumbrada a este tipo de asuntos, por la sencilla razón de que si alguien te secuestra y te lleva a un escóndite, es improbable que responda con qué intenciones te llevó allí.

Saigo se levantó si contestarle y poniéndose sus guantes negros (parecidos a los de un motociclista), tomó una pistola que estaba cerca a la caja de las vendas y gasas que estaba usando para curarse. Colocó la pistola en la bandolera que tenía alrededor de la cintura, era un gesto calculado para intimidar a la chica y demostrarle quién tenía el control y quién no (o sea, él y ella, respectivamente).

-Me alegra que hayas despertado-
le dijo con una cara que era cualquier cosa menos alegre mientras se acercaba a ella de forma intimidante -mira, tú has tomado algo que me pertenece, devuélvemelo y te dejaré ir y estarás con tu familia y amigos pronto- lo cual era una mentira del tamaño del mundo, -pero, si no me lo devuelves, bueno, tendré que tratarte como una vulgar ladrona- concluyó con una mirada vacía e indiferente, como si estuviera frente a un animal salvaje que observa a una presa, pues en realidad le importaba muy poco lastimarla o matarla, para él, ella era un estorbo en su objetivo de recuperar una reliquia antigua.

-Bien, elige, ¿me devolverás lo que me robaste?- dijo poniendo su mano sobre la cacha de su pistola. Entre que él habló y la chica reaccionó hubo solo silencio roto solo por el tic tac de un reloj en la pared.

ooc:
Disculpa por la demora, está bien me gusta tu modo de rolear, espero que no te moleste que Saigo sea un poco malo con Rebeca >:)





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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Rebeca Fdez. el Lun Dic 18, 2017 6:05 pm

Mis ojos se desviaron hacia la pistola que sujetaba en sus manos. Tragué saliva. Esto no era un juego. Era una pistola real. Estaba segura de ello. Mi vida no fue fácil. Había visto más de una vez una pipa. Y ésta era una de las buenas.
También me fijé en las vendas. Eso quería decir que estaba herido. ¿Dónde? Busqué en su cuerpo signos de debilidad. No obstante, no me dio tiempo a ello. 
- ¿Algo tuyo? -Susurré. -Imposible. No tengo nada... que yo sepa. 
¿Tenía algo que le pertenecía? No recordaba que fuera así. No le había visto en la vida. Bueno. Sí, pero justo en el momento en que... -No sé de qué me hablas. De verdad. -Estaba poniéndome nerviosa.
La respiración me estaba causando una mala pasada. Empezaba a hiperventilar. Intenté tranquilizarme respirando hondo varias veces. En cuanto lo logré, aproveché el momento de silencio para golpearle el estómago. Por suerte, lo logré. Salí corriendo hacia la puerta. Pero ésta estaba cerrada a cal y canto. ¡NO! JODER. 
Fui a dar la vuelta a buscar otra salida, pero el muchacho me cortó el paso. 
- ¡Te lo juro! No tengo ni idea de lo que me dices, ¡maldita sea! Estaba en un parque de diversiones, me desmayé sin más. ¡NUNCA HE ROBADO! Te lo juro... -Me arrodillé, llevando conmigo al chico al suelo. -No me mates, por favor... ¡Te daré todo lo que quieras, sólo deja que regrese a mi residencia.
No pude evitar suplicar. Le había golpeado, tenía una pistola. Podría matarme cuando quisiera, y por lo que veía, no tenía salida alguna. La única oportunidad que tenía era la maldita puerta... cerrada.
Miré a mi alrededor mientras le pedía clemencia. No había apenas muebles. Una mesa con sillas, un sofá viejo y una alfombra. Chimenea apagada a lo lejos, en una de las paredes, al lado de una puertecita que, intuía, daría al baño. Y otra, a la cocina. 
- Lo siento. -Añadí, susurrando, por el golpe que le di. Temía que me hiriera.



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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Saigo Miyamoto el Dom Dic 24, 2017 3:27 pm

Saigo al principio creyó que la chica colaboraría, pero luego recibió un golpe en el estómago, eso no le gustó para nada, como tampoco que la chica intentara escapar. Viéndose atrapada la chica había suplicado que la dejara libre.

Saigo suspiró, sabía que recuperar aquel objeto extraño y misterioso, la Nymphalida Antica, iba a ser complicado, en especial porque la chica no parecía pertenecer a ese mundo que conoce de las cosas paranormales, era una chica normal que pedía ir a su casa y por mucho que Saigo lo lamentara, sabía que las cosas no eran tan sencillas. Tal vez incluso luego de obtener el objeto que buscaba no estaba seguro si podría dejarla ir.

Cambió el cartucho de su arma, sacando el que llevaba balas reales y cambiándolo por uno que tenía solo munición de fogueo, estas solo creaban fogonazo del disparo pero no tenían un proyectil que disparar. Tomó el arma y colocándola a unos 30 centímetros sobre la cabeza de Rebeca jaló el gatillo. BANG, el tronido fue fuerte y resonó por todo el cuarto, y probablemente golepeó con fuerza los tímpanos de Rebeca. Saigo esperaba que el fogonazo tan cerca a Rebeca la asustaría lo suficiente como para evitar otro intento de escape.

-Las chicas bonitas siempre quieren hacerlo de la manera difícil-
dijo a Rebeca aunque le importó poco si la chica entendió lo que quiso decir. -¿De verdad creíste que te había traído hasta aquí y que dejaría la puerta abierta?, ¡Eh!- dijo él en un tono de voz intimidante, como si la pistola no fuera suficiente. -Mira, cuando estabas en el parque diversiones una mariposa se te acercó y tú la tocaste, tú te desmayaste luego. Esa no era una mariposa corriente era un espíritu de la naturaleza y ahora entró en tu cuerpo, eso es lo que tú tienes y que me pertenece, y como imagino que no sabes cómo devolverlo tendré que recuperarlo por las malas si es necesario-.

Tomó a Rebeca del mentón, su fuerte mano de espadachín hizo presión sobre la delicada piel de la pelirroja y la empujó hasta que ella estuvo contra la mesa. Guardó su pistola en su bandolera y sacó dos esposas tirándolas sobre la mesa. -Una en cada muñeca, ahora- le dijo a Rebeca -y no intentes escapar de nuevo-.


ooc:
Hola, como Rebeca está secuestrada te parece bien si Saigo la esposa a la mesa y, bueno le da el susto de su vida?
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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Rebeca Fdez. el Dom Ene 07, 2018 6:04 pm

off rol:
Perdón la demora, las navidades me comieron el tiempo jajaja pero ya estoy disponible al cien por cien!, y no, no me importa ewe Pero no seas muy malo pobrecita, que si no no hay quien se enamore (??) AwA

No creí que tendría tan mala suerte en mi vida. Nunca había creído que estaría apunto de morir por una bala hasta que este muchacho me puso una enfrente mía y disparó. En ese instante, pensé: Es mi fin. Pero no. No lo fue. Tardé unos segundos en darme cuenta de ello. 
Su tono de voz me trajo de nuevo a la realidad. Mis piernas flaquearon y caí al suelo, temblando. No. Era de idiotas pensar que tendría una manera de huir. Esto era un secuestro, maldita sea. No un juego de casitas. Tragué saliva y me dispuse a hacer caso a todo lo que me dijera. Podría matarme en cualquier momento de ser por él. No era buena idea enfadarle más.
- ¿Una qué? -Su comentario me dejó perpleja. - La... mariposa que vi era preciosa... ¿Dentro de mí? ¿Qué narices me estás contando? ¡Ese tipo de magia no se ha visto en años! Además, en caso de que la tenga en mi interior, será imposible devolvértela. ¡Ni siquiera sé cómo se adentró en mí! -Sus fuertes brazos tiraron de mí hacia la mesa.
No obstante, no me hizo daño. A pesar de ser quien era, sus manos intentaron no herirme, pues me cogió de una forma demasiado... ¿dulce? Mi pensamiento se desvaneció en cuanto me lanzó las esposas. 
- ¿Quieres que me ate? No volveré a huir, lo prometo... No hagas que me espose, por favor. Seré buena, de verdad. Mis súplicas no sirvieron de nada. Y no me extraña. No me creía ni yo.
Tragué saliva y me auto até las manos en la mesa, cada mano en una de las patas. Me avergoncé al verme en esa postura. Si quisiera hacerme algo, estaba a su disposición. Es más, tuvo que ayudarme a atarme una de las manos, pues no llegaba a hacerlo yo. Temblé al notar sus dedos rozar mi piel. 
- Yo... Te daré lo que pides, pero no tengo ni idea de cómo... Sólo pido que no me hagas nada. No he pedido esto... -El llanto regresaba y no pude evitar que varias lágrimas cayeran en mi ropa. Agaché la mirada y suspiré. 
De pronto, un mareo me hizo medio desmayarme. Perdí la conciencia un par de minutos. Sentí cómo algo luchaba por matarme por dentro. Noté pinchazos en las extremidades, calor por la cabeza y frío por los pies. Grité de dolor.
Cuando recobré el conocimiento, estaba sudando. 
-¿Qué me pasa? -Por un momento tuve más miedo de mi interior que de la persona que me había secuestrado. Miré a Saigo a los ojos, los míos brillaban, asustados.



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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Saigo Miyamoto el Miér Ene 17, 2018 8:42 pm

Saigo observó a Rebeca, parecía que había entendido el mensaje, empezó a llorar y obedeció a Saigo sin hacer mayor resistencia, por lo menos ahora, podría empezar a pensar en retirarle aquel objeto que con tan mala suerte había hecho un nido en el cuerpo de Rebeca. Pero aunque Saigo se concentraba pensaba en la manera en que llevaría cabo su plan para recuperar aquel objeto, algo en él se enterneció cuando vio caer las primeras lágrimas de la chica.

Por lo general, las personas que han tenido contacto con la magia antigua viven atromentadas bien por el poder inmenso que descubren o por la lucha terrible para mantenerlo, son personas crueles, amargadas, o solo desequilibradas, pero al igual que Saigo son personas que se han cuertido de estas experiencias. No se quiebran fácilmente, y luchan hasta el amargo final.

...Pero esta chica, no era como ellos ni como Saigo, era honesta y sensible, y casi indefensa. Otra persona hubiera amenazado con suicidarse de algún modo e intentar negociar a partir de ello. Saigo se detuvo un momento, no sabía porqué lo hizo, pues todo en e´l le decía que debía proceder lo más rápido, tal vez la pelirroja le había enternecido.

Pero aunque la chica estaba indefensa, la Nymphalida Antica ya se estaba moviendo, percibiendo el peligro intentaba hacer algo para defenderse, Saigo no sabía qué pero lo que había pasado no era una coincidencia.

De inmediato, Saigo tomó una jeringuilla y se la inyectó a Rebeca, contenía una dosis mínima de morfina especial, no era suficiente para dejarla inconsciente, pero sí para relajarla y ponerla "feliz" por un rato y de esa forma impedir que el objeto alojado en su organismo siguiera dañándola.

Mientras que ella recuperaba la conciencia abrió los ojos y preguntó lo que ocurría -Estás viva ...todavía- le dijo importándole muy poco si sonaba como amenaza. No ayudó de que cuando ella abrió los ojos él tenía un largo cuchillo en la mano. Era un cuchillo militar de dientes aserrados suficiente para abrir la carne de un jabalí, ni qué decir de la delicada piel de Rebeca. Como sea, lo acercó lentamente a ella, y lo puso sobre sus brazos, pero no la cortó a ella, sino solo a su ropa.

Empezó por los brazos, convirtiendo en tirones sus mangas, luego con sus piernas, cortando su ropa hasta revelar la piel blanca de brazos y piernas y con suficiente cuidado para no hacerle daño. No decía nada mientras lo hacía, solo continuaba con su labor diligentemente. Cuando hubo acabado de cortar la ropa de sus extremidades se detuvo un momento mirando ya el torso y las caderas de Rebeca. No parecía algo sexual. Él no la veía como una bella mujer, para él, ella no era diferente a una caja fuerte que hay que abrir con cuidado.

Pero luego su cuchillo continuó su trabajo, haciendo añicos la ropa sobre el vientre de Rebeca, luego de revelar su ombligo y bastante más de su cuerpo se detuvo.

Saigo sujetó con fuerza el cuerpo de Rebeca, tocando cada centímetro de su suave piel alrededor de su cintura, sus dedos se abalanzaban sobre esa parte del cuerpo de la Rebeca como los colmillos de un lobo hambriento sobre una exquisita carne.

Justo sobre la cintura de Rebeca, casi sobre su riñón izquierdo había un intrincado tatuaje de diversos y magníficos colores, como si hubiera sido hecho con la tinta de un arco iris. Era la inconfundible marca de aquel objeto místico y prueba de que se había alojado en el cuerpo de Rebeca. Abrió los ojos pues había encontrado lo que buscaba, la Nymphalida Antica .

ooc:
Hola, disculpa la tardanza en la respuesta
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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Rebeca Fdez. el Mar Feb 13, 2018 12:44 pm

Noté el pinchazo en el brazo. Dolió, pero no llegué a quejarme, pues el daño que sentía por dentro era más potente aún. Mi mirada, borrosa en ese entonces, se centró en la cara del chico. Tenía algo que llamaba la atención. No se si era que estaba drogándome o no, pero le veía... tentador. 

Suspiré lentamente al notar calma en mi interior. Por un momento dejé de sentir todo. Sólo el sentido del oído me funcionaba. Cerré los ojos para sentir aquella experiencia. Era tan...calmada.

Su voz me despertó casi del todo. Estaba pendiente de mí, como si le preocupara lo que me estaba pasando. Tal vez fuera que si moría, esa mariposa también desaparecería. 
Miré hacia sus manos y mi corazón se puso a cien. Estaba acercando un arma a mi piel... No. A mi ropa. ¿Me estaba desnudando? ¿Acaso iba a...?

- Es...pera. No me hagas daño, por favor... Te lo ru... ¡Ah! -Sin querer cortó un poco de mi piel. A pesar de estar asustada, pude notar que lo hacía todo con demasiada delicadeza. Eso me hizo temerle más. 
De pronto, nuestras miradas se centraron en un punto exacto de mi cuerpo: un tatuaje.

- ¿Qué? Eso no es mío. No sé que es. ¡Nunca me he tatuado! Lo juro... -El mareo regresó a mí y la mariposa brilló. 
Esta vez me quedé en silencio, con los ojos medio blancos. Dejé de respirar. Mis brazos dejaron de ejercer fuerza. La mariposa estaba matándome.



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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Saigo Miyamoto el Dom Feb 25, 2018 3:48 pm

Con cada vez menos ropa en el cuerpo Saigo observó a Rebeca, o mejor dicho al objeto que estaba dentro de ella, aquella mariposa mágica se había despertado y aunque Rebeca se sorprendió de ver aquel tatuaje a Saigo no le sorprendió en absoluto. Sorpresa le causó que la mariposa reaccionara de esa manera, como un virus, estaba tratando de destruir el débil cuerpo al que había ingresado para liberarse e intentar escapar nuevamente. Saigo no podía permitir que escapara, y por ello, tampoco podía permitir que Rebeca muriera.

Sin pensarlo, le había inyectado morfina, pero eso tardaba demasiado en hacer efecto, Saigo sacó unas agujas de acupuntura nuevamente y se las clavó suavemente a Rebeca, justo sobre la mariposa que había dejado su cintura y se movía arriba, hacía sus costillas. Saigo solo tenía segundos pero igual logró clavar las agujas de forma precisa para mantener inmóvil a la mariposa y evitar que siguiera atacando a Rebeca.

Saigo exhaló y se sintió bastante cansado, luego al sentir un temblor en sus dedos se dio cuenta que la mariposa había enviado alguna forma de energía hacía él. Saigo sonrió, en la urgencia, olvidó que esas agujas le permitían controlar a la mariposa, pero también le permitían a ella atacarlo a él. Era una magia que permitía actuar en ambos sentidos.

Saigo se sintió mareado, sufriendo algo parecido a Rebeca, pero él no perdió la conciencia, aunque su cuerpo se inclinaba hacia delante del cansancio, por lo que puso su mano sobre el muslo desnudo de Rebeca para apoyarse, y reposó su frente sobre el rostro de la pelirroja.
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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Rebeca Fdez. el Mar Mar 06, 2018 6:37 am

Por un momento dejé de sentir dolor. Me imaginé caminando por la feria, alegre, libre de todos los males. Pero...algo en mí me hizo ver a lo lejos al muchacho. Serio, completamente solo. 

Mi cuerpo se acercó y le llamó por un nombre. Me miró, le miré. El silencio cobró vida. Todo el mundo en la feria desapareció y una mariposa salió de mí. Me quedé mirándola, atónita. Era hermosa. El muchacho acercó su mano y el bicho se adentró en su cuerpo. Gritó.

Abrí los ojos de golpe dejando caer una lágrima roja. ¿Qué había pasado? No sentía ninguna molestia por el cuerpo, simplemente sentía el roce de las esposas. El muchacho estaba haciendo... ¿Acupuntura en mi cuerpo? Forcé los brazos en un intento de soltarme, obviamente inútil. De pronto, el chico se apoyó en mi frente. Instintivamente me sonrojé. Sus ojos estaban cerrados. Alcé la mirada y vi algo brillar. 

- Una...mariposa -susurré mientras ésta desaparecía por la ventana. ¿Era libre? ¿Se había ido para siempre? Miré al chico, cansada y un poco asustada. Seguía siendo su rehén, ¿no? -Por favor... Despierta... La mariposa... Esa cosa que buscas, se ha marchado. Déjame descansar....

Hablaba pero el chico estaba en shock, como si durmiera, sin dormir. Forcé de nuevo las esposas pero nada. De pronto, el chico cayó al suelo. ¿Se había desmayado? Maldita sea... De reojo noté que temblaba. ¿Qué le estaba pasando? Lo mismo que a mí, deduje.
Por suerte, era pequeña, mis muñecas eran muy finas, por lo que forcé con muchas más ganas uno de los brazos y logré desprenderme de las esposas, no sin dolor. Empezó a sangrar un poco, me la recoloqué y busqué las llaves en las ropas del chico. Logré desatar por completo ambas muñecas. ¡Cómo dolía, Dios! Me levanté tambaleándome y... le vi. Estaba dormido aún. Sin saber por qué, tuve la necesidad de ayudarle. Le coloqué como pude bocarriba, cogí una almohada, una manta y le acomodé en el suelo (pesaba demasiado como para llevarle a la cama). Traté mi muñeca, limpié la sangre, me la vendé con mi propia ropa rota y... esperé a su lado. Despertaría, supuse. Estaba mareada, la morfina actuaba en mi sangre. Hm... Mareo.



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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

Mensaje por Demian Serkin el Lun Mayo 14, 2018 6:36 pm



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Este tema lleva inactivo más de dos meses y por tanto, muy a nuestro pesar, debe ser cerrado y enviado a la papelera, pero ¡No temas! Si deseas recuperarlo solo tienes que pedir su apertura aquí.
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Re: El síndrome de Estocolmo (Priv. Saigo y Rebeca)

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