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Una dulce noche a la luz de la luna(priv. Fujita)

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Tema Privado Una dulce noche a la luz de la luna(priv. Fujita)

Mensaje por Toriko Nimura el Dom Nov 26, 2017 1:15 pm

Habían pasado varios días desde que había comenzado a ir a clases y no tenía tiempo para otra cosa que estudiar, hacer tareas y dormir. La semana resultaba tan agotadora que el primer día que pude descansar, lo usé para dormir hasta la tarde y salir a pasear con la excusa de comprar algo dulce. El día lucía maravilloso, con el sol ocultándose, un cielo despejado, un viento refrescante y el susurro de las hojas de los árboles. La bolsa de dulces ni siquiera pesaba tanto porque no tenía nada de qué preocuparse esa tarde.
Los árboles, la brisa, el cielo se oscurece poco a poco, cuanto mas me acercaba a ese lugar.Esa sensación de perdida en mí cada vez se hacía más grande, sentía que nunca recordaría del todo pero quizás era lo mejor. Apenas sané estuve buscando la manera de encontrar a alguien que me ayudara pero no encontraba quien. Me he familiarizado un poco con la ciudad, pero nada parece darme acceso a una forma factible de recordar quien soy o algo por el estilo. Las grandes masas de gente siempre me han incomodado, así que decidí venir al bosque. Parecía un lugar sereno donde podría relajar mi mente y pensar en un plan. No obstante, a cada paso que daba entre el monte y las ramas quebradizas al ser aplastadas con mis botas, mis ideales crecen. Mis deseos, mi codicia, mi orgullo, mi venganza...Desearía poder destrozar a ese sujeto como a una simple rama de árbol en el suelo cuando regresara, pero...¿Cómo sabría a quien hacer? No vi a nadie demasiado bien como para reconocerlo mas tarde, a parte de a ese traído, pero tampoco contaba ya que ya estaba muerto.

Aproximadamente en media hora de estar caminando me adentré en el bosque. Pronto anochecería, las siniestras siluetas de lo árboles ante el cielo rojizo del atardecer realmente se me hacían cómodas. El olor del césped, el viento en mi cabello, la oscuridad y la paz que se siente cuando el silencio es total. Quizá si no había nadie podría dejar este aspecto humano por un momento y relajarme en mi forma real. Aunque este aspecto tampoco estaba mal, me sentía más familiarizado con mi forma real ya que poco a poco podía sentirme mas agusto en esa ciudad. Comencé a acariciar los troncos de los árboles con cautela y suavidad. Algunos con madera seca y corrugada, mientras que habían otros húmedos y con musgo. Eran iguales a los seres humanos, no, a todos los seres vivos. Unos marchitados y corruptos, mientras hay otros resplandeciendo por su inocencia.
-
Ya empecé con mis enredos mentales de nuevo...- Tras decir eso en un tono casi decepcionado, solte una leve risa, como mofándome de mí misma. Sin detenerme, sólo buscaba un lugar donde sentarme a reflexionar y comer esos dulces. Al fin y al cabo, no había nada más que pudiera hacer en ese momento, pues no quería regresar aun.

Entre las grandes arboledas que crujían ligeramente ante las ráfagas de viento encontré una especie de camino. Termino adentrándome en el lugar y me llevo una sorpresa satisfacente. Era un lugar, un campo cuyo monte verde se veía sumamente acogedor . Algunos árboles sin ramas, secos y casi negros al rededor, como los que suelen ser de mi preferencia. Y finalmente, el resplandor de la luna iluminando el lugar con su resplandor . Era irresistible. Así que decidí acomodarme sobre el suave monte y observo el cielo, con algo de nostalgia, ese terreno, ese monte, era tan parecido al lugar donde desperté hace tiempo.

Suspire, calmada, acerque mi bolsa a mis piernas para poder observar los dulces y decirme por solo uno, eran apetitosos pero no sabía si podría disfrutarlos, vi una sombra, no estaba segura de si era alguien o las sombras del bosque que querían jugar con mi mente.
-
Sal de ahi-dije calmadamente mientras sujetaba con firmeza mi lanza aun sentada en el cesped.



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Tema Privado Re: Una dulce noche a la luz de la luna(priv. Fujita)

Mensaje por Fujita Tatara el Mar Nov 28, 2017 11:35 pm

¿Hace cuánto ya desde que no daba un paseo por puro relajo? Ha pasado tanto que el recuerdo de la última vez ya no divaga por mi mente. Pasar tanto tiempo sumergido en el mundo literario suele alejarte del mundo real, y nunca podría asegurar si eso es algo bueno o malo, supongo que al final todo queda a la perspectiva de cada quien. Pero hay una verdad irrefutable, todos encontramos belleza en donde más queremos y nos sentimos más cómodos, pero si hay un punto de consenso entre los seres vivos, ese sería la naturaleza. Los paisajes que puedes observar en un simple parque o el rocío que llegas a recibir a la orilla del mar, la luna que nos alumbra por las noches o un riachuelo de agua pulcra que deja ver las piedras debajo de él, todas esas cosas siempre están presentes allí afuera, y nunca cae mal disfrutarlas en persona.

Llegaba el fin de otro día de estudios, todo el mundo se distendía después de otra jornada agotadora, algunos ordenaban sus cosas para irse, otros simplemente comenzaban a hablar sobre lo que les había pasado a lo largo del día.  Después de despedirme de la gente cercana a mí, me retiré a paso rápido. Una vez llegué a mi casa, aquella vieja librería “heredada” por el dueño, volví a mi pequeño mundo de investigación, con un poco de café y música de piano en el tocadiscos comenzó mi jornada nocturna.

La noche transcurría, las manecillas del reloj hacían un pequeño tic tac casi imperceptible gracias al compás de la música, pero de repente se hizo presente un sonido que logró captar mi atención con inmediatez. Un pequeño y moribundo pajarillo se asomaba por mi ventana para dar sus últimos suspiros, me hubiera gustado poder ayudarlo, pero ya era demasiado tarde para él. Lo cogí entre mis manos y lo llevé al jardín, hice un pequeño agujero y lo enterré ahí. Solté un gran suspiro –“Otra vida que acaba antes de comenzar”-. En ese momento miré hacia el cielo y quedé maravillado al ver tan preciosa noche. El cielo carecía de estrellas, pero la luna era suficientemente hermosa como para lucirse por sí misma, el clima estaba en su punto, ni muy caliente ni muy frío, una temperatura tibia bastante agradable para la piel. Me estaba perdiendo de un gran panorama sin darme cuenta, y no podía permitirlo, además, aún había mucho por conocer de la zona, era el momento preciso para salir a dar un paseo. Dejé todos mis libros en pila para continuarlos apenas regresara, salí de la casa y la cerré con llave para dar inicio a mi caminata.

Después de varios minutos, llegué a un frondoso bosque, el verde que lo bañaba ya casi no se podía distinguir por la oscuridad, pero una suave brisa me abría el camino entre ramas y hojas que pronto me llevaría a un admirable escenario creado por la naturaleza. La luz de la luna bañaba una pequeña zona descampada del bosque, ciertamente se podía sentir la frescura del ambiente combinar en perfección con aquella que desde los suburbios podría ser nada más que una oscura y siniestra noche. Entre la sinfonía del viento rozando las hojas de los árboles y mis pisadas haciendo graznar el césped, una voz femenina llegó a mis oídos. No esperaba compañía en un momento como este, pero no era nadie para discutir las circunstancias que proponía el destino. “Que gran vista, ¿No lo crees?” Comenté.
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