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¡¿Dónde están mis medicinas?! ||Rairan

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Tema Privado ¡¿Dónde están mis medicinas?! ||Rairan

Mensaje por Mika Scaraotchi el Lun Oct 30, 2017 7:21 pm

Miré. 55. Y miré. 56. Volví a mirar. 57. Y miré otra vez. 58. Miré. 59. Otra vez. 19:00. Seguía con la mirada el movimiento de la aguja larga del reloj que había en la pared. Eran ya las 7 de la tarde y él seguía sin aparecer. Además, yo no tenía nada que hacer para entretenerme, o simplemente no era capaz de nada más que mirar el paso del tiempo para no quedarme dormida. Se me escapó un gruñido desde el fondo de mi garganta, resonando por toda la estancia. Con un increíble esfuerzo conseguí sentarme en el borde de la cama, echando las mantas que me cubrían a un lado. Tuve que cerrar los ojos y sujetarme la cabeza con las manos porque todo me daba vueltas. ¿Realmente estaba en mi habitación? Porque no lo parecía con esas paredes torcidas. ¿Y si me secuestraron mientras estaba durmiendo? ’No creo que alguien sea tan idiota como para hacer eso… Aunque vi demasiadas cosas ya.’

Suspiré y me puse de pie, apoyándome lo antes posible en la pared para no caer al suelo. Las piernas me temblaban, o más bien, todo mi cuerpo temblaba, incluso el alma. Un paso, dos… No sé cuántos necesité pero me pareció una eternidad hasta que alcancé el pomo de la puerta con los dedos. Salí al pasillo principal, donde me recibió Mathani, una de mis más bellas sirvientas. Bueno, realmente todas eran igual de preciosas a mis ojos, y lo sabían. Mechones de su largo y suave cabello azabache cayeron sobre su voluminoso busto en cuanto se giró para verme. Se ofreció para cargarme de vuelta a la cama y traerme aquello que necesitaba y me hizo levantarme en ese estado. Rechacé su oferta y seguí caminando, ayudándome de la pared para avanzar cual vejestorio borracho. Llegué a las escaleras y suerte que tenía la barandilla para agarrarme a ella porque no quería rodar hasta la planta baja. Llegó Gebal, uno de los jardineros. Oh si, él también era bello, todos lo eran. Todos excepto él, obvio. Desgraciadamente, no estaba de humor para dar más explicaciones y me limité a lanzarle un gruñido, por el que me disculparía más tarde.

Agaché la cabeza y me encontré con numerosas miradas de preocupación, casi todos mis demonios estaban en el vestíbulo esperando a lanzarse uno antes que el otro para ayudarme, pero no lo necesitaba. Debía ir yo sola, porque era mío también, aunque no nos agradaba la idea a ninguno. Bajé poco a poco, escalón por escalón, tampoco tenía mucha prisa. Cuando pisé el suelo estaba jadeando, y el mundo volvía a girar como loco a mi alrededor. Tomé una gran bocanada de aire y miré a los demás.

-Voy a salir...-musité, sorprendiéndome de mi voz. Era débil pero ronca, nada que ver con la de siempre. Una de mis chicas, Sissa, me sujetó con cuidado y me ayudó a seguir hasta la puerta, preguntándome si no quería cambiarme antes. Al parecer ya habían entendido que no iba a estar todo el día en la cama, pero me negué a lo segundo. Sin palabras, agradecí de todo corazón su gesto y sonreí como pude. Desvié la mirada y me encontré con mi reflejo en una de las ventanas. Quedé horrorizada. Mi aspecto humano no se vio tan deplorable nunca antes. Tenía ojeras y se notaban más aun por mi pálida tez que cobraba un ligero tono azulado. Y mi cabello estaba completamente desordenado, una vergüenza. Además, hasta que no me encontré con mi figura en el cristal no me había dado cuenta de todo el sudor que cubría mi cuerpo, incluso la única prenda que llevaba en ese momento, una camisa blanca, larga que usaba en vez de pijama estaba totalmente pegada a mi piel.
Suspiré nuevamente y abandoné el edificio antes de separarme de Sissa. Di unos pasos más hacia la salida de mi territorio y caí de rodillas, demasiado cansado por todo el esfuerzo que había hecho en los últimos minutos. Gotas de sudor recorrían mis mejillas, pronto acompañadas por pequeñas lágrimas. Era frustrante, odiaba sentirme tan impotente, y odiaba frustrarme tanto. Lloraba porque no podía avanzar, y no avanzaba porque lloraba. ¿Cómo podía permitir que personas ajenas a mi me vieran de esa forma? Si solo con pensar que él podría llegar en ese mismo momento para verme así me asustaba más. Rindiéndome ante todo me acosté en mitad del camino, sollozando con las últimas fuerzas que me quedaban y rogando para que ese maldito demonio llegase pronto. También empezaba a preocuparme, no solía tardar. ¿Por qué ahora?

-Rairan… Cuando lo vea, le voy a arrancar los cuernos y se los meteré por el…-me corté antes de terminar la frase, se suponía que yo no hablaba mal de mis sirvientes.
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Tema Privado Re: ¡¿Dónde están mis medicinas?! ||Rairan

Mensaje por Rairan Ngono el Sáb Nov 04, 2017 10:19 am

Me había largado sin apenas mirar lo que ponía en aquella lista de nombres abstractos y casi impronunciables. Si por lo general ya era difícil soportar a aquella cría cuando estaba sana, estos días en los que había estado enferma habían sido como recrear el cielo visitado por un demonio. Mortal. Lo único que quería era salir de aquella mansión llena de pelotas (aunque muchas veces se agradecían sus presencias) que vivían por y para “la Señorita Scaraotchi”. Yo me negaba a tratarla como tal, ya que por mucha familia noble que tuviese, yo le sacaba unas cuantas primaveras a esa niña. Acepté sin dudarlo el recado de ir a por medicinas, sin haber reparado en que Mika era un demonio. Y si se enfermaba, dudo mucho que unas medicinas normales le surtiesen efecto. Efectivamente. De camino a la ciudad, fui leyendo atentamente cada palabra de aquella lista, Si no llega a ser por que mi raza conoce el Arameo y lo usa en su vida normal en el infierno, dudo mucho que pudiese haber siquiera leído aquellos medicamentos y mucho menos pronunciarlos. Pero, ¿en qué farmacia venderían tales cosas? Ni me sonaban aquellos nombres. Y tampoco era plan de ir farmacia por farmacia preguntando si tenían medicamentos para seres sobrenaturales.. ¿no? Vale que Éadrom está abierta a todas las razas, hay tolerancia y viva el amor, pero… ¿Hasta qué punto era bueno que supiesen que no eras humano? Nunca quise comprobarlo, así que mientras caminaba iba fijándome en todos los negocios que encontraba buscando alguna señal o cartel que mostrase que tenían productos sobrenaturales. Sin éxito alguno. O por lo menos a mi parecer.

- Heilong, ¿sabes de algún sitio o alguien que venda medicinas de este tipo? -dije sin alzar demasiado la voz para que no me escuchasen los transeúntes de la calle. Esperé un rato la respuesta del reptil, pero nada- ¿Heilong? -insistí y entonces la voz del dragón resonó en mi cabeza. ¿Me estás preguntando a mi? Trato de ignorarte lo máximo posible, ¿crees que voy a prestar atención a esas cosas tan terrenales e insignificantes? terminó aquel reproche con un resoplido. Tras pasear un rato valorando las opciones, decidí optar por una solución neutral y entré en una Farmacia cualquiera. Pregunté al farmacéutico si tenía lo que me habían pedido, mostrándole el papel. Sin mediar palabra se metió al almacén y a los minutos salió una preciosa chica enfundada en una bata blanca, al igual que el anterior hombre, pero luciéndola mucho mejor por supuesto. En sus manos traía unas cajas pequeñas que supuse serían las medicinas que pedí, ya que no había ni rastro del primer hombre. No pude resistirme a aquella mujer, y lo último que recuerdo con nitidez era estar pidiéndole a la chica que me acompañase, seguido de entrar en los baños de un local cercano junto a ella.

Cuando volví en mi estaba aquella mujer abrochándose la bata con un aspecto más desarreglado y sofocada que antes mientras salía de aquel baño, y sin embargo yo me sentía como nuevo. Miré el reloj en el teléfono. “¡¿CÓMO?! ¡¿YA ES TAN TARDE?!” grité en mi interior. Entre el paseo y la distracción se me había echado la hora encima. Salí corriendo de allí mientras terminaba de adecentarme la ropa, el pelo y abrocharme los pantalones, cargando con la bolsa de las medicinas. Me empleé a fondo con esas fuerzas renovadas recién adquiridas para llegar en menos de lo que pensaba. Abrí la verja del recinto adentrándome en el jardín de la mansión, notando que el ambiente en ella estaba enrarecido y tenso. Al ser un subordinado de la familia, podría decirse que “sentías” la mansión familiar y a otros subordinados levemente. Vi un bulto en el camino principal. Un amasijo de telas. “¿Nos han abandonado un bebé?” me dije acercándome con cierto miedo de acertar, pero al fijarme en la puerta de entrada al edificio, desde donde observaban preocupados varios sirvientes lo entendí, abalanzándome sobre aquellas telas.

- ¿Mika…? -estando tan cerca podía reconocer aquel pelo enmarañado y ese cuerpo casi inexistente- ¿Qué haces aquí fuera, niña idiota? -estaba empapada y su temperatura estaba fuera de lo normal. La cogí en brazos llevándola en volandas sin apenas esfuerzo, esperando sus inminentes quejas e ignorándolas. Entré en casa cargando con ella, y una vez se apartaron los sirvientes y cerraron la puerta usé mi teletransporte para aparecer en el baño en un segundo.

- Para bajar esa fiebre tienes que meterte en agua fría… Toma. Aquí tienes las medicinas -le tendí la bolsa donde estaban. Conocía cómo era aquella cría, y si yo la metía en el agua o la daba alguna medicina podría acabar sin cabeza.
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Tema Privado Re: ¡¿Dónde están mis medicinas?! ||Rairan

Mensaje por Mika Scaraotchi Ayer a las 11:38 am

Alcé la cabeza como si estuviera saliendo del agua para tomar una bocanada de aire, o eso creía, porque en realidad alguien me había levantado del suelo. Solté un largo suspiro y abrí los parpados, sorprendida al encontrarme con dos ojos ámbar. Era el imbécil. Estiré una mano y agarré su cabello, tirando de él hacia mí con cierta fuerza, el hecho de oler un perfume diferente en él me volvió loca, a pesar de mi debilidad en el momento. ’Demasiado dulce.’
-Maldito demonio… No eres más que un perro asqueroso en celo…-susurré contra su oído, incapaz de abandonar aquella voz ronca que no coincidía para nada con mi apariencia.-Te atreves a dejarme morir con tal de f*llar… Voy a arrancarte esa cabeza en cuanto me recupere, prepárate.-amenacé con un gruñido, aflojando mi agarre en sus mechones de pelo hasta convertirlo en una suave caricia. Desvié la mirada, más cansada que antes, ese arrebato de nervios consumió la poca energía que me quedaba. ’Así que no le pasó nada malo… Qué tonta, se supone que él me cuida, a diferencia de mí, Rairan sabe apañárselas solo.’ Llegué a la conclusión de que no valía la pena preocuparme cuando se trataba de él, si algún día no volviese hay más probabilidades de que sea porque haya decidido irse sin decir “adiós”.

Vi de reojo a Mathani apresurándose para abrir el grifo de la bañera, impaciente por verme en mejor estado cuanto antes. En cuanto mis pies tocaron el suelo comencé a quitarme la única prenda que cubría mi cuerpo, ignorando la presencia del íncubo, estaba segura de que vio demasiadas cosas en su vida como para reaccionar de alguna forma ante mi figura desnuda, yo no se lo permitía y lo cierto es que mi apariencia humana dejaba poco que desear. Me metí en en la bañera poco a poco mientras adoptaba mi verdadera forma, sacando a relucir un cola demasiado juguetona para mi estado de ánimo y un ala que rompía con mi simetría. A pesar de mi alta temperatura corporal, un dolor terrible invadía mis articulaciones debido al contraste con el agua que, por un instante, desprendió algunos vapores al entrar en contacto conmigo.

-A veces tengo la impresión de que todos vosotros queréis verme muerta…-me quejé haciendo alusión a la tardanza de Rairan y la obediencia de mis sirvientes ante las sugerencias de éste. ’Como si él supiera mejor que nadie qué es lo que me conviene.’ Suspiré y cerré los ojos, hundiendo la cabeza bajo el agua.
-Señorita… Ambas sabemos que si realmente pensara eso de nosotros, no habría salido en busca de Rairan. Qué niña más dulce, preocupándose por sus demonios aun estando enferma.-la voz de Nisha resonó en mis oídos. Nisha era una de las más directas chicas que tenía, y muy molesta, siempre parecía que su falta de pecho le provocaba el mal humor. Aun así yo la quería, aunque casi siempre quería arrancarle la cabeza. Era, quizás, incluso peor que el íncubo. A pesar de que no la veía, me la podía imaginar apoyada en el marco de la puerta, con una sonrisa pícara en su rostro. Alcé la cabeza y empecé a acariciarme un cuerno mientras hablaba, gesto que hacía siempre que me delataba y quería disimularlo.
-Solo quería tomar un poco de aire, nada más. ¿Preocupada por qué? Es bastante mayorcito, se las puede arreglar solo, como antes de llegar aquí.-quizás exageraba con la indiferencia que fingía, porque incluso a mi me costaba creer lo que decía.-Mis medicinas tardaban en llegar, pensaba ir a recogerlas yo misma.-sacudí una garra con la intención de salpicar todo lo que había desde la entrada al baño, alcanzando a Nisha y a cualquiera que se encontrara entre ella y yo. Me puse de pie y salí con cuidado de la bañera al notar que la fiebre me abandonaba en cierta medida. Y superando el conflicto interior que comencé al pensar en un castigo para el causante de todo ello fijé mi mirada en él, transformando el orgullo que me hacía actuar sola para aprovecharme de la situación y disfrutar un poco.

-Rairan, querido… Ya que tardaste tanto en volver y yo estoy demasiado débil, ¿qué te parece si me ayudas a secarme? No puedo volver a la cama estando tan mojada, podría empeorar la enfermedad, ¿cierto?-sugerí señalando con la mirada el armario con las toallas. En parte era cierto lo que decía, aunque normalmente odiaba que me ayudaran en cosas tan básicas, pero me moría por ver la indignación en su rostro. ’Si fuera una mujer cualquiera lo haría con mucho gusto, una lástima que yo sea la “señorita Scaraotchi” y me odie.’ Él no me tenía mucho afecto, y yo tampoco, por pura ética no nos matábamos. Y por un acuerdo.
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