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El infortunio [Aranea]

Mensaje por Vik Petrovichk el Vie Oct 20, 2017 9:00 pm

Capítulo 1: El infortunio



Dicen que a la altura de la colina en donde los arboles de cerezos  brotan cada uno de sus rosadas flores, en lo mas profundo del camino las estatuas de zorros con pañoletas rojas acompañan el andar de los visitantes y creyentes hacia la protección y la fertilidad. Se dice que cuando los cerezos botan hasta el último de sus pétalos para así recibir las grandiosas hojas verdes aquellos curiosos espíritus se dispersan tras terminar de bailar con cada uno de los pétalos. Japon, el pais de contrastes y grandes historias no es mas que un libro empolvado que los mismos ciudadanos han guardado en el rincón del estante. Se dice que cuando estos pequeños animalillos espirituales son abandonados, estos recurren al pueblo a acudir a desastres, mientras los adorados profesan la bondad, sabiduría y fertilidad en cada casa de Japón para su abundancia. Si algún visitante logra encontrar el camino de estatuas de un zorro es la puerta a la aventura; encontrar mas conlleva a los Tori y posteriormente al santuario minusculo que Eadrom posee como ciudad de el pais del Sol Naciente. Te encontrarás al guardián espiritual de casualidad, este huirá de ti, pero te vigilará desde las sombras.


Encuentra uno de estos, encontrarás el camino hacia el Dios:

Los últimos pétalos de los cerezos caen. Un zorro andante corría con misterio entre cada uno de los grandes bastones estructurados de color rojo. De vez en cuando detenía sus pasos al escuchar cualquier crujido que anunciara su desaparición. No debía ser visto, no era prudente a no ser que la persona indicada con los deseos indicados o la seducción abierta lo llamara. Un zorro espiritual de tres colas casi nunca debe mostrarse a un humano, mas cuidadosos por su rareza y la creencia de ser deidades bastaba para ser codiciados por los malignos  y robar.


Camino de Tori:

Aunque aquel animal de pelaje blanco, con puntas negras y franjas rojas sentía su seguridad total en territorios protegidos por los dioses. Claro, que esto era solo una escusa. Aquel zorro de apariencia relajada y misteriosa realmente buscaba un lugar perfecto en donde entregar su alma. Si es que los dioses no permiten su puerte entonces se aguantarán el hecho de profanar  un lugar de tan altos ministerios para los Japoneses. Claro, el pensó. Aquel animal de tamaño estándar para su raza observaba  fijamente la entrada de el santuario, a unos dos metros estaba sentado. Como si de a rezos este estuviera. Detallaba lo agradable que son los humanos llenándose de sentimientos tóxicos al recordar lo triste que se han vuelto. El animal bajó su cabeza, con los ojos cerrados pensó en las palabras de su hermano, aquel zorro mayor cuyas tristezas hacia el mundo las había convertido en odio. ¿Como puedes odiar el mundo si este nunca va a cambiar? El felpudo subió su hocico y aulló.



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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Aranea el Sáb Oct 21, 2017 8:02 pm

“…La realidad es observada con ojos carmines, reflejando en sus pupilas como organizar al mundo, educa la mente y tiene el instinto siempre alerta pues todos los días puedes encontrarte con acontecimientos que pueden ser apreciados desde afuera, que pueden confundir y encontrar un sentido… Cuanto más evoluciona la sociedad y cuanto más se ramifican las relaciones sociales, las corrientes de ideas y la vida del espíritu… Más se enriquece, amplia y profundiza el contenido intelectual de la vida humana…”

Muchas preguntas y misterios aguardan yacientes en la mente de esta dama, que el día hoy se tornaba especialmente cálido como que no le agradaba, ya que ahora con un largo vestido rojo intenso y sobre ella una escafandra de tul, ocultando su mirada bajo esa gran sombrilla teñida del único tono que juega con su labial natural, cabello y esos penetrantes ojos, su tex tan pálida como la de un espectro andante como la de las viejas historias, caminando en la sombra de los cerezos que llegada la época recreaban por la calle una espléndida lluvia fantasiosa acompañando la dulce brisa, danzantes en el elegante descenso hasta acariciar la piel de la dama, más ella estaba inmutada, pues sostenía un libro de tapa de cuero negro, con la elegante bandita de tela roja resaltante en una de sus páginas como divisor mientras con el movimiento del pulgar desplazaba las paginas para seguir gozando de la bella novela, una sátira obra de teatro sobre amores perdidos en altamar de 1992. Pocos días son los que la dama no gozaba de estar trabajando en la joyería, para que exponerse a la abrazadora luz que al reflejarse en las baldosas claras pueden encandecerla, ya que los lentes de marco (No es sorpresa: Rojo) no ayudaba, debía se poco más tenerlo lo más cerca mientras caminaba por el lugar desierto, tal era la calma que quizás por eso se vio inexplicablemente guiada a pasear por allí, las colinas floreadas de la bella ciudad que acostumbró a llamarla hogar, más como líricamente podía expresar uno de los pocos lugares sin descubrir en ella, pues como bien se dijo hay muchas cosas que desconocemos en la vasta experiencia que nos nutre.

Su visión no era muy buena, su oído podía fallar incontables veces, su olfato jamás lo tuvo desarrollado, no daba uso… Pero lo que a ella la caracterizaba era tener la sensibilidad suficiente para detenerse al presentir el vibrar de la tierra. Cerró los ojos y se quedó estática allí, sintiendo como lentamente llegaba a la lejanía unos pasos, armoniosos, ligeros, apenas palpables en el suelo, fue un milagro que el instinto avisara de este extraño fenómeno, el cual si ladeaba el rostro podía contemplar que venía de una entrada, el principio de unas escaleras donde ella estaba de pie… Observando una extraña figura de piedra con un paño rojo envolviendo su cuello, el color fue la clave por la que se vió guiada. Cerrar el libro para colocarlo bajo el brazo que sostenía la sombrilla y sin dudarlo levantar la larga falda para subir los escalones, siguiendo el camino que continuaba con a cada distancia más de esta llamativa figura.

Pero el final de este aún destacaría el por qué a veces una inexplicable fuerza la lleva a esos lares, un largo camino con el tinte que más le gustaba, como si la sangre más fresca las hubiera cincelado y fuera tallada en negro esos kanjis que ni bien se molestó en leer, solo cerró la sombrilla para mostrar aquel rostro ahora ligeramente asombrado por la maravilla del camino que ahora era transitado por esta ignota temeraria, el movimiento cesó aclamando a la paz la soledad y el silencio… Pero Ni bien la luz se asomaba brillante a la vuelta de aquel color, un aullido erizó la piel blanca mientras su pulso brevemente cesó de la impresión, no es miedo, solo la extraña sensación de estar en un territorio ajeno, debía de avanzar con sigilo y calma hasta el final.

“… Allí estamos de pie, contemplando el encuentro de esas maravillas que la mente humana no comprende, admirando la belleza de lo desconocido, la magia oculta en estas tierras que siempre existieron y viven inclusive si nadie las descubre…”

Pero esta dama no es de engañar, más solo se encontraba a espaldas del aullador, no mostraba expresión, solo tomaba ambas manos sobre el soporte de la sombrilla colocando el final cerrado de este en el suelo, contemplando en silencio aquella nueva presencia “Jamás deja de asombrarme estas locuras” adherimos este término a algo fuera de lo cotidiano algo osado y otro recuerdo.


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Vik Petrovichk el Sáb Oct 21, 2017 9:33 pm

...

La dulce melodía del taconar aproximarse provocaron que las largas y puntiagudas orejas de este animal se moviera focalizando el punto de origen del sonido. Algo diferente a la naturaleza se había acercado. Con la cabeza echada hacia atras apuntando con el hocico hacia el cielo percibió una energía mas entrar a el lugar sagrado según las leyendas japonesas. "¿Aún rezan aquí al Dios del Arroz?" Pensó poniéndose en cuatro patas mientras sus colas danzaban entre el aire como nados que reciben las corrientes mas cristalinas. Toku, no permitió el encuentro. De frente a frente nunca quedaron. La huida se marchó hacia la puerta del santuario en donde pequeñas donaciones al templo daban los creyentes al realizar sus oraciones. Inciensos apagados de la nada se encendieron llamando la atención de este animal a el humo salir. Poco a poco la brisa se fue desvaneciendo, el ambiente dramático se volvió. Aquel zorro intentó agarrar los materiales que había dentro de la caseta para su fin y de una bocanada cuerdas sostuvo con la boca sin embargo ya era tarde. Frente a frente quedó con la visita.


Las cuerdas de la purificación, aquellas que pueden agarrar y sostener a cualquier demonio, bestias que atormentan la vida en tierra y en el inframundo Japones. Cuerdas de gran tamaño utilizadas para el soporte de estructuras purificadoras, tales como entradas y bastones; ademas de cualquier otro adorno. Podría ser el material perfecto para esto. Cabe destacar que el recuerdo de haber decidido acabar con su carne humana ese preciso dia fue a rais de una supuesta clonacion a sus cuentas bancarias. Aquel zorro no era un animal del todo. Parte humana posee, la misma que con años de antiguedas ha pisado las tierras feudales. La conciencia humanizada de este animal existe.


Sin soltar lo que tiene en su boca paralizó su cuerpo. Aquella presencia espiritual no era humana, mucho menos naciente de sus tierras. Poseía algo sumamente especial. El zorro agitó su cuerpo en especial su cabeza y sentó su trasero dejando en movimiento libre sus colas. "¿Será un espiritu mas?" Ladeó su cabeza dudoso. Notó que las cuerdas que robó aun las tenia en su boca. A reacción levantó su cuerpo y alzó las colas dejando por un momento la soga en el suelo apedreado.


"¿Quien eres?" Dijo. Al menos creyó decir. Si aquel ser era un espíritu lo mas probable es que lo entendiera. Esperó un momento su respuesta. Ante cualquier tipo de ser que no entendiera sería imposible llegar a una conversación en la forma animal. Para un ser "normal o nada familiarizado con espíritus o animales" solo vería como si este animal hubiera elevado su hocico y olfateado. Ningún sonido hubiera salido. Levantó sus orejas reconsiderando que no le entienda. Vaya error. Aparicio el movimiento de sus colas cayendo en lo que hizo. Era hora de culparse. El no debía mostrarse a cualquier persona ni mucho menos humanos.


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Aranea el Lun Oct 23, 2017 1:17 pm

El vaivén de aquellas colas atraían poderosamente la visión de la dama en cuestión, la cual no realizó ningún movimiento, como la reacción muy común de los arácnidos ante algo llamativo es la perplejía completa del cuerpo, ningún pestañeo, ningún movimiento, no tragar saliva y en lo posible calmar la respiración… Más su piel estaba erizada, dentro de su cuerpo sintió la próxima sensación a un retorcijón del vientre, más lo que realmente era el esqueleto dando apenas un visible movimiento ascendente por el costillar bajo la fina tela del vestido entallado, como cuando en su espalda se acumula cierta tensión y luego se apacigua en la espera… El irse y volver, ahora apreciaba aquellas facciones, un mamífero como ninguna vez haya visto antes, aquellas sorpresas tras los pasillos del carmín que ahora generaba ese rotundo silencio, salvo el tintineo de lo que parecía ser unos móviles de cobre y cristal tendientes de la especie de templo donde aquella entidad había llegado, no entendía si la cuerda significaría algo o si intentaría algo contra la dama, pero ella no cedería a abandonar el lugar.

Era una inculta, experimentada en el mundo del folclore y la mitología japonesa, pero si figura pudo reconocer que era similar a las estatuas de la entrada “¿Será este su hogar?” en ese caso sentiría el irrumpir, pero la curiosidad es poderosa en esta dama, quien ahora buscaba con su mirada ladeando levemente el rostro buscando su mirada, dignándose a dar un buen respiro para relajar los hombros aportando una postura de temple y calma. Lentamente levantó su mano y enseñó su palma al son de la señal de alto, agachando tranquila su cuerpo para dejar el libro que llevaba bajo el hombro, apoyándolo a un lado en el suelo, la sombrilla sostenida con sumo cuidado sobre el cuerpo siguiendo el movimiento, pero la necesitaba ya que estaba en el límite de la luz y la sombra del gran cerezo del final del camino, el brillo del sol reflejado sobre las piedras dañaban su vista a lo cual manteniendo la mano frente al gran zorro retiró sus lentes, el cristal intensificaban las cosas a lo cual no serviría, siempre con cautela y lentitud los dejó sobre el libro y luego abrió la sombrilla, para cubrirse mientras dio dos pasos adelante –No te haré daño…- No pensó en algo mejor que decir pero no deseaba espantar a aquella criatura, bajo el sol pero con su cara en la sombra del carmín, se colocó de cuclillas.

Limitada se encontrada de alguna acción, el habla tampoco era un fuerte en estos momentos ya que su desconocimiento la privaba de saber si comprendería su lengua, pero en sí aunque mostrara paz, una guerra se desataba en su cuerpo, el instinto inoportuno e inentendible de mostrar la arácnida que encerraba ¿Pero en reacción a qué exactamente? Era una situación confusa ante el asombro de la dama de rojo, pero interesante el acercamiento de este tipo, finalmente con una voz suave y baja volvió a hablar, arriesgándose a respuesta o no pero era la necesidad de acotar -¿Eres un guardián?¿Perteneces aquí?- era el estudio de cerca, revisando con su mirada de pies a cabeza el pelaje.


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Vik Petrovichk el Lun Oct 23, 2017 2:23 pm

...

Sus largas orejas negras se movieron de un estruendor focalizando el punto de origen de las palabras de la mujer roja además de el movimiento de el gran cerezo de pocas flores y mas ramas que hojas verdes crujir con una brisa otoñal. Movió sus dos elegantes paltas hacia el lado perpendicular de la vista de la mujer, Sus colas ondeaban, danzaban tan seductoramente que darían la impresión contraria. En la mente de esta criatura  llegó a pensar que esas palabras de la dama sobre "No te haré daño" Eran tan cliché. ¿Cuantas veces ya las ha escuchado de tantos humanos que dicen lo mismo? No había nada que hacer. Aunque si era verdad. Echó un vistazo  por el rabillo de sus ojos oscuros muy bien delineados por una línea roja terminando en punta. Su hocino estaba al aire, desconfiado de cualquiera que se presentará como un humano mas. La decepción de ellos.


Regresó la vista hacia él gran santuario que a su espalda estaba, observaba la gran soja de tonalidades beige colgar tras estar atada en una campana de tamaño medio. Se dice que al arrojar una moneda, dar una  agitada esta atraerás la atención de los dioses para cualquier petición que tengas. Tambien sirve con ofrendas como alimentos entre otros. Típico. Cerró sus ojos unos segundos antes de volver a mirar a la dama cuya voz retumbaba en sus oídos. No era desagradable, pero definitivamente no era algo de confiar. Sin embargo  ella logró dominar su atención. Elevó sus orejas y caminó unos tres pasos hacia la dama en  busqueda de ver aquel libro. Su cabeza en bajo pareciera que señalara aquel libro con su hocico. Lo movia de una forma curiosa.


"Yo conozco ese título"


Pensó. Echó la vista hacia arriba con cuidado de que la mujer no sea traicionera y esta trate de agarrarlo. Cómo detestaba cuando los humanos tratan de pasarse de listos. Dió otro paso dudoso. Estaba leyendo correctamente el título, sus ojos  apuntaron a la dama. Carajo que se ha acercado mucho. No era en lo absoluto ningún proyectos ni guardián ni que pertenecía allí nada de eso. Si supiera sus intenciones de ir a ese lugar solo para traicionar los dioses. ¿Que pensaria? No era algo que le importara compartir tampoco era algo que buscara atención o cambio.  Elevó la mirada con entusiasmo


"¡Oh! Qué buen gusto tiene. A mi me gustó cuando me lo lei"


Abrió su hocico dejando caer la soga sobre sus patas lejos de las manos de la dama. A un metro de distancia de ella emitió un  particular sonido perteneciente a la familia de su tipo. Kitsu Kitsu, es el tipo de sonido que según la onomatopeya Japonesa se supone que así  hacen los Zorros, quien sabe. Los japoneses tienen una traducción de los sonidos a las palabras muy diferente a las lenguas occidentales.


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Aranea el Miér Oct 25, 2017 5:35 pm

Pocas opciones tenía esta dama de cuclillas, no detectaba ningún tipo de maldad de aquella criatura, tampoco temía de este tipo de encuentros, claro que muchos humanos tienen variadas reacciones, intimidados por algo diferente… Pero quien se extiende a las posibilidades de apreciar la vasta fauna, podían ahora alguien compartir con ella los gráciles movimientos de aquel gran zorro, sin pestañear siquiera girando levemente la cabeza para poder ver que la curiosidad de este particular ser que había avistado su libro de tapa oscura, cada paso era tan cauteloso y a la vez desplegaba la elegancia de aquel llamativo pelaje… Quizás en un efímero instante por la mente de la dama se le cruzó el imaginar la textura de aquel lacio pelaje, notando ese leve brillar a la contra luz y el intenso color del rojo, muchas veces había sentido el pelaje de ciertos lobos, perros, gatos y algunos zorros… No de una forma agradable la mayoría de las veces ya que era propicia de la caza en una de sus formas anti-natura, pero podía recordar con exactitud el como a de apreciarse al tacto, después de todo cuando es cautivada la especulación llama a compararlo con lo conocido. Manteniéndose bajo la sombrilla sentía como el sol comenzaba a calentar la fina tela, inevitable por la exposición del día pero aunque se sintiese incomoda no podía permitir el que malinterpretase sus intenciones… Después de todo estaba ante otra criatura, claro que otras circunstancias ameritaban otra forma de reacción, pero la metodología de la dama sugiere siempre preservar la calma, después de todo ¿No es fascinante encontrarse con criaturas de mayor magnitud? Ella podía sonreí por dentro a imaginar una comparación de ese tipo.

“¿Los zorros sabrán leer? Bueno... Éste en particular quizás” encarnó una ceja en el silencio mientras por el rabillo del ojo contempló una micro expresión del animal, una genuina y particular sorpresa delatado por las facciones de la oreja alzadas mientras dejaba aquella soga caer de sus fauces, aquellos dientes blancos en punta junto con el remarco de su labio bordeado de negro, el maquillaje natural de su intrigante estirpe… La duda la carcomía pero maldice a veces la sutileza que deseaba lograr con el objetivo impreciso del estudio, sin lugar a dudas tampoco quería quedarse callada, claro que no le molestaba, era hábil en la espera pero el calor comenzaba a azotarla y allí es cuando prefería adelantarse con alguna acción imprevista –Permiso…- avisó que se movería y lentamente acercó la mano hacia el libro tomando sus lentes en el paso, apartándolos de la vista de aquel zorro –Es una novela romántica, el autor en sí logró describir a la perfección como un joven marinero se enamora… - comentó en voz baja, dudaba de que entendiera pero aun así el hablar nunca estaba de más. Acomodó sus rodillas para sentarse más a gusto, colocando el libro sobre el regazo y se colocó los lentes recubriendo la mirada para que su  visión mejore, ya que de no usarlos podrían atravesarse las palabras entre sí por el desgaste y luego un ligero mareo al forzar la vista sería contraproducente, tenía que hacerlo todo con una mano ya que la otra aún sostenía la sombrilla, la luz la molestaba y justo el lugar que eligió seguía sin serle favorable. Sus dedos deslizaron sobre el papel y dio vuelta unas páginas, justo donde se había quedado antes de llegar al lugar, dos dedos sobre el lomo y el pulgar sosteniendo la hoja para que la brisa no las hagas danzar, tosió suavemente para aclarar la garganta y comenzó a leer retomando la lectura

–“…Sin embargo su timidez en público se había compensado con esa seguridad en sí mismo que da la soledad y a menudo el rebaño, el mismo que rechaza al lobo que considera arrogante. Rebelde sin causa le decían, pero tenía una causa: se él mismo. En un mundo donde todas las instituciones manipulaban para doblegar al individuo, en donde los bancos quieren que uno sea deudor y el Estado presiona para que uno sea sirviente, él quería ser simplemente vivir su vida… Y su vida estaba en los ojos de aquella mujer que lo comprendía…”- La dama no se detenía, compenetrada en la lectura avanzó hasta esperar alguna señal del zorro.


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Vik Petrovichk el Jue Oct 26, 2017 1:03 am

...

Los zorros no hablan, pero si sienten y tiene gustos. Lastima que no puedan expresar sus ideas con los humanos con facilidad. Las posibilidades se acababan, aquel era un buen libro que una vez leyó. Su adicción a la literatura no era  una broma, si se va a varias bibliotecas estatales se pueden apreciar su favoritismo por la literatura marchita. Los románticos su movimiento preferido. Cualquier libro que relate historias crudas de los sentamientos en cualquier estructura literaria lo derretían.  Algunos dicen, las personas amantes de la literatura no son malas personas, al menos el zorro lo creía. Las campanas del templo tintinearon provocando el típico movimiento de orejas parabólico, una enfocada lo mas que podía a donde se origino el sonido. Echó la cabeza a un lado, mirando los arboles que se movían tan danzantes por detrás de la dama de rojo. No la había visto muy bien que digamos. El color rojo era otra característica que a el lo atraía. Aunque... si que el rojo en la mujer de sus ojos chirraba con tanto color. Que desesperación sintió. El sentido de la moda mono-cromático lo llevaba a la desesperación. Era mejor morir.


Los arboles se movieron de nuevo, volviendo a sonar las campanas del santuario. Parecía como si la  musica que ella emitía daba con el momento. Optó por sentarse y pensar si sería buena idea volver a ser un humano. Reconsideraba la idea de que aquella mujer no era un peligro, es mas, sería perfecta para entablar una conversación sobre el libro y otras historias asombrosas de la literatura. Miguel de León, contemporáneo. Suspiró el animal. Sus colas detuvieron el movimiento reposando  casi tocando el suelo. Como quería entablar una conversación con ella. Pero en su verdadera forma jamás podría llegarse a entender.


1.1.Por las tres colas.



Fue allí donde la mujer comenzó a leer en voz alta una parte  de la novela.  Sus ojos  se cerraron en donde mentalmente le seguía la lectura casi como si de memoria se tratase. Como deseaba tanto poder ser humano y completarle la lectura, llevarla a una impresión de dos amantes de la lectura. Sus patas se flexionaron acomodándose sobre el suelo a una distancia favorable. Con los ojos cerrados perdió su concentración. Esta es la parte donde la magia ocurre gracias a las grandes casualidades de la vida. El universo aveces conspira a favor o en contra. Un ser lleno de sabiduría tenía debilidades a causa de la compleja mente humanizada.  ocurrió ese tipo de magia que nadie sabe como explicarla. La mujer aparentemente estaba tan infundida entre su lectura Podría decirse que como si fuera de un parpadeo  una hermosa voz masculina afloró. Desafortunado para muchos lectores  las ropas van adecuadas a el misterio. Tal cual como los muertos en las historias de los Japoneses dicen que todo espíritu al materializarse aparece con unas prendas tradicionales de color blanco a duras penas sujetadas con un cinturón y una cinta con un triangulo en toda la frente. En esta historia  las pocas prendas de color beige nunca se iban.  ¿Magia o casualidad o infortunio?


La piel tan pálida como una hoja y así misma la textura aparente de esta como si fuera de un recién nacido. Cabellos negros  fuertes y unas pestañas largas. A simple vista si no se viera por la estructura del cuerpo de espalda grande se podría decir que una mujer habría aparecido como regalo de navidad. Sin zapatos y a duras penas unas ropas muy ligeras y sueltas mostraban el pecho masculino de esta. Su voz había interrumpido la lectura de la mujer al recitar lo que venía de memoria. Aparentemente un cuerpo de alguien de 24 años para arriba. El en lo absoluto se daría cuenta de su voz salir, como zorro el siente que habla naturalmente. Solo era el escuchar de la mujer lo que lo haría elevar su cabeza, dar varios parpadeos   mientras enfocaba la mirada mientras unos pétalos caían por su frente


-Es una buena historia después de todo. -Comentó abriendo sus ojos hacia ella. Estaba acostado tal cual como  un animal. Únicamente de extraño notó su visión alterada a una un poco mas borrosa debido a los años.
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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Aranea el Lun Oct 30, 2017 1:32 pm

Inmersa en la lectura la dama de rojo omitía de alguna postura que tomaba el zorro, solo el sonido de la naturaleza tal como la dulce briza resoplar entre los arboles dando apenas el tenue crujir de las hojas mientras los pétalos de cerezo caían, la campana del tembló o hasta la respiración de la misma Aranea cuando suspiraba en la pausa de cada renglón estimado de la lectura, poco sabía o más bien desconocía el porqué de compartir ese tiempo con la criatura misteriosa, pero bien ya dijimos la curiosidad es poderosa, además siendo una solitaria temeraria estaba dispuesta a continuar su lectura, más cuando ese extraño encuentro dio lugar no iba a dejar de lado el por qué podría convertirse en una tarde de paz, pocas veces salía de día, puede llegar a sorprenderle las cosas que puede hallar, como la afición de dar a conocer aquella obra literaria tan descriptiva e intensa como un escritor de calidad había de expresar. El conocimiento jamás ocupa lugar en la mente de cada ser y el descubrir que pueden ofrecer es parte del trato recíproco, mientras el calor aumentaba apenas algunas gotas de sudor resbalaban por la frente, el asfixie bajo la tela de la sombrilla le molestaba, una cosa era estar en movimiento, pero justo en esa posición mucho tiempo y quieta debía de soportarlo, fingir que no le importaba e ignorar la incomodidad que en esta circunstancia pareciera secundaria…

-… Alma con alma, ahí estaba a sus anchas. ¿Cómo arrinconarla entonces?. Como quien se prepara para entrevistar a su majestad, reina de la felicidad ensayaba esas frases como “tú eres diferente”, “tenemos los mismos gustos” y demás letanías que tan a menudo enredan a reinas con súbditos. No, no servirían con ella, era diferente, podía esforzarse más que el montón. ¿Qué hacer? De tanto mirarla embelesado, se había dado cuenta al rato de permanecer ella con la vista perdida en el horizonte, se levantaba y caminaba a refrescarse al agua. Ése era el momento y el lugar, a solas en el mar…-

Pareciese que la lírica literaria fluía con respecto a la familiar situación del zorro ahora recostado escuchándola, tan solo podía sentir sus movimientos a través del suelo que compartían, pero en ningún momento su vista lo interceptó, frío y seco podía llegar a aparentar ser la dama, más simplemente era la lógica de ¿Por qué estaba allí si no? No había lugar o lógica que cuadrada estas dos naturalezas juntas, solo eran dos seres no-humanos compartiendo el rato de aquella novela… Más la dama esta vez no notó algo, pues el peso ajeno había cambiado, una vibración poco particular había remontado la escena pero la arácnida continuaba como si nada, no detectó cuando el zorro había cambiado

-… En ese momento, el instante preciso que había programado para iniciar el dialogo, ocurrió un percance que alteraría el programa tan cuidadosamente ensayado, cual rama podrida de un árbol se desprendió del grupo del guatón Gutiérrez, arrastrando sus charchas por la arena corrió pesadamente hacia la orilla…-

De la nada una voz logró asustarla, dando que la punta de su corto cabello se erizara y sus ojos se abrieran de par en par mientras alzaba repentinamente la vista “¿Habló?” la sorpresa dibujó su rostro hasta el final donde al voltear contempló que el gran y majestuoso animal blanco, ahora era un joven de tez pálida, cabellos revueltos oscuros y una vista cansada. La dama lentamente volvió a calmar sus facciones, siendo aquella serena que solía demostrar la mayor parte del tiempo, cerró el libro para dejarlo sobre su regazo y aún en el suelo se acercó arqueando su espalda hacia el contrario, rompiendo con la armonioso postura que tenía, solo para contemplar más de cerca y mucho más confiada al nuevo humanoide –Ciertamente… Una de las más... Interesantes- Inexpresiva musitó fijando sus ojos tras el cristal de los lentes, claro que la última palabra se refería mas a la llamativa nueva forma de la criatura a su lado, invadiendo apenas un poco el espacio personal –Vaya, fascinante, debo de felicitarlo, me tomó por sorpresa que tuviera esta peculiar forma- sonrió ante lo dicho, no recordaba hace muchos años ver una transformación salvo el licántropos y dragones, su primer acercamiento con una forma humana que puede convertirse en zorro o viceversa –Un placer, me ha sorprendido gratamente ¿Lo aburrió mi narración?-


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Vik Petrovichk el Lun Oct 30, 2017 8:43 pm

Así como debería ser el tema emocional, surgiendo poco a poco la intriga del ser a la especulación positiva hacia la humanidad. El sosiego por un nuevo mañana. La brisa otoñar de a fría se iba tornando a medida del tiempo y de tal manera los cabello  iban cayendo gracias a esta. la dulzura del movimiento en forma de adagio virtuaron sus  extensas pestañas, su ojo rasgado y sencillo de un Japones de a abanicadas buscaba el enfoque. La chica se había detenido, no era algo de gustarle. la lectura estaba en su punto, esa parte el la recordaba  casi a la perfección al igual que muchas de las lecturas que en el pasado ya había realizado. Miró a la dama roja  sin expresiones notorias, quizás un poco de disgusto al ella detenerse. En ningún momento se había quedado dormido, mas que todo era la meditación por lo único que ve bueno en la humanidad. El desahogo de las emociones a través del arte escrito.


Su cabeza en alto favoreció a la mirada por debajo de su flequillo. Sus ojos eran verdes, un color tan intenso como las esmeraldas, brillantes y llenos de vida. Por un momento el zorro solo pensó que como siempre los halagos venían acusa de su exuberante pelaje. Sin embargo, la vista  le fallaba. Cuando esta en su forma de zorro su visión es perfecta. Cerró los ojos con fuera tratando de enfocarlos y al bajar la cabeza  instintivamente en un frotamiento con sus "patas" notó que manos tenía. Casi de un chirrido ensordece a la dama, pero se contuvo. Alzó su cuerpo elevando el torso en una pose algo humillante e incluso provocativa al tener mangas muy grandes y para nada  ajustadas esta, la derecha, se deslizó cayendo  hasta el codo. mostrar  su pecho pálido con terminación de pezón rosa. nada velludo a pesar de su verdadera apariencia. por un momento las palabras se perdieron. El viento del otoño las embarcó en los pétalos que sus corrientes transportaban.


-Ahhhhhmm.... Puedo explicarlo.- balbuceó  


manteniendo una mirada rojiza a la mujer. Tragó saliva y como si de agua ardiente gradualmente su boca la fue apretando arqueando sus cejas en preocupación. Soltó el vapor, suspirando en nombre de la letra "A"  cuando desvió su rostro al lado derecho. Carraspeó  aclarando su garganta y acomodó su sentado. Volvió a mirada a la chica con ganas de salir corriendo. Una verguenza a tantos siglos  manteniendo su identidad a la perfección. Bueno, raras veces flaqueaba ante la humanidad y su lectora, como adora los libros. Podría hacerlo  irse de una corrida o volver a su forma animar lo que sea eso haría que se perdiera de la mirada mas encandecente de su vida. Aquel color rojo no era mas que una diana en llamada de su flecha de la vista. Tragó saliva y de una sonrisa ladina intentó ser un poco amable. Por un momento entre su sabiduría de zorro llegó a sentir algo de admirad en aquel ser rojizo. La fémina poseía un gusto bello así que como si no tuviera tanta verguenza prefirió ver que mas podría ver de la dama.


-Peor bueno, cualquiera la verdad. -Contestó con su expresión insegura.- La verdad estaba escuchando. -Pasó su mano por la cabeza en forma de patita, este chico lo notó y enseguida corrigió la manera de arreglarse los cabellos.- Digo, me gusta ese libro. Lo leí hace años en una biblioteca. - Le sonrió  un poco.-  Es lo menos desagradable que veo en esta decepcionante humanidad. El único medio en el que las pobres almas humanas corrompidas  se expresan. Las compadezco. Muchas de ellas se han suicidado a causa de la carga emocional, es increíble. El desamor, la infidelidad, los desagradables impuestos y las guerras sin sentido. Tal cual como se ve,  si fueran las de los Japoneses vieras la gran cantidad de suicidios al año de artistas. Una totalmente desgracia... -Cerró sus ojos sintiendo la lastima, volviéndolos a abrir en la siguiente idea.- Pero que se hace. En Europa era común tales acciones de los románticos.  No todos morían por sus propias  manos pero si pasaban una vida llena de oscuridad. Desagradable que sus cuerpos tengan que aguantar eso. -Apretó los ojos llevándose albas manos a la cabeza. -!Ahhh! Si tan solo se dieran cuenta e hicieran algún cambio. Como me desespera pensar en lo tan  oscuro que puede ser la vida para un romántico. Haa...-Suspiró pesado abriendo sus ojos y relajando las manos justo sobre su regazo. -Por eso yo tambien escribo y los leo. Me identifico con ellos. -Implanto su mirada verde en los ojos pasionales de Aranea.


Si no fuera por tanta toxina que su cabeza contiene actuaria como su hermano mayor. A la orden señorita que aquí te tengo una posada para ti y mis tres colas hermosa. Si que era atractiva esa mujer. ¿Será por el rojo? Ama ese color.


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Aranea el Sáb Nov 04, 2017 12:33 am

La dama cautivada por la mera curiosidad, tiesa el observarlo mientras recostaba el peso de su cuerpo sobre un brazo tendido y todo su cuerpo se sacudió para quedar de costado, marcando la silueta a través del vestido, ese corset que siempre delineaba su figura y el escote, pero no era de esos llamativos, bastante casual y poco cargada iba hoy al hacer tanto calor, la sombrilla aún permitía la sombra aunque el calor seguía incomodando, generando ese tenue brillo de la tez blanca. Era un ser de sangre fría, literalmente, muchos creerían que ante estos seres no se les permitiría mostrar una faceta tan cálida, como aquella sonrisa dibujada, apenas levantando la comisura de los labios y los ojos entrecerrados, no sea malinterpretado tampoco aquel gesto, la fascinación por las diferentes especies que puedan compartir una similitud a la humanización era algo inerte e indudable en la arácnida de rojo, quien soltó una risilla tras el tropiezo de las palabras del zorro, aquel dulce gusto de explicar lo que no yace razonamiento –No te preocu…- más fue interrumpida por la tenue y dulce voz del zorro, algo ronca pero la melodía de sus cuerdas debido a su sensibilidad le hacían tomar otra perspectiva propia y decidió acallar para poder escucharlo. Curiosa son las situaciones, justo en el capítulo 3 donde el marinero encuentra a la dama de la que se enamora, aquella por la cual está dispuesto a sacrificar el sueño y descanso con tal de complacerse con la compañía… Si nos sumergiéramos en la literatura desde una descripción psicológica que explicaría luego ¿Qué lugar tendría la araña? Pues no era la cautiva muchacha del libro, ella era iniciante en el contacto emocional, tuvo pocas experiencias y acercamientos debido a su grotesco y salvaje naturaleza. Si bien ella mostraba su faceta humanizada, sus vínculos son efímeros por el complejo humano ¿Desesperación? Algo comprendido solo por libros ya que en la incómoda práctica podía sentir repulsión y decepción de la humanidad, de allí su interés a quizás algo hermoso que puede jugar con la inocencia de esa forma engañosa tal como ella, poco sabía de estas transformaciones, orígenes o naturaleza, sería un tanto curioso el experimentar ese contacto tras escucharlo.

El cruce de miradas, el choque del verde con el rojo, eso Aranea no pudo ignorar, debía de retirar los lentes de lectura para que no opaquen el contacto y apreciar mejor aquella naturaleza, lo que decía sería un punto interesante a debatir, algo que la arácnida no podía negar ni dejar pasar por alto el comentar sobre la delirante vida del artista del papel, el escritor quien plasma sus ideas y sentimientos –Hermosa cualidad con la que los vé…- ante eso tomó el libro sosteniendo con equilibrio su cuerpo encimado en la cercanía con el mayor, observado la página que leía hace instantes, acercándolo para estar entre el bello cuerpo, fisonomía masculina remarcada en la tez pálida tanto como ella, lampiño y de facciones tan delicadas -… “Su imaginación es la tinta, las palabras su pincel y como los exprese en el lienzo lo son todo”- agregó una frase y rió por lo bajo, desviando la mirada al libro y luego volviendo a cruzar la presencia con el ajeno –La humanidad me enseñó que es cruel, de lo peor… Despiadada, fría e ignorante, pero el derecho de quejarnos es mostrar lo contrario, despolvar lo mejor de este mundo… Que es el no ser un “humano”- agregó, mucho despectiva últimamente la vida, pero su hambre de conocimiento y la cultura universal –Los artistas que saben llegar a estos sentimientos, se sumergen en la desesperación al contemplar que tan corrompidos están los sentimientos y los lleva a abandonar la realidad decepcionados, es triste y muy cierto lo que dice- siguió mirándolo dejando el libro abierto en el suelo, necesitaba de la mano para sostenerse en el suelo, tener se apoyó, examinando detenidamente cada facción contraria -¿Y cómo cree que un romántico vive? El léxico y expresión de estos son como los de un libro, deben ser admirados bajo los ojos correctos, llegan a las personas adecuadas, no a todas, es la magia con la que uno siempre se sentirá identificado. Esa magia es especial también porque es tuya…- sonrió limitándose a incluirse, amaba la literatura y un alma a fin y semejante al contacto con esta.

-¿Escribe? Que interesante, tiene una vida humana después de todo, un romántico sabe desarrollar cualquier papel. Este autor lo respeto como puede combinar la vida de un marinero solitario a una joven, particular y de una mente deliberar… Más intriga mucho como describe las partes eróticas, hace que el cuerpo de la mujer se valore y logra estimular la mente, desnuda el color del iris sobre como detalla su espalda y sus labios… ¿Sabe cómo se ha deformado la palabra “Romántico”? Es triste que muchos solo describan las palabras dulces, el concepto de la literatura puede expresarse de maneras distintas ¿Usted tiene alguna definición o preferencia particular a la palabra?- De hablar quería y podía, el comunicarse con aquel ser mantenía su voz grave y tenue latente en cada momento.


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Vik Petrovichk el Sáb Nov 04, 2017 3:00 am

...

Sus orejas humanas se subieron entendiendo lo que la dama le decía con tanta atención. Las largas palabras son las que mas disfrutaba el zorro, dichosas las pronunciadas a perfección solo pueden ser  captadas  con la precisión necesaria que maestro en la creación de joyas le da a sus composiciones. Su rostro denotaba elegancia. De cuello largo y mirada relajada ademas de una boca  pintada con un solo desliz del pincel apreciaban la belleza física y mental de ella.  


“Su imaginación es la tinta, las palabras su pincel y como los exprese en el lienzo lo son todo”


Volvía la dama a recitar textualmente algunas frases esenciales. Este hombre solo  pudo corresponderle con la indiferencia falsa. Su sonrisa se curvó a un lado de el rostro, sus ojos apuntando el rompecabezas de rocas planas que conformaron el suelo. Cruzó sus piernas. Apoyó  con fuerza las manos que sujetaban las rodillas haciendo presión para que estas bajaran mas de su estado natural conteniendo sus palabras hasta el final. Pensaba en lo cual verídico que puede llegar a ser la opinión de ella. La mujer rojiza de sabia lo tenía todo aunque era verdad de cuentos no comía el. El sentido de siempre buscarle algo bueno a lo que ya esta destruido como de mala suerte se trataba, para nada de  gusto de azabache; es decir qué de lo mejor presenta aun el mundo. El mundo para el no era mas uno dañado por los mismos humanos. Abrió sus ojos en grande por un momento. Espera. Lo que cayó como granizo en su cabeza radicaba mas en que el mundo en si sigue siendo tan bello pero la desesperación y la corrupción de los seres humanos al evolucionar hacia atras eso es lo que lo ha manchado totalmente. Aquel hombre sonrió tan cálido  y enternecido gracias a su genialidad.


-Yo pienso que viven como cualquiera de la clases  medias, humildes. Personas alejadas de el sentimiento de codicia por el poder. -Contestó enseguida de el comentario sobre como vive un romántico.


Por fin sus miradas de vuelta se encontraron. Arribaron cada una en una mutua sonrisa casi inexistente entre ellas. La típica que uno da cuando de un tema necesita debatir y se sabe palabra por palabra el significado y lo similares que ambas  partes son. Sin embargo desde muy dentro de Tokusatsu se encontró incomodidad. Su boca por un segundo se frunció y forzudamente tuvo que bajar la vista debido a la situación. Su escritura se basaba a una de un aficionado, de a tiempos libres cuando la luna en su punto esta adornando al habitación hacia el exterior con el humo tan denso de una elegante pipa. Nunca ha publicado, ni vendido ni compartido su literatura tenue. Levantó su vista detallando los ojos tan carmín de ella. Era como la sangre, mas bien como las rayas que  decoran el pelaje de su forma animal. De tanto quedársela mirando perdió un poco  algunas palabras de su monologo; probablemente eran importantes. Instantáneamente sus cejas se arquearon  amarrando su mente  a la realidad. Por necesidad desvió la vista disimuladamente hacia las ramas en movimiento gracias la brisa otoñal. Relajó sus codos reposando las manos entrelazadas sobre el regazo. Entonces mas confiado  le sonrió un poco mas notorio sin despegar sus finos labios.


-Trato de tener una vida humana después de todo.-Intervino. Forzando un silencio. Su mirada buscó el punto de los ojos de ella. Ese rojo lo llamaba.- En cuanto a como se plantea es intrigante como un hombre desea  la evolución de su otro ser. Nunca me ha sucedido tales acciones la verdad. Igual no es que lo necesite. -Sacudió sus manos hacia el frente negando  con pena. Rió nervioso y volvió a reposar las manos esta vez usándolas de apoyo contra el suelo.- ¡Demasiado!  -Exaltó inclinado su torso hacia ella buscando cercanía de rostro. Sus ojos brillaron esta vez aunque serio se viera.- Crueldad. El romántico es aquel que expresa lo mas oscuro de su interior y lo transforma en lo que otros jamas querían escuchar. Fantasías tenues y perfectas que el individuo anhela. El romanticismo es aquel valiente que desata una explosión. -Agitó su cabeza verticalmente de un toque, típico de el habla de un Japones.- El misterio y la cordura danzantes en un hilo rojo. Saberlo manejar es ser un genio para mi. La tortura del alma derramadas en tinta. -Apretó sus ojos y mordió su labio inferior aguantándose una gran sonrisa hizo que enderezara su espalda destinándola y haciéndola sonar.


La posición que tomó luego de su intervención fue una mas a la altura de ella. Su tamaño apenas se apreció al llegar a ser del mismo metraje. Unos cuantos centímetros este hombre ganaba.  Acomodó sus prendas. Necesitaba sus gafas por lo que al meter su mano entre las ropas claras sacó unos lentes circulares y cristalinos. Sacudió su cabeza a un lado quitándose cabellos que estorben de el frente y situó las gafas en donde ibas, acomodándolas con un toque en el puente de estas usando la muñeca derecha. -Soy Kisune tokusatsu, Es un gusto conocer una mente agradable.- Pronunció su apellido primero y luego el nombre. Inclinó su cabeza dando la típica reverencia de saludo de apenas unos cuantos grados sin olvidarse de cerrar sus ojos como respeto. Parpadeó varias veces sin sonreir esta vez la tazó. Definitivamente ese color le gusta pero si que chirraba tanto en solo una persona. Relamió los labios para humectar y sonrió ladino.


-Creo que ya me conociste de las ropas mas simples posibles. -Expresó algo deprimido. Es la parte de toda la historia que a el nunca le agradó. Aparecer así de la nada.



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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Aranea el Lun Nov 13, 2017 4:27 pm

Si el tiempo pareciera congelarse, los pétalos de cerezos quedarán impresos en el vacío dibujando sinuosas siluetas dignas de una obra abstracta en el aire, retrato provocado por la madre naturaleza que dio un soplido fuerte por instantes logrando apartarlos en conjunto de la copa de los árboles que los rodeaban, la efímera brisa que lograba sacudir el color del ambiente en su tenue aullido, regalarle a la arácnida una probada fresca de lo que relegaba el fresco clima sorpresa, aliviando por segundos el calor bajo la sombrilla por justo estar a la altura del rayo de luz solar en esa sección peligrosa y desmedida, donde el tiempo se encargó de bañarla y molestarla a su vez, ahora contrayendo sus pies para que estén bajo de la sombra proporcionada del rojo mencionado. Ladeó el rostro dándole lugar a los comprendimientos ajeno, aquel ser que por alguna razón si bien al comienzo mostro su naturaleza insegura y cautelosa como ella ahora yacía con una faceta con la que podía comunicarse, alguien con la cual su curiosidad llevó a destacar algo importante: Un libro, algo que pocas veces podía destacar, valió la pena la espera y sus acciones limitadas en donde mostraba el temple y la cercanía intrigada que guiaba las acciones, pues ahora podía llegar a tener un mínimo entendimiento de apoco sobre la forma humana que mostraba, que la dualidad entre hombre y bestia en este mundo existe y compite entre si constantemente, alguien que se muestre pasivo ante la forma invasora a ojos ajenos envidiado y a su vez admirando el control de la forma, considerando que destacaba el compartir el sentimiento de la literatura romántica, si bien era acertado los puntos y concordes a su lógica y desarrollo, la arácnida se presentaba tentada de comentar por puro interés algo al respecto… Pero esa empatía, esa simbiótica y extraña conexión a un “ella del pasado” que lograba simplificar las cosas cuando aprendía la lengua humana y se aventuraba en los libros, la hizo sonreír, agachando la mirada y asintiendo estando de acuerdo con la expresión de lo que es definir el romance, aquello que está más oculto de los caracteres humanos simples y aflora en la mente de cada quien, libre de su interpretación al conocer la literatura.

Miradas una vez más en el choque se cruzaron y exhibieron sus brillos, verde con rojo –Existen tantas clases de escritores… - dijo casi decepcionada de ese hecho más animó y reafirmó los comentarios ajenos pero guardó para sí misma el desarrollo de esta opinión, cuantas veces los libros se convierten únicamente en material que auspicia dinero a las compañías editoras. Miradas siempre enfrentadas allí en el suelo entre palabras y comentarios, agradable un punto de vista similar pero bajo otra expresión de la palabra en sí, cambiantes pero que desembocan al mismo punto. Curioso aún resulta el motivo que lo llevaba a estar allí pero sus curiosas palabras daban un giro a la primer impresión, dando a notar una fresca perspectiva del caos y la inmundicia humana para resaltar su base, el romanticismo es algo que pocos ven o aprecian, algo que culpara por siempre el crear e innovar a las masas para que la avaricia y la codicia los carcoma, tal como buenos escritores perdidos en la mar de dinero por la vagancia de ojos precarios y lectores rápidos… En lugar de respetar este bello concepto y explayar su arte como uno de los pocos libros que el zorro y la arácnida compartían. Por otro lado desvió apenas la mirada a un costado -¿Y quién dice lo que es normal? Lo importante es llevar la vida que nos conforme, claro que la adaptación es necesaria para algunos casos…- Ante esto volvió a mirarlo, claro que se refería a este susodicho y poco desvelaba lo que era ella, era punto y aparte pero asimilaba aquella forma con su estilo de vida, oculta bajo la tez blanca y el rojo -… Quien piensa como usted es la excepción a la humanidad-. Luego como costumbre de la etiqueta y la presentación era el turno de la misteriosa sin nombre -Es un gran placer para mi conocerlo- aprovechó ese breve instante para levantarse del lugar para luego con la mano libre sostenía el libro y tomaba parte de su larga falda para alzarla mientras mostraba una cordial reverencia, flexionando las piernas para que el cuerpo baje por completo y solo la mirada bajase en aquella cortesía propia del mundo occidental, llevando la sombrilla se desplazó en unos cortos pasos a uno de los lares del hombre-zorro y allí esbozó una media sonrisa –Mi nombre es Aranea III Roi Breier- dijo en su tono tranquila, la voz suave que embriaga aún más la imagen que la dama presentaba.

Dio una rápida mirada alrededor mientras la brisa hacia bailar levemente los pliegues de sus telas deteniéndose en el templo, con una mirada al zorro y un ademán de la cabeza señalo la estructura –Perdón mi ignorancia, pero aun soy algo nueva en estas zonas… No acostumbro a pasear mucho en estos lares tranquilos ¿Es un lugar sagrado?- juzgando por los zorros y la forma del caballero metamorfo podía sacar sus conclusiones, pero quizás como esbozo de la peculiaridad de llevar una vida humana no le había parecido del todo correcto a la mujer preguntarle a las ligeras el por qué él estaba allí, más que nada porque ya lo había hecho y al no tener respuestas en esa forma no quería ser repetitiva.


Última edición por Aranea el Vie Nov 24, 2017 5:04 pm, editado 1 vez


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Vik Petrovichk el Jue Nov 16, 2017 10:28 pm


Las nubes existentes abandonaron cada punto del cielo que cubría los dos seres permitiendo que los rayos de sol penetraran fuerte el suelo. Era aproximadamente las diez de la mañana y poco a poco el sol llegaría al tope y brillaría con aún mas fuerza. Los árboles dejaron de sacudirse y solo el canto de los pájaros cercanos resonaron entre cada hoja. Toku apreció los movimientos tan femeninos de la chica recordando unos que siglos atras vió en una hija de un general japonés de alto rango, estos años te tinieblas y guerras aún conservaban la virtud de las japonesas como algo muy especial. En ese tiempo había presenciado un tipo de conversación muy similar al actual con la diferencia de que en aquel momento nunca dejó mostrar su verdadera apariencia. Recuerdos que brillaban junto al sol y a las joyas de la rojiza. Las desgracias de la humanidad que cuando llegas a un perfil demasiado alto e importante puedes ser el blanco del terror. El final de la chica lo llegó a recordar mientras escuchaba a Aranea hablar. Aquella joven japonesa murió de una forma tan despiadada. Por supuesto que ya los tiempos sin diferentes y entendía el Zorro que el destino de esa mujer del pasado no se repetiría con la lectora del presente. Al menso eso no quería a pesar de tener el mismo deseos de abandonar el mundo por sus propias manos, las mismas que han tocado y presenciado muchísimos catástrofes que como traumas se quedaron instaladas en su cabeza.


La atención regresó a ella como un rayo. Sus ojos verdes se abrieron sorprendido encontrando de nuevo el punto. Ella le había preguntado algo y por lo menos este zorro la escuchó. Cambió rápidamente su mirada perdida cuya nunca la retiró de Aranea, a una mas cálida de una sonrisa ladina. El nombre de la mujer de vestimentas rojas parecía sacado de otro pais lleno de riquezas. Tal cual como los ingleses diría. Entonces procedió. Desvió la vista hacia atras dando lugar al santuario no de gran tamaño pero sí muy bien adorado. Afirmó con la cabeza antes de continuar.


- Si, Este lugar es sagrado para los Sintoístas. Es el santuario comúnmente llamado de los zorros bajo la protección de la deidad Inari Okami. Los zorros que habitan en este bosque son mensajeros de la fertilidad, prosperidad y el arroz. Es un lugar muy visitado por los creyentes. Por lo que. Si quieres te puedo dar un pequeño recorrido y hablarte un poco mas de ello. no es tan grande pero tampoco te mataría darle una pequeña ofrenda. -rio delicado cerrando los ojos.- Hay muchos de estos situados en varias partes del territorio.


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Aranea el Vie Nov 24, 2017 6:45 pm

La dama escuchó atentamente la explicación del zorro, tal parecía que sus suposiciones no eran desacertadas, combinaban y jugaban con la ambientación y la cálida sensación que fue acertada, más siempre le parecía curioso algunas tradiciones que tenían los japoneses, era un país con una gran riqueza cultural y en ella siempre destacó la variedad presentada en el culto religioso, dioses y leyendas tan folclóricas como cernidas en la música, el arte y hasta siendo de comparar con la fantasía… Pero no quería faltar el respeto, si bien ella no era de quienes mantienen una ideología o creencia, este mundo unilateral estaba cruzando ligeramente la razón, los ángeles mostraban la existencia de Dios y seres como el bello caballero de cabellos oscuros y tez blanca era quizás la prueba de “Inari Okami”, ya que puede inclusive sacarle una sonrisa al ver como la simpleza del vínculo rondaban en ambas presentaciones, la que era presentada como la física, aquella la cual la brisa jugaba con sus cortos mechones agitándose y los cerezos pasaban danzantes a su lado.

-Eso sería muy agradable, más por su compañía- comentó sonriendo tenuemente, cerrando sus ojos y levantándose delicadamente mientras solo con la mano libre cual portaba el libro agitaba un poco los pliegues de su vestido rojo, seguido colocó la lectura bajo el brazo que flexionaba para dar el apoyo correcto al bastón de su sombrilla, siempre abierta y cuerpo girando allí donde la luz no pudiera estorbarle, luego retiró los lentes y cerró sus extremos para colgarlo de una forma no tan decente sobre la comisura del escote, allí donde justo se abrazaba la línea de sus pechos y que cuelguen de allí, después de todo solo servían para prestar atención a los detalles de las palabras o de algún escrito en sí, no necesitaba darle un uso diario como el contrario exhibía a diferencia. Aunque había de parecerle tierno que los usen, quizás era algo a destacar dentro de un estereotipado gusto superficial en la brevedad para referir a la imagen física.

Con el torneo de sus caderas dio unos cuantos pasos adelante, subiendo ese pequeño peldaño del escalón y levantar su vista para apreciar aquel templo. Puesto por la sombra ante el cambio horario de la estación y la posada de la tarde ya era hora de cerrar la sombrilla y colocarlo como si de un bastón de apoyo se tratase, luego para tender ambas manos encimadas en el extremo y ladear el rostro para verlo sin borrar su cálida faceta -¿Qué ofrenda puede darse? He de decir que me siento cautivada e intrigada, ha llegado a llamar mi atención, no quiero importunarlo pero accedo a que me muestre este lugar- no muchas veces se daba el lujo de un paseo diurno, además contando con la bella oportunidad de entender un poco más la zona, contando el tiempo que llegó a esa exótica isla. La brisa golpeó y sacudió los cabellos rojizos de la dama, cubriendo la mitad de su rostro, dando en un delicado gesto como la mano apartaba con sus finos dedos quienes opacaba sus carmines ojos.


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Vik Petrovichk el Lun Nov 27, 2017 8:17 pm

Por un momento la sonrisa de ella se quedó como una fotografía en su mente. De a cámara lenta los movimientos de su cabellera rojiza danzaron con caricias en aquel rostro pálido de ella. Las palabras  de amabilidad tocaron la fibra oscura de su interior.  Su corazón por un momento lo sintió salirse a causa de la belleza que afloraba. Sintió la necesidad de tragar saliva, desviar la mirada hacia el suelo, una perdida y sin sentido de guia. Necesito ademas apretar sus labios, humedecerlos a causa del calor que sintió sobre sus mejillas.


-Gr-gracias... -Tartamudeó cuando respondió mientras miraba hacia el santuario Shintoísta. Por un instante  se quedó quieto en medio del jardín apedreado. Elevó la mirada señalando con la punta de su nariz el gran Tori de entrada además de unos papeles cortados en zic-zac cuyos no dejaban de moverse a causa del viento.- Ofrendas... -Regresó la mirada a  Aranea.- ¿Ofrendas dices? -Volvió a bajarla evitando aquella sonrisa tan cautivadora de ella.- pueees, Ofrendas. En cuanto a eso está aquel lugar. -Señaló con la mirada, sonriendo ladino al presenciar el pequeño santuario. No era tan grande, tan solo unos cuatro metros de profundidad  con unos seis de largo.- Usualmente las  ofrendas son en relación a lo que se le diviniza. Esta deidad esta junta a las ocho de la fortuna creo. No recuerdo tan bien  así que disculpa.  Enfocandome mas en las ofrendas usualmente son de dinero en cuanto a monedas, tambien alimentos como arroz, flores, té e incluso origamis. ¿Vez esa campana de allí? Tu das tu ofrenda, la haces sonar unas dos veces para llamar la atención de la deidad y haces tu petición. Si me preguntas a mi sobre lo que me gusta compartir es Arroz. Le tengo un gran gusto a esa comida. -Rió un poco.


Un recuerdo de esos  fugaces sobre el comiendo toneladas de Arroz apareció. Como Tokusatsu adoraba esa comida. Volvió a  caminar llevándola primero a un costado del gran espacio alejándose del centro del santuario. Era una pequeña casita de unos dos metros de largo y solo uno de profundidad. En este había agua corriendo en un gran recipiente de casi el mismo tamaño de la casita, a un lado había una especie de taza de madera, esta tenía un mango peculiar, en vez de poseer oreja lo que se usa para agarrar era un largo palo de unos treinta centímetros. Toku estiró su brazo sosteniendo la larga manga de su  vestimenta hacia si, y tomó aquel contenedor. Con cuidado lo metió en el agua cristalina y con esta servida se dispuso a dar media vuelta para quedar justo al frente de la chica. Toku le sonrió complacido y ladeó su cabeza moviendo sus cabellos negros.


-Estás en un santuario Sintoísta. Es pequeño como lo vez, pero hay muchos mas grandes dispersados en todo el territorio. Es un poco diferente al Budista Japonés que tanto se ve por los templos.  Desde que entras por la gran puerta roja, el Tori, entras a un espacio sagrado. Por esto está el Misogi, esta curiosa fuente pequeña. Anteriormente eran cascadas o cuerpos hídricos al lado del santuario cuyos creyentes se bañaban por completo. ahora... -miró unos segundos la taza de madera.- Ahora solo se limpian las manos. ¿Quieres intentarlo? Si no tienes alguna moneda para luego ir hasta allá tranquila, yo tengo varias. -Sonrió un poco mas amplio y confiado.- Adelante solo es mojarse las manos.


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Re: El infortunio [Aranea]

Mensaje por Aranea el Sáb Dic 02, 2017 10:19 am

Ante el agradecimiento notó ese tenue resbalo de la voz, sonriendo y cerrando su vista por lo bajo, pareciéndole un gesto desde lo más agraciado hasta tierno en simplezas de lo coloquial escrito, delirante se encuentra la arácnida mientras pasea su vista carmín del joven y una vez al templo, yaciendo en la comodidad de las sombras proporcionadas por el horario que dio el fortuito placer de la frescura de la brisa, pero al escuchar la pregunta abrió su vista carmín, mucho más relajado su gesto –Usted lo dijo, una pequeña ofrenda… No quiero ser irrespetuosa, soy una ignorante que desea aprender- capaz no había comprendido el sarcasmo de lo anterior dicho, la ama si bien era cautelosa un pequeño gajo de la inocencia se explayaba con cada respingar serio de la voz neutral, luego selló sus labios escuchando y fijando su vista atentamente a donde él le indicara, era su guía en esta pequeña y cómoda travesía después de todo, respeto era más que aceptado y dado por ser transcurrente de la zona, no solo por naturaleza si no por la definición en su nombre, nativo e tierras donde ella era ahora residente, si bien su antigüedad la delataba y su corto tiempo en la exploración.

-Arroz… Lo tendré en cuenta entonces- le llamaba la atención esa gran campana en cierta forma, forma de comparar con las catedrales en la religión cristiana, pero el resonarla en sí no era mucho su llamado de atención, ese sonido retumbante le ocasionaba un breve colapso en la sensibilidad de sus oídos y no deseaba infortunar el momento dado las circunstancias de su nueva compañía. Caminó siguiendo al joven, apoyando siempre en adelante su bastón seguido del resonar de los tacones, siempre ladeando el rostro para que las pequeñas filtraciones del sol no dieran en su rostro gracias al flequillo ladeado rojo. Llegando a un pequeño santuario observó como quien conocía atraía un cuenco de madera bastante peculiar, borboteando del agua cristalina se encontraba y era bebida “Que peculiar vago pensamiento observando con detalle como era de probar esa agua y luego llegado el turno de la dama, que simplemente dio a que sus ojos pasasen del cuenco, al rostro del joven y una vez más a ver su reflejo sobre el agua, confundida por palabras y acciones, temeraria era, pero esta vez era un leve miedo a equivocarse. Era muy arcaica en métodos culturales japoneses pero no la privaban de aprender y desear conocer… Le resultaba tan extraño el tener que ver un recipiente así, tampoco sabía si tomarlo como lo había hecho tras su comentario, pero por no faltar el respeto a esa tradición, colocó la sombrilla y el libro a un lado en el suelo y apenas poso sus manos sobre el cuenco, sin tocar el agua.

Ladeo su rostro para verlo –Monedas tengo… pero ¿Esto es alguna purificación entonces?- su mirada carmín fija en el sujeto mientras sumergía las pálidas manos, con apenas algunas alianzas lisas de plata, sintiendo el frío y reconfortándola en una sonrisa mientras observaba este accionar  propio, luego retiró del costado de su escote un pequeño monedero rojo de tela y sacó 3 monedas, caminó unos pasos hasta donde la había indicado y antes de arrojar las monedas volteó a verle una vez más -¿Tengo que decir algo en particular?-


"No importa cuantas veces la lluvia se lleve tu tela, solo vuelve a tejerla"

Hablar // Pensar // Actuar // Stalkear (?
ﺘ ﺙ ﺜ ﺝ ﺠ ﺡ ﺢ ﺤ ﺥ ﺨ ﺬ ﺅ ﺆ ﺇ ﺈ ﺉ ﺊ ﺋ ﺌ ﺍ ﺎ ﺏ ﺐ ﺑ ﺒ ﺓ ﺔ ﺕ


~I will not be forgotten
I've got the scars to prove it
Only the strong survive!
I'm not afraid of dying
I've never favored weakness~


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