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¡BIENVENIDO A A ÉADROM!

¿Estas preparado para escribir tu propia historia en el Instituto Takemori? Adéntrate en el mundo mágico de Éadrom en donde casi todo es posible. Convive junto a otros seres sobrenaturales y humanos. Comprueba si es posible que ambas especies vivan en paz y armonía. Diseña tus propias aventuras, persigue los objetivos que te trajeron hasta aquí y por sobre todo pásatelo en grande! Estas a un paso de formar parte de esta gran historia! Adelante!
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Tema Privado Whatever you say, I can answer you (privado Hiro)

Mensaje por Invitado el Miér Oct 11, 2017 11:29 am

Antes de empezar:
Este rol ha sido escrito en un arrebato de inspiración por parte del usser y para compensar la tardanza. Si quieres saltarte la biblia sin sentido del inicio, te recomiendo que busques el mensaje en negrita que hay más adelante (?)
Mansión de Kaiser. 22:00 pm

Para el ángel, solo había algo más difícil que mantener en secreto que era el líder de la mafia con ese penoso trabajo de profesor. Lo más complicado, lo que más penurias le hacía pasar eran esos malditos mocosos que tenían la poca vergüenza de asistir a sus clases, mas no ser conscientes del honor que esto suponía: pocos podían tener el privilegio de decir que el Sumo Sacerdote de una teocracia que llegó a gobernar medio mundo era su profesor.

Y mucho más duro era soportar esos ejercicios puntuables a los que se debían enfrentar sus “queridos” alumnos, y que él mismo debía preparar anteriormente, para luego tener que corregir uno por uno estos tortuosos documentos, cada cual con las respuestas más estúpidas, cada cual con la gramática más simple… Lo peor de estos exámenes era que, en caso de no hacer lo que se estipulaba, recibía una bronca por parte de ese imbécil llamado Derven que solía acabar con Kaiser sonriente e ignorando al hombre, mientras jugueteaba con sus alas porque no tenía nada mejor que hacer. No obstante, luego aparecía algún idiota dentro de la mafia rogándole que tuviera más cuidado y se comportara como el hipotético profesor que en teoría era.

Y en una situación así estaba ahora el pobre hombre, con una montaña de exámenes pendientes de corrección en la mesa de su despacho, en la mansión de Éadrom que a nadie le parecía sospechoso que tuviera, incluso con un salario tan penoso como el de un docente. Nadie era capaz de saber cuál era la verdadera vocación de Kaiser, y si lo descubría por casualidad alguien… Esa persona moriría en pocos días, sin poder haber transferido esa teoría tan ridícula. ¿Cómo un pobre profesor de 25 años que recién se había sacado la carrera podía ser a la vez el Don de una Mafia especializada en el tráfico de personas? Parece absurdo, un argumento de película, ¿verdad?

Pero eso no era lo importante. Tras tomar un poco de aire, el ángel se sentó en su silla, mientras uno de sus sirvientes, automáticamente, y sabiendo lo que debía hacer tras haber servido como criado ya algo así como un año, conectó la música a los altavoces, algo que su jefe era incapaz de hacer por culpa de su nulo y escaso conocimiento en tecnologías, pero que hacía a ese sirviente poder llegar a fin de mes. La ignorancia de unos es el beneficio de otros. Ese era el lema de Kaiser, aun siendo verdad que se le podía aplicar a él. Tras que el trabajador saliera por la puerta, Kaiser movió ágilmente una mano, agarrando un examen al azar, mientras que la otra iba dirigida a la estilográfica que se encontraba delante suyo, de un color rojo sangre. Ser un ángel no le quitaba esas aficiones, la verdad, y era algo que ni la muerte (nunca mejor dicho) sería capaz de arrebatar de la cabeza del hipotético profesor. Leyó en cosa de dos segundos los ejercicios escritos en bolígrafo azul, moviendo a veces sus gafas para intentar ver si realmente eso que tenía delante era un “había” sin tilde y con uve.

Penoso.

Tras descontar los puntos que correspondían a las faltas ortográficas, responder a cada pregunta fallida, al fin pudo darle al anónimo alumno la nota que se merecía. Un cuatro y medio. Eso era lo que normalmente hacía cuando no le apetecía aprobar a alguien. Siguiente examen, con una letra algo más aceptable (como si fuera un acto reflejo, Kaiser lo asoció a una chica por inercia, ya que normalmente él no leía el nombre que se ponía en el encabezado de la prueba, solo con mirar la letra era capaz de saber de quién demonios estaba corrigiendo la aberración. Esa muchacha la recordaba muy bien. Había acudido a él más de una vez para subir nota con métodos algo sucios, pero esos eventos fueron antes de la muerte del antiguo Kaiser, ahora, el actual simplemente no podía ni mirarla a los ojos)l. No obstante, la nota era altísima, probablemente el mejor examen que la joven hubiera entregado en siglos. Así pues, un ocho. Esta rutina de suspenso/aprobado/tú me caes mal suspendido siguió hasta los 90 exámenes, a lo que Kaiser ya había terminado de corregir sus cursos, en otras palabras. O al menos eso creía hasta que por la puerta del despacho apareció Ludoshiel, uno de los dos arcángeles que solían estar en el mundo celestial hasta que eran llamados por el Joker Negro. No obstante, a diferencia de Sariel, este era mucho más serio y rara vez lo hacía sin motivo, mientras el otro solía bajar al mundo terrenal para coquetear con mujeres o espiar a Asuna.

Mi señor. Siento interrumpir esta actividad tan ociosa para vos, pero debo informarle de que se ha dejado algo importante en su propia agenda.

Retiro lo dicho. El arcángel solo descendía a la tierra para comportarse como la madre de Kaiser. Y más lo demostró cuando de sus túnicas deslizó un cuaderno negro, con el nombre de su propietario grabado en él con hilos de plata. Ludoshiel abrió una página correspondiente al día en el que estaban.

¿Acaso ha preparado ya esa clase de sustitución a los alumnos de ingeniería?

Muchas gracias por amargarme la existencia, Ludoshiel.

Sus agradecimientos valen más que mil palabras.

El arcángel se retiró del despacho con una reverencia algo sarcástica, dando a entender para el otro ángel que simplemente había descendido para recordarle ese pequeño desperfecto. Misteriosamente, el profesor de ingeniería aero-espacial había tenido un pequeño altercado tras haber dicho que dios no existía y se había cortado misteriosamente la mano, obligándole a quedar hospitalizado un par de meses, y teniendo como único testigo a Kaiser, que de manera aún más increíble, no sabía nada de lo que había pasado, a pesar de que si los médicos pudieran haber visto su espada Siegfried en esos momentos, se darían cuenta que su afilada hoja estaba manchada de una sustancia rojiza. ¿Ketchup, probablemente? Quien sabe, ni siquiera el narrador puede hacerse una idea de lo sucedido a un hombre tras haber dicho algo así a un Sumo Sacerdote de una religión muy estricta y fiel.

Pero no le quedaba más remedio, así pues, armado con su bolígrafo, comenzó a preparar dos cosas a la vez: la primera de todas, y no menos importante, era el programa para los jóvenes que se habían embarcado en una carrera que exigía una nota tan alta que incluso a Kaiser le parecía exagerado, y la otra comunicarse mentalmente con su segundo arcángel, Sariel, para ver que noticias tenía de Asuna.

¿Lo de siempre, verdad?

Mucho me temo, mi amado señor.

Tras cierto incidente, Kaiser no había sido capaz de comunicarse con su amada, algo que se volvió más serio en el momento en el que murió. Probablemente, ella seguiría creyendo que el cuerpo del ángel se había desvanecido sin más, dejando la mansión hipotéticamente vacía, pero según el propio testamento de este, sus propiedades no podían darse a nadie, ya que él mismo sabía que volvería a la vida. Algo que si lo miramos bien, podía resultar desmotivador para el pobre, que seguía triste mirando al tejado y escuchando la música, que curiosamente, cambió a Fur Elise. No podía ser el momento más inoportuno, sin duda. No obstante, era algo que no se podía quejar. Su vida había sido así desde que había vuelto a la Tierra, y no podía quejarse en otra cosa: su mafia iba como la seda, ciertas mujeres ahora se le acercaban con objetivos bastante divertidos y además, había recuperado un 5%, tal vez un 9% de su poder original. Eso era sin duda alguna lo que más feliz hacía al ángel. Cada vez estaba más cerca de poder tener tal poder como para destruir este maldito sistema y re-organizar el mundo para que todo volviera a ser perfecto, como lo era durante la Teocracia de Gran Valentia, por no hablar de que podía seguir atormentando a su neko, Rechy, y que el té del nuevo Kampert estaba exquisito, mucho mejor del que anteriormente fue un zombi. Era una ventaja: todos sus criados habían ascendido a una forma angelical, así pues, la mansión irradiaba tal esplendor divino que ni un solo demonio podía acercarse sin sufrir daños por sobre-exposición a lo divino. Al fin y al cabo, ese lugar era el verdadero Centro Episcopal de la Iglesia a Dumgra en la Tierra, por encima de los templos que aún se mantenían activos y las Sectas que creían que por colocar un ojo rodeado de otros ocho en el suelo ya podían decir que su hogar era una morada del Dios Caído.

***

Al día siguiente, Kaiser despertó en su cama con las alas completamente abiertas, y con un pequeño ángel de menor edad cantaba una sonata para animarle ligeramente. Era algo común en esa casa, y por muy extraño que resultara para otros que un niño te despierte cantando cerca de tu cama, el ángel era incapaz de comprender los motivos por los que otros se escandalizaban. Como era habitual, se colocó su gabardina blanca, que verdaderamente era la Armadura de Nohr camuflada, y lo acompañó con unos guantes negros (con bordes metálicos, que tras colocarse en su piel pasaron a camuflarse también, siendo ahora simples y blancos) y unas lentes de contacto finas, no tanto como las que suelen considerarse como femeninas, pero en metal era mucho más ligero que esa pequeño cristal que en realidad no tenía ninguna graduación, solo las usaba para parecer más serio e inteligente. Todo esto lo hacía cerca de su tocador, donde tenía una fotografía de él y Asuna en el sofá, justo el mismo día en el que se instaló en casa. Era imposible para Kaiser no sonreír por la nostalgia y el apego que tenía a ese momento. Ojalá se repitiera. Pero él sabía que no era posible. Y era algo por lo que no debía de llorar. Ya encontraría algún día otra mujer como ella… Si es que eso era posible.

Tras agarrar rápidamente algunos documentos de su escritorio, mientras a su vez aprovechaba para coger un libro de las estanterías sobre esa asignatura que debía impartir (ingeniería) que casualmente tenía gracias a la curiosidad que le despertaba el pensamiento mundano actual, el ángel salió por el portón de su mansión, abriendo sus alas blancas y llevando en una mano el maletín con estos papeles, mientras en la otra llevaba su lanza sagrada y debajo de su gabardina un fusil de asalto (poca gente es capaz de llevar un arma automáticamente a su trabajo. Y aun así, nadie sospechaba de que un profesor se paseara con una lanza totalmente visible y una ametralladora que a veces sacaba para disparar a algún pájaro que se le acercara demasiado. Otra prueba evidente de la estupidez de ese director, que parecía que solo se preocupaba por proteger a sus alumnos de amenazas exteriores, sin darse cuenta de que entre sus “protegidos” había mucha gente igual o peor que Kaiser. El ángel no paraba de plantearse dudas similares mientras volaba, llegando rápidamente a Takemori sin percatarse de prácticamente nada de lo que había hecho con anterioridad.

Si has llegado hasta aquí sin dormirte, enhorabuena, ahora comienza el rol de verdad (?)
Era imposible para Kaiser pasear por los pasillos de la universidad sin molestarse por algo: de un lado, teníamos a los estudiantes de carreras artísticas. Esos imbéciles que sin duda alguna no tenían un futuro posible tras graduarse en cosas tan útiles como el teatro o la interpretación. Luego los típicos que iban a la universidad para decorar más que otra cosa, y que ningún profesor había visto en sus clases, esos típicos idiotas, que sin duda alguna, no eran dignos de recibir un sermón por parte de alguien de la realeza. Por otra parte, los seres inusuales con poderes mágicos con carreras cada cual más curiosa: Ocultismo (de la que él mismo era profesor), Nigromancia (más recuerdos), Magia Blanca, Defensa Contra las Artes Oscuras... Caramba, un popurrí de seres con cierto talento mayor al humano. Y por último, cada vez que se acercaba más al aula donde debía ejercer de sustituto, se encontró con los típicos listillos de las carreras tecnológicas, cada cual más hereje que el anterior y más reacio a seguir con las tradiciones que el mismísimo Dumgra marcó como verdaderas. Esos eran sinceramente, los que más desperdiciaban su talento, y sobre todo a los que iba a dar clase en ese instante.

Con que ingeniería aero-espacial... ¿Uh? No necesito un avión teniendo alas. Qué molestia más absurda

Tras decir eso, el ángel entró en el aula, analizando con la mirada a cada sujeto. Como era obvio, y aprovechando que el profesor había tardado cinco minutos más de la cuenta, algunos se habían puesto a hablar, más que eso, gritar, intentando que hasta el del fondo se enterara de que el gatito del compañero había muerto. Pero Kaiser tenía una solución para esos problemas. Se sentó en su silla, ignorando todo y intentando pasar desapercibido, mientras buscaba unos documentos del profesor que corrientemente daba esas clases hasta encontrar un documento con pinta de exámen, para luego cargar su metralleta por debajo de la mesa, intentando que nadie lo notara. Las balas que había colocado en ella eran especiales como poco, y ahora todos se percatarían de ello. Esperó tranquilamente unos segundos, aprovechando que una gran mayoría no se percataba de que el loco que tenían como suplente estaba alzando un fusil AK-47 soviético al tejado, deslizando el dedo lentamente hasta el gatillo.

PUM


Las 25 balas que conformaban el cargador tenían suficiente potencia como para causar 200 decibelios de sonido, 60 más de los que causa un avión a reacción, sumando este factor, el reducido espacio de la sala y que el ángel se las había apañado para que impactaran en el centro, para que todo el mundo escuchara más o menos lo mismo, causaron un impacto sonoro estridente, capaz de dejar sordo temporalmente incluso al mismo Kaiser, que al estar más alejado que los críos, solo sintió un leve pitido en los oídos.

Buenos días a todos. Veo que ahora me escuchan. Soy Kaiser Apolo Ebbon, profesor de Ocultismo, Sumo Sacerdote de la Orden de Grima, Emperador teócrata de Gran Valentia, Conde de Sakura y Príncipe Heredero de Nohr. Supongo que habrán escuchado hablar de mí como Ese imbécil que pone exámenes de 30 páginas o La paloma mensajera del director. Pero no me gusta que me llamen así, y mucho menos que me ignoren cuando entro por una puerta.

El ángel comenzó a mirar a los alumnos, uno a uno, sonriendo a cada cual que hiciera algo ligeramente molesto a sus ojos, en otras palabras, su boca delineaba una sonrisa increíblemente forzada. Tras esperar unos segundos a que se le pasara su pitido de oídos ocasionado por las balas, se levantó de la silla, alzando su Joker Negro

Cuán estúpidos llegan a ser ustedes, los que se refugian en la ciencia. Hace mucho, mucho tiempo, mis dioses me enseñaron que eso no es más que pura palabrería. E aquí la prueba. Mientras ustedes van con sus cochecitos a todas partes...

El ángel alzó el Joker, apuntando a una pequeña brecha que habían causado las balas. Era milagroso que no hubieran dado a nadie. Automáticamente, una luz conectó la lanza hasta el Panteón de Dumgra, haciendo así aparecer al Arcángel Ludoshiel a pocos metros de Kaiser, totalmente erguido y con esferas de luz rodeándole.

¿Puede alguno de sus aparatos hacer eso?

Tras decir eso, Kaiser arrojó la lanza, que fue atrapada al vuelo por el arcángel, creando entre sus manos otra espada negra, algo que como ángel de Dumgra podía hacer con total normalidad.

¿Podéis traer al mundo armas en nombre de los mismos dioses?

Como tercera prueba, abrió sus alas, haciendo aparecer tras de él una gran esfera de luz, tan grande que hacía que las que habían tras el Arcángel parecieran simples haces de linterna.

¿Podéis controlar la luz en su estado puro?

Tras decir todo eso, se volvió a sentar, haciendo a Ludoshiel desaparecer, y mirando con más tranquilidad a esos jóvenes.

Vuestro trabajo para hoy es simple: una redacción de diez páginas a mano, razonando por qué la tecnología no puede anteponerse a la magia. Será una increíble manera de que se den cuenta quién está encima de quién en esta sala. ¿Objecciones?
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Tema Privado Re: Whatever you say, I can answer you (privado Hiro)

Mensaje por Alice Donakis el Vie Dic 22, 2017 7:08 pm

TEMA CERRADO
Tema cerrado y trasladado a la papelera debido a que lleva más de dos meses inactivo.
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➢ Lugar: Edificios/ Universidad


Dime, ¿Cuán grande debe ser el abrazo para olvidar mi soledad?


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