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De las montañas vine, a las montañas regreso [Minae]

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Tema Privado De las montañas vine, a las montañas regreso [Minae]

Mensaje por Taro Satsuma el Dom Ago 13, 2017 9:20 pm

Noche fresca, delatando la cercanía del invierno. Viento muerto, dejando al frío estático en el aire. Entre los densos bosques de la montaña, hay un pequeño claro que resalta por lo fácil de su acceso. Una pequeña cascada se abre paso entre las vertientes rocosas, desencadenando en la laguna que corona aquel claro, de escasa profundidad y ocupantes, cristalina e inmaculada.

Su piel pálida como la porcelana hace un enorme contraste con las oscuras agua, donde su cuerpo flota desnudo, vuelto hacia el cielo, rodeado por la estela de su abundante melena azabache. El agua ha de estar helada, pero él no lo siente, hace muchos siglos que se volvió indiferente a las temperaturas. Sumido en cierto trance meditativo, su mirada divaga por el cielo nocturno, totalmente despejado. Allí refulge una inmensa luna llena, rodeada por su manto negro, plagado de estrellas. Aquel es uno de los tantos espectáculos que sólo puede disfrutarse lejos de la civilización, quizás no el más bello, pero sí el más conocido. Deambulando por erráticos pensamientos, admite para sus adentros que son realmente hermosas. Pero para él son iguales que una rosa: Hermosas, pero efímeras. Muchos habrán contado emotivos relatos sobre el astro cielo y sus constelaciones, pero carecen de significado para él.

«Y acaso, ¿Qué tiene significado aún?»

Ahora un suspiro para sus adentros. No hace muchos días que ha despertado, pero aquella pregunta se hace más pesada con cada día en que no encuentra respuesta. No le interesa bajar las montañas y ver la nueva sociedad, ya ha asumido que su evolución es igual de nula. Se lo han demostrado los malvivientes que surcan las montañas, demasiado sucios e impuros para siquiera saciar su sed. Ese es otro punto importante, y aprieta los labios ante aquel recuerdo. Aunque ya es escaso, se puede sentir el sutil aroma de la muerte en el aire: No muy lejos se encuentra el cuerpo de un enorme lobo negro… si es que a esos restos se los puede llamar cuerpo. Prácticamente pelado hasta los huesos, escasos órganos quedan en su cuerpo. La piel, retirada con gran habilidad, se seca colgada al otro lado de la laguna, se volverá una bella y abrigada manta o alfombra. Taro se relame los labios, algo frustrado por el sabor que aún hace eco en su boca. No es lo peor que ha probado, pero dista mucho del dulce sabor de la sangre humana, algo que no ha recorrido sus labios por más de dos siglos.

Aunque su cuerpo se mantiene relajado, flotando sobre el agua helada, sus sentidos se tensan cuando sienten que no está solo. Fingiendo ignorancia, se mantiene inmutable sobre el agua cristalina, sintiendo el eco de un palpitar. ¿Un humano, acaso? El aroma no era muy diferente, y debió tragar saliva cuando ésta empezó a acumularse dentro de sus fauces. Escuchó atento aquella entidad acercándose, juzgando su actuar aún antes de que sus ojos pudiesen reconocerla entre las tinieblas de la noche.


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Tema Privado Re: De las montañas vine, a las montañas regreso [Minae]

Mensaje por Minae el Dom Ago 13, 2017 11:09 pm

Aun cuando su departamento se encontraba en la periferia de la ciudad, el ruido que emanaba la ciudad era molesto en ocasiones. Por lo que había adoptado el hábito de salir fuera de este y aventurarse a caminar los alrededores donde era mucho más pacífico y podía mantener contacto con la naturaleza; los años pasaban pero su indiferencia a los humanos se mantenía intacta, aquellos rumores habían provocado que la azabache creara resentimiento ante esos seres, aun cuando estos ya habían quedado en el olvido.

En varias excursiones pasadas, había encontrado una pequeña cabaña alojada en medio del bosque, parecía ser un refugio de algún cazador; sin embargo, en ese momento se mostraba como si varios años hubiera sido abandonada por el dueño, continuo visitándola en diversos días para asegurarse de poder tomar posesión en ella.

Y hoy era el día, decidida a tomarse unas breves vacaciones empaco sus libros, frascos, ropa y algunos alimentos para su estancia. Dejo caer la noche para coger su gabardina que le ayudaba a mezclarse entre las sobras, aseguro su departamento con un pequeño encantamiento Kero, una alma invocada para servirle de guardián ante cualquier curioso. Sin dudar más tomo el medio más rápido para situarse en el lugar, no deseaba perder más tiempo para disfrutar la frescura del bosque y ese sombrío aspecto que lo rodeaba en la oscuridad, impaciente en el camino adentro su mano en su bolso para sacar su cuadernillo donde realizaba las mezclas de las pociones que solía realizar para repasar aquella ultima – quizá esta vez lo logre –musita emocionada.

Los minutos pasaron para que el camión la dejara en una parada en medio de la nada en la carretera, el conductor algo asustado y preocupado por la dama la cuestiono sobre su decisión, siendo entonces que la dama simplemente le miro de reojo dejando que una sonrisa ladina le contestara bajándose inmediatamente de este, colocándose de nuevo la capucha para adentrarse en los arbustos. Camino unos cuantos metros hasta apartarse de las luces de la carretera, se detuvo en medio de una arboleda llevo su diestra a su cintura soltando un suspiro – me perderé si continuo – cogió el pompero creando una diminuta burbuja, cerro sus ojos y alzo su diestra dibujando unos signos en el aire- Anig ramuf veknhig – un pequeño conjuro donde otorgaba una pequeña alma a la burbuja que le serviría de guía en el bosque, tomando una leve luz azulada la burbuja comenzó a andar siguiéndole la dama. El tiempo para que llegara a su destino fue poco, rápidamente la azabache acomodo sus pertenencias y se despojó de esa vestimenta pesada, quedando en su simple vestido de aspecto oriental.

Una vez terminados los arreglos decidió dar una pequeña visita a la cascada que se encontraba a unos cuantos pasos de la cabaña; cogió su bata, sus esencias florales para limpiar su cuerpo. El lugar era perfecto, escondido entre medio de arbustos, el sonido del caer del agua era relajante y tamaño del espacio era inigualable. Busco un pequeño estanque donde la profundidad fuera mínima que el agua le cubriera la mitad de su cuerpo sin que corriera el peligro de ahogarse, pues aunque fuera increíble ella no sabía nadar; se comenzó a desnudar dejando su ropa en una de las rocas, con cuidado bajo por estas tocando el agua con los dedos de los pies creando un estremecimiento por la temperatura –demasiado fría –murmuro abrazando su cuerpo una vez que se adentró al estanque, llevo sus manos a su cabellera deshaciendo las coletas dejando su extensa cabellera flotar en las aguas tranquilas – debería aprender a controlar el elemento del fuego – comento en su interior mientras tomaba un poco de sus esencias y bañaba su cabello.
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Tema Privado Re: De las montañas vine, a las montañas regreso [Minae]

Mensaje por Taro Satsuma el Lun Ago 14, 2017 2:35 pm


Olfatea. Efectivamente, huele a sangre humana, pero…

«Hay algo extraño... no es sangre común.»

Se deja hundir bajo su propio peso, sumergiéndose en las heladas aguas. Sus ojos de vampiro abren las tinieblas sin dificultad; son aguas inmaculadas, la fauna parece evitar esos lares por alguna razón. Taro culpa a la serena aura que reina en ese territorio, es casi un santuario de las montañas. A pocos metros suyos, reconoce la pálida figura entre las aguas. Mientras sus instintos aprueban lo que ven, su razón se sorprende unos instantes. Calculaba su presencia mucho más lejos.

«La falta de buena sangre me está afectando…»

Protesta para sus adentros, rascándose la nuca. El agua empieza a removerse a unos metros de la mujer, delatando al vampiro acercándose a la superficie, y desde debajo de ésta surge aquel hombre. Remueve un poco la cabeza, sacudiendo su inmensa melena del agua, como si fuese un lobo secándose tras su baño. No muy lejos de la orilla, surgió del agua hasta los inicios de su pelvis, exponiendo su torso pálido y trabajado, sin una pizca de vergüenza por su obvia desnudez.

- Hey, mujer.

Exclamó en un tono grave, una voz profunda que venía desde el fondo de la garganta. Se corre los cabellos hacia atrás, para despejar su rostro y poder verla cara a cara. Es difícil decir si sus facciones son agraciadas o duras, pues contrastan sus rasgos naturales con lo estoico de su expresión. Lo que más resalta de su rostro son aquellos grandes ojos violáceos: No hay perversión ni malicia en aquellas orbes, y sin embargo, su fulgor es de una hipnótica intensidad, el punto más fuerte de sus encantos vampíricos. Más grande aún es el descaro de sus ojos, pues la analiza con la mirada en una seria expresión, tal parece que las normas de pudor no son lo suyo. Su piel parece albina, pálida como el mármol bajo la luz de la luna, lo que resalta aún más los relieves de su cuerpo ante las sombras nocturnas, y el brillo azabache de su inmensa melena.

- Es peligroso bañarse a estas horas, no es un bosque seguro.

Exclamó firme, sin recato alguno al inmiscuirse en los asuntos ajenos. Hizo un ademán con la cabeza para señalar a orilla a su izquierda, donde se encontraban los restos de un enorme lobo; había sido de al menos de un metro de altura. Luego de aquel consejo, se recostó de espaldas contra una de las rocas del claro, llevando los dedos a la nuca para tronarse el cuello. Se había quedado quieto más de la cuenta en esa agua helada.


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Tema Privado Re: De las montañas vine, a las montañas regreso [Minae]

Mensaje por Minae el Dom Ago 27, 2017 1:23 pm

Conforme el tiempo pasaba su cuerpo se acostumbraba a la temperatura baja de las aguas que permanecían tranquilas, creando leves ondas una vez que el agua caía del pequeño estanque que se encontraba encima de este. El sonido era verdaderamente relajante, al grado que la dama no dudo en cerrar sus ojos mientras paseaba sus manos por su larga cabellera inundándola con un fresco aroma a hierbabuena, frotaba con cuidado para impregnar el olor permitiendo que la espuma recorriera su cuello y bajara por dos vías, su espalda blanca que la ilustraba perfectamente la luz de la luna; mientras que por otro lado baja entremedio de sus pechos dejando ambas al final un manto de espuma a su alrededor.

Le tomo unos minutos terminar con su cabello, siendo entonces cuando tomo un gran bocado de aire y se sumergió para librarse de esa espuma, pero su tiempo dentro fue mínimo – aaah! – musito en una voz baja y placentera por la sensación, llevo sus cabellos hasta atrás descubriendo su rostro pero en cuanto hizo ese movimiento una fuerte corazonada la estremeció haciendo girar su cuerpo escuchando de inmediato alguien llamándola. Bajo sus manos y camino hacia atrás para tomar distancia, ponerse a la defensiva, pero esa posición no duro mucho cuando la fémina se percató de la figura desnuda del chico sin la más mínima vergüenza posada en el rostro.

Sin dudar la chica que al inicio centro su mirada en el no tardo en retirarla con cierto sonrojo en sus mejillas que no se lograba distinguir a detalle pues la luz no la alcanzaba. Agito su cabeza para volver en si No es momento para que estés así, es un desconocido desvió la mirada hasta sus pertenencias que se encontraban a 2-3 metros de distancia, por unos segundos pensó en atraerlas a sí misma, sobre todo su capa; sin embargo, fue cuando escucho al chico con tal advertencia desconcertándola completamente. Arqueo la ceja – pero qué demonios? – murmura para sí misma, cruzando sus brazos cubriendo a si sus senos, observa con detalle aquel aullador sin vida y después le devuelve la mirada al chico – ya veo que no… -le responde para después ladear el rostro y entre dientes continuar- no sabía que continuaban vivos los pervertidos…

En espera de que el invitado no deseado continuara con su camino, este decidió recostarse encima de una roca donde era capaz de visualizar todo el entorno, con tal incomodidad su ceño se frunció y aquel rubor fue borrado por completo. Molesta por la interrupción opto por retirarse del lugar, dándole la espalda para escalar aquellas rocas que algunas se encontraban cubiertas por musgo, una pequeña hierba que su consistencia era lisa y resbaladiza, distraída por sus pensamientos ante dicha situación se descuidó y sin previo aviso la dama piso una de esas piedras resbalando hacia atrás, en su intento de aferrarse a algo introdujo su diestra entre unas piedras quedando en una mala posición causando que algo tronara –tsk ... aaah!! –un grito de dolor hizo eco en el entorno provocando así que también golpeara su cabeza callandola al instante.
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Tema Privado Re: De las montañas vine, a las montañas regreso [Minae]

Mensaje por Taro Satsuma el Mar Ago 29, 2017 10:26 pm

Con sus apagadas orbes violáceas, el vampiro observó la poco fructífera retirada de la mujer. Le había advertido de los peligros de aquella zona, pero no se esperaba que sus propios descuidos fuesen parte de la lista. Sin pensárselo mucho, se rascó la nuca, y soltando un gruñido por lo bajo avanzó en su dirección. La tomó del mentón para ladear su rostro, buscando la zona del impacto. La herida fue más profunda de lo que había previsto, y por tanto, encontró algo para lo que no estaba preparado...


Sangre.


Se obligó a alejarse, y apretando los dientes y sus crecientes colmillos, soltó un frustrado siseo. Su pecho subía y bajaba a la par que su respiración se aceleraba, la excitación crecía rápidamente, sus pupilas se dilataban y su miembro se tensaba. Gruñó, más como animal que como humano, y sacudió la cabeza bruscamente, sacudiendo su inmensa melena azabache.

- Mierda.

Maldijo en voz alta. El eco de su propia voz ayudó, oírse hablar le recordó su raciocinio, su superioridad por encima de sus propios instintos, sin importar lo fuertes que fuesen. Pues, para muchos, él podría sería un hombre amoral, pero Taro tenía férreos códigos que seguía a rajatabla. Y uno de sus códigos era jamás beber de alguien inocente sin consenso previo. Sabía que si rompía esa regla apenas una vez, ya no habría vuelta atrás...

Apretando los párpados, soltó un largo y profundo suspiro, antes de regresar hacia aquella mujer. Primero que nada, tomó con cuidado su cabeza, y la remojó con la fría agua para limpiar el golpe. No había sido un impacto peligroso, pero había dado en una vena importante, razón por aquel derramamiento de sangre. Se lamentó por la bebida desperdiciada, tal como un experto catador sufriría al volcar un buen vino.

Se acercó hacia sus posesiones en busca de telas. La de aquel vestido era bastante fina, serviría. Lo acortó al rasgar la base, desgarrando algunas tiras. Envolvió su cabeza en la zona del golpe, tensando los vendajes improvisados con la presión justa. Pero sabía que eso no era todo; escuchó aquella fractura, y debía buscar su origen. Por supuesto, en el proceso no tuvo pudor de juzgar su cuerpo, pues el vampiro ya no comprendía ese tipo de vergüenza. Recorrió con la mirada su más que abundante busto, su esbelto abdomen, sus amplias caderas tan aptas para el parto, sus vulnerabilidades rosadas, contrastando con el pálido de su piel helada… su cuerpo se tensó en aprobación. Ahora eran sus instintos humanos los que respondían, pero aquellos eran mucho más sencillos de controlar.

Bajando hasta su muñeca, finalmente encontró la fractura que buscaba, y procedió a vendarla con los tajos de tela restantes. Era mucho más grave que el golpe de su cabeza, eso no sanaría naturalmente. Sin pensarlo de más, extendió sus dedos abiertos hacia su katana, y esta salió disparada hasta que su mango fue aferrado por su mano. Desenvainó el filo, y se dio a sí mismo un profundo corte en la palma.

- ¡Mmmh! Podrías darte un festín en más de una forma, Taro.

Una voz femenina y juvenil vibró desde la hoja. Con nulo recato, el vampiro la devolvió a su funda, luego arrojándola lejos. Arrimó la herida a los labios de la mujer, y apretó el puño, dejando que un hilo de su sangre fluyera. El cálido sabor apaciguaba el dolor, y aquello que tardaría meses en soldar de forma precaria, sanaría a la perfección en apenas horas.

Cumplida su buena obra, observó nuevamente a la mujer, meditando qué hacer al respecto. Allí no tardaría mucho en morir de hipotermia, expuesta a la helada invernal. Peor aún, los nubarrones que se oscurecían en el cielo nocturno no advertían buen clima. Taro olfateaba la tormenta que se avecinaba. Resoplando por la nariz, cruzó el brazo bajo la mujer, tomándola de su trasero, y se la cargó al hombro. Aprovechando la abundante piel de lobo huargo, pudo cargar igualmente las posesiones que aquella había dejado por ahí, y emprendió su andar.


[Veinte minutos después]


Para cuando ella recobrara la conciencia, su entorno era totalmente diferente a aquel donde desfalleció. Una pequeña cueva, de no más de tres metros de alto. Uno de sus lados se perdía en las sombras, y el otro daba hacia una enorme roca, más allá de la cual se podía oír el ahogado silbar de una ventisca. Se encontraba recostada en un tatami bastante clásico, envuelta en un kimono masculino de amplias dimensiones, y encima de éste una abrigada piel de huargo. A un metro suyo había una fogata ardiente, y del otro lado, sobre una soga, se secaban sus prendas originales. Apoyados en los muros se veían algunos pergaminos y papiros, ilustrando frases o haikus en kanjis bastante arcaicos. Y no muy lejos de ella, aquel hombre estaba recostado sobre la pared. Sólo vestía los pantalones de su prenda, pues la parte superior era usada por ella. Su palidez antinatural y las sombras de la fogata resaltaban los relieves de su musculatura, haciendo notorio cómo su pecho subía y bajaba lentamente, aparentemente dormido.


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Tema Privado Re: De las montañas vine, a las montañas regreso [Minae]

Mensaje por Minae el Dom Sep 03, 2017 8:23 pm

Tendido su cuerpo desnudo gracias al descuido que había tenido dejándose a la merced del ajeno, inconsciente sin saber que se avecinada para ella. Quedando sumergida en un profundo sueño patrocinado por el dolor y el golpe en su cabeza

Lentamente fue abriendo sus ojos percatándose de su antigua habitación, algo rustico sin muchos colores, lo primero que capto su atención fue ese danzar de las largas cortinas blancas gracias a la fuerte brisa que se adentraba por la ventana. La luz era escasa, se levantó de la cama dirigiéndose a la ventana para cerrarla cuando se percató de las grisáceas nubes que cubrían el cielo dejando un ambiente sombrío y melancólico, la fémina recargo su cuerpo en el filo del ventanal perdiéndose en ese paisaje sintiendo un frio recorrer su piel.

Minae … -una voz débil pero ronca resonó en la habitación, haciendo voltear de inmediato a la chica.

Mirando tendido aquel joven de larga cabellera castaña con piel pálida gracias a la enfermedad que lo consumía, se lanzó hacia el quedando  en cuclillas a lado de la cama sujetando la mano del joven que para cuando esta hizo contacto con la piel; el cuerpo se convirtió en un esqueleto y la casa tomo un aspecto viejo, abandonado lleno del polvo.

Desconcertada por la nueva imagen se levantó con un semblante de pánico y angustia

N..no… otra vez!... Kron… -un fuerte dolor en su cabeza se presentó al igual que en su abdomen pero más bien esta era una presión de sofoco que le dificultaba respirar.

De inmediato hubo un cambio de escenario, la habitación se veía envuelta en una oscuridad absoluta que se acercaba a ella. La desesperación de no poder respirar la volvía loca haciendo que rasgara su pecho, conforme eso pasaba la oscuridad llego a sus pies desapareciéndoles en el primer tacto subiendo por su cuerpo a gran velocidad pero cuando esta se ve completamente atrapada una humedad en sus labios se hace presente que marca un camino en su interior como si fuese un líquido caliente de un sabor inexplicable y deseoso, tranquilizándola desde el interior. Volviéndose de la nada su cuerpo ligero como si flotara y más cálido, además podía distinguir un aroma muy peculiar que no descifraba aun la esencia.

Mmmmhhnnn…- dormida la joven suelta un quejido por la postura en que el ajeno la carga. Inconsciente pega su cuerpo al del joven en busca de mayor calor pegando su rostro al pecho desnudo.

El tiempo continuo con su paso y ambos se encontraban ya resguardados bajo una cueva a una distancia indefinida de la cascada. Poco a poco los orbes verdosos de la dama se fueron abriendo aun con la vista nublada - ¿Dónde? –murmuro tratando de orientarse mirando el techo de completa roca que era iluminada con una luz con movimiento, llevo su mano hasta su cabeza para levantarse con cuidado percatándose de las telas colocadas alrededor de su frente- ¿pero que es …? – un leve dolor provino de su mano derecha por un movimiento rápido- ah!...-noto también que esta se encontraba vendada, su visión se fue recuperando. Cerro sus ojos por unos segundos y después los abrió con mayor enfoque quedando sorprendida por su vestimenta; sus pechos expuestos siendo cubiertos por una tela blanca que apenas lograba cubrir lo necesario, levando la piel que cubría la parte inferior de su cuerpo… seguía estando desnuda, presentando un leve sonrojo por la situación incómoda.

Dirigió su mirada al lugar percatándose de aquellos cuadros-pinturas de kanjis, bajo al suelo notando el tatami en donde estaba recostada, giro su rostro y fue ahí donde lo vio. Aquel chico que le había advertido de los peligros estaba dormido recargado en la pared de piedra, espera ¿dormido? Se cuestionó en el interior, como pudo se levantó del tatami sujetándose de una piedra tratando de mantener el equilibrio, aquel golpe en la cabeza había hecho de las suyas pues logro marearla al grado que caminar podría ser algo molesto.

Con sumo cuidado busco alguna otra prenda que vestir para cubrir su cuerpo, notando como enseguida del chico estaba la otra parte del kimono, una tela más gruesa y de tonalidad oscura; aun con los tambaleos se dirigió hasta el, extendió su mano para sujetarlo pero la distancia aun no era la óptima. Se acercó un poco más quedando parada sobre los pies del chico extendió de nuevo su mano para sujetar la prenda.

S..solo un poco… más –musito suave, pero porque no usaba su magia. Estaba tan débil que sus poderes habían decaído, debía rápidamente volver a su cabaña y tomar sus tónicos para curar sus heridas como también volver en sí. Pero tal noche no parecía ser de su suerte, pues con dicha torpeza perdió fuerza en las piernas y cayo hincada frente al chico inclinando su cuerpo hasta el rostro del joven apoyándose apenas con su mano izquierda dejando que la azabache se deleitara por los rasgos finos del joven. Hipnotizada por unos segundos ante ese rostro tranquilo y tan definidos rasgos se quedó quieta aprovechando que este se encontraba dormido…¿pero cuando duraría?
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Tema Privado Re: De las montañas vine, a las montañas regreso [Minae]

Mensaje por Taro Satsuma el Jue Sep 07, 2017 9:13 pm

Para Taro, muchos aspectos básicos del vampirismo tuvieron poca dificultad en volverse una maldición. La incapacidad de dormir era una de ellas, empeorado por cada siglo que sumaba a su historia. Los recuerdos pueden volverse muy pesados, más cuando no hay oportunidad de darles paz en la psiquis. Es por esto que, eventualmente, Taro se preocupó en aprender una forma de meditación que le permitiese emular el ciclo de sueño, para apaciguar las largas noches de remembranzas.

¿El único problema? Jamás es un descanso completo, sólo una ilusión. Es por esto que, mientras él se encontraba ‘descansando’, su cuerpo era consciente de los movimientos a su alrededor, pero no alertaba su mente al no sentir ni una pizca de peligro. No fue hasta que ella se tropezó frente a él, y varios segundos después, que sus ojos lentamente empezaron a abrirse. Con su habitual mirada, de ojos tan intensos como apagados, la recorrió con curiosidad, intentando comprender qué estaba tratando de hacer.

- ¿Qué haces levantada?

Consultó sin mucha preocupación, moviendo el cuello a un lado y al otro, tronándolo sonoramente. Extendió una mano hacia su rostro, y la tomó por la nuca, con dedos gruesos y fuertes, apenas tibios al tacto. La acercó a su rostro, y en la sien de la fémina apoyó sus labios. Era de las pocas partes de su cuerpo que se acercaba a una temperatura humana, facilitándole comparar el contraste entre ambos. Juzgó unos segundos, antes de separarse.

- Bueno, la fiebre se ha ido. Pero no te muevas mucho todavía.

Exclamó en el mismo grave timbre, entre una advertencia y una orden. Buscó luego la mano de la mujer, tomándola entre sus propios dedos. El contraste de tamaños era notable, y aún así, aquellos dedos eran de un gesto mucho más delicado al tratar con algo frágil, roto. Un suave cosquilleo fluyó desde sus yemas a la palma de ella, recorriéndole el antebrazo por debajo de su piel, mientras el pelinegro soltaba un “mmmh…” con mirada serena.

- Dos, o tres días máximo. Aunque bien pueden ser sólo unas horas, no fue una fractura tan grave. Ni siquiera tuve que acomodar los huesos.

Explicó, y con el mismo cuidado soltó sus dedos, pasando a rascarse el pectoral derecho con poca preocupación. Pensó unos momentos, y luego le dirigió la mirada a sus ojos nuevamente.

- Llenar el estómago ayuda. Puedo ofrecerte algo de arroz salado y pescado -sugirió mientras metía la mano en uno de los pliegues de su pantalón, buscando algo- ...Y alcohol.

Era una botella de calabaza, la cual destapó con la boca y le dio un largo trago, haciendo que un hilo de la bebida se le escape por la comisura, dibujando un brillante recorrido hasta sus pectorales.

- Mmh, sake. Fuerte, y del bueno.

Exclamó satisfecho en voz alta, como si el contenido fuese una sorpresa para él, y a continuación le ofreció la botella a su invitada.

- Sin culpa, hay de sobra.


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Tema Privado Re: De las montañas vine, a las montañas regreso [Minae]

Mensaje por Minae el Dom Oct 01, 2017 9:12 pm

Quedaba como una tonta frente a él por su torpeza, la vergüenza se hizo presente en su rostro en cuanto los orbes violetas del chico conectaron con los suyos por lo que desvió la mirada de inmediato dejando escapar un leve rosado en sus mejillas – s..solo … quería estirarme y me tropecé con… -bajo la mirada en busca de algo que culpar – con el tatami –no había ni terminado de pronunciar el objeto cuando imprudentemente el chico la tomo con su amplia y detallada mano masculina, no era fría ni cálida pero si era de cierta manera relajante. La distancia entre los rostros disminuyo un poco más causando que pudiera centrar sus orbes verdosos con los violeta logrando ver un vacío en sus ojos aun cuando estos se encontraban tranquilos, haciendo llamar su atención.

No lograba descifrar que era lo que había visto, era un inmenso vacío y dolor pero también un gran orgullo, no podía decir que confiaba en el pero tampoco era capaz de sentir indiferencia, después de todo parecía verla salvado. Volviendo en si al escuchar lo de su fiebre asintió como si este le hubiera dado una orden y ella la acatara, era un reflejo a sus palabras.

Mmmh… que fue eso –medito en su mente ante la reacción tan tranquila que tenía frente a él, con la intención a levantarse apoyo su mano izquierda en el suelo; sin embargo el pelo castaño se adelantó sujetando la diestra dando un repentino quejido como respuesta – espera duele un poco – respondió tratando de atraer de nuevo su mano pero este la sujeto con firmeza entrelazando aquellos largos dedos y un tanto gruesos marcando una notoria diferencia. Pero no fue eso lo que la sorprendió sino aquel choque eléctrico que la recorrió desde la espalda baja hasta la nuca. Bajo la mirada a la mano y luego lo volvió a mirar una vez que le escucho hablar es un hechicero? Mago?..... no, no lo es comentaba en su mente es diferente… tampoco demonio, su aura no es tan oscura como ellos, aunque hay manchas tiñendo ese color violeta que adornaba su cuerpo alrededor, estaba tan concentrada en descifrar que no le prestó atención a las palabras del chico. Una vez que este le soltó llevo su mano hasta sus muslos cubriendo la diestra con la zurda mostrando algo de incomodidad por el silencio –aun cuando afuera golpeaban con fuerza la naturaleza y el viento le acompañaba-.

Creo que debería ir-…
-musitando con una voz baja por su debilidad vuelve a ser interrumpida por el ajeno mientras trataba de levantarse haciendo que baile un poco cayendo de nuevo al suelo apoyándose de su mano izquierda. Tsk.. –chasqueo su lengua con gran disgusto, pero este fue opacado por el gruñir de su estómago al escuchar el menú de la noche- c…creo que podría tomar un poco – no iba a engañarlo, fingir no estaba de humor en estos momentos así que acepto de inmediato notando la indiferencia ante el pudor, abrazo su cuerpo tratando de ocultar sus senos, la tela era lo suficiente delgada para hacerlos notar-  mmmhg –afino un poco la garganta – y… es aquí donde vives? –pregunto mientras le miraba sacar algo del pantalón- ah! No, no me apetece–mentira.

No le había sentí-… visto por aquí
–corrigió rápidamente, acomodando sus piernas de lado para estar más cómoda. Mirando como bebía afondo sin ningún problema, el olor del licor era tan fuerte que velozmente llego a la azabache en cuanto le ofreció la botella – wooo… es bastante …fuerte –musito cubriendo un poco su nariz.

Yo… me quedo con el arroz y pescado -Miro a los lados en busca del pescado y el arroz, percatándose que estaba a tan solo unos cuantos pasos, al ver que continuaba torpe como pudo gateo hasta la pequeña mesilla. Ya bastante incomoda estaba al estar tan débil como para depender del chico, sin preguntar se puso a gatas cuidando no lastimar su mano, aunque en su rostro mostraba signos de molestia pero prefirió callar, y aun con esa pose cogió el plato.


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Mensaje por Taro Satsuma el Lun Oct 02, 2017 8:57 pm

La observó con un sereno escepticismo cuando se excusó por su accidente. Asumió que mentía, podía sentir la tensión de su corazón, pero no tenía necesidad de desmentirla.

- Tranquila, tendré cuidado.

Objetó cuando ella remarcó que aún dolía, y pese a su gran fuerza y tamaño, aquellos dedos la tomaron con la suavidad de la seda, como si tomase un frágil copo de nieve. Subiendo la mirada hacia ella, notó que estaba siendo analizado. Su juicio médico caía en oídos sordos, pero aquello no pareció importarle en absoluto.

Su relajación se difuminó en un instante al momento que la vio precipitarse, pues menos de un parpadeo le tomó reincorporarse en su dirección, tomándola por la cintura y por su antebrazo izquierdo, antes de que cayese al suelo.

- Cuidado -advirtió tranquilo, devolviéndola al suelo lentamente- será mucho más dolorosa de atender si caes sobre ella.

La observó con cierta sorpresa al negarse ante el alcohol, no estaba acostumbrado a que le rechacen una bebida.

- Apaga los nervios y ayuda a calmar el dolor, pero como gustes -remarcó, relamiendo su comisura por donde el líquido se había escapado-. Vivir… sí, supongo que sí.

Respondió tras meditarlo unos momentos. Lo último que sintió como un hogar había quedado perdido muchos siglos atrás… además, vivir era algo relativo para quien ya ha muerto.

- Curioso. Tampoco te he sentido por aquí, y conozco todos los habitantes de esta montaña.

Objetó al llevar nuevamente la botella a sus labios, dando otro profundo trago, notando de reojo que la mujer avanzaba con dificultad hacia la comida. Avanzando de rodillas y espaldas a él, parecía ignorante al estar exponiendo más de lo que pretendía.

- ¿Te ayudo?

Consultó esta vez antes de actuar. Ella ya había delatado parte de su orgullo, y no pretendía herirlo al tratarla como una persona indefensa, una actitud indigna ante sus propios códigos. La comida estaba ubicada en un pequeño platillo de madera frente al fuego, para que mantuviese su temperatura, con un par de pescados más al fuego y una olla con arroz. El pescado era hecho al humo, vieja tradición oriental, y ambos alimentos eran de sencilla cocción, compensado con un hábil uso de especias. Un cocinero que trataba de sacar el máximo en pocos recursos.

- Date gusto, ya me he llenado antes de volver.

Aunque aquel huargo había estado lejos de ser apetecible. No era precisamente su comida preferida. Su carne es dura, y la sangre espesa y sosa. Muy diferente de la sangre humana. Observó de reojo las piernas expuestas de la mujer, y su tan pálida piel, insinuando el rosado de sus venas…

“Tsk.”

Chasqueó la lengua contra el paladar, apartando la mirada, indignado ante su momento de debilidad.

《Eres más fuerte que tus instintos.》

Se recordó a sí mismo, aliviando su frustración.


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Tema Privado Re: De las montañas vine, a las montañas regreso [Minae]

Mensaje por Minae el Lun Oct 02, 2017 11:03 pm

No son nervios lo que tengo – reclamo con indiferencia mientras trataba de coger el plato sin tirarlo- es incomodidad –su sinceridad había salido a flote aun cuando su tono se mantenía tranquilo sin una pizca de apatía.

Listo!! –musito como signo de victoria al tener ya en su mano el plato dejando escapar una leve sonrisa, lo coloco en el suelo lo más que pudo cercar del chico dirigiéndose de nuevo a la mesita para tomar el arroz y dos platos- Seguro que no quieres un poco? Es incomodo que coma yo sola, aunque bueno… estas bebiendo y muy bien debo de admitir –esto último lo dijo en un tomo más bajo, quería ser un poco más agradecida, después de todo al parecer era su salvador por más de las veces que su orgullo podía aceptar, y de solo recordarlo su ceño se fruncía – no, está bien. Puedo hacerlo sola – le respondió sin mirarle extendiendo más su cuerpo.

Ah! Bueno… se podría decir que vengo a investigar este bosque, la ciudad es demasiado ruidosa… para mí –un dolor apareció en su diestra tras darle suficiente uso, se había quebrado un hueso aunque ella ignorara ese hecho al igual que el chico le había curado, por lo que no podía cargar ni usar su mano mucho tiempo- hace te mudaste? Recuerdo ver venido hace unas semanas  –Soporto un poco más el dolor y llevo los platos junto al otro, pero… dices que conoces a todos los habitantes? –pregunto curiosa tratando de descifrar lo que le había dicho, estaba consiente que existían seres de otras razas y que él podía ser una; sin embargo deseaba que el mismo le dirá la respuesta, que diese información de sí mismo antes de hacer cualquier especulación. Dando de reversa su cuerpo igual a gatas cuidando no lastimarse más, se percató de aquella mirada profunda pero más que una incomodidad una fuerte sensación de nuevo apareció como aquel choque eléctrico cuando le tomo de la mano o cuando le tomo de la cintura, su cuerpo parecía responder al joven.

Qué demonios estás viendo? – le regaño apresurando sus movimientos para volverse a sentar frente a él cubriendo con las delgadas telas, aunque fuese su salvador era hombre y su cuerpo se encontraba débil por lo que estaba en suma desventaja, no bajes la guardia Minae! Resonó en su mente mirándole fijamente.

Mmmgh –afino su garganta extendiendo su mano hacia el pescado para comenzar a limpiarlo y colocarlo en ambos platos- te dará hambre después de beber – tratando de concentrar su mirada en el pescado desviaba debes en cuando a la otra parte del kimono indecisa en si tomarla o no, en uno de sus descuidos una de las espinas pincho el pulgar de la fémina –ah…-un ligero quejido apareció haciéndola reaccionar por el error dejando caer unas pequeñas gotas sobre el pescado- l..lo lamento … -ladeo la mirada en busca de alguna toalla con la que pudiera limpiar la diminuta herida, ya que se le hacia grotesco lamerse los dedos cuando continuaría con la comida.


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